La jaur?a perdida
 


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La jaur?a perdida
















Cap?tulo 1. El ni?o que mord?a





Vocabulario del cap?tulo


Antes de leer, repasa estas palabras. Son clave para entender la escena.

la gasolinera abandonada   

destrozado / destrozada  , 

las garras  

gru?ir  

morder / la mordedura   / 

agazapado / agazapada  ,   

el instinto animal   

asilvestrado / asilvestrada  

aferrarse (a alguien)   ( -)

retroceder  , 

temblar  

la cicatriz  

el grillete  , -

el frenes?  , 

el refugio (improvisado)   ()

El telfono de Carla son a las cuatro y media de la madrugada, cuando el calor de la noche texana todav?a no hab?a empezado a ceder.

Era Daniel.

Necesito que vengas a la gasolinera abandonada de la Ruta 16, cerca del cruce con Loop 410. Trae tu equipo completo.

Carla ya estaba sentada en la cama, buscando sus botas con el pie.

?Vampiro?

No s qu es esto, vila. Nunca hab?a visto algo as?.

Colg sin despedirse, lo cual, tratndose de Daniel, era casi peor que cualquier explicacin que pudiera haberle dado.

Se visti en cuatro minutos, con la rapidez mecnica de diez a?os de prctica: jeans negros, camiseta negra, botas de suela gruesa, la funda con la pistola al cinturn, y la bolsa de tela con su equipo ritual colgada al hombro. Antes de salir, se detuvo un segundo frente al espejo del ba?o para recogerse el pelo en una trenza gruesa, apartndolo de la cara. La cruz de plata de su abuela le golpe el pecho cuando se inclin a atarse las botas.

San Antonio a esa hora era una ciudad vac?a, iluminada solo por los letreros de nen de los pocos negocios abiertos toda la noche y por las farolas que zumbaban a lo largo de la autopista. Carla condujo con las ventanillas bajadas, dejando que el aire caliente le despejara los restos del sue?o interrumpido.

La gasolinera abandonada apareci al final de un desv?o polvoriento, rodeada de coches patrulla cuyas luces azules y rojas pintaban las paredes derruidas del edificio principal. Hab?an cerrado ese negocio hac?a a?os, cuando construyeron la nueva autopista un kilmetro ms al norte, y desde entonces la estructura se hab?a ido pudriendo lentamente bajo el sol de Texas: cristales rotos, un letrero ca?do, malas hierbas creciendo entre las grietas del asfalto.

Daniel la esperaba junto a la cinta policial, con un gesto que Carla no le hab?a visto nunca, ni siquiera en las peores escenas de los ?ltimos a?os.

Est detrs de los surtidores dijo, sin prembulos. Te aviso ahora: no es bonito.

Nunca lo es.

Esto es distinto.

Caminaron juntos hacia la parte trasera de la gasolinera. El olor lleg antes que la imagen: sangre, mucha sangre, mezclada con algo ms, un olor animal, denso, que a Carla le record vagamente al de una perrera mal ventilada.

El cuerpo estaba tendido junto a uno de los surtidores oxidados. Hab?a sido un hombre de mediana edad, a juzgar por la ropa que todav?a le cubr?a parte del torso. El resto resultaba dif?cil de describir con precisin cl?nica. No hab?a sido apu?alado, ni disparado, ni decapitado con la precisin quir?rgica que Carla conoc?a tan bien de los vampiros. Lo hab?an desgarrado. Las heridas ten?an la anchura y la profundidad de garras, no de ning?n arma que ella pudiera nombrar de memoria.

?Licntropo? pregunt, aunque ya sospechaba la respuesta y no le gustaba nada.

Eso pensamos al principio. Pero mira el patrn de las heridas.

Carla se puso los guantes y se arrodill junto al cuerpo, examinando los cortes con la misma atencin que aplicaba a cualquier escena. Los licntropos que conoc?a, Rafael entre ellos, mataban con una precisin funcional cuando mataban: heridas limpias, dirigidas, casi siempre en el cuello o el vientre. Esto era distinto. Las heridas se repet?an, superpuestas, como si algo hubiera atacado una y otra vez sin ning?n control, sin ninguna intencin ms all de la violencia misma.

Esto no es un ataque dijo Carla, en voz baja. Es un frenes?.

Hay ms.

Daniel la condujo hacia un lateral del edificio, donde un grupo de agentes formaba un semic?rculo alrededor de algo que Carla no alcanzaba a ver desde su posicin. Uno de ellos, un hombre joven que Carla no reconoci, sujetaba su propio antebrazo con una mueca de dolor evidente.

?Qu ha pasado?

Hay un cr?o ah? debajo dijo el agente herido, se?alando con la barbilla hacia los bajos de una furgoneta abandonada, aparcada entre la maleza. Intent sacarlo. Me mordi.

Carla se acerc despacio, con las manos abiertas y visibles, un gesto que hab?a aprendido a usar con cualquier criatura asustada, humana o no. Se agach junto a la furgoneta y mir hacia la oscuridad debajo del veh?culo.

Dos ojos la miraron desde all?. Grandes, oscuros, con un anillo mbar alrededor de la pupila que no deber?a existir en ning?n ojo humano normal. El resto del ni?o era apenas visible entre las sombras: un cuerpo peque?o y delgado, encogido contra el eje trasero de la furgoneta, temblando.

Eh dijo Carla, sin acercarse ms. No voy a hacerte da?o.

El ni?o gru?. No fue un sonido infantil, ni un gimoteo asustado. Fue un gru?ido bajo, gutural, el tipo de advertencia que un animal acorralado emite justo antes de atacar o de huir.

Lleva ah? ms de una hora dijo Daniel, en voz baja, detrs de ella. No responde a nada. Ni a su nombre, si es que tiene uno. Ni a ninguna instruccin. Intentamos ofrecerle agua y casi le arranca los dedos al agente que se la acerc.

Carla se qued inmvil, estudiando al ni?o con la misma paciencia cl?nica que reservaba para las consciencias recin levantadas, esos primeros minutos frgiles en los que cualquier movimiento brusco pod?a romper el contacto para siempre. El ni?o no apartaba la vista de ella, aunque tampoco la sosten?a del todo: sus ojos se mov?an constantemente hacia los bordes de su campo de visin, vigilando cualquier amenaza posible, incapaz de quedarse quieto ni un segundo.

Ten?a el pelo negro, espeso y enredado, cayndole sobre la frente en mechones sucios. La piel morena estaba cubierta de suciedad y, bajo ella, Carla distingui lo que parec?an cicatrices antiguas, demasiadas para un ni?o de esa edad. En un tobillo, apenas visible entre la sombra, algo brillaba: una marca circular, como si llevara a?os sujeto a algo metlico.

Voy a acercarme un poco dijo Carla, sin dejar de mirar al ni?o. Que nadie ms se mueva.

Carla

Nadie ms, Daniel.

Se tumb boca abajo sobre el asfalto agrietado, algo que sab?a que ning?n protocolo policial habr?a aprobado, y avanz cent?metro a cent?metro hacia la furgoneta, manteniendo las manos abiertas frente a ella, lejos de cualquier gesto que pudiera interpretarse como amenaza. El ni?o retrocedi todo lo que el espacio le permit?a, pegando la espalda contra el eje trasero, gru?endo con ms fuerza.

Ya s murmur Carla, casi para s? misma. Da miedo. Todo esto da miedo.

Sigui hablando en voz baja, sin decir nada en particular, solo dejando que el sonido de su voz llenara el espacio entre ambos de una manera que no exigiera respuesta. Hab?a aprendido, trabajando con los muertos durante tantos a?os, que la voz humana pod?a funcionar como un ancla incluso cuando las palabras en s? no significaban nada para quien las escuchaba.

Poco a poco, el gru?ido del ni?o empez a perder intensidad. No desapareci por completo, pero se convirti en algo ms parecido a un quejido bajo, continuo, como el zumbido de un animal que ya no sabe si debe atacar o rendirse.

Carla extendi la mano, muy despacio, sin llegar a tocarlo todav?a. El ni?o la observ, con el cuerpo entero en tensin, listo para morder. Y entonces, algo cambi. Carla lo not en el instante exacto en que ocurri: el ni?o inclin la cabeza hacia su mano extendida, olfateando el aire entre ambos con una fuerza que no ten?a nada de humano.

Eso es dijo Carla, sin mover un m?sculo. Solo eso.

El ni?o se acerc un cent?metro. Luego otro. Y entonces, con un movimiento tan rpido que Carla apenas tuvo tiempo de reaccionar, sali de debajo de la furgoneta y se lanz directamente hacia ella, aferrndose a la parte delantera de su camiseta con ambas manos, hundiendo la cara contra su hombro.

Carla se qued por entero inmvil, sintiendo el cuerpo peque?o y tembloroso pegado al suyo, los dedos del ni?o clavndose en la tela con una fuerza que no encajaba con su tama?o. Detrs de ella, escuch a Daniel soltar el aire que llevaba conteniendo, y a los dems agentes murmurar algo que no lleg a entender del todo.

No te voy a soltar dijo, aunque no sab?a muy bien a quin se lo estaba prometiendo, si al ni?o o a s? misma. Est bien. Ya est.

Se incorpor despacio, con el ni?o todav?a aferrado a ella, las piernas peque?as rodendole la cintura con la misma fuerza desesperada que sus manos. Pesaba menos de lo que deber?a para su edad aparente, y bajo la ropa sucia y rota, Carla not las costillas marcadas contra su propio brazo.

Necesita un mdico dijo, girndose hacia Daniel. Ahora mismo.

La ambulancia est esperando. Pero Carla

?Qu?

Daniel dud antes de continuar, mirando al ni?o con una preocupacin que no lograba disimular completamente.

El agente al que mordi va a necesitar una serie completa de pruebas. La herida no parece normal.

Carla baj la vista hacia el ni?o, que segu?a con la cara escondida contra su hombro, sin intencin aparente de soltarla. Le apart con cuidado un mechn de pelo sucio de la frente, y el ni?o se estremeci ante el contacto, pero no se apart.

?Cmo de normal esperabas que fuera, Daniel? Este ni?o acaba de sobrevivir a lo que sea que pas aqu? esta noche.

No estoy diciendo que sea su culpa. Estoy diciendo que necesitamos saber qu es exactamente.

Los tcnicos forenses ya trabajaban alrededor del cuerpo junto a los surtidores, fotografiando cada ngulo de las heridas, recogiendo muestras que probablemente tardar?an d?as en analizarse por completo. Carla camin hacia la ambulancia que esperaba al final del camino de entrada, todav?a con el ni?o pegado a ella, sintiendo cmo la tensin de su peque?o cuerpo no ced?a ni un poco, como si en cualquier momento esperara que aquel breve refugio desapareciera.

Los paramdicos intentaron acercarse en cuanto la vieron llegar, y el ni?o reaccion de inmediato, con un gru?ido tan violento que ambos retrocedieron instintivamente.

Dadme un minuto dijo Carla, sentndose en el borde trasero de la ambulancia sin soltar al ni?o. Dejadme intentarlo primero.

Habl con los paramdicos en voz baja mientras el ni?o permanec?a aferrado a ella, explicndoles lo poco que sab?a, que no hablaba, que no toleraba que lo tocaran, que probablemente atacar?a a cualquiera que se le acercara demasiado rpido. Uno de los paramdicos, una mujer de mediana edad con una paciencia que Carla agradeci en silencio, se ofreci a examinar al ni?o solo con la voz y la vista, sin tocarlo todav?a, mientras Carla segu?a sostenindolo.

Voy a mirar tus brazos dijo la paramdico, despacio, con la misma cautela que Carla hab?a empleado minutos antes. Solo mirar. No voy a tocarte.

El ni?o no respondi, por supuesto, pero tampoco atac cuando la mujer se acerc lo suficiente para examinar, sin tocar, las marcas visibles en sus brazos y piernas. Cicatrices viejas, algunas ya blancas por el tiempo, otras ms recientes. Marcas de cuerda o cadena en ambas mu?ecas. Y aquella extra?a se?al circular en el tobillo, que de cerca parec?a la marca dejada por a?os de un grillete metlico ajustado demasiado apretado para un cuerpo en crecimiento.

Va a necesitar ir al hospital dijo la paramdico finalmente, con la voz llena de una furia contenida que Carla reconoci como propia. Hay un centro especializado en casos sobrenaturales complicados, cerca del centro. Van a necesitar sedarlo para poder examinarlo bien, me temo.

No.

Carla, necesita atencin mdica real. Esto va mucho ms all de lo que podemos hacer aqu?.

Carla mir al ni?o, que segu?a con la cara escondida contra su hombro, la respiracin todav?a agitada contra su cuello. Sab?a que la paramdico ten?a razn. Sab?a que aquel ni?o necesitaba cuidados que ella no pod?a proporcionarle en la parte trasera de una ambulancia aparcada frente a una gasolinera abandonada. Y sin embargo, algo en su interior se resist?a con una fuerza que la sorprendi a ella misma.

Voy con l dijo finalmente. A donde sea que lo lleven, voy con l.

Eso no depende de m?.

Entonces vamos a averiguar de quin depende, porque no pienso soltarlo hasta saberlo.

El sol ya empezaba a asomar por el horizonte cuando finalmente subieron al ni?o a la ambulancia, con Carla sentada a su lado, la mano del peque?o todav?a cerrada con fuerza alrededor de su mu?eca. Por la ventanilla trasera, Carla vio cmo Daniel se quedaba de pie junto a los surtidores, hablando por telfono con alguien, con la expresin de un hombre que sab?a que aquella noche acababa de convertirse en algo mucho ms grande de lo que hab?a imaginado al hacer la primera llamada.

El ni?o, agotado por fin, cerr los ojos contra su hombro, aunque sus dedos no aflojaron ni un momento su agarre. Carla se qued mirndolo mientras la ambulancia arrancaba, preguntndose quin era, de dnde hab?a salido, y qu clase de mundo hab?a construido a un ni?o capaz de gru?ir como un animal acorralado, pero tambin capaz de buscar refugio en los brazos de una completa desconocida en el peor momento posible de su vida.

No ten?a ninguna respuesta todav?a. Pero mientras la gasolinera abandonada desaparec?a detrs de ellos, Carla ya sab?a que no iba a dejar de buscarlas hasta encontrarlas todas.

El trayecto hasta el hospital dur casi veinte minutos, y durante todo ese tiempo el ni?o no volvi a abrir los ojos, aunque tampoco lleg a dormirse completamente. Carla lo notaba en la forma en que su cuerpo segu?a tenso contra el suyo, en la manera en que se sobresaltaba cada vez que la ambulancia pasaba sobre un bache o giraba demasiado rpido en una curva. Era el sue?o ligero de alguien acostumbrado a despertar ante el ms m?nimo peligro, un sue?o que probablemente llevaba a?os sin permitirse relajar del todo.

La paramdico, sentada frente a ellos, observaba al ni?o con una combinacin de preocupacin profesional y algo ms personal que no intentaba disimular.

Llevo doce a?os en esto dijo, en voz baja, como si no quisiera despertar a nadie. Nunca hab?a visto marcas como las suyas en un ni?o tan peque?o.

?Cuntos a?os le calculas?

Es dif?cil saberlo. El tama?o sugiere seis o siete a?os, pero la desnutricin podr?a estar afectando el desarrollo. Podr?a ser mayor de lo que aparenta.

Carla baj la vista hacia la cabeza despeinada apoyada contra su hombro, hacia las manos peque?as que segu?an aferradas a su mu?eca incluso en aquel estado de duermevela. Pens en Angel, en lo mucho que necesitar?a contarle todo aquello en cuanto tuviera un minuto libre, y en lo poco preparada que se sent?a para lo que fuera que estuviera a punto de descubrir sobre el origen de aquel ni?o.

El telfono le vibr en el bolsillo. Un mensaje de Daniel.

Forense confirma: garras, no arma. Buscando coincidencias en la base de datos. Te llamo en cuanto sepa algo.

Carla escribi una respuesta breve con una sola mano, sin soltar al ni?o, y guard el telfono de nuevo. Por la ventanilla, los primeros edificios del centro de la ciudad empezaban a definirse contra el cielo ya claro, y en alg?n lugar detrs de ellos, la gasolinera abandonada segu?a siendo escenario de un crimen que ninguno de los presentes sab?a todav?a cmo empezar a explicar.

Cuando la ambulancia por fin se detuvo frente a la entrada de urgencias, el ni?o abri los ojos de golpe, y el gru?ido volvi, bajo pero constante, como si su cuerpo entero hubiera decidido, incluso medio dormido, que aquel nuevo lugar representaba una amenaza que hab?a que vigilar de cerca.

Vamos a entrar juntos le dijo Carla, aunque sab?a que no pod?a entenderla. No te voy a dejar solo.

El ni?o no respondi, por supuesto. Pero cuando las puertas de la ambulancia se abrieron y la luz artificial del hospital cay sobre ambos, sus dedos se cerraron todav?a con ms fuerza alrededor de la mu?eca de Carla, como si aquel gesto fuera la ?nica promesa que necesitaba entender.




Ejercicios de vocabulario


Ejercicio 1. Completa las frases con la palabra correcta del vocabulario.

1. El cuerpo apareci junto a los surtidores de la ______ abandonada.

2. Las heridas del hombre parec?an hechas por ______, no por ning?n arma conocida.

3. El cadver estaba completamente ______, como si algo lo hubiera atacado sin control.

4. Al ver que se acercaban, el ni?o empez a ______ como un animal acorralado.

5. Cuando el agente intent tocarlo, el ni?o lo ______ en el brazo.

6. El ni?o permanec?a ______ bajo la furgoneta, sin atreverse a salir.

7. Carla reconoci en sus movimientos algo similar al ______, ms que al miedo humano normal.

8. Nadie sab?a si un ni?o as?, criado en esas condiciones, pod?a considerarse sin reservas ______.

9. En cuanto Carla se acerc, el ni?o se ______ a su camiseta con las dos manos.

10. Al ver que no pod?a escapar, el agente joven ______ un paso, asustado.

Ejercicio 2. Relaciona cada palabra con su definicin en ruso.

1. la cicatriz: a) , -

2. el grillete: b) 

3. el frenes?: c) 

4. temblar: d) 

5. el refugio: e) , 




Gramtica: El pretrito pluscuamperfecto


En este cap?tulo aparece con mucha frecuencia un tiempo verbal que todav?a no hab?amos comentado en detalle: el pretrito pluscuamperfecto (     ). Se usa para hablar de una accin pasada que ocurri antes de otra accin tambin pasada.




1. Formacin


Se forma con el verbo haber en pretrito imperfecto + participio pasado del verbo principal:

hab?a / hab?as / hab?a / hab?amos / hab?ais / hab?an + trabajado, vivido, hecho, dicho...




2. Por qu es tan importante en este cap?tulo


La historia de Teo se cuenta en dos capas de tiempo: lo que est pasando esta noche (pretrito indefinido: son, condujo, se agach) y todo lo que le pas antes, antes de que Carla lo encontrara (pluscuamperfecto: hab?a aprendido, hab?an capturado, hab?a sobrevivido). Este segundo nivel temporal es el que sugiere, sin explicarlo todav?a, que la historia del ni?o empez mucho antes de esta noche.

Ejemplos del texto: hab?a aprendido que la voz humana pod?a funcionar como un ancla, llevaba a?os sin permitirse relajar del todo, lo hab?an desgarrado.




3. Diferencia con el indefinido simple


Compara estas dos frases:

Carla lleg a la gasolinera. (accin simple, pretrito indefinido)

Cuando Carla lleg, el ni?o ya se hab?a escondido bajo la furgoneta. (dos acciones pasadas, una anterior a la otra: pluscuamperfecto + indefinido)

El pluscuamperfecto siempre describe la accin que ocurri primero, la ms antigua de las dos, aunque en la frase aparezca en segundo lugar.




Respuestas


Ejercicio 1:

1. gasolinera  2. garras  3. destrozado  4. gru?ir  5. mordi  6. agazapado  7. instinto animal  8. asilvestrado  9. aferr  10. retrocedi

Ejercicio 2:

1-b, 2-a, 3-e, 4-c, 5-d




Cap?tulo 2. Sin nombre





Vocabulario del cap?tulo


Antes de leer, repasa estas palabras. Son clave para entender la escena.

la sala de urgencias   ,   

sedar / el sedante    /  

la fractura (mal curada)  ( ) 

la radiograf?a  

el anlisis de sangre   

la desnutricin  , 

el examen f?sico   

resistirse (a algo)   (-)

la camilla  , 

el expediente mdico   

inusual  

la fisiolog?a  

el diagnstico  

contener (a alguien)  ,  (-)

consolidarse (un hueso)   ( )

El Hospital ngeles de Misericordia no aparec?a en ning?n mapa tur?stico de San Antonio, ni en ninguna gu?a mdica convencional. Ocupaba un edificio bajo y discreto a las afueras del centro, sin ning?n letrero visible desde la calle, financiado en parte por el ayuntamiento y en parte por donaciones privadas de familias sobrenaturales que prefer?an mantener el anonimato. Era el ?nico centro de la ciudad preparado para tratar heridas de garra, mordeduras de licntropo, quemaduras de plata y cualquier otra dolencia que un hospital normal no supiera ni por dnde empezar a clasificar.

Carla ya hab?a estado all? antes, aunque nunca en aquellas circunstancias. Recordaba haber acompa?ado a Rafael en una ocasin, a?os atrs, cuando un miembro joven de su manada hab?a recibido un disparo durante una patrulla nocturna que hab?a salido mal. Recordaba tambin lo silencioso que era el edificio por dentro, un silencio distinto al de los hospitales normales, como si todos los que trabajaban all? hubieran aprendido, con el tiempo, a moverse sin hacer ruido innecesario alrededor de pacientes que ya ten?an suficiente con lo que les hab?a llevado hasta esas puertas.

El ni?o segu?a aferrado a ella cuando cruzaron las puertas automticas de urgencias, y la luz blanca y uniforme del pasillo pareci asustarlo todav?a ms que la ambulancia. Escondi la cara contra el cuello de Carla, temblando, y sus dedos se clavaron con ms fuerza en la tela de su camiseta.

Tranquilo. Ya casi estamos.

Una mujer los esperaba junto al mostrador de admisin, con una tablilla sujetapapeles en una mano y unas gafas finas apoyadas en la punta de la nariz. Era de estatura media, con el pelo negro cortado muy corto, casi al estilo militar, y una bata blanca impecable sobre un uniforme quir?rgico tambin blanco. Zapatillas deportivas blancas completaban la imagen de alguien que se hab?a vestido esa ma?ana pensando exclusivamente en la eficiencia.

Doctora Vzquez se present, sin ofrecer la mano, algo que Carla agradeci en silencio dado que las suyas segu?an ocupadas sosteniendo al ni?o. Usted debe de ser la nigromante.

Carla vila.

Me han informado del caso. Necesito examinarlo cuanto antes.

Va a ser complicado. No deja que nadie lo toque.

La doctora Vzquez la mir por encima de las gafas, con un gesto que no era exactamente hostil, pero tampoco especialmente clido.

Entonces vamos a tener que encontrar la manera de que s? lo permita. No puedo tratar lo que no puedo examinar.

Caminaron juntas hacia una sala privada al final del pasillo, lejos de las zonas ms transitadas del hospital. La habitacin ten?a las paredes pintadas de un verde suave, una camilla baja cubierta con sbanas limpias, y ning?n objeto metlico visible que pudiera asustar todav?a ms al ni?o. Carla se pregunt si aquel dise?o era deliberado, pensado para pacientes exactamente como el que llevaba en brazos.

Vamos a intentarlo despacio dijo la doctora, dejando la tablilla sobre una mesa auxiliar. Sintese con l en la camilla. Voy a acercarme solo para mirar, nada ms.

Carla se sent, y el ni?o se acomod contra ella sin soltarla, con las piernas todav?a enredadas alrededor de su cintura. La doctora Vzquez se aproxim despacio, con las manos visibles, en un gesto que a Carla le record incmodamente al suyo propio unas horas antes, junto a la furgoneta.

Hola dijo la doctora, con una voz que sorprendi a Carla por su suavidad, tan distinta del tono cl?nico que hab?a empleado hasta entonces. No voy a hacerte nada que duela. Solo quiero mirar.

El ni?o gru?, bajo pero constante, sin apartar los ojos de las manos de la doctora. No atac, pero tampoco relaj ni un poco la tensin de su cuerpo.

Va a necesitar radiograf?as, anlisis de sangre, un examen f?sico completo dijo la doctora, sin dejar de observarlo. Con la resistencia que est mostrando, lo habitual ser?a sedarlo.

No.

Se?orita vila, entiendo su instinto de protegerlo, pero...

No es solo instinto. Si lo sedamos ahora, despus de lo que acaba de vivir, va a despertar en un sitio desconocido, sin nadie familiar cerca, y no tengo ni idea de cmo va a reaccionar. Podr?a empeorar las cosas.

La doctora Vzquez se qued callada un momento, estudiando a Carla con la misma atencin cl?nica que acababa de dedicarle al ni?o.

?Tiene alguna alternativa mejor?

Dele tiempo. Y djeme intentar ayudar con el examen, en lugar de sedarlo.

Tardaron casi una hora en completar lo que en circunstancias normales habr?a llevado quince minutos. Carla sosten?a cada parte del cuerpo del ni?o mientras la doctora la examinaba desde una distancia prudente, describiendo en voz alta lo que ve?a para que una enfermera lo anotara todo sin necesidad de acercarse ms de lo estrictamente necesario. El ni?o toleraba el proceso a duras penas, con gru?idos constantes y alg?n que otro intento de morder cuando la doctora se acercaba demasiado, pero no lleg a atacar en serio mientras Carla siguiera sostenindolo.

La enfermera, una mujer joven de nombre Priscilla que Carla no hab?a visto antes en el hospital, se mov?a por la habitacin con una eficiencia silenciosa, entregando instrumentos a la doctora sin necesidad de que se los pidiera en voz alta, anotando cifras y observaciones en una tablilla propia. En un momento dado, cuando el ni?o gru? con especial fuerza al ver acercarse un termmetro, Priscilla simplemente retrocedi un paso y esper, sin ninguna expresin de miedo ni de impaciencia, como si aquella clase de reacciones formara parte de su rutina habitual de trabajo.

M?ltiples fracturas antiguas, mal consolidadas dict la doctora, examinando el brazo izquierdo del ni?o con los ojos entornados. Radio y c?bito, probablemente hace dos o tres a?os. Nunca recibi atencin mdica adecuada. Se soldaron solas, torcidas.

Carla not que se le revolv?a el estmago, aunque llevaba diez a?os viendo cadveres sin pesta?ear.

?Y eso qu significa?

Que alguien le rompi el brazo y lo dej sanar sin ms. La doctora pas a examinar las piernas, detenindose especialmente en el tobillo derecho, donde la marca circular que Carla ya hab?a visto junto a la furgoneta resultaba, bajo la luz del hospital, todav?a ms inquietante. Esto es una marca de sujecin crnica. A?os de un grillete metlico, ajustado una y otra vez conforme crec?a. El tejido est completamente deformado alrededor del hueso.

?Cuntos a?os lleva as??

Es dif?cil de calcular con precisin, pero la profundidad de la marca sugiere que empez siendo muy peque?o. Puede que desde beb.

El ni?o, ajeno a la conversacin que discut?a su propio cuerpo con tanto detalle cl?nico, hab?a apoyado la cabeza contra el pecho de Carla y parec?a haberse calmado ligeramente, aunque sus ojos segu?an movindose sin descanso entre la doctora, la enfermera y la puerta de la habitacin.

Voy a necesitar una muestra de sangre dijo la doctora finalmente, sacando un peque?o kit de extraccin de un cajn. Esto va a doler un poco, y probablemente va a resistirse.

Djeme intentarlo yo.

La doctora Vzquez le tendi el kit sin discutir, algo que Carla no hab?a esperado del todo, y le explic en voz baja cmo sujetar el brazo del ni?o y dnde exactamente insertar la aguja. Carla habl con l durante todo el proceso, con la misma voz baja y constante que hab?a empleado junto a la furgoneta, y aunque el ni?o se tens y gru? cuando sinti el pinchazo, no lleg a morder a nadie.

Bien hecho dijo la doctora, cuando terminaron, con una nota de aprobacin genuina que suaviz por primera vez su expresin cl?nica. La mayor?a de mis colegas habr?a terminado con al menos un mordisco.

No es la primera vez que trato con algo asustado y peligroso.

Me lo imagino, dado su trabajo.

Llevaron las muestras al laboratorio del propio hospital, un espacio peque?o pero bien equipado al fondo del edificio, mientras una enfermera se quedaba con el ni?o en la habitacin, manteniendo una distancia respetuosa que l pareci tolerar mejor de lo esperado, probablemente agotado por la tensin acumulada de las ?ltimas horas.

Necesito preguntarle algo dijo la doctora, mientras preparaba las muestras para el anlisis. ?Est segura de que es por entero humano?

Carla se qued momentneamente descolocada por la pregunta.

?Qu quiere decir?

Sus ojos. El anillo mbar alrededor de la pupila no es una caracter?stica humana normal, ni siquiera en casos de heterocrom?a. Y su forma de moverse, la manera en que olfatea el aire, la agresividad tan espec?fica cuando se siente acorralado... todo eso apunta a una fisiolog?a mixta.

?Licntropo?

Posiblemente. Pero necesito los resultados del anlisis para confirmarlo.

Los resultados tardaron cuarenta minutos en llegar, tiempo que Carla pas sentada junto a la camilla, observando cmo el ni?o finalmente ced?a al agotamiento y se quedaba dormido contra su costado, con el sue?o todav?a tenso e interrumpido de alguien acostumbrado a no confiar en la seguridad de ning?n lugar. Le apart con cuidado un mechn de pelo de la frente, y esta vez el ni?o ni siquiera se estremeci ante el contacto.

Durante aquella espera, Carla se permiti, por primera vez desde que hab?a recibido la llamada de Daniel, quedarse completamente quieta, sin ning?n protocolo que seguir ni ninguna decisin urgente que tomar. Mir las manos peque?as del ni?o, todav?a cerradas sobre la tela de su camiseta incluso dormido, y pens en lo poco que sab?a sobre criar o cuidar a un ni?o de cualquier tipo. Sab?a hablar con los muertos. Sab?a leer una escena de crimen, rastrear un vampiro renegado, negociar con el Maestro de una ciudad entera. No sab?a absolutamente nada sobre qu hacer con un ni?o que llevaba, probablemente, toda su vida corta aprendiendo que el mundo entero era una amenaza constante.

Cuando la doctora Vzquez regres, tra?a una expresin que Carla ya empezaba a reconocer como su forma particular de mostrar preocupacin: una tensin m?nima alrededor de los ojos, apenas perceptible bajo la fachada profesional.

Los resultados son... complicados dijo, sentndose en una silla frente a la camilla, con la tablilla apoyada sobre las rodillas. Tiene marcadores genticos de licantrop?a, eso est confirmado. Pero no coinciden limpiamente con ninguna l?nea conocida.

?Qu quiere decir con que no coinciden?

Que hay rastros de al menos tres patrones genticos distintos superpuestos. Como si alguien hubiera combinado deliberadamente varias l?neas de licntropos diferentes en un mismo individuo.

Carla not que un escalofr?o le recorr?a la espalda, uno que no ten?a nada que ver con ning?n fantasma ni ninguna consciencia levantada de entre los muertos.

Eso no ocurre de forma natural.

No. La doctora baj la vista hacia la tablilla, como si necesitara un segundo antes de continuar. Esto no es un ni?o que se perdi en el bosque y fue criado por lobos, se?orita vila. Alguien lo dise?. O al menos, dise? la combinacin gentica que lo hizo posible.

El ni?o se removi ligeramente en sue?os, sin llegar a despertar, y Carla baj instintivamente una mano hacia su espalda, como si aquel simple gesto pudiera protegerlo de una verdad que ya era demasiado tarde para cambiar.

?Puede saber quin?

No con lo que tengo aqu?. Pero puedo decirle una cosa con bastante certeza: esto no es un caso aislado. Nadie perfecciona una combinacin gentica as? con un solo intento. Tiene que haber habido otros antes que l. Probablemente muchos otros.

La palabra qued suspendida en el aire de la habitacin, mientras fuera, en alg?n pasillo del hospital, una mquina emit?a un pitido constante y lejano. Carla mir al ni?o dormido contra su costado, con sus cicatrices, sus fracturas mal curadas, la marca del grillete en el tobillo, y pens en la gasolinera abandonada, en el cuerpo destrozado junto a los surtidores, en todo lo que todav?a no sab?an y que, sospechaba, iba a resultar mucho peor de lo que cualquiera de ellos estaba preparado para descubrir.

Necesito hacer unas llamadas dijo finalmente, con la voz ms firme de lo que se sent?a por dentro.

?A quin?

A alguien que sepa ms de licntropos que cualquiera de las dos.

La doctora Vzquez asinti, apuntando algo en su tablilla antes de levantarse.

Voy a preparar una habitacin para que pueda quedarse esta noche. Algo me dice que no va a querer alejarse de l, y sospecho que eso, de momento, es lo ?nico que lo mantiene tranquilo.

Gracias.

No me d las gracias todav?a dijo la doctora, ya en la puerta, con una expresin que hab?a perdido por completo la distancia cl?nica de las primeras horas. Algo me dice que esto apenas empieza.

Carla se qued sola con el ni?o dormido, en la penumbra tranquila de la habitacin, escuchando el pitido lejano de alguna mquina en otro pasillo del hospital. Sac el telfono con cuidado, procurando no mover el brazo donde el ni?o manten?a apoyada la cabeza, y marc el n?mero de Rafael sin pensarlo demasiado. Era tarde, casi mediod?a ya, pero sab?a que l responder?a de todas formas.

vila contest Rafael al segundo tono, con la voz todav?a ronca de sue?o. Son las doce del mediod?a. Espero que sea importante.

Necesito que vengas al ngeles de Misericordia.

?Ests bien?

Yo s?. Necesito que veas a alguien.

Hubo un silencio breve al otro lado de la l?nea, el tipo de silencio que Carla reconoc?a en Rafael cuando algo en su tono le hab?a puesto en alerta antes incluso de escuchar los detalles.

Dame veinte minutos.

Rafael.

?S??

Trae toda la paciencia que tengas. La vas a necesitar.

Colg antes de que l pudiera preguntar nada ms, y se qued mirando al ni?o dormido, preguntndose cuntas capas ms de aquella historia quedaban todav?a por descubrir, y cuntas de ellas iba a poder soportar sin que se le rompiera algo por dentro que ya no supiera cmo volver a recomponer.

Veinte minutos despus, tal como hab?a prometido, escuch pasos rpidos acercndose por el pasillo, y la puerta de la habitacin se abri con el cuidado de alguien que ya intu?a, incluso antes de entrar, que deb?a moverse despacio. Rafael llevaba todav?a la ropa con la que probablemente hab?a dormido, el pelo oscuro revuelto y una expresin de alerta que sustituy de inmediato cualquier resto de somnolencia en cuanto sus ojos se posaron sobre el ni?o dormido contra el costado de Carla.

Se qued inmvil junto a la puerta, sin acercarse ms, con las fosas nasales dilatndose ligeramente mientras el aire de la habitacin le llegaba con toda la informacin que sus sentidos humanos jams podr?an haber captado.

Carla dijo, en voz muy baja. ?De dnde ha salido este ni?o?

Eso es exactamente lo que necesito que me ayudes a averiguar.

Rafael no se movi todav?a, con los ojos fijos en el ni?o dormido, y durante un instante Carla vio pasar por su rostro algo que no supo nombrar del todo: una combinacin de reconocimiento profesional y un horror mucho ms personal, el de alguien que empezaba a sospechar, antes incluso de acercarse lo suficiente para confirmarlo, exactamente qu clase de historia ten?a delante.




Ejercicios de vocabulario


Ejercicio 1. Completa las frases con la palabra correcta del vocabulario.

1. El ni?o fue llevado directamente a la ______ del hospital especializado.

2. La doctora propuso ______ al ni?o para poder examinarlo sin peligro.

3. El brazo izquierdo mostraba una ______ antigua que nunca recibi atencin mdica.

4. Los tcnicos pidieron una ______ para confirmar el estado exacto del hueso.

5. El ______ revel marcadores genticos de al menos tres l?neas distintas.

6. Las costillas marcadas eran un signo evidente de ______ prolongada.

7. Durante el ______, el ni?o gru? cada vez que alguien se acercaba demasiado.

8. El ni?o se ______ a cualquier intento de la enfermera de tocarlo directamente.

9. Carla lo sostuvo con cuidado mientras lo colocaban sobre la ______.

10. La doctora abri un nuevo ______ para registrar cada hallazgo del caso.

Ejercicio 2. Relaciona cada palabra con su definicin en ruso.

1. inusual: a) 

2. la fisiolog?a: b) 

3. el diagnstico: c) , 

4. contener: d) 

5. consolidarse: e)  ( )




Gramtica: Necesitar que + subjuntivo


En este cap?tulo Carla usa varias veces la construccin necesito que + subjuntivo para pedir ayuda o exigir algo de otra persona. Es una de las estructuras ms ?tiles del espa?ol para expresar necesidad dirigida hacia otra persona.




1. La regla bsica


Cuando el sujeto que necesita algo es distinto del sujeto que debe realizar la accin, el segundo verbo va obligatoriamente en subjuntivo:

Necesito que vengas. (yo necesito, pero t? vienes: dos sujetos distintos, subjuntivo)

Compara con: Necesito venir. (el mismo sujeto para las dos acciones: infinitivo, sin que)




2. Ejemplos del cap?tulo


Necesito que vengas al ngeles de Misericordia, necesito que veas a alguien, necesito hacer unas llamadas. En el ?ltimo ejemplo, Carla es quien necesita y quien llama, as? que se usa el infinitivo, no el subjuntivo.




3. Otras expresiones con la misma estructura


La misma lgica se aplica a otros verbos de influencia: quiero que, prefiero que, espero que, pido que. Todos exigen subjuntivo cuando el sujeto de las dos acciones es diferente.

Ejemplo adicional: La doctora quiere que el ni?o se quede esta noche. Carla espera que Rafael llegue pronto.




Respuestas


Ejercicio 1:

1. urgencias  2. sedar  3. fractura  4. radiograf?a  5. anlisis de sangre  6. desnutricin  7. examen f?sico  8. resist?a  9. camilla  10. expediente mdico

Ejercicio 2:

1-b, 2-d, 3-a, 4-c, 5-e




Cap?tulo 3. No es un coyote





Vocabulario del cap?tulo


Antes de leer, repasa estas palabras. Son clave para entender la escena.

la l?nea (gentica)  ,  ()

mezclar / la mezcla   / 

el cachorro  

la manada  

heredar / heredado   / 

sobrevivir  

el h?brido  

forzar (una transformacin)   ( )

el control (sobre el cambio)   ( )

confiar (en alguien)   (-)

la proteccin  

el territorio  

la traicin  

silenciar (algo)   ,  (-)

reclamar (a alguien)    ( -), 

Rafael no se movi durante casi un minuto entero.

Se qued junto a la puerta, con la espalda apoyada contra el marco, los ojos fijos en el ni?o dormido y las fosas nasales dilatndose apenas de forma perceptible con cada respiracin. Carla lo conoc?a lo suficiente como para reconocer aquel silencio: no era indecisin, sino un proceso mucho ms antiguo que cualquier palabra, algo que su cuerpo hac?a antes de que su mente terminara de entender lo que estaba percibiendo.

Rafael.

Dame un segundo.

Cerr los ojos. Carla lo hab?a visto hacer eso antes, en otras ocasiones, cuando necesitaba concentrarse exclusivamente en el olfato sin la distraccin de la vista. Cont mentalmente los segundos, once, doce, trece, hasta que Rafael finalmente abri los ojos de nuevo y avanz hacia la camilla con una lentitud calculada, cada movimiento medido para no provocar ninguna reaccin brusca.

Se detuvo a poco ms de un metro de distancia, arrodillndose despacio hasta quedar a la altura de los ojos del ni?o, aunque este segu?a dormido. Olfate el aire de nuevo, esta vez ms cerca, y Carla not cmo la expresin de Rafael cambiaba, capa a capa, de la curiosidad profesional inicial a algo mucho ms sombr?o.

Coyote dijo finalmente, en voz muy baja. Hay coyote ah?. Pero no es solo eso.

?Qu ms?

Lobo. Y algo que no reconozco enteramente. Algo ms viejo.

El ni?o se removi en sue?os, y Rafael se qued completamente inmvil, como si su propio cuerpo hubiera decidido, por instinto, minimizar cualquier posibilidad de asustarlo. Cuando el ni?o no despert, Rafael se relaj apenas un poco, aunque sin apartar la vista de l ni un segundo.

Expl?camelo dijo Carla. Como si no supiera nada de licantrop?a, porque en el fondo es as?.

Rafael se sent en el suelo, con la espalda contra la pared, en una postura que a Carla le pareci ms animal que humana, las rodillas dobladas cerca del pecho, los brazos relajados sobre ellas.

Las l?neas de licntropos no se mezclan as?, Carla. Nunca. Hay una razn biolgica y tambin una razn cultural, y las dos son igual de importantes.

Empieza por la biolgica.

Cada l?nea, coyote, lobo, lo que sea, lleva generaciones de adaptacin gentica muy espec?fica. El cuerpo de un licntropo est dise?ado, por decirlo de alguna manera, para transformarse de una forma concreta. Los huesos se alargan de cierta manera. Los m?sculos se reorganizan siguiendo un patrn que el cuerpo ya conoce, porque lo ha heredado. Cuando intentas mezclar dos l?neas distintas de forma natural, casi siempre el cuerpo del cachorro no sabe qu patrn seguir. La mayor?a no sobrevive a la primera transformacin completa.

?La mayor?a?

Los h?bridos naturales existen, pero son rar?simos, y casi siempre resultan en muertes tempranas o en transformaciones incompletas que dejan al individuo atrapado entre dos formas, incapaz de controlar bien ninguna de las dos. Por eso las manadas evitan los cruces entre l?neas distintas. No es solo tradicin. Es supervivencia.

Carla se qued pensando en aquello, en la palabra supervivencia repetida como un mantra silencioso a lo largo de generaciones de licntropos que hab?an aprendido, probablemente a base de tragedias que ella nunca llegar?a a conocer del todo, exactamente qu l?mites no se pod?an cruzar.

?Y la cultural? Dijiste que hab?a dos razones.

La cultural es ms complicada de explicar a alguien que no ha crecido dentro de una manada. Rafael se frot la nuca, buscando las palabras. Para nosotros, la l?nea no es solo gentica. Es identidad. Es historia. Cada manada tiene sus propias costumbres, su propia relacin con la luna, sus propios rituales de transformacin que se transmiten de generacin en generacin. Mezclar l?neas no es solo un riesgo f?sico. Es, para mucha gente mayor, casi una traicin a lo que se supone que eres.

?T? piensas as??

Yo pienso que un ni?o no eligi nada de esto, y que cualquier tradicin que lo condene por algo que otros le hicieron es una tradicin que merece ser cuestionada. Pero no todo el mundo en las manadas grandes piensa igual que yo.

Carla baj la vista hacia el ni?o, hacia sus brazos delgados, sus costillas marcadas bajo la ropa prestada que le hab?an puesto en el hospital.

Y l tiene tres l?neas distintas.

Seg?n la doctora, s?. Y sigue vivo. Y seg?n parece, ya se ha transformado al menos una vez, porque esas cicatrices no son de garras humanas ni de ning?n arma. Rafael se pas una mano por la cara, un gesto de cansancio que Carla rara vez le ve?a hacer. Eso no deber?a ser posible. A menos que alguien haya encontrado la manera de forzarlo.

?Forzarlo cmo?

No lo s. Nunca he o?do hablar de nada parecido. Pero si alguien ha conseguido que un cuerpo con tres l?neas mezcladas sobreviva a la transformacin, eso significa a?os de experimentacin. Dcadas, tal vez. Con muchos fracasos antes de llegar a un solo xito.

El silencio que sigui se instal entre ambos con un peso casi f?sico. Carla pens en el laboratorio del hospital, en la voz cl?nica de la doctora Vzquez explicando que aquello no pod?a ser un caso aislado, que ten?a que haber habido otros antes que l, probablemente muchos otros. Pens tambin en el cuerpo destrozado junto a los surtidores de la gasolinera, en las heridas que no encajaban con ning?n patrn conocido de ataque licntropo.

La v?ctima de esta noche dijo, pensando en voz alta. ?Podr?a haber sido l?

Rafael se qued pensativo un momento, estudiando al ni?o dormido con una mezcla de compasin y clculo profesional que Carla reconoc?a de sus a?os trabajando juntos en casos dif?ciles.

Es posible. Las heridas que describes, el frenes? sin control, encajan con una transformacin forzada en un cuerpo que nunca aprendi a manejarla. Un cachorro normal aprende a controlar el cambio poco a poco, guiado por su manada, durante a?os. Si a este ni?o lo obligaron a transformarse sin ning?n tipo de gu?a, sin nadie que le ense?ara a mantener algo de control...

Entonces mat a ese hombre sin saber realmente lo que estaba haciendo.

O sin poder evitarlo. Hay una diferencia entre las dos cosas, aunque el resultado final sea el mismo.

El ni?o abri los ojos en ese momento, de golpe, como si algo en la conversacin, tal vez el tono de las voces, tal vez alg?n cambio sutil en el ambiente de la habitacin, lo hubiera arrancado del sue?o. Se incorpor de inmediato, con todo el cuerpo en tensin, y sus ojos se posaron directamente sobre Rafael.

No gru?.

Carla contuvo la respiracin, esperando la reaccin violenta que hab?a presenciado con cada persona nueva que se hab?a acercado desde la gasolinera. Pero el ni?o se qued quieto, observando a Rafael con una fuerza distinta a la del miedo puro, algo ms parecido a la curiosidad cautelosa de un animal que se encuentra con otro de una especie que reconoce, aunque no completamente.

Hola dijo Rafael, sin moverse de su sitio en el suelo, con la voz baja y firme. No voy a acercarme ms de lo que t? quieras.

El ni?o lade la cabeza, un gesto que a Carla le record extra?amente a un perro estudiando un sonido desconocido. Olfate el aire en direccin a Rafael, con las fosas nasales movindose de forma visible, y por primera vez desde que Carla lo conoc?a, algo similar a la tensin de su cuerpo cedi, aunque fuera solo un poco.

Le hueles familiar dijo Carla, casi sin darse cuenta de que hablaba en voz alta.

Puede ser. Los licntropos reconocemos a otros licntropos por el olor, incluso a travs de l?neas distintas. Para l, aunque yo sea coyote y l sea quin sabe cuntas cosas a la vez, sigo siendo algo parecido a l. Ms parecido, seguramente, que cualquier humano que se le haya acercado hasta ahora.

Rafael se acerc unos cent?metros, despacio, sin dejar de hablar en aquel tono bajo y constante, y el ni?o lo dej acercarse sin gru?ir, aunque sus ojos no se apartaron de l en ning?n momento. Cuando finalmente estuvo lo bastante cerca, Rafael extendi una mano, con la palma hacia arriba, exactamente de la misma manera en que Carla lo hab?a hecho horas antes junto a la furgoneta.

El ni?o olfate los dedos de Rafael durante varios segundos, con una concentracin absoluta, y despus, para sorpresa de ambos adultos, apoy brevemente la frente contra el dorso de su mano, un gesto tan rpido que casi pareci accidental.

Eso es una se?al de confianza dijo Rafael, con la voz cargada de una emocin que no intent disimular. Entre cachorros, es una manera de pedir proteccin a un adulto de la manada.

?Te est pidiendo proteccin?

Creo que s?. O al menos est comprobando si puede ped?rtela.

El ni?o se apart despus de aquel gesto, retrocediendo hacia Carla y aferrndose de nuevo a su brazo, aunque esta vez sin la urgencia desesperada de las primeras horas. Carla sinti algo removerse dentro de su pecho, algo a medio camino entre alivio y de una tristeza que no supo nombrar sin reservas, al ver cmo aquel ni?o peque?o calculaba, incluso en medio del terror, quin en la habitacin pod?a representar seguridad y quin no.

?T? tuviste manada cuando eras peque?o? pregunt Carla, casi sin pensarlo, observando la forma en que Rafael segu?a mirando al ni?o con una atencin que parec?a ir mucho ms all de lo profesional.

Toda mi vida. Nac? dentro de la manada del r?o, igual que mis padres y mis abuelos. Rafael se apoy contra la pared, con los brazos cruzados, la mirada perdida por un instante en alg?n recuerdo que Carla no pod?a ver. Mi primera transformacin completa la hice rodeado de doce personas que llevaban generaciones haciendo exactamente lo mismo. Alguien sujet mis manos cuando empez a doler. Alguien me ense? a respirar para no perder la cabeza del todo. Alguien se qued despierto toda la noche siguiente, por si algo sal?a mal.

Se?al con la barbilla hacia el ni?o, todav?a aferrado al brazo de Carla.

l no tuvo nada de eso. Y con tres l?neas mezcladas, dudo mucho que su primera transformacin fuera guiada por nadie que le quisiera bien.

El silencio que sigui a aquellas palabras pes ms que cualquier explicacin cl?nica que la doctora Vzquez pudiera haber ofrecido horas antes. Carla baj la vista hacia el ni?o, hacia sus manos peque?as todav?a aferradas a la tela de su camiseta, y sinti que la rabia que llevaba conteniendo desde la gasolinera empezaba a transformarse en algo ms fr?o, ms concentrado, una determinacin fr?a con la que sol?a enfrentarse a cualquier caso que amenazara a quienes no pod?an defenderse solos.

Necesito ver el lugar donde lo encontraron dijo Rafael, ponindose de pie con el mismo cuidado con el que se hab?a sentado. La gasolinera. Necesito olerlo yo mismo, ver si hay algo ms que los humanos no habr?an notado.

Daniel todav?a tiene el rea acordonada. Puedo llevarte.

?Y l?

Carla mir al ni?o, que segu?a aferrado a su brazo, con los ojos entrecerrados de nuevo, agotado por la tensin acumulada de las ?ltimas horas.

La doctora Vzquez dijo que iba a preparar una habitacin para que me quedara esta noche. Voy a dejarlo descansar aqu?. Angel puede venir a quedarse con l si yo tengo que salir.

?Angel? ?La vas a meter en esto?

Angel tiene ms paciencia que cualquiera de nosotros dos juntos, y este ni?o necesita a alguien que sepa estar con l sin exigirle nada. Carla se pas una mano por el pelo, sintiendo el cansancio acumulado de una noche entera sin dormir. Adems, despus de lo que pas con Elena, dudo que se conforme con quedarse fuera de esto.

Rafael asinti, aunque su expresin segu?a cargada de una preocupacin que no terminaba de disolverse.

Hay algo ms que necesitas saber antes de que vayamos a la gasolinera.

?Qu?

Las l?neas de licntropos no se mezclan as? porque s?, Carla. No es solo un accidente biolgico poco com?n. Cualquier manada respetable evita esos cruces precisamente porque los resultados, cuando se dan de forma natural, suelen ser trgicos. Que alguien haya conseguido, deliberadamente, que esto funcione, con xito, en al menos un individuo...

Significa que ha habido muchos fracasos antes.

Significa que ha habido muchos cachorros muertos antes de llegar a l. Rafael baj la vista hacia el ni?o dormido, con una mirada que Carla no le hab?a visto nunca, ni siquiera en los peores casos que hab?an compartido a lo largo de los a?os. Y significa que quien sea que est haciendo esto, lleva mucho tiempo perfeccionando el proceso. Lo cual quiere decir que probablemente sigue hacindolo ahora mismo, en alg?n lugar que todav?a no hemos encontrado.

La idea se asent entre ambos con el peso de una certeza que ninguno de los dos quer?a confirmar todav?a, pero que tampoco pod?an permitirse ignorar. Carla pens en las palabras de la doctora Vzquez, en la seguridad cl?nica con la que hab?a afirmado que aquello no pod?a ser un caso aislado, y tuvo la sensacin de que el nudo que llevaba horas formndose en su estmago se apretaba un poco ms.

Voy a llamar a Daniel dijo, sacando el telfono. Necesitamos refuerzos en esa gasolinera antes de que se pierda cualquier prueba que todav?a quede. Y necesito que revise si hay denuncias de ni?os desaparecidos en los ?ltimos a?os que encajen con su edad aproximada. Alguien tiene que estar buscndolo.

?Y si nadie lo busca?

La pregunta de Rafael qued suspendida entre ambos, ms pesada que cualquier otra cosa que hubieran dicho hasta entonces esa ma?ana.

Entonces vamos a tener que ser nosotros quienes lo encontremos primero a l, en lugar de esperar a que alguien lo reclame.

Y yo necesito hacer una llamada tambin.

?A quin?

Rafael dud un instante, con una mirada que Carla no supo interpretar del todo, algo entre la resignacin y la incomodidad.

A alguien que conoce mejor que yo la pol?tica de las manadas grandes. Si esto es tan serio como parece, no vamos a poder manejarlo solos, con los recursos de mi manada. Va a necesitar ms gente, ms territorio cubierto, ms ojos vigilando.

?Conf?as en esa persona?

No especialmente. Pero conoce el terreno mejor que cualquiera que yo pueda ofrecerte, y si de verdad hay ms ni?os como este ah? fuera, no puedo permitirme el lujo de dejar mi orgullo por delante de encontrarlos a tiempo.

?Va a querer ayudar?

Va a querer controlar la situacin, que no es exactamente lo mismo. Rafael suspir, pasndose una mano por el pelo. Las manadas grandes tienen una manera muy particular de ver este tipo de problemas. Para ellos, cualquier cosa que amenace con exponer a los licntropos ante los humanos es una amenaza existencial, ms all de cuntas vidas estn en juego. No me sorprender?a que la primera reaccin sea querer silenciar todo esto antes que resolverlo.

Eso no me tranquiliza nada.

No pretend?a tranquilizarte. Pretend?a que supieras con qu nos vamos a encontrar antes de que llegue.

Carla asinti, aunque algo en el tono de Rafael, aquella tensin apenas disimulada al mencionar a la persona en cuestin, le dijo que aquella llamada no iba a ser sencilla para ninguno de los dos. Mir al ni?o una vez ms, dormido contra su costado, ajeno por completo a la conversacin que decid?a, en ese mismo instante, cuntas personas ms iban a involucrarse en la b?squeda de la verdad sobre su origen.

Antes de que hagas esa llamada dijo, deteniendo a Rafael cuando ya se dirig?a hacia la puerta. ?Tiene nombre tu l?nea? La tuya, quiero decir. ?Cmo se llama la l?nea a la que perteneces?

Rafael se detuvo, con una media sonrisa que no lleg del todo a sus ojos.

Los coyotes de esta regin nos llamamos a nosotros mismos la manada del r?o. Somos peque?os, discretos, no nos metemos en pol?tica si podemos evitarlo. Por eso conf?o en que este ni?o se sienta ms seguro cerca de nosotros que cerca de cualquier manada ms grande.

?Y la persona a la que vas a llamar?

Pertenece a una manada mucho ms grande, mucho ms antigua, y mucho menos discreta. Rafael se qued un momento en el umbral de la puerta, con la mano apoyada en el marco. Si te preguntas por qu dudo tanto en llamarlo, es porque s exactamente lo que va a decir en cuanto vea a este ni?o. Y no creo que a ti te vaya a gustar su respuesta.

Sali de la habitacin antes de que Carla pudiera preguntar nada ms, dejndola sola con el ni?o dormido y con una sensacin creciente de que aquella noche, que hab?a empezado con una simple llamada de Daniel a las cuatro y media de la madrugada, apenas estaba empezando a revelar la verdadera magnitud de lo que ten?an por delante.

Se qued sentada junto a la camilla durante un largo rato, escuchando la respiracin tranquila del ni?o, preguntndose cuntas manadas, cuntas l?neas genticas, cuntos laboratorios secretos iban a tener que descubrir antes de encontrar a la persona responsable de todo aquello. Por la ventana, el sol de la ma?ana ya se colaba entre las persianas medio cerradas, iluminando con una luz dorada y completamente indiferente el rostro dormido de un ni?o que todav?a no ten?a nombre, ni pasado conocido, ni ninguna certeza sobre su futuro ms all de la mano que ahora mismo lo sosten?a.

Angel lleg poco antes del mediod?a, con el pelo todav?a h?medo de la ducha y una bolsa de tela cargada de cosas que a Carla, en un primer momento, le parecieron por entero fuera de lugar en un hospital: un peluche peque?o con forma de zorro, un par de libros de cartn con dibujos simples, una manta suave de color amarillo.

No sab?a qu le podr?a gustar dijo Angel, dejando la bolsa sobre una silla, con una sonrisa que no lograba ocultar del todo la preocupacin en sus ojos. As? que traje de todo un poco.

Angel...

No me digas que no hac?a falta, Carla. Claro que hac?a falta. Se acerc despacio a la camilla, con el mismo cuidado instintivo que todos parec?an haber aprendido a emplear alrededor del ni?o, y se sent en una silla cercana, sin intentar tocarlo. Hola, peque?o. Me llamo Angel. Voy a quedarme un rato contigo, si te parece bien.

El ni?o abri los ojos, observndola con la misma cautela reservada que dedicaba a cualquier desconocido, aunque esta vez, tras una noche entera de descubrimientos, algo en su postura parec?a ligeramente menos tenso que antes.

Voy a la gasolinera con Rafael dijo Carla, recogiendo su chaqueta del respaldo de otra silla. No deber?a tardar ms de dos horas.

Ve. Nosotros vamos a estar bien aqu?, ?verdad? Angel le dedic al ni?o una sonrisa amplia, del tipo que Carla la hab?a visto usar con ni?os asustados en la sala de espera de la central de emergencias donde trabajaba, una sonrisa que promet?a normalidad sin exigir nada a cambio. Le voy a ense?ar este zorro tan tonto que traje. A lo mejor hasta te cae bien.

Carla se detuvo en la puerta, mirando atrs una ?ltima vez. El ni?o segu?a observando a Angel con desconfianza, pero no hab?a gru?ido, y sus manos, por primera vez desde que Carla lo conoc?a, no estaban aferradas a nada ni a nadie.

Quizs, pens, aquello tambin era una forma de progreso.




Ejercicios de vocabulario


Ejercicio 1. Completa las frases con la palabra correcta del vocabulario.

1. Cada manada protege celosamente la pureza de su ______ gentica.

2. ______ dos l?neas distintas de licntropos casi nunca funciona de forma natural.

3. Un ______ normal aprende a controlar el cambio guiado por su manada.

4. Rafael pertenece a la ______ del r?o, un grupo peque?o y discreto.

5. Los rasgos f?sicos de cada l?nea se transmiten de generacin en generacin: se han ______.

6. Muy pocos h?bridos naturales logran ______ a la primera transformacin completa.

7. Un ______ gentico tan complejo como el del ni?o es extremadamente raro.

8. Alguien parece haber logrado ______ una transformacin en un cuerpo que no estaba preparado.

9. Rafael no tiene el ______ total sobre a quin va a llamar, pero conf?a en su conocimiento.

10. Carla teme que la manada grande solo quiera ______ el caso, en lugar de resolverlo.

Ejercicio 2. Relaciona cada palabra con su definicin en ruso.

1. la proteccin: a) 

2. el territorio: b) 

3. la traicin: c)  , 

4. reclamar: d) 

5. confiar: e) 




Gramtica: Oraciones condicionales


En este cap?tulo, Rafael y Carla construyen varias hiptesis sobre el origen del ni?o usando estructuras condicionales. Vamos a repasar los dos tipos ms importantes para este nivel.




1. Condicional real (tipo 1)


Se usa para hablar de condiciones posibles o probables, con consecuencias reales o muy plausibles. Estructura: Si + presente de indicativo, futuro o presente.

Ejemplo del texto: Si alguien ha conseguido que un cuerpo con tres l?neas mezcladas sobreviva, eso significa a?os de experimentacin. Aqu? la condicin ya se considera prcticamente confirmada, as? que se usa el indicativo.




2. Condicional hipottico (tipo 2)


Se usa para hablar de situaciones poco probables o puramente imaginarias en el presente. Estructura: Si + imperfecto de subjuntivo, condicional simple.

Ejemplo: Si este ni?o hubiera tenido una manada, habr?a aprendido a controlar el cambio poco a poco. (En realidad no tuvo manada, as? que la condicin es contraria a la realidad conocida.)




3. Cmo distinguirlos en la prctica


Preg?ntate si la condicin es todav?a posible o si ya sabemos que no se cumpli. Si nadie lo busca, vamos a tener que encontrarlo nosotros describe una posibilidad real y abierta: tipo 1. Si hubiera crecido en una manada, ser?a distinto describe algo que ya no puede cambiar: tipo 2, con pluscuamperfecto de subjuntivo en la condicin.




Respuestas


Ejercicio 1:

1. l?nea  2. mezclar  3. cachorro  4. manada  5. heredado  6. sobrevivir  7. h?brido  8. forzar  9. control  10. silenciar

Ejercicio 2:

1-d, 2-a, 3-b, 4-c, 5-e




Cap?tulo 4. La jaula





Vocabulario del cap?tulo


Antes de leer, repasa estas palabras. Son clave para entender la escena.

el stano / subterrneo   / 

la jaula  

la trampilla  

las cadenas  

el candado   

ara?ar (las paredes)   ()

la marca (de conteo)  ,  ( )

el hedor  

hacinado / hacinada  , 

la humedad  

el eco  

estremecerse  

la evidencia (forense)   ()

el instrumental (mdico)  () 

el desgaste  

La gasolinera abandonada se ve?a distinta bajo la luz del mediod?a.

De noche, con las luces azules y rojas de los coches patrulla pintando las paredes derruidas, el lugar hab?a tenido algo de escenario, casi de pesadilla organizada. Ahora, bajo el sol implacable de Texas, era solo un edificio viejo y olvidado, con el asfalto agrietado y la maleza creciendo entre las grietas, indiferente del todo a la violencia que hab?a presenciado unas horas antes.

Daniel los esperaba junto a la cinta policial, con una taza de caf que probablemente ya se hab?a enfriado por segunda vez esa ma?ana.

Los forenses terminaron con el cuerpo hace una hora dijo, mientras Carla y Rafael se acercaban. Pero hay algo que no encajaba, as? que les ped? que esperaran antes de cerrar la escena por completo.

?Qu es?

Mejor os lo ense?o.

Los condujo hacia un lateral del edificio principal, donde una puerta metlica medio oxidada colgaba de una sola bisagra, dando acceso a lo que en su d?a hab?a sido probablemente un almacn de mercanc?a o un cuarto de mantenimiento. El interior ol?a a humedad, a xido, y a algo ms que Carla no lograba identificar por completo, algo denso y desagradable que le record vagamente al olor de una perrera mal cuidada.

El sol de mediod?a apenas lograba colarse por las ventanas rotas del almacn, dejando la mayor parte del interior sumido en una penumbra polvorienta que los oblig a encender las linternas incluso antes de terminar de cruzar el umbral. Estanter?as metlicas oxidadas, volcadas en su mayor?a, ocupaban buena parte del espacio disponible, y el suelo estaba cubierto de una capa gruesa de escombros que cruj?a bajo cada paso.

Rafael se detuvo en el umbral, con el cuerpo entero en tensin, olfateando el aire con una concentracin que Carla ya hab?a aprendido a reconocer como una se?al de alarma.

Aqu? hay ms que uno dijo, en voz baja. Mucho ms que uno.

?Qu quieres decir?

Quiero decir que este sitio ha tenido ms ocupantes de los que puedas imaginar. El olor est superpuesto, capas y capas de l, algunas ms viejas, algunas recientes. D?as, semanas, meses. No s cunto tiempo exactamente, pero desde luego ms de lo que cualquiera querr?a creer.

Carla se qued mirando el interior oscuro del almacn, sintiendo cmo el calor del mediod?a texano contrastaba de manera casi obscena con la sensacin de fr?o que le recorr?a la espalda. Pens en todas las veces que hab?a entrado en escenas de crimen a lo largo de los a?os, en todos los cadveres que hab?a levantado, en todas las verdades incmodas que su trabajo la hab?a obligado a presenciar sin quitar los ojos de encima. Nada de eso la hab?a preparado del todo para lo que Rafael acababa de describir con tanta naturalidad cl?nica.

?Puedes distinguir cuntos olores distintos hay? pregunt, obligndose a mantener un tono profesional que no sent?a completamente.

Todav?a no con precisin. Necesito acercarme ms. Pero si tuviera que dar un n?mero aproximado ahora mismo, dir?a que no menos de una docena, y probablemente muchos ms.

Daniel encendi una linterna, aunque la luz del d?a se colaba parcialmente por una claraboya rota en el techo, e ilumin un tramo de suelo cubierto de escombros y basura acumulada durante a?os de abandono.

Ah? dijo, se?alando hacia una esquina donde parte del suelo de cemento parec?a distinto al resto, ms nuevo, con las juntas marcadas de una manera que no encajaba con el resto de la estructura original.

Carla se acerc, apartando con cuidado los escombros que cubr?an parcialmente la zona, hasta que sus dedos encontraron el borde metlico de lo que result ser una trampilla, prcticamente invisible bajo capas de polvo y suciedad acumulada.

Esto no es parte de la gasolinera original dijo, pasando los dedos por el metal fr?o. Alguien la instal despus.

Los forenses la encontraron hace dos horas, cuando movieron unos pals viejos para revisar el resto del almacn explic Daniel. La abrimos, bajamos lo suficiente para confirmar que hab?a algo ah? abajo, y volvimos a subir. Quer?a que lo vierais con vuestros propios ojos antes de que entrara nadie ms.

Rafael se acerc tambin, arrodillndose junto a la trampilla, con la mand?bula tensa.

?Bajamos?

Espera. Daniel levant una mano. Antes de bajar, quiero que sepis algo. Llam a la central en cuanto confirmamos que hab?a algo ah? debajo. Van a mandar un equipo completo de investigacin en cuanto terminemos la inspeccin inicial. Esto ya no es solo nuestro caso.

?De quin es, entonces?

Todav?a no lo s. Pero algo me dice que en cuanto vean lo que hay ah? abajo, va a subir de categor?a muy rpido.

Carla tuvo la sensacin de que el nudo en su estmago se apretaba un poco ms ante la idea de perder el control de la investigacin justo cuando empezaban a entender la magnitud de lo que ten?an delante. Pero asinti, porque sab?a que Daniel ten?a razn, y porque en el fondo, una parte de ella quer?a que hubiera ms gente buscando respuestas, aunque eso significara compartir el caso con desconocidos.

Mientras siga teniendo acceso al ni?o, no me importa quin ms se involucre.

Eso no depende de m? tampoco, Carla.

Entonces vamos a asegurarnos de que dependa de la persona correcta.

Entre los tres levantaron la trampilla, revelando una escalera metlica estrecha que descend?a hacia la oscuridad, y un olor que subi hacia ellos con una intensidad que hizo que incluso Daniel, acostumbrado a dos dcadas de escenas de crimen, retrocediera un paso instintivo.

Dios murmur.

No es Dios quien hizo esto dijo Carla, con una frialdad que no sent?a completamente. Vamos.

Descendieron uno tras otro, con las linternas encendidas cortando la oscuridad del stano en franjas estrechas de luz. El espacio result ser ms grande de lo que Carla hab?a esperado, extendindose bajo buena parte del edificio principal, con el techo lo bastante bajo como para que Rafael tuviera que agachar ligeramente la cabeza.

El suelo de cemento estaba cubierto de una capa fina de polvo y suciedad acumulada, salpicado de manchas oscuras que ninguno de los tres necesit comentar en voz alta para reconocer. En las paredes, tuber?as oxidadas corr?an de un extremo a otro del stano, algunas goteando todav?a un hilo constante de agua que se acumulaba en peque?os charcos sobre el cemento agrietado. El aire resultaba denso, casi slido, cargado de un olor que ninguno de los tres iba a olvidar fcilmente.

Y entonces las vio.

Jaulas.

Alineadas contra la pared del fondo, construidas con barrotes metlicos soldados a mano, sin ning?n tipo de precisin industrial, como si alguien las hubiera fabricado l mismo, una por una, a lo largo de mucho tiempo. Algunas eran del tama?o adecuado para un animal grande. Otras, la mayor?a, eran mucho ms peque?as.

Demasiado peque?as para cualquier animal adulto.

Carla se qued inmvil, con la linterna temblando ligeramente en su mano, mientras contaba mentalmente el n?mero de jaulas visibles desde su posicin. Ocho. Nueve, contando una medio oculta detrs de un pilar de soporte. Cada una equipada con un cuenco de metal oxidado, una manta ra?da, y en el suelo de varias de ellas, cadenas cortas ancladas a argollas empotradas en el propio cemento.

Se acerc a la primera jaula, la ms grande de todas, y examin el candado que todav?a colgaba de la puerta, oxidado pero intacto. No era un candado cualquiera. Ten?a un mecanismo de doble cierre, del tipo que se usar?a para contener algo con fuerza suficiente para romper cerraduras normales.

Esto no lo compr nadie en una ferreter?a dijo, pasando los dedos por el metal. Esto est reforzado a propsito.

Para contener a algo que se transforma dijo Rafael, con la voz tensa. Un candado normal no aguantar?a la fuerza de un licntropo en pleno cambio. Quien construy esto sab?a exactamente con qu estaba trabajando.

Carla avanz hacia la siguiente jaula, ms peque?a, y sinti que el estmago se le encog?a al calcular las dimensiones exactas: apenas metro y medio de largo, poco ms de un metro de alto. Ning?n adulto podr?a estar de pie dentro de ella. Ni siquiera un ni?o de la edad aparente del que hab?an encontrado esa noche podr?a estirarse del todo.

Hay tama?os distintos dijo, en voz alta, ms para s? misma que para los dems. Como si estuvieran clasificados por edad. O por fase de desarrollo.

O por ambas cosas a la vez a?adi Daniel, iluminando con su linterna una hilera de jaulas todav?a ms peque?as al fondo del stano, apenas del tama?o necesario para un beb.

Nadie dijo nada durante un largo rato. El ?nico sonido en el stano era el goteo constante de las tuber?as oxidadas y la respiracin de los tres, ms pesada de lo normal, como si el propio aire del lugar se resistiera a entrar en los pulmones con facilidad.

Carla.

La voz de Rafael son extra?amente contenida, y cuando Carla se gir hacia l, lo encontr arrodillado frente a una de las jaulas ms peque?as, con una mano apoyada sobre los barrotes.

?Qu pasa?

Mira las paredes.

Carla se acerc, iluminando con su linterna el interior de la jaula. En la pared de cemento, justo al alcance de un ni?o peque?o sentado en el suelo, hab?a marcas. L?neas cortas, agrupadas de cinco en cinco, ara?adas en la superficie con algo afilado, tal vez una u?a, tal vez un trozo de metal encontrado por casualidad.

Est contando los d?as dijo Carla, sintiendo cmo la voz se le quebraba ligeramente. Alguien encerrado aqu? estaba contando los d?as.

Cont los grupos de marcas, perdiendo la cuenta varias veces antes de completar el recorrido visual de toda la pared. Ms de cien. Fcilmente ms de cien d?as marcados en aquella pared por alguien, probablemente un ni?o, que no ten?a ninguna otra manera de medir el paso del tiempo salvo ara?ando piedra con las u?as.

Daniel se hab?a quedado atrs, iluminando otra seccin del stano con su propia linterna, y su voz lleg desde la oscuridad con un tono que Carla no le hab?a escuchado nunca en todos los a?os que llevaban trabajando juntos.

Aqu? hay ms.

Se acercaron juntos hacia donde Daniel hab?a encontrado algo, y Carla percibi que el aire se le atascaba en la garganta al ver lo que iluminaba su linterna: una mesa de trabajo improvisada, cubierta de instrumental mdico oxidado, jeringuillas usadas, frascos vac?os sin etiquetar.

Siguieron explorando el stano en silencio, documentando cada hallazgo con las cmaras que Daniel hab?a bajado consigo, fotografiando las jaulas, las marcas en las paredes, la mesa de instrumental oxidado. Cerca de la mesa, apoyado contra la pared, hab?a un pizarrn blanco cubierto de anotaciones escritas con rotulador, la mayor?a ya borrosas por la humedad acumulada durante meses, ilegibles casi por completo salvo por alg?n trazo suelto que no llegaba a formar ninguna palabra reconocible.

Vamos a necesitar que un especialista en restauracin forense revise esto dijo Daniel, fotografiando el pizarrn desde varios ngulos. Si hay algo escrito debajo de la humedad, tal vez puedan recuperarlo con luz ultravioleta.

En una esquina alejada, Carla encontr lo que parec?a ser una zona de almacenamiento distinta, con cajas de cartn h?medo apiladas contra la pared, la mayor?a deshechas por el tiempo, vac?as o con restos irreconocibles en su interior. Ninguna ofrec?a ninguna pista inmediata, pero el simple volumen de cajas, docenas de ellas, suger?a un uso prolongado del espacio que iba mucho ms all de un incidente aislado.

Cerca de las cajas, medio enterrado bajo un montn de trapos viejos, encontr algo que la detuvo en seco: un peque?o montn de juguetes improvisados, hechos a mano con materiales que no deber?an haber estado disponibles en un lugar como aquel. Una figura tosca tallada en un trozo de madera, con forma vagamente animal. Un nudo de cuerda deshilachada, doblado una y otra vez hasta formar una especie de una pelota. Un botn perdido, pulido por el roce constante de dedos peque?os, como si alguien lo hubiera llevado consigo durante mucho tiempo, guardndolo como un tesoro diminuto en un lugar donde nada ms le pertenec?a.

Rafael.

Su voz debi de transmitir algo distinto esta vez, porque Rafael se acerc de inmediato, detenindose junto a ella para observar el peque?o montn de objetos improvisados.

Alguien intentaba hacerles la vida un poco ms soportable dijo, arrodillndose para examinar la figura tallada sin llegar a tocarla. Esto no lo hizo ning?n cient?fico fr?o pensando solo en resultados. Esto lo hizo alguien con algo de corazn todav?a intacto.

O alg?n ni?o, para otro ni?o.

Rafael levant la vista hacia ella, con una expresin que Carla no supo interpretar del todo, mezcla de esperanza cautelosa y un dolor que no intentaba disimular.

Eso ser?a casi peor, ?no crees? Que ellos mismos tuvieran que consolarse entre s?, sin que ning?n adulto se molestara en hacerlo por ellos.

Carla no respondi, incapaz de encontrar ninguna palabra que sirviera de consuelo ante algo as?. Guard los objetos con cuidado en una bolsa de evidencia aparte, separndolos mentalmente de todo lo dems encontrado en aquel stano, como si merecieran un trato distinto, ms delicado, que el resto de las pruebas fr?as de un crimen sistemtico.

Esto no es un experimento de un solo intento dijo Rafael, todav?a arrodillado junto a una de las jaulas ms peque?as, pasando los dedos sobre las marcas contadas en la pared. Esto lleva a?os funcionando.

?Puedes calcular cuntos, por el desgaste de las jaulas?

Rafael examin el xido acumulado sobre los barrotes metlicos, la profundidad de las marcas de garras visibles en algunos de ellos, el nivel de deterioro general de las cadenas ancladas al suelo.

Al menos cinco a?os. Probablemente ms. Las jaulas ms viejas del fondo tienen un desgaste que no se consigue en menos tiempo.

Cinco a?os de ni?os contando d?as en la oscuridad.

Cinco a?os, como m?nimo.

?Ests bien? pregunt Carla, acercndose.

No. Rafael se puso de pie, con los pu?os apretados a los lados del cuerpo. Y no creo que vaya a estarlo hasta que encontremos a quien hizo esto y me asegure personalmente de que no pueda volver a hacerlo nunca ms.

Vamos a encontrarlos.

Eso espero, Carla. Porque cada minuto que pasa, pienso en cuntos ms como l puede que sigan ah? fuera, en alg?n lugar parecido a este, contando d?as en una pared que nadie ms va a ver.

Daniel se acerc a ambos, guardando su cmara en la funda con un cuidado que contrastaba con la brusquedad de sus movimientos anteriores.

Voy a necesitar que los dos hagis declaraciones formales antes de que termine el d?a. Y Carla, el capitn va a querer hablar contigo directamente sobre el ni?o. Con un caso de esta magnitud, va a haber presin desde arriba para trasladarlo a custodia estatal.

Eso no va a pasar.

No depende de ti, y tampoco depende completamente de m?. Hay protocolos para menores en casos sobrenaturales, y ahora mismo, tcnicamente, l encaja en varias categor?as a la vez: posible v?ctima, posible testigo, y dado lo que pas con el agente que mordi, posible amenaza.

No es una amenaza. Es una v?ctima que no ha tenido ms remedio que defenderse de la ?nica manera que le ense?aron.

Lo s, Carla. Pero convencer de eso a un comit de servicios sociales que nunca ha visto nada parecido va a ser mucho ms dif?cil de lo que crees.

Carla percibi que la frustracin se le acumulaba en el pecho, mezclada con el cansancio de casi veinticuatro horas sin dormir y el peso todav?a fresco de todo lo que acababan de descubrir en aquel stano. Pens en el ni?o, dormido en la habitacin del hospital, con Angel a su lado ense?ndole un zorro de peluche, ajeno enteramente a las decisiones burocrticas que ya empezaban a tejerse alrededor de su futuro.

Voy a luchar por l, Daniel. Con o sin protocolo.

No esperaba menos de ti.

Se quedaron los tres en silencio un momento, rodeando la trampilla todav?a abierta, mientras los tcnicos forenses empezaban a montar el equipo necesario para procesar aquel stano con el nivel de detalle que merec?a. Carla observ cmo colocaban marcadores numerados junto a cada jaula, cmo fotografiaban cada cent?metro de las paredes cubiertas de marcas de conteo, cmo todo aquel horror empezaba a transformarse, pieza por pieza, en evidencia catalogada dentro de un sistema que, con suerte, terminar?a haciendo justicia a quienes hab?an sufrido all? abajo.

Subieron de nuevo a la superficie casi dos horas despus, cargados de bolsas de evidencia, fotograf?as, y una certeza cada vez ms slida de que aquello que hab?an encontrado en la gasolinera abandonada era solo la punta visible de algo mucho ms grande, algo que llevaba a?os operando en las sombras de una ciudad que ni siquiera sospechaba su existencia. El sol de la tarde ca?a ya inclinado sobre el horizonte cuando Carla se detuvo un momento junto al coche, mirando hacia el edificio derruido que apenas unas horas antes le hab?a parecido simplemente el escenario de un crimen ms.

Ya no.

Ahora sab?a que bajo aquel suelo agrietado, generaciones de ni?os hab?an contado d?as en la oscuridad, esperando algo que la mayor?a probablemente nunca lleg a recibir. Y en alg?n lugar de la ciudad, o tal vez mucho ms lejos, la persona responsable de todo aquello segu?a libre, segu?a trabajando, segu?a a?adiendo n?meros a una lista que Carla apenas empezaba a intuir.

Rafael se acerc al coche, todav?a con los restos de tensin visibles en cada l?nea de su cuerpo, y se apoy contra la puerta del copiloto sin llegar a entrar.

Voy a hacer esa llamada ahora dijo. Despus de esto, ya no puedo permitirme seguir posponindola.

?Vas a contarle todo lo que encontramos?

Tengo que hacerlo. Si hay ms stanos como este, repartidos quin sabe dnde, necesitamos ms gente buscando, y necesitamos empezar ya. Rafael se pas una mano por el pelo, con un gesto cansado que Carla reconoc?a cada vez con ms frecuencia en s? misma ?ltimamente. Solo espero que la ayuda que consigamos no termine costando ms de lo que aporta.

?Tan mal te cae esa persona?

No es que me caiga mal. Es que representa una forma de pensar sobre los licntropos que yo llevo toda mi vida intentando evitar que se imponga en mi propia manada. Jerarqu?as r?gidas, control estricto, desconfianza automtica hacia cualquiera que no encaje en el molde. Hizo una pausa, mirando hacia el edificio derruido de la gasolinera, ya iluminado por los ?ltimos rayos de sol de la tarde. Y me preocupa mucho cmo va a reaccionar exactamente ante un ni?o como este, criado fuera de cualquier molde reconocible.

Carla no supo qu responder a eso, as? que simplemente asinti, guardando aquella preocupacin junto a todas las dems que se hab?an ido acumulando a lo largo del d?a. Subi al coche, esper a que Rafael hiciera lo mismo, y arranc de vuelta hacia el hospital, dejando atrs la gasolinera abandonada y todo lo que su stano hab?a revelado, aunque sab?a, con una certeza que no necesitaba ninguna confirmacin adicional, que aquello no era ni de lejos el final de lo que estaban a punto de descubrir.




Ejercicios de vocabulario


Ejercicio 1. Completa las frases con la palabra correcta del vocabulario.

1. Bajo la gasolinera encontraron un espacio ______ oculto bajo una trampilla.

2. Alineadas contra la pared hab?a varias ______ de distintos tama?os.

3. La entrada al stano estaba oculta bajo una ______ metlica cubierta de escombros.

4. Algunas jaulas ten?an ______ ancladas a argollas en el suelo.

5. Uno de los ______ reforzados suger?a que estaba dise?ado para contener a algo fuerte.

6. En la pared, alguien hab?a empezado a ______ l?neas para contar los d?as.

7. El ______ que sub?a desde el stano hizo retroceder incluso a Daniel.

8. Las jaulas ms peque?as mostraban signos de haber estado ______ durante mucho tiempo.

9. La ______ acumulada durante a?os hab?a da?ado buena parte del instrumental mdico.

10. Cada nuevo hallazgo se convert?a en una pieza ms de ______ para el caso.

Ejercicio 2. Relaciona cada palabra con su definicin en ruso.

1. el eco: a) 

2. estremecerse: b) 

3. el instrumental: c) 

4. el desgaste: d) 

5. hacinado: e) , 




Gramtica: Expresar probabilidad y suposicin


Durante la investigacin del stano, Carla y Rafael no tienen certezas absolutas: solo pueden calcular, suponer, estimar. El espa?ol ofrece varias estructuras espec?ficas para expresar ese grado de probabilidad, y este cap?tulo las usa constantemente.




1. Deber de + infinitivo


Se usa para expresar una suposicin lgica, casi una deduccin. Equivale a probablemente o debe ser que.

Ejemplo del texto: Deb?a de medir casi dos metros (en el libro anterior); en este cap?tulo: la profundidad de las marcas deb?a de corresponder a a?os de uso.




2. El futuro de probabilidad


En espa?ol, el tiempo futuro no siempre habla del futuro real: tambin sirve para expresar una suposicin sobre el presente.

?Cuntos a?os tendr? = No lo s con certeza, pero calculo su edad. Tendr seis o siete a?os.




3. Verbos y expresiones de estimacin


Calcular, sospechar, suponer, probablemente, seguramente, con suerte. Todas estas palabras aparecen repetidamente en este cap?tulo porque ninguno de los personajes tiene todav?a pruebas definitivas, solo indicios que hay que interpretar con cuidado.

Ejemplo del texto: Probablemente hace dos o tres a?os, con suerte, alguna huella, sospecho que esto apenas empieza.




Respuestas


Ejercicio 1:

1. subterrneo  2. jaulas  3. trampilla  4. cadenas  5. candados  6. ara?ar  7. hedor  8. hacinadas  9. humedad  10. evidencia

Ejercicio 2:

1-b, 2-a, 3-d, 4-c, 5-e




Cap?tulo 5. N?mero treinta y siete










Vocabulario del cap?tulo


Antes de leer, repasa estas palabras. Son clave para entender la escena.

la placa (de identificacin)  ,  

grabar (un nombre)  ,  ()

viable  

el registro (de datos)  ,  

codificado / codificada  

la carpeta (de documentos)   ( )

el suministro  , 

la tapadera  , 

la orden (judicial)  () 

el rastro (profesional)   (, )

la fachada (profesional)   ,  ()

la afinidad   , 

catalogar  

el indicio  , 

reconocer (a alguien)  ,  (-)

Rafael se alej unos metros del coche para hacer la llamada, aunque no lo suficiente como para que Carla dejara de escuchar fragmentos sueltos de la conversacin, arrastrados por el viento caliente de la tarde.

Necesito que me escuches, no que me interrumpas... S?, s exactamente lo que estoy pidiendo... No, no puedo esperar hasta ma?ana.

Hubo un silencio largo, durante el cual Rafael se pas la mano libre por el pelo, un gesto de tensin acumulada que Carla ya hab?a aprendido a reconocer en l a lo largo de los a?os. Cuando volvi a hablar, su voz hab?a bajado de volumen, aunque no de intensidad.

No me importa lo que pienses de mi manada. Esto va ms all de cualquier rivalidad territorial que tengamos pendiente. Hay ni?os de por medio, Gabriel. Ni?os de verdad, no abstracciones pol?ticas sobre las que discutir en una reunin de l?deres.

Carla sinti que se le erizaba la piel al escuchar aquel nombre por primera vez, aunque no supo todav?a qu significaba exactamente, ni por qu Rafael lo pronunciaba con tanta tensin contenida.

Colg unos minutos despus, con la mand?bula todav?a tensa, y volvi hacia el coche sin ofrecer ning?n detalle sobre lo que se hab?a dicho.

?Y bien? pregunt Carla.

Viene de camino. Llegar esta noche o ma?ana a primera hora.

?Eso es bueno o malo?

Todav?a no lo s.

?Gabriel?

Rafael la mir, sorprendido de que hubiera escuchado el nombre, aunque no pareci especialmente molesto por ello.

Gabriel Navarro. Alfa de una manada mucho ms grande que la m?a, con territorio que se extiende bastante ms all de San Antonio. Tiene recursos que nosotros no tenemos, contactos que nosotros no tenemos, y una forma de resolver problemas que no siempre coincide con la m?a.

?Deber?a preocuparme?

Deber?as estar preparada. Eso es distinto a preocuparte, aunque a veces la l?nea entre ambas cosas es ms fina de lo que me gustar?a.

No a?adi nada ms, y Carla decidi no insistir, sabiendo que Rafael necesitaba tiempo para procesar lo que aquella llamada implicaba, tanto para el caso como para l mismo. Condujeron de vuelta hacia la gasolinera, donde el equipo forense hab?a ampliado bastante su presencia en las ?ltimas horas: ms furgonetas, ms luces porttiles iluminando el interior del stano, ms tcnicos movindose con la eficiencia metdica de quienes sab?an que cada hora que pasaba aumentaba el riesgo de perder pruebas cruciales.

Daniel los recibi junto a la trampilla, con un rostro que Carla ya empezaba a asociar con malas noticias.

Encontramos algo ms. Necesito que lo veis antes de que lo catalogemos oficialmente.

Los condujo de vuelta hacia el interior del stano, ahora mucho mejor iluminado gracias a los focos porttiles instalados por el equipo forense, hacia una mesa plegable donde varios objetos peque?os hab?an sido colocados sobre un pa?o blanco, cada uno con su propio n?mero de evidencia junto a l.

Estaban en una caja separada del resto explic Daniel, se?alando hacia un peque?o montn de placas metlicas, similares entre s?, cada una con un n?mero grabado. Parecen etiquetas de identificacin. Las estbamos catalogando cuando encontramos esto.

Levant con cuidado, usando pinzas forenses, una de las placas, y la gir para que Carla pudiera ver ambas caras bajo la luz de los focos.

M-37.

Carla not que el aire se le quedaba atrapado en el pecho.

Es el mismo formato que las dems continu Daniel, con la voz cuidadosamente neutral, del tipo que empleaba cuando necesitaba mantener la objetividad profesional frente a algo que claramente lo estaba afectando tambin a l. Pero mira el reverso.

Le dio la vuelta a la placa con las pinzas, y Carla se inclin para observar de cerca. Grabado a mano, con trazos irregulares que suger?an prisa, tal vez miedo a ser descubierto, hab?a un nombre.

Teo.

?Puede ser una coincidencia? pregunt, aunque sab?a que la pregunta era prcticamente retrica. ?Otro ni?o con el mismo n?mero?

Encontramos otras treinta y seis placas en la misma caja dijo Daniel, se?alando hacia el resto de los objetos alineados sobre la mesa. Numeradas del uno al treinta y seis. Ninguna de las otras tiene ning?n nombre grabado. Solo esta.

Rafael se acerc tambin, observando la placa con un horror que apenas lograba contener bajo una furia que Carla nunca le hab?a visto expresar hasta ese momento.

Treinta y seis intentos antes de l dijo, en voz baja. Y solo el n?mero treinta y siete lleg lo bastante lejos como para que alguien se atreviera a ponerle nombre.

Eso no significa necesariamente que los otros treinta y seis murieran dijo Carla, aunque la esperanza en su propia voz sonaba dbil incluso a sus propios o?dos. Podr?an haber sido transferidos, vendidos, cualquier otra cosa.

Podr?a ser. Daniel no sonaba convencido. Pero dado lo que hemos encontrado aqu?, las jaulas, las cadenas, el instrumental mdico, no me parece la explicacin ms probable.

Alguien intentaba hacerles la vida un poco ms soportable hab?a dicho Rafael el d?a anterior, frente a los juguetes improvisados del stano, y aquellas palabras volvieron ahora a la mente de Carla con un peso distinto, ms concreto, al ver la placa con el nombre grabado a escondidas.

Carla tom la placa entre sus propios dedos enguantados, sintiendo su peso peque?o y fr?o, pensando en el ni?o dormido en el hospital, en sus cicatrices, en la marca del grillete en el tobillo, en la manera en que hab?a apoyado la frente contra la mano de Rafael horas antes, en aquel gesto de confianza tan frgil y tan valiente al mismo tiempo. Treinta y siete. No un nombre desde el principio, sino un n?mero, hasta que alguien, en alg?n momento de aquel proceso sistemtico y monstruoso, hab?a decidido que aquel ni?o concreto merec?a algo ms.

Voy a encontrar a quien hizo esto dijo, con una calma que no sent?a en absoluto, una calma que reconoc?a como la fachada bajo la cual guardaba la furia ms pura que hab?a sentido en mucho tiempo. Y no me va a importar en absoluto lo que digan sus abogados sobre sus derechos.

Carla...

No, Daniel. No necesito que me recuerdes los l?mites legales ahora mismo. Necesito un minuto para sentir esto antes de volver a ser profesional.

Daniel no dijo nada ms, y Rafael se qued a su lado, en un silencio que Carla agradeci ms de lo que habr?a sabido expresar en voz alta. Se permiti, durante unos segundos, sostener toda la rabia y el dolor que llevaba conteniendo desde la noche anterior, desde el momento exacto en que hab?a visto aquellos ojos ambarinos mirndola desde debajo de una furgoneta abandonada. Despus, respir hondo, devolvi la placa a la mesa con el mismo cuidado con el que la hab?a tomado, y volvi a ponerse la mscara profesional que necesitaba para seguir adelante.

?Qu ms hay en esa caja? pregunt.

Documentos, en su mayor?a ilegibles por la humedad. Un par de fotograf?as, tambin da?adas. Y esto.

Daniel levant una carpeta de plstico transparente, protegida de alguna manera del deterioro general del stano, probablemente porque alguien la hab?a guardado en un contenedor hermtico que solo recientemente hab?a empezado a fallar. Dentro, Carla distingui pginas mecanografiadas, algunas todav?a legibles a pesar del da?o por humedad en los bordes.

?Puedo?

Con cuidado. Los tcnicos todav?a necesitan fotografiarlo todo antes de que salga del stano.

Carla abri la carpeta con manos temblorosas, pasando las primeras pginas con la atencin meticulosa de alguien acostumbrada a leer informes forenses, aunque nada en su entrenamiento la hab?a preparado del todo para el contenido de aquellas pginas concretas. Tablas de datos, columnas de n?meros que correspond?an, seg?n pudo deducir, a fechas de nacimiento estimadas, l?neas genticas combinadas, resultados de transformaciones registrados con una frialdad cl?nica que le revolvi el estmago.

Esto es un registro completo dijo, pasando las pginas cada vez ms rpido. Un registro de todo el programa.

?Hay nombres de responsables?

Todav?a no he encontrado ninguno. Todo est codificado, iniciales, tal vez, o alg?n tipo de sistema de referencia que no reconozco. Carla lleg a la ?ltima pgina legible, donde una tabla incompleta mostraba los ?ltimos registros antes de que la humedad hubiera destruido el resto del documento. Pero mira esto.

Se?al una fila concreta, donde el n?mero 37 aparec?a junto a una serie de anotaciones parcialmente ilegibles: fecha, l?nea gentica, y una palabra que s? se distingu?a con claridad entre el resto del texto da?ado.

Viable.

Lo consideraban un xito dijo Rafael, con un tono cargado de un desprecio que no intent disimular. Un resultado viable. Como si fuera un cultivo de laboratorio, no un ser humano.

Necesito llevarme copias de todo esto dijo Carla, dirigindose a Daniel. Necesito que la doctora Vzquez lo vea. Podr?a ayudarla a entender mejor la fisiolog?a del ni?o, y tal vez encontrar alguna pista sobre quin estuvo detrs del programa.

Voy a pedir que se escaneen todas las pginas legibles esta misma tarde. Tendrs copias antes de que anochezca.

Carla asinti, devolviendo la carpeta a Daniel con el mismo cuidado con el que la hab?a tomado, y se qued un momento ms observando la mesa cubierta de evidencia: las treinta y siete placas numeradas, los frascos vac?os, las jeringuillas oxidadas, todo el instrumental fr?o de un sistema que hab?a tratado a ni?os como productos de un experimento prolongado. Se pregunt cuntas manos distintas hab?an pasado por aquella mesa a lo largo de los a?os, cuntas personas hab?an sabido lo que ocurr?a all? abajo y hab?an decidido, por la razn que fuera, mirar hacia otro lado.

Hay algo ms que deber?as saber dijo Daniel, bajando la voz aunque no hab?a nadie ms cerca lo bastante como para escucharlos. Uno de los tcnicos encontr restos de correspondencia comercial entre las cajas ms da?adas. Facturas, recibos de compra de material. Nada con nombres completos todav?a, pero s? con el nombre de una empresa que aparece repetida varias veces.

?Qu empresa?

Suministros Veterinarios del Sur. Con sede registrada en alg?n lugar de las afueras de la ciudad. Voy a solicitar una orden para investigarla en cuanto tengamos algo ms slido que unas cuantas facturas parcialmente ilegibles.

?Una empresa veterinaria comprando material para esto?

O alguien usando una empresa veterinaria leg?tima como tapadera para conseguir suministros sin levantar sospechas. Jeringuillas, sedantes, material quir?rgico. Todo eso se puede justificar fcilmente si tienes la documentacin correcta y nadie se molesta en investigar demasiado a fondo.

Carla not que aquella informacin se sumaba al resto del peso que ya cargaba desde la noche anterior, otra pieza ms de un rompecabezas que empezaba a sugerir una operacin mucho ms organizada, mucho ms protegida por capas de legitimidad aparente, de lo que hab?a imaginado al principio.

Pens en la pregunta que Rafael hab?a planteado unas horas antes, sobre cuntos ms como aquel ni?o pod?an seguir ah? fuera, y sinti que la respuesta, fuera cual fuera, iba a resultar mucho peor de lo que cualquiera de ellos estaba preparado para asumir.

Voy a volver al hospital dijo finalmente. Necesito estar con l cuando se despierte. Y necesito pensar en cmo voy a decirle, aunque no pueda entender las palabras, que ahora sabemos su nombre.

Rafael la acompa? hasta el coche, con la placa ya guardada en una bolsa de evidencia sellada que Carla llevaba consigo, autorizada expresamente por Daniel para poder compartirla con la doctora Vzquez.

?Vas a contrselo a l? pregunt Rafael, mientras Carla arrancaba el motor. Lo de su nombre, quiero decir.

No s si va a significar algo para l ahora mismo. Pero s?. Voy a dec?rselo. Merece saber que alguien, en alg?n momento de todo esto, lo vio como algo ms que un n?mero.

El trayecto de vuelta al hospital transcurri en un silencio cargado de todo lo que ninguno de los dos hab?a dicho todav?a en voz alta. Carla pens en la palabra viable, en cmo aquel trmino cl?nico, dise?ado para describir experimentos de laboratorio, se hab?a aplicado a un ni?o real, con miedo real, con la capacidad real de aferrarse a la ropa de una desconocida en busca de proteccin. Pens tambin en las otras treinta y seis placas, en los treinta y seis intentos anteriores que probablemente nunca llegar?an a tener nombre alguno, ni justicia, ni ning?n tipo de reconocimiento ms all de un n?mero grabado en metal oxidado.

Cuando llegaron al hospital, encontraron a Angel sentada en el suelo de la habitacin, con las piernas cruzadas, mostrndole al ni?o las pginas de uno de los libros de cartn que hab?a tra?do por la ma?ana. El ni?o segu?a manteniendo la distancia, sentado sobre la camilla con las rodillas pegadas al pecho, pero sus ojos segu?an el movimiento de las pginas con una atencin que Carla no le hab?a visto dedicar a nada ms desde que lo conoc?a.

Ha estado mirando los dibujos durante casi una hora dijo Angel, en voz baja, sin apartar la vista del ni?o. No s si entiende lo que representan, pero parece que le gustan los colores.

La doctora Vzquez entr poco despus, con una tablilla bajo el brazo y la misma expresin de eficiencia contenida de siempre, aunque algo en su forma de moverse suger?a que tambin ella llevaba el peso acumulado de un d?a especialmente largo.

Me dijeron que encontraron documentacin en el stano dijo, dirigindose directamente a Carla. ?Es cierto?

Un registro parcial. Muy da?ado por la humedad, pero legible en algunas partes.

Carla le entreg las copias que Daniel hab?a conseguido adelantarle antes de salir de la gasolinera, y la doctora las examin con la misma atencin cl?nica que hab?a dedicado horas antes al cuerpo del ni?o, pasando las pginas despacio, detenindose de vez en cuando para releer alg?n fragmento con ms cuidado.

Esto confirma varias cosas dijo finalmente, sin levantar la vista de los papeles. La combinacin de l?neas genticas no fue accidental. Siguieron un protocolo espec?fico, ajustando variables entre cada intento. Esto es investigacin aplicada, no experimentacin catica.

?Eso qu significa para nosotros?

Significa que quien dise? este programa ten?a formacin cient?fica real. No es alguien improvisando en un stano por diversin enfermiza. Es alguien que entend?a gentica, que entend?a fisiolog?a licntropa a un nivel que muy poca gente en esta ciudad posee.

?Cunta gente tiene ese nivel de conocimiento en San Antonio?

Contando solo a quienes trabajan legalmente en el campo, podr?a dar con una lista en un par de d?as. Pero si esta persona ha conseguido mantener esto en secreto durante al menos cinco a?os, seg?n sus propios clculos, dudo que aparezca en ninguna lista oficial de fcil acceso.

Angel, que hab?a escuchado la conversacin en silencio mientras segu?a pasando las pginas del libro frente al ni?o, levant la vista con una expresin pensativa.

?Y si no es alguien de aqu?? Quiero decir, ?y si vino de fuera, espec?ficamente para hacer esto sin ser reconocido?

La doctora Vzquez consider aquella posibilidad un momento, con el ce?o ligeramente fruncido.

Es posible. Pero eso complicar?a bastante la investigacin. Necesitar?amos buscar ms all de los registros locales.

Vamos a encontrarlo de todas formas dijo Carla, con una determinacin que no dejaba espacio para la duda. Local o no, alguien con ese nivel de conocimiento deja rastro. Publicaciones acadmicas, formacin universitaria, alg?n tipo de historial profesional. Nadie llega a ese nivel de sofisticacin sin que quede alg?n registro en alguna parte.

Estoy de acuerdo. Pero puede llevar tiempo, y mientras tanto, tenemos a un ni?o real que necesita cuidados reales, hoy, no cuando terminemos de identificar a los responsables.

La doctora se acerc a la camilla, examinando al ni?o desde la distancia prudente que ya se hab?a convertido en rutina entre ambas, y anot algo en su tablilla antes de continuar.

Su estado f?sico general est mejorando ligeramente. Ha empezado a comer algo de la comida que le hemos dejado, aunque solo cuando cree que nadie lo est observando directamente. Es un buen indicio.

?Y su estado psicolgico?

Eso es mucho ms dif?cil de evaluar sin herramientas dise?adas espec?ficamente para un caso como el suyo. No tenemos ning?n precedente cl?nico documentado de un ni?o criado en estas condiciones exactas. Vamos a tener que aprender sobre la marcha, y eso significa cometer errores en el camino.

Carla sinti el peso de aquella honestidad, la incertidumbre real detrs de la fachada profesional que la doctora manten?a casi todo el tiempo, y por primera vez desde que se hab?an conocido esa misma ma?ana, sinti algo parecido a la afinidad genuina hacia aquella mujer que, bajo toda su frialdad cl?nica, parec?a preocuparse tanto como cualquiera de ellos por el bienestar real del ni?o.

Carla se acerc despacio, sentndose en el borde de la camilla, y el ni?o la observ con la misma cautela de siempre, aunque algo en su postura, una tensin ligeramente menor en los hombros, suger?a que empezaba a reconocerla como algo distinto de una amenaza constante.

Tenemos que contarte algo dijo, sacando con cuidado la placa metlica de la bolsa de evidencia, sostenindola de manera que el ni?o pudiera verla sin llegar a tocarla todav?a. Encontramos esto hoy. Tiene tu nombre.

El ni?o mir la placa, sin ninguna reaccin visible al principio, y Carla sinti una punzada de decepcin que se oblig a ignorar. No pod?a esperar que una pieza de metal significara nada para un ni?o que probablemente nunca hab?a aprendido a asociar s?mbolos escritos con conceptos abstractos como la identidad o el nombre propio.

Teo dijo, pronunciando la palabra despacio, se?alndolo suavemente a l mientras lo hac?a. Te llamas Teo.

El ni?o lade la cabeza, el mismo gesto que Carla hab?a visto emplear con Rafael horas antes, y por un instante, algo en sus ojos pareci cambiar, aunque ella no habr?a sabido decir con certeza si aquello era simplemente su imaginacin desesperada por encontrar una se?al de reconocimiento donde probablemente no la hab?a.

Teo repiti Angel, con la misma suavidad, se?alndose a s? misma despus. Angel.

El ni?o no respondi, por supuesto, pero tampoco apart la mirada, y durante un largo momento, la habitacin pareci contener algo cercano a la esperanza, frgil y min?scula, pero real, suspendida en el aire entre los tres.

Carla guard la placa de nuevo con cuidado, decidida a que aquel peque?o trozo de metal, la ?nica prueba de que alguien hab?a visto a Teo como algo ms que un simple n?mero, no se perdiera nunca en los archivos fr?os de ninguna investigacin, sin importar cuntas manadas, cuntos agentes estatales, o cuntas complicaciones burocrticas todav?a estuvieran por llegar.

Se qued un rato ms sentada junto a la camilla, observando cmo Angel continuaba pasando las pginas del libro, cmo el ni?o, Teo, segu?a mirando los dibujos con una atencin que empezaba a parecerse cada vez ms a la curiosidad genuina de cualquier ni?o de su edad. Pens en las treinta y seis placas sin nombre, en todo lo que todav?a no sab?an, en la llegada inminente de Gabriel Navarro y en todo lo que aquella visita probablemente iba a complicar. Pero por primera vez desde que hab?a recibido la llamada de Daniel la noche anterior, permiti que un hilo delgado de esperanza se abriera paso entre tanta oscuridad acumulada.

Teo ten?a un nombre. Y mientras ella pudiera evitarlo, nadie iba a volver a reducirlo a un simple n?mero nunca ms.




Ejercicios de vocabulario


Ejercicio 1. Completa las frases con la palabra correcta del vocabulario.

1. En la caja encontraron treinta y siete ______ metlicas numeradas.

2. Alguien hab?a decidido ______ un nombre en una de ellas, a escondidas.

3. Seg?n los documentos, el sujeto n?mero treinta y siete fue considerado ______.

4. El ______ parcial mostraba fechas, l?neas genticas y resultados.

5. La mayor?a de los datos estaban ______, imposibles de leer sin ms contexto.

6. Dentro de una ______ protegida encontraron pginas todav?a legibles.

7. Una empresa veterinaria podr?a haber servido de ______ para comprar material.

8. Necesitaban una ______ judicial antes de poder investigar la empresa.

9. Alguien con ese nivel de conocimiento cient?fico siempre deja alg?n ______ profesional.

10. Los tcnicos empezaron a ______ cada objeto encontrado en el stano.

Ejercicio 2. Relaciona cada palabra con su definicin en ruso.

1. la fachada (profesional): a)  , 

2. la afinidad: b) , 

3. el indicio: c)  , 

4. reconocer: d) , 

5. el suministro: e) , 




Gramtica: El participio pasado como adjetivo


Este cap?tulo est lleno de participios pasados funcionando como adjetivos: da?ado, codificado, protegida, numeradas, grabado. Vamos a repasar cmo funcionan y por qu son tan ?tiles para describir el estado de las cosas.




1. Formacin


Los participios regulares terminan en -ado (verbos en -ar) o -ido (verbos en -er/-ir): da?ar ? da?ado, proteger ? protegido, cubrir ? cubierto (irregular).

Cuando el participio funciona como adjetivo, concuerda en gnero y n?mero con el sustantivo al que acompa?a: un documento da?ado, una carpeta protegida, unas placas numeradas.




2. La diferencia entre accin y estado


Compara: Alguien da? los documentos (accin, verbo conjugado) frente a Los documentos estaban da?ados (estado resultante, participio como adjetivo). El segundo tipo de frase describe el resultado final de una accin, sin centrarse en quin la realiz.




3. Ejemplos del cap?tulo


Un registro parcial, muy da?ado por la humedad, una carpeta protegida de alguna manera del deterioro, treinta y siete placas numeradas. En los tres casos, el participio describe cmo qued algo, no quin lo dej as?.

Esta estructura resulta especialmente ?til en el lenguaje forense e investigativo, donde a menudo se describe el estado de una prueba sin saber todav?a quin la puso en esas condiciones.




Respuestas


Ejercicio 1:

1. placas  2. grabar  3. viable  4. registro  5. codificados  6. carpeta  7. tapadera  8. orden  9. rastro  10. catalogar

Ejercicio 2:

1-c, 2-a, 3-b, 4-e, 5-d




Cap?tulo 6. La mujer de las cicatrices





Vocabulario del cap?tulo


Antes de leer, repasa estas palabras. Son clave para entender la escena.

el alfa (de la manada)   ( )

la desconfianza  

el recurso (disponible)   ()

negociable / no negociable   /   

la vigilancia  , 

el combate (clandestino)  () 

apostar (dinero)    ()

el cabo suelto   ,  

la cadena de seguridad   

desconfiado / desconfiada  

ocultar (la identidad)   ()

el expediente (policial)  () 

arrancar (una parte del cuerpo)   ( )

condenado / condenada  

la proteccin (personal)  () 

Gabriel Navarro lleg al hospital poco despus de las nueve de la noche, sin ning?n tipo de anuncio previo ms all de una llamada breve de Rafael avisando que ya estaba en la ciudad.

Carla lo vio entrar por el pasillo desde la puerta de la habitacin de Teo, y entendi de inmediato por qu Rafael hab?a sonado tan tenso al mencionarlo. Era un hombre enorme, casi tan alto como Eric, aunque construido de una manera sin reservas distinta: no la elegancia atltica del vampiro, sino una masa muscular pesada, funcional, la de alguien que hab?a pasado dcadas resolviendo problemas con la fuerza bruta cuando la diplomacia no bastaba. Llevaba el pelo oscuro salpicado de canas cortado casi al rape, una barba corta bien cuidada, y una cicatriz que le atravesaba la ceja derecha, blanca contra la piel bronceada.

Se mov?a por el pasillo del hospital con la misma econom?a de gestos que Carla hab?a observado en Rafael durante los ?ltimos dos d?as, aunque en Gabriel aquella cualidad resultaba menos felina y ms depredadora, como si cada paso estuviera calculado para cubrir el mximo territorio posible con el m?nimo esfuerzo visible. Varias enfermeras que pasaban por el pasillo se apartaban instintivamente a su paso, sin que l pareciera darse cuenta siquiera del espacio que generaba a su alrededor.

As? que esta es la nigromante dijo, sin ning?n prembulo, detenindose a un par de metros de Carla con una evaluacin silenciosa que a ella no le gust nada. Rafael me ha contado la versin resumida. Necesito la completa.

Buenas noches tambin para usted.

Algo parecido a una sonrisa cruz el rostro de Gabriel, aunque no lleg del todo a sus ojos.

Perdneme. Los modales no son mi especialidad cuando hay ni?os licntropos apareciendo en escenas de crimen. Prefiero ir directo al problema.

Entonces vamos al problema. Carla cruz los brazos, sin moverse de la puerta de la habitacin. El ni?o se llama Teo. Tiene entre seis y ocho a?os, seg?n los clculos de la doctora que lo est tratando. Fue encontrado anoche junto al cadver de un hombre destrozado por lo que parecen ser garras. Su fisiolog?a combina al menos tres l?neas genticas distintas de licntropo, algo que seg?n Rafael no deber?a ser posible de forma natural. Y en el stano donde probablemente pas gran parte de su vida, encontramos treinta y siete placas numeradas, cada una correspondiente a un sujeto de experimentacin distinto.

Gabriel escuch todo aquello sin cambiar de expresin, aunque Carla not cmo sus manos se cerraban lentamente en pu?os a los lados del cuerpo.

?Y el ni?o es el treinta y siete?

S?.

?Los otros treinta y seis?

No lo sabemos todav?a. Pero dado lo que hemos encontrado, no soy optimista.

Gabriel se qued en silencio un momento, con la mand?bula tensa, mirando hacia la puerta cerrada de la habitacin donde Teo dorm?a, ajeno a la conversacin que decid?a, una vez ms, cuntas personas ms iban a involucrarse en su historia.

Rafael dice que conf?a en usted dijo finalmente. Yo no tengo ese lujo todav?a. Pero voy a ofrecerle mis recursos de todas formas, porque lo que describe es exactamente el tipo de amenaza que ninguna manada puede permitirse ignorar.

?Y a cambio?

A cambio, quiero acceso directo a cualquier informacin que encuentren. Sin filtros, sin retrasos burocrticos. Si hay ms licntropos criados de esta manera ah? fuera, mi gente necesita saberlo tan pronto como ustedes, sin esperar a que la burocracia humana decida cundo es momento de compartirlo.

Carla consider aquella propuesta, sopesando el instinto protector que sent?a crecer cada vez con ms fuerza desde que hab?a conocido a Teo contra la necesidad prctica de contar con todos los recursos posibles para encontrar a quien hab?a hecho aquello.

De acuerdo. Pero el ni?o no es negociable. No va a ninguna manada, no va a ning?n programa de reasentamiento, no va a ninguna parte sin mi consentimiento expl?cito.

Eso vamos a tener que discutirlo ms adelante.

No, Gabriel. Eso no es negociable ahora ni despus.

Se sostuvieron la mirada durante varios segundos, ninguno de los dos dispuesto a ceder terreno, hasta que Rafael, que hab?a permanecido en silencio observando el intercambio, finalmente intervino.

Podemos discutir la custodia cuando sepamos ms. Ahora mismo, lo urgente es encontrar a quien est detrs de esto antes de que produzca un n?mero treinta y ocho.

Gabriel asinti, aunque la tensin entre l y Carla no desapareci por completo, simplemente qued aparcada bajo la urgencia compartida de la investigacin.

?Puedo verlo? pregunt Gabriel, con un tono que sorprendi a Carla por su cambio repentino de registro, menos autoritario, casi vulnerable. Solo un momento. Desde la puerta, si prefiere no dejarme entrar.

Carla lo estudi, intentando calibrar si aquella peticin escond?a alguna otra intencin, pero no encontr nada en su expresin salvo lo que parec?a ser una curiosidad genuina, tal vez incluso una necesidad personal de confirmar con sus propios ojos la magnitud de lo que Rafael le hab?a descrito por telfono.

Desde la puerta. Y despacio.

Gabriel se acerc al cristal de la habitacin, observando la figura peque?a del ni?o dormido bajo la luz tenue de la lmpara nocturna, con un rostro que se suaviz de una manera que Carla no hab?a esperado presenciar en un hombre de su tama?o y reputacin.

Llevo treinta a?os liderando una manada dijo, con la mirada fija del cristal. He enterrado a ms gente de la que me gustar?a recordar. Pero nunca hab?a visto algo as?.

?Eso cambia su forma de pensar sobre l?

Cambia mi forma de pensar sobre cunto tiempo llevamos ignorando algo que deber?a haber sido imposible de esconder durante tanto tiempo.

Se apart del cristal, recomponiendo de inmediato la fachada autoritaria con la que hab?a entrado, y Carla entendi que aquel breve momento de vulnerabilidad no iba a repetirse fcilmente delante de los dems.

Rafael menciona una empresa. Suministros Veterinarios del Sur.

Todav?a estamos esperando la orden judicial para investigarla oficialmente.

Yo no necesito ninguna orden judicial.

Carla lo mir con algo a medio camino entre alarma y curiosidad reticente.

?Qu est sugiriendo?

Que mientras ustedes esperan el papeleo, yo puedo tener a alguien vigilando esa empresa esta misma noche. Legalmente, mi gente tiene tanto derecho como cualquier ciudadano a observar un edificio desde la calle.

Vigilar, no allanar.

Por supuesto. La sonrisa de Gabriel esta vez result todav?a menos convincente que la anterior. Nada que su detective no pudiera aprobar sin problemas.

Daniel, que lleg unos minutos despus, apenas tuvo tiempo de procesar la presencia de Gabriel Navarro en el pasillo del hospital antes de que Carla lo pusiera al d?a sobre el acuerdo alcanzado. Su expresin dej claro que compart?a buena parte de las reservas de Carla, aunque tambin reconoci, con la pragmtica resignacin de un polic?a acostumbrado a trabajar con recursos limitados, que la ayuda adicional probablemente iba a resultar necesaria.

Mientras nadie rompa ninguna ley que yo tenga que procesar despus, no tengo ning?n problema con vigilancia adicional dijo, aunque su tono suger?a que no confiaba del todo en que aquella condicin se fuera a respetar sin fisuras. Por cierto, tengo algo que podr?a interesaros a los dos.

Sac su telfono, mostrando una fotograf?a en la pantalla: un archivo policial antiguo, con la imagen de una mujer de rasgos latinos, pelo negro cortado a la altura de los hombros, una cicatriz visible cruzndole la mejilla izquierda, y una parte notable de la oreja del mismo lado ausente, como si hubiera sido arrancada hace a?os.

?Quin es? pregunt Carla.

Valeria Cruz. Detenida hace ocho a?os por participar en una pelea callejera que termin con tres heridos graves. Los cargos se retiraron porque ninguno de los testigos quiso declarar, pero el expediente qued archivado. Daniel desliz el dedo por la pantalla, mostrando notas adicionales. Lo interesante es que su perfil biolgico, registrado en el momento de la detencin, coincide parcialmente con los patrones genticos que la doctora Vzquez encontr en la sangre de Teo.

Gabriel se acerc para observar la fotograf?a con ms atencin, y algo en su rostro cambi, una tensin distinta a la que hab?a mostrado hasta entonces.

Conozco ese tipo de cicatrices dijo, en voz baja. Y esa oreja no se pierde en una pelea callejera normal. Se pierde en los combates organizados, donde arrancar una parte del cuerpo del oponente cuenta como puntos extra para el p?blico que apuesta.

?Combates organizados?

Peleas clandestinas entre licntropos, a veces entre licntropos y otras criaturas. Ilegales en todos los sentidos posibles, pero extremadamente lucrativas para quien las organiza. Llevo a?os intentando erradicarlas de mi territorio, sin demasiado xito.

Carla tuvo la sensacin de que las piezas empezaban a encajar con una claridad incmoda. Si Valeria Cruz hab?a participado en aquel mundo, y si su perfil gentico coincid?a con el de Teo, tal vez ella supiera algo sobre el origen del programa, sobre quin estaba detrs de la cr?a sistemtica de licntropos destinados a la lucha.

Necesito hablar con ella.

La ?ltima direccin registrada es de hace seis a?os dijo Daniel. Pero mis contactos en la unidad de vigilancia comunitaria creen haberla localizado recientemente, viviendo bajo un nombre distinto en un complejo de apartamentos al sur de la ciudad.

Vamos ahora.

Carla, son casi las diez de la noche.

Y cada hora que perdemos es una hora ms que alguien podr?a estar usando para hacerle da?o a otro ni?o como Teo. No pienso quedarme sentada esperando a que amanezca mientras eso sigue siendo una posibilidad real.

Nadie discuti aquello.

Condujeron hacia el sur de la ciudad en dos coches separados, Carla junto a Daniel, Rafael junto a Gabriel, aunque este ?ltimo insisti en que solo Carla y Daniel se acercaran directamente al apartamento, argumentando que la presencia de dos alfas desconocidos podr?a asustar ms de lo que ayudar?a. Rafael no pareci especialmente satisfecho con aquella sugerencia, pero termin aceptndola con la misma resignacin pragmtica que Daniel hab?a mostrado antes.

El complejo de apartamentos result ser un edificio modesto de dos plantas, con pintura descascarillada y un aparcamiento mal iluminado donde varios coches viejos permanec?an estacionados sin ning?n orden particular. Un letrero medio roto en la entrada anunciaba el nombre del complejo, aunque varias letras hab?an ca?do hac?a tiempo, dejando solo fragmentos ilegibles de lo que en su d?a debi de ser un nombre ms completo.




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   ,     (https://www.litres.ru/book/dzhuls-honig/la-jauria-perdida-74443503/)  .

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