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El concepto de dios por los hombres ha ido variando según evolucionaban e iban ascendiendo en los niveles evolutivos desde el mágico al mítico, y desde el mítico al racional. Para un humano de la época pregriega, el concepto rudimentario de dios estaba ligado a acontecimientos de la naturaleza: fuego, trueno, rayo, luna, etc. Con Grecia, dios entra en el reino mítico, aparecen fuerzas sobrehumanas que influían en la vida de los hombres. Roma los humanizó quitándoles su aura sobrenatural. Con el judaísmo aparecen las religiones monoteístas, un solo dios, y sus herejías: el cristianismo y el islam, que permanecen en la actualidad. Con la llegada de la Ilustración emergió un nuevo nivel evolutivo, el racional, en el que dios también existe, es diosa y se llama Razón. El que se considera ateo desconoce el significado de dios, puede ser ateo de algún tipo de dios: del trueno, de Zeus, de Alá, de la Razón, pero siempre habrá un dios presente en su vida, aunque no lo sepa. El problema de la existencia o no de dios es un problema de definición.
Para las religiones monoteístas, dios se define como un ser supremo hacedor del universo al que se da culto. También se le considera un ser supremo impersonal, una simple idea o mera energía creadora, sin necesidad de adoración. Puede tener aspecto humano o no, pero explica la existencia de todo lo creado. Este dios es capaz de generar una forma de vida social regida por medio de leyes, normas o principios que sus seguidores deben cumplir, los mandamientos. Es importante saber las características de este ser supremo llamado dios:
• Omnipotencia o poder absoluto sobre todas las cosas, poderlo todo.
• Omnipresencia o poder estar presente en todo lugar, abarcarlo todo.
• Omnisciencia o poder absoluto de saber el pasado, presente y futuro de las cosas, saberlo todo.
“Había que concebir a dios de un modo nuevo” dijo Ernst Jünger. Y quién es ese dios nuevo, ese dios socialista, adorado por todos sus seguidores sin distinción, y temido en el fondo: ese dios socialista es el “Estado”. Los religiosos socialistas lo adoran, sólo pretenden que tenga el poder máximo para encomendarse a él y que resuelva nuestros problemas. Cuanto más poder y tentáculos tenga el Estado más control tendrá sobre la población que está a su cargo. Cuando los religiosos socialistas llegan al poder lo primero que hacen es alimentarlo, engordarlo, su dios debe estar satisfecho para que con su buen hacer nos proteja a todos de los males del mundo y de los hombres malos. Él se encargará de solucionar todos los problemas pero para ello debe tener el máximo poder que con seguridad abusará de él haciendo padecer a sus seguidores y a los que lo sufren en silencio. El capitalismo, el enemigo acérrimo de estos religiosos socialistas, busca justo lo contrario, que el Estado sea mínimo para que interfiera lo menos posible en la vida de las personas. Es lógico porque el capitalismo es individualista y la religión socialista, como todas, es colectivista, un grupo es más manejable que un individuo.
Por supuesto que un religioso socialista no admitirá ni que es religioso, ni que al Estado se le pueda considerar su dios, porque la idea que tienen de él es la de un ser humanizado, creador, paternalista, al que se adora en ritos ajenos a ellos. Pero si abrieran un poco su mente se darían cuenta que es lo mismo. Marx, uno de los grandes santos de la nueva religión, definía al capitalismo como un régimen donde el hombre era explotado por el hombre, existiendo dos clases antagónicas, la burguesía y el proletariado. Marx afirmaba que el Estado era una herramienta que utilizaba la clase burguesa para poder dominar al proletariado. Por ello la clase oprimida debía tomar el control del Estado, por medio de lo que llamó “la dictadura del proletariado”, y hacer uso del mismo para eliminar las clases sociales. Por eso, es un propósito fundamental, no eliminar ese Estado opresor, sino hacerse con él, transformarlo, y que fuera el norte a seguir. Así, ese Estado se transformaría en el dios de la nueva religión que seguiría explotando a los hombres pero ahora no por la burguesía sino por los intelectuales socialistas, los nuevos cardenales y obispos de la nueva religión.
Veamos ahora las anteriores características de este dios, llamado Estado en la religión socialista, comparándola con las características del dios cristiano citadas anteriormente:
• Omnipotencia o poder absoluto sobre todas las cosas, poderlo todo. El Estado socialista debe tener un poder total sobre las personas y las cosas. Esto se logra en la utopía socialista que es el comunismo. Mientras llega, el socialismo trata que su dios, el Estado, vaya apoderándose de todo y de todos, poco a poco, sin que se note, a veces burdamente, manifestando a las claras sus intenciones.
• Omnipresencia o poder estar presente en todo lugar, abarcarlo todo. El Estado debe estar siempre presente como salvaguarda de la vida de las personas y abarcar todos los campos del desarrollo de las personas y de las sociedades. Nada debes hacer sin su permiso, él te guiará por el buen camino porque sabe qué es lo mejor para ti, debes confiar ciegamente en él.
• Omnisciencia o poder absoluto de saber el pasado, presente y futuro de las cosas, saberlo todo. El Estado debe saber todo sobre ti, para poder saber lo que te conviene. Si te apartas del camino trazado por él, puedes contaminar a las personas que te rodean, por lo que será necesario actuar contra el hereje.
Los seguidores de la nueva religión a veces oyen: ¿Por qué pedís al Estado que os de todo hecho, que os de trabajo, sanidad, vivienda, comida? ¿Qué hacéis vosotros para conseguirlo? Sencillamente es que ya no saben ganarse la vida, están inermes ante quien se supone que les protege, en realidad estamos en sus manos, puede abrir o cerrar fábricas, eliminar a discreción puestos de trabajo, generar leyes opresoras, ejercer la violencia impunemente, etc. Pocas, muy pocas expectativas dejan para poder liberarte del Estado, la vía de la autosuficiencia es altamente peligrosa para el Gran Leviatán. Estamos en manos de dios, y de qué manera. Muchos occidentales de hoy ven al papá Estado como un sustituto de la madre Iglesia que durante los siglos pasados daba de comer y asistía a muchísima gente. Un simple cambio de nombre de dios.
El Estado no es la nación, ni el país, ni la patria, hay que saber diferenciarlos:
• Un país es el lugar geográfico donde vive una comunidad humana, es el territorio que forma la unidad geográfica.
• Una nación es un concepto cultural, es la comunidad de personas que forman parte de un país unida por lazos étnicos o de historia.
• La patria, la tierra paterna, la de nuestros padres, es algo más que un lugar, es toda la historia y la tradición de esa nación, es el reconocimiento y respeto a la lucha, al saber, a la labor de nuestros antepasados que con su trabajo, su esfuerzo y sus vidas han logrado conformar lo que hoy en día es la nación en la que vivimos. Patria es un concepto de pertenencia, de genealogía histórica, es la idea común que une a una comunidad que proviene de la historia de su pasado y que se traslada al futuro como modelo a conservar o respetar. Es la herencia que cada generación recibe de la precedente, un patrimonio.
El sentimiento patriótico, a diferencia del sentimiento nacionalista (el odio al otro), se afirma en sí mismo, no frente a nadie, es el amor y el respeto hacia lo propio. Por eso los religiosos socialistas no se sienten patriotas y miran de reojo los conceptos de nación, patria, himno, bandera y ejército, les repele porque ese pasado está basado en otra religión a la que odian, el cristianismo. Ellos quieren un mundo nuevo en el que ese pasado no cuente, quieren su propia bandera y su propio ejército y no una nación sino el mundo entero, el estado mundial socialista, el Gran Leviatán de Hobbes, monstruo bíblico garantía de la paz y la libertad de sus súbditos. En la Revolución Francesa cambiaron el nombre de los meses; y la cronología de los años ya no correspondía al nacimiento de Jesucristo, sino al de su revolución, todo debía ser nuevo y lo viejo debía ser eliminado, así se comportó el cristianismo con Roma y Grecia, y el islam con las culturas que arrasaba, ellos, los religiosos socialistas no podían ser menos.
• El Estado, en cambio, es el conjunto de leyes y normas creadas por los hombres, como los hombres crearon a dios, por los que se rigen las naciones o países, siendo la Constitución el conjunto de leyes principales. Estas normas son necesarias para la convivencia en común y en un mundo libre estas leyes se basan en la razón y la buena voluntad por el bien de todos. Estado, es un concepto político-administrativo. Pero esto ocurre en las naciones occidentales modernas, con todos los fallos que se puedan observar. En siglos anteriores, y en las naciones musulmanas de hoy en día, el Estado estaba dominado por las religiones y las leyes que los regían no eran racionales sino míticas, basadas en los mandamientos y privilegios de dios y sus representantes. Para los cristianos, el Estado era la Cristiandad y su Constitución los Evangelios; para los musulmanes, el Estado es el Islam y su Constitución el Corán. Los religiosos socialistas quisieron cambiar eso y lo que lograron es crear otro dios mítico con apariencia racional, un Estado acorde a sus ideas que debía dominar el mundo, ninguna diferencia con las religiones clásicas. Ernst Jünger dijo que el Estado nacional es una idea; la patria, una realidad.
Hoy que tanto se ataca a la religión, sobre todo a la cristiana, desde el Estado es conveniente tener también ciertas ideas claras:
• Estado aconfesional: no profesa religión oficial alguna aunque puede llegar a acuerdos con alguna, no excluye el hecho religioso por lo que en las escuelas puede haber crucifijos, belenes, etc. España en la actualidad.
• Estado confesional: es partidario de alguna religión, suponiendo que un ente tenga conciencia. La España de Franco, Arabia, Marruecos.
• Estado laico: no quiere mezclarse con ninguna religión, excluye el hecho religioso de sus competencias, especialmente la educación pública, salvo la que le complazca como el marxismo. La España futura, casi presente, Francia, México, China.
La sociedad occidental es la más desarrollada porque es la más racional, ha logrado separar, gracias a la razón, la religión del Estado, si no en su totalidad, en gran parte. Para evitar guerras entre naciones, los países firmaron la Carta de Naciones Unidas, que establecen unas fronteras inamovibles. Por medio del derecho internacional se procura sustituir todas las guerras por la diplomacia. Dentro de cada nación se crearon las Constituciones, leyes por las cuales podemos vivir juntos. Como escribe el filósofo Guy Sorman “Esta alianza entre el derecho internacional y la Constitución constituye el mayor progreso que se haya logrado jamás en la humanización de la historia y la mayor derrota de la barbarie”.
La separación entre el Estado y la religión no ha ocurrido en el islam y en el socialismo, siguen siendo una unidad, y la razón no puede desarrollarse. Como escribió Nietzsche: “Para los superfluos ha sido inventado el Estado.” La sociedad occidental, al ser más desarrollada, tiene también más responsabilidad y debe actuar contra el islam y el socialismo de forma razonable pero manteniendo su estatus superior y que cada vez existan menos seres humanos superfluos y puedan desarrollarse como personas libres. Nietzsche dijo que habían pasado 2000 años y no había un nuevo dios, Nietzsche no vio venir al nuevo dios.
Normalmente los que no son religiosos pero se creen respetuosos suelen decir que la religión es algo privado de cada uno y así no se mojan y dejan ver que los religiosos deben respetar a los que no lo son, como hacen ellos. La verdad es que la religión no es algo privado sino público. Así escribe sobre este tema Alfonso García Nuño: “Una de las mayores confusiones, fruto de la mentalidad estatista, es la de no distinguir público de estatal o, mejor dicho, considerar que todo lo público es estatal. Esto se da especialmente en cuestiones religiosas y de educación, pero no solamente. Todo lo estatal es ciertamente público, pero no todo lo público es estatal… una misa no es un acto privado, sino público, pero no será estatal. Esta confusa mentalidad está, entre otras cosas, detrás de las muchas apelaciones a la separación de Iglesia y Estado. Como todo lo que no es privado se cree que es estatal, dicha separación supone que lo religioso tiene que ser privado. Aplíquese dicho principio a otras esferas de la vida. Así, si la educación no es algo estrictamente privado, sería algo estatal. Como el hospital no es mi domicilio, tendrá que ser estatal. Y, como hay tampoco estrictamente privado en el hombre, al final, con poco nos quedamos.”
El demonio de la religión socialista
El demonio que amarga la vida a los seguidores de la nueva religión socialista es el capitalismo y hoy en día su máxima expresión son los Estados Unidos de América, el paraíso del capitalismo, la tierra prometida, donde cualquiera que se lo proponga puede salir de la pobreza. En la actualidad, la gran mayoría de la juventud se ha desarrollado en ambientes de la religión socialista, han hecho de ella su forma de vida y el demonio, USA, no solo está vivo, sino que es el amo del mundo y hay que degradarlo y destruirlo como sea. Por eso cualquier iniciativa que haga USA será la acción del demonio y habrá que criticarla. Da igual que lo haga bien o mal, esas valoraciones no entran en cuestión, flaquear ante esto sería sucumbir. Ha caído el Muro de Berlín, o lo que es lo mismo, ha fracasado la URSS, el gran valedor de la nueva religión, pero la llama sigue viva y alentada por quienes no desean más que destruir al demonio causante de sus males, incapaces de reconocer los errores propios. Y las nuevas generaciones siguen creciendo en esos ambientes, y siguen identificándose con sus ideas, incapaces de darse cuenta de su adoctrinamiento. Muchos, afortunadamente, logran salir del laberinto o no la toman en consideración. Pero esta religión es muy ruidosa, coloca a sus miembros en puestos claves propagandísticos, saca a sus partidarios a la calle, meten mucho ruido y mienten sin parar hasta llegar a creerse sus propias mentiras. Si no se vence al capitalismo vendrá el Apocalipsis. “¿Por qué nos odian?” se preguntaba el Presidente de USA, George Bush, y respondió: “por nuestras libertades”.
Otros grandes demonios de la religión socialista son los judíos, los creadores del capitalismo. En sus orígenes nació su gran enemiga, la religión cristiana. Antes se eliminaba al judío por haber matado a Jesucristo, hoy se le persigue porque Jesucristo era judío. Los judíos son el pueblo elegido de dios y eso no gusta a las demás religiones, incluida la socialista, pues son ellos los elegidos para salvar al mundo, los que están en posesión de la verdad y su dios, el Estado, no admite injerencias.
Entre los demonios socialistas más odiados se encuentran también las sectas que surgieron de la religión socialista, sus herejes: el fascismo y el nazismo. Quisieron transformar la religión madre socialista y fracasaron. Estos también odiaban a los judíos por ser los creadores de la nueva religión socialista a la que odian, Marx era judío. Pocos saben hoy en día que cuando un socialista llama fascista a alguien para insultarlo y degradarlo lo está llamando socialista.
El paraíso y el infierno de la religión socialista
La utopía de estos religiosos socialistas, el Cielo de los cristianos, era un Estado que dominara todo el mundo, una sociedad bajo su control, esa sociedad utópica, y por tanto irrealizable, ese paraíso socialista es el Comunismo. El paraíso, ese lugar sobrenatural y placentero, el lugar ideal, donde los religiosos van al acabar sus vidas, se transforma en la mente del religioso socialista en un lugar terrenal. A esta utopía le acompaña siempre “la revuelta contra una sociedad contaminada… ambos síntomas de inadaptación psicológica”, como escribió Arthur Koestler. Esa utopía pareció conseguirse cuando Lenin llegó al poder en la URSS. Era Rusia la primera nación que caía en manos de los malhechores del bien, hubo intentos anteriores como la Revolución Francesa pero acabó en el Imperio de Napoleón, fracasó trágicamente. Como suelen decir ellos: “no falló el comunismo, fallaron los comunistas” La Unión Soviética debía ser el referente de nación para los demás países del mundo, era el modelo que iba a desencadenar el bienestar de los hombres en todo el mundo, era la nueva Israel, el nuevo Califato.
La nueva religión tenía un espacio donde poder desarrollarse y servir de ejemplo al resto del mundo. Su dios era hegemónico, el Gran Estado, y estaba controlado por un grupo de personas, líderes del nuevo movimiento religioso, que formaron el Partido Comunista de la Unión Soviética. Cuando una persona controla un Estado, genera un régimen dictatorial; cuando un partido controla un Estado, se forma un régimen totalitario, del que es mucho más difícil salir, era el régimen de la URSS, un Estado, un dios, dominado por el Partido Comunista de la URSS.
El paraíso de la religión socialista es la sociedad comunista donde todos los trabajadores sean libres e iguales y tengan todas sus necesidades cubiertas. Se diferencia de las demás religiones en que el paraíso está en este mundo no en el más allá, por tanto, todos los logros y venturas se deben alcanzar en este mundo, cueste lo que cueste, porque es la única vida que tenemos. Para ensalzar ese paraíso en la tierra aparecieron el ecologismo, el animalismo, las ONG’s, el buenismo, que nos hará felices en el paraíso terrenal cuidándolo y haciéndonos sentir gozosos, un mundo feliz donde se ha renunciado a la libertad a cambio del bienestar.
El infierno también se encuentra en este mundo, en la corrupta y miserable vida que genera el mundo capitalista al que hay que combatir para erradicarlo y en todas las religiones alienantes, menos la suya, que no saben que lo es. Para el Papa Juan Pablo II: “El Infierno indica más que un lugar, la situación en la que llega a encontrarse quien libremente y definitivamente se aleja de Dios, fuente de vida y de alegría”. El infierno es la privación definitiva de dios, el infierno socialista se encuentra allí donde no ejerza su poder el dios socialista, el Estado. En una sociedad comunista sólo existe el paraíso, el infierno ha sido erradicado.
Para Tomás Moro, Utopía era una isla perdida de América, sede del mejor gobierno cuyos habitantes habían logrado el Estado perfecto. Utopía significa: no lugar, lo que no está en ningún lugar, un sueño imaginario e irrealizable. Esta Utopía es el cielo de los socialistas pero en la tierra, de ahí el carácter religioso del socialismo en otros términos, y tenía un nombre para los hombres de nuestra época, Unión Soviética, donde los hombres son libres e iguales gobernados por un sistema político perfecto, el comunismo.
El problema es que estos sueños utópicos acaban en la distopía, la utopía negativa, una aberración indeseable y totalitaria, una sociedad viciada, depravada, enferma. Este es el cielo en la tierra en el que nos quieren instalar los nuevos socialistas disfrazados de progresistas, ecologistas, animalistas, feministas, etc, apoderándose casi por completo de estos movimientos e intentando representarnos a todos en ellos. De nada sirve saber lo que hicieron sus antepasados ideológicos, la isla de Utopía sigue estando por ahí, en algún lugar y si no, hay que crearla en nuestra sociedad, cueste lo que cueste, destruyendo lo que haya que destruir, eliminado a aquel que se interponga en el ideal utópico, anteponiendo este ideal a la libertad individual de las personas. Todo por el bien común. Utopía es tan real como el Paraíso de los yihadistas musulmanes y los métodos para crearla similares, no hay más que ver sus hazañas en el siglo XX. Y así como las masas seguían a los líderes religiosos, los socialistas modernos siguen a los gurús de la muerte y la destrucción. Con estos paraísos ficticios lo que se logra es que seamos esclavos de los que manejan los hilos. Esta esclavitud, que somos incapaces de reconocer, se soluciona, parafraseando a Óscar Wilde, “divirtiendo a los esclavos”, hemos pasado del homo sapiens al homo festivus de hoy en día.
Ritos de la religión socialista
La religión socialista tiene sus lugares sagrados donde sus seguidores adoran a su dios, el Estado, y todo lo que representa, un culto religioso transformado en laico pero con el mismo significado. Las ofrendas y sacrificios se han trocado en desfiles, manifestaciones populares, banderas y eslóganes, retratos de los sacerdotes socialistas de gran tamaño. La Plaza Roja de Moscú era un lugar emblemático donde se realizaban los desfiles en exaltación del Estado, paradas militares y grandes retratos recordaban a los congregados, los fieles, los logros de la nueva religión, un acto patriótico al que nadie debe ser ajeno. La hoz y el martillo (el nuevo crucifijo), las banderas rojas (los nuevos estandartes), el himno del Estado (canto de alabanza a Dios), el brazo en alto con la mano cerrada o abierta (el nuevo santiguar), son admirados y venerados por los fieles, son los símbolos del Estado, es decir, los símbolos de dios. De igual forma se celebran estos actos en la Plaza de la Revolución de La Habana, la Plaza de Tiananmén de Pekín, los desfiles en Berlín de los nazis y en la Italia fascista, la plaza central de Pyongyang en Corea del Norte y tantos otros.
Estos desfiles son similares a las procesiones de Semana Santa en el catolicismo y a la peregrinación a La Meca. Las romerías a las ermitas, los desfiles festejando a los santos y patrones locales, tienen sus homólogos en la religión socialista con las manifestaciones reivindicativas que son tan habituales en nuestra vida diaria, siendo la mayor la del Primero de Mayo, o cuando ocurre un gran acontecimiento que saben aprovechar muy bien para sus intereses. La reivindicación continua es una de las características de la religión socialista, siempre hay que hacer presente el mensaje que arrastra para convencer al mayor número de personas por medio del bombardeo ideológico o del miedo, el proselitismo lo ejercen con verdadera devoción.
Los sacerdotes, frailes, monjas, obispos, cardenales, ulemas, ayatolás, rabinos, etc, también están representados en la religión socialista. Son los encargados de encauzar a la muchedumbre y conducirla por el camino del bien, de su bien. Los hay de bajo nivel que son los que encontramos en nuestros trabajos, en las universidades, en nuestros barrios o pueblos, siempre con la voz cantante, revolucionando a los que les escuchan, guiándoles por el camino correcto. Los hay de mayor nivel, encargados de misiones mayores, actuando cerca del poder, cerca de los medios de comunicación, los sindicatos poderosos, los líderes carismáticos, los periodistas a sueldo.
Marx y Engels, en el Manifiesto Comunista, escribieron que el proletariado no sabe lo que le conviene y que por tanto son necesarios los comunistas para dirigir la lucha contra el capitalismo. Hacen falta líderes que iluminen y dirijan al pueblo, los mesías que encauzaran la vida de sus seguidores, como escribió Elías Canetti: hombres capaces de transformar en masa a los seres humanos.
Los santos y mártires cristianos también están representados en la religión socialista. Son los fundadores de la religión, los que han sabido y podido hacerla más grande, y los que han dado su vida por ella, personajes de una absoluta perfección moral y por tanto objeto de culto. Quién osa bajar del pedestal a Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao, Castro y tantos otros. Qué mejor mártir que el Che Guevara, idolatrado por toda la juventud como un líder carismático que dio su vida por la religión socialista, o Salvador Allende, Lula, Chávez. Y también están los perseguidos por la propia religión, los apestados, los herejes como Trotsky, Mussolini y Hitler en los altos niveles, y para el resto, el Gulag, los campos de concentración o la eliminación directa.
Los cristianos se santiguan y tienen sus cantos religiosos y abren los brazos a dios en sus oraciones. Los religiosos socialistas no podían ser menos: ese puño cerrado en alto o la mano abierta, esa Internacional cantada con fervor o las canciones populares, la hoz y el martillo o la esvástica. Los ritos cristianos en versión socialista. Cuanta similitud que no se quiere reconocer.




