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Principios amargos. Son sustancias, presentes también en un gran elenco de plantas medicinales, responsables del aroma y del sabor moderada o altamente amargo de muchas de ellas. Tienen la particularidad de estimular la motilidad gástrica, y, por tanto, se revelan como un recurso herbario de primer orden para aumentar el apetito, previenen el estreñimiento y los gases, pero ejercen también un efecto protector sobre las funciones del hígado. Están presentes en muchas compuestas como el diente de león, la achicoria o la matricaria; en umbelíferas como la sanícula, el hinojo o la angélica; en labiadas como el romero, el marrubio o el hisopo, juntamente con el lúpulo, el harpagofito o el azafrán, entre otras.
Resinas. Son productos generados por muchas plantas, por oxidación y polimeración de los terpenos. Se trata de mezclas bastante complejas, de consistencia más o menos sólida y muy pegajosa, insolubles al agua, pero solubles en alcohol, que se funden por calentamiento. Ejercen propiedades antiinflamatorias, balsámicas, antiespasmódicas, antisépticas y cicatrizantes sobre la salud humana. Encontramos resinas en una gran diversidad de plantas como mirra, gayuba, equinácea, guayaco, rusco, etc.
Sales minerales. Son nutrientes esenciales que no faltan en la mayoría de las plantas. Son absorbidas principalmente por las raíces. Les confieren virtudes depurativas, diuréticas, remineralizantes, antianémicas y antiinflamatorias. Algunos ejemplos de plantas especialmente ricas en sales minerales (hierro, calcio, potasio, magnesio, fósforo, etc.) son: el diente de león, el berro, la bistorta, la cola de caballo, el fucus, la acedera, la achicoria, la levadura de cerveza, el perejil, la avena, la ortosifón y la bardana, entre otras muchas.
Saponinas. Es un tipo de glucósidos solubles en agua. Cuando se agitan, generan mucha espuma. Se distinguen dos tipos: esteroidales y triterpénicas. Las saponinas se han empleado desde antiguo para la elaboración de jabón. Se les atribuyen propiedades diuréticas, depurativas, antioxidantes, antiinflamatorias y demulcentes. Encontramos saponinas en la saponaria, por supuesto, el eupatorio, el meliloto, el gordolobo, la regaliz, el castaño de indias, la remolacha, la polígala, la pulmonaria o la vulneraria, entre otras.
Taninos. Son compuestos polifenólicos, de sabor altamente amargo, que contienen muchas plantas. Son solubles en agua y pueden ser condesados. Se han utilizado desde antiguo para curtir pieles. Ejercen efectos astringentes, antidiarreicos, antihemorrágicos y antibacterianos. Están presentes en muchas plantas como la salicaria, la bistorta, el frambueso, el hamamelis, el pie de león, el té, la gayuba, la encina, la hierba de san Roberto, la agrimonia, la matricaria, el fresno y el rosal, entre muchas otras.
Otros principios activos: el almidón (castaño, cebada), sales oxálicas (romaza, oxalis), ácido salicílico, de efecto analgésico (ulmaria, sauce blanco), ácidos fenólicos (lengua de buey, mejorana, melisa), vitaminas (espino amarillo, berro, malva, azarolo, rosal silvestre), las gomas (goma guar, cardo corredor), etc.
Herbolarios, tradición
y modernidad

EL HERBOLARIO, O HERBORISTERÍA, es el establecimiento donde se venden hierbas curativas, pero ha sido y sigue siendo mucho más que eso. Ya en la Antigüedad, el estudio de las plantas para lograr sustancias con las que remediar el dolor físico o con el que sanar determinadas enfermedades estaba muy desarrollado. En el antiguo Egipto conocemos el nombre de un médico carismático, Imhotep, que dedicó toda su vida a explorar las plantas. En la Grecia clásica, Hipócrates (460-377 a. C.) es autor deescribió un amplísimo tratado sobre la buena práctica médica (del que surgió el juramento hipocrático); entre sus amplios conocimientos, no dejaban de figurar el estudio de la naturaleza y el efecto de las plantas sobre la salud humana. Pero fue el botánico y farmacéutico Pedanio Dioscórides (ca 40 - ca 90) la primera persona, en la cultura occidental, a la que se le atribuye un extenso tratado sobre plantas medicinales. Su obra más importante, De materia médica, está considerada la precursora de la farmacopea moderna. Contiene referencias a más de seiscientas especies de plantas, más algunas sustancias animales y diversos minerales curativos. Ha sido una obra de culto para estudiosos de todos los tiempos y culturas. Contemporáneo suyo fue Plinio el Viejo, historiador de la Grecia clásica y naturalista muy experto, que escribió entre los años 23 y 79 de nuestra era una obra monumental de treinta y siete volúmenes, Naturae historianum, en la que, entre otros muchos temas, trataba de las plantas beneficiosas, con algunas indicaciones no poco sorprendentes.
En la Edad Media, la herbolaria tuvo un gran auge. El empleo de las plantas para remediar enfermedades se expandió por todo el continente, con la aparición de médicos y curanderos que prestaban sus servicios a las poblaciones locales. Allá por el siglo IX, apareció en Europa un texto anónimo, Herbolarium et materia medica, uno de los manuales de farmacopea más difunidos durante la Edad Media. Fue gracias a las aportaciones obtenidas de la ciencia médica árabe, con nombres ilustres como Razés, Avicena y Averroes, sumado al reconocimiento de los textos clásicos griegos, romanos y egipcios, por lo que en Europa la medicina en general y la fitoterapia en particular empezó a fundamentarse en una base más empírica y se fundaron las primeras universidades. Se realizaron diversas reediciones del Dioscórides, la principal de las cuales fue obra del toscano Pier Andrea Mattioli (1500-1577), que significó el cimiento de las interpretaciones posteriores, como la del segoviano Laguna, y mucho más recientemente la del catalán Pius Font i Quer, cuyo Dioscórides renovado se considera la biblia de los amantes de la etnobotánica y la fitoterapia en nuestro país. Es un libro grueso y rotundo, de estilo florido, lectura amable y consulta rápida, que no puede faltar en la estantería de cualquier profesional o aficionado a la botánica, la etnobotánica o la fitoterapia.
El papel de la etnobotánica popular ha sido fundamental para la supervivencia de esta práctica. Que no haya desaparecido con el advenimiento arrollador de la medicina clínica o alopática no deja de ser una señal de su resistencia. En muchas regiones de España, especialmente en zonas de montaña, como los Pirineos, el protagonismo de las mujeres es indiscutible, con el trabajo abnegado y difícil de las llamadas «trementinaires» y las figuras equivalentes en otras regiones. Estas mujeres, y también algunos varones, llevaban los remedios herbarios de pueblo en pueblo, haciéndose cargo de la cura de los enfermos y desvalidos. En sus zurrones portaban productos muy diversos, como ungüentos, pociones y esencias; un ejemplo de ellas es la trementina, sustancia casi milagrosa, obtenida de la resina de pino y abeto, a la que se le atribuían diferentes virtudes sanadoras, o bien era la base de múltiples remedios más elaborados. Los estudios de campo de diversos investigadores han podido sacar a la luz esta fuente inmemorial de conocimientos, evitando que se pierdan para siempre y refrendándolos en muchos casos con el rigor de la investigación científica.
Y es que, ciertamente, durante varias décadas, ya en el siglo xx, la herboristería había quedado relegada en el mundo occidental (no así en otras culturas, como la china, la india o la americana indígena) a un uso rural, muy restrictivo y con el anatema de considerarse una práctica antigua, obsoleta y poco menos que poco fiable. Pero tal tendencia ha sufrido un vuelco de ciento ochenta grados en las tres últimas décadas, antes y después del cambio de siglo. Por un lado, la necesidad de retornar a la naturaleza, con todo lo que ello puede entrañar, y la desconfianza hacia determinadas prácticas de la medicina convencional o hacia el abuso sistemático en la prescripción de medicamentos en una sociedad moderna, urbana y supertecnificada, pero notoriamente hipermedicada, ha llevado a un sector nada desdeñable de la población occidental a volver a sus orígenes, confiando en el poder de las plantas para aliviar algunas de las dolencias que les puedan afligir. Siempre hubo herbolarios, en muchos pueblos y ciudades, algunos de gran tradición, pero en los últimos años se han abierto nuevos establecimientos que ha logrado aunar la tradición con la modernidad, creando unos espacios abiertos, interactivos, donde los expertos ofrecen buenos consejos a la clientela, se organizan cursos y talleres, se anuncian tratamientos naturales impartidos por especialistas y se comercializa una gama extensa de productos, que va mucho más allá de las plantas, pero que mantiene vivo el principio original de que, a través de la naturaleza, en sus diversas formas y presentaciones, se busca hallar la solución a los problemas. Todo esto sumado a un conocimiento más profundo y multidisciplinar de la persona que pretendemos sanar. Porque los seres humanos, por mucho que nos hayamos empeñado en sofisticarnos tecnológicamente y por mucho que en apariencia nos hayamos distanciado de la naturaleza, pertenecemos a ella de pleno derecho. Es en ella donde encontramos las mayores coincidencias orgánicas y las soluciones a nuestras dolencias.
Por otro lado, con la explosión de las tecnologías digitales, el boom de Internet y las redes sociales, la herboristería no se podía quedar atrás. Hoy en día, son numerosos los portales de Internet y los servicios online que ofrecen productos de herbolario y de nutrición y cosmética natural muy variados, juntamente con consejos prácticos, cursos o talleres sobre esta materia.
Si uno rastrea por la red es fácil hallar una larga colección de herbolarios online, empezando por el herbolario que ha asesorado al autor de estas líneas durante varios decenios, el Manantial de Salud, de la familia Ferran y Teixé, que cuenta con diversas tiendas físicas repartidas por Cataluña, algunas de un honda raigambre.
Manantial de Salud: www.manantial-salud.com/
Casa Pía: www.casapia.com/
De Natural: www.denatural.es/
Salud Natural: www.herbolariosaludnatural.com/
Navarro Herbolario: www.herbolarionavarro.es/
El Herbolario on line: www.elherbolarioonline.es/
Salud Atenea: www.saludatenea.com/
Herbolarios Natura: www.herbolariosnatura.com/
El Herbolario: http://ecotienda.elherbolario.com/
Cata Natura: www.catanatura.com/
Mon Natura: www.mon-natura.com/
Herbolario en casa: www.herbolarioencasa.com/
La Botica Natural: http://herbolariolaboticanatural.es/
El Alquimista: www.herbolarioalquimista.com/
Bio Natura: http://herbolariosbionatura.com/
La Vecina Canaria: http://lavecinacanaria.es/
Herbolari de Sau: www.herbolariodesau.com/
Mi Herbolario: www.miherbolario.com/portada
Herbolario Digital: http://herbolario.digital/
Herbolario Livert: www.herbolariolivert.com/esp/-herbolariolivert.php
Leizuri: www.herboristeria-leizuri.com/es/
Herbes de l’Alt Pirineu: www.herbesdelaltpirineu.com
Las herramientas que nos ofrece Internet pueden ser una gran ayuda, y nos facilitan acceder a algunos productos y sustancias que tal vez no estén a nuestro alcance de otro modo. Sin embargo, también es cierto que hay pocos placeres comparables a la experiencia que supone entrar en un herbolario, dejarse impregnar por las fragancias y los aromas que exhalan las estanterías y los armarios repletos de plantas y esencias, observar como el herbolario experto mezcla con elegancia y parsimonia las distintas plantas para componer remedios ajustados a las necesidades del paciente, y descubrir la amplia gama de productos que han sido elaborados con materiales que surgen de la naturaleza directamente y que han sido sometidos, a lo sumo, a un corto y equilibrado proceso de transformación. Los herbolarios son espacios de paz, de relajación, de empatía, donde no existen las prisas ni los conceptos preestablecidos, donde se puede hallar la solución a nuestros problemas de salud, o bien un apoyo natural al tratamiento convencional que estemos siguiendo, pero donde tampoco se pretende ofrecer ninguna solución milagrosa, ni crear expectativas exageradas.
Ventajas de las plantas
sobre los medicamentos

SERÍA COMPLETAMENTE ABSURDO y del todo alejado de la razón adoptar una posición radical y beligerante frente a los fármacos. La medicina moderna, gracias al esfuerzo de muchos científicos e investigadores, ha alcanzado un nivel muy alto en la elaboración de medicamentos que han aliviado y, en muchos casos, sanado dolencias y enfermedades que solo unos pocos decenios antes no tenían cura y podían suponer la muerte del paciente.
Oponerse a estos avances sería una irresponsabilidad. Dicho esto, también resulta innegable que la medicina se ha convertido cada vez más en un negocio altamente lucrativo en manos de unas pocas grandes empresas, y como toda empresa, cuyo principal objetivo es obtener grandes beneficios, también los laboratorios farmacéuticos hacen todo lo posible para maximizar sus ganancias. Ello se traduce, especialmente en las sociedades de niveles económicos altos como la occidental, en una publicidad insistente y agresiva, que trata de convencer al cliente sobre las maravillas de su medicamento, presentándolo casi como una panacea. Y el resultado es una sociedad intensamente medicada, que contrasta con una amplia porción de la población del planeta que se encuentra en el polo opuesto. Ante este panorama, cada vez es más visible una postura de compromiso, compartida por muchos facultativos y población en general, que busca distanciarse un poco de la tendencia dominante y explora otras alternativas, como la que puede ofrecer la medicina tradicional y la medicina natural, lo cual debiera hacerse también desde una posición crítica y serena.
A continuación presentamos algunas ventajas teóricas que ofrecen las plantas medicinales y los tratamientos que con ellas se implementan, respecto a lo que son los tratamientos con medicamentos convencionales. Cabe advertir, no obstante, que como ocurre con todas las disciplinas de la actividad humana, también tales aseveraciones están sujetas a matices:
Reparación global del organismo. Las hierbas ejercen una acción global sobre nuestro organismo probablemente más efectiva que los medicamentos, que en su mayoría solo se enfocan hacia una sintomatología. Ocurre principalmente por la interacción que se da entre sus distintos principios activos. Las plantas son seres complejos, lo que cuadra con nuestra propia complejidad, en contraste con la simplicidad concentrada de un fármaco.
Tiene un mayor efecto preventivo. Las plantas tienden a activar la capacidad autodefensiva de nuestro organismo, preparándolo contra la agresión de agentes externos, como gérmenes contaminantes, bacterias, hongos o virus.
Menores efectos secundarios. Por regla general, las plantas medicinales presentan menores efectos indeseados que los tratamientos con fármacos. El efecto de las plantas suele ser más suave, y su efectividad, medirse a mayor alcance. No obstante, eso no exonera de la necesidad de conocer a fondo las posibles consecuencias de la toma de una planta; aquí entra la responsabilidad del herbolario y del médico, si es preciso.
Efecto más duradero. Dada su mayor tolerancia, los tratamientos con plantas permiten mantenerse durante un plazo más largo de tiempo, y ello puede asegurar, en muchos casos, un efecto más duradero.
Acción polivalente. Por la citada complejidad de las plantas, como seres vivos complejos, a causa de sus diferentes virtudes terapéuticas pueden actuar sobre un abanico más abierto de dolencias relacionadas entre sí. Ello las diferencia de los fármacos que tienden a incidir sobre un o unos síntomas específicos.
Complemento seguro. Ciertamente, en muchos casos, las plantas pueden servir de apoyo o complemento natural a determinados tratamientos farmacológicos, así como actuar como un atenuante de algunos efectos secundarios que estos pueden generar.
Retorno a la naturaleza. El uso de plantas medicinales para el tratamiento de dolencias corrientes nos permite recuperar el contacto con la naturaleza, que el ritmo de la vida urbana moderna hace décadas que nos había sustraído.
Consejos sobre la recolección
de las plantas en el campo

CIERTAMENTE LA FORMA MÁS FÁCIL de adquirir una planta medicinal es acudiendo a un herbolario de confianza, pero también a un establecimiento dietético o a una farmacia. Hasta en un ultramarinos o un supermercado encontraremos una gama amplia de infusiones, aunque aquí nadie nos asesorará debidamente, claro está.
Este apartado está dirigido a aquellos que desean experimentar el placer de prepararse sus propios remedios herbarios, empezando por cosecharse ellos mismos las plantas que necesitan.
El primer paso es estar en condiciones de reconocerlas y de saber dónde se encuentran. Para eso existen incontables guías de botánica, más o menos eficaces, que pueden ayudar a tal reconocimiento. Pero quizás será preferible, al menos en una primera etapa, salir al campo en compañía de una persona experta que nos ayude a familiarizarnos con las plantas de nuestro entorno. En Europa en general, y en la península Ibérica en particular, las especies de plantas potencialmente medicinales son abundantes, aunque solo unas pocas se consideran de uso corriente. En América Latina, la diversidad también resulta apabullante, aunque también es cierto que muchas especies medicinales que se comercializan allí son europeas. Además, cabe tener en cuenta que existe un buen número de plantas medicinales que es difícil de hallar fuera de viveros y plantaciones.
Otro aspecto que hemos de tener en cuenta es la condición de abundancia o rareza de la planta que se está intentando localizar, para luego cosechar. Necesitamos descartar cualquier planta rara o que esté mínimamente amenazada en su hábitat natural; en cualquier caso, la cosecha ha de ser siempre moderada, de apenas unos pocos ejemplares, de forma que no se note nuestro paso por la zona.
Como se alertaba hace unos años desde Adena WWF, de las siete mil quinientas especies de plantas vasculares españolas, más de un diez por ciento están seriamente amenazadas, y muchas de ellas son medicinales. La cosecha y la comercialización de plantas medicinales, aunque pueda sorprender, es un negocio muy lucrativo, que solo en España mueve cerca de mil quinientos millones de euros anuales. Se había llegado hasta el extremo de que algunas especies, como la gayuba o la árnica, se cosechaban a carretadas, sin ningún control, poniendo en serio peligro la supervivencia de sus poblaciones autóctonas. En los últimos años se han implementado medidas de control y cuotas de recolección, que se han respetado muy parcialmente. Un célebre caso es el de la manzanilla de Sierra Nevada, que a punto ha estado de extinguirse a causa de la sobre explotación. La situación en otros lugares, como los países andinos, no es mucho mejor.
A continuación, presentamos plantas medicinales raras o muy raras que no se deben cosechar en el campo. Hablamos de Europa, incluida la península Ibérica:
Árnica, rara y en declive.
Oreja de oso, no rara pero de distribución limitada.
Trébol de agua, muy rara.
Acebo, no rara pero vulnerable.
Manzanilla de Sierra Nevada, muy rara y de distribución muy reducida.
Genciana amarilla, no rara pero vulnerable.
Rodiola, rara.
Senecio blanco, no rara pero de distribución reducida.
Hierba de san Cristóbal, rara.
Vincapervinca menor, rara.
Díctamo blanco, rara.
Tarraguillo, muy rara.
Gayuba, no rara pero vulnerable.
Peonia, rara.
Adonis vernal, muy rara.
Algodonosa (Otanthus), no rara pero vulnerable.
Té de roca, no rara pero vulnerable.
Muérdago, no rara pero vulnerable.
Drósera, rara y muy vulnerable.
Grasilla, no rara pero vulnerable.
Tejo, no raro pero vulnerable.
Flor de nieve (edelweiss), raro y muy vulnerable.
Lauroceraso de Portugal, raro.
Menta cervina, muy rara.
Espino amarillo, raro y de distribución limitada.
La alternativa es clara. Ante la duda y en casos de especies amenazadas, como la árnica, la flor de nieve o el trébol de agua, es necesario renunciar a su cosecha en el campo y adquirirla directamente de vivero o comprarla en un herbolario. En tales casos, los herbolarios se suelen proveer de plantas criadas en viveros y sembrados. En 2007, la superficie dedicada al cultivo de planta medicinal y aromática en España, solo en agricultura ecológica, ascendía a 5800 hectáreas; Andalucía era, de largo, la comunidad autónoma con más hectáreas cultivadas.
En todo el mundo, de las entre cincuenta mil y setenta mil especies de plantas clasificadas como medicinales, apenas se comercializan de manera masiva unas tres mil. De esas, solo una tercera parte son objeto de cultivo sistemático.
Lo cierto es que la cosecha silvestre, que había sido importante en el pasado a escala rural, es hoy en día una actividad bastante minoritaria económicamente, y salvo algunas especies, como las citadas antes, se reduce a poco más que el autoconsumo. Hacia este aspecto orientamos nuestras recomendaciones.
Una vez hechas las anteriores consideraciones, los consejos que añadimos a continuación, de orden genérico, pueden servir de ayuda a quien se decida a salir al campo, con un cesto o bolsa de tela, unos guantes para evitar sufrir heridas cuando se manipulan plantas espinosas, y una tijeras o cuchilla fina.
La primavera, el mejor momento del año. Resulta evidente, es cuando se dan la mayoría de las floraciones. Pero también muchas plantas florecen en verano, sobre todo en las sierras montañosas y junto a lagos y ríos. Y ello sirve para aquellas plantas de las que necesitemos sus flores y hojas tiernas. Para los frutos deberemos esperar más, ya en pleno verano, y para las raíces, al otoño.
El amanecer, el mejor momento del día. Pero una vez que se ha secado el rocío, es cuando las plantas mantienen sus esencias en mayor efervescencia. Lo mismo cabe decir del atardecer. Para las semillas, el mejor momento de recolección es a última hora de la tarde.
Las partes aéreas de las plantas, como sumidades, flores y hojas tiernas, se suelen cosechar en primavera; los frutos y muchas semillas, en verano; las raíces, a finales del estío o en otoño.
La lluvia como impedimento. No se recomienda recolectar plantas en días lluviosos. Aparte de que la planta puede hallarse muy tocada, también puede llegar en muy mal estado a casa por el exceso de humedad.
La sequía, una maldición. Tampoco las épocas de sequía por falta de lluvias suelen ser idóneas para esta práctica.
Identificación correcta. Es preciso identificar con total seguridad la planta que se busca. Muchas plantas presentan un aspecto muy parecido, a veces casi idéntico, con otras de su misma familia o género. Cabe estar bien informados o contar con la asesoría de un experto.
Contaminación. Se debe evitar recolectar plantas medicinales en espacios potencialmente contaminados o expuestos a un posible foco de contaminación, como márgenes de carreteras, orlas de sembrados donde se utilicen pesticidas, cerca de vertederos, estercoleros y naves industriales.
Los parásitos. Se deben evitar aquellas plantas que se vean ajadas, enfermas, atacadas por parásitos o plagas.
Cuando es el momento. Por regla general, las hojas deben ser recolectadas cuando son jóvenes; las flores, cuando se hallan bien abiertas; y los frutos, una vez maduros. Pero existen muchas excepciones a esta norma.




