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Varios estudios recientes que se preguntaban por qué anhelamos el contacto con los demás han encontrado respuestas fisiológicas. Como han descubierto los neurocientíficos de la Universidad de Emory, la cooperación social activa las partes de nuestro cerebro que están vinculadas al procesamiento de recompensas.41 Las imágenes de escáneres cerebrales demuestran que, cuando experimentamos el placer de relacionarnos con los demás, se activan estos circuitos de recompensa, lo que demuestra que «la cooperación social es intrínsecamente gratificante para el cerebro humano».42 En cambio, cuando experimentamos exclusión o rechazo, se activan los centros del dolor del cerebro. De hecho, el cerebro procesa el rechazo relacional de la misma manera en que procesa el dolor físico. Como Lieberman ha descubierto en sus investigaciones, en muchos aspectos, un corazón roto causa la misma sensación que una pierna rota.43
Una vez más, pregúntate si estarías dispuesto a romperte un hueso a cambio de tener «razón» en política.
Seguramente no necesitamos escáneres cerebrales que nos digan que establecer relaciones es mucho mejor que las consecuencias del desprecio y la división. Al fin y al cabo, los grandes pensadores y religiones del mundo llevan predicando el sabio consejo de la unidad desde hace miles de años.
En la República de Platón, el gran filósofo escribe: «¿Tenemos, pues, mal mayor para una ciudad que aquello que la disgregue y haga de ella muchas en vez de una sola? ¿O bien mayor que aquello que la agrupe y aúne?».44 Aristóteles opinaba igual. Si rompiera los lazos unificadores de la amistad, escribió en su Ética a Nicómaco, «nadie querría vivir, aunque tuviera todos los otros bienes».45
Es un tema común a todos los textos sagrados de todas las religiones del mundo. El salmo 133 proclama: «Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos».46 En el Evangelio de Mateo, Jesús advierte: «Todo reino dividido internamente va a la ruina y toda ciudad o casa dividida internamente no se mantiene en pie».47 Y el Bhagavad Gita, uno de los antiguos libros sagrados del hinduismo, enseña que el conocimiento «mediante el cual se puede ver que todas las cosas están mantenidas por la misma Esencia Única» es sáttvico, es decir, puro, bueno y virtuoso.48
Los padres de la patria estadounidenses sabían que la armonía social tenía que ser el eje vertebrador de los Estados Unidos. En su célebre opúsculo Common Sense (‘Sentido común’), Thomas Paine sostenía: «No es en los números, sino en la unidad donde reside nuestra gran fuerza».49 James Madison, en su decimocuarto Federalist Paper, advirtió: «La más alarmante de todas las novedades, el más loco de todos los proyectos, el más imprudente de todos los intentos, es el de despedazarnos con el fin de preservar nuestras libertades y promover nuestra felicidad».50 John Adams creía que el cáncer del faccionalismo en los Estados Unidos debía ser «temido como el mayor de los males políticos, según nuestra Constitución».51 En su discurso de despedida, George Washington advirtió sobre los «efectos nefastos» de la enemistad política.52
Tratamos de conjugar ambas cosas, por supuesto: amor por nuestros amigos y desprecio por nuestros enemigos. De hecho, a veces incluso intentamos construir unidad en torno a los lazos comunes de desprecio por «el otro». Pero no funciona, igual que un alcohólico no puede tomar «sólo un traguito» para relajarse. La embriaguez desplaza a la sobriedad. El desprecio desplaza al amor porque se convierte en el centro de todo. Si los desprecias a «ellos», más y más gente se convertirá en «ellos». Los Monty Python lo expusieron de manera hilarante en la película La vida de Brian, donde los enemigos más acérrimos son dos grupos disidentes judíos rivales: el Frente Judaico Popular y el Frente Popular de Judea.
Tanto los filósofos de la antigua Grecia como las grandes religiones del mundo, pasando por los padres de la patria y los psicólogos de la era moderna, nos exhortan a optar por lo que nuestro corazón desea en el fondo: el amor y la bondad. Todos advierten sin medias tintas que la división, si se permite que arraigue permanentemente, provocará nuestra desgracia y caída.
Hay que hacer dos advertencias. En primer lugar, unidad no es necesariamente sinónimo de acuerdo. Dedicaré un capítulo entero más adelante en este libro a la importancia de la discrepancia respetuosa. Segundo, la unidad es siempre una aspiración; nunca estaremos unidos por completo. Ni siquiera en tiempos de guerra, nuestra nación ha remado de forma unánime en la misma dirección. Sin embargo, aunque no sea del todo alcanzable, el objetivo de estar más unidos sigue siendo ideal para conseguir más de lo que queremos como personas.
Queremos amor. Pero ¿cómo lo conseguimos? Tenemos que empezar diciendo que es, en efecto, lo que queremos de veras. Esto es más fácil de decir que de hacer. Un famoso episodio bíblico lo ilustra:
Y al salir él [Jesús] con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí». […] Jesús le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le contestó: «Rabbuni, que recobre la vista».53
A primera vista, parece una tontería. Un ciego, Bartimeo, quiere un milagro de Jesús. Éste le pregunta: «¿Qué quieres?». Como dirían mis hijos: «Tío, quiere ver». Y, de hecho, eso es más o menos lo que el ciego responde.
La historia es profunda porque, aunque la gente sabe lo que realmente quiere, a menudo no lo pide. Piensa en la última vez que tuviste un conflicto real con alguien a quien amas. Deseabas desesperadamente que el conflicto terminara y que volviera el afecto, pero seguiste luchando de todas formas. Tengo un amigo que no se habló con su hija durante veinte años y ni siquiera sabía cómo se llamaban sus nietos. Tenía unas ganas tremendas de reconciliarse, pero no se atrevía a hacerlo. Tal vez nunca has hecho algo tan radical, pero en un momento u otro, todos hemos experimentado el dolor de una fractura en nuestras relaciones que el orgullo nos impide arreglar.
Una vez más, se trata de la adicción. Todos los adictos quieren liberarse de la adicción, y disponen de numerosas ayudas para ello. Todo lo que tienen que hacer es desprenderse de lo que odian y pedir lo que realmente quieren. Pero no lo hacen, a veces incluso hasta la sepultura. ¿Por qué no? La mayoría dice que el sufrimiento que causa a corto plazo dejar de fumar es demasiado grande, o que el alcohol u otras drogas, por muy terribles que sean, son lo único que les proporciona verdadera satisfacción en una existencia vacía.
Padecemos una adicción cultural al desprecio –una adicción instigada por el complejo industrial de la indignación para obtener ganancias y poder– y nos está destrozando. Pero la mayoría de nosotros no queremos eso. Queremos amor, bondad y respeto. Sin embargo, tenemos que pedirlos, elegirlos. Es difícil; somos orgullosos, y el desprecio puede crear una sensación de propósito y satisfacción a corto plazo, como una bebida más. Nadie dijo nunca que acabar con una adicción fuera fácil. Pero no te confundas: al igual que Bartimeo, podemos elegir lo que realmente queremos, como individuos y como nación.
¿Cómo? No basta con dejarlo al azar, con la esperanza de que reaccionemos accidentalmente como yo con mi corresponsal tejano, o como Hawk Newsome y Tommy Hodges en la Explanada Nacional de Washington. ¿Qué podemos hacer a partir de hoy para rechazar el desprecio y abrazar el amor?
En busca de una respuesta, consulté a dos expertos.
El primero es John Gottman, a quien ya he presentado en este capítulo. Le pregunté cómo pensaba que podríamos usar sus ideas sobre la armonía en la pareja para mejorar nuestro discurso nacional. Si quieres una América más unida por los lazos del amor, ¿cómo deberías tratar a las personas con las que no estás de acuerdo políticamente?
Gottman tardó un poco en contestar, porque nunca antes había respondido a esta pregunta. Los profesores siempre se muestran reacios a ir más allá de su información y su experiencia concreta. Pese a todo, me dijo que amaba a los Estados Unidos, que le partía el corazón el desprecio que se extendía por todo el país y que quería que volviéramos a estar juntos. Así que me dio cuatro reglas:
1. Concéntrate en el malestar de los demás, y hazlo con empatía. Cuando los demás se muestren disgustados por motivos políticos, escúchalos con respeto. Trata de entender su punto de vista antes de ofrecer el tuyo. Nunca escuches sólo para rebatir.
2. En tus interacciones con los demás, sobre todo en áreas de desacuerdo, adopta la «regla de cinco a uno», que Gottman propone a las parejas: asegúrate de formular cinco comentarios positivos por cada crítica negativa. En las redes sociales, son cinco mensajes positivos por cada uno que pueda considerarse negativo.
3. Ningún desprecio está justificado, jamás, aunque, en un arrebato momentáneo, creas que alguien se lo merece. Suele ser injustificable más a menudo de lo que crees, es siempre malo para ti y nunca convencerá a nadie de que se equivoca.
4. Ve donde haya gente que discrepe de ti y aprende de ellos. Eso significa que hagas nuevas amistades y busques opiniones con las que sabes que no estarás de acuerdo. ¿Cómo actuar en un lugar así? ¡Sigue las reglas de la 1 a la 3!
Estas reglas son tan importantes que me extenderé sobre ellas (y otras) a lo largo de todo este libro. Si te parecen difíciles de seguir, ¡no te preocupes! Te enseñaré a hacerlo.
La segunda persona a la que consulté sobre cómo luchar contra el desprecio es el hombre más sabio que conozco, y también uno de los expertos mundiales en unir a las personas mediante los lazos de la compasión y el amor: Su Santidad el dalái lama.
El dalái lama es el líder espiritual de los budistas tibetanos y uno de los líderes más respetados del mundo actual. Hemos colaborado durante años, y aunque soy católico y no budista, yo lo considero un mentor y guía. Lo visité en su monasterio en Dharamshala (India), en las estribaciones del Himalaya, cuando empezaba a trabajar en este libro. «Santidad –le pregunté–, ¿qué debo hacer cuando sienta desprecio?» Como ya te he contado en la introducción, me respondió: «Practica el afecto».
Para ser sincero, al principio pensé: «¿Sólo eso?». Parecía más un aforismo que un consejo útil. Pero cuando reflexioné sobre ello, vi que era realmente certero y práctico. No abogaba por ceder ante las ideas de las personas con las que no estuviéramos de acuerdo. Si creo que tengo razón, tengo el deber de atenerme a mis opiniones, pero también el de ser amable, justo y amigable con todos, incluso con aquellos de los que me separan grandes diferencias.
¿Difícil? Claro, el dalái lama sería el primero en notar que el afecto es propio de los fuertes, no de los débiles. Es un consejo que él ha seguido. Con apenas quince años, se erigió en el líder del pueblo budista tibetano tras la invasión china del Tíbet en 1950.54 A raíz de la brutal represión contra su pueblo, el dalái lama se exilió en 1959, y desde entonces ha dirigido una comunidad tibetana pobre y desposeída desde su hogar en Dharamshala. El dalái lama y su pueblo han sido tratados con un desprecio peor del que la mayoría de nosotros jamás experimentaremos en nuestras vidas, expulsados de sus hogares y tratados como si no fueran personas.
¿Cómo ha respondido? El dalái lama comienza cada día ofreciendo plegarias por China, sus dirigentes y su pueblo.55 Practica el afecto hacia el mismo régimen que los llevó a él y a sus seguidores al exilio y que continúa oprimiendo al pueblo del Tíbet. Eso es fortaleza, no debilidad. El afecto no es para los pusilánimes.
Mi siguiente pregunta fue: «¿Cómo puedo hacerlo? Deme algunos consejos prácticos, Santidad», a lo que él contestó: «Piensa en una época de tu vida en la que respondiste al desprecio con afecto. Recuerda cómo te hizo sentir, y vuelve a hacerlo». Fue en ese momento cuando me di cuenta de que el afecto es exactamente lo que transformó mi intercambio de correos electrónicos al principio de este capítulo. Respondí por casualidad al desprecio con afecto y vi cómo el desprecio se desvanecía en un instante.
La bondad y el afecto son el antídoto contra el veneno del desprecio que corre por las venas de nuestro discurso político. Desprecio es lo que vimos cuando Tommy Hodges y Hawk Newsome –el organizador de la manifestación a favor de Trump y el activista de Black Lives que hemos visto al principio de este libro– llegaron a la Explanada Nacional. Al invitar a Hawk a subir al escenario, Tommy hizo algo más que darle a Hawk una plataforma para hablar: reconoció su dignidad como compatriota estadounidense. Fue como si hubiera dicho: «Puede que no esté de acuerdo con usted, pero lo que tiene que decir es importante». Esa simple demostración de respeto rompió el muro de desprecio mutuo que los separaba y transformó por completo su relación.
Hawk, a su vez, reaccionó de la misma manera, dirigiéndose al público de forma positiva y afectuosa. Expresó una causa moral que compartía con sus oyentes –al declarar que era un estadounidense que amaba a su país y que quería hacer grande a América– a la vez que los retaba a pensar de manera diferente sobre la difícil situación de los afroamericanos. Su planteamiento fue profundamente unificador. Hizo un alegato moral a favor de la compasión y la justicia, y apeló a algo que todos tenían grabado en el corazón.
Eso no significa que todos los asistentes al acto estuvieran de acuerdo con lo que dijo; no fue así. Sucedió algo más profundo que el mero acuerdo político: se estableció una conexión humana que permitió un debate de ideas respetuoso y productivo.
Esto es exactamente lo que los Estados Unidos necesitan. Es lo que nuestros corazones desean. Y no tiene que ser flor de un día. En realidad es algo que podemos proyectar y reproducir en todo el país si tenemos el coraje y la voluntad necesarios.
¿Cómo? Empecemos con nuestras interacciones. Si te tratan con desprecio, no lo consideres una amenaza, sino una oportunidad. En el Dhammapada, uno de los principales textos sagrados budistas, dice el maestro:
Conquista al hombre airado mediante el amor; conquista al hombre de mala voluntad mediante la bondad; conquista al avaro mediante la generosidad; conquista al mentiroso mediante la verdad.56
Cuando lo leí por primera vez, pensé que era extraño que el Buda nos exhortara a convertir la bondad amorosa en un instrumento para conquistar a los demás, pero ésa era una lectura errónea. Tras reflexionar, me di cuenta de que el hombre airado, de mala voluntad, avaro y mentiroso soy yo. Tengo que conquistarme a mí mismo, y el instrumento para lograrlo es mostrar afecto a los demás, sobre todo cuando no me lo muestran a mí.
Cuando te tratan con desprecio, tienes la oportunidad de cambiar por lo menos un corazón: el tuyo. Puede que no seas capaz de controlar los actos de los demás, pero sí tus reacciones. Puedes romper el círculo vicioso del desprecio. Tienes la fuerza necesaria.
Y la oportunidad te llegará antes de lo que crees, ya venga por la izquierda o por la derecha. ¿Crees que te han atacado injustamente en las redes sociales? Responde con afecto. ¿Has oído a alguien que hacía un comentario sarcástico sobre la gente que vota como tú? Responde con amabilidad. ¿Quieres decir algo insultante sobre las personas que no están de acuerdo contigo? Respira hondo y, en vez de eso, demuéstrales amor.
Ya te oigo decir que suena genial, pero ¿qué pasa si no lo siento? No tiene importancia. Como veremos en el siguiente capítulo, lo que hacemos es lo que suele determinar cómo nos sentimos, y no al revés. Si esperas a sentir afecto por tus adversarios ideológicos, ya puedes hacer que escriban como epitafio en tu tumba: AGUARDABA A SENTIR AFECTO. Los actos no son consecuencia de nuestras actitudes, salvo en contadas ocasiones. Más bien al contrario: la actitud es el fruto de nuestros actos. ¿No lo sientes? Pues finge, y pronto lo sentirás.
El resto de este libro da muchos consejos prácticos sobre cómo responder al desprecio con sinceridad, cómo optar por la bondad en vez del desprecio. Sin embargo, hace mucho más que guiarnos en nuestra batalla personal. Nos enseña a todos cómo podemos ser líderes que luchen contra el desprecio en la sociedad y traigan a más gente –prescindiendo de cómo voten o vean el mundo– la alegría de amarse los unos a los otros.
12. Adam Waytz, Liane L. Young y Jeremy Ginges, «Motive Attribution Asymmetry for Love vs. Hate Drives Intractable Conflict», Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 111, 44, noviembre de 2014, pp. 15687-15692, identificador de objeto digital (DOI por sus siglas en inglés): 10.1073/pnas.1414146111.
13. Agneta H. Fischer e Ira J. Roseman, «Beat Them or Ban Them: The Characteristics and Social Functions of Anger and Contempt», Journal of Personality and Social Psychology, 93, 1, julio de 2007, pp. 103-115, DOI: 10.1037/0022-3514.93.1.103.
14. John M. Gottman, «A Theory of Marital Dissolution and Stability», Journal of Family Psychology, 7, 2, junio de 1993, pp. 57-75, DOI: 10.1037/0893-3200.7.1.57.
15. Kim T. Buehlman, John M. Gottman y Lynn F. Katz, «How a Couple Views Their Past Predicts Their Future: Predicting Divorce from an Oral History Interview», Journal of Family Psychology, 5, 3-4, marzo-junio de 1992, pp. 295-318, DOI: 10.1037/0893-3200.5.3-4.295.
16. John M. Gottman, «A Theory of Marital Dissolution and Stability», Journal of Family Psychology, 7, 2, junio de 1993, pp. 57-75, DOI: 10.1037/0893-3200.7.1.57.
17. Joseph Flaherty, «Arizona Congressman Paul Gosar’s Siblings Endorse Rival in New Campaign Ads», Phoenix New Times, 21 de septiembre de 2018, https://www.phoenixnewtimes.com/news/arizona-congressman-paul-gosars-siblings-endorse-opponent-10849863.
18. Paul Gosar (@DrPaulGosar), «My siblings who chose to film ads against me are all liberal Democrats who hate President Trump. These disgruntled Hillary supporters are related by blood to me but like leftists everywhere, they put political ideology before family. Stalin would be proud. #Az04 #MAGA2018», Twitter, 22 de septiembre de 2018, 11:24 h.
19. David A. Graham, «Really, Would You Let Your Daughter Marry a Democrat?» Atlantic, 27 de septiembre de 2012, https://www.theatlantic.com/politics/archive/2012/09/really-would-you-let-your-daughter-marry-a-democrat/262959.
20. Thomas Jefferson, «From Thomas Jefferson to Henry Lee, 10 August 1824», Rotunda, http://rotunda.upress.virginia.edu/founders/default.xqy?keys=FOEA-print-04-02-02-4451.
21. Agneta H. Fischer e Ira J. Roseman, «Beat Them or Ban Them: The Characteristics and Social Functions of Anger and Contempt».
22. Kirsten Weir, «The Pain of Social Rejection», American Psychological Association, Monitor on Psychology, 43, 4, abril de 2012, p. 50, http://www.apa.org/monitor/2012/04/rejection.aspx.
23. Weir, id.
24. Stephen Hawkins et al., «Hidden Tribes: A Study of America’s Polarized Landscape», More in Common, 2018, https://static1.squarespace.com/static/5a70a7c3010027736a22740f/t/5bbcea6b7817f-7bf7342b718/1539107467397/hidden_tribes_report-2.pdf.
25. John Wagner y Scott Clement, «‘It’s Just Messed Up’: Most Think Political Divisions as Bad as Vietnam Era, New Poll Shows», Washington Post, 28 de octubre de 2017, https://www.washingtonpost.com/graphics/2017/national/democracy-poll/?utm_term=.c6b95de49f42.
26. «APA Stress in America Survey: US at ‘Lowest Point We Can Remember’; Future of Nation Most Commonly Reported Source of Stress», American Psychological Association, 1 de noviembre de 2017, http://www.apa.org/news/press/releases/2017/11/lowest-point.aspx.
27. APA, Id.
28. «Many See Potential Harm from Future Gridlock, for the Nation and Personally», Pew Research Center, 11 de diciembre de 2014, http://www.people-press.org/2014/12/11/few-see-quick-cure-for-nations-political-divisions/12-11-2014_02.
29. Joshua Bleiberg y Darrell M. West, «Political Polarization on Facebook», 13 de mayo de 2015, https://www.brookings.edu/blog/techtank/2015/05/13/political-polarization-on-facebook.
30. Itai Himelboim, Stephen McCreery y Marc Smith, «Birds of a Feather Tweet Together: Integrating Network and Content Analysis to Examine Cross-Ideology Exposure on Twitter», Journal of Computer-Mediated Communication, 18, 2, enero de 2013, pp. 40-60, DOI: 10.1111/jcc4.12001.
31. Neil Malhotra y Gregory Huber, «Dimensions of Political Homophily: Isolating Choice Homophily along Political Characteristics», Stanford Graduate School of Business Working Paper n.° 3108, octubre de 2013, https://www.gsb.stanford.edu/faculty-research/working-papers/dimensions-political-homophily-isolating-choice-homophily-along.
32. «Partisan Animosity, Personal Politics, Views of Trump», Pew Research Center, 5 de octubre de 2017, http://www.people-press.org/2017/10/05/8-partisan-animosity-personal-politics-views-of-trump.
33. Id.
34. «Partisanship and Political Animosity in 2016», Pew Research Center, 22 de junio de 2016, http://www.people-press.org/2016/06/22/partisanship-and-political-animosity-in-2016.
35. David Blankenhorn, «The Top 14 Causes of Political Polarization», American Interest, 16 de mayo de 2018, https://www.the-american-interest.com/2018/05/16/the-top-14-causes-of-political-polarization.
36. «Reelection Rates over the Years», Open Secrets, Center for Responsive Politics, https://www.opensecrets.org/overview/reelect.php. Los resultados corresponden a las elecciones de 2012, 2014 y 2016; en el momento de escribir este libro, aún no estaban disponibles los resultados de las elecciones de mitad de mandato de 2018, pero es muy probable que la proporción de representantes y senadores reelegidos sea parecida a la de las elecciones previas: superior al 90 por ciento.
37. Matthew D. Lieberman, Social: Why Our Brains Are Wired to Connect, Nueva York, Crown, 2013, p. 247.
38. Id.
39. Julianne Holt-Lunstad, Timothy B. Smith y J. Bradley Layton, «Social Relationships and Mortality Risk: A Meta-analytic Review», PLOS Medicine, 7, 7, julio de 2010. DOI: 10.1371/journal. pmed.1000316.
40. «The Health Benefits of Strong Relationships», Harvard Women’s Health Watch, diciembre de 2010, https://www.health.harvard.edu/newsletter_article/the-health-benefits-of-strong-relationships.
41. «Emory Brain Imaging Studies Reveal Biological Basis for Human Co-operation», nota de prensa, Emory Health Sciences, 19 de julio de 2002, http://whsc.emory.edu/_releases/2002july/altruism.html
42. Id.
43. Lieberman, loc. cit.
44. Platón, The Republic, trad. de Benjamin Jowett, Los Ángeles, Madison Park, 2010, p. 75. [Traducción española: República, trad. de J. M. Pabón y M. Fernández-Galiano, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 1997, 462 a-b (N. del T.)].
45. Aristóteles, Nicomachean Ethics, trad. de W. D. Ross, Stilwell, Digireads.com, 2005, 8.1 [Traducción española: Ética a Nicomáquea, trad. Julio Pallí Bonet, Madrid, Gredos, 1993, libro 8, 1, p. 239 (N. del T.)].
46. Salmos 133, 1. [En la versión española, todas las citas de la Biblia proceden de la Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2011 (N. del T.)].
47. Mateo 12, 25.
48. Bhagavad Gita, trad. de Stephen Mitchell, Nueva York, Harmony Books, 2000, p. 186. [Traducción española: El Bhagavad Gita. Canto del Señor, trad. de Julio Pardilla, disponible en línea en http://www.sociedadbiosofica.org/libros/Gita/gita.pdf, p. 105 (N. del T.)].
49. Thomas Paine, Common Sense, Project Gutenberg, 9 de junio de 2008, https://www.gutenberg.org/files/147/147-h/147-h.htm.
50. James Madison, The Federalist Papers, 14, Avalon Project, Lillian Goldman Law Library, Yale University, 2008, http://avalon.law.yale.edu/18th_century/fed14.asp.




