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A día de hoy, los Yupigyt han conservado nueve establecimientos que se encuentran en el distrito autónomo de Chukotka, ubicado en el Distrito Federal del Lejano Oriente, perteneciente a la Federación Rusa: Anádyr (50), Lavrentiya (250), Lorino (70), Novoye Chaplino (350), Provideniya (350), Sireniki (300), Uelen (150), Uelkal (200) y Ushakovsky o Ushakovskoye (30). La capital administrativa del distrito se halla en la ciudad de Anádyr. El 10 de septiembre de 2010, se aprobó una ley aboliendo la municipalidad de Novoye Chaplino y Sireniki, las poblaciones que junto a Provideniya tienen más de la mitad de los Yupigyt que viven en Chukotka. Con este cambio se eliminaron los derechos de ambos pueblos, y las responsabilidades fueron asumidas por la administración municipal de Provideniya (Провиденский район) el 1 de enero de 2011, ejerciendo así el control de todos los bienes y derechos de propiedad municipal, lo mismo que todos los presupuestos locales.
En la actualidad son unos 1.750 individuos, de los que cerca de 800 hablan (algunas fuentes dan una cifra aproximada de quinientos) con fluidez un dialecto Yup’ik (escrito en alfabeto cirílico), básicamente Chaplinski, Ungaziq, Ungazik o Ungazikski.9 Los otros dos dialectos, Naukan o Naukanski y Sirenik, Sirenikski, Vuteen o Uqeghllistun, están extinguidos o prácticamente. Respecto a esta última lengua, comentar que en 1895 era hablada por 122 personas, en las poblaciones de Sireniki (79) e Imtuk (43). En 1964 había 30 parlantes, en 1988, cuatro, y pocos años después tan solo quedaban dos mujeres ancianas que lo utilizaban. Finalmente, la lengua Sirenik se extinguió para siempre en enero de 1997, cuando Valentina Vyie o Валентина Выйе (1917-1997), la última persona que la conocía, murió.10 La mayoría de los Yupigyt también dominan dos lenguas más, el Chukchi (en menor medida) y el ruso, que es el usado en las escuelas desde los años 50, mientras la lengua nativa es estudiada como un idioma. Ambas lenguas parecen destinadas a sustituir tarde o temprano a los dialectos Yupiit en Siberia.
En la actualidad, se está intentando fomentar la producción artística, con el fin de conseguir una recuperación económica de la región y la renovación de la inversión en la infraestructura local. En este sentido, Ludmilla Ainana, portavoz de la sociedad Yuit de Chukotka, periodista y líder política, y Natalya P. Rodionova, presidenta de la ICC de Chukotka, creen que todavía existe esperanza para este grupo inuit.11
1. Cada grupo inuit tuvo su propio diseño de kayak, adaptado siempre a sus necesidades y a las condiciones del lugar. Su longitud oscilaba entre los tres y seis metros, pudiendo llegar incluso a los 9 m de largo. Se cree que los kayaks construidos en Alaska y Groenlandia fueron los más perfectos técnicamente y los mejores para navegar en aguas abiertas (N. del A.). Se ha comprobado que el 35% de los hombres moría en accidentes de kayak. Ramón Hernando de Larramendi, Los indios esquimales, Colección Pueblos y Lenguas Indígenas, n.º 6, Editorial Mapfre y Abya-Yala, Quito, 1995, pág. 66.
2. El tamaño de los trineos varió según qué zonas y el uso que le dieron los distintos grupos inuit que habitaban en el Ártico. En líneas generales, solían tener de dos a cinco metros de longitud por un metro de ancho y podían ser arrastrados por uno o más perros, llegando a veces hasta quince (N. del A.).
3. Como sucedía en la mayoría de grupos inuit, la mujer se casaba cuando tenía la primera menstruación, mientras el hombre lo hacía cuando era capaz de cazar por sí mismo y aportar los alimentos necesarios para mantener una familia (N. del A.).
4. De igual modo cabe destacar que, históricamente hablando, ha habido similitudes importantes en la práctica religiosa y en las creencias cosmológicas entre los inuit del área circumpolar, lo que sin duda es una consecuencia de la relativa y reciente divergencia de las culturas inuit y Yup’ik. Stern, op. cit., pág. 132.
5. Algunas leyendas inuit (sobre todo de Alaska y Canadá), hablan del cuervo (tulugak) como el portador de la luz en un tiempo donde solo existía la oscuridad (N. del A.).
6. Los tatuajes eran muy comunes entre la mayoría de grupos inuit. Normalmente fueron más habituales entre las mujeres, y en algunos lugares podía significar que ya habían tenido la primera menstruación y que, por lo tanto, podían ser fértiles (N. del A.).
7. De hecho, los contactos entre familiares y socios comerciales que vivían en los Estados Unidos de América y la Unión Soviética estuvieron prohibidos entre los años 1948 y 1988 (N. del A.).
8. En 1958, las autoridades soviéticas «cerraron» los pueblos de Chaplino y Naukan, recolocando a los residentes en un área interior de la península de Chukotka (N. del A.).
9. Ungasiki y Sireniki o Sireninski son otras denominaciones dialectales conocidas, aunque no son muy correctas. El Naukanski todavía es hablado por unas 75 o 100 personas (N. del A.).
10. Información facilitada por Egor Antonov.
11. Información extraída básicamente de: www.inuit.org.
Álbum gráfico I
























3- Mapa de Alaska.
II
Alaska1
Yupiit de la isla Saint Lawrence
La isla St. Lawrence (Sivuqaq en lengua nativa), situada en los 63º de latitud norte, se encuentra en el mar de Bering, a unos 320 km al sur del estrecho de Bering, y a unos 200 km al sudoeste de Nome (Alaska). El extremo noroeste de la isla está tan solo a 64 km de Rusia. Se cree que esta isla de 4.640,12 km², con una longitud de unos 150 kilómetros, es una parte del antiguo puente de tierra de Beringia que no llegó a sumergirse, y que unía Asia con América del Norte durante el Pleistoceno, lo cual favoreció la migración de grupos humanos, como ya hemos explicado anteriormente. El clima es ártico, no hay árboles y la vegetación del interior es de tundra ártica. La isla es el hogar de muchas aves y mamíferos marinos, principalmente debido a la influencia de la corriente de Anádyr, que es oceánica y fría y muy rica en nutrientes, la cual proviene de las aguas profundas del borde de la plataforma del mar de Bering. Además, al sur de la isla se encuentra una polynya permanente que se forma cuando los vientos predominantes del Norte y del Este golpean el hielo marino, alejándolo de la costa. Esta área de mar abierto alberga la mayor concentración mundial de aves eider de anteojos (Somateria fischeri), durante seis meses al año. Asimismo, esta polynya es un hábitat importante para los álcidos, algunas especies de gaviotas y aves marinas (Puffinus), morsas, ballenas boreales, diferentes tipos de foca y osos polares.
Las culturas prehistóricas e históricas de la isla muestran rasgos culturales parecidos con grupos de ambos lados del estrecho de Bering, aunque mantienen una mayor similitud con los Yupigyt de Asia. De hecho, aparte de la lengua, tienen bastantes diferencias con respecto al resto de grupos Iñupiat y Yupiit que podemos encontrar en Alaska, como por ejemplo: la existencia de clanes patrilineales; la ausencia de casas comunales para los hombres; diferencias en la construcción de las viviendas, la vestimenta, los estilos artísticos, y también en las características principales del sistema ceremonial que muestran fuertes similitudes con los Chukchis marítimos de la costa siberiana.
La isla fue poblada de forma intermitente hace unos dos mil años, y antes del primer contacto con el «hombre blanco» tenía una población de unas 1.500 personas. Vivían en asentamientos formados por pequeños grupos familiares relacionados de 20 a 200 individuos. Utilizaban las pieles de morsa para construir sus viviendas. En invierno cubrían con estas las casas semisubterráneas, generalmente hechas con bloques de turba colocados a veces sobre estructuras de madera flotante, huesos de ballenas o colmillos de morsa, formando normalmente una cúpula. Las casas, a diferencia de otros lugares de Alaska, eran circulares y solían presentar varios tamaños. Tenían un túnel de entrada subterráneo por debajo de la plataforma donde se habitaba. Esto se hacía para que el aire frío quedara atrapado en él. La tierra se usaba también como técnica de aislamiento. En verano se instalaban en sus tiendas hechas también de piel de morsa. Empleaban una lámpara de esteatita o de cerámica, alimentada con aceite de foca o de morsa, para dar luz y calor al hogar e igualmente para cocinar. El taladro de arco era una herramienta importante, usada para encender el fuego, perforando agujeros hechos en madera, hueso o marfil.
Los modelos tradicionales de subsistencia dependían de la estación y de la localización de los recursos, como era el caso de las ballenas, los mamíferos marinos (focas y morsas fueron los animales más importantes para este grupo Yup’ik), los pescados, los pájaros y las plantas. Cazaban básicamente en primavera y otoño, que eran las estaciones migratorias de los animales. Estos Yupiit presentaban una amplia variedad de instrumentos de caza y pesca, y otros artículos cuyo origen procede de varias etapas culturales que se dieron en la isla St. Lawrence y en la región del estrecho de Bering. Teniéndolo en cuenta, se ha podido determinar que los Yupiit integraron tecnologías de todas las zonas del estrecho de Bering en su forma de vida, modificando con el tiempo estas técnicas para crear herramientas y utensilios más acordes con sus necesidades.
Su cultura material tradicional contenía una variedad de herramientas de piedra, madera, hueso y marfil, hechas para cazar, curtir, tallar, perforar y afilar. En cuanto a los instrumentos de caza se refiere, tenían una gama sofisticada de cabezas de arpón, lanzas, sedales y flotadores de vejiga de foca que se utilizaban para cazar la ballena. Otros utensilios incluían tablas de raspado para atraer a las focas a los agujeros de respiración, arcos, flechas, lanzas, propulsores de lanzas, boleadoras para cazar pájaros, trampas, redes y ganchos para atrapar a los peces, etcétera.
Como medio de transporte, usaban el umiak o angyaq, un barco grande abierto de piel de morsa (hembra) de 4,5 a 8 m de largo (en otros lugares del Ártico, esta embarcación alcanzaba los 20 m de longitud), que podía transportar hasta quince personas y cargar con una tonelada de peso. Se empleaba para la caza de la ballena y la morsa, para viajar y para los intercambios comerciales o trueques. A veces, y como sucedía en otras zonas árticas, la embarcación podía usarse como cobijo temporal en tierra, dándole la vuelta y durmiendo bajo ella. No se sabe con certeza si llegaron también a navegar en kayak. La ropa tradicional estaba hecha de piel de caribú y también de morsa. La piel de foca se usó sobre todo para confeccionar la indumentaria impermeable. Las parkas (kuspuks/qiipaghaq) de las mujeres llevaban capucha, pero estos Yupiit, a diferencia de los grupos Iñupiat de Alaska y de los inuit orientales, no llevaban a sus bebés en ella. Al igual que los Yupigyt, tenían clanes patriarcales. Los Yupiit eran tanto endógamos como exógamos, ya que también se relacionaron con otros grupos inuit y con los Chukchis, con quienes establecieron uniones matrimoniales, comerciaron con pieles de caribú e incluso tuvieron enfrentamientos bélicos. Creían en la reencarnación y en la transformación del espíritu en otra vida, bien humana o animal. A los recién nacidos se les daba el nombre de los últimos fallecidos en la aldea (ritual epónimo). Los hombres solían tatuarse la cara con fines rituales.
El explorador danés Vitus Bering (1681-1741), al servicio de la Armada Imperial rusa, fue el primer occidental en llegar a la isla, el 10 de agosto de 1728 (día de San Lorenzo, de ahí el nombre de la isla). Hacia mediados del siglo XIX, se convirtió en un lugar estratégico de actividades comerciales entre balleneros estadounidenses, del norte del océano Pacífico y de los mares de Bering, Chukchi y Beaufort. Los barcos balleneros hacían escala en algunas poblaciones de la isla, para llenar los barriles de agua, para irse de juerga y para intercambiar marfil, barbas de ballena y ropa de piel (para abrigarse del intenso frío). A cambio, los nativos recibían armas de fuego, artículos para cazar ballenas, alcohol y enfermedades propias del «hombre blanco». Incluso a menudo, algunos miembros de la tripulación pasaban el invierno en la isla cazando ballenas, ayudados por los propios Yupiit. Luego, al llegar la primavera, los barcos regresaban para recogerlos.
Entre 1878 y 1879, las dos terceras partes de la población Yup’ik de la isla murieron a consecuencia del hambre (unos 1.000 de un total de 1.500). En 1894, se establecieron los primeros «no nativos», cuando el misionero presbiteriano Vene C. Gambell (1863-1898) llegó con su mujer para instalar un centro religioso en la población más grande de la isla, conocida como Sivuqaq (actualmente la ciudad de Gambell). Tras morir Gambell y su familia, en 1898 (el barco que los llevaba se perdió en el mar), empezaron a llegar misioneros, maestros y representantes del Gobierno de Estados Unidos. Uno de los personajes más importantes en aquel momento fue, sin duda, el Dr. E. O. Campbell, un médico misionero que estuvo más de diez años y que detalló en su diario los acontecimientos más relevantes durante su estancia en la isla. En sus escritos describió los conflictos con los chamanes por la conversión al presbiterianismo de la población autóctona y con los siberianos por comercializar con alcohol con los Yupiit. Igualmente, escribió acerca de los problemas con los principales capitanes de barcos nativos que no querían saber nada de sus interferencias con los ritos tradicionales de caza, con su aislamiento y con las decepciones por la falta de éxito.
En 1900, en el marco de un régimen general del Gobierno de Estados Unidos para restaurar la estabilidad de la economía indígena, fueron enviados 42 renos y varios pastores Saami para ayudar a los Yupiit a desarrollar y gestionar un nuevo recurso alimenticio en la isla. La cría de renos provocó que la manada aumentara hasta varios miles de ejemplares. Sin embargo, a mediados de los años 50, los renos habían desaparecido prácticamente como consecuencia directa de la pérdida de vegetación en la isla. A pesar de ello, a principios de los años 70, la manada aumentó de nuevo hasta los 800-1.000 animales.
En 1917, los Yupiit de la isla St. Lawrence usaron por primera vez las lanchas a motor para cazar, y diez años más tarde se creó el primer consejo de una comunidad de forma electiva.
Los años 20 fueron buenos tiempos para los isleños de St. Lawrence, ya que había una economía mixta en las actividades indígenas gracias a la captura de zorros árticos (Alopex lagapus), cuyas pieles se vendían hasta USD $60 la unidad. De hecho, algunos de los más exitosos cazadores podían ganar varios miles de dólares al año durante este tiempo cazando en solitario. Dichos ingresos incluso superaron los que habían obtenido en años anteriores, cuando los Yupiit tenían un comercio muy rentable con las barbas de ballena que vendían a los barcos que se acercaban a la isla. Sin embargo, este mercado estaba en declive desde principios del siglo XX, dejando a los nativos con solo la venta de pieles de zorro ártico como una importante fuente de ingresos efectivo que se completaba con la venta de objetos tallados de marfil. Pero el mercado de las pieles de zorro ártico también comenzó a desaparecer a finales de los años 30. Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en un comercio inseguro y siguió siéndolo después.
Durante este período, muchos jóvenes de la isla tuvieron que servir en la Alaska Territorial Guard (ATG). Este componente de las fuerzas de Reserva Militar del Ejército de Estados Unidos se creó en 1942, en respuesta a los ataques al territorio estadounidense de Hawai’i y a la ocupación de algunas zonas de Alaska por parte de Japón durante la Segunda Guerra Mundial. La ATG supuso reunir por primera vez, en un esfuerzo conjunto, a diferentes miembros de los grupos étnicos de Alaska con el «hombre blanco»: Aleutianos, Atabascanos, Iñupiat, Haida, Tlingit, Tsimshian y Yupiit, entre otros. Asimismo, los nativos de St. Lawrence vivieron durante este período bélico bajo la constante amenaza de una posible invasión de las fuerzas japonesas. Al término de la guerra y tras la disolución de la ATG, el 31 de marzo de 1947, se construyó en 1952 una base aérea militar (Northeast Cape Air Force Station) y una estación meteorológica, en una zona donde tradicionalmente algunas familias Yupiit instalaban sus campamentos de caza desde hacía siglos.2 Además, muchos isleños que se unieron a la Alaska National Guard para defender la isla, hicieron más tarde lo propio con ambas instalaciones. Cuando en los años 70 se cerró la base aérea, muchas de estas familias empezaron a experimentar problemas de salud. Incluso hoy, bastantes de las personas que crecieron en la zona del cabo Nordeste tienen un mayor número de enfermedades (por ejemplo, cáncer), si se compara con otros lugares del estado de Alaska. Posiblemente ello sea debido a la exposición a los policloruros de bifenilo (PCB)3 existentes en aquella zona. En cualquier caso, la mayoría de las instalaciones fueron retiradas en un programa de limpieza que costó USD $10.5 millones en 2003. Se prevé que el área seguirá siendo supervisada en el futuro para evitar males mayores. Sin duda, todos estos hechos afectaron de forma negativa la evolución cultural de los Yupiit de St. Lawrence.
A mediados de los años 50, el modelo de desarrollo cultural se había ya establecido: profesores, misioneros y enfermeros de la salud pública seguían siendo los representantes «tradicionales» del mundo occidental, y cada vez más la isla tenía una mayor interdependencia respecto a la Alaska continental. La población nativa durante esta década era de alrededor de 600 habitantes.
También a mediados, pero de los años 70, una serie de cambios afectaron al desarrollo cultural de los nativos de la isla, que durante esa década ya eran cerca de 700 personas: el Estado y sus implicaciones en el Gobierno local; la aplicación de la Alaska Native Claims Settlement Act; controles más estrictos sobre la caza de animales marítimos y la venta de sus productos;4 el turismo y la industria, así como la dependencia de los puestos de trabajo de ingresos monetarios; una mejora en las infraestructuras de comunicación (ejemplificado en la instalación de un satélite de radio y televisión); la exploración de los recursos minerales; y la emigración de algunos Yupiit hacia el área continental de Alaska.
Debido a estos cambios, los nativos se encontraron ante tres estructuras gubernamentales locales separadas pero superpuestas en cada pueblo: el Consejo establecido en virtud de la Ley de Reorganización Indígena (Indian Reorganization Act),5 el Ayuntamiento, instaurado bajo la autoridad del estado de Alaska,6 y las Corporaciones comunitarias, creadas en virtud de la Ley de Reclamaciones de Alaska. Cuando la Alaska Native Claims Settlement Act (ANCSA)7 fue aprobada en 1971 por el presidente Richard M. Nixon (1913-1994), los Yupiit que habitaban en el sudoeste de Alaska establecieron las Corporaciones de la bahía de Bristol y Calista para gestionar y controlar su parte de la tierra y reclamar los beneficios de los asentamientos.8 Sin embargo, los residentes de las dos comunidades de la isla St. Lawrence (Gambell y Savoonga) optaron por no participar en el acuerdo monetario y en su lugar tomaron el título colectivamente de 1.136 millones de acres de tierra en la isla.
En 1978, cazadores de Gambell, Savoonga, Nome, Wales, Shishmaref y Diomede Menor crearon la Alaska Eskimo Walrus Commission. Actualmente, la población de Gambell, es una de las comunidades balleneras representadas en la Alaska Eskimo Whaling Commission (AEWC), un órgano de gestión de la vida salvaje. Esta comisión fue creada en 1977 como respuesta a una resolución aprobada ese mismo año por la International Whaling Commission (IWC)9 que prohibía la caza de ballenas boreales, incluyendo a los pueblos indígenas que las necesitaban para su propia subsistencia. La AEWC está compuesta por capitanes balleneros de cada una de las once poblaciones balleneras Iñupiat y Yupiit en Alaska (Gambell, Savoonga, Wales, Diomede Menor, Kivalina, Point Hope, Point Lay, Wainwright, Barrow, Nuiqsut y Kaktovik). En 1981, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (National Oceanic and Atmospheric Administration, NOAA), del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, delegó la autoridad para la gestión de los cazadores de ballenas inuit de Alaska en la AEWC. Los cazadores nativos, sin embargo, siguen estando sujetos a la máxima autoridad de la IWC y, por lo tanto, a las preocupaciones geopolíticas. Posteriormente, en 2002, Japón amenazó con retirar su apoyo a la caza de ballenas por parte de los nativos si no se le permitía reanudar la caza comercial de estos cetáceos. Se llegó a un acuerdo en el último momento, pero si el Gobierno de Tokio hubiera cumplido con su amenaza, probablemente la caza de ballenas por parte de los inuit habría estado prohibida durante cinco años, y a partir de 2003. Así pues, la AEWC alcanzó un acuerdo con la IWC para controlar la caza de estos cetáceos, y actualmente asiste a las reuniones de esta comisión internacional como miembro de la delegación americana, y en la que se establecen el número de cuotas de caza anuales.




