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—Mis heridas son la menor de mis preocupaciones —se irguió torpemente de la cama y quiso levantarse, Tirsa sin más remedio le ayudó a ponerse de pie, sosteniendo el duro cuerpo de aquel Rey.
—Debes descansar o las heridas se abrirán.
—Déjame ver por la ventana, quiero ver por la ventana.
—No veras destrucción, lucharon y dieron su vida misma protegiendo la entrada, no hubo pérdidas más que tus soldados y de Odotnet —con la mano libre, logró abrir la ventana y le mostró su reino, y en efecto todo estaba como el recordaba, a excepción de un grupo de soldados y guardianes resguardando la entrada que por su capricho él abrió.
—¿Cada cuanto cambian la guardia de la entrada?
—Tratamos de hacerlo cuatro veces al día, no sabemos cuándo podrán atacar —lo llevó de regreso al pie de su cama.
Uran levantó el rostro y admiró a Tirsa, entonces las palabras de su fiel amigo tuvieron sentido —Se mi esposa, se la madre de mis hijos y ayúdame a gobernar —le vio a los ojos, observando su belleza por primera vez, perdiéndose en su ardiente mirada, sabía que ella era una de las mejores mujeres, una dama, una mujer que lucharía y daría la vida por su reino.
Sin palabra alguna por segundos, se acordó del rostro de Odotnet y la las palabras que dijo —Lo único que le pido es que interceda por el bienestar de la familia de Odotnet, que sus hijos vengan a vivir al palacio cuando sea su esposa —bajó la mirada, tratando de ocultar el inmenso amor que le tenía.
Con su mano sana, levantó el rostro de la muchacha —No ocultes ese amor —se levantó y acercó a ella dándole un beso lento, corto y apasionado —Ellos siempre estarán a nuestro lado.
Desde ese día Uran, aprendió a amar, a respetar sus códigos, a su gente y sobre todo respetar la vida que su padre alguna vez le dio. Se unió a Tirsa y cumplió lo prometido, llevó a la familia de su guardián a casa, construyó una escultura de mármol en su honor, como héroe de batallas y con una inscripción debajo de esa estatua del amigo perdido —“Da gracias a la vida por darte lo que tienes, agradece a tu gente por el amor que te tiene, pero lo más importante, deja el pasado atrás, sigue y disfruta de lo que hoy tienes y trata de imaginar lo que mañana llegues a tener”
Fue una lección dura para ese Rey, pero tuvo la sensatez de continuar gobernando y tratando de impedir el paso de los demonios a su reino, ante el nacimiento de su hijo Adel, al tener al bello niño entre sus brazos supo que no podía resguardar más el poder de Dios, que su misión era resguarda a su familia y a su pueblo y vivir con el peso de esa misión sobre sus hombros solo le acabaría como hizo con su joven padre.
Resguardando la daga, y el cofre que contenía en su interior cuatro profecías que hablaban del pasado, presente y del futuro, en el escribiría las pistas necesarias para que el elegido liberé el poder de Dios y le ayude a vencer el mal del mundo por tercera vez, puesto que una guerra se desataría en los mundos y destruiría todo a su paso.
Con ayuda de Tirsa, sacó el obsequio de Dios de su cuerpo, resguardándolo en un una placa hexagonal de plata, con el sello del cofre de Bendora como pista, guardó en ese metal el poder de Dios, el poder de Sanel y ofrenda a ese nuevo sello su poder mismo, Uran se convirtiéndose en mortal por decisión propia, convirtiéndolo en una tradición, las generaciones de fuego debían reguardar el poder de Dios y dar como ofrenda antes de su muerte sus dones para así asegurar que el sello permaneciera oculto y resguardado y así hacer obsoleto el uso del medallón, era la única manera de garantizar la prevalencia de la humanidad.
Al haber expuesto a su raza a un posible exterminio, abrió puertas que le fueron imposibles de cerrar al pasar del tiempo, pero logró ver un poco de luz en tanta oscuridad, con la creación del sello garantizaba que en el futuro sus predecesores pudieran hallar la manera de cerrar las murallas que él por su intransigencia abrió, con ello podrían invocar a su raza y dar inicio al ritual que devolvería a Dios a la vida cuando el mal ya se expandiera por el mundo, entonces creo el sello que haría resurgir el poder de Dios con siglos de ofrendas y así devolviéndole a ese padre ausente la vitalidad, devolviendo la fe y la vida.
Y en otra parte del mundo, dejó a Triassag, el sello con el cual los jefes del trono que vendrían podrían depositar su poder y dar inicio al juicio, con la forma de un círculo tenía al norte al fuego al sur al sello de agua, al este la tierra y al oeste el sello de viento, mientras que en el centro un hexágono como pieza faltante, allí tendría que depositarse el poder de Dios.
Descubrió de mala manera que el fin estaba más cerca de lo que él mismo pensaba, descubriendo que el cofre que resguardaba, contenía cuatro papiros, en ellos revelaba los secretos del mundo, el nombre de los salvadores, así como el final de la historia. En cada profecía, al final de cada una, se encontraba dibujada una fracción del sello de cofre, un indicio que con el tiempo los encargados de destruir al mal descubrirían.
La primera profecía narraba como todos fuimos creados, como el hombre había tentado contra Dios y contra sí mismo. Al inicio de la creación sus nombres eran Inumine y eran cuatro especies distintas. Ese rollo estaba envuelto por un listón blanco y un anillo con la forma de un halcón desplegando sus alas, mientras una ráfaga de viento lo envolvía, el mismo sello del medallón.
La segunda profecía, en ella narraba como la cuarta especie fue despojada del reino por las manos de Sanel, ya que el jefe del clan advirtió sobre el mal que traería uno de los hijos del Clan Fuego, prediciendo una de las batallas más poderosas de dos hermanos, Hadeo y Uran. Ese rollo estaba envuelto en un listón marrón y un anillo con la forma de un tigre con una ráfaga de Tierra se desplegaba de sus alas.
La tercera profecía, en ella revelaba que después de siglos, una de las generaciones traería la paz a ambos reinos, uniendo sus fuerzas tratando de evitar más guerras. Siendo los tres al trono de cada reino como Dios dispuso. Hablando de todas las generaciones de Uran han donado su poder antes de morir, depositándole en el sello que el patriarca construyó, bajando a la tierra cada 70 años depositando su poder. Ese rollo estaba envuelto por un listón azul, y un anillo con la forma de un delfín nadando en el mar, las aguas envolviendo su cuerpo.
La cuarta profecía, revelaba en nombre de la última generación de cada especie, incluyendo del reino de los infiernos, como todos los clanes regresarían a la lucha por salvar la vida de muchos, incluyendo sus vidas mismas. En ella no daba información de quien ganaría esa batalla, solo daba los nombres de esos muchachos que serían la última generación viva de ángeles, la última generación de guardianes y protectores. Este último papiro no revelaba mucho, envuelto con un listón rojo y el sello de un lobo con alas envuelto en llamas.
En cada papiro había un fragmento de poder, mínimo pero era un tesoro invaluable de las generaciones pasadas, siendo un tesoro más que guardar para los ángeles y cómo predijo, los años pasaron y los hijos de aquellos dos rivales crecieron, formando su familia, convirtiéndose en hombre, convirtiéndose en jefes de estado, vivieron años de infinitas guerras para solo un años de paz, la destrucción marco a ese pueblo, como marco también a sus tradiciones.
El hijo de Hadeo, Sagia le enseño a su hijo Hur todo lo que tenía que saber sobre los demonios y sus rivales, y así pasaron los medallones a sus sucesores varones.
El hijo de Uran, Adel le enseñó y mostró a su hijo Wuk y a su hija Jeka como es que la vida en el reino se vio amenazada por los demonios y el hermano de su abuelo, enseñándoles la ubicación del sello y de Triessag, mostrándoles que depositar su poder como ofrenda garantizaba que la maldad llegara a su fin y que esa tradición debía seguirse hasta que la llegada de los tres al trono, trono que sería dividido y daría años de paz, pero también traería a las puertas a la destrucción. Jamás cambiaron la historia, pero nunca se dieron cuenta que ambos hermanos fueron los responsables de una guerra que jamás terminaría. Dos hermanos que fueron rivales desde su nacimiento, nombres que yacen en el muro del conocimiento y del recuerdo, memorias de dos grandes que perduraron en la historia, memorias llenas de rivalidad, egoísmo, guerra y sangre
Como Dios lo predijo, sus hijos tuvieron hijos y sus hijos también tuvieron hijos, el reino fue poblado, mientras que las ideas de guerra y matanzas también crecieron, hasta que la llegada de uno de los tres al trono fue cumplida, un miembro directo de la línea de Uran, un hijo, primogénito y descendiente, y su nombre era Linus, el último de los grandes.
CAPÍTULO 8:
LOS TRES AL TRONO.
Después siglos y siglos de batallas, la lucha entre reinos persistió, al igual que sus ideas de conquista y devastación, donde nuevos enemigos habitaron el reino, para luego ser despojados de sus habilidades, ser destruidos lentamente mientras que eran despojados de sus almas y de llegar a la gracia de Dios padre.
Fue entonces, para términos de los años de 1940, en plena guerra entre los mundos, cuando el infierno trataba de conquistar las tierras de los ángeles, y los ángeles destruir desde raíz el mal, nacieron seis niños entre el cielo y el infierno, Dios les había advertido a los primeros reyes de esos nacimientos, los tres al trono para cada reino habían llegado al fin.
Conocidos como guardianes blancos, tres varones nacidos de distintas familias, tres ángeles que tomarían el poder a la mayoría de edad, Linus que siguió la generación de Uran, de sus antepasados, fue el que nació primero, tomando el trono demasiado joven ante la muerte prematura de su padre.
Dos años después de su nacimiento, nació el segundo niño del clan de agua, naciendo con la marca de los reyes, el delfín rodeado de una ráfaga de agua, fue bautizado como Firop, para luego de seis años, nació Begord, con la marca del clan de viento.
Mientras que los demonios también tuvieron triple nacimiento de distinta madre y padre, eran varones, Druagar nació tres años antes que Linus, descendiente directo de Hadeo, Triaco guardián oscuro del clan agua nació el mismo día que Linus y Alianu era el guardián oscuro del viento, era menor de todos los guardianes, naciendo dos años después de Begord.
Tras el nacimiento de cada uno, los medallones se prepararon para recibir a sus elegidos, llegando a sus manos el día en que nacieron, la barra de protección se desvanecía lentamente al disminuir el poder que concentraban cada sello, sin importar donde estaba esos niños, los medallones cruzaron mundos para llegar a sus propietarios, cruzaron todo obstáculo para llegar a aquellos que darían vida al inicio del juicio.
Sin embargo no fue el único que tuvo que pasar por una dura prueba, la caída fue dura, la sensación de ardor, de frío, hizo que su cuerpo no solo cambiara, sino que le hizo aún más débil de lo que solía ser, lo habían arrojado de su tierra, de aquella tierra que le pertenecía por derecho, le habían arrebatado lo que él consideraba suyo. Cansado por el agotador viaje, quedó en el suelo por horas, solo para despertar siendo diferente y ver que pertenecía a un mundo oscuro, un mundo al que siempre vio como un mundo destruido por un Dios que nunca supo comprender.
En medio del polvo, de las cenizas y el dolor, trató de ver a su alrededor, era un mundo extraño, pero había sido condenado sin remordimiento y miedo alguno al lanzar a uno de los suyos al infierno, tratando de levantarse sintió el dolor de su espalda, le había arrancado las alas sin compasión arrebatándole lo único que atesoraba, de pie supo que el infierno sería su nuevo hogar, su padre no había hecho intento alguno de rescatarlo, solo lo reprendió y observó cómo ese hermano suyo lo había lanzado a un lugar al que posiblemente no sobreviviría, su nombre solo traería la muerte así que opto por dejar también atrás el nombre que su padre le había dado.
Adrex, el padre de Linus, le enseñó todo lo que sus ancestros le enseñaron a él, su hermano menor Olap había muerto en batalla en día en que su segundo hijo nació, siendo un gran golpe para él. Sin que los ancestros de Uran se olvidaran de lo prometido, nombró a las generaciones de Odotnet guardianes oficiales del reino, creciendo junto a las generaciones, resguardándoles, siendo el último de la generación Miaka.
Desde el nacimiento de los Guardianes blancos, las guerras se intensificaron, las muertes superaron números, mientras que la gente del pueblo solo clamaba paz y rendición, la vida estaba siendo más difícil, los sueños estaba desmoronándose, como también la esperanza de vivir en un mundo tranquilo, que solo era una nube que se disipaba a la realidad violenta de su reino.
Un reino extenso, con estatuas de cada rey al trono, mientras que cada guardián que murió junto a aquellos reyes también tenían su tributo, Linus paseaba por aquellos caminos mientras que la sombra de aquellos grandes líderes lo escoltaban hasta el palacio que habían construido con el tiempo, quizás en ese momento su visión cambio, muchos le atribuyeron a Linus un parecido con el primer patriarca angelical, era tan parecido a Uran, que muchos decían que era la reencarnación de su antepasado, con cabellos rubios, ojos pardos, un cuerpo atlético resultado de tantos años de entrenamiento, aunque su padre le negaba participar en las guerras, a ello, Linus no se perdonó jamás el no poder sostener la mano de su padre al morirá la edad de 25 años su familia había sido destruida por la ambición de dos pueblos que deseaban a toda costa el poder y el cayó en aquella maraña también, cometiendo el terrible error de tomar justicia por su propia mano.
Los padres de aquellos dos herederos murieron por la misma mano y al mismo tiempo, obligado a hacerse cargo del trono demasiado joven, como también tomar a Miaka como su protector y guardián, ambos comenzaron a hacer de ese nuevo reino en ruinas por las guerras un lugar mejor.
Cuentan que en la última semana de invierno, los dos reyes faltantes, tocaron a la puerta de Linus, pero no aclamando el trono, sino justicia y paz, puesto que las guerras y las invasiones a su hogar les habían arrebatado a sus padres, cómo olvidar que en esa semana de invierno, observó por la ventana la espesa nieve que cubría su reino, sintiendo la nostalgia de la pérdida de su padre, quedó dormido en su cómoda otomana, Miaka estaba recostado en la alfombra, siendo calentado por el fuego de la chimenea, entonces sintió el ruido insistente de la puerta, poniéndose de pie, caminó hasta su amigo, despertándole —¡Linus! Linus debes despertar, alguien llama a la puerta.
—Calma Miaka, debe ser el viento —se movió acomodándose, pero su amigo insistió.
—Vamos flojo ¡Levántate! —Miaka movió la otomana haciéndole caer, obligándole a tomar su espada y bajar las escaleras del palacio.
—¿Quién toca la puerta a estas horas? —se preparaban para atacar, Miaka contenía en su boca un esfera de fuego listo para atacar, Linus con su poder de telequinesis abrió la puerta. Pero antes de poder dañar a alguien, observaron bien, deteniéndose a tiempo se dieron cuenta de que aquellos golpeteos insistentes provenían de dos jóvenes, encapuchados y mojados por la tormenta y tiritando de frío por el mal clima de ese invierno.
—Mi señor, debemos hablar con usted —replicó uno de ellos mientras sujetaba de la mano al otro muchacho de 14 años aproximadamente.
—¿Que desean? —Miaka preguntó molesto.
—Queremos hablar sobre la marca —subieron sus mangas, mostrando el tatuaje de los reyes, aquel símbolo que marcaba la diferencia entre aldeanos y reyes. Linus al ver la marca en sus muñecas, soltó la espada que cayendo al suelo el sonido del titanio quedo acentuado en el silencio del palacio, ya que la llegada de los dos sucesores que Dios predijo tiempo atrás, conllevaba a que la breve época de paz terminaría dando inicio a una de las mayores guerras que arrasaría con todo a su paso, incluso con la vida de la tierra, iniciando el juicio final.
Miaka observó el rostro de Linus, no sabía que decirle, estaba confundido, aun no sabía mucho sobre el reino, pero las únicas palabras que pudo articular fueron duras de decir —Sus padres ¿Viven? —pero la negativa de ambos fue dolorosa, habían perdido a sus padres en la última invasión de los demonios.
Linus caminó hacia ambos muchachos, invitándoles a pasar, sosteniendo sus hombros, dándoles la fuerza que necesitarían, desde ese día el reino de los cielos se dividió en tres, tres legítimos patriarcas y herederos del trono, tres Guardianes Blancos que traerían junto a su reinado la paz que su pueblo tanto anhelo.
Año tras año, iban creciendo, enseñando a su pueblo nuevas costumbres, por otro lado, los jefes del infierno fueron llevados al poder para calmar las disputas entre ellos mismos, para ellos no fue fácil compartir el trono, Druagar con 26 años, no podía permitir que los intrusos que una vez un Dios predijo le quitaran lo que más amaba, no quería que nadie ingresara al reino que una vez su padre construyó con años de sacrificios hasta que su prematura muerte a manos de Uran desató la guerra y el exterminio de su raza.
Triaco con 23 años y el pequeño Alianu con 10 años, tomaron el mando, tratando de concluir las rebeliones internas, pero todo era imposible de controlar con reyes tan jóvenes en el trono.
Cada gobernante fue evolucionando como jefes de estado, haciéndose hombres ante las leyes y listos para tomar el mando y regir sus reinos, decidieron entonces hacer una tregua, Guardianes Oscuros y Blancos estaban cansados de las grandes guerras, de la sangre que brotaba de sus muros y la gran línea de estatuas en honor a sus reyes caídos, ya que había pasado casi diez años desde la última batalla y no deseaban derramar más sangre inocente. Tomando la iniciativa, mandaron mensajeros a dar la tregua, los demonios de la misma manera enviaron a sus mensajeros, reuniéndose en la puerta de ambos reinos, el lugar donde los poderes eran anulados, el puente de Denba, aquel camino extenso entre ambos mundos, camino que fue descubierto por Uran.
Ambos reinos decididos a terminar con las batallas y la sangre, se reunieron una mañana de otoño, era mediodía, la niebla ocultaba la visión de sus botas, el camino fue agotador, pero a caballo fue fácil de cruzar.
Cubiertos con sus capas, frente a frente, el silencio por un momento se volvió incomodo, pero Linus levantó la mano y se deshizo de su capucha, mostrando su rostro y su conformidad ante una tregua, bajando del caballo, de pie ante los tres oscuros espero de igual manera que ellos dieran paso a una tregua.
Triaco siguió sus pasos y bajó del caballo, se acercó a Linus y extendió su mano, ambos guardianes estrecharon sus manos en un fuerte apretón, por primera vez en siglos dos rivales lograban dar una señal de conformidad y paz —Bienvenidos —espetó Linus.
—Gracias por invitarnos —respondió Triaco.
—¿Qué nos ha motivado a pelear por siglos? —preguntó a los presentes.
—Nacimos en guerra, moriremos en guerra —espetó Alianu, que para ser joven sus ideales de guerra le atribuían a ser el más déspota y sádico en batalla.
—Terminemos con esta guerra impuesta, evitemos que nuestro pueblo siga pereciendo —expresó Linus.
—Una tregua sería lo más sensato, ya que —llamó con su dedo índice a un único soldado que los había acompañado esa noche —¡Siurt! —un joven de cabellos rubios, piel blanca y una característica que no pasó desapercibida en los guardianes blancos fue un ojo color negro y otro azul —Mi joven soldado es hijo de Aert un ángel de descendencia agua, mientras que su padre fue un soldado demoniaco de fuego, sus poderes son asombrosos, ya que controla a ambos clanes —explicó Druagar —He aquí soldados que podrán ganar nuestras batallas sin problema, podrán tomar sus tronos en un chasquido, pero…
De la nada, Alianu bajó de su caballo y sin remordimiento alguno apuñaló al joven soldado por la espalda, arrancándole la vida y arrancando su corazón sin remordimiento alguno en su mirada —Allí está su tregua —dijo —Garantizamos que sus tronos jamás serán tocados.
Linus por un momento se quedó en silencio ante la muerte de ese joven soldado, pero les dio la razón, aquella raza solo sería una amenaza ante su trono, ante la paz que perduraba y un peligro ante el ritual que con años cada descendiente cumplía al depositar su poder en el sello de Triessag antes de ir a batalla, ya que si morían en el campo solo garantizaban que el enemigo tuviera una llave para desatar la destrucción.
—Cómo mi hermano dice, evitemos que nuestro pueblo siga muriendo, pero también evitemos que nuestros tronos se vean amenazados por esa raza, una nueva raza llamada Axiul`s, sus poderes son más que los nuestros, su habilidad y destreza inigualable, unamos fuerzas pero para destruir al verdadero enemigo —aseguró el joven rey demoniaco de fuego.
—Si evitamos que más gente cruce nuestros límites, dejarían de dar vida a esa nueva raza que nos amenaza, esa raza superior a nosotros, daríamos fin a esa especie que quizás nos traiga problemas, como lo hicieron una vez nuestros antepasados —exclamó Druagar.
—Esa nueva especie nos traerá muchos problemas, debemos evitar que se reproduzcan, los Axiul’s son la nueva especie, controlan las fuerzas más oscuras y las fuerzas de luz, son invencibles —recalcó Triaco —Como especies parecidas, evitemos una nueva guerra, el pacto será no cruzar ninguna frontera, así podremos vivir en paz, evitar que esa nueva especie tome el control de nuestro reino y trate de derrocarnos. Aseguremos la prevalencia de nuestras generaciones, como también su lugar en lo alto de sus reinos.
—¡Hermanos! Unamos nuestros soldados y resguardemos cada reino, evitando que más ángeles y demonios escapen a la tierra. Matar a toda aquella criatura que no sea ángel o demonio, esas dos especies son las únicas que existieron todo este tiempo —exclamó Linus preocupado —Son las dos especies que rigieron desde la creación de nuestro mundo.
—¡Aceptamos! —dijeron los seis al unísono, girando sobre sus talones, montando sus caballos y regresando a casa. Había quedado muy claro que las fronteras no debían cruzarse, así evitarían guerras, evitarían que más gente muriera y sobre todo evitar que una nueva especie reine en su hogar.
Los guardias resguardaban las puertas, evitando que crucen los portales para los otros mundos, incluyendo la tierra y así por más de diez años, la tranquilidad en el reino fue vista con buenos ojos, las guerras habían cesado, pero la sangre seguía siendo derramada en sus tierras.
Como habían prometido, buscaron en el reino a todo aquel ser que no fuera considerado ángel o demonio, matando a esa nueva especie que ponía en riesgo sus tronos y su fuerza, mataron a cuanto Axiul`s encontraban, no les importó que fuesen niños, ancianos, mujeres o recién nacidos, las manos de Linus quedaron manchadas por sangre inocente.
Los guardianes de ambos reinos, trataron de detener esa nueva raza, matando a todos aquellos que rompan las leyes de juntar sangres de distintas especies, viéndolos como amenazas, como una amenaza para la paz y tranquilidad de su reino y tratar de poner en riesgo la tregua que hicieron con sus hermanos Oscuros.
Miaka fue testigo de toda la crueldad de Linus y sus hermanos, matando a los hijos inocentes, frutos de ese amor prohibido, utilizando la daga de Bendora, la única arma que era capaz de destruirlos y arrancar sus almas de la tierra convirtiéndoles en polvo. Miaka no estaba de acuerdo con ese plan maquiavélico, no estuvo de acuerdo con la nueva faceta de su protegido y amigo, siendo testigo de las tardes de primavera convertidas en tardes negras, de amaneceres con manos manchadas de sangre inocente. Estaba convirtiéndose en el tirano que una vez fueron sus antepasados, matando a su propia gente, a sus propios hermanos y sobre todo a aquellos niños que no tenían la culpa de los errores de sus padres.




