Las cosas que dejamos pendientes
 


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Las cosas que dejamos pendientes



LAS COSAS QUE DEJAMOS PENDIENTES

Jules Honing

Espa?ol B1-B2




Cap?tulo 1. Volver





Vocabulario




Espa?ol





mudarse





instalarse

, 



reencontrarse con alguien

   -



reconocer





quedarse de piedra





sentirse fuera de lugar

     



echar de menos

  - / -



evitar





fingir





tener algo pendiente

 - 



acostumbrarse a

 



coincidir con alguien

  /   -



dar la impresin de

 



deshacer las maletas

 



empezar de cero

  



Cuando Cassie baja del tren, Salamanca huele a lluvia. No es una frase especialmente romntica. Tambin huele un poco a caf de mquina, a metal mojado y al perfume demasiado dulce de la mujer que camina delante de ella. Sin embargo, al salir de la estacin y sentir el aire fr?o en la cara, Cassie reconoce algo que hab?a olvidado durante su a?o en Madrid: aqu? el oto?o parece llegar de verdad.

Son poco ms de las seis de la tarde, pero el cielo ya empieza a oscurecer. Las nubes cubren casi toda la ciudad y las hojas mojadas se pegan a las aceras. Cassie se sube la cremallera de la chaqueta y mira las dos maletas que tiene a sus pies. Ha cometido un error: uno de veintitrs kilos en la maleta grande y otro de casi dieciocho en la peque?a. Cuando preparaba sus cosas en Madrid, estaba convencida de que necesitaba seis pares de zapatos. Ahora empieza a pensar que una persona capaz de empezar una nueva vida con dos pares tiene una inteligencia superior. Saca el mvil del bolsillo. Su madre ya le ha escrito tres veces.

Mam: ?Has llegado?

Mam: Cassie.

Mam: No me gusta que no contestes.

Cassie sonr?e y escribe:

Cassie: Acabo de bajar del tren. Estoy viva.

La respuesta llega inmediatamente.

Mam: Foto.

Cassie: ?De qu?

Mam: Tuya. Para comprobar que ests viva.

Cassie levanta los ojos al cielo. A sus veintitrs a?os, tiene una carrera universitaria, ha vivido sola en Madrid durante un a?o y sabe hacer la declaracin de la renta. Ninguno de estos datos ha convencido a su madre de que puede sobrevivir sin supervisin. Se hace una foto horrible delante de la estacin y la env?a.

Mam: Pareces cansada.

Cassie: Gracias.

Guarda el mvil antes de recibir otra observacin sobre su aspecto y pide un taxi. Durante el trayecto hasta el centro mira la ciudad a travs de la ventana. Al principio intenta distraerse con el telfono, pero termina guardndolo otra vez. Hay demasiadas cosas conocidas fuera: una farmacia en la esquina, una peque?a tienda donde compraba cuadernos, la parada de autob?s que siempre estaba llena por las ma?anas y una calle por la que hab?a caminado cientos de veces. Todo parece ms peque?o de lo que recuerda. O quiz ella ha cambiado.

El taxi gira y Cassie ve las torres de la catedral a lo lejos. Bajo el cielo gris, la piedra tiene un color clido, casi dorado. Por primera vez desde que sali de Madrid, siente algo parecido a la tranquilidad. Hab?a echado de menos esta ciudad, mucho ms de lo que estaba dispuesta a admitir.




Una nueva casa


El edificio donde va a vivir est en una calle estrecha del centro. Tiene cuatro plantas, balcones peque?os y una puerta de madera que parece pesar ms que las dos maletas juntas. La propietaria, Carmen, la espera delante. Tiene unos sesenta a?os, el pelo corto y unas gafas rojas.

-Cassie, ?verdad?

-S?. Encantada.

-Llegas justo a tiempo. Cinco minutos ms y me voy.

Cassie mira el reloj.

-Son las siete menos diez.

-Por eso. Yo ceno temprano.

Cassie decide que le gusta. Carmen le entrega las llaves y suben al tercer piso. La escalera es estrecha y no hay ascensor. Despus del segundo tramo, Cassie empieza a odiar personalmente cada uno de sus seis pares de zapatos.

-?Quieres ayuda? -pregunta Carmen.

-No, no. Puedo sola.

-Perfecto.

Y contin?a subiendo sin mirar atrs. Cassie casi se r?e. La nueva casa es peque?a, pero tiene mucha luz. Hay un dormitorio, un saln con una mesa junto a la ventana, una cocina diminuta y un ba?o donde probablemente no caben dos personas al mismo tiempo. No importa. Le gusta. Las paredes son blancas, el suelo es de madera y desde la ventana del saln puede ver los tejados de los edificios de enfrente. En una esquina hay una estanter?a vac?a. Cassie ya sabe dnde van a ir sus libros.

-Aqu? tienes la calefaccin -explica Carmen-. Y aqu? el agua caliente. La basura se saca por la noche. Los vecinos del segundo tienen un beb.

-De acuerdo.

-El beb llora.

Cassie espera.

-Mucho.

-Ah.

-Y el chico del cuarto toca la guitarra.

-?Bien?

Carmen la mira por encima de las gafas.

-No.

Cassie se r?e. Despus de explicarle otras cinco cosas que probablemente olvidar en diez minutos, Carmen se dirige hacia la puerta.

-Ah, una cosa ms. Abajo hay una cafeter?a. Es de la familia Ruiz. Son buena gente.

Cassie deja de abrir una caja.

-Ruiz.

-S?. Caf Libertad. ?Lo conoces?

Durante un segundo, piensa en decir que no.

-No estoy segura.

Carmen se encoge de hombros.

-Tienen buen caf. Eso es lo importante.

Cuando la puerta se cierra, Cassie se queda inmvil en medio del saln. Ruiz es un apellido com?n. Muy com?n. Espa?a est llena de personas que se llaman Ruiz. No significa nada.

Se acerca a la ventana. Desde all? no puede ver la entrada del local porque est justo debajo, pero s? una parte del toldo oscuro. En una esquina se distinguen dos palabras escritas en letras claras: CAF LIBERTAD. Cassie cierra los ojos.

-Claro -murmura-. Perfecto.

De todos los pisos disponibles en Salamanca, ha alquilado uno encima del caf de la familia de Mateo Ruiz.




Caf Libertad


Durante la siguiente hora, Cassie intenta convencerse de que aquello no tiene ninguna importancia. Primero abre las maletas. Despus coloca la ropa en el armario. Luego cambia tres veces de sitio una lmpara que no necesita cambiar de sitio. No piensa en Mateo. Coloca los libros. No piensa en Mateo. Encuentra una camiseta vieja de la universidad. Definitivamente no piensa en Mateo.

A las ocho y media tiene hambre. Abre la nevera. Est vac?a, naturalmente. Podr?a pedir comida. Tambin podr?a buscar un supermercado. Incluso podr?a cenar unas galletas que lleva en el bolso desde el viaje. Cualquiera de esas opciones ser?a ms razonable que bajar a Caf Libertad. Cinco minutos despus, est ponindose el abrigo.

-No significa nada -se dice mientras busca las llaves.

Inmediatamente se siente rid?cula. Si realmente no significara nada, no necesitar?a dec?rselo en voz alta. Sale del edificio y da unos pasos hacia la cafeter?a. El local es distinto de como lo recuerda. Antes ten?a unas mesas de madera oscura y unas lmparas demasiado grandes. Ahora las paredes son de color crema, hay plantas junto a las ventanas y peque?as luces amarillas sobre la barra. El lugar parece ms moderno, pero todav?a conserva algo familiar.

Cassie mira a travs del cristal. Hay unas diez personas dentro. Una pareja habla junto a la ventana. Dos chicas estudian con varios libros abiertos. Un hombre mayor lee el peridico mientras bebe algo de una taza peque?a. No ve a Mateo.

Por supuesto que no. Han pasado cuatro a?os. Quiz ya ni siquiera vive aqu?. Quiz Carmen conoce a sus padres. Quiz l est trabajando en Barcelona, Lisboa o Nueva York. La idea deber?a tranquilizarla. En cambio, siente una peque?a decepcin que prefiere ignorar.

Entra. Una campanilla suena sobre la puerta. El olor a caf recin hecho y canela le recuerda inmediatamente las tardes de su primer a?o en la universidad. Cassie se quita la bufanda y se acerca a la barra. Una chica rubia est preparando dos cafs.

-Un momento, por favor.

-Claro.

Cassie estudia el men? de la pared. No necesita hacerlo. Siempre pide lo mismo: caf con leche, sin az?car. Hay costumbres que sobreviven a casi todo. La camarera deja las tazas sobre una bandeja.

-Mateo, ?puedes atender?

Cassie se queda de piedra. No tiene tiempo de decidir si quiere marcharse. Una puerta detrs de la barra se abre. Y aparece l.




Cuatro a?os


Mateo lleva una camisa negra con las mangas dobladas hasta los codos. Tiene el pelo ms corto que antes y algo de barba. Cassie tarda apenas un segundo en reconocerlo y, al mismo tiempo, tiene la extra?a sensacin de estar mirando a alguien nuevo. l est secndose las manos con un pa?o cuando levanta la vista. Se detiene. Ninguno de los dos habla.

Cassie hab?a imaginado muchas veces la posibilidad de reencontrarse con l. En algunas versiones ella estaba incre?blemente guapa. En otras ten?a una carrera fantstica y una vida tan interesante que Mateo lamentaba inmediatamente haber perdido el contacto. En ninguna de esas fantas?as llevaba un jersey viejo, el pelo h?medo por la lluvia y una marca roja en la mano despus de cargar dos maletas por tres pisos. Mateo deja el pa?o sobre la barra.

-Hola, Cassie.

Eso es todo. Cuatro a?os y l dice simplemente hola.

-Hola, Mateo.

l la observa un momento.

-Pensaba que segu?as en Madrid.

Cassie suelta una peque?a risa.

-Yo tambin.

Mateo frunce el ce?o.

-?T? tambin pensabas que segu?as en Madrid?

-No. Bueno... S?. Hasta hace dos semanas.

l sonr?e. Y ah? est. La misma sonrisa. Cassie hab?a olvidado muchas cosas de aquellos a?os, pero no esa.

-Entonces has vuelto.

-Parece que s?.

-?De visita?

-No. Empiezo un mster.

Mateo asiente despacio.

-?Aqu??

-No, Mateo. En Sevilla. Me gusta viajar cuatro horas todos los d?as.

l se r?e.

-Bien. Sigues siendo desagradable.

-Y t? sigues haciendo preguntas inteligentes.

Por unos segundos resulta demasiado fcil. Eso es lo peor. No hay cuatro a?os entre ellos. No hay mensajes que dejaron de enviar, cumplea?os que ya no felicitaron ni vidas que siguieron por separado. Solo estn Cassie y Mateo discutiendo por una tonter?a delante de una cafetera. Entonces la chica rubia pasa junto a ellos.

-Mateo, la mesa seis.

-S?, ya voy.

l parece recordar dnde est.

-Perdona. ?Qu quieres tomar?

Cassie mira el men? otra vez.

-Un caf con leche.

Mateo ya est cogiendo una taza.

-Sin az?car.

Ella levanta la mirada.

-S?.

-Lo recuerdo.

Tres palabras. No deber?an significar nada. Sin embargo, Cassie tarda un poco demasiado en responder.




Lo que uno recuerda


Se sienta junto a la ventana con el caf entre las manos. Podr?a llevrselo a casa. No lo hace. Desde su mesa ve a Mateo trabajar. Habla con clientes, recoge vasos y prepara cafs. Se mueve con la seguridad de alguien que ha hecho lo mismo cientos de veces. Cassie intenta no mirarlo demasiado. Fracasa. Cuatro a?os.

Cuando se conocieron, ambos ten?an diecinueve. Mateo estudiaba Arquitectura y ella acababa de empezar una carrera que entonces estaba segura de que iba a cambiarle la vida. Ahora l parece mayor. Claro que parece mayor, piensa. T? tambin eres mayor. Pero no es solo eso. Hay algo diferente en su forma de moverse, en cmo habla con los clientes y en la tranquilidad con la que resuelve varias cosas a la vez. Cassie se pregunta cuntas versiones de Mateo se ha perdido. La pregunta le molesta, as? que bebe caf. Est muy bueno. Eso tambin le molesta. Cuando termina, abre el bolso para buscar dinero, pero Mateo aparece junto a la mesa.

-Invita la casa.

-No.

-S?.

-Mateo.

-Cassie.

Ella lo mira. l mantiene una expresin completamente seria.

-?Vas a discutir conmigo por un caf de dos euros?

-S?.

-Lo hab?a olvidado.

-?Qu?

-Lo fcil que es discutir contigo.

Cassie cruza los brazos.

-Pues no parece que hayas olvidado muchas cosas.

La frase sale antes de que pueda detenerla. La sonrisa de Mateo desaparece un poco. Por primera vez desde que entr, el pasado vuelve a sentarse entre ellos. Cassie aparta la mirada.

-Bueno... Gracias por el caf.

-De nada.

Se pone el abrigo. Mateo da un paso atrs para dejarla pasar.

-?Dnde te has instalado?

Cassie se?ala hacia arriba.

-Ah?.

Mateo mira el techo.

-?Arriba?

-Tercer piso.

l vuelve a mirarla.

-Ests de broma.

-Ojal.

Esta vez los dos se r?en. Cassie se coloca la bufanda.

-Buenas noches, Mateo.

-Buenas noches, Cassie.

Abre la puerta.

-Cassie.

Ella se vuelve. Mateo sigue junto a la mesa.

-?Has vuelto para quedarte?

La pregunta parece sencilla. No lo es. Cassie piensa en Madrid. En su antigua oficina. En el piso que dej. En la relacin que termin. En las cajas que todav?a estn cerradas arriba. Piensa tambin en la ?ltima vez que vio a Mateo cuatro a?os atrs.

-No lo s -responde.

l asiente. No pregunta nada ms.




Arriba


En su apartamento, Cassie deja las llaves sobre la mesa y se quita el abrigo. No enciende la luz inmediatamente. Desde la ventana ve las hojas moverse bajo las farolas y a varias personas caminar con paraguas. La lluvia vuelve a caer, suave pero constante. Su mvil vibra.

Mam: ?Qu tal el piso?

Cassie responde:

Cassie: Peque?o. Bonito. Me gusta.

Piensa un momento y a?ade:

Cassie: Hay una cafeter?a abajo.

Mam: Perfecto. No sabes cocinar.

Cassie pone los ojos en blanco. No menciona a Mateo. Todav?a no. Deja el telfono y vuelve a las cajas. Necesita encontrar las sbanas antes de estar demasiado cansada. Abre una: platos. Otra: libros. La tercera contiene cosas que hab?a guardado deprisa durante la mudanza: cuadernos antiguos, fotograf?as, entradas de conciertos y una bufanda que cre?a perdida. En el fondo encuentra una caja peque?a. La reconoce inmediatamente. No quiere abrirla. La abre.

Dentro hay recuerdos de sus primeros a?os en Salamanca: una entrada de cine, una pulsera y una servilleta con un dibujo horrible de un gato. Cassie sonr?e. Mateo lo hab?a dibujado durante una clase aburrida y hab?a insistido durante veinte minutos en que era perfectamente evidente que se trataba de un gato. Debajo encuentra varias fotograf?as. No las mira. Todav?a no. Cierra la caja y la coloca en la parte ms alta de la estanter?a.

Ma?ana empieza el mster. Tiene que comprar comida, terminar de instalarse y aprender otra vez a vivir en esta ciudad. Tiene demasiadas cosas que hacer como para perder el tiempo pensando en un chico al que no ve?a desde hac?a cuatro a?os. Un chico que todav?a recuerda cmo toma el caf.

Cassie apaga la luz. Desde la calle llega el sonido de una puerta que se cierra y, poco despus, unas voces. Se acerca a la ventana sin pensar. Abajo, Mateo est cerrando la cafeter?a. Cassie se aparta antes de que pueda mirar hacia arriba. Despus se r?e de s? misma.

-Pues empezamos bien.




Ejercicios de vocabulario





1. Completa las frases


1. Despus de vivir cinco a?os en Madrid, Cassie decide __________ a Salamanca.

2. Necesita varios d?as para __________ en su nuevo apartamento.

3. Cassie se __________ cuando ve a Mateo detrs de la barra.

4. Aunque no quiere admitirlo, ha __________ Salamanca durante su a?o en Madrid.

5. Cassie intenta __________ que la presencia de Mateo no le afecta.

6. Los dos tienen una conversacin __________ porque hace a?os que no se ven.

7. Despus de cuatro a?os, Cassie y Mateo vuelven a __________.

8. Cassie todav?a tiene algunas cosas __________ con su pasado.

9. Necesitar tiempo para __________ su nueva rutina.

10. Cassie quiere __________ y construir una vida diferente.




2. Relaciona


1. quedarse de piedra a. parecer algo a otra persona

2. echar de menos b. tener algo todav?a sin resolver

3. sentirse fuera de lugar c. sorprenderse much?simo

4. tener algo pendiente d. sacar y organizar las cosas despus de un viaje

5. dar la impresin de e. desear volver a ver a una persona o un lugar

6. deshacer las maletas f. sentir que no perteneces a una situacin o lugar




3. Elige la opcin correcta


1. Cassie vuelve a Salamanca porque: a) quiere visitar a Mateo; b) empieza un mster; c) su madre vive all?.

2. Cuando Carmen menciona el apellido Ruiz, Cassie: a) sospecha que conoce a la familia; b) no reconoce el apellido; c) decide cambiar de piso.

3. Mateo recuerda: a) el cumplea?os de Cassie; b) dnde viv?a Cassie; c) cmo toma Cassie el caf.

4. Cassie y Mateo: a) terminaron su relacin hace cuatro a?os; b) dejaron de hablar poco a poco; c) tuvieron una gran discusin.

5. Al final de la conversacin, Mateo pregunta: a) si Cassie tiene novio; b) si quiere cenar con l; c) si ha vuelto para quedarse.




4. Sustituye la expresin


1. Cassie se sorprende much?simo cuando ve a Mateo.

2. Durante su a?o en Madrid, ha sentido la ausencia de Salamanca.

3. Necesita adaptarse a su nueva vida.

4. Cassie intenta hacer creer que est tranquila.

5. Hay cosas entre Cassie y Mateo que todav?a no estn resueltas.




5. Preguntas personales


1. ?Hay alguna ciudad que eches de menos?

2. ?Alguna vez te has reencontrado con alguien despus de muchos a?os?

3. ?Te resulta fcil empezar de cero?

4. ?En qu situaciones puedes sentirte fuera de lugar?

5. ?Crees que es mejor resolver las cosas pendientes o dejarlas en el pasado?




Respuestas





Ejercicio 1


1. mudarse

2. instalarse

3. queda de piedra

4. echado de menos

5. fingir

6. incmoda

7. reencontrarse

8. pendientes

9. acostumbrarse a

10. empezar de cero




Ejercicio 2


1-c

2-e

3-f

4-b

5-a

6-d




Ejercicio 3


1-b

2-a

3-c

4-b

5-c




Ejercicio 4


1. se queda de piedra

2. ha echado de menos

3. acostumbrarse a

4. fingir

5. estn pendientes




Ejercicio 5


Respuestas libres.




Cap?tulo 2. Como si nada hubiera pasado





Vocabulario




Espa?ol





retomar una conversacin

 



romper el hielo

 ,   



ponerse al d?a

 ,  



guardar las apariencias

 ,  ,   



disimular

,  ,  



incomodidad

, 



tener confianza con alguien

  -  ,  



perder el contacto

 



sacar un tema

 



cambiar de tema

 



quedarse con las ganas de

    ,  



darse cuenta de

, 



tener algo en com?n

 - 



hacer como si

 , 



resultar familiar

 




La ma?ana siguiente


A la ma?ana siguiente, Cassie se despierta antes de que suene el despertador. Durante unos segundos no sabe dnde est. El techo es demasiado blanco, la ventana est en el lado equivocado de la habitacin y una caja abierta ocupa casi todo el espacio entre la cama y la puerta. Despus recuerda el tren, las maletas, el tercer piso sin ascensor y, por ?ltimo, el caf de la noche anterior. Mateo.

Cassie se tapa la cara con la almohada y permanece as? unos segundos, como si la oscuridad pudiera borrar una parte concreta de su memoria. No funciona. Recuerda perfectamente la forma en que l la mir al verla, su camisa negra, su sonrisa y aquellas tres palabras que todav?a le molestan ms de lo razonable: Lo recuerdo.

Fuera, la ciudad empieza el d?a bajo un cielo claro y fr?o. La lluvia de la noche ha dejado las calles brillantes, y desde la ventana del saln Cassie ve hojas amarillas y marrones acumuladas junto a las aceras. Algunas personas caminan deprisa con las manos dentro de los bolsillos; otras se detienen frente a la cafeter?a de abajo antes de entrar. El aire de octubre tiene esa mezcla extra?a de sol y fr?o que obliga a llevar una chaqueta por la ma?ana y hace que uno se arrepienta de ella al mediod?a.

Cassie prepara caf en la peque?a cafetera que encontr en uno de los armarios. El resultado tiene un color sospechoso y un sabor todav?a peor. Bebe dos tragos por orgullo y tira el resto por el fregadero. Podr?a bajar. La idea aparece con demasiada rapidez. No va a bajar.

Tiene una presentacin en la universidad a las diez, todav?a no ha encontrado su cuaderno y necesita descubrir qu autob?s debe tomar. Adems, ser?a absurdo entrar otra vez en Caf Libertad menos de doce horas despus de haber visto a Mateo por primera vez en cuatro a?os.

A las nueve y cuarto, Cassie est cerrando la puerta del apartamento con el bolso al hombro. Al llegar a la calle, mira hacia la cafeter?a casi sin querer. A travs de la ventana ve a varias personas desayunando, pero no distingue a Mateo. Sigue caminando. Solo cuando dobla la esquina se da cuenta de que est un poco decepcionada.




Una vida nueva, ms o menos


La primera ma?ana del mster resulta menos terrible de lo que esperaba. El edificio de la facultad sigue teniendo los mismos pasillos largos y las mismas mquinas de caf que parecen haber sobrevivido a varias generaciones de estudiantes. Cassie reconoce algunas aulas, aunque su programa es nuevo y la mayor?a de las caras tambin lo son.

Se sienta junto a una chica llamada Nora, que lleva un abrigo verde oscuro y escribe todo lo que dice el profesor, incluso los chistes malos. Durante la pausa hablan de Madrid, de alquileres imposibles y de profesores que env?an correos a las seis de la ma?ana. Nora es de Valladolid y acaba de mudarse a Salamanca.

-?T? tambin eres nueva en la ciudad? -pregunta.

Cassie duda.

-S? y no. Estudi aqu? hace unos a?os.

-Entonces tienes ventaja. Yo todav?a me pierdo cada vez que salgo de la facultad.

-Es una ciudad peque?a.

-Eso no me ayuda. Tengo un talento especial.

Cassie sonr?e. Le gusta Nora. Hablar con alguien que no sabe nada de su vida anterior resulta inesperadamente cmodo. No tiene que explicar por qu volvi, por qu dej Madrid ni por qu la idea de una cafeter?a concreta ocupa demasiado espacio en su cabeza desde la noche anterior.

Despus de clase, Nora propone ir a comer con otros dos estudiantes. Cassie acepta. Pasan casi dos horas en un peque?o restaurante cerca de la Plaza Mayor, hablando de profesores, trabajos anteriores y de lo extra?o que resulta volver a estudiar despus de haber trabajado. Por primera vez desde que lleg, Cassie siente que su nueva vida puede ser exactamente eso: nueva.

Al salir, el sol de la ma?ana ha desaparecido. Un viento fr?o mueve las hojas por la plaza y las terrazas empiezan a vaciarse. Salamanca tiene un color dorado bajo las nubes, y las fachadas antiguas parecen ms clidas que el cielo. Cassie camina despacio hacia casa. No tiene prisa. Cuando llega a su calle, descubre que s? tiene hambre otra vez. Y que Caf Libertad est justo delante. Esta vez no intenta inventarse una excusa demasiado complicada. Necesita caf. La cafeter?a vende caf. Fin de la historia.




El segundo caf


La campanilla de la puerta suena cuando entra. A esa hora el local est ms tranquilo que la noche anterior. Cerca de la ventana hay dos estudiantes con porttiles, una mujer lee un libro y un hombre habla por telfono en voz tan baja que parece estar contando un secreto. Mateo est detrs de la barra. La ve casi inmediatamente.

Cassie espera una reaccin, aunque no sabe cul. Una sonrisa especial, una sorpresa, quiz una broma sobre su regreso. Mateo simplemente levanta una mano.

-Hola.

-Hola.

Perfecto. Dos adultos perfectamente normales saludndose como si no hubieran pasado media noche pensando en la conversacin anterior. Cassie se acerca a la barra.

-?Qu tal el primer d?a?

Ella lo mira con cierta sospecha.

-?Cmo sabes que hoy empezaba?

-Ayer dijiste que volv?as por un mster.

-Dije que empezaba un mster. No dije cundo.

Mateo se apoya un momento en la barra.

-Empieza octubre, Cassie. No ha sido una investigacin policial.

-Tienes razn. Me estaba preocupando.

-?Por mi inteligencia?

-Por tu nueva carrera como detective.

Mateo sonr?e y coge una taza.

-?Lo de siempre?

Cassie mira la cafetera.

-?Sabes qu? Hoy quiero az?car.

l se queda quieto.

-?Az?car?

-S?.

-?Ests bien?

Cassie intenta mantener una expresin seria.

-He cambiado mucho en cuatro a?os.

Mateo deja un sobre de az?car junto a la taza.

-Esto s? que no me lo esperaba.

Ella termina rindose. La incomodidad que esperaba sentir desaparece un poco, y durante unos minutos hablar con l resulta tan familiar que casi parece peligroso. Mateo le pregunta por el mster, Cassie le cuenta que ya ha conocido a una chica que se pierde en una ciudad de quince minutos, y l le habla de una clienta que lleva toda la ma?ana ocupando una mesa con un solo t. No hablan de los ?ltimos cuatro a?os. Hablan alrededor de ellos.

Cassie se da cuenta poco a poco. Cada vez que una pregunta puede acercarlos demasiado al pasado, uno de los dos cambia de tema. Cuando Mateo pregunta por Madrid, ella responde hablando del trfico. Cuando Cassie pregunta si l sigue estudiando Arquitectura, Mateo empieza a contar una historia sobre un profesor insoportable. Es casi divertido. Tambin es agotador.

-Entonces sigues con Arquitectura -dice Cassie.

-S?. Estoy terminando el proyecto final.

-?Despus de cuatro a?os?

-Cinco.

Cassie arquea una ceja.

-No me mires as?. Arquitectura es una forma de vida, no una carrera.

-Una forma de vida muy larga.

-Gracias por tu apoyo.

-Y trabajas aqu?.

-Algunas tardes y los fines de semana. Mis padres siguen llevando el caf, pero mi padre est intentando trabajar menos.

Cassie recuerda al se?or Ruiz detrs de la misma barra muchos a?os antes. Siempre llevaba una camisa clara y llamaba jefa a cualquier mujer menor de treinta a?os.

-?Cmo est tu padre?

-Bien. Ms tranquilo. Mi madre dice que no sabe estar jubilado porque todav?a no se ha jubilado.

-Eso tiene mucho sentido.

-En mi familia s?.

Mateo coloca una cuchara junto a su taza. Cassie mira sus manos y recuerda, sin querer, unas manos ms jvenes llenas de tinta negra despus de una clase de dibujo tcnico. Aparta la mirada antes de que el recuerdo pueda crecer demasiado.

-?Y t?? -pregunta Mateo-. ?Qu pas con Madrid?

Ah? est. La primera pregunta que no puede responder hablando del tiempo.




Ponerse al d?a


Cassie mueve lentamente el sobre de az?car entre los dedos. Ni siquiera lo ha abierto.

-?Qu quieres saber?

-No s. Cuatro a?os son bastante tiempo.

-Tres y medio.

Mateo la mira.

-?Los has contado?

-No. Simplemente s matemticas bsicas.

-Claro.

Cassie abre el az?car y echa solo la mitad en el caf. No le gusta especialmente dulce, pero ahora ya no puede cambiar de opinin sin darle a Mateo la satisfaccin de comentarlo.

-Trabaj en Madrid despus de terminar la carrera -explica-. Primero en una empresa peque?a y despus en otra bastante ms grande. Al principio me gustaba.

-?Y despus?

-Despus me gustaba cobrar.

Mateo suelta una risa.

-Esa es una razn bastante buena para trabajar.

-No suficiente para levantarte cada ma?ana odiando el sonido del despertador.

La frase sale con ms sinceridad de la que Cassie esperaba. Mateo no hace una broma esta vez.

-?Por eso te fuiste?

-En parte.

l espera, pero Cassie no contin?a. No quiere hablar todav?a de Marcos, de los ?ltimos meses en Madrid ni de la sensacin de estar viviendo una vida que hab?a elegido casi por accidente. Mateo parece entender el l?mite y no insiste.

-?Y el mster?

-Quiero cambiar un poco de direccin. O al menos descubrir si quiero cambiarla.

-Plan muy concreto.

-Tengo una carpeta con documentos. Eso siempre hace que un plan parezca serio.

-Eso s? lo recuerdo de ti.

Cassie levanta la vista.

-?Qu cosa?

-Tus carpetas. Ten?as una para todo.

-No es verdad.

-Ten?as una carpeta para organizar otras carpetas.

-Eso es una mentira.

Mateo sonr?e.

-Era azul.

Cassie abre la boca para responder y se detiene. Era azul. Durante un segundo, ninguno dice nada. Hay recuerdos peque?os que deber?an desaparecer antes que los importantes: el color de una carpeta, una bebida favorita, una cancin que alguien odiaba. Sin embargo, esos detalles permanecen escondidos durante a?os y regresan cuando menos se espera. Cassie bebe caf.

-?T? nunca te fuiste? -pregunta.

-De Salamanca, dices.

-S?.

-Unos meses. Hice prcticas en Valencia el a?o pasado.

-?Valencia?

-?Ves? T? tampoco sabes nada de mi vida.

No lo dice con reproche. Precisamente por eso, la frase duele un poco ms. Cassie baja la mirada hacia la taza.

-Perdimos el contacto.

-S?.

No hay acusacin en su voz, pero tampoco intenta suavizarlo. Cassie piensa en todas las veces que podr?a haber escrito. Cumplea?os. Navidades. Una noticia que le record a l. Una fotograf?a de Salamanca que apareci en su telfono. Siempre hab?a una razn para no hacerlo: estaba ocupada, era tarde, hab?a pasado demasiado tiempo, quiz Mateo ten?a novia, quiz ya no quer?a saber nada de ella. Despus de cierto punto, el silencio se hab?a convertido en costumbre.

-Yo tambin podr?a haberte escrito -dice Mateo.

Cassie levanta la cabeza.

-No estaba diciendo que fuera culpa tuya.

-Ya lo s.

-Pero lo has dicho como si...

-Cassie.

-?Qu?

-Estamos hablando de un mensaje de WhatsApp, no de un tratado de paz.

Ella lo mira dos segundos y termina rindose.

-Bien. Retiro mi discurso.

-Gracias.

Por primera vez, el tema queda abierto entre ellos sin convertirse en una discusin. No lo han resuelto, pero tampoco han fingido que nunca existi. Para Cassie, ya es bastante.




Lo de siempre


Una pareja entra en la cafeter?a y Mateo tiene que volver al trabajo. Cassie se lleva la taza a una mesa junto a la ventana y abre el porttil. Intenta leer un art?culo para la clase del d?a siguiente, aunque durante los primeros diez minutos lee el mismo prrafo tres veces.

Fuera, el viento empuja peque?as hojas amarillas por la acera. Una bicicleta pasa demasiado rpido sobre un charco y salpica a un hombre que responde con un gesto poco elegante. Cassie sonr?e detrs del cristal. La tarde se va oscureciendo poco a poco, y las luces del caf se reflejan en la ventana hasta mezclar el interior clido con la calle gris.

Es una de las cosas que ms hab?a echado de menos sin saberlo: los lugares peque?os donde una persona puede quedarse durante horas sin que nadie tenga prisa por echarla.

En Madrid todo parec?a moverse. El metro, la gente, los planes, los trabajos, las conversaciones. Incluso descansar parec?a una actividad que hab?a que organizar. Aqu?, sentada junto a una ventana mientras empieza a llover otra vez, Cassie siente que el tiempo avanza de otra manera. Una hora despus guarda el porttil. Mateo est limpiando una mesa cercana.

-?Has estudiado mucho?

-He le?do tres pginas.

-Impresionante.

-Y he mirado por la ventana durante cuarenta minutos.

-Eso explica el xito acadmico.

Cassie se pone el abrigo.

-Gracias por el caf.

-Has pagado este.

-Entonces gracias por permitirme comprarlo.

-De nada. Intentamos ofrecer un servicio completo.

Ella se coloca el bolso al hombro y camina hacia la puerta.

-Cassie.

Se vuelve. Mateo se?ala la mesa.

-El az?car.

El sobre est vac?o junto a la taza.

-?Qu pasa con l?

-Has usado medio.

-?Y?

-Que ma?ana volvers al caf sin az?car.

Cassie lo mira.

-?Ma?ana?

Mateo se encoge de hombros, pero hay una peque?a sonrisa en su cara.

-O cuando vuelvas.

Ella podr?a decir que quiz no vuelva. Podr?a recordarle que tiene una cafetera arriba, aunque produzca una bebida que apenas merece ese nombre. Podr?a hacer como si la idea de regresar no fuera evidente para los dos. En lugar de eso, abre la puerta.

-Buenas noches, detective.

-Buenas noches, Cassie.

Sale a la calle. La lluvia es fina y el aire huele a piedra mojada. Cassie camina los pocos pasos hasta la entrada de su edificio y, antes de sacar las llaves, mira una vez hacia la ventana del caf. Mateo ya est atendiendo a otra persona. Todo parece normal. Quiz eso es precisamente lo extra?o.

Durante cuatro a?os hab?an sido dos personas que ya no formaban parte de la vida del otro. Ahora viven a tres pisos de distancia y pueden encontrarse cualquier tarde delante de una taza de caf.

Cassie sube las escaleras despacio. En el segundo piso escucha llorar al beb del que Carmen le habl. Un poco ms arriba empieza a sonar una guitarra y comprende que Carmen tampoco exageraba sobre eso.

Cuando entra en casa, deja el bolso sobre una silla y abre una de las cajas que todav?a quedan en el saln. Mientras coloca varios libros en la estanter?a, piensa en la conversacin de esa tarde. Valencia. El proyecto final. Su padre. Detalles peque?os de una vida que continu sin ella. Se pregunta qu ms no sabe. Y, por primera vez desde que volvi a Salamanca, se permite admitir algo sin buscar una explicacin razonable. Quiere averiguarlo.




Ejercicios de vocabulario





1. Completa las frases


1. Despus de cuatro a?os sin hablar, Cassie y Mateo intentan __________ una conversacin.

2. Al principio hacen bromas para __________ y sentirse ms cmodos.

3. Los dos necesitan __________ porque saben muy poco de sus vidas actuales.

4. Cassie intenta __________ su curiosidad por Mateo.

5. Durante varios a?os, Cassie y Mateo hab?an __________.

6. Mateo __________ el tema de Madrid, pero Cassie no quiere contar todos los detalles.

7. Cuando una pregunta resulta demasiado personal, uno de los dos intenta __________.

8. Cassie se __________ que Mateo recuerda detalles muy peque?os de su pasado.

9. Algunas cosas entre ellos siguen sin resolverse y ambos tienen asuntos __________.

10. A pesar de los a?os, hablar con Mateo todav?a le __________ a Cassie.




2. Relaciona las expresiones con su significado


1. ponerse al d?a

2. perder el contacto

3. sacar un tema

4. quedarse con las ganas de

5. darse cuenta de

6. hacer como si

a. empezar a hablar de un asunto

b. fingir que una situacin es diferente

c. dejar de comunicarse con alguien

d. intercambiar noticias despus de un tiempo

e. notar o comprender algo

f. querer hacer algo y finalmente no hacerlo




3. Elige la opcin correcta


1. Cassie vuelve a Caf Libertad porque: a) Mateo la invita; b) necesita caf y decide dejar de buscar excusas; c) Nora quiere conocer el lugar.

2. Mateo est terminando: a) Medicina; b) un curso de cocina; c) su proyecto final de Arquitectura.

3. Cassie cuenta que dej su trabajo en Madrid porque: a) empez a odiar su rutina; b) la despidieron; c) quer?a trabajar en el caf.

4. Mateo vivi unos meses en: a) Sevilla; b) Valencia; c) Barcelona.

5. Al final de la cap?tulo, Cassie admite que: a) quiere conocer la vida actual de Mateo; b) quiere volver a Madrid; c) no piensa regresar al caf.




4. Reescribe usando el vocabulario


1. Cassie y Mateo dejaron de comunicarse durante varios a?os.

2. Mateo empieza a hablar del pasado.

3. Cassie comprende que sabe muy poco de la vida actual de Mateo.

4. Los dos act?an como si todo fuera completamente normal.

5. Cassie y Mateo intercambian noticias despus de mucho tiempo.




5. Responde con tus propias ideas


1. ?Es fcil retomar una amistad despus de perder el contacto durante a?os? ?Por qu?

2. ?Qu temas sueles evitar cuando acabas de reencontrarte con alguien?

3. ?Crees que los peque?os detalles pueden demostrar que una persona todav?a se acuerda de ti?

4. ?Alguna vez te has quedado con las ganas de escribir a alguien?

5. ?Es mejor hablar directamente de los problemas del pasado o esperar hasta tener ms confianza?




Respuestas





Ejercicio 1


1. retomar

2. romper el hielo

3. ponerse al d?a

4. disimular

5. perdido el contacto

6. saca

7. cambiar de tema

8. da cuenta de

9. pendientes

10. resulta familiar




Ejercicio 2


1-d

2-c

3-a

4-f

5-e

6-b




Ejercicio 3


1-b

2-c

3-a

4-b

5-a




Ejercicio 4


1. Cassie y Mateo perdieron el contacto durante varios a?os.

2. Mateo saca el tema del pasado.

3. Cassie se da cuenta de que sabe muy poco de la vida actual de Mateo.

4. Los dos hacen como si todo fuera completamente normal.

5. Cassie y Mateo se ponen al d?a despus de mucho tiempo.




Ejercicio 5


Respuestas libres.




Cap?tulo 3. La ciudad que recuerda





Vocabulario




Espa?ol





recorrer

recorrer, , 



traer recuerdos

 



venir a la memoria

  



reconocer un lugar

 



haber cambiado





permanecer igual

 



tener nostalgia

 



cruzarse con alguien

   -



dar un paseo





quedarse atrs

 



guardar un recuerdo

 



estar a punto de

 - 



atreverse a





borrar

, 



seguir adelante

 




Una ma?ana dorada


El jueves amanece con un cielo limpio despus de varios d?as de lluvia. Desde la ventana de su apartamento, Cassie ve una luz suave sobre los tejados y peque?as gotas que todav?a brillan en las barandillas de los balcones. El aire parece ms fr?o que el d?a anterior, pero el sol convierte las fachadas de piedra en superficies doradas y hace que las hojas h?medas tengan colores ms intensos. Algunas son amarillas, otras casi rojas, y muchas forman peque?os montones junto a las puertas de los edificios.

Cassie sale de casa ms temprano de lo necesario. Podr?a tomar el autob?s hasta la facultad, pero decide caminar. Desde que ha vuelto, tiene la sensacin de que siempre est yendo de un sitio a otro sin mirar realmente la ciudad. Durante sus primeros a?os en Salamanca conoc?a cada calle del centro, sab?a qu cafeter?as cerraban tarde y qu caminos eran ms rpidos cuando llegaba tarde a clase. Ahora quiere comprobar cunto recuerda.

Al principio, el paseo resulta agradable y sencillo. Compra una botella de agua en una tienda peque?a, cruza una plaza donde varias terrazas empiezan a llenarse y pasa junto a una librer?a que no reconoce. En el escaparate hay novelas, cuadernos y una coleccin de postales antiguas de Salamanca. Cassie se detiene unos segundos. Antes hab?a all? una tienda de ropa barata donde ella y sus amigas entraban despus de clase, casi siempre sin comprar nada.

La ciudad ha cambiado, piensa. Luego mira el edificio de enfrente, una fachada estrecha con balcones de hierro y macetas peque?as, y recuerda que una vez Mateo esper all? casi cuarenta minutos porque ella hab?a confundido la hora de una cita para estudiar. Algunas cosas han cambiado. Otras siguen exactamente en el mismo lugar, esperando a que alguien vuelva a mirarlas.

Cassie contin?a andando. No est triste, pero siente una nostalgia extra?a, menos dolorosa de lo que esperaba. Volver no significa recuperar una vida antigua. Esa vida ya no existe. Sin embargo, caminar por estas calles le permite encontrar peque?as partes de s? misma que hab?a dejado atrs sin darse cuenta.




Lugares que no olvidan


Despus de las clases, Nora propone comer juntas, pero tiene una cita en el banco y se marcha pronto. Cassie podr?a volver directamente a casa. En lugar de eso, guarda el mvil en el bolso y empieza a caminar sin un destino concreto.

El centro est lleno de estudiantes y turistas. Cerca de la Plaza Mayor, un m?sico toca la guitarra mientras una pareja intenta hacerse una fotograf?a sin que aparezcan veinte desconocidos detrs. En una terraza, varias personas toman caf bajo unas mantas que el camarero ha dejado sobre las sillas. El viento mueve las ramas de los rboles y de vez en cuando una hoja cae sobre una mesa o queda atrapada entre los pies de alguien.

Cassie cruza una calle y reconoce un bar peque?o con una puerta roja. El nombre ha cambiado, pero el interior parece casi igual. Durante el primer curso, ella, Mateo y otros compa?eros iban all? los jueves porque las bebidas eran baratas y nadie ten?a todav?a suficiente dinero para elegir un sitio por su calidad.

Una imagen le viene a la memoria con tanta claridad que Cassie se detiene. Mateo est sentado frente a ella con diecinueve a?os, el pelo demasiado largo y una camiseta que Cassie odiaba. Est intentando convencerla de que puede reconocer cualquier cancin con solo escuchar tres segundos. No pod?a. Hab?a fallado cinco seguidas. Cassie sonr?e sola y contin?a caminando.

Un poco ms adelante encuentra una peque?a plaza. Hay bancos bajo los rboles y el suelo est cubierto de hojas secas. Dos ni?os corren detrs de una pelota mientras su padre habla por telfono. Cassie reconoce el banco de la esquina inmediatamente. Aqu? estudiaron juntos una tarde antes de un examen.

Bueno, estudiaron quiz no sea la palabra correcta. Mateo pas la mayor parte del tiempo dibujando edificios en los mrgenes de sus apuntes y Cassie intent explicarle un tema que l no necesitaba conocer. Despus compraron bocadillos y se quedaron hablando hasta que empez a hacer fr?o.

Cassie se acerca al banco, pero no se sienta. No quiere convertir el paseo en una visita organizada a todos sus recuerdos con Mateo. La ciudad tambin fue suya. Tuvo amigas, profesores, exmenes, noches en las que volvi sola a casa escuchando m?sica y ma?anas en las que se sent en una biblioteca sin hablar con nadie durante horas. Aun as?, Mateo aparece en demasiados lugares. Eso resulta irritante. Y un poco bonito. Cassie decide no analizar la segunda parte.




Una coincidencia


Cuando llega a una calle cercana a la universidad, entra en una panader?a para comprar algo dulce. Sale con una bolsa de papel caliente y una decisin bastante firme de regresar a casa. En ese momento escucha su nombre.

-Cassie.

Se gira. Mateo est al otro lado de la calle con un tubo grande de cartn bajo el brazo y una mochila colgada de un hombro. Lleva un abrigo oscuro y parece tener prisa. Cuando los coches pasan, cruza hacia ella.

-Hola.

-Hola.

Mateo mira la bolsa.

-?Eso es comida?

-Excelente observacin.

-Gracias. La carrera me ha ense?ado mucho.

Cassie abre un poco la bolsa.

-He comprado una napolitana.

-?Una?

-S?.

-Entonces no pensabas encontrarte conmigo.

-Definitivamente no.

Mateo pone una mano sobre el pecho, fingiendo estar herido.

-Qu recibimiento.

Cassie se r?e. Despus mira el tubo de cartn.

-?Proyecto?

-Planos. Tengo una reunin dentro de media hora y todav?a no estoy seguro de que uno de ellos tenga sentido.

-?No se supone que un arquitecto debe estar seguro de esas cosas?

-No hasta que le pagan.

La respuesta le resulta tan familiar que Cassie vuelve a sentir esa peque?a confusin de los ?ltimos d?as. Mateo es distinto y, al mismo tiempo, algunas partes de l no han cambiado en absoluto.

Empiezan a caminar juntos. l va hacia la facultad de Arquitectura y Cassie puede acompa?arlo durante unas calles antes de tomar el camino de casa. Hablan de cosas fciles: las clases, Nora, el vecino que toca mal la guitarra y la cafetera del apartamento de Cassie.

-?Tan malo es el caf? -pregunta Mateo.

-Creo que tcnicamente no deber?a llamarlo caf.

-Puedes bajar al Libertad.

-Qu casualidad que recomiendes el negocio de tu familia.

-Tenemos una estrategia de marketing muy agresiva.

-S?, ya lo veo. Persigues clientes por la calle.

Mateo sonr?e. Al llegar a una esquina, ambos reducen el paso. Delante de ellos est la peque?a plaza por la que Cassie acaba de pasar. Mateo mira hacia los bancos.

-?Te acuerdas?

Cassie sabe exactamente de qu habla.

-No.

-Qu mentirosa.

Ella sonr?e.

-De algunas cosas.

-Te pasaste una tarde entera intentando ense?arme econom?a.

-Y t? dibujaste sobre mis apuntes.

-Eran mejoras visuales.

-Dibujaste un edificio encima de una definicin.

-Era un edificio excelente.

Cassie niega con la cabeza. Durante unos segundos, el recuerdo pertenece a los dos y ya no parece algo que ella haya encontrado sola en una calle antigua. Entonces Mateo mira el reloj.

-Tengo que irme.

-S?. Tus edificios te necesitan.

-Probablemente.

Da un par de pasos y se vuelve.

-Cassie.

-?Qu?

-Me alegro de que hayas vuelto.

La frase es sencilla y la dice sin dramatismo. Precisamente por eso Cassie no encuentra una respuesta rpida. Mateo levanta una mano.

-Nos vemos.

Ella lo observa alejarse entre la gente hasta que desaparece detrs de una esquina. Solo entonces contin?a hacia casa. La napolitana se ha enfriado. No le importa.




Lo que permanece


Por la tarde, Cassie intenta estudiar en casa. Abre el porttil, prepara una taza de t y coloca los apuntes sobre la mesa junto a la ventana. Durante casi una hora consigue concentrarse. Despus empieza a oscurecer y la habitacin cambia de color. La luz azulada de la calle entra por el cristal mientras las lmparas de los edificios de enfrente se encienden una a una.

Desde abajo llega el ruido de Caf Libertad. No puede distinguir las conversaciones, solo un murmullo constante, el sonido ocasional de una puerta y alguna risa. Cassie piensa en bajar, pero esta vez decide quedarse. No quiere que cada d?a en Salamanca termine con Mateo. Adems, necesita construir una vida que no dependa de quin trabaja tres pisos ms abajo. A las ocho, Nora le env?a una fotograf?a de un libro que necesita para clase.

Nora: ?T? entiendes la pgina 47?

Cassie abre el documento.

Cassie: No.

Nora: Gracias. Me siento mejor.

Cassie: Podemos fingir que el profesor tampoco la entiende.

Nora: Ese es mi plan acadmico.

Cassie sonr?e. Hablan unos minutos sobre el trabajo de la semana siguiente y quedan para estudiar juntas el sbado. Cuando termina la conversacin, Cassie mira el saln. Todav?a hay cajas sin abrir, pero ahora hay libros en la estanter?a, una manta sobre el sof y una taza junto al ordenador. Poco a poco, el apartamento empieza a parecer suyo. Quiz con las ciudades ocurre lo mismo.

Uno no vuelve y recupera inmediatamente lo que dej. Tiene que acostumbrarse otra vez a las calles, encontrar nuevas rutinas y aceptar que algunos lugares ya no existen. Tambin tiene que descubrir qu partes del pasado todav?a quiere conservar.

Cassie cierra el porttil y se acerca a una de las cajas. Busca un jersey, pero encuentra la peque?a caja de recuerdos que abri la primera noche. Esta vez la baja de la estanter?a. Se sienta en el suelo y saca las fotograf?as.

Hay imgenes de fiestas, excursiones y cumplea?os. En una, Cassie tiene el pelo mucho ms corto y est haciendo una cara absurda. En otra aparecen cinco amigos delante de la universidad. Mateo est al fondo, mirando hacia alguien fuera de la fotograf?a. Cassie pasa a la siguiente. Ella y Mateo estn sentados en unas escaleras. No miran a la cmara. Cassie se r?e de algo y l la mira a ella. Permanece unos segundos observando la imagen. Despus le da la vuelta. No hay nada escrito. Cassie no sabe por qu siente alivio. Guarda las fotograf?as otra vez, pero deja esa encima de la mesa. No significa nada, se dice. Esta vez ni siquiera intenta crerselo.




El mensaje


Ms tarde empieza a llover. No es una tormenta fuerte, sino una lluvia tranquila que cubre los cristales con peque?as gotas y convierte las luces de la calle en manchas amarillas. Cassie apaga la lmpara principal y deja encendida solo la que est junto al sof. La habitacin se vuelve clida y silenciosa. Est leyendo cuando el mvil vibra. Mira la pantalla. Mateo.

Durante un segundo, Cassie no abre el mensaje. Es rid?culo. Han hablado esa misma tarde. No hay ninguna razn para que un mensaje suyo parezca importante. Lo abre.

Mateo: ?Has sobrevivido al caf de tu casa?

Cassie sonr?e.

Cassie: Por ahora.

Mateo: Me alegro.

Cassie: Gracias por tu preocupacin.

Mateo: Es profesional. No quiero perder una clienta.

Cassie: Una clienta que ayer pag.

Mateo: Un detalle.

Cassie deja el mvil sobre el sof. Un minuto despus vuelve a vibrar.

Mateo: Por cierto.

Cassie espera. Aparecen los tres puntos que indican que est escribiendo. Desaparecen. Vuelven a aparecer.

Mateo: ?Sigues tomando el caf sin az?car?

Cassie mira el mensaje y se r?e en voz baja.

Cassie: S?.

Mateo: Lo sab?a.

Cassie: Ayer tom az?car.

Mateo: Medio sobre por orgullo no cuenta.

Cassie: Eres insoportable.

Mateo: Eso tambin lo recuerdas.

Cassie apoya la cabeza contra el sof. Afuera, la lluvia sigue cayendo sobre los tejados y una rfaga de viento mueve las ramas del rbol que ve desde la ventana. Por primera vez, la conversacin no sucede porque se han cruzado por casualidad. Mateo ha decidido escribirle. Ella tambin decide continuar.

Cassie: ?Has sobrevivido a la reunin?

Mateo: S?. El plano ten?a sentido.

Cassie: Qu decepcin.

Mateo: Gracias por confiar en m?.

Hablan durante casi veinte minutos. Nada importante: un profesor, la panader?a, el vecino de la guitarra, una serie que ambos conocen. Es una conversacin sencilla, de esas que antes ten?an sin pensar. Cuando parece que ha terminado, Cassie deja el telfono. Vibra otra vez.

Mateo: Una pregunta.

Cassie: Depende.

Mateo: ?Has vuelto para quedarte?

Cassie deja de sonre?r. Es la misma pregunta de la primera noche. Esta vez no est Mateo delante para verla pensar. Mira la fotograf?a que ha dejado sobre la mesa. Luego mira las cajas, la lluvia detrs de la ventana y las luces de una ciudad que conoce y no conoce al mismo tiempo. Empieza a escribir una respuesta. La borra. Escribe otra. Tambin la borra. Finalmente env?a solo cuatro palabras.

Cassie: Todav?a no lo s.

Los tres puntos aparecen casi de inmediato.

Mateo: Vale.

Nada ms. Cassie espera unos segundos, pero no llega otro mensaje. Podr?a sentirse decepcionada. En cambio, agradece que no insista. Deja el telfono boca abajo.

Afuera, Salamanca contin?a bajo la lluvia de octubre. Las calles que recorri esa tarde estarn casi vac?as ahora, y las hojas se pegarn otra vez a las piedras mojadas. Ma?ana algunos lugares volvern a parecer nuevos y otros le traern recuerdos que cre?a olvidados. Cassie mira una vez ms la fotograf?a. No sabe todav?a si ha vuelto para quedarse. Pero por primera vez empieza a preguntarse qu tendr?a que ocurrir para querer hacerlo.




Ejercicios de vocabulario





1. Completa las frases


1. Cassie decide __________ por el centro en lugar de volver directamente a casa.

2. Algunos lugares antiguos le __________ de sus primeros a?os en Salamanca.

3. Al pasar por una plaza, un recuerdo de Mateo le __________.

4. Cassie puede __________ muchos lugares aunque algunos negocios hayan cambiado.

5. La ciudad parece diferente, pero algunas cosas han __________.

6. Cassie y Mateo vuelven a __________ por casualidad cerca de la universidad.

7. Ella est __________ preguntarle ms cosas sobre su vida, pero decide no hacerlo.

8. Cassie comprende que no quiere quedarse __________ en el pasado.

9. Algunas fotograf?as le permiten __________ de sus a?os universitarios.

10. Para construir una nueva vida, Cassie sabe que tendr que __________.




2. Relaciona


1. traer recuerdos

2. venir a la memoria

3. cruzarse con alguien

4. estar a punto de

5. atreverse a

6. seguir adelante

a. encontrarse con alguien por casualidad

b. recordar algo de repente

c. tener el valor de hacer algo

d. continuar con la vida

e. hacer que una persona recuerde el pasado

f. estar muy cerca de hacer algo




3. Verdadero o falso


1. Cassie toma el autob?s porque hace demasiado fr?o.

2. Nora conoce perfectamente Salamanca.

3. Cassie encuentra varios lugares relacionados con sus recuerdos universitarios.

4. Mateo est trabajando en el caf cuando Cassie se cruza con l.

5. Mateo dice que se alegra de que Cassie haya vuelto.

6. Cassie baja al Caf Libertad esa misma noche.

7. Mateo escribe a Cassie por iniciativa propia.

8. Cassie responde que definitivamente se quedar en Salamanca.




4. Explica con tus propias palabras


1. ?Por qu Cassie siente que Salamanca es conocida y nueva al mismo tiempo?

2. ?Por qu no quiere que cada d?a termine con Mateo?

3. ?Qu importancia tiene la fotograf?a que deja sobre la mesa?

4. ?Por qu la pregunta ?Has vuelto para quedarte? resulta dif?cil para Cassie?

5. ?Qu cambia entre Cassie y Mateo al final de la cap?tulo?




5. Usa el vocabulario


Escribe una frase propia con cada expresin:

1. tener nostalgia

2. guardar un recuerdo

3. estar a punto de

4. atreverse a

5. seguir adelante




Respuestas





Ejercicio 1


1. dar un paseo

2. traen recuerdos

3. viene a la memoria

4. reconocer

5. permanecido igual

6. cruzarse

7. a punto de

8. atrs

9. guardar recuerdos

10. seguir adelante




Ejercicio 2


1-e

2-b

3-a

4-f

5-c

6-d




Ejercicio 3


1. Falso

2. Falso

3. Verdadero

4. Falso

5. Verdadero

6. Falso

7. Verdadero

8. Falso




Ejercicio 4


Respuestas orientativas:

1. Porque reconoce calles y lugares de su pasado, pero tambin encuentra cambios y nuevas rutinas.

2. Porque quiere construir una vida propia en Salamanca y no hacer que su regreso dependa ?nicamente de Mateo.

3. Representa una parte del pasado que Cassie todav?a no ha decidido cmo interpretar.

4. Porque a?n no sabe qu quiere hacer con su nueva etapa ni si Salamanca ser una solucin permanente.

5. Mateo le escribe sin que una coincidencia los obligue a hablar; por primera vez uno de los dos busca voluntariamente al otro.




Ejercicio 5


Respuestas libres.




Cap?tulo 4. Un caf, nada ms





Vocabulario




Espa?ol





quedar con alguien

    -



proponer un plan

 



aceptar una invitacin

 



tener una cita

  /  



restarle importancia a algo

  -



ponerse nervioso/a

 



evitar la mirada

 



romper un silencio

 



sacar conclusiones

 



dar explicaciones

 



quedarse en silencio





tener la sensacin de

 , 



estar pendiente de

  /  -



dejar algo claro

 -



darle vueltas a algo

  -




Una invitacin sencilla


El viernes llega con una ma?ana fr?a y luminosa. Durante la noche ha bajado la temperatura y, cuando Cassie abre la ventana, el aire entra en el apartamento con olor a humedad, hojas mojadas y caf recin hecho desde la planta baja. Cierra enseguida, pero permanece unos segundos junto al cristal. En los tejados hay una luz plida, casi blanca, y las sombras de las chimeneas se alargan sobre las tejas. Octubre avanza despacio, cambiando la ciudad un poco cada d?a.

Cassie lleva tres d?as dicindose que la presencia de Mateo debajo de su casa no modifica absolutamente nada. Tiene clases, trabajos, una compa?era nueva con la que ya ha quedado para estudiar el sbado y suficientes cajas sin abrir como para mantenerse ocupada hasta Navidad. Sin embargo, cada ma?ana reconoce el ruido de la persiana metlica del Caf Libertad al levantarse y, cada noche, sabe aproximadamente a qu hora cierran. No est pendiente de l, se explica mientras prepara el desayuno. Simplemente vive encima de una cafeter?a. Ser?a imposible no escucharla. El mvil vibra sobre la mesa.

Mateo: ?Tienes clase esta tarde?

Cassie mira el mensaje ms tiempo del necesario.

Cassie: No. ?Por qu?

La respuesta tarda casi un minuto.

Mateo: Porque termino a las seis.

Cassie espera. Nada.

Cassie: Informacin muy interesante.

Mateo: Gracias.

Cassie: ?Hay una segunda parte?

Mateo: Podr?amos tomar algo.

Cassie deja el telfono sobre la mesa y se sirve ms t, aunque la taza todav?a est casi llena. La invitacin es completamente normal. Dos antiguos amigos pueden quedar para tomar algo. No existe ninguna ley que convierta automticamente un caf en una cita solo porque hace cuatro a?os casi ocurri algo entre ellos. Casi. Cassie vuelve a mirar la pantalla.

Cassie: Vale.

Mateo: ?Vale qu?

Cassie: Que podemos tomar algo.

Mateo: Ah. Pensaba que estabas valorando mi informacin sobre el horario.

Cassie: No te emociones.

Mateo: A las seis y media. Plaza de Anaya.

Cassie: All? estar.

Despus de enviar el mensaje, Cassie se queda mirando el telfono. No ha pasado nada extraordinario, pero el viernes parece de repente un poco distinto.




No es una cita


A las cinco y media, Cassie est delante del armario con una camisa en cada mano. Aquello la irrita. No porque no sepa qu ponerse, sino porque sabe perfectamente que est dedicando demasiado tiempo a una decisin que normalmente tomar?a en treinta segundos. Deja la camisa negra sobre la cama, se pone un jersey color crema, se lo quita, vuelve a ponrselo y termina rindose de s? misma.

-No es una cita -dice en voz alta.

Desde el piso de arriba llega una nota de guitarra particularmente desafortunada.

-Gracias por tu opinin.

Finalmente elige vaqueros, botas y un abrigo marrn. Se recoge el pelo, lo suelta otra vez y decide que ese es el l?mite de dignidad que est dispuesta a perder por un caf.

Cuando sale, la tarde ya tiene el color dorado y fr?o de los d?as de octubre que empiezan a terminar demasiado pronto. El sol se esconde detrs de los edificios y las calles del centro estn llenas de gente que aprovecha las ?ltimas horas de luz. En algunos balcones cuelgan plantas secas; frente a las tiendas aparecen peque?as pizarras con dibujos de calabazas, bebidas calientes y hojas de oto?o. Un vendedor coloca casta?as en un puesto y el humo se mezcla con el aire fr?o. Cassie camina hacia la Plaza de Anaya intentando no llegar demasiado pronto. Llega ocho minutos demasiado pronto. Mateo todav?a no est.

Se sienta en un banco desde el que puede ver la catedral. La piedra parece naranja bajo la luz de la tarde, y varias hojas giran por el suelo cada vez que sopla el viento. Cassie saca el mvil, lo guarda, vuelve a sacarlo y abre un correo que no le interesa.

A las seis y veintiocho ve a Mateo acercarse desde la calle de la R?a. Lleva un abrigo gris y una bufanda oscura. Camina deprisa, pero cuando la ve reduce el paso y sonr?e.

-Has llegado antes.

-Dos minutos.

-Llevas aqu? ms de dos minutos.

-?Ahora tambin eres experto en horarios?

-Te conozco.

Cassie guarda el mvil.

-Me conoc?as.

La respuesta sale ms seria de lo que pretend?a. Mateo se queda un instante en silencio. Despus asiente.

-Tienes razn.

No intenta convertirlo en una broma, y Cassie agradece que no lo haga.

-?Vamos? -pregunta l.

-?Adnde?

-He pensado que ser?a absurdo llevarte al caf de mi familia.

-Por fin una buena decisin.

Mateo sonr?e.

-Conozco otro sitio.

Empiezan a caminar juntos. Cassie no pregunta si aquello es una cita. Mateo tampoco. Los dos parecen haber llegado al mismo acuerdo silencioso: llamarlo caf y no darle ms importancia de la necesaria. Por supuesto, eso hace que Cassie le d todav?a ms vueltas.




Una mesa junto a la ventana


El lugar que elige Mateo est en una calle tranquila, lejos de la zona ms tur?stica. Es una cafeter?a peque?a con mesas de madera, estanter?as llenas de libros y grandes ventanas cubiertas por gotas de una lluvia que acaba de empezar. En el interior huele a canela, chocolate y pan caliente. Cerca de la entrada hay una cesta con mantas para los clientes que prefieren sentarse fuera, aunque esa tarde nadie parece tener suficiente valor.

-?Desde cundo conoces este sitio? -pregunta Cassie mientras se quita el abrigo.

-Desde hace un par de a?os.

-Claro. Otra parte de tu misteriosa vida moderna.

-Mi vida no es misteriosa.

-Has vivido en Valencia sin que yo lo supiera.

-Medio mundo ha vivido en Valencia sin que t? lo supieras.

-Eso no ayuda.

Encuentran una mesa junto a la ventana. Mateo pide caf solo y Cassie, despus de pensarlo un momento, caf con leche sin az?car. Mateo no comenta nada. Cassie espera. Nada.

-?No vas a decirlo?

-?Qu?

-Lo del az?car.

-No.

-?Por qu?

-Porque si lo digo, vas a acusarme de estar demasiado pendiente de tu caf.

Cassie intenta ocultar una sonrisa.

-Una decisin inteligente.

-S tomarlas de vez en cuando.

Cuando llegan las bebidas, hablan primero de cosas sencillas. Mateo le cuenta que su proyecto final es un centro cultural dise?ado para recuperar un edificio industrial abandonado. Cassie le pregunta ms de lo que esperaba porque, cuando l habla de arquitectura, cambia. Mueve las manos, busca ejemplos en todo lo que tiene alrededor y se olvida de mantener esa actitud tranquila que suele tener detrs de la barra.

-?Siempre quisiste hacer eso? -pregunta ella.

-?Arquitectura?

-S?.

-Casi siempre. Hubo seis meses en los que quer?a ser fotgrafo.

-?Cundo?

-A los diecisis.

-No cuenta.

-?Por qu?

-Porque a los diecisis yo quer?a vivir en Nueva York y escribir para una revista.

Mateo levanta una ceja.

-Eso explica muchas cosas.

-?Qu cosas?

-Tu obsesin con comprar cuadernos que nunca terminabas.

-Los cuadernos bonitos no se usan. Se conservan.

-Eso no tiene ning?n sentido.

Cassie se r?e. Afuera, la lluvia cae con ms fuerza y peque?as corrientes de agua avanzan entre las piedras de la calle. La luz se ha vuelto azul y gris, pero dentro de la cafeter?a las lmparas amarillas crean una sensacin clida. La ventana refleja sus caras y, por un momento, Cassie recuerda otras tardes de a?os atrs, cuando pod?an pasar horas hablando sin pensar en lo que significaba. Ahora piensa demasiado en todo. Tal vez Mateo tambin.

Hay peque?os silencios que antes no exist?an. Instantes en los que uno parece estar a punto de preguntar algo y decide no hacerlo. Miradas que duran medio segundo ms de lo normal y despus se apartan. Cassie juega con la cucharilla.

-?Por qu me has invitado?

Mateo la mira.

-?Necesito una razn?

-No.

-Entonces, ?por qu preguntas?

-Porque hace cuatro a?os que no quedamos solos.

Mateo apoya los brazos sobre la mesa.

-Precisamente por eso.

La respuesta es sencilla, pero Cassie nota que algo cambia entre ellos. Ya no estn hablando del mster, del caf ni de Arquitectura. Estn hablando de ellos.




Lo que pas despus


Durante unos segundos solo se oye la lluvia contra la ventana y el sonido de una taza al chocar con un plato en otra mesa. Cassie podr?a cambiar de tema. Lo ha hecho varias veces desde que volvi. Esta vez decide no hacerlo.

-?Te enfadaste conmigo cuando me fui? -pregunta.

Mateo no responde inmediatamente.

-No exactamente.

-?Qu significa eso?

-Que al principio no. Sab?a que quer?as irte y que era importante para ti.

-A Madrid fui mucho despus.

-Ya lo s. Hablo del intercambio.

Cassie baja la mirada. Claro. Antes de Madrid hubo otras ciudades, otras decisiones y aquella primera salida de Salamanca que, en cierto modo, hab?a empezado todo.

-Despus seguimos hablando -dice ella.

-S?.

-Durante bastante tiempo.

-S?.

Cassie suspira.

-No puedes responder solo s? a todo.

Mateo sonr?e ligeramente.

-Me ests haciendo preguntas cuya respuesta es s?.

Ella le lanza una mirada seria y l deja de sonre?r.

-Hablbamos mucho al principio -contin?a Mateo-. Despus menos. T? estabas ocupada. Yo tambin. Cuando volviste, las cosas ya eran diferentes.

-?Diferentes cmo?

Mateo mira hacia la ventana. Una mujer corre bajo un paraguas rojo mientras intenta proteger una bolsa de papel de la lluvia.

-No lo s. Hab?amos perdido el ritmo.

Cassie piensa en aquella poca. Recuerda mensajes a medianoche, fotograf?as enviadas desde estaciones y aeropuertos, audios demasiado largos y llamadas que a veces duraban una hora. Despus recuerda cmo todo empez a hacerse ms breve. ?Qu tal? Bien, ?y t?? Mucho trabajo. Yo tambin. Hasta que un d?a ninguno escribi.

-No hubo una pelea -dice Cassie.

-No.

-Ni siquiera recuerdo cul fue nuestro ?ltimo mensaje.

-Yo tampoco.

Eso le parece ms triste de lo que deber?a. Cassie mira sus manos alrededor de la taza.

-A veces pensaba en escribirte.

Mateo levanta la mirada.

-?Y por qu no lo hiciste?

La pregunta no suena acusadora. Cassie preferir?a que lo fuera. Ser?a ms fcil defenderse.

-No s. Cuanto ms tiempo pasaba, ms raro parec?a.

-Lo entiendo.

-?T? tambin?

-S?.

Ella sonr?e con cansancio.

-Otra vez s?.

-Esta vez era una respuesta completa.

Cassie se r?e, pero la conversacin no vuelve del todo a la ligereza anterior.

-Adems... -empieza Mateo.

Se detiene.

-?Adems qu?

-Nada.

-No puedes hacer eso.

-?Qu cosa?

-Empezar una frase y abandonarla.

Mateo toma un poco de caf, aunque probablemente ya est fr?o.

-Hab?a otras cosas.

Cassie sabe inmediatamente a qu se refiere. No necesita una explicacin. La noche antes de que ella se marchara. Una calle casi vac?a. Mateo demasiado cerca. Cassie apartndose en el ?ltimo momento. El recuerdo aparece tan rpido que siente calor en la cara.

-Podemos no hablar de eso hoy -dice Mateo.

Cassie levanta la mirada. l tambin lo recuerda. Por supuesto que lo recuerda.

-De acuerdo.

Ninguno cambia de tema inmediatamente. Dejan que el silencio permanezca unos segundos, como si admitir que existe aquella parte de la historia fuera suficiente por ahora.




Bajo las luces de octubre


Cuando salen de la cafeter?a, la lluvia ha terminado. La ciudad est h?meda y brillante, y las luces de los escaparates se reflejan sobre las piedras oscuras. El aire es ms fr?o y Cassie se cierra el abrigo hasta el cuello. Mateo se coloca la bufanda mientras mira el cielo.

-No traje paraguas.

-Gran capacidad de planificacin.

-No estaba lloviendo cuando sal?.

-Estamos en octubre.

-Eso tampoco es un argumento cient?fico.

Empiezan a caminar hacia el centro. No tienen prisa. Las calles se han vaciado un poco y el ruido de sus pasos se mezcla con conversaciones lejanas y el sonido de platos desde los restaurantes. Cerca de una plaza, alguien ha colocado peque?as luces entre las ramas de unos rboles. Las hojas amarillas brillan durante un segundo antes de caer al suelo.

Cassie siente que la conversacin dentro del caf deber?a haber hecho el paseo incmodo. Sin embargo, ocurre lo contrario. Haber mencionado el pasado, aunque solo fuera una parte, parece haber quitado algo de peso a todo lo que no dicen.

-?Te arrepientes de haberte ido? -pregunta Mateo.

Cassie tarda en contestar.

-No. Creo que necesitaba irme.

-?Aunque las cosas no salieran como esperabas?

-Sobre todo por eso.

Mateo la mira.

-Eso suena muy adulto.

-No te acostumbres.

l sonr?e. Cassie mete las manos en los bolsillos.

-?Y t?? ?Te arrepientes de haberte quedado?

-A veces.

La respuesta la sorprende.

-?En serio?

-Salamanca me gusta, pero durante un tiempo tuve la sensacin de que todos se iban y yo segu?a aqu?. Despus fui a Valencia y descubr? que tambin pod?a echar de menos esto.

-As? que volviste.

-S?.

-?Para quedarte?

Mateo la mira de lado.

-Ahora me ests robando mis preguntas.

Cassie sonr?e.

-Contesta.

-Por ahora, s?.

Por ahora. Cassie reconoce la prudencia de esas palabras porque ella vive dentro de una respuesta parecida. Al llegar a la Plaza Mayor, se detienen. La piedra est iluminada y el suelo mojado refleja las fachadas como si hubiera otra plaza debajo de sus pies. Hay menos gente que durante el d?a. Una pareja se hace fotos junto a los arcos y un camarero recoge las sillas de una terraza. Mateo mira el reloj.

-Tengo que abrir ma?ana temprano.

-Entonces deber?as irte.

-S?.

Pero ninguno se mueve. Cassie siente una peque?a tensin absurda. No sabe si deben despedirse con un abrazo. Antes habr?a sido automtico. Ahora cualquier gesto parece necesitar una decisin. Mateo parece pensar lo mismo. Al final, se acerca y la abraza brevemente. Es un abrazo normal. Amistoso. Demasiado corto para significar nada. Lo bastante largo para que Cassie reconozca su perfume. Cuando se separan, ella evita mirarlo durante un segundo.

-Buenas noches.

-Buenas noches, Cassie.

Mateo empieza a caminar en direccin contraria. Despus de unos pasos se vuelve.

-Una cosa.

-?Qu?

-Era solo un caf.

Cassie lo mira, sorprendida.

-?Perdn?

-Tienes cara de estar dndole vueltas.

-No estoy dndole vueltas a nada.

-Claro.

Ella cruza los brazos.

-Eres insoportable.

-Ya lo hab?amos establecido.

Mateo se aleja sonriendo. Cassie espera hasta que desaparece bajo uno de los arcos y luego contin?a hacia casa. Era solo un caf. Nada ms. Eso se repite mientras cruza las calles h?medas, mientras sube los tres pisos y mientras deja el abrigo sobre una silla. Despus mira el mvil. Hay un mensaje de Mateo.

Mateo: Gracias por venir.

Cassie sonr?e antes de poder evitarlo.

Cassie: Gracias por invitarme.

Mateo: Buenas noches.

Cassie: Buenas noches.

Deja el telfono sobre la mesa y se acerca a la ventana. Abajo, las luces del Caf Libertad estn apagadas. El viento arrastra algunas hojas por la calle y la noche tiene ese silencio fr?o que solo aparece cuando el oto?o empieza a instalarse de verdad. Cassie apoya la frente contra el cristal. Solo un caf. Quiz. Pero hac?a mucho tiempo que algo tan sencillo no le daba tanto miedo.




Ejercicios de vocabulario





1. Completa las frases


1. Mateo decide __________ un plan y le escribe a Cassie para tomar algo.

2. Cassie __________ la invitacin, aunque intenta restarle importancia.

3. Antes de salir, Cassie empieza a __________ porque no sabe qu ponerse.

4. Durante el caf, ambos intentan __________ algunos temas dif?ciles.

5. Cassie decide __________ el tema de por qu dejaron de hablar.

6. Mateo se __________ cuando recuerda la ?ltima noche antes de que Cassie se fuera.

7. Ninguno quiere __________ demasiado pronto sobre lo que significa la reunin.

8. Al despedirse, Cassie __________ la mirada durante unos segundos.

9. Mateo le dice que era solo un caf porque sabe que ella va a __________ al asunto.

10. Los dos intentan __________ que todav?a quedan cosas del pasado por hablar.




2. Relaciona


1. quedar con alguien

2. restarle importancia a algo

3. romper un silencio

4. sacar conclusiones

5. darle vueltas a algo

6. dejar algo claro

a. pensar repetidamente en un asunto

b. empezar a hablar despus de un momento sin conversacin

c. hacer que algo parezca menos importante

d. llegar a una idea a partir de cierta informacin

e. acordar verse con una persona

f. explicar algo para que no haya dudas




3. Verdadero o falso


1. Mateo invita a Cassie a tomar algo en Caf Libertad.

2. Cassie tarda ms de lo normal en elegir su ropa.

3. Mateo llega tarde a la Plaza de Anaya.

4. Cassie y Mateo hablan por primera vez de cmo perdieron el contacto.

5. Cassie recuerda perfectamente cul fue su ?ltimo mensaje antes de dejar de hablar.

6. Mateo menciona que hab?a otras cosas entre ellos adems de la amistad.

7. Cassie dice que se arrepiente de haberse ido de Salamanca.

8. Al final de la noche, Mateo y Cassie se besan.




4. Elige la opcin correcta


1. Cassie considera que la reunin: a) es claramente una cita; b) es solo una reunin de trabajo; c) puede ser un caf entre antiguos amigos, aunque le da demasiadas vueltas.

2. Mateo eligi otra cafeter?a porque: a) Caf Libertad estaba cerrado; b) le parec?a absurdo llevarla al negocio de su familia; c) Cassie se lo pidi.

3. Cuando hablan del pasado, ambos reconocen que: a) tuvieron una gran pelea; b) perdieron el contacto poco a poco; c) Mateo decidi no volver a hablar con Cassie.

4. Mateo dice que en alg?n momento sinti que: a) todos se iban mientras l permanec?a en Salamanca; b) odiaba estudiar Arquitectura; c) quer?a mudarse a Madrid.

5. La frase Era solo un caf muestra que Mateo: a) no disfrut de la tarde; b) sabe que Cassie probablemente est pensando demasiado en lo ocurrido; c) quiere dejar de verla.




5. Responde con tus propias ideas


1. ?Cundo una reunin entre dos antiguos amigos puede empezar a parecer una cita?

2. ?Por qu crees que Cassie y Mateo evitaron hablar durante a?os aunque ninguno estaba enfadado?

3. ?Es ms dif?cil resolver una pelea o una relacin que simplemente se fue apagando?

4. ?Crees que Mateo y Cassie estn siendo sinceros cuando dicen que fue solo un caf?

5. ?Qu crees que ocurri la noche antes de que Cassie se marchara?




Respuestas





Ejercicio 1


1. proponer

2. acepta

3. ponerse nerviosa

4. evitar

5. sacar

6. queda en silencio

7. sacar conclusiones

8. evita

9. darle vueltas

10. dejar claro




Ejercicio 2


1-e

2-c

3-b

4-d

5-a

6-f




Ejercicio 3


1. Falso

2. Verdadero

3. Falso

4. Verdadero

5. Falso

6. Verdadero

7. Falso

8. Falso




Ejercicio 4


1-c

2-b

3-b

4-a

5-b




Ejercicio 5


Respuestas libres.




Cap?tulo 5. La vida que no conoces





Vocabulario




Espa?ol





encajar

, 



sentirse desplazado/a

   /    



formar parte de

  -



tener complicidad

  



conocer de toda la vida

 -  



ponerse al corriente

   



quedarse al margen

  



dar por hecho

    



malinterpretar

 



sentir celos





disimular una reaccin

 



tener confianza

   



hacer una broma





llevarse bien

 



notar un cambio

 




Un sbado de octubre


El sbado amanece cubierto de nubes bajas. No llueve, pero el cielo tiene un color gris claro que parece anunciar agua para cualquier momento. Desde temprano, el viento empuja las hojas por la calle y las hace girar alrededor de las farolas. Algunas se quedan pegadas a los adoquines todav?a h?medos de la noche anterior; otras entran por las puertas abiertas de las tiendas y obligan a los dependientes a salir con una escoba.

Cassie pasa la ma?ana con Nora en la biblioteca. Han quedado para estudiar, aunque durante la primera media hora hablan ms de sus vidas que del trabajo que tienen que entregar. Nora trae dos cafs y una bolsa de galletas, y Cassie empieza a pensar que probablemente podrn ser amigas. Hay algo fcil en ella. Hace preguntas, pero no obliga a responder. Habla mucho, aunque sabe reconocer cundo la otra persona necesita silencio.

A mediod?a consiguen terminar una parte importante del trabajo. Cuando salen de la biblioteca, el aire est ms fr?o. Nora se envuelve mejor en su bufanda y mira el cielo.

-Va a llover.

-Eso llevo pensando desde que me he levantado.

-?Tienes paraguas?

-No.

-Perfecto. Veo que ests preparada para vivir aqu?.

Cassie sonr?e. Caminan juntas hasta una esquina y se despiden. Nora va a comer con su hermana, que ha venido a visitarla, y Cassie decide volver andando. No tiene ning?n plan para la tarde y la idea le resulta agradable.

Durante los ?ltimos d?as ha tenido demasiadas cosas en la cabeza: el mster, las cajas, la ciudad, Mateo y, sobre todo, el caf del viernes. Ha intentado convencerse de que no ocurri nada especial. Hablaron. Recordaron algunas cosas. Se abrazaron al despedirse. Eso es todo. Aun as?, esa ma?ana se ha sorprendido pensando dos veces en la forma en que Mateo dijo que hab?a otras cosas entre ellos. Cassie mete las manos en los bolsillos y acelera el paso. No piensa pasar todo el fin de semana analizando una frase de cinco palabras.




Una invitacin inesperada


Cuando llega a su calle, Caf Libertad est lleno. A travs de la ventana ve casi todas las mesas ocupadas y a dos camareros movindose deprisa entre la barra y la terraza. Mateo no est a la vista.

Cassie sube al apartamento, deja los libros y prepara algo sencillo para comer. Despus abre una caja que lleva varios d?as evitando. Contiene ropa de invierno, dos mantas y objetos que no recordaba haber guardado. Durante casi una hora organiza el armario y coloca una de las mantas sobre el sof. El piso se ve cada vez menos temporal. A las cuatro y veinte recibe un mensaje.

Mateo: ?Tienes planes esta noche?

Cassie se sienta en el brazo del sof.

Cassie: Depende.

Mateo: ?De qu?

Cassie: De tus planes.

Mateo: Unos amigos van a tomar algo. Puedes venir si quieres.

Cassie lee el mensaje dos veces. No es una invitacin a quedar solos. Deber?a ser ms sencillo que el caf del viernes. Curiosamente, no lo parece.

Cassie: ?Qu amigos?

Mateo: Algunos de la universidad y gente que conoces.

Cassie: Eso suena peligrosamente poco espec?fico.

Mateo: Ven y lo descubrirs.

Cassie: Gran campa?a publicitaria.

Mateo: A las ocho. Bar Niebla.

Cassie conoce el sitio. O, mejor dicho, conoc?a un bar con ese nombre cerca del centro. No sabe si sigue siendo el mismo.

Cassie: Vale.

Mateo: ?Vale de verdad o vale como ayer cuando tardaste cinco minutos en aceptar un caf?

Cassie: Estaba ocupada.

Mateo: Claro.

Cassie: Hasta luego.

Deja el telfono sobre la mesa y contin?a doblando un jersey. Esta vez no dice en voz alta que no es una cita. Tcnicamente no puede serlo. Habr ms gente. Eso deber?a ayudar. No ayuda.




La mesa del fondo


A las ocho, Salamanca ya est completamente oscura. Una lluvia fina ha empezado a caer y las calles reflejan las luces de los bares, las tiendas y los balcones. Cassie camina bajo un paraguas que finalmente ha comprado esa tarde. El aire huele a humedad, casta?as asadas y humo de alguna chimenea cercana. En las terrazas quedan pocas personas, todas protegidas bajo calefactores y mantas, mientras dentro de los locales las ventanas se cubren de vapor.

Bar Niebla est en una calle estrecha y conserva el mismo letrero de madera que Cassie recuerda. Dentro hay m?sica, conversaciones y un calor que la obliga a quitarse inmediatamente el abrigo. Mateo la ve desde una mesa grande al fondo y levanta la mano.

-Cassie.

Ella se acerca. Reconoce a dos personas casi inmediatamente. Dani estudiaba con Mateo y sigue llevando unas gafas redondas que Cassie recuerda perfectamente. Luc?a, que estaba en otra facultad, tarda unos segundos en reconocerla y despus se levanta para abrazarla.

-No me lo puedo creer. ?Cundo has vuelto?

-Hace menos de una semana.

-?Y nadie me ha dicho nada?

Dani se?ala a Mateo.

-Culpa suya.

-Yo no soy un servicio de noticias -responde Mateo.

Las primeras conversaciones son fciles. Cassie se pone al corriente de matrimonios, cambios de trabajo, mudanzas y amigos que ahora viven en otras ciudades. Algunas historias le resultan familiares y otras no significan nada para ella. Varias veces alguien empieza una ancdota con ?Te acuerdas de...?, y Cassie descubre que s? se acuerda. Entonces llega una chica que Cassie no conoce.

Tiene el pelo oscuro, largo y brillante, un abrigo verde y una seguridad tranquila que hace que parezca conocer perfectamente a todo el mundo. Se acerca directamente a Mateo y le pone una mano en el hombro.

-Perdn. He tardado una eternidad.

Mateo levanta la vista.

-Irene. Por fin.

-?Me has echado de menos?

-No especialmente.

Ella le da un peque?o golpe en el brazo y se sienta a su lado. Cassie observa la escena durante medio segundo. Despus mira su vaso. Nadie la ha presentado todav?a, pero no hace falta ser especialmente imaginativa para notar la confianza entre ellos.




Irene


Unos minutos despus, Mateo parece recordar que Cassie e Irene no se conocen.

-Cassie, ella es Irene.

-Hola -dice Irene con una sonrisa-. Por fin.

Cassie parpadea.

-?Por fin?

Irene mira a Mateo.

-?No puedo decirlo?

-No s qu vas a decir.

-Eso significa que s? puedo.

Mateo suspira.

-Irene.

Ella vuelve a mirar a Cassie.

-He o?do tu nombre alguna vez.

La frase es inocente. Probablemente. Cassie sonr?e.

-Espero que nada demasiado malo.

-Nada que pueda contar delante de l.

Mateo niega con la cabeza.

-No le hagas caso.

Irene sonr?e otra vez y empieza a hablar con Luc?a. Cassie intenta concentrarse en la conversacin general, pero ahora es consciente de cada peque?o gesto entre Mateo e Irene. Ella le roba una patata del plato. Mateo le aparta la mano sin enfadarse. Irene conoce el nombre del profesor que dirige su proyecto. Sabe que el padre de Mateo tiene una revisin mdica el lunes. Tambin sabe que Mateo perdi las llaves del coche la semana anterior y se burla de l por haberlas encontrado dentro de una bolsa de supermercado. Cassie no siente celos. La idea aparece con tanta rapidez que casi resulta cmica.

No tiene ning?n derecho a sentirlos. Mateo y ella no son pareja. Ni siquiera sabe exactamente qu son ahora. Antiguos amigos que han empezado a hablar otra vez. Dos personas con una historia incompleta. Nada ms. Adems, Irene podr?a ser simplemente una amiga. Una amiga muy cercana. Una amiga muy guapa. Cassie bebe un poco.

-?Todo bien? -pregunta Dani.

-S?. ?Por qu?

-Ests mirando tu vaso como si te hubiera insultado.

Cassie se r?e.

-Estoy cansada.

La respuesta parece suficiente. La conversacin cambia hacia viajes. Irene cuenta una historia sobre un fin de semana en Oporto y Mateo la corrige dos veces en detalles peque?os. Han estado all? juntos, comprende Cassie. No sabe cundo. No sabe con quin ms. No sabe prcticamente nada.

La sensacin que aparece no es exactamente celos. Es algo ms amplio y quiz ms incmodo: durante a?os, Mateo ha tenido una vida completa en la que ella no exist?a.

Ha viajado, conocido personas, tenido problemas, celebrado cumplea?os y construido relaciones que Cassie no puede entender con una sola noche de conversacin. Antes ella formaba parte de casi todos sus d?as. Ahora es la persona nueva en la mesa.




Fuera de lugar


A medida que avanza la noche, Cassie se siente un poco ms desplazada. No porque nadie la trate mal. Al contrario, todos intentan incluirla. Luc?a le pregunta por Madrid, Dani le cuenta que trabaja en una empresa de tecnolog?a y Mateo busca su mirada cada vez que alguien menciona una historia antigua que quiz ella recuerde. El problema son las historias nuevas. Hay demasiadas.

Un verano en Cdiz. Una profesora llamada Marta a la que todos parecen odiar. Una fiesta de cumplea?os en la que Dani rompi una silla. Un viaje a Portugal. Un perro llamado Bruno que aparentemente pertenece a alguien importante, aunque Cassie no consigue entender a quin. Cada vez que todos se r?en antes de terminar una historia, Cassie sonr?e tambin, pero nota la distancia. Irene, en cambio, conoce todas las referencias.

Tiene complicidad con Mateo. A veces no necesitan terminar una frase para entenderse. Cassie reconoce esa forma de hablar porque, muchos a?os atrs, ella tambin la ten?a con l. La comparacin le molesta ms de lo que quiere admitir. Cuando va al ba?o, se mira en el espejo mientras se lava las manos.

-Ests siendo rid?cula -murmura.

Una mujer que est retocndose el maquillaje a su lado la mira. Cassie sonr?e.

-No hablaba contigo.

-Ya imaginaba.

Al volver, Irene est sentada en su silla porque ha querido ver una fotograf?a en el mvil de Luc?a. Mateo ha movido su vaso para dejarle espacio. Es una tonter?a. Cassie lo sabe. Aun as?, decide ponerse el abrigo.

-?Te vas? -pregunta Mateo.

-S?. Ma?ana quiero adelantar trabajo.

-Es sbado.

-Ma?ana es domingo.

-Precisamente.

Cassie sonr?e.

-Estoy intentando ser una estudiante responsable.

Mateo la observa unos segundos.

-Te acompa?o.

-No hace falta.

-Ya me iba.

Irene levanta la cabeza.

-Mentira. Hace diez minutos has pedido otra cerveza.

Mateo la mira.

-Gracias, Irene.

-De nada.

Cassie no puede evitar re?rse.

-No necesito escolta. Vivo a quince minutos.

-Est lloviendo.

-Tengo paraguas.

Mateo se levanta de todos modos.

-Dadme cinco minutos.

Cassie quiere decir que no, pero hacerlo delante de todos convertir?a una situacin sencilla en algo extra?o. As? que se despide de los dems y espera cerca de la puerta mientras Mateo paga. Irene levanta una mano desde la mesa.

-Encantada, Cassie. Nos veremos.

-Seguro.

No sabe por qu esa frase se queda con ella cuando sale a la calle.




Quince minutos


La lluvia es ms intensa que antes. Cassie abre el paraguas y Mateo se coloca a su lado. El espacio es suficiente, pero sus hombros se rozan de vez en cuando mientras caminan.

Durante los primeros minutos hablan poco. Las calles estn casi vac?as y el agua corre junto a los bordes de las aceras. Las fachadas antiguas parecen ms oscuras, pero algunas ventanas tienen luces clidas y detrs de ellas se ven mesas, plantas y personas cenando. El viento trae el olor de los rboles mojados y hace que las hojas se peguen a las botas de Cassie. Mateo rompe el silencio.

-?Te ha pasado algo?

-No.

-Cassie.

-?Qu?

-Tienes una cara muy concreta cuando algo te molesta.

Ella sigue mirando hacia delante.

-Me conoc?as, ?recuerdas?

-Esa cara no ha cambiado.

Cassie suspira.

-No pasa nada. Ha sido raro, eso es todo.

-?Ver a la gente?

-S?. Bueno... ver una vida de la que ya no formas parte.

Mateo guarda silencio. Cassie contin?a antes de arrepentirse.

-No lo digo como un reproche. Es lgico. Han pasado a?os. Simplemente... antes conoc?a a todo el mundo. Sab?a de qu hablabais. Hoy hab?a momentos en los que parec?a que hab?a entrado en mitad de una pel?cula.

Mateo asiente.

-Lo entiendo.

-Y no necesito que me expliques nada.

-No iba a hacerlo.

-Bien.

-Estaba pensando que probablemente yo sentir?a lo mismo si me sentara con tus amigos de Madrid.

Cassie lo mira.

-T? no conoces a ninguno.

-Exactamente.

La respuesta le quita parte de la tensin. Caminan otra calle en silencio. Cassie sabe que podr?a preguntar por Irene. La pregunta est ah?, clara y sencilla. ?Quin es? No lo hace. No quiere parecer celosa. Y, sobre todo, no quiere descubrir que tiene motivos para estarlo. Cuando llegan frente a Caf Libertad, Mateo se detiene bajo el toldo. La lluvia golpea la tela sobre sus cabezas.

-Gracias por venir esta noche -dice.

-Me ha gustado ver a todos.

-Incluso cuando estabas enfadada con tu vaso.

Cassie lo mira.

-?Dani te lo ha dicho?

-No hac?a falta.

Ella cierra el paraguas.

-No estaba enfadada.

-Claro.

-Mateo.

-No he dicho nada.

Cassie nota una sonrisa en su voz.

-Ma?ana te voy a ignorar.

-Perfecto. Trabajo hasta las cuatro.

Ella se r?e a pesar de s? misma.

-Buenas noches.

-Buenas noches, Cassie.

Entra en el portal. Antes de cerrar la puerta, mira atrs. Mateo ya camina otra vez bajo la lluvia, con las manos en los bolsillos. Cassie sube las escaleras.

En el apartamento se quita el abrigo mojado y deja el paraguas abierto en el ba?o. Despus va a la cocina, bebe agua y se apoya contra la encimera. Irene. No deber?a importarle.

Abre el mvil. Durante unos segundos considera buscarla en las redes sociales. La idea le parece tan adolescente que bloquea la pantalla inmediatamente.

-No -se dice.

No va a convertirse en esa persona. Cinco minutos despus, el mvil vibra.

Mateo: ?Has llegado viva los tres pisos?

Cassie: Ha sido dif?cil.

Mateo: Me alegro de haberte acompa?ado hasta la peligrosa entrada.

Cassie sonr?e.

Cassie: Un hroe.

Mateo: Lo s.

Ella est a punto de dejar el telfono cuando aparece otro mensaje.

Mateo: Por cierto, Irene dice que le has ca?do bien.

Cassie se queda mirando la pantalla. Escribe:

Cassie: Ella tambin.

Lo borra. Escribe:

Cassie: Parece simptica.

Tambin lo borra. Finalmente responde:

Cassie: Me alegro.

Mateo env?a un pulgar hacia arriba. Nada ms. Cassie deja el mvil sobre la mesa y se acerca a la ventana. La lluvia dibuja l?neas sobre el cristal. Abajo, la calle brilla bajo las farolas y las hojas h?medas se acumulan junto a la entrada del caf. No sabe quin es Irene para Mateo. Y le molesta much?simo querer saberlo.




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   ,     (https://www.litres.ru/book/raznoe/las-cosas-que-dejamos-pendientes-74366914/)  .

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