30   .  B2.  
 


     B2           .

 ,    ,     ,   .   ,    ,    : ,   ,    .       .





 

30   .  B2.  



30   

 B2.     




Cmo usar este libro /    


Este libro contiene treinta historias, una para cada tarde de un mes. Est escrito para quienes ya leen en espa?ol con cierta soltura y quieren algo ms de lo que puede darles un manual: historias de verdad, personajes vivos y un espa?ol como el que hablan realmente los nativos, con iron?a, humor, acentos regionales y muchas cosas que se dicen entre l?neas.

           .   ,      -   ,    :  ,     ,       ,   , ,     ,   .

A este nivel, la gramtica ya no es el problema principal. Los tiempos verbales ya los conoces, y el subjuntivo, tambin. Lo dif?cil y lo mucho ms interesante es la distancia entre lo que la gente dice y lo que quiere decir. Dicen que los espa?oles son abiertos y directos. Es verdad. Pero si un compa?ero mira tu trabajo y comenta: Es muy original, ?es un elogio? (No.) ?Y si tu jefe vasco, al que hay que sacarle las palabras con sacacorchos, te dice: No est mal, es una cr?tica? (Todo lo contrario.) Muchas de las historias de este libro juegan precisamente con esa distancia.

       .   ,   .         ,   ,  ,     . ,     .  .         : Es muy original ( ),   ? (.)    -,      , : No est mal (),   ? ( .)         .

Las historias, adems, estn contadas de maneras muy distintas. La mayor?a son relatos normales y corrientes, pero hay un diario, un a?o entero de mensajes de mvil, una serie de indignadas cartas al director de un peridico local y una historia en la que el mismo d?a ocurre dos veces. Algunos finales son felices, otros agridulces, y unos cuantos se quedan abiertos: eso lo decides t?.

    -.    ,   ,     ,        ,           .   ,    ,       .

Como en todos los libros de esta serie, cada prrafo aparece dos veces: primero en espa?ol y despus en ruso. La versin rusa no es una traduccin palabra por palabra, sino una traduccin literaria: cuenta la misma historia en un ruso natural. Intenta leer primero el texto en espa?ol y echar un vistazo al ruso solo cuando de verdad lo necesites. A este nivel, muchas veces descubrirs que no te hace ninguna falta.

     ,    :  -,  -.     ,   :        .        ,     .     ,      .

Despus de cada historia encontrars el apartado Palabras y expresiones: una docena de expresiones que vale la pena recordar. La mayor?a no son palabras sueltas, sino frases hechas, combinaciones fijas, muletillas y per?frasis verbales: esas piezas peque?as y traicioneras del espa?ol que los diccionarios explican mal y que los nativos usan sin pensar. Los sustantivos llevan siempre su art?culo, y cuando el art?culo enga?a, como en el agua, se indica tambin el gnero.

       :  ,   .       ,  ,  , -   :     ,    ,     .     ,  ,   ,   el agua,    .

Cada historia se lee en unos quince minutos. Presta especial atencin a la primera y a la ?ltima. Van juntas.

      .      .  .




D?A 1





No est mal



Mi primera ma?ana en el estudio de arquitectura Arrieta & Goikoetxea era un lunes de marzo y llov?a, cmo no, la mujer de recepcin levant la vista de la pantalla, me sonri y me dijo: ?Egun on! ?Qu, te ha costado encontrarnos, o qu?.

            , , ,          ,   : ?Egun on! ?Qu, te ha costado encontrarnos, o qu?

Por aquel entonces yo llevaba tres a?os en Espa?a. Hab?a limpiado oficinas, hab?a sobrevivido a dos cursos enteros de espa?ol para extranjeros en la Escuela Oficial de Idiomas y hab?a aprobado el DELE B2 con una nota de la que estaba secretamente muy orgullosa. La segunda parte de su frase la entend? ms o menos, aunque no supe qu contestar a aquel o qu del final. Pero la primera estaba clar?sima: me hab?a confundido con otra persona, una tal Egun. As? que le expliqu con mucha educacin, en un castellano impecable, que yo no era Egun, sino Nadia Petrova, pero que aun as? me har?a mucha ilusin trabajar all?.

        .   ,              DELE B2  ,    .         ,    ,     o qu  .       :     - ,   .    ,    ,  ,    ,   ,        .

Me escuch con amabilidad y cara de preocupacin. Luego me lo repiti muy despacio, como a una ni?a: Bue-nos-d?-as. ?Te-ha-cos-ta-do-en-con-trar-nos?. Y a?adi: Roc?o baja ahora mismo.

    - .    ,  : ----. --------?  :   .

Fue mi primera leccin. El espa?ol de mis clases no era el espa?ol que se habla en Bilbao. Egun on no es el nombre de nadie: significa buenos d?as en euskera. Y aquel o qu del final no es una pregunta; en Bilbao lo a?aden a casi todas las frases, como quien echa sal. Roc?o, por cierto, baj veinte minutos despus. Eso tambin lo aprend? ms tarde: ahora mismo es una unidad de tiempo muy flexible.

    .        ,     . Egun on    - ,    -.   o qu      :        ,   . , ,    .     : ahora mismo        .

Roc?o Mrquez result ser la responsable de la oficina: una mujer menuda de unos cuarenta a?os, gaditana, que hablaba a toda velocidad, llevaba anillos de plata en todos los dedos y ten?a una risa que se o?a desde el aparcamiento. Me ense? mi mesa, la cocina, la impresora que solo funcionaba si le hablabas con cari?o y la salida de emergencia. Luego se me qued mirando, pensativa.

   -       .  ,      ,   ,     .     , , ,  ,      ,   .     .

Tu espa?ol es buen?simo, cari?o dijo. Aqu? nos tuteamos todos, por cierto. Todos menos el se?or Goikoetxea. El se?or Goikoetxea trata de usted a todo el mundo. Dicen que hasta a su mujer.

    , ,   .   , ,   . ,   .      . ,    .

Gracias.

 .

No, en serio. Precisamente por eso vas a tener una semana horrorosa.

 ,  . -     .

No entend? qu quer?a decir. El mircoles lo entend?.

  ,     .   .

* * *

El trabajo en s? no era dif?cil. Yo era coordinadora de proyectos: controlaba los plazos, reservaba salas de reuniones, persegu?a a los proveedores y me aseguraba de que la gente que dibujaba edificios bonitos se acordara tambin de cobrarlos. En Rusia hab?a hecho algo parecido durante ocho a?os en una empresa de ingenier?a. Sab?a cmo funcionan los proyectos. Lo que no sab?a era cmo funcionan los bilba?nos.

   .    :   ,  ,      ,    ,        .       -    .  ,   .           .

El martes hubo una reunin con un cliente: un promotor inmobiliario llamado Peralta, que quer?a convertir en viviendas una antigua fbrica de chocolate de Zorrotzaurre. Ten?a una idea. Su idea era pintar el edificio entero de morado, para que la gente piense en el envoltorio de las tabletas de chocolate.

          ,          .    .    ,       ,      .

El se?or Goikoetxea, el socio fundador, escuchaba con las yemas de los dedos juntas. Ten?a sesenta y pocos a?os; era alto, canoso, con una de esas caras tranquilas que invitan a confesarlo todo. Cuando el se?or Peralta termin, asinti despacio.

 , -, ,   .       , ,    ,      .    ,   .

Es una propuesta muy original dijo. Habr que darle una vuelta.

   ,   .       .

Lo apunt con mucho cuidado en mi libreta: PENDIENTE: el Sr. Goikoetxea estudia la fachada morada. Despus de la reunin lo a?ad? al plan del proyecto y se lo mand a todo el mundo.

    : :     .            .

Diez minutos despus, Roc?o estaba de pie junto a mi mesa. Hac?a un esfuerzo enorme por no re?rse.

       .       .

Nadia, mi arma. Punto seis.

 ,  .  .

?La fachada morada?

  ?

No hay ninguna fachada morada. Ni la habr nunca. Muy original quiere decir que le parece un horror. Y habr que darle una vuelta quiere decir que la idea est muerta y enterrada.

    .    .   ,     .       ,      .

?Pero si los vascos tienen fama de ir siempre de frente!

     ,    !

Entre ellos, s?. Si a I?aki le parece que tu tabla es una chapuza, te dice: Tu tabla es una chapuza. Eso es lo fcil. Pero con un cliente delante, aqu? hasta el ms bruto se vuelve diplomtico. Sac una servilleta de papel del bolsillo, la alis sobre mi mesa y traz una raya por el medio, de arriba abajo. A la izquierda escribi Lo que dicen. A la derecha, Lo que quieren decir. Venga dijo. Leccin uno.

    .   ,     ,    :    .    .         .       ,           .     .       .  ,   .   .

* * *

La servilleta se llen enseguida.

  .

Es muy original.  Es horroroso.

Es muy original ( ).  .

Bueno, a ver  Ahora viene la cr?tica. Sintate.

Bueno, a ver (, - 셻).    . .

Ya veremos.  No.

Ya veremos ().  .

Ya si eso  Nunca.

Ya si eso (,  ).  .

Sin prisa, ?eh?  Para ma?ana a primera hora.

Sin prisa, ?eh? (  ).    .

Correcto.  Muy bien.

Correcto ().   .

Me qued mirando la ?ltima l?nea.

    .

?Y cuando algo les gusta de verdad? ?Qu dicen entonces?

    - - ?    ?

Roc?o se ech a re?r.

 .

Nada. Ese es el truco. Aqu?, si no te dicen nada, es que est bien. Un vasco que no protesta ya te est haciendo un cumplido.

 .    .        ,  .    ,   .

Es un idioma muy tonto dije.

   ,   .

No es el idioma dijo Roc?o. Es la gente. Yo llegu de Cdiz hace diecisis a?os. Tard tres en entender que en Bilbao, cuando quedas a las ocho, es a las ocho. No a las ocho y media, como en mi tierra. La primera amiga que hice aqu? tard un a?o entero en dirigirme la palabra.

    ,   .    .       .    ,  :       , ,  .     ,    .  ,    ,      .

* * *

El mircoles, el se?or Goikoetxea se detuvo junto a mi mesa y estuvo un buen rato mirando mi tabla.

             .

Bueno, a ver dijo con amabilidad. Aqu? hay algo que no acabo de ver claro.

 , -     .  -      .

La servilleta estaba en mi cajn. No me hizo falta. Se me subieron los colores.

     .    .    .

La rehago dije.

   ,   .

Ah, sin prisa, ?eh? dijo el se?or Goikoetxea, lo cual, como comprob despus, significaba para ma?ana a primera hora.

 ,   ,    ,           .

Ese d?a me qued hasta las tantas y lo reh?ce todo. Lo organic por colores. A?ad? una pgina de resumen. En el metro, de vuelta a casa, me acord de mi primera clase en la Escuela Oficial de Idiomas, tres a?os antes, cuando no era capaz de deletrear mi propio nombre sin que me temblara la voz. Entonces el problema eran las palabras. Ahora conoc?a las palabras. El problema era todo lo que hab?a entre ellas.

         .   .   .                 ,            .    .    .   ,    .

* * *

El jueves ya estaba casi paranoica. Roc?o me hab?a explicado lo del bote del caf: una lata vieja en la cocina donde cada uno echaba cincuenta cntimos por taza. A quien se tomaba un caf sin pagar nadie le dec?a nada: simplemente quedaba juzgado, en silencio y para siempre. Y quien se serv?a la ?ltima taza ten?a que preparar otra cafetera. La ?ltima taza me la serv? yo. As? que hice caf para todos y fui tomando nota de los pedidos, como una camarera, con mi libreta.

      .    ,   bote del caf      ,       . ,      ,          .      ,    .     .          ,  ,  .

Cortado, sin az?car dijo I?aki, el de clculo de estructuras.

 ,  ,       .

?Lo dices en serio pregunt o quieres decir lo contrario?

     ,   ,      ?

I?aki se me qued mirando un rato largu?simo. Luego dijo muy despacio, como quien le habla a un animal peligroso:

     .  ,     , :

Cortado. Sin. Az?car.

 . . .

Roc?o solt una carcajada tan fuerte que el se?or Goikoetxea sali de su despacho a ver qu pasaba.

   ,       ,  .

* * *

El viernes por la ma?ana le envi al se?or Goikoetxea mi primer informe de verdad: un anlisis completo del proyecto de la fbrica de chocolate, con calendario, riesgos y costes. Hab?a trabajado en l toda la semana. Hab?a revisado cada cifra dos veces y cada frase, tres. Incluso hab?a sugerido con mucha educacin, en una peque?a nota al pie de la pgina nueve, que una puerta de entrada de color marrn oscuro podr?a evocar la historia del edificio sin los riesgos de una fachada completamente morada. De esa frase estaba bastante orgullosa.

                ,  ,   .      .    ,    .            ,   -          ,     .    - .

A la una sali de su despacho con el informe impreso. Se detuvo junto a mi mesa. Toda la oficina se call un poco, como solo saben callarse las oficinas.

        .    .          .

Se?ora Petrova dijo. Pas unas cuantas pginas. En la nueve se detuvo, y algo se le movi en la comisura de los labios. Luego cerr el informe y me mir por encima de las gafas. No est mal.

  ,   .   .   ,      - .          .  No est mal.

Y volvi a su despacho.

      .

Me qued inmvil. No est mal. Despus de una semana entera de trabajo. Ni bien ni mal: un aprobado raspado. Ni siquiera hab?a merecido una cr?tica: as? de anodino era. Me escoc?an los ojos. Me levant, fui con calma al ba?o de mujeres, me encerr y me qued all? de pie, respirando, igual que tres a?os antes me hab?a quedado delante de la puerta del aula.

   . No est mal. .    .  ,      .        .  .  ,     ,         ,        .

Llamaron a la puerta.

 .

?Nadia? Soy yo.

 ?  .

Abr?. Era Roc?o, con dos cafs y una cara que no le hab?a visto nunca: algo muy parecido a la veneracin.

  .             ,       .   -   .

?Te ha dicho no est mal? pregunt.

    no est mal?   .

S?. Y luego se ha ido.

 .   .

Dej las tazas en el borde del lavabo, con much?simo cuidado, como si las manos ya no le obedecieran.

       ,     .

Nadia. Llevo seis a?os trabajando para este hombre. A m? me ha dicho correcto, como mucho, cuatro veces. No est mal no se lo ha dicho nunca a nadie. Ni una sola vez. I?aki lleva once a?os aqu?. I?aki matar?a por un no est mal.

 .       .    correcto    . No est mal         .    .      no est mal.

Entonces ?es bueno?

 ,  ?

Cari?o, un no est mal en boca de un vasco significa que no hay nada que corregir. Viniendo del se?or Goikoetxea, es prcticamente una ovacin con todo el p?blico en pie.

 , no est mal    ,   .           .

Me ech a re?r y ya no pude parar, y luego Roc?o se rio tambin, y las dos nos quedamos all?, en el ba?o de mujeres de Arrieta & Goikoetxea, con nuestros cafs, rindonos, hasta que la chica de recepcin llam a la puerta para preguntar si iba todo bien. Y esta vez supe exactamente qu contestar.

      ,    ,                 ,         ,      .       ,  .

Correcto dije.

 Correcto,   .

* * *

Aquella noche, en casa, saqu la servilleta del bolso y la alis sobre la mesa de la cocina. Misha la ley por encima de mi hombro y se rio un buen rato. Luego cog? un boli y a?ad? una l?nea nueva al final.

            .   ,    ,   .         .

No est mal.  Excelente. (Rar?simo. Guarda esta servilleta.)

No est mal ().  . ( .   .)

Todav?a la tengo. Est pegada en la nevera, debajo de un imn con forma de Guggenheim. Cuando llegu a Espa?a pensaba que aprender un idioma era aprenderse sus palabras. Ahora s que eso es solo la mitad. La otra mitad vive en los huecos que quedan entre las palabras, y ah?, por lo visto, es donde se esconde casi todo el espa?ol.

     .         .     ,  ,        .   ,     .           ,  ,  ?  .




Palabras y expresiones /   


?Egun on!  (.)  ! !

tutear / tratar de usted a alguien    -.   /  

perseguir a alguien    -.,  -. (, )

Es muy original.    (= )

Habr que darle una vuelta.        (=  )

Ya veremos.   (= )

Ya si eso  ,   (= )

Sin prisa.     (=   )

ir de frente     ,  

la chapuza  , ,  -

el bote del caf       

No est mal.   (   = )




D?A 2





Responder a todos



A las 9:47 de un lunes gris de noviembre en Madrid, Javi Romero puls Enviar, se ech hacia atrs en la silla y le dio un sorbo largo y satisfecho al caf. Fue el ?ltimo momento de paz de su d?a.

 9:47         ,          .       .

Aquel correo le hab?a costado casi toda la tarde del domingo. Iba dirigido eso cre?a l a su compa?era y amiga Luc?a, que se sentaba cuatro mesas ms all y se hab?a pasado toda la reunin general del viernes dibujando unicornios diminutos en el margen de la libreta. La reunin hab?a sido sobre el Proyecto Unicornio.

       .            ,                .     .

El Proyecto Unicornio era la visin personal de Pilar Ortega, fundadora y consejera delegada de Gato Creativo, una agencia de publicidad de ciento cuarenta personas que ocupaba las tres ?ltimas plantas de una antigua fbrica de lmparas en Arganzuela. Seg?n el Proyecto Unicornio, la agencia iba a cambiar de nombre y pasar a llamarse GTC (Es ms limpio, dijo la se?ora Ortega), iba a adoptar un nuevo valor corporativo, S ms gato (nadie sab?a qu significaba), y todos los viernes iba a empezar con un c?rculo de energ?a de quince minutos en el que todo el mundo tendr?a que ponerse en corro y decir una cosa que le hiciera sentirse imparable.

      ,             ,          .           GTC ( ,    ),        (  ,   )        ,          ,      .

Javi hab?a escrito cinco puntos. Eran, en su opinin, bastante buenos. El punto uno explicaba con educacin, pero con firmeza, que GTC sonaba a impreso de Hacienda. El punto dos recordaba que la expresin ms famosa del espa?ol con la palabra gato era dar gato por liebre, es decir, enga?ar al cliente, y preguntaba si de verdad era ese el mensaje que la agencia quer?a transmitir. El punto tres calculaba que el c?rculo de energ?a har?a que a la mitad de la oficina le entraran ganas de despedirse y que la otra mitad se despidiera de verdad. El punto cuatro era un chiste sobre la nueva mesa elevable de la se?ora Ortega, del que ya se arrepent?a un poco. Y el punto cinco que hab?a reescrito seis veces era un plan serio y bien argumentado de lo que la agencia deber?a hacer en lugar de todo aquello.

   .   ,   .   ,   ,  GTC     .  ,        gato ()  dar gato por liebre,    ,    ,   ,         .  ,        ,       .                .           ,    ,       .

Hab?a empezado a escribir Luc?a en el campo del destinatario, el ordenador le hab?a sugerido amablemente un nombre que empezaba por L, y l le hab?a dado al Intro sin mirar.

      ,      L,    Enter,  .

El nombre que empezaba por L era Los Gatos (toda la agencia).

  L  Los Gatos (toda la agencia)   ( ).

* * *

Se dio cuenta a las 9:49, cuando la oficina se qued en un silencio que no hab?a o?do nunca. No era exactamente silencio. Era el sonido de ciento cuarenta personas leyendo.

    9:49,      ,   .     .      .

Luego alguien junto a la ventana se rio y lo convirti rpidamente en una tos. Luego otra persona. Luego la cabeza de Luc?a asom por encima de su monitor, con los ojos enormes, y le dijo, solo moviendo los labios, una palabra que no se puede imprimir en un libro para estudiantes de idiomas.

 -          .   -.         ,  ,   ,    - ,        .

Javi mir la pantalla. Mir la l?nea del destinatario. Sinti que el estmago se le ca?a al suelo desde la cuarta planta, atravesaba las tres de abajo y segu?a bajando hasta las v?as del metro.

   .    .            ,     ,    .

Hab?a un botn que dec?a Recuperar mensaje. Lo puls. Una ventanita le inform de que la recuperacin hab?a fallado para 139 destinatarios y hab?a funcionado para uno. Ese uno era Luc?a, que ya lo hab?a le?do.

   .   .   ,      139     .    ,    .

* * *

A las diez, la cosa se desmadr.

    .

Alguien de contabilidad respondi a todos: Por favor, sacadme de esta lista. Alguien de dise?o respondi a todos: A m? tambin. Un redactor joven respondi a todos con un GIF de un caballo cayndose a una piscina, y recibi al instante tambin a todos la respuesta de una tcnica de Recursos Humanos que recordaba la pol?tica de uso responsable del correo electrnico. Entonces catorce personas respondieron a todos para pedir a todos que dejaran de responder a todos.

-    : ,     . -    :  .       ,   ,             ,       .             .

Javi baj corriendo dos plantas hasta Informtica, donde un hombretn tranquilo llamado Rubn se estaba comiendo un bocadillo de calamares.

     ,  IT-,            .

Rubn. Tienes que borrar un correo. De todos los buzones. Ya.

 .    .   .  .

Rubn mastic, pensativo.

  .

?El del gato por liebre?

      ?

S?.

 .

Lo he le?do. El punto dos, buen?simo. Se limpi los dedos. Lo puedo borrar, pero para eso necesito una autorizacin por escrito de la direccin.

 .    .    .   ,         .

Rubn, la direccin es el tema del correo.

 ,       .

Pues entonces tienes un problemilla dijo Rubn, sin ninguna mala intencin, y volvi a su bocadillo.

     ,         .

* * *

Solo hab?a una buena noticia, y Luc?a se la dio junto a la mquina de caf. La se?ora Ortega estaba todo el d?a en Barcelona, presentando una campa?a a un cliente, y su asistente hab?a confirmado que nunca miraba el correo durante una presentacin. Volv?a en el AVE de las 17:30, que llegaba a Atocha poco despus de las ocho.

    ,      .      ,   ,    ,         .     AVE  17:30,       .

O sea, que lo va a leer en el tren dijo Javi. Casi tres horas de wifi y nada que hacer.

 ,   ,   .     ,   .

A no ser dijo Luc?a despacio que el wifi del AVE vaya tan mal como siempre.

  ,    ,    AVE  ,  .

Se miraron. Era una esperanza dbil, pero era la ?nica que ten?an.

 .   ,      .

Javi se pas el resto del d?a barajando opciones. Pod?a despedirse antes de que lo echaran. Pod?a decir que le hab?an hackeado la cuenta, aunque nadie se iba a creer que un hacker hubiera escrito cuatro pginas cuidadosamente argumentadas sobre arquitectura de marca. Pod?a emigrar a Canad. Escribi tres cartas de dimisin distintas y las borr todas. A las cinco ya hab?a elegido la ?nica opcin con un m?nimo de dignidad: se lo dir?a l mismo, a la cara, antes de que ella lo leyera.

    .   ,    .  ,   ,     ,          .    .          .        ,      :    ,  ,    .

* * *

A las 20:05 esperaba en la zona de llegadas de Puerta de Atocha con un caf para la se?ora Ortega, a modo de ofrenda de paz. Solo despus de comprarlo cay en la cuenta de que no sab?a cmo lo tomaba: ?solo, cortado, con leche, con sacarina? El tren lleg con once minutos de retraso. ?ltimamente, para un AVE, eso era casi puntual. Pilar Ortega sali de las primeras: una mujer menuda con un abrigo rojo largo y el mvil en la mano. Iba leyendo.

 20:05       --         .    , ,   ,    : , ,  ,  ?     .     AVE   .             ,    .  .

Levant la vista y lo vio. No pareci sorprendida.

     .    .

Javier dijo. ?Eso es para m??

 ,   .   ?

l le dio el caf.

   .

No sab?a cmo lo tomas. Lo siento. Por todo. Quer?a mandrselo a Luc?a, y la direccin

   ,   . .  .     ,  

El wifi ha ido hoy de maravilla dijo la se?ora Ortega. Por primera vez en la historia de Renfe. Dio un sorbo e hizo una ligera mueca. Lo he le?do tres veces.

    ,    .        .       .      .

Javi esper el final de su carrera profesional.

    .

El punto cuatro es cruel y, adems, falso dijo ella. Mi mesa elevable es estupenda para la espalda y no quiero volver a o?r hablar de ella. Hizo una pausa. Los otros cuatro puntos son verdad.

         ,   .       ,        .   .      .

l abri la boca. No le sali nada.

  ,      .

?Sabes qu me parece curioso? sigui la se?ora Ortega, echando a andar hacia la salida, de modo que l tuvo que seguirla. Hace tres semanas present el Proyecto Unicornio al comit de direccin. Ocho personas. Todos y cada uno me dijeron que era una l?nea muy interesante. Uno me dijo que era valiente. Ninguno me dijo que sonaba a impreso de Hacienda con nombre de estafa. Le ech un vistazo rpido. ?Por qu crees que fue?

 ,    ?    ,   ,      .         .  .  ,     .    .    ,         .       .   , ?

?Porque eres la jefa?

    ?

Porque soy la jefa. Suspir. Cuando diriges una empresa, la gente deja de decirte la verdad. No porque sean malas personas. Porque es ms fcil. Y un buen d?a levantas la cabeza y te encuentras un viernes por la ma?ana en corro, preguntndoles a personas adultas qu les hace sentirse imparables.

    .   .    ,     .  ,   .    .          ,           ,     .

Hab?an salido a la glorieta. Delante de ellos, la fachada iluminada del Ministerio de Agricultura se recortaba contra el cielo de la noche. Hac?a ese fr?o seco que hace en Madrid en noviembre y que se te mete directamente en los huesos.

     . ,    ,      .      ,     .

El punto cinco dijo la se?ora Ortega. El plan. ?De verdad te ves capaz?

  ,    .  .   ?

Yo s?. Creo que s?. Con un equipo peque?o.

 ߅ . , .   .

Bien. Lo diriges t?. Empiezas ma?ana. Quiero una propuesta para el viernes. Sac el mvil, tecle unos segundos y puls un botn con un placer evidente. Listo.

 .   .  .    .    ,   -       .  .

A Javi le vibr el mvil en el bolsillo. Era un correo de Pilar Ortega a Los Gatos (toda la agencia).

     .          ( ).

Javier tiene razn. El Proyecto Unicornio queda cancelado. El c?rculo de energ?a, tambin. A partir de ma?ana, Javier se encarga de lo que venga despus: por favor, echadle una mano. Y, por lo que ms queris, dejad de responder a todos.  P. O.

 .   .    .            . ,   ,   .  . .

Cuando lleg a casa, ten?a cuarenta y tres respuestas. Todas, sin excepcin, iban dirigidas a Los Gatos (toda la agencia).

  ,     ,      .         ( ).




Palabras y expresiones /   


la reunin general    

a no ser que     (+ subjuntivo)

responder a todos   

dar gato por liebre     , ,  

desmadrarse  (.)  - ,  

sacar a alguien de una lista   -.  

despedirse (de un trabajo)     

a la cara   , 

caer en la cuenta de algo  ,  

hacer una mueca  , 

echar una mano a alguien   -.

por lo que ms queris    ,  




D?A 3





La escritora fantasma



Judit Campos hab?a escrito once libros, y en ninguno aparec?a su nombre.

    ,          .

Hab?a sido un futbolista que no hab?a le?do un libro en su vida, un cantante meldico que se hab?a encontrado a s? mismo en Bali, un exministro incomprendido por la historia. Hab?a sido una amazona de competicin, la villana de un reality y una vez inolvidable un perro. Se pasaba horas sentada con aquellas personas, grababa sus voces, aprend?a cmo hablaban y qu chistes contaban, y luego volv?a a su pisito de Lavapis y se convert?a en ellas, sobre el papel. Cuando los libros sal?an, en la portada estaban sus caras, y en los agradecimientos, con suerte, aparec?a ella: mi estupenda editora, Judit.

  ,        ,  ,    ,  ,    .   -,   -       .      ,   , ,       ,              .   ,     ,   ,  ,   :    .

No le importaba. Escribir para otros le pagaba el alquiler, y se le daba bien. El truco, dec?a siempre, era desaparecer del todo.

Ÿ   .     ,      .  ,  ,  ,   .

Su duodcimo libro iba a ser el ms importante. Paco Morales era el cocinero de la tele ms querido de Espa?a; quiz no el de ms talento, pero s? el ms querido. Llevaba veinticinco a?os saliendo los sbados por la ma?ana en Nevera vac?a, alegre y colorado, cocinando platos sencillos para familias normales y corrientes. Y en cada programa, tarde o temprano, volv?a a la misma historia.

        .         ,   ,   .              ,   ,        .              .

Cuando yo era un chiquillo, en Jan dec?a, removiendo algo en una olla, no ten?amos nada. La nevera vac?a. Y mi madre, que en gloria est, cog?a una cebolla y dos patatas y te hac?a un banquete. Eso es cocinar. Cari?o y una cebolla.

    , ,  ,   ,  -  ,      .  .  ,   ,         .    .   .

La editorial ya hab?a elegido el t?tulo: Nevera vac?a, como el programa. Judit hab?a cobrado la mitad de un adelanto muy generoso. La otra mitad llegar?a con el manuscrito.

   :  ,   .      .        .

* * *

Las entrevistas fueron bien. Paco era encantador, generoso, un narrador nato. Le habl del piso helado en invierno, de la bombona de butano que siempre se acababa a mitad de mes, de los famosos andrajos que hac?a su madre los domingos. Y cada vez se le escapaba alguna lagrimilla. Judit lo grababa todo, volv?a a casa y se pon?a a escribir, y la voz le sal?a sola.

  .   , ,  .     ,     ,   ,      ,         ,      .     .   ,     ,     .

Hasta el tercer mes no not nada raro. Y fue una tonter?a, en realidad. Paco hab?a dicho que su colegio era el ms duro de todo Jan, pero cuando Judit lo busc, result que era un colegio religioso de pago, de los de uniforme, lat?n y misa los viernes. Lo coment de pasada en la siguiente reunin, y Paco se rio y le dijo que se habr?a equivocado ella de colegio. Pero cambi de tema un pel?n demasiado rpido.

      -  . .  ,         ,    , ,        ,     .        ,     ,  , ,  .     -  .

Una buena escritora fantasma lo comprueba todo. As? que el fin de semana siguiente Judit cogi el tren a Jan.

   .          .

* * *

Conchi, la hermana mayor de Paco, viv?a en un adosado muy cuidado a las afueras, con porche acristalado y un coche limp?simo. Era farmacutica jubilada, aguda y seca, y solo hab?a aceptado hablar porque Judit le hab?a dicho que quer?a completar unos detalles de contexto.

,   ,       ,        .     ,     ,     ,   ,    -  .

?Nevera vac?a? repiti Conchi, y se rio tanto que tuvo que dejar el caf en la mesa. Hija m?a, nuestro padre era director de sucursal de una caja de ahorros. Nosotros ten?amos la nevera llena. Y todos los veranos nos ?bamos un mes entero a Almu?car.

  ?      ,      .  ,       .     .          ,  .

?Y los andrajos de su madre?

   ?

Mam no sab?a ni fre?r un huevo. Una bell?sima persona. Una cocinera mal?sima. A esa mujer se le quemaba hasta el agua. A Conchi se le suaviz la cara. No. Si quiere saber dnde aprendi Paquito a cocinar, fue en la casa de al lado. En casa de Ftima.

      .  .  .     .    .  .   ,    ,   .  .

Ftima, seg?n result, hab?a llegado a Jan desde Tetun a finales de los a?os cincuenta. Era viuda, sin hijos, y ten?a una cocina diminuta que siempre ol?a a comino, a hierbabuena y a cebolla frita. Desde los siete a?os, Paco se pasaba all? todas las tardes. Ella le ense? a hacer harira, a sacar una sopa de casi nada y un pan que sub?a de verdad. Le dejaba quemar cosas, se re?a de l y se lo hac?a repetir todo.

,  ,        .     ,  ,        ,    .          .        ,         ,    .   - ,       .

La cebolla y las dos patatas dijo Conchi. Esa era ella. Hab?a pasado por cosas que nosotros no podemos ni imaginar. Ella s? que hab?a tenido la nevera vac?a. De verdad.

    ,   .    .   ,     .       .

?Y por qu no la ha mencionado nunca?

        ?

Conchi se encogi de hombros.

  .

Hace a?os, a un productor de la tele se le ocurri que la historia del ni?o pobre funcionaba mejor. Paquito le sigui el juego. Y luego ya era tarde para parar, ?no? Cada a?o la historia crec?a un poco ms. Mir a Judit por encima de las gafas. Usted no ha venido solo a completar detalles, ?verdad?

    -    ,       .  .      , ?      .       .        , ?

* * *

En el tren de vuelta a Madrid, Judit no escribi ni una palabra. Iba mirando por la ventanilla los olivares a oscuras y dndole vueltas a qu hacer.

         .  ,          .

Pod?a escribir el libro exactamente como Paco quer?a. Nadie se iba a enterar. Conchi le hab?a dicho que jams hablar?a con la prensa: No voy a hundir a mi hermano por unos andrajos. Cobrar?a la otra mitad del adelanto, saldr?a por fin de los n?meros rojos y a lo mejor hasta podr?a permitirse unas vacaciones. Las escritoras fantasma no tienen opinin. Es el oficio. Desaparecer del todo.

     ,   .    .  ,       :       - - .     ,         ,  ,     .     .  .  .

O pod?a negarse, dejarlo y perder el dinero, y la mentira la escribir?a otro de todas formas.

   ,            - .

En alg?n momento, ya pasado Despe?aperros, se dio cuenta de que hab?a una tercera opcin. Era ms arriesgada que las otras dos. Abri el porttil y estuvo escribiendo hasta que el tren entr en Madrid.

-     ,    .   .     ,      .

* * *

El lunes por la ma?ana fue a ver a Paco a su restaurante, antes de que abriera. Estaba solo en la cocina, picando cebolla; dec?a que le relajaba. Judit no le dijo nada de Jan. Solo le tendi seis folios impresos.

  ,  ,      .          ,    .      .      .

Primer cap?tulo nuevo le dijo. Dime si he pillado tu voz.

   ,   .  ,   ?

El cap?tulo empezaba as?: La primera persona que me quit el hambre de verdad no fue mi madre.

  : ,  -  ,   .

Hablaba de un ni?o de siete a?os subido a una silla en una cocina diminuta, en la casa de al lado. De una mujer con mucho acento y manos fuertes, que lo hab?a perdido casi todo y que le ense? a un ni?o de buena familia que la comida no va de dinero, sino de atencin. De comino y cebolla, de cosas quemadas y de volver a empezar. Judit lo hab?a escrito con la voz de Paco, exactamente con su voz, con sus chistes, con su ritmo. Nunca hab?a escrito nada mejor.

     ,        .        ,          ,       ,   .    ,     ,   .         ,      .      .

Paco ley de pie, con el cuchillo todav?a en la mano. Hacia la mitad, dej el cuchillo. Cuando termin, tard mucho en levantar la vista.

  ,    .     . ,     .

Has estado con Conchi dijo al fin.

    ,    .

S?.

 .

Siempre he querido contarlo bien. Todos los a?os me lo propon?a. Y todos los a?os parec?a que Neg con la cabeza. A los productores les encantaba lo del ni?o pobre. Al p?blico le encantaba. Y Ftima muri en el 98, as? que ?a quin le hac?a da?o?

       .   .    ,     .       .  .      ,       ?

A ella dijo Judit en voz baja. Si ests en esta cocina, es gracias a ella. Y nadie sabe su nombre.

 ,    .         .      .

Paco se sec los ojos con el dorso de la mano, y esta vez, not ella, no era para la cmara.

     ,    ,  ,   .

En la editorial les va a dar algo dijo.

     ,   .

Seguramente.

  .

Ya han impreso los carteles.

    .

Los carteles se vuelven a imprimir.

   .

Se qued un buen rato mirando las pginas. Luego cogi el mvil, y Judit le oy decir:

    .   ,   :

?Beln? Soy Paco. Sintate, anda. Tenemos que hablar del t?tulo.

 ?  . -.     .

* * *

El libro sali el oto?o siguiente con un t?tulo nuevo: La cocina de Ftima. Algunos peridicos fueron duros con el cambio de versin; la mayor?a, no. Vendi ms que cualquier libro que Judit hubiera escrito nunca, y la siguiente temporada del programa se rod en parte en Marruecos, en el pueblecito de monta?a, cerca de Tetun, donde hab?a nacido Ftima.

      :  .       ,    .       ,        ,     ,   .

El nombre de Judit, por supuesto, no aparec?a en la portada. Pero en la primera pgina, debajo de la dedicatoria, hab?a dos l?neas que ella ley en la librer?a de la estacin de Atocha, de pie, sin quitarse el abrigo.

   , ,  .    ,  ,   ,           ,   .

Para Ftima, que me quit el hambre.

,   .

Y para Judit, que me dej contar la verdad.

 ,     .

Por primera vez en doce libros, la escritora fantasma no hab?a desaparecido del todo. Descubri que tambin pod?a vivir con eso.

       .  ,        .




Palabras y expresiones /   


los agradecimientos   ( )

el adelanto   ()

salirle a alguien solo    ,  

comentar algo de pasada   -. 

cambiar de tema   

el adosado  ,     

que en gloria est   / 

seguirle el juego a alguien   -.

salir de los n?meros rojos     ( )

darle algo a alguien  (.)  , 

quitarle el hambre a alguien   -. ,  

no saber ni fre?r un huevo  (.)    




D?A 4





O?do en el caf



Debo aclarar desde el principio que no suelo escuchar conversaciones ajenas. Eso no es del todo cierto. Di clases de Ling??stica en la Universidad de Salamanca durante cuarenta y un a?os, los ?ltimos veinte como catedrtico, y escuchar conversaciones ajenas era, en cierto modo, mi oficio. Y las viejas costumbres cuesta mucho quitrselas.

  :       .    .         ,    ,     ,   ,  .       .

Desde que muri mi mujer y me jubil, me tomo el caf de media ma?ana en un local peque?o llamado El Tintero, bajo los soportales de la Plaza Mayor. Me siento en la mesa de la ventana con un peridico que rara vez leo, y escucho. Estudiantes, turistas, padres agotados, dos hermanas mayores que llevan desde 2019 discutiendo sobre la receta familiar del hornazo. Para un hombre como yo, es mejor que la televisin.

          ,            ,   -.        ,   ,  . , ,  ,   ,   2019             .       .

El martes en cuestin, una pareja joven se sent en la mesa de al lado. Ella tendr?a unos veinticinco a?os, el pelo corto y oscuro y una libreta llena de psits de colores; l era algo mayor, largo y flaco, con la energ?a nerviosa de quien toma demasiado caf. Pidieron dos cafs con leche y una porcin de tarta de queso para compartir, y luego ella abri la libreta y dijo con toda claridad:

         .     :   , ,    .    ,   ,    ,     .           ,         :

A ver. Los metemos en la cmara acorazada, cerramos la puerta y tienen sesenta minutos.

 , .    ,  ,     .

Pas una pgina del peridico.

   .

* * *

Un ling?ista no saca conclusiones precipitadas. Un ling?ista recoge datos. Cmara acorazada pod?a significar muchas cosas: una bodega, una cripta, un banco. Cerrar la puerta era, lo reconozco, menos ambiguo. Aguc el o?do.

    .   .        , , .   , ,   .   .

?Y si intentan salir antes? pregunt el joven.

      ?    .

No pueden. Sin el cdigo, no. Y el cdigo est escondido en los libros del profesor.

  .    .      .

?Qu profesor?

  ?

El profesor. El viejo. Necesitamos a alguien que d el pego de verdad: pelo canoso, barba, gafas, americana de tweed. Alguien que les inspire confianza.

   . .   -,  -   :  , , ,  . -,   .

Yo tengo el pelo canoso, barba y gafas. En aquel preciso momento llevaba una americana de tweed. Baj el peridico un cent?metro.

   ,   .         .     .

* * *

Considere usted, si es tan amable, las pruebas tal y como se me presentaban. Una cmara acorazada. Una puerta cerrada con llave. Un l?mite de tiempo estricto. Un hombre mayor en quien hay que confiar y a quien, presumiblemente, se enga?a. Subray mentalmente las construcciones modales. Necesitamos a alguien. No pueden salir. Tienen sesenta minutos. Hab?a en su gramtica una seguridad inquietante. Aquella gente no especulaba. Aquella gente planificaba.

,  ,    ,     . .  . Ƹ  .  ,      ,   , .      .   -.    .    .      .    .   .

?Cunto cobramos? pregunt el joven.

  ?    .

Veinticinco por cabeza. Grupos de seis. Si los fines de semana hacemos cuatro pases al d?a Hizo una cuenta rpida en la libreta. Salen ms de mil euros por fin de semana.

    .   .               ,       .

Pases, pens. Grupos. ?Extorsin? ?Una red organizada que encierra a turistas en un stano y solo los suelta previo pago? Sonaba absurdo. Pero yo hab?a le?do los peridicos que no leo. Y en una ciudad donde miles de turistas se pasan la ma?ana buscando una rana en una fachada, se han visto cosas ms raras.

,   . . ?  ,          ?  .     ,   .   ,         ,    .

?Y el piso del profesor? pregunt el joven. ?Cundo podemos entrar?

   ?    .     ?

El jueves. El casero nos da las llaves. Tenemos que ser rpidos: sacar los muebles viejos, montar las estanter?as falsas, esconder las pistas.

  .    .   :   ,    ,  .

Pistas. Una palabra curiosa en boca de un delincuente: normalmente las deja, no las esconde. Tom nota.

  -   ,   .     :    ,   .   .

* * *

Voy a contar con sinceridad lo que pas despus, aunque no me enorgullezca. Un hombre sensato se habr?a terminado el caf y se habr?a ido a casa. Un hombre valiente habr?a ido a la polic?a. Yo no hice ni una cosa ni la otra. En lugar de eso, hice lo que cuarenta a?os de vida acadmica me hab?an ense?ado: formul una teor?a y me enamor perdidamente de ella.

 ,   ,      .        .      .       .     ,        :        .

La teor?a era la siguiente: la pareja pensaba alquilar un piso, llenarlo de libros falsos, atraer all? a grupos de seis personas con la ayuda de un viejo profesor de aspecto respetable, encerrarlos en una cmara acorazada y cobrarles veinticinco euros a cada uno por salir. La joven era claramente el cerebro. El joven era el m?sculo, si es que se le pod?a llamar musculoso, que no se pod?a.

  .    ,    ,             ,              .    .    ,      ,    .

Era una teor?a rid?cula. Lo sab?a ya mientras la iba armando. Pero llevaba tres a?os solo, y en ese tiempo no me hab?a pasado gran cosa, y de pronto ten?a un misterio sentado en la mesa de al lado, con tarta de queso.

  .   ,    .      ,         ,             .

Entonces la joven levant la vista, directamente hacia m?, y le dijo a su acompa?ante en voz baja, aunque se la o?a perfectamente:

              ,    :

No mires. El se?or de la ventana. Ese ser?a perfecto.

  .   .    .

* * *

Hay momentos en la vida de un hombre en los que debe elegir entre la dignidad y la supervivencia. Eleg? la dignidad. Dobl el peridico, me termin el caf, me levant y di los dos pasos que me separaban de su mesa.

    ,       .   .  ,  ,        .

Disculpen dije. Me temo que lo he o?do todo.

 ,   .  ,   .

Los dos se miraron. El joven se puso plido. La joven, en cambio, sonri: una sonrisa amplia, encantada, que no ten?a nada que ver con la de una delincuente pillada in fraganti.

 .   .      ,  ,      ,   .

?Ay, genial! dijo. As? no tenemos que preguntrselo. ?Le apetecer?a?

 , !   .       .   ?

?Apetecerme repet? exactamente qu?

   ,   ,   ?

Hacer de profesor. Es un escape room. Vio mi cara. Ya sabe, un juego. La gente paga para que la encierren en una habitacin llena de enigmas, y tiene una hora para encontrar las pistas y descifrar el cdigo. El nuestro se llama El despacho del profesor. Un viejo profesor chiflado ha escondido una frmula secreta en su biblioteca, y los jugadores tienen que encontrarla antes de que vuelva. En principio ?bamos a usar una grabacin de su voz, pero con una persona de verdad quedar?a much?simo mejor. Solo al principio. Cinco minutos, disfrazado, para meterlos en ambiente.

  .  -.     .  , , .  ,     ,  ,     ,      .    .         ,        .       ,        .   .  ,  ,   .

Disfrazado dije con un hilo de voz.

  ,     .

Si ya va disfrazado dijo el joven, al que le hab?a vuelto el color a la cara.

     ,    ,    .

* * *

Ella se llamaba Irene y l, Pablo. Se hab?an conocido en la facultad, estudiando Filolog?a Hispnica cosa que me alegr o?r, y los dos hab?an decidido que prefer?an dise?ar enigmas a escribir trabajos sobre ellos. Llevaban dos a?os ahorrando para aquello. La cmara acorazada era un trastero debajo de la escalera, pintado como la caja fuerte de un banco. Los libros del profesor eran trescientos libros de bolsillo de segunda mano, comprados al peso.

Ÿ  ,   .    ,    ,      ,    ,    ,     .      .     ,    .         ,   .

Les expuse mi teor?a. No me dej nada: las construcciones modales, la palabra pases, la palabra pistas, mis sospechas sobre la falta de m?sculo del joven. Irene se rio tanto que vino la camarera a preguntar si todo iba bien. Pablo se lo tom ms a pecho.

    .       ,   ,   ,       .   ,    ,    .      .

En realidad, es una leccin dije, cuando ella se recuper. Me he pasado toda mi vida profesional explicando a mis alumnos que las palabras sin contexto no significan nada. Encerradlos en la cmara acorazada es un delito en una situacin y un cumplea?os infantil en otra. Y aqu? me tienen, veinte minutos sentado y olvidando todo lo que he ense?ado.

 -  ,   ,   .      ,       .         ,       .          ,  - .

Entonces, ?eso es un s?? pregunt Irene.

   ?   .

Pens en mi piso vac?o. Pens en el peridico que nunca leo.

     .   ,    .

Es un s? con condiciones dije. Tengo mis exigencias.

    ,   .     .

Dispare.

 .

Quiero escribir mi propio texto. Y quiero una barba mejor. Esta es autntica, y me dicen que le falta dramatismo.

    .    .  ,   ,     .

* * *

Nuestro escape room, El despacho del profesor, abri en marzo. Salgo los sbados y los domingos al principio de cada partida, cuatro veces al d?a, con un abrigo largo y una esplndida barba postiza que Irene encarg por internet. Con la voz que antes usaba para explicar el Cantar de mio Cid, informo a los jugadores de que tienen exactamente sesenta minutos antes de que yo vuelva, y luego cierro la puerta con llave.

 -     .          ,    ,        ,     . ,  -       ,   ,         ,      .

Algunos son antiguos alumnos m?os. Siempre se quedan encantados y un poco asustados. Reconozco que eso me divierte ms de lo que probablemente deber?a.

      .       . ,    , , ,  .

Y entre semana sigo sentndome por las ma?anas junto a la ventana de El Tintero a escuchar. Pero ahora tengo ms cuidado con las historias que me monto. El contexto, como siempre les dec?a a mis alumnos de primero, lo es todo. Han hecho falta dos veintea?eros y una porcin de tarta de queso para recordrmelo.

    -        .      ,    . ,     ,   .       ,     .




Palabras y expresiones /   


quitarse una costumbre    

jubilarse    

sacar conclusiones precipitadas    

aguzar el o?do   , 

dar el pego  (.)  ,   

la cmara acorazada    ( )

previo pago   ,  

tomar nota   ,   

pillar a alguien in fraganti   -.  

con un hilo de voz   ,  

tomarse algo a pecho   -.   

?Dispare!  (.) ! !




D?A 5





Una estrella



La primera rese?a apareci un mircoles de febrero, por la ma?ana, y Marco Bellini la ley de pie en la cocina de su restaurante de Granada, todav?a con el abrigo puesto.

    ,  ,            ,    .

?????  Carmen_B

?????  Carmen_B

El minestrone lleg a la temperatura de una tarde templada de primavera. El pan era de ayer, posiblemente de anteayer.

   ,     .   ,  ,  .

El camarero fue encantador y no me mir ni una sola vez. Una estrella por las vistas a la Alhambra, que no son mrito del restaurante.

         .       ,    .

Marco la ley dos veces. Luego se quit el abrigo, fue a la panera, cogi un panecillo y lo apret con el pulgar. Era, tuvo que reconocerlo, de ayer.

   .   ,    ,        . ,  ,  .

* * *

Nonna Lucia llevaba seis a?os abierto. Marco le hab?a puesto el nombre de su abuela, que hab?a cocinado en un pueblo cerca de Npoles hasta los noventa a?os y que estaba convencid?sima de que echarle nata a la carbonara era un pecado que deber?a castigarse con la muerte. El restaurante iba bien. Ten?a buenas rese?as, una clientela fiel y, en la Carrera del Darro, una mesa junto a la ventana desde la que se ve?an las murallas rojizas de la Alhambra. Marco estaba orgulloso de l. Quiz, pensar?a ms tarde, demasiado orgulloso.

    .      ,             ,      ,   .   :  ,        --    ,      .   .  ,   ,  .

La segunda rese?a lleg el mircoles siguiente.

     .

?????  Carmen_B

?????  Carmen_B

El tiramis? ten?a la consistencia de una esponja de ba?o mojada y la personalidad de una declaracin de la renta.

      ,      .

Me dijeron que era casero. Me encantar?a conocer la casa.

 ,   .      .

Y la tercera, una semana despus.

     .

?????  Carmen_B

?????  Carmen_B

El risotto era correcto. La correccin se le exige a un inspector de Hacienda. A un risotto se le exige amor.

  .     .    .

* * *

El personal estaba indignado. Inma, la jefa de sala, quer?a denunciar la cuenta en la plataforma. Toni, el cocinero joven, quer?a averiguar dnde viv?a Carmen_B para, seg?n sus palabras, ir a tener una charlita con ella. Marco dijo que no a las dos cosas. En lugar de eso, como propietario, escribi una respuesta debajo de cada rese?a: educada, profesional, de esas que te ense?an en los cursos para hosteleros. Estimada Carmen: muchas gracias por sus valiosos comentarios. Lamentamos que su visita no haya estado a la altura de sus expectativas. Esperamos tener el placer de recibirla de nuevo muy pronto.

   . ,  ,        . ,  ,  ,   Carmen_B, ,   ,    .      .            , , ,      .  !      .  ,       .         .

A la semana siguiente lleg una cuarta rese?a. Debajo, Carmen_B hab?a a?adido una breve respuesta a la respuesta de l.

    .   Carmen_B      .

Estimado se?or Bellini: sus respuestas son como su risotto, correctas en cada detalle y completamente sosas. Vuelvo el martes.

  ,      :       .    .

Marco solt una carcajada, solo en su despacho, por primera vez en un mes. No fue una risa agradable, pero s? sincera. Fuera quien fuera Carmen_B, escribir sab?a.

  ,    ,   .      ,  .      Carmen_B,   .

* * *

Repas el libro de reservas. Las rese?as sal?an siempre los mircoles, as? que deb?a de comer los martes. No hab?a nada a nombre de Carmen, ni siquiera con B. O sea, que ven?a sin reservar. Le pregunt a Inma por las comidas de los martes.

   .       ,    .        -    . ,   .      .

Inma se qued pensando un momento.

   .

Hay una se?ora mayor dijo despacio. Viene sola. Se sienta siempre en la mesita de al lado de la puerta de la cocina, nunca en la ventana. Llega a la una y media, cuando aqu? solo comen los guiris. Pide sopa, luego algo ms, luego postre. Tarda unas dos horas. Paga en efectivo. Frunci el ce?o. Mira, Marco, es que nosotros bueno, ella va muy despacio, no pide mucho, y los martes, a partir de las dos, esto se llena con la gente de los juzgados de Plaza Nueva. No le hacemos mucho caso, la verdad.

    ,    .   .         ,    .    ,      .  ,  - ,  .   .  .   .   , ,  ,     ,  ,               -.        .

Le vinieron a la cabeza aquellas palabras el camarero fue encantador y no me mir ni una sola vez, y Marco sinti que algo desagradable se le mov?a en el pecho.

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* * *

El martes no se qued en la cocina. A la una y media entr, huyendo de la lluvia, una mujer menuda y muy derecha de unos ochenta a?os, cerr un paraguas de cuadros con enorme precisin y se sent en la mesita junto a la puerta de la cocina. Ten?a el pelo blanco cortado muy corto, un pa?uelo de seda y los ojos claros y penetrantes de un pjaro que lo ha visto todo y al que ya casi nada impresiona.

      .   ,   ,  ,     ,             .        ,       ,          .

Marco le llev la sopa l mismo. Tambin la hab?a hecho l mismo, a las seis de la ma?ana, con la receta de su abuela, y la hab?a probado nueve veces.

    .         ,   ,     .

Minestrone dijo, dejando el plato en la mesa. Esta vez caliente. Y el pan ha salido del horno hace veinte minutos.

 ,   ,  .     .        .

Ella mir la sopa. Luego levant la vista hacia l y lo mir un buen rato, y se le movi lev?simamente la comisura de los labios.

   .        ,       .

Se?or Bellini dijo. Me ha pillado.

  ,   .    .

?Puedo sentarme?

  ?

El restaurante es suyo.

  .

* * *

Se llamaba Carmen Bustos. Hac?a cuarenta a?os, le cont, hab?a sido cr?tica gastronmica en un gran peridico nacional, cuando a los cr?ticos todav?a se les ten?a miedo, se?or Bellini, en lugar de seguirlos en las redes. Hab?a comido en todas las grandes cocinas de Europa. Hab?a hecho llorar a cocineros, y una vez, en Lyon, un cocinero la hab?a hecho llorar a ella, con un pollo tan perfecto que todav?a so?aba con l.

Ÿ   .   ,  ,             ,  ,       .       .     ,  ,  ,         ,         .

Su marido, Ricardo, la hab?a acompa?ado a todas partes. Hab?a muerto hac?a cuatro a?os. Desde entonces, dijo con la misma voz seca, hab?a aprendido algo sobre lo que es ser una mujer mayor que come sola.

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Te vuelves invisible. No por maldad. Nadie lo hace queriendo. Te sientan junto a la puerta de la cocina, te traen la comida y se olvidan de que ests ah?. Es un poco como ser un mueble. Prob la sopa, despacio, examinndola. As? que volv? a escribir cr?ticas. ?Y sabe una cosa, se?or Bellini? Es usted la primera persona en cuatro a?os que me ha contestado. Aunque haya sido a?adi con esa jerga espantosa de cursillo.

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El tiramis? dijo Marco. ?De verdad era tan malo?

 ,   .      ?

Peor. Fui benvola.

 .    .

l se ech a re?r. Ella no, pero se le rieron los ojos.

 .   ,     .

La sopa dijo, dejando la cuchara est muy buena. ?Es de su abuela?

 ,   ,  ,   . ?

?Cmo lo sabe?

   ?

Porque sabe como si alguien la hubiera cuidado. Cosa que, lamento decirlo, no puede decirse del risotto.

      ,    - . ,  ,    .

* * *

Estuvieron hablando hasta las cinco y media, mucho despus de que se marchara la gente de los juzgados. Antes de que ella se fuera, Marco le hizo una pregunta que llevaba toda la tarde rumiando. En primavera quer?a cambiar la carta. ?Estar?a dispuesta sab?a que era una peticin extra?a a venir antes, probarlo todo y decirle la verdad?

    ,     .     ,   ,     .     .       ,   ,   ,      ?

Carmen Bustos abri el paraguas con la misma precisin con la que lo hab?a cerrado.

      ,    .

Vendr con una condicin dijo. Que no sea junto a la puerta de la cocina.

    ,   .      .

* * *

Ahora, todos los martes, en la mesa de la ventana la de las vistas a la Alhambra hay un cartelito que dice Reservado. Carmen llega a la una y media. Marco cocina para ella, luego se sienta con ella a tomar un caf, y ella le dice sin piedad todo lo que falla en sus platos. La mitad de la nueva carta de primavera fue idea suya. El tiramis?, Marco lo reinvent desde cero.

         ,    ,    .     .     ,      ,     ,      .       .    ,  .

En mayo apareci una rese?a nueva en la plataforma. Inma la imprimi y la peg en la pared de la cocina, al lado de una foto de nonna Lucia.

      .             .

?????  Carmen_B

?????  Carmen_B

Cuatro estrellas. Cinco no las doy nunca. Las cinco estrellas estn reservadas a Dios y al arroz con setas de mi difunto marido, y el se?or Bellini se acerca peligrosamente a lo segundo.

 .     .              ,       .

El camarero me ha mirado. Varias veces.

   .  .




Palabras y expresiones /   


la rese?a  , 

ser mrito de alguien   -. 

la clientela fiel   

estar a la altura de las expectativas   

denunciar  ,   

no hacerle mucho caso a alguien     -.  

fruncir el ce?o  

pillar a alguien  (.) ,  -.

no por maldad    

rumiar algo  ,  -.

sin piedad  

estar reservado a alguien     -.




D?A 6





Espere, por favor



Bienvenido a Energ?a Peninsular. Su llamada es muy importante para nosotros. En este momento ocupa usted la posicin catorce en la cola de espera. Por favor, no cuelgue.

    .      .       . ,   .

Luego empez la m?sica. Era Vivaldi: los treinta primeros segundos de La primavera, tocados en algo que sonaba a teclado de juguete, una y otra vez, por los siglos de los siglos.

  .      ,   -   ,   ,   .

lvaro Sancho puso el manos libres, dej el mvil en la mesa de la cocina de su piso de Delicias, en Zaragoza, y mir la carta que ten?a al lado. Seg?n ella, le deb?a a Energ?a Peninsular tres mil ciento doce euros por un solo mes de luz. lvaro viv?a solo en un piso de dos habitaciones. Ten?a un porttil, un hervidor de agua y una nevera casi siempre vac?a. A no ser que la nevera estuviera minando bitcoines a escondidas, aquello ten?a que ser un error.

    ,          ,  ,      .   ,            -  .      .    ,    ,   .       ,    .

Se hab?a cogido el d?a libre para esa llamada. Se hab?a preparado un t. Estaba listo.

     .   .   .

* * *

A las 10:43, despus de cuarenta minutos de Vivaldi, la m?sica se cort con un clic. Se oy un chisporroteo. Y luego una voz no grabada, sino de verdad, de hombre mayor y con un acento gallego cerrado como l solo dijo:

 10:43,    ,    .   .      ,  ,         :

?Hola? ?Hola? ?Hay alguien ah?, home?

 ? ?    ?

lvaro cogi el mvil.

  .

?S?! ?Hola! S?, soy una persona. ?Es Energ?a Peninsular?

 ! ! ,  .   ?

Dios me libre. Eso mismo le iba a preguntar yo. Una pausa. Estoy esperando a que me atienda esta gente. Dos horas y diez minutos llevo. Y de repente se corta la m?sica y sale usted.

  .         .  .   ,    .    .        .

Yo tambin estoy esperando. Llevo cuarenta minutos.

   .  .

Cuarenta minutos dijo la voz, con algo parecido a la compasin. Pues entonces es usted un pipiolo.

  ,     -   .      .

Despus de un buen rato hechos un l?o, dedujeron que sus dos llamadas se hab?an cruzado en alg?n punto de la centralita de Energ?a Peninsular. Ninguno de los dos estaba dispuesto a colgar y perder su sitio en la cola. As? que siguieron en l?nea.

 ,     ,    -      .             .      .

Ramn dijo la voz. Ramn Iglesias. De Vigo.

 ,   .   .  .

lvaro. De Zaragoza.

 .  .

Pues encantado, lvaro de Zaragoza. ?Qu le han hecho a usted?

  ,   .     ?

* * *

lvaro le explic lo de los tres mil euros. Ramn solt un silbido.

      .  .

Eso son muchos cafs con leche.

     .

?Y usted?

    ?

En la l?nea se hizo un silencio, ms largo que los anteriores.

   ,  .

El contrato est a nombre de mi mujer. Carmi?a. Carmen Outeiral. Muri en marzo. Les he escrito cuatro veces para que hagan el cambio de titular, y cada mes vuelve a llegar una carta a su nombre. Estimada se?ora Outeiral, es un placer contar con usted como clienta. Y cada vez que llamo me dicen que solo pueden hablar con la titular del contrato. Solt una risa corta, sin pizca de gracia. Y yo les digo: pues entonces van a necesitar un cable muy largo.

     . .  .    .     ,     ,         .   ,  ,    .   ,   ,  ,       .    ,   .     :      .

Lo siento mucho dijo lvaro, y lo dec?a de verdad.

   ,   ,    .

Ya. Bueno.

 .   .

?Cmo la conoci? pregunt lvaro, y enseguida dud de si hab?a hecho bien en preguntar.

     ?       ,   .

Pero a Ramn se le not que agradec?a la pregunta.

 , ,  .

En una verbena en Cangas, en el sesenta y seis. En el primer minuto le pis el pie dos veces. Y me dice: Como me pises una tercera vez, me caso contigo, as? que ten cuidadito. Se rio, esta vez de verdad. La pis una tercera vez. A propsito.

     ,   .           .   :         ,     .   ,    -.      . .

* * *

A las 11:30 segu?an esperando. La conversacin iba de un tema a otro, como pasa con las conversaciones que no tienen prisa por llegar a ninguna parte.

 11:30    .      ,     ,   .

?Y usted a qu se dedica, lvaro? Cuando no est colgado del telfono.

    , ?     .

Soy programador. O lo era. Ahora estoy entre una cosa y otra.

  .  .      .

Entre una cosa y otra.

  .

lvaro no se lo hab?a contado a nadie. Ni a sus padres ni a sus amigos. No sab?a muy bien por qu se lo estaba contando a un desconocido de Vigo. Quiz precisamente porque era un desconocido de Vigo.

      .  ,  .      ,     . ,  ,      .

Dej el trabajo hace tres semanas. Me fui sin ms. Trabajaba sesenta horas a la semana, ya no dorm?a, y una ma?ana me qued sentado en el aparcamiento y no fui capaz de entrar. As? que no entr. Mis padres no lo saben. Creen que hoy me he cogido el d?a libre. Ahora me cojo el d?a libre todos los d?as.

     .  .      ,  ,            .    .   . ,    .      .

Ramn se qued callado un momento.

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Yo fui radiotelegrafista en la marina mercante dijo. Treinta y un a?os. ?Sabe en qu consist?a sobre todo el trabajo? En esperar. Estar sentado delante de la radio, en mitad del mar, esperando a que pasara algo. Los chavales no lo aguantaban. Quer?an hacer algo. Y yo siempre les dec?a: la paciencia es un m?sculo. Al principio duele. Luego se pone fuerte.

      ,   .    . ,      ? .       ,  - .     .   - .     :    .  .   .

Creo que no se me da muy bien esperar.

  ,   -  .

Lleva usted hora y media en espera, rapaz. Se le da mejor de lo que cree.

      , .    ,   .

* * *

A las 12:15, Ramn le ense? a lvaro la letra de una cancin que su mujer cantaba siempre y que trataba, sobre todo, de una moza de Baiona y de un marinero que era un desastre en lo suyo. A las 12:40, lvaro le explic a Ramn qu era una aplicacin, y Ramn dijo que segu?a sin verle la utilidad. A las 13:05 descubrieron que los dos, en a?os distintos, se hab?an alojado en el mismo hotel espantoso de Benidorm, y pasaron veinte minutos felices describiendo la moqueta.

 12:15     ,     ,         ,      .  12:40   ,   ,   ,     ,   .  13:05  ,  ,   ,          ,     ,   .

?Le puedo preguntar una cosa? dijo lvaro. ?Por qu no se ha rendido sin ms? ?Por qu no deja que sigan mandndole cartas a Carmi?a?

   ?   .       ?       ?

Porque cada carta que llega con su nombre dijo Ramn la abro y pienso, solo durante un segundo, que es para ella. Y luego me acuerdo. Carraspe. Quiero que eso se acabe. Nada ms. Quiero que las cartas me lleguen a m?.

       ,   ,     ,   ,    .   .   .   ,   .   . ,    .

* * *

A las 13:52, la m?sica volvi a pararse y una tercera voz entr en la l?nea: joven, femenina, cansada.

 13:52   ,        , , .

Gracias por su paciencia, le atiende Noelia Gutirrez, de Energ?a Peninsular. ?Me podr?a facilitar su n?mero de cliente, por favor?

   ,     ,  . , ,   .

?El de quin? preguntaron lvaro y Ramn a la vez.

  ?      .

Hubo un largo silencio.

  .

Perdonen dijo Noelia. ?Son ustedes dos?

 ,   .    ?

Se lo explicaron. Noelia escuch. Dijo que algo as? no hab?a pasado nunca, que el sistema llevaba toda la semana haciendo cosas raras y que, en teor?a, ten?a que cortar la llamada y pedirles que volvieran a llamar cada uno por separado.

 .  .  ,      ,                  .

Con todo el respeto, Noelia dijo lvaro, y le sorprendi lo tranquila que sonaba su voz, este se?or lleva cinco horas y veinte minutos esperando. Su mujer muri en marzo. Les ha escrito cuatro veces. Cada mes le mandan una carta a una mujer que ya no vive, y cada mes l tiene que abrirla. Yo no cuelgo, y l tampoco, hasta que esto se arregle. Mi factura puede esperar.

   , ,      ,     ,        .     .     .      ,     ,       .  ,     ,     .   .

Otra vez silencio. Cuando Noelia volvi a hablar, su voz hab?a cambiado. Era ms baja y ms humana.

 .   ,   .     .

?Don Ramn? D?game su DNI y el de su mujer. Esto lo arreglamos ahora mismo.

  ?       .    .

Tardaron once minutos. Cuando terminaron, a Ramn le temblaba un poco la voz. Despus, Noelia abri la cuenta de lvaro y en unos treinta segundos descubri que alguien, al introducir la lectura del contador, hab?a puesto dos ceros de ms. En realidad deb?a treinta y un euros con doce cntimos. La factura corregida le llegar?a por correo electrnico.

   .    ,    .           ,  -        .           .       .

?Puedo ayudarles en algo ms? pregunt Noelia.

    -  ?   .

No dijo lvaro. Ha sido usted fantstica. Gracias.

 ,   .    . .

Gracias a ustedes dijo Noelia. De verdad. He tenido una semana horrible. Esta ha sido la conversacin ms bonita que he tenido en meses. Dud un momento. ?Quieren que deje la l?nea abierta un minuto ms? ?Para que se puedan despedir?

   ,   .  .     .        .   .  ,       ?    ?

* * *

No se despidieron. En lugar de eso, se intercambiaron los telfonos.

   .    .

Ese fin de semana, lvaro les cont a sus padres lo del trabajo. Fue mejor de lo que tem?a. En septiembre encontr un puesto nuevo: cuatro d?as a la semana, una empresa ms peque?a y una jefa que apagaba el ordenador a las seis en punto y esperaba que todos los dems hicieran lo mismo, cosa que en Espa?a todav?a parec?a casi revolucionaria.

        .   ,   .      :    ,    ,             ,         .

Y todos los domingos, a las siete de la tarde, le suena el mvil y una voz de Vigo dice, imitando fatal una grabacin:

         ,     ,      :

Bienvenido. Su llamada es muy importante para nosotros. Por favor, no cuelgue.

  .      . ,   .

Despus tararea los treinta primeros segundos de Vivaldi, desafinando; los dos se r?en y luego se pasan una hora hablando.

      ,       .




Palabras y expresiones /   


estar en espera    ,   

colgar   

cogerse el d?a libre   

el manos libres   

estar a nombre de alguien     -.

el cambio de titular      

a propsito  

no ser capaz de + inf.      -. 

ser un pipiolo  (.)  , 

drsele bien algo a alguien     -.

Esto lo arreglamos.    .

la lectura del contador   




D?A 7





Nota de la traductora



Agnieszka Wrbel llevaba quince a?os traduciendo novelas espa?olas al polaco, y estaba convencida de que todos los libros tienen un secreto. Casi nunca un mensaje oculto: nada tan dramtico. Solo un ritmo, una costumbre, una palabra a la que el autor ten?a demasiado cari?o. El trabajo de una traductora consist?a en encontrar ese secreto y pasarlo con cuidado al otro lado de la frontera, a otra lengua.

           ,      .          .  , , ,    .            ,   .

El faro era la ?ltima novela de Mateo Quirs, que hab?a muerto el invierno anterior de un infarto, a los setenta y tres a?os. Quirs hab?a sido el gigante gru?n de la literatura del norte: famoso por sus frases largas, fr?as y hermosas, por negarse a conceder entrevistas y por su man?a de describir el mar Cantbrico como si fuera alguien que le hubiera ofendido personalmente. El libro hab?a salido cuatro meses despus de su muerte. Los cr?ticos lo llamaron su obra maestra. Agnieszka, que trabajaba en la mesa de la cocina de su piso del barrio de las Letras, en Madrid, a unos trescientos kilmetros del mar ms cercano, pensaba que probablemente ten?an razn.

     ,          .           , ,  ,         ,   -   .        .    . ,          ---,      , ,  , , .

La novela trataba de un viejo farero en un islote perdido frente a la costa asturiana, que hab?a dejado de hablarse con su ?nica hija. Ten?a doce cap?tulos, y cada uno llevaba por t?tulo una sola palabra. Agnieszka hab?a traducido diez antes de darse cuenta.

     ,              .     ,     .    ,   .

* * *

Era un martes, muy tarde. Estaba pelendose con el t?tulo del cap?tulo once, Tinieblas, porque la palabra polaca sonaba demasiado a sermn de domingo, y hab?a abierto el ?ndice para ver qu tal quedaban los t?tulos todos juntos. Recorr?a la lista con la mirada, medio dormida, cuando de pronto las letras iniciales parecieron levantarse de la pgina.

 ,  .        ,         ,    ,    .     , ,        .

Sal. Arena. Resaca. Algas.

Sal  . Arena  . Resaca   . Algas  .

Se incorpor en la silla.

   .

Linterna. Olas.

Linterna   . Olas  .

Silencio. Isla. Espuma. Niebla. Tinieblas. Orilla.

Silencio  . Isla  . Espuma  . Niebla  . Tinieblas  . Orilla  .

Cogi un lpiz y escribi las letras en el dorso de un sobre, una detrs de otra, y la mano no le obedec?a del todo. Cuando termin, se qued mucho rato mirando lo que hab?a escrito.

        ,   ,     . ,     .

SARA LO SIENTO

SARA LO SIENTO  ,   

* * *

En el mundillo literario todo el mundo sab?a que Mateo Quirs ten?a una hija llamada Sara, y todo el mundo sab?a que llevaban quince a?os sin hablarse. La historia hab?a salido en la prensa en su momento. Sara hab?a escrito una primera novela a los veintisis a?os. Antes de publicarla se la hab?an mandado a su padre para que diera su opinin y, de alguna manera nadie lleg a saber cmo, sus comentarios privados acabaron en un peridico. Correcta. Limpia. Sin una sola frase viva. El libro sali de todas formas y no se vendi casi nada. Sara Quirs no volvi a publicar nunca. Por lo que sab?a Agnieszka, ni siquiera hab?a ido al entierro.

    ,              .        .        .      ,  -               . . .    .        .       .   ,      .

A la ma?ana siguiente, Agnieszka llam a la editorial espa?ola, en Barcelona. Habl con una editora y luego con el director editorial. Ninguno de los dos se hab?a dado cuenta del mensaje. Los dos se emocionaron much?simo. El director empez a hablar de una historia buen?sima para la prensa y de una edicin especial, y Agnieszka sinti una rabia fr?a y protectora que ni ella misma acababa de entender.

       ,  .   ,    .       .   .          ,                 .

?Alguien le ha preguntado ya a Sara? dijo.

 -   ?   .

Una pausa.

.

Bueno no. Todav?a no. Habr?a que hacerlo, claro.

  .  . , ,   .

Entonces, por favor, no hagis nada hasta que alguien se lo pregunte.

 , ,   ,  -   .

Colg y comprendi que ese alguien tendr?a que ser ella.

    ,   -    .

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Tard tres d?as en escribir la carta. Era traductora: sab?a que cada palabra cuenta y que las palabras ms importantes suelen ser las que se dejan fuera. Al final le sali corta.

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Estimada Sra. Quirs:

  !

Estoy traduciendo al polaco la ?ltima novela de su padre. Mientras trabajaba, he encontrado en el libro algo que, creo, iba dirigido a usted, y solo a usted. No se lo he contado a nadie salvo a la editorial, y les he pedido que esperen. No s si ha le?do usted el libro ni si quiere leerlo. Si quiere que le cuente lo que he encontrado, se lo contar. Si prefiere que no vuelva a mencionarlo nunca, as? lo har.

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Un saludo cordial,

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Agnieszka Wrbel

 

La editorial ten?a una direccin de Sara en la calle Menorca, junto al Retiro, a veinticinco minutos andando del piso de Agnieszka. Ech la carta al buzn el viernes y se pas el fin de semana sin traducir el cap?tulo once.

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La respuesta lleg el mircoles, por correo electrnico. Solo dec?a: En el Retiro, junto al estanque, hay un quiosco con terraza. Jueves, a las diez.

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Sara Quirs ten?a cuarenta y un a?os, los mismos que Agnieszka, y eso, por alguna razn, la sorprendi. Ten?a las cejas pobladas de su padre y nada de su famosa frialdad. Era auxiliar de veterinaria, le cont, y ol?a un poco a perro. No hab?a le?do El faro. Llevaba quince a?os sin leer nada de lo que escrib?a l.

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Y tutame, por favor a?adi. Tenemos la misma edad.

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Agnieszka no explic nada. Simplemente sac del bolso un ejemplar de la novela, lo abri por el ?ndice y lo desliz por encima de la mesa. Luego se qued mirando las barcas que cruzaban despacio el estanque, para que Sara pudiera leer sin sentirse observada.

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Tard mucho. Cuando Agnieszka por fin volvi a mirar, el dedo de Sara descansaba sobre la ?ltima palabra de la lista, ten?a la cara mojada y se re?a: una risa extra?a, rota.

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Doce cap?tulos dijo. Tuvo que montar todo el libro alrededor de esto. El muy cabezota Se interrumpi. Con lo fcil que habr?a sido coger el telfono.

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A lo mejor no sab?a cmo dijo Agnieszka. A lo mejor era el ?nico idioma en el que confiaba.

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Hablaron durante dos horas. De lo del peridico: ahora Sara cre?a que su padre nunca hab?a filtrado aquellas palabras. Del farero de la novela, que evidentemente era l, y de su hija, que evidentemente era ella. Del padre de Agnieszka, en Gdansk, que no hab?a dicho lo siento en toda su vida y que probablemente no lo dir?a jams.

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La editorial quiere convertir esto en una historia para la prensa dijo por fin Agnieszka. Una edicin especial. Entrevistas.

        ,    .   . .

No. Sara lo dijo sin dudar. Lo escondi. Lo escondi de manera que solo lo encontrara yo, o alguien como t?. As? lo quiso l. Mir el libro. ?Y tu traduccin? En polaco no funciona, ?no? Las letras son todas distintas.

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Agnieszka llevaba una semana dndole vueltas. Sac del bolso el sobre, el mismo en el que hab?a escrito las letras, y le dio la vuelta. Por el otro lado, a lpiz, hab?a una segunda l?nea.

     .       ,    ,   .        .

SARO WYBACZ MI

SARO WYBACZ MI  ,  

Doce letras dijo. Exactamente doce. Las he contado once veces. En polaco, cuando le hablas a alguien, el nombre cambia: Sara se convierte en Saro. Y no dice exactamente lo mismo: wybacz mi es perdname. Es un poco ms de lo que escribi l.

  ,   .   .    . -,    ,  :    .      : wybacz mi    .  ,   .

O justo lo que no se atrevi a escribir dijo Sara en voz baja.

   ,     ,    .

Claro que habr que cambiarles el t?tulo a muchos cap?tulos. Y luego est la Y: en polaco casi no hay palabras que empiecen por Y. Para esa todav?a no tengo solucin. Pero se puede hacer. Dud. Si t? quieres.

  , ,  .     Y:     ,    .       .   .   .    .

Sara se qued mucho rato mirando el sobre. Luego asinti.

    .  .

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Con la Y estuvo pelendose hasta marzo. La edicin polaca sali en primavera. Agnieszka no escribi ninguna nota de la traductora que explicara el acrstico, aunque los traductores suelen hacerlo. Algunos secretos, decidi, no le tocaba explicarlos a ella. Quiz un d?a una lectora de Cracovia o de Breslavia se dar?a cuenta, a altas horas de la noche, medio dormida, como le hab?a pasado a ella.

  Y    .    .         ,     .  ,  ,   .  ,          ,       .




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   ,     (https://www.litres.ru/book/aleksandra-panfilova/30-vecherov-s-ispanskim-uroven-b2-dvuiazychnye-rasska-74619753/)  .

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