15 citas este oto?o
 


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15 citas este oto?o -      , ,   ,          2-1.





 

15 citas este oto?o



15 CITAS ESTE OTO?O

Una historia romntica de oto?o




Cap?tulo 1. La lista





Vocabulario del cap?tulo



volver a clase    

el curso   , 

la compa?era de piso    

el exnovio   

enterarse de    -

superar una ruptura   

tener una cita    

hacer una apuesta   

atreverse a   

poner una condicin   

hacer una lista   

estar soltero / soltera    / 

salir con alguien    -

cambiar de tema   

tener razn   




Cap?tulo 1. La lista



El primer lunes de septiembre, Salamanca parec?a haber decidido que el verano todav?a no hab?a terminado. A las nueve de la ma?ana el aire era fresco, pero el sol ya calentaba las fachadas de piedra y hac?a brillar las ventanas de los edificios antiguos. Las terrazas estaban abiertas, las bicicletas cruzaban las calles estrechas y, delante de la universidad, grupos de estudiantes hablaban demasiado alto despus de varias semanas sin verse. Clara Mart?n caminaba entre ellos con una bolsa de tela al hombro, un caf fr?o en la mano y la sensacin de que todo el mundo hab?a vuelto de las vacaciones con una vida ms interesante que la suya. Llevaba el pelo negro recogido en una coleta alta, aunque varios mechones se escapaban alrededor de su cara cada vez que soplaba el viento. Hab?a elegido una camiseta verde oscura y unos vaqueros claros, una combinacin sencilla que no exig?a pensar demasiado a las siete de la ma?ana.

Clara ten?a diecinueve a?os y empezaba su segundo curso en la universidad. El a?o anterior hab?a llegado a Salamanca convencida de que la vida universitaria ser?a una sucesin de planes espontneos, amistades perfectas, cafs interminables y decisiones importantes tomadas bajo rboles centenarios. La realidad hab?a sido menos elegante. Hab?a perdido un autob?s el d?a de un examen, hab?a quemado una sartn en el piso que compart?a con dos amigas y hab?a pasado tres semanas preparando una presentacin que el profesor resumi con un breve bien. Tambin se hab?a enamorado de Daniel, un estudiante de Econom?a de veinte a?os que hablaba muy rpido, siempre llevaba camisetas blancas y ten?a la costumbre de decir ya veremos cuando no quer?a comprometerse con ning?n plan.

La relacin con Daniel hab?a durado nueve meses y hab?a terminado a finales de junio. No hubo gritos, traiciones ni una escena dramtica bajo la lluvia. l dijo que necesitaba espacio. Clara respondi que probablemente ella tambin. Despus se fueron a casa por el verano y dejaron de escribirse. Durante julio, Clara hab?a repetido a todo el mundo que estaba perfectamente. En agosto empez a creerlo. Por eso, aquella ma?ana de septiembre, cuando vio a su amiga Luc?a corriendo hacia ella con una expresin sospechosa, no imagin que el d?a iba a cambiar de direccin antes incluso de su primera clase.

Clara, tengo que decirte una cosa.

Buenos d?as para ti tambin.

Promteme que no vas a enfadarte.

No puedo prometer eso sin saber qu has hecho.

Yo no he hecho nada.

Eso es exactamente lo que dice una persona que ha hecho algo.

Luc?a fren delante de ella. Era peque?a, llevaba una chaqueta amarilla demasiado alegre para aquella conversacin y sujetaba el telfono con las dos manos. Clara conoc?a aquella postura. Significaba que hab?a una fotograf?a, un mensaje o una publicacin que Luc?a consideraba importante y que probablemente Clara preferir?a no ver. Durante dos segundos, Clara pens en negarse. Pod?a entrar en clase, apagar el telfono y conservar la paz hasta la hora de comer. Sin embargo, la curiosidad gan. Luc?a le ense? una fotograf?a publicada la noche anterior. Daniel estaba en una terraza de Madrid, sonriendo junto a una chica rubia. No estaban besndose. Ni siquiera se tocaban de una forma especialmente romntica. Pero el texto debajo de la imagen dec?a lo suficiente: El mejor final para el mejor verano y un corazn rojo.

Clara observ la pantalla. Primero sinti sorpresa. Despus apareci una molestia peque?a y absurda, como cuando alguien ocupa el asiento que una persona usa siempre aunque no tenga ning?n derecho sobre l. Daniel era su exnovio. Pod?a salir con quien quisiera. Ella lo sab?a. Adems, hab?an pasado ms de dos meses desde la ruptura. Todo era lgico. El problema era que las emociones ten?an una relacin bastante irregular con la lgica.

?Ests bien? pregunt Luc?a.

S?.

Has dicho s? con cara de querer lanzar mi telfono a una fuente.

No quiero lanzar tu telfono.

?El suyo?

Quiz el suyo.

Luc?a guard el mvil. Clara bebi un poco de caf y descubri que ya estaba casi caliente. Alrededor de ellas, el campus segu?a funcionando como si nada importante hubiera ocurrido. Un chico buscaba desesperadamente un aula. Dos chicas se abrazaban junto a una escalera. Alguien discut?a por telfono sobre un horario. Clara agradeci aquella normalidad. No quer?a que la nueva novia de Daniel se convirtiera en el acontecimiento principal de su regreso. La primera clase fue Historia Contempornea y Clara no escuch ni la mitad. Escribi la fecha, el t?tulo y tres frases sobre el programa. Despus empez a dibujar cuadrados en el margen del cuaderno. Cada vez que intentaba concentrarse, volv?a a recordar la fotograf?a. No porque quisiera recuperar a Daniel. Eso era lo extra?o. Si l hubiera aparecido delante de ella y le hubiera pedido volver, Clara estaba casi segura de que habr?a dicho que no. Lo que le molestaba era descubrir que l hab?a avanzado antes que ella. Durante el verano, ella hab?a le?do seis novelas, trabajado algunas semanas en una cafeter?a de su barrio, visto demasiadas series con su madre y rechazado dos invitaciones a salir porque todav?a no le apetec?a. Daniel, en cambio, parec?a haber empezado otra historia.

Al terminar la clase, Clara decidi que no iba a dedicarle ms energ?a. Tom una decisin firme, adulta y muy razonable: no volver?a a mirar la fotograf?a. Cinco minutos despus la abri otra vez. A la hora de comer ya conoc?a el nombre de la chica, su carrera y el hecho de que ten?a un perro llamado Coco. Entonces comprendi que necesitaba intervencin externa. Aquella tarde volvi al piso que compart?a con Luc?a y Marta. Viv?an en una tercera planta sin ascensor, a quince minutos andando de la universidad. El saln ten?a un sof azul que hab?an comprado de segunda mano, una mesa redonda llena de marcas de vasos y un balcn peque?o desde el que se ve?a la parte superior de una iglesia. Marta todav?a no hab?a vuelto de clase. Luc?a estaba sentada en el suelo organizando libros cuando Clara dej el bolso y se dej caer sobre el sof.

He investigado a la chica.

Ya lo s.

?Cmo lo sabes?

Porque te conozco.

Solo un poco.

Sabes cmo se llama su perro.

Coco.

Clara.

Ya he parado.

Luc?a cerr un libro y la mir con paciencia. Se conoc?an desde el colegio y sab?a cundo Clara necesitaba consuelo y cundo necesitaba que alguien le dijera algo incmodo. Aquella tarde eligi la segunda opcin.

No quieres volver con Daniel.

No.

Entonces el problema no es Daniel.

Gracias, psicloga.

El problema es que llevas todo el verano evitando cualquier posibilidad de conocer a alguien.

He conocido gente.

El camarero de la playa no cuenta.

Se llamaba Sergio.

Precisamente.

Clara cogi un coj?n y se lo lanz. Luc?a lo atrap rindose. En ese momento se abri la puerta y Marta entr con dos bolsas del supermercado. Escuch ?nicamente las palabras Daniel, camarero y problema, dej las bolsas sobre la mesa y anunci que necesitaba un resumen completo antes de guardar la leche. Diez minutos despus, las tres estaban en la cocina. Marta cortaba un melocotn, Luc?a explicaba su teor?a y Clara defend?a su derecho a pasar el resto de su vida sin una sola cita si as? lo deseaba. La ventana estaba abierta y entraba el ruido de la calle. Todav?a hac?a suficiente calor para cenar en el balcn. Sobre los tejados, la luz de septiembre empezaba a volverse dorada.

No digo que necesites novio dijo Luc?a. Digo que necesitas dejar de comportarte como si una cita fuera una entrevista de trabajo.

Las entrevistas de trabajo son ms sencillas.

Eso confirma mi argumento dijo Marta.

No quiero buscar una relacin.

Perfecto respondi Luc?a. Entonces no busques una relacin.

?Y qu busco?

Historias.

Eso suena peligroso.

Suena divertido.

Marta se apoy en la encimera y mir a Luc?a. Clara reconoci inmediatamente aquella mirada. Sus amigas estaban a punto de inventar algo y, por experiencia, sab?a que intentar detenerlas solo hac?a el proceso ms rpido.

Quince dijo Marta.

?Quince qu?

Citas.

No.

Ni siquiera he explicado las reglas.

No necesito las reglas para saber que no.

Quince citas este oto?o continu Marta. Sin buscar novio. Sin pensar si alguien puede ser el amor de tu vida. Solo conocer gente.

Estis enfermas.

Un poco admiti Luc?a.

La idea era rid?cula. Clara lo dijo varias veces. Quince citas eran demasiadas. Adems, ?de dnde iban a salir quince personas? Luc?a respondi que Salamanca estaba llena de estudiantes. Marta a?adi que no ten?an que ser quince historias de amor, solo quince primeras citas. Un caf, una exposicin, un paseo, una pel?cula. Una hora con alguien nuevo. Si la conversacin era horrible, Clara pod?a marcharse. Si era agradable, mejor. El objetivo no era enamorarse. El objetivo era atreverse. Clara quiso rechazarlo de inmediato, pero una parte de ella empez a divertirse. Quiz porque el plan convert?a algo que le daba inseguridad en una especie de juego. Desde la ruptura, cada vez que alguien le propon?a presentarle a un chico, Clara imaginaba automticamente el resultado final. ?Le gustar?a? ?Ella le gustar?a a l? ?Podr?a convertirse en algo serio? ?Volver?a a terminar mal? Quince primeras citas eliminaban esa presin. No ten?a que encontrar a nadie. Solo ten?a que aparecer.

Necesitamos reglas dijo Clara.

?Ha dicho que s?! grit Luc?a.

No he dicho que s?.

Has pedido reglas. Legalmente es un s?.

No funciona as?.

En esta casa s?.

Marta busc un cuaderno naranja que usaban para listas de compras y arranc una hoja. En la parte superior escribi con letras grandes: 15 CITAS ESTE OTO?O. Clara protest porque parec?a el t?tulo de un programa de televisin barato. Luc?a a?adi una peque?a hoja dibujada junto al n?mero quince. Despus empezaron a negociar. La primera regla dec?a que cada cita deb?a ser con una persona diferente. La segunda, que Clara no pod?a aceptar a alguien que le pareciera desagradable solo para completar el n?mero. La tercera, que ten?a derecho a marcharse en cualquier momento si se sent?a incmoda. La cuarta, propuesta por Clara, prohib?a a sus amigas enviar mensajes a nadie desde su telfono. La quinta establec?a que despus de cada cita habr?a un informe en la cocina, acompa?ado de algo para comer.

La sexta regla provoc una discusin. Luc?a quer?a prohibir repetir cita con la misma persona hasta completar las quince. Clara dijo que aquello era absurdo: si conoc?a a alguien interesante en la cita n?mero tres, no iba a ignorarlo durante seis semanas por obedecer un cuaderno naranja. Finalmente cambiaron la regla. Pod?a volver a ver a alguien, pero esas reuniones no contar?an como nuevos n?meros.

Y una condicin ms dijo Marta.

?Cul?

No puedes enamorarte.

Eso no es una condicin. No se puede controlar.

Entonces escribe: Intentar no enamorarse.

Eso es todav?a ms rid?culo.

Por eso me gusta.

Clara tom el bol?grafo y, debajo de las reglas, escribi: Objetivo: llegar viva a la cita n?mero quince. Las tres se rieron. En aquel momento, la idea dej de parecer una reaccin triste a una fotograf?a y se convirti en algo suyo. Un plan para el comienzo del curso. Una historia privada entre amigas. Quiz incluso una forma de recordar aquel oto?o cuando fueran mayores. Estaban discutiendo dnde encontrar al primer candidato cuando son el timbre. Marta mir el reloj y se levant demasiado rpido.

Ah, es Leo.

?Quin es Leo? pregunt Clara.

Un amigo de Arquitectura. Le he dejado unos apuntes.

?Y viene ahora?

S?.

Marta, tenemos una reunin confidencial.

Es una lista de citas, no secretos de Estado.

Marta abri la puerta. Clara oy una voz masculina en el pasillo y volvi a mirar la hoja, intentando decidir si deb?a esconderla. No tuvo tiempo. Unos segundos despus apareci en el saln un chico alto con el pelo rubio, algo desordenado, una camiseta azul oscuro y una sobrecamisa beige que llevaba abierta. Ten?a una carpeta bajo el brazo y una expresin tranquila, como si entrar en un piso lleno de desconocidos fuera una situacin completamente normal. Marta hizo las presentaciones. Leo Navarro ten?a veinte a?os, estudiaba Arquitectura y viv?a dos calles ms abajo. Conoc?a a Marta desde el curso anterior porque hab?an trabajado juntos en una actividad universitaria. Salud a Luc?a y despus mir a Clara. Sus ojos bajaron un segundo hacia la hoja naranja que ocupaba el centro de la mesa.

?Quince citas este oto?o? ley.

No leas.

Est escrito en letras de cinco cent?metros.

Sigue siendo privado.

Entonces necesitis una carpeta.

Clara agarr la hoja y la puso boca abajo. Leo sonri, pero no de una forma desagradable. Parec?a simplemente divertido. Marta fue a buscar los apuntes a su habitacin y dej a los otros tres en un silencio breve. Luc?a, que nunca hab?a conocido un silencio que no quisiera destruir, explic el experimento completo en menos de treinta segundos.

Luc?a dijo Clara.

?Qu?

He dicho que era privado.

l ya hab?a le?do el t?tulo.

Solo el t?tulo.

Era bastante informativo.

Leo se sent en el brazo del sof, todav?a sonriendo. Clara decidi que ya no le ca?a bien. Era una decisin rpida y probablemente injusta, pero la manera en que miraba la hoja le daba la impresin de que estaba preparando un comentario.

?Y qu ganas si completas las quince? pregunt Leo.

Experiencia.

?Experiencia en qu?

En conocer gente.

Puedes conocer gente sin llamarlo cita.

Gracias por la informacin.

De nada.

Luc?a escondi una sonrisa detrs de su vaso. Clara la vio y le lanz una mirada de advertencia. Leo, en cambio, parec?a completamente cmodo.

?Y si en la segunda cita conoces a alguien que te gusta? pregunt l.

Puedo volver a verlo. No cuenta como una nueva.

Habis pensado mucho en esto.

Siete minutos.

Impresionante.

?Tienes alg?n problema con mi lista?

Ninguno.

Tu cara dice otra cosa.

Mi cara dice que esto va a terminar fatal.

Clara abri la boca, sorprendida por la seguridad con la que lo hab?a dicho. Luc?a solt una carcajada. En ese momento Marta regres con los apuntes y se encontr a Clara mirando a Leo como si acabara de declarar una guerra.

?Qu ha pasado?

Tu amigo cree que mi idea es horrible.

No he dicho horrible respondi Leo. He dicho que va a terminar fatal.

Es diferente dijo Marta.

Gracias por el apoyo.

Yo creo que ser divertido.

Eso tambin puede ser fatal dijo Leo.

Clara cruz los brazos. El chico era irritante. Tambin era, tuvo que admitir, bastante guapo. El pelo rubio le ca?a sobre la frente y ten?a una peque?a cicatriz junto a una ceja. Pero Clara se neg a considerar aquel dato relevante. Estaba empezando un experimento para conocer gente nueva, no para analizar al primer hombre que entrara en su saln.

No te preocupes dijo Clara. T? no ests en la lista.

Qu alivio.

No parec?a que estuvieras preocupado.

Lo estaba much?simo.

Se nota.

Leo guard los apuntes en la carpeta. Antes de marcharse, volvi a mirar la hoja que Clara todav?a proteg?a con una mano.

Una pregunta.

No.

Todav?a no la he hecho.

Me estoy adelantando.

?Cundo es la primera?

Todav?a no existe.

Entonces vuestro gran experimento tiene un peque?o problema.

Lo solucionaremos.

Seguro.

Se despidi de Marta, levant una mano hacia Luc?a y mir a Clara una ?ltima vez. Ella no supo si aquella sonrisa significaba buena suerte o ya te lo dije por adelantado. Cuando la puerta se cerr, esper exactamente tres segundos.

Es insoportable.

Es divertido dijo Luc?a.

No.

Es guapo a?adi Marta.

Eso no tiene ninguna importancia.

No he dicho que la tenga.

Adems, no est en la lista.

Eso ya se lo has dejado muy claro dijo Luc?a.

Clara volvi a sentarse. El sol estaba bajando y el saln se hab?a llenado de una luz naranja suave. Desde el balcn llegaban conversaciones de la calle y el sonido de platos de una terraza cercana. Era una de esas tardes de septiembre en las que parec?a imposible que el fr?o fuera a llegar alg?n d?a. Marta puso la hoja otra vez en el centro de la mesa. Quedaban quince l?neas vac?as. Clara sinti una mezcla de emocin y verg?enza. Aquello pod?a convertirse en una idea fantstica o en seis semanas de situaciones incmodas. Probablemente en las dos cosas.

Necesitamos la cita n?mero uno dijo Marta.

Ma?ana respondi Luc?a.

?Ma?ana?

Cuanto antes empieces, menos tiempo tendrs para arrepentirte.

Ese argumento no me tranquiliza.

Luc?a abri una aplicacin de citas en su propio telfono. Clara protest, pero termin sentndose a su lado. Durante media hora miraron perfiles. Algunos chicos aparec?an en todas sus fotograf?as con gafas de sol. Otros escrib?an descripciones tan largas que parec?an cartas de presentacin. Uno solo ten?a fotos de su perro. Clara dijo que el perro parec?a interesante, pero Luc?a explic que no pod?an contar una cita con un animal. Finalmente encontraron a lvaro, veinte a?os, estudiante de Derecho, aficionado al tenis y a los viajes. En sus fotograf?as sonre?a de una forma natural y su descripcin dec?a que conoc?a el mejor caf de Salamanca. Clara acept hablar con l principalmente porque aquello parec?a una afirmacin fcil de comprobar. Intercambiaron varios mensajes. lvaro escrib?a bien, hac?a preguntas y no parec?a extra?o. Antes de que Clara pudiera pensarlo demasiado, l propuso tomar un caf el mircoles por la tarde.

Clara mir a sus amigas. Marta levant las cejas. Luc?a se?al la hoja naranja.

Hazlo dijo.

Es dentro de dos d?as.

Exactamente.

No s qu ponerme.

Faltan cuarenta y ocho horas.

Necesito tiempo.

Para tomar caf.

Para una cita.

Ese es precisamente el problema dijo Luc?a. Lo ests convirtiendo otra vez en algo enorme.

Clara respir y volvi al telfono. Escribi que s?. lvaro respondi con la direccin de una cafeter?a cerca de la Plaza Mayor y un mensaje: Mircoles, 18:00. Prometo que el caf es bueno. Clara confirm. Marta tom el bol?grafo y escribi en la primera l?nea: 1. lvaro. Mircoles. Caf. El resto permaneci vac?o. Durante la cena, Clara intent hablar de otras cosas. Comentaron horarios, profesores y planes para el fin de semana. Sin embargo, sus ojos volv?an continuamente a la hoja. Quince citas. Dos palabras que por la ma?ana no exist?an en su vida y que ahora parec?an ocupar una parte importante de su oto?o. Ms tarde, cuando Luc?a y Marta se fueron a sus habitaciones, Clara sali al balcn. La noche era templada. Abajo, varias mesas segu?an ocupadas y una pareja caminaba despacio por la acera compartiendo un helado. Clara apoy los brazos en la barandilla.

Pens en Daniel y descubri que llevaba varias horas sin mirar su perfil. Aquello le pareci una peque?a victoria. No quer?a convertir las quince citas en una competicin con l. Si Daniel estaba enamorado, bien. Si solo estaba empezando algo, tambin. Su vida ya no era una referencia para medir la de Clara. El telfono vibr. Por un segundo pens que era lvaro. Era un mensaje de Marta en el grupo del piso: una fotograf?a de la hoja naranja, ahora pegada a la nevera con un imn en forma de limn. Debajo hab?a escrito: Que empiece el desastre. Clara se rio sola. Entr en la cocina y observ la lista. La primera l?nea ya ten?a un nombre. Las otras catorce estaban vac?as y, por alguna razn, no le daban miedo. Le parec?an posibilidades.

Cogi un bol?grafo y a?adi una frase debajo de las reglas: No comparar a nadie con Daniel. Dud un momento y escribi otra: No tomar decisiones antes del postre. Despus record a Leo diciendo que todo iba a terminar fatal. Sonri con cierta irritacin. No sab?a por qu su opinin le importaba. Apenas lo conoc?a. Era simplemente el amigo rubio de Marta, un estudiante de Arquitectura demasiado seguro de tener razn. Clara cerr el cuaderno naranja, aunque la hoja segu?a en la nevera. El mircoles tendr?a su primera cita. Tal vez ser?a aburrida. Tal vez ser?a divertida. Tal vez durar?a veinte minutos o tres horas. Por primera vez desde junio, no intent imaginar el final antes de empezar.

Esa noche se acost con la ventana abierta. Desde la calle llegaba el murmullo de las terrazas y el aire ol?a todav?a un poco a verano. Septiembre acababa de comenzar. Quedaban semanas de sol, tardes doradas y hojas que todav?a no hab?an cambiado de color. Clara no sab?a quin iba a ocupar las catorce l?neas vac?as ni qu iba a pensar cuando llegara a la ?ltima. Solo sab?a dos cosas. La primera era que el mircoles a las seis iba a tomar caf con un desconocido llamado lvaro. La segunda era que Leo Navarro no estaba en la lista. Y, en aquel momento, Clara estaba completamente segura de que as? iba a seguir.




Ejercicios de vocabulario





Ejercicio 1. Relaciona


1. enterarse de

2. superar una ruptura

3. tener una cita

4. hacer una apuesta

5. atreverse a

6. poner una condicin

7. estar soltero

8. salir con alguien

9. cambiar de tema

10. tener razn

a.   -

b.  

c.  

d.   -

e.  

f.   

g.  

h.  

i.  

j.  




Ejercicio 2. Completa las frases


Completa con: exnovio, lista, cita, apuesta, razn, soltera, curso, atreverse, enterarse, compa?era de piso.

1. Clara empieza su segundo ______ en la universidad.

2. Luc?a es amiga y ______ de Clara.

3. Daniel es el ______ de Clara.

4. Clara acaba de ______ de que Daniel sale con otra chica.

5. Sus amigas proponen una ______: quince citas durante el oto?o.

6. Clara est ______ desde junio.

7. Marta escribe los nombres en una ______.

8. La primera ______ ser con lvaro.

9. El objetivo es ______ a conocer gente nueva.

10. Leo cree que tiene ______ y que el plan terminar mal.




Ejercicio 3. Elige la opcin correcta


1. Clara y Daniel terminaron su relacin en: a) abril b) junio c) septiembre

2. Clara comparte piso con: a) Luc?a y Marta b) Marta y Elena c) Luc?a y Ana

3. Leo estudia: a) Derecho b) Econom?a c) Arquitectura

4. El primer chico de la lista se llama: a) lvaro b) Leo c) Sergio

5. La primera cita ser en: a) un cine b) una cafeter?a c) un parque

6. Leo piensa que el experimento: a) es perfecto b) terminar fatal c) es aburrido




Respuestas. Vocabulario



Ejercicio 1: 1-d, 2-e, 3-f, 4-g, 5-b, 6-j, 7-h, 8-a, 9-i, 10-c.

Ejercicio 2: 1. curso; 2. compa?era de piso; 3. exnovio; 4. enterarse; 5. apuesta; 6. soltera; 7. lista; 8. cita; 9. atreverse; 10. razn.

Ejercicio 3: 1-b, 2-a, 3-c, 4-a, 5-b, 6-b.




Gramtica. Pretrito Perfecto y Pretrito Indefinido



        .    ,     ,      .

1. Pretrito Perfecto

: haber    + participio: he hablado, has comido, ha vivido, hemos visto. ,            .  : hoy, esta semana, este mes, este a?o, ya, todav?a no, nunca.

Ejemplos: Hoy Clara ha visto una foto de Daniel. Esta semana ha vuelto a la universidad. Luc?a ya ha hablado con Clara.

2. Pretrito Indefinido

       .  : ayer, anoche, el a?o pasado, en junio, hace dos d?as.   : hablar ? habl, hablaste, habl; comer ? com?, comiste, comi; vivir ? viv?, viviste, vivi.

Ejemplos: Clara y Daniel terminaron en junio. El verano pasado Clara trabaj en una cafeter?a. Ayer Marta volvi a Salamanca.

3. 

: Esta semana Clara ha pensado mucho en Daniel.    . En agosto Clara pens mucho en Daniel.   .   A2-B1       ,    ,    .




Ejercicios de gramtica





Ejercicio 1. Elige el tiempo correcto


1. Hoy Clara ______ una foto de Daniel. (ha visto / vio)

2. Clara y Daniel ______ en junio. (han terminado / terminaron)

3. Este lunes Clara ______ a la universidad. (ha vuelto / volvi el a?o pasado)

4. El verano pasado Clara ______ en una cafeter?a. (ha trabajado / trabaj)

5. Esta tarde sus amigas ______ una idea. (han propuesto / propusieron en 2024)

6. Ayer Marta ______ al piso. (ha vuelto / volvi)

7. Este mes Clara ______ una nueva etapa. (ha empezado / empez en 2020)

8. En agosto Clara ______ dos invitaciones. (ha rechazado / rechaz)




Ejercicio 2. Completa con Pretrito Perfecto o Pretrito Indefinido


1. Hoy Luc?a ______ (ense?ar) una fotograf?a a Clara.

2. Clara y Daniel ______ (romper) en junio.

3. Este verano Clara ______ (leer) seis novelas.

4. El a?o pasado Clara ______ (llegar) a Salamanca.

5. Esta tarde Marta ______ (escribir) una lista.

6. Ayer Leo ______ (hablar) con Marta.

7. Esta semana Clara ______ (decidir) probar algo nuevo.

8. En julio Clara ______ (trabajar) algunas semanas en una cafeter?a.




Ejercicio 3. Corrige el error


1. Hoy Clara vio una foto y todav?a piensa en ella.

2. En junio Clara ha terminado con Daniel.

3. El a?o pasado ha llegado a Salamanca.

4. Esta semana Clara escribi una lista y la semana todav?a no ha terminado.

5. Ayer sus amigas han cenado juntas.

6. Este mes Clara empez un nuevo curso y el mes todav?a contin?a.




Ejercicio 4. Traduce al espa?ol


1.       .

2.      .

3.       .

4.      .

5.      .

6.       .

7.         .

8.     .




Respuestas. Gramtica



Ejercicio 1: 1. ha visto; 2. terminaron; 3. ha vuelto; 4. trabaj; 5. han propuesto; 6. volvi; 7. ha empezado; 8. rechaz.

Ejercicio 2: 1. ha ense?ado; 2. rompieron; 3. ha le?do; 4. lleg; 5. ha escrito; 6. habl; 7. ha decidido; 8. trabaj.

Ejercicio 3: 1. Hoy Clara ha visto una foto y todav?a piensa en ella. 2. En junio Clara termin con Daniel. 3. El a?o pasado lleg a Salamanca. 4. Esta semana Clara ha escrito una lista y la semana todav?a no ha terminado. 5. Ayer sus amigas cenaron juntas. 6. Este mes Clara ha empezado un nuevo curso y el mes todav?a contin?a.

Ejercicio 4: 1. Hoy Clara se ha enterado de la nueva novia de Daniel. 2. Clara y Daniel terminaron en junio. 3. Esta semana Clara ha vuelto a la universidad. 4. El verano pasado trabaj en una cafeter?a. 5. Hoy sus amigas han inventado un plan poco com?n. 6. En agosto Clara rechaz dos invitaciones. 7. Este mes ha decidido conocer a gente nueva. 8. Ayer Leo vino a recoger los apuntes.

Fin del cap?tulo 1




Cap?tulo 2. El chico perfecto





Vocabulario del cap?tulo



llegar puntual   

la terraza   

causar buena impresin    

hacer una pregunta   

hablar de uno mismo    

interrumpir  

presumir de  

prestar atencin   

tener algo en com?n   - 

sentirse incmodo / incmoda    

quedarse en silencio  

cambiar de opinin   

despedirse  

darse cuenta de  , 

olvidarse de   




Cap?tulo 2. El chico perfecto



El mircoles lleg demasiado rpido. Clara hab?a pasado el martes fingiendo que la cita con lvaro no ten?a ninguna importancia, pero el mircoles a las cuatro de la tarde estaba delante de su armario con tres camisetas sobre la cama y una expresin de absoluta desesperacin. La ventana de su habitacin estaba abierta. Entraba una brisa templada que mov?a ligeramente las cortinas y tra?a el ruido de la calle. Septiembre segu?a pareciendo una continuacin amable del verano: el cielo estaba limpio, las terrazas continuaban llenas y los rboles apenas empezaban a mostrar algunas hojas amarillas entre el verde. Clara se mir en el espejo. Llevaba el pelo negro suelto, con ondas suaves en las puntas. Hab?a probado una blusa blanca, despus una camiseta negra y finalmente una camisa color terracota que Luc?a hab?a dejado sobre su cama sin pedir permiso. La camisa le gustaba, pero admitirlo significaba reconocer que su amiga ten?a razn, algo que Clara intentaba evitar siempre que era posible.

La terracota dijo Luc?a desde la puerta.

No te he preguntado.

Pero necesitas ayuda.

Necesito que salgas de mi habitacin.

Tambin necesitas pendientes.

Luc?a.

Los peque?os dorados. Ya me voy.

Luc?a desapareci y volvi treinta segundos despus con los pendientes. Clara termin ponindoselos. A las cinco y media, Marta lleg de clase y se uni a la operacin. Las dos amigas trataban la primera cita como si estuvieran preparando a una atleta antes de una competicin importante. Clara record que la idea del experimento era precisamente dejar de convertir cada encuentro en un acontecimiento enorme. A las cinco y cuarenta y cinco guard el telfono, las llaves y un peque?o monedero en el bolso. lvaro hab?a elegido una cafeter?a cerca de la Plaza Mayor. Clara conoc?a el lugar. Ten?a mesas peque?as en una calle peatonal, plantas junto a las ventanas y una terraza que por las tardes recib?a la ?ltima luz del sol. Era un sitio bonito, pero no demasiado romntico. Perfecto para una primera cita que, seg?n las reglas, solo ten?a que ser una conversacin con alguien nuevo.

Recuerda dijo Marta, no tienes que gustarle.

Lo s.

Y l tampoco tiene que gustarte.

Tambin lo s.

Y no investigues a su familia durante el camino.

Eso pas una sola vez.

Ayer dijo Luc?a.

Clara sali del piso antes de que pudieran darle ms consejos. Camin hacia el centro intentando no mirar el telfono cada treinta segundos. Las calles estaban llenas de estudiantes. En una esquina, un grupo compart?a patatas fritas sobre el cap de un coche. Cerca de una librer?a, una pareja discut?a sobre qu pel?cula ver. Las fachadas doradas de Salamanca reflejaban la luz de la tarde y hac?an que todo pareciera ms bonito de lo normal. Clara decidi que, si la cita era horrible, al menos el paseo habr?a valido la pena. Lleg a las cinco y cincuenta y siete. lvaro ya estaba all?. Eso fue lo primero que le gust. Estaba de pie junto a una mesa de la terraza, con una camisa azul clara, pantalones oscuros y el pelo perfectamente colocado. En las fotograf?as parec?a atractivo; en persona, incluso ms. Cuando vio a Clara, sonri y levant una mano.

Clara.

lvaro.

Has llegado puntual.

T? tambin.

Siempre llego antes.

Yo normalmente llego exactamente a tiempo.

Entonces hoy los dos hemos tenido xito.

Se sentaron. Durante los primeros minutos todo fue sorprendentemente fcil. lvaro pregunt si hab?a encontrado bien el sitio y explic que iba all? desde el curso anterior. Clara pidi caf con hielo y l una limonada. Hablaron del comienzo de las clases, de profesores y de lo extra?o que era volver a estudiar despus del verano. Clara empez a relajarse. Quiz Luc?a y Marta hab?an tenido una idea menos absurda de lo que parec?a. lvaro estudiaba Derecho y quer?a trabajar en una empresa internacional. Hablaba con seguridad y ten?a una forma clara de explicar las cosas. Cuando Clara mencion que estudiaba Historia, l dijo que siempre le hab?a interesado, especialmente la historia pol?tica. Aquello parec?a un punto en com?n. Clara estaba a punto de preguntarle qu periodo le gustaba ms cuando lvaro continu hablando.

Mi padre dice que Derecho me va muy bien porque siempre he sabido discutir.

Eso puede ser ?til.

Much?simo. En el colegio particip en debates. Gan tres competiciones.

Ah, qu bien.

Una fue regional. La final fue bastante dif?cil porque el otro equipo era muy bueno, pero yo prepar casi toda nuestra estrategia.

Clara sonri y bebi caf. lvaro empez a contar la historia completa de aquella competicin. Despus habl de otra. Luego explic que tambin hab?a jugado al tenis durante ocho a?os. Clara hizo dos preguntas sobre el deporte y recibi una descripcin detallada de sus entrenamientos, sus torneos y una lesin de mu?eca que hab?a tenido a los diecisis a?os. Al principio no le molest. Era normal hablar de uno mismo en una primera cita. Adems, lvaro contaba las cosas con energ?a y no parec?a nervioso. El problema apareci despus de veinte minutos, cuando Clara se dio cuenta de que l todav?a no le hab?a hecho una sola pregunta real. Hab?a preguntado si hab?a encontrado el caf y qu quer?a beber. Nada ms.

Decidi hacer una peque?a prueba. Cuando lvaro termin una historia sobre un torneo en Valladolid, Clara mencion que ella tambin hab?a practicado un deporte durante varios a?os.

Yo hice natacin casi seis a?os.

Qu bien. Yo prob natacin un verano, pero me aburr?a porque prefiero deportes competitivos. En tenis tienes a otra persona delante y eso cambia todo.

S?, claro.

Adems, siempre he sido muy competitivo. Mi entrenador dec?a que ese era mi mejor defecto.

Clara esper. lvaro no pregunt por qu hab?a dejado la natacin, si compet?a o si le gustaba. En menos de diez segundos la conversacin hab?a vuelto a l. Clara mir su vaso y escondi una sonrisa. No estaba enfadada todav?a. La situacin empezaba a parecerle un experimento dentro del experimento. Intent otra vez. Coment que hab?a trabajado en una cafeter?a durante el verano. lvaro respondi que l nunca hab?a tenido un trabajo as? porque hab?a pasado julio viajando con sus padres por Italia. Entonces sac el telfono y empez a ense?arle fotograf?as de Roma, Florencia y Venecia. Las imgenes eran bonitas. Clara vio edificios, platos de pasta, una playa y aproximadamente quince fotograf?as de lvaro delante de diferentes monumentos.

Esta es Florencia.

S?, la reconozco.

La luz era incre?ble. Hice muchas fotos.

Veo que s?.

Tengo casi mil.

Espero que no vayamos a verlas todas.

No, tranquila. Solo las mejores.

Clara no supo si estaba bromeando. Durante los siguientes siete minutos vio veintitrs fotograf?as. A las seis y cuarenta, la camarera se acerc para preguntar si quer?an algo ms. Clara pidi agua. lvaro pidi otro caf y, mientras la camarera se alejaba, empez a explicar que hab?a dejado de beber caf por las tardes durante un mes porque afectaba a su sue?o, pero que despus descubri una tcnica de respiracin que le ayudaba a dormir. Clara escuch la explicacin completa de la tcnica. La cita no era horrible. Eso era casi lo peor. lvaro era educado. No dec?a nada ofensivo. No miraba el telfono mientras Clara hablaba porque Clara apenas hablaba. Sonre?a, pagaba atencin a sus propias historias y parec?a sinceramente convencido de que estaban teniendo una conversacin excelente.

Clara empez a contar mentalmente las preguntas que l le hac?a. A las siete llevaba cuatro: qu quer?a beber, si conoc?a el caf, si ten?a fr?o y si quer?a compartir una tarta. Ninguna ten?a relacin con su vida, sus gustos o sus ideas. Cuando lleg la tarta, lvaro habl de comida. Su madre cocinaba muy bien. Su padre hac?a una paella excelente. l sab?a preparar pasta, tortilla y una receta de pollo que hab?a aprendido en Italia. Clara decidi intervenir antes de escuchar la historia completa del pollo.

?Qu buscas en una cita? pregunt ella.

?Cmo?

Qu esperas cuando conoces a alguien.

Buena pregunta. Creo que una persona interesante, con sentido del humor, que tenga sus propios planes. Me aburren las personas que no tienen nada que contar.

Entiendo.

Clara tuvo que morderse el interior de la mejilla para no re?rse. lvaro continu explicando qu tipo de personalidad le atra?a. Quer?a alguien independiente, espontneo y curioso. Tambin prefer?a personas a las que les gustara viajar. Clara se pregunt si, en alg?n momento, iba a comprobar si ella ten?a alguna de esas caracter?sticas. Entonces ocurri algo que convirti la cita en una historia que sab?a que Luc?a y Marta disfrutar?an durante semanas. lvaro apoy los brazos sobre la mesa y sonri.

Creo que tenemos bastante en com?n.

?S??

S?. La conversacin ha sido muy fcil.

Ha sido fcil para ti.

?Qu quieres decir?

Clara lo mir. Pod?a fingir que no pasaba nada y terminar la cita con educacin. Sin embargo, una de las razones por las que hab?a aceptado el experimento era aprender a comportarse de una forma diferente. No quer?a seguir sonriendo automticamente cuando algo le molestaba.

Que llevamos ms de una hora aqu? y casi no sabes nada de m?.

Claro que s cosas.

?Qu cosas?

lvaro abri la boca y se qued en silencio. Clara esper. l mir la mesa como si las respuestas pudieran estar escritas junto al plato.

Estudias Historia.

Eso te lo dije en los primeros cinco minutos.

Trabajaste este verano.

S?.

Y... te gusta el caf.

Estoy bebiendo caf.

Exacto.

Clara empez a re?rse. Intent detenerse porque no quer?a humillarlo, pero la expresin de lvaro era tan sinceramente confundida que resultaba imposible. Despus de unos segundos, l tambin sonri.

Vale. Creo que he hablado demasiado.

Un poco.

?Mucho?

S el nombre de tu entrenador de tenis de cuando ten?as quince a?os.

Roberto.

Lo s, lvaro. Ese es el problema.

Por primera vez en toda la tarde, lvaro pareci avergonzado. Se pas una mano por el pelo y mir hacia la calle.

Lo siento. Cuando estoy nervioso hablo mucho.

?Estabas nervioso?

Much?simo.

No lo parec?a.

Ese es mi talento.

Pensaba que tu talento era discutir.

Ese es el segundo.

Aquello cambi un poco la impresin de Clara. De repente, el chico perfecto y seguro parec?a simplemente un joven de veinte a?os intentando causar buena impresin y hacindolo de la peor manera posible. No se convirti mgicamente en el hombre de sus sue?os, pero dej de irritarla. Durante los siguientes veinte minutos, lvaro hizo un esfuerzo evidente por preguntar. Quiso saber por qu Clara hab?a elegido Historia, qu libro estaba leyendo y qu hab?a hecho durante las vacaciones. A veces interrump?a sin querer y ten?a que detenerse. Clara descubri que l pod?a escuchar, aunque claramente necesitaba prctica. Cuando hablaron de libros, encontraron un punto en com?n real: los dos odiaban que alguien revelara el final de una historia. lvaro cont que su hermana hab?a arruinado para l el final de una serie y Clara respondi con una experiencia parecida. Por primera vez, la conversacin fue de los dos. No hab?a qu?mica romntica, pero al menos Clara dej de sentir que estaba viendo un documental titulado La vida de lvaro.

A las siete y media decidieron marcharse. lvaro insisti en pagar su caf. Clara pag el suyo. l no discuti, lo que le dio un punto a favor despus de una tarde bastante irregular. Caminaron juntos hasta la esquina de la Plaza Mayor.

Gracias por decirme lo de hablar demasiado dijo lvaro.

Espero no haber sido desagradable.

No. Mi hermana me lo dice siempre, pero pensaba que exageraba.

Tu hermana parece una mujer inteligente.

No voy a dec?rselo.

Como quieras.

lvaro sonri. Hubo una pausa que normalmente habr?a sido incmoda, pero Clara ya sab?a que no quer?a una segunda cita. No necesitaba inventar una excusa ni dejar una puerta abierta por educacin.

Me ha gustado conocerte dijo l.

A m? tambin.

?Repetimos alg?n d?a?

Clara respir. Antes de junio habr?a dicho s?, claro y despus habr?a buscado una manera de cancelar. Aquella tarde decidi probar otra cosa.

Creo que no como cita.

Ah.

Pero me has ca?do bien. Y ahora s demasiado sobre tu tenis como para desaparecer completamente.

Es justo.

Adems, quiero saber si Roberto sigue siendo tu entrenador.

No lo es desde hace cuatro a?os.

Entonces ya tengo informacin in?til para toda la vida.

lvaro se rio y se despidieron con un abrazo breve. Clara sigui caminando sola. El sol ya estaba bajo y la piedra de los edificios ten?a un tono naranja intenso. Las mesas de las terrazas empezaban a llenarse para la cena. Ella se sent?a extra?amente ligera. La cita no hab?a sido un xito romntico, pero tampoco hab?a sido un fracaso. Hab?a conocido a alguien, hab?a pasado una hora y media fuera de su rutina y, lo ms importante, hab?a dicho lo que pensaba sin convertirlo en un drama. Tal vez el experimento s? ten?a sentido. Sac el telfono para escribir al grupo del piso. Antes de hacerlo, vio a alguien conocido al otro lado de la calle. Leo estaba saliendo de una papeler?a con un tubo grande de cartn bajo el brazo. Llevaba una camiseta blanca y una chaqueta verde oliva, y el pelo rubio estaba ms desordenado que el lunes.

Clara consider seguir caminando. Despus record su comentario sobre el desastre y decidi que no iba a darle la satisfaccin de pensar que la primera cita hab?a terminado mal.

?Leo!

l levant la cabeza, la reconoci y cruz la calle.

La chica de las quince citas.

Tengo nombre.

Clara, la chica de las quince citas.

Mucho mejor.

?Ya ha sido la primera?

S?.

?Y?

Clara intent responder con una frase sencilla. No pudo.

S que empez a jugar al tenis a los ocho a?os, que su entrenador se llamaba Roberto, que gan tres competiciones de debate, que estuvo en Italia este verano, que su padre hace paella y que una vez se lesion la mu?eca en Valladolid.

Parece una cita muy informativa.

Much?simo.

?Y l qu sabe de ti?

Clara se qued quieta. Leo hab?a hecho exactamente la pregunta correcta.

Que estudio Historia.

Bien.

Que trabaj en verano.

Dos cosas.

Y que me gusta el caf.

Tres. Esto va mejor de lo que esperaba.

Clara lo mir con falsa indignacin.

Al final mejor.

?Le has dado una segunda cita?

No.

Entonces no mejor tanto.

No todo tiene que acabar en otra cita.

Eso es sorprendentemente sensato para alguien con una lista de quince.

?Vas a burlarte de esto todo el oto?o?

Probablemente.

Empezaron a caminar en la misma direccin. Leo ten?a que volver a la facultad para dejar unos materiales y Clara iba hacia su piso. Durante unos minutos hablaron de cosas normales. l explic que el tubo conten?a planos para una entrega. Clara pregunt por su proyecto y Leo respondi en menos de un minuto. Despus le pregunt cmo hab?a sido su primer d?a de clases. Clara not el contraste inmediatamente. Era una pregunta peque?a, pero despus de noventa minutos con lvaro casi parec?a un gesto extraordinario.

Bien. Historia Contempornea a primera hora.

?Te gusta?

S?, aunque el profesor habla como si tuviera miedo de quedarse sin tiempo.

?Muy rpido?

Much?simo. Hoy he escrito cuatro pginas y solo entend? tres.

Eso parece eficiente.

No para mis apuntes.

Leo se rio. Llegaron a una esquina donde deb?an separarse. Clara se dio cuenta de que la conversacin hab?a durado apenas seis minutos y, aun as?, Leo sab?a ms sobre su d?a que lvaro despus de una hora.

Entonces, ?cmo se llama? pregunt Leo.

?Quin?

El chico perfecto.

lvaro.

Bien. Pensaba que despus de escuchar tantas historias sobre l hab?as olvidado su nombre.

No soy tan terrible.

Todav?a quedan catorce oportunidades.

Clara levant una mano para despedirse.

Hasta luego, Leo.

Hasta luego, Clara. Suerte con el n?mero dos.

No necesito suerte.

Eso tambin lo veremos.

Cuando lleg al piso, encontr a Luc?a y Marta sentadas en la cocina con una bolsa de palomitas en el centro de la mesa. La hoja naranja segu?a pegada a la nevera. Hab?an a?adido debajo del t?tulo una nueva seccin: Informe oficial.

No pienso rellenar eso dijo Clara.

Sintate orden Marta.

?Cunto dur? pregunt Luc?a.

Una hora y media.

Eso es bueno.

Depende de quin habla durante esa hora y media.

Clara cont la historia completa. Cuando lleg a las veintitrs fotograf?as de Italia, Luc?a empez a re?rse. Cuando explic la conversacin sobre Roberto, Marta casi dej caer las palomitas. Sin embargo, ambas se sorprendieron cuando Clara cont que hab?a dicho directamente que no quer?a una segunda cita.

Estoy orgullosa dijo Marta.

Gracias.

Hace tres meses habr?as aceptado otra cita por no ser borde.

Probablemente.

Entonces el experimento ya funciona dijo Luc?a.

Ha pasado una cita.

Exactamente. Eficiencia mxima.

Marta tom el bol?grafo y escribi junto al n?mero uno: lvaro. Guapo. Educado. Habla demasiado. Roberto, entrenador de tenis. Clara protest por la ?ltima parte, pero Luc?a dijo que era informacin histrica y, por tanto, apropiada para una estudiante de Historia. Despus Marta hizo la pregunta que Clara esperaba.

?Nota del uno al diez?

No vamos a poner notas a personas.

Nota de la cita, no de la persona.

Seis.

?Seis? pregunt Luc?a. Parec?a un cuatro.

Mejor al final.

Entonces seis.

Y no quiero que escribis seis en la nevera.

Demasiado tarde.

Clara intent quitarle el bol?grafo, pero Marta se apart. La cocina se llen de risas y, por primera vez desde que hab?an inventado el plan, Clara sinti verdadero entusiasmo por continuar. No porque esperara encontrar al chico perfecto en la siguiente cita. Precisamente lo contrario. Hab?a descubierto que una cita pod?a salir regular y aun as? convertirse en una buena tarde. Ms tarde, mientras se lavaba los dientes, recibi un mensaje de lvaro: Gracias por hoy. Y gracias por ser sincera. La prxima vez intentar hacer ms preguntas. Clara respondi con una cara sonriente y dese que le fuera bien. Despus guard el telfono. En la cama pens brevemente en la conversacin. lvaro hab?a parecido perfecto durante los primeros diez minutos: puntual, guapo, seguro, educado y con planes claros. Sin embargo, una persona no era una lista de cualidades. La forma en que hac?a sentir a los dems importaba ms que una camisa bonita o tres competiciones ganadas.

Tambin pens, sin querer, en Leo. Hab?a hablado con l seis minutos y l le hab?a hecho cuatro preguntas. Clara decidi que la comparacin era injusta. Leo no estaba en una cita. No estaba nervioso. Adems, era simplemente el amigo de Marta que disfrutaba burlndose de su experimento. Se gir hacia la pared y cerr los ojos. En la cocina quedaban catorce l?neas vac?as. La primera ya ten?a una historia, una nota y el nombre de un entrenador de tenis que Clara probablemente recordar?a durante a?os. La cita n?mero uno hab?a terminado. Y, contra todo pronstico, Clara ten?a ganas de descubrir qu pod?a salir mal en la n?mero dos.




Ejercicios de vocabulario





Ejercicio 1. Relaciona


1. llegar puntual

2. causar buena impresin

3. interrumpir

4. presumir de

5. prestar atencin

6. tener algo en com?n

7. sentirse incmodo

8. despedirse

9. darse cuenta de

10. cambiar de opinin

a. 

b.  - 

c. 

d.   

e.   

f. 

g.  

h.  

i. 

j.  




Ejercicio 2. Completa


Completa con: terraza, preguntas, interrumpir, atencin, com?n, incmoda, despedirse, opinin, puntual, olvidarse.

1. Clara y lvaro se sientan en una ______.

2. Los dos llegan ______ a la cita.

3. lvaro habla mucho y hace pocas ______.

4. A veces empieza a ______ a Clara.

5. Al principio no presta suficiente ______ a lo que ella cuenta.

6. Descubren que tienen algo en ______: odian los spoilers.

7. Clara no quiere sentirse ______ y decide ser sincera.

8. Al final, los dos tienen que ______.

9. Clara cambia un poco de ______ sobre lvaro.

10. Leo pregunta si Clara ha podido ______ del nombre del chico.




Ejercicio 3. Verdadero o falso


1. lvaro llega tarde.

2. Clara y lvaro toman algo en una terraza.

3. lvaro pregunta mucho sobre la vida de Clara desde el principio.

4. Clara practic natacin durante varios a?os.

5. lvaro ense?a a Clara fotograf?as de Italia.

6. Clara acepta inmediatamente una segunda cita.

7. Clara encuentra a Leo despus de la cita.

8. Luc?a y Marta preparan un informe sobre la cita.




Respuestas. Vocabulario



Ejercicio 1: 1-h, 2-d, 3-a, 4-f, 5-j, 6-b, 7-e, 8-i, 9-c, 10-g.

Ejercicio 2: 1. terraza; 2. puntual; 3. preguntas; 4. interrumpir; 5. atencin; 6. com?n; 7. incmoda; 8. despedirse; 9. opinin; 10. olvidarse.

Ejercicio 3: 1. Falso; 2. Verdadero; 3. Falso; 4. Verdadero; 5. Verdadero; 6. Falso; 7. Verdadero; 8. Verdadero.




Gramtica. Pronombres de objeto directo e indirecto



        .               .

1. Objeto directo: lo, la, los, las

     ? ?. : Clara ve a lvaro ? Clara lo ve. lvaro ense?a las fotos ? lvaro las ense?a.

2. Objeto indirecto: me, te, le, nos, os, les

      ?. lvaro cuenta una historia a Clara ? lvaro le cuenta una historia. Clara dice la verdad a lvaro ? Clara le dice la verdad.

3.   

   ,    : me lo, te la, se los.  le  les  lo/la/los/las   se: lvaro ense?a las fotos a Clara ? lvaro se las ense?a.

4.  

  : Clara lo escucha.     : Clara lo quiere escuchar / Clara quiere escucharlo.




Ejercicios de gramtica





Ejercicio 1. Sustituye el complemento


1. Clara escucha a lvaro. ? Clara ______ escucha.

2. lvaro ense?a las fotos. ? lvaro ______ ense?a.

3. Clara toma el caf. ? Clara ______ toma.

4. Marta escribe la lista. ? Marta ______ escribe.

5. Clara ve a Luc?a y Marta. ? Clara ______ ve.

6. Leo lleva los planos. ? Leo ______ lleva.




Ejercicio 2. Completa con me, te, le, nos o les


1. lvaro ______ cuenta a Clara una historia sobre tenis.

2. Luc?a ______ da consejos a Clara.

3. Clara ______ dice a sus amigas que la cita ha terminado.

4. Marta y Luc?a ______ preguntan a Clara por lvaro.

5. Leo ______ pregunta a Clara cmo ha sido su d?a.

6. Clara ______ cuenta a Leo algunos detalles de la cita.




Ejercicio 3. Usa dos pronombres


1. lvaro ense?a las fotos a Clara. ? lvaro ______ ______ ense?a.

2. Marta explica las reglas a Clara. ? Marta ______ ______ explica.

3. Clara cuenta la historia a sus amigas. ? Clara ______ ______ cuenta.

4. Luc?a da los pendientes a Clara. ? Luc?a ______ ______ da.

5. Marta muestra la lista a Leo. ? Marta ______ ______ muestra.




Ejercicio 4. Traduce al espa?ol


1.   .

2.    .

3.    .

4.    .

5.     .

6.    . ()

7.     .

8.   .




Respuestas. Gramtica



Ejercicio 1: 1. lo; 2. las; 3. lo; 4. la; 5. las; 6. los.

Ejercicio 2: 1. le; 2. le; 3. les; 4. le; 5. le; 6. le.

Ejercicio 3: 1. se las; 2. se las; 3. se la; 4. se los; 5. se la.

Ejercicio 4: 1. Clara lo escucha. 2. lvaro le ense?a las fotos. 3. Clara les cuenta la historia. 4. Marta le da la lista. 5. Leo le pregunta por la cita. 6. lvaro se las ense?a. 7. Clara no quiere mentirle. 8. Sus amigas la entienden.

Fin del cap?tulo 2




Cap?tulo 3. Una cita bajo la lluvia





Vocabulario del cap?tulo



el pronstico del tiempo   

la nube  

llover    

el chaparrn  

mojarse  

el paraguas  

romperse  

refugiarse  

el toldo  

resbalar  

estar empapado / empapada   

re?rse de   

tener verg?enza  ,  

acompa?ar a alguien   -

escampar    




Cap?tulo 3. Una cita bajo la lluvia



El viernes por la ma?ana, Clara abri la ventana de su habitacin y decidi que el pronstico del tiempo estaba equivocado. El cielo sobre Salamanca era de un azul limpio, el sol iluminaba las fachadas de piedra y en el patio interior una vecina colgaba ropa como si tuviera informacin meteorolgica secreta. La aplicacin del mvil anunciaba un sesenta por ciento de probabilidad de lluvia a partir de las seis de la tarde. Clara mir otra vez el cielo y cerr la aplicacin. Su segunda cita empezaba a las cinco y media. Para entonces, pens, quiz las nubes habr?an decidido ir a otra ciudad. Hab?an pasado solo dos d?as desde la cita con lvaro y la hoja naranja de la nevera ya ten?a una segunda l?nea. El nombre era Marcos. Ten?a diecinueve a?os, estudiaba Traduccin e Interpretacin y hab?a conocido a Clara de una manera mucho menos moderna que lvaro: en la cola de la cafeter?a de la facultad. El jueves por la ma?ana, Clara hab?a pedido un bocadillo y Marcos, que estaba delante de ella, hab?a descubierto al llegar a la caja que hab?a olvidado la cartera. Clara le prest dos euros. l volvi diez minutos despus para devolvrselos y acabaron hablando junto a una mquina de caf que hac?a un ruido preocupante.

Marcos ten?a el pelo casta?o, una sonrisa fcil y la costumbre de mover mucho las manos cuando hablaba. Le cont que estudiaba francs e italiano, que acababa de volver de visitar a su abuela en Valencia y que todav?a se perd?a en algunos edificios de la universidad. A diferencia de lvaro, tambin hizo preguntas. Cuando Clara mencion que estudiaba Historia, quiso saber qu poca prefer?a. Cuando ella dijo que le gustaba caminar por la ciudad, propuso ense?arle una peque?a plaza que hab?a descubierto durante el curso anterior. Antes de despedirse, le pidi su n?mero. Clara acept una cita para el viernes casi sin pensarlo. Aquello sorprendi a Luc?a, que declar que el experimento estaba convirtiendo a su amiga en una persona espontnea. Clara respondi que simplemente quer?a recuperar sus dos euros emocionalmente. Marta escribi 2. Marcos. Paseo en la nevera y a?adi un dibujo de una nube porque hab?a visto el pronstico. Clara borr la nube.

A las cuatro y media del viernes, la nube hab?a vuelto. No al dibujo, sino al cielo. Clara sali de clase y vio una franja gris avanzando desde el oeste. Todav?a hac?a calor y la gente segu?a sentada en las terrazas, pero el aire hab?a cambiado. Ol?a a tierra seca y a lluvia que todav?a no hab?a empezado. Clara escribi a Marcos para preguntarle si manten?an el plan. l respondi casi inmediatamente: Claro. Si llueve, improvisamos. Aquella respuesta le gust. Despus de la primera cita, Clara hab?a decidido que no iba a buscar perfeccin. Solo quer?a pasar una tarde agradable y tener algo que contar en la cocina. Adems, el paseo empezaba cerca de la universidad, as? que no necesitaba cambiarse. Llevaba una camiseta color vino, una chaqueta vaquera clara y pantalones negros. Su pelo negro estaba recogido en una trenza baja. Meti un paraguas peque?o en el bolso por pura prudencia y sali.

Marcos la esperaba junto a una librer?a. Llevaba una sudadera gris fina y zapatillas blancas que todav?a estaban peligrosamente limpias. Cuando Clara lleg, l mir el cielo y despus el peque?o bolso de ella.

Dime que llevas un paraguas.

Llevo un paraguas.

Perfecto. Yo he olvidado el m?o.

?Tambin olvidas los paraguas o solo las carteras?

Estoy construyendo una personalidad coherente.

Clara se rio. Empezaron a caminar por calles estrechas, alejndose de las zonas ms llenas de estudiantes. Marcos conoc?a peque?os rincones que Clara no hab?a visto durante su primer a?o: un patio silencioso detrs de una iglesia, una tienda diminuta de mapas antiguos y una calle desde la que se ve?a una parte de la catedral entre dos edificios. La conversacin era fcil. Hablaron de viajes, de idiomas y de profesores que parec?an disfrutar poniendo exmenes a primera hora. A las seis menos cuarto cay la primera gota. Clara la sinti en la mano y levant la cabeza. El cielo azul de la ma?ana hab?a desaparecido por completo. Sobre los tejados se acumulaban nubes oscuras, y el viento mov?a las hojas de los rboles con una fuerza nueva.

Todav?a podemos fingir que no pasa nada dijo Marcos.

Esa estrategia funciona muy bien con la lluvia.

Y con los exmenes.

No creo que funcione con los exmenes.

Por eso estoy en segundo y todav?a no soy experto.

Siguieron caminando. Durante tres minutos no pas nada. Despus empez a llover de verdad. No era una lluvia fina y romntica como la de las pel?culas. Era un chaparrn rpido, fuerte y ruidoso que transform la calle en pocos segundos. La gente corri hacia los portales. Los camareros empezaron a recoger cojines de las terrazas. Clara abri el bolso y sac su paraguas. Era peque?o, pero en teor?a cab?an dos personas. Marcos se coloc a su lado y los dos intentaron caminar bajo l. En la prctica, Clara ten?a medio hombro fuera y Marcos recib?a toda el agua que ca?a por un lado. Cada vez que uno intentaba acercarse al centro, el otro chocaba con l.

Esto no funciona.

Funciona perfectamente si uno de los dos no necesita estar seco.

?Quin?

Todav?a estamos negociando.

El viento respondi antes que ellos. Una rfaga levant el paraguas, lo gir hacia atrs y dej las varillas metlicas apuntando al cielo. Clara se qued mirando el objeto destruido con incredulidad. Marcos solt una carcajada.

No te r?as.

Lo siento.

No lo sientes.

No, la verdad es que no.

Clara intent arreglarlo mientras la lluvia le ca?a sobre la cabeza. Una varilla se hab?a doblado y otra parec?a haber decidido separarse completamente del resto. Despus de veinte segundos, acept la derrota.

Mi paraguas ha muerto.

Ha luchado con honor.

Ha durado cuatro minutos.

Una vida breve, pero intensa.

Corrieron hacia un toldo rojo delante de una tienda cerrada. El espacio era tan estrecho que tuvieron que quedarse casi pegados a la pared. Marcos ten?a el pelo mojado sobre la frente. La camiseta de Clara estaba seca en el centro, pero las mangas y la espalda empezaban a oscurecerse por el agua. Sus zapatillas hac?an un sonido extra?o cada vez que mov?a los pies. Durante unos segundos solo escucharon la lluvia. Golpeaba el toldo con tanta fuerza que ten?an que hablar ms alto. La calle, llena de gente cinco minutos antes, estaba casi vac?a. El agua corr?a junto a la acera y las fachadas doradas se hab?an vuelto oscuras y brillantes.

Bueno dijo Marcos. Esta era la plaza que quer?a ense?arte.

No veo ninguna plaza.

Est detrs de esa cortina de agua.

Preciosa.

Sab?a que te gustar?a.

Clara empez a re?rse. No pod?a evitarlo. Hab?a imaginado su segunda cita como un paseo tranquilo por la ciudad y ahora estaba atrapada bajo un toldo con un paraguas roto en la mano. Marcos se rio tambin. Durante varios minutos hicieron comentarios sobre las personas que corr?an por la calle. Un hombre intent protegerse con un peridico que dej de ser ?til casi inmediatamente. Una mujer llevaba una bolsa de plstico sobre el pelo. Dos ni?os saltaron voluntariamente en un charco mientras su padre trataba de detenerlos. Clara se dio cuenta de que no estaba incmoda. Con lvaro hab?a pasado gran parte de la cita pensando qu deb?a decir o cundo podr?a hablar. Con Marcos no necesitaba preparar nada. l escuchaba, hac?a preguntas y tambin sab?a quedarse en silencio sin convertirlo en un problema. Cuando la lluvia baj un poco, propuso buscar una cafeter?a.

Hay una a dos calles.

?Dos calles bajo esto?

Podemos correr.

Mis zapatillas ya estn mojadas.

Las m?as eran blancas esta ma?ana.

Eso fue optimista por tu parte.

Salieron del refugio. Los primeros metros fueron fciles, pero al girar la esquina encontraron un charco enorme que ocupaba casi toda la acera. Marcos intent saltarlo. Lleg al otro lado, pero resbal al aterrizar y tuvo que agarrarse a una se?al para no caer. Clara se detuvo en medio de la lluvia y se ech a re?r.

No ha pasado nada dijo l, recuperando el equilibrio.

Casi abrazas una se?al.

Nos conocemos desde hace tiempo.

Claro.

Ahora te toca saltar.

Ni hablar.

Clara busc una parte ms estrecha del charco. No la encontr. Finalmente salt. Su pie derecho cay exactamente en el agua. Una ola fr?a entr en su zapatilla.

No digas nada.

No he dicho nada.

Tu cara est hablando.

Mi cara dice que ha sido un salto excelente.

Llegaron a la cafeter?a empapados. La camarera los mir, despus mir el suelo mojado detrs de ellos y les se?al una mesa cerca de la puerta. Clara pidi chocolate caliente aunque todav?a no hac?a fr?o. Marcos pidi t. Los dos dejaron las chaquetas sobre dos sillas para que se secaran. La cafeter?a estaba casi llena de personas que hab?an tenido la misma idea. Las ventanas estaban cubiertas de peque?as gotas y el ruido de las conversaciones se mezclaba con la lluvia. Clara se solt la trenza porque estaba completamente mojada. Su pelo negro cay sobre los hombros y dej peque?as marcas de agua en la camiseta.

Ahora pareces una persona que ha sobrevivido a algo importante dijo Marcos.

He perdido un paraguas.

Exactamente.

Nunca lo olvidar.

Hablaron durante casi una hora. Marcos cont historias sobre su familia y Clara le habl de Luc?a, Marta y la lista naranja, aunque no explic todos los detalles. Cuando admiti que aquella era oficialmente la cita n?mero dos de quince, Marcos dej la taza sobre la mesa y abri mucho los ojos.

?Quince?

No pongas esa cara.

Estoy intentando calcular.

No hay nada que calcular.

?En cunto tiempo?

Durante el oto?o. Bueno, durante estas semanas.

Eso es casi un trabajo a tiempo parcial.

Todo el mundo dice lo mismo.

?Quin ms lo sabe?

Mis amigas. Y un amigo de Marta.

?Ese amigo tambin est en la lista?

No.

La respuesta sali demasiado rpido. Marcos levant una ceja, pero no dijo nada. Clara cambi de tema y le pregunt por el italiano. l no insisti. A las siete y media la lluvia empez a perder fuerza. Las gotas ya no golpeaban las ventanas con violencia y algunas personas sal?an de la cafeter?a. Marcos mir la hora. Ten?a que cenar con su hermano, que estaba de visita en Salamanca. Clara tambin quer?a volver al piso antes de que Luc?a organizara una operacin de rescate. Pagaron y salieron. El aire ol?a a piedra mojada y a hojas. La ciudad parec?a distinta despus del chaparrn. Las luces se reflejaban en el suelo, las terrazas estaban vac?as y el cielo empezaba a aclararse por el oeste. Caminaban despacio para evitar los charcos.

Ha sido una buena cita dijo Marcos.

A pesar del desastre meteorolgico.

Gracias al desastre meteorolgico.

Mi paraguas no estar?a de acuerdo.

Tu paraguas ha dado su vida por la historia.

Clara sonri. Le gustaba Marcos. Era divertido, atento y fcil de tratar. Sin embargo, no hab?a sentido esa curiosidad especial que la hac?a querer prolongar la tarde. No sab?a si era falta de qu?mica o simplemente porque se conoc?an poco. Esta vez no sinti necesidad de decidirlo inmediatamente.

Podemos volver a tomar algo alg?n d?a dijo Marcos. Sin n?mero, sin lista y, si es posible, sin lluvia.

Eso ?ltimo no puedo prometerlo.

Entonces al menos trae un paraguas mejor.

Me parece justo.

Se despidieron con un abrazo y Marcos tom otra calle. Clara continu hacia su casa. La lluvia casi hab?a parado, pero de vez en cuando ca?an gotas grandes desde los balcones. Ten?a fr?o en los brazos y sent?a el calcet?n derecho completamente mojado. Aun as?, estaba de buen humor. A dos calles del piso, volvi a empezar a llover. Clara levant la cara hacia el cielo.

No puede ser.

Abri el paraguas roto por puro instinto. El resultado fue todav?a peor que antes. Una parte de la tela cay sobre su cabeza y una varilla casi le golpe la mejilla. Clara lo cerr con dignidad y sigui caminando. Entonces escuch su nombre.

?Clara!

Se gir. Leo estaba al otro lado de la calle, bajo un paraguas negro enorme. Llevaba una sudadera azul marino, pantalones claros y una mochila. Su pelo rubio estaba seco. Por supuesto que estaba seco. Clara sinti una irritacin completamente irracional. Leo cruz cuando no ven?an coches. Mir primero a Clara, despus al objeto deformado que llevaba en la mano.

?Eso era un paraguas?

Sigue siendo un paraguas.

No estoy seguro.

Ha tenido un d?a dif?cil.

T? tambin, por lo que veo.

Estoy perfectamente.

En ese momento una gota cay desde su pelo directamente sobre la nariz. Leo intent no re?rse.

Ni una palabra.

No he dicho nada.

Ya he tenido suficiente con Marcos.

?Marcos es el n?mero dos?

S?.

?Y ha sobrevivido?

Mejor que mi paraguas.

Leo levant un poco el suyo.

?Quieres compartirlo?

Ahora ya no sirve de nada.

Eso no tiene sentido.

Estoy empapada.

Precisamente por eso.

Clara mir los doscientos metros que todav?a faltaban hasta su edificio. Despus mir el paraguas. Era tan grande que pod?an caminar sin tocarse. Acept. Leo se coloc a su izquierda y ajust el paraguas para cubrirla. Caminaron despacio. Clara esperaba alguna broma sobre la cita, pero l no pregunt inmediatamente. En lugar de eso, se?al sus zapatillas.

Creo que ests haciendo ruido al caminar.

Tengo un lago dentro del zapato derecho.

?Solo en el derecho?

El izquierdo ha tenido ms suerte.

Una victoria importante.

Clara solt una risa. Era extra?o. Llevaba casi tres horas fuera, hab?a hablado con Marcos durante mucho tiempo y, sin embargo, aquellos pocos minutos con Leo parec?an tener una energ?a diferente. No necesariamente romntica, se dijo. Simplemente era fcil discutir con l.

Entonces dijo Leo, ?el n?mero dos ha sido mejor que el n?mero uno?

Mucho mejor.

?Segunda cita?

Quiz.

Eso suena poco decidido.

No tengo que decidir todo hoy.

Mira qu rpido aprendes.

No necesito tu aprobacin.

Menos mal. Es muy dif?cil conseguirla.

Llegaron al portal. Clara se apart del paraguas y de inmediato recibi varias gotas en la cabeza.

Gracias dijo.

De nada.

Y no digas que lo sab?as.

?Qu sab?a?

Que iba a llover.

Yo s? mir el pronstico.

Te odio un poco.

Eso parece fuerte para alguien que acaba de usar mi paraguas.

Clara abri la puerta del edificio. Antes de entrar, Leo se?al el paraguas roto.

?Vas a guardarlo?

Es una v?ctima del experimento.

Entonces merece un lugar en la nevera.

No les des ideas a mis amigas.

Leo sonri y sigui caminando bajo la lluvia. Clara lo observ durante un segundo. El paraguas negro se alejaba por la calle brillante, demasiado grande para una sola persona. Despus subi las escaleras. Luc?a abri la puerta antes de que Clara sacara las llaves.

?Ests viva!

Apenas.

?Dnde est el paraguas?

Clara levant los restos.

Dios m?o.

No quiero hablar de ello.

Marta apareci desde la cocina con el cuaderno naranja.

?Cita n?mero dos?

Ocho.

?Ocho sobre diez?

La cita. La lluvia recibe un dos.

?Y el chico?

No ponemos notas a personas.

Ya, ya. ?Lo volver?as a ver?

S?. Creo que s?.

Las dos amigas intercambiaron una mirada satisfecha. Clara se quit las zapatillas en la entrada y fue directamente a buscar calcetines secos. Mientras se cambiaba, les cont la historia del toldo, el charco, el salto de Marcos y la muerte del paraguas. Omiti durante varios minutos el final.

?Y cmo has llegado desde all? sin paraguas? pregunt Luc?a.

Caminando.

Clara.

Me encontr con Leo.

Marta sonri de una forma insoportable.

Ah.

No hagas ah.

Solo he dicho ah.

Lo has dicho con intencin.

?Compartisteis paraguas? pregunt Luc?a.

S?, porque estaba lloviendo. Es una funcin normal de los paraguas.

Claro.

No ha pasado nada.

Nadie ha dicho que haya pasado algo respondi Marta.

Clara las mir a las dos. Odiaba cuando utilizaban la lgica contra ella. Despus de ducharse, se sent en la cocina con una taza de t. Marta actualiz la hoja: 2. Marcos. Paseo, tormenta, paraguas muerto. Posible repeticin. Debajo dibuj un paraguas torcido. Clara decidi no discutir. Aquella noche, antes de dormir, recibi un mensaje de Marcos con una fotograf?a de sus zapatillas, ahora marrones en lugar de blancas. Consecuencias de la cita n?mero dos, hab?a escrito. Clara respondi con una fotograf?a de su paraguas roto sobre el suelo. Marcos mand tres caras rindose. Clara dej el mvil en la mesita y pens que hab?a disfrutado de la tarde. Marcos era una persona a la que quer?a volver a ver, aunque todav?a no sab?a en qu sentido. Y eso estaba bien. El experimento no necesitaba producir respuestas inmediatas.

Lo que no entend?a era por qu, al recordar la lluvia, una de las imgenes ms claras no era Marcos saltando el charco ni los dos rindose bajo el toldo. Era un paraguas negro enorme apareciendo al final de la calle y un chico rubio preguntando, con absoluta tranquilidad, si quer?a compartirlo. Clara cerr los ojos y decidi que aquello tampoco significaba nada. Despus de todo, Leo Navarro segu?a sin estar en la lista.




Ejercicios de vocabulario





Ejercicio 1. Relaciona


1. el chaparrn

2. mojarse

3. el paraguas

4. refugiarse

5. el toldo

6. resbalar

7. estar empapado

8. tener verg?enza

9. acompa?ar

10. escampar

a. 

b. 

c.  -

d. 

e.   

f. 

g. 

h.  

i. 

j. 




Ejercicio 2. Completa las frases


Completa con: pronstico, paraguas, chaparrn, refugiarse, toldo, resbala, empapados, escampa, acompa?a, mojarse.

1. Clara mira el ______ del tiempo por la ma?ana.

2. Lleva un peque?o ______ en el bolso.

3. Un fuerte ______ empieza durante el paseo.

4. Clara y Marcos tienen que ______ delante de una tienda.

5. Esperan debajo de un ______ rojo.

6. Marcos casi ______ al saltar un charco.

7. Llegan ______ a la cafeter?a.

8. Cuando la lluvia ______, salen otra vez.

9. Leo ______ a Clara hasta su portal.

10. Clara intenta no ______ ms, pero vuelve a llover.




Ejercicio 3. Verdadero o falso


1. Clara cree por la ma?ana que no va a llover.

2. Marcos recuerda llevar su paraguas.

3. El paraguas de Clara se rompe por el viento.

4. Marcos cae completamente al suelo.

5. Clara y Marcos entran en una cafeter?a.

6. Clara decide que nunca quiere volver a ver a Marcos.

7. Leo aparece con un paraguas grande.

8. Clara cuenta a sus amigas que comparti paraguas con Leo.




Respuestas. Vocabulario



Ejercicio 1: 1-d, 2-a, 3-g, 4-f, 5-b, 6-j, 7-h, 8-i, 9-c, 10-e.

Ejercicio 2: 1. pronstico; 2. paraguas; 3. chaparrn; 4. refugiarse; 5. toldo; 6. resbala; 7. empapados; 8. escampa; 9. acompa?a; 10. mojarse.

Ejercicio 3: 1. Verdadero; 2. Falso; 3. Verdadero; 4. Falso; 5. Verdadero; 6. Falso; 7. Verdadero; 8. Verdadero.




Gramtica. Estar + gerundio y acciones en progreso



     estar + gerundio.  ,            .

1.  gerundio

  -ar   -ando: hablar ? hablando, caminar ? caminando.   -er  -ir  -iendo: comer ? comiendo, vivir ? viviendo.   : leer ? leyendo, dormir ? durmiendo, pedir ? pidiendo.

2. Presente: estar + gerundio

  ,   : Est lloviendo. Clara est caminando con Marcos. Los camareros estn recogiendo las mesas.

3. Imperfecto: estar + gerundio

 ,        ,  estaba / estabas / estaba / estbamos / estabais / estaban + gerundio: Clara estaba caminando cuando empez a llover. Marcos estaba hablando cuando lleg la camarera.

4.    

    A2-B1:     Imperfecto  estaba + gerundio,   ,   ,    Pretrito Indefinido. Ejemplo: Estaban caminando cuando se rompi el paraguas.




Ejercicios de gramtica





Ejercicio 1. Forma el gerundio


1. hablar ? ______

2. caminar ? ______

3. comer ? ______

4. vivir ? ______

5. leer ? ______

6. dormir ? ______

7. pedir ? ______

8. llover ? ______




Ejercicio 2. Completa con estar + gerundio


1. Ahora ______ (llover).

2. Clara y Marcos ______ (caminar) por Salamanca.

3. Los camareros ______ (recoger) las mesas.

4. Clara ______ (intentar) arreglar el paraguas.

5. Marcos ______ (re?rse) de la situacin.

6. Leo ______ (volver) a casa con un paraguas grande.




Ejercicio 3. Elige entre accin en progreso y accin puntual


1. Clara ______ (caminar) con Marcos cuando ______ (empezar) a llover.

2. Ellos ______ (buscar) una cafeter?a cuando Marcos ______ (resbalar).

3. Clara ______ (beber) chocolate cuando la lluvia ______ (perder) fuerza.

4. Leo ______ (volver) a casa cuando ______ (ver) a Clara.

5. Luc?a y Marta ______ (esperar) en el piso cuando Clara ______ (llegar).




Ejercicio 4. Traduce al espa?ol


1.   .

2.      .

3.  ,   .

4.    ,   .

5.   ,   .

6.    .

7.   ,   .

8.   ,     .




Respuestas. Gramtica



Ejercicio 1: 1. hablando; 2. caminando; 3. comiendo; 4. viviendo; 5. leyendo; 6. durmiendo; 7. pidiendo; 8. lloviendo.

Ejercicio 2: 1. est lloviendo; 2. estn caminando; 3. estn recogiendo; 4. est intentando; 5. se est riendo / est rindose; 6. est volviendo.

Ejercicio 3: 1. estaban caminando, empez; 2. estaban buscando, resbal; 3. estaba bebiendo, perdi; 4. estaba volviendo, vio; 5. estaban esperando, lleg.

Ejercicio 4: 1. Ahora est lloviendo. 2. Clara y Marcos estn caminando por la ciudad. 3. Estaban caminando cuando empez el chaparrn. 4. Clara estaba intentando arreglar el paraguas cuando Marcos se rio. 5. Leo estaba volviendo a casa cuando vio a Clara. 6. Sus amigas estaban esperando a Clara en casa. 7. Los camareros estaban recogiendo las mesas cuando la lluvia se hizo ms fuerte. 8. Marcos estaba bebiendo t y Clara estaba bebiendo chocolate caliente.

Fin del cap?tulo 3




Cap?tulo 4. Mi madre ya lo sabe





Vocabulario del cap?tulo



una cita a ciegas   

presentar a alguien   -

conocer de vista    

tener confianza    , 

hacer una buena pareja    

la coincidencia  

sospechar  

meterse en la vida de alguien    - 

ponerse nervioso / nerviosa  

disimular  ,  

mandar un mensaje   

dar verg?enza  

llevarse bien   

hacer de casamentero / casamentera   

guardar un secreto   




Cap?tulo 4. Mi madre ya lo sabe



El lunes siguiente, Clara descubri que hab?a algo peor que una cita que sal?a mal: una cita organizada por una amiga que se negaba a explicar de dnde hab?a sacado al candidato. Luc?a llevaba desde el desayuno sonriendo de una manera sospechosa. Cada vez que Clara preguntaba por qu, ella respond?a que no pasaba nada y cambiaba de tema con una rapidez que solo aumentaba las sospechas. La hoja naranja de la nevera ya ten?a dos historias. Junto al nombre de lvaro aparec?a la frase habla mucho, pero sabe pedir perdn. Junto a Marcos, Marta hab?a dibujado un paraguas roto y escrito posible repeticin. Clara hab?a intentado borrar el dibujo, pero Marta lo hab?a repasado con un rotulador permanente. Aquella ma?ana, debajo del n?mero tres, hab?a una nueva inscripcin: 3. Cita a ciegas. Martes, 18:30. No hab?a nombre.

No pienso ir si no me dices quin es.

Entonces deja de mirar la nevera respondi Luc?a.

Eso no responde a mi pregunta.

Es una cita a ciegas. La idea es no saberlo.

S cmo funciona una cita a ciegas. Lo que no s es por qu conf?o en ti.

Porque llevamos a?os siendo amigas.

Precisamente por eso s de lo que eres capaz.

Marta, que desayunaba cereales frente a ellas, observaba la discusin con evidente satisfaccin. La propuesta hab?a aparecido la noche anterior. Luc?a conoc?a a un chico de veinte a?os llamado Pablo a travs de una compa?era de clase. Seg?n ella, era divertido, educado, estudiaba Fisioterapia y acababa de terminar una relacin hac?a varios meses. Clara pregunt por qu no pod?a ver una fotograf?a. Luc?a respondi que entonces dejar?a de ser una cita a ciegas de verdad. Clara acept principalmente porque hab?a aprendido algo despus de dos citas: sus primeras impresiones no eran especialmente fiables. lvaro hab?a parecido perfecto durante diez minutos y despus hab?a hablado casi una hora sobre s? mismo. Marcos hab?a empezado como el chico que olvidaba la cartera y hab?a terminado siendo una de las personas ms agradables que hab?a conocido aquel mes. Quiz no ver una fotograf?a antes de una cita no era una tragedia.

El martes amaneci claro y clido. Despus del chaparrn del viernes, Salamanca hab?a recuperado el sol. Algunas hojas amarillas se acumulaban junto a los bordillos, pero las terrazas segu?an llenas y los estudiantes todav?a caminaban en camiseta durante las horas centrales del d?a. Clara tuvo dos clases por la ma?ana y pas la tarde en la biblioteca. A las cinco recibi el primer mensaje de su madre. Mam: ?Qu tal las clases? Clara: Bien. Mucho trabajo ya. Mam: ?Y esta tarde qu haces? Clara mir la pantalla. La pregunta era completamente normal. Su madre preguntaba a menudo por sus planes. Sin embargo, aquel d?a algo le pareci extra?o. Tal vez era la cita a ciegas. Tal vez estaba empezando a sospechar de todo el mundo. Clara: He quedado con unas amigas.

Era tcnicamente una mentira. Clara sinti una peque?a culpa y guard el telfono. Tres minutos despus lleg otro mensaje. Mam: Qu bien. Divirtete. Clara frunci el ce?o. Su madre hab?a a?adido un corazn. No era una prueba de nada. Su madre utilizaba corazones para cumplea?os, recetas, fotograf?as de gatos y noticias sobre descuentos en el supermercado. Aun as?, Clara sinti una alarma absurda. A las seis volvi al piso para cambiarse. Luc?a ya hab?a preparado una camisa azul oscuro sobre su cama. Clara decidi ponerse una blusa color crema solo para demostrar independencia. Dej el pelo negro suelto y eligi unos pantalones marrones. Cuando sali de la habitacin, Luc?a la examin como una directora de casting.

Muy bien.

No necesito tu aprobacin.

Eso mismo le dijiste a Leo.

?Por qu mencionas a Leo?

No s. Me he acordado.

Pues olv?date.

Clara cogi el bolso. Desde la noche del viernes hab?a pensado ms veces de las necesarias en el paraguas negro de Leo. No porque hubiera ocurrido nada. Precisamente porque no hab?a ocurrido nada. l simplemente la hab?a acompa?ado dos calles. El problema era que Luc?a y Marta parec?an capaces de convertir dos calles bajo un paraguas en una novela de cuatrocientas pginas.

?Dnde es la cita? pregunt Clara.

En La Taza Verde.

?Cmo lo reconocer?

l te reconocer.

Eso no me tranquiliza.

Llevas una blusa crema y tienes el pelo negro. Ya le he dicho cmo vas.

?Le has dado una descripcin completa?

Solo la necesaria.

La cafeter?a estaba a diez minutos. Clara lleg a las seis y veintisiete y eligi esperar fuera. Hab?a decidido que no quer?a entrar y examinar a cada hombre solo de la terraza pensando si era Pablo. Dos minutos despus se acerc un chico alto con gafas, pelo oscuro y una chaqueta verde.

?Clara?

S?.

Soy Pablo.

Sonri. Clara sinti alivio inmediato. No porque fuera especialmente guapo, aunque era atractivo, sino porque parec?a tan nervioso como ella. Se dieron dos besos y entraron. Pablo propuso sentarse en la terraza porque todav?a hac?a buena tarde. Los primeros minutos fueron normales. Pablo estudiaba Fisioterapia, era de un pueblo cerca de Valladolid y compart?a piso con tres chicos que, seg?n l, no sab?an que una cocina necesitaba limpiarse. Clara cont que viv?a con Luc?a y Marta y que ellas hab?an organizado la cita. Pablo admiti que su amiga Irene hab?a hecho lo mismo con l.

Entonces ninguno de los dos ha tenido control sobre esto dijo Clara.

Exacto. Somos v?ctimas.

Me siento mejor.

Yo tambin.

Pablo ten?a un humor tranquilo. No intentaba impresionar y tampoco convert?a cada silencio en una emergencia. Hablaron de la universidad, de las peores comidas que hab?an preparado viviendo solos y de la cantidad absurda de grupos de mensajer?a que ten?an para cada asignatura. Clara empez a relajarse. A los veinte minutos, Pablo mencion que su madre trabajaba en una farmacia. Clara no prest atencin hasta que dijo el nombre del barrio. Era el barrio donde viv?an sus padres.

Espera. ?Cmo se llama tu madre?

Elena Ruiz. ?Por qu?

Clara dej lentamente la taza sobre el plato. Conoc?a ese nombre. No muy bien, pero lo hab?a escuchado muchas veces. Su madre compraba productos en aquella farmacia desde hac?a a?os y hablaba con una farmacutica llamada Elena.

?Tu madre trabaja en la farmacia que est al lado de la panader?a San Juan?

S?.

Mi madre va all?.

Bueno, es una farmacia. Va mucha gente.

Se llama Teresa Mart?n.

Pablo se qued quieto. Su expresin cambi de curiosidad a reconocimiento.

No puede ser.

?Qu?

Mi madre conoce a tu madre.

?Cmo de conoce?

Bastante.

Clara sinti que el universo acababa de gastar una broma demasiado elaborada. Pablo sac el telfono.

Espera. Creo que tengo algo.

?Qu cosa?

No te enfades.

Todo el mundo dice eso justo antes de ense?arme algo horrible.

Pablo abri una conversacin con su madre. No necesit desplazarse mucho. Hab?a un mensaje de aquella misma ma?ana. Elena: Esta tarde vas a conocer a Clara, ?verdad? Pablo: S?. Elena: Su madre dice que es muy simptica. Clara cerr los ojos.

Mi madre ya lo sabe.

Parece que s?.

Voy a cambiar de apellido.

Creo que ya es tarde.

Pablo empez a re?rse. Clara tambin, aunque una parte de ella quer?a llamar inmediatamente a Teresa Mart?n y exigir una explicacin. En lugar de hacerlo, abri su propia conversacin con su madre. El corazn del mensaje de las cinco adquiri de repente un significado completamente diferente.

Por eso me ha preguntado qu hac?a esta tarde.

Mi madre me ha preguntado si me hab?a puesto una camisa limpia.

Esto es peor.

Mucho peor.

Durante los siguientes minutos reconstruyeron la conspiracin. Irene, la amiga de Luc?a, era prima de Pablo. Irene hab?a hablado con Luc?a sobre el experimento de las quince citas. Pablo necesitaba, seg?n su prima, salir ms de casa. En alg?n momento Irene coment el nombre completo de Clara delante de Elena. Elena reconoci el apellido y pregunt a Teresa. Las dos madres descubrieron que sus hijos iban a tener una cita antes de que los propios protagonistas supieran casi nada el uno del otro.

Nuestras madres tienen mejor informacin que nosotros dijo Clara.

Y ms rpido.

Esto parece un servicio secreto.

Con recetas y consejos sobre ropa.

Clara recibi un mensaje en ese momento. Mam: ?Todo bien? Mir a Pablo. l levant las manos.

No he informado a nadie.

Todav?a.

Clara escribi despacio. Clara: Mam. ?Sab?as que estaba con Pablo? La respuesta tard exactamente nueve segundos. Mam: ?Con qu Pablo? Clara ense? la pantalla a Pablo.

Est intentando disimular.

Muy mal.

Lleg otro mensaje. Mam: Ah, ?el hijo de Elena? Qu coincidencia. Clara empez a re?rse tan fuerte que una mujer de la mesa de al lado la mir. Clara: Mam. Mam: ?Qu? Clara: Hablamos luego. Mam: Vale. Guard el telfono boca abajo.

No voy a sobrevivir a esta familia.

Si te sirve de consuelo, la m?a es igual.

La coincidencia rompi cualquier tensin que quedaba entre ellos. A partir de ese momento la cita se convirti casi en una investigacin cmica. Pablo cont historias sobre su madre intentando presentarle a hijas de amigas. Clara confes que Teresa pod?a preguntar ?y ese chico quin es? despus de ver medio segundo de una fotograf?a de grupo. Descubrieron que sus madres hab?an coincidido incluso en una clase de pilates durante algunos meses. Clara record vagamente a Elena en una cena de barrio dos a?os antes. Pablo pens que quiz hab?a visto a Clara de lejos. La posibilidad de que ya se hubieran cruzado sin saberlo les hizo gracia. La conversacin sigui siendo agradable. Pablo era atento, divertido y ten?a una forma amable de escuchar. Le gustaban los documentales, jugaba al baloncesto con amigos los domingos y quer?a hacer prcticas en rehabilitacin deportiva. Clara le cont ms sobre Historia y sobre el trabajo de verano. Tambin le habl del desastre bajo la lluvia con Marcos.

?As? que soy el n?mero tres?

Oficialmente.

Nunca hab?a tenido un n?mero en una cita.

No es una clasificacin.

Menos mal. ?Hay premios?

No.

Entonces el sistema necesita mejoras.

Clara sonri. Con Pablo se llevaba bien. Mucho. Quiz demasiado bien de una forma poco romntica. La conversacin se parec?a a hablar con un amigo que conoc?a desde hac?a meses. No hab?a nervios, pero tampoco esa peque?a curiosidad que hab?a sentido al conocer a Marcos. Clara empez a comprender que una buena cita y querer otra cita romntica no eran exactamente lo mismo. A las ocho pidieron algo de comer. Pablo eligi una tostada y Clara una porcin de tortilla. Ninguno parec?a tener prisa. Hablaron de viajes y de ciudades donde les gustar?a vivir. Pablo quer?a pasar una temporada en Lisboa. Clara so?aba con conocer ms lugares de Espa?a antes de pensar en irse lejos. Entonces Pablo mir el telfono y puso una cara de horror.

No.

?Qu pasa?

Mi madre.

?Qu ha hecho?

Pablo gir la pantalla. Elena: Teresa dice que Clara es muy responsable. Hacis buena pareja. Clara se tap la cara con las manos.

Llevamos una hora y media.

Nuestras madres ya han llegado a la fase de pareja.

A este ritmo ma?ana reservan restaurante para la boda.

Mi madre conoce uno muy bueno.

No bromees con eso.

Ambos rieron. Pablo escribi a Elena: Mam, por favor, deja de hablar con Teresa durante dos horas. Elena respondi con un pulgar arriba. Clara estaba segura de que no iba a obedecer. Cuando terminaron de cenar, el cielo ya estaba oscuro, aunque el aire segu?a siendo suave. Pagaron cada uno lo suyo y caminaron juntos hacia la Plaza Mayor. Hab?a m?sicos en una esquina y grupos de estudiantes ocupaban los bancos. La piedra iluminada parec?a casi dorada.

Tengo una propuesta dijo Pablo.

Me da miedo despus de los mensajes de nuestras madres.

No es matrimonio.

Bien.

Creo que nos caemos muy bien.

S?.

Pero no creo que esto sea muy romntico.

Clara lo mir sorprendida y despus sinti alivio.

Pensaba exactamente lo mismo.

Perfecto.

?Perfecto?

S?. As? nadie tiene que inventar una excusa.

Me caes genial.

T? tambin. Y nuestras madres estarn devastadas.

Eso es un beneficio extra.

Decidieron que pod?an volver a verse como amigos, especialmente porque ahora ten?an un enemigo com?n: la red de informacin formada por Elena y Teresa. Se despidieron rindose y Pablo prometi avisarla si recib?a nuevas instrucciones maternas. Clara camin hacia casa pensando que aquella hab?a sido probablemente la cita ms fcil de las tres. No hab?a qu?mica, pero tampoco decepcin. Hab?a conocido a una persona divertida y hab?a descubierto que su madre pose?a capacidades de investigacin preocupantes. Cuando estaba a mitad de camino, el telfono son. Esta vez era una llamada de su madre. Clara dud unos segundos antes de responder.

Hola, mam.

Hola, cari?o. ?Qu tal con tus amigas?

Mam.

?Qu?

Sabes perfectamente dnde he estado.

Hubo un silencio breve.

Bueno, Elena me coment algo.

?Algo?

Que Pablo iba a quedar con una chica llamada Clara.

Y t?, por casualidad, no preguntaste nada ms.

Solo lo normal.

?Qu es lo normal?

Qu estudiaba, cuntos a?os ten?a, dnde viv?a...

Mam.

Quer?a saber si eras t?.

Clara se apoy en una pared y empez a re?rse. No pod?a enfadarse de verdad. Su madre sonaba demasiado inocente.

No necesito que me busques pareja.

Yo no te he buscado a nadie.

Has dicho a Elena que hacemos buena pareja.

Solo he dicho que parecis dos chicos responsables.

Eso no es lo mismo.

?Te ha ca?do bien?

S?.

?Ves?

Como amigo.

Ah.

El ah de su madre ten?a exactamente la misma intencin que el ah de Marta cuando Clara mencionaba a Leo.

Y no pongas esa voz.

?Qu voz?

Esa.

No he dicho nada.

Clara decidi cambiar de tema. Hablaron unos minutos sobre las clases y sobre una visita que Clara har?a a casa ms adelante. Antes de colgar, su madre prometi no investigar a sus prximas citas. Clara no crey la promesa ni por un segundo. Al llegar al piso encontr a Luc?a y Marta en el saln. Leo tambin estaba all?, sentado en el suelo junto a la mesa baja con varios papeles y un porttil. Clara se detuvo en la puerta.

?Qu haces aqu??

Buenas noches para ti tambin respondi Leo.

Est ayudndome con una presentacin explic Marta.

Yo pensaba que estudiaba Arquitectura.

Y yo pensaba que t? sab?as saludar.

Clara dej el bolso. Leo llevaba una camiseta gris y el pelo rubio estaba ligeramente despeinado. Sobre la mesa hab?a dibujos de edificios junto a las diapositivas de Marta. Luc?a apareci desde la cocina con tres tazas y, al ver a Clara, abri mucho los ojos.

?N?mero tres!

Por favor, no delante de invitados.

Ya conoce la lista dijo Marta.

Desgraciadamente a?adi Leo.

Clara se sent en el sof y cont la historia. Intent resumirla, pero era imposible explicar la cita sin incluir a las dos madres. Cuando lleg al mensaje hacis buena pareja, Marta se dobl de risa. Luc?a pidi ver las capturas. Incluso Leo tuvo que dejar el lpiz sobre la mesa.

Tu madre sab?a de la cita antes que t? dijo.

Casi.

Eso es impresionante.

Eso es aterrador.

?Y Pablo?

Muy simptico. Vamos a ser amigos.

Entonces cita tres: sin desastre.

No todo tiene que ser un desastre.

Estoy empezando a preocuparme por mi prediccin.

Clara sonri. Hab?a algo extra?o en contarle a Leo sus citas. l escuchaba como si fueran episodios de una serie que segu?a cada semana. Hac?a bromas, pero nunca parec?a juzgarla por el experimento.

Por cierto dijo Leo, tu paraguas.

Abri la mochila y sac un paraguas peque?o de color burdeos.

?Qu es eso?

Un objeto que protege de la lluvia.

S lo que es un paraguas.

Despus del viernes no estaba seguro.

?Por qu me das un paraguas?

No te lo doy. Te lo presto hasta que compres uno.

Tengo otro.

?Funciona?

Probablemente.

Entonces necesitas este.

Clara tom el paraguas. Era sencillo y bastante nuevo. Mir a Leo.

?Siempre llevas paraguas de repuesto?

No. Este estaba en casa.

Entonces lo has tra?do para m?.

Leo tard una fraccin de segundo en responder.

Lo he tra?do para proteger a la ciudad de tu prximo paraguas roto.

Ah, claro.

Responsabilidad ciudadana.

Luc?a mir a Marta. Marta mir a Luc?a. Clara vio el intercambio y decidi ignorarlo. Coloc el paraguas junto a su bolso y se levant para buscar agua. Mientras estaba en la cocina, escuch a Luc?a preguntar a Leo si l tambin ten?a una madre casamentera. Clara no oy la respuesta completa, solo una risa. Aquella noche, Marta a?adi la tercera l?nea a la hoja naranja: Pablo. Muy majo. Nuestras madres ya planeaban el futuro. AMIGO. La ?ltima palabra estaba escrita en may?sculas para evitar cualquier interpretacin. Clara se qued unos segundos delante de la nevera. Tres citas. Tres historias completamente diferentes. lvaro le hab?a ense?ado que una buena primera impresin no garantizaba una buena conversacin. Marcos le hab?a ense?ado que un desastre pod?a convertirse en una tarde divertida. Pablo le hab?a demostrado que dos personas pod?an llevarse perfectamente bien sin necesitar romance. Despus mir el paraguas burdeos apoyado junto a la puerta.




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