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El gobierno de los oscuros traía muchos conflictos, Triaco aún más preocupado de lo normal, trató de ser racional —Que trato podemos hacer para la paz de nuestros hermanos y gente, todo se está yendo al garete, muchos piden la liberación, otro reino en que vivir.
Sin esperanzas el hermano mayor intentó explicar miles de cosas —No podemos hacer nada más, hemos realizado un trato con los ángeles de no atacar ni proteger a la tierra, no podemos romper la alianza.
Alianu con una gran satisfacción —Pero todo está perfecto ¿no creen ustedes? La situación de nuestro reino es normal.
Triaco enojado levantándose de la mesa, golpeó con sus puños la negra madera —Será para tus hermanos, mi gente muere de frío y hambre, la muerte de ese esclavo no me importa en absoluto, pero ha quebrado la confianza de mi gente, solo quiero tener un poco más de respeto, ellos se llevan la gloria, mientras que nosotros somos la escoria —Observándose entre sí dejaron de lado la conversación, para no discutir más se levantaron de la mesa, guardando silencio se retiraron a sus aposentos.
Cada uno tomó direcciones distintas, Triaco como todas las noches cabalgaba vigilando la guardia y los cambios. Druagar junto a Alianu, caminaron por pasillos distintos, abriendo las puertas de sus habitaciones, ingresaron para poder descansar de la ardua rutina de todos los días. Mientras que Piora escuchó toda la conversación detrás de la puerta, aprovechó esa discusión para seguir sus planes sobre los tres guardianes de los subsuelos.
Era muy tarde, aprovechando que la gente dormía, Triaco tenía la costumbre de cabalgar en las noches a un árbol de frutos negros, cuyas hojas caían secas por tanto dolor que el oscuro propinaba al visitar ese lecho seco. Era la única manera de pensar, en ver las cosas de distinta manera.
Al llegar a ese árbol, bajó de su caballo, acariciando el regazo del animal —Buen chico, buen chico —caminó lentamente arrodillándose ante el roble, haciendo a un lado las pequeñas ramas y hojas secas, dejó ver una lápida de color gris, cuyo nombre borroso no se leía, ya que el tiempo se encargó de borrar cada canalillo que la escritura.
Abrazándose a sí mismo, unas pequeñas lágrimas salieron de ese corazón de piedra —Te amaba tanto, amor mío me dejaste solo… me dejaste con ella, tan pequeña, indefensa —agachándose, besó la lápida —Te extraño demasiado, eras todo para mí, quizás hay un motivo para reunirme contigo, pero la sangre y mi legado impide que cometa suicidio.
En ese momento mientras que el dolor se expandía, una sombra oscura caminó lentamente hacia él, sin el más mínimo ruido, logró acercarse por su espalda, tomando con su mano fría el cuello del oscuro, sin permitirle defenderse —Deseaba tanto este puesto, pero tú me humillabas día a día como un maldito esclavo —besó la mejilla del oscuro.
—Aléjate de mí ¿Qué deseas? —sintió un filo presionando su garganta, hasta sentir que cortaba lentamente su cuello, dándose cuenta que era la daga de Bendora.
—Si tanto le amas reúnete con ella, reúnete con tu amada Ferryem.
—¡Piora! No hagas algo de lo que puedes arrepentirte, déjame ahora y haremos como si esto jamás sucedió —se quedó inmóvil, al sentir la daga de Bendora y su poder, era más fácil negociar que sufrir una muerte dolorosa y lenta.
—No hay trato, te concederé el deseo que más anhelas, reunirte con tu esposa —cortándole en cuello, sin darle opción de defenderse, arrancó el medallón de su cuello, mientras el cuerpo del oscuro se convirtió en polvo, en nada, sin dejar rastro sería fácil para Piora continuar con su plan.
Al ver el cuerpo hecho cenizas, lanzó un pañuelo blanco con las iniciales de Linus, subió al caballo regresando al reino dejando al animal en los establos, sin hacer mención a nada, se reguardó en sus aposentos.
Abrió la gran puerta, ingresando a su habitación, deslizó el medallón de su bolsillo, contemplando su imagen por muchos minutos. Al ver el brillo del medallón, lo tentó a ponérselo, obedeciendo sus impulsos, lo hizo, sintiendo como el poder del medallón ingresó a su en una nube negra. Piora absorbió el poder de Triaco, convirtiéndose en un demonio base fuego y agua, se convertiría en un ser inmortal e indestructible si poseía el poder de todos. Cayó sobre la cama, quedando inconsciente por el poder que había tomado, no despertó hasta la mañana siguiente.
Al despertar, salió de su habitación, encontrándose con los dos oscuros, quienes hacían su paseo rutinario de las mañana —Buenos días, ¿has visto a mi hermano? desde anoche no le hemos visto —preguntó uno de los oscuros.
—¡Señor! En verdad no sé qué responder… mencionó un viaje largo, se sentía apenado por la pérdida de su esposa, aún el dolor viene a él, creería que deberían darle tiempo para pensar.
Sabiendo los dos hermanos del sufrimiento de Triaco tras la pérdida de su esposa, comprendieron dejando pasar los días. Fueron siete días, siete días donde Piora logró perfeccionar su plan, perfeccionar su técnica, así tomaría el control del infierno, y tendría un año para planificar el ataque a los ángeles. Pero todo lo haría a su tiempo, sin dejar rastros.
A casi ocho días después de la muerte de uno de los oscuros, siguió el turno de Druagar; era de noche, los guardias ya estaban en posición como siempre, él salía de una de las habitaciones del castillo —Las amo, no vemos mañana —cerró la puerta continuando su camino por los pasillos, se acercó a su habitación, abrió la puerta entrando y caminó por esa alfombra tibia de colores oscuros.
Sentándose en la cama, una sonrisa de felicidad y algarabía visitaron su rostro. Sin embargo no se había dado cuenta de que el enemigo vigilaba sus movimientos.
Al soñar e imaginar una vida, Druagar estaba pensativo y fuera de su mundo, imaginado una vida de familia, fue en donde la misma sombra que atacó al primer guardián, se hizo presente, avanzando sobre la cama, degollándole de igual manera.
Esa sombra, se levantó de la cama y arrancó nuevamente el medallón de su cuello —Veo que te haces ilusiones de una familia que no tendrás jamás —el cuerpo cayó encima de las sábanas manchándolas, Piora dejó que el cuerpo se consumiese, para luego incendiar la habitación con una esfera de fuego. La batalla estaba cerca, solo faltaba uno de los oscuros y debía ser esa noche, si dejaba pasar el tiempo, él no tomaría el control.
Salió de la habitación nuevamente rumbo a la habitación de Alianu, escabulléndose, se ocultó detrás de las cortinas de la habitación. Tras la espera, el último oscuro se acercó a sus aposentos, sostenía la mano de una joven de cabellos grises, entre sonrisas y besos.
La muchacha se acercó a su oído susurrando algo, robándole una sonrisa y mucha felicidad, entre sonrisas la levantó en brazos, besándole y dándole vueltas —Vamos bájame, bájame, me estoy mareando amor.
El oscuro acatando la orden de la muchacha, la bajo —Espérame dentro de una hora en los jardines, debemos decirle a todos esta noticia.
Soltó la mano de la muchacha dejándole en los pasillos, corriendo a sus habitaciones, abrió la gran puerta cerrándole de inmediato, asomándose a su ropero, sacó una cajita de color azul oscuro —Sé que será parte de mi vida —en ese momento la sombra salió de su escondite degollando a Alianu.
Su cuerpo cayó al suelo, observando a su asesino, el cubrió sus heridas tratando de evitar su muerte, pero no pudo, ya era demasiado tarde, la daga estaba consumiendo su vida, al igual que consumió la de sus hermanos.
Se acercó al cuerpo muerto de Alianu, observándole como se consumía en cenizas, arrebatándole su medallón —Creo que esto es mío.
Piora cometió tres delitos, marcando su existencia triple vez, tomó los dos últimos medallones restantes, colgándoselos en el cuello, donde dos tatuajes nuevos cubrieron su brazo, el dolor era tan grande, pero su afán de venganza era mucho más fuerte que el dolor, nada comparado a la gran satisfacción de obtener lo que más ambicionaba; aguantándolo, sin gritar, sus venas sobresalían de su cuello, su piel se tornaba morada de tanto dolor. Su cuerpo se rodeó de una luz negra inmensa que lo asfixiaba. De pronto tres animales salieron de la nada, un murciélago, un chacal y un tiburón, colapsaron el cuerpo del esclavo, dándole el poder del control de la magia y mente. Siendo más poderoso que nunca, podía controlar los poderes de los tres clanes, pero aún le faltaba el poder de los guardianes de luz, para tener el control absoluto y derrocar a Dios, ser invencible, pero para ello debía ordenar sus ideas e idear un plan bastante grande.
Al salir de la habitación, fingió una escena, fingiendo aturdimiento y pena tras la muerte de los guardianes oscuros, convertidos en polvo, salió de allí como loco gritando —¡Ayuda! —llamaba a los guardias, avisando de un ataque improvisto de los ángeles, tomando el control de todo, habló con su pueblo.
Todos al escuchar los gritos desgarradores del esclavo, salían de sus casas, salían de sus trabajos para observar tremendo alboroto, tenía en su mano el pañuelo de Linus y lloraba las muertes de sus reyes. Reunió a todos los demonios, grandes y chicos, fingiendo extremo dolor por la pérdida, fue donde tomó el control de todo en los infiernos, comenzó a hablar de los asesinos que mataron a los guardianes, siendo el único testigo de esos asesinatos.
Desatando la maldad entre ellos, llamando a todos con sus gritos de una libertad que supuestamente no existía —¡Hermanos! —vocifero a todo pulmón —Preparemos todo... Matemos a los que nos despojaron de todo. Los ángeles morirán, sus generaciones no se difundirán por el mundo, así como ellos nos quitaron la libertad, nosotros le quitaremos mucho más que ello. Su vida, a sus amigos, a sus hermanos e hijos, ¡Mataremos a sus primogénitos y a sus habitantes!
El pueblo al escuchar las ideas de Piora no dudaron en seguirle —¡Piora tiene razón! —gritaban cada vez más fuerte, gritos que se escuchaban por todo el reino.
Mientras que ese hombre cuya sed de poder se encontraba frente a miles de pobladores, una persona cuyo rostro no se veía, seguía de pie junto a él totalmente cubierta con una capa negra.
Era la misma que le hizo entrega de la daga, estaba en los infiernos, junto a su nombrado rey. Al desatar una de las revoluciones más grandes de ese reino, le nombraron rey de los infiernos, siguiendo sus órdenes.
Esa misma noche entre sueños y pesadillas, Linus se despertó de una manera desesperante, el sudor había cubierto su rostro y cuerpo, levantándose de la cama, caminó con rapidez hasta la alcoba de Triored, abrió la puerta y entró en completo silencio, notando la cuna de su hija, se acercó a ella y acarició su pequeña cabeza por primera vez, quiso darle un beso pero algo dentro de él se lo impidió.
Vio a Miaka recostado en el tapete a un lado de la cuna, estaba protegida, pero no por mucho tiempo, girando sobre sus talones siguió su camino, hallándose de pronto frente al portal que sus antepasados abrieron.
Caminando horas tras horas esa noche, tomó el camino al reino de los humanos, visitando el mundo que una vez estuvo prohibido para nosotros, pero que nuestros antepasados visitaban antes de morir, encontrando bellas praderas, riscos y un acantilado que le llevaría el mundo real, extendió sus alas, tomando vuelo se lanzó ante ese acantilado.
Perdiéndose entre las nubes, perdiéndose entre las estrellas, encontró el sello de generaciones depositando su poder, debía evitar que algo malo pase, evitar que el mal llegue a su familia. Apareció entre un jardín de flores muy bellas, iluminaciones muy potentes, aterrizando, estiró sus alas, subió las pequeñas escaleras húmedas, entró a una pequeña casa abierta donde las flores abundaban, observando que el adorno del suelo, tenía la forma de un disco hexagonal con la marca del cofre que paso de generación en generación. De pie, erguido ante el sello, extendió sus manos y sus alas, formando entre sus dedos una esfera de fuego —Hoy doy mi sacrificio de amor. Triessag dame la fuerza que requiero —susurró dejando caer la esfera de fuego en medio del círculo, una luz muy brillante salió de su cuerpo, rodeándole varias veces, el sello se abrió, tomando la esfera de poder que había salido de su cuerpo.
Agotado tras ese breve ritual, descanso una hora ocultándose de los humanos tras un pasillo. Extendió nuevamente sus alas emprendiendo vuelo una vez más, regresando a casa, aparentando que nada de ello había pasado, no tenía mucho poder, solo el amor a su familia le mantenía. Retornó a casa, entre el dolor y debilidad, logró continuar su camino a pie, demorando más de lo previsto.
Regresó al castillo, recostándose en su cama, había perdido todo el poder que tenía, el que le obsequiaron y el que paso de generación en generación, volviendo a su medallón obsoleto, tan solo era una simple llave para abrir un candado, el candado del juicio final.
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