- -
- 100%
- +
Pensó que su matrimonio con Triored cambiaría su perspectiva, pero fue peor, buscaba y trataba de dar fin a esa raza, mientras que aseguraba el puesto de su heredero en lo alto de del reino.
Triored era mucho menor que Linus, ella era muy hermosa, con la piel cremosa, los ojos azules como los ríos de su pueblo, los cabellos largos y rizados, del color del sol, dorados en el día, castaños en la noche. Su joven esposa estuvo sumida en el miedo y el asco al ver a ese Rey déspota y cruel, verlo regresar con las manos manchadas de sangre solo le obligaban a apartarse de él y deseaba con todas sus fuerzas no concebir al heredero que Linus tanto deseaba.
CAPÍTULO 9:
DESCUBRIMIENTO DE LA CUARTA PROFECÍA
Firop y su esposa Riatua había logrado traer al mundo a un nuevo sucesor, Ïlarian era el hijo perfecto, el heredero perfecto, pero lo que más la desconcertó a la joven Triored fue que Firop no hiciera nada para proteger a su segundo hijo, había impuesto que su primogénito fuese el heredero a su trono y poder, quizás por el miedo que aplacaba su corazón cometió el sacrilegio de abrir el cofre que era resguardado en lo más alto del palacio.
Sin poder conciliar el sueño, tras los sueños crueles de acunar a un niño entre sus brazos para que luego este le sea arrancado sin piedad, Triored se sentía cada vez más frustrada consigo misma.
Firop ya tenía entre sus manos a un niño, a ese hermoso niño que ya cumplió un dos y era tan vivaracho, tan inteligente para su edad, siempre al verlo las lágrimas le amenazaban con aflorar y por primera vez en mucho tiempo deseó no haberse casado con el primogénito y heredero y que quizás su hermano menor hubiese sido una mejor opción, pero Linus no le dio a escoger, Triored cerró los ojos y trató de no recordar cómo es que fue nombrada la prometida del rey.
No era una mujer vengativa y mucho menos rencorosa, era conocida por su gran corazón, pero no soportaba ver al hijo de Riatua, sintiendo envidia por esos momentos, no aguantaba ver aquellas manitas acariciar los cabellos de su madre y como olvidar aquellos penetrantes ojos azules, la belleza de tan pequeño niño le causaba insomnio, un desvelo infernal, despertándola cada noche por el recuerdo, obligándola a levantarse y deambular por los pasillos del reino.
Esa noche, bajó las gradas de sus aposentos, caminando hasta la parte trasera del palacio, observó por el gran ventanal la lluvia intensa, así como la oscuridad, pero una ranura de luz llamó su atención en el templo que Sanel y sus primeros hermanos construyeron para Dios.
Abrió la puerta con cuidado, cubriéndose con sus manos del frío, cruzando el jardín a grandes zancadas, con el corazón martilleando en su pecho, levantó la mano para poder abrir la puerta, pero lo único que consiguió fue que esta se abriera sin que ella la tocara, entró a la sala, sintiendo que una neblina cálida cubrió sus pies, además del crujido de la puerta que al cerrarse sola la hizo respingar del susto. Entonces vio la mesa cubierta de una seda blanca, se acercó con cuidado, viendo desaparecer ante sus ojos el campo de fuerza que lo cubría, tomando entre sus manos el cofre, lo vio abrirse sólo para mostrarle el contenido, cuatro papiros enrollados con lazos y anillos sellándoles.
Entonces vio el listón rojo, deslizando sus dedos sobre el sello, sintiendo la fuerza que emanaba, sin querer lo abrió con cuidado, leyendo las inscripciones antiguas, encontrando una noticia devastadora.
Los salvadores del destino, traerán consigo la señal del amor.
Los salvadores son Ángeles de Paz, Guardianes Blancos, son en realidad.
Una niña llena de cálida expresión.
Pertenece al fuego, es de la casa del Gran Uran, un símbolo de paz.
Expresión del mundo, luz del Día separa la noche de todos los Días.
Su color será el rojo, su sello el Lobo en todo su esplendor y ardiente corazón.
Su nombre verdadero Alox. Hija de Linus y Triored. Linaje directo del grandioso Uran.
Sacrificara su poder para escuchar la voz del todo poderoso, don que perdimos por las batallas y el mal.
Separados por la muerte, aislados con dolor.
Crecerán separados, con una familia de humanos.
Que les dará lo necesario como cariño y comprensión, son fieles al destino que los encadena y oprime con temor.
Acompañados de un fiel amigo, el protector vivo, guardián del linaje, ese será su destino.
Un tigre, un salvador, es mitad animal, mitad ángel guardián.
Miaka para ella será un padre más, se asegurara que resguardar la prevalencia de la sangre real.
Alas blancas, corazón de hierro.
La debilidad y temor es el amor verdadero.
Serán como mortales, vivirán como tal, serán humanos con la diferencia de que tendrán poderes para proteger al bien del mal.
Sin preocupación y fascinación traer a la vida un mundo de sueño y libertad para amar
Los medallones de gran poder darán inmortalidad y acceso a la puerta de Dios como única opción, control sobre el mundo y toda la creación.
El peligro es extremo, regresaran a su reino y verán el pasado, presente y futuro, verán nacer la vida de un nuevo imperio unido.
Darán vida al nuevo linaje real ese es su destino.
Cubriendo su boca con el puño, amortiguó un grito ahogado, sus ojos no resistieron más las lágrimas, dejándolas caer por su rostro, se dio con la sorpresa de que todo lo que vio pasar frente a sus ojos era cierto, incluyendo las murmuraciones, todo era real, era y estaba escrito en esos pedazos de papel antiguo, al descubrir ese gran secreto, guardó el papiro cerrando la caja, el poder de protección cubrió de nuevo los cofres.
Salió corriendo de lugar, entre sollozos y las manos temblorosas, como era posible que su hija sea la clave para la destrucción de los enemigos y la nueva raza que llegaría al mundo.
Subió a sus aposentos, cerró la puerta tras sí, recargándose en ella trató de recuperar el control de sus piernas temblorosas, pero no logró tranquilizar su agitado corazón.
—Veo que has descubierto la verdad.
Triored dio un respingo ante la voz de su esposo —¡Linus! ¿Qué haces aquí? —le vio sentado al borde la cama, con los codos sobre las rodillas y sus hombros hundidos.
—Acaso está prohibido que un esposo visite el lecho de su esposa.
—En este caso sí, ya que nunca lo visitas —ocultó el temblor de sus manos detrás de su espalda.
—Veo que tu curiosidad te ha llevado lejos querida Triored —se levantó de la cama y quiso dar un paso hacia su esposa.
—No te me acerques, me das asco —trató de alejarse de su marido, pero solo logró enfurecerlo.
—No Triored, me amas y puedo comprobarlo por el brillo de tus ojos —sonrió con sorna ante el sonrojo de su esposa.
Parpadeó resulta a ahuyentar sus lágrimas —Vete de aquí, no quiero verte. Como compartir mi vida con un asesino, que no tiene remordimiento alguno al matar a tantos inocentes.
Linus se acercó a ella a grandes zancadas sosteniéndola de los brazos, evitando que huyera de él —Mis antepasados hicieron lo mismo ¿Qué ha cambiado?
—Tú lo has hecho, solo te casaste conmigo por esa profecía. Por eso tú obligaste a tu hermano —no logró completar la frase ya que Linus la interrumpió abruptamente.
—¡Calla! Sabes bien que no podemos hablar de él, no cuando su nombre ha sido borrado de todo registro en nuestro mundo.
—Gracias a ti —negó con la cabeza, no deseaba permanecer ni un segundo más atada a ser sin remordimiento —No quiero tener hijos, no sabiendo lo que le sucederá.
—Pero los tendremos.
—No si puedo impedir que el curso de la cuarta profecía. Tendremos una hija, será nuestra salvación, pero la perderemos, me obligaras a perderla, deberá dar su poder a cambio, su vida y su esencia, mientras que Ïlarian como único varón ocupará el trono.
—Sabes que es un sacrilegio que paga con sangre. Romper el sello de una profecía se paga con sangre.
—Pues mátame de una vez, despójame de mis alas y lánzame a los infiernos.
—Sabes que nunca podría hacerte daño.
—¡Pero lo harás! ¿Nuestra hija morirá? ¿¡Morirá!? —gritó sujetando con fuerza de las prendas de su esposo.
—Lo siento, es nuestro destino —extendió su brazo y cerró delicadamente los ojos de su esposa susurrándole al oído —Lo que estos ojos tan hermosos han visto, no podrás decirlo ni esparcir por el mundo, pero déjale una señal de vida a nuestra pequeña Alox, la cadena de primogénitos será rota y con ello el destino de nuestra hija será el sufrimiento, la extinción de nuestra raza se acerca.
—Solo te pido que le lleves a un lugar seguro cuando todo esto termine —respondió, pero al escuchar las palabras de Linus, se le ocurrió una gran idea, guardaría silencio después de lo que leyó, pero le daría a su hija las pistas necesarias para poder seguir con vida.
Cuando amaneció, mandó a elaborar una bola de nieve y cristal, con la estructura de un palacio blanco con bordes de oro, una imagen viva de su reino, pero en cada torre un compartimento secreto y con una inscripción que le daría esperanza y como también una idea de lo que ella resguardaría “Serás grande, tú ataras a la maldad y desataras la verdad, eres un corazón valiente, eres poderosa con una gran mente, no te dejes vencer por los que te lastiman, cuando estés triste mira este reino y liberaras mi alma que te seguirá por siempre – Con amor mamá”
Con una tristeza muy profunda, dudas que se acumularon en su corazón, sentía que una espada cortaba su corazón en pedazos, susurrándose cada mañana —Tendré que aceptar mi destino, pero veré crecer a mi hija a través de esta esfera o mejor no tener ese hijo que morirá por muchos —levantando esa esfera, por días y horas, hasta que un desmayo, confirmó su temor más grande.
CAPÍTULO 10:
TRISTE REALIDAD.
Haber pasado años en un mundo que no fue suyo, obligado a permanecer en lo más bajo cuando en su otra vida fue un príncipe, convertido en esclavo ambicionó el poder y el trono, por sus venas corría sangre de los grandes, un pedazo de escoria que ambicionaba más de lo que le dieron, era el peor de los demonios del clan, su avaricia era única, su maldad era extendida por los años y fue subiendo de puesto conforme mostraba una de las máscaras que tenía, estaba decidido a terminar con esa tregua que tanto impidió que los infiernos se expandieran, terminar con los culpables de arrebatarle lo que más amó en la vida, obligando a ocultar su amor y condenarlo a una tierra que jamás le perteneció.
Era distinto a los demás, su rostro era pálido, cabellos largos sujetos a una coleta, con dos mechones de cabellos que caían por ambos lados de su rostro, sus cejas eran tan oscuras como la noche, sus ojos negros y sus labios tan rojos como la sangre, daban en él la imagen perfecta de ente malévolo, su nombre fue conocido por muchos, pero luego olvidado por los que vinieron, su nombre era Piora.
Había pasado años tras año tratando de encontrar la manera de regresar a su hogar, pero al ser convertido en un demonio toda esperanza moría como sus ganas de seguir sirviendo a reyes y herederos.
Los meses pasaban y el vientre de Triored comenzaba a notarse, estaba muy asustada, cada día y cada noche rezaba a Dios para que libere a su hija de esa presión tan grande, se sentía cada vez más deprimida, temía por la vida de su hija, deseando que ella sea libre, deseando que fuese libre para poder tomar las decisiones que necesitaba. Triored a veces observaba por la ventana a Ïlarian, era tan fuerte, sentía rabia al ver como ese niño se desarrollaba con tanta fuerza y habilidad, mientras su hija no disfrutaría de lo que ese niño de cuatro años hacía en esos momentos.
Ïlarian era demasiado fuerte para su edad, con sus inmensos ojos siempre miraban a Triored, haciéndole sentir una sensación extraña, un vacío que solo la consumía por dentro, sintiendo repulsión por ese niño que le quitaría mucho a su hija. No era como los demás ángeles, era muy ágil y captaba los movimientos muy rápido, le encantaba luchar, pelear con espadas, en otras palabras le encantaba practicar y desarrollar su poder, muchos decían que él sería perfecto para gobernar, ser un soldado fuerte y ágil, diciendo que traería la victoria a su reino.
Linus siempre estaba presente en las prácticas del hijo de su hermano, llegando a verle crecer, disfrutar de sus travesuras y su esposa lo acusó en incontables ocasiones de preferirle antes que al fruto que llevaba en el vientre. Sumida en una gran depresión, se vio abandonada por su esposo, quien no se vio interesado en ese embarazo, pasando sola y paseando por los jardines del reino, observaba como las estaciones cambiaban.
Su nacimiento no estaba previsto hasta comienzos de abril de ese año, justo cuando la primavera comenzaba en el reino, pero no fue como lo previsto. El reino esperaba con algarabía la llegada de ese primogénito, muchos decían ¡Será un varón de asombrosa expresión! Muchos susurraban, ¡Será un lindo varón tan fuerte como el padre, pero tan encantador como la madre! Cuando la verdad era que sería una niña, la niña que traería al mundo la destrucción del pueblo y la guerra de nuevo a sus hogares.
Estaban tan preocupados por sus propios intereses que no se dieron cuenta que alguien había roto la alianza, merodeando por su mundo en busca del tesoro que Linus resguardaba, encontrando la manera de poder entrar a los cielos y tomar lo que por derecho le correspondía.
CAPÍTULO 11:
MOTIVO DE GUERRA.
Los Guardianes Oscuros sabían de los dones que tuvo Uran, como vio el mundo y condenó a su hermano al fuego eterno, pero jamás supieron los verdaderos secretos que ocultaban los Guardianes Blancos, tenían tantos motivos de guerra, pero su pacto con los ángeles hizo que su manera de pensar cambiara.
Piora escuchaba todas las conversaciones de sus amos, como todo demonio, sus sentimientos nunca eran verdaderos, era hipócrita, repulsivo, le gustaba que los soldados se enfrentaran a cada momento, le gustaba formar disturbios y sobre todo disfrutaba de las muertes. En las antiguas guerras, los demonios se querían apoderar de la daga de Bendora, pensando que el poder de Dios estaba guardado allí, año tras año trataban de conseguirlo, pero no pudieron porque lo resguardaban de una manera descomunal, pero los medallones serían los que le darían un poder absoluto sobre los tres mundos creados por Dios.
Solo la venganza que transcurría por años, el pensamiento de los demonios de querer gobernar marcaron su existencia entre guerras y sangre. El destino del ángel salvador estaría marcado, ya que con su nacimiento iniciaría la guerra de tres mundos. Toda esta historia era un terrible laberinto de guerras, sangre y sufrimiento, solo la paz llegaría si daba un sacrificio a cambio de la redención de su pueblo.
Sin embargo Hadeo dejó en su diario las debilidades de cada uno, como podían morir los guardianes y como obtener el poder que le fue arrebatado, para ello realizó una técnica antigua de magia, permitiéndole retornar al mundo de los vivos y tomar lo que le pertenecía, pero aquello solo se darían con el cuerpo de un descendiente de su hermano, para ello necesitaría ingredientes difíciles de conseguir, Piora halló el manuscrito, cayendo en las manos equivocadas, consiguió leer cada parte de ese libro, mostrándole que la magia antigua era más poderosa que la actual.
Sangre de la muñeca de los últimos descendientes vivos, derramada por la Daga de Bendora, siete gotas con exactitud.
Buscar al Ángel descendiente de Uran, que sea el más fuerte de su tribu en poder.
Sangre y gotas, poder por encontrar, dame la fuerza para poder invocar.
Poderes de Hadeo, poderes llenos de maldad, dame los poderes que necesito.
Poderes, vengan a mí, denme la vida de su gran servidor, él que posee esta sangre, la muerte llegara para él, no te preocupes, nada pasara, tus fieles amigos te esperan ya.
Deberás de buscar al ángel más fuerte, su corazón y su espíritu furiosos deben estar, deberás darle ce quid, para que el poder de manipulación de mente y posesión hagan mucho efecto, matando del ángel su parte noble, su alma pura, para que muera lentamente..
Un consejo amigo mío, hazte ver como su conciencia, podrás engañarlo de esa manera y obedecerá todo lo que le muestres o digas. Este hechizo se podrá romper solo si alguien lo necesita, si su corazón ya no es suyo y le pide al ángel que vuelva.
Piora había planeado algo magnifico, algo que lo liberaría de esa prisión y ese tortuoso trabajo, creando magia mucho más poderosa, creó un espejo del cual le ayudaría a pasar de un reino a otro sin ser detectado, el espejo de Tuyuned, espejo que le ayudaría a moverse entre los mundos, espiando los mínimos movimientos de sus contrincantes, dándole la oportunidad de ver al amor que le arrebataron.
Espejo de poder, espejo del futuro no liberes al prisionero por ser oscuro, no liberes al prisionero por ser luz.
Solo quedara atrapado si la maldad está cerca de él.
Y será liberado si los dos ángeles de la visión derraman una gota de sangre encima de este vidrio de separación.
Mientras que los guardianes oscuros no pensaban en atacar y gobernar el mundo, vivían en paz, sin guerras y perjuicios ante cada especie de bien y mal. El pensamiento de Piora era gobernar a los tres mundos cielo, tierra y subsuelos, tener el poder de Dios, juntarse con los enemigos trayendo al mundo la desgracia, pero siempre y cuando él conserve el poder del todo poderoso y derrocarlo de su trono.
Debía preparar muy bien su plan maestro, la segunda fase de su plan para matar a los oscuros, necesitaría la daga, pero ¿Quién podría traicionar a su gente estando del lado de un demonio? ¿Quién odiaría tanto a su gente para traicionarle de esa manera?
Era un día común para todos, se acercaba casi mediodía, era 29 de Febrero, como todas las tardes, Triored caminaba por los jardines del palacio, la nieve había marchitado sus adoradas plantas, su abrigo se arrastraba por la nieve dejando sus huellas en la nieve, acarició su vientre, temiendo, sufriendo, llorando por esa criatura cuyo destino seria cruel.
En esos momentos, mientras caminaba a paso lento, cuando su mente trabajaba en ver el futuro de su pequeña, el dolor se hizo intenso, haciéndole caer al suelo de rodillas —¡NO! —trató de aguantar el dolor. Sus acompañantes al verla caer, corrieron ante ella, llevándola al palacio, estaba entrando en labor de parto.
Un día no particular, cuyo destino era unir su corazón y salvar a su especie, salvar a la tierra de las situaciones más temibles de la historia de la humanidad. Luchar junto al ángel que le robaría el corazón, ser invencibles contra el mal, liberando a más de un mundo, dando libertad y la paz necesaria para seguir.
Recostada en una cama de sábanas de seda, donde un dosel cubría sus dolores y sus lágrimas, dos ángeles trataron de calmarla, que entre su nerviosismo y el dolor de tener al bebé, entre gritos aclamaba por su hermana —¿Dónde está Sagira? ¿Dónde está Sagira? —con sus manos arrugaba las sábanas.
—Señora, por favor no se desespere, su hermana ya está en camino —trató de tranquilizarle una de sus doncellas.
Faltaban horas para el esperado nacimiento, era casi las 14:30 de la tarde, el sol se ocultaba entre las nubes, mientras que los copos de nieve caían, los gritos de dolor de Triored se escuchaban por todo el reino.
De pronto entre gritos y sollozos, el mundo se tornó oscuro, ya que la luna opacaba los rayos del sol, un eclipse total, daba homenaje al nacimiento de la salvadora. Tras la breve oscuridad, una sombra de capa negra se escabulló por el palacio recorriendo sigilosamente los pasillos, subió las escaleras, retomando el mismo camino que los primeros ángeles, encontrando la habitación donde el tesoro era resguardado, tomó la daga y guardándola para sí.
Todos estaban ocupados en sentir los lloriqueos del ángel cuyo destino era sobrevivir, la guardia y los demás ángeles esperaban en las afueras del palacio, pendientes del balcón, pendientes de ver al dulce niño que iluminaría sus destinos. Como todas las generaciones tuvieron un varón, era obvio que un varón nacería de Triored y Linus.
Los gritos de la madre se escuchaban, hasta que en un minuto, todo se detuvo, los gritos y llantos, hasta que de pronto un dulce lloriqueo se escuchó. La partera tomó al bebé y su rostro que llenó de alegría estuvo fue drenado de vida poco a poco —Es niña… es niña mi señor —se la entregó en los brazos a Linus, pero aquel padre primerizo no estuvo contento, tomó a su hija entre sus brazos como si fuese una mera obligación.
Tomándola entre sus brazos, caminó hasta el balcón abriendo las puertas y mostrándosela al mundo que tanto él amaba —Hermanos, ésta es mi hija, una niña después de tantos años... Su nombre será Alox.
El pueblo al escuchar que era una niña guardó silencio, esa noticia no era esperada, era la primera niña después de siglos y generaciones en tener una línea perfecta en varones como primogénitos, al ver su tranquilidad y paciente dulzura, todos ellos expresaron su alegría, elevaron sus manos festejando al nuevo miembro de esa familia tan unida.
Mientras que el pueblo estaba reunido ante el nacimiento de una princesa, la daga en esos momentos de algarabía salía del reino, tomando un atajo bastante corto, el espejo de Tuyuned, que fue llevado al reino de Linus como obsequio por la nueva buena. Sin saber quién era el traidor, sin saber quién odiaría tanto a su raza para ayudar al malévolo esclavo a reducir en cenizas tantos mundos.
Tenía pocos días de nacida, muchos vieron en ella una nueva esperanza de vida, pero por ser niña, no desearon enseñarle muchas cosas como a Ïlarian. Ese pequeño niño que su madre observaba al practicar, mientras que su voz delicadamente le susurraba —Tú serás más grande que él, mi niña —siempre le daba ánimos, siempre le daba a fuerza, ya que Linus simplemente se alejó de ellas.
Triored no se despegaba de su hija, le asfixiaba con sus cuidados, no deseaba que jugara con otros niños del reino, al protegerle le convirtió en una niña tan tímida y dependiente de ella, la convirtió en alguien insegura de sí misma, dependiente de amor.
Los días para ella eran largos, no salía de la habitación, no dejaba que ninguna niñera le cuide ni toque, los juguetes eran muchos, pero su madre hacia que mantenga su distancia a ellos, alejando los espejos, peines y peligros que podía quitarle la vida, Triored vivió convencida que su niña era frágil tan frágil como el cristal.
A los cinco meses de nacida, Triored quiso cuidarla ella misma, despidiendo a toda niñera y doncella que se interponga con el cariño de su hija y su cuidado, Linus no trató de convencerla de que sus decisiones eran erróneas, solo se alejó, dejándola sola con la tristeza y la pena, con la sensación que ningún día era suficiente con su hija.
En las noches vigilaba su sueño, vigilaba su respiración, poniendo uno de sus dedos en su nariz a cada momento, temía que su vida acabara, temía perderla como había perdido a Linus, al ser niña, pensó que sería frágil, quizás en algún punto acertó.
Su padre jamás tomo interés en su primogénita, solo le observaba de lejos, no compartía mucho cariño con ella, no se acercaba, no la sostenía en brazos, quizás en el fondo deseo tener un niño, deseo que su hija fuese parecida a Ïlarian y por ello pasaba más tiempo con el niño que con su propia hija.
Los meses para Triored se hicieron tan cortos, deseaba paralizar el tiempo y que su pequeña no creciera, deseaba arrullarla en sus brazos por siempre, alejarla del mal, alejarla de la maldición que Linus había arrojado sobre ella por ser quien era.
Tras el año de su nacimiento, se negó a realizar alguna fiesta para ella, así que Linus se vio obligado a pasar ese día fuera, mientras que Triored y su hija se pasaron el día confinadas en la habitación. Para esa misma noche, donde su sueño era fuerte, que ni un rayo lograría despertarle, en los infiernos no sería igual. Los tres guardianes oscuros, se encontraban en el comedor del infierno, a la luz de velas negras sentados alrededor de la mesa rectangular.




