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Lady Tenison pasó cerca de tres años en España, sobre todo entre Sevilla y Granada. Autora de la obra Castile and Andalucia, publicada en Londres en 1853, nos ofrece una detallada descripción de Antequera y Alameda así como de Teba, Campillos y un importantísimo estudio sobre los Dólmenes de Antequera****12. Procedente de Granada llegó a Loja y desde allí siguió cabalgando por las Salinas de Antequera y por los robledales de Alameda. Sobre los cortijos de la zona dice que eran guarida de ladrones y bandoleros en tiempos del célebre José María, si bien es consciente de que las cosas habían cambiado, ya que ella viajaba con la única compañía de su marido, al que se refiere a lo largo de toda la obra como Mr. T., y el hombre al que pertenecían los caballos.
Al verano siguiente volvió a Granada, siguió la ruta de Ronda y Antequera, cuya situación le parece muy bonita y donde ofrece una detallada descripción de Teba, Campillos y Antequera, así como un estudio sobre la Cueva de Menga y otros dólmenes de la zona. Se alojaron en la Posada de la Castaña y recomienda que la eviten futuros viajeros. Las habitaciones que parecían limpias estaban llenas de bichos y la comida le pareció aún peor que el alojamiento y, para colmo, no pudieron conseguir ni una gota de un vino que no fuese demasiado malo. Aunque dice que el viajero no encontrará grandes atractivos en Antequera en lo que a alojamiento y buena mesa se refiere, asegura que es un pueblo muy interesante para el que busque antigüedades y paisajes pintorescos. Al igual que Robert Dundas Murray, Lady Tenison comenta la caballeresca conducta y generosidad de Narváez, cantada en los versos de los más célebres poetas de la época. Describe la Iglesia de Santa María, situada en el interior del castillo que domina el pueblo. Como no había guía, fueron complicadas las gestiones que tuvieron que hacer para poder visitar un templo druida del que habían oído hablar y que había despertado su curiosidad. En cuanto al origen del nombre de la Peña de los Enamorados refiere la leyenda como la cuenta el Padre Mariana aunque dice que las gentes de Antequera tienen otra aún más romántica.
John Leycester Adolphus pasó unas vacaciones en España en 1856. Desde Ronda decide ir a Málaga pasando por Campillos y Antequera, ya que su guía le dijo que había una buena corrida, donde toreaban los mejores toreros de Sevilla. Describe Teba, aunque dice que no encuentra nada digno de mención a excepción de un pintoresco pastorcillo utilizando una honda. En Campillos las mujeres de la posada le prepararon un arroz que encontró muy sabroso y apunta que le gustaba la cocina española bastante más que la alemana o la italiana. Durante todo su camino se va refiriendo a la cantidad de cruces levantadas en los lugares donde había ocurrido un asesinato. Llegaron a Antequera bastante tarde, recorrió el pueblo y paseó a la luz de la luna por su bonita alameda. A la mañana siguiente, siguió cabalgando rumbo a Málaga.
Procedente de Granada, donde había permanecido cinco días, llegó a Loja el Reverendo Richard Roberts a principios de diciembre de 1859. Desde allí, siguió camino pasando por Archidona. De este dice que es un pueblo alargado, construido en una ladera muy empinada y pavimentado siguiendo las irregularidades del terreno. Describe las escarpadas rocas que se elevan por encima, a las que compara con el monte Cervino, y dice que producen un efecto sorprendente ya que ellos las veían desde la llanura que hay debajo. Llegaron a Antequera a eso de las nueve de la noche. Se alegró de encontrar una posada relativamente limpia, “casi merecedora del apelativo de Fonda”. Del pueblo dice que es grande y con casi 16.000 almas y con mucho tráfico; de los antequeranos, que son una raza de personas muy agradables. Un gran número de hombres estuvieron más de dos horas merodeando por la posada para hacerles los honores, por lo que dedujo que no corren peligro de dañar su salud por la excesiva dedicación al trabajo y que no están habituados a ver ingleses. Salieron a la mañana siguiente rumbo a Campillos. Antes de llegar les sorprendió un enorme lago salado lleno de aves salvajes. En Teba dice que es el lugar más desértico de todos los que han visto en España. Este viajero, como tantos otros con anterioridad, hace referencia a la historia de Lord James Douglas cuando participó en una refriega durante su asedio. Se sorprende ante la casi completa ausencia de cortijos y ofrece una extensa descripción de las eras y del proceso de trilla. Después de pasar Teba el camino estaba bordeado por flores, que no sólo lo hacían bonito dando color a las áridas sierras de las veredas por las que iban avanzando y perfumando el aire con la más dulce de las fragancias, sino que esto le hizo recordar su lejano hogar allende los mares. Al día siguiente, 8 de octubre, llegaron a Ronda.
El 26 de abril de 1869, Mrs. W.A. Tollemache llegó en tren a Antequera procedente de Córdoba. Desde la estación de Antequera tuvieron que continuar en una diligencia hasta Loja, donde continuaba la línea férrea hasta Granada. Esta viajera ofrece una buena descripción del camino y la forma de viajar entre estos dos pueblos.
Durante el otoño de 1870, viajó por Andalucía Mary Catherine Jackson, autora de la obra World Sketches in the Sweet South, publicada en Londres en 1873, en la que describe sus experiencias en Gibraltar, Andalucía y el norte de Marruecos. Entre Gibraltar y Granada viajó completamente sola, motivo este por lo cual he seleccionado un pasaje que he titulado “Miedo a los ladrones en Archidona”.
En 1873, H. Willis Baxley fue de Granada a Málaga en tren. Autor de la obra Art-remains and Art-realities, Painters, Priests and Princes, publicada en Londres en 1875. Desde Loja tuvo que seguir viaje en diligencia durante una hora hasta la estación móvil de la línea que se va aproximando desde Bobadilla. Desde allí, el tren se va deslizando despacio, y llega en unas dos horas a Bobadilla, pasando por Antequera, donde dice que hace entre tres y cuatro siglos, se extraían restos romanos para utilizarlos en monasterios y otros lugares, y cerca de la que, en el camino a Archidona, se encuentra el romántico lugar conocido como la “Peña de los Enamorados”.
En la primavera de 1883 viajó por España F.H. Deverell. Fruto de este viaje, apareció en Londres en 1884 la obra All round Spain by road and rail, with a short account of a visit to Andorra. Deverell, que ya había viajado por España con anterioridad. Es muy breve la descripción que ofrece de Antequera y Bobadilla. Este autor es consciente de los cambios que se están dando en España y apunta que “España está perdiendo algunos de sus rasgos peculiares: la gloriosa mantilla está desapareciendo, e incluso la magnífica capa; la gente está perdiendo algo de su encanto de sencillez naïve, y por supuesto están abandonando sus costumbres hospitalarias. Aunque una vez finalizado mi viaje tengo que apuntar que yo encontré a la gente, educada, amigable, hospitalaria, fiable y si mi experiencia se puede tomar como ejemplo, diré que la honestidad y la limpieza e incluso la laboriosidad ya son más características de los españoles que la cortesía”****13.
El último autor perteneciente al siglo XIX es C. Bogue Luffmann, australiano de nacimiento, cuya obra A Vagabond in Spain se publicó en Londres en 1895. Atravesó España de norte a sur caminando entre 1892 y 1893 y con la sola compañía de su bastón. Rumbo a Málaga, ofrece una amena descripción de su viaje desde Estepa a Alameda y Archidona.
En lo que respecta al siglo XX he creído conveniente incluir una serie de autores que también han dejado narraciones de su paso por tierras de Antequera. Es obvio que los viajes se fueron modificando con el paso de los años y que muchos de los peligros y dificultades que estos entrañaban en épocas pretéritas dejaron de ser un escollo insalvable a la hora de llevar a cabo un viaje por Andalucía, sin embargo, vemos cómo la fascinación que ejerce la zona que nos ocupa no ha dejado indiferente a nadie.
En primer lugar, Aubrey F.G. Bell, autor de la obra The Magic of Spain, Londres 1912, ofrece una brevísima descripción del trayecto entre Antequera y Málaga. Dando un salto en el tiempo, tenemos el relato de Cecilia Hill, escritora que describe Antequera, El Torcal y Archidona tomando como referente la narración de Washington Irving.
En 1936, Walter Starkie viajó a pie, al igual que C. Bogue Luffmann lo había hecho unas décadas antes. Walter Starkie, como un trovador del siglo XX, viajaba ganándose el sustento tocando el violín por las calles y los bares de las poblaciones que visitaba. El texto “Con un violín en Antequera” describe su paso por estas tierras. Cedric Salter, autor de Introducing Spain, Londres 1953, viaja desde Ronda y hace una brevísima descripción de Antequera y sus alrededores.
Marjorie Grice-Hutchinson, en su obra Malaga Farm, Londres 1956, incluye el relato de una excursión por la zona norte de la provincia de Málaga en la que describe El Torcal y Antequera así como su visita a los Dólmenes. El último autor que incluyo en esta selección de textos es Alastair Boyd, cuya obra The Road from Ronda. Travels with a Horse through Southern Spain, Londres 1969, narra el viaje que realizó y su descripción de Cañete la Real, Teba, Cuevas de Becerro y Por Tierras de Antequera.
****3 DOMINGUEZ ORTIZ, A.: “La imagen exterior de Andalucía” Gran enciclopedia de Andalucía, Sevilla, 1979.
****4 DEVERELL, F.H.: All round Spain by Road and Rail with a short Account of a visit to Andorra. London, Sampson Low, Martson, Searle & Rivington, 1884. P.5
****5 Sin la más mínima intención de ofrecer una lista exhaustiva, me vienen a la mente personajes tan conocidos como: Sir Richard and Lady Anne Fanshawe; James Howell; Edward Hyde, todos ellos viajaron por la península en el siglo XVII; La condesa D’Aulnoy (aunque sobre su viaje a España hay bastantes dudas, y muchos investigadores han coincidido en afirmar que no lo llegó a realizar). Robert Southey, Giuseppe Baretti, Alexander Jardine, Giacomo Casanova en el siglo XVIII; Lord y Lady Holland, Edmondo D’amicis, Hans Christian Andersen, Benjamin Disraeli, Lord Byron, Washington Irving, Richard Ford, Teophile Gautier; George Sand, Alexandre Dumas, Prosper Merimeé y, ya en el siglo XX, Havelock Ellis, John Dos Pasos, Robert Graves, Leonard y Virginia Woolf, Gerald Brenan, Robert Graves, Ernest Heminway o Malcolm Lowry.
****6 En lo que a los viajes se refiere, los motivos primordiales y formas de viajar se han ido modificando al pasar de los años, pero incluso hasta hoy día, el viajero se siente impulsado a dejar constancia de haber realizado el viaje. En épocas pretéritas avanzaba cuadernillo en mano, ya fuese escribiendo o dibujando, hoy hace fotografías de los rincones por los que va pasando o, mucho más actual, la cámara de vídeo o incluso el teléfono movil con cámara incorporada se convierten en sustitutas ideales y exactas del diario de viaje de épocas pasadas y nos hacen recordar el discutible pero extendido dicho de que “una imagen vale más que mil palabras”. No hace mucho tiempo, cuando las imágenes se lograban sólo a través del dibujo, la pintura y las técnicas de reprografía, como puede ser el grabado, las mil palabras eran necesarias para dar a conocer la realidad de países lejanos, de otras culturas y de otras realidades.
****7 William Jacobs, John Carr, Brooke, Samuel Edward Cook, Martin Haverty, Dora Quillinan, Lady Louisa Tenison, Matilda Betham Edward, G.J. Cayley, W.E. Baxter, Lady Herbert etc.
****8 FIGUEROA Y MELGAR, A.: Viajeros Románticos por España. Madrid, 1971. P. 10.
****9 Cuentos de la Alhambra.
****10 Froissart, Jean. Cronista francés 1333 ó 1337 y 1400. Clérigo ilustrado. Vivió en ambientes nobiliarios y cortesanos. Fue secretario de la Reina de Inglaterra. Viajó mucho. A partir de 1384 fue Canónigo de Chimay. Redactó entonces sus Crónicas, en las que narraba los acontecimientos ocurridos en Europa entre 1325 y 1400. Lo más característico de la obra es la amplitud de la información y las numerosas noticias pintorescas incluidas en ella.
****11 Conde, vol. III, p. 38. José Antonio Conde: Arabista español (Cuenca 1775-Madrid 1820), autor de Historia de la dominación de los árabes en España sacada de varios manuscritos y memorias arábigas. Ver: Diccionario Enciclopédico Espasa, pág. 753.
****12 En el año 2001 publiqué en la Revista de Estudios Antequeranos un artículo titulado “Por Tierras de Antequera. Relatos de Viajeros ingleses durante el siglo XIX”. En ese artículo limité mi trabajo a diez relatos escritos entre 1810 y 1873. A raíz de la aparición de este artículo, el grupo de investigación dirigido por el profesor Dr. D. Francisco Carrión, descubrió un pozo en el interior de la Cueva de Menga, pozo al que hizo referencia Lady Tenison en su obra Castile and Andalucia, publicada en Londres en 1853. Este pozo que hoy se encuentra abierto se había estado buscando desde hacía mucho tiempo sin que los datos existentes anteriores a la publicación de mi artículo hubiesen facilitado su localización.
****13 Deverell, F.H. Opus cit. p.10
William Jacob
(1809-10)
Viajero y escritor de temas diversos (¿1762?-1851), se ocupó en un principio de negocios de exportación e importación con América del sur, pasando en 1808 a la Cámara de los Comunes como miembro del partido Tory, cargo que desempeñó hasta su disolución, en 1812. Entre 1809 y 1810 pasó seis meses en España, desde donde escribió una serie de cartas que se publicaron con posterioridad bajo el título de Travels in the South of Spain****14, Londres 1811. Habían sido escritas a su familia y amigos con el único fin de divertir, aunque las cartas en las que se hace referencia al dominio árabe en España, como se especifica en el prólogo, fueron redactadas completamente a su vuelta, tomando como referencia a Ocampo, Masdeu, Mariana y Simón de Argote.
Embarcado en el Saragossa rumbo a Cádiz, escribió su primera carta, con fecha de 11 de septiembre de 1809, sin saber si la podría enviar a través de otro barco o tendría que esperar su desembarco para poderla mandar. La última está fechada el 10 de marzo de 1810 y la escribió a bordo de una corveta persa rumbo a Portsmouth.
William Jacob, aunque militar, escribe como civil. Su obra refleja en todo momento una profunda preocupación por la situación política de España. No debemos olvidar que su viaje tuvo lugar cuando estaban surgiendo los primeros brotes de la Guerra de la Independencia, y a este respecto apunta: “se opine lo que se opine acerca de la política interior, todos se aúnan en admirar los esfuerzos de los españoles en su intento de liberarse de la opresión”.
De Loja a Archidona
Después de una breve estancia en Granada, salió rumbo a Gibraltar. Pasó la primera noche de manera bastante desagradable en la posada de Loja, por lo que se alegró cuando se puso en camino antes del amanecer atravesando altas y escarpadas montañas.

Villanueva de Tapia
A una hora de camino, nos metimos entre unas espesas nubes y después de otra hora ya las habíamos remontado, con lo que las vistas se hicieron sorprendentes y bastante singulares; las nubes tenían el aspecto del mar mientras que algunos de los picos más elevados que sobresalían parecían islas. Seguimos subiendo y bajando hasta el mediodía, a veces por encima de las nubes, otras por debajo y con frecuencia tan envueltos por ellas que no podíamos ver ningún objeto a una distancia de sólo unas cuantas yardas. Durante estos cambios de altura también íbamos experimentando iguales cambios en el clima y sentimos cada grado de temperatura, desde la cortante helada de una mañana de invierno al calor de un mediodía de mayo. Aunque nos encontrábamos a unas cincuenta millas de Sierra Nevada, sentíamos que cuando las montañas no detenían el viento de la sierra, la temperatura de la atmósfera sufría un apreciable cambio que variaba en los distintos puntos de 48 a 68 grados Fahrenheit. Yo calculé que la parte más baja de nuestro viaje matutino estaba a unas mil yardas sobre el nivel del mar, y la más alta a unas dos mil quinientas ya que en ningún momento llegamos a alcanzar la nieve aunque había en las cumbres de algunas de las montañas que nos rodeaban.
Después de viajar cinco horas, llegamos a una montaña que tenía una altura de unas seiscientas yardas casi perpendicular y que en apariencia termina en un sólo punto; pero al rodearla su aspecto se convirtió en algo como las puntas piramidales que tenían las coronas de nuestros viejos reyes. En uno de esos puntos hay una fortaleza árabe, que como los fortines de montaña en la India, debe ser inexpugnable, pudiendo ser reducida sólo por hambre. A los pies de esta colina encontramos el pueblo de Chiuma****15, un lugar que tiene unos siete u ocho mil habitantes. El paisaje que se extiende alrededor consiste principalmente en campos de maíz pero entremezclados con olivares. Hay muy poca agua en las cercanías y, como consecuencia de la escasez de este bien necesario, durante algunos años los campos han sido tan poco productivos que los habitantes, al no tener exceso de mercancías para mandar a zonas más fructíferas a cambio de artículos de primera necesidad, están pasando hambre.
Desde Chiuma bajamos a una llanura en cuyo extremo alcanzamos el río Guadalhorce, que va serpenteando por entre las montañas hasta que desemboca en el mar en Málaga; en este punto es simplemente un pequeño, aunque bello arroyuelo que baña la base de una elevadísima roca perpendicular, muy célebre en el período en que los árabes gobernaban Granada. Mariana el historiador relata una trágica historia de dos amantes, los cuales huyeron de Granada y que al ser perseguidos por los árabes se lanzaron desde esta roca para evitar el cautiverio. Mr. Southey****16 se la ha ofrecido al lector inglés en su balada:
La doncella, por la oscuridad de la noche favorecida, desde Granada se dio a la fuga.
Dijo adiós a la casa de su padre,
y con Manuel comenzó su huída.
Ninguna doncella mora podía rivalizar
Con las mejillas o la mirada de Laila.
No hubo muchacha que amase con más pura verdad,
o que hubiese amado a un apuesto joven con más lealtad.
Temiendo por sus vidas cruzando la Vega en su huida,
La cólera del padre, la cadena del cautivo. Llenos de esperanza hacia Murcia en su partida,
hacia la paz, el amor y la libertad.
Etc., etc.
Desconozco la razón del poeta para aprovecharse de la licentia poetica y haber colocado esta roca en el camino de Murcia, cuando se encuentra en el sentido opuesto, y cuando el nombre de Sevilla, el lugar al que se dirigían en su huida, podría haber convenido para su propósito justo tan bien como el de Murcia.
Una hora de camino desde la Peña de los Enamorados nos llevó a través de un fértil valle hasta esta ciudad****17. Como otras muchas en esta parte de España, se encuentra bellamente situada, está rodeada de bonitos jardines y ricos campos, y está adornada por las magníficas montañas que se levantan al fondo; aunque una inspección desde más cerca creó el disgusto habitual. Estamos, sin embargo, en una cómoda posada, donde podemos disfrutar nuestras comidas y nuestras camas de paja cuando volvemos de ver las curiosidades que nos llaman la atención. Debo señalar que en todo el camino desde Loja hasta este lugar, una distancia de unas veinticinco millas, no nos cruzamos con ni un sólo viajero; y, a excepción del pueblo de Chiuma, no vimos ni una sola casa.
Antequera
La siguiente carta está fechada en Antequera en enero de 1810 desde donde escribe acerca de la población, de su antigüedad, de las pinturas de Mohedano, de la variedad de arbustos y de los manantiales de agua mineral.
Creo que un grado de vanidad con respecto a las ciudades donde ellos viven induce con frecuencia a los españoles a exagerar su población. Yo había sido informado de que esta ciudad tenía ocho mil familias, las cuales, tomando el modo usual de estimar familias, darían una población de cuarenta mil. La ciudad, de hecho, es muy grande y ya que es muy antigua en ella abundan los edificios romanos y árabes lo que le proporciona una apariencia de extraordinaria grandiosidad. No se conoce la fecha de su fundación pero se hace referencia a ella en el Itinerario de Antonino y se menciona como un municipio en una de entre las numerosas inscripciones que se han conservado. En otra hay prueba de su existencia en el año 77 de la era cristiana, ya que está citada en el octavo consulado del Emperador Vespasiano.
Ochenta años antes de la conquista de Granada, esta ciudad fue tomada por Juan, el segundo Rey de Castilla, y aún se conservan en el castillo árabe las armas que fueron requisadas por los cristianos. Parece que estos restos nos muestran que los árabes utilizaban armaduras defensivas muy pesadas y que empleaban unas jabalinas cortas para arrojarlas al enemigo, ballestas para lanzar piedras o flechas y escudos de forma ovalada, formados por dos pellejos, tan bien pegados como para resistir la bala de un mosquetón. El castillo en el que se encuentra depositado este armamento está en mejor estado de conservación que ninguna de las fortalezas que he visto y su entrada, llamada el Arco de los Gigantes, es la más bella muestra de su arquitectura. Dentro del recinto se encuentra la iglesia de Santa María, que fue con anterioridad una mezquita musulmana y donde no se ha llevado a cabo ninguna alteración, salvo la introducción de un gran número de cuadros malísimos, estatuas de mala calidad y ornamentación de muy mal gusto y ahora está convertida en un lugar cristiano para la oración.
El convento de los franciscanos tiene algunas columnas del mármol rosa veteado más bonito que yo haya visto nunca. Son veintiocho y sostienen los arcos del claustro. Observé en varias de las iglesias algunas pinturas al fresco bastante buenas las cuales supe que fueron obra de Antonio Mohedano, quien fue conocido, allá por el 1600, como uno de los mejores artistas de su tiempo. Aunque sus principales trabajos se encuentran en los muros de las iglesias de esta su ciudad natal, en los de las iglesias de Córdoba y en los claustros del convento de los franciscanos en Sevilla, su mérito sólo puede ser apreciado por aquellos que contemplan sus obras en el lugar en el que fueron ejecutadas. Mohedano obtuvo gran celebridad como poeta y sus composiciones, publicadas en 1605, se siguen admirando hasta hoy día. Este lugar tuvo otro pintor de singular mérito, de acuerdo con sus contemporáneos, pero ya que mostró su talento en muros y no en lienzos, al igual que Mohedano, su fama no se ha extendido tanto como merece. Su nombre fue Jerónimo Bovadilla, discípulo de Zurbarán y llegó a ser miembro de la Academia de Sevilla, donde murió en 1680, dejando a esa institución sus bocetos y dibujos, los cuales son muy apreciados.
Las numerosas inscripciones romanas que se encuentran en esta ciudad y sus alrededores han intensificado el gusto por el estudio de antigüedades, lo que ha dado lugar a que aparezcan varias personas eminentes en esa rama del conocimiento. Mencionarlos es innecesario ya que sus nombres son muy poco conocidos en Inglaterra pero sus trabajos han contribuido bastante a ayudar a Muratori y a otros anticuarios. Esta ciudad fue la cuna de Luis de Carvajal, el historiador de África y de los árabes en España y de Pedro de Espinosa, uno de los mejores poetas del siglo dieciséis, período en el que la lengua castellana gozaba de una gran pureza.
Habrá pocos lugares en Europa que el anticuario, el botánico y el geólogo encuentren más dignos de atención que Antequera y sus contornos. Yo ya me he dado cuenta de que hay gran profusión de inscripciones romanas y es considerable el número de edificios antiguos en ruinas. También se encuentran con frecuencia monedas de varias épocas.
Teniendo en cuenta el poco conocimiento de botánica que yo poseo, no puedo hacer justicia a las distintas variedades que ofrece este lugar. Las zonas rocosas están cubiertas por el liquen saxatilis tinctorius, del que, por medio de un procedimiento muy sencillo y rápido ellos obtienen el archil, utilizado en las fábricas como tintura púrpura o morada. La vinca, vinca pervinca, ahora se encuentra en flor en los bordes de los arroyos, así como el jazmín y el espliego. Son muy abundantes la anchusa cuya raíz se conoce en Inglaterra con el nombre de alkanet, y el regaliz. Sus raíces son tan molestas para los labradores que ellos con indignación las llaman mala yerba y su cultivo y preparaciones están totalmente abandonados. El anís y el comino se pueden encontrar por todos lados y son de gran valor para los habitantes de las zonas montañosas, que los utilizan para hacer licor. La cistus o rosa de roca crece de forma muy generalizada y produce una sustancia líquida a la que el sol da una consistencia gomosa y así se la comen los campesinos. Abundan los áloes, la pita, el esparto, la opuntia y las distintas especies de palmas, y se aplican a los distintos usos que yo ya mencioné en Sevilla. La planta que da alcaparras (capparis) crece de forma generalizada en esta zona. Se trata de un arbusto con espinas que tiene unas florecillas, y la vaina que contiene las semillas crece hasta el tamaño de una aceituna pequeña. Los lugareños las comen crudas. Encurtidas en vinagre, son un artículo con el que se comercia. Se encuentran numerosas especies de brezos, los cuales son de gran utilidad ya que son convertidos en carbón y de ese modo proporcionan combustible para los habitantes. En España se piensa que para la fabricación del hierro, el carbón hecho de brezo se adapta mejor que ningún otro.




