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Cosecha moderada. Es mejor recolectar aquí y allá de diferentes individuos, antes que esquilmar unos pocos, y en general es preferible no desenraizar nunca las matas, para dar oportunidad a la planta a rebrotar bien la temporada siguiente. No se debe recolectar más de lo que vayamos a utilizar.
Dañar poco. Podemos utilizar una cuchilla bien afilada o unas tijeras, y arrancar unos pocos ramilletes de cada planta, evitando dañarla lo menos posible.
Guantes de jardinero. Serán de gran utilidad cuando manipulemos plantas espinosas, pegajosas o aquellas que contengan látex u otras sustancias potencialmente urticantes.
No mezclar. Una vez cosechadas, es preferible no mezclar las plantas, para evitar luego posibles confusiones. Cada especie debe guardarse en una bolsa aparte. Evitar el papel de diario, pues con la humedad, puede teñir de tinta a la planta y contaminarla.
Se pueden congelar (a unos veinte bajo cero) para eliminar las puestas de huevos de insectos, que muchas veces descubrimos pasado un tiempo en forma de insectos voladores cuando abrimos el recipiente.
Conservación
de las plantas

UNA VEZ COSECHADAS LAS PLANTAS, que tendremos debidamente clasificadas por especies, las debemos someter a un correcto proceso de secado. Si no lo hacemos bien, podemos sufrir la frustración de ver que aquellas plantas que con tanto esmero y dedicación hemos cosechado se nos han podrido prematuramente y ya no se pueden emplear para nuestros saludables fines. En líneas generales y atendiendo a las referencias de expertos, estos son los pasos que deberíamos seguir:
Examinar a fondo toda la planta cosechada para descartar aquellas partes raídas o enfermas y eliminar la presencia de algún parásito, hongo, puesta de huevos, etc.
Las sumidades aéreas se pueden atar formando ramilletes; luego se dejan a secar colgados boca abajo, en un espacio a la sombra.
O bien se extiende la planta sobre una lámina secante, sobre todo cuando hablamos de cortezas, raíces o de flores grandes, y dejar que se seque en un espacio al aire libre, pero sombreado.
Las semillas se pueden dejar que caigan de la planta disponiéndola boca a bajo, y se dejan a secar sobre una plancha secante.
Raíces y rizomas deben partirse por la mitad o en pequeños trozos, y los bulbos en rodajas. Se sacuden bien para desprender la arena y se lavan en agua tibia, antes de dejarlos secar.
El periodo de secado variará en función del tamaño y estructura de la planta. Como es lógico, una planta crasa o arbustiva necesita un periodo de secado mucho más largo que las plantas herbáceas.
Una vez seca, se tritura bien y se guarda en un recipiente cerrado.
Los recipientes clásicos de herbolario habían sido de porcelana o de barro curado. Puede servir también el cristal o la arcilla, y son válidos los de lata.
Se deben almacenar en espacios alejados de todo foco de humedad, calor y humos, así como del contacto de la luz solar.
Estos recipientes deben estar totalmente limpios, libres de humedad, antes de depositar en ellos la hierba. Y la planta debe estar perfectamente seca antes de ser depositada en ellos.
Las plantas suelen conservar su poder terapéutico entre doce y catorce meses; más allá de ese periodo, es fácil que hayan perdido buena parte de su potencial curativo.
Es preciso etiquetar debidamente estos recipientes con el nombre de la planta guardada, los ingredientes de la fórmula si es una tisana y la fecha en la que fue depositada. De no hacerlo, podemos correr el riesgo de olvidarnos de qué planta se trata, y en tal caso su uso ya no podrá responder a una necesidad terapéutica concreta, sino que será una toma a ciegas.
Las plantas se pueden congelar, pero antes se deben secar por completo y librarlas de impurezas. No pierden sus principios activos.
No se recomienda guardar las plantas en la cocina, menos aún en estanterías abiertas, pues al cocinar se genera mucho calor, humedad y profusión de gases y grasas que pueden perjudicar a las plantas. Lo ideal es buscarles un emplazamiento fresco, como la despensa o un cobertizo, donde no les toque el sol.
Plantas medicinales
en el balcón

NO ES IMPRESCINDIBLE CONTAR EN CASA con un amplio jardín para poder aspirar a tener un minihuerto de plantas medicinales. En el huerto del balcón se pueden combinar plantas medicinales de uso corriente con plantas aromáticas, incluidas especies de florida más o menos espectacular, lo que nos permite contar a un tiempo con una reserva de potenciales remedios herbarios y con un jardín colorista y cautivador.
A veces, con una pequeña terraza, o un balcón mínimamente amplio, nos las podemos arreglar. Basta con adaptarse a las circunstancias y sacar partido de las posibilidades que nos ofrece el espacio en cuestión. Es preciso informarse bien de qué especies son las más adecuadas para cada tipo de recipiente, sean jardineras grandes, macetas o tiestos colgantes, sobre el tipo de sustrato, la orientación con respecto al sol y al viento, y los ritmos de poda y riego, entre otras cuestiones. Todo ello entraría en un tratado de jardinería, que no es la misión de este libro.
Sí lo es proponer una selección de plantas, perfectamente asequibles, que podemos atrevernos a cultivar en casa, y que a medio o largo plazo nos pueden proporcionar remedios herbarios de gran utilidad para toda la familia. Algunos ejemplos son:
Albahaca, Ocimmum basilicum. Labiada. Se suele sembrar en semilleros, pero también directamente en maceta; la época de siembra es entre febrero y abril. Requiere un sustrato rico en humus, profundo y aireado. Posición a media sombra o luz atenuada, protegida del viento. No soporta el frío intenso ni las heladas. Riego moderado, sin encharcar. Aunque las hojas se pueden recolectar durante todo el año, el mejor momento es justo antes de la floración. Se deben cortar con unas tijeras, por encima de la yema. La albahaca se usa como condimento, para elaborar salsas, y las hojas frescas, como remedio casero para ahuyentar los insectos.
Aloe, Aloe barbadensis. Liliácea. Se planta en macetas grandes o jardineras, para darle espacio a expandirse. Si no se quiere tener más plántulas, se debe ir retirando las que van apareciendo en su entorno. Necesita suelos ricos en materia orgánica, rústicos. Puede ser necesario aportarle abonos orgánicos. Riego moderado, una vez por semana, más intenso en verano, pero sin llegar a encharcar. Aguanta mal el exceso de humedad. Se puede adaptar tanto al sol como a media sombra. En invierno, en lugares fríos, convendrá quizá protegerlo de las heladas. Se reproduce asexualmente con gran facilidad. Se puede empezar a cosechar cuando la planta tiene unos 2 años. Después de arrancar las hojas o partes de ellas, cabe regar un poco para minimizar el estrés. El jugo de la pulpa nos ofrece excelentes remedios para el cuidado de la piel.
Anís verde, Pimpinella anisum. Umbelífera. Es una planta muy exigente y delicada. Es indispensable que cuente con temperaturas cálidas y sol directo. No tolera, por tanto, temperaturas frías y mucho menos las heladas. Se siembra de semilla en primavera y se recolecta la primavera siguiente.
Caléndula, Calendula officinalis. Compuesta. Se debe sembrar de semilla, en otoño. Florece durante todo el año si se dan las condiciones. Crece sobre suelos arcillosos, calizos o arenosos, ricos en materia orgánica. Pide una posición a pleno sol. Es exigente con el agua, requiere riegos generosos, y soporta mal la sequía. Se cosechan los capítulos florales, que se usan como ornamento culinario y, sobre todo, como materia prima para remedios dermatológicos, como oleatos, pomadas, linimentos, jabones, champús, etc.
Capuchina, Tropaeolum majus. Tropaeoláceas. Se puede plantar en maceta, tiestos o jardineras. Se le debe dejar espacio amplio al sembrarla, pues se expande. Se siembra por semilla, cualquier momento del año. Requiere suelos ricos en materia orgánica, ligeros, así como un riego generoso. Una posición a pleno sol o media sombra; la sombra completa inhibe la floración. Florece tras entre la séptima y la décima semana de la siembra. Resiste mal el frío y las heladas, pero mejor la sequía. Se cosechan las sumidades floridas.
Eneldo, Anethum graveolens. Umbelífera. Requiere terrenos ligeros, mullidos, fértiles y aireados, así como una posición al sol de medio día o media sombra. Riego generoso durante la germinación y en verano. Se siembra por semilla, de febrero a marzo, en siembras escalonadas. Se cosechan los frutos, unas ocho a diez semanas después de la siembra. Resiste mal las heladas y el exceso de humedad.
Lavanda, Lavandula angustifolia. Labiada. Necesita macetas o tiestos relativamente grandes, resulta ideal para terrazas y patios soleados. Pide tierras ligeras, con materia suelta, arcillosas o calizas, que permita un relativo encharcamiento de agua. El riego debe ser moderado, mejor si es a goteo. Aguanta bien la sequía y también las heladas. Se cosecha en verano, los ramilletes floridos. Se usan como aromatizador natural y para preparar aceites, esencias e infusiones.
Menta, Mentha x piperita. Labiada. Se siembra en marzo o abril. Necesita humedad, por lo que debe ser regada generosamente, sobre todo en verano, para que el sustrato retenga esta humedad. Pide posiciones a semisombra o sombra predominante. Puede ser necesario proporcionarle abono orgánico, con magnesio y manganeso. Se reproduce por esqueje en primavera y por rizomas en otoño; puede mostrarse invasiva por tener raíces rizomatosas. Podar los brotes nuevos antes de la floración. Se pueden ir cortando las hojas cuando se necesiten, tras lo cual cabe darle un riego.
Orégano, Origanum vulgare. Labiada. Se puede sembrar de semillas, esqueje o mata. Pide una posición a media sombra. Riego moderado, cada tres días en pleno verano. Resiste mal la sequía. Se cosechan las sumidades floridas a final de primavera o en verano.
Perejil, Petroselinum crispum. Umbelífera. Se siembra por semilla o por esqueje. Necesita una posición a media sombra y un sustrato rico en materia orgánica, alcalino, húmedo. Puede plantarse en tiesto o maceta pequeña. Riego moderado, pero frecuente, generoso en verano, que mantenga el sustrato humedecido. Se pueden cosechar las hojas en cualquier momento.
Salvia. Salvia officinalis. Labiada. Se siembra por semilla, por esqueje o división de matas en primavera. Requiere una orientación a sol o pleno sol, suelos ligeros, fértiles, arcillosos, con buen drenaje. Un riego moderado, sin llegar a encharcar. El exceso de humedad puede dañarla. Resiste bien la sequía, así como las heladas. Se cosechan las sumidades floridas y las hojas, muy aromáticas; estas justo antes de la floración. Puede necesitar pronto un recipiente superior, pues pronto gana volumen.
Tomillo. Thymus vulgaris. Labiada. Planta delicada y exigente en maceta y tiesto,pero poco exigente en cuanto al substrato. Éste debe ser poroso, mejor calizo. Soporta mal el exceso de humedad. Crecimiento muy lento. Es conveniente podarla tras la floración primaveral. Se recolectan los ramilletes floridos, muy aromáticos.
Otras plantas aptas para un huerto medicinal: chía, melisa, alcaravea, borraja, cilantro, ajedrea, rabo de gato, estragón, matricaria, hisopo, ajenjo, poleo, santolina, brecina, manzanilla, romero, equinácea, hierbaluisa, rúcula, ruda, mejorana, berro, estevia, etc.
Precaución
con las plantas

HAY QUIEN AFIRMA QUE AQUELLO que daña puede curar y viceversa. Es bien cierto que hay pocos medicamentos inocuos, en tal caso hablaríamos de placebos. Y también lo es que son muchos los fármacos que llevan parejos unos efectos secundarios tan graves que consumirlos resulta amenazador. Solo basta entretenernos leyendo las informaciones que contienen las cajetillas de la mayoría de los medicamentos para comprobarlo. Todo ello, por supuesto, es muy matizable. En general, la mayoría de los fármacos han sido sometidos a rigurosos controles que deberían ser suficientes para descartar cualquier consecuencia negativa o peligrosa de su consumo. Pero es bien cierto que se han producido, por desgracia, muchas excepciones a esta norma, y también que algunas veces ha pesado más el interés comercial que la seguridad pública a la hora de poner en cuarentena un determinado producto con una mínima sombra de duda.
Como ocurre con los medicamentos, tampoco las plantas, o la mayoría de ellas, son inocuas. Por la naturaleza de sus principios activos pueden provocar determinadas reacciones alérgicas o daños de tipo hepático o renal si no se toman en las dosis adecuadas, o por interacciones peligrosas con medicamentos. Y, también como los medicamentos, hay que estar bien asesorados en el momento de adquirirlos para no incurrir en riesgos evitables. Como los medicamentos, habrá plantas que puedan ser recomendables para determinadas dolencias y personas, y no serlo, o incluso estar explícitamente contraindicadas, para otras. No es bueno tomarse un medicamento para bajar la tensión si uno es hipotenso; no es bueno tomar determinados antiinflamatorios si se tienen problemas de corazón. Las precauciones de las embarazadas deben ser rigurosas, cuando pueda existir la más mínima duda sobre el efecto que determinada sustancia pueda manifestar sobre el feto y sobre la madre. Las plantas muy ricas en aceite esencial y en alcaloides, tanto en un caso como en el otro, deben evitarse en el embarazo y la lactancia, como es el caso del hinojo, el eneldo, la cola de caballo y otras. Y esas mismas precauciones deben regir cuando hablamos de la infancia, de la vejez y en cualquier etapa de la vida. Tanto los medicamentos como las plantas medicinales no han de suponer problema alguno si se toman para las indicaciones que prescriben los expertos, en las dosis y en los plazos que se fijan, evitando toda sobredosis o cualquier prolongación innecesaria del tratamiento.
Dicho todo lo cual, es cierto que, como los medicamentos, también hay plantas que, por contener ciertas sustancias potencialmente tóxicas, sea a nivel hepático, cardiaco, renal o alergénico, o bien por su potencial alucinógeno, deben evitarse a toda costa, y como mucho ser consumidas únicamente bajo un control estricto del facultativo que la prescribe. Se sabe que la toxicidad está sujeta a la dosificación, y que casi todas las plantas, como los medicamentos, pueden transformarse en tóxicos si se ingieren en dosis exageradas o inadecuadas.
A continuación, citamos una relación de plantas potencialmente tóxicas que, en general, debieran evitarse y, en el mejor de los casos, sustituirse por alternativas más seguras.
Acónito, acaso la planta más tóxica de la flora de montaña
Belladona
Adelfa
Beleño negro
Hiedra (al menos por vía interna)
Consuelda, solo apta por vía externa
Dulcámara
Durillo
Estramonio
Eléboro
Nueza
Pulsatilla
Torvisco
Aro
Aligustre
Vencetósigo
Hierba mora
Ricino
Emborrachacabras
Vedegambre
Adormidera (con precaución)
Senecio (en dosis adecuadas)
Tejo
Lantana
Mercurial
Hierba mora
Yezgo
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