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Una era si habían visto cigüeñas portando niños, cosa que me martirizaba desde la mañana a la noche porque los pobrecitos irían desnuditos a esas alturas colgando de un pico que en cualquier momento los podría largar. ¡Qué horror!
La cuestión era que en mis investigaciones me quedaba con el cuello duro por estar monitoreando el cielo para ver pasar al menos una cigüeña con un recién nacido colgando de su pico, pero, jamás podía ver a ninguna.
Inexplicable... ya que por mi barrio nacían muchos niños.
La otra pregunta que me desvelaba era si alguien tenía la dirección del purgatorio, porque para mi imaginación infantil, el purgatorio era un gigante y oscuro departamento donde estaban todos ardiendo y gritando como locos.
Como periodista e investigadora nata, debía conseguir la dirección de ese departamento para ir como fuera, yo misma a investigar. Lo frustrante era que nadie parecía estar pensando en estas cosas, por lo cual, dónde quedaba el purgatorio era una información ignorada por todos mis entrevistados.
De dónde salían estas inquietudes tan dramáticas nunca lo supe, pero lo que sí sé es que nadie contestaba a ninguna de mis preguntas.
Era la pequeña reportera frustrada.
Memorias del cielo
“Tú, infinito cielo, ¿cuándo será el día que me muestres tus misterios?”.
Gustavo A. Bécquer
Recientemente una colección de historias celestiales magistralmente recopiladas por el Dr. Wayne Dyer y Dee Garnes en su maravilloso libro MEMORIAS DEL CIELO2 cayó de pura casualidad en mis manos.
El libro del doctor Dyer, cuya lectura recomiendo, es precisamente una excelente recopilación de recuerdos asombrosos que los niños conservan del mundo espiritual.
El aporte de esos relatos verídicos provenientes de niños muy pequeños de todas partes del planeta me confirmó lo que yo sé hace mucho tiempo:
Existe el cielo y se encuentra más cerca de lo que creemos.
Quisiera compartir dos de los tantos relatos que forman parte del libro de Dyer.
De Susan Lovejoy, Coffs Harbor, Nueva Gales del Sur, Australia
Cuando mi hijo Joseph tenía cinco años se tiró desde lo alto de la cuna de su hermano intentando “volar” y se rompió el brazo. ... Me encontré a Joseph llorando y le pregunté:
“¿Qué te pasa?”... El me preguntó: “...Mamá, ¿cuándo voy a tener mis alas otra vez?”.
Cuando le dije que los humanos no tenían alas, él se echó a llorar y chilló: “¡Pero quiero mis alas!”.
No pude hacer otra cosa que abrazarlo. Entonces de repente dejó de llorar, y dijo:
“Vale, mamá. Ahora me acuerdo que Dios me dijo que las tendría otra vez después de esta misión, cuando volviera”...
De Sandi Wilson, Phoenix, Arizona, Estados Unidos
....Adopté a mi hijo Parker José (P. J.) en Guatemala cuando tenía diez meses. Nació con una enfermedad cardíaca congénita y tuvieron que operarlo para corregir un conducto arterioso persistente, lo que significa que tenía un agujero en el corazón que debería haberse cerrado al nacer pero no lo hizo... Tuvieron que operarle cuatro veces antes de cumplir los cinco años.
Mi hija Sedonna, a la que adoptamos en China, es tres años mayor que P. J.
Antes de irse a la cama siempre rezo con ambos y cantamos los tres. Cuando P. J. empezó a hablar, nos contaba a Sedonna y a mí cosas del cielo. Nos dijo que Dios es muy simpático y que él sabía que se iba a poner bien porque Dios se lo había prometido. Hablaba de lo bonito que era el cielo, de que había muchos colores brillantes, sobre todo en las flores...
Cuando P. J. superó su última operación, el cardiólogo nos dijo que no había sido un éxito total y que no podían hacer nada más para cerrar completamente ese agujero...
Pero un año después de su última operación, el ecocardiograma mostró algo diferente:
¡Había ocurrido un milagro! P. J. recordaba la promesa que Dios le había hecho y, claro, se cumplió. Ahora es un chico sano de trece años. ¡Bendito sea Dios!
(El resaltado es mío)
2 MEMORIAS DEL CIELO, Dr. Wayne W. Dyer & Dee Garnes, Gaia Ediciones, 2015.
NUEVOS RUMBOS
En este apartado se incluyen los capítulos que narran cómo inicié un nuevo rumbo.
Lo espiritual progresivamente se divorciaba de la religión y este iba a ser uno de los quiebres más importantes en el derrotero de mi vida.
Definitivamente, había otras realidades y yo estaba muy dispuesta a explorarlas hasta donde la vida me llevara con tal de comprender los códigos de esta nueva realidad.
Nueva era, iniciaciones, ángeles, maestros ascendidos, símbolos, mitos, códigos, señales, sincronicidades, mundos paralelos, chakras y meditación. Todo para explorar.
Nuevamente, la reportera tenía que ir ella misma a investigar. Y lo hizo.
Una chica triste y solitaria golpea las puertas del cielo
“He vivido al borde de la locura, queriendo saber las razones
y llamando a una puerta. ¡Había estado llamando desde el interior!”.
Rumi
Los años transcurrían y la angustia era ya mi compañera de vida. Peligrosamente... se tornó normal. Mi soledad me caracterizaba. Al igual que mi falta de alegría y de espíritu divertido. Las invitaciones a salidas grupales entre mis pares, lejos de atraerme, me parecían deprimentes. Las eludía sistemáticamente. Prefería estar sola en compañía de mis libros.
La angustia, pesadillas por repetición, pensamientos oscuros obsesivos y una tristeza perenne se instalaron en mi cotidianeidad como un telón de fondo donde mi vida era una obra que transcurría sin variaciones. Había crecido y mis preguntas también. Me había convertido en una chica triste y bastante solitaria. A veces, dudando de mi cordura.
El madurar no había traído respuestas o algún tipo de alivio, por el contrario. Ya sabía que no iba a encontrar respuestas por los lugares comunes: psicólogos, consejeros, libros, terapeutas. Nadie parecía tener la respuesta.
Quizás esta prolongada ausencia de respuestas o de alivio tenía un objetivo: salirme del camino y comenzar a buscar por otros lados.
Pedí ayuda al cielo, a gritos.
“Señores... allí en el cielo... si es que existen... ¿me pueden enviar ayuda?... Estoy al límite...
Me siento al borde de la locura... Ya no sé qué puerta más golpear”...
El cielo y sus mensajeros
“La muerte hace ángeles de todos nosotros
y nos da alas donde antes teníamos solo hombros...”.
Jim Morrison
Dejaría afuera una parte importante del cielo si no hablara de sus habitantes. Obviamente que la dimensión celestial está poblada de infinidad de seres celestiales.
Y como el cielo está aquí en la tierra, muchísimos de estos seres, conocidos como ángeles, están entre nosotros. Verlos o no verlos no es imprescindible. Es casi anecdótico. Lo importante es tener una relación íntima con ellos.
Sabemos que ángel quiere decir mensajero. Pero no es un mensajero cualquiera. Es un mensajero de la dimensión celeste.
Conectar con ellos es simple siempre y cuando usted crea en ellos.
Como pasa con Ávalon, el paraíso mítico... accede a él, solo quien cree que existe... El requisito siempre es creer. Creer para ver.
Si usted no cree en su existencia, no tendrá contacto con los habitantes del plano celeste. No porque ellos no lo consientan, sino porque su propia mente no les dará cabida en su conciencia. El filtro racional de la tercera dimensión les cierra la puerta.
Simplemente porque, como muchas verdades, las tendrá frente a usted, pero no las admitirá.
“No es posible. Son fantasías. Son cuentos para niños”... Y un sinfín de argumentos esgrimidos por la razón, para impedir el paso de verdades que nos obligan a salirnos de nuestras zonas de confort. Requisito clave para ingresar a otras dimensiones.
Pero, como dicen los alquimistas, el contacto asiduo con lo celeste nos conecta a diario con sus habitantes.
Con los habitantes del cielo...
La mensajera destinada a VOLAR
“Un ángel puede romper la pauta en cualquier momento
y encontrar su cielo, tiene el poder para descender hasta la materia
más baja y para salir de ella cuando quiera.
Tiene alas”.
Henry Miller
El Curso de los Milagros dice que “no existen encuentros fortuitos”. Creo lo mismo. Lo he comprobado.
Lo que voy a relatar ahora sucedió hace tantos años que no podría ponerle fecha a este encuentro mágico e inesperado con un mensajero.
Salía yo muy apurada de un evento cuando, inesperadamente, un señor desconocido se cruzó literalmente en mi camino, y me dijo: “¿Quiere que le tire las runas?”.
Me tomó muy de sorpresa. Yo en aquellos años ignoraba qué eran las runas. Sin darme demasiado tiempo para pensar, me hizo sacar una runa de su bolsa. Me regaló algo que hoy sé con seguridad, era un mensaje del cielo... Tomando en su mano la runa que elegí, me dijo:
“Esta es usted: Anzur, la mensajera”.
Como yo no comprendía bien de qué me estaba hablando, se explayó:
“Anzur representa las señales, es la marca de aquellos que vinieron a comunicar, los que tienen ese don y la habilidad para hablar. Los que traducen las señales.
Es la runa de LA PALABRA, de LA VOZ, y la que se asocia a Mercurio, el dios que tiene
ALAS.
Usted vino a comunicar y su palabra será leída y escuchada no solo en su tierra, sino también en lugares remotos y muy lejanos. Usted va a volar”.
Usted interpretará las SEÑALES, usted es LA MENSAJERA.
El exilio, antesala del paraíso
“Cuando creemos ser arrojados del paraíso,
estamos entrando en él”...
Ani Bel
En el interior de todo aquello que no hemos perdonado, de nuestros infiernos o heridas más profundas, se halla oculto nuestro don.
Es en el núcleo de eso que nos ha sido negado, de lo que hemos padecido, de lo que nos cuesta perdonar que VIVE NUESTRO POTENCIAL. Esta potencialidad nos pertenece porque la obtuvimos como experiencia después de mucho dolor.
Descubrir el don a partir de los momentos conflictivos nos conduce a encontrar nuestra ley. Así como la ley que Moisés encontró en la relación con Dios: su misión.
Dicha misión le fue revelada durante el exilio en el que necesitó perdonar y trascender su herida.
Intocablemente divino
“Hay una divinidad que forja nuestros fines,
por mucho que queramos alterarlos”.
William Shakespeare
“El privilegiado don que has cultivado, de comunicar
lo que has concientizado de Dios, nadie nunca te lo podrá quitar,
porque eso no puede ser robado ni medido en competencia,
ya que es sagrado, incorruptible e intocablemente divino”.
Rubén Cedeño
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