Galletas de los viernes
 


            A1A2.

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     A1A2.       , ,   .





 

Galletas de los viernes








GALLETAS DE LOS VIERNES

 

1-2

Una novela romntica para estudiantes de espa?ol




Cap?tulo 1. Una nueva vida





Vocabulario del cap?tulo




Espa?ol





volver





la ciudad





el pueblo

 , 



la pasteler?a





el restaurante





el trabajo





el sue?o





alquilar





el local





la calle





la ventana





vac?o / vac?a

 / 



cambiar

, 



empezar





tener miedo






Cap?tulo 1. Una nueva vida


El primer lunes de octubre, Lera volvi a su pueblo despus de varios a?os en una ciudad grande. El viaje en autob?s dur casi cuatro horas. Durante todo el camino mir por la ventana. Los campos eran amarillos y marrones, los rboles ten?an hojas rojas y naranjas, y el cielo estaba gris. A Lera siempre le hab?a gustado octubre. No hac?a mucho fr?o todav?a, pero el verano ya estaba lejos. Para ella, octubre era un mes tranquilo, un mes perfecto para cambiar algo.

Lera ten?a veintinueve a?os. Era alta, ten?a los ojos claros y el pelo completamente blanco. No era rubio muy claro. Era blanco, como la nieve. Cuando era adolescente, muchas personas le preguntaban por su pelo. Algunas pensaban que lo pintaba, otras quer?an tocarlo. Antes, aquellas preguntas la molestaban. Ahora ya no. Su pelo blanco era una parte de ella y le gustaba. Aquella ma?ana lo llevaba recogido en una coleta sencilla y vest?a un abrigo beige, unos vaqueros y unas botas marrones.

Durante cinco a?os, Lera hab?a trabajado en un restaurante de una ciudad grande. Era pastelera. Preparaba tartas, pasteles, galletas y postres para bodas, cumplea?os y cenas importantes. Al principio estaba muy contenta con su trabajo. El restaurante era bonito, la cocina era moderna y sus compa?eros sab?an hacer cosas incre?bles. Lera aprendi mucho all?. Tambin ganaba bastante dinero y pod?a vivir sola en un peque?o apartamento cerca del centro.

Sin embargo, durante el ?ltimo a?o algo hab?a cambiado. Lera se levantaba muy temprano, trabajaba muchas horas y volv?a a casa cansada. Los viernes y los sbados eran especialmente dif?ciles. Hab?a muchos clientes y siempre faltaba tiempo. A veces empezaba a trabajar a las siete de la ma?ana y terminaba despus de las diez de la noche. Cuando llegaba a casa, no quer?a hablar con nadie. Com?a algo sencillo, se duchaba y se iba a dormir.

Lo peor no era el cansancio. Lo peor era que ya no sent?a alegr?a cuando preparaba un postre. Antes pod?a pasar una hora pensando en una nueva galleta de chocolate o en una crema diferente. Ahora miraba una lista de pedidos y solo pensaba en terminarla. Un domingo de septiembre, mientras preparaba cuarenta tartas peque?as para una fiesta, comprendi que no quer?a vivir as? durante otros cinco a?os.

Esa noche llam a su madre. Su madre todav?a viv?a en el pueblo donde Lera hab?a nacido. Era un lugar peque?o, con calles tranquilas, casas bajas, un parque, dos escuelas y una plaza central. Lera hab?a querido salir de all? cuando ten?a dieciocho a?os. Entonces so?aba con una ciudad enorme, restaurantes famosos y una vida rpida. Once a?os despus, la idea de volver ya no parec?a triste.

-Mam, creo que voy a dejar el restaurante.

-?Ha pasado algo?

-No. Ese es el problema. No ha pasado nada. Trabajo, vuelvo a casa, duermo y vuelvo a trabajar.

-?Y qu quieres hacer?

-No lo s exactamente.

-Entonces no decidas hoy. Piensa un poco.

-Llevo meses pensando.

-?Quieres volver a casa?

-Quiz.

Despus de aquella conversacin, Lera no pudo dormir. Se prepar un t y se sent junto a la ventana de su apartamento. Abajo hab?a coches, luces y personas que caminaban deprisa. Su vida estaba all?, pero por primera vez no sinti que aquella ciudad fuera su casa. Pens en el pueblo, en las calles que conoc?a desde ni?a y en la cocina de su madre. Despus pens en algo que llevaba a?os guardando como un peque?o secreto.

Lera quer?a tener su propia pasteler?a. No so?aba con un restaurante grande ni con una cafeter?a elegante. Quer?a un local peque?o donde pudiera preparar galletas cada ma?ana. Imaginaba una ventana grande, una mesa de madera, cajas bonitas y el olor a canela. Quer?a conocer a sus clientes y saber qu galletas les gustaban. Quer?a trabajar mucho, s?, pero quer?a trabajar para algo suyo.

La idea no era nueva. Ten?a una carpeta en su ordenador con fotograf?as, recetas y notas. La carpeta se llamaba simplemente Mi tienda. La hab?a creado tres a?os antes. A veces la abr?a despus del trabajo, miraba las fotograf?as durante diez minutos y despus la cerraba. Siempre encontraba una razn para esperar. No ten?a suficiente dinero. No sab?a nada de negocios. Quiz nadie comprar?a sus galletas. Quiz era mejor tener un trabajo seguro.

Pero aquella noche abri la carpeta y no la cerr. Escribi en una hoja cunto dinero ten?a, cunto pod?a gastar y cunto necesitaba para vivir durante algunos meses. Las cifras no eran perfectas. Tendr?a que ser cuidadosa. No pod?a alquilar un local caro ni comprar muebles nuevos. Aun as?, por primera vez su sue?o parec?a una posibilidad y no solo una fotograf?a en una pantalla.

Dos semanas despus, Lera habl con el jefe del restaurante y dej el trabajo. Sus compa?eros se sorprendieron. Una amiga le dijo que era muy valiente. Otro compa?ero le pregunt si ya ten?a clientes. Lera respondi que no. Cuando dijo que quer?a abrir una peque?a tienda de galletas en su pueblo, algunos sonrieron y otros no entendieron la decisin. Lera tampoco estaba completamente segura, pero ya hab?a decidido intentarlo.

Ahora, sentada en el autob?s aquel lunes de octubre, ten?a miedo. Lo pod?a admitir. Ten?a miedo de perder dinero, de cometer errores y de descubrir que su sue?o era ms bonito en su imaginacin que en la vida real. Pero tambin sent?a algo que no hab?a sentido durante mucho tiempo: curiosidad. No sab?a qu iba a pasar. Y eso, de una manera extra?a, le gustaba.

El autob?s lleg al pueblo poco despus de las doce. La madre de Lera la esperaba en la peque?a estacin. Llevaba una chaqueta azul y sosten?a un paraguas rojo porque empezaba a llover. Cuando vio a su hija, levant una mano y sonri. Lera baj con una maleta grande y dos bolsas. Hab?a enviado otras cajas unos d?as antes.

-Mira quin ha vuelto.

-Solo llevo una maleta.

-Y cinco cajas en mi pasillo.

-Son cosas importantes.

-Una de las cajas dice moldes para galletas.

-Exactamente. Muy importantes.

Las dos se rieron y caminaron hasta el coche. Mientras su madre conduc?a, Lera mir las calles. Algunas cosas eran diferentes. Hab?a una farmacia nueva, una cafeter?a donde antes estaba una tienda de ropa y un edificio moderno cerca de la plaza. Pero muchas cosas segu?an iguales. El parque todav?a ten?a los mismos bancos verdes. La panader?a de la esquina segu?a abierta. Frente a la escuela hab?a ni?os con mochilas de colores.

La casa de su madre estaba a diez minutos del centro. Lera iba a vivir all? durante los primeros meses. No quer?a gastar dinero en un apartamento mientras empezaba el negocio. Su antigua habitacin todav?a ten?a una estanter?a blanca, un escritorio y varias fotograf?as de sus a?os de colegio. Su madre hab?a puesto flores secas en un jarrn y una manta nueva sobre la cama.

Despus de comer, Lera quiso descansar, pero no pudo. Ten?a demasiadas ideas en la cabeza. Abri el ordenador y empez a buscar locales para alquilar. Hab?a seis anuncios. Dos eran demasiado grandes, uno estaba lejos del centro y otro era demasiado caro. El quinto parec?a interesante: treinta y ocho metros cuadrados, una calle tranquila cerca del parque, una ventana grande y un alquiler que pod?a pagar.

Lera llam inmediatamente. El propietario se llamaba Sergui y pod?a ense?arle el local esa misma tarde. A las cuatro, Lera sali de casa. Ya no llov?a. El aire ol?a a hojas mojadas y a tierra. Camin hacia el centro lentamente. Hab?a vivido tantos a?os lejos que ahora observaba cada esquina como si visitara el pueblo por primera vez.

La calle del local era peque?a y estaba a cinco minutos de la plaza. Hab?a una florister?a, una librer?a, una tienda de regalos y una peluquer?a. No era una calle con mucho trfico, pero pasaban bastantes personas. Al final de la calle empezaba el parque. Lera pens que en oto?o era especialmente bonito. Los rboles formaban un techo naranja sobre la acera.

Sergui ya estaba esperando delante de una puerta verde. Era un hombre de unos cincuenta a?os, serio pero amable. Salud a Lera y abri la puerta. El local estaba vac?o. Las paredes eran blancas, aunque necesitaban pintura. En el suelo hab?a algunas cajas viejas. En una esquina hab?a una peque?a habitacin que pod?a convertirse en cocina. No era perfecto.

Entonces Lera vio la ventana. Ocupaba casi toda la pared que daba a la calle. Desde dentro se ve?an los rboles del parque y las personas que caminaban bajo ellos. En el cristal hab?a peque?as gotas de la lluvia de aquella ma?ana. Una hoja roja se hab?a quedado pegada en una esquina. Lera se acerc y puso una mano sobre el marco.

-La ventana es preciosa.

-S?. Antes hab?a aqu? una tienda de flores.

-?Cunto tiempo lleva vac?o?

-Casi cuatro meses.

-?Hay calefaccin?

-S?. Y agua en la habitacin de atrs.

-?Puedo poner un horno?

-Tenemos que revisar algunas cosas, pero creo que s?.

Lera camin por el local otra vez. Intent no enamorarse de l demasiado rpido. Ten?a que pensar como una persona responsable. Pregunt por el alquiler, la electricidad, el agua y los documentos. Tom fotograf?as y escribi todo en su telfono. Despus dio las gracias a Sergui y dijo que responder?a al d?a siguiente.

Cuando sali, se qued unos minutos frente a la ventana. Intent imaginar el lugar terminado. En su mente ya no hab?a cajas viejas. Hab?a una mesa de madera cerca de la entrada. En la pared hab?a estantes con frascos. La vitrina estaba llena de galletas de chocolate, manzana, canela y caramelo. En octubre habr?a peque?as calabazas y hojas secas. En diciembre pondr?a luces.

Una mujer pas junto a ella con un perro peque?o. Despus pasaron dos adolescentes. Una pareja sali de la librer?a cercana. Lera empez a contar a las personas que caminaban por la calle. Diecisiete en diez minutos. No era mucho, pero tampoco estaba mal para una tarde lluviosa de lunes.

Sac el telfono y llam a su amiga Katia. Se conoc?an desde la escuela. Katia nunca hab?a salido del pueblo durante mucho tiempo y ahora trabajaba en una oficina cerca del centro. Cuando Lera le dijo que estaba frente a un posible local, Katia tard solo unos segundos en responder.

-No firmes nada.

-Ni siquiera he dicho que voy a firmar.

-Te conozco. Si hay una ventana bonita, ya quieres comprar cortinas.

-No quiero cortinas.

-Eso no es importante.

-Ven ma?ana conmigo.

-Claro. Alguien tiene que hacer preguntas normales mientras t? piensas en galletas.

-Hago preguntas normales.

-?Has preguntado cunto cuesta la electricidad?

-S?.

-Bien. Estoy orgullosa de ti.

Lera sonri. Katia ten?a razn en una cosa: la ventana ya le gustaba demasiado. Sin embargo, esta vez no quer?a tomar una decisin solo con el corazn. Volvi a casa y pas toda la tarde con una libreta y una calculadora. Escribi los gastos posibles. Despus escribi cunto pod?a ganar si vend?a veinte, cuarenta o sesenta cajas de galletas al d?a. No sab?a si aquellas cifras eran reales, pero necesitaba empezar por alg?n sitio.

Su madre entr en la habitacin a las nueve con dos tazas de t. Mir las hojas sobre el escritorio y se sent en la cama.

-?Ya has encontrado una tienda?

-Quiz.

-Eso ha sido rpido.

-Solo es un local. Est vac?o y necesita trabajo.

-Pero te gusta.

-Mucho.

-Entonces ma?ana m?ralo otra vez.

-Tengo miedo, mam.

-Lo s.

-?Y si nadie viene?

-Entonces tendrs un problema y buscars una solucin.

-?Y si pierdo dinero?

-Entonces aprenders algo caro.

-No ayudas mucho.

-No quiero decirte que todo va a ser perfecto. No lo sabemos. Pero llevas a?os hablando de esta tienda.

Lera mir la libreta. Su madre no era una persona que dec?a que todos los sue?os se hac?an realidad. Quiz por eso sus palabras ayudaban. Abrir una pasteler?a pod?a salir mal. Tambin pod?a salir bien. Ninguna de las dos cosas estaba decidida todav?a.

Antes de dormir, Lera volvi a mirar las fotograf?as del local. En una de ellas aparec?a la gran ventana y, detrs del cristal, los rboles naranjas. Ampli la imagen. De pronto tuvo una idea. Abri una pgina nueva de su libreta y escribi varios nombres para la tienda. Dulce oto?o. La galleta. Canela. Ninguno le gust mucho.

Despus escribi una frase sencilla: Galletas de los viernes. No sab?a por qu. Quiz porque los viernes siempre hab?an sido los d?as ms dif?ciles en el restaurante y quer?a convertirlos en algo diferente. Mir las palabras durante unos segundos y dibuj un peque?o corazn al lado.

A la ma?ana siguiente, Katia lleg a las diez. Llevaba un caf en cada mano y una expresin muy seria, como si fueran a comprar un edificio enorme y no a visitar un local de treinta y ocho metros cuadrados. Lera se puso su abrigo. Su pelo blanco estaba suelto aquella ma?ana y ca?a sobre sus hombros. Katia la mir y sonri.

-Pareces preparada para empezar una nueva vida.

-Solo voy a mirar un local.

-Claro.

-No empieces.

-No he dicho nada.

Caminaron juntas hacia el centro. El sol hab?a salido y las hojas mojadas brillaban sobre la acera. Cuando llegaron a la calle, Lera vio la puerta verde desde lejos. Esta vez intent observar todo con ms calma. Katia mir el barrio, cont las tiendas cercanas y pregunt dnde pod?an aparcar los clientes. Dentro del local revis las paredes, abri las ventanas y tom fotograf?as de la peque?a habitacin de atrs.

Sergui respondi a todas sus preguntas. Algunas respuestas eran buenas y otras significaban ms gastos. Hab?a que mejorar parte de la instalacin elctrica antes de poner un horno profesional. Tambin era necesario pintar y cambiar una puerta. Lera sinti que su entusiasmo bajaba un poco. Eso era bueno. Necesitaba ver los problemas.

Despus de la visita, las dos fueron a una cafeter?a. Katia abri una libreta y escribi dos columnas: S? y No. En la primera puso la ubicacin, la ventana, el tama?o y el precio. En la segunda puso la electricidad, la pintura y el dinero para empezar.

-?Qu piensas? -pregunt Lera.

-Pienso que ests un poco loca.

-Gracias.

-Pero el local puede funcionar.

-?De verdad?

-S?. Es peque?o, pero eso tambin significa que no tienes que pagar por un espacio que no necesitas.

-La ventana es perfecta.

-Sab?a que ibas a hablar de la ventana.

Lera tom un poco de caf y mir hacia la calle. Por primera vez desde que hab?a dejado el restaurante, no estaba pensando en lo que hab?a perdido. Pensaba en lo que pod?a construir. No ten?a clientes. No ten?a tienda. Todav?a no ten?a ni una mesa para poner las galletas. Pero ten?a experiencia, algunos ahorros, una amiga que hac?a preguntas incmodas y una madre que no le promet?a milagros.

Aquella tarde llam a Sergui.

-Quiero alquilar el local.

-?Est segura?

-No completamente.

-Eso es bastante normal.

-Pero quiero intentarlo.

Cuando termin la llamada, Lera se qued quieta en medio de su antigua habitacin. Hab?a imaginado aquel momento muchas veces. En sus sue?os siempre estaba segura y feliz. En realidad, ten?a las manos fr?as y el corazn le lat?a muy rpido. Se sent en la cama y empez a re?r.

Su madre apareci en la puerta.

-?Qu has hecho?

-He alquilado un local.

-Ah.

-?Solo ah?

-Dame un minuto. Estoy intentando decidir si felicitarte o empezar a preocuparme.

-Puedes hacer las dos cosas.

Su madre se acerc y la abraz. Lera cerr los ojos. Ol?a a t, a crema de manos y a casa. Durante los ?ltimos a?os hab?a pensado muchas veces que volver al pueblo significar?a retroceder. Ahora no lo sent?a as?. No estaba regresando a su antigua vida. Estaba empezando otra.

Por la tarde volvi sola al local. Sergui le hab?a dado una llave para que pudiera medir las paredes antes de firmar los ?ltimos documentos. Lera abri la puerta verde y entr. El espacio estaba silencioso. La luz de octubre entraba por la gran ventana y dibujaba rectngulos claros sobre el suelo.

Lera camin hasta el centro de la habitacin. No hab?a m?sica, clientes ni olor a galletas. Solo paredes vac?as y cajas viejas. Aun as?, pudo imaginarlo todo otra vez. Vio una vitrina junto a la pared. Vio frascos con chocolate y canela. Vio cajas de colores. Vio a personas entrando para comprar algo dulce despus del trabajo.

Se acerc a la ventana. Fuera, el viento mov?a las hojas. Una ni?a pas de la mano de su padre. La ni?a se?al el local y dijo algo que Lera no pudo o?r. Despus siguieron caminando.

Lera sac su libreta. En la primera pgina escribi la fecha: 6 de octubre. Debajo escribi: Hoy empieza mi tienda. Despus a?adi una lista. Pintar las paredes. Revisar la electricidad. Comprar un horno. Buscar una mesa. Preparar recetas. Hacer cajas. Hab?a much?simo trabajo.

Al final de la pgina escribi una ?ltima frase: No tener miedo. La ley y neg con la cabeza. No era realista. Tach la frase y escribi otra: Tener miedo y empezar igualmente.

Aquella versin le gust ms. Lera cerr la libreta y mir su reflejo en la ventana. Vio su abrigo beige, sus ojos cansados y su pelo blanco iluminado por el sol de la tarde. Detrs de su reflejo estaba la calle de oto?o. Por primera vez en muchos meses, ten?a ganas de que llegara el d?a siguiente.

Todav?a no sab?a que aquel peque?o local cambiar?a mucho ms que su trabajo. No sab?a quin iba a entrar por aquella puerta, qu problemas tendr?a que resolver ni por qu, unas semanas despus, los viernes ser?an los d?as ms importantes de su nueva vida.

Por ahora solo ten?a una llave en el bolsillo, una tienda vac?a y una idea. Y era suficiente para empezar.




Ejercicios de vocabulario





Ejercicio 1. Relaciona


1. volver



2. el sue?o



3. alquilar



4. el local



5. vac?o



6. cambiar



7. la ventana



8. tener miedo



9. empezar



10. la calle

a. 



b. 



c. 



d. 



e. 



f. 



g. 



h. 



i. 



j. 




Ejercicio 2. Completa las frases


Completa con: pueblo, trabajo, pasteler?a, ventana, sue?o, alquilar, vac?o, cambiar.

1. Lera quiere __________ su vida.

2. Su __________ es tener una tienda propia.

3. Lera vuelve a su __________ en octubre.

4. Antes ten?a un __________ en un restaurante.

5. El local est __________ cuando Lera lo visita.

6. La gran __________ da a una calle tranquila.

7. Lera decide __________ el local.

8. Quiere abrir una peque?a __________.




Ejercicio 3. Elige la opcin correcta


1. Lera vuelve / alquila a su pueblo despus de varios a?os.

2. El local tiene una calle / ventana muy grande.

3. Lera quiere cambiar / tener miedo su vida.

4. Su sue?o es abrir una pasteler?a / ciudad.

5. Al principio, el local est vac?o / empezar.

6. Lera tiene miedo, pero decide empezar / restaurante.




Respuestas. Vocabulario


Ejercicio 1: 1-e, 2-h, 3-j, 4-g, 5-f, 6-i, 7-d, 8-c, 9-a, 10-b.

Ejercicio 2: 1. cambiar; 2. sue?o; 3. pueblo; 4. trabajo; 5. vac?o; 6. ventana; 7. alquilar; 8. pasteler?a.

Ejercicio 3: 1. vuelve; 2. ventana; 3. cambiar; 4. pasteler?a; 5. vac?o; 6. empezar.




Gramtica. Ser y estar


         : ser  estar.  .   A1-A2   ,    :         .




  ser


SER     , , ,     ,     .

 Lera es pastelera.   .

 El local es peque?o.   .

 Katia es su amiga.    .

 Lera es de este pueblo.     .




  estar


ESTAR     ,   : , , ,      . .

 El local est cerca del parque.      .

 Lera est cansada.   .

 La tienda est vac?a.   .

 Katia est en la cafeter?a.     .




   






SER

ESTAR



yo

soy

estoy



t?

eres

ests



l / ella / usted

es

est



nosotros/as

somos

estamos



vosotros/as

sois

estis



ellos / ellas / ustedes

son

estn




Ejercicios de gramtica





Ejercicio 1. Ser o estar


1. Lera ______ pastelera.

2. El local ______ cerca del parque.

3. Las paredes ______ blancas.

4. Lera ______ cansada despus del viaje.

5. Katia ______ amiga de Lera.

6. La tienda ______ vac?a.

7. El pueblo ______ peque?o.

8. Lera y su madre ______ en casa.

9. Sergui ______ el propietario del local.

10. Las cajas ______ en el suelo.




Ejercicio 2. Elige la forma correcta


1. Yo soy / estoy pastelera.

2. La tienda es / est en una calle tranquila.

3. Lera es / est nerviosa antes de llamar a Sergui.

4. Katia y Lera son / estn amigas desde la escuela.

5. Las ventanas son / estn grandes.

6. Nosotros somos / estamos en el pueblo.

7. El local es / est vac?o.

8. Octubre es / est el mes favorito de Lera.




Ejercicio 3. Traduce al espa?ol


1.  .

2.     .

3.  .

4.   .

5.  ,  .

6.  .

7.    .

8.    .




Respuestas. Gramtica


Ejercicio 1: 1. es; 2. est; 3. son; 4. est; 5. es; 6. est; 7. es; 8. estn; 9. es; 10. estn.

Ejercicio 2: 1. soy; 2. est; 3. est; 4. son; 5. son; 6. estamos; 7. est; 8. es.

Ejercicio 3: 1. Lera es pastelera. 2. El local est cerca del parque. 3. La tienda est vac?a. 4. Katia es amiga de Lera. 5. Lera est cansada, pero est feliz. 6. La ventana es grande. 7. Estn en la cafeter?a. 8. El pueblo es peque?o y tranquilo.



Fin del cap?tulo 1




Cap?tulo 2. Una tienda peque?a





Vocabulario del cap?tulo




Espa?ol





la pared





la mesa





la silla





la lmpara





la estanter?a

, 



la caja





pintar





limpiar

, 



comprar





barato / barata

 / 



caro / cara

 / 



nuevo / nueva

 / 



viejo / vieja

 / 



delante de





al lado de

 




Cap?tulo 2. Una tienda peque?a


El mircoles por la ma?ana, Lera se despert antes de que sonara el despertador. Durante unos segundos no record por qu estaba tan nerviosa. Despus vio la llave verde sobre la mesa de noche y sonri. Ya ten?a un local. Todav?a no era una pasteler?a, pero era el primer lugar que pod?a llamar suyo. Se levant, se recogi el pelo blanco y baj a la cocina. Su madre ya estaba preparando caf.

Sobre la mesa hab?a pan, queso, mermelada y una libreta. Lera se sent y abri la libreta por la pgina donde hab?a escrito su lista. Ten?a que pintar las paredes, limpiar el suelo, revisar la electricidad, comprar muebles, encontrar un horno y pensar en la decoracin. La lista parec?a ms larga por la ma?ana que la noche anterior.

-?Has dormido? -pregunt su madre.

-Un poco.

-Tienes cara de haber trabajado toda la noche.

-He trabajado en mi cabeza.

-Eso tambin cansa.

-Hoy quiero empezar a limpiar.

-?Sola?

-Katia viene despus del trabajo.

-Yo puedo ayudarte por la ma?ana.

-Mam, no tienes que hacerlo.

-Ya lo s. Quiero hacerlo.

Despus del desayuno, Lera y su madre fueron al local. Llevaban bolsas con productos de limpieza, trapos, guantes, una escoba y un cubo. El cielo estaba claro, pero hac?a ms fr?o que dos d?as antes. En las aceras hab?a hojas amarillas y rojas. Algunas tiendas de la calle ya ten?an peque?as decoraciones de oto?o en las ventanas.

Cuando Lera abri la puerta verde, sinti otra vez la misma mezcla de emocin y miedo. El local estaba fr?o y ol?a a polvo. A la luz de la ma?ana, las paredes parec?an ms viejas. Hab?a peque?as manchas cerca de la puerta y una parte de la pintura estaba rota. Su madre mir alrededor con atencin.

-Bueno -dijo su madre.

-Ese bueno no suena bien.

-He visto cosas peores.

-Eso tampoco suena bien.

-Necesita trabajo, Lera. Pero es bonito.

-Mira la ventana.

-S?, ya s. La famosa ventana.

-Todo el mundo se r?e de mi ventana.

-Porque hablas de ella como si fuera una persona.

Lera abri todas las ventanas durante unos minutos. Su madre empez a limpiar la habitacin de atrs mientras ella sacaba las cajas viejas. Dentro encontr papeles, algunas macetas rotas y una peque?a cinta rosa. Record que antes hab?a all? una florister?a. Durante un momento imagin las flores junto a la gran ventana. Despus imagin bandejas de galletas en el mismo lugar.

Trabajaron casi tres horas. Limpiaron el suelo, las ventanas y las estanter?as que el antiguo negocio hab?a dejado. Una estanter?a era de madera oscura y estaba en buen estado. Lera decidi conservarla. Pod?a poner all? frascos con cacao, canela, az?car y chocolate. Su madre quer?a tirarla porque parec?a demasiado vieja, pero Lera no estaba de acuerdo.

-Las cosas viejas tambin pueden ser bonitas.

-Eso dices porque no quieres comprar otra.

-Tambin.

-Al menos eres sincera.

A mediod?a, el local ya parec?a diferente. Segu?a vac?o, pero estaba limpio. La luz entraba por la ventana y las paredes blancas hac?an que el espacio pareciera ms grande. Lera coloc la vieja estanter?a al lado de la puerta y dio varios pasos hacia atrs para verla mejor.

Entonces sac una cinta mtrica. Necesitaba decidir dnde iba cada cosa. Quer?a una vitrina delante de la pared izquierda. Cerca de la ventana quer?a poner una mesa peque?a y dos sillas. No pensaba abrir una cafeter?a completa, pero le gustaba la idea de que una persona pudiera sentarse cinco minutos con una galleta y una taza de caf. En la pared derecha habr?a estanter?as con cajas para regalo.

La habitacin de atrs ser?a la cocina. Era peque?a, pero ten?a suficiente espacio para un horno, una mesa de trabajo, un frigor?fico y varios armarios. Lera hab?a trabajado durante a?os en una cocina grande y profesional. Ahora ten?a que aprender a usar cada cent?metro.

A las dos, su madre volvi a casa. Lera se qued sola. Se sent en el suelo, apoy la espalda en la pared y comi un bocadillo. Mir el local en silencio. No hab?a m?sica ni ruido de platos. Solo se o?an los coches de la calle y, de vez en cuando, la campana de la puerta de la librer?a vecina.

La tranquilidad le gustaba. En el restaurante siempre hab?a ruido. Alguien llamaba, alguien ped?a algo, una mquina funcionaba, un camarero entraba con prisa. All? pod?a escuchar sus propios pensamientos. Por primera vez entendi que tambin tendr?a que acostumbrarse a trabajar sola.

Despus de comer, fue a una tienda de pintura. Hab?a elegido colores durante toda la noche. No quer?a paredes completamente blancas. Tampoco quer?a un local oscuro. Buscaba algo clido, sencillo y un poco diferente. Al final eligi un color crema muy claro para tres paredes y un rosa suave para la pared detrs del mostrador.

El vendedor le ense? varias marcas. La pintura que ms le gustaba era cara. Lera mir el precio durante demasiado tiempo. Despus eligi una opcin ms barata que ten?a casi el mismo color. Aquella era una de las primeras lecciones de su nueva vida: no pod?a comprar siempre lo que ms le gustaba. Ten?a un presupuesto.

Tambin compr dos brochas, un rodillo y cinta de papel. Cuando sali de la tienda, llevaba tantas cosas que apenas pod?a ver por encima de las bolsas. Camin despacio hasta el local. En la puerta se encontr con una mujer de unos cuarenta a?os que sal?a de la florister?a de enfrente.

-?Va a abrir algo aqu?? -pregunt la mujer.

-S?. Una peque?a pasteler?a.

-Qu bien. Hace meses que est vac?o.

-Espero abrir pronto.

-?Tartas?

-Sobre todo galletas.

-Entonces vendr. Mi hijo puede comer diez galletas en cinco minutos.

-Eso suena como un buen cliente.

La mujer se ri y sigui caminando. Lera entr en el local con una sonrisa. Era una conversacin peque?a, pero significaba algo. Alguien del barrio ya sab?a que habr?a una pasteler?a. Por primera vez, el proyecto exist?a fuera de su libreta.

Katia lleg a las seis con ropa vieja, una coleta alta y dos pizzas peque?as. Mir las latas de pintura y levant las cejas cuando vio el rosa.

-?Rosa?

-Rosa muy claro.

-Pensaba que quer?as una tienda de galletas, no una casa de mu?ecas.

-Conf?a en m?.

-Eso dijiste cuando ten?amos diecisiete a?os y me cortaste el pelo.

-Te quedaba bien.

-Mi madre no habl contigo durante una semana.

Empezaron por la pared del fondo. Lera pintaba con el rodillo y Katia trabajaba cerca de las esquinas con una brocha. Al principio hablaron mucho, pero despus de una hora estaban demasiado cansadas. Pusieron m?sica en el telfono y siguieron trabajando.

El color crema cambi el local inmediatamente. Parec?a ms luminoso y limpio. Cuando empezaron la pared rosa, Katia dej la brocha, dio varios pasos hacia atrs y asinti.

-Vale.

-?Vale qu?

-Ten?as razn.

-?Puedes repetirlo?

-No.

-Quiero grabarlo.

-Sigue pintando.

A las nueve terminaron la primera capa. Ten?an pintura en las manos, en la ropa y, en el caso de Katia, tambin en la nariz. Se sentaron en el suelo y abrieron las pizzas. Afuera ya estaba oscuro. Las luces de la calle se reflejaban en la gran ventana.

Katia pregunt cunto dinero hab?a gastado aquel d?a. Lera sac el telfono y abri una lista. Hab?a anotado cada compra: pintura, productos de limpieza, brochas, cinta, bolsas de basura. La cifra no era terrible, pero sab?a que los gastos grandes todav?a no hab?an empezado.

-?Y los muebles? -pregunt Katia.

-Ma?ana voy a mirar muebles usados.

-Bien.

-Necesito una mesa, dos sillas y un mostrador.

-?Nuevo?

-No. Demasiado caro.

-Mi t?o tiene una mesa vieja en su garaje.

-?Qu tipo de mesa?

-De madera. Grande. Pesada. Creo que era de mi abuela.

-?Puedo verla?

-S?, pero si la quieres, tienes que ayudarme a sacarla.

Al d?a siguiente, fueron al garaje del t?o de Katia. La mesa estaba detrs de unas cajas y una bicicleta vieja. Era de madera clara, ten?a algunas marcas y una pata necesitaba reparacin. Lera pas la mano por la superficie. No era perfecta. Precisamente por eso le gust.

El t?o de Katia no quiso dinero por ella. Dijo que llevaba diez a?os ocupando espacio. Entre los tres sacaron la mesa del garaje y la pusieron en una peque?a furgoneta. Tambin encontraron dos sillas diferentes. Una era verde y otra amarilla. Katia pens que juntas quedaban raras. Lera pens que eran perfectas.

Aquella tarde colocaron la mesa cerca de la ventana. La silla verde qued a un lado y la amarilla al otro. Lera puso encima una peque?a maceta con flores secas que hab?a tra?do de casa. El rincn empez a parecer real.

Todav?a faltaba el mostrador. Lera busc por internet y encontr uno de segunda mano en un pueblo cercano. Era blanco, sencillo y mucho ms barato que uno nuevo. El sbado, su madre la acompa? a verlo. El mostrador ten?a algunos ara?azos, pero era fuerte y ten?a espacio para guardar cajas.

Lo compraron. Un vecino de su madre ten?a una furgoneta y acept ayudarles a transportarlo por poco dinero. Cuando lo colocaron delante de la pared rosa, Lera sinti una alegr?a infantil. Se puso detrs y apoy las manos sobre la superficie.

-Buenos d?as -dijo su madre, entrando como una clienta.

-Buenos d?as. ?Qu desea?

-Una galleta de chocolate.

-Todav?a no tenemos galletas.

-Muy mal servicio.

-La tienda est cerrada.

-Excusas.

Lera se ech a re?r. Despus mir el espacio con atencin. Hab?a una mesa junto a la ventana, dos sillas, una estanter?a cerca de la puerta y un mostrador. Las paredes ten?an colores suaves. Faltaban muchas cosas, pero el local ya no estaba vac?o.

El domingo decidi no trabajar por la ma?ana. Durmi hasta las nueve, desayun con su madre y sali a caminar. Sin embargo, a las once ya estaba pensando otra vez en la tienda. Entr en varias tiendas de decoracin, pero casi todo le pareci demasiado caro. No necesitaba comprar muchas cosas nuevas. Pod?a usar objetos sencillos.

En un peque?o mercado encontr cuatro frascos de cristal por un precio bajo. Compr tambin una bandeja de madera y seis cajas de cartn de colores suaves. En una tienda de segunda mano vio una lmpara verde con una pantalla redonda. Costaba poco y combinaba, de una manera inesperada, con la silla verde.

Cuando llev todo al local, pas casi una hora moviendo los objetos de un lugar a otro. Primero puso la lmpara sobre la estanter?a. Despus la cambi a la mesa. Luego volvi a ponerla en la estanter?a. Coloc los frascos juntos, los separ y los volvi a juntar. Sab?a que aquello no era urgente, pero le hac?a feliz.

Por la tarde lleg Sergui con un electricista. Revisaron la habitacin de atrs y explicaron qu hab?a que cambiar antes de instalar el horno. Lera escuch con atencin y tom notas. El trabajo costar?a ms de lo que esperaba. Sinti un nudo en el estmago, pero no dijo nada hasta que los dos se fueron.

Se sent detrs del mostrador y abri su presupuesto. Rest la nueva cantidad. Todav?a pod?a hacerlo, pero tendr?a menos dinero para decoracin y publicidad. Mir la lmpara verde y los frascos. De pronto se sinti un poco rid?cula por haber comprado cosas bonitas antes de resolver todos los problemas importantes.

Llam a Katia.

-He cometido un error.

-?Qu has comprado?

-?Por qu piensas que he comprado algo?

-Porque te conozco.

-Una lmpara.

-?Ese es el error?

-No. La electricidad cuesta ms de lo que pensaba.

-?Puedes pagarlo?

-S?.

-?Y despus?

-Tendr que gastar menos en otras cosas.

-Entonces no es el fin del mundo.

-Quer?a que todo fuera bonito.

-Lera, la gente va a comprar galletas. No paredes.

-Tambin quiero paredes bonitas.

-Pues ya las tienes.

Lera mir la pared rosa y sonri. Katia ten?a razn. No necesitaba terminar todo en una semana. Pod?a abrir con muebles sencillos y mejorar la tienda poco a poco. Lo importante era tener una cocina segura, buenos ingredientes y galletas que la gente quisiera volver a comprar.

El lunes empez la segunda semana de trabajo. El electricista lleg temprano. Mientras l trabajaba en la habitacin de atrs, Lera limpi otra vez el espacio principal. Despus puso peque?as etiquetas en los frascos: cacao, canela, az?car, nueces. Todav?a estaban vac?os, pero le gustaba ver las palabras.

A mediod?a, una mujer entr por la puerta abierta. Ten?a un ramo de flores en las manos. Era la mujer de la florister?a que hab?a hablado con Lera unos d?as antes.

-Perdn. ?Ya est abierto?

-Todav?a no.

-Entonces estas flores son para la futura tienda.

-?Para m??

-S?. Soy Marina. Trabajo enfrente.

-Muchas gracias. Soy Lera.

-Ya lo s. En una calle peque?a, las noticias viajan rpido.

Marina dej el ramo sobre el mostrador. Hab?a peque?as flores blancas, ramas verdes y unas pocas hojas naranjas. Lera busc un jarrn y las puso junto a la lmpara. De repente, la tienda parec?a ms clida.

Marina mir alrededor. Le gustaron las paredes, la mesa vieja y las dos sillas diferentes. Pregunt cundo ser?a la apertura. Lera todav?a no ten?a una fecha exacta. Esperaba poder abrir en una semana o diez d?as.

-?Cmo se va a llamar?

-Todav?a no estoy segura.

-Necesitas un nombre.

-Tengo una idea.

-?Cul?

-Galletas de los viernes.

-Me gusta.

-?S??

-S?. Suena como una tradicin.

Una tradicin. Lera no hab?a pensado en eso. Despus de que Marina se fue, escribi la frase en una hoja grande y la peg temporalmente detrs del mostrador: Galletas de los viernes. La mir durante mucho tiempo.

Por la tarde lleg Katia. Tra?a una caja peque?a. Dentro hab?a una campanilla para la puerta. Era sencilla, de metal, con un sonido claro. La instalaron juntas. Katia sali del local y volvi a entrar tres veces solo para escucharla.

-Ahora parece una tienda de verdad.

-Todav?a no hay comida.

-Detalles.

-La comida no es un detalle en una pasteler?a.

-Ma?ana puedes empezar con las pruebas.

-Primero necesito el horno.

-Entonces pasado ma?ana.

Al final de la tarde, Lera apag las luces y se qued junto a la puerta. La peque?a lmpara verde segu?a encendida sobre la estanter?a. Afuera, el cielo era violeta y las hojas se mov?an con el viento. Desde la calle, el interior se ve?a suave y clido: la pared rosa, la mesa de madera, las sillas verde y amarilla, las flores de Marina y la hoja con el nombre de la tienda.

Lera sali, cerr la puerta y mir por la ventana. Hac?a una semana aquel lugar estaba vac?o. Ahora ten?a una personalidad. No era elegante ni perfecto. Casi todos los muebles eran viejos o usados. Algunas cosas no combinaban de manera tradicional. Sin embargo, todo parec?a suyo.

Pens en el restaurante de la ciudad, con sus mesas caras, sus lmparas modernas y su cocina enorme. All? todo era profesional y perfecto, pero nada pertenec?a a Lera. Esta peque?a tienda ten?a una mesa gratis de un garaje, dos sillas diferentes y una lmpara barata. Aun as?, cuando la miraba, sent?a algo que nunca hab?a sentido en el restaurante.

Sac el telfono y tom una fotograf?a. Se la envi a su madre y a Katia. Debajo escribi: Nuestra peque?a tienda empieza a parecer una tienda.

Katia respondi casi inmediatamente: Tu tienda. Yo solo pinto paredes gratis. Su madre respondi con un corazn. Lera guard el telfono y empez a caminar hacia casa. Ten?a las manos secas por la pintura y estaba cansada. Al d?a siguiente tendr?a que hablar con el electricista, buscar un frigor?fico y llamar a una empresa que vend?a vitrinas. Despus tendr?a que probar recetas y calcular precios. Hab?a mucho trabajo.

Pero esa noche el trabajo no le daba miedo. Mientras caminaba bajo los rboles de octubre, pens en la campanilla de la puerta. Muy pronto alguien iba a abrirla por primera vez como cliente. Lera todav?a no sab?a quin ser?a. Tampoco sab?a que, poco despus, un viernes a las seis y media de la tarde, aquella campanilla anunciar?a la llegada de una persona que cambiar?a su oto?o.

Por ahora, la tienda era peque?a, imperfecta y casi vac?a. Y Lera estaba exactamente donde quer?a estar.




Ejercicios de vocabulario





Ejercicio 1. Relaciona


1. la pared



2. la mesa



3. la silla



4. la lmpara



5. pintar



6. limpiar



7. barato



8. caro



9. delante de



10. al lado de

a.  



b. 



c. 



d. 



e. 



f. 



g. 



h. 



i. 



j. 




Ejercicio 2. Completa


Completa con: pared, mesa, silla, lmpara, estanter?a, cajas, pintar, limpiar, barato, viejo.

1. Lera quiere ______ las paredes.

2. La ______ de madera est cerca de la ventana.

3. Hay una ______ verde y otra amarilla.

4. La ______ verde es peque?a y bonita.

5. Lera conserva una ______ de madera oscura.

6. Antes de decorar, tienen que ______ el local.

7. El mostrador es de segunda mano y es ms ______ que uno nuevo.

8. La mesa es ______, pero a Lera le gusta.

9. Lera compra varias ______ de colores suaves.

10. Detrs del mostrador hay una ______ rosa.




Ejercicio 3. Verdadero o falso


1. Lera compra todos los muebles nuevos.

2. La madre de Lera la ayuda a limpiar.

3. Katia odia la pared rosa al final.

4. La mesa viene del garaje del t?o de Katia.

5. Las dos sillas son del mismo color.

6. Marina trabaja en una florister?a.

7. Lera decide llamar a la tienda Galletas de los viernes.

8. El local ya est completamente terminado al final del cap?tulo.




Respuestas. Vocabulario


Ejercicio 1: 1-j, 2-i, 3-f, 4-c, 5-e, 6-h, 7-g, 8-b, 9-d, 10-a.

Ejercicio 2: 1. pintar; 2. mesa; 3. silla; 4. lmpara; 5. estanter?a; 6. limpiar; 7. barato; 8. vieja; 9. cajas; 10. pared.

Ejercicio 3: 1. Falso; 2. Verdadero; 3. Falso; 4. Verdadero; 5. Falso; 6. Verdadero; 7. Verdadero; 8. Falso.




Gramtica. Hay y los art?culos


        ,     .          hay.   , ,  /         .




1.  hay


 Hay una mesa cerca de la ventana.     .

 Hay dos sillas.    .

 Hay flores sobre el mostrador.     .

 No hay clientes todav?a.    .

:  hay    ,     .    un, una, unos, unas,      .




2.  : un, una, unos, unas


 ,         ,    .

 Hay una lmpara verde.

 Hay un mostrador blanco.

 Hay unas cajas sobre la mesa.

 Hay unos frascos en la estanter?a.




3.  : el, la, los, las


 ,          .

 La lmpara est en la estanter?a.

 El mostrador est delante de la pared rosa.

 Las sillas son diferentes.

 Los frascos estn vac?os.




4. Hay  est / estn?


Hay ,  -    . Est / estn ,      .

 Hay una mesa en la tienda.     .

 La mesa est al lado de la ventana.      .

 Hay dos sillas.    .

 Las sillas estn delante de la mesa.     .




Ejercicios de gramtica





Ejercicio 1. Completa con hay, est o estn


1. ______ una mesa cerca de la ventana.

2. La mesa ______ al lado de la ventana.

3. ______ dos sillas en la tienda.

4. Las sillas ______ delante de la mesa.

5. ______ una estanter?a cerca de la puerta.

6. La lmpara ______ sobre la estanter?a.

7. ______ flores en el mostrador.

8. Los frascos ______ vac?os.

9. ______ una habitacin peque?a detrs.

10. Katia y Lera ______ en el local.




Ejercicio 2. Elige el art?culo correcto


1. Hay un / el mostrador blanco.

2. El / Un mostrador est delante de la pared rosa.

3. Hay una / la lmpara verde.

4. La / Una lmpara est sobre la estanter?a.

5. Hay unas / las cajas de colores.

6. Las / Unas cajas estn sobre la mesa.

7. Hay unos / los frascos vac?os.

8. Los / Unos frascos estn en la estanter?a.




Ejercicio 3. Traduce al espa?ol


1.     .

2.     .

3.    .

4.    .

5.    .

6.     .

7.     .

8.     .




Respuestas. Gramtica


Ejercicio 1: 1. Hay; 2. est; 3. Hay; 4. estn; 5. Hay; 6. est; 7. Hay; 8. estn; 9. Hay; 10. estn.

Ejercicio 2: 1. un; 2. El; 3. una; 4. La; 5. unas; 6. Las; 7. unos; 8. Los.

Ejercicio 3: 1. Hay una mesa grande en la tienda. 2. La mesa est al lado de la ventana. 3. Hay dos sillas diferentes. 4. Las sillas estn delante de la mesa. 5. Hay frascos en la estanter?a. 6. La lmpara est al lado de las flores. 7. No hay clientes en el local todav?a. 8. Hay un horno en la habitacin de atrs.

Fin del cap?tulo 2




Cap?tulo 3. El primer d?a





Vocabulario del cap?tulo




Espa?ol





abrir





cerrar





el cliente / la clienta

 / 



vender





comprar





la galleta





el sabor





el chocolate





la canela





la manzana





el caramelo





la nuez

 



la vitrina





quedar





elegir






Cap?tulo 3. El primer d?a


El d?a de la apertura lleg ms rpido de lo que Lera esperaba. Era un viernes de octubre. A las cinco y veinte de la ma?ana, abri los ojos y mir el techo de su antigua habitacin. Afuera todav?a estaba oscuro. Durante unos segundos quiso quedarse en la cama. Despus record que aquel no era un viernes normal. Era el primer d?a de Galletas de los viernes.

Lera se levant sin hacer ruido. Se duch, se recogi el pelo blanco en un mo?o alto y se puso unos pantalones cmodos, una camiseta clara y un jersey. Encima llevar?a su nuevo delantal rosa cuando llegara a la tienda. Hab?a comprado el delantal dos d?as antes. Era una de las pocas cosas nuevas que se hab?a permitido comprar simplemente porque le hac?a ilusin.

En la cocina de su madre prepar caf y comi un yogur. No ten?a mucha hambre. Sobre la mesa estaba la lista del d?a: encender el horno, preparar cinco tipos de galletas, colocar las cajas, limpiar la vitrina, escribir los precios, encender las luces y abrir a las diez. Hab?a le?do aquella lista tantas veces que pod?a repetirla de memoria.

A las seis menos cuarto sali de casa. Su madre todav?a dorm?a. Lera hab?a dejado una nota junto a la cafetera: No vengas demasiado temprano. Todo est bien. Sab?a perfectamente que su madre ignorar?a la segunda frase.

La ma?ana era fr?a. El cielo empezaba a ponerse azul detrs de los edificios y las farolas todav?a estaban encendidas. Lera camin deprisa con una mochila y dos bolsas. Cuando lleg a la calle de la tienda, vio hojas naranjas delante de la puerta. Las barri antes de entrar.

La campanilla son cuando abri. A Lera le gust aquel peque?o sonido. Encendi las luces. La tienda estaba terminada, o al menos suficientemente terminada para abrir. El mostrador blanco estaba delante de la pared rosa. La mesa vieja y las dos sillas diferentes estaban junto a la gran ventana. En la estanter?a hab?a frascos con cacao, az?car, canela y nueces. Las flores de Marina segu?an bonitas.

La nueva vitrina hab?a llegado tres d?as antes. Era ms peque?a de lo que Lera hab?a imaginado, pero cab?a perfectamente junto al mostrador. Ahora estaba vac?a. Lera pas un pa?o por el cristal y mir su reflejo. Ten?a los ojos un poco cansados, pero estaba sonriendo.

La cocina de atrs tambin hab?a cambiado. El electricista hab?a terminado su trabajo y el horno estaba instalado. Hab?a un frigor?fico, una mesa de acero y varias cajas con ingredientes. No era la cocina profesional del restaurante, pero ten?a todo lo necesario.

Lera se lav las manos, se puso el delantal y empez a trabajar. Primero prepar las galletas de chocolate. Eran las ms sencillas y tambin sus favoritas. Mezcl mantequilla, az?car, harina y cacao. Despus a?adi peque?os trozos de chocolate negro. Mientras trabajaba, sus manos se mov?an con seguridad. Aquella parte no le daba miedo. Sab?a hacer galletas.

El segundo sabor era manzana y canela. Lera cort las manzanas en trozos muy peque?os y a?adi canela. El olor llen la cocina. Despus prepar galletas con nueces, galletas de caramelo y unas galletas sencillas de vainilla. Hab?a pensado hacer seis sabores, pero la noche anterior decidi que cinco eran suficientes para el primer d?a.

A las ocho, la primera bandeja sali del horno. Lera dej las galletas sobre una rejilla. Mir cada una con atencin. Algunas eran un poco ms grandes que otras, pero estaban bonitas. Prob una. Estaba caliente, blanda por dentro y ten?a mucho chocolate.

-Bien -dijo en voz baja.

-?Hablas con las galletas?

Lera se gir. Katia estaba en la puerta de la cocina con dos cafs en las manos. Llevaba un abrigo largo y una bufanda amarilla.

-?Cmo has entrado?

-La puerta estaba abierta.

-Eso no es muy seguro.

-Es tu primer d?a y esa es tu primera preocupacin.

-Mi segunda preocupacin es que todav?a tengo tres bandejas en el horno.

-Entonces he venido en el momento perfecto.

Katia dej los cafs sobre la mesa y empez a ayudar. No sab?a cocinar, as? que Lera le dio trabajos sencillos. Katia dobl cajas, peg peque?as etiquetas y escribi los nombres de los sabores en tarjetas. Su letra era mucho ms bonita que la de Lera.

A las nueve lleg la madre de Lera, exactamente como Lera hab?a previsto. Tra?a un peque?o ramo de crisantemos blancos y una bolsa con bocadillos.

-Te dije que no vinieras temprano.

-Y yo decid? no escucharte.

-Son las nueve.

-La tienda abre en una hora. Eso no es temprano.

-Para una clienta, s?.

-No soy una clienta.

-Hoy tienes que serlo.

-Perfecto. Entonces quiero descuento.

Las tres trabajaron juntas. Lera coloc las galletas en la vitrina. A la izquierda puso las de chocolate, despus las de manzana y canela, las de nueces, las de caramelo y las de vainilla. Cada grupo ten?a una tarjeta con el nombre y el precio. Tambin prepar algunas cajas peque?as con cuatro galletas y otras ms grandes con ocho.

A las nueve y cincuenta y cinco, ya no quedaba nada que hacer. Al menos nada urgente. Lera se puso detrs del mostrador. Katia estaba junto a la ventana y su madre miraba las flores. Las tres observaban el reloj.

A las diez en punto, Lera abri la puerta y coloc fuera un peque?o cartel: ABIERTO. Galletas frescas. Despus volvi a entrar.

Pas un minuto. Pasaron cinco. Pasaron diez. Nadie entr.

-Es viernes por la ma?ana -dijo Katia.

-Ya lo s.

-La gente trabaja.

-Ya lo s.

-Deja de mirar la puerta.

-No estoy mirando la puerta.

-Llevas diez minutos mirando la puerta.

Lera intent ocuparse. Orden unas cajas que ya estaban ordenadas. Limpi una parte del mostrador que estaba limpia. Cambi una tarjeta de sitio y despus la devolvi a su lugar original. Cada vez que escuchaba pasos en la calle, levantaba la cabeza.

A las diez y veintitrs son la campanilla. Entr una mujer mayor con un abrigo verde. Lera sinti que todo su cuerpo se pon?a tenso. La mujer mir la vitrina y despus mir a Lera.

-Buenos d?as.

-Buenos d?as -respondi Lera.

-?Hoy es el primer d?a?

-S?.

-Lo imaginaba. Vivo cerca y he visto el local cambiar cada semana.

-Espero que le guste.

-Eso depende de las galletas.

La mujer se acerc a la vitrina. Pregunt por cada sabor. Lera explic que todas las galletas eran caseras y que las preparaba all? mismo. La mujer eligi dos de manzana y canela y dos de chocolate.

Lera puso las cuatro galletas en una caja. Cuando la mujer pag, Lera tuvo que concentrarse para no sonre?r demasiado. Era su primera venta. Una venta peque?a, pero real.

-?Cmo se llama? -pregunt la mujer.

-Lera.

-Yo soy Valentina. Si estn buenas, volver.

-Espero verla otra vez.

-Primero tengo que probarlas.

La campanilla son de nuevo cuando Valentina sali. Lera mir a Katia. Katia levant los brazos como si su equipo hubiera ganado un partido.

-?Primera clienta!

-Habla ms bajo.

-?Primera venta!

-Katia.

-Estoy celebrando.

-Todav?a puede volver y decir que no le gustan.

-T? necesitas aprender a disfrutar cinco minutos de las cosas buenas.

Despus de la primera clienta, Lera se relaj un poco. A las once entraron dos estudiantes. Compraron una galleta de chocolate cada una y se sentaron junto a la ventana. Hicieron varias fotograf?as de las galletas y de la pared rosa. Una de ellas pregunt si la tienda ten?a una pgina en redes sociales. Lera dijo que todav?a no.

Cuando se fueron, Katia mir a Lera con expresin seria.

-Necesitas una pgina.

-Necesito clientes.

-Una cosa ayuda a la otra.

-Esta noche.

-Hoy.

-Esta noche es hoy.

-Bien.

Poco antes de las doce lleg Marina, la florista. Compr una caja con ocho galletas para llevar a su tienda. Eligi dos de cada sabor, excepto vainilla. Dijo que la vainilla era demasiado tranquila para un viernes.

A mediod?a, la madre de Lera volvi a casa. Katia tambin tuvo que ir a trabajar. De repente, Lera se qued sola detrs del mostrador. Hab?a tenido cuatro clientes. La vitrina segu?a casi llena.

Durante la siguiente hora no entr nadie. Lera mir las bandejas. Por la ma?ana le hab?an parecido peque?as. Ahora parec?an enormes. Hab?a preparado demasiadas galletas. Lo sab?a. Hab?a calculado las cantidades pensando en un d?a ideal, no en un primer d?a real. A la una y veinte entr un hombre con una ni?a de unos seis a?os. La ni?a fue directamente a la vitrina y se?al las galletas de caramelo. El padre quer?a comprar dos. La ni?a quer?a cuatro. Despus de una negociacin muy seria, compraron tres.

-?Puedo comer una ahora? -pregunt la ni?a.

-Despus de comer -dijo su padre.

-Pero estamos en una tienda de galletas.

-Eso no cambia la hora.

-S? la cambia.

Lera tuvo que mirar hacia otro lado para no re?rse. Antes de salir, la ni?a se volvi.

-La tienda es bonita.

-Gracias.

-Me gusta la silla amarilla.

-A m? tambin.

Aquella frase alegr a Lera ms de lo esperado. Cuando la puerta se cerr, mir la silla amarilla. Katia hab?a dicho que no combinaba con la verde. Tal vez no todo ten?a que combinar.

A las dos y media entr una pareja. Compraron caf y dos galletas de nueces. Se sentaron junto a la ventana durante veinte minutos. Lera escuch partes de su conversacin mientras limpiaba la mquina de caf. Hablaban de un viaje y de un hotel. Era extra?o y agradable tener personas dentro de su peque?o espacio.

Despus volvi el silencio. A las cuatro, Lera empez a preocuparse de verdad. Hab?a vendido algunas galletas, pero muchas segu?an en la vitrina. Cont las ventas. Siete clientes. No siete cajas grandes. Siete personas o grupos. Hab?a imaginado una tienda llena, una peque?a cola, gente preguntando por sabores. La realidad era mucho ms tranquila.

Abri la libreta con sus clculos. Si todos los d?as eran como aquel, tendr?a problemas. Intent recordar que todav?a era el primer d?a. Nadie conoc?a la tienda. No hab?a publicidad. Ni siquiera ten?a una pgina en internet. Aun as?, una voz desagradable en su cabeza repet?a: ?Y si nadie viene?

A las cuatro y cuarto, la puerta se abri. Era Valentina, la primera clienta.

-Hola otra vez -dijo Lera.

-He vuelto.

-Lo veo.

-Las de manzana estn muy buenas.

-Gracias.

-Mi marido se ha comido las dos de chocolate.

-Eso tambin es buena se?al.

-Quiero seis de manzana y seis de chocolate.

Lera tard un segundo en responder. Despus sac una caja grande.

-?Doce?

-S?. Ma?ana vienen mis nietos.

-Perfecto.

-Y dame una tarjeta, si tienes.

Lera no ten?a tarjetas. Escribi el nombre de la tienda y el n?mero de telfono en una peque?a hoja. Cuando Valentina se fue con doce galletas, la vitrina parec?a un poco menos llena.

A las cinco llegaron tres mujeres juntas. Trabajaban en una oficina cercana y Marina les hab?a hablado de la nueva tienda. Compraron caf y una caja para compartir. Una eligi chocolate, otra caramelo y la tercera quiso probar todas. Durante unos minutos hubo voces, risas y preguntas. Lera se movi detrs del mostrador con rapidez y sinti algo conocido. Era el ritmo del trabajo, pero sin gritos ni rdenes.

A las seis, la tienda volvi a quedarse vac?a. Afuera empezaba a oscurecer. Las luces amarillas de la calle se encendieron. Lera mir el reloj. Hab?a decidido cerrar a las ocho.

Todav?a quedaban muchas galletas. Sac una bandeja y empez a contar. Diecisiete de chocolate. Catorce de manzana y canela. Doce de nueces. Diecinueve de vainilla. Once de caramelo. Setenta y tres galletas. Setenta y tres.

Lera apoy las manos en el mostrador. Hab?a vendido bastante menos de la mitad de lo que hab?a preparado. Sinti verg?enza, aunque no hab?a nadie all? para verla.

A las seis y media entr Katia despus del trabajo.

-?Cmo vamos?

-Tengo setenta y tres galletas.

-Eso no responde a mi pregunta.

-Responde perfectamente.

-?Cuntas has vendido?

-No suficientes.

-?Cuntos clientes?

-Ms de siete. He dejado de contar personas y he empezado a contar ventas.

-Entonces has tenido clientes.

-S?.

-En tu primer d?a.

-S?.

-Sin publicidad.

-S?.

-Y una clienta ha vuelto el mismo d?a.

-S?.

-Entonces deja de mirar esas setenta y tres galletas como si fueran una tragedia nacional.

Lera se cruz de brazos. Sab?a que Katia intentaba ayudar, pero estaba cansada. Se hab?a levantado antes de las cinco y llevaba ms de doce horas en la tienda.

-He gastado dinero en ingredientes.

-Claro.

-Y ma?ana estas galletas no sern tan frescas.

-Entonces tenemos que pensar qu hacer con ellas.

-No quiero tirarlas.

-No las tires.

-?Y qu hago?

-Primero, dame una de chocolate. Pienso mejor cuando como.

Lera le dio una galleta. Katia se sent en la silla amarilla y abri el telfono. En diez minutos cre una pgina sencilla para la tienda. Puso la fotograf?a que Lera hab?a tomado desde la calle y otra de la vitrina. Escribi la direccin y el horario.

-Ahora necesitamos una foto tuya.

-No.

-S?.

-No quiero salir.

-Eres la pastelera. La gente quiere saber quin hace las galletas.

-Puede saberlo cuando venga.

-Ponte detrs del mostrador.

Lera protest, pero al final acept. Se solt el pelo blanco, porque Katia dijo que el mo?o parec?a demasiado serio, y se coloc detrs de la vitrina. Katia hizo varias fotograf?as. En una, Lera sosten?a una bandeja de galletas y sonre?a de verdad.

Katia public la fotograf?a con un mensaje sencillo: Hoy hemos abierto. Cinco sabores, caf caliente y una peque?a mesa junto a la ventana.

A las siete entraron dos chicos que hab?an visto la publicacin porque una de las estudiantes de la ma?ana la hab?a compartido. Compraron seis galletas. Diez minutos despus entr una mujer con su hermana. Compraron cuatro.

Lera mir a Katia.

-No digas nada.

-No he dicho nada.

-Tu cara est diciendo muchas cosas.

-Mi cara dice que tengo razn.

A las siete y cuarenta ya no entr nadie ms. Lera decidi cerrar diez minutos antes. Estaba demasiado cansada para esperar. Dio la vuelta al cartel de la puerta y apag una parte de las luces.

Entonces volvi a contar las galletas. Quedaban cincuenta y nueve. Era mejor que setenta y tres, pero segu?an siendo muchas. Katia ayud a guardar algunas. Lera decidi llevar una caja a casa y otra a la florister?a al d?a siguiente. Tambin pod?a ofrecer peque?as muestras durante el fin de semana. No era la solucin perfecta, pero al menos no iba a tirar comida aquella noche.

Cuando Katia se fue, Lera se qued sola unos minutos. La tienda ol?a a chocolate, caf y canela. Hab?a migas sobre una mesa, una taza en el fregadero y varias cajas menos en la estanter?a. Era la primera vez que el local parec?a usado, vivido.

Lera abri la caja donde guardaba el dinero del d?a y cont las ventas. La cantidad era peque?a. Mucho ms peque?a que la cifra que hab?a imaginado durante sus noches con la calculadora. Si comparaba el dinero con todos los gastos de las ?ltimas semanas, casi daba risa.

Pero aquel dinero ten?a algo especial. No ven?a de un salario. Lo hab?an pagado personas que hab?an entrado en su tienda y hab?an elegido algo que ella hab?a preparado.

Pens en Valentina, que hab?a vuelto por doce galletas. Pens en la ni?a de la silla amarilla. Pens en las estudiantes que hab?an hecho fotograf?as y en Marina, que hab?a enviado a sus amigas.

Quiz un negocio no empezaba con una tienda llena. Quiz empezaba as?: una persona, despus otra, despus alguien que volv?a.

Lera escribi los n?meros del d?a en su libreta. Debajo a?adi tres frases: Preparar menos ma?ana. Crear tarjetas. Publicar una foto cada d?a.

Despus mir la vitrina. Cincuenta y nueve galletas segu?an siendo demasiadas. No iba a fingir que todo hab?a salido perfectamente. Hab?a calculado mal. Hab?a trabajado demasiado y preparado ms producto del necesario. Tendr?a que aprender.

Sin embargo, no quer?a cerrar. Eso era importante. En el restaurante, despus de un d?a de catorce horas, so?aba con no volver a la ma?ana siguiente. Ahora estaba agotada y preocupada por el dinero, pero ya estaba pensando en qu sabor pod?a preparar ma?ana. Apag la ?ltima lmpara, se puso el abrigo y sali. Antes de cerrar, mir una vez ms el interior. La luz de la calle entraba por la ventana y dejaba ver la mesa, las sillas y la vitrina casi llena.

En el cristal estaba su reflejo. Su pelo blanco parec?a plateado bajo la luz amarilla. Lera cerr la puerta. Su primer d?a no hab?a sido un gran xito. Tampoco hab?a sido un fracaso. Hab?a sido un primer d?a.

Y por el momento, eso era suficiente.




Ejercicios de vocabulario





Ejercicio 1. Relaciona


1. abrir



2. cerrar



3. el cliente



4. vender



5. la galleta



6. el sabor



7. la vitrina



8. quedar



9. elegir



10. la canela

a. 



b. 



c. 



d. 



e. 



f. 



g. 



h. 



i. 



j. 




Ejercicio 2. Completa las frases


Completa con: abrir, clientes, vender, galletas, sabores, chocolate, canela, vitrina, quedan, elegir.

1. Lera va a ______ la tienda a las diez.

2. En la ______ hay cinco tipos de galletas.

3. El primer d?a no hay muchos ______.

4. Lera quiere ______ todas las galletas.

5. Prepara cinco ______ diferentes.

6. Sus favoritas son las galletas de ______.

7. Tambin prepara galletas de manzana y ______.

8. Valentina vuelve para comprar doce ______.

9. Al final del d?a todav?a ______ muchas galletas.

10. Cada cliente puede ______ su sabor favorito.




Ejercicio 3. Elige la opcin correcta


1. Lera abre / cierra la tienda a las diez de la ma?ana.

2. Valentina es la primera clienta / vitrina.

3. Lera prepara cinco sabores / clientes.

4. La ni?a elige galletas de caramelo / cerrar.

5. Al final del d?a quedan / compran cincuenta y nueve galletas.

6. Katia ayuda a Lera a vender / canela ms con una pgina en internet.




Respuestas. Vocabulario


Ejercicio 1: 1-d, 2-e, 3-f, 4-g, 5-h, 6-i, 7-j, 8-a, 9-b, 10-c.

Ejercicio 2: 1. abrir; 2. vitrina; 3. clientes; 4. vender; 5. sabores; 6. chocolate; 7. canela; 8. galletas; 9. quedan; 10. elegir.

Ejercicio 3: 1. abre; 2. clienta; 3. sabores; 4. caramelo; 5. quedan; 6. vender.




Gramtica. Tener y las cantidades


     tener     . Tener  ,       .         .




1. Presente de tener






TENER



yo

tengo



t?

tienes



l / ella / usted

tiene



nosotros/as

tenemos



vosotros/as

tenis



ellos / ellas / ustedes

tienen



 Tengo cinco sabores.      .

 La tienda tiene una vitrina peque?a.      .

 Tenemos muchos clientes hoy.      .




2. Tener   


 tener hambre =  : Tengo hambre.

 tener sed =  : Tengo sed.

 tener miedo = : Lera tiene miedo.

 tener tiempo =  : No tengo tiempo.

 tener razn =  : Katia tiene razn.




3. Mucho, mucha, muchos, muchas


Mucho       : mucho chocolate, mucha canela, muchos clientes, muchas galletas.




4. Poco, poca, pocos, pocas


Poco    : poco dinero, poca vainilla, pocos clientes, pocas cajas.




5.   


      : cinco sabores, doce galletas, siete clientes.      ?Cunto? / ?Cunta? / ?Cuntos? / ?Cuntas?




Ejercicios de gramtica





Ejercicio 1. Completa con tener


1. Yo ______ cinco sabores de galletas.

2. Lera ______ una tienda peque?a.

3. Katia y Lera ______ mucho trabajo.

4. T? ______ razn.

5. Los clientes ______ muchas opciones.

6. Nosotros ______ poco tiempo.

7. La ni?a ______ hambre.

8. Lera ______ miedo de no vender suficiente.




Ejercicio 2. Mucho, mucha, muchos o muchas


1. Hay ______ galletas en la vitrina.

2. Lera prepara ______ chocolate.

3. No hay ______ clientes por la ma?ana.

4. Las galletas tienen ______ canela.

5. Lera tiene ______ cosas que hacer.

6. Katia hace ______ fotos.




Ejercicio 3. Poco, poca, pocos o pocas


1. Al principio hay ______ clientes.

2. Lera tiene ______ tiempo para descansar.

3. La tienda gana ______ dinero el primer d?a.

4. Hay ______ personas en la calle por la ma?ana.

5. Lera usa ______ vainilla.

6. Quedan ______ cajas grandes.




Ejercicio 4. Traduce al espa?ol


1.      .

2.    .

3.   .

4.    .

5.  .

6.     .

7.    .

8.   ?




Respuestas. Gramtica


Ejercicio 1: 1. tengo; 2. tiene; 3. tienen; 4. tienes; 5. tienen; 6. tenemos; 7. tiene; 8. tiene.

Ejercicio 2: 1. muchas; 2. mucho; 3. muchos; 4. mucha; 5. muchas; 6. muchas.

Ejercicio 3: 1. pocos; 2. poco; 3. poco; 4. pocas; 5. poca; 6. pocas.

Ejercicio 4: 1. Lera tiene cinco sabores de galletas. 2. Hay muchas galletas en la vitrina. 3. Hay pocos clientes por la ma?ana. 4. Tengo poco tiempo. 5. Katia tiene razn. 6. La ni?a tiene tres galletas. 7. Lera tiene mucho trabajo. 8. ?Cuntas galletas quedan?

Fin del cap?tulo 3




Cap?tulo 4. Doce galletas





Vocabulario del cap?tulo




Espa?ol





entrar





pedir

, 



llevar

  , 



la caja





doce





el abrigo





oscuro / oscura

 / 



alto / alta

 / 



esperar





mirar





preguntar





responder





preferir





para llevar

 , 



?cul? / ?cules?

? / ?




Cap?tulo 4. Doce galletas


Una semana despus de la apertura, Lera ya entend?a algunas cosas sobre su nueva tienda. Sab?a que las ma?anas eran tranquilas, que despus de las cinco entraban ms clientes y que nunca deb?a preparar demasiadas galletas de vainilla. Tambin sab?a que Valentina prefer?a las de manzana y canela, que Marina siempre compraba una de chocolate con su caf y que la ni?a de la silla amarilla se llamaba Polina.

No era una gran cantidad de informacin, pero a Lera le gustaba aprender peque?os detalles sobre las personas que entraban en la tienda. En el restaurante de la ciudad casi nunca ve?a a quienes com?an sus postres. Ahora pod?a mirar a un cliente cuando probaba una galleta y saber inmediatamente si le gustaba.

La primera semana hab?a sido dif?cil. Despus del primer viernes, Lera prepar menos galletas. El sbado vendi casi todas. El domingo cerr para descansar, aunque pas dos horas en casa calculando precios y escribiendo ideas. El lunes abri otra vez con cuatro sabores en lugar de cinco. El martes a?adi uno nuevo con naranja y chocolate.

Poco a poco, la vitrina empez a tener una cantidad ms razonable. Ya no estaba llena al final del d?a. Algunas tardes incluso quedaban solo diez o quince galletas. Lera todav?a no ganaba mucho dinero, pero al menos ya no sent?a que cada bandeja era una amenaza.

Aquel viernes era el segundo viernes desde la apertura. Lera lleg a la tienda a las seis y media de la ma?ana. Afuera hac?a fr?o y hab?a una niebla fina sobre el parque. Se recogi el pelo blanco, encendi el horno y empez con las galletas de chocolate. Despus prepar manzana y canela, caramelo, nueces y naranja.

Hab?a decidido que los viernes siempre tendr?a cinco sabores. Le gustaba la idea de que aquel d?a fuera especial. Adems, el nombre de la tienda parec?a exigirlo. Si se llamaba Galletas de los viernes, los viernes ten?an que ser buenos.

A las nueve y media, la tienda ol?a a mantequilla, chocolate y canela. Lera coloc las ?ltimas galletas en la vitrina y escribi en la pizarra: Viernes: cinco sabores. Debajo dibuj una peque?a galleta. No dibujaba muy bien. La galleta parec?a una patata con puntos.

Marina entr a las nueve y cincuenta, diez minutos antes de la apertura. Ya ten?a la costumbre de entrar cuando ve?a la puerta abierta.

-Eso no es una galleta -dijo Marina, mirando la pizarra.

-Claro que es una galleta.

-Parece una patata.

-Katia dijo exactamente lo mismo.

-Entonces Katia tiene razn.

-Nadie respeta mi talento art?stico.

-Por suerte, cocinas mejor de lo que dibujas.

Marina pidi un caf y una galleta de naranja. Se qued cinco minutos junto al mostrador mientras Lera terminaba de preparar las cajas. Despus volvi a su florister?a. A las diez, Lera puso el cartel de abierto.

La ma?ana fue tranquila, como siempre. Entraron dos personas antes de las once. Despus lleg una mujer con un ni?o y compr cuatro galletas. A mediod?a aparecieron tres estudiantes. Una de ellas hab?a estado all? el primer d?a. Esta vez trajo a dos amigas.

Lera empez a reconocer algunas caras. Eso le daba seguridad. Cuando alguien volv?a, significaba que la primera visita no hab?a sido un error.

A las dos, Katia apareci durante su pausa para comer. Llevaba una carpeta bajo el brazo y parec?a tener mucha prisa.

-Tengo quince minutos.

-Entonces no te sientes.

-Qu amable.

-?Quieres comer?

-Una de caramelo y caf.

-Eso no es comida.

-Lo s. Por eso es perfecto.

Lera prepar el caf mientras Katia miraba la vitrina. Hab?a menos galletas que la semana anterior a esa hora.

-Vendes ms.

-Un poco.

-Te lo dije.

-No empieces.

-?Cuntas vendiste ayer?

-Cuarenta y ocho.

-?Y el primer viernes?

-No quiero hablar del primer viernes.

-Yo s?. Es importante comparar.

-Pareces mi contable.

-Tu contable te cobrar?a. Yo solo quiero una galleta gratis.

Katia ten?a razn. Las ventas mejoraban. La pgina de la tienda tambin ayudaba. Lera publicaba una fotograf?a cada ma?ana. No escrib?a textos largos. Solo mostraba las galletas del d?a, la gran ventana o una taza de caf. Algunas personas compart?an las fotos. La tienda todav?a era peque?a y poco conocida, pero ya no era invisible.

A las tres empez a llover. Primero fueron unas gotas peque?as. Despus la lluvia se hizo ms fuerte y la calle qued casi vac?a. Lera se acerc a la ventana. Las hojas mojadas se pegaban a la acera. La florister?a de Marina ten?a una luz clida y bonita al otro lado de la calle.

Durante casi una hora no entr nadie. Lera aprovech el tiempo para limpiar la cocina y preparar masa para el sbado. Tambin revis las cajas. Solo quedaban veinte grandes. Tendr?a que pedir ms.

A las cuatro y diez son la campanilla. Entr Valentina con un paraguas azul.

-Hace un tiempo horrible.

-S?. ?Quiere un caf caliente?

-Quiero caf y cuatro de manzana.

-?Sus nietos vienen otra vez?

-No. Estas son para m?.

-Entonces no voy a hacer ms preguntas.

-Muy inteligente.

Valentina se sent junto a la ventana. Ya no preguntaba si pod?a hacerlo. La silla verde se hab?a convertido en su silla favorita. Bebi caf lentamente y mir la lluvia.

Antes de irse, dej una peque?a bolsa sobre el mostrador. Dentro hab?a servilletas de papel con hojas naranjas.

-Las vi ayer y pens en tu tienda.

-No ten?a que comprarme nada.

-Ya lo s.

-Son preciosas. Gracias.

-?salas. No las guardes para un d?a especial.

-Los viernes son d?as especiales.

-Entonces perfecto.

Despus de que Valentina se fue, Lera puso las servilletas junto a la mquina de caf. Eran peque?as cosas, pero la tienda empezaba a llenarse de regalos y objetos con historias. Las flores de Marina, la campanilla de Katia, la mesa de su t?o, las servilletas de Valentina. Lera hab?a querido crear un lugar suyo, pero poco a poco otras personas tambin dejaban algo all?.

A las cinco dej de llover. El cielo segu?a gris, pero la calle volvi a tener movimiento. Entraron dos mujeres de la oficina cercana. Despus un hombre compr una caja para llevar a casa. A las cinco y cuarenta lleg una madre con dos ni?as. Las ni?as tardaron casi diez minutos en elegir cuatro galletas.

Lera no ten?a prisa. Le gustaba verlas discutir sobre chocolate y caramelo como si fuera una decisin muy importante.

A las seis, la tienda volvi a quedarse tranquila. Lera prepar un t para ella y se sent detrs del mostrador durante unos minutos. Le dol?an los pies. Hab?a empezado a trabajar hac?a casi doce horas.

Mir el reloj. Faltaban dos horas para cerrar. A las seis y veintisiete, estaba colocando unas cajas nuevas debajo del mostrador cuando escuch la campanilla. Se levant. El hombre que acababa de entrar no le resultaba conocido.

Era alto y llevaba un abrigo oscuro. Ten?a el pelo casta?o muy oscuro, un poco desordenado por el viento, y una bufanda gris. Parec?a tener poco ms de treinta a?os. Cerr la puerta detrs de l y mir alrededor antes de acercarse a la vitrina.

Lera dej la caja que ten?a en las manos.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes.

El hombre mir las galletas sin decir nada. Lera esper. Hab?a aprendido durante la semana que algunos clientes quer?an ayuda inmediatamente y otros necesitaban tiempo. l parec?a pertenecer al segundo grupo.

Se acerc un poco ms al cristal. Primero mir las de chocolate. Despus las de manzana y canela. Luego las de nueces.

-?Son todas de hoy? -pregunt.

-S?. Las preparo cada ma?ana.

-?Aqu??

-S?. La cocina est detrs.

-Bien.

Lera esper otra vez. El hombre parec?a muy serio para alguien que estaba mirando galletas.

-?Quiere probar alguna?

-Quiero doce.

-?Doce?

-S?.

Lera mir la vitrina. No era una cantidad extra?a. Valentina ya hab?a comprado doce el primer d?a. Sin embargo, aquel hombre hab?a dicho el n?mero antes de elegir un sabor.

-Claro. ?Cules?

-Elige t?.

Lera levant la vista.

-?Yo?

-S?.

-?No tiene un sabor favorito?

-Todav?a no.

-?Hay algo que no le guste?

-No.

-?Nueces?

-Tambin.

-?Chocolate?

-S?.

-?Canela?

-S?.

-Me est haciendo el trabajo muy dif?cil.

-Pensaba que era ms fcil.

Por primera vez, el hombre sonri un poco. No fue una gran sonrisa, pero cambi completamente su expresin. Lera not que ten?a los ojos marrones.

Sac una caja grande. Decidi poner tres galletas de chocolate, tres de manzana y canela, dos de caramelo, dos de nueces y dos de naranja.

-Doce -dijo Lera.

-Perfecto.

-Para llevar, supongo.

-S?.

Mientras cerraba la caja, Lera pens que probablemente eran para una familia. Doce galletas eran muchas para una sola persona. Quiz ten?a hijos. O una novia. O una esposa. La ?ltima idea apareci en su cabeza sin ninguna razn ?til.

El hombre sac la cartera.

-?Cunto es?

-Ochocientos cuarenta.

-?Puedo pagar con tarjeta?

-S?.

Pag y guard la tarjeta. Lera le entreg la caja.

-Aqu? tiene.

-Gracias.

-Espero que le gusten.

-Estoy seguro.

-Todav?a no las ha probado.

-Pero huele muy bien aqu?.

Lera sonri. El hombre tom la caja, pero antes de irse mir otra vez la tienda. Sus ojos se detuvieron un momento en la mesa junto a la ventana.

-?Hace mucho que est abierta?

-Una semana.

-?Solo una semana?

-S?.

-Parece que lleva aqu? ms tiempo.

-?Eso es bueno?

-Creo que s?.

Se dirigi a la puerta.

-Buenas noches.

-Buenas noches.

La campanilla son y el hombre sali. Lera lo vio caminar por la calle con la caja en una mano. Despus gir a la derecha, hacia el parque, y desapareci detrs de los rboles.

Lera volvi al mostrador. No sab?a su nombre. Eso le pareci extra?o. Normalmente, despus de una conversacin tan larga, sab?a al menos cmo se llamaba una persona. Pero no hab?a preguntado. l tampoco hab?a preguntado su nombre. Mir la vitrina. El espacio donde hab?an estado las doce galletas ahora estaba casi vac?o.

A las seis y cuarenta y cinco entr Marina. Quer?a comprar dos galletas antes de cerrar su florister?a.

-Acabo de ver salir a un hombre con una caja enorme.

-Doce galletas.

-?Doce?

-S?.

-Buen cliente.

-No sab?a cules quer?a.

-?Y qu hizo?




  .


   .

   ,     (https://www.litres.ru/book/raznoe/galletas-de-los-viernes-74396917/)  .

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