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La corriente inmigratoria hacia América fue sin lugar a dudas la más fuerte, quedando en segundo lugar la que se daba entre los mismos países europeos. Fue el caso de la emigración italiana, española o portuguesa, especialmente hacia Alemania, Francia o Suiza.
Entre quienes optaron por la inmigración de ultramar encontramos a miles de familias de la Alta Italia y, entre ellas, las de nuestros ancestros vénetos.
Sin tener en cuenta a Sebastián Gaboto y sus marinos venecianos que en 1527 subieron por el río Paraná desde el estuario del Río de la Plata, la presencia véneta en Sudamérica comenzó a volverse significativa en las últimas décadas del siglo XIX.
Si bien fueron diversos los factores que determinaron estas opciones, podemos destacar los cuatro más significativos:
1. El hecho de haber sido precedidos por numerosos contingentes de inmigrantes italianos de otras regiones y la reagrupación familiar.
Los vénetos no estuvieron entre los pioneros que llegaron a América. Fueron sus vecinos del Piamonte y la Liguria quienes hicieron llegar a la patria natal el testimonio de las magníficas oportunidades que ofrecían los países de acogida. Rápidamente creció la convicción y el sentir popular de que un futuro mejor les aguardaba del otro lado del Atlántico.
En ocasiones, los predecesores fueron los mismos parientes quienes, después de haberse establecido en el nuevo continente, buscaron reunificar los núcleos parentales atrayendo a familiares y amigos que en un primer momento se habían quedado en sus poblados de origen.
Este factor es posible corroborarlo en el caso de muchas familias. Nuestro bisabuelo Luigi Calgaro (Gigio) dedicó gran parte de sus primeros ahorros para traer desde Italia a su hermana María.
La reagrupación familiar era motivo de orgullo para todo emigrado. El hecho de financiar el viaje de un familiar era confirmar que el riesgo asumido al dejar la propia tierra había valido la pena y que las promesas de una vida menos dura se estaban cumpliendo.
Si analizamos los datos recopilados a partir del año 1882 por el Centro de Estudios Migratorios Latinoamericano, podemos comprobar que entre los años 1883 y 1885 llegaron al puerto de Buenos Aires una veintena de personas con el apellido Calgaro.9 Quince años más tarde se verificó una segunda oleada, sumando hasta veinticinco personas más con el mismo apellido. Ciertamente, todos pertenecían al mismo tronco familiar, aunque no todos tenían un grado de parentesco cercano.
2. La existencia de rutas marítimas dirigidas hacia estas latitudes de América del Sur.
La “Compagnia Transatlantica” fundada en Génova en el año 1852 inauguró la primera línea de comunicación regular entre Italia y América. En un principio los viajes se hacían en grandes transatlánticos desde Génova hasta Río de Janeiro y desde allí se continuaba con un servicio de enlace hacia Montevideo y Buenos Aires, en embarcaciones menores.
A partir de 1870 la “Società Rocco Piaggio & Figli”, también genovesa, comenzó a brindar servicios directos cada tres meses, vía Islas Canarias, hasta Montevideo y Buenos Aires.
Diez años más tarde las posibilidades de viajar con naves cada vez más rápidas se multiplicaron. Los treinta y ocho días del viaje entre Génova y Río de Janeiro pasaron a ser treinta.
En este mismo período, las compañías “Florio y Rubattino” se unieron y crearon la “Navigazione Generale Italiana” la cual, con diversos y más veloces vapores, llegaron a garantizar salidas semanales desde Nápoles y Génova hacia Río de Janeiro, San Pablo, Montevideo y Buenos Aires.
Nuestros abuelos, como gran parte de las familias de inmigrantes, no tenían un lugar prefijado hacia donde orientar sus esperanzas. Sabían que “in Mèrica”, podían tejer un futuro mejor, pero el lugar concreto lo determinaba el destino de la nave en la que finalmente lograban embarcarse.
3. La crisis agraria por la que atravesaba Europa dejaba sin presente ni futuro a millones de campesinos.
A comienzos del siglo XIX, más del 80% de la población europea se dedicaba a tareas agrícolas.
Fueron millones las familias de campesinos que soñando un porvenir más halagüeño emigraron hacia las ciudades para enrolarse como obreros en el naciente proceso de industrialización. Pero la revolución industrial no tenía capacidad para absorber toda la mano de obra que el campo rechazaba.
Consta en los anales de Schio y Arsiero la grave crisis que a finales del ochocientos afrontó la industria de la lana, motor fundamental de la economía local. De la noche a la mañana, centenares de familias se quedaron sin trabajo y sin futuro.
4. Las políticas de colonización de los países del Plata.
Argentina necesitaba mano de obra para continuar multiplicando las hectáreas de tierra virgen dedicadas a la agricultura. Los empobrecidos campesinos europeos se convirtieron en una fuente inagotable de recursos humanos, ideales para satisfacer la demanda de la naciente nación americana.
Se dio de este modo un círculo virtuoso: cuantas más tierras cultivadas más riquezas para el país, mejores condiciones para atender las demandas del mercado interno y externo, y por ende, más necesidad de mano de obra.
Entre los años 1856 y 1895 se fundaron en Argentina 365 colonias de inmigrantes europeos y el área sembrada pasó de 55.922 hectáreas a 1.493.402 hectáreas, multiplicando por 26 la capacidad productiva del país.
Gracias a la aportación de los inmigrantes el país se transformó rápidamente, proyectando su mercado al resto del mundo.
A su vez, la explosión agrícola con la ingente masa de mano de obra que reclamaba, generaba la necesidad de implantar servicios terciarios para satisfacer las necesidades de los campesinos y de quienes se afincaban en las ciudades. Por lo tanto no solamente se demandaba mano de obra para el campo sino también operarios para los más diversos servicios.
“Gobernar es poblar”, era el slogan de la clase dirigente argentina. En función de promover la inmigración se firmaron acuerdos con las compañías navieras para que trasladaran en forma muy económica – y hasta gratuita – a todo europeo que quisiera rehacer su vida en América.
Se llegó a entregar a los inmigrantes una prima en dinero antes de partir y, en el caso del campesinado, se les facilitaban tierras e instrumentos para el laboreo.
En torno a estas cuatro razones se fue consolidando el movimiento migratorio que marcó un antes y un después, tanto para quienes emigraban como para los países de acogida.
Ciertamente en los países de origen, y más precisamente en Italia, coexistieron otras causas como la inestabilidad política y social, la amenaza de la guerra,10 la falta de competitividad en el proceso de industrialización respecto a otros países del entorno uropeo y, en relación al campesinado, la ausencia total de políticas productivas y financieras adecuadas por parte del gobierno.
Ante lo complejo e inestable del panorama, América se constituyó en la tabla de salvación para millones de familias. Éstas, a su vez, generaron y sostuvieron un impulso de crecimiento jamás imaginado en los países de acogida. De tal modo que la realidad actual de los países americanos, con sus luces y sombras, es impensable sin la laboriosidad y el ingenio de sus inmigrantes.
En la famosísima canción, “Mèrica Mèrica”, basada en un poema de M. Crestana (1875), vemos reconocido el esfuerzo creador de quienes dejando la vieja y empobrecida Italia fueron constructores de una nueva América.11
MÈRICA, MÈRICA
Da l’Italia noi siamo partiti.
Siamo partiti col nostro onore.
Trenta sei giorni de macchina a vapore
E in Mèrica noi siamo arrivà.
E nell’America che siamo arrivati
non abbiam trovato né paglia né fieno.
Abbiamo dormito sul suolo al sereno
Come le bestie abbiam riposà.
Ma la Mèrica l’è lunga l’è larga
E circondata da monte e da piani.
E con l’industria dei nostri italiani
Abbiam formato paesi e città”.
(Traducción)
Desde Italia hemos partido.
Hemos partido con nuestro honor.
Treinta y seis días de buque a vapor
y a América hemos llegado.
En América, donde hemos llegado,
no encontramos ni paja ni heno.
Hemos dormido en el suelo y al raso,
como animales hemos descansado.
Pero América es enorme.
Circundada de montes y planicies.
Y con el esfuerzo de nuestros italianos
hemos creado poblados y ciudades.
América reclamaba recursos humanos para el campo y para las nacientes industrias. Las naciones europeas no lograban atender las necesidades básicas de su creciente población. La inmigración se presentaba como la respuesta más adecuada y beneficiosa para ambas partes.
¡Porca Italia! ¡Andemo via!
En el año 2008, Giorgio Napolitano, presidente de la República de Italia entre los años 2006 y 2015, afirmaba: “Por decenios la inmigración ha constituido una “válvula de escape”, dadas las graves dificultades económicas y sociales. Los envíos de dinero de los inmigrantes han contribuido no poco al desarrollo de Italia.
A menudo nuestros inmigrantes han tenido una vida difícil, de sacrificio y privaciones, pero la cultura del trabajo y sus valores les ha permitido integrarse en el tejido político, social y económico de los países que les acogieron”.
La visión del Presidente de la República, realizada desde la amplia perspectiva que da el paso del tiempo, endulza la tragedia del inmigrante concreto, al tiempo que nos da un punto de apoyo para entender el fenómeno inmigratorio. Un proceso que benefició tanto a los países de acogida como a la propia Italia que descomprimía la presión social que generaba tanta pobreza y a su vez recibía ingentes cantidades de recursos enviados por quienes emigraban.
Acerquémonos a aquel contexto que Giorgio Napolitano sintetiza haciendo referencia a las “graves dificultades económicas y sociales”.
Berto Barbani, poeta veronés, describió la situación de su gente en estos versos compuestos en dialecto véneto hacia el año 1896.
I VA IN MÈRICA
Fulminadi da un fraco de tempesta,
l’erba dei prè par ’na metà passìa,
brusà le vigne da la malatia
che no lassa i vilani mai de pèsta;
ipotecado tuto quel che resta,
col fornento che val ’na carestia,
ogni paese el g ’a la so angonia
e le fameie un pelagroso a testa!
Crepà la vaca che dasea el formaio,
morta la dona a partor ’na fiola,
protestà le cambiale dal notaio,
una festa, seradi a l’ostaria,
co un gran pugno batù sora la tola:
“Porca Italia” i bastiema: “andemo via!”
E i se conta in fra tuti. – In quanti sio?
Apena diese, che pol far strapasso;
el resto done co i putini in brasso,
el resto, veci e puteleti a drio.
Ma a star qua, no se magna no, par dio,
bisognarà pur farlo sto gran passo,
se l’inverno el ne capita col giasso,
pori nualltri, el ghe ne fa un desìo!
Drento l’Otobre, carghi de fagoti,
dopo aver dito mal de tuti i siori,
dopo aver fusilà tri quatro goti;
co la testa sbarlota imbriagada,
i se da du struconi in tra de lori,
e tontonando i ciapa su la strada!
SE VAN A AMÉRICA12
Exterminada por la fuerza de la tormenta,
la mitad de la hierba está perdida.
Quemada la viña por la enfermedad
que no deja de apestar a la población.
Hipotecado lo que queda,
con el trigo que ya escasea,
cada poblado tiene su agonía
y cada familia un enfermo de pelagra.13
Muerta la vaca que daba el queso,
muerta la mujer pariendo a la hija,
aquejado por las deudas al notario,
en una fiesta, por la tarde en el bar,
con un puñetazo golpea sobre la mesa:
¡Maldita Italia!, blasfema: “Vámonos”.
¿Cuántos somos?
En torno a diez para hacer el viaje.
El resto son mujeres con los pequeños en brazo
y el resto, viejos y niños a destajo.
Pero quedarnos aquí sin comer, ¡por Dios!
Es necesario dar el gran paso.
Si el invierno viene fuerte,
pobres de nosotros, ¡dejará todo desierto!
Hacia octubre, cargado de bultos,
después de haber renegado de todos los señores
y haberse emborrachado,
con la cabeza revuelta y embriagada,
¡dándose fuerza unos a otros
y canturriando, emprenden el camino!
El autor narra con dureza la triste situación de los campesinos vénetos. Habían llegado al límite de la indigencia. Debían abandonar lo más querido y, maldiciendo la patria, buscar el pan en otras tierras. A mediados del siglo XIX podemos hablar de una verdadera fuga de masas.
Los factores de “expulsión” señalados por el poeta veronés mantuvieron su vigencia durante décadas. Si nos detenemos a analizar estas variables obtendremos una visión muy realista y cercana de la situación padecida por nuestros abuelos antes de tomar la decisión de abandonarlo todo y partir hacia América.
Tras la mirada de Barbani encontramos el perfil de las grandes mayorías de inmigrantes que llegaron a nuestras tierras.
Como ya hemos reseñado, los campesinos conformaban la colectividad más numerosa de la población italiana y esta situación repercutió directamente en el perfil de la masa de inmigrantes. Quienes llegaron a nuestras tierras eran principalmente pequeños y empobrecidos campesinos.
Los terrenos familiares, con las reiteradas sucesiones, habían quedado reducidos a una mínima expresión. Sobreexplotados y expuestos a las inclemencias del tiempo y a las pestes que asolaban los sembrados, no lograban cubrir las necesidades mínimas de cada familia.
El granizo golpeaba con frecuencia a frutales y viñedos y las sequías solían impedir la reserva invernal de forraje para el ganado.
Consta en la historia agrícola véneta el ejemplo del año 1879, cuando a un riguroso invierno le siguió una primavera húmeda y un verano que alternó tormentas con granizo y largos períodos de sequía. Si a este contexto climatológico le sumamos las enfermedades en los frutales, contamos con el marco perfecto para un ciclo de empobrecimiento extremo.
La falta de recursos para combatir las pestes les volvía particularmente vulnerables. De este modo, a partir de 1850 desaparecieron gran parte de los viñedos regionales en razón de enfermedades imposibles de tratar.
Señalamos el apartado de los viñedos porque el vino era un producto vendible. El cultivo en otros rubros como el trigo, la cebada, el maíz, las hortalizas y verduras, era muy escaso y se destinaba por entero al consumo familiar.
Cuando los viñedos y maizales fracasaban los pauperizados campesinos no tenían más remedio que solicitar préstamos a los pocos acaudalados del lugar, cayendo en las redes incompasivas de la usura.
El sector ganadero tenía una dimensión testimonial. Algunas familias atesoraban una o dos vacas y las mayorías se conformaban con alguna que otra oveja, conejos y gallinas. Poco más. También en este rubro las garantías de éxito eran escasas ya que la mortandad del ganado era frecuente debido a las condiciones climatológicas extremas, especialmente en la zona montañosa.
La vaca era considerada como un animal casi sagrado, un auténtico patrimonio familiar ya que, además de servir como fuerza motriz para las tareas del campo, daba leche de la cual obtenían el preciado queso y la ricota, alimentos básicos que conformaban la miserable dieta campesina, acompañada por la infaltable polenta de harina de maíz.
Aquellos que contaban con algo más de tierra para sembrar y comercializar cereales, se encontraban a menudo con una bajada generalizada de precios ocasionada por la competencia de los países americanos como Argentina que, beneficiados por el bajo coste del transporte, exportaban millones de toneladas de trigo a toda Europa.
A las dificultades que ocasionaba la climatología, las pestes incontroladas, el empobrecimiento de terrenos sobreexplotados, la multiplicación extrema de minifundios y la competencia del mercado americano, debemos sumarle la política agraria italiana prácticamente inexistente.
De hecho, el estado quedaba totalmente al margen de la grave crisis que afectaba a sus conciudadanos y no prestaba ningún tipo de ayuda. Los riesgos de la producción agrícola debían ser asumidos en su totalidad por los propios productores.
A partir del año 1870, los distintos gobiernos, buscaron erradicar los minifundios e incentivar los cultivos mecanizados. Si tenemos en cuenta que la gran mayoría de nuestros ancestros poseían “pañuelitos de terrenos” podemos hacernos cargo de la crisis que tal política nacional acarreaba para cada uno de ellos. ¿Cómo reunir terrenos sin el capital necesario para adquirirlos o cómo mecanizar la producción sin recursos financieros accesibles?
Cuentan que nuestro “nonno Gigio”, solía compartir, con no poca ironía, la siguiente reflexión: “Pensar que en Italia nuestras tierras eran tan pequeñas que si nos acostábamos sobre ellas debíamos encoger las piernas para no invadir terrenos ajenos”.
Durante generaciones, esas pequeñas parcelas, siendo la única fuente de riqueza familiar, terminaron siendo cuidadas con un mimo extremo. No ahorraban esfuerzos por robarle a la tierra todo su empobrecido potencial, pero los resultados siempre resultaban escasos.
La “zia María” Calgaro, hermana del “nonno Gigio” recordaba que, terminado el invierno, debían bajar al valle y hacer innumerables viajes con un par de baldes cada uno para buscar tierra que supliera la que el deshielo y las lluvias de primavera se habían llevado colina abajo.
En el caso de la familia Calgaro esto significaba bajar por un estrecho sendero de montaña, salvando un desnivel de trescientos metros que los separaba del lecho del riachuelo que corría por el valle, y subir poco a poco esa tierra necesaria para renovar los sembrados de primavera y verano.
Se trata de esfuerzos que hoy nos resultan impensables. ¡Llevar en baldes la tierra hacia la montaña para poder sostener los diminutos cultivos familiares!
Debo reseñar que en la provincia de Vicenza, cuna de nuestros ancestros directos, se dio también durante algún tiempo la explotación de minerales diversos. Pero lamentablemente las vetas metalíferas no eran abundantes.
Hacia 1870, las pequeñas minas de hierro, plomo, mercurio, plata, cobre y hasta alguna de oro, que durante un siglo habían equilibrado la maltrecha economía campesina, prácticamente habían desaparecido.
Una vez más, la competencia exterior y los modestos resultados económicos lograron eliminar una fuente de recursos que en su momento despertó mucho interés.
Aún hoy, en recónditos parajes montañosos, perduran los vestigios de aquella minería inicial que se prolongó en su formato más humilde con la explotación de la piedra caliza, muy abundante en la zona.
En el mismo valle contiguo al “monte dei Calgari”14 podemos hoy contemplar varias ruinas de hornos de piedra caliza. Esta minería básica, sumada a la de algunas preciosas vetas de mármol, constituyó una fuente de riqueza acotada y destinada al consumo regional.
En este resumido compendio de las riquezas y pobrezas no podemos dejar de lado la industria artesanal, la cual había tenido su esplendor en otros tiempos pero que no pudo competir con el proceso de la industrialización. Es el caso de las artesanías en cuero, lana, seda y la orfebrería, que posibilitaba la ya mencionada minería local.
Hacia 1850, en la provincia de Vicenza se habían establecido algunas industrias especializadas en el tejido de la lana. La más famosa entre ellas fue fundada por Alessandro Rossi, retomando una ancestral profesión ejercida por los primeros pobladores de la región, desde la época romana.
Como ya he mencionado, ante la incipiente era de la industrialización, los campesinos fueron abandonando los pequeños caseríos de montaña para acercarse a las nuevas fuentes de la economía regional.
Sin embargo, las industrias locales fueron incapaces de absorber la abundante oferta de mano de obra. Por otro lado, el desequilibrio entre oferta y demanda tuvo como resultado una drástica bajada en los salarios con las consecuencias que ello tenía para las empobrecidas familias.
En 1890, en plena expansión del fenómeno de la inmigración, las industrias Rossi estaban paralizadas a causa de una huelga generalizada e indefinida, propiciada por un naciente sindicato de trabajadores que reclamaban mejoras salariales.
Los peores augurios se conjuntaban para hacer inviable cualquier planteamiento de futuro. Como vemos, las extremas limitaciones de la vida rural se repetían en la balbuceante industrialización regional.
En este contexto de pobreza, de falta de horizontes razonables y de desentendimiento del sistema político, la desesperanza se extendía entre los habitantes.
La paupérrima dieta, basada en el maíz y las papas, no era suficiente para cubrir las necesidades mínimas y las enfermedades más diversas proliferaban. La pelagra, el cólera y el tifus eran muy comunes. El índice de mortalidad era altísimo, especialmente entre los niños.
Basta con recorrer los libros parroquiales de nacimientos y defunciones para constatar que las mujeres parían una media de diez hijos, de los cuales sobrevivían no más de seis o siete.
La esperanza de vida para un campesino del Véneto a mediados del siglo XIX no pasaba de los 47 años, siendo hoy de 82 años.
El poema de Barbani narra con el mismo nivel de importancia la muerte de una vaca y la de una madre con su neonata.
Los miembros de una familia campesina eran valorados en razón de su utilidad. En este contexto, la muerte de personas ancianas de niños y mujeres o de los enfermos crónicos era considerada como acontecimiento menor.
La poca carga afectiva hacia estos miembros de la familia estaba marcada por la miseria que los volvía estrechos de corazón. Sobrevivían los más fuertes y los demás eran considerados como una carga desechable.15
La familia era valorada bajo el punto de vista de lo que ofrecía en vistas a la sobrevivencia. A tal punto que nadie deseaba llegar a la ancianidad porque se convertían en una carga demasiada pesada para su familia. Esta mirada aparece en el poema de Barbani dejando entrever una valoración negativa hacia las mujeres, los niños y los ancianos.
Un alto nivel de embrutecimiento era el efecto no deseado de las condiciones tan extremas en las que debían afrontar sus vidas los habitantes del véneto pre-alpino y alpino.
Es evidente que ante un contexto que empobrecía a las personas en todas sus dimensiones, la idea de emigrar se volvía irresistible, al tiempo que constituía un desafío que sólo los más aptos lograban afrontar.
El bar del pueblo era el lugar donde, fuera del control moral del sacerdote y del patrón de turno, los campesinos podían compartir sus penas.
“..., seradi a l’ostaria,
co un gran pugno batù sora la tola:
“Porca Italia” i bastiema: “andemo via!16”
Definitivamente, la inmigración no fue fruto del espíritu aventurero que suele atribuirse al pueblo italiano, sino una necesidad de sobrevivencia casi absoluta. El dilema para muchas familias era morir lentamente en la pobreza o emigrar.




