Miel y sangre
 


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Miel y sangre
















Cap?tulo 1. El cadver que habl





Vocabulario del cap?tulo


Antes de leer, repasa estas palabras. Son clave para entender la escena.

el cadver  

decapitar / degollar  

el almacn abandonado   

la nigromancia / el nigromante   / 

resucitar (temporalmente)   ()

el hechizo / el conjuro  

la orden judicial   

el forense / forense (adj.)   /  (.)

la escena del crimen   

el colmillo  

sangrar / la sangre   / 

el detective de homicidios    

desvanecerse  , 

arder  

la consciencia (del muerto)   ()

El telfono son a las tres y diez de la madrugada.

Carla vila no necesit mirar la pantalla para saber quin llamaba a esa hora. Solo un n?mero aparec?a en su celular pasada la medianoche, y ese n?mero pertenec?a al Departamento de Polic?a de San Antonio.

vila contest, ya sentada en la cama, buscando sus botas con el pie.

Necesitamos que vengas al almacn de la calle Somerset, cerca del r?o dijo la voz al otro lado. Es otro vampiro. Est muerto de verdad esta vez.

Carla cerr los ojos un segundo. No por sorpresa, sino por cansancio. Llevaba diez a?os trabajando como nigromante certificada, y en ese tiempo hab?a aprendido que las palabras muerto de verdad significaban algo muy espec?fico cuando se hablaba de un vampiro. Significaban que alguien hab?a encontrado la manera de matarlo sin que su cuerpo pudiera regenerarse. Eso no era fcil. Y no era barato.

Voy para all respondi, y colg antes de que el oficial pudiera a?adir nada ms.

Se visti en menos de cuatro minutos: jeans negros, una camiseta gris, la chaqueta de cuero que llevaba incluso en pleno verano texano porque ten?a bolsillos suficientes para todo lo que necesitaba. Se recogi su melena negra, espesa y ondulada hasta casi la cintura, en una trenza gruesa apartndola del rostro, un gesto casi automtico despus de tantos a?os de trabajo. A sus veintinueve a?os, con la piel de tono oliva clido y los pmulos marcados que hab?a heredado de la familia de su padre, era sus ojos lo que la gente sol?a notar primero: un verde brillante e inusual, heredado de su abuela paterna, la misma que le hab?a transmitido el don. Se colg al cinturn la funda con la pistola, aunque sab?a que probablemente no la usar?a, y guard en una bolsa de tela el resto de su equipo: sal negra, tiza ritual, un frasco peque?o de su propia sangre mezclada con hierbas, y el cuchillo ceremonial que hab?a pertenecido a su abuela. Antes de salir, se puso al cuello la cruz de plata que su abuela le hab?a dejado. No era exactamente religiosa, pero la cruz la hac?a sentir acompa?ada, y en su trabajo eso val?a ms de lo que la gente cre?a.

San Antonio a esa hora era otra ciudad. Las calles del centro, tan llenas de turistas durante el d?a, estaban prcticamente vac?as. Solo quedaban las luces de nen de algunos bares que cerraban tarde y el calor h?medo que nunca terminaba de desaparecer, ni siquiera de noche. Carla condujo con las ventanillas bajadas, dejando que el aire caliente le despertara del todo, mientras la ciudad pasaba a su alrededor como un decorado que conoc?a de memoria.

El almacn de la calle Somerset era uno de esos edificios abandonados que exist?an por toda la ciudad desde que la industria textil se hab?a marchado hac?a dcadas. Ten?a las ventanas rotas y una cerca metlica cubierta de carteles que prohib?an la entrada, carteles que nadie respetaba nunca. Cuando Carla lleg, ya hab?a dos patrullas y una furgoneta forense estacionadas frente al edificio, con las luces azules y rojas pintando las paredes de ladrillo.

El detective Daniel Mercer la esperaba junto a la entrada, con una taza de caf que probablemente ya estaba fr?a. Era un hombre alto y fornido, con el pelo casta?o oscuro cortado casi al rape y unos ojos grises que esa noche se ve?an ms cansados de lo habitual. Llevaba la misma expresin de siempre, la de alguien que hab?a dormido cuatro horas y pensaba dormir menos esa noche.

Pens que dir?as que estabas ocupada dijo cuando la vio acercarse.

A las tres de la ma?ana nadie est ocupado, Mercer. Solo dormido o despierto por trabajo contest Carla, pasando junto a l hacia la entrada.

Te va a gustar esto tanto como me gust a m? a?adi Daniel, siguindola. O tal vez no. Nunca s cmo reaccionas a estas cosas.

Reacciono trabajando. Es lo ?nico ?til que puedo hacer con un cadver.

El interior del almacn ol?a a polvo, a metal oxidado y, debajo de todo eso, a algo ms antiguo y ms desagradable. Carla lo reconoci enseguida: el olor particular que dejaba la muerte definitiva de un vampiro, muy distinto del olor de un cuerpo humano. Los generadores porttiles de la polic?a iluminaban una zona amplia en el centro del espacio, donde varios tcnicos forenses trabajaban en silencio, tomando fotograf?as y recogiendo muestras con guantes de ltex.

En el centro de esa zona iluminada estaba el cuerpo.

Era un hombre joven, o al menos lo hab?a sido antes de que lo convirtieran, con el cabello oscuro y una complexin delgada. Estaba tendido boca arriba, con los brazos extendidos de una manera que a Carla le pareci deliberada, casi ceremonial. Pero lo que hac?a que la escena resultara realmente perturbadora era que le faltaba la cabeza. No hab?a sido arrancada de cualquier manera: el corte era limpio, preciso, hecho probablemente con un arma bendecida o con plata pura, las dos ?nicas sustancias capaces de separar la cabeza de un vampiro sin que el cuerpo se regenerara despus. La cabeza descansaba a poco ms de un metro de distancia, colocada con un cuidado que no encajaba con la violencia del acto.

Alguien se tom su tiempo murmur Carla, agachndose junto al torso.

Eso mismo pensamos nosotros dijo Daniel. No hay se?ales de lucha. Ni sangre en el suelo, ms all de lo normal para este tipo de heridas. Quien hizo esto sab?a lo que estaba haciendo.

Carla se puso los guantes que siempre llevaba consigo y examin el corte con atencin profesional, sin dejar que el asco o la incomodidad le nublaran el juicio. Hab?a aprendido, con los a?os, a mirar los cuerpos como lo que eran: fuentes de informacin, no solo tragedias. Eso no significaba que hubiera dejado de sentir nada. Solo significaba que hab?a aprendido a guardar los sentimientos para despus.

?Tenemos identificacin? pregunt.

Todav?a no. No llevaba nada encima. Ni cartera, ni telfono, ni ning?n tipo de documento vamp?rico. Por eso te llamamos a ti antes de esperar a que el laboratorio identifique restos de ADN, que con un vampiro de esta edad puede tardar d?as.

Carla asinti, aunque en realidad ya hab?a supuesto que ser?a as?. Por eso estaba all?, al fin y al cabo. La ciencia forense funcionaba de manera distinta cuando la v?ctima llevaba siglos muerta antes de morir de verdad. A veces el ADN no serv?a de nada. A veces la ?nica testigo posible era la propia v?ctima.

Necesito la orden dijo, extendiendo la mano sin mirar a Daniel.

l sac del bolsillo interior de su chaqueta un papel doblado y se lo entreg. Carla lo desdobl con cuidado y ley las l?neas rpidamente, comprobando que todo estuviera en regla, como hac?a siempre. La ley del Cdigo Nocturno de Texas era estricta en ese punto: ning?n nigromante pod?a levantar la consciencia de un muerto, humano o sobrenatural, sin el permiso expl?cito de la familia o, en su ausencia, una orden judicial firmada por un juez autorizado. La ley exist?a por una razn. Levantar a los muertos sin su consentimiento, aunque fuera solo unos minutos, era una violacin grave, y Carla hab?a visto lo que les pasaba a los nigromantes que decid?an ignorarla.

Est firmada por el juez Ibarra hace dos horas confirm Daniel. Como no tenemos familia que localizar, el juez autoriz la interrogacin forense directa.

Perfecto Carla dobl el papel y lo guard en el bolsillo de su chaqueta. Necesito que todos se alejen al menos tres metros. Y que apaguen esas luces tan fuertes. La consciencia recin despertada es sensible a la luz artificial.

Los tcnicos forenses miraron a Daniel, esperando confirmacin, y l simplemente asinti con la cabeza. Uno por uno, se fueron retirando hacia los bordes del almacn, dejando a Carla prcticamente sola junto al cuerpo decapitado, con solo Daniel permaneciendo cerca, apoyado contra una columna de metal, observando con la atencin incmoda de alguien que nunca terminaba de acostumbrarse a este tipo de trabajo, por muchas veces que lo hubiera presenciado.

Carla se arrodill junto al torso y abri su bolsa de tela. Sac primero la tiza ritual, blanca y ligeramente perfumada con hierbas que ella misma preparaba, y comenz a dibujar un c?rculo alrededor del cuerpo, con s?mbolos antiguos en cada uno de los cuatro puntos cardinales. Sus movimientos eran precisos, casi automticos despus de tantos a?os de prctica, pero nunca descuidados. Un s?mbolo mal trazado pod?a significar la diferencia entre una consciencia cooperativa y algo mucho peor.

Despus coloc sal negra entre el torso y la cabeza, formando una l?nea recta que conectaba ambas partes, un puente simblico y literal para que la voz pudiera pasar de una a otra. Finalmente, sac el peque?o frasco con su mezcla de sangre y hierbas, y dej caer tres gotas exactas sobre el pecho del cadver.

?Cunto tiempo dura normalmente? pregunt Daniel en voz baja, como si temiera romper algo con su voz.

Depende de la edad del vampiro y de cunto tiempo lleve muerto respondi Carla, sin levantar la vista de su trabajo. Si llevaba solo unas horas cuando lo encontraron, tal vez tenga tres o cuatro minutos de consciencia real antes de que se apague para siempre. Si llevaba ms tiempo, quizs solo unos segundos.

?Y si no despierta nada?

Entonces habremos perdido una orden judicial y yo habr perdido energ?a que no recupero fcilmente Carla lo mir un instante. Pero normalmente despierta algo. Los muertos casi siempre tienen algo que decir. El problema es que no siempre dicen lo que uno espera escuchar.

Termin de preparar el c?rculo y se sent sobre los talones, respirando profundamente varias veces para concentrarse. Cerr los ojos y comenz a murmurar las palabras del ritual, una mezcla de lat?n antiguo y expresiones en espa?ol que se hab?an transmitido en su familia durante generaciones, desde que su bisabuela emigrara del norte de Mxico con ese don extra?o que nadie ms en el pueblo entend?a. Las palabras no eran mgicas por s? mismas. Eran solo el veh?culo. La verdadera magia ven?a de la voluntad de Carla, de su energ?a vital, ofrecida temporalmente como puente entre el mundo de los vivos y el silencio que dejaban los muertos.

El aire dentro del c?rculo cambi. Se volvi ms denso, ms fr?o, a pesar del calor h?medo que llenaba el resto del almacn. Daniel, que hab?a presenciado este proceso docenas de veces, sinti de todas formas un escalofr?o recorrerle la espalda, el mismo que sent?a siempre en ese momento exacto, cuando la barrera entre la vida y la muerte se volv?a, durante unos segundos, ms delgada de lo que deb?a ser.

El torso decapitado se movi.

No fue un movimiento violento ni antinatural, como en las pel?culas que la gente imaginaba cuando pensaba en nigromancia. Fue ms bien un temblor suave, un suspiro contenido, como si el cuerpo recordara, por un instante, cmo se respiraba. Y entonces, desde la cabeza colocada a un metro de distancia, sali una voz. Ronca, quebrada, apenas ms que un susurro, pero perfectamente audible en el silencio del almacn.

?Quin... quin me llama?

Me llamo Carla vila respondi ella, manteniendo la voz calmada y firme, tal como hab?a aprendido a hacerlo con cada consciencia que despertaba, fuera humana o sobrenatural. Soy nigromante certificada. Tienes permiso judicial para hablar conmigo. No voy a hacerte da?o. Solo necesito que me digas qu pas.

Hubo un silencio largo, tan largo que Carla temi haber perdido ya la consciencia recin despertada. Pero entonces la voz volvi, un poco ms clara esta vez, cargada de algo que sonaba como miedo, aunque tambin como una extra?a resignacin.

Me encontraron aqu?. Me estaban esperando.

?Quin te esperaba?

No... no puedo verle la cara. Llevaba algo... una capucha. Y ol?a a hierbas quemadas. Como en un ritual.

Carla intercambi una mirada rpida con Daniel, que hab?a sacado discretamente su libreta y anotaba cada palabra.

?Era humano? ?Vampiro? ?Otra cosa?

No lo s respondi la voz, ms dbil ahora. Sent? dos tipos de poder al mismo tiempo. Uno fr?o, como el m?o. Y otro... otro que quemaba por dentro. Nunca hab?a sentido algo as? en un solo ser.

Carla frunci el ce?o. Dos tipos de poder combinados en un solo agresor no era algo com?n. La nigromancia y la brujer?a eran disciplinas distintas, con reglas distintas, y aunque tcnicamente era posible que una misma persona dominara ambas, la ley las regulaba de manera tan diferente que casi nadie se molestaba en aprender las dos. Alguien que combinara nigromancia y brujer?a de sangre, adems, no era simplemente un practicante talentoso. Era alguien dispuesto a cruzar l?neas que la mayor?a de los magos consideraban prohibidas por una buena razn.

?Por qu te mataron? pregunt Carla, sintiendo que el tiempo se acababa. La voz sonaba cada vez ms distante, como si viniera de ms y ms lejos con cada palabra.

No lo s repiti el vampiro. Dijo algo antes de cortar. Algo sobre... sobre pagar una deuda. Una deuda muy antigua.

?Qu deuda? ?De quin?

El silencio esta vez fue distinto. No era la pausa de alguien buscando las palabras correctas, sino el silencio de una consciencia que empezaba a desvanecerse de verdad, arrastrada de vuelta hacia la oscuridad de la que Carla la hab?a sacado por un momento tan breve. Ella sinti el cambio en el aire del c?rculo, la manera en que la energ?a comenzaba a apagarse, como una vela consumindose en sus ?ltimos segundos.

Rpido susurr Carla, ms para s? misma que para nadie ms. Dime algo ms. Lo que sea.

Y entonces, justo cuando Carla ya se preparaba para aceptar que la consciencia se hab?a ido sin darle nada ms ?til, la voz regres una ?ltima vez, tan dbil que ella tuvo que inclinarse hacia la cabeza para poder escucharla con claridad.

La miel arde.

?Qu? ?Qu significa eso?

Pero no hubo respuesta. El aire dentro del c?rculo volvi a su temperatura normal de golpe, como si alguien hubiera abierto una ventana en pleno invierno. El torso qued completamente inmvil, y esta vez Carla supo, con la certeza que solo dan a?os de experiencia, que no volver?a a despertar. La consciencia se hab?a ido de verdad, esta vez para siempre, dejando atrs solamente un cuerpo vac?o y tres palabras que no significaban nada todav?a.

Se qued arrodillada un momento ms, respirando con dificultad, sintiendo el cansancio habitual que segu?a a cada ritual, como si le hubieran quitado algo de energ?a propia adems de la energ?a que hab?a usado para el hechizo. Daniel se acerc, guardando su libreta en el bolsillo.

?Ests bien?

Estoy cansada. No es lo mismo Carla se puso de pie despacio, apoyndose un instante en la rodilla. ?Anotaste todo?

Todo. Aunque no s qu vamos a hacer con la mayor?a de esto. Dos tipos de magia combinados, una deuda antigua, y la miel arde Daniel neg con la cabeza. Suena a algo que dir?as en un sue?o extra?o, no a una pista de verdad.

Tal vez lo sea respondi Carla, borrando con el pie una parte del c?rculo de tiza para deshacer completamente el ritual. Era un hbito importante, casi tan importante como haberlo dibujado correctamente al principio: un c?rculo sin cerrar pod?a atraer cosas que nadie hab?a invitado. Pero los muertos no suelen desperdiciar sus ?ltimas palabras en tonter?as. Si dijo eso, es porque significaba algo para l. Y probablemente signifique algo para quien lo mat tambin.

Se quit los guantes y los guard en una bolsa aparte, junto con el resto de su material ritual. El olor a hierbas quemadas todav?a flotaba en el aire, mezclado con el aroma metlico que siempre acompa?aba a estos rituales, un recordatorio de lo que su trabajo realmente costaba, aunque el precio no siempre fuera visible.

?Se te ocurre algo? pregunt Daniel, mientras caminaban juntos hacia la salida del almacn, dejando atrs a los tcnicos forenses, que ya se preparaban para retirar los restos.

Carla se qued pensando un momento, repasando mentalmente todos los lugares de San Antonio que pudieran tener alguna relacin con la miel. Hab?a mercados, hab?a tiendas especializadas, hab?a incluso un festival anual dedicado a la apicultura en las afueras de la ciudad. Pero tambin hab?a algo ms obvio, algo que cualquier persona que llevara ms de un a?o viviendo en la ciudad conocer?a sin esfuerzo.

Hay un club nocturno que se llama as? dijo finalmente, mientras sal?an al aire caliente de la madrugada. MIEL. Es propiedad de un vampiro extranjero, bastante viejo y bastante rico. Nunca he tenido motivos para acercarme, pero tal vez ha llegado el momento de cambiar eso.

?Conoces al due?o?

Solo de reputacin contest Carla, mirando hacia el horizonte, donde el cielo empezaba apenas a perder algo de su negrura absoluta. Y la reputacin no siempre coincide con la realidad. Voy a tener que averiguarlo por m? misma.

Se despidi de Daniel con un gesto breve y camin hacia su coche, con el cansancio del ritual todav?a pesndole en los hombros, pero con algo ms tambin: esa sensacin familiar, casi incmoda, de que un caso apenas comenzaba a mostrar su verdadera forma, y que esa forma iba a ser mucho ms complicada de lo que un simple cadver decapitado dejaba entrever al principio. Tres palabras. Una deuda antigua. Dos tipos de magia que no deber?an mezclarse jams. Y un club llamado MIEL, esperando en alg?n lugar de la ciudad, guardando quizs las respuestas que Carla todav?a no sab?a que necesitaba con tanta urgencia.

Condujo de regreso a casa mientras el cielo empezaba a te?irse de un azul muy plido en el horizonte, se?al de que el amanecer llegar?a pronto. Sab?a que no dormir?a mucho ms esa noche. Su mente ya estaba ocupada trabajando en la siguiente pregunta, la que de verdad importaba: qu clase de deuda pod?a ser tan antigua, y tan grave, como para llevar a alguien a matar de esa manera, con tanta precisin y tanta paciencia. Fuera lo que fuera, Carla ten?a la certeza de que aquello no hab?a sido un crimen aislado. Y algo en su instinto, ese mismo instinto que la hab?a mantenido con vida durante diez a?os de tratar con los muertos, le dec?a que aquella noche en el almacn de la calle Somerset hab?a sido solamente el principio.




Ejercicios de vocabulario


Ejercicio 1. Completa las frases con la palabra correcta del vocabulario.

1. Los tcnicos ______ trabajaban con guantes de ltex junto al cuerpo.

2. Nadie puede levantar a un muerto sin una ______ firmada por un juez.

3. El vampiro fue ______ con un arma de plata; por eso no pudo regenerarse.

4. Carla dibuj un c?rculo de tiza alrededor del ______ antes de comenzar el ritual.

5. La ______ de la v?ctima despert solo unos segundos antes de apagarse para siempre.

6. Encontraron el cuerpo en un ______ cerca del r?o, lleno de polvo y metal oxidado.

7. Carla mezcl su propia sangre con hierbas para preparar el ______.

8. El olor a hierbas quemadas todav?a flotaba en la ______ cuando llegaron los forenses.

9. Cuando la voz del vampiro se hizo ms dbil, empez a ______ poco a poco.

10. Las palabras la miel ______ fueron las ?ltimas que pronunci antes de morir de verdad.

Ejercicio 2. Relaciona cada palabra con su definicin en ruso.

1. cadver: a) ,    

2. nigromante: b)  

3. forense: c)   

4. colmillo: d) 

5. hechizo: e)   




Respuestas


Ejercicio 1:

1. forenses  2. orden judicial  3. decapitado / degollado  4. cadver  5. consciencia  6. almacn abandonado  7. hechizo / conjuro  8. escena del crimen  9. desvanecerse (desvanec?a)  10. arde

Ejercicio 2:

1-b, 2-c, 3-a, 4-e, 5-d




Cap?tulo 2. Muertos de verdad





Vocabulario del cap?tulo


Antes de leer, repasa estas palabras. Son clave para entender la escena.

el patrn  , 

la autopsia  

el expediente  , 

la pista  , 

el sospechoso  

regenerarse  , 

el modus operandi   

el arma blanca   

la v?ctima  

el informe forense  - 

coincidir  

el mvil (del crimen)   ()

la vigilancia  , 

el testigo  

sistemtico / sistemtica  

Carla durmi solo tres horas despus de volver del almacn de la calle Somerset. Se despert con el sol ya alto, la boca seca y esa sensacin pesada en el cuerpo que siempre le quedaba despus de un ritual, como si le hubieran prestado energ?a de un banco que ahora exig?a intereses. Se qued mirando el techo un momento, repitiendo mentalmente las tres palabras que el vampiro hab?a pronunciado antes de apagarse para siempre.

La miel arde.

No sonaba como una amenaza. Tampoco sonaba como una casualidad. Sonaba como algo que alguien dir?a solo si esperaba que fuera entendido, aunque fuera por una sola persona en el mundo.

Su celular vibr sobre la mesita de noche antes de que pudiera terminar de despertarse del todo. Era Daniel.

Necesito que vengas a la comisar?a dijo, sin saludar siquiera. Tengo algo que ense?arte, y no es algo que quiera explicar por telfono.

?Puede esperar hasta que me tome un caf?

Trete el caf contigo. Esto no puede esperar mucho ms.

Carla se duch rpido, se puso ropa limpia y se detuvo en una cafeter?a cercana a su apartamento, donde compr dos cafs grandes, uno para ella y otro para Daniel, que casi nunca se acordaba de comer ni de beber nada mientras trabajaba en un caso complicado. Condujo hasta la comisar?a central bajo un sol que ya calentaba con fuerza a pesar de ser todav?a media ma?ana, uno de esos d?as de verano texano en los que el aire parec?a tener peso propio.

La comisar?a era un edificio gris de varios pisos, sin ninguna gracia arquitectnica, rodeado de coches patrulla y de un aparcamiento que nunca ten?a suficientes plazas libres. Carla conoc?a el camino de memoria: entrada lateral, control de seguridad, ascensor hasta el tercer piso, donde trabajaba la unidad especial que se ocupaba de cr?menes relacionados con lo sobrenatural. Era un departamento peque?o, apenas seis personas, pero Daniel llevaba all? ms tiempo que casi todos los dems.

Lo encontr en su despacho, rodeado de carpetas y con tres fotograf?as clavadas en una pizarra blanca detrs de su escritorio. Ten?a el aspecto de alguien que no hab?a dormido nada en absoluto, con la corbata suelta y una barba de dos d?as que no ten?a nada de intencional.

Caf dijo Carla, dejando uno de los vasos sobre su mesa.

Gracias a Dios Daniel lo tom y bebi un trago largo antes de hacer ning?n otro comentario. Sintate. Necesito que veas esto.

Carla se sent frente al escritorio y dirigi la mirada hacia la pizarra. Reconoci inmediatamente la primera fotograf?a: era el almacn de la calle Somerset, con el cuerpo decapitado que hab?a visto con sus propios ojos unas horas antes. Pero las otras dos fotograf?as mostraban escenas distintas, en lugares distintos, aunque con un patrn que resultaba imposible de ignorar una vez que se miraban con atencin.

?Qu es esto? pregunt, aunque ya sospechaba la respuesta.

El de anoche no es el primero dijo Daniel, se?alando cada fotograf?a por turno. Es el tercero. Hace diez d?as encontramos a este. Se?al la foto de la izquierda, un vampiro decapitado con la misma precisin quir?rgica que el de anoche. Y hace cuatro d?as, desapareci este otro la foto del centro mostraba el rostro de un vampiro sacado de alg?n registro empresarial, sin ning?n cuerpo asociado. Sin cadver, sin escena del crimen. Solo encontramos su coche abandonado cerca del r?o, y un charco de sangre demasiado peque?o como para resultar concluyente por s? solo.

Carla se levant de la silla para acercarse a la pizarra, estudiando cada imagen con la atencin profesional que hab?a aprendido a mantener incluso frente a las escenas ms desagradables. Algo en la disposicin de los cuerpos le resultaba familiar, aunque no pod?a identificar exactamente por qu.

?Por qu no me llamaron antes? pregunt, sin apartar la vista de las fotograf?as.

Porque durante los dos primeros casos no ten?amos ninguna orden judicial para levantar al ?nico cuerpo que llegamos a encontrar, y sin familia dispuesta a autorizarlo, no hab?a forma legal de traerte. El juez Ibarra solo acept firmar anoche porque el patrn ya era demasiado evidente para ignorarlo Daniel se pas una mano por la cara, cansado. El de anoche y el de hace diez d?as fueron destruidos de la misma manera: decapitacin con un arma bendecida o de plata pura, el ?nico mtodo que impide la regeneracin. Eso no es casualidad. Eso es un mtodo. Alguien est siendo sistemtico. El de hace cuatro d?as sigue oficialmente como desaparecido. Nunca encontramos un cuerpo, as? que ni siquiera sabemos con certeza si est muerto.

Carla asinti lentamente, procesando la informacin. Sab?a, mejor que casi nadie en esa ciudad, lo que costaba matar a un vampiro de verdad. La mayor?a de la gente cre?a que bastaba con clavar una estaca en el corazn, gracias a dcadas de pel?culas y novelas que no ten?an ni idea de cmo funcionaba realmente la fisiolog?a vamp?rica. En realidad, un vampiro pod?a regenerarse de casi cualquier herida, incluso de la prdida de extremidades, siempre que su cabeza permaneciera conectada al cuerpo y que tuviera suficiente sangre reciente para alimentar el proceso. Solo la decapitacin total, hecha con plata o con un arma consagrada, evitaba que ese proceso comenzara.

?Tenemos identificacin de las otras dos v?ctimas? pregunt Carla.

Del de hace diez d?as, no. No llevaba identificacin, y su ADN no coincide con ning?n registro que tengamos, igual que el de anoche. Del que desapareci hace cuatro d?as, ni siquiera eso. Nadie denunci su ausencia hasta que alguien report el coche abandonado. Sin cuerpo, no hay nada que analizar Daniel dej escapar un suspiro cansado. Es como si alguien se hubiera asegurado deliberadamente de que no pudiramos identificarlos con rapidez.

?Y qu tienen en com?n los tres?

Esa es la pregunta que llevo dos d?as intentando responder Daniel se sent en el borde de su escritorio, cruzando los brazos. No pertenecen al mismo clan. No trabajan en los mismos lugares. No hay ninguna conexin financiera evidente entre ellos. La ?nica coincidencia real es el mtodo de la muerte, y el hecho de que los tres ocurrieron en un radio de menos de ocho kilmetros, todos cerca del r?o, todos de noche, todos entre la una y las cuatro de la madrugada.

Carla se cruz de brazos, pensando. Hab?a algo en la precisin de los asesinatos que le recordaba a un ritual ms que a un simple asesinato, por muy organizado que este fuera. La disposicin cuidadosa de los cuerpos, la ausencia de sangre derramada ms all de lo estrictamente necesario, la eleccin deliberada de un mtodo que garantizaba que la v?ctima no pudiera regresar. Todo eso apuntaba a alguien que no solo quer?a matar vampiros, sino que quer?a hacerlo de una manera muy espec?fica, casi ceremonial.

Anoche, antes de apagarse, el vampiro dijo algo coment Carla. Dijo que sinti dos tipos de poder en la persona que lo atac. Uno fr?o, como el suyo. Y otro que quemaba por dentro.

Daniel levant la vista, interesado. ?Necromancia y algo ms?

Eso parece. Y si es as?, estamos hablando de alguien que domina dos disciplinas mgicas completamente distintas, lo cual ya de por s? es poco com?n. La mayor?a de los nigromantes certificados que conozco apenas tienen paciencia para su propia especialidad, mucho menos para aprender brujer?a adems Carla volvi a mirar las fotograf?as, detenindose en los s?mbolos parcialmente visibles en el suelo de dos de las escenas. ?Estos s?mbolos se analizaron?

El forense dice que son restos de un c?rculo ritual, pero no ha podido identificar la tradicin mgica exacta. Le ped? que te mandara las fotos en alta resolucin, por si t? reconoces algo que l no reconozca.

Voy a necesitar ense?rselas a alguien con ms experiencia en brujer?a que yo dijo Carla, pensando ya en Luc?a Serrano y en su peque?a tienda de hierbas y objetos mgicos. Luc?a llevaba veinte a?os estudiando tradiciones rituales de todo tipo, y si alguien en San Antonio pod?a identificar una mezcla poco com?n de magias, era ella. Pero antes necesito entender algo ms. El vampiro de anoche mencion una deuda. Dijo que la persona que lo mat habl de pagar una deuda antigua antes de cortarle la cabeza.

?Una deuda de quin? ?Del vampiro? ?De alguien ms?

No lleg a dec?rmelo. Se apag antes Carla suspir, frustrada por la informacin incompleta que siempre parec?a acompa?ar a estos casos. Pero tambin dijo tres palabras justo antes del final. La miel arde.

Daniel frunci el ce?o, repitiendo la frase mentalmente. ?Tiene alg?n significado para ti?

Hay un club nocturno en la ciudad que se llama as?. MIEL. Ya te lo mencion anoche Carla se apoy contra el borde de la mesa, cruzando los tobillos. No s todav?a si la conexin es real o si estoy viendo patrones donde no los hay, pero es lo ?nico concreto que tengo, y llevo diez a?os aprendiendo a no ignorar lo ?nico concreto que tengo.

?Y qu piensas hacer con eso?

Todav?a nada. Un nombre no es una prueba, y presentarme all? sin nada ms que tres palabras dichas por un moribundo solo servir?a para que el due?o supiera que alguien est siguiendo su rastro antes de que yo entienda siquiera qu estoy buscando Carla se separ de la mesa, recogiendo su vaso de caf ya fr?o. Prefiero esperar y ver si aparece alguna conexin ms slida antes de acercarme a un vampiro de esa edad haciendo preguntas incmodas. Primero necesito hablar con Luc?a sobre los s?mbolos. Y tambin quiero pasar por casa de Angel antes de que se vaya a trabajar. Hace d?as que no la veo, y con todo esto pasando cerca del r?o, prefiero asegurarme de que est bien.

Daniel asinti, aunque su expresin mostraba que todav?a ten?a preguntas sin hacer. Mantenme informada de cualquier cosa que descubras. Y ten cuidado, vila. Si esta persona est cazando vampiros de manera tan sistemtica, no sabemos todav?a si tambin est dispuesta a hacerle da?o a alguien que se interponga en su camino.

Siempre tengo cuidado respondi Carla, dirigindose hacia la puerta.

No, no lo tienes dijo Daniel, casi sonriendo por primera vez esa ma?ana. Pero al menos avisas antes de meterte en problemas. Eso ya es algo.

Carla sali de la comisar?a con la cabeza llena de preguntas que no ten?an todav?a ninguna respuesta clara. Condujo hasta el peque?o apartamento de Angel, en un barrio tranquilo al este del centro, decidida a pasar al menos media hora con su mejor amiga antes de continuar con la investigacin. Angel trabajaba como operadora del servicio de emergencias, y sus turnos eran tan impredecibles como los de cualquier polic?a de la ciudad, pero Carla sab?a que esa ma?ana ten?a libre, porque hab?an quedado hac?a una semana en verse para desayunar juntas antes de que el trabajo de ambas lo hiciera imposible otra vez.

Encontr a Angel en la cocina, todav?a en pijama, con su piel morena clara, su melena casta?a y lisa recogida en un mo?o improvisado y los grandes ojos oscuros todav?a hinchados de sue?o, preparando caf con la radio encendida a un volumen demasiado alto para esa hora del d?a.

Llegas tarde dijo Angel sin darse la vuelta, reconociendo los pasos de Carla incluso antes de verla. Y hueles a ritual. Otra vez trabajando de madrugada, ?verdad?

Otra vez Carla se sent en uno de los taburetes altos junto a la barra de la cocina. Tercer vampiro muerto en diez d?as. Mismo mtodo cada vez.

Angel se gir, con la cafetera todav?a en la mano, y su expresin cambi de inmediato de la broma cotidiana a algo ms serio. Trabajando donde trabajaba, sab?a perfectamente lo que significaba un patrn as?, y lo poco que sol?a tardar la ciudad en empezar a asustarse cuando esos patrones se hac?an p?blicos.

?Ests bien? pregunt, sirviendo dos tazas sin esperar respuesta.

Estoy cansada. Y confundida. Y con la sensacin de que esto va a ser mucho ms grande de lo que parece ahora mismo Carla tom la taza que le ofrec?a su amiga, agradecida por el calor entre las manos. Pero s?, estoy bien.

Mentirosa Angel se sent frente a ella, con esa mirada directa que Carla conoc?a desde que ambas ten?an catorce a?os y se hab?an hecho amigas en la misma escuela secundaria, en un pasillo donde ninguna de las dos conoc?a a nadie ms. Sabes que puedes contarme lo que sea, aunque no lo entienda del todo. No hace falta que finjas que todo te resbala.

No estoy fingiendo nada. Solo estoy trabajando Carla bebi un sorbo de caf, evitando la mirada de Angel un segundo ms de lo necesario. Alguien est cazando vampiros de manera sistemtica, con un mtodo que impide que se regeneren, y todav?a no s si esa persona es humana, sobrenatural o alguna mezcla extra?a de las dos cosas. Eso es todo lo que puedo decirte por ahora, aunque prometo contarte ms en cuanto entienda algo yo misma.

No hace falta que entiendas nada para tener cuidado dijo Angel, con un tono que ya no ten?a nada de broma. Promteme que no vas a hacer ninguna estupidez sola, de esas que se te ocurren siempre a las tres de la ma?ana.

Nunca prometo eso. Sabes que no puedo cumplirlo Carla sonri, aunque el gesto de Angel dejaba claro que la broma no hab?a servido para tranquilizarla del todo. Pero prometo avisarte antes de hacer cualquier estupidez, para que al menos sepas dnde empezar a buscar si algo sale mal.

Angel entrecerr los ojos, sin dejarse convencer del todo por el tono despreocupado de Carla, pero decidi no insistir por el momento. Hab?a aprendido, con los a?os, que presionar demasiado nunca funcionaba con ella. Carla hablar?a cuando estuviera lista, o no hablar?a en absoluto, y no hab?a manera de acelerar ese proceso sin empeorar las cosas.

Qu bien suena todo eso dijo finalmente, con el sarcasmo que la caracterizaba desde siempre. Un asesino en serie que decapita vampiros, s?mbolos rituales que nadie logra identificar, y t?, sola, en medio de todo, como siempre. Sacudi la cabeza, aunque una peque?a sonrisa se le escap a pesar de la preocupacin evidente en su voz. Alg?n d?a vas a tener que contarme por qu elegiste esta profesin en vez de algo normal, como contabilidad.

La contabilidad no me habr?a dejado hablar con los muertos respondi Carla, sonriendo tambin por primera vez esa ma?ana.

No, pero tampoco te habr?a puesto en peligro cada dos semanas.

Se quedaron un rato ms hablando de cosas sin importancia, del trabajo de Angel en la central de emergencias, de una serie que ambas hab?an empezado a ver juntas hac?a meses y que nunca terminaban de continuar por falta de tiempo. Fue un descanso breve pero necesario, uno de esos momentos que Carla sab?a que deb?a aprovechar, porque en su trabajo nunca se sab?a cundo llegar?a el prximo.

Cuando finalmente se despidi de Angel y volvi a su coche, el sol ya estaba alto sobre San Antonio, calentando el asfalto hasta hacerlo brillar en el horizonte. Todav?a le quedaba toda la tarde por delante, tiempo suficiente para pasar por La Luna Verde y ense?arle a Luc?a las fotograf?as de los s?mbolos rituales antes de que la tienda cerrara. Condujo hacia el centro con las ventanillas bajadas otra vez, dejando que el calor del d?a le recordara que, a pesar de todo lo extra?o que rodeaba su trabajo, segu?a siendo una mujer normal viviendo en una ciudad normal, aunque esa ciudad guardara secretos que la mayor?a de sus habitantes prefer?an no conocer.

Tres muertes en diez d?as. Un mtodo idntico cada vez. Una deuda antigua sin nombre todav?a. Y un nombre, MIEL, que por ahora era solo eso: un nombre, esperando en alg?n rincn de la noche a que Carla tuviera un motivo lo bastante slido para llamar a su puerta.




Ejercicios de vocabulario


Ejercicio 1. Completa las frases con la palabra correcta del vocabulario.

1. Daniel se?al las tres fotograf?as en la pizarra: el mismo ______ se repet?a en cada escena.

2. Un vampiro puede ______ de casi cualquier herida, siempre que conserve la cabeza unida al cuerpo.

3. El ______ forense del vampiro decapitado hace diez d?as no mostraba ninguna conexin con actividades criminales.

4. Todos los cortes fueron hechos con un ______ bendecida o de plata pura.

5. El mdico ______ todav?a no hab?a entregado el informe completo sobre la tercera v?ctima.

6. Carla todav?a no ten?a ning?n ______ claro para presentar ante un juez.

7. Los tres casos ______ en el mtodo, aunque las v?ctimas no se conoc?an entre s?.

8. El forense no logr identificar la tradicin mgica exacta de los s?mbolos en su ______.

9. Nadie hab?a visto nada extra?o esa noche; no hab?a ning?n ______ del crimen.

10. La polic?a todav?a no entend?a cul era el ______ real detrs de los asesinatos.

Ejercicio 2. Relaciona cada palabra con su definicin en ruso.

1. patrn: a) ,   

2. sospechoso: b) ,  

3. vigilancia: c)    

4. modus operandi: d) , 

5. sistemtico: e) ,   




Respuestas


Ejercicio 1:

1. patrn  2. regenerarse  3. expediente  4. arma blanca  5. forense  6. sospechoso  7. coincidieron  8. informe forense  9. testigo  10. mvil

Ejercicio 2:

1-b, 2-a, 3-d, 4-c, 5-e




Cap?tulo 3. Una invitacin nocturna





Vocabulario del cap?tulo


Antes de leer, repasa estas palabras. Son clave para entender la escena.

la invitacin formal   

el Maestro de la Ciudad    (  )

el protocolo  , 

rechazar  , 

las consecuencias pol?ticas   

la mansin  

el consejero  

la cortes?a  , 

el linaje  ,  ()

el sello (oficial)   ()

el mensajero  , 

inclinar la cabeza    (  )

desafiar   ,  

el territorio  , 

la lealtad  , 

Luc?a Serrano no estaba en La Luna Verde cuando Carla lleg esa tarde. Una nota escrita a mano colgaba de la puerta, explicando que hab?a salido a comprar hierbas frescas para el fin de semana y que volver?a antes del anochecer. Carla dej las fotograf?as de los s?mbolos en un sobre cerrado, junto con una nota propia pidindole que las examinara en cuanto pudiera, y volvi a su apartamento con la sensacin incmoda de haber avanzado muy poco en un d?a que, sin embargo, la hab?a dejado completamente agotada.

Pas el resto de la tarde revisando sus propios apuntes sobre los tres asesinatos, comparando fechas, horarios y ubicaciones en un mapa de la ciudad que hab?a clavado en la pared de su peque?o despacho. Nada encajaba todav?a de una manera que tuviera sentido completo, pero al menos las piezas empezaban a formar un contorno, aunque fuera borroso. Fue precisamente entonces, cuando el sol empezaba a bajar sobre los tejados de San Antonio, cuando alguien llam a su puerta con una insistencia que no era la de un vecino ni la de un repartidor cualquiera.

Al abrir, se encontr con un hombre joven vestido con un traje oscuro impecable, de pie junto a la barandilla del pasillo, con las manos cruzadas frente a l en una postura demasiado formal para el barrio en el que Carla viv?a. Ten?a la piel plida y los ojos de un color indefinido entre el gris y el verde, y aunque no llevaba ninguna insignia visible, Carla reconoci de inmediato lo que era. No hac?a falta ser nigromante para notar cuando alguien no ten?a pulso.

Se?orita vila dijo el hombre, inclinando ligeramente la cabeza. Traigo un mensaje del Maestro de la Ciudad de San Antonio.

Le entreg un sobre de papel grueso, color crema, cerrado con un sello de cera roja que mostraba un escudo antiguo: una corona peque?a sobre dos espadas cruzadas. Carla lo reconoci enseguida. Era el sello de Pablo de Len, el vampiro que gobernaba San Antonio desde hac?a siglos, aunque casi nadie fuera del mundo sobrenatural conoc?a su nombre completo ni la extensin real de su poder.

?Y si no quiero recibirlo? pregunt Carla, sin tocar todav?a el sobre.

El mensajero sonri con una cortes?a que no llegaba a los ojos. Entonces tendr?a que informar al Maestro de que la se?orita vila rechaz su invitacin sin siquiera leerla, lo cual, imagino, no ser?a la decisin ms inteligente para alguien que trabaja tan estrechamente con la comunidad sobrenatural de esta ciudad.

Carla tom el sobre. No porque el tono del mensajero la hubiera intimidado, sino porque sab?a, mejor que la mayor?a de la gente, cmo funcionaba realmente el poder entre los vampiros de San Antonio. Pablo de Len no era simplemente un vampiro rico y viejo. Era el Maestro de la Ciudad, el vrtice de toda una estructura pol?tica que regulaba desde los negocios legales de los clanes hasta las disputas territoriales entre linajes rivales. Ignorar una invitacin suya no era como ignorar la llamada de un cliente molesto. Era, en el mejor de los casos, una descortes?a pol?tica. En el peor, pod?a interpretarse como un desaf?o directo.

Gracias dijo Carla, con ms frialdad de la necesaria.

El mensajero volvi a inclinar la cabeza y desapareci escaleras abajo con un paso silencioso que a Carla siempre le resultaba levemente inquietante, incluso despus de tantos a?os tratando con vampiros de todas las edades. Cerr la puerta y se qued de pie en medio de su saln, mirando el sobre entre sus manos durante un momento antes de decidirse a abrirlo.

Dentro hab?a una ?nica hoja de papel, escrita con una caligraf?a elegante y antigua, del tipo que ya casi nadie usaba salvo quienes hab?an aprendido a escribir mucho antes de que existieran los bol?grafos.

Se?orita Carla vila:

Su presencia es requerida esta noche, a las diez, en mi residencia. Se tratar un asunto que interesa tanto a usted como a m?, relacionado con los recientes sucesos ocurridos cerca del r?o. Conf?o en que comprender la importancia de acudir puntualmente y sin acompa?antes armados de manera visible.

Quedo a su disposicin para cualquier consulta previa.

Pablo de Len Maestro de la Ciudad de San Antonio

Carla ley la carta dos veces, buscando entre l?neas algo ms que la cortes?a formal que Pablo empleaba siempre en sus comunicaciones oficiales. No encontr ninguna amenaza expl?cita, pero tampoco esperaba encontrarla. Los vampiros como Pablo no necesitaban amenazar abiertamente. Su poder resid?a precisamente en la capacidad de pedir las cosas de la manera ms educada posible, dejando claro, sin decirlo nunca directamente, lo que ocurrir?a si esa peticin no se cumpl?a.

Se sent en el sof con la carta todav?a entre las manos, pensando en las implicaciones. Que Pablo la llamara justo despus de la tercera muerte no pod?a ser casualidad. Los tres vampiros asesinados pertenec?an, de una manera u otra, a la comunidad que l gobernaba, y tres asesinatos sistemticos en diez d?as eran exactamente el tipo de problema que un Maestro de la Ciudad no pod?a permitirse ignorar. Si la gente sobrenatural empezaba a sentirse insegura bajo su proteccin, su autoridad se debilitaba. Y los vampiros, ms que casi cualquier otra criatura que Carla conoc?a, entend?an el poder como algo que deb?a mantenerse visible en todo momento.

Llam a Daniel antes de prepararse para la reunin.

Pablo de Len me ha invitado a su residencia esta noche dijo, sin ms prembulo. Quiere hablar sobre los asesinatos.

Hubo un silencio breve al otro lado de la l?nea. ?Vas a ir?

No tengo mucha alternativa. Rechazar una invitacin del Maestro de la Ciudad sin una razn muy slida podr?a interpretarse como una falta de respeto grave, y ahora mismo necesito que la comunidad vamp?rica de San Antonio me vea como alguien neutral, no como alguien que se pone del lado de la polic?a contra ellos.

No me gusta que vayas sola a la casa de un vampiro de cuatrocientos a?os.

Tampoco me gustar?a a m? que fueras t?, un humano sin ninguna proteccin mgica, as? que estamos empatados Carla se levant del sof, caminando hacia su habitacin mientras hablaba. Adems, la carta especifica que vaya sin acompa?antes armados de manera visible. Si apareces conmigo con una pistola en la cadera, lo ?nico que conseguiremos ser empezar la reunin con mal pie.

?Y t? vas a ir armada?

Voy a ir con lo que siempre llevo encima. Nada que un vampiro de su edad no pueda notar de todas formas, as? que no tiene sentido esconderlo Carla abri su armario, buscando algo que no fueran sus habituales jeans de trabajo. Las reuniones con el Maestro de la Ciudad exig?an cierto nivel de formalidad, aunque fuera m?nimo, y presentarse con ropa claramente pensada para una pelea callejera no era la mejor manera de empezar una conversacin diplomtica. Av?same si no tienes noticias m?as antes de medianoche. Aunque estoy segura de que no va a pasar nada. Pablo no gana nada matndome dentro de su propia casa.

Eso espero dijo Daniel, sin sonar del todo convencido.

Carla eligi al final unos pantalones negros ajustados y una blusa oscura de manga larga, lo suficientemente elegante como para no parecer fuera de lugar en una mansin, pero lo bastante prctica como para permitirle moverse con libertad si las cosas se complicaban. Se recogi el pelo en una trenza gruesa, se puso la cruz de plata de su abuela sobre la blusa, bien visible, y guard en el bolsillo interior de su chaqueta un peque?o frasco de agua bendita, ms por costumbre que por conviccin real de que fuera a necesitarlo.

La residencia de Pablo de Len se encontraba en las afueras de la ciudad, en una zona de mansiones antiguas rodeadas de rboles centenarios, lejos del ruido y del trfico del centro. Carla condujo casi cuarenta minutos hasta llegar a una verja de hierro forjado que se abri automticamente cuando su coche se detuvo frente a ella, como si alguien dentro de la propiedad hubiera estado esperando su llegada con precisin milimtrica. El camino de entrada serpenteaba entre jardines cuidados con un gusto que hablaba de siglos de prctica, iluminados por peque?as lmparas de gas que daban al lugar un aire anticuado y, al mismo tiempo, extra?amente elegante.

La mansin en s? era un edificio de piedra clara, de dos plantas, con ventanas altas y una entrada flanqueada por columnas que recordaban vagamente a la arquitectura colonial espa?ola. Carla aparc donde le indic un hombre uniformado que apareci de la nada en cuanto detuvo el motor, y camin hacia la puerta principal con la sensacin familiar de estar entrando en un territorio que no le pertenec?a y en el que las reglas del juego las pon?a siempre otra persona.

La puerta se abri antes de que llegara a tocarla. Un hombre de unos treinta y cinco a?os de aspecto, piel clara y el pelo casta?o peinado hacia atrs con precisin, vestido con un traje gris impecable, la recibi con una sonrisa que resultaba, de alguna manera, tan calculada como sincera.

Se?orita vila dijo, extendiendo una mano que Carla estrech con cautela. Soy Sebastian Vale, consejero del Maestro de la Ciudad. Le agradezco que haya aceptado venir con tan poco tiempo de aviso.

No es que tuviera muchas opciones respondi Carla, sin molestarse en suavizar el comentario.

Sebastian rio suavemente, un sonido agradable que no lograba disimular del todo la evaluacin constante que sus ojos hac?an de ella. Pocos las tienen, cuando se trata de una invitacin del Maestro. Pero le aseguro que esta noche solo se trata de una conversacin. Nada ms hizo un gesto hacia el interior de la casa. S?game, por favor. Pablo la espera en el saln principal.

El interior de la mansin sorprendi a Carla por su sobriedad. Hab?a esperado excesos, el tipo de ostentacin que muchos vampiros viejos mostraban como prueba de su longevidad y su riqueza, pero en cambio encontr pasillos de paredes claras, muebles antiguos pero discretos, y una coleccin de arte que parec?a elegida con un criterio genuinamente refinado ms que con la intencin de impresionar a los visitantes. Todo en la casa transmit?a la misma sensacin que transmit?a Sebastian: control absoluto, ejercido con la m?nima ostentacin posible.

Cruzaron un pasillo largo, flanqueado por retratos antiguos que Carla no tuvo tiempo de examinar con detalle, hasta llegar a unas puertas dobles de madera oscura. Sebastian las abri sin llamar, dejando ver un saln amplio iluminado por lmparas de pie que proyectaban una luz clida y baja sobre una sala decorada con estanter?as llenas de libros, un par de sofs de cuero envejecido y una chimenea apagada, ya que el calor texano hac?a innecesario cualquier fuego, aunque la presencia de la chimenea suger?a que la casa hab?a sido construida en una poca en la que ese detalle s? importaba.

De pie junto a una de las ventanas, con las manos entrelazadas a la espalda, esperaba un hombre de aspecto cuarentn, delgado y de estatura media, vestido con un traje oscuro sin corbata que le daba un aire ms de diplomtico que de gobernante sobrenatural. Ten?a el pelo oscuro, con las primeras canas visibles en las sienes, y unos ojos casta?os tan oscuros que parec?an casi negros bajo la luz tenue del saln.

Se?orita vila dijo Pablo de Len, girndose para mirarla con una cortes?a cuidadosamente medida, aunque sin disimular del todo la curiosidad. Gracias por venir. Espero que el viaje no haya sido demasiado molesto.

He tenido viajes peores respondi Carla, quedndose de pie cerca de la entrada, sin aceptar todav?a la invitacin impl?cita de acercarse ms.

Pablo sonri, un gesto breve que apenas movi las comisuras de sus labios. Imagino que s?, dado su trabajo. Por favor, sintese. Esto ser mucho ms sencillo si no pasamos toda la conversacin mirndonos desde extremos opuestos de la habitacin.

Carla dud un instante, evaluando la situacin con la misma cautela profesional que aplicaba siempre al entrar en territorio desconocido. Sebastian permanec?a cerca de la puerta, observndola con una atencin discreta, y Pablo segu?a de pie junto a la ventana, sin hacer ning?n movimiento amenazante, pero tampoco ning?n gesto que sugiriera prisa. Decidi finalmente sentarse en uno de los sofs, eligiendo un lugar desde el que pudiera ver tanto la puerta como a los dos vampiros presentes en la sala.

Usted ya sabr por qu la he hecho venir dijo Pablo, tomando asiento frente a ella con un movimiento tan controlado que casi parec?a coreografiado.

Tres vampiros muertos en diez d?as respondi Carla. Todos destruidos de la misma manera. Imagino que a estas alturas ya conoce todos los detalles que la polic?a tiene, probablemente mejor que yo.

Conozco los detalles tcnicos, s?. Lo que no conozco es quin est detrs de esto, ni por qu mi ciudad se ha convertido de repente en un coto de caza la voz de Pablo se manten?a perfectamente serena, sin el ms m?nimo rastro de la ira que Carla habr?a esperado en un gobernante que ve?a amenazada su autoridad. Y por eso, se?orita vila, quiero pedirle algo.

Puede pedir dijo Carla, con cuidado, pero eso no significa que vaya a aceptarlo.

Sebastian se movi ligeramente junto a la puerta, un gesto casi imperceptible que, sin embargo, Carla registr de inmediato. Pablo, en cambio, no mostr ninguna reaccin visible ante la respuesta. Se limit a inclinar la cabeza levemente, como si esperara exactamente ese tipo de resistencia y, de alguna manera, la apreciara.

Por supuesto dijo, entrelazando de nuevo los dedos sobre su regazo. No esperar?a menos de alguien con su reputacin de independencia. Pero antes de que decida nada, perm?tame explicarle lo que tengo en mente, y por qu creo que nuestros intereses, en este caso particular, coinciden ms de lo que usted podr?a suponer en este momento.

La escucho dijo Carla, aunque su tono dejaba claro que escuchar no era lo mismo que aceptar.

Pablo se tom un momento antes de continuar, el tipo de pausa que solo se permit?an quienes hab?an aprendido, a lo largo de siglos, que el silencio bien administrado val?a ms que cualquier discurso apresurado. Necesito que encuentre a la persona responsable de estas muertes. No como agente de la polic?a humana, sino trabajando directamente para m?. Tendr?a acceso a informacin que Mercer y su departamento jams podrn conseguir: registros internos de los clanes, testimonios de vampiros que nunca hablar?an frente a un humano, y recursos que ninguna orden judicial podr?a igualar.

?Y a cambio?

A cambio, una compensacin generosa. Y, si me permite ser sincero, algo que considero todav?a ms valioso para alguien en su posicin: mi proteccin personal, y la de la ciudad entera, extendida sobre usted de manera expl?cita Pablo la mir con una intensidad tranquila, como si estuviera acostumbrado a que la gente tardara en comprender el verdadero peso de lo que ofrec?a. Eso significa mucho, se?orita vila, en un mundo donde no todos los vampiros respetan tanto como yo las leyes humanas.

Carla se qued en silencio un momento, sopesando la oferta con la misma frialdad con la que examinaba cualquier escena de un crimen. Sab?a que aceptar trabajar directamente para el Maestro de la Ciudad la colocar?a en una posicin extra?a, atrapada entre dos lealtades que rara vez coincid?an del todo: la polic?a humana, que confiaba en ella precisamente porque la consideraba neutral, y ahora un gobernante sobrenatural que quer?a comprar esa misma neutralidad para sus propios fines.

Con todo respeto dijo finalmente, mi trabajo depende de que la gente, humana y sobrenatural, conf?e en que no estoy del lado de nadie. Si acepto trabajar para usted, esa confianza desaparece. Y sin ella, no puedo hacer bien mi trabajo con nadie, ni siquiera con usted.

Algo cambi en la expresin de Pablo, apenas una sombra, tan breve que Carla no habr?a podido asegurar si la hab?a imaginado o no. Entiendo su posicin. Es, de hecho, exactamente la posicin que esperaba que defendiera se levant del sof con un movimiento fluido y camin de nuevo hacia la ventana, dndole la espalda por un instante. D?game entonces, se?orita vila: si no acepta trabajar para m? de manera oficial, ?estar?a al menos dispuesta a mantenerme informado de manera... informal? Un intercambio de cortes?as entre profesionales, nada ms. Usted contin?a su investigacin exactamente como la habr?a continuado de todas formas, y simplemente comparte conmigo lo que considere oportuno compartir.

Eso suena mucho ms razonable admiti Carla, aunque sin bajar completamente la guardia. Pero el intercambio funciona en ambas direcciones. Si quiere que comparta informacin con usted, tambin voy a necesitar que usted comparta informacin conmigo. Empezando por cualquier cosa que sepa sobre una posible deuda antigua relacionada con estas muertes.

Pablo se gir de nuevo hacia ella, y por primera vez desde que Carla hab?a entrado en la sala, algo parecido a una genuina sorpresa cruz su rostro, controlada casi al instante, pero no lo suficientemente rpido como para que ella no lo notara.

?Una deuda antigua?

Es lo que dijo la ?ltima v?ctima antes de apagarse para siempre. Que la persona que lo mat habl de pagar una deuda antigua Carla observ atentamente la reaccin de Pablo, buscando cualquier se?al de que aquello significara algo ms de lo que su expresin dejaba entrever. ?Le suena de algo?

Sebastian, todav?a junto a la puerta, se movi de nuevo, esta vez de manera algo ms visible, y Pablo levant una mano casi imperceptible en su direccin, un gesto que Carla interpret sin dificultad como una orden silenciosa para que su consejero permaneciera callado.

No de manera inmediata respondi Pablo, con una calma que a Carla le pareci, de repente, un poco ms cuidadosa de lo habitual. Pero San Antonio tiene siglos de historia, se?orita vila, y la mayor?a de esa historia est llena de deudas que nadie recuerda ya con claridad. Le prometo que voy a pensar en ello con atencin.

Carla asinti, aunque anot mentalmente la reaccin de Pablo para analizarla ms tarde con calma, lejos de la influencia directa de su presencia. Hab?a algo en la manera en que hab?a pronunciado esa ?ltima frase, demasiado cuidadosa, demasiado medida, que le dec?a que el Maestro de la Ciudad sab?a ms de lo que estaba dispuesto a admitir esa noche.

Carla se acomod en el sof, sin bajar la guardia ni un instante, consciente de que la verdadera conversacin, la que realmente importaba, apenas estaba empezando. Fuera lo que fuera lo que Pablo de Len tuviera pensado pedirle, sab?a que la respuesta que ella le diera esa noche iba a determinar mucho ms que el curso de una simple investigacin policial.




Ejercicios de vocabulario


Ejercicio 1. Completa las frases con la palabra correcta del vocabulario.

1. El mensajero llevaba un sobre cerrado con el ______ oficial del Maestro de la Ciudad.

2. Carla sab?a que ______ la invitacin sin una buena razn podr?a interpretarse como una falta de respeto.

3. Pablo de Len gobierna San Antonio como ______ desde hace siglos.

4. Sebastian Vale es el ______ de Pablo y se encarga de recibir a los visitantes.

5. Ignorar la invitacin podr?a tener graves ______ para el trabajo de Carla.

6. La reunin se celebr en la ______ de Pablo, en las afueras de la ciudad.

7. El mensajero se despidi con una ligera ______, un gesto de cortes?a formal.

8. Cada clan vamp?rico defiende su propio ______ dentro de la ciudad.

9. Sebastian recibi a Carla con mucha ______, aunque sus ojos no dejaban de evaluarla.

10. Pablo conf?a en la ______ de sus consejeros ms cercanos.

Ejercicio 2. Relaciona cada palabra con su definicin en ruso.

1. cortes?a: a) ,   

2. mensajero: b) ,  

3. linaje: c) ,     

4. desafiar: d)    

5. lealtad: e) , 




Respuestas


Ejercicio 1:

1. sello  2. rechazar  3. Maestro de la Ciudad  4. consejero  5. consecuencias pol?ticas  6. mansin  7. inclinacin de cabeza  8. territorio  9. cortes?a  10. lealtad

Ejercicio 2:

1-b, 2-a, 3-d, 4-c, 5-e




Cap?tulo 4. El Maestro de San Antonio





Vocabulario del cap?tulo


Antes de leer, repasa estas palabras. Son clave para entender la escena.

negarse (a hacer algo)   (- )

la jurisdiccin  ,  

la neutralidad  

el acuerdo  , 

imparcial  

la autoridad  , 

ceder  

exigir  

la advertencia  

sospechar  

el asunto interno   

la firmeza   ()

la corte (vamp?rica)   ()

el traidor / la traidora   / 

inquietante  ,  

El silencio que sigui a las palabras de Pablo se prolong ms de lo que resultaba cmodo. Carla lo dej extenderse a propsito, sin llenar el vac?o con ninguna pregunta ni ning?n comentario innecesario. Hab?a aprendido, con los a?os, que el silencio incomodaba a los vampiros tanto como a cualquier humano, aunque la mayor?a de ellos fingiera exactamente lo contrario.

Observ la sala mientras esperaba, fijndose en detalles que no hab?a tenido tiempo de examinar al entrar. Las estanter?as estaban llenas de libros verdaderos, no de decoracin vac?a: lomos desgastados, algunos en espa?ol antiguo, otros en idiomas que ni siquiera reconoci. Sobre una mesa auxiliar descansaba un ajedrez a medio terminar, con las piezas colocadas en una posicin que suger?a una partida interrumpida hac?a tiempo, quizs a?os, esperando pacientemente a que alguien decidiera continuarla. Todo en aquella habitacin hablaba de un hombre acostumbrado a pensar con calma, a dejar que las cosas maduraran antes de actuar, una cualidad que Carla encontraba, a partes iguales, tranquilizadora y profundamente inquietante en alguien con tanto poder real sobre la vida y la muerte de otros.

Pablo fue el primero en romper el silencio, aunque lo hizo con la misma calma medida que hab?a mostrado durante toda la conversacin.

Perm?tame ser ms directo, se?orita vila dijo, volviendo a sentarse frente a ella. Le pido formalmente que encuentre a la persona responsable de estas muertes. No como una sugerencia amable entre profesionales, sino como una peticin seria, respaldada por todo lo que puedo ofrecerle a cambio.

Y yo le he dicho que no puedo aceptar esa peticin sin comprometer la ?nica cosa que hace ?til mi trabajo respondi Carla, sin dejar que la formalidad de Pablo la presionara a suavizar su propia postura. Si empiezo a resolver cr?menes para el Maestro de la Ciudad, cualquier vampiro con un problema legal en San Antonio va a asumir que trabajo para usted. Y cualquier humano con un problema relacionado con vampiros va a asumir lo mismo. Eso destruye exactamente la neutralidad que me permite investigar casos como este en primer lugar.

Sebastian, que hab?a permanecido callado durante casi toda la conversacin, se adelant un paso desde la puerta. Con todo respeto, se?orita vila, tal vez subestima el peligro real de la situacin. Si esta persona contin?a matando a vampiros de la ciudad, las consecuencias no se limitarn a la comunidad sobrenatural. Historias as? terminan filtrndose a la prensa humana. Y cuando eso ocurre, el miedo no distingue entre vampiros culpables e inocentes.

Entiendo el peligro perfectamente, se?or Vale respondi Carla, sin apartar la vista de Pablo. Lo entiendo mejor que la mayor?a, de hecho, porque soy yo quien tiene que levantar a los muertos y escuchar lo que queda de ellos antes de que se apaguen para siempre. Pero entender el peligro no significa que deba resolverlo trabajando exclusivamente para usted.

Pablo levant una mano, un gesto peque?o que bast para que Sebastian retrocediera de nuevo hacia la puerta sin decir una palabra ms. La autoridad de Pablo, not Carla, no necesitaba nunca elevar la voz. Le bastaba con moverse, con mirar, con dejar que el peso de siglos de poder acumulado hiciera el trabajo por l.

D?game entonces continu Pablo, qu pasar?a si yo simplemente le exigiera su cooperacin, en lugar de ped?rsela con cortes?a. ?Qu har?a usted, se?orita vila, si yo decidiera que su neutralidad ya no me sirve de nada, y que prefiero tenerla trabajando directamente bajo mi autoridad, con o sin su consentimiento?

La pregunta qued flotando en el aire del saln, cargada de una amenaza que Pablo nunca hab?a pronunciado directamente, pero que tampoco hab?a intentado disimular del todo. Carla sinti el peso de la pregunta, consciente de que la manera en que respondiera pod?a definir no solo esa conversacin, sino toda su relacin futura con el gobernante ms poderoso de la comunidad sobrenatural de San Antonio.

Si usted decidiera eso respondi, con la voz firme pero sin levantar el tono, yo seguir?a negndome. Y usted tendr?a que decidir si de verdad le conviene obligar por la fuerza a la ?nica nigromante certificada de la ciudad dispuesta a trabajar con la polic?a humana en casos como este. Porque si me obliga, dejo de ser ?til para cualquiera, incluido usted. Una persona que trabaja bajo coaccin no investiga igual que una persona que elige investigar.

Algo cambi en el rostro de Pablo entonces, una expresin que Carla no supo interpretar del todo al principio, hasta que comprendi que se trataba, sorprendentemente, de aprobacin.

Bien dijo Pablo, con una sonrisa breve que por primera vez en toda la noche pareci genuina. Esa es exactamente la respuesta que esperaba escuchar.

Carla frunci el ce?o, desconcertada por el giro repentino en la conversacin. ?Perdn?

Se?orita vila, llevo cuatrocientos cincuenta a?os gobernando distintos territorios, y en ese tiempo he aprendido a distinguir con bastante precisin entre las personas que ceden bajo presin y las que no. Si usted hubiera aceptado trabajar para m? solo porque yo insinu una amenaza, habr?a dejado de confiar en usted en este mismo instante. Necesito a alguien capaz de decirme que no, precisamente porque eso significa que tambin ser capaz de decirme la verdad cuando la encuentre, aunque esa verdad no me convenga Pablo se recost en su asiento, entrelazando de nuevo los dedos. No voy a obligarla a nada, se?orita vila. Contin?e su investigacin como la habr?a continuado de todas formas. Y si en alg?n momento decide que necesita algo de m?, sabr dnde encontrarme.

Carla lo observ con una desconfianza que no intent disimular. Hab?a esperado resistencia, presin, quizs incluso una amenaza ms expl?cita. No hab?a esperado que Pablo simplemente aceptara su negativa con tanta facilidad, casi con satisfaccin, como si aquello hubiera sido exactamente el resultado que buscaba desde el principio.

Eso ha sido demasiado fcil dijo, sin poder evitarlo.

Pablo rio, un sonido bajo y contenido que apenas alter la expresin serena de su rostro. Tal vez. O tal vez usted simplemente no est acostumbrada a que alguien con poder respete sus l?mites sin necesidad de ponerlos a prueba primero. No todos los que gobiernan confunden el poder con la crueldad, se?orita vila, aunque entiendo que su experiencia con vampiros de mi edad le haya ense?ado a esperar lo peor.

Mi experiencia me ha ense?ado a no confiar en nadie que consiga lo que quiere sin ning?n esfuerzo aparente respondi Carla, ponindose de pie. Y usted acaba de conseguir que yo siga investigando este caso exactamente igual que ya lo estaba haciendo, sin tener que ceder nada a cambio. Perdneme si eso me hace sospechar que la conversacin de esta noche ten?a un propsito distinto al que parec?a.

La expresin de Pablo no cambi, pero algo en sus ojos oscuros pareci, por un instante, evaluarla con un inters renovado. Es usted ms perceptiva de lo que la mayor?a de la gente asume al conocerla, se?orita vila. Eso habla bien de usted, y mal de sus enemigos futuros se levant tambin, ajustndose la chaqueta con un gesto casi mecnico. Le ser sincero, ya que parece apreciar la sinceridad ms que la cortes?a vac?a: s?, esta conversacin ten?a otro propsito adems del evidente. Necesitaba ver cmo reaccionaba usted bajo presin, antes de decidir cunto pod?a confiarle sobre la situacin real de mi corte.

?Y qu situacin real es esa?

Pablo intercambi una mirada breve con Sebastian, una comunicacin silenciosa que Carla no pudo descifrar del todo, antes de responder. Digamos que no todos los que me rodean estn tan satisfechos con mi gobierno como podr?a parecer desde fuera. Tres muertes en diez d?as, ocurridas bajo mi supuesta proteccin, son exactamente el tipo de debilidad que ciertos elementos de mi corte podr?an aprovechar para cuestionar mi capacidad de mantener el orden. Si usted resuelve este caso trabajando de manera independiente, sin ninguna conexin visible conmigo, el resultado me beneficia de todas formas, sin que nadie pueda acusarme de haber comprado la solucin.

Carla asinti lentamente, comprendiendo por fin la verdadera naturaleza de la peticin de Pablo. No hab?a querido comprarla. Hab?a querido comprobarla, medir su carcter, y al mismo tiempo sembrar en ella la idea de que su xito o su fracaso en este caso tendr?a consecuencias que iban mucho ms all de atrapar a un asesino.

?Est usted dicindome que alguien dentro de su propia corte podr?a estar detrs de esto? pregunt, con una frialdad calculada que ocultaba el peso real de la pregunta.

Estoy dicindole que no lo descarte respondi Pablo, sin comprometerse del todo. Y estoy dicindole tambin que, si llega a esa conclusin, tendr que decidir con mucho cuidado a quin se lo comunica primero. No todos en esta casa merecen la misma confianza, se?orita vila. Ni siquiera todos los que llevan mucho tiempo a mi servicio.

Carla percibi, ms que vio, la tensin repentina que recorri a Sebastian junto a la puerta, aunque l no dijo nada ni cambi su expresin de manera visible. Se pregunt, brevemente, si aquel comentario de Pablo hab?a sido dirigido a ella o a su propio consejero, presente en la sala durante toda la conversacin.

Voy a tener eso en cuenta dijo finalmente, dirigindose hacia la puerta.

Una ?ltima cosa, se?orita vila la voz de Pablo la detuvo justo antes de que alcanzara la salida. Cu?dese. Sinceramente. No por cortes?a pol?tica, sino porque quien est haciendo esto ha demostrado ya tres veces que es capaz de destruir a vampiros mucho ms viejos y ms fuertes que la mayor?a de las amenazas que usted ha enfrentado hasta ahora. Si esa persona llega a considerarla un obstculo, no creo que dude en tratarla con la misma eficiencia con la que ha tratado a mis vampiros.

Carla se gir para mirarlo una ?ltima vez. Gracias por la advertencia. Aunque, si le soy sincera, ya hab?a llegado sola a esa conclusin.

Pablo sonri de nuevo, esa misma sonrisa breve y controlada. No esperaba menos.

Sebastian la acompa? de vuelta hasta la entrada principal en un silencio que contrastaba notablemente con la cortes?a habladora que hab?a mostrado al recibirla. Carla lo observ de reojo durante el trayecto, preguntndose si el comentario de Pablo sobre la confianza hab?a sido realmente dirigido a l, y si Sebastian lo sab?a tan bien como ella sospechaba.

Cruzaron de nuevo el pasillo de los retratos antiguos, y esta vez Carla se permiti detenerse un momento frente a uno de ellos: un hombre de mirada severa vestido con ropas de otro siglo, pintado con un estilo que a ella le pareci espa?ol, quizs del periodo colonial.

?Quin es? pregunt, se?alando el cuadro con un gesto breve.

El propio Pablo respondi Sebastian, sin sorprenderse de la pregunta. Pintado poco despus de su transformacin, en Nueva Espa?a. Le gusta conservarlo como recordatorio de quin era antes de convertirse en lo que es ahora.

?Y quin era?

Un hombre ambicioso, seg?n cuenta la leyenda de la casa. Un segundo hijo sin herencia que decidi que la muerte no iba a impedirle conseguir poder de todas formas Sebastian esboz una sonrisa breve, casi nostlgica, aunque l mismo no hab?a vivido esa poca. Cuatrocientos cincuenta a?os despus, dir?a que lo consigui.

Carla observ el retrato un momento ms, buscando en los ojos pintados algo del hombre que acababa de conocer en el saln. Encontr, en cambio, la misma expresin calculada y serena que Pablo mostraba en persona, como si el tiempo no hubiera cambiado en absoluto la manera en que decid?a presentarse ante el mundo.

?Puedo preguntarle algo? dijo Sebastian, cuando finalmente llegaron a la puerta principal.

Puede preguntar. No prometo responder.

?De verdad cree que alguien de dentro podr?a estar involucrado en esto?

Carla lo estudi un momento antes de contestar, evaluando la pregunta con la misma cautela que aplicaba a cualquier informacin nueva en un caso todav?a tan abierto. No s todav?a qu creer, se?or Vale. Pero le dir lo mismo que le he dicho a Pablo: cuando lo sepa, decidir con mucho cuidado a quin se lo cuento primero.

Algo parecido a una sonrisa apareci en el rostro de Sebastian, aunque desapareci tan rpido como hab?a llegado. Justa respuesta. Buenas noches, se?orita vila. Conduzca con cuidado.

Carla sali de la mansin hacia la noche clida de Texas, caminando por el sendero iluminado con lmparas de gas hasta su coche, todav?a aparcado donde lo hab?a dejado. El aire ol?a a jazm?n y a tierra h?meda, un contraste extra?o con la tensin que todav?a sent?a en los hombros despus de la conversacin. Condujo de vuelta hacia el centro de la ciudad con las ventanas cerradas esta vez, necesitando el silencio del interior del coche para procesar todo lo que acababa de escuchar.

Pablo no era el villano obvio que ella hab?a esperado encontrar. Era algo mucho ms complicado: un gobernante inteligente, cuidadoso, capaz de ceder terreno estratgicamente cuando le conven?a, pero tambin capaz de sembrar dudas y sospechas con la misma precisin con la que sembraba cortes?as. Le hab?a dado informacin valiosa esa noche, la posibilidad de un traidor dentro de su propia corte, pero tambin le hab?a dejado claro, sin decirlo directamente, que confiar en cualquiera relacionado con su casa pod?a ser un error costoso.

Cuando lleg a su apartamento, ya pasada la medianoche, revis su telfono por costumbre antes de entrar. Ten?a un mensaje de Daniel preguntando si todo hab?a salido bien, al que respondi brevemente que s?, que le contar?a los detalles al d?a siguiente. No ten?a ning?n mensaje de Angel, lo cual no le pareci extra?o en ese momento, ya que su amiga sol?a acostarse temprano cuando le tocaba turno de ma?ana en la central de emergencias.

Se meti en la cama sin quitarse del todo la ropa, demasiado cansada para preocuparse por los detalles, con la mente todav?a dando vueltas alrededor de las palabras de Pablo. Un traidor posible dentro de la corte. Una deuda antigua que nadie parec?a recordar con claridad. Tres vampiros muertos, elegidos por razones que todav?a no lograba entender del todo. Y en alg?n rincn de la ciudad, un club llamado MIEL, esperando a que ella encontrara finalmente un motivo lo bastante fuerte como para cruzar su puerta.

Antes de cerrar los ojos, pens de nuevo en la pregunta que Pablo le hab?a hecho al principio de la noche, la hiptesis que nunca lleg a convertirse en amenaza real: qu pasar?a si l decidiera obligarla por la fuerza. Se pregunt si esa pregunta hab?a sido solo una manera elegante de medirla, como l mismo hab?a admitido despus, o si en el fondo Pablo consideraba esa posibilidad ms seriamente de lo que quer?a aparentar. Un gobernante que llevaba cuatrocientos cincuenta a?os en el poder no sobreviv?a tanto tiempo sin estar dispuesto a usar la fuerza cuando la cortes?a dejaba de funcionar. Carla lo sab?a, y sospechaba que Pablo sab?a que ella lo sab?a, lo cual, de alguna manera extra?a, hac?a que confiara un poco ms en l, no menos.

Se durmi sin saber que, a la ma?ana siguiente, la investigacin estaba a punto de convertirse en algo mucho ms personal de lo que hab?a sido hasta entonces.




Ejercicios de vocabulario


Ejercicio 1. Completa las frases con la palabra correcta del vocabulario.

1. Carla decidi ______ a trabajar formalmente para Pablo, para no comprometer su neutralidad.

2. Resolver disputas internas de los vampiros no entra dentro de la ______ de Carla.

3. Si aceptara ese trabajo, perder?a la ______ que le permite investigar casos con ambas partes.

4. Pablo propuso un ______ informal: intercambio de informacin sin compromiso oficial.

5. Carla insisti en seguir siendo ______ entre humanos y vampiros.

6. Pablo nunca alza la voz; su ______ se basa en siglos de poder acumulado.

7. Pablo termin por ______ ante la firmeza de Carla, sin insistir ms esa noche.

8. Carla dijo que, si Pablo llegara a ______ cooperacin por la fuerza, dejar?a de ser ?til para cualquiera.

9. Antes de despedirse, Pablo le dio una ?ltima ______ sobre el peligro real de la situacin.

10. Carla empez a ______ que la conversacin ten?a un propsito distinto al evidente.

Ejercicio 2. Relaciona cada palabra con su definicin en ruso.

1. firmeza: a)  

2. la corte (vamp?rica): b)  ,   

3. el traidor: c)  , 

4. el asunto interno: d) 

5. inquietante: e) ,  




Respuestas


Ejercicio 1:

1. negarse  2. jurisdiccin  3. neutralidad  4. acuerdo  5. imparcial  6. autoridad  7. ceder  8. exigir  9. advertencia  10. sospechar

Ejercicio 2:

1-c, 2-b, 3-d, 4-a, 5-e




Cap?tulo 5. Angel desaparece










Vocabulario del cap?tulo


Antes de leer, repasa estas palabras. Son clave para entender la escena.

desaparecer  , 

el secuestro  

la garra  

forzar (una entrada)   ( )

el rastro  , 

el forcejeo  , 

la mancha de sangre   

el se?uelo  

la escena del secuestro   

temblar  

la determinacin  

contaminar (una escena)  ,  ( )

arrastrar  , 

el umbral  

la cautela  

Carla se despert con el sonido de su propio telfono vibrando contra la mesita de noche, y por un instante, todav?a medio dormida, pens que se trataba de otra llamada de Daniel sobre alg?n nuevo cadver. Mir la pantalla y vio el nombre de su supervisora en la central de emergencias, una mujer llamada Rita a quien Carla solo hab?a visto dos o tres veces en persona, en cumplea?os o reuniones familiares con Angel.

Contest con la voz todav?a ronca por el sue?o. ?Rita?

Carla, perdona que te llame tan temprano. Estoy intentando localizar a Angel y no contesta el telfono. S que sois amigas cercanas, pens que quizs t? sabr?as algo.

Carla se incorpor de golpe en la cama, la somnolencia desapareciendo de inmediato. ?No ha ido a trabajar?

No se ha presentado a su turno, y eso nunca le pasa. Llevo dos horas llamndola sin respuesta. He mandado a alguien a su apartamento, pero nadie contesta a la puerta tampoco Rita hizo una pausa breve, y Carla pudo escuchar la preocupacin genuina en su voz, no la simple molestia de una jefa con un empleado ausente. S que suena exagerado, pero Angel jams falta sin avisar. Ni siquiera cuando estuvo enferma el a?o pasado dej de mandar un mensaje con veinte minutos de antelacin.

Voy para all ahora mismo dijo Carla, ya levantndose de la cama y buscando su ropa con una mano mientras sosten?a el telfono con la otra. Av?same si sabes algo ms antes de que llegue.

Colg y se visti en menos de tres minutos, sin molestarse esta vez en pensar demasiado en lo que se pon?a. Sali de su apartamento con el corazn latiendo ms rpido de lo que le habr?a gustado admitir, repitindose a s? misma que probablemente no era nada, que Angel se hab?a quedado dormida despus de un turno especialmente largo, que hab?a perdido el telfono, que exist?an mil explicaciones normales para una ausencia como esa. Pero una parte de ella, la parte que llevaba diez a?os trabajando con la muerte de cerca, sab?a reconocer cundo una explicacin normal empezaba a sonar como un intento desesperado de no pensar en las anormales.

El trayecto hasta el apartamento de Angel le pareci ms largo de lo habitual, aunque condujo casi todo el camino superando el l?mite de velocidad. Cuando lleg, encontr la puerta del edificio abierta, sin nadie vigilando la entrada como sol?a ocurrir a esa hora, y subi las escaleras de dos en dos hasta el tercer piso.

La puerta del apartamento de Angel estaba cerrada, pero no con llave. Carla llam dos veces, esper, y al no obtener respuesta, gir el pomo con cuidado. Se abri sin resistencia.

?Angel?

El silencio que recibi su voz ten?a una calidad distinta a la de un apartamento simplemente vac?o. Carla entr despacio, con los sentidos alerta de una manera que solo se activaban cuando su instinto profesional reconoc?a algo que su mente todav?a no hab?a procesado del todo. La sala estaba en orden, sin se?ales evidentes de lucha, pero hab?a algo extra?o en el aire, un olor apenas perceptible que Carla identific de inmediato porque lo hab?a sentido antes, en decenas de escenas de crimen relacionadas con lo sobrenatural.

Olor a vampiro. Ese rastro particular, fr?o y ligeramente dulzn, que dejaban tras de s? cuando pasaban tiempo en un lugar cerrado.

Camin hacia el dormitorio de Angel con el pulso acelerado, encontrando la cama deshecha, como si su amiga hubiera estado a punto de levantarse para ir a trabajar. El telfono de Angel estaba sobre la mesita de noche, con la pantalla resquebrajada, como si hubiera ca?do al suelo con fuerza antes de que alguien lo recogiera y lo devolviera a su sitio. Carla lo tom con manos que empezaban a temblar ligeramente, algo que rara vez le ocurr?a incluso frente a los cadveres ms perturbadores.

Fue entonces cuando not las marcas en el marco de la ventana. Dos peque?os ara?azos, casi invisibles si no se sab?a qu buscar, del tipo que dejaban las garras de un vampiro al forzar una entrada silenciosa, sin romper el cristal, sin hacer el ruido suficiente como para despertar a los vecinos. Carla se acerc y examin el alfizar con atencin profesional, notando tambin un rastro apenas visible de polvo dorado, casi como polen, esparcido sobre la madera.

Se agach junto a la ventana, estudiando el ngulo exacto de los ara?azos con la misma disciplina con la que examinaba cualquier escena del crimen, aunque cada segundo que pasaba le costaba ms mantener esa distancia profesional. Los ara?azos no mostraban se?ales de prisa ni de torpeza. Quien hab?a entrado por ah? sab?a exactamente lo que hac?a, hab?a calculado el ngulo justo para no romper el cristal ni hacer ruido, lo cual descartaba de inmediato la posibilidad de que se tratara de un vampiro joven o inexperto. Fuera quien fuera, ten?a prctica. Y probablemente no era la primera vez que entraba en una casa ajena sin ser invitado, algo que adems, seg?n las leyes bsicas que gobernaban a los vampiros, exig?a cierto tipo de permiso previo o de artima?a ritual para poder cruzar el umbral sin la autorizacin directa del due?o.

Volvi al dormitorio y se arrodill junto a la cama, pasando la mano con cuidado bajo el colchn y detrs de la mesita de noche, buscando cualquier objeto que pudiera haberse ca?do durante el forcejeo. No encontr nada ms al principio, hasta que su mirada se detuvo en una peque?a grieta en la pared, cerca del suelo, del tama?o exacto de la punta de un dedo. Angel deb?a de haberse aferrado a algo durante el ataque, ara?ando la pared en un intento desesperado de resistirse, y ese peque?o detalle, insignificante para cualquiera que no conociera bien a su amiga, le confirm a Carla algo que necesitaba saber con urgencia: Angel hab?a luchado. No se hab?a dejado llevar sin resistencia, lo cual significaba que, fuera quien fuera el que se la hab?a llevado, hab?a tenido que emplear fuerza real para conseguirlo.

Sac su telfono y llam a Daniel de inmediato.

Necesito que vengas al apartamento de Angel ahora mismo dijo, sin darle tiempo a saludar. Creo que se la han llevado.

?Qu? la voz de Daniel se llen de alarma al instante. ?Ests segura?

Hay marcas de garras en la ventana, su telfono est roto en el suelo del dormitorio, y hay un olor a vampiro por todo el apartamento. Ella nunca deja la puerta sin cerrar con llave, ni siquiera para bajar a por el correo Carla cerr los ojos un instante, luchando contra el pnico que amenazaba con nublarle el juicio precisamente cuando ms necesitaba mantenerlo claro. Voy a examinar el resto del apartamento antes de que lleguen los forenses y contaminen la escena.

Estoy saliendo ahora mismo.

Carla colg y respir profundamente varias veces, obligndose a pensar como la profesional que era y no como la amiga aterrorizada que en realidad sent?a ser en ese momento. Recorri el resto del apartamento con atencin meticulosa, buscando cualquier detalle que pudiera indicar quin hab?a estado all? o hacia dnde se hab?an llevado a Angel. En la cocina encontr una taza de caf a medio terminar, ya fr?a, abandonada sobre la encimera como si Angel hubiera sido interrumpida en mitad de su rutina matutina. En el suelo, cerca de la puerta principal, hab?a una peque?a mancha oscura que Carla examin de cerca, reconociendo con un nudo en el estmago que se trataba de sangre. No mucha, apenas unas gotas, pero suficiente para confirmar que Angel no se hab?a marchado por su propia voluntad.

Fue entonces cuando su telfono vibr con un mensaje de un n?mero desconocido.

Lo abri con manos que ya no intentaba disimular que temblaban.

Investiga. Ella vuelve a casa.

No hab?a firma, ni ninguna otra informacin. Solo esas cuatro palabras, escritas con una precisin que a Carla le pareci deliberadamente ambigua, dise?ada para confirmar lo que ella ya sospechaba sin revelar absolutamente nada ms. Alguien ten?a a Angel. Y ese alguien sab?a quin era Carla y qu hac?a para ganarse la vida.

Se qued mirando la pantalla durante varios segundos, sintiendo cmo el miedo inicial se transformaba, poco a poco, en algo mucho ms fr?o y mucho ms ?til: determinacin. Hab?a pasado diez a?os aprendiendo a controlar sus emociones frente a la muerte ajena. Nunca hab?a necesitado aplicar esa misma disciplina a un miedo tan personal, pero descubri, en ese momento, que el entrenamiento serv?a de todas formas.

Daniel lleg doce minutos despus, acompa?ado de dos agentes uniformados que Carla reconoci vagamente de otros casos. Le ense? el mensaje sin decir nada, dejando que l mismo leyera las cuatro palabras y llegara a las mismas conclusiones que ella ya hab?a alcanzado.

Esto no es un secuestro cualquiera dijo Daniel, con la mand?bula tensa. Esto es un mensaje dirigido espec?ficamente a ti.

Lo s Carla se cruz de brazos, intentando contener el temblor que todav?a le recorr?a las manos. Quien est detrs de las muertes de los vampiros sabe que estoy investigando. Y decidi que la mejor manera de detenerme, o de controlarme, era llevarse a la persona ms importante de mi vida.

?Crees que es la misma persona que mat a los tres vampiros?

No lo s con certeza, pero tiene sentido. El mensaje del vampiro decapitado hablaba de una deuda antigua. Si alguien est resolviendo cuentas pendientes con la comunidad vamp?rica, y yo empiezo a acercarme demasiado a la verdad, secuestrar a Angel es la manera ms eficaz de hacerme retroceder sin tener que enfrentarme a m? directamente Carla camin hacia la ventana, examinando de nuevo las marcas de garras con una mezcla de rabia y concentracin cl?nica. Pero el mensaje tambin dice que ella vuelve a casa. Eso significa que quien la tiene no planea matarla, al menos no todav?a. Me est dando algo a cambio de mi cooperacin. O de mi silencio.

Daniel se acerc a examinar las marcas tambin, con el ce?o fruncido en la expresin concentrada que Carla hab?a aprendido a reconocer como su modo de trabajo ms serio. ?Qu vas a hacer?

Investigar. Es exactamente lo que me est pidiendo el mensaje, as? que voy a hacerlo, aunque no de la manera que probablemente espera Carla se gir para mirarlo directamente. Hasta ahora he estado avanzando con cautela, tratando de no molestar a nadie ms de lo estrictamente necesario. Eso se acaba ahora. Voy a ir a MIEL esta misma noche. Ya no me importa si el due?o del club nota que alguien est siguiendo su rastro. Angel no tiene tiempo para que yo siga siendo prudente.

Ir contigo.

No Carla neg con la cabeza, firme. Si quien tiene a Angel me est vigilando de cerca, aparecer con un detective de homicidios podr?a interpretarse como una provocacin, y no puedo arriesgarme a eso mientras ella siga desaparecida. Necesito entrar en ese club como una persona cualquiera, haciendo preguntas discretas, no como parte de una investigacin policial visible.

Daniel apret los labios, visiblemente en desacuerdo, pero despus de un momento asinti. Conoc?a a Carla lo suficiente como para saber que discutir con ella cuando hab?a tomado una decisin de ese calibre era, en el mejor de los casos, una prdida de tiempo.

Al menos djame hacer algo ?til desde aqu? dijo finalmente. Voy a revisar las cmaras de seguridad de los edificios cercanos, a ver si alguna capt algo la noche pasada. Y voy a mandar a analizar esa mancha de sangre y el polvo dorado que encontraste junto a la ventana, aunque me imagino que ya sabes lo que es.

Es polvo de hada dijo Carla, con una certeza amarga. O alg?n tipo de componente ritual relacionado. No es com?n encontrarlo en un secuestro normal de vampiro, lo cual me confirma que quien se llev a Angel no es un vampiro trabajando solo. Hay magia involucrada en esto, probablemente la misma combinacin de nigromancia y brujer?a que el vampiro de la primera escena mencion antes de morir.

Se qued un momento ms en el apartamento, examinando cada rincn con la atencin meticulosa que su trabajo le hab?a ense?ado, buscando cualquier detalle que hubiera pasado por alto en su primer repaso apresurado. Encontr, finalmente, junto a la pata de la cama, un peque?o fragmento de tela oscura, quizs arrancado de la ropa de quien hab?a entrado en el apartamento durante el forcejeo. Lo guard cuidadosamente en una bolsa de plstico que llevaba siempre consigo para este tipo de situaciones, aunque nunca hab?a imaginado que tendr?a que usarla en la casa de su mejor amiga.

Antes de marcharse, se detuvo un momento en el umbral de la puerta, mirando hacia atrs el apartamento que conoc?a tan bien, donde hab?a pasado tantas tardes riendo con Angel sobre cosas sin importancia, hablando de trabajo, de vida, de todo lo que hac?a que su amistad fuera uno de los pocos anclajes estables en un mundo tan lleno de muerte y de sombras. La idea de que alguien hubiera irrumpido en ese espacio, hubiera arrastrado a Angel fuera de su vida cotidiana precisamente para llegar hasta Carla, le provocaba una furia fr?a que no hab?a sentido en mucho tiempo.

Sali del edificio ya con un plan formndose con claridad en su mente. Ir?a a casa a prepararse, reunir?a todo lo que pudiera necesitar para una noche que sab?a que iba a ser larga y probablemente peligrosa, y en cuanto cayera la noche, cruzar?a por primera vez la puerta de MIEL, dispuesta a encontrar las respuestas que llevaba d?as persiguiendo con demasiada cautela.

De camino al coche, marc el n?mero de Luc?a, esperando que esta vez su llamada tuviera mejor suerte que la visita frustrada del d?a anterior. La voz de la bruja contest al tercer tono, clida pero alerta, como si hubiera percibido de inmediato que algo grave hab?a ocurrido.

Carla, iba a llamarte precisamente ahora. He estado estudiando las fotograf?as que me dejaste, y hay algo que deber?as saber cuanto antes.

Va a tener que esperar unas horas, Luc?a. Se han llevado a Angel.

Hubo un silencio breve al otro lado de la l?nea, cargado de una preocupacin genuina que Carla agradeci sin tener tiempo de expresarlo del todo. Dios m?o. ?Est viva?

Eso creo. Recib? un mensaje diciendo que volver a casa si sigo investigando Carla lleg a su coche y se detuvo un momento antes de entrar, apoyando la mano libre sobre el techo caliente por el sol de la ma?ana. Voy a necesitar tu ayuda esta noche, despus de que vaya a un sitio primero. ?Puedes prepararme algo de proteccin extra? Algo fuerte, por si las cosas se complican en MIEL.

Claro que s?. Ven a la tienda en cuanto puedas, tendr todo listo la voz de Luc?a se volvi ms seria, casi maternal. Y Carla, ten cuidado. Lo que vi en esas fotograf?as no es obra de un aficionado. Sea quien sea, sabe lo que est haciendo, y no creo que dude en usar a Angel como algo ms que un simple se?uelo si las cosas no salen como espera.

Lo s respondi Carla, con la voz ms firme de lo que en realidad se sent?a. Por eso mismo no pienso darle esa oportunidad.

Angel volver?a a casa. Carla se lo prometi a s? misma mientras conduc?a de regreso, con las manos firmes sobre el volante y la mand?bula apretada por una determinacin que no pensaba dejar que nada, ni nadie, le arrebatara. Fuera quien fuera la persona que hab?a orquestado todo aquello, estaba a punto de descubrir que hab?a cometido un error muy grave al tocar a la ?nica familia real que Carla ten?a en el mundo.




Ejercicios de vocabulario


Ejercicio 1. Completa las frases con la palabra correcta del vocabulario.

1. Rita llam a Carla porque Angel hab?a ______ sin avisar a nadie.

2. Las marcas de ______ en la ventana confirmaron que un vampiro hab?a entrado por ah?.

3. Alguien tuvo que ______ la ventana, porque Angel nunca la deja abierta por la noche.

4. Carla encontr un peque?o ______ que el agresor hab?a dejado cerca de la cama de su amiga.

5. La grieta en la pared demostraba que hab?a existido un verdadero ______ antes del secuestro.

6. En el suelo, cerca de la puerta, Carla vio una peque?a ______ que confirmaba que Angel no se hab?a ido por su propia voluntad.

7. Carla no quer?a que los agentes llegaran antes de terminar, para no ______ ninguna prueba importante.

8. El mensaje annimo suger?a que Angel era, por el momento, solo un ______ para controlar a Carla.

9. A pesar del miedo, Carla sinti que su ______ se hac?a ms fuerte con cada minuto que pasaba.

10. Antes de salir, se detuvo un momento en el ______ del apartamento, mirando hacia atrs.

Ejercicio 2. Relaciona cada palabra con su definicin en ruso.

1. temblar: a) , 

2. arrastrar: b) 

3. la cautela: c) ,  

4. el secuestro: d) ,   

5. desaparecer: e)  




Respuestas


Ejercicio 1:

1. desaparecido  2. garras  3. forzar  4. rastro  5. forcejeo  6. mancha de sangre  7. contaminar  8. se?uelo  9. determinacin  10. umbral

Ejercicio 2:

1-b, 2-c, 3-a, 4-e, 5-d




Cap?tulo 6. Miel





Vocabulario del cap?tulo


Antes de leer, repasa estas palabras. Son clave para entender la escena.

el portero  ,   

la pista de baile  

el ambiente  

el propietario  

el encanto  , 

desconfiar   

el aroma  

la barra (del bar)   

observar  

la frialdad  

el privilegio  

encapuchado / encapuchada   

el indicio  , 

la grabacin (de seguridad)   ()

intrigar  , 

Luc?a ten?a razn sobre casi todo, y Carla lo comprob en cuanto lleg a La Luna Verde esa tarde. La bruja la recibi con un abrazo breve pero sincero, del tipo que solo se permit?a en ocasiones verdaderamente graves, y despus la hizo pasar a la trastienda, donde ya ten?a preparada una peque?a bolsa de tela con varios amuletos.

Esto es sal consagrada, mezclada con hierro molido explic, se?alando un frasco peque?o. Sirve contra casi cualquier tipo de encantamiento defensivo que un vampiro pueda usar para intentar confundirte. Y esto a?adi, sacando un colgante de cuarzo ahumado, te avisar si alguien intenta leer tu mente o manipular tus emociones. Se pondr caliente contra tu piel. No es infalible, pero te dar un segundo de ventaja, que a veces es todo lo que se necesita.

Carla se colg el cuarzo junto a la cruz de plata de su abuela, agradecida por el peso a?adido, aunque sab?a que ning?n amuleto pod?a sustituir la cautela real. Luc?a le explic tambin, con ms detalle del que hab?a podido darle por telfono, lo que hab?a descubierto en las fotograf?as de los s?mbolos rituales: una mezcla extra?a entre trazos de nigromancia clsica y otros que pertenec?an, sin lugar a dudas, a una tradicin de brujer?a de sangre que llevaba generaciones prohibida entre las comunidades mgicas organizadas de Texas. No era una combinacin que cualquiera pudiera improvisar. Requer?a a?os de estudio en ambas disciplinas, algo que muy pocas personas en el mundo pod?an presumir de dominar.

Ten mucho cuidado esta noche le dijo Luc?a al despedirse, sujetndole las manos con una firmeza que sorprendi a Carla. Y si algo te parece demasiado fcil, conf?a en ese instinto. La gente peligrosa rara vez se presenta como peligrosa.

Carla pens en esas palabras mientras conduc?a hacia el centro de la ciudad, ya con la noche completamente ca?da sobre San Antonio. El calor del d?a segu?a atrapado entre los edificios, esa humedad pesada que nunca terminaba de disiparse ni siquiera despus de la puesta de sol, pero las calles del centro hab?an cobrado una vida distinta, iluminadas por letreros de nen y llenas de gente que sal?a a cenar o a bailar, ajena por completo a que, a pocas manzanas de distancia, exist?a un mundo que la mayor?a de ellos preferir?a no conocer.

Encontr MIEL sin dificultad. El club ocupaba un edificio antiguo de ladrillo restaurado, con una entrada discreta se?alada solo por un peque?o letrero dorado sobre la puerta, una abeja estilizada que brillaba tenuemente bajo una luz mbar. No hab?a ning?n cartel llamativo, ninguna cola de gente esperando entrar, nada que sugiriera desde fuera la clase de lugar que era en realidad. Eso, ms que cualquier otra cosa, le confirm a Carla que MIEL no necesitaba anunciarse. La clientela que buscaba ya sab?a dnde encontrarlo.

Un hombre enorme, vestido completamente de negro, custodiaba la entrada con los brazos cruzados y una expresin que no invitaba a la conversacin. Carla se acerc con paso decidido, consciente de que la vacilacin nunca funcionaba bien frente a ese tipo de guardianes.

Necesito hablar con el propietario dijo, sin rodeos.

El portero la mir de arriba abajo con una lentitud deliberada, evaluando algo que Carla no pod?a identificar del todo. el se?or Lindstr?m no recibe visitas sin cita previa.

D?gale que se trata de los tres vampiros asesinados en la ciudad durante las ?ltimas dos semanas. Y de una mujer humana secuestrada esta misma ma?ana. Creo que le va a interesar hacer una excepcin Carla sostuvo la mirada del portero sin parpadear, dejando que el peso de sus palabras hiciera el trabajo que su presencia f?sica, mucho ms peque?a que la de l, no pod?a hacer por s? sola.

El hombre la observ un momento ms, despus habl en voz baja hacia un peque?o auricular que Carla no hab?a notado hasta entonces. Recibi una respuesta que no lleg a escuchar, asinti y se apart de la puerta con un movimiento casi mecnico.

Puede pasar. Alguien la acompa?ar hasta l.

El interior de MIEL golpe a Carla como un cambio de mundo completo. Despus del calor pegajoso de la calle, el club recib?a a sus visitantes con un aire fresco, casi fr?o, perfumado con algo entre incienso y miel de verdad, un aroma dulce pero nunca empalagoso. Las paredes estaban cubiertas de terciopelo oscuro, casi negro bajo la luz tenue, mientras que detalles dorados brillaban aqu? y all: los marcos de los espejos, el borde de la barra, las lmparas que colgaban del techo como gotas suspendidas de miel l?quida. La m?sica sonaba baja, casi hipntica, y la gente que ocupaba las mesas y la pista de baile ten?a esa cualidad indefinible que Carla hab?a aprendido a reconocer con los a?os: la belleza demasiado perfecta, los movimientos demasiado elegantes, la manera en que algunos de ellos parec?an flotar en lugar de caminar. Humanos y vampiros compart?an el mismo espacio, aunque no resultaba dif?cil distinguir a unos de otros si se sab?a qu buscar.

Una mujer joven, vestida con un vestido dorado que parec?a cosido con hilos de luz, se acerc a Carla con una sonrisa profesional y la guio a travs de la sala principal hacia una escalera discreta situada al fondo, medio oculta tras una cortina de terciopelo. Subieron en silencio hasta una planta superior mucho ms tranquila que la de abajo, donde la m?sica apenas se filtraba como un murmullo distante, y llegaron finalmente a una puerta de madera oscura sin ning?n letrero.

La mujer llam una vez y abri sin esperar respuesta.

Se?orita vila anunci, y se retir de inmediato, dejando a Carla sola frente al umbral de una oficina amplia, decorada con el mismo gusto discreto y lujoso que el resto del local.

El hombre de pie junto a la ventana, mirando hacia la calle a travs de un cristal que dejaba entrar la luz de los letreros de nen sin mostrar realmente nada del exterior, era, sin lugar a dudas, el ser ms alto que Carla hab?a visto en mucho tiempo. Deb?a de medir casi dos metros, unos veinte cent?metros ms que ella, con una complexin atltica que llenaba su camisa negra sin resultar exagerada, hombros anchos pero sin la masa excesiva de alguien que dependiera de la fuerza bruta para intimidar. Ten?a el pelo corto, de un rubio trigue?o plido, ligeramente despeinado como si acabara de pasarse la mano por l, y cuando se gir para mirarla, Carla se encontr con unos ojos de un gris azulado tan fr?o que por un instante pens, absurdamente, en el hielo que se formaba en los lagos del norte, lugares que ella nunca hab?a visitado pero que de alguna manera aquellos ojos parec?an evocar sin esfuerzo.

Se?orita vila dijo el vampiro, con una voz grave y un acento apenas perceptible, suavizado por siglos de prctica, pero no del todo desaparecido. Eric Lindstr?m. He o?do hablar de usted.

Yo no hab?a o?do hablar de usted hasta hace un par de d?as respondi Carla, sin molestarse en suavizar la franqueza del comentario.

Algo parecido a una sonrisa cruz el rostro de Eric, breve y controlada, aunque a diferencia de la sonrisa de Pablo, esta le pareci, extra?amente, ms genuina. Eso no me sorprende. Prefiero mantener un perfil discreto. Es ms fcil dirigir un negocio cuando la gente no est constantemente vigilando lo que uno hace le indic con un gesto uno de los sillones frente a su escritorio. Sintese, por favor. Su mensajero mencion tres asesinatos y un secuestro. Eso merece toda mi atencin.

Carla se sent, aunque mantuvo la espalda recta y las manos visibles sobre su regazo, una postura que hab?a aprendido a adoptar automticamente en presencia de cualquier vampiro cuyo poder real todav?a no hab?a logrado medir. Hace unos d?as, levant temporalmente la consciencia de un vampiro decapitado en un almacn cerca del r?o. Antes de apagarse para siempre, mencion algo sobre una deuda antigua. Y despus dijo tres palabras: la miel arde.

Eric se sent tambin, con un movimiento fluido que a Carla le record, incmodamente, al de un depredador que decide no atacar todav?a porque prefiere observar primero. Y por eso vino directamente a mi club.

Por eso vine directamente a su club confirm Carla. ?Significa algo para usted esa frase?

Significa que alguien conoc?a el nombre de mi negocio respondi Eric, con una calma que no lograba disimular del todo cierto inters genuino. Lo cual no es exactamente un secreto bien guardado, se?orita vila. MIEL es uno de los locales ms conocidos de la comunidad sobrenatural de esta ciudad. Que un vampiro moribundo pronunciara su nombre podr?a significar mucho, o podr?a no significar nada en absoluto.

?Estuvo aqu? la noche que muri?

Eric la observ un momento antes de contestar, con una atencin que Carla encontr casi f?sica, como si la estuviera examinando capa por capa, evaluando cada palabra antes de decidir su respuesta. Voy a necesitar una descripcin ms precisa antes de poder responder con honestidad. Recibo a cientos de personas cada noche, humanas y sobrenaturales.

Aproximadamente doscientos a?os, cabello oscuro, complexin delgada. No llevaba ninguna identificacin encima Carla lo observ con la misma atencin cl?nica que l le dedicaba a ella. Aunque imagino que ya lo sabe, si de verdad presta tanta atencin a quin entra por su puerta.

La expresin de Eric no cambi, pero algo en sus ojos se agudiz ligeramente, como si la respuesta de Carla hubiera confirmado alguna sospecha que ya ten?a. Presto mucha atencin, s?. Y s?, recuerdo a ese vampiro. Vino hace unas dos semanas, solo, y se sent en la barra durante casi una hora antes de que alguien se uniera a l.

Carla sinti que el pulso se le aceleraba, aunque mantuvo el rostro tan sereno como pudo. ?Quin?

Una mujer. No la reconoc? en ese momento, y sigo sin poder identificarla con certeza, lo cual, para alguien que dirige este negocio desde hace ms de una dcada, resulta bastante inusual Eric se inclin ligeramente hacia adelante, entrelazando los dedos sobre el escritorio. Llevaba el rostro parcialmente cubierto con una capucha, algo que normalmente no permito dentro del local, pero que esa noche, por razones que todav?a no comprendo del todo, mi personal de seguridad no detuvo.

?Cree que us magia para pasar desapercibida?

Es la explicacin ms razonable que se me ocurre Eric se recost de nuevo en su asiento, observndola con una intensidad que Carla empezaba a encontrar tan incmoda como fascinante, aunque no pensaba admitir lo segundo ni siquiera para s? misma. Y eso, se?orita vila, me preocupa mucho ms de lo que probablemente imagina. Que alguien pueda entrar en mi propio establecimiento sin que yo lo note es un problema de seguridad que afecta directamente a mi negocio y a mis clientes.

Carla estudi su expresin, buscando cualquier se?al de que estuviera mintiendo o exagerando su propia preocupacin por conveniencia, pero no encontr nada que confirmara esa sospecha. Eso, de alguna manera, la inquietaba todav?a ms que si hubiera detectado un enga?o evidente.




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   ,     (https://www.litres.ru/book/raznoe/miel-y-sangre-74435872/)  .

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