Nosotros los anarquistas

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Para empezar, el sindicato sólo es un instrumento de reivindicaciones económicas, subordinado a la lucha de clases y carente de adscripción ideológica. Sus objetivos, definidos por el grupo, son clasistas, económicos y materialistas, y no tienen nada que ver con cuestiones de moral o ética colectiva, ni de sectas o partidos.
Y añadía,
Repetimos, lo que los sindicatos y la CNT necesitan no es la etiqueta ornamental de la anarquía, sino la influencia moral, espiritual e intelectual de los anarquistas.[2]
El segundo grupo estaba representado por Joan Peiró, otro miembro del grupo reformista Solidaridad. Su postura no era muy distinta de la de Pestaña, pero él creía que ocupaba una especie de terreno intermedio entre el reformismo «puro», por una parte, y el anarquismo revolucionario «puro» por otra. Peiró pensaba que los sindicatos debían tener un papel independiente, pero en el que esperaba que predominase la influencia ética del anarquismo. Eso era igualmente reformista, ya que tergiversaba la naturaleza y el papel del anarquismo.
La trayectoria posterior de Peiró lo confirma como reformista. El anarquismo que él adoptó era una especie de teoría social, un conjunto de creencias que confiaba que con el tiempo abrazarían los trabajadores; mientras que de hecho es la expresión de la conciencia revolucionaria de la clase trabajadora. El movimiento anarcosindicalista era, en realidad, el intento de dar una expresión organizada a esa conciencia revolucionaria. La «acción directa» y el «antiparlamentarismo» que Peiró mantenía no eran principios para la defensa fructuosa de puestos de trabajo y de condiciones laborales –ni siquiera su mejora– sino principios básicos de la actividad de la clase obrera: «La emancipación de los trabajadores es una tarea de los mismos trabajadores», el eslogan de la Primera Internacional. Peiró era contrario a la «guerra de clases», un término que no sólo expresa la intensidad de los sentimientos y la escala del conflicto que la lucha de clases ocasionalmente provocaba, sino también la necesidad de considerar la lucha de clases algo que no se resolvería hasta el triunfo final de los trabajadores, es decir, hasta la revolución social.
Peiró intentó adaptar la organización para afrontar los diversos y constantes problemas planteados por los rápidos cambios que tenían lugar en el capitalismo español. Él definió y defendió su postura contra Pestaña en las páginas de Acción Social Obrera:
Aspiramos a que los sindicatos se vean influenciados por los anarquistas, a que la actividad sindical tenga un fin determinado, de acuerdo con la concepción económica de los comunistas anarquistas; pero todo eso sin que los anarquistas actúen en los sindicatos como agentes de grupos y colectivos distantes... sin ningún otro objetivo que el de llevar al sindicalismo... la precisión y la eficiencia revolucionaria... Si los sindicatos han tenido eso alguna vez ha sido a causa de los anarquistas.
Peiró seguía poniendo el énfasis en lo que consideraba el papel adecuado y correcto de los anarquistas en los sindicatos:
Queremos la anarquización del sindicalismo y de las multitudes proletarias, pero mediante el previo consentimiento voluntario de éstas y manteniendo la independencia de la personalidad colectiva del sindicalismo.[3]
El tercer grupo, el de la «minoría concienciada» de trabajadores anarquistas, representado por exiliados como los del grupo de afinidad Los Treinta (que se formó entorno a Durruti y Ascaso, del para entonces ya desaparecido grupo Los Solidarios), y coordinado a través del comité de enlace anarquista, constituía el núcleo anarquista de la Confederación. Enemigos de toda clase de poder, se oponían firmemente al establecimiento de relaciones con los empresarios y el Estado que no fueran claramente hostiles. Para ese grupo de activistas sindicalistas, su oposición práctica al Estado armonizaba perfectamente con su teoría; era esa armonía entre teoría y práctica lo que los diferenciaba del resto de agrupaciones políticas.
Para los anarquistas, los argumentos legalistas sostenidos por los sindicalistas como Pestaña, que buscaban el éxito de las negociaciones con los empresarios y el Estado, implicaban poner en peligro los principios fundamentales y supeditar grandes oportunidades futuras para toda la humanidad a ilusorios beneficios parciales a corto plazo –por no hablar de perpetuar la miseria y la explotación de los pobres.
La misión de los anarquistas no era resolver los problemas del capitalismo o negociar soluciones mutuamente aceptadas por jefes y empleados, sino preservar el abismo entre opresor y oprimido y alimentar el espíritu de revuelta contra la explotación y todo tipo de autoridad coercitiva.
La adaptación de Pestaña a un mundo injusto era errónea, sostenían ellos, aunque sólo fuera porque es imposible prever el rumbo que seguirán los acontecimientos. Elegir una dirección que parece moralmente incorrecta, en base a inciertas previsiones futuras, conduciría, inevitablemente, al desastre –un desastre del que serian responsables ya que conocían previamente el error fundamental que asumían.
Una voz influyente en el movimiento de habla hispana de la época fue la del periódico publicado en Buenos Aires La Protesta, editado por Diego Abad de Santillán y López Arangó, dos anarquistas con experiencia en el sindicato anarcosindicalista argentino FORA, la Federación Obrera Regional Argentina.
A diferencia de la mayoría de los anarquistas españoles, de Santillán era más un bohemio que un trabajador. Mientras estudiaba filosofía en Madrid, se vio involucrado en los sucesos revolucionarios del otoño de 1917 y en el anarquismo. Amnistiado en 1918, volvió a su país adoptivo, Argentina, en donde colaboró con La Protesta y con la agrupación anarcosindicalista argentina FORA, que él representó en el congreso fundacional de la AIT de Berlín en 1921. De Santillán, que en esa época se definía como kropotkinista, criticó a voces al sindicalismo reformista en las columnas de la publicación quincenal Suplemento que él editaba, difundiendo la idea de una organización nacional específicamente anarquista. A partir de 1926, de Santillán se alió con Manuel Buenacasa, editor del influyente periódico confederal El Productor, publicado en Blanes, que defendía la creación de un movimiento sindicalista específicamente anarquista basado en la FORA argentina.
En un importante estudio publicado en 1925, de Santillán y López Arangó esbozaron los que ellos consideraban que debía ser la postura anarquista: «No confundimos caprichosamente el movimiento laboral con el sindicalismo: para nosotros, el sindicalismo no es más que una teoría revolucionaria de entre las muchas que surgen a lo largo del camino de la revolución para frustrar sus fines o cortar las alas al idealismo combativo de las masas. Y claramente enfrentados al dilema de tener que elegir entre esa teoría y el anarquismo, no podemos dudar ni por un instante a la hora de escoger, ya que sostenemos que la libertad sólo se consigue con la libertad y que la revolución será anarquista, que es lo mismo que decir libertaria, o no será...
La revolución anarquista redimirá a los hombres del pecado cardinal de la abdicación de la personalidad, pero la revolución anarquista no es una revolución hecha de acuerdo con este o aquel programa, con independencia del grado de libertarismo de uno u otro, sino mediante la destrucción de todo el poder del Estado y de toda autoridad. Nos importa muy poco que la futura revolución se base en la familia, en el grupo social, en la rama de la industria, en la comuna, o en el individuo: lo que nos importa es que la construcción del orden social sea un esfuerzo colectivo en que los hombres no empeñen su libertad, ni voluntariamente ni bajo coacción. Hoy en día, la revolución anarquista es la revolución natural, la que no se deja desviar ni confiscar por grupos, partidos, ni clases de autoridad.[4]
[1] Julián Casanova: Anarquismo y revolución en la sociedad rural aragonesa, 1936-1938, Madrid, 1985, p. 15.
[2] Solidaridad Proletaria, 21-3-1925.
[3] «Sentido de Independencia», 25-9-1925.
[4] E. López Arango y Diego Abad de Santillán: El anarquismo en el movimiento obrero, Barcelona, 1925, pp. 10, 37, 38, 47, 57 y 136.
IV. LA FEDERACIÓN ANARQUISTA IBÉRICA (FAI) 1927
El 27 de julio de 1927, en pleno verano, una veintena de delegados de federaciones locales y regionales y de grupos de exiliados españoles y portugueses se reunieron en la casa de Aurora López de Patraix, un barrio de Valencia.
Esa asamblea fue la conferencia fundacional de lo que llegaría a ser la organización anarquista más difamada de la historia, la Federación Anarquista Ibérica, más conocida por sus iniciales, FAI.
La Conferencia de Valencia duró dos días. Para garantizar la seguridad se celebró en dos emplazamientos distintos. La segunda sesión tuvo lugar al amparo de un picnic en un bosque de pinos que bordeaba una playa del sur de la ciudad, en la zona conocida como el Grao de Valencia.[1]
Progreso Fernández, un anarquista valenciano que hasta hacía poco había vivido en Francia fue uno de los organizadores de la conferencia fundacional:
A principios de 1927 bajé a Valencia para establecer contactos por toda la región; accedí a hacerlo con la condición de que me dieran un empleo... Empecé yendo a Burriana, Puerto de Sagunto, Liria, Játiva, Sueca, Villena, Elda, Alicante, Murcia... Me reuní con gente que había estado en la CNT y que simpatizaba con el anarquismo.[2]
Puesto que también había anarquistas en Portugal, se decidió dar (al nuevo organismo) un carácter más amplio. De ahí el nombre. Se mandaron invitaciones a la CGT portuguesa y a la CNT, pero sólo acudieron representantes de la federaciones regionales catalana y del Levante de la CNT.
Desde hacía tiempo, la mayoría de los grupos organizados de la península pedían una organización peninsular que estableciera lazos estrechos entre los grupos regionales y de exiliados españoles y los portugueses. La Unión Anarquista Portuguesa (UAP), fundada en Alanquer en 1923, desempeñó un papel destacado en los preparativos de la fundación de la FAI. En mayo de 1926, el periódico de la Unión Anarquista Portuguesa, O Anarquista, publicó una propuesta de orden del día para un congreso anarquista que debería celebrarse el 1 de julio en Marsella. Entre los puntos de la orden del día estaba la entrada «Federación Anarquista Ibérica» (FAI).[3]
Dos meses más tarde, en julio de 1926, la Federación de Grupos Anarquistas Hispanohablantes, formada en Lyon el año anterior, convocó lo que resultaría ser un importante congreso anarquista en Marsella. Sólo los grupos hispanohablantes mandaron a treinta delegados de todos los rincones de la península y del exilio. Entre las principales cuestiones de la orden del día estaban los problemas del anarquismo internacional y los específicos de los grupos anarquistas del exilio.
Un tema destacado de la agenda era la postura del movimiento anarquista español con relación a la CNT. Hay mucha confusión respecto a lo que en realidad se acordó en ese sentido; hay quien cree que se acordó intervenir directamente en la CNT, una decisión que otros insisten en que no se tomó.
Lo que es cierto es que los delegados concluyeron que debería formarse lo antes posible una Federación Anarquista Ibérica y que propusieron la creación de un Comité de Relaciones para ese propósito en Lisboa. A dicho comité se le encomendó la tarea de convocar un congreso ibérico para dar «forma definitiva» a la federación propuesta.
Puede que el debate fundamental del Congreso de Marsella girase en torno a la cuestión de precipitar la caída del régimen de Primo de Rivera. Emergieron dos principales tendencias totalmente enfrentadas. Una liderada por García Oliver que defendía la colaboración estrecha con todos los otros grupos –partidos políticos y disidentes del ejército– que quisieran combatir la dictadura, con independencia de sus creencias políticas (Oliver y el Comité Revolucionario Nacional colaboraban en esa época con el partido Esquerra Catalana de Francesc Macià). El otro grupo, capitaneado por Manuel Pérez, se oponía a la colaboración argumentando que iba en contra del ideal anarquista. Aunque el segundo grupo se impuso en el Congreso de Marsella, eso no alteró el grado de colaboración entre los anarquistas, la CNT y los partidos enemigos de la dictadura, que perduró hasta la llegada de la República en 1931.
El 3 de enero de 1927 en Lisboa, un congreso de la UAP exigió que los acuerdos del Congreso de Marsella con relación a la fundación de la FAI se aplicasen lo más pronto posible. Para los portugueses, el carácter revolucionario de la organización propuesta nunca estuvo en duda. El tercer punto de la agenda describía una de las principales tareas de la FAI. «la revolución española y la ayuda que los portugueses, además de otros pueblos, podrían darle».[4]
La velocidad a la que la organización peninsular se constituyó indica que evidentemente era una prioridad para los militantes anarquistas. Eso pudo deberse a la decisión de la dictadura en noviembre de 1926 de montar comités de arbitraje con la esperanza de establecer una sociedad corporativa «armoniosa». La función de los comités paritarios era negociar los salarios y las condiciones laborales, y cuando el ministro de trabajo de Primo de Rivera invitó a la socialista UGT a colaborar en el plan, esta organización no dejó escapar la oportunidad «alegando que se obtendrían beneficios materiales inmediatos».[5] La respuesta de Pestaña fue pedir la legalización de la CNT para poder competir con la UGT. Otros miembros de la reorganizada y reestructurada CNT, los del Comité Nacional de la CNT de Mataró de orientación sindicalista, y el Comité Revolucionario Nacional de orientación anarquista, se opusieron firmemente a esa propuesta, provocando disensiones aún más graves entre las bases del sindicato y agrandando la distancia entre sindicalistas y anarquistas.
El 20 de marzo de 1925, al cabo de dos meses de la reunión de Lisboa y de la petición de legalización de Pestaña, un plenario regional de la Federación de Grupos Anarquistas de Cataluña preparó la agenda de la primera conferencia de la FAI. Valencia y el mes de junio fueron el emplazamiento y la fecha elegidos para el acontecimiento. El gran número de turistas que visitaba la ciudad en junio servirían de tapadera para la propuesta reunión clandestina. Se constituyó una Secretaría Nacional provisional para organizar la conferencia fundacional y convocar a todos los grupos interesados. El Comité de Relaciones Anarquistas de Cataluña promulgó un manifiesto. Era lo más próximo a una declaración de los objetivos y principios de la propuesta FAI:
La Federación de Grupos Anarquista de España– a todos:
¿Quiénes somos? Somos los eternos anarquistas. Los eternos rivales del orden burgués y capitalista de ahora y siempre. Los enemigos de la propiedad, la explotación, las leyes, las religiones, el militarismo, la estupidez humana y la injusticia social.
Somos los que siempre parece que estemos tras cada acontecimiento grave y crucial.
Han intentado implicarnos en los delitos más viles, en los crímenes más repugnantes. No negaremos que algunos miserables se han hecho llamar anarquistas, después de perpetrar sus execrables delitos. No obstante, el anarquismo no quiere saber nada de robos ni de asesinatos sistemáticos.
Aunque aceptamos la violencia como una necesidad revolucionaria y justificamos el tiranicidio cuando se trata de una expropiación espontánea, excepcional y ocasional siempre y cuando el individuo ha agotado todos los medios legales existentes y se encuentra frente a la ineludible necesidad de garantizar su derecho a la vida, eso no justifica el robo condenado por la sociedad contemporánea, ni la violencia empleada como un arma en la lucha individual, y mucho menos como instrumento de propaganda.
¿Qué queremos? Lo hemos dicho más de mil veces. Aspiramos al establecimiento de una nueva sociedad en que todos sus miembros puedan tener sus necesidades materiales, morales e intelectuales completamente cubiertas. ‘A cada cual según sus necesidades, de cada cual según su fuerza y sus posibilidades’. Queremos que en esa sociedad no haya jefes, ni gobierno, ni coacción de ningún tipo. Ni esclavos, ni víctimas de sus compañeros. Una sociedad libre de hombres libres.
También progreso ilimitado y perfección infinita, junto a un bienestar cada vez mayor.
Buscamos la emancipación de hombres y mujeres, de ambos sexos, de todas las razas. Buscamos la emancipación completa en el contexto de una sociedad radicalmente transformada.
Nuestra situación actual: Si deseando todo eso, esperáramos su llegada mediante la mejora de la maquinaria social, seríamos ingenuos.
Diariamente propagamos nuestros ideales e intentamos inculcarlos a individuos y grupos. Diariamente luchamos por ser más anarquistas y acercarnos un poco más al anarquismo, que a su vez está llenando imperceptiblemente nuevos horizontes.
No queremos quedarnos al margen de ningún acontecimiento que pueda contribuir al avance del progreso, pero nuestro compromiso jamás nos permitirá perder de vista nuestra meta y nuestros principios. Nuestra contribución con el avance del movimiento no tiene el propósito de favorecer a algunos a costa de otros, sino de impulsar a la sociedad en la dirección de nuestros puntos de vista. No rechazamos de entrada nuevas formas políticas y sociales que pueden aligerar nuestra pesada y trágica carga, pero nunca renunciaremos a nuestras opiniones.
El comunismo, el Estado, la política y nosotros: Somos apolíticos y antiestatistas, y cuando decimos apolíticos queremos decir que estamos en contra de todos los políticos, ya se llamen marxistas, socialistas o comunistas. Estamos en contra del Estado, ya sea aristócrata, burgués o ‘proletario’. Estamos en contra de toda la violencia organizada.
Estamos completamente seguros de que los Estados sólo tienen una misión: preservar las injusticias y los privilegios. Si se aboliese eso, ¿de qué serviría el Estado?
¿Organización? ¿Dirección? Muy bien. Pero no de arriba abajo. De abajo a arriba. Y que sean los colectivos los que desempeñen todo el poder de organizar, nombrar y despedir.
El sindicalismo y nosotros: Nos resulta atractivo el sindicalismo revolucionario afiliado a la AIT de Berlín. Como trabajadores, casi todos estamos activos en las bases de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Pero nuestra misión no se limita a ser sindicalistas activos. Somos hombres y algunos no estamos sometidos al yugo de la explotación burguesa. En consecuencia, no basta con estar activo en el seno del sindicato. Nuestra misión tiene un alcance más significativo. Al margen de los sindicatos, absolutamente independientes, propagamos nuestras teorías, formamos nuestros grupos, organizamos concentraciones, publicamos escritos anarquistas y sembramos la semilla del anarquismo en todas las direcciones.
Buscamos la emancipación total de todos los seres humanos sin distinciones de ningún tipo, ni siquiera de clase. Nuestra lucha es más amplia, más global. Hay sitio entre nosotros para todos aquellos que aspiren a una sociedad sin gobierno, con independencia de su concepción de cómo debería organizarse la sociedad post-revolucionaria (comunista o individualista). En las revoluciones futuras, queremos, a ser posible, evitar lo que pasó en Rusia. Lo que siempre ha pasado. Cuando los anarquistas promovemos e inspiramos la revolución, casi siempre actuamos de acuerdo con las directrices marcadas: pero cuando la actividad anarquista disminuye, la revolución se desvía de su rumbo y los anarquistas –como en Rusia– son las víctimas favoritas de los inevitables explotadores de las revoluciones.
Conclusiones: Es, por lo tanto, necesario y urgente que nos organicemos en agrupaciones anarquistas para propagar la revolución anarquista.
Hemos hablado de la inminente revolución. No tenemos ninguna duda de que la revolución social se acerca a pasos agigantados. El gangrenoso y viejo politiqueo está acorralado, desorientado y completamente vencido, pero no a los ojos de los que ahora están en el gobierno. Tenemos que asegurarnos de que no se recupera.
«Los hombres del 13 de septiembre, los que tenían que haber curado los males de la nación en noventa días, la han destruido por completo. Entre bastidores, Maura y el gobierno reaccionario. El Directorio sólo es una tapadera del maurismo y del politiqueo más degenerado y corrupto. Aunque sea por instinto de supervivencia, el país debe apartar a esa gente del poder.
Nunca habríamos imaginado que a los principales autores del golpe de Estado los mueve la buena fe y que no están henchidos de orgullo y ambición. Pero incluso aunque ese fuera el caso, no pueden solucionar nada. Menos aún que los políticos.
Por consiguiente, la revolución se acerca. Luchemos los anarquistas por encajar bien en ella e impulsarla lo más lejos posible.
Salud y revolución
El Comité de Relaciones Anarquistas
El Comité de Relaciones Anarquistas de Cataluña.[6]6
[1] Se ha hablado de varios emplazamientos para la segunda sesión. Peirats la sitúa en la playa del Cabañal (Los anarquistas y la crisis política española, p. 276); Tomás Cano Ruiz cita la Malvarrosa (Confederación, 8-8-1937, p. 1); José Llop afirma que fue en Tremolar (El movimiento libertario español, París, 1974, p. 289); Progreso Fernández menciona El Saler. Todas esas playas están en las proximidades del Grao de Valencia.
[2] Entrevista a Progreso Fernández: «Anarquismo en el mundo», Bicicleta, núm. 11, Barcelona, 1977.
[3] Edgar Rodrigues: A resistencia anarco-sindicalista a dittadura: Portugal 1922-1939, 1981, p. 238.
[4] Ibíd, p. 242.
[5] Paul Preston: The Coming of the Spanish Civil War, Londres, 1978, p. 9.
[6] José Llop: El movimiento..., op. cit., p. 295.
V. OBJETIVOS FUNDACIONALES
La raison d’être de la reunión era agrupar formalmente en una asociación peninsular a los grupos de afinidad anarquista de las tres organizaciones originales, a los exiliados y a los grupos anarquistas dispersos de la península Ibérica –la Federación Nacional de Grupos Anarquistas de España, la Federación de Grupos Anarquistas Hispanohablantes de Francia y la Unión Anarquista Portuguesa; y propagar las ideas anarquistas entre la gente. Pero lo más importante de todo para la mayoría de los asistentes era la necesidad de promover la visión de la sociedad del comunismo libertario a través de la CNT, el organismo original al que la mayoría de los presentes en la reunión pertenecían, y defender sus principios de acción directa y antipolíticos de la amenaza reformista planteada por líderes del sindicato como Pestaña.
Aunque no hay ninguna referencia directa en las actas de la Conferencia de Valencia, las prisas con que se fundó la FAI, en poco más de un año a partir de las discusiones iniciales, reflejan la inquietud con que los activistas de la CNT que fundaron la FAI veían las declaraciones realizadas en público y en privado, y en definitiva, las intenciones de los reformistas, particularmente las del Comité Regional Catalán de la CNT. En enero del año anterior, veintidós conocidos dirigentes de la CNT catalana, liderados por Ángel Pestaña, publicaron un comunicado en el periódico Vida Sindical en que pedían la legalización y reorganización de la CNT.
La tesis de que la FAI fue una conspiración de la elite anarquista para dominar y controlar a la CNT, tal como algunos historiadores han sugerido, no se sostiene.[1] La cronología de los sucesos previos a julio de 1927 indican, en cambio, que la FAI se desarrolló como respuesta directa de los militantes de base a las maniobras de la directiva nacional de la CNT para tumbar los objetivos revolucionarios y la constitución de la CNT, aprobados en el congreso nacional de 1919 y ratificados en el Congreso de Zaragoza de 1922. Los militantes de la CNT que crearon la FAI en 1927, no tenían la necesidad de «introducirse» ni de hacerse con el poder del todavía clandestino y disperso sindicato; eran el alma de la Confederación.[2] Fueron sus ideas las que predominaban en la mayoría de los cuadros confederales, si no en todos, que habían preservado a la organización durante los años de clandestinidad. Su único objetivo con relación a la Confederación era evitar que la secuestrara ningún partido político, ni agrupación corporativista, socialista o comunista, y la convirtieran en un sindicato meramente económico comprometido con el trabajo en el marco de los parámetros legalmente definidos y fijados por el estado y el capitalismo.







