Octubre en el circo nocturno: Ten cuidado con lo que deseas
 


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Octubre en el Circo Nocturno -     B1B2  ,         .

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Octubre en el circo nocturno: Ten cuidado con lo que deseas








OCTUBRE EN EL CIRCO NOCTURNO

Ten cuidado con lo que deseas

Jules Honing

Espa?ol B1-B2

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Cap?tulo 1. Una vida demasiado normal







A principios de octubre, Salem parec?a una ciudad construida para convencer a los turistas de que las historias de fantasmas eran completamente posibles. Las hojas de los arces se hab?an vuelto rojas, naranjas y amarillas, las fachadas de las tiendas estaban cubiertas de calabazas y telara?as artificiales, y en casi cada esquina alguien vend?a velas, cartas del tarot o recuerdos relacionados con brujas. Por las ma?anas, una niebla ligera se quedaba entre los edificios antiguos; por las tardes, el olor a caf, canela y hojas h?medas acompa?aba a la gente por las calles. Amber Reed hab?a crecido all? y estaba acostumbrada a todo aquello. Para ella, ver a una mujer vestida de bruja comprando leche en el supermercado era menos sorprendente que encontrar una plaza de aparcamiento libre en octubre.

Amber ten?a diecinueve a?os y estaba en su primer a?o de universidad, donde estudiaba Literatura. Ten?a el pelo rojo, largo y rizado, los ojos azules y la piel tan blanca que sus amigos llevaban a?os haciendo la misma broma sobre ella. A Amber no le molestaba. De hecho, hab?a aprendido a responder antes de que terminaran la frase.

-Alg?n d?a vamos a descubrir que eres un vampiro -le hab?a dicho Chloe tantas veces que ya parec?a una tradicin.

-Con mi suerte, seguro que soy alrgica a la sangre.

Su vida, sin embargo, ten?a muy poco de sobrenatural. Viv?a con sus padres y su hermano menor en una casa a unos veinte minutos del centro. Por las ma?anas iba a la universidad; por las tardes trabajaba en una peque?a cafeter?a; por las noches estudiaba, le?a o ve?a alguna serie antes de dormir. Los fines de semana sal?a con sus amigos si no ten?a demasiado trabajo. Era una vida segura, ordenada y bastante cmoda. Amber sab?a que muchas personas habr?an considerado aquello una suerte. Precisamente por eso le costaba admitir que, algunas veces, se sent?a atrapada dentro de ella.

Aquella ma?ana de martes estaba sentada en una clase de Literatura Inglesa. La profesora llevaba casi media hora hablando de los poetas romnticos, mientras la lluvia fina dibujaba l?neas en los cristales de las ventanas. Amber normalmente disfrutaba de aquella asignatura. Le gustaban las historias antiguas, los personajes que tomaban decisiones terribles y los lugares donde siempre parec?a esconderse alg?n secreto. Pero hab?a dormido poco, ten?a que entregar un trabajo el viernes y su turno en la cafeter?a empezaba a las cuatro. El reloj de la pared se hab?a convertido en el objeto ms interesante del aula.

Quedaban doce minutos. Luego once. Amber intent volver a sus apuntes. Escribi dos frases sobre Lord Byron y volvi a mirar la hora. Diez minutos. A su lado, Chloe estaba dibujando algo en el margen de su cuaderno. Ten?a el pelo rubio recogido de cualquier manera y una expresin de profundo sufrimiento acadmico. Empuj lentamente el cuaderno hacia Amber. En letras enormes hab?a escrito: ESTOY MURIENDO.

Amber mordi el interior de la mejilla para no re?rse. Cogi el bol?grafo de Chloe y escribi debajo: POR FAVOR, HAZLO EN SILENCIO. QUIERO SACAR BUENAS NOTAS. Chloe solt un sonido extra?o que intent convertir en tos. Varias personas se volvieron hacia ellas.

-?Hay algo interesante que queris compartir con todos? -pregunt la profesora.

-No -respondieron las dos al mismo tiempo.

Cuando por fin termin la clase, Amber guard sus apuntes con demasiada rapidez y sali con Chloe. El aire de octubre era fr?o y h?medo. Las hojas secas se acumulaban junto a los edificios del campus y cruj?an bajo las botas de los estudiantes. Cerca de la biblioteca hab?an colocado una fila de peque?as calabazas, aunque alguien ya hab?a dibujado una cara triste en una de ellas.

-Libertad -dijo Chloe, respirando profundamente.

-Tienes otra clase en cuarenta minutos.

-Libertad temporal.

Caminaron hacia la cafeter?a del campus. A su alrededor, los estudiantes hablaban de exmenes, fiestas y planes para Halloween. Amber escuchaba sin prestar demasiada atencin. Conoc?a aquellas conversaciones. Conoc?a aquel camino. Incluso sab?a qu rbol perd?a las hojas primero cada oto?o y en qu parte de la acera se formaba un charco enorme cada vez que llov?a.

-?Trabajas hoy? -pregunt Chloe.

-De cuatro a nueve.

-Qu emocionante.

-Mi vida es una aventura constante.

Lo dijo como una broma, pero la frase permaneci con ella ms tiempo del necesario. Amber ten?a ganas de viajar desde que era ni?a. Guardaba fotograf?as de ciudades que nunca hab?a visitado, segu?a cuentas de personas que viajaban solas y ten?a una lista de lugares que quer?a conocer antes de cumplir treinta a?os. Par?s. Praga. Tokio. Edimburgo. Roma. Cualquier sitio donde pudiera caminar por una calle sin saber exactamente qu hab?a despus de la esquina. En Salem, en cambio, casi todo ten?a un recuerdo asociado: aqu? hab?a aprendido a montar en bicicleta, all? hab?a besado a un chico por primera vez, en aquella tienda su madre compraba pan desde que Amber era peque?a.

No odiaba su ciudad. Ese era el problema. No ten?a una razn clara para marcharse. Ten?a una familia que la quer?a, una mejor amiga, estudios que le gustaban y un trabajo que le permit?a ganar su propio dinero. Lo ten?a todo y, aun as?, una parte de ella esperaba algo ms. A veces pensaba que estaba dando por sentado una vida que otras personas desear?an tener. Otras veces pensaba que quiz una vida buena tambin pod?a ser una vida equivocada.

A las cuatro y cinco, Amber entr en The Black Cat, la peque?a cafeter?a donde trabajaba desde hac?a casi un a?o. Llegaba cinco minutos tarde. Dentro hac?a calor y los cristales estaban cubiertos de vapor. El olor a caf recin molido se mezclaba con el de los bollos de canela que acababan de salir del horno. Noah estaba detrs de la barra preparando tres bebidas al mismo tiempo. Al verla, levant una ceja.

-Milagro. Ha venido.

-Cinco minutos.

-En una cafeter?a, cinco minutos son una generacin.

-Noah, tienes veintids a?os.

-Y ya he visto demasiado.

Amber dej la mochila debajo del mostrador, se puso el delantal negro y empez su turno. Durante las siguientes horas prepar cafs, limpi mesas, llev platos y respondi preguntas de turistas. Octubre era el mes ms intenso del a?o en Salem. Algunas personas entraban solo porque el nombre The Black Cat les parec?a apropiado para la ciudad. Otras quer?an saber si el edificio estaba encantado. Noah siempre dec?a que s? cuando el due?o no pod?a o?rlo.

Una mujer pidi un cappuccino sin espuma. Un hombre quiso un caf caliente, pero no demasiado caliente. Despus apareci una turista con un sombrero de bruja violeta que pas varios minutos estudiando el men? con expresin preocupada.

-?Tenis alguna bebida que parezca ms... de Salem?

-?Ms de Salem? -repiti Amber.

-S?. Ms misteriosa.

Amber contempl la mquina de caf, despus las botellas de sirope y finalmente a Noah. l se encogi de hombros con absoluta seriedad.

-Podemos apagar las luces.

La turista no se rio. Amber tuvo que darse la vuelta para que no la viera sonre?r. Al final, la mujer pidi un pumpkin spice latte, lo cual a Amber le pareci la solucin ms previsible posible. Hacia las siete, la lluvia se hizo ms fuerte. Las gotas golpeaban los grandes ventanales y las luces de los coches se reflejaban sobre el asfalto negro. Hab?a menos clientes, as? que Amber empez a limpiar la barra. Noah colocaba vasos limpios en una estanter?a cuando pregunt, sin mirarla, qu pensaba hacer despus de la universidad.

-Vivir de mis millones.

-Plan slido.

-Gracias.

-Lo digo en serio.

Amber apoy el pa?o sobre la barra. Aquella pregunta aparec?a cada vez con ms frecuencia desde que hab?a empezado la universidad. Sus padres la hac?an. Sus profesores la hac?an. Incluso algunos clientes la hac?an cuando descubr?an que estudiaba Literatura, normalmente justo antes de preguntarle qu trabajo pod?a conseguir alguien con aquella carrera.

-Quiz trabajar en una editorial. Quiz escribir. Quiero viajar.

-?Adnde?

-A todas partes.

-Eso no es un lugar.

-Precisamente.

La idea le produjo una peque?a emocin en el pecho. Quer?a dormir en trenes, perderse en ciudades desconocidas, comer cosas cuyos nombres no pudiera pronunciar y tener historias que contar cuando fuera mayor. Quer?a atreverse a hacer algo sin saber de antemano cmo iba a terminar. Pero aquella noche, cuando cerraran la cafeter?a, tomar?a el autob?s n?mero siete, bajar?a en la misma parada de siempre y volver?a a la misma casa.

-Pues hazlo -dijo Noah.

-?Qu?

-Vete.

Amber solt una risa y sigui limpiando. Era fcil hablar de otra vida mientras preparabas cafs. Mucho ms dif?cil era abandonar una que funcionaba. Lleg a casa poco despus de las nueve y media. La cocina estaba iluminada y ol?a a salsa de tomate. Su madre estaba guardando platos en un armario mientras su padre ve?a un partido en el saln. Desde arriba llegaba la voz de Ethan, su hermano de quince a?os, discutiendo con alguien a travs de unos auriculares. Amber dej las llaves en el peque?o cuenco de la entrada. El sonido le result tan familiar que ni siquiera tuvo que mirar para saber dnde hab?an ca?do.

-?Has cenado? -pregunt su madre.

-S?.

Era mentira. Hab?a comido medio muffin a las seis. Su madre abri la nevera sin comentar nada y sac un plato de pasta.

-Entonces, ?por qu ests mirando mi pasta?

-Estoy admirndola.

-Sintate.

Amber obedeci. Mientras com?a, su madre pregunt por la universidad, por el trabajo y por Chloe. Amber respondi bien a las tres preguntas. Su madre se apoy en la encimera y la observ durante un segundo.

-Me alegra que tengamos estas conversaciones tan profundas.

-Estoy cansada.

-Lo s.

No hab?a nada malo en aquella cocina. La lmpara sobre la mesa daba una luz clida. Hab?a una taza que Ethan hab?a dejado junto al fregadero y una nota de su padre pegada en la nevera para recordar comprar comida para el gato. Eran detalles peque?os, ordinarios, incluso aburridos. Amber sab?a que alg?n d?a probablemente los echar?a de menos. Sin embargo, aquella noche volvi a sentir la misma inquietud que llevaba meses apareciendo sin una razn concreta.

Antes de dormir abri una novela. La protagonista acababa de llegar a un castillo en mitad de un bosque. Hab?a una tormenta, una puerta cerrada y un hombre del que claramente deb?a mantenerse lejos. Naturalmente, la mujer decidi entrar. Amber ley casi media hora sin mirar el telfono. Los libros eran su refugio porque dentro de ellos la gente pod?a tomar decisiones absurdas y convertirlas en destinos. Pod?an desaparecer, enamorarse, descubrir secretos y empezar de nuevo. Nadie ten?a que levantarse al d?a siguiente para entregar un ensayo sobre poes?a.

Cuando cerr el libro, su habitacin volvi a ser demasiado silenciosa. El escritorio estaba cubierto de apuntes. Sobre una silla hab?a dejado unos vaqueros y un jersey. En la pared ten?a fotograf?as con Chloe, entradas antiguas de conciertos y un mapa del mundo en el que hab?a marcado con peque?os puntos los lugares que quer?a visitar. Todo estaba exactamente donde deb?a estar. Aquella perfeccin domstica, en lugar de tranquilizarla, le produjo una sensacin de vac?o.

Amber abri la ventana. El aire fr?o entr de inmediato y movi las pginas del libro que hab?a dejado sobre la cama. Ol?a a lluvia, tierra h?meda y humo de alguna chimenea cercana. La calle estaba casi vac?a. Un hombre paseaba a un perro bajo un paraguas. Un coche pas lentamente y desapareci al final de la esquina. En la casa de enfrente se apag una luz. Nada extraordinario estaba a punto de ocurrir. Amber apoy los brazos en el marco y se qued all? unos minutos.

Se sent?a atrapada, pero no sab?a exactamente por qu. Aquello era lo que ms le molestaba. Las personas atrapadas ten?an problemas concretos. Ella ten?a opciones. Pod?a estudiar, trabajar, viajar alg?n d?a. Pod?a marcharse de Salem cuando terminara la carrera. Nadie se lo imped?a. Quiz, pens, simplemente no era lo bastante valiente para cambiar nada. Era ms cmodo esperar a que la vida diera un giro por s? sola.

-Qu dramtica eres -murmur.

Cerr la ventana y volvi a la cama. Afuera, la lluvia sigui cayendo durante horas. A la ma?ana siguiente, Salem hab?a cambiado. No de una forma que pudiera explicarse inmediatamente. Las mismas tiendas estaban abiertas, los mismos autobuses recorr?an las calles y los estudiantes caminaban hacia sus clases con vasos de caf en las manos. Pero en una pared del centro, justo donde el d?a anterior solo hab?a ladrillos oscuros, hab?a aparecido un cartel enorme.

Amber redujo el paso. El papel parec?a viejo, amarillento en los bordes, como si hubiera pasado dcadas guardado en un ba?l. En el centro se ve?a una carpa negra bajo una luna llena. Alrededor hab?a peque?as estrellas doradas y figuras que parec?an moverse cuando las miraba demasiado tiempo. Las letras rojas anunciaban: EL CIRCO NOCTURNO. SOLO POR TRES NOCHES. 17, 18 Y 19 DE OCTUBRE.

No hab?a direccin. Tampoco una pgina web, un n?mero de telfono ni el nombre de una empresa. Solo una frase en la parte inferior: LAS PUERTAS SE ABREN AL CAER LA NOCHE. Amber se acerc un poco ms. La superficie del cartel estaba seca, aunque hab?a llovido toda la noche.

-Qu raro.

Una mujer pas junto a ella sin detenerse. Dos estudiantes siguieron caminando mientras hablaban de un examen. Amber sac el telfono, hizo una fotograf?a y se la envi a Chloe.

-Tenemos planes.

La respuesta lleg menos de diez segundos despus.

-NO.

Amber sonri y escribi una sola palabra.

-S?.

Guard el mvil y continu hacia la universidad. Hab?a avanzado apenas unos metros cuando sinti la incmoda impresin de que alguien la observaba. No fue un sonido ni un movimiento concreto. Simplemente una certeza breve y absurda. Se volvi hacia el cartel. Hab?a un hombre junto a la pared. Alto. Vestido completamente de negro. Desde aquella distancia Amber no pod?a distinguir bien su rostro, pero tuvo la sensacin de que l s? pod?a verla perfectamente. Un autob?s pas por la calle y durante unos segundos bloque la vista. Cuando desapareci, el hombre ya no estaba.

Amber permaneci inmvil. Despus solt una peque?a risa, ms para tranquilizarse que porque algo le hiciera gracia. Salem estaba lleno de actores, turistas disfrazados y personas que disfrutaban asustando a desconocidos durante octubre. No significaba nada. Sigui caminando. El viento levant algunas hojas detrs de ella y una de ellas qued pegada a la parte inferior del cartel. Amber no volvi a mirar atrs. Todav?a no sab?a que acababa de encontrar exactamente lo que llevaba meses deseando: algo capaz de romper su rutina. Tampoco sab?a que, antes de que terminara octubre, habr?a dado cualquier cosa por recuperar aquella vida demasiado normal.




Ejercicios de vocabulario





1. Completa las frases


1. Amber est acostumbrada a una ______ bastante predecible.

2. Intenta ______ porque quiere terminar bien la carrera.

3. Su ______ en la cafeter?a empieza a las cuatro.

4. Amber tiene ______ viajar y conocer otros pa?ses.

5. Aunque tiene una buena vida, a veces se siente ______.

6. Sabe que a veces ______ las cosas buenas que tiene.

7. Por las noches siente un extra?o ______ que no sabe explicar.

8. La llegada del Circo Nocturno har que su vida ______.




2. Elige la opcin correcta


1. Echar de menos significa:

a) olvidar algo b) sentir nostalgia por algo o alguien c) perder un objeto

2. Si alguien se siente atrapado, siente que:

a) no puede cambiar su situacin b) est muy feliz c) tiene demasiadas opciones

3. Atreverse a hacer algo significa:

a) tener el valor de hacerlo b) estar obligado a hacerlo c) hacerlo por accidente

4. Ganarse la vida significa:

a) conseguir dinero para vivir b) trabajar gratis c) gastar todos los ahorros

5. Si una situacin da un giro:

a) sigue igual b) cambia de manera importante c) termina inmediatamente




3. Relaciona


1. la rutina 2. sacar buenas notas 3. el turno 4. el vac?o 5. tener ganas de 6. dar por sentado

a. querer hacer algo b. periodo de tiempo en el que trabajas c. obtener buenos resultados acadmicos d. sensacin de que falta algo e. actividades que se repiten habitualmente f. considerar algo seguro sin valorarlo suficientemente




4. Completa con tus propias ideas


1. A veces tengo ganas de...

2. Estoy acostumbrado/a a...

3. Echar?a mucho de menos...

4. Una cosa que a veces doy por sentada es...

5. Me atrever?a a...

6. Mi vida dar?a un giro si...




Respuestas


Ejercicio 1: 1. rutina 2. sacar buenas notas 3. turno 4. ganas de 5. atrapada 6. da por sentado 7. vac?o 8. d un giro

Ejercicio 2: 1-b, 2-a, 3-a, 4-a, 5-b

Ejercicio 3: 1-e, 2-c, 3-b, 4-d, 5-a, 6-f

Ejercicio 4: Respuestas personales.




Cap?tulo 2. Solo por tres noches







A la hora del almuerzo, Amber ya hab?a mirado la fotograf?a del cartel tantas veces que pod?a recordar cada detalle sin abrir el telfono. La carpa negra, la luna blanca, las peque?as estrellas alrededor del t?tulo y aquellas letras rojas que parec?an demasiado oscuras para ser tinta normal. El Circo Nocturno anunciaba tres ?nicas funciones en Salem, pero no dec?a dnde estaba instalado. Tampoco indicaba quin organizaba el espectculo. En una ciudad que viv?a del turismo y donde hasta la visita guiada ms peque?a ten?a una pgina web, una cuenta en redes sociales y un cdigo QR, aquello resultaba extra?amente anticuado.

Chloe estaba sentada frente a ella en una mesa de la cafeter?a universitaria, comiendo patatas fritas y observando la foto con menos entusiasmo. Hab?a aceptado hablar del circo, que no era lo mismo que aceptar ir. Amber conoc?a perfectamente aquella expresin: la utilizaba cuando estaba a punto de explicar por qu una idea era absurda.

-No hay direccin.

-Ya lo s.

-No hay pgina web.

-Tambin lo s.

-No hay precio.

-Eso s? me preocupa.

Chloe dej el telfono sobre la mesa. A su alrededor, la cafeter?a estaba llena de estudiantes y del ruido de bandejas, conversaciones y mquinas de bebidas. Todo era brillante, moderno y absolutamente normal. La fotograf?a del cartel parec?a pertenecer a otro lugar. Amber ampli la imagen con dos dedos. En una esquina inferior hab?a un dibujo diminuto que no hab?a visto por la ma?ana: una llave rodeada por ramas negras.

-Adems, esto da mala espina -dijo Chloe.

-Eso es precisamente lo interesante.

-Esa frase es la razn por la que muere la gente en las pel?culas.

Amber se rio, pero volvi a guardar la imagen. Desde que hab?a visto al hombre vestido de negro junto al cartel, una parte de ella quer?a averiguar quin era. Otra parte insist?a en que probablemente no hab?a ocurrido nada especial: un actor, un trabajador del circo o simplemente alguien que hab?a pasado por all?. Salem en octubre estaba lleno de personas que se vest?an de forma extra?a. No ten?a sentido convertir a un desconocido en un misterio solo porque hab?a desaparecido detrs de un autob?s.

Sin embargo, durante la tarde descubri que el cartel no era ?nico. Hab?an aparecido decenas por toda la ciudad. Hab?a uno junto a una librer?a, otro cerca del museo y dos ms en calles por las que Amber pasaba con frecuencia. Nadie recordaba haber visto a alguien colocndolos. Una fotograf?a publicada aquella ma?ana mostraba una pared vac?a a las cinco y media; otra, tomada menos de una hora despus, mostraba el mismo muro cubierto por el enorme anuncio del Circo Nocturno. En los comentarios, la mitad de la gente hablaba de una campa?a publicitaria brillante y la otra mitad discut?a sobre si aquello era legal.

Al salir de su ?ltima clase, Amber tom un camino ms largo hacia The Black Cat. No ten?a prisa y quer?a comprobar si hab?a ms carteles. El cielo estaba gris y bajo; el viento mov?a las ramas casi desnudas y arrastraba hojas por la acera. Los comercios empezaban a encender sus luces aunque todav?a no eran las cuatro. En una calle estrecha encontr otro anuncio. Esta vez hab?a varias personas delante.

Una pareja de turistas se hac?a una fotograf?a junto al cartel. Dos adolescentes intentaban encontrar informacin en sus telfonos. Una mujer mayor lo observaba desde cierta distancia, con las manos metidas en los bolsillos de un abrigo verde. Amber se qued cerca, fingiendo leer un mensaje. No tard en escuchar la conversacin de los adolescentes.

-Mi hermano dice que estuvieron aqu? hace a?os.

-?Cundo?

-No s. Mi madre era peque?a.

-Eso no tiene sentido. Seguro que era otro circo.

La mujer del abrigo verde los oy. Su expresin cambi apenas un instante.

-No era otro -dijo.

Los dos adolescentes se volvieron. Amber tambin. La mujer parec?a tener unos setenta a?os. Llevaba el pelo gris recogido bajo un gorro oscuro y observaba el cartel sin acercarse.

-?Usted lo recuerda? -pregunt uno de los chicos.

-Recuerdo el nombre.

-?Era bueno?

La mujer tard demasiado en contestar. El viento levant una esquina del cartel, aunque el papel volvi inmediatamente contra la pared.

-Era dif?cil de olvidar.

No explic nada ms. Se alej calle abajo y dej a los adolescentes rindose con cierta incomodidad. Amber estuvo a punto de seguirla y hacerle preguntas, pero se sinti rid?cula. No era periodista ni detective. Ten?a que llegar al trabajo. Aun as?, mientras caminaba hacia la cafeter?a, las palabras de la mujer continuaron acompa?ndola. The Black Cat estaba ms lleno de lo habitual. El due?o hab?a colocado nuevas decoraciones de Halloween en las ventanas y Noah llevaba unos peque?os cuernos rojos sobre el pelo. Amber no pregunt por qu. Despus de casi un a?o trabajando juntos, hab?a aprendido que algunas decisiones de Noah era mejor aceptarlas sin buscar una explicacin.

-Hay rumores sobre tu circo -dijo l cuando Amber se puso el delantal.

-?Mi circo?

-Llevas toda la tarde preguntando por l. Ya es tuyo.

Amber levant la vista. Noah se?al a una mesa del fondo donde dos clientes hablaban precisamente del Circo Nocturno. Los rumores hab?an empezado a correr con una rapidez impresionante. Seg?n una versin, el circo viajaba por Nueva Inglaterra desde principios del siglo XX. Seg?n otra, era una compa??a europea que no permit?a telfonos durante el espectculo. Alguien aseguraba que las entradas costaban doscientos dlares. Otra persona dec?a que eran gratuitas. Una publicacin afirmaba que el lugar se revelar?a solo a quienes hubieran comprado un billete.

-Internet ha perdido la cabeza -dijo Amber.

-Internet nunca la tuvo.

Durante su descanso, Amber busc el nombre del circo. Encontr cientos de publicaciones recientes y casi ninguna fuente oficial. Hab?a fotograf?as de carteles en Salem, v?deos de personas hablando sobre ellos y teor?as cada vez ms absurdas. Pero al buscar fechas anteriores, los resultados se volv?an extra?os. Una pgina mencionaba un Circo Nocturno en Vermont en 1998, aunque el enlace original ya no funcionaba. Un foro antiguo conten?a una pregunta sobre un espectculo con el mismo nombre en Maine. El mensaje ten?a diecisiete a?os y nadie hab?a respondido.

Amber sigui buscando. Encontr una fotograf?a borrosa de una entrada antigua. El papel era negro y llevaba la misma peque?a llave que hab?a visto en el cartel. La imagen no ten?a fecha. Cuando intent abrir la pgina de origen, apareci un mensaje de error.

-Perfecto -murmur.

-?Qu has encontrado? -pregunt Noah desde la barra.

-Nada. Y eso empieza a ser raro.

Noah se acerc y observ la pantalla. A diferencia de Chloe, no parec?a preocupado. Ms bien divertido.

-Entonces compra una entrada.

-Ni siquiera s dnde.

-Si son buenos haciendo publicidad, te lo dirn cuando quieran tu dinero.

Amber volvi al trabajo, pero la curiosidad ya hab?a ganado. Cada nuevo detalle hac?a que el circo llamara ms su atencin. Era exactamente el tipo de misterio que habr?a buscado en una novela: algo que aparec?a de la nada, dejaba pistas incompletas y obligaba al protagonista a decidir si quer?a seguirlas. La diferencia era que, por primera vez, aquello estaba ocurriendo en su propia ciudad.

A las nueve cerraron la cafeter?a. Cuando Amber sali, la lluvia hab?a parado. El aire ol?a a piedra mojada y el centro segu?a lleno de gente. Camin hacia la parada del autob?s y entonces vio una peque?a cola delante de una tienda que llevaba meses vac?a. En el escaparate no hab?a productos ni luces. Solo una mesa cubierta con terciopelo negro y, detrs, una mujer vestida de rojo.

Sobre el cristal hab?a aparecido un nuevo cartel: ENTRADAS PARA EL CIRCO NOCTURNO. SOLO ESTA NOCHE. Amber se detuvo tan rpido que una persona detrs de ella casi choc con su espalda. Durante unos segundos simplemente contempl la fila. Tal vez treinta personas esperaban delante de la puerta. Algunas hablaban emocionadas; otras miraban sus telfonos. Nadie parec?a saber por qu las entradas se vend?an all?.

Sac el mvil y llam a Chloe.

-Antes de que digas nada, no -respondi su amiga.

-Ni siquiera sabes por qu llamo.

-Circo.

-Estn vendiendo entradas.

-Amber.

-Solo por tres noches.

-Eso no mejora la situacin.

Amber mir la cola. Una pareja sali de la tienda sosteniendo dos peque?os sobres negros. Sonre?an como si acabaran de conseguir algo dif?cil de encontrar.

-Voy a comprar dos.

-No.

-Una es para ti.

-Eso hace que mi no sea todav?a ms fuerte.

Amber se coloc al final de la fila. Chloe sigui protestando durante casi un minuto, pero termin aceptando bajo la condicin de que no entraran en ninguna carpa abandonada, no hablaran con payasos y no bebieran nada que les ofreciera un desconocido. Amber prometi las dos primeras cosas. Sobre la tercera dijo que depender?a de la bebida.

La cola avanzaba despacio. Mientras esperaba, Amber observ el escaparate. La mujer de rojo entregaba los sobres uno por uno y cobraba ?nicamente en efectivo. Nadie sal?a con ms de dos. Cuando quedaban seis personas delante de Amber, un hombre anunci que las entradas para la primera noche se hab?an agotado. Hubo quejas. Para la segunda noche quedaban pocas.

Amber sinti una urgencia absurda. Hasta hac?a unas horas ni siquiera sab?a dnde comprar un billete y ahora le preocupaba quedarse sin l. Se dijo que era simplemente una buena estrategia de marketing: pocas funciones, pocas entradas, mucho misterio. Funcionaba porque hac?a que la gente quisiera algo antes de tener tiempo para preguntarse si realmente lo quer?a.

Cuando lleg su turno, la mujer de rojo levant la vista. Tendr?a unos cuarenta a?os, quiz ms; era dif?cil saberlo. Su maquillaje era impecable y llevaba unos guantes negros muy finos.

-Dos para el dieciocho -dijo Amber.

La mujer no pregunt su nombre. Tampoco sonri. Sac dos entradas de una caja de madera y las coloc sobre la mesa.

-Cuarenta dlares.

Amber pag. Al coger las entradas, not que el papel estaba fr?o. No fresco por el aire de octubre, sino fr?o como una moneda que hubiera pasado horas en un congelador. En el centro aparec?a la misma llave negra. Debajo de la fecha hab?a una direccin que Amber conoc?a: un terreno grande a las afueras de Salem que llevaba a?os vac?o.

-?A qu hora empieza?

-Cuando se ponga el sol.

-S?, pero ?a qu hora exactamente?

Por primera vez, la mujer sonri.

-Lo sabrs.

Amber esper una explicacin. No lleg. La persona que estaba detrs de ella avanz y Amber tuvo que apartarse. Guard las entradas en el bolso y sali de la tienda. Al otro lado de la calle, las luces de un escaparate se reflejaban sobre el pavimento mojado. El autob?s que deb?a tomar acababa de irse.

Deber?a haber estado molesta. Tendr?a que esperar veinte minutos al siguiente. En cambio, sinti una emocin infantil que no recordaba haber sentido en mucho tiempo. Ten?a dos entradas para un espectculo del que nadie parec?a saber nada. Era una decisin peque?a, incluso rid?cula, pero por primera vez en meses hab?a hecho algo simplemente porque ten?a curiosidad.

Entonces tuvo un presentimiento. No fue miedo exactamente. Fue la sensacin de haber dado un paso que parec?a insignificante y que, de alguna manera, no podr?a deshacer. Sac una de las entradas para verla otra vez. En el reverso hab?a una frase que jurar?a que no estaba all? dentro de la tienda. NO LLEGUES TARDE.

Amber pas el pulgar sobre las letras. La tinta no se movi. Se dijo que no hab?a mirado bien antes, que la frase siempre hab?a estado all?. Era la explicacin lgica. Guard el billete. Al levantar la cabeza, vio a alguien al otro lado de la calle. Un hombre alto vestido de negro permanec?a bajo una farola. No llevaba paraguas. No hac?a nada. Solo parec?a mirar en su direccin.

Amber sinti un escalofr?o. Un grupo de turistas pas frente a ella, hablando y riendo. Cuando volvieron a dejar libre la vista, la farola estaba sola. Esta vez no se rio. El autob?s lleg unos minutos despus. Amber se sent junto a la ventana y escribi a Chloe que hab?a conseguido las entradas. Su amiga respondi con una serie de mensajes sobre malas decisiones, documentales de cr?menes y la importancia de compartir la ubicacin del telfono.

Amber guard el mvil y apoy la frente contra el cristal fr?o. Salem se deslizaba al otro lado de la ventana: casas conocidas, calles conocidas, tiendas conocidas. En su bolso, las dos entradas parec?an pesar ms de lo que deber?an. Solo por tres noches, pens. Dos d?as despus comprender?a que tres noches pod?an ser ms que suficientes para cambiar una vida.




Ejercicios de vocabulario





1. Completa las frases


1. El Circo Nocturno empez a ______ la atencin de toda la ciudad.

2. Amber quiere ______ quin est detrs del espectculo.

3. En Salem empieza a ______ un rumor sobre un circo antiguo.

4. Chloe dice que todo aquello le ______ mala espina.

5. Amber tiene miedo de ______ sin entradas.

6. Algunas entradas para la primera noche ya se han ______.

7. Amber siente mucha ______ por el misterioso espectculo.

8. Antes de subir al autob?s, Amber tiene un extra?o ______.




2. Elige la opcin correcta


1. Si algo aparece de la nada:

a) llega sin explicacin aparente b) se rompe c) cuesta mucho

2. Si no te f?as de alguien:

a) lo admiras b) no conf?as en esa persona c) no lo conoces

3. Si algo merece la pena:

a) vale el esfuerzo o el tiempo b) es peligroso c) es gratuito

4. Hacer cola significa:

a) esperar tu turno en una fila b) comprar por internet c) llegar tarde

5. Si las entradas se agotan:

a) bajan de precio b) ya no quedan c) cambian de fecha




3. Relaciona


1. el cartel 2. averiguar 3. tener curiosidad 4. dar mala espina 5. quedarse sin 6. la entrada

a. querer saber ms b. descubrir informacin c. billete para acceder a un espectculo d. perder la posibilidad de tener algo porque ya no queda e. anuncio impreso f. producir desconfianza o una sensacin negativa




4. Completa con tus propias ideas


1. Algo que me llama mucho la atencin es...

2. No me f?o de una persona cuando...

3. Una vez me qued sin...

4. Creo que merece la pena...

5. Tendr?a curiosidad por averiguar...

6. Algo que me da mala espina es...




Respuestas


Ejercicio 1: 1. llamar 2. averiguar 3. correr 4. da 5. quedarse 6. agotado 7. curiosidad 8. presentimiento

Ejercicio 2: 1-a, 2-b, 3-a, 4-a, 5-b

Ejercicio 3: 1-e, 2-b, 3-a, 4-f, 5-d, 6-c

Ejercicio 4: Respuestas personales.




Cap?tulo 3. Mi amiga decidi quedarse en casa







El viernes 18 de octubre lleg con un cielo gris y un viento que parec?a haber pasado toda la noche buscando hojas secas para lanzarlas contra las ventanas. Desde primera hora, Amber llevaba las dos entradas del Circo Nocturno en el bolsillo interior de su mochila. Las hab?a comprobado antes de salir de casa, otra vez en el autob?s y una tercera durante una clase en la que deber?a haber estado tomando apuntes. El papel segu?a extra?amente fr?o. En el reverso, las palabras NO LLEGUES TARDE parec?an ms oscuras que dos d?as antes, aunque Amber decidi que probablemente era efecto de la luz.

Hab?a quedado con Chloe a las seis y media. El plan era sencillo: Chloe pasar?a por su casa, comer?an algo rpido y pedir?an un coche hasta el terreno donde se hab?a instalado el circo. Amber hab?a prometido compartir su ubicacin con Noah, no aceptar bebidas de desconocidos y, por peticin espec?fica de Chloe, no separarse de ella aunque apareciera un hombre misterioso con una mand?bula perfecta. Hab?an hecho aquella lista rindose. Ahora, mientras el d?a avanzaba, Amber estaba ms nerviosa de lo que quer?a reconocer.

Despus de la universidad volvi a casa y pas demasiado tiempo delante del armario. Normalmente no le importaba demasiado qu ponerse, pero el Circo Nocturno parec?a exigir algo distinto de unos vaqueros y una sudadera. Termin eligiendo un vestido negro sencillo, medias oscuras, botas y una chaqueta de cuero que casi nunca utilizaba. Se solt el pelo y se observ en el espejo. Por un instante tuvo la absurda impresin de estar disfrazada de una versin ms interesante de s? misma.

-Vas a un circo, no a casarte -dijo Ethan desde la puerta.

Su hermano estaba apoyado contra el marco con una bolsa de patatas entre las manos. A los quince a?os hab?a desarrollado el talento de aparecer exactamente cuando nadie quer?a su opinin.

-Gracias por tu apoyo.

-De nada. Si te secuestran, ?puedo quedarme con tu habitacin?

-No.

-Entonces intenta volver.

Amber le lanz un coj?n. Ethan lo esquiv y desapareci por el pasillo rindose. Desde abajo, su madre pregunt a qu hora pensaba regresar. Amber respondi que no muy tarde. No sab?a cunto duraba el espectculo, ni a qu hora empezaba exactamente, ni por qu aquella respuesta le pareci de pronto una peque?a mentira. A las cinco y cincuenta y tres, mientras intentaba decidir si el pintalabios rojo era demasiado, el telfono vibr sobre la cama. Era Chloe. Amber sonri al ver su nombre, pero la sonrisa desapareci cuando ley el mensaje: Llmame. No era el tipo de mensaje que enviaba alguien que estaba a punto de salir de casa.

-No me mates -dijo Chloe nada ms contestar.

-?Qu has hecho?

-Nada. Ese es el problema. No puedo ir.

Amber dej el pintalabios sobre el escritorio. Chloe se encontraba mal desde el mediod?a. Ten?a dolor de cabeza, escalofr?os y una temperatura que su madre hab?a comprobado dos veces. Hab?a esperado hasta el ?ltimo momento porque pensaba que se le pasar?a. No se le hab?a pasado.

-?Ests segura?

-Amber, tengo treinta y ocho y medio.

-Vale. No vengas.

-Gracias por darme permiso para no morir en un circo.

Amber sonri, pero observ las dos entradas sobre la cama. Una parte de ella sinti una decepcin infantil y desproporcionada. Hab?an hablado del circo durante dos d?as, hab?an le?do rumores y hab?an construido una lista de reglas rid?culas. Ir por su cuenta nunca hab?a formado parte del plan.

-Entonces no voy -dijo Amber.

-?Qu?

-Lo dejamos. No pasa nada.

Hubo un silencio. Chloe conoc?a demasiado bien el tono que Amber utilizaba cuando fing?a que algo no le importaba.

-T? quieres ir.

-Quer?a ir contigo.

-No es lo mismo.

-Es un circo raro a las afueras de la ciudad. Ir sola ser?a una estupidez.

-S?.

-Gracias.

-Pero vas a hacerlo de todas formas, ?verdad?

Amber no respondi. Fuera de la ventana, el viento empuj una rama contra el cristal. Sobre la cama, las dos entradas negras parec?an esperar una decisin. Durante los siguientes minutos Chloe intent convencerla de que quedarse en casa no significaba perder una oportunidad ?nica. Habr?a otros conciertos, otras fiestas y otros planes. Pero ninguna de aquellas alternativas resolv?a la peque?a rabia que Amber sent?a al imaginarse pasando la noche en su habitacin, leyendo sobre personas que s? se atrev?an a entrar en lugares extra?os.

-Si vas, me escribes cuando llegues.

-Chloe...

-Y cuando entres. Y cuando salgas.

-S?, mam.

-Y compartes ubicacin.

-Ya lo promet?.

-Cumple la promesa.

Cuando termin la llamada, Amber se qued sentada en el borde de la cama. Todav?a pod?a cancelar los planes. De hecho, era la opcin razonable. No conoc?a a nadie all?, el lugar estaba lejos del centro y todo lo relacionado con el espectculo parec?a dise?ado para producir desconfianza. Cogi una de las entradas y la gir entre los dedos. La fecha. La llave negra. La direccin. Solo por tres noches.

Guard una entrada en el bolso y dej la otra sobre el escritorio. Despus baj las escaleras. Su madre estaba en la cocina cortando verduras para la cena. Al verla vestida para salir, levant la vista.

-?Chloe no viene?

-Est enferma.

-Entonces, ?t? tampoco vas?

Amber ya ten?a la mano sobre el pomo de la puerta. Dud. Era una pregunta normal, pero por alguna razn la hizo sentirse otra vez como una ni?a que necesitaba permiso.

-Voy por mi cuenta.

Su madre frunci ligeramente el ce?o. Amber explic dnde estar?a, ense? la direccin y prometi llamar si algo le parec?a raro. No mencion al hombre de negro ni la frase que hab?a aparecido detrs de la entrada. Aquellos detalles habr?an convertido una conversacin incmoda en una prohibicin inmediata.

-Ten cuidado.

-Lo tendr.

Al salir, el aire fr?o le golpe las piernas. El cielo empezaba a oscurecer y las luces de las casas se encend?an una tras otra. Amber pidi un coche desde el telfono. Mientras esperaba junto a la acera, estuvo a punto de cambiar de opinin dos veces. La primera, cuando vio que el trayecto durar?a casi media hora. La segunda, cuando el conductor pregunt por qu tanta gente iba aquella noche a un terreno donde normalmente no hab?a nada.

El coche dej atrs el centro de Salem. Las tiendas iluminadas, los grupos de turistas y las calles decoradas fueron desapareciendo poco a poco. El paisaje se volvi ms oscuro. Hab?a casas separadas por grandes jardines, carreteras estrechas y rboles que formaban paredes negras a ambos lados. Amber observ la peque?a flecha de su ubicacin avanzar por el mapa. El telfono ten?a buena cobertura. Aquello la tranquiliz ms de lo que esperaba.

-?Va al circo? -pregunt el conductor.

-S?.

-Llevo gente all? toda la tarde.

-?Y ha tra?do a alguien de vuelta?

El hombre tard un segundo en contestar. Amber se arrepinti inmediatamente de haber hecho la pregunta.

-Todav?a no.

El conductor se rio despus de decirlo, como si acabara de darse cuenta de lo inquietante que sonaba. Amber tambin sonri, aunque mir la hora. Eran las seis y cuarenta y ocho. El sol ya casi hab?a desaparecido. Unos minutos ms tarde apareci una fila de coches detenidos junto a la carretera. Hab?a personas caminando en la misma direccin, algunas con ropa elegante, otras con abrigos gruesos y botas. Amber esperaba ver focos o escuchar m?sica antes de llegar. No ocurri. El bosque permanec?a oscuro y silencioso.

El conductor la dej junto a una entrada de grava. Amber sali y el coche se alej casi inmediatamente. Durante un instante se sinti fuera de lugar. Todos parec?an haber llegado acompa?ados: parejas, familias, grupos de amigos. Ella era la ?nica persona quieta junto a la carretera, con un bolso peque?o y una entrada fr?a entre los dedos. Pod?a pedir otro coche. Pod?a dar media vuelta, llevarle sopa a Chloe y re?rse de todo aquello al d?a siguiente.

A lo lejos, entre los rboles, apareci una luz. Luego otra. Y otra. No eran focos elctricos. Parec?an peque?as llamas. Amber guard el telfono en el bolso y sigui el camino de grava. Las conversaciones de las otras personas se mezclaban con el sonido de las hojas bajo sus zapatos. A cada lado del sendero hab?a faroles de cristal con velas reales. El aire ol?a a tierra h?meda, madera quemada y algo dulce que no consigui identificar.

Despus de unos minutos, el bosque se abri. Amber dej de caminar. El terreno que llevaba a?os vac?o ya no estaba vac?o. Una enorme carpa negra se levantaba en el centro, rodeada por otras ms peque?as. Cientos de luces doradas colgaban entre postes y rboles. No hab?a colores brillantes, globos ni m?sica alegre. Todo era negro, dorado y rojo oscuro. Las personas avanzaban hacia una entrada formada por dos columnas de madera tallada. Sobre ellas, las palabras CIRCO NOCTURNO brillaban bajo una luna creciente.

Por primera vez desde que hab?a comprado las entradas, Amber olvid preguntarse si hab?a cometido un error. El lugar era demasiado hermoso. Parec?a imposible que hubiera sido construido en solo dos d?as. Parec?a imposible que hubiera estado all? sin que toda la ciudad lo supiera. Sac el telfono para hacer una fotograf?a. La pantalla estaba negra. Puls el botn lateral. Nada. La bater?a estaba al setenta y tres por ciento diez minutos antes. Cerca de ella, otras personas empezaron a mirar sus propios telfonos con la misma confusin. Las pantallas se apagaban una tras otra.

-Genial.

Amber record su promesa a Chloe. Escribir cuando llegara. Compartir ubicacin. Avisar al salir. Se qued quieta con el telfono in?til en la mano. Aquello s? era una razn para marcharse. Una razn concreta, adulta y sensata. Una pareja pas a su lado y entreg sus entradas. Detrs de las columnas, un hombre con abrigo largo las recibi sin decir una palabra. Ms all se ve?a un camino de luces, puestos peque?os y artistas vestidos con ropa oscura. Desde alg?n lugar lleg el sonido lento de un viol?n. Amber sinti un escalofr?o que no ten?a nada que ver con el fr?o.

Mir hacia atrs. El camino por el que hab?a llegado desaparec?a entre los rboles. Nadie la habr?a juzgado si se marchaba. Chloe probablemente se sentir?a aliviada. Su madre ni siquiera sab?a que los telfonos dejaban de funcionar all?. Entonces record la noche junto a la ventana de su habitacin y todas las veces que hab?a dicho alg?n d?a. Alg?n d?a viajar?a. Alg?n d?a ser?a ms valiente. Alg?n d?a dejar?a de esperar a que otra persona hiciera primero las cosas que ella quer?a hacer.

Quiz aquello no merec?a la pena. Quiz era una mala decisin. Pero por primera vez Amber comprendi que no quer?a que el miedo tomara la decisin por ella. Guard el telfono y sigui adelante. Cuando lleg a la entrada, el hombre del abrigo extendi una mano. Amber le entreg el billete. l lo sostuvo frente a una vela y la peque?a llave impresa brill durante un instante.

-?Viene sola?

Amber estuvo a punto de explicar que su amiga estaba enferma, que originalmente ten?a dos entradas y que no sol?a ir sola a lugares misteriosos en medio de un bosque. En lugar de eso, respir hondo.

-S?.

El hombre levant la vista. Sus ojos eran tan oscuros que casi no se distingu?an las pupilas.

-Entonces no se quede atrs.

Rasg una esquina de la entrada y se la devolvi. Amber cruz entre las columnas. El sonido del viol?n se hizo ms claro. Una rfaga de aire movi su pelo y, a su alrededor, las llamas de las velas temblaron al mismo tiempo. Delante de ella, el Circo Nocturno parec?a abrirse como una ciudad que solo exist?a despus de la puesta del sol.

Amber no pod?a saberlo todav?a, pero aquella noche hab?a tomado la primera decisin importante de su historia completamente sola. Tampoco pod?a saber que, en alg?n lugar detrs de las cortinas negras, alguien ya conoc?a su nombre.




Ejercicios de vocabulario





1. Completa las frases


1. Amber hab?a ______ con Chloe a las seis y media.

2. Chloe se encuentra mal y tiene que ______ los planes.

3. Amber ______ antes de decidir si va sola.

4. Finalmente decide ir ______.

5. Amber promete ______ la promesa de escribir a Chloe.

6. Al llegar al terreno, se siente ______ de lugar.

7. Cuando el telfono deja de funcionar, est a punto de ______ media vuelta.

8. A pesar del miedo, decide seguir ______.




2. Elige la opcin correcta


1. Encontrarse mal significa:

a) sentirse enfermo/a b) perderse c) enfadarse

2. Cambiar de opinin significa:

a) mantener la decisin b) decidir pensar o actuar de otra manera c) olvidar algo

3. Ir por tu cuenta significa:

a) ir solo/a, sin depender de otra persona b) ir gratis c) llegar tarde

4. Estar a punto de hacer algo significa:

a) haberlo terminado b) estar muy cerca de hacerlo c) negarse a hacerlo

5. Quedarse atrs significa:

a) avanzar ms rpido b) no seguir el ritmo de los dems c) cambiar de direccin




3. Relaciona


1. arrepentirse 2. dudar 3. dar media vuelta 4. atreverse 5. cumplir una promesa 6. cancelar los planes

a. hacer lo que prometiste b. sentir inseguridad antes de decidir c. decidir no hacer algo planeado d. lamentar una decisin e. girarse para regresar f. tener valor para hacer algo




4. Responde con tus propias ideas


1. ?Te atrever?as a ir solo/a a un espectculo como el Circo Nocturno? ?Por qu?

2. ?Qu situacin puede hacerte cambiar de opinin rpidamente?

3. ?Alguna vez has cancelado planes en el ?ltimo momento?

4. ?En qu situaciones te sientes fuera de lugar?

5. ?Qu promesa es importante cumplir siempre?

6. ?Crees que Amber deber?a haber dado media vuelta cuando su telfono dej de funcionar?




Respuestas


Ejercicio 1: 1. quedado 2. cancelar 3. duda 4. por su cuenta 5. cumplir 6. fuera 7. dar 8. adelante

Ejercicio 2: 1-a, 2-b, 3-a, 4-b, 5-b

Ejercicio 3: 1-d, 2-b, 3-e, 4-f, 5-a, 6-c

Ejercicio 4: Respuestas personales.




Cap?tulo 4. Bajo miles de velas







Al otro lado de la entrada, el Circo Nocturno era todav?a ms extra?o de lo que Amber hab?a imaginado. El sendero principal se abr?a entre peque?as carpas negras, puestos de comida y estructuras de madera cubiertas de luces. No hab?a bombillas blancas ni letreros de nen. Miles de velas ard?an dentro de vasos de cristal, sobre mesas, en faroles colgados de los rboles y alrededor de las entradas. Sus llamas se mov?an con el viento, pero ninguna se apagaba. La luz dorada transformaba los rostros de los visitantes y hac?a que las sombras parecieran ms largas de lo normal.

Amber avanz despacio, intentando observarlo todo a la vez. A su derecha, una mujer vestida de negro hac?a girar peque?os aros de fuego sobre sus brazos. A la izquierda, un hombre sosten?a una baraja y dejaba que las cartas flotaran unos cent?metros sobre su mano. Ms adelante hab?a un puesto donde serv?an una bebida roja en vasos transparentes. Amber record inmediatamente la promesa hecha a Chloe y sigui caminando sin acercarse.

El lugar estaba lleno de gente, pero no resultaba ruidoso. Las conversaciones parec?an apagadas, como si todos hablaran ms bajo sin haberse puesto de acuerdo. Tampoco hab?a la m?sica alegre que Amber asociaba con los circos. Desde alg?n punto que no pod?a localizar llegaba el sonido de un viol?n, lento y repetitivo. La melod?a se mezclaba con el crujido de las hojas, los pasos sobre la grava y el leve movimiento de las telas de las carpas.

Amber sac el telfono por costumbre. La pantalla continuaba negra. Lo guard de nuevo y sinti una peque?a incomodidad al darse cuenta de que no pod?a fotografiar nada. Estaba acostumbrada a registrar los momentos antes incluso de vivirlos: una comida bonita, una calle decorada, una tarde con Chloe. All? no ten?a ms opcin que mirar y recordar.

Un ni?o pas corriendo junto a ella con una peque?a estrella de papel en la mano. Detrs ven?a su padre, intentando alcanzarlo. Amber sonri. La escena era tan normal que durante unos segundos desapareci parte de su inquietud. Quiz todo aquello era simplemente un espectculo muy bien organizado. Misterioso, s?. Un poco exagerado, tambin. Pero segu?a siendo un circo.

Entonces escuch un grito. Se volvi rpidamente. Una multitud rodeaba una peque?a plataforma circular. Amber se acerc y consigui ver a una joven artista suspendida varios metros sobre el suelo. No hab?a cuerda. No hab?a trapecio. La mujer estaba simplemente en el aire, con los brazos abiertos y un vestido blanco que ca?a hacia abajo como si el viento lo sostuviera.

Amber busc cables. Era lo primero que cualquiera habr?a hecho. Mir las ramas de los rboles, los postes y la estructura de la plataforma. No encontr nada. La artista gir lentamente sobre s? misma y despus descendi hasta tocar el suelo con la punta de los pies. El p?blico empez a aplaudir. Amber tambin aplaudi, aunque segu?a buscando una explicacin. Hab?a visto suficientes v?deos de magia para saber que un truco pod?a parecer imposible si el espectador estaba en el lugar adecuado. Seguramente hab?a cables muy finos. O alguna estructura oculta por la oscuridad. Quer?a creerlo, porque la alternativa era aceptar algo que no ten?a sentido.

-Primera vez, ?verdad?

Amber se volvi. A su lado hab?a una chica de unos veinticinco a?os con un abrigo rojo y una copa en la mano. Sonre?a mientras observaba la plataforma.

-?Se nota tanto?

-Todos hacemos esa cara la primera vez.

Amber tard un segundo en reaccionar.

-?Has estado antes?

La chica bebi un poco de su copa. El l?quido era del mismo rojo oscuro que Amber hab?a visto en el puesto.

-Hace tiempo.

-?En Salem?

La sonrisa de la desconocida desapareci apenas un instante.

-No.

Antes de que Amber pudiera preguntar dnde, son una campana. No era fuerte, pero el sonido atraves todo el recinto. Las conversaciones se detuvieron. Los artistas dejaron de moverse. Incluso la chica del abrigo rojo levant la cabeza. La campana son una segunda vez. La gente empez a caminar hacia la carpa ms grande.

-La funcin principal -explic la chica.

-?Vienes?

-Yo ya la he visto.

Amber quiso preguntar otra cosa, pero la desconocida se alej entre la multitud. En pocos segundos desapareci detrs de un grupo de personas. Amber permaneci quieta, molesta consigo misma por no haberle preguntado su nombre. Despus son la tercera campana. La entrada de la gran carpa estaba abierta. Dos artistas sosten?an las cortinas negras mientras el p?blico entraba. Amber sigui a los dems. Dentro hac?a ms calor y ol?a a cera, madera y una fragancia dulce que le record a las rosas secas. Hab?a filas circulares de bancos alrededor de un escenario redondo. Sobre sus cabezas colgaban cientos de velas a distintas alturas.

Amber se detuvo al verlas. Algunas estaban tan altas que resultaba imposible imaginar cmo las hab?an encendido. Otras flotaban aparentemente sin ning?n soporte visible. La luz no era suficiente para iluminar por completo la carpa. Las zonas ms alejadas permanec?an cubiertas por sombras profundas. Encontr un asiento libre en una de las filas centrales. A su izquierda se sent una pareja mayor; a su derecha, un hombre con su hija adolescente. Amber dej el bolso sobre las rodillas y observ el escenario. No hab?a cortina. No hab?a micrfonos. Solo un c?rculo de madera oscura y una silla vac?a en el centro.

Poco a poco, el p?blico dej de hablar. El viol?n se apag. Durante varios segundos no ocurri absolutamente nada. Amber pod?a o?r su propia respiracin. Una vela se apag. Despus otra. Y otra. Las llamas fueron desapareciendo alrededor de la carpa hasta que solo qued una encendida sobre el escenario. Amber contuvo la respiracin. Sab?a que aquello era parte del espectculo, pero la oscuridad produjo un cambio inmediato en el ambiente. Nadie tos?a. Nadie se mov?a.

La ?ltima vela se apag. Todo qued negro. Un viol?n comenz a tocar en alg?n lugar detrs del p?blico. Una segunda melod?a respondi desde el lado contrario. Luego una tercera. Amber gir la cabeza, pero no pod?a ver a los m?sicos. De pronto, una l?nea de fuego apareci en el borde del escenario y recorri el c?rculo completo en menos de un segundo.

En el centro ya no hab?a una silla. Hab?a una mujer. Amber no la hab?a visto entrar. La artista llevaba un vestido cubierto de peque?os cristales que reflejaban el fuego. Levant una mano y las llamas alrededor del escenario crecieron al mismo tiempo. Despus empez a bailar. Durante los siguientes veinte minutos, Amber dej de buscar explicaciones. Un hombre atraves una pared de humo y apareci al otro lado de la carpa. Dos acrbatas caminaron sobre una cuerda tan fina que apenas se ve?a. Una mujer hizo crecer flores negras dentro de una caja vac?a y las lanz al p?blico. Cada n?mero parec?a ms imposible que el anterior.

Amber estaba impresionada, pero tambin empezaba a entender por qu la gente hablaba tan poco del Circo Nocturno despus de verlo. Era dif?cil explicar algo cuando ni siquiera sab?as qu hab?as visto. En un momento, uno de los artistas pidi a un hombre del p?blico que subiera al escenario. Le entreg una moneda, cerr su mano y le pidi que pensara en un lugar. Cuando el hombre abri los dedos, la moneda hab?a desaparecido. El artista se?al hacia arriba. Sobre ellos, entre las velas, flotaba una peque?a imagen de una playa.

El hombre del p?blico dej de sonre?r.

-Mi casa -murmur.

La imagen desapareci. Hubo aplausos, pero Amber sinti un fr?o inesperado en la nuca. Aquello no parec?a un simple truco. Al menos no para el hombre que regres a su asiento con el rostro plido. La funcin continu. Amber perdi la nocin del tiempo. Sin telfono y sin ventanas, no sab?a si hab?an pasado treinta minutos o dos horas. La carpa parec?a existir fuera del resto de Salem, aislada de las calles, los coches y la vida que hab?a dejado al otro lado del bosque.

Entonces volvi el silencio. Los artistas abandonaron el escenario. Las luces disminuyeron hasta dejar ?nicamente un c?rculo iluminado en el centro. Nadie anunci el siguiente n?mero. Amber oy un movimiento detrs de las cortinas. Una figura sali de las sombras. Era un hombre. Al principio, Amber solo distingui su altura y la ropa negra. Caminaba despacio, sin mirar al p?blico, como si no necesitara comprobar que todos estaban observndolo. Llevaba una camisa oscura, un chaleco ajustado y un abrigo largo que casi tocaba el suelo. Su cabello era negro. Bajo la luz de las velas, su piel parec?a demasiado plida.

Amber dej de respirar durante un segundo. Lo hab?a visto antes. Junto al cartel. Bajo la farola. La idea apareci con tanta claridad que sinti un peque?o golpe en el estmago. Quiso convencerse de que se equivocaba. Lo hab?a visto de lejos las dos veces. Pod?a ser cualquier hombre alto vestido de negro. Pero algo en la forma de moverse, en la tranquilidad casi incmoda con la que ocupaba el escenario, le resultaba familiar.

El artista levant por fin la cabeza. Sus ojos recorrieron lentamente las filas. Amber sinti que el resto de la carpa desaparec?a. Los ojos del hombre eran grises. No claros exactamente. Ten?an el color del cielo antes de una tormenta. Su rostro era hermoso de una manera que a Amber le result casi irritante: demasiado simtrico, demasiado tranquilo, como si hubiera sido dise?ado para llamar la atencin y al mismo tiempo advertir que acercarse era una mala idea.

El hombre comenz su n?mero sin decir una palabra. Extendi una mano y una de las velas descendi desde el techo hasta quedar flotando sobre su palma. Despus otra. Y otra. Las llamas giraron alrededor de l formando un c?rculo. El p?blico observaba las velas. Amber lo observaba a l. Entonces ocurri algo peor. l la mir.

No fue una mirada casual dirigida a una zona del p?blico. Sus ojos se detuvieron exactamente donde ella estaba sentada. Amber sinti una presin extra?a en el pecho. Apart la mirada por instinto y observ el escenario, las velas, las manos del artista. Cinco segundos despus volvi a mirarlo. l segu?a observndola. Amber trag saliva. La adolescente sentada a su derecha aplaudi cuando las velas desaparecieron de golpe, pero Amber apenas oy el sonido. El artista se movi hacia el otro lado del escenario y durante unos segundos una columna bloque la l?nea entre ellos. Amber sinti alivio.

Despus l apareci al otro lado. Y volvi a encontrar sus ojos. Era imposible. Hab?a cientos de personas en la carpa. No ten?a ninguna razn para fijarse en ella. Amber intent prestar atencin al espectculo, pero cada vez que levantaba la vista lo encontraba mirando en su direccin. Una vez. Dos. Tres. No pod?a apartar la mirada durante mucho tiempo.

La sensacin no era exactamente miedo. Tampoco atraccin, aunque ser?a absurdo negar que el hombre era atractivo. Era algo ms incmodo: la impresin de que aquella mirada conten?a informacin que ella no ten?a. Como si l supiera por qu estaba all?. El n?mero termin sin una palabra. Todas las velas de la carpa se encendieron al mismo tiempo. El p?blico se levant y empez a aplaudir con una fuerza que hizo vibrar los bancos. Amber tambin se puso de pie, ms por seguir a los dems que por decisin propia.

El hombre permaneci en el centro del escenario. Hizo una peque?a inclinacin. Antes de desaparecer entre las sombras, levant la vista una ?ltima vez. Directamente hacia Amber. Esta vez sonri. Fue una sonrisa peque?a, casi privada. Amber dej de aplaudir. Las cortinas negras se cerraron detrs de l. La m?sica regres y la gente empez a salir de la carpa hablando emocionada. La pareja mayor coment el n?mero de las velas. La adolescente buscaba desesperadamente que su telfono volviera a encenderse. Amber permaneci unos segundos junto a su asiento.

Hab?a ido al Circo Nocturno porque quer?a ver algo extraordinario. Ahora ten?a la incmoda sensacin de que algo extraordinario la hab?a visto primero.




Ejercicios de vocabulario





1. Completa las frases


1. La funcin principal tiene lugar dentro de una enorme ______ negra.

2. El ______ est sentado alrededor de un escenario circular.

3. Amber se queda muy ______ por los n?meros del circo.

4. Antes de empezar el espectculo, todas las ______ se apagan.

5. Amber ______ la respiracin cuando la carpa queda completamente oscura.

6. Algunos artistas parecen ______ y aparecer en otra parte.

7. El hombre de negro sale de las ______ y entra en el escenario.

8. Amber no puede ______ la mirada de l.




2. Elige la opcin correcta


1. El p?blico es:

a) las personas que ven un espectculo b) los artistas c) los trabajadores del circo

2. Aplaudir significa:

a) cerrar los ojos b) golpear las manos para mostrar aprobacin c) abandonar un lugar

3. Contener la respiracin significa:

a) dejar de respirar durante un momento b) respirar muy rpido c) gritar

4. Si alguien se queda impresionado:

a) algo le causa una fuerte impresin b) se aburre c) se enfada

5. Acercarse significa:

a) ir hacia algo o alguien b) esconderse c) alejarse




3. Relaciona


1. la carpa 2. el escenario 3. la sombra 4. el silencio 5. desaparecer 6. el artista

a. persona que act?a en un espectculo b. ausencia de ruido c. dejar de estar visible d. lugar donde act?an los artistas e. zona oscura producida cuando algo bloquea la luz f. gran tienda de tela usada en un circo




4. Responde con tus propias ideas


1. ?Qu parte del Circo Nocturno te parece ms impresionante?

2. ?Crees que los n?meros son trucos o hay algo sobrenatural?

3. ?Cmo te sentir?as si una persona en un escenario no dejara de mirarte?

4. ?Por qu crees que el artista reconoce a Amber?

5. ?Qu detalle del circo te dar?a ms miedo?

6. ?Qu har?as despus de la funcin: te ir?as a casa o intentar?as encontrar al hombre?




Respuestas


Ejercicio 1: 1. carpa 2. p?blico 3. impresionada 4. luces 5. contiene 6. desaparecer 7. sombras 8. apartar

Ejercicio 2: 1-a, 2-b, 3-a, 4-a, 5-a

Ejercicio 3: 1-f, 2-d, 3-e, 4-b, 5-c, 6-a

Ejercicio 4: Respuestas personales.




Cap?tulo 5. El hombre de los ojos grises







Cuando Amber sali de la carpa principal, el aire fr?o le pareci ms intenso que antes. Durante la funcin hab?a olvidado por completo que estaba en un terreno a las afueras de Salem, rodeada de rboles y lejos de casa. Ahora el olor a tierra h?meda y humo volvi de golpe, junto con las conversaciones de cientos de personas que intentaban explicar lo que acababan de ver. Algunos hablaban del fuego, otros de la mujer que hab?a flotado sobre el escenario. Amber apenas escuchaba. Segu?a pensando en el hombre de los ojos grises.

No sab?a su nombre. Ni siquiera sab?a qu clase de artista era. Su n?mero hab?a consistido en unas velas que parec?an obedecerle, pero Amber recordaba mucho mejor su forma de mirar que cualquier truco. Hab?a cientos de espectadores dentro de la carpa y, aun as?, durante varios momentos hab?a tenido la impresin de que la funcin se desarrollaba ?nicamente entre los dos. Era una idea rid?cula. Tambin era una idea que no consegu?a quitarse de la cabeza.

La zona exterior del circo estaba ahora ms llena. La gente compraba comida, entraba en las peque?as carpas y hac?a cola delante de los espectculos secundarios. El viol?n hab?a sido sustituido por una m?sica ms rpida, aunque segu?a teniendo algo antiguo. Amber camin entre los puestos intentando recuperar la sensacin de normalidad. Compr una bolsa de almendras caramelizadas y pag en efectivo. La mujer del puesto le entreg la bolsa sin dejar de observarla.

-?Primera noche?

Amber levant la vista. Era la segunda persona que le hac?a la misma pregunta.

-?Tambin se nota?

-Un poco.

La mujer sonri y atendi al siguiente cliente. Amber se alej con las almendras. Empezaba a sospechar que los trabajadores del circo ten?an una extra?a capacidad para reconocer a los nuevos visitantes. Tal vez era simple experiencia. Tal vez los habituales caminaban por all? sin mirar cada vela como si fuera un milagro. Intent encender el telfono otra vez. Nada. Chloe deb?a de estar preocupada. Su madre probablemente tambin empezar?a a preguntarse por qu no respond?a. Amber calcul que no pod?a ser mucho ms tarde de las nueve. Decidi recorrer una ?ltima zona y despus marcharse. Era una decisin sensata, y se sinti orgullosa de haberla tomado durante aproximadamente cuarenta segundos.

Entonces volvi a verlo. El hombre de los ojos grises cruz entre dos carpas a unos treinta metros de distancia. Ya no llevaba el abrigo largo del espectculo. Vest?a una camisa negra con las mangas dobladas hasta los antebrazos y hablaba con otro artista. Bajo las luces doradas parec?a menos imposible que sobre el escenario, aunque no menos inquietante. Amber se detuvo con una almendra a medio camino de la boca.

Pod?a seguir caminando en direccin contraria. De hecho, eso era exactamente lo que una persona razonable habr?a hecho. Hab?a ido a ver un espectculo, lo hab?a visto y ahora deb?a volver a casa. No ten?a ning?n motivo para seguir a un desconocido por un circo donde los telfonos no funcionaban. El hombre desapareci detrs de una carpa.

Amber lo sigui. Se dio cuenta de lo que estaba haciendo cuando ya hab?a dejado atrs los puestos principales. El sendero se estrech y hab?a menos visitantes. Las velas estaban ms separadas. A un lado se levantaban carros antiguos pintados de negro; al otro, varias carpas peque?as ten?an las entradas cerradas. Amber redujo el paso. No quer?a parecer una persona que estaba siguiendo a alguien, aunque eso era exactamente lo que estaba haciendo.

Al llegar a una bifurcacin, lo perdi de vista. El camino de la izquierda regresaba hacia la zona iluminada. El de la derecha continuaba entre varios carros y terminaba en una cortina de tela oscura. Un peque?o cartel de madera dec?a: SOLO PERSONAL. Amber se qued quieta. Hab?a llegado al l?mite de lo que pod?a justificar como curiosidad. Seguir adelante ser?a entrar conscientemente en una zona prohibida. Chloe habr?a utilizado palabras mucho menos amables para describirlo.

-Muy bien -murmur Amber-. Hasta aqu?.

Dio media vuelta.

-Una decisin sorprendentemente inteligente.

La voz lleg desde detrs de ella. Amber se volvi tan rpido que casi dej caer la bolsa de almendras. El hombre estaba apoyado contra uno de los carros negros. No sab?a de dnde hab?a salido. Un segundo antes aquel lugar estaba vac?o. Ahora l estaba a menos de cinco metros, observndola con la misma tranquilidad que hab?a mostrado sobre el escenario. De cerca parec?a ms joven de lo que Amber hab?a pensado, quiz veinticinco o veintisiete a?os. Su cabello negro ca?a ligeramente sobre la frente y sus ojos eran todav?a ms extra?os sin la distancia de la carpa. Grises, s?, pero con peque?as zonas casi plateadas alrededor de las pupilas.

Amber se qued sin palabras. Hab?a imaginado varias posibilidades si volv?a a cruzarse con l. En ninguna de ellas se comportaba como alguien que acababa de ser descubierto siguiendo a un desconocido.

-No te estaba siguiendo.

l baj la mirada hacia el cartel de SOLO PERSONAL y despus volvi a mirarla.

-Claro.

-Me he perdido.

-Tambin claro.

Amber sinti calor en la cara. El hombre no sonre?a del todo, pero hab?a algo divertido en su expresin.

-?Siempre eres as? de desagradable con el p?blico?

-Solo con el p?blico que intenta entrar donde no debe.

Amber cruz los brazos. Era ms fcil enfadarse que reconocer que l ten?a razn.

-No he entrado.

-Todav?a.

El hombre se separ del carro y se acerc un poco. Amber tuvo el impulso de retroceder, pero se oblig a quedarse quieta. l mantuvo suficiente distancia para no resultar amenazante. Aun as?, la temperatura parec?a haber bajado varios grados.

-Deber?as volver a la zona principal.

-?Eso es una advertencia?

-Es un consejo.

-No pareces una persona que d muchos consejos.

-Y t? no pareces una persona que los siga.

Amber abri la boca para responder y volvi a cerrarla. Aquello era irritante porque tambin era verdad. Durante unos segundos ninguno habl. Desde la zona principal llegaban m?sica y aplausos, pero all? los sonidos parec?an lejanos. Una vela ard?a dentro de un farol junto al carro. Amber not que la llama se inclinaba hacia el hombre aunque no hab?a viento.

Desvi la mirada hacia sus manos. No llevaba anillos ni guantes. Eran manos normales, excepto por el hecho de que parec?an demasiado plidas incluso bajo la luz amarilla.

-Te he visto antes -dijo Amber.

l no pregunt dnde.

-?Ah, s??

-Junto a uno de los carteles. Y despus, cuando compr las entradas.

La expresin del desconocido no cambi.

-Salem es peque?o.

-No tanto.

Amber esper. l no a?adi nada.

-?Me estabas siguiendo t??

La pregunta sali antes de que pudiera decidir si quer?a hacerla. El hombre inclin ligeramente la cabeza.

-Ahora mismo, la que est fuera de los l?mites eres t?.

-Eso no es una respuesta.

-No.

Amber apret los labios. En cualquier otra situacin habr?a considerado aquella conversacin suficiente para marcharse. Sin embargo, hab?a algo en l que despertaba exactamente la parte de su carcter que tantos problemas le hab?a causado de ni?a: cuanto menos le contaban, ms necesitaba saber.

-?Cmo te llamas?

Por primera vez, el hombre pareci dudar. Fue apenas una pausa.

-Lucien.

El nombre le result extra?o y adecuado al mismo tiempo.

-?Solo Lucien?

-De momento.

-Qu misterioso.

-Trabajamos en un circo nocturno. Tenemos una reputacin que mantener.

Amber solt una risa antes de poder evitarlo. Fue la primera vez que l sonri de verdad. No fue una sonrisa grande, pero cambi su rostro lo suficiente para hacerlo parecer menos peligroso. O quiz, pens Amber, simplemente ms fcil de subestimar.

-Amber -dijo ella.

Lucien no reaccion como alguien que acababa de escuchar su nombre por primera vez. Ese detalle fue peque?o, pero Amber lo not.

-Ya lo sab?as.

La sonrisa desapareci.

-?Qu?

-Mi nombre.

Lucien mantuvo su mirada durante un instante demasiado largo.

-Tal vez te escuch hablar con alguien.

-He venido sola.

El silencio que sigui fue breve. Suficiente. Amber sinti un escalofr?o recorrerle los brazos.

-?Cmo sabes mi nombre?

Lucien mir hacia la zona principal. La m?sica hab?a cambiado. Son una campana, una sola vez.

-Tienes que irte.

-No hasta que me respondas.

-Entonces vas a quedarte aqu? mucho tiempo.

Amber dio un paso hacia l.

-?Por qu me mirabas durante la funcin?

Lucien volvi a mirarla. Esta vez no hab?a humor en su expresin.

-Porque t? me estabas mirando.

-Eso no es justo.

-No he dicho que lo sea.

Amber sinti una mezcla absurda de irritacin y nervios. Quer?a hacer diez preguntas ms. Quer?a saber quin era, cunto tiempo llevaba en el circo, cmo funcionaban los n?meros y por qu la hab?a observado antes de que ella entrara. Pero la forma en que Lucien miraba ahora hacia el sendero hizo que se callara. Hab?a alguien ms all?.

Amber no lo hab?a o?do llegar. Una mujer muy alta estaba al final del camino. Llevaba un vestido oscuro y el pelo recogido. No parec?a una visitante. Sus ojos pasaron de Amber a Lucien.

-Lucien.

Solo dijo su nombre. No necesit a?adir nada. La mand?bula de Lucien se tens.

-Vuelve a la zona principal -le dijo a Amber.

-?Quin es ella?

-Amber.

Era la primera vez que pronunciaba su nombre. La forma en que lo hizo la silenci ms eficazmente que cualquier explicacin.

-Vete.

Amber mir a la mujer. Ella segu?a inmvil, pero hab?a algo en su expresin que le dio mala espina. No era enfado. Era inters. Amber decidi que ya hab?a sido suficientemente valiente por una noche.

-Bien.

Pas junto a Lucien. Al hacerlo, la manga de su chaqueta roz por accidente la mano de l. Amber se detuvo. Su piel estaba helada. No fr?a por estar al aire libre. Helada. Lucien retir la mano inmediatamente.

-?Ests bien? -pregunt Amber.

l la observ como si la pregunta fuera incomprensible.

-Vete, Amber.

Esta vez obedeci. Camin deprisa hacia las luces. No corri porque se negaba a darles esa satisfaccin, aunque cada parte de su cuerpo quer?a aumentar la distancia. Cuando lleg de nuevo a la zona llena de visitantes, respir con ms facilidad. Las familias, las parejas y los puestos de comida volvieron a parecerle extraordinariamente tranquilizadores.




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   ,     (https://www.litres.ru/book/raznoe/octubre-en-el-circo-nocturno-ten-cuidado-con-lo-que-deseas-74378878/)  .

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