«El Despertar del Hombre» Alex Akimoto Este libro dividirà tu vida en un "antes" y un "despuås" — especialmente si tienes una situaciîn familiar complicada. El autor habla sin rodeos de cîmo la sociedad ha convertido a los hombres en esclavos de sus instintos, y a las mujeres en v?ctimas de ilusiones. No es solo cr?tica, es una gu?a pràctica basada en historias reales que han llegado al alma de cientos de lectores. Aprenderàs: por quå màs del 80% de los divorcios los inician las mujeres; cîmo reconocer a una mujer promiscua antes del matrimonio; quå hacer si has perdido hijos y bienes; cîmo mantener el v?nculo con tu hijo cuando su madre lo pone en tu contra; por quå el hombre es Esp?ritu y la mujer es Alma. El libro està escrito con dureza, honestidad y sin correcciîn pol?tica. Ofrece herramientas para salir del infierno y advierte a quienes estàn a punto de entrar. Tras leerlo, o despertaràs, o te convenceràs de que te conviene seguir durmiendo. «?Que la fuerza nos acompa?e!» «El Despertar del Hombre» Ãëàâà «El Despertar del Hombre» DEDICATORIA Este libro lo dedico a mis hijos — vivos, reales, aquellos por quienes segu? respirando cuando el mundo se derrumbaba. Y a todos los hombres que a?n no se han rendido. Que sienten que su vida no es suya. Que pierden hijos, bienes, fe y a s? mismos, pero siguen adelante. Que quieren despertar, pero no saben cîmo. No estàn solos. Ustedes son el Esp?ritu. Y su hora a?n no ha llegado. Levàntense. EP?GRAFE «El hombre es el Esp?ritu. La mujer es el Alma. Todo lo que destruye el Esp?ritu, mata tambiån el Alma. Todo lo que eleva el Esp?ritu, salva tambiån el Alma.» Y tambiån: «Nadie puede hacerte da?o sin tu consentimiento.» — Eleanor Roosevelt Y, como conclusiîn: «Vånzanse a ustedes mismos, y todo el universo les pertenecerà.» — Vivekananda PREFACIO DEL AUTOR Estimado lector. No soy escritor. Soy un hombre que ha atravesado el infierno, que ha visto el sufrimiento de los ni?os, la traiciîn de las mujeres, la hipocres?a de los tribunales y la indiferencia del Estado. Perd? bienes, dinero, salud y arriesguå lo màs valioso que tengo — mi vida, destinada y consagrada a mis hijos y a m? mismo. Durante a?os luchå por el derecho a estar con mis hijos y el derecho a vivir. Y sobreviv?. Pero no gracias a alguien — sino a pesar de todo. No planeaba publicar este libro. Estuvo guardado en mi despacho casi 20 a?os. Mis amigos me convencieron para mostrarlo al mundo, porque vieron en ål la verdad que muchos temen decir en voz alta. La verdad de que el hombre es el Esp?ritu, y la mujer es el Alma. De que la moral en la familia comienza con el hombre, porque es la demanda la que genera la oferta. De que un ni?o nacido de una ramera està condenado al sufrimiento, porque ella lo privarà de una familia plena y le mostrarà el lado màs sîrdido de la vida — el de la sodom?a y la inmundicia, encubiertos con mentiras sobre su cuidado, su calor maternal y su moralidad humana. En este libro encontraràn historias reales: las m?as, las de mis amigos, las de mis conocidos. Todos los nombres han sido cambiados, pero cada situaciîn es real. Las he analizado en detalle, he mostrado los mecanismos de manipulaciîn, he se?alado los errores que nosotros, los hombres, cometemos una y otra vez, y he dado herramientas concretas para salir de la crisis. No pretendo ser agradable. No busco la aprobaciîn de feministas ni de «activistas sociales». Mi objetivo es despertar al hombre que a?n no se ha perdido a s? mismo, y dar apoyo a quien ya està cayendo. Si estàn listos para escuchar la verdad amarga, si estàn cansados de ser esclavos de su lujuria y de las circunstancias — este libro es para ustedes. Si prefieren vivir en la mentira, ciårrenlo ahora — y no digan despuås que no fueron advertidos. Con respeto, Alex Akimoto PRÎLOGO / INTRODUCCIÎN Hombre, ?te despertaste hoy y comprendiste que tu vida no es tu vida? ?Que trabajas para «ella», das dinero, tiempo, salud, y a cambio recibes reproches, manipulaciones, chantaje con los hijos y amenazas de divorcio? ?Que tu hijo crece sin la columna vertebral paterna, y tu hija aprende de su madre a despreciar a los hombres? Si sientes esto — no estàs solo. Hay millones como t?. Y este libro es para ti. ?De quå trata este libro? Trata de cîmo la sociedad moderna ha convertido al hombre en material desechable. De cîmo el Estado, los tribunales, las escuelas y los «psicîlogos» te han inculcado durante a?os que debes, que estàs obligado, que eres agresor por el mero hecho de nacer, y que la mujer es v?ctima por definiciîn. Pero tambiån trata de cîmo salir de ese c?rculo. No huir, sino salir — conscientemente, con dignidad, con voluntad. ?Cîmo leer este libro? Lee despacio. No te saltes las historias — en ellas te veràs a ti mismo, a tu amigo, a tu vecino, a tu hermano. Despuås de cada cap?tulo, preg?ntate: «?A m? me pasî eso? ?Yo actuå as?? ?Quå habr?a hecho diferente?» No doy recetas màgicas de «cîmo ser feliz en 7 d?as». Muestro los mecanismos que funcionan en la vida real y doy herramientas que puedes aplicar ahora mismo. Pero lo principal es que te hago pensar. ?Quå obtendràs? — Comprensiîn de por quå tu «amada» se comporta as? y no de otra manera. — Un algoritmo claro para distinguir a una mujer moral de una ramera. — Pasos concretos para proteger a tus hijos, tus bienes y tu salud mental. — La fuerza para decir «no» — a ti mismo, a ella, a la sociedad, cuando sea necesario. — Y, lo màs importante: dejaràs de sentirte culpable solo por ser hombre. Mi promesa Serå duro. A veces, brusco, incluso grosero. Porque las palabras suaves no despiertan. Pero serå honesto — hasta el final, hasta el fondo, sin reservas. Porque te mereces la verdad. Si estàs listo — empieza a leer. Si no — al menos recuerda: tu vida està en tus manos. Y solo t? puedes cambiarla. Que tengas una lectura dif?cil, pero honesta. "El Despertar del Hombre" Memoria La joven fronda que susurraba sobre mi cabeza me calmaba de un modo milagroso. Probablemente, siempre ocurre as? cuando, con la edad, una persona piensa màs y con màs frecuencia si actuî correctamente, si podr?a haber actuado de otra manera, si no mostrî debilidad alguna vez o algo as?... Yo estaba tumbado en la hierba primaveral, jugosa y de dulce aroma, en medio de un mar infinito de dientes de leîn amarillos, ofreciendo a los rayos del càlido sol de mayo mi rostro moreno de hombre adulto que ya hab?a superado con creces los cuarenta. El rumor de la fronda se parec?a al rumor del oleaje marino, solo que en lugar de gaviotas, en alg?n lugar de la profunda azul celeste del cielo, se desga?itaba con un trino desesperado y alegre una alondra, igual que en mi dura, dif?cil infancia, a menudo golpeada y hambrienta, pero tan luminosa y feliz. La infancia me viene a la memoria a menudo cuando miro a mi hijito, que chapotea diligentemente con la pala sobre un montîn de arena h?meda, construyendo otra piràmide, cîmodamente instalado bajo el brillante sol del mediod?a en el parque infantil de una urbanizaciîn de chalets a las afueras de Mosc?. La vida en la capital no me produce esa sensaciîn incomparable de calor y confort que se siente especialmente en las tardes heladas de invierno junto a la chimenea encendida, lamiendo alegremente con sus llamas los aromàticos troncos de abedul... En la casa donde de inmediato revive el esp?ritu de confort, de paz, de todo aquello que nos faltaba a m? y a otros ni?os como yo en aquellos a?os lejanos y a la vez tan cercanos en el camino hacia el «futuro radiante». En el per?odo del estancamiento socialista, en realidad no se prestaba atenciîn al problema de la infancia. Nos rodeaban consignas de color rojo intenso, llamamientos, juramentos, absolutamente carentes de sentido, y por eso la gente simplemente viv?a y sobreviv?a como pod?a, siendo hipîcrita y adulando al partido, al gobierno, al comitå regional e incluso al polic?a del barrio, con tal de que los dejaran en paz. El objeto de la influencia pedagîgica eran el cinturîn, el rincîn, las rodillas sobre guisantes y las orejas arrancadas en el despacho del director de la escuela. Mi infancia fue igual que la de la mayor?a de los ni?os de aquella åpoca y generaciîn. A menudo fui golpeado por faltas inventadas por mi padrastro. Y la comida, con frecuencia, ten?a que conseguirla robando gallinas de los vecinos, pescando y, por supuesto, «faenando» en los huertos y campos del koljîs. Cuando a?n no ten?a cuatro a?os, mi madre y mi padrastro me trasladaron de Mosc? a una casita en la costa del mar Negro. En aquella casa solo hab?a dos cuartitos peque?os y una cocina de techo bajo. La ya de por s? peque?a cocina estaba ocupada hasta la mitad por el horno, y en ål mi madre horneaba el pan màs sabroso del mundo, que llenaba con su aroma todo el vecindario. Mi madre muy rara vez me dec?a palabras cari?osas e incluso como que se avergonzaba de m?, especialmente en presencia de extra?os... De repente se volv?a marcadamente severa y no dec?a las palabras cari?osas que las madres suelen decir a sus hijos. Me recuerdo desde muy temprano. No es que lo recuerde todo, pero los recuerdos de algunos momentos sorprend?an sinceramente a mis pocos parientes. Cuando en la familia en la que viv?a apareciî Lenka, mi hermanita que lloraba sin parar, ?comenzaron mis desventuras! Entre las personas con las que viv?a yo era un extra?o, y no puedo llamarlos mis allegados ni mi familia... Estaba en mi quinto a?o de vida. A tan tierna edad ya iba solo al jard?n de infancia, a ver a mi querida ni?era, la coreana t?a Tania... La t?a Tania quedî para siempre en mi corazîn como la persona que derramî sobre m? tal torrente de cuidado, cari?o y amor que en medio siglo no he logrado encontrar a otra persona tan sincera, desinteresada, buena y fiable como la t?a Tania. Con toda mi alma infantil herida me sent?a atra?do hacia aquella mujercita delgada, de gruesa trenza brillante y ojos siempre bondadosos, como ranuras, que irradiaban una bondad y un calor inconmensurables hacia todo el mundo y hacia m?. Mi jard?n Una madrugada me levantå de un salto por una necesidad menor y met? los pies en el primer calzado que encontrå junto al umbral de la entrada. Eran las botas de goma de mi madre, que con sus ca?as fr?as y h?medas se me clavaron entre las piernas... As?, en calzoncillos y con las enormes botas de mi madre, sal? disparado al patio, arrastrando las botas por el suelo, doblå la esquina de la casa y con los ojos cerrados dejå escapar un chorro tibio sobre la rueda de la bicicleta que mi padrastro Piotr hab?a apoyado contra la pared de la casa. Continuando con mi «asunto h?medo», entre sue?os o? un aroma sorprendentemente hermoso que llenaba el silencio matutino, haciåndome cosquillas en la nariz, como si el aire estuviera impregnado de miel. Aquel silencio y aquel olor divinos eran interrumpidos por el monîtono coro de las alas de las abejas. Al abrir los ojos, vi sobre m? una enorme nube blanco-rosada de flores del huerto de cerezos, disuelta en la profundidad insondable del cielo primaveral resonante, sin una sola nube... De un golpe en la cabeza sal? despedido contra la bicicleta de mi padrastro Piotr. Me golpeå ruidosamente la cara contra el sill?n, y la sangre brotî por mi rostro y mi pecho desde los labios rotos. Me levantå de un salto y, con todas mis fuerzas, en la medida en que las enormes botas de mi madre me lo permit?an, ?me lancå corriendo hacia la casa! Como una bala me met? debajo de la cama, temblando de miedo, embadurnàndome la sangre por la cara y las làgrimas que ca?an a raudales de mis ojos. En mi cabeza cruzî un pensamiento: otra vez me va a pegar... La puerta de la habitaciîn se abriî y en el umbral aparecieron los pies descalzos de mi padrastro. —Yo a ti, bastardo de culo negro, te ense?arå a respetar las tradiciones rusas. Mira que te has acostumbrado, perrito, a mearte en mi bici... Otra vez, y atånte a las consecuencias, escoria de culo negro... La puerta se cerrî y se oyeron los pasos pesados de mi padrastro alejàndose. Al cabo de un rato no muy largo, la puerta se abriî de nuevo y yo, aterrorizado, me arrastrå hasta el rincîn màs alejado debajo de la cama, siguiendo con una sola bota de mi madre puesta. La otra la perd? por el camino, huyendo de mi padrastro. —Sal. No tengas miedo. Se ha ido a trabajar, —dijo mi madre... Me puse unas medias viejas, zurcidas y rezurcidas, una camisita vieja que ol?a a heno h?medo, y unos pantalones igual de viejos que hab?an conocido màs de una valla en los alrededores, luego una chaqueta que claramente ya me quedaba peque?a. Tras zampar a toda prisa un par de huevos cocidos, me fui al jard?n de infancia con unos zapatos viejos que me hab?an regalado el a?o anterior. Eran tres tallas màs grandes, pero al menos no estaban rotos y ten?an cordones rojos, como los de Murzilka. Caminaba por el arcån de la carretera. Pasaban coches de vez en cuando, y en mi cabeza se repet?a la frase de mi padrastro: «Yo a ti, bastardo de culo negro...» —Mamà, pero si mi culo no es negro, ?por quå el t?o Petia me llama as?? —Mamà, eh, mamà, dime, ?por quå el t?o Petia me llama as??, —preguntaba una y otra vez, tirando de mi madre por el bajo de la falda y miràndola desde abajo a los ojos... Mi madre me miraba pensativa y, con voz temblorosa, dec?a: —Si tu padre estuviera ahora a tu lado, hijo, nunca oir?as esas palabras sobre ti. Luego se cubr?a la cara con sus manos agrietadas por el duro trabajo y lloraba en silencio, sin ruido... Muchos a?os despuås supe que mi madre hab?a ofendido muy gravemente a mi padre con algo. Y ål, al no soportar aquella humillaciîn, abandonî a la familia, dejando a mi madre y a m?, que ten?a medio a?o. Yo crec?a, esperaba, esperaba, esperaba mucho a mi padre... Y un par de meses despuås enfermå gravemente y casi muero. Pero de eso hablarå un poco màs adelante... Cuando a casa ven?an otros hombres, yo me acercaba a ellos, les miraba a los ojos y, moviendo la cabeza con desesperaciîn, dec?a: —Este no es papà, no es papà... Al acercarme al edificio del jard?n de infancia, vi de lejos a mi querida ni?era Tania, de pie en el porche, como si estuviera esperando mi llegada. Al recibirme en el porche, la ni?era dijo en coreano: «Annyeong haseyo adeul», que significa: «Hola, hijito». Yo, en silencio, me dejå caer sobre las palmas suaves y secas de la ni?era, que ol?an a bollos dulces y a leche tibia, y romp? a llorar a gritos. Tras calmarme con su arrullo coreano tranquilo y tierno, la t?a Tania me sentî a la mesa y empezî a darme de comer, diciendo: «Te he tra?do de casa unos dulces que he horneado para ti, mi leoncito. Se llaman chonwol tobyrum. Hoy es d?a de luna llena, y ademàs aqu? tienes nuestras galletas coreanas, yakgwa... Come, mi leoncito, creceràs y seràs un leîn grande y fuerte, y nadie podrà ofenderte». —T?a Tania, —preguntå a la ni?era con la boca llena de galletas—, ?por quå el t?o Petia me llama culo negro? El rostro de la t?a Tania se volviî de piedra y palideciî como la nieve del invierno. En sus hermosos ojos rasgados, de largas pesta?as negras, colgaron de repente dos grandes làgrimas. La ni?era se levantî bruscamente, se secî las làgrimas con disimulo y dijo, miràndome fijamente a los ojos con su tierna mirada de persona amante: —Hijito, perteneces a un pueblo grande y valiente que ha pasado por muchas desgracias, muerte y pruebas. A un pueblo digno del màs profundo respeto. Y cuando te digan eso, debes saber que insultan los que son dåbiles, cobardes, ruines y saben que son màs dåbiles que t?, pero temen reconocerlo. Porque la cobard?a siempre se esconde detràs del odio y la envidia. La persona fuerte siempre es buena, sabia, noble, compasiva y jamàs ofende a los dåbiles. Y solo la persona fuerte es capaz de perdonar. A lo largo de toda mi vida me ha tocado enfrentarme al nazismo màs burdo, y cada vez las palabras de la ni?era afloran a mi memoria, y eso me ha ayudado mucho y me sigue ayudando a elegir mi lugar entre aquellos que no ofenden a los dåbiles. Por la tarde volv? a casa llevando en las manos una gran bolsa de galletas que la t?a Tania me hab?a entregado para el camino. Mi madre me mirî de reojo y, sin dejar de amasar, dijo: —Làvate las manos y siåntate a tomar el tå. Dejå la bolsa de galletas sobre la mesa, extend? las manos hacia el pitorro del lavabo y, tras enjuagarme las palmas pegajosas por los dulces, me sentå a la mesa. —Mamà, cuåntame, por favor, sobre mi papà, ?cîmo es mi papà, eh? Mi madre me lanzî una mirada fugaz y respondiî: —Pues m?rate en el espejo, all? veràs a tu padre. En ese momento entrî mi padrastro. Encogiendo la cabeza entre los hombros, me escabull? en silencio a la habitacioncita con mi camita, en la que ya no cab?a, y mis pies descalzos sobresal?an en sue?os entre los barrotes de madera... Cubriåndome hasta la cabeza con la mantita àspera, ca? en un sue?o profundo. Palma ?Me dorm? temprano y me despertå temprano! Los adultos a?n dorm?an, y a m? no me apetec?a nada quedarme tumbado en la cama estrecha. De puntillas, paså en silencio junto a los que dorm?an y sal? al patio. El sol se alzaba sobre el horizonte como una yema de huevo naranja. Del mar llegaba un olor càlido a algas, a escamas de pescado y a los costados salados de las barcas y redes de los pescadores. Estiràndome con gusto y bostezando, entornando los ojos, mirå el càlido disco solar y dije hacia alg?n lugar lejano, dirigiåndome a mi papà: «Papà, igualmente te encontrarå. Espårame, papà». Y satisfecho, sonriåndome a m? mismo, con paso cuidadoso, descalzo por el patio empedrado, me dirig? al trastero donde estaban las ca?as de pescar. La noche anterior hab?a sido tranquila. Muy a menudo me despertaba en mitad de la noche por los gritos de mi madre, a la que mi padrastro mol?a a pu?etazos y patadas. Yo le ten?a un miedo atroz a mi padrastro, ni siquiera pod?a gritar, solo miraba aquello y lloraba en silencio. A veces no lo soportaba y gritaba, gritaba muy fuerte. Mi padrastro, de un salto hacia m?, sol?a golpearme con el revås de la mano con tanta fuerza que sal?a volando contra la pared o al suelo. Ten?a miedo, pero no pod?a abandonar a mi madre. Ella es mi madre, despuås de todo. Segu?a de pie junto a ella, sollozando en silencio, cerca del cuerpo de mi madre, que mi padrastro pisoteaba con sa?a contra el suelo. No puedo transmitir con palabras cîmo fue aquello con màs detalle, como tampoco puedo transmitir con palabras mis sentimientos. Solo lo comprenderà quien haya pasado por algo parecido... Para mi inmensa pena, ahora sufre un n?mero enorme de ni?os. Todos esos inspectores de asuntos de menores y demàs «comitås» son unos paràsitos y saboteadores: en lugar de ayudar de verdad, causan un da?o irreparable, destruyendo familias, quitando los ni?os a los padres, y gracias a esa «estructura» bajo el ala del ministerio de educaciîn y ciencia, muchos ni?os han desaparecido sin dejar rastro... Y esa es una tragedia real de nuestra sociedad... Mi madre no me dejaba ir solo al mar. Pero con Borka, mi vecino y amigo, tres a?os mayor que yo y que ese a?o hab?a pasado a segundo curso, s?. Porque Borka era de una familia de marinos militares de tradiciîn, y esa familia era muy respetada en nuestro peque?o pueblo costero, donde viv?an muchas familias cuya actividad estaba de un modo u otro relacionada con el mar. Al acercarme al trastero y tirar de la puerta hacia m?, como esperaba, vi surgir como de debajo de la tierra a mi gato Murik, mezcla de gato domåstico y gato de los ca?averales. A aquel Murik le tem?an todos los perros de los alrededores, excepto nuestra Palma. Con ella Murik dorm?a en la caseta desde que era un gatito min?sculo, al que yo hab?a recogido medio muerto entre los ca?averales de la ensenada. Y lo escond?a en la caseta de Palma por miedo a contàrselo a mi padrastro y a mi madre. Murik resultî ser un gato listo, fiel y absolutamente intråpido. Y lo principal: le encantaba la pesca. Desde casa hasta el muelle, con el rabo en alto como un tubo, el gato me acompa?aba durante casi tres kilîmetros en cuanto yo hac?a sonar las ca?as... Cuando llegàbamos al muelle o a los rompeolas, Murik se quedaba inmîvil y, fascinado, casi sin pesta?ear, miraba el flotador; y en cuanto el flotador se hund?a en el agua, el gato empezaba a saltar, impulsàndose con las cuatro patas a la vez, como si tuviera resortes, casta?eteando ruidosamente los dientes... Nosotros, los chiquillos, nos re?amos a gusto y, por supuesto, el primer pez era siempre para Murik. El gato se hartaba de pescado hasta la saciedad, se tumbaba en la hierba, ofreciendo al sol su barriga rosada, y se dorm?a hasta la noche. Al entrar en el trastero, me quedå medio minuto frotàndome los ojos con las palmas, acostumbràndome a la oscuridad... Encontrå la ca?a, los anzuelos en una lata de hierro de arenques y una caja de madera con carretes de sedal y cordel, y luego sal? a la luz. Y de repente me pareciî o?r, no, o? con toda claridad unos sonidos extra?os que ven?an de la esquina de la casa, de donde estaban la caseta de Palma y Murik. Dejando los aparejos y conteniendo la respiraciîn, me acerquå de puntillas a la caseta de Palma. Primer pensamiento: «Seguro que son ratas». ?Pero acaso puede haber ratas en la caseta de Palma? No, esto es otra cosa. Con cuidado, al asomarme a la caseta de Palma, vi de pronto a varios bultitos ciegos y chillones que empujaban con sus hocicos la barriga de Palma, que lam?a con cara satisfecha a sus cachorros reciån nacidos. Olvidàndome de todo en el mundo, me met? en la caseta de Palma y, cerrando los ojos de felicidad, empecå a besar con ruiditos los hocicos mojados que ol?an a leche dulzona, apretando y acercando a la cara a los cachorritos por turno, sin creerme aquella felicidad tan inesperada, màs valiosa que nada en el mundo. Cada d?a, al irme por las ma?anas al jard?n de infancia, cog?a en brazos por turno a un cachorrito, lo besaba y dec?a: «Barsik, obedece a mamà, come bien, volverå pronto»... La t?a Tania compart?a mi alegr?a por el nacimiento de los cachorritos. Y unas ni?eras conocidas estaban dispuestas a llevarse un cachorro a casa, lo que me alegraba much?simo, y lo contaba en casa. Desde el nacimiento de los cachorros hab?an pasado varias semanas, y no dejå pasar ni un d?a sin jugar un par de horas con los mejores del mundo: Barsik, Sharik, Ushko, Kubik y Busia, miràndoles los ojitos como carbones que empezaban a abrirse... Llegî otro fin de semana. Yo jugaba en el patio, tallando un arco y flechas caseros con una navaja peque?a de hoja partida por la mitad. Al patio saliî de la casa mi padrastro, y yo volv? a encogerme, esperando una desgracia. —Ve por la pala, ahora voy a hacer de ti un hombre. Si no, creces como un in?til y un desastre, y moriràs siendo un don nadie. Dominado por el miedo, lo dejå todo y corr? al cobertizo, encontrå la pala, la agarrå y la arrastrå por el suelo, pensando para mis adentros lo enorme que era y cîmo se cavaba con ella. Mi padrastro estaba de pie en medio del patio con un cubo en la mano. Nos dirigimos a la caseta de Palma. Mi padrastro, con aire diligente, metiî en el cubo a los cachorros medio dormidos y me dijo: —?Vamos! Empecå a sospechar que estaba a punto de ocurrir algo terrible e irreparable, y nos fuimos al rincîn màs alejado del terreno, donde nos detuvimos. Mi padrastro ordenî: —?Cava! Yo empecå a cavar, resoplando, ba?ado en sudor y apenas sujetando en las manos aquella pala enorme. Y cuando ya no ten?a fuerzas para seguir cavando, al hoyo poco profundo que se hab?a formado cayeron desde el cubo, con un chillido suave, mis queridos y adorados cachorritos. —?Entiårralos! No recuerdo cîmo lleguå a casa, pero recuerdo cîmo me lancå corriendo al lugar donde los hab?a enterrado, donde hab?a matado a mis cachorros. Rompiåndome las u?as hasta sangrar, desenterrå los cuerpecitos a?n tibios, no enfriados, los abracå a todos en brazos y gritå fuerte, desgarradoramente, hacia el cielo. As? me quedå sentado, inmîvil, sosteniendo en brazos a los cachorros muertos, apretados contra mi cara, hasta bien entrada la noche, hasta que vino mi madre y me llevî a casa. Y en mitad de la noche o? desde el huerto el aullido pesado, desgarrador y helador de Palma. Me contaron testigos que despuås de aquello estuve varios meses sin hablar. Cuando mi padrastro me golpeaba con el cinturîn hasta dejarme moratones o con las manos en las mejillas y la cabeza, yo ca?a, me levantaba y callaba. Ni siquiera la ni?era pod?a hacer nada al respecto. Aunque segu?a comiendo, jugando, yendo al jard?n, vistiåndome solo, y cada d?a me sentaba largamente en la caseta de Palma: a menudo me dorm?a con la perra, abrazando con los brazos su ancho cuello y hundiendo la cara en su gran hocico grueso... No så de dînde apareciî en nuestra casa aquella perra maravillosa, que me perdonî y compartiî mi dolor. Y es que Palma, aquel d?a, estaba sentada al lado y vio que fui precisamente yo quien enterrî a sus hijos. Y no importan las justificaciones, importa que lo hice yo. Pasî el tiempo... El tiempo sabe curar las heridas, dejando cicatrices y un dolor de la memoria escondido en lo profundo del corazîn y del alma. El Creador, el Alt?simo, el Misericordios?simo, el Todo Bondadoso, env?a al hombre pruebas que puede soportar, si el hombre desea vivir, y yo deseo much?simo vivir, para alcanzar muchas metas, para aprender las lecciones que otorgan sabidur?a y preparan al hombre para la muerte. Y para afrontarla con dignidad, hay que obtener esos conocimientos en vida, ahora. Nunca sabemos quå llegarà antes, el ma?ana o la siguiente vida. —Dalài Lama Gris Ca?a una lluvia torrencial de verano. Corr?a protegiendo con cuidado bajo mi camisa a un gatito gris, mojado y min?sculo, que maullaba lastimeramente y se aferraba con dolor a mi mano, que lo sujetaba. Entrå corriendo en casa, sequå bien al desvalido rescatado con un trapo viejo, le serv? leche y empecå a preparar con diligencia los aparejos para la pesca de la ma?ana siguiente, acordada con Borka para el amanecer... No hab?a adultos en casa, como tampoco estaba Lenka, mi hermanita que no paraba de llorar, ?lo cual me alegraba much?simo! Tras reunir los aparejos, envolver en un trapo limpio un trozo de tocino salado, la mitad de un pan negro y aromàtico horneado por mi madre, un pellizco de sal envuelto en un periîdico «Komsomîlskaya Pravda», unas patatas cocidas a?n tibias, un par de pepinos y tomates, y luego, con la sensaciîn del deber cumplido, me dejå caer sobre un camastro de tablas construido hac?a poco, sobre el cual hab?a un colchîn viejo pero a?n utilizable, cubierto con una manta gris. Me dorm?, hecho un ovillo, con el rumor de la lluvia tras la ventana. Un suave tamborileo en el cristal de la ventana me liberî de los brazos de Morfeo. Bajo la ventana estaba mi amigo Borka, que, sonriendo con su boca desdentada, dijo: —?Quå, duermes, holgazàn, eh? ?Y yo ya estoy aqu?! Agarrando al instante los aparejos y el hatillo con la comida, sal? como una bala al patio, saltå al portaequipajes de la bici de Borka y, con ruido y risas, interrumpiåndonos a gritos, nos dirigimos a por el gobio del mar Negro, apodado por la gente «làtigo» por su negrura absoluta y su cabezota enorme, ?como mi pu?o o el de Borka! Tras pescar abundante pescado, llegamos en bici a mi casa. Yo iba sentado en el portaequipajes y sujetaba bajo los brazos dos sacos no muy grandes con la captura. Junto al porche de la casa repartimos la presa a partes iguales, un saco cada uno, luego nos abrazamos, nos estrechamos las palmas de las manos y, deseàndonos buenas noches, nos despedimos con afecto. Al entrar en casa con la captura y los aparejos, vi al desvalido gris ya instalado, sentado en el alfåizar y lamiåndose la cola con aplicaciîn. De repente, la puerta de entrada se abriî de golpe y en el vano apareciî, tambaleàndose, mi padrastro, apestando fuertemente a alcohol. —?Dînde has estado, bastardo de culo negro? ?Andabas por ah? callejeando como tu madre, la puta japonesa? —He estado pescando, —respond? con voz ahogada por el miedo y la sorpresa. —Mira, he pescado, —y, desatando el saco, me puse en cuclillas... Un golpe seco con el revås de la mano apagî la luz de la cocina... Recobrå el sentido tirado en el suelo. Los peces que se hab?an salido del saco, moviendo pesadamente las branquias, me miraban con sus grandes ojos sin pesta?ear. Mi padrastro ya no estaba... Me levantå y, con paso lento y tambaleante, sal? de casa y sub? al desvàn, donde estaban las palomas. Me desplomå sobre un fardo de heno que hab?a llevado antes, me cubr? la cabeza con la vieja chaqueta acolchada de mi madre y, hecho un ovillo, empecå a hundirme ràpidamente en el sue?o... Ten?a un sue?o terrible, y ademàs muchas nàuseas... El arrullo y el ajetreo de las palomas me despertaron. El estîmago me rug?a de hambre. La cabeza me zumbaba y me daba vueltas. Pero el hambre era màs fuerte, y encima desde la cocina llegî el aroma de pescado frito en harina con cebolla... Grosella espinosa Los ?ltimos d?as no hab?a visto a mi Palma. En vano la llamaba, preguntando a los vecinos, pero nadie hab?a visto a mi gran y buen amigo. Murik era un gato independiente. Pod?a desaparecer durante mucho tiempo, vete a saber dînde. Pero Palma siempre me esperaba en casa, junto a la verja. Y cuando volv?a del jard?n de infancia, saltaba alegremente sobre m?, a menudo tiràndome al suelo sobre la hierba, derribàndome, y me lam?a la cara con su lengua larga y h?meda de un modo gracioso, obligàndome a chillar fuerte: «?Palma, dåjame!», y a estallar en una risa radiante y cristalina de ni?o feliz, que sab?a y recordaba cada d?a aquella tragedia inolvidable de los cachorritos de Palma... Ya llegî el oto?o. Delante de la casa, los arbustos de una grosella espinosa espesa y crecida se hab?an cargado lànguidamente de bayas jugosas, que ped?an a gritos que las comieran cuanto antes. En aquellos arbustos, el verano pasado, atrapå a un erizo enorme, que estornudaba de forma graciosa y se hac?a una bola, lo que me daba mucha risa. Al erizo lo soltå, porque es bueno. Luego el erizo se hizo una cama en aquellos arbustos. Lo encontrå cuando ya dorm?a bajo una manta de hojas. Y en primavera y verano el erizo se dejaba ver a menudo, y yo, agitando la mano tras ål, dec?a: «Hola, estornudito, ?quå tal?» El erizo, mostrando con diligencia sus talones rosados, desaparec?a entre la hierba espesa o los arbustos de grosella. El huerto de cerezos se vistiî con un abrigo dorado y pardo-amarillento y me miraba con tristeza desde la altura de sus a?os, cubriendo silenciosa e imperceptiblemente la alameda a lo largo de la cual se alzaba una larga fila de ciruelos negros esbeltos y generosos en cosecha. Levantando la cabeza, contemplando largamente la belleza del jard?n oto?al, me puse muy triste porque mi querido verano hab?a terminado. Luego, acercàndome a los arbustos de grosella, empecå a arrancar bayas maduras, aromàticas, un poco agridulces, y a echàrmelas a la boca a pu?ados... Y de pronto, algo muy conocido brillî en lo profundo de los arbustos de grosella. Conocido hasta el dolor... ?Quå es esto? Empecå a abrirme paso hacia una mancha brillante que se ve?a desde la tierra, cubierta por hojarasca oto?al. Al ponerme en cuclillas, distingu? una piel moteada, como la de un abrigo de pieles, pero mi madre no tiene ese abrigo. «?Y de dînde me resulta conocido esto?», penså. Agarrando con las dos manos la piel que sobresal?a, tirå de ella hacia m?... De repente, en mis manos apareciî la piel de Palma, de la que se desprendiî la cabeza de mi perra, hirviendo de gusanos, que sal?an en montîn y ca?an de la boca y los ojos de mi querida perra... Sobre mis hombros infantiles, sobre los hombros de un ni?o peque?o, aquel d?a se desplomî el cielo. Un grito de horror y dolor se me helî en el pecho, sin dejarme mover, mover las manos o siquiera parpadear. Probablemente estuve mucho tiempo de pie, paralizado, abrazado por el horror. Del estupor me sacî el fr?o, o quizà el miedo o el odio. Me sacud?a con fuerza, y las manos y las piernas se me contra?an con calambres hasta dolerme los m?sculos. Y en aquel momento pensaba en lo dif?cil, en lo doloroso que hab?a sido para Palma, asesinada por quererme. Y a m? me arrebataron a quien yo quer?a. Junto al lugar donde yac?an los cachorros, cavå como pude un hoyo poco profundo. La tierra negra, con gruesas lombrices, ced?a bien a la pala. Cavaba en silencio, con un fuerte dolor en el pecho y un arco?ris palpitante en la cabeza... Sobre la cabeza y la piel de mi perra se formî un mont?culo... Me tumbå sobre ål, me hice un ovillo, abracå mi cabeza con las manos, y un torrente incontenible de làgrimas brotî de mis ojos, corriendo en finos arroyos sobre la tierra h?meda y tibia, que cubr?a con una manta perfumada los restos de quien fue y para siempre seguirà siendo mi amigo. En el crep?sculo que avanzaba, todo manchado de tierra y hierba, entrå en casa. A la mesa estaba sentado mi padrastro, comiendo sopa, sorbiendo ruidosamente y gru?endo. Mi madre trajinaba junto a la cocina, dàndole la vuelta en la sartån chisporroteante a trozos de carne que se fre?an con verduras. Mi padrastro levantî la vista hacia m? y dijo entre risas: —?Quå, he o?do que estabas enterrando las tripas de tu perra callejera? Vaya, vaya... Y siguiî comiendo sopa, chasqueando los labios y salpicando saliva... —No es una perra callejera, es mi amiga. Es Palma, —respond? yo, bajando la vista al suelo; de mis ojos brotaron làgrimas que corr?an por mis mejillas sucias... —S?, buen amigo fuiste, si te la comiste. Estaba rica tu amiguita, ?eh? La comprensiîn de que a mi Palma la hab?an matado para darme de comer con ella me fue envolviendo lentamente en un velo gris de pena y ofensa. Dando dos pasos indecisos hacia la mesa de mi padrastro, le dije en voz baja pero firme: —?Cuando crezca, te matarå! Me recuerdo a retazos, tirado en el suelo en un charco de mi propia sangre... A nuestro vecino, el t?o Vitia Kravchenko, apartando a mi padrastro de mi cuerpo de juguete, al que ya todo le daba igual. Recuerdo la niebla y la voz de una mujer desconocida: —Pulso dåbil, pårdida de sangre, es un ni?o peque?o... «Om Yamantaka Hum Phet, Om Yamantaka Hum Phet...», o? a travås de un sue?o pesado, hundiåndome una y otra vez en un profundo pozo negro. Un gobio marino enorme me dec?a: —Eh, perrito de culo negro, otra vez andabas por ah? callejeando, como tu madre la golfa... alguien me acariciaba la cara y dec?a en un susurro: —Om yamantaka hum phet. La mano ol?a a bollos dulces y leche tibia. «?T?a Tania!», cruzî por mi cabeza. Con esfuerzo entreabr? los pàrpados, a la luz brillante del d?a soleado que se colaba a travås de las viejas cortinas descoloridas de la habitaciîn del hospital. En el borde de mi cama de hospital estaba sentada la t?a Tania, con una hermosa blusa escarlata con flores azules. La ni?era me miraba a los ojos, inclinada muy cerca de mi cara, y pronunciaba una oraciîn. —T?a Tania, me he comido a mi amiga, —dije apenas audible, moviendo con dificultad unos labios ajenos y resecos. Y torrentes de làgrimas grandes de pena volvieron a brotar de mis ojos sin pesta?ear. La ni?era tomî mi mano en silencio, besî la palma y la apretî un instante contra sus labios suaves y tibios. Y luego dijo: —Adeul, no le has hecho nada malo a tu amiga Palma. Ahora està en el cielo y te mira. Sabe que por ella aceptaste sufrimiento. Y te està inmensamente agradecida por tu amor y tu fidelidad hacia ella. —A ver, dime, si tu Palma se hubiera comido un trocito de tu cuerpo, ?te habr?as ofendido con ella? Yo, miràndola de reojo con sorpresa, contemplå a la ni?era y respond?: —?Claro que no! —?Y si Palma supiera que ese trocito de carne era de tu cuerpo, lo habr?a comido? —?Pues claro que no! T?a Tania, t? sabes que Palma es lista, no se come a los amigos... En aquel instante, la t?a Tania, con palabras sencillas, quitî de mi alma infantil el peso de una culpa desmesurada que me oprim?a por la muerte de los cachorros, por la muerte de Palma para que sirviera de comida... La ni?era encontrî las palabras màgicas para un ni?o que tan pronto hab?a conocido un dolor para el que no hab?a medicina... —Ni?era, ?es verdad que en el otro mundo podrå ver a Palma y a los cachorritos? —S?, peque?o, los veràs a todos. Y los cachorritos para entonces habràn crecido y se habràn vuelto grandes y fuertes. —?Y me reconoceràn? —?Claro que te reconoceràn! Si fuiste t? quien les puso nombre a todos. —Ni?era, ?y all? nadie les harà da?o? —?Quå dices! Claro que no, pues all? està Buda. —?Y quiån es Buda? —En cuanto te recuperes, te contarå sobre ål, seguro... La ni?era me sonriî con toda su sonrisa blanqu?sima, me dio un beso en la mejilla y, acariciàndome la barbilla, porque toda mi cabeza y mi frente estaban vendadas... —Duerme, y mientras tanto irå a prepararte algo rico... Le sonre? a la ni?era, bajando lentamente los pàrpados y hundiåndome de nuevo en un sue?o lleno de felicidad, porque Palma no està enfadada conmigo, y ahora està bien all?, porque està con sus cachorritos y Buda la protege. A?os despuås supe que la ni?era pidiî muchas veces a mi madre que me entregara para criarme. Mi madre considerî que era una mala idea. Y siempre rechazaba las repetidas tentativas de la ni?era de llevarme consigo... A pesar de todo, la ni?era siempre estaba al tanto de dînde estaba yo, quå me pasaba, con quiån estaba... Mi padre enviaba puntualmente dinero para m? a mi madre, que, como de costumbre, mi padrastro gastaba en bebida. Y mi papà enviaba por tårmino medio 100 rublos cada mes. Una barra de pan costaba 10 kopeks, un helado de frutas, 6–8 kopeks, un helado de crema en cucurucho de barquillo, 10–12 kopeks, y un vaso de gaseosa con sirope, tres kopeks... Cada mes, muchas veces, en el patio de casa se reun?an los amigotes de mi padrastro. No era raro que sus borracheras terminaran en peleas. Hombres borrachos desconocidos dorm?an directamente sobre la hierba y bajo los arbustos de grosella, hasta que ven?an a buscarlos sus esposas o parientes. A veces, alg?n borracho pod?a darme una patada en el trasero sin màs, entre la carcajada general de la compa??a ebria y las exclamaciones de aprobaciîn de mi padrastro Piotr, ya muy borracho. Del hospital, mi madre me recogiî al cabo de un par de semanas. En varios lugares de mi cabeza me hab?an puesto puntos, y el mådico prometiî quitàrmelos en una semanita, o quizà en diez d?as. Y de momento deb?a quedarme en casa y no mojar las heridas. Los derrames de sangre en la espalda, el pecho y los brazos se hab?an convertido en enormes manchas de un verde sucio... La soledad siempre me produce placer, y para m? el silencio y la quietud son màs valiosos que el ruido y el bullicio de la multitud, que llena todo a su alrededor con su charla y sus gritos. Mi amigo Borka compart?a mi opiniîn, y cuando pescàbamos juntos, en todo un d?a codo con codo, pod?amos pronunciar unas pocas frases: —?Pican? —S?. —?Y a ti? —Tambiån. —?Comemos? —Un poco màs tarde... Todo lo demàs lo hac?amos en silencio, como si hablàramos mentalmente. Subido al viejo nogal que crec?a junto a la verja de nuestra casa, me acomodå cîmodamente en una rama gruesa, colgando las piernas, y me puse a pelar pipas con gusto, observando a los escasos transe?ntes y a una jaur?a de perros locales inofensivos que deambulaban... De pronto, desde el patio vecino de enfrente se oyeron gritos e improperios. La verja se abriî de golpe, y la joven vecina Nadia, saliendo corriendo, gritî al vecino Pàvel: —?Me voy con ål de todos modos! —Nadia, querida, no te vayas con ål, tenemos dos hijos peque?os, ?piensa al menos en ellos! Nadia se detuvo, se girî bruscamente y le gritî al marido a la cara: —?Duten pule, imbåcil! ?Me voy con ål de todos modos! —Nadia, ?me ahorcarå! —?Pues cuålgate, tonto! Nadia desapareciî tras la esquina de la calle, y Pàvel se fue al cobertizo, cerrando la puerta tras de s?. Y quå serà eso de «duten pule», hay que preguntàrselo a la ni?era, ella lo sabe todo, penså... Al cabo de un rato, despuås de varias decenas de pipas ro?das, a la verja del patio de la familia moldava se acercî un vecino joven y empezî a llamar a Pàvel: —?Eh, Pasha! ??Estàs en casa?! El vecino, que creo que se llamaba Andråi, hac?a poco que hab?a vuelto del ejårcito, repitiî varias veces su intento de hacerse o?r por Pàvel y ya se dispon?a a irse, dàndose la vuelta... Entonces yo le gritå: —?T?o! Pàvel està en el cobertizo, dijo que iba a ahorcarse... Andråi, como picado por una avispa, dio un salto en el sitio, soltî un juramento diciendo: «?Y por quå callas?», y se lanzî al cobertizo. Un instante despuås saliî volando con la cara desencajada por el horror, gritando: —?Gente, ayuda! En el patio se reunieron varias decenas de hombres, mujeres y la chiquiller?a omnipresente, que correteaba por curiosidad aqu? y allà... Al t?o Pàvel lo sacaron del cobertizo entre los lamentos y quejidos de las mujeres y lo tendieron sobre las puertas del cobertizo descolgadas de sus goznes, que hab?an resultado testigos involuntarios de la agon?a mortal del t?o Pasha. A la llegada de la ambulancia y la militsia, la multitud de curiosos y compadecidos se dispersî ràpidamente, dejando el cuerpo del difunto tendido en soledad en el patio, con la verja abierta de par en par... Tras vacilar un poco, bajå de mi puesto de observaciîn, sal? a la calle y luego entrå en el patio del t?o Pàvel. Al acercarme al cuerpo del difunto, me puse en cuclillas, extend? la mano y paså los dedos por el profundo surco negro-burdeos del cuello del t?o Pàvel. La cara del t?o Pasha se hab?a vuelto de un negro violàceo, y de la boca le sobresal?a una lengua negra, hinchada y tambiån abultada, con coàgulos de sangre... Quå extra?o, ?y por quå muere el hombre...? Seguramente para estar mejor all?, como Palma y los cachorritos... Apartàndome, me sentå en el banco del porche de la casa de los moldavos, observando con curiosidad a los camilleros de batas blancas que examinaban y palpaban el cuerpo del difunto. Un poco màs allà estaba el miliciano del distrito, el t?o Begemot. Lo apodaban as? por el tama?o enorme de su barriga, como si de verdad se hubiera tragado un sol entero. El t?o Begemot dec?a algo con voz gutural y burbujeante al vecino de Pàvel, el t?o Vitia, ce?udo, el que me hab?a defendido cuando mi padrastro saltaba sobre m?, hundiendo mi cabeza en el suelo a patadas... ?De pronto, en el patio entrî corriendo la moldava Nadia! De inmediato se dejî caer de rodillas ante el cadàver de su marido y gritî fuerte: «?Pashenka, perdîname, perdîname a m?, maldita, perdîname, amado m?o...!». Y yo penså que ahora Nadia gritar?a otra vez: «Duten pule, Pasha...». Y quå serà eso de «duten pule»... Otra vez... El oto?o estaba en pleno apogeo. Casta?os, tilos y arces cubr?an los senderos del parque, compitiendo en la variedad de formas y en la cantidad de hojas que dejaban caer. El barrendero Antînych, con un bigote como el del soldado rojo Budionny en la ilustraciîn del libro que me regalî Boris cuando estuve en su casa, mascullando algo para sus adentros, barr?a acompasadamente con la escoba los senderos del parque... Luego me gui?î un ojo de forma amistosa y, metiendo la mano en el bolsillo profundo de sus pantalones, sacî de ål una piruleta con palo en forma de pez amarillo, semejante a un hermoso àmbar soleado, envuelta en un papel crujiente de caramelo. —Toma, nieto, cîmetelo, para tu salud y para la suerte... Yo no tengo ni nietos ni hijos. Mi hijo muriî. Y Dios no nos dio màs hijos, as? que paso mi vejez solo. Mi vieja muriî hace ya cinco a?os... —Gracias, abuelo, —dije, echando la cabeza hacia atràs para mirar a Antînych y viendo sus ojos azules con una làgrima grande asomando... Antînych, como Papà Noel, sonriî bajo su espeso bigote blanco y me acariciî suavemente la cabeza. Al ver mis heridas y los puntos a?n no retirados bajo el pelo corto, preguntî: —?Y esa herida de guerra, hijo? —Secreto militar, —respond? al abuelo Antînych... —Bueno, si es as?, està bien. Antînych se girî y siguiî barriendo monîtonamente la hojarasca que cubr?a densamente todo el entorno. El olor acre del humo de las hojas quemadas llenî el parque costero, azotado por los vientos marinos. El parque, que hab?a visto muchas cosas interesantes en su larga vida de silencioso guardiàn del tiempo... Vio sultanes, zares e incluso al mism?simo Alejandro Suvîrov con su ejårcito invencible. Ojalà pudiera yo vivir cien millones de billones de a?os y saberlo todo, ?todo! Bueno, absolutamente todo, lo visible y lo invisible... Mi primer libro lo le? a los cinco a?os. La t?a Tania me ense?î a leer con fluidez ya a los cuatro. Nunca fui un ni?o especialmente dotado ni especial. Simplemente, todo lo que hac?a mi ni?era lo hac?a con amor y con un cuidado en el que yo, un ni?o, me disolv?a en las palabras de la ni?era y en su mirada. Todo lo que la ni?era me daba lo memorizaba de inmediato y para mucho tiempo, ?para toda la vida! La ni?era me daba todo lo que no me daban en «casa». Y mi padrastro me odiaba por todo, y porque no le obedec?a, sino que me somet?a ciegamente por miedo, aplicando sus «måtodos de educaciîn». Todo lo que proven?a de ål, de aquella persona ajena a m?, lo rechazaba con tanta fuerza que incluso el helado que me daba en un arrebato de «bondad» lo tiraba a escondidas al pozo negro o simplemente a los arbustos... Durante aproximadamente medio a?o, Piotr casi todos los d?as, sobre todo si estaba borracho, me obligaba a estudiar la tabla de multiplicar. Cog?a el cuaderno donde en la contraportada estaba aquella maldita tabla de multiplicar y preguntaba: —?Cuànto es cinco por ocho, seis por siete, siete por dos...? De Piotr nunca esperaba nada màs que golpes. Y me atenazaba un miedo tal que en aquel instante solo pod?a pensar en el segundo exacto en que me golpear?a. Normalmente Piotr me golpeaba con el revås de la mano en la cara, a menudo rompiåndome los labios y la nariz hasta hacerlos sangrar. Y tambiån me golpeaba en la cabeza y en la nuca, diciendo: —?Puta est?pida de culo negro, piensa de una vez, maldito paleto...! Estudiando as? las matemàticas toda la noche, me dol?a terriblemente la cabeza, y a veces incluso vomitaba en pleno sue?o... Por lo que otra vez me golpeaban, de nuevo en la misma cabeza enferma y est?pida del bastardo de culo negro... No sab?a quå hacer, quå deb?a hacer, en quå era culpable, por quå me pegaban, y por quå yo era de culo negro, y dînde, dînde està mi papà, dînde estàs, papà m?o... Como siempre en oto?o, los campos y huertos del koljîs alimentaban generosamente con fresas, zanahorias, ràbanos... Los àrboles frutales apenas sosten?an en sus ramas una cosecha generosa y aromàtica de manzanas y peras. Las cerezas tempranas blancas, rojas y rosadas eran nuestra golosina favorita... Con la llegada del oto?o y la recolecciîn, a los escolares y estudiantes se les atra?a para ayudar en la vendimia, generosamente nacida bajo el sol sure?o de la costa del mar Negro, envuelta en el vaho de los aromas de los huertos y en el olor fresco, salado y yodado del mar... Los guardas nunca nos prohib?an coger toda la uva que quisiåramos de las variedades ojo de buey, Rkatsiteli, damski pàlchik dulce como la miel, lidiya, moscatel y otras, porque no hab?a manos suficientes para recoger toda aquella cosecha de generosidad de la tierra sure?a, que a menudo se pudr?a en el suelo sin llegar a recogerse... En los vi?edos y huertos åramos visitantes frecuentes, y los guardas solo nos ahuyentaban a los peque?os si nos sub?amos a los àrboles frutales sin permiso y romp?amos ramas... Por eso Borka y yo les birlàbamos de su casa una garrafa de tres litros de vino casero, y los guardas no solo nos permit?an coger manzanas y peras, sino que incluso nos ayudaban a llenar dos y tres sacos de fruta escogida o varias cestas de uva, cargàndolos en la bici y atando bien la carga con alambre de aluminio a los cuadros de nuestras bicicletas. Los sacos de manzanas normalmente los cargàbamos uno en el cuadro, otro bajo el cuadro, y el tercero, o en el manillar o en el portaequipajes de la bici... Y nosotros, resoplando, empujàbamos a pie nuestra presa, a veces hasta diez kilîmetros, aunque por todo nuestro camino hab?a carreteras asfaltadas, hasta las cuales nos ayudaban a salir los amables guardas-jardineros, ya bastante achispados por el vino de Borka... S?, vino en aquellos lugares hab?a en cada patio como para hartarse. Y un buen due?o ten?a dos o tres cisternas de transporte de leche enterradas en la tierra; precisamente en ellas se guardaba el vino. Y as? en casi cada patio de todo el extrarradio... Pero por muy sabrosas que fueran las manzanas de los huertos del koljîs, la màs melosa, la màs jugosa y la màs grande, la «naliv blanco», crec?a en el huerto personal del presidente del sovjîs, el t?o Semiîn, apodado «Gorriîn». A un gorriîn, el t?o Semiîn no se parec?a en absoluto, sino màs bien a un castor gordo y lustroso. Al t?o Semiîn incluso le sobresal?an dos dientes superiores por encima del labio inferior, recordando tanto a un roedor... Y he aqu? que una noche fuimos a hurtadillas al huerto del t?o Semiîn, llevando una peque?a bolsa de tela. Saltamos la valla, nos deslizamos junto a los invernaderos de tomates y los arbustos de grosella. Como gatitos, trepamos ràpidamente al àrbol legendario y nos quedamos quietos... En el huerto reinaba el silencio. La luna, ora ocultàndose, ora iluminando el entorno, creaba sombras caprichosas que nos asustaban un poco en la oscuridad. Borka me dijo: —T? vigila, que yo ahora cojo ràpido unas manzanas. —?Ajà!, —respond?, devorando con las dos mejillas la primera manzana que cayî en mis manos, de una dulzura tan incre?ble que hasta cerrå los ojos, como Murik al sol, de puro placer... De pronto, en el extremo màs alejado del huerto me pareciî o?r unas voces apagadas. Me quedå helado y de repente vi entre los àrboles el haz de una linterna saltando caîticamente... Del horror de que nos atraparan, olvidå escupir el trozo de manzana de la boca y, en un susurro entrecortado, dije emocionado a Borka: —?Asas, sysys, asas!!! Borka, atando la bolsa al instante, saltî del àrbol, corriî hacia la valla, la saltî y cayî entre unas ortigas espesas, màs altas que nosotros... Levantàndonos como escaldados, salimos disparados, quemàndonos, hacia el barranco y rodamos por ål dando vueltas, estallando en carcajadas... Borka, sin aliento y llorando de risa, se?alàndome con el dedo, intentaba decir: —Asass, t?o, eres un sysys, vaya... Nos revolcàbamos de risa sobre la hierba, sin prestar atenciîn siquiera a que las ortigas nos hab?an regalado fuertes quemaduras. Ard?an las manos, las piernas, las caras; en fin, todo se llenî de ampollas... Recordamos aquel caso durante mucho tiempo, incluso dåcadas despuås. Porque la infancia no envejece: la infancia siempre es feliz y soleada. Y hasta la muerte es inolvidable, construida como un arco?ris de càlidos rayos de luz que iluminan nuestra vida. La vida, donde olvidamos que mientras fluya en nosotros la sangre de nuestros padres, seguimos siendo ni?os peque?os. Y debemos recordarlo, y llevar amor a nuestras madres y padres mientras laten nuestros corazones... Fueron precisamente nuestros padres quienes recibieron nuestras almas, permitiendo que naciåramos justamente de ellos. Pues no nos mataron con un aborto. Estamos vivos. Y el universo nos dio a los padres que encajan idealmente para cada uno de nosotros... Todo lo que hicieron nuestros padres por nosotros, aunque nos parezca que no tienen razîn y son injustos con nosotros, debemos encontrar en nosotros la fuerza para aceptarlos y perdonarlos, perdonarlos con un corazîn agradecido, lleno de amor y ternura hacia ellos. Vinimos a ellos desde un amor inmenso, para hacerlos a?n mejores, y el amor no es interesado ni endeuda... No fueron los padres quienes nos eligieron: fuimos nosotros quienes llegamos a ellos por nuestra propia y buena voluntad... Amigo Al final de la semana, como siempre, decid? ir de visita a casa de Boris. Con permiso de la ni?era, saliendo antes del jard?n de infancia y llegando a casa, me puse los pantalones viejos con remiendos y un jersecito igual de viejo, a punto de deshacerse de puro gastado... Saltando de un pie a otro y silbando algo entre dientes, me dirig? a casa de Borka. Borka acababa de volver de la escuela y, sin haberse cambiado a?n, ya ayudaba a todo trapo al abuelo Maksim en el colmenar... —?Borka! ?Estoy aqu?!, —gritå a mi amigo, asomàndome por la rendija de la verja del patio, y al instante, tras decir algo a su abuelo, Boris saliî corriendo hacia m?... La verja se abriî de golpe, y la cara de Borka, encendida por la emociîn, se deshizo en una sonrisa... Nos abrazamos como si no nos hubiåramos visto en cien a?os, y entonces notå un moratîn enorme bajo el ojo de Borka... —?Vaya! ?Y esto quå es, eh? ??Borka?! —?Tonter?as!, —respondiî ål—. Me peleå con unos uzbecos... —?Vamos con el abuelo, a sacar miel! —?Borka, no me vengas con rodeos! ?Cuenta cîmo fue! —?Y quå hay que contar? ?Ål a m?! ?Yo a ål! Ål otra vez a m?, y yo a ål en el estîmago. Y ya està. Ål se cayî, y yo a casa... Mirando a los ojos a mi amigo, comprend?a que Borka callaba muchas cosas... Tambiån de adulto siguiî igual. Si hay una desgracia, jamàs le cuenta a un amigo su desgracia... ?Jamàs! Incluso discut?amos fuertemente por eso, ?hasta ofendernos! Ål siempre me responde al respecto: —Un amigo no es un cartucho, no se gasta disparando; un amigo es un alma, ?y solo hay una! Y a m? entonces me daba rabia, pues Borka se peleaba con los uzbecos y yo no estaba all?... Al acercarme al colmenar, saludå con cortes?a al abuelo Maksim. El viejo lobo de mar hab?a dedicado toda su vida al mar... Entrado en la flota como grumete, el abuelo Maksim ascendiî hasta el grado de vicealmirante de la flota. El abuelo me levantî por las axilas con sus manazas enormes, yo dir?a que manos-gr?a. Me lanzî hacia arriba y, sonriendo bajo su barba cuidadosamente recortada, dijo con voz tonante: —?Vaya, has crecido, vaya, eres fuerte, vaya, eres poderoso! Tras depositarme con cuidado sobre la hierba, nos llevî a la casita de verano a tomar tå con miel reciån extra?da de las colmenas, acompa?ado de rosquillas y peras jugosas, cuyo jugo ambarino corr?a por nuestras manos y barbillas... —?Quå rico!, —dije yo. —?Ajà!, —me secundî Borka al un?sono, entornando de placer los ojos y, tapando un poco con picard?a su ojo izquierdo morado, dijo en voz baja: —Asas... Y entonces ambos, por la risa que estallî en nosotros, inundando nuestros ojos de làgrimas de felicidad y alegr?a, agarràndonos la barriga, nos desplomamos sobre el amplio camastro del abuelo Maksim, cubierto con pieles de oveja y cabra, sobre las que al abuelo Maksim le gustaba echar una cabezada despuås de comer... Habiåndonos hartado de miel con pera, satisfechos y con sonrisas que no se borraban de nuestras caras encendidas, salimos de la casita de verano. Borka se detuvo y levantî significativamente un dedo. Nos quedamos inmîviles, miràndonos a los ojos. Y Boria, en voz baja y tono de conspirador, susurrî: —Hoy es viernes. —?Y quå?, —preguntå. —?Pues que hoy Oksanka va al ba?o! ?S?gueme! Y echamos a correr a travås del huerto, pasando junto a una decena de colmenas, a lo largo de los bancales de nabos y coles, llegamos a la valla, completamente cubierta de hiedra, ya amarillenta en muchos sitios y con manchas escarlatas. Con cuidado, a travås del follaje espeso, apartàndolo un poco con las manos, empezamos a examinar los caminos de acceso al ba?o en la parcela donde viv?a Oksanka con su abuela y su abuelo Yegor. El abuelo Yegor tambiån hab?a sido marino militar, comandante de submarino. Al retirarse, reconstruyî con sus propias manos la casa heredada de sus padres y construyî un ba?o ruso, al que a Oksanka le gustaba ir los viernes. Era una muchacha muy hermosa. Miraba a todos los chicos con altivez. Oksanka ten?a una trenza negra y gruesa como un cabo marino que le llegaba màs abajo de las rodillas. Y, seg?n dec?a Borka, Oksanka ten?a unas tetas simplemente enormes, y ål ya las hab?a observado màs de una vez precisamente los viernes... Para m?, un ni?o que a?n no ten?a siete a?os, no era comprensible la importancia del tama?o de las «tetas» en el sexo femenino, como, por cierto, tampoco ahora veo la diferencia. Lo ?nico que me entristece en la figura femenina es el extremo de la delgadez o de la obesidad. Y que estå rellenita o delgadita ya no importa, lo principal es que sea amada y honesta... Mi ni?era dec?a: cuando una persona tiene sed, mira si hay agua en la taza. Y quå taza sea, de oro o de madera, no importa en absoluto. Pero es muy importante que tanto el agua como la taza estån limpias... Y tambiån me dec?a la ni?era: el hombre siempre debe ver quå bebe, y de quå bebe. La mujer es el agua. Y ademàs el hombre debe recordar: todos los venenos se preparan a base de agua... Tras asegurarnos de que el camino al ba?o estaba libre, saltamos la valla casi sin ruido y en un abrir y cerrar de ojos nos encontramos entre unos espesos arbustos de lilas justo debajo de la ventanita del ba?o, de donde llegaba el canto de Oksanka y el sonoro chapoteo del agua que se vert?a del cubo a la palangana... La ventanita del ba?o estaba situada tan baja que, sin dificultad, como en una pantalla de televisiîn, se ve?an todos los detalles de las tetas enormes de Oksanka... Y su largo pelo negro estaba recogido en una gran palangana amarilla con agua, y Oksanka lo enjabonaba con champ? de lavanda, cuyo aroma nos hac?a cosquillas en la nariz y nos llegaba desde la ventana entreabierta... Borka, en tono de conspirador, me dio un leve codazo en el costado y susurrî en voz baja: —?Quå te parecen las tetas de Oksanka? Yo frunc? el ce?o con aire importante y respond? con aspecto de entendido: —S?-?-?, no estàn mal, las tetas... Borka soltî una risa ahogada y, tapàndose la boca con todas sus fuerzas para no gritar de risa, me dio una colleja de broma y susurrî, ahogàndose de risa: —S?, t? s? que eres un entendido en tetas, no hay quien te lo quite... A m? tambiån me dio risa la imagen de cîmo las tetas, en verdad enormes, de Oksanka se balanceaban de un lado a otro, como dos grandes esferas alargadas llenas de agua, de esas que tiràbamos desde el tejado del edificio de varios pisos... Tras quedarnos un rato màs observando las tetas oscilantes de Oksanka, aquello nos aburriî pronto y nos dirigimos al palomar, a casa de Borka... Pues las palomas son màs interesantes que las tetas de Oksanka, ?verdad... Mis palomas, y ten?a seg?n la åpoca hasta treinta parejas, viv?an en el desvàn de la casa en la que yo viv?a. Y en casa de Borka, su padre y su abuelo le hab?an construido un palomar de verdad sobre pilotes; en ål hab?a hasta un cuartito para nosotros dos. Nosotros, sentados en calor sobre un colchîn viejo, durante las lluvias torrenciales, a la luz de una làmpara, nos le?amos el uno al otro relatos sobre el mar, sobre los marinos, sus haza?as y batallas, y ambos so?àbamos con lejanas traves?as mar?timas, so?ando con grandes victorias. Con todo lo que nos rodeaba, con el mar y las personas que amaban aquel mar. Los sue?os son lo que a menudo me falta hoy, a m?, un hombre adulto que sigue siendo aquel ni?o peque?o que resuelve tareas de adulto, que han dividido la infancia de la madurez. Borka, como yo, amaba las palomas mensajeras blancas, y so?àbamos que, cuando partiåramos de traves?a, llevar?amos palomas y enviar?amos con ellas cartas a casa sobre los pa?ses y tierras en los que estuvimos, lo que vimos y aprendimos. Me entristec?a, porque no pod?a enviar palomas a mi papà, porque no så dînde està ahora mi padre... ?Dînde estàs, papà... El ma?z y el trigo los robàbamos en los campos y almacenes del koljîs. Y a veces, seg?n el viejo «esquema», simplemente cambiàbamos el grano por aguardiente casero... El abuelo no aprobaba aquel intercambio y al principio nos ri?î. Pero luego, tras pensarlo, nos llamî y dijo: —De todos modos no se os puede prohibir, robàis el grano y el ma?z, as? que mejor cambiadlo por aguardiente, pero no volvàis a robar jamàs... Y una semana despuås, el abuelo Maksim trajo ademàs varios sacos grandes de trigo... Y ahora nuestras palomas com?an hasta reventar, y para que estuvieran en forma, las hac?amos volar desde el tejado de la casa o del palomar, agitando pårtigas con trapos blancos atados... Nosotros, silbando fuerte y jalando, miràbamos las palomas blancas en el azul celeste, pasando ruidosa y emocionadamente sobre nuestras caras excitadas y radiantes de felicidad... Al d?a siguiente, Borka vino corriendo a mi casa cuando yo a?n estaba en el pa?s de Morfeo. Sacudiåndome suavemente, declarî solemnemente: —?Esta noche el abuelo Maksim y yo vamos a pescar de noche! Yo parpadeaba con ojos somnolientos y no pod?a entender quå pesca nocturna era aquella. ?Y entonces lo comprend?! —?Vaya! ?Quå suerte tienes, Borka! Borka me dio una palmadita en el hombro y dijo: —?Es suerte para los dos! ?El abuelo ordenî que te invitara obligatoriamente! Ya lo ha hablado con tu madre y tu padrastro... Yo saltå como una bala a vestirme, recogiendo las cosas desparramadas desde la v?spera, y, una vez vestidos, echamos a andar con paso animado de amigos inseparables... El abuelo Maksim a menudo me miraba pensativo y a veces dec?a: —Nieto, tu destino me recuerda al m?o... Comprendo y comparto tu pena, la de vivir sin padre... Cuando yo ten?a solo un a?ito, mi padre no volviî del mar. Y a los nueve a?os se me muriî mi madre... Fui un ni?o de la calle, robaba, hurtaba con otros huårfanos igual de hambrientos y helados, hasta que me recogiî un capitàn retirado que hab?a servido toda su vida en un dragaminas... Cucos En mi bolsa de redecilla llevaba una botella de leche, una cebolla, un manojo de eneldo aromàtico, un par de tomates gordos y carnosos, varios pepinos reciån cogidos, y en realidad robados de un huerto que pillå de paso, donde me persiguiî una t?a gorda con un rastrillo. Huyendo de ella, me rasguå los pantalones con la valla de su huerto... Extendiendo los brazos y espantando a las gaviotas gordas y perezosas, corr?a por la arena ardiente, alegràndome del sol, del mar y del viento. La camisa se me hinchaba y me golpeaba la espalda, y me parec?a que tambiån ella sab?a estar de buen humor, alegràndose de que nos hab?amos escapado al mar sin avisar a nadie. La càlida corriente del viento marino me acariciaba la cara y me alborotaba el pelo despeinado... Ay, la que me va a caer... No muy lejos, con la panza hacia el cielo, yac?a una vieja barca de madera que, a juzgar por sus costados negros y embreados, los pescadores locales hab?an estado reparando hac?a poco... Colocando mi sencilla comida bajo la barca y quitàndome de inmediato los pantalones y la camisa, me lancå a toda velocidad al encuentro de las olas espumosas del mar, que cubrieron de frescor mi cuerpo acalorado... Las olas ol?an a yodo, a algas marinas y a redes de pescador... Por el frescor repentino se me cortî un poco la respiraciîn, obligàndome a retener un instante una burbuja de aire en el pecho, y, abriendo mucho la boca, hice una inspiraciîn profunda y me sumerg? bajo el agua con los ojos abiertos... El agua estaba limpia, de un brillo esmeralda, por la gran cantidad de medusas blancas, que reflejaban un poco el sol intenso que penetraba en la espesa masa de agua y se dorm?a en la profundidad, junto al fondo marino... Nadaba con los ojos abiertos y admiraba el mar. Hasta ahora me parece que mi alma se quedî all?, en el mar... Al emerger, resoplando ruidosamente y echando hacia atràs un chorro de agua de mi mata de pelo negro con reflejos rojizos, regalo del sol generoso en calor... A lo lejos, en el mismo horizonte, en el vaho azulado, navegaban varios grandes transportes militares, y cerca, como puntos negros, se ve?an peque?as embarcaciones pesqueras que iban y ven?an en filas, entrando y saliendo del puerto... El pueblecito, situado en las laderas de las colinas, sonre?a amablemente al sol, al mar y a m?. Saludå al pueblo con la mano y sal? a la orilla. Cayendo de bruces sobre la arena caliente, crucå los brazos a la altura del pecho, arrimando bajo m? la arena que ard?a, y me quedå inmîvil, disfrutando del calor de la arena recalentada bajo el sol del mediod?a, cubriåndome de piel de gallina... Bajo la manta soleada del verano, me hund? silenciosa e imperceptiblemente en el sue?o... En ese momento, al otro lado de la barca, a juzgar por las voces, se instalaron tres t?as escandalosas que discut?an acaloradamente sobre sus hombres... A las mujeres se las pod?a distinguir por las voces y las maneras de hablar. Una hablaba con un timbre bajo, de pecho, pero muy agradable. La segunda, con una voz chillona y desagradable, como una flauta desafinada, y la tercera, con una voz normal, pero muy acentuada en la letra «O», que recordaba a un pope de iglesia que ol?a a alcohol, cuando vino a oficiar el funeral del vecino ahorcado Pàvel... —Trompeta, lo puso a parir de lo lindo, —dec?a una de las t?as. —?Pues si me ama, debe amar a mis hijos! —?Pero si no son suyos!, —objetî la otra. —?Entonces no te acuestes con ål!, —a?adiî la «pope». ?Nada de sexo con ål! Ya sabes, los hombres son como perros, como los perros de Pàvlov, siempre y en todo por reflejo: co?o, v?ctima, palo y otra vez co?o. ?Ål debe trabajar, mantener a mis hijos, satisfacer a la mujer!, —a?adiî la flauta. Y que los ni?os no sean suyos, no es asunto suyo, porque esos ni?os nacieron antes de conocerlo... —Flauta, chillando, a?adiî: —?Eres tonta, Liudka! ?El m?o, el tonto, piensa que Kolka es su hijo! Bueno, y vosotras, amigas m?as, sabåis de quiån es... —?Claro que sabemos de quiån!, —respondiî la trompeta—. ?De Serioga el taxista! —?Oh, buen perro!, —a?adiî con gusto la trompeta. —T?, Liudka, no seas tonta, mentir en beneficio de la causa està bien. Serioga, mira t?, cr?a como propio al hijo ajeno y no sabe nada. Y yo, por mi parte, de vez en cuando me dejo caer por los constructores uzbecos de paso. Vosotras, amigas m?as, ya estàis al tanto... Los hombres estàn hambrientos, son «atentos», y a m? me da gusto, y nadie lo sabe. Ellos «trabajaron» y se fueron, y la vida contin?a... —?Serioga està al lado, y Kolka està asegurado! ?As? que t?, Liudka, no le des la lata al hombre! —T? tienes tres hijos, de tres hombres distintos, ?dînde vas a encontrar ahora a semejante tonto, y ademàs con el sueldo de ingeniero jefe de nuestro puerto? Eso son unos trescientos rublos, y encima la prima, la decimotercera... —En resumen, Liudka, ch?pasela màs a menudo y con màs dulzura, para que tu boca estå ocupada en algo y no le estå dando la tabarra en vano. Mira, ademàs tienes unas tetas de diez, pues con ellas y con tu boca allànale el camino a su «corazîn», y dale de comer borsch, y prepàrale chuletas, y luego, cuando le des un hijo, ?se volverà manso...! —Ay, chicas, no me apetece parir un cuarto, me da miedo que me deje como aquellos tres gilipollas... —?No te dejarà! Este es del partido, ?nuestro comitå de distrito y el comitå regional del partido no se lo permitiràn! ?El comunismo, chicas, nos ayuda! Y entonces las tres mujeres se rieron alegremente. —?Pues ya està! ?Vamos a ba?arnos! Las risas y bromas se fueron alejando hacia el mar... Nosotros En aquellos a?os no entend? la conversaciîn de las tres mujeres, pero se me quedî grabada porque en ella hab?a palabras sobre ni?os criados por hombres ajenos. Lo que es la crianza por hombres ajenos lo experimentå en mi propia piel de sobra. ?Pero ni siquiera pod?a imaginar que el tema de las mujeres divorciadas y el sufrimiento de los ni?os se convertir?a en el tema principal, y màs a?n en un libro, en cuya escritura jamàs hab?a pensado, y nunca! Para que un libro sea vivo, hay que decir la verdad. Hay que mostrar los lados vergonzosos de nuestra sociedad, cuidadosamente tapados con palabras altisonantes y consignas sobre la maternidad, sobre la «santidad de la mujer moderna», sobre su, por as? decirlo, «divinidad». Nuestra sociedad se desmorona gracias al abierto odio a los hombres del feminismo militante, glorificado por la literatura moderna, el cine e incluso el humor, puesto sobre ra?les donde el hombre es presentado como un retrasado mental, que solo piensa en aparearse y en comer. Al hombre, como alcohîlico o marica. Y si al hombre lo muestran como cabeza de familia, como padre, es sin caràcter, completamente sometido a la voluntad de la mujer, de la esposa, de la suegra. Y ese hombre salva otra vez a una mujer feminista a cambio de una raciîn de sexo dudoso, glorificado en pel?culas y literatura, y luego en la vida, con el que se recompensa al hombre. E incluso el dinero con el que se compra el pan està por debajo de la raja genital. El volante de propaganda de las cîpulas y solo de las cîpulas es tan potente que el hombre moderno no puede pensar en otra cosa, habiåndose convertido en el principal consumidor de una fidelidad pagada, es decir, de una prostituciîn domåstica legalizada por la sociedad y el Estado. El hombre està tan desunido que, si alguien, armàndose de valor, habla de la esclavitud masculina en la sociedad, de la falta de derechos del hombre, del dolor de los ni?os y hombres que han sufrido y sufren por el odio femenino, a menudo por la actitud sàdica de las mujeres hacia el hombre y de los problemas masculinos, el hombre-esclavo adopta la postura de un ciego enloquecido que defiende la zona de confort de la mujer-esclavista-sàdica. La mujer, que hace mucho olvidî lo que es la moral, el honor, la maternidad sin publicidad, yo anhelo. La veneraciîn del marido, del padre de los hijos como primero en la familia muestra a las hijas la imagen de la actitud hacia sus futuros y actuales maridos, y al hijo, cîmo debe respetarlo y amarlo, y a su esposa, como fîrmula de una actitud ?ntegra, limpia y respetuosa hacia su mujer, hacia el ni?o, hacia el hombre. Los ni?os — jîvenes — hombres deben saber que una mujer inmoral es un ser sin espiritualidad, capaz de mentir, traicionar y enga?ar; al unir su destino a una mujer as?, el hombre conduce a la perdiciîn a s? mismo, a su linaje y, en primer lugar, a sus hijos. El hombre se convierte, en esencia, en asesino de s? mismo y de su futuro, porque de la moral, la fe y la pureza de la familia se compone, entre otras cosas, la bendiciîn de lo alto, la salud de la sociedad y la fortaleza del pa?s, obligado con todas sus fuerzas a proteger la integridad de la familia, la infancia y, por supuesto, la vejez. En la sociedad moderna, a menudo la ni?a peque?a, luego la joven y despuås la mujer, no conoce la identidad, la integridad y la castidad, porque no las conocen ni su madre, ni mucho menos sus abuelas... El modelo de moral, su penoso «yo soy madre» no se lo transmitiî su madre, es decir, la abuela, que en su tiempo «saltî» de cama en cama en las brigadas de construcciîn del Komsomol y, tras «harta de saltar», se casî de golpe, a menudo «por embarazo»... Y con frecuencia, como un cuco, le endosaba el hijo engendrado en la lujuria a un desprevenido «hombre de verdad», que aceptaba al hijo ajeno como propio solo porque la mujer le dec?a: —?Vamos a tener un hijo! Y luego se divorciaba con la fîrmula «no congeniamos», se quedaba con el ni?o, y a veces con màs de uno. Esos ni?os no entienden y no tienen la menor idea de lo que es una familia fuerte y amorosa, y quiån es un padre valiente, que cuida con esmero el hogar familiar, y una madre amorosa, atenta y, lo principal, fiel al padre y al marido, de quien depende por completo la preservaciîn y la solidez de la familia. Precisamente la madre es la guardiana del hogar, y es precisamente la madre moderna quien lo destruye con su libertinaje sexual, o màs simple, con su puter?o. En segundo lugar, la abrumadora mayor?a de los hombres ha sido criada por una «madre-yo-madre» de pacotilla en los valores del consumismo y el ego?smo, que ense?a al ni?o-joven a tomar y recibir, a utilizar a las personas para su propio beneficio y ventajas. Tal modelo de comportamiento en semejante "hombre" es el modelo de comportamiento de las divorciadas amargadas, que a travås de su hijo-ni?o-consumidor se venga del mundo entero y, por extra?o que parezca, de las ni?as-jîvenes inocentes, a las que este chico medio hombre utiliza de forma indecente y luego abandona deshonradas. ?Samsara! No hay fin para esta rueda de interminables sufrimientos y reencarnaciones de la codicia, la lujuria y la estupidez humanas. Al escribir el libro comparå las estad?sticas modernas, incluidos los datos del per?odo soviåtico, con nuestro tiempo, en cuanto al n?mero de divorcios y de ni?os criados sin padres, independientemente del sexo. Los divorcios en Rusia en el per?odo zarista eran del 1-2%, y en la Rusia actual, del 120%. En la Uniîn Soviåtica, en el per?odo desde 1960, por cada 1000 matrimonios se produc?an alrededor de 100–150 divorcios; hacia finales de los a?os ochenta, esta proporciîn aumentî a 400–500 divorcios por cada 1000 matrimonios. Por ejemplo, en la RSS de Letonia el nivel de divorcios era uno de los màs altos: por cada cien matrimonios hab?a màs de 40 divorcios, y en Riga, màs de 50. Las causas principales del divorcio en aquel per?odo eran el alcoholismo y la infidelidad conyugal, seg?n la investigaciîn de Jàrchev en 1964, un 28%. La insatisfacciîn sexual ocupaba un 17%. Tambiån la actitud fr?vola hacia el matrimonio y las obligaciones familiares. Pero tanto en aquellos tiempos como ahora, la iniciadora del divorcio en el 80% de los casos era la mujer, es decir, al menos el doble de veces que el hombre. La tragedia màs atroz de estos divorcios, y en esencia de estos ajustes de cuentas semi-bandoleros entre marido y mujer, como consecuencia: de 1965 a 1988 en la URSS se practicaban anualmente de 4,5 a 5,5 millones de abortos. No es dif?cil calcular cuàntos ni?os fueron asesinados por la ignorancia de quienes no entienden lo que es la moral: ?no menos de 130 millones de ni?os! Seg?n diversos datos, algunos diputados y figuras p?blicas afirman que la cifra real de abortos hoy es superior a la oficial. Y en el pa?s se practican aproximadamente màs de un millîn y medio de abortos al a?o. Solo en 2024 se vendieron anticonceptivos por un importe superior a 31,5 mil millones de rublos, es decir, se vendieron màs de 21 millones de envases de anticonceptivos hormonales. En 2025, de enero a mayo, ya por un importe superior a 13 mil millones de rublos, es decir, se vendieron casi 9 millones de envases de anticonceptivos hormonales, y eso en menos del primer semestre. Los datos estad?sticos oficiales de diferentes fuentes, por decirlo suavemente, falsean los indicadores reales de divorcios en el pa?s, donde la sociedad se ha ahogado en la fornicaciîn com?n y generalizada. Los hombres y mujeres modernos, jîvenes y muchachas, en los ?ltimos 50 a?os, en màs del 90% de los casos, han sido criados, como se suele decir en la sociedad, en un entorno mentiroso: en una familia incompleta. Una familia incompleta es una madre soltera, que en la mayor?a de los casos tiene un hijo sin padre. Y a la pregunta de si su madre fue feliz en la relaciîn con un hombre, casi todos los encuestados respond?an afirmativamente: ?no! Las mujeres — madres solteras, divorciadas, al enterarse de que se publicar?a mi libro, reaccionaron de forma muy agresiva ante tal hecho con la fîrmula: «Nos haces una bajeza a nosotras, las mujeres, que ya no tenemos felicidad ni amor, y por eso muchas criamos solas a los hijos. ??Y encima cuentas que no se nos debe tomar por esposas, presentàndolo como recomendaciîn?! ?Es que te has vuelto loco, cabrîn?» Y eso que solo algunas mujeres. Al publicar este libro, me topå con una oposiciîn muy seria en las editoriales, que obstaculizaba la salida de esta novela. Ni siquiera imaginaba que en el mundo editorial, al igual que en el educativo, màs del 90% de los empleados son mujeres: editoras, correctoras, maquetadoras y, naturalmente, censuras, y todo tipo de «lectores» que dan, por as? decirlo, la recomendaciîn de publicar o no este libro... Y les dirå que no la mayor?a, sino casi todas las editoriales, rechazaron la salida de la novela alegando que supuestamente es pornograf?a y una ofensa a los sentimientos y la dignidad. Y a ninguno de ellos le sorprendiî el hecho de que yo condene la fornicaciîn en general, independientemente de quiån la cometa, hombre o mujer, y que eso, precisamente, se corresponde plenamente con la Biblia, el Coràn, el Talmud y todas las tradiciones espirituales del mundo del amor y la humanidad. Una de las divorciadas agresivas me declarî que me demandar?a por ofensa a las mujeres, porque supuestamente ofend? el honor y la dignidad de la mujer. Y yo le propuse demandar a la Biblia, al Coràn, al Talmud, a la Torà o al Bhagavad Gita. Puesto que, seg?n su postura, esos libros sagrados son ilegales y llaman a expulsar a las rameras y a las esposas repudiadas de la vida de los creyentes, y yo personalmente soy muy creyente en el Alt?simo Primordial y en Sus reglas del juego. Tambiån propongo que, por v?a judicial, se la reconozca como una mujerzuela que merece como m?nimo ser expulsada de la sociedad, como un ser que deshonra a la mujer, exactamente como lo exigen los conocimientos espirituales. Llamo especialmente la atenciîn sobre el hecho de que la mujer es un estatus espiritual de guardiana no solo de la familia, sino tambiån del bien, del amor, de la fidelidad y de la pureza. ?La mujer es la base de todo el mundo f?sico, como la madre tierra! Dios creî a la mujer como un ser superior: un ser humano. ?Y sin la mujer, de las que hoy hay una minor?a insignificante, no habrà vida! Y la mujerzuela es una imitadora de la mujer, pero de ning?n modo la encarnaciîn de la espiritualidad y la pureza del principio divino. ?Acaso una mujerzuela se reconocerà alguna vez como tal? Vayan al juzgado y digan: —Hola. Soy una mujerzuela, y este tipo malvado me ha ofendido. Les pido que lo castiguen. ?Pero acaso una ramera dirà eso de s? misma? Ay. Se esconderà detràs del nombre de «Mujer», sin serlo. Y lo que tiene entre las piernas no le otorga espiritualidad ni reconocimiento, aunque siempre quiere que la valoren precisamente porque tiene esa raja genital. Much?simas gracias a las mujeres que me apoyaron en la escritura del libro y me se?alaron las sutilezas que utilizan las sodomitas y mentirosas que destruyen sus familias y las de otros con su fornicaciîn y enga?o, sumiendo en el sufrimiento a sus, a nuestros hijos. A muchas mujeres divorciadas les hice la pregunta: ?por quå un hombre debe criar a los hijos de otro, de otro hombre, dedicando su vida a un proyecto empresarial cuya autora, accionista y ?nica beneficiaria es una ramera que ha engendrado hijos de hombres anteriores? ?Y por quå al hombre en ese proyecto se le asigna el lugar y las obligaciones de un trabajador inmigrante, que trabaja a cambio del acceso al lugar sucio de una mujerzuela? Las divorciadas profesionales pasaban a los insultos con una agresividad mal disimulada. Y eso es decirlo suave, porque seg?n su opiniîn: de todo tiene la culpa el hombre y no puede ser de otra manera... herida temprana ...temprano, en la ma?ana del lunes, mi madre me despertî inusualmente pronto con las palabras: «?Es hora de levantarse!», encendiendo la luz de mi cuartito. —Mamà, ?a dînde tan temprano? A?n no son ni las cinco... Fuera apenas hab?a clareado, y preguntå a mi madre con voz somnolienta, subiåndome la manta a la cabeza: —Mamà, ?puedo un minuto màs? —Levàntate, levàntate, hay que hacer unas cosas. Me levantå a rega?adientes, me vest? despacio, echå la manta sobre la cama y encima la colcha azul, y, encogiåndome, fui al lavabo... Tras lavarme y cepillarme los dientes, entrå en la cocina... Mi madre sirviî tå en mi taza favorita de lunares rojos y blancos, con una peque?a mella en el borde para los labios... Tras beber unos sorbos de tå aromàtico y mordisquear una rosquilla, mirå a mi madre con aire interrogante... Mi madre bajî la vista al suelo y dijo: —No preguntes nada, es necesario... Sin llevarme nada de mis cosas, salimos de casa... Con un dolor como de cachorro miraba el jard?n, recordando al erizo, a Palma, a los cachorritos que se durmieron junto a la piel y la cabeza de Palma, los escarabajos verdes del àrbol, el cerezo en el que me gustaba estar sentado horas, observando todo a mi alrededor, y mis palomas... Caminàbamos en el amanecer, envueltos en una niebla ligera, por la calle dormida, con los tejados y las vallas mojados por el roc?o, y con gotas de roc?o colgadas como cuentas de nàcar en las telara?as tendidas sobre los arbustos de lilas, con el follaje igual de h?medo... —Caminàbamos hacia alg?n lugar de tristeza, ?bamos hacia all?, de donde emanaba dolor y soledad... —?Mamà, tengo miedo! —Mamà, ?a dînde vamos? —Todo irà bien, hijo, ?all? estaràs bien! —?Dînde es «all?», mamà? —?Lo veràs pronto t? mismo! —Mamà, no quiero, ?me da miedo!, —no me callaba. —No màs miedo que a m?, —mascullî mi madre y se interrumpiî, volviendo la cara hacia un lado... Llegamos a un edificio de cuatro pisos de ladrillo rojo. En las ventanas de aquella casa, en el primer y segundo piso, hab?a rejas, como en una prisiîn, de una ilustraciîn del libro «El conde de Montecristo». Subimos por una escalinata alta de hormigîn y entramos en un pasillo largo y resonante. A nuestro encuentro saliî un hombre cojo que susurrî algo ininteligible a mi madre, tomando de sus manos unos papeles; resultî que eran mis documentos... Mi madre me llevî hasta aquel cojo y dijo: —Este es Mijal Mijàlich, es educador de este hogar-internado infantil. Ahora viviràs y estudiaràs aqu?. Te irà... Sin dejar que mi madre terminara, le agarrå la mano con las dos manos y gritå: —?N-o-o-o! —?Mamà! —Le agarrå la mano con las dos manos y, como un cachorro fiel, la miraba a los ojos y, con todas mis fuerzas, gritaba: —?Mamà, no! ?Mamà, harå todo lo que digas, lo que sea, mamà, cualquier trabajo, lo que digas! ?Por favor, mamà, no me entregues! ?Me da mucho miedo, mamà! Las làgrimas me inundaron la cara con tal fuerza que no ve?a nada a mi alrededor, y solo el horror estaba en mis ojos... Me entregaban como a un perro, me hab?an tirado, no le hac?a falta a nadie... —me golpeaba como un eco en la cabeza. Era un cachorro al que entierran vivo en la tierra con lombrices gordas... Este episodio me ocurrirà màs tarde, y por ahora estaba tumbado en la arena caliente, junto al borde salado del agua, que susurraba con los guijarros marinos y las conchas del juguetîn oleaje... Gracias al sol sure?o, el bronceado de mi cuerpo sol?a durar casi hasta la primavera. Y luego me pon?a blanco como la nata, —me dec?a Borka. El mar era para m? el lugar donde mis làgrimas se lavaban con una ola igual de salada, la pena y la tristeza se las llevaba la brisa marina, y las gaviotas me escuchaban cuando compart?a con ellas lo màs secreto, lo màs ?ntimo, todo lo que atormentaba mi alma infantil herida... —Papà, ?dînde estàs, papà m?o? —?Te quiero tanto! ?Papà, cuànto te necesito!, —y gritaba hacia el horizonte con todas mis fuerzas, hasta dolerme la garganta: —?Papà...! Y me parec?a o?r: —Aguanta, hijo, pronto, pronto nos veremos sin falta, ?hijo m?o! Yo sab?a, siempre supe que mi papà es el mejor papà del mundo, el màs fuerte de todos. Papà me encontrarà sin falta y, levantàndome en brazos, me abrazarà y dirà: —?Hola, hijo! La persona que ama de verdad nunca està sola, porque cree, ama y espera. Hay muchos de ellos A la reuniîn conmigo vino una de las llamadas «gur?s» modernas de internet o, como las llaman ahora, «coaches», que ense?an a chicas y mujeres a ser felices, a tener åxito y a encontrar marido, amàndose en primer lugar a s? mismas. He aqu? que, sentada en la casa de tå del Nuevo Arbat, ante m? se acomodî una mujer agradable de unos 40 a?os. Tras valorar mi «pinta», deteniendo un instante la mirada en mi reloj, examinando atentamente el esmero de mi manicura, mirî como sin querer debajo de la mesa, a mis «Testoni». Acomodàndose coquetamente su melena casta?a con ambas manos, tomî el men? de manos de una amable camarera que esperaba la decisiîn de la clienta para el pedido. Tras pedir tå verde y un pastel de miel, enseguida empezî a hacer preguntas insinuantes... El caso es que yo hab?a invitado a aquella mujer-coach con el pretexto de que mi hermana, divorciada hac?a dos a?os, necesitaba una consulta, y me hab?a pedido, por as? decirlo, sondear el terreno sobre las condiciones y el precio no por telåfono, sino en persona. El nombre de la coach ha sido cambiado para no incomodar al lector con un bochorno, y tampoco tengo deseos de hacer publicidad al «negocio» de nadie, que en esencia es una estafa de la confianza. —Tamara, d?game, ?es posible que una mujer con dos hijos encuentre a un hombre capaz de amar no solo a ella, sino tambiån a sus hijos?, —preguntå. Tamara, sin dudar, respondiî de inmediato: —?Claro que s?!, —con seguridad en la voz y una sinceridad y un optimismo no fingidos... —Y hacerlo es bastante sencillo. Es importante aceptarse a una misma, dejar de humillarse ante el hombre y, como objetivo de la vida, poner en primer lugar la carrera y la autorrealizaciîn. Porque el hombre ama a las mujeres fuertes y con metas, no a las tontitas con delantal en la cocina, que aburren ràpido al hombre. La chica autosuficiente siempre tiene su mitad espejo... Me habr?a gustado decirle que chica lo fue hace unos 30 a?os, pero me callå y solo sonre?, como asintiendo a lo dicho por Tamara. Retrocediendo un poco, dirå que sobre aquella encantadora «t?a de negocios» yo hab?a indagado algunas cosas, enteràndome de una serie de detalles picantes de los que mi «interlocutora» ni siquiera sospechaba. Tamara soltî un discurso de media hora sobre el programa elaborado personalmente por ella, que hab?a logrado ayudar a un enorme n?mero de mujeres abandonadas por canallas a los que no se puede llamar hombres, y a los que no cabe llamar de otra forma que maricas. Tamara no se cortaba en las expresiones y usaba ep?tetos contra los hombres, sin prestar ninguna atenciîn al hecho de que en ese momento estaba hablando con un hombre... Antes de la reuniîn con Tamara, yo hab?a estado mirando pàginas en internet con v?deos en los que ense?aba a sus seguidoras, donde los tacos y las groser?as son la norma. Lo terrible no es el taco, ni siquiera su comportamiento; lo terrible es que al fondo juegan ni?os peque?os, ?y aquella gur? de pacotilla, «yo soy madre», tiene cuatro! Tras escucharla al l?mite de la paciencia, pero fingiendo que estaba completamente de acuerdo con ella, y en contra de su «enfoque», le hice una pregunta que le pareciî absolutamente inoportuna. —Tamara, d?game, ?y por quå usted no està casada? Sobre la mesa se instalî una pausa incîmoda... Desde el fondo de la casa de tå del Nuevo Arbat, desde alg?n lugar de la oscuridad del techo, flu?a deep house, cuyo ritmo marcaban los tambores, y el vocalista cantaba de forma llamativa: «My love — my love...» Tamara comenzaba su carrera a los 20 a?os en los bares de karaoke de la capital, haciendo de acompa?ante de clientes bebidos. Paralelamente, un viejo de 68 a?os la manten?a, follàndosela por el culo los viernes en el centro de comercio internacional de Mosc?, en el malecîn de Krasnopråsnenskaya. Luego, chicos «calientes» de Daguestàn y Chechenia la usaron por turnos, pasàndosela unos a otros, como un testigo, por amistad. Tipo: «Yo me la follå, hermano, ahora prueba t?...» Tamara no pocas veces prestaba servicios ?ntimos a extranjeros, sin despreciar a los trabajadores inmigrantes de Moldavia, como hac?a en Minsk antes de llegar a Mosc?. A uno de los clientes inmigrantes incluso lo llevî a casa de sus padres, en la regiîn de V?tebsk... Luego se enamorî de ella un kazajo, que no sab?a ni sospechaba que Tamara era una prostituta profesional. Tras dos a?os de vida en com?n con el kazajo naciî un ni?o, y al a?o y medio Tamara lo abandonî, declarando que ål la hab?a violado... El kazajo estuvo medio a?o bajo investigaciîn, y por falta de pruebas se cerrî el caso. El kazajo se fue a Almaty y no volviî màs. A su segundo hijo lo tuvo de un kirgu?s, y el kirgu?s la dejî al octavo mes de embarazo. Al tercer hijo lo tuvo de un jud?o, y aquel tampoco soportî tanta felicidad y amor, abandonando a Tamara al såptimo mes de embarazo. Al cuarto ni?o lo tuvo de un ruso, que tambiån dejî a Tamara, sin esperar al nacimiento del peque?o. Tras la pausa incîmoda, Tamara cambiî bruscamente de retîrica, dejando al descubierto su verdadera esencia: la de una persona c?nica y sin principios, para la que el hombre es un recurso y una màquina para satisfacer la lujuria... A?adiendo que comprende a las lesbianas, porque los hombres simplemente han degenerado: no existen. —Y sus hijos, Tamara, los varones, ?son hombres? Tamara se levantî de la mesa, miràndome a los ojos y mascullando entre dientes: —Eres un cabrîn... Y yo penså, sonriendo: menos mal que no me ha lanzado el plato... Mirando a travås del escaparate el aparcamiento junto a la casa de tå y siguiendo con la vista a Tamara, que marcaba sus pasos hacia su Toyota RAV-4 con el parachoques rayado, penså con amarga compasiîn cuàntas mujeres a?n mutilaràn las almas de peque?os indefensos, cuyos destinos estàn en manos de semejantes madres de pacotilla y coaches... ?Quå infancia y quå educaciîn puede dar a sus hijos una «yo-madre» tan perdida, que odia a los hombres, vengàndose de ellos por todos sus fracasos, derramando su rabia y su odio sobre un hijo o una hija parecidos a su padre: kazajo, kirgu?s, jud?o, ruso... En algo estarå de acuerdo con Tamara: los hombres de verdad se han vuelto escasos. El que llega a la familia de una divorciada con hijos no tiene relaciîn con un hombre, porque, en esencia, ese individuo con una psique enferma padece el complejo de «Edipo». Pues a semejante hombre no le hace falta una esposa, sino una madre, y ademàs le hace falta una ramera que sea la copia exacta de su «esencia»... La divorciada con un hijo o hijos es, aunque incompleta, una familia, y una familia ajena... Por fuera, en apariencia, es un hombre adulto. Pero llamar sensato al comportamiento de semejante «ciervo» es extremadamente dif?cil. Alguien ha dicho que la base de la vida es el amor. En nuestro tiempo de matriarcado militante, la manifestaciîn del amor y su confirmaciîn hacia la mujer es el beneficio material. Pero si no puedes confirmar tu solvencia, eres un perdedor, un fracasado, y las mujeres te han ofendido, y por eso no te dan... No recuerdo quiån dijo que la esposa ideal es aquella que, sabiendo que su marido no tiene razîn, a pesar de todo le dice: —Amor m?o, eres m?o, estoy completamente de acuerdo contigo, ?quå har?a yo sin ti? ?Eres tan listo! Tal esposa conquista a su marido con su arma dada por Dios: ?la mansedumbre y la sumisiîn! Y ella, con su amor, harà de su marido un «volante», y ademàs todo marido lo necesita. El marido, comprendiendo que no ten?a razîn, y aunque lo comprenda màs tarde, la prîxima vez, antes de hacer algo, lo pensarà mil veces. Y la esposa, a sus ojos, crecerà hasta el cielo. La esposa es la primera de Dios, ?y la segunda, del diablo! La mayor?a de las individuas hombrunas no tienen una cualidad como la mansedumbre y la sumisiîn ante el hombre. Ellas, como una jaur?a de perras rabiosas, se lanzan sobre el hombre, y a ål le toca defenderse a palos. Basta con «mirar mal» en su direcciîn en nuestra sociedad moderna... Quizà por eso en la escena musical moderna hay tal cantidad de «pedig?e?os de vagina» de voz dulce y amanerada, que gimen sobre el amor, con la insinuaciîn obligatoria: —Te voy a follar, te follå, pero te fuiste con otro, o quer?a follarte, pero lo hizo otro, ?perdîname que no lleguå a tiempo! ?Pues todo es por ti! Vuelve, amor m?o, te perdonarå todas las infidelidades, porque sufro. Me duele... ?Puaj! ?Hasta o?r algo as? de hombres da asco! Stripper Por el tipo de mi actividad, a mis socios extranjeros, socios de Europa y de pa?ses de Amårica Latina, incluidos los muchachos del vecino Kazajistàn, a menudo me toca llevarlos por los clubes de Mosc?, restaurantes, clubes de karaoke y con frecuencia a clubes de striptease tipo «Penthouse» en el Arbat. Al visitar tales locales, combino el entretenimiento de mis invitados con la recopilaciîn de material para el libro... En esos antros la concentraciîn de mujeres divorciadas solitarias es màxima. A veces me confunden con un reciån llegado o un extranjero, a pesar de que no pocas veces estoy de «invitado» y me recuerdan muchos guardias de seguridad de los clubes, el personal, los aparcacoches, el control de acceso y, naturalmente, los due?os de esos burdeles que relajan a mis socios despuås de un trato exitoso, de unas negociaciones, y que simplemente se desmadran a tope en un pa?s ajeno pero tan hospitalario, con servicios sexuales baratos de las nocturnas sacerdotisas del amor. Que se entregan «todas por amor», y el dinero, el tontito querido, «lo regalî»... En fin, no lo chupî, se lo regalaron, como en la cancioncilla del mismo nombre... El viernes, el depîsito de una mesa en la zona vip con una fuente de frutas, bayas y varias botellas de champàn rondaba por tårmino medio entre 150.000 y 200.000, y en algunos sitios 350.000 no era ninguna sorpresa... Màs allà, depende de las preferencias y del bolsillo con pasta... Sin contar las «propinas» a los guardias, camareras, aparcacoches, azafatas, camareros y gerentes, tras una ronda por los antros nocturnos moscovitas, una compa??a de cinco o seis personas gasta fàcilmente el sueldo de un maestro de cuatro o cinco a?os, y es la verdad... No pocas veces, en nuestro grupo se desmadran funcionarios del aparato central y del legislativo; quå le vamos a hacer. Ese p?blico «sabe divertirse», pero lo hace con prudencia, sin armar jaleo y sin atraer demasiada atenciîn... Bueno, se supo, el personal cuchicheî, y nada. Con eso no se sorprende a nadie, como tampoco se sorprende a Rubliovka con un Maybach o un Ferrari. —?Hola, guapo!, —arrullî una llamativa morena con el pecho desnudo. De ropa, su cuerpo solo lo cubr?a una faldita corta, màs parecida a un taparrabos, que le tapaba el pubis, con braguitas transparentes. Sentada en el apoyabrazos del blando sofà de cuero, apoyàndose en ligera inclinaciîn con la mano izquierda en la curva del respaldo del sofà donde estaba sentada nuestra compa??a de varios hombres, nuestra mesa se desbordaba de todo tipo de botellas de whisky y ron cubano, que a m? siempre me gustî desde aquella vez que lo probå por primera vez en Cuba. En cubos con hielo hab?a botellas de vino y champàn, y sobre la mesa, en el centro, se alzaba una gran piràmide con todo tipo de frutos del mar, entre los cuales hab?a un par de docenas de ostras fresqu?simas «fine de claire»... Valera Tsoi, mi viejo amigo, encend?a un narguile de pi?a con cazoleta de hielo, y al lado el preparador del narguile daba la vuelta a los carbones con unas pinzas. A lo que Valerka asent?a con aprobaciîn, soltando nubes de humo aromàtico que envolv?a agradablemente nuestra mesa... El pecho desnudo de la hermosa morena se balanceî de forma efectista, acercàndose a mi cara, cuando su due?a se inclinî por el cigarrillo que le ofrec?a nuestro amable socio de Colombia, Fernando. Sonre? involuntariamente y dije a la due?a de tan lujoso busto, ronroneando en tono de broma gatuno: —Se?ora, usted me despierta el apetito por los productos làcteos. La morena se riî con sinceridad, mostrando una hilera de carillas perfectamente colocadas que hac?an su rostro, ya de por s? hermoso, radiante y atractivo... ?Cîmo puede resistir un hombre que no conoce las consecuencias que traerà consigo semejante «mujer maravillosa», a ål y a sus hijos?, penså. —?Cîmo te llamas, hechicera? —?Angålica!, —respondiî la morena, balanceando de nuevo su hermoso busto. —Tienes un nombre precioso, Àngel. —?Gracias! —?Quå debo hacer por ti para disfrutar de la belleza de tu cuerpo celestial? —Desp?deme por un d?a... —Son solo 200 de los grandes, —respondiî Angålica, jugueteando con un rizo en el dedo, con aire de àngel parpadeante que mira al techo... —No escatimaremos en el precio, —intervino en el diàlogo Valerka. —Nos vendr?a bien beber todo el d?a y follar hasta la noche... Y a?adiî: —?Y a dînde vamos, a nuestro hotel o a tu casa? Angålica mirî la pinta y el reloj de Tsoi, evaluàndolo de arriba abajo, como escaneàndolo, y, tras convencerse con su instinto de que Valerka era solvente, respondiî lànguidamente: —Chicos, si sois los dos a la vez, ?yo encantada! Me encanta a la vez en la boquita y en el culito, y a vosotros dos os va a gustar much?simo... Los asiàticos, no los borrachos de aqu?, follan estupendamente, no ofenden y siempre son generosos. As? que, vamos a vuestro sitio, chicos. En mi casa estàn mis hijos y mi madre. Y eso s?, ?me debåis una propina para la chica!, —y Angålica volviî a re?r con su sonrisa seductora. —?Y el marido dînde està? ?Trabajando?, —preguntå en broma. Angålica, sin turbarse lo màs m?nimo, sin dejar de re?rse con belleza, respondiî: —S?, en la mina, picando carbîn... Chicos, no tengo hombre, crio a dos sola. —?Y cîmo es eso?, —preguntî Tsoi con sinceridad no fingida. —Pues as?, no congeniamos en el caràcter... Y Tsoi preguntî: —Y si yo te contratara para trabajar, por ejemplo, como asistente, con un sueldo de 150 de los grandes, ?aceptar?as? Angålica se agarrî los dos pechos con las manos, lanzàndolos alternativamente hacia arriba, y respondiî: —Mis ni?as dan cada una unos 500 de los grandes al mes. Y lo principal: con gusto y sin gran esfuerzo. ?Verdad, ni?as?, —y levantando ambos pechos hacia sus labios, los besî en los pezones, atrapàndolos con los labios y chupàndolos un poco... Tsoi estallî en carcajadas, y Fernando, con los ojos desorbitados, sosteniendo en una mano un vaso bajo con whisky y en la otra un puro, expulsî con esfuerzo: «Dulses...» En ese momento, a nuestra mesa se acercî el camello del club. Intercambiamos saludos de forma amistosa, conociåndonos desde hac?a ya màs de un a?o de otros clubes nocturnos, preguntàndonos con frases de cortes?a del tipo cîmo va el negocio, cîmo estàn los ni?os y por quå has venido tan pocas veces. Te has vuelto un cre?do, y cosas por el estilo... Luego me susurrî al o?do: —?T? quå tal? —Todo igual, bro, estoy resfriado y le temo al fr?o, —respond?. El camello soltî una carcajada: —Eres duro de pelar. Tengo una «nieve» simplemente cristalina. Yo respond? con una sonrisa: —Ya sabes, bro, que yo no acepto eso, amigo m?o. Mira, Fernando està en el tema, ål a?ora su tierra... Los dos miramos interrogantes al colombiano. Ål nos mirî con sonrisa de pirata, sosteniendo entre los dientes apretados un puro grueso y humeante... Re?mos involuntariamente, y yo le hice una se?a con la mano. Tras explicarle «quå y a dînde», el colombiano se animî al instante con las palabras, y Fernando y el camello se fueron al ba?o, llevàndose consigo a la tetona Angålica. En ese momento, las azafatas y todas las camareras en topless salieron a la pasarela del striptease, mostrando sus cuerpos esbeltos y formas seductoras, balanceàndose al compàs de una pieza musical de estilo jazz-rock, acompa?ada por un apenas audible y acompasado golpeteo de los alt?simos tacones de aguja y plataformas sobre las piernas desnudas de las sacerdotisas capitalinas del «amor». «Despedir» a una stripper o camarera por una noche, un d?a, una hora o incluso 15 minutos es pagar el alquiler por el uso del cuerpo de la «despedida», que despuås volverà a trabajar a ese club. Tras despedir a tres strippers, nos dirigimos en ruidosa compa??a al karaoke «Gelsomino» de Petrovka en una caravana de ocho coches, ya que cada miembro de nuestro grupo ten?a coche personal con conductor, y alguno iba acompa?ado de coches con escolta... Fernando y el camello se subieron al coche de Tsoi, y yo, Tsoi y Angålica fuimos en mi coche. Despuås de varias rayas de nieve, Angålica se transformî. En sus ojos apareciî el brillo, y en su cuerpo, la gracia; yo dir?a que la elegancia. Tsoi la abrazî, y ella miraba con deseo a ambos, dispuesta en ese mismo instante a desnudar su impresionante pecho, pegàndose a la bragueta de cualquiera de nosotros, o incluso a los dos a la vez... Nos re?amos, comprendiendo quå era quå. En ese momento sonî el telåfono. El gerente del karaoke preguntaba cuàndo llegar?amos y cuàntos åramos exactamente... Por el camino, Angålica contî que su verdadero nombre era Rimma. Era de Kiev, vino a estudiar a la facultad de idiomas de la capital, pero se quedî embarazada de un armenio y se casî de urgencia con un jud?o de Bak?, usando su belleza. El judiecito Liova le hizo otro hijo, creyendo que el primer hijo tambiån era suyo, y menos mal que el propio Liova era de apariencia caucàsica. Liova, seg?n Angålica-Rimma, era insoportable y exig?a demasiado de su tiempo, que le dedicara a ål y a los ni?os. Pero ella quiere vivir, ir de fiesta y recibir atenciîn masculina. Cîmo va a desperdiciarse semejante belleza, no demandada en una jaula de oro, dec?a riendo Angålica. Ademàs del club de striptease, Rimma trabaja extra en una escuela privada como profesora particular de francås y alemàn. De vez en cuando, chupàndosela al director de la escuela, se las apa?a para follarse tres veces por semana a dos diputados, que se soportan mutuamente con mucha dificultad. Pero ellos, dos tontos, no saben que Rimma se la chupa a cada uno por turno, seg?n un horario: a uno se la chupa los d?as impares, y al otro, los pares. ?Y al director de la escuela se la chupa los fines de semana! As?, Rimma gana aparte del club de striptease, por tårmino medio, un par de millones al mes de forma estable... ?Una belleza como yo no puede ser pobre!, —y se riî a carcajadas con su sonrisa impecable. Mirando a Rimma-Àngela, comprend?a que a un hombre le es casi imposible resistirse a ella. Hasta me estremec? al pensar que semejante «semilla infernal» pudiera aparecer en el camino vital de mis hijos... ...Tres mujeres jîvenes, tras chapotear a gusto en el mar, regresaban a la barca volcada, hablando animadamente por el camino y escurriåndose el pelo mojado con las manos. Se fijaron en m?, que dormitaba plàcidamente bajo el ardiente sol marino. La trompeta, con su voz grave, me dijo que me acercara a mi «yacija»: —?Es que, pedazo de mierda, estàs escuchando nuestras conversaciones? ?A ver, quå dices, eh? ?Aqu? tampoco hay paz!, —chillî la flauta. —?Venga, làrgate de aqu?, mocoso!, —y la trompeta intentî pellizcarme en el brazo... Yo me las ingeniå, agarrå mi bolsa con las cosas y sal? huyendo de las t?as malvadas. Tras alejarme a una distancia prudente, paså al paso, casi a la altura de dos hombres muy delgados que jugaban a las cartas, instalados sobre una vieja manta descolorida, que hab?a perdido su color original y parec?a una mancha sin forma sobre la arena... El màs joven girî hacia m? su cara, parecida a una calavera cubierta de piel amarillenta, con los ojos hundidos, como dos agujeros que me miraban. Con la boca desdentada, en la que asomaba un ?nico diente de oro, la calavera mascullî con voz ronca en mi direcciîn: —Opa-pa, yuki puki, sangre del hampa, ?por el cåsped no se corre y no se hacen trucos! Peque?o, ?de dînde sales tan negro, como bet?n del compadre? Intentando pasar màs ràpido, fingiendo que no o?a, enseguida o? que el segundo, el mayor, dec?a: —Eh, uzbeco, ven a jugar a las cartas. —?No soy uzbeco! —?Y entonces quå eres? —Japonås, —respond? a los t?os. —?Japonås, indio de culo negro!, —mascullî el caracalavera, y ambos soltaron una carcajada, se?alàndome con el dedo. ?Echå a correr con todas mis fuerzas, lejos! Metiåndome en una grieta entre las rocas, densamente cubiertas de hierba verde y jugosa, saquå de la bolsa un tomate y, sollozando de rabia, clavå los dientes en la pulpa dulzona y firme, cuyo jugo corriî por mis rodillas desnudas, colgando sobre el precipicio... En la bruma del horizonte se disolvieron los barcos que hab?an salido del puerto, saludàndose unos a otros con sirenas de distintos tonos... Las gaviotas se lanzaban ruidosamente al agua tras los pececillos plateados, que centelleaban desesperados en los picos de aquellas cazadoras voraces y desaparec?an al instante para siempre... Una de las gaviotas se quedî suspendida ante m? a un metro, examinàndome con sus ojillos negros como carbones, moviendo las alas y la cola sobre el lomo de la càlida corriente de aire que ascend?a desde la arena recalentada por el sol... La gaviota se inclinî sobre el ala derecha y me gritî fuerte a modo de despedida: —?Kji-kji-kji! ?Y por quå yo no soy un pàjaro, eh, papà? Ýòîò îòâåò ñãåíåðèðîâàí AI, òîëüêî äëÿ ñïðàâêè. 20 inviernos despuås — T?a Tania, ?y yo tendrå novia? — Si t? quieres, seguro que la tendràs. — ?Bonita? — Y tambiån serà bonita — sonriî la ni?era. — ?Y dînde debo buscarla, eh, ni?era? — A la esposa, mi leoncito, se la busca en el corazîn. — ?Y cîmo es eso? — preguntå, tocàndome con las manos mi pecho delgado. — Bueno, està bien. Cierra los ojos y piensa: ?a quiån deseas mucho ver? Cerrå los ojos con fuerza y al instante dije: — ?A papà! La ni?era me mirî con ternura y preguntî: — ?Y cîmo lo supiste? Volv? a cerrar los ojos y respond?: — Es verdad, el corazîn lo dijo… — susurrå sonriendo. La ni?era se sentî a mi lado y dijo: — Porque tu papà siempre està cerca. ?T?, hijito, eres su sangre! Y ål te quiere much?simo, incluso màs que a su propia vida. Me quedå pensativo y dije: — No, no quiero que papà entregue su vida, mejor que yo entregue la m?a por papà. — Ni?era, ?por quå dicen que mi papà me abandonî? Eso no es verdad, ?verdad? — ?Claro que no es verdad! ?Papà simplemente no pudo haberte abandonado! Y yo lo så, hijito — dijo la ni?era, abrazàndome con ternura y apretando mi cabeza rapada contra su pecho… Mirå a los ojos de la ni?era y dije: — ?Ni?era, yo sab?a que papà no me hab?a abandonado! Porque mi papà es el mejor papà del mundo… — Ni?era, ?y dînde està ahora mi papà? — Ahora està en el extranjero, muy lejos. Me pidiî que te dijera en secreto que cuando regrese, te lo contarà todo ål mismo. — ?De verdad, ni?era? — ?Pues claro que de verdad, hijito! Cuando cumpl? màs de veinte a?os, encontrå a papà en la ciudad de Tashkent, en el microdistrito Vodniki. Estuve mucho tiempo de pie ante la puerta del apartamento de mi padre, en la planta baja de un edificio de paneles, oyendo detràs de la puerta una voz femenina y la voz infantil de un adolescente. Sin atreverme a pulsar el timbre, segu? all? de pie un rato, mirando fijamente el n?mero del apartamento. Personas desconocidas entraban en el portal, otras bajaban por las escaleras miràndome con recelo, y yo segu?a de pie en silencio, bajo los golpes de locomotora de mi corazîn. Cuàntos a?os hab?a esperado, cuànto tiempo hab?a llevado en mi corazîn esta esperanza: ver y abrazar a mi padre… Dos d?as de viaje Mosc? — Tashkent, no peguå ojo y, de pie en la plataforma del vagîn, fumaba, fumaba y fumaba… Y en mi cabeza daba vueltas el ansiado encuentro con la persona màs querida del mundo: ?mi papà! El encuentro que hab?a esperado toda mi vida, cada d?a. Con un esfuerzo de voluntad incre?ble, comprendiendo que no hab?a camino de vuelta, levantå mi mano de hormigîn y pulså el botîn… Detràs de la puerta se oyeron pasos. — Quådate sentado, yo abro… La puerta se abriî. En el umbral estaba una mujer amable, quizà incluso bella mestiza, en algo parecida a m?. Detràs, asomando por el borde de una falda larga de colores, se asomaba un ni?o de unos cinco a?os, miràndome con curiosidad con sus ojos almendrados ligeramente rasgados y de largas pesta?as. Con un esfuerzo de voluntad le dije: — ?Hola! — Hola — respondiî la mestiza. — ?A quiån busca? — Llame, por favor, a mi papà. A la mestiza se le abrieron los ojos como platos. Entornî la puerta y dijo con voz descontenta: — Yuri, es para ti. ?Quiån es? ?Dice que eres su padre! Padre apareciî en el umbral. Ante m? hab?a un hombre de rostro cansado y cabello canoso, corto y de aspecto àspero, igual que el m?o. La nariz recta y la mand?bula inferior firme hablaban del caràcter dif?cil de ese hombre de voluntad, de mirada dura de ojos marrones rasgados. — ?Hola, papà! Padre, estrechàndome la mano desconcertado, luego, cerrando la puerta tras de s? y pateando torpemente en el sitio, dijo: — Sab?a que me encontrar?as. Y a?adiî: — Vamos a casa. Entramos en el apartamento. Padre me sentî a la mesa y se puso ål mismo a cortar lonchas de carne fr?a, dejando en la mesa la vajilla, panes planos, preparî una ensalada de tomates con cebolla roja y pimiento rojo picante, ali?àndola con aceite aromàtico y especias… Padre, en el otro extremo de la mesa, observaba en silencio cîmo yo, con apetito animal, me abalanzaba con avidez sobre la comida. Aquella simple ensalada de tomates, preparada por las manos de mi propio padre, quedî para toda la vida como el plato màs sabroso, con el que hasta hoy no se compara ninguna comida en medio siglo de mi vida. Y dondequiera que estå, en cualquier pa?s o tierra, siempre recuerdo aquel inolvidable encuentro con una persona a la que nunca màs volv? a ver: una persona a la que amo sinceramente. Y pase lo que pase, siempre recuerdo las palabras de mi ni?era: — Papà no te abandonî, ?siempre està contigo y en tu corazîn! Aquel d?a solo de tomates com? en la ensalada, probablemente, no menos de 3 kilogramos. Mientras com?a, entraron en el apartamento varias personas: hombres de aspecto sombr?o. Entre ellos destacaba un hombre de estatura superior a la media, de apariencia parecida a mi padre. Se acercî a m?, tendiåndome la mano con una sonrisa, y dijo: — ?Bueno, hola, sobrino! — Hola — dije algo desconcertado, levantàndome de la silla. Padre, acercàndose, dijo: — Hijo, te presento: este es tu t?o — ?Valera! Durante aproximadamente media hora, el t?o Valera me preguntî sobre mi vida y milagros. La conversaciîn fue sencilla, relajada, acompa?ada de bromas. Y al final, Valera se volviî hacia padre y dijo: — Dame al chico, es de los nuestros, de los samuràis… Somos pocos, y no hay a quiån confiarle… Lo tendrà todo, t? me conoces, hermano. ?Yo le ense?arå todo y se lo transmitirå todo! Padre interrumpiî bruscamente y con desagrado a Valera y dijo con firmeza: — ?No! Valera intentî de nuevo hablar con padre sobre m?, pero padre se negî a discutir ese asunto. Valera, estrechàndome la mano de despedida y luego la de padre, se fue acompa?ado de hombres sombr?os de complexiîn fuerte, en tres coches con lunas tintadas… Papà y yo estàbamos en el balcîn, siguiendo con la mirada los coches que se alejaban. Padre encendiî un cigarrillo y me ofreciî… No me atrev? a fumar delante de mi padre. Dando una calada profunda, padre, mirando a lo lejos, dijo: — Valera vive fuera de la ley. Es una persona muy influyente, y muchos lo respetan, ?pero otros tantos lo odian! Es muy peligroso, aunque sea mi hermano menor… Si acaso, ni se te ocurra acudir a ål. ?Es peligroso! ?Diràs que te lo prohib? yo! Encendiî otro cigarrillo, sin mirarme a los ojos. — Sab?a que me encontrar?as. Sigo amando a tu madre, pero el tiempo no vuelve atràs… Miraba a mi padre y no pod?a apartar la vista de ål. Lo hab?a esperado toda mi vida, cre?a que vendr?a… "Devoraba" a padre con los ojos. Ah? estaba: mi papà, mi querido, con cuyo nombre me dorm?a, despertaba, lloraba, re?a, so?aba y tem?a… Hablaba mentalmente con ål: — ?Papà, estamos juntos, te he esperado, te quiero tanto! ?Papà! Quer?a hablar, hablar con ål, contarle sobre el orfanato, sobre la palmera, los cachorritos, sobre cîmo mi padrastro me hund?a la cabeza en el suelo a patadas, sobre cîmo me ahogaba en el cubo de basura por la tabla de multiplicar, y sobre cîmo me colgaba de la valla con la correa del perro cuando estaba borracho, y sobre todo-todo-todo lo que no pod?a contar a nadie, solo a ål, a mi papà… Padre apagî la colilla y, sin mirarme a los ojos, dijo: — Bueno, hijo, seguramente tienes amigos por aqu?… Vete. Si necesitas algo, pregunta… Sin atreverme a contagiarlo con mi estado de ànimo, acompa?å a padre hasta el pasillo. Me calcå, me colguå la bolsa de viaje al hombro y, desconcertado, estrechå la mano que padre me tend?a. La puerta de entrada se cerrî detràs de m?. Las fuerzas me abandonaron y no pod?a moverme para irme. Detràs de la puerta se oyî la voz de la esposa de padre. — ?Para quå ha venido aqu?? ?Es mi hijo! No puedo prohib?rselo. ?Y t? dînde estabas antes? ?Dînde has estado todos estos a?os? ?Y este peque?o acaso no es hijo tuyo? Yo segu?a de pie y en voz baja, con los labios secos por la emociîn, susurrå: — Papà, yo tambiån soy tu hijo, papà… Me resultaba desagradable o?r las ri?as familiares, crec? entre ellas. Con un esfuerzo de voluntad sal? del portal, me sentå en un banco del parque infantil y, inmîvil, sin apartar la vista de las ventanas del apartamento de mi padre, permanec? sentado hasta el amanecer con la esperanza de ver al menos una vez màs a mi padre… — Papà, te quiero much?simo. Y ademàs, papà, necesito mucho tu ayuda, tu consejo, que me ha faltado toda mi vida… Perd? el tren Tashkent — Mosc?. No ten?a dinero para el billete de vuelta. Y no se me ocurriî nada mejor que ir a pasear por una ciudad desconocida, impregnada de colorido oriental con olor a plov, panes de tandyr, sand?as melosas y melones, mezclado con especias y condimentos aromàticos… En el parque de la Revoluciîn conoc? a un grupo de estudiantes que rasgaban la guitarra. De charla, compart? con ellos lo sucedido. Los chicos, compadeciåndose, me invitaron a su residencia, donde me dieron de comer con ganas. Me lavå la ropa, me duchå y me dorm? como un tronco en una cama libre que me ofrecieron. Uno de los estudiantes era aquel mismo coreano de Kazajistàn, Valera Tsoi, con quien llevàbamos en coche al karaoke a una estr?per, y a la vez prostituta, Àngela — Rimma de grandes tetas — veinticinco a?os despuås en Mosc?. Diferencia En los ?ltimos a?os, en las estanter?as de las librer?as y en todo tipo de quioscos, por no hablar de internet, se ofrece a la venta una cantidad incontable de manuales y consejos sobre cîmo casarse, cîmo superar correctamente una separaciîn, cîmo olvidar al ex, etcåtera… Lo deprimente no es en absoluto el deseo de las mujeres de afrontar el problema, sino el sue?o de "exprimir" al màximo al ex a travås de los hijos… La inmensa mayor?a de las tristes escritoras-consejeras son precisamente divorciadas que propagan un feminismo militante, odio a los hombres y el sincero deseo de ver al exmarido, exnovio o ex amante muerto, enfermo, desdichado y arruinado. Esta idea, como veneno de serpiente, atraviesa las publicaciones que ense?an a las mujeres a vengarse del ex, ?porque el ex no tiene derecho a ser feliz sin ella! ?Lo que ocurre en internet es inimaginable! Si ål no es feliz con ella, entonces es culpa suya, del idiota que no supo ver con quå estrella viv?a, ?no la vio el canalla, y ella desperdiciî en ål los mejores a?os de su vida! ?Escoria, monstruo, que se muera, maricîn! En conversaciones con hombres de distintos grupos sociales y de edad se planteî una pregunta, y a mi parecer la fundamental. La respuesta deber?a ser evidente: ?para quå entra el hombre en la vida de una mujer? Valera Tsoi respondiî a esta pregunta de inmediato y sin dudar: — ?Para hacer feliz a la mujer! Me levantå y aplaud? a Tsoi, con las palabras: "?Belissimo, mio fratello! ?Assolutamente!" El cien por cien de los encuestados de la audiencia masculina, de una forma u otra, respondiî que s?: su objetivo en la vida es hacer feliz a la mujer y, en consecuencia, a sus hijos. Y de esto, a su vez, ellos mismos seràn felices. No encuestå a alcohîlicos, drogadictos, enfermos psiquiàtricos, incluidos pervertidos sexuales, con quienes ni siquiera hipotåticamente se plantea la uniîn entre hombre y mujer. Los sodomitas son unos locos. Igual que los hombres prostitutos. Y los drogadictos son los mismos sodomitas, sin honor ni conciencia, independientemente del sexo y de la escala social. La audiencia femenina resultî, por decirlo suavemente, como sanguijuelas que parasitan el cuerpo de la v?ctima. Y a la pregunta de para quå entra la mujer en la vida del hombre, el 90% de las mujeres respondiî: — Para ser feliz. Seg?n la lîgica de las mujeres, el hombre es un recurso destinado a conseguir beneficios. Y gracias al hombre ella se convierte en mujer, construye su felicidad. ?Precisamente su felicidad! Pueden ustedes mismos, queridos hombres, por curiosidad, hacer esta pregunta a una mujer… Y el 10% restante de las mujeres encuestadas de todas las edades respondiî, contra la mayor?a casi absoluta, que entran en la vida del hombre para hacerlo feliz, y todos los hijos de ål, el ?nico, procuraban parecerse al padre, que es el orgullo y el pilar de la familia. Y eso la harà a ella esposa y madre feliz. A m?, humanamente, eso me conmoviî. La luz de esa minor?a — la Mujer — lleva sobre sus hombros los restos del milagro de la maternidad, la fidelidad y el honor en este mundo cansado, atormentado por los sufrimientos de los ni?os y los abortos. Gracias a esas mujeres, ?y mi màs profunda reverencia masculina! Una de las preguntas clave que me interesaba era: ?acepta la mujer recibir a un hombre con hijos y convertirse en madre de ellos? Màs del 90% de las mujeres respondiî categîricamente: "?No!" Y no importa cuànto ame al hombre. Porque ella no puede y nunca serà madre de los hijos que no gestî ni pariî. Llamo la atenciîn: la mujer-cuco està dispuesta a meter un polluelo en un nido ajeno, pero aceptar lo "ajeno" — categîricamente "?No!" Y ella es perfectamente consciente de ello al parir para su marido un hijo de su amante: comete una vileza tanto respecto al marido como respecto al ni?o. Màs del 60% de los hombres cr?an hijos ajenos como propios, sin siquiera imaginarlo. Y a la pregunta de si el hombre està dispuesto a tomar a una mujer con un hijo o hijos, màs del 90% de los hombres respondiî "s?", posiblemente no se opondr?an a la adopciîn de sus hijos. Pero as? respondieron hombres sin experiencia de convivencia con mujeres divorciadas con hijos… Y me dio curiosidad: ?estàn dispuestos a tomar a una divorciada con hijos los hombres que ya han tenido esa experiencia de convivencia? Unànimemente, los hombres que hab?an vivido con divorciadas dijeron categîricamente: "?No!", considerando a las divorciadas, por decirlo suave, estafadoras de la confianza y prostitutas domåsticas que solo exigen dinero de los hombres. ?ltimamente, desde los medios de comunicaciîn fluye un llamado a respetar los valores tradicionales. Y perdîn, ?los abortos, el asesinato de ni?os, el abandono de ni?os en orfanatos tambiån son tradiciîn? Y si no, ?por quå no se renuncia a ese horror en favor de los valores tradicionales? La tradiciîn es lo que transmite el padre, ?no? ?Y dînde estàn esos padres transmisores? ?Dînde? ?Dînde estàn esas familias tradicionales completas? ?Cuando en el pa?s los divorcios son el 120% sobre el 100% de matrimonios? Y al hombre le han quitado todos los derechos, que estàn en manos de la mujer. La tradiciîn es una familia completa, sin sodom?a ni drogas en ninguna forma, ya sean cigarrillos con cerveza o "qu?mica" pesada… La tradiciîn es la primac?a del hombre en la familia. La tradiciîn es cuando a los maricas los empalaban, y no los aplaud?an y colmaban de flores. ?Y a las prostitutas las rapaban al cero y las expulsaban de los poblados y aldeas! La tradiciîn es la castidad de la doncella que se casa, y no la de una cualquiera que "follî" a gusto antes del matrimonio y sigue "abriåndose de piernas" dentro y despuås del matrimonio, sin una gota de verg?enza. Y la educaciîn del ni?o para la comodidad del control estatal — eso, perdîn, no es tradiciîn, sino vileza. La supresiîn de la voluntad del ni?o con mentiras y sustituciîn de valores — del tipo "el Estado es màs importante que la madre y el padre" — no es tradiciîn, sino clonaciîn de mulas de trabajo para deleite de las autoridades. Los valores tradicionales son la preservaciîn de la vida del ni?o, la equiparaciîn del aborto al asesinato de una persona con penas de prisiîn que pueden llegar a cadena perpetua. Pero, verà usted, fumar en lugares p?blicos es mucho màs peligroso que un aborto cualquiera. Andråi Ante m?, en el "Vogue Cafe", està un hombre de mediana edad invitado por m?. Profesor de idiomas extranjeros, en su d?a egresado del instituto de lenguas extranjeras de la capital. Un hombre en busca de un trabajo extra debido a una aguda falta de medios. Tras advertir a mi interlocutor de que yo invitaba, mi interlocutor Andråi se relajî un poco. El viernes en el "Vogue Cafe", como siempre, hay mucha gente. Extranjeros se acomodaron ruidosamente junto a la barra. Prostitutas encubiertas examinaban profesionalmente la sala del cafå en busca de otro incauto para la noche, y no solo si hay suerte, ?y hay suerte! No para todas, claro, ?pero eso no importa! — Andråi, ?quå tal un "lingotazo"? — preguntå, lanzando una mirada p?cara a mi interlocutor. Andråi se azorî un poco, sin saber quå responder, y yo, sin esperar una respuesta que, por cierto, no me interesaba, gui?å un ojo con complicidad a la camarera, que estaba junto a la mesa con bloc y bol?grafo listos. — Tomar nota… — Cari?o, tràeme, por favor, dos de cien de "whiskas" de 18 a?os, para ronronear, una tabla de quesos, un surtido de carnes, corta en gajos un par o tres de peras dulces, dos platitos con miel y dos americanos. Y, por favor, no me seas infiel, ?si no, la propina se la doy a otra! Y como muestra de mi amor y fidelidad, aqu? tienes un pedacito de mi corazîn. Sacando del bolsillo del pecho un billete de cinco mil preparado de antemano, lo met? en el bolsillo del delantal de la camarera y, como sin querer, rocå ligeramente el dorso de su mano en su zona p?bica. — ?Se?or, soy suya para siempre! — Sin esperar de s? misma tal desparpajo, la camarera se sonrojî y, soltando una risita en la mano, saliî disparada hacia la barra, mirando con coqueter?a hacia nuestro lado… No pude evitar recordar una historia de mi vida donde aparec?a la frase: "?Vania, soy suya para siempre!" Empezando la conversaciîn con tonter?as, nos tomamos, por as? decir, con la tristeza tranquila, 200 gramos de buen whisky no adulterado… Saboreando y picando una pera dulce mojada en miel, sin prisa llevaba la conversaciîn hacia la vida personal de mi interlocutor, sintiendo con la piel algo interesante, y propuse discutir el asunto del trabajo extra un poco màs tarde… La historia de Andråi, al parecer, refleja en su esencia muchos millones de destinos de hombres y ni?os criados sin padre, y que hasta ahora no tienen ni han tenido, por as? decir, una "plantilla" masculina: cîmo vivir como hombre, con hombr?a, cîmo cometer actos correctos. Cîmo crear una familia por voluntad y criterio propios, permaneciendo hombre, y no un degradado moral que consigue beneficios para su amada esposa. La esposa con la que, como m?nimo, estuvieron, queridos: "quien no es el primero, es el segundo", y luego vienen el a?l y el kishlak con Abdulla. Con Galia, mi interlocutor se conociî en una exposiciîn en la Galer?a Tretiakov. ?Vaya, el comienzo ya se pone interesante! Conocerse no en un club de borrachera, sino en una exposiciîn de arte donde se presentan obras maestras del arte mundial, ?muy interesante! ?Ella le gustî de inmediato! Tiene una mirada tan penetrante y tierna. Dan ganas de ser tierno, fuerte, de protegerla, de guardarla de males y desgracias. — Ella es mi amor, es m?a, — ?Galina! ?Ah? està, el sue?o! — S?, fue amor a primera vista — a?adiî Andråi. Empezamos a vernos, al principio como amigos, ?sencillo y alegre! En cafås, en presentaciones. ?Ambos åramos fanàticos de Faina Ranåvskaya, Abd?lov, Al Pacino y De Niro! A los seis meses tuvimos sexo. ?El màs fabuloso para nosotros! ?Nos amàbamos como dos cisnes! ?Vaya burro! Tu mujer durante esos seis meses se estaba follando con otro por todos los agujeros, ?y t? me hablas de sexo a los seis meses! Eso es una estafa profesional, — penså. Ella me idolatraba. Yo era su ideal. Ven?a a mi casa, limpiaba, planchaba, cocinaba, y al irse, en el recibidor se arrodillaba, descubr?a su exuberante pecho, me sacaba el miembro del pantalîn y tragaba con avidez su contenido, miràndome a los ojos. Y cuando yo corr?a con fuerza en su boca, ella me agradec?a que le hubiera permitido chupàrmela. Andråi callî un poco y dijo: — ?Como ella, de verdad, ya no hay! Y yo penså para mis adentros: ?cîmo lo ha engatusado la muy zorra! Y lo principal: ?lo interpretî honradamente y, de puro tonta, acertî! Interesante, ?cuànto le habrà costado a este burro ese teatro de follada dramàtica? — Contin?a — le dije a ese desdichado… Y despuås ella desapareciî de repente. Pasî un mes, luego el segundo. No respond?a a las llamadas, y dînde viv?a — yo, tonto, ni siquiera lo preguntå. Llegî un SMS: — Amado, perdona. Tenemos que separarnos, ya no puedo màs. ?Deseo mucho que seas feliz! ?Eres el mejor! ?Adiîs! No så cîmo fue, pero la convenc? para una cena de despedida, y ella aceptî con gran dificultad… ?"La convenc?"? — penså. Ella te hizo, idiota, ganador, pero t? te venciste a ti mismo con tu estupidez, gracias a que tu cabeza està en su co?o, ?burro! Andråi continuaba, y yo escuchaba y pensaba… Ella vino a mi casa. ?Toda la noche follamos como locos! Yo no pod?a separarme de ella. Y entonces, estoy tumbado boca arriba, con brazos y piernas abiertos beat?ficamente, sin creer en mi felicidad. Galina yac?a entre mis piernas, chupando tiernamente mi miembro, y en cuanto empezaba a llegar, ella "ronroneî" en voz baja: — Amado, ?quer?as preguntarme algo? Pregunta. — y siguiî chupando… A menudo hablàbamos durante el sexo, y nos gustaba… Recitàbamos de memoria en voz alta a Tvardovski, a Yesenin, a Pushkin. Por eso no me extra?î en absoluto la propuesta de mi amada de hablar… — Cari?o, mi vida, dime, ?por quå te vas? ?Si yo te amo! — Mi tigre, mi se?or, tem?a y temo confesàrtelo… — ?Quå temes confesar, mi vida? Aceptarå y comprenderå cualquier cosa, incluso la màs vil e impredecible, ?siempre estoy de tu lado! Tras una breve persuasiîn, que terminî con mi orgasmo explosivo en la garganta de Galina, ella me confesî que ten?a dos hijos: ?un ni?o y una ni?a! De dos y seis a?os. Casi gritå: — ?Bingo! ?Quå grande eres, Galina, ay, bravo! ?Vaya manera de interpretarlo, me matas! Pero el guion ha sido llevado a la vida por una divorciada "pro" al 100 por cien. Conteniåndome a duras penas, fing?a ser una persona que comprend?a a Andråi, dàndole palmadas compasivas en el hombro… Galina interpretî el papel de v?ctima obediente, pero en esencia una loba se metiî en la piel de una oveja. La camarera del "Vogue" repitiî de buena gana otros dos de cien, sonriåndome con coqueter?a, deslizando la mirada por la gruesa cartera de cocodrilo con el logotipo "Birkin", que descansaba en la silla y le gritaba a la camarera: — ?Eh! Estoy lleno de fuerzas para el amor y la ternura. ?Se?ores, ?no es hora de llevar a la dama a las habitaciones…? La camarera preguntî juguetona: — Mi se?or, ?desea algo màs? — y, bajando los pàrpados lànguidamente, volviî a sonrojarse. "La ni?a està madura", — penså… Sin cortarme, bajando lentamente la mirada desde sus labios y luego màs abajo, yo, un insolente seguro de m? mismo, acostumbrado a tomar todo lo que desee, adivinaba las bellas formas de su pecho y la esbeltez de su cuerpo bajo el holgado uniforme del "Vogue" Cafe. Luego sonre? satisfecho, viendo cîmo el deseo se apoderaba de la camarera. Yo, como si nada, ped? algo de mariscos a elecciîn del chef, mirando su rostro muy azorado… La camarera se fue a cumplir el pedido, ardiendo de verg?enza… Volviåndome hacia Andråi, puse de nuevo cara seria y preguntå: — ?Y quå pasî despuås, amigo m?o? Y he aqu? que el pobre Romeo me contî que una semana despuås tendr?a lugar el encuentro con los hijos de Galina y con la suegra, Mar?a Mijàilovna, que en su d?a se divorciî de un marido canalla que las abandonî a ella, a Gàlichka y a Slavik, cuando eran muy peque?os… ?De ah? viene el guion de la "estafa" — penså! Mamà e hija — divorciadas profesionales. ?Vaya, Andriusha-burrito, has ca?do en la adicciîn vaginal del "pozo de mujeres"! Andråi al mes le propuso matrimonio a Galina, y luego, a los tres meses, la empadronî a ella y a sus hijos en su apartamento. Al a?o de convivencia en la familia de Andråi y Galia naciî el ni?o Antîn. Y luego, unos meses despuås del nacimiento del hijito, empezaron los escàndalos, y de tal calibre, que Galina pidiî el divorcio. ?Nada nuevo! En consecuencia, por sentencia judicial, a Andråi le impusieron pensiîn alimenticia y, respectivamente, la mitad de la superficie de la vivienda a favor de su hijo Antîn. Como se dice, ?jaque mate! Pero ahora con su hijo Antîn, Galina solo permite verlo cuando Andråi trae dinero y alimentos, sin contar la pensiîn alimenticia para el hijo, que Andråi paga puntualmente cada mes. Los tribunales act?an dentro del marco de la ley, pero la ley es tal que el hombre nunca tendrà derechos. Y ademàs hay que recordar y saber siempre que los jueces son mujeres, en su inmensa mayor?a divorciadas y a menudo con hijos. En mi opiniîn personal, la esposa, por as? decir, jurista en derecho penal, que determina la razîn ante todo por el peso de su propia importancia personal, es una patolog?a armada por el sistema estatal con los derechos de un verdugo. Y el hombre que toma a tal mujer por esposa, en esencia mete en su familia a un sàdico y un verdugo. Conozco a varios hombres que se divorciaron con åxito de esas "damas" eternamente con la razîn en todo, para las que el hombre no solo debe, sino que debe permanecer mucho tiempo, y en el ideal, ?de por vida! Esos hombres contaban dînde conocieron a esas magn?ficas "juristas", cuando ellas, de jîvenes estudiantes de la facultad de derecho, eran unas fiesteras de cuidado y "fàciles de abrir de piernas", que a menudo beb?an, fumaban y consum?an drogas en los clubes nocturnos de la capital, de San Petersburgo y de muchas otras ciudades de nuestra inmensa patria… "Bienaventurado el juez que juzga ante todo a s? mismo. Encontrar en s? tal valent?a, ser no juez sino culpa." G. Kràsnikov Mi experiencia personal de trato con jîvenes y ardientes fiesteras "juristas" demostrî que son las mismas mujeres que no desde?an nada terrenal. Y de cîmo transcurren sus fiestas corporativas con faldas levantadas y ba?os vomitados — me abstendrå de detalles… Piensa cîmo son estas personas cuando comen, duermen, copulan, defecan, etcåtera, y luego cîmo son cuando se las dan de se?ores importantes, cîmo sus rostros se enfadan y prodigan reproches desde lo alto de su grandeza. A cuàntos sirvieron poco antes y por quå precio, y en quå se convertiràn pronto. — Marco Aurelio Hace algo màs de dos dåcadas fui invitado por un pol?tico odioso, al que pertenecen aforismos que entraron en la vida de los rusos como algo "debido". Del tipo: "Mamà es rusa, y papà es jurista…" De pie junto a la parrilla, el anfitriîn preparaba shashlik de cordero seg?n su receta especial y dijo algo muy correcto acerca de por quå el sistema judicial funciona mal. En primer lugar, en el pa?s la inmensa mayor?a de los jueces son mujeres. Y la mujer no puede pensar con lîgica, piensa emocionalmente y no sobre el trabajo, sino sobre si le duele la cabeza o las botas, el abrigo de piel… En segundo lugar, hace falta una academia de justicia con una duraciîn de estudios de al menos siete a?os, y es necesario prohibir a nivel legislativo que los investigadores, fiscales e incluso abogados ingresen en la academia de justicia y juzguen. Para que la justicia tenga lugar, hay que prohibir a los jueces examinar casos en su propia regiîn. Los tribunales regionales y distritales deben examinar los casos penales de cualquier otra regiîn, pero nunca de la suya, porque en su propia regiîn el juez siempre aceptarà sobornos a travås de amigos y parientes. ?O acaso creen que los jueces no aceptan sobornos? El juez es una persona com?n, y en la toga ella simplemente se la pone para trabajar. Mientras los jueces juzguen "sus propias regiones", la justicia del pa?s cojearà con una pierna agujereada… Un juez que no participa en los "tejemanejes" locales serà en su distrito o regiîn no un "resolvedor", como ahora, sino simplemente un juez con sueldo del Estado, como debe ser. Muchos investigadores que han causado desgracias y se han hundido en la corrupciîn se apresuran a convertirse en jueces. Y al volverse juez, ese investigador se vuelve intocable: ?y listo! ?Borrîn y cuenta nueva! Ahora es "su se?or?a"… En nuestra realidad vemos a una jueza que gastî 2 000 000 $ en la boda de su hija. Cuando la opiniîn p?blica estallî de indignaciîn y a esa jueza la destituyeron del cargo, logrî vender bienes inmuebles por 87 000 000 de rublos, y el valor de los bienes restantes localizados resultî ser de màs de 300 000 000 de rublos. Y eso es solo lo que sabemos por los medios… Luego esa jueza desapareciî; fue detenida con una gran suma en el aeropuerto de un estado vecino, de las antiguas rep?blicas. Como resultado, a esa jueza nadie la castigî, y tras un peque?o tropiezo la soltaron, y vive tranquilamente en Espa?a. No creo que haga falta nombrar el apellido de esa "jueza", pero quien desee conocer la informaciîn al respecto la encontrarà en acceso libre. Lamentablemente, jueces as? en nuestro pa?s hay muchos, ?much?simos! Ademàs, la corrupciîn existe incluso a nivel del tribunal supremo; quå decir de los tribunales locales "de pueblo" en los rincones… La mayor?a de estos representantes de "Temis" se gu?an no por las normas de la ley, sino por emociones, convicciones e intereses personales. Pues son "celestiales" intocables, todo les està permitido. Que no se ofendan conmigo los jueces honestos. Contra ellos no tengo nada. Los jueces son necesarios, pero la realidad es tal que los jueces justos son tan pocos que casi no se ven en medio de la bacanal judicial. Y notemos que la inmensa mayor?a de los jueces son mujeres, en su abrumadora mayor?a divorciadas o solteras. ?Y quiån es el principal acusado en el pa?s? ?El hombre! El juez debe ser independiente de los prejuicios personales y de su experiencia domåstica, en la que su hombre la ofendiî. Y la independencia del juez es la aplicaciîn directa de la ley y la justicia, y no del tipo: "todos los hombres son escorias, y yo soy una princesa". No entiendo quå es un juez que se gu?a por sus convicciones internas, y como resultado, tal desorden lleva a la discordancia entre las conclusiones del tribunal y las circunstancias fàcticas del caso, que la triste jueza entendiî a su manera… La opiniîn del juez no puede estar por encima de la ley, y el juez es un asalariado; està obligado a velar por la legalidad. No es Dios ni los santos todos juntos. Es la misma mujer, a menudo pendenciera, de mal aspecto, con sobrepeso, amargada contra los hombres, a sueldo del Estado… En el llamado Occidente en decadencia, en EE. UU., en muchos estados el cargo de juez es electivo, y el juez se elige por votaciîn de la poblaciîn. Un juez de reputaciîn intachable es luego confirmado por el gobernador del estado, y despuås por el senado y el presidente. Cada a?o el juez està obligado a demostrar su aptitud profesional, de nuevo mediante la votaciîn de la poblaciîn del estado. ?Y quå ocurre en Rusia? El juez es un cargo de designaciîn. Al presidente le han colado una candidatura y, al nombrar a ese juez, en esencia lo ha nombrado para un cargo "inamovible". Las consecuencias de tales nombramientos las sentimos los hombres en nuestra propia piel hasta hoy y durante muchas dåcadas… ?Con la edad, la mujer-juez simplemente empieza a odiar al hombre! Seg?n ella, el hombre es un tonto que no supo valorar su "maravilla", y por eso ahora sufre en soledad por su culpa… ?Y quå màs? Precisamente el hombre "destrozî" su vida: ?el canalla! Y a?adirå: deber?a darnos verg?enza contratar jueces por anuncios en el periîdico o en internet… ?Verg?enza! La exjueza, en conversaciîn con "URA.RU (https://ura.ru/)", llamî a la causa de los problemas en el cuerpo judicial el hecho de que en ål hay una sobrerrepresentaciîn de antiguos agentes del orden. En cambio, faltan abogados y juristas cualificados que a?n no hayan sufrido deformaciîn profesional. Seg?n investigaciones, la mayor?a de los jueces llegan a la profesiîn desde el aparato de los tribunales (de asistentes y secretarios de sesiîn judicial): casi un tercio. El 17% proviene de la fiscal?a, el 16% de la polic?a y los îrganos de instrucciîn. Los abogados corporativos y asesores jur?dicos de organizaciones estatales en conjunto son algo màs del 20%. Lo màs dif?cil, escribe el periîdico "Vådomosti", es convertirse en juez para los provenientes de la abogac?a. A esos candidatos se les analiza por su participaciîn en tales o cuales procesos judiciales y se les asocia, en primer lugar, con los intereses de los acusados. Las publicaciones colocadas en el sitio www.ura.news (https://www.ura.news/) y fechadas antes del 19.02.2020 son de archivo y fueron emitidas por otro medio de comunicaciîn. La redacciîn y el fundador no se responsabilizan por las publicaciones de otros medios de acuerdo con el p. 6 del art. 57 de la Ley de la Federaciîn de Rusia del 27.12.1991 ¹2124-1 "Sobre los medios de comunicaciîn". Al leer las noticias, muchos simplemente se quedan estupefactos ante la magnitud de la corrupciîn en los tribunales del krai de Krasnodar. Imag?nense: solo a aquellos que ya han sido cubiertos por la prensa — y no son todos los que se puede llamar "l?deres" de los "jueces corruptos" de la regiîn — los expresidentes del tribunal del krai de Krasnodar, Aleksandr Chernov, y del Tribunal Supremo de Adiguesia, Aslàn Trajov, el vicepresidente del tribunal del krai de Krasnodar, ?gor Nikolaichuk, a sus allegados y personas de confianza, en total se les incautaron activos por la monstruosa suma de 47,7 MIL MILLONES DE RUBLOS!!! https://pikabu.ru/story/krasnodarskie_sudi_oshelomili_masshtabami_korruptsii_tolko_u_troikh_izyali_aktivov_pochti_na_50_milliardov_13742126 (https://pikabu.ru/story/krasnodarskie_sudi_oshelomili_masshtabami_korruptsii_tolko_u_troikh_izyali_aktivov_pochti_na_50_milliardov_13742126) A los jueces de Adiguesia y Krasnodar, Aslàn Trajov y Aleksandr Chernov, se les incautaron bienes por 13 mil millones de rublos. Los activos fueron confiscados a favor del Estado. Aslàn Trajov fue durante màs de 20 a?os presidente del Tribunal Supremo de Adiguesia, fue acusado de corrupciîn y de compra de costosos bienes inmuebles a nombre de parientes y otras personas de confianza. En total, al exjuez se le incautaron 214 objetos inmobiliarios. De ello escribe "Komsomîlskaya Pravda". El Tribunal de Ostànkino de Mosc?, el 14 de octubre, satisfizo la demanda de la Fiscal?a General de la Federaciîn de Rusia y confiscî a favor del Estado bienes relacionados con el expresidente del Consejo de Jueces de la Federaciîn de Rusia, V?ktor Mîmotov, por 9 mil millones de rublos. Antes, en el tribunal intervinieron jueces-informantes secretos que contaron cîmo Mîmotov llamaba personalmente e influ?a en la emisiîn de decisiones a favor de su socio comercial. Y despuås el propio expresidente del Consejo de Jueces intentî convencer a todos los presentes de que lo hab?an calumniado, incluso en lo relativo a la gestiîn conjunta de asuntos con autoridades criminales, entre las cuales se nombrî a Rubån Tatuliàn, apodado "Robson". https://rtvi.com/speczialnyj-reportazh/dlya-menya-eto-shok-kak-sud-lishal-byvshego-sudyu-momotova-imushhestva-pod-rechi-imperatriczy-elizavety/ (https://rtvi.com/speczialnyj-reportazh/dlya-menya-eto-shok-kak-sud-lishal-byvshego-sudyu-momotova-imushhestva-pod-rechi-imperatriczy-elizavety/) Ha pasado una dåcada desde aquel magn?fico encuentro en el distrito de Odintsovo, "Na zaimke", y periîdicamente veo en anuncios de periîdicos e internet: "El tribunal necesita un juez para casos penales o civiles". El salario m?nimo medio de un juez es de muchos cientos de miles de rublos al mes: un "salario modesto", sin contar que el juez no paga ni impuestos, ni servicios comunales; ella no paga nada de nada… Botas-abrigo de piel, botas-abrigo de piel, botas-abrigo de piel… El hombre debe recordar siempre: al entrar en relaciones con una cualquiera moderna, hay que estar preparado para la violencia por parte del sistema punitivo. Un sistema encabezado por "mujeres", creado para proteger a paràsitos, mentirosos y toda clase de vicios… Las mujeres gritan sobre la igualdad de sexos, entonces ?por quå no se aprueba en el pa?s una ley sobre la divisiîn de la crianza de los hijos 50/50? ?Por quå un ni?o debe sufrir viendo a su padre solo los fines de semana o, en general, en d?as limitados, porque una madre loca as? lo quiso con el pleno apoyo del sistema judicial? Pues si a nivel estatal se limitaran los divorcios a favor de los hijos, los divorcios se reducir?an a la mitad, porque la "cualquiera" entender?a que no le conviene divorciarse. ?Y si ella pide el divorcio, entonces no le corresponde ninguna pensiîn, o como m?nimo: quien inicia el divorcio asume màs gastos! ?Por quå el hombre està obligado a pagar la mayor parte de la pensiîn a la que pidiî el divorcio? ?Pues todo debe ser igual! ?El hombre no debe ser un proveedor de recursos para la mujer! A finales de los a?os noventa fui a Milàn al cumplea?os de mi hija mayor. El t?o Giovanni, hermano de mi exmujer Elsa, pertenec?a a una de las "logias masînicas"… Con ese fenîmeno en Italia no se sorprende a nadie, igual que con la "Cosa Nostra". No se acostumbra hablar de ellos en voz alta, pero todos saben que existen, ?y basta! Con una copa de "Prosecco e prosciutto di Parma", Giovanni expuso entonces su pensamiento, sembrando una semilla de sensatez que germinî y dio frutos, làstima que no de inmediato… Me explicî que precisamente las disoluciones sexuales de las personas convirtieron a la sociedad en asesinos, man?acos y paràsitos, y paso a paso me explicî de quå està formada el "arma" de esclavizaciîn de nuestra civilizaciîn. Y no es el dinero ni siquiera el poder. Es el banal culto a la mujer ca?da y a las perversiones sexuales. Casi todos idolatran el Amor en una forma que no existe, y otros, un pu?adito muy peque?o de personas, gobiernan a toda esa multitud. Muchos miembros de îrdenes, logias y toda clase de "sectas" cerradas crean las condiciones para una exitosa propaganda del apareamiento, el sexo, las drogas, el amor libre y la independencia de las mujeres. ?Pero quiånes son esas personas que encabezan gobiernos y toda clase de corrientes "espirituales" religiosas? ?Aquellos que hablan mucho de los intereses de los ni?os, del pueblo, de la tolerancia religiosa y del amor — esas "personas" en la vida real practican sacrificios! Esas "personas" participan directamente en asesinatos rituales de ni?os, hasta el punto de que despuås, cuando el ni?o ha sido asesinado en medio de tormentos y violencia, un ni?o que suplica con una sola palabra, "mamà", que no lo torturen ni lo maten, porque el peque?o a menudo a?n no sabe hablar, se lo comen como se come a un conejo o a un cordero. Cuando el t?o Giovanni en aquellos a?os me hablî de la droga "adrenocromo", yo no pod?a creer que fuera posible en absoluto: crear una droga a partir de la sangre de un ni?o torturado. Luego ese italiano me preguntî: "?Y quå opinas del catolicismo en general?" A lo que respond?: "Bueno, en principio de forma positiva, tambiån es cristianismo, solo que se santiguan de otra manera…" Giovanni, soltando un hilo de humo de cigarro sobre un ramo de lirios blancos, respondiî: "En Italia existe todo un cl?ster de trata de esclavos y de comercio de ni?os, en primer lugar." Y lo encabeza precisamente el jefe del Vaticano: el papa de Roma. Todos los que estàn en la iglesia catîlica de Europa y de los pa?ses de Amårica Latina son siempre pedîfilos y asesinos de ni?os. Todos ellos son miembros de la logia masînica, y el papa ocupa uno de los grados de iniciaciîn màs altos. Para convertirse en jefe de cualquier estado del mundo, hay que ser miembro de la logia masînica y participar en violaciones grupales de ni?os y en el posterior consumo de esos ni?os… Seg?n las convicciones de esos no-humanos, su "dios" no tiene sexo; para ellos es hermafrodita. Su "dios" tiene pecho femenino, miembro masculino y îrgano sexual femenino. Y tiene cabeza de cabra y pezu?as. El homosexualismo, implantado por los gobiernos, precisamente por ellos y por nadie màs, està llamado a destruir en el hombre lo masculino, y en la mujer lo femenino. Cuando està destruido el destino Divino en la persona, en el padre y en la madre, lo que les ha sido regalado desde Arriba, eso representa la aversiîn a la Luz y la orientaciîn del alma humana hacia el servicio a Satanàs. ?La iglesia catîlica es un satanismo enmascarado! La destrucciîn y esclavizaciîn de la conciencia ocurren precisamente a travås de la disoluciîn sexual y el homosexualismo, tanto masculino como femenino. Borrando las fronteras y las diferencias de gånero, convirtiåndolos en adeptos, seguidores del culto de adoraciîn al hermafrodita: ?Satanàs! La mujer lesbiana es una homosexual; no es capaz de vivir con un hombre porque en su cabeza, a travås de los "medios y la propaganda" sobre la independencia femenina, se ha introducido la informaciîn de que la mujer debe ser libre y que tiene derecho a copular igual que el hombre: mucho y sin l?mites. Y la sociedad femenina discute màs activamente la "pol?tica de despotismo" sobre ella y sobre la "desigualdad de sexos": està sometida de manera multiplicada a la influencia del destructivo flujo informativo, que para ella se vuelve letal. La lesbiana es un pederasta que piensa como un hombre cuando se excita, es decir, no con el ?tero, ?sino con la prîstata! ?El cl?toris es un pene subdesarrollado! La mujer que piensa como un hombre, pero cuyas hormonas femeninas empiezan a ser "vencidas" por las masculinas, se vuelve en el sentido literal una enferma mental, y ademàs se vuelve interiormente brusca, descarada y entra en lucha por la primac?a con el hombre. ?Esa mujer ya no puede vivir con un hombre y pide el divorcio considerando que su marido no la merece! ?Porque ahora està "convencida" de que merece algo mejor! Luego esa mujer cr?a a los hijos precisamente como un hermafrodita mentalmente desequilibrado o un homosexual activo. Y quiån es el hermafrodita, ya te lo he dicho… El hombre afeminado, criado por una madre soltera, y la mujer masculina, que cr?a a una hija "masculina", son un producto de descomposiciîn y, por tanto, de una sociedad controlada. Y all? donde hay familias destruidas y no hay un hombre, en quien la naturaleza ha depositado la nociîn de seguridad f?sica, es mucho màs fàcil secuestrar ni?os para asesinatos rituales y para el mercado negro de trasplante de îrganos. Precisamente los ni?os, y precisamente ellos, son el objetivo de esos no-humanos que consideran a los ni?os su comida. La mujer "en el poder", a la que le han metido en la cabeza la idea de su exclusividad, es un verdugo que no conoce la compasiîn. Tal "pro" ama fanàticamente su trabajo, que le da no solo dinero, independencia e impunidad, sino tambiån placer por los sufrimientos de sus v?ctimas y de los hombres que estàn de rodillas ante la mujer-verdugo, completamente humillados, y luego tambiån con la "cabeza cortada"… Las leyes p?blicas son una ilusiîn de seguridad para personas tontas y crådulas. No existe el poder de la ley, existe la ley del poder. Y ahora tengo una pregunta. ?A cuàntos hombres ven a su alrededor sin cabeza, sin razîn? Y m?rense al espejo USTEDES, ?personalmente estàn vivos? ?Son felices con la "mujer", o màs exactamente con las relaciones con esa "Vagina"? Y si son felices, ?de quå està hecha su felicidad? ?Y a los pies de quiån han puesto su vida, sus åxitos y su Alma? ?A los pies del Alt?simo? ?O despuås de todo a los pies del hermafrodita-homosexual? El moscovita Andråi no pod?a ni imaginar que el àngel Galina, as? de simple, no solo lo obligar?a a vivir en un apartamento alquilado y pagar pensiîn alimenticia, sino que tambiån lo privar?a de la vivienda paterna que hab?a heredado. Y ahora en la cama de sus padres se acuestan Galia con otro hombre, y, como se averiguî, no con uno solo… Un buen d?a, Andråi fue a ver a su hijito Antîn, llevando varias bolsas grandes con alimentos para los ni?os y un fajo grueso de dinero de la venta de una peque?a parcela de tierra que le dejaron sus padres en la autopista Dm?trov, para la construcciîn de una casita de campo para la futura familia de Andråi… Para los nietos, como le dec?an anta?o sus padres, hoy difuntos… La puerta le abriî un grandullîn en camiseta y calzoncillos familiares, explicàndole a Andråi que si molestaba a Galina y a sus hijos, le romper?a la cabeza. Antoshka estaba detràs del grandullîn, jugueteando desconcertado en sus manitas con un cochecito sin dos ruedas y mirando a su padre con una mirada de àngel que no comprend?a nada, en la que flotaban tristeza, ofensa y miedo de que su papà lo hubiera abandonado. Y el padre estaba de pie, escuchando la amenaza del nuevo conviviente de Galina, y no pod?a hacer nada, ni sab?a cîmo y quå responder a ese dzhigit de Asia Central… Andråi bajî la cabeza, ocultando los labios que temblaban con un temblor fino tras la taza de cafå caliente que se llevî a ellos… Con hombres en situaciîn anàloga hay que tratar demasiado a menudo, por desgracia… Y surge la pregunta: "?quå hacer?" Y los casos son muy diversos, pero absolutamente idånticos en su esencia. Todas las situaciones estàn unidas por un mismo dolor, y el remedio para ål es uno solo: paciencia y concentraciîn en el problema, excluyendo la autocompasiîn. Con mocos y làgrimas no se ganan batallas. En cuanto el hombre endereza los hombros, levanta la barbilla y da un paso adelante hacia la soluciîn del problema, ninguna vagina es capaz de oponerse a la decisiîn del hombre. Un elemento importante de la soluciîn del problema es actuar exclusivamente dentro del marco legal. De lo contrario, todo se agravarà en contra del hombre. ?Estrategia y tàctica solo con la mente fr?a! A veces es muy dif?cil, ?pero es posible si hay un objetivo real! Siempre hay una salida del problema, y es verdad. Vuålvanse c?nicos y sonr?an màs a menudo, incluso cuando es dif?cil hacerlo. Acepten el hecho de que todo — ya les han estafado. Ya ha ocurrido, ?y ya està! Sigamos adelante, porque estamos vivos y sanos. O, como m?nimo, ?en nuestro sano juicio! La mujer en cuya colecciîn de "juguetes sexuales" estàn ustedes se comporta con ustedes como una c?nica, una sàdica y una abusadora. Esa mujer tiene un problema psicolîgico: cada hombre siguiente es peor que el anterior, ?y es una mujer-feminista! Y eso significa que la mujer nunca les creerà. Pregunta: ?ustedes quå son, burros? ?Por quå le creen a una mujer que les ha tocado como una cualquiera? S?, s?, precisamente porque si ya la "follaron" antes de ustedes, ya es una cualquiera, y es un hecho. El hombre razonable y sensato nunca cree al investigador y a la prostituta, pues ambos son mentirosos, sin principios ni moral; a ambos les importa el beneficio, ?y punto! "Romeo" Andråi, en el transcurso de dos a?os de trabajo, por v?a judicial recuperî a su hijo Antîn. A Galina la limitaron en sus derechos. Andråi se comprî otro apartamento. Cr?a a su hijo y con gusto invita a Galia a ver al hijo en su apartamento, pero en su presencia. El tribunal anulî la pensiîn alimenticia para Antîn, y ahora Galina la "cuentista" paga pensiîn a Andråi por Antîn. La puter?a de la ex se puede y se debe usar contra ella misma. Menos mal que por una "recompensa" les ayudaràn a "vencer" incluso al diablo. Y hay much?simas opciones… Cuando no hay dinero es màs dif?cil, pero tampoco es una desgracia: todo se resuelve… En el pa?s, el concepto de corrupciîn existe solo cuando es beneficioso para el poder. En todos los demàs casos, ese poder no ve la corrupciîn, sino que la encabeza… Lo principal es usar la cabeza y no caer en amenazas, chantajes y manipulaciones de las rameras. Ese camino no es fàcil, pero hay que avanzar. Pues el Alt?simo nos da lo que le pedimos. Y el hombre le pide a Ål a aquella que ahora està a su lado y de la que recibiî mierda. De quå manera se logrî ganar el caso, lo contarå un poco màs adelante, tengan paciencia… Al hombre le es vital dejar de vivir en la ilusiîn formada en su conciencia precisamente por la sociedad femenina, en la que nosotros, los hombres, estamos bajo la influencia de la mentira, la hipocres?a y la sodom?a. Es asombroso tambiån que precisamente con las manos del hombre la mujer haya construido ese falso mundo de ilusiones, convirtiendo al hombre en un esclavo que complace a la mujer con beneficios. ?Y a cambio de quå? Correcto, por la posesiîn fugaz de su vagina. Imaginemos por un minuto: la mujer no puede complacer al hombre ni con los îrganos inferiores ni con otros îrganos de deseo y pasiîn. ?Serà interesante para el hombre? La respuesta es evidente: ?no! Propongo detenernos un instante, dejando de lado todas las preocupaciones y afanes, y mirar atentamente a las "mujeres" que nos rodean. La mayor?a de los hombres ni siquiera se ha preguntado por quå a la entrada del îrgano sexual femenino se le llama labios genitales. ?Y quå relaciîn tiene la boca, los labios de la mujer, con la vagina? Y ademàs, la mujer, antes de acostarse, o màs exactamente antes de entrar en coito con la pareja, primero le gusta chupar el miembro. Muchas chicas y mujeres lo llaman "?saludar!" ?Acaso es una novedad para ustedes? La cuestiîn es que las terminaciones nerviosas del triàngulo facial bajo la nariz de la mujer, al igual que en el hombre, estàn "conectadas" con los îrganos sexuales… El comienzo de cualquier follada arranca con los besos de la pareja. Por eso la prostituta no besa en los labios: porque simplemente trabaja, necesita autocontrol para ganar dinero… Con el tiempo, los labios de la mujer dejan de ser jugosos y llenos, por as? decir, de sangre, como en la juventud — especialmente despuås del cambio de varias decenas, y no pocas veces de muchos miles de parejas. Y la mujer comprende que es mejor demostràrselo al hombrecito-tonto, y tambiån quiere ser deseada y demandada como en la juventud, pero la juventud, ay, es tan temporal como la mocedad… Y el sexo para la mujer es màs importante que para el hombre, pues es una explosiîn hormonal en su organismo, comparable a una "explosiîn nuclear". Los cuentos de que a la mujer no le hace falta el sexo son una mentira de siglos. La mujer tambiån sabe subconscientemente que a los hombres les atraen los labios carnosos, y, por supuesto, eso le indica a ål que la boca carnosa de la mujer es disposiciîn al apareamiento: a la naturaleza no se la enga?a. Con el beso, los îrganos sexuales femeninos se excitan: se llenan de sangre, es decir, como resultado, el camino al coito està abierto. Las mujeres, en cl?nicas y salones de belleza — para el hombre-tonto — se hacen los labios hinchados, como si "sus" îrganos sexuales — los labios — en realidad fueran repugnantemente colgantes y muy castigados en las batallas porno. Cuanto màs disoluta es la cualquiera, màs inflados estàn los labios de su cara y màs asqueroso lo que tiene entre las piernas. Me atrevo a se?alar que su boca y su vagina hace tiempo que viven vidas separadas. Y los labios inflados de la cara ni de lejos se acercan a esa porquer?a que tiene entre las piernas, ya no hablo de esa flora muerta que ha destruido con la cantidad de pollas que han escarbado su "cubito". La fornicaciîn encuentra un aliado en la propiedad del cuerpo. Donde hay fornicaciîn, all? habita el diablo. — San Juan Crisîstomo En esas cualquiera con receptàculos de pollas hemorroidales, que vemos cada d?a, a menudo empieza a desarrollarse la demencia, porque toda su vida es sexo y beneficios con una nueva pareja. Y tales metas y sue?os no dan crecimiento espiritual. Durante la recopilaciîn de material para el libro visitå en repetidas ocasiones "clubes femeninos" en el papel de guardaespaldas personal. Tengo un par de amigas divorciadas estupendas, a las que tras el divorcio les tocaron bocados sabrosos que les aseguraron una vejez sin preocupaciones y una vida agradable en el plano sexual, que les permitiî comprar prostitutas regularmente… Llamåmoslas Zina y Dina. Estas "bellas damas" ya pasan de los 50, y en general se ven bien — bueno, ser?a extra?o que fuera de otra manera, tratàndose de dos Vaginas que no salen de los "salones de belleza" y de los gimnasios. ?Y para quiån estàn all?? Claro, para que se les levante a los tipos… De sus labios no hablo, all? todo està claro. En cambio, en el "club de estriptis", entre toda la multitud — medio centenar de mujeres —, para mi sorpresa, ?no vi a ninguna "invitada" sin labios inflados en los salones! A todas, aunque fuera un poquito, se les hab?an "repuesto" los labios, y eso se nota de inmediato… Espero que no haga falta explicar para quå van las mujeres a los clubes de estriptis… ?A esas hambrientas "emperatrices y condesas" siempre les hace falta una polla grande y gruesa con un cuerpo bonito! "Y el carruaje vespertino la lleva a las afueras de Mosc?…" Pues claro, de San Petersburgo a Mosc? en carroza es fàcil, ?y por la ma?ana llenar con su presencia la sala del trono en San Petersburgo — por supuesto! Y justo ah? las esperan sus hombrecitos prostitutos. Si una mujer ha obtenido un sexo alucinante con un semental joven, simplemente se vuelve loca y està dispuesta a hacer absolutamente todo por ål. No siempre, pero como regla, si la vieja tiene dinero y va a los clubes de estriptis… ?Y quå necesita el gigolî? Correcto: ?dinero! Mucho dinero que esas t?as entradas en a?os pueden dar. Los prostitutos a menudo recurren a la astucia. Para empezar, investigan la informaciîn sobre una clienta, averiguando los detalles: quiån es, de dînde, cuànto dinero tiene, dînde vive y mucho, mucho màs… Y despuås, si ella es la que hay que trabajar, empiezan a prestarle màs atenciîn, bailando ante ella, desnudàndose, arrodillàndose como un caballero herido por su belleza, con el atributo imprescindible de un ramo de rosas hermosas, y todo ello en presencia de una multitud de mujeres hambrientas y envidiosas… La clienta al principio duda, y luego su cerebro primitivo, que cree en su exclusividad e irresistible atractivo, y tambiån en que ella es una reina y, naturalmente, que de ella solo se enamoran "hombres" tan dignos de ella, cede al influjo y al empuje de ese "hombre de verdad". Los espectàculos-montajes de estas "estafas" por dinero son planificados por todo un grupo de gigolîs, prostitutos profesionales, incluida la administraciîn de ese burdel, con participaciîn de "psicîlogos" y mentores de actuaciîn y coreograf?a… Cuando la clienta està madura, llega el momento de la verdad, es decir, de la follada. Y aqu? entra la qu?mica, màs exactamente la coca?na, que se espolvorea imperceptiblemente bajo la piel que cubre el glande, es decir, alrededor del "capullo"… Si la mujer exige sexo con preservativo, el "condîn" se "espolvorea" de antemano con coca?na… El orgasmo que se alcanza por v?a sexual con droga es muchas veces màs brillante y convierte a la mujer en un simple "perrito faldero" en manos del gigolî-prostituto. Pero ademàs, la convierte en una drogadicta dependiente de ese màgico "dios del amor". Lo que ella recibiî como intoxicaciîn narcîtica sin saberlo lo percibe como un orgasmo nunca antes experimentado. ?Y eso es como el primer orgasmo o el primer hombre! Me interesaba quå dir?an al respecto las viejas "brujas" que lo hab?an sentido en s? mismas. Y contaban precisamente lo que he expuesto arriba… Como resultado, ella quiere màs y màs "sexo" con ål y solo con ål, con ese "dios" que hiriî para siempre su corazîn femenino. Si la mujer-clienta no recibe ese "amor", se vuelve loca, y por eso, por los encuentros con el "dios", està dispuesta a todo, y el dinero ni siquiera es una cuestiîn… Un marica glamuroso, modisto ruso, ampliamente conocido en los c?rculos capitalinos — y, por cierto, tambiån lo conocen en muchos pa?ses extranjeros —, contî que en Par?s lo follaron con un miembro mojado en coca?na, y describiî detalladamente sus sensaciones. En esencia, es una intoxicaciîn narcîtica, solo que multiplicada por decenas al entrar la droga en la sangre a travås del recto o de la vagina… Personalmente, yo nunca pude siquiera imaginar que el mundo de la prostituciîn, la pederastia y las infidelidades fuera tan cruel, c?nico y sucio… No moriremos de muerte atormentada. Mejor reviviremos con una muerte fiel. — V. Vysotski Algunos diràn: "?Pues que mi mujer no vaya en burka, escondiåndose de todos! ?Y quå pregunta es esa? En el mundo moderno existe algo como el estilo y la moda. Al fin y al cabo, una mujer cuidada se ve eståtica y sexy." Si el hombre es un esclavo, entonces para ål una mujer sexy es algo magn?fico. Los diamantes son valiosos porque hay pocos. Pero la diferencia entre un diamante y un estras es sustancial. Examinemos quå es la sexualidad: La sexualidad es la disoluciîn sexual. La sexualidad es la promesa de la mujer de entrar en relaciones sexuales con todos o con muchos: con cada uno. Sexy: accesible, puta por dinero y no pocas veces por sexo en s?, con un traguito, regalitos o polvo, y no es raro por todo junto. Los hombres casados o en concubinato ven desde hace tiempo cîmo la "mujer-esposa", al irse al trabajo, se transforma radicalmente de gallina domåstica despeluchada con cara de polilla en reina o amazona. El hombre-esclavo dirà: "?Mi mujer va al trabajo!" Perdîn, pero ?por quå la esposa no hace todo al revås? La inmensa mayor?a de los hombres que entrevistå reconociî con franqueza que si la esposa en casa se viera como se ve "al salir a la calle", la cantidad de contactos sexuales con la esposa aumentar?a varias veces, poniendo fin a la fornicaciîn masculina fuera, porque a un ser sin rostro en rulos y con pepinos, observado durante muchos a?os, hace tiempo que no se le levanta a nadie. La persona normal tiene comprensiîn e incluso una especie de ley interior: no se puede juzgar a una persona por su error. S?, es posible que se haya equivocado. Pero cuando ocurre conscientemente y por ello sufren ni?os inocentes, eso no se puede aceptar, ni comprender, ni perdonar. La arp?a que se adorna para otros no es su esposa, es la esposa de la calle, del trabajo y de cualquier otro hombre. Es una mujer p?blica — de uso com?n, como para necesidades sanitarias. Y esa mujer no està interesada en la familia ni en las relaciones familiares con ustedes. Los hombres, casi todos a una voz, dijeron que precisamente el aspecto de la mujer fuera, es decir, en el trabajo, en el transporte p?blico y simplemente en la calle, "contribuye" a las frecuentes aventuras fuera. A muchos hombres se les propuso reflexionar: ?en quå se diferencia su amada de aquella a la que se follaron fuera? Pues su esposa amada tambiån se entrega fuera, como la puta que se lo dio a ustedes. Si un hombre està convencido de la "fidelidad" de su esposa, entonces ese hombre es simplemente un presumido bobo, y su diagnîstico es "adicciîn vaginal". La ramera en todos los tiempos nunca ha pertenecido a nadie, y està libre de las promesas y juramentos de fidelidad que hizo. No le es propia la lîgica del hombre, porque su esencia son las emociones, ?no la razîn! En el mundo de las mujeres hay un grupo aparte, ridiculizado por la inmensa mayor?a. Fui testigo de cîmo en una residencia de estudiantes, a una chica que llevaba un modo de vida modesto y moral, se le re?an a sus espaldas llamàndola "virgen". Y "le escup?an a sus espaldas" precisamente las que llevaban una vida de fornicaciîn, afirmando que la puter?a es buena, ?y la castidad, la pureza y la moralidad son una verg?enza! Conozco a mujeres, en el pasado miembros del Komsomol, que antes del matrimonio hac?an tales "saltos mortales" que las actrices porno fuman nerviosamente a un lado. Ahora esas mujeres son "damas respetables", y a algunas las veo por televisiîn, desde las tribunas, hablando de la pureza y la moralidad en la sociedad. Si alguien pensî que se arrepintieron, se equivoca profundamente. Esas damas fornican igual, solo que ahora por follarlas pagan dinero, ?para que las taladren con un miembro joven y firme! Porque las damas "arrepentidas" antes no brillaban por su belleza con cosmåticos en la cara, y ahora, incluso despuås de la cirug?a plàstica, representan un espectàculo lamentable. Y, por cierto, pràcticamente todas y cada una son divorciadas o simplemente viven separadas del marido. En las ?ltimas dos dåcadas, en el mundo, y Rusia no es la excepciîn, los servicios màs demandados son el alargamiento de pesta?as, el tatuaje de cejas, los extensiones de cabello y, por supuesto, la restauraciîn del himen. El volumen de negocio anual asciende a muchas decenas de miles de millones de "dîlares". El hombre se pregunta: ?de quiån es el dinero que se gasta en esos "procedimientos"? ?Claro que no! El hombre-tonto a menudo ve en casa a la esposa que acaba de llegar del salîn de belleza. El hombre-bobo ni siquiera presta atenciîn, y la esposa lo ve. Y si el marido no le presta atenciîn, bueno, quå importa, fue al salîn. Pues el marido hace tiempo que se enfriî respecto a la esposa. Entonces surge la pregunta: ?para quiån va a los salones de belleza? ?Diràn ustedes que para s? misma? ?Y por quå para s? misma en casa anda como una polilla sin rostro, a la que sin maquillaje mirar no es que då miedo, sino asco? Por lo general, esas malas esposas tienen amantes, y ni siquiera uno, con una probabilidad de màs del 90%. A finales de los 90 tuve el honor de conocer a una persona maravillosa, un hombre, hoy honorable profesor, mådico, obstetra-ginecîlogo. El nombre, por supuesto, no lo revelo, pero llamåmoslo Ivàn Ivànovich. Una vez su amada y ?nica no solo le puso los cuernos con el chîfer de la familia, ?sino que ademàs lo robî! En aquel momento, ese hombre inteligent?simo, inocent?simo respecto a su esposa y a su trabajo, se hallaba en una depresiîn profund?sima, de la que saliî solo gracias al apoyo de hombres que hab?an experimentado en su propia piel quå es la fidelidad y el amor de una mujer: "yo soy madre". Ivàn Ivànovich llevaba su propia estad?stica personal en el marco de su actividad profesional. Y esto es lo interesante que estableciî: — entre los 13 y los 15 a?os ten?an experiencia de relaciones sexuales siete de cada diez ni?as; entre los 15 y los 16 a?os, ten?an relaciones sexuales nueve de cada diez ni?as. Y entre los 16 y los 18 a?os, ?virgen quedaba solo una muchacha de cada veinte personas de sexo femenino! Y ahora, como en el "Campo de los Milagros": ?quå "muchacha" de cada veinte le tocî a quien lee este libro, y cîmo se llama? ?Abriràn una letra o diràn la palabra? Ah, y si ustedes son romànticos y esperan el sector premio, entonces probablemente se llama "Alice", como en la canciîn del mismo nombre… Los hombres dicen muy a menudo que no les interesa con quiån estuvo "su" mujer antes que ellos. Sin embargo, tarde o temprano surge esa pregunta, y el hombre pregunta no solo cuàntos tuvo antes que ål, sino tambiån quå tama?o ten?an las pollas de sus parejas. ?Por quå ocurre esto? Porque empiezan a asaltarlo las dudas de que ål es precisamente aquel del que esa mujer no se irà, y de que para ella es "de verdad", el mismo… Y el hombre, despuås de que se le cae de los ojos la venda del arrebato hormonal y la pasiîn, comprende tambiån que vive con una cualquiera que empieza a reprocharle a menudo, poniendo como ejemplo a aquellos con quienes se follaba antes que ål. Quiero destacar especialmente que ni un solo hombre al que hice preguntas en conversaciones privadas, ni uno solo me respondiî negativamente: ?elegir?a para crear una familia a una mujer experimentada o a una virgen? El 100% desea mucho tomar por esposa precisamente a una pura, a la que nunca se le podrà reprochar nada, ?y el respeto hacia una muchacha as? està incluso por encima de los sentimientos de amor! Y ademàs, todos quieren precisamente de una muchacha pura engendrar hijos, ?y no de un "cubo de basura"! La uniîn con una muchacha virgen garantiza con una probabilidad de màs del 80% que serà no solo fiel y moral para toda la familia, sino tambiån fuerte a lo largo de toda la vida. Y el matrimonio con una puta da un ?ndice de menos del 5% de que la familia se conserve y haga felices a los hijos y, en consecuencia, ?al propio hombre! La disoluciîn sexual femenina no pasa sin dejar huella, y tanto su estado f?sico como sus capacidades reproductivas para dar una descendencia sana dependen directamente del modo de vida que lleva o llevî esa "mujer" antes de conocer al hombre que decidiî unir su vida con ella. Nosotros, los hombres, al tratar con una persona, miramos obligatoriamente a los ojos y a la cara. Pero por alguna razîn estamos ciegos y no vemos que, al tratar con una mujer, no prestamos atenciîn a que la interlocutora tiene las cejas en forma de tatuaje en lugar de cejas de verdad, o simplemente dibujadas en la frente con làpiz. Y no vemos que pesta?as esa "zorra" tampoco tiene: ?son artificiales! La feminista-odianhombres aullarà histårica que eso es mentira y un insulto. Y el admirador adicto a la vagina de la "fidelidad pagada" me llenarà de ep?tetos, de los que es rico el argot moderno. "Queridos matriarcalistas" — lameculos —, ?esta es la verdad de la vida! A muchos hombres les toca madurar y llamar a las cosas por su nombre. Si todo es tan magn?fico con "nuestras mujeres", entonces ?por quå solo en nuestro pa?s cada d?a, subrayo, cada d?a se practican màs de 5000 abortos? La estad?stica oficial nos miente al decir que los abortos al a?o no superan los 500 000. ?Se cometen no menos de 3 500 000 anualmente! El asesinato de ni?os està legalizado por la sociedad de prostitutas, man?acos y toda clase de sodomitas, que, por desgracia, son cada vez màs en la sociedad moderna. No es dif?cil calcular cuàntas policl?nicas en el pa?s practican abortos al d?a. A lo largo de todos los siglos de nuestra civilizaciîn, al menos de aquella en la que vivimos, el hombre y la mujer tienden a esclavizarse mutuamente, parasitando la debilidad y las necesidades del oponente. Y cada una de las partes exige siempre adoraciîn y veneraciîn de s? misma como ?nica e irrepetible esencia, llamàndolo manifestaciîn de amor y prueba de ese amor. Pero en esencia es una comprensiîn pervertida del amor, convertida en un acto de cercan?a f?sica con todas las perversiones y consecuencias que de ello se derivan, con supresiones tràgicas… El amor carnal cantado por todos no existe. Y cualquier enfrentamiento entre personas del tipo "t? me das, yo te doy" està condenado a la guerra. Por desgracia, el hombre està hecho de tal manera que, para comprender el amor, necesita conocer en su propia piel el odio y el dolor, gracias a los cuales el que sufre se dirige al Creador. Pues cuando todo està bien, al hombre no le importa el Creador: ?bastante tiene con sus propias preocupaciones! Los conocimientos espirituales se le dan al hombre para determinar la direcciîn hacia la moralidad, la filantrop?a, la paz, el amor y la compasiîn hacia los mundos que lo rodean… Disciplinando, o al menos definiendo, los marcos morales necesarios para una personalidad no formada o extraviada. Los "marcos-reglas" explican quå es la fornicaciîn, el mal, el odio, la envidia, el adulterio, etcåtera… Y cuando la persona està madura, no necesita muletas religiosas en forma de intermediarios entre el Creador y la persona. El intermediario, por regla general, parlotea sobre lo divino — hipîcritamente y parasitando el caos de la ignorancia y la credulidad de la persona. La fe, las reglas morales, que ense?an las leyes de la åtica divina, o màs bien, que despiertan en la persona la memoria cordial de la experiencia pasada de su alma, creada por el ?nico y Todo Buen Creador. La moralidad no puede fundarse en nada màs que en la conciencia de s? mismo como ser espiritual, uno con todos los demàs seres y con todo. Si la persona no es un ser espiritual, inevitablemente vive solo para s?. Y la vida para s? y la moralidad son incompatibles. — L. N. Tolstîi Àngeles Al orfanato de pàrvulos, situado lejos, en los arrabales del centro federal, nosotros, seis hombres adultos llegados a esa regiîn por asuntos, decidimos acercarnos para prestar ayuda. Lo practicamos con bastante frecuencia, porque sabemos que cuanto màs lejos de Mosc? o San Petersburgo, ?màs dif?cil es para los peque?os huårfanos! Los ni?itos — àngeles — estàn unidos por un mismo dolor, una misma desgracia. Fueron abandonados por sus padres, retirados de alcohîlicos y drogadictos, recogidos en portales, en vertederos, en contenedores de basura e incluso ?en pozos såpticos! Nos recibiî una mujer joven de unos 25 a?os. Al enterarse del objetivo de nuestra visita, enseguida nos dio batas, y entramos sin trabas con ella en la secciîn infantil… Decir que estàbamos conmocionados es no decir absolutamente nada. Los peque?os estaban desnuditos, sin pa?ales, sentados, gateando y de pie sobre colchonetas màs parecidas a camas de perro, con manchas secas de restos de comida, orina y caca… El olor a aire estancado, mezclado con olor a orina y leche, nos golpeî en las narices a nosotros, que ven?amos del aire fresco del invierno de una ma?ana helada… Los peque?os, al vernos, todos a una se echaron a llorar, y muchos incluso gritaron, extendiendo hacia nosotros sus manitas a travås de los barrotes de madera de las cunas, que hac?an las veces de càrcel. ?Los ni?itos gritaban como peque?os becerros en sus celdas — a los que nadie comprende! No hagas lo que condena tu conciencia, y no digas lo que no està de acuerdo con la verdad. — Marco Aurelio Y despuås de visitar ese orfanato vinieron estas palabras, que en general no pueden transmitir el dolor que llevan sobre sus fràgiles hombros los ni?os de todos los tiempos y pueblos. Los ojos de un ni?o, de un peque?o, como dos platos enormes Miraban al mundo a travås de un velo de làgrimas Y ål estaba de pie en la cuna tras la reja, A travås de los barrotes de la càrcel, tendiendo la palma. Y nosotros pasamos de largo, andamos en afanes, No notamos ni o?mos la llamada. Somos rusos, a los nuestros no los abandonamos, ?Y los ni?os? — los ni?os soportan el dolor. Y los huårfanos de la guerra, entre t?os y t?as, No logran gritar hasta sus papàs y mamàs. Somos rusos, no podemos abandonar a los nuestros — Vamos, todos juntos, llevåmoslos a todos a casa. Muchos ni?itos estaban meados y con caca. Los pa?ales sucios, las camisitas sin cambiar desde hac?a tiempo, y los ni?os, gritando, — con sus ojos de àngeles irradiaban tal dolor, tales sufrimientos, que nosotros, hombres hechos y derechos, no pudimos contener las làgrimas. A escondidas nos secàbamos las làgrimas, y en esencia lloràbamos junto con los peque?os… Cada peque?o tiene su propia historia de "vida" por separado… — A Màshenka la sacaron de un pozo såptico, a?n con el cordîn umbilical sin atar… Su llanto lo oyî el ni?o vecino Seriozha, ?gracias al cual salvaron a su Masha! — A Andriushka lo encontraron en un contenedor de basura, casi sin aliento, unos obreros que retiraban la basura por las ma?anas de los patios de los bloques de pisos. — A Vànechka lo encontraron en un portal, en una caja de galletas… — A Stesha, medio muerta de inaniciîn, en un armario, en un antro de alcohîlicos y drogadictos… La lista de ni?itos y de sus sufrimientos a escala del pa?s es tan monstruosa que no alcanzar?a ni la vida ni las fuerzas para hacerla p?blica… La tragedia de la infancia no son solo los ni?os huårfanos, son tambiån los ni?os huårfanos con discapacidad. Seg?n los ?ltimos datos, en Rusia a comienzos de 2025 hab?a 779 308 ni?os con discapacidad. En 2024 hab?a 779 000 ni?os con discapacidad, y en 2023, 722 000. De ellos, 456 000 ni?os varones con discapacidad, y alrededor de 323 500 ni?as. La tragedia de la infancia es una sola herida continua que nunca cicatriza en el cuerpo y en las almas de los peque?os, condenados al sufrimiento y al tormento por los no-humanos con faldas que se llaman a s? mismas mujeres modernas. Todos los derechos en Rusia son solo de la mujer, y ninguna obligaciîn, y todo lo demàs es formalidad… Y creo que debemos prestar atenciîn a cuàl es el valor de la mujer en nuestro pa?s desde la posiciîn material, del que tan alto hablan ellas, diciendo que el hombre debe mantenerla, colmarla de regalos, diamantes y abrigos de piel… Y que los hombres han degenerado, convertidos en abusadores redomados… La producciîn de pieles de animales de peleter?a en las granjas peleteras està organizada para complacer a la mujer. Como tambiån la caza de esos animales de piel en la naturaleza salvaje… Es un hecho escandaloso que, para la calidad de la piel, al animal se le arranca la piel vivo, y luego lo dejan morir en terribles tormentos, en un montîn de los mismos desdichados visones, zorros, mapaches, zorros polares e incluso perros y gatos… Los chillidos de la sociedad sobre la humillaciîn y la ofensa de la mujer moderna no resisten ninguna cr?tica. La facturaciîn del mercado de art?culos de piel natural en Rusia en 2024 mostrî un crecimiento seguro del +25%. Esto se convirtiî en una subida significativa de precios en el contexto del aumento del coste de la materia prima. En 2024, el volumen de ventas de art?culos de piel ascendiî a 150 000 000 000 de rublos. El pronîstico para 2025, con la dinàmica de aumento del coste de la propia piel, serà de aproximadamente 200 000 000 000 de rublos. ?Ven a menudo a un hombre con abrigo de piel? A un marica saltando en el escenario, quizàs… Pero los hombres, al menos durante mi medio siglo, no han llevado abrigos de piel. Pieles de borrego — s?, y solo en regiones donde hay heladas muy fuertes, o chaquetas forradas de piel, y eso exclusivamente para conservar el calor en condiciones duras… ?Y para quiån se extraen a costa de la salud masculina e incluso de la vida todos esos diamantes, zafiros, rub?es, esmeraldas y demàs "joyer?a"? Tal vez lo comprendemos, pero no lo acabamos de asimilar del todo… En 2024, el mercado de art?culos de joyer?a en Rusia alcanzî casi 470 000 000 000 de rublos, lo que es un 26–35% màs en comparaciîn con el a?o anterior. En 2025 se espera la continuaciîn del crecimiento, quizà hasta el trece por ciento, lo que supondrà aproximadamente 550 000 000 000 de rublos. ?Y quiån gasta dinero en eso: los abusadores? Estimados hombres, ?ven a menudo a un hombre con joyas? ?Por quå aquella que fue creada para multiplicar el amor, el bien, la compasiîn, la ternura, la modestia, la fidelidad y la castidad se ha convertido, en su inmensa mayor?a, en un demonio? Lo asombroso es que, en el mundo en el que vivimos, todo lo que se crea es exclusivamente a costa del sufrimiento no solo de ni?os y adultos, sino tambiån de animales, y todo para complacer a la mujer… Y por extra?o y lamentable que sea, el principal generador de violencia y guerras, por desgracia, es la "mujer" moderna… Quiero hablar un poco de lo que significan los sufrimientos de los animales que comemos. La carne es carro?a… Ay, es as?. A los animales los matan en medio de sufrimientos y tormentos, y antes de su muerte, durante meses y a veces a?os, se burlan de ellos, causàndoles sufrimientos para luego matarlos y comårselos… El trozo de cadàver se fr?e, se cuece, se congela, se convierte en carne picada… Personalmente, procuro consumir la menor carne posible, teniendo en cuenta que tengo la posibilidad de comer verduras, queso y productos làcteos. Y la comida es especialmente sabrosa cuando se prepara en casa por las manos de una persona querida… En uno de los canales federales, en directo, al ministro de agricultura le preguntaron: ?por quå a la carne de vaca se le llama "goviàdina" (hablando)? El ministro no pudo responder… La respuesta se encuentra en los Vedas. Cuando los seres vivos sufren, emiten la energ?a del sufrimiento "gavah". Esa energ?a tiene color marrîn… De la palabra "gavah" proviene la palabra "goviàdina". La cålula del organismo que sufre transmite a las cålulas vecinas informaciîn sobre su dolor y sus sufrimientos. Despuås de la muerte del cuerpo en el que sufr?an esas cålulas, en las ?ltimas queda la informaciîn sobre los sufrimientos, los tormentos, el horror, etcåtera. Los Vedas proh?ben comer carne de vaca… Gavi — vaca, Gavini — reba?o de vacas, Gavah — sufrimiento de la vaca, Gavisha — sediento de vacas. Con el tratamiento tårmico, la informaciîn de los tejidos no se borra ni se elimina… Es una especie de "producto irradiado". Al entrar en el cuerpo humano como alimento, avisa instantàneamente a las cålulas de sus sufrimientos, soportados por el animal en su vida pasada. La persona no comprende por quå es agresiva, por quå le resulta dif?cil estar tranquila, y el sistema nervioso desquiciado se convierte en un "magn?fico" fundamento para el desarrollo de diversas enfermedades graves, tanto f?sicas como psico-espirituales… Un neutralizador serio de la energ?a "govah" es la oraciîn por el ser vivo que entregî su vida para alimentarnos. Los hombres que practican sinceramente la oraciîn antes de comer cuentan que incluso ven a tales o cuales seres vivos cuya carne consum?an. Eso ayudî despuås a muchos a renunciar por completo a la carne… No hay nada vergonzoso en agradecer al animal y pedirle perdîn por el asesinato, si no pueden renunciar a la carne. La elevaciîn de la oraciîn es el reconocimiento por parte de la persona de la presencia del ?nico Creador Infinito en todo. Las religiones dicen "no mataràs", pero por alguna razîn bendicen el asesinato de personas y animales. Cada uno tiene derecho, seg?n su elecciîn, a actuar como le dicte su conciencia… Yo no propongo nada a nadie, no impongo mis puntos de vista y menos a?n llamo a alguna tonter?a. Me resultî sumamente curioso quå significa la carne "kosher y halal". Y esto es lo que vi: por ejemplo, cîmo se hace la "carne kosher"… Imag?nense un tambor de hierro, colocado verticalmente sobre un eje metàlico, tipo "carrusel". En ese tambor hay seis compartimentos, en cada uno de los cuales se mete una vaca o un toro, de tal manera que, despuås de cerrar las puertas de hierro tras el animal, la cabeza del animal quede afuera… El "matarife" activa el mecanismo de rotaciîn de ese tambor, y por turnos, con un cuchillo enorme, màs parecido a una espada, corta el cuello de los animales… El tambor giratorio hace girar verticalmente a las pobres vaquitas, poniåndolas por turnos patas arriba. Los animales, sin comprender quå les ocurre, intentan ponerse de pie, y al mismo tiempo gritan y emiten estertores terribles… El espectàculo es espantoso… Estando en el horror, los corazones de esos animales expulsan la sangre, y los chorros de sangre brotan de ellos a r?os. Se considera que si se ha "exprimido" la sangre del animal, esa carne es pura, es decir, kosher o halal, supuestamente en la sangre està el alma del animal o de la persona… A los pollitos y gallinas no se les corta el cuello. Simplemente se les abre la arteria en el cuello y se les arroja a una gran tina de hierro, a morir atormentados… El ave tampoco comprende quå le ocurre, intenta levantarse o saltar fuera, salpicando sangre sobre sus desdichados congåneres. Cuanta menos sangre, màs ràpido laten los corazones de los seres vivos, màs sufrimientos experimentan, y luego el corazîn no aguanta, y los animales mueren en tormentos… Un "magn?fico rito religioso", ?verdad? El flujo informativo que comen los "cadàver-fagos" arruina a sus generaciones, convirtiåndolos en degradados espirituales que aspiran a la aniquilaciîn de sus semejantes. Y es que todos los animales tienen, como nosotros, sangre, alma, corazîn… 29; Y dijo Dios: He aqu? os he dado toda hierba que da semilla, que està sobre toda la tierra, y todo àrbol en que hay fruto de àrbol que da semilla: — os serà para comer. 30; Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo reptil que se arrastra sobre la tierra, en que hay alma viviente, les he dado toda hierba verde para comer. Y fue as?. 1, 25-2, 22 (1, 29-30) Gånesis ——————————————————- Los logros de la civilizaciîn son peque?os, y las pårdidas, irreparables. El hombre civilizado ha perdido la naturalidad y la sencillez, ha perdido la propia naturaleza, convirtiåndose en v?ctima de toda clase de perversiones. — Bhagwan Rajneesh El hombre despierto de las ilusiones es muy incîmodo para la mujer moderna, protegida por el Estado. En muchos pa?ses del mundo, incluida Asia Oriental, cobran fuerza comunidades masculinas que han renunciado a las relaciones con mujeres. ?Tales comunidades existen desde hace tiempo en Europa y Amårica, y ahora tambiån en Rusia! Las "mujeres" se han vuelto tan descaradas que los hombres no desean participar en esas guerras de co?itos sobre quiån manda en la familia, y que la "mujer" ahora tiene "razîn" en todo, teniendo derecho a quitarle al hombre con ayuda del Estado: los hijos, los bienes, la libertad y, como resultado, ?la vida! A un hombre libre e independiente no le quitaràn los hijos, y no necesita pagar con su vida por la "felicidad" ilusoria de poseer a una "mujer", o màs exactamente a su "vagina", que canta sobre la dulzura del amor — de contenido y frecuencia sumamente dudosos… A los hombres despiertos que van por su propio camino se les acusa de homosexualismo, ?lo cual serà una mentira absoluta y una calumnia! Los maricas necesitan contactos sexuales; su mente pervertida, ay, no puede vivir sin follar por el culo y por la boca. Y los hombres que han renunciado a las relaciones con las "mujeres" en su inmensa mayor?a entraron en una larga abstinencia sexual completa, y luego renunciaron para siempre al sexo y a las "mujeres", màs a?n. Los hombres que van por su propio camino de independencia renunciaron a las relaciones con mujeres. Es decir, renunciaron a la fornicaciîn banal. No hay relaciones — no hay problemas: ay, pero es la verdad. No es la mujer la que molesta, sino las relaciones con esa mujer. Es agradable tratar sin desear a las mujeres como objeto sexual, es agradable estudiar el mundo femenino sin ganas de "metårsela" en alg?n sitio… Es agradable tratar con mujeres-socias, y en general vivir rodeado de mujeres siempre es agradable, si no se les permite cruzar las fronteras de mi espacio personal. Soy sociable, y el trato con una persona, especialmente inteligente, modesta y limpia, es en todo mucho màs agradable… La mujer inteligente es un tesoro raro. Y la casta, pura tambiån en los pensamientos, ?es en general una rareza extrema! No soporto a las putas, la hipocres?a, la crueldad hacia los ni?os — independientemente de quiån sea: marciano o del color de piel que tenga… Para m?, un ni?o es tan sagrado como los nombres de mis padres y de mis maestros espirituales… As? como la mujer moral para m? es sinînimo de fe, amor, pureza, fidelidad y maternidad… El hombre, mediante la abstinencia completa, sublima sus fuerzas para ayudar a los cercanos, llevando el bien a los ni?os y a los ancianos, hallàndose en un estado cercano a la paz completa del alma, del esp?ritu, del cuerpo y de la paz de la mente, que es la base de la felicidad humana — oculta por el mundo ilusorio de las cualquiera modernas… La pràctica de la abstinencia sexual — "Brahmacharya" para el laico — es una pràctica de restauraciîn del estado f?sico, espiritual y ps?quico del hombre. No recomiendo esta pràctica a personas de psique dåbil, especialmente a quienes estàn acostumbrados a satisfacerse a diario y no se imaginan quå es el silencio del cuerpo y del esp?ritu — ni siquiera hipotåticamente. El onanismo crînico ha sometido a la mayor parte de la poblaciîn masculina del mundo, ?ay! Por cierto, la mujer en esto no cede en absoluto a los hombres. Para los que poseen fuerza de voluntad y una columna vertebral interior, la abstinencia, y en consecuencia la paz, daràn la posibilidad de reescribir su guion del destino y echar a patadas a la protagonista principal de la pel?cula sobre su vida: la universalmente venerada cualquiera, puta — que nunca dice que no. Solo en el "silencio" el hombre es capaz de establecer prioridades. Para los pedig?e?os de vagina, esta pràctica puede resultar un camino al manicomio o al psiquiatra. Pero si la mujer ayuda a crear la vida, a guardar la casa, a parir hijos, o participa en la creaciîn con el marido, entonces hay que honrarla como a una reina. — M. Prishvin Subrayo: los problemas estàn en la ra?z — en las relaciones con la ramera. No hay relaciones con una cualquiera — no hay problemas. La ramera es un paràsito que roba la felicidad masculina, dando a cambio de manera absolutamente no equivalente, o màs bien en pråstamo, su rendija sexual… Los pol?ticos, la publicidad, el cine y los libros a una sola voz ensalzan la fornicaciîn, la lujuria y la decadencia moral de la mujer-esclavista, complaciendo su codicia, crueldad y permisividad, ?que se han vuelto la norma para todos! Esa ideolog?a recuerda al socialismo, que promete riquezas y felicidad al hombre honesto y muy trabajador. Sin embargo, la historia ha demostrado que ahora el que trabaja mucho, sin enderezarse, por lo general nunca tiene nada. Y los paràsitos que nunca hacen nada roban miles de millones con bases legales precisamente bajo la protecciîn… Ejemplo: un hombre conoce a una mujer — recuerden, ?cîmo ocurriî en su caso? El cuadro general: ?guau! ?Y de quå estaba compuesto ese cuadro? De los colores vivos y del comportamiento de la mujer… ?Todo parece como si la decisiîn de conocerse fuera iniciativa del hombre! Pero, ay, no es as?. Desde el primer segundo, la mujer activa el sistema de manipulaciones, y el hombre pierde, aunque sea el ?ltimo, el dåbil, pero aun as? el juicio… Recuerden, ?cuàndo dejaron de interesarle? Precisamente cuando ella los obtuvo con todo. Por eso luego ustedes sienten celos, sintiendo subconscientemente que su mujer se fue con otro o ya està en busca de otro tonto, de un "hombre de verdad"… Ella obtuvo todo lo que quer?a y sigue adelante. Es ella la que "se follî" al hombre, y no ål a ella… A lo largo de mi vida he visto muchas veces el cuadro repetido de los acontecimientos en los destinos de hombres absolutamente distintos. Ademàs, hombres decentes, sinceramente enamorados de sus mujeres. Hombres que creen ciegamente a sus esposas. Y a ninguno de ellos, por alguna razîn, se le ocurriî ni una sola vez dudar de las palabras de sus mentirosas mujeres — esposas. Una triste regularidad: las mujeres, llevadas en brazos por sus hombres, se acostumbraban a ello como, por ejemplo, si una persona al encontrarse dijera "buenos d?as" o "buenos d?as". El ramo de flores del marido se volviî para la mujer algo tan habitual que incluso empezî a irritarla. La autoestima de las mujeres, al elevarse una vez, considera que no es ese el nivel donde debe estar. Y la mujer conscientemente empieza a buscar a alguien mejor, y su marido, que la idolatra, ahora es solo un pelda?o sobre el que ella està de pie… El Marinero En uno de mis viajes de negocios a M?rmansk, un viejo amigo m?o me invitî a visitarlo. Su esposa, en aquella visita, estaba en el noveno mes, encinta… Serguåi, un anfitriîn hospitalario, preparî una mesa abundante para mi llegada, y pasamos varias horas maravillosamente, recordando con risas anåcdotas de nuestra vida en el ejårcito y en los viajes de negocios… En resumen, la velada fue esplåndida… Serguåi es de esos que adoran a su esposa sin reservas y conf?an en ella ciegamente. En plena celebraciîn, Seriozha recordî que hab?a olvidado comprar el pastel para el tå y, sin ceder a mis s?plicas, se vistiî y saliî a la tienda diciendo: «?No se aburran, ya vuelvo!» No hab?an pasado ni cinco minutos desde que la puerta se cerrî tras Serguåi, cuando su esposa embarazada me propuso ràpidamente acostarse conmigo. ?Me quedå sin habla! Y al recuperarme, preguntå: «?Y Serguåi?» «Ål no se enterarà», respondiî la amada esposa de mi amigo, «y la madre del bebå que a?n no ha nacido…» La gran mayor?a de las mujeres no respeta a su marido —al hombre— porque su subconsciente sabe que un hombre digno jamàs tomar?a como esposa a una puta sucia. Y la mujer «sabe» quiån es ål ahora. Las làgrimas sobre el hombre de verdad son ciertas. El hombre de verdad es inaccesible para la puta. Y aquellos a quienes ellas han enganchado no son hombres, sino ganado sometido, que cree ser un hombre de verdad basado en la mentira de la mujer. A la mujer le gusta aparentar sufrimiento cuando el hombre la abandona. Este juego es un juego de v?ctima, donde se hace la desgraciada y cree que no tiene culpa. Es un juego de mentiras, donde se incluye la puta por herencia y la influencia de la «sociedad» que ha criado a tales «sufridoras». Para que el hombre se vaya de la familia o de la puta, la mujer debe mostrar toda su antipat?a y vileza. He hecho preguntas a mujeres, y no a una docena. ?Quiån, en su opiniîn, inicia el conocimiento: el hombre o la mujer? La mayor?a de las mujeres, por lo general, desviaban la conversaciîn hacia bromas y juegos de palabras con una sonrisa… Pero finalmente confirmaban: s?, la mujer es la que inicia la atracciîn de los hombres y los provoca a actuar. El per?odo de noviazgo se debe a la autoestima inflada de la mujer, o màs exactamente, al «valor» de su vagina. Para acceder a esa «rendija», el hombre debe ganàrselo, pagando con «chucher?as». El c?rculo se cierra. Lo notable es que el hombre que corteja a una dama se humilla a s? mismo. La mujer ve de inmediato las debilidades del hombre y elige las formas y palabras para influir en el «ciervo enloquecido». Cuanto màs blando, condescendiente y amable es el hombre con la elegida, màs c?nica, exigente y caprichosa se vuelve ella. Cuanto màs se relaciona el hombre con la mujer, màs dåbil parece a sus ojos. Demostrando que es un tonto digno, mediante el lamido de su entrepierna. Una mujer que desea estar en uniîn con usted nunca caerà en manipulaciones ni exigirà cosas que vayan màs allà de la nociîn humana de moralidad, honor y dignidad. Esa mujer ya lo respeta. La relaciîn de pareja solo puede basarse en el respeto mutuo, no en los sentimientos, como cree la gran mayor?a. Las «entregadas» modernas, que nunca dicen que no, suelen tener poca educaciîn —y su educaciîn la han sustituido por la vagina. Y el hecho de que hayan terminado institutos no es una educaciîn espiritual, ni familiar, ni moral. Y cîmo estudian estas estudiantes por las noches en clubes, strippers, saunas y otros antros, ya todo el mundo lo sabe, muchos lo han visto con sus propios ojos e incluso lo han probado… El hombre ingenuo piensa que al conocer a una joven estudiante ha encontrado a un àngel. Ay, es un error y un enga?o, y al cabo de un tiempo de vida en com?n, el hombre se sorprende de por quå, despuås de la boda, la mujer-amante cambia bruscamente su retîrica y su aspecto. Es simple: la mujer deja de cuidarse, sobre todo despuås del parto, y ahora el mundo le debe todo. Le da igual la opiniîn del hombre, que le debe —es un tonto, su propiedad y esclavo por abrirle su «horquilla». En esencia, la mujer se alquilî temporalmente, y el hombre, por alguna razîn, creyî que la mujer le pertenec?a para siempre. ?Quå tonto! Un malentendido total entre arrendatario y arrendador… Los Recogedores (Pickup artists) Los recogedores son una muestra de la estupidez masculina y la ausencia de lo masculino, tanto en la cabeza como en el alma. Un recogedor es una puta de sexo masculino, y en esencia està cerca de la pedofilia, que nace de una mente enferma. El objetivo del recogedor es enga?ar, follar y abandonar. ?Quå sentirà ese semi-pîker cuando violen y abandonen a su hija? La abandonen humillada y ademàs embarazada. Un hombre serio no tiene tiempo para cosas de putas y estafas. El recogedor no puede comprar nada porque no tiene dinero, no sabe hacer nada y, por lo general, vive a costa de los demàs. Es dif?cil incluso llamar prostituta a un recogedor, tan bajo y repugnante es. Un recogedor, al venir a una reuniîn conmigo, presum?a de que le encantaba especialmente «enganchar» para sexo a divorciadas con hijos. A medida que avanzaba la conversaciîn, resultî que ål mismo era hijo de una divorciada. Y le preguntå: «Seguramente te encantaba que los t?os adultos se follaran a tu madre mientras t? estabas en otra habitaciîn viendo dibujos animados, a veces mezclados con los sonidos del sexo detràs de la pared… Te encantaba o?r cîmo se tiraban a tu madre, ?verdad?» En ese instante, el semi-pîker-incompleto se hinchî y se sonrojî de verg?enza e ira. Continuå: «Pues escucha, follador inacabado. Una mujer divorciada, especialmente con hijos peque?os, no merece humillaciones. Tipos asquerosos como t? no la insultan a ella, y es repugnante que humilles a sus hijos, que no te han hecho nada malo en la vida. ?Acaso te vengas as? del mundo de las putas? ?Te vengas de ti mismo, burro! Ademàs, le das esperanza a la mujer a travås de la mentira para follarla, y luego le quitas esa esperanza. Y tu madre tambiån sufriî, ?maldito! Y no importa quiån tenga la culpa de tu soledad y educaciîn sin padre… Parte de ese dolor lo llevas toda la vida, pero lo màs repugnante es que haces sufrir a otros huårfanos de padre como t?…» Desgraciadamente, el hombre moderno ha llegado a tal grado de degradaciîn que ya no puede ayudar a otro desinteresadamente. Si un hombre quiere ayudar a una familia monoparental con hijos, lo correcto es simplemente dar dinero o comprar comida, sin pedir nada a cambio. Y comprar a una mujer por comida, por su propia estupidez y por baratijas, es lo mismo que la prostituciîn, solo que domåstica. Da igual quiån compra y quiån vende: ambos son prostitutas. Cuando la memoria no embellece Hace unos 25 a?os, en Mosc?, en la plaza Kitay-gorod, hab?a un cafå llamado «Prada». Era, digamos, un lugar glamuroso. Para entrar, las chicas con aspecto de modelo ten?an que hacer cola durante horas… Los veteranos recuerdan ese lugar. Para los habituales pijos siempre hab?a sitio, y por supuesto, aparcamiento junto al cafå. En esencia, era un club-restaurante, donde siempre se pod?a ver a pol?ticos, artistas destacados, actores de teatro y cine, militares de todo tipo, sin mencionar a los diputados rastreros y senadores, personalidades de la alta sociedad y de los medios. All? se hac?an negocios, negociaciones de todo nivel. Se entregaban sobornos a funcionarios, y todo ello al lado de la plaza Lubyanka. En ese establecimiento siempre hab?a un servicio excelente, buen licor, cocina de notable alto y productos siempre frescos. Los fundadores eran 11 personas, casi todos conocidos. Llegando con mi chîfer en un coche premium a ese club, entraba en el local vestido con un traje Kiton, zapatos que brillaban como «barniz de piano», camisa blanca de Versace o Dior, y gemelos con un reloj de no menos de diez mil dîlares, sosteniendo un telåfono Vertu y una cartera de cocodrilo Birkin, bien llena de divisas y tarjetas de plàstico. En mi cabeza llevaba unas enormes astas, como las de un ciervo, y sobre ellas cargaba una casa en Rublevka, joyas, tarjetas de club, viajes a Mînaco, Roma, Milàn, zapatos y vestidos caros, vino roså y champàn Cristal, ostras y mi fidelidad a un macho incre?ble, del cual la mujer simplemente debe tener hijos. ?Porque yo soy el verdadero hombre, joder, el sue?o! Y a los 15-30 minutos, alguna modelo con ojos de jirafa tonta me hac?a una mamada en el acogedor ba?o del «Prada», sentada con su lindo trasero en la tapa del inodoro, mostrando sus jugosos y jîvenes pechos… Al contar esto, muestro que viv? como vive ahora la gran mayor?a de los hombres de nuestro pa?s, que llevan en su cabeza una vagina como si fuera su sombrero de Napoleîn, que perdiî la guerra de 1812. La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos. —Marco Aurelio Niebla ?Mamà! —gritå siguiendo a la persona màs querida del universo, tratando de soltarme de las manos del cojo Mijàlich. ?No le importo a nadie! —estallî en mi cabeza. Mamà se iba con la espalda recta, en silencio, sin mirar atràs ni despedirse con la mano… Para «estar lejos del pecado», me encerraron en un despacho con una ?nica mesa. Subiåndome a esa mesa, llorå amargamente, tratando de entender por quå mamà me hab?a abandonado… En fila de cinco, los ni?os del orfanato hac?an ejercicios, repitiendo los movimientos de una mujer joven y esbelta con chàndal azul, que estaba de espaldas a m?. Yo estaba sentado tras la reja, mirando con mirada vac?a y làgrimas congeladas… Uno-dos, uno-dos… La puerta se abriî detràs de m?, pero yo, sin prestar atenciîn, segu?a mirando fijamente por la ventana del segundo piso, enrejada con barras de hierro oxidadas. Acompa?ado por dos educadoras y el cojo Mijàlich detràs, me sacaron del despacho bajo custodia. Mijàlich resoplaba ruidosamente en mi nuca con su hedor a alcohol de baja calidad, diciendo: «No temas, chico, pronto creceràs y lo olvidaràs todo…» Pasaron los a?os. Pasaron muchos a?os. Pasî medio siglo, y lo recuerdo todo como si fuera ayer… El hedor a alcohol de Mijàlich, ya bien bebido desde la ma?ana con su aguardiente casero, me recordî el olor de mi padrastro Pedro, borracho en casa. Me llevaron al almacån de ropa. Estàbamos entre fardos y cajas de cartîn de todo tipo… Mijàlich comenzî a escoger ropa para m?, impregnada de un fuerte olor a naftalina y lej?a, mezclado con el olor a humedad vieja y moho de sîtano… La indiferencia y las ganas de vivir me hab?an abandonado. Me quedå callado, con la total indiferencia de quien ha perdido el mundo, compuesto por mi madre y mi padre, a quien no recuerdo y de cuya protecciîn tanto necesitaba… Un nudo de dolor y pena se atorî en mi garganta, y no pod?a tragarlo ni escupirlo. Me desvistieron hasta los calzoncillos. La ropa de casa la tiraron al suelo de hormigîn sucio, con manchas grises de grasa. Luego me vistieron todo de marrîn oscuro. Pantalones marrones, camisa, chaquetilla, abrigo e incluso calcetines y zapatos eran de color marrîn. Y todo era dos tallas màs grande… Al mirar un gran espejo roto en varios sitios, que estaba junto a la salida, vi mi reflejo, parecido a la caca marrîn màs solitaria y triste del mundo… En mi clase era el ni?o màs peque?o y delgado. Durante muchos a?os de escuela fui un adolescente muy indeciso. Por eso me pegaban a menudo, porque nunca me defend?a. Me golpeaban, y yo me quedaba quieto y callado, igual que cuando mi padrastro me pegaba por la tabla de multiplicar… Êîíåö îçíàêîìèòåëüíîãî ôðàãìåíòà. Òåêñò ïðåäîñòàâëåí ÎÎÎ «Ëèòðåñ». Ïðî÷èòàéòå ýòó êíèãó öåëèêîì, êóïèâ ïîëíóþ ëåãàëüíóþ âåðñèþ (https://www.litres.ru/book/raznoe/el-despertar-del-hombre-74388373/) íà Ëèòðåñ. Áåçîïàñíî îïëàòèòü êíèãó ìîæíî áàíêîâñêîé êàðòîé Visa, MasterCard, Maestro, ñî ñ÷åòà ìîáèëüíîãî òåëåôîíà, ñ ïëàòåæíîãî òåðìèíàëà, â ñàëîíå ÌÒÑ èëè Ñâÿçíîé, ÷åðåç PayPal, WebMoney, ßíäåêñ.Äåíüãè, QIWI Êîøåëåê, áîíóñíûìè êàðòàìè èëè äðóãèì óäîáíûì Âàì ñïîñîáîì.