Excombatientes y fascismo en la Europa de entreguerras

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Esto no significa que se pasase a ignorar la importancia de la política y la ideología de los excombatientes en los orígenes del fascismo, que importantes contribuciones al estudio del fascismo y el nazismo siguieron abordando. Emilio Gentile explicó los orígenes del fascismo como una ideología totalitaria y revolucionaria surgida de la experiencia de la Primera Guerra Mundial.20 Según Gentile, el combattentismo, una suerte de instinto de rebeldía que animó a los veteranos italianos en su regreso, fue uno de los componentes cruciales de la ideología fascista. George L. Mosse apuntó que la revolucionaria ideología nacionalsocialista y el nacionalismo völkisch adquirieron una base de masas tan solo después de la Gran Guerra; según él, las organizaciones de veteranos (como el Stahlhelm) contribuyeron a expandir esta ideología.21 En su libro Soldados Caídos, Mosse definió la persistencia de la violencia en entreguerras como la «brutalización» de la política.22 Afirmó que la experiencia de la guerra de trincheras, con su confrontación diaria con la muerte, originó una deshumanización y trivialización posbélica de la violencia que, en última instancia, conduciría al genocidio. La derecha política y, fundamentalmente, los veteranos de guerra aparecían como los agentes clave de esa «brutalización» de la política.
El debate generado desde entonces en torno a la tesis de la «brutalización» continúa en la actualidad. La idea de «brutalización» se ha convertido, para algunos historiadores, en una herramienta de análisis con la que entender la violencia del periodo de entreguerras. De hecho, los estudios de la historia cultural de la guerra han planteado que la Gran Guerra fue la matriz del totalitarismo, señalando a los veteranos como importantes vectores de violencia.23 Otros historiadores, por el contrario, se han mostrado escépticos con el impacto de la experiencia de la Gran Guerra a largo plazo e incluso han negado la existencia de dicha «brutalización».24 En esta línea, se ha subrayado el hecho de que los veteranos franceses, tal y como señaló Prost, estaban comprometidos con el pacifismo. Richard Bessel, que analizó detalladamente la situación socioeconómica de Alemania tras la Gran Guerra, apuntó que los soldados del frente se reintegraron efectiva y pacíficamente; tan solo una pequeña minoría se unió a los mercenarios Freikorps.25 De hecho, recientemente Benjamin Ziemann ha resaltado la importancia de una cultura republicana y democrática entre los veteranos alemanes, sosteniendo que la experiencia de guerra generó, más bien, sentimientos pacifistas entre los excombatientes.26
En los últimos años, los historiadores han utilizado los conceptos de «desmovilización cultural», «culturas de la victoria» y «culturas de la derrota» para explicar por qué las experiencias bélicas traumáticas y violentas, aun siendo similares para todos los combatientes, solo tuvieron efectos «brutalizadores» en determinados países.27 A través de un análisis de los procesos de desmovilización, se han detallado los diferentes caminos que siguieron los veteranos de diversos países tras 1918. En Gran Bretaña y Francia, la población en general, y los veteranos en particular, abandonaron las actitudes y mentalidades propias del tiempo de guerra más fácilmente que, por ejemplo, en Alemania o Italia.28 En estos países, la circulación de mitos posbélicos, como el de la «puñalada por la espalda» (Dolchstoß) y la «victoria mutilada», muy probablemente lastraron el proceso de desmovilización mental.29 Es cierto que en Alemania y Austria, numerosos veteranos, sobre todo antiguos oficiales, y jóvenes estudiantes nacionalistas, se unieron a las unidades paramilitares contrarrevolucionarias, pero más que la experiencia de guerra, fueron la derrota y la revolución las catalizadoras de su reacción violenta.30 La violencia de posguerra fue el resultado del colapso de la autoridad estatal y de la radicalización política de muchos grupos sociales diferentes –no solo los veteranos de guerra– como consecuencia de la movilización y la desmovilización militares.31
El caso de Italia, uno de los países vencedores en 1918 pero afectado de «brutalización» de la política, es crucial para entender el contexto en el que surgió el fascismo, pero existen muchos huecos todavía por llenar en su conocimiento.32 La interpretación predominante sostiene que el Estado liberal italiano y la izquierda política fracasaron a la hora de desmovilizar y reintegrar en la sociedad a las tropas retornadas del frente; por ende, algunos veteranos se habrían convertido en fascistas o en seguidores de D’Annunzio en Fiume, mientras que la neutralidad y la obediencia al Estado de los oficiales del ejército se debilitaban progresivamente.33 En la primera parte del presente libro, revisaré esta interpretación analizando la desmovilización desde un punto de vista cultural y transnacional. Más allá de las paradojas a las que conduce el paradigma de la «brutalización», estas innovadoras perspectivas son fundamentales para responder cómo y en qué medida los veteranos de guerra estaban conectados con las nuevas ideas, movimientos y regímenes fascistas del periodo de entreguerras.
FASCISMO
Observando la historia de los movimientos y regímenes fascistas europeos, este libro ofrece una perspectiva geográfica y cronológica más amplia que la mayoría de los trabajos sobre la desmovilización posbélica. Al examinar la historia del fascismo en su relación con los excombatientes, debemos observar las más de dos décadas de su evolución, así como trascender el marco del Estado nación que habitualmente ha dado forma a las investigaciones.34 Analizando trasnacionalmente los múltiples estratos de la duradera relación entre los excombatientes y el fascismo, este libro cubre vacíos importantes en el conocimiento del tema y contribuye a una nueva interpretación del fascismo como fenómeno trasnacional.
Aunque la bibliografía sobre el fascismo es ciertamente inmensa, los historiadores apenas han explorado cómo los símbolos, mitos y discursos sobre la guerra construidos por esta ideología se tradujeron en prácticas y políticas sociales. En especial, la relación entre la política excombatiente y el fascismo permanece todavía insuficientemente estudiada. Si bien es cierto que muchos trabajos se han ocupado de examinar la presencia de excombatientes y soldados dentro de los movimientos fascistas,35 tan solo unos pocos han considerado la idea del combatiente como un constructo cultural manipulado tanto por dichos movimientos como por los regímenes fascistas.36 Aunque la importancia de la guerra para el fascismo,37 y en particular para el nacionalsocialismo alemán,38 haya sido resaltada como una cuestión seminal, estos trabajos han tendido a situarse dentro del debate de la «brutalización»39 y raramente han empleado enfoques transnacionales o de largo alcance. Por consiguiente, reconstruir la historia de los discursos y organizaciones fascistas dirigidos a los veteranos de la Gran Guerra es una tarea pendiente, y es desde una perspectiva transnacional desde donde podemos obtener nuevas conclusiones.
¿A qué me refiero cuando hablo de fascismo? Hoy en día existe una creciente tendencia a considerar «fascismo» como un una categoría vaga y contradictoria que los propios sujetos históricos usaron para alcanzar sus objetivos, dentro de un contexto transnacional.40 Siguiendo este planteamiento, parto de la premisa de que existe un fenómeno fascista plural de carácter transnacional que englobaba a diferentes movimientos y regímenes, empezando por el Fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán. En este sentido, rechazo que el fascismo sea un objeto estático o una categoría abstracta en la que deba identificarse un núcleo esencial, ya que los regímenes y movimientos fascistas nunca estuvieron herméticamente aislados de otras manifestaciones políticas de corte autoritario, parafascista o contrarrevolucionario.41 Tal y como ha planteado Michel Dobry, «la categoría de fascismo es el producto de las acciones, luchas y la autoidentificación de los propios actores políticos».42 Por tanto, la mejor manera de comprender esta ideología es situarla en su contexto histórico y poner de manifiesto su transformación y difusión a lo largo y ancho del continente europeo.43 Aquí observaremos el fascismo en acción, es decir, como un proceso expansivo de rápida evolución que, tras su nacimiento en Italia, se manifestó en el contexto transnacional de la Europa de entreguerras. En definitiva, este libro trata del «fascismo transnacional».
Estudiar una ideología y un movimiento político como el fascismo desde un punto de vista transnacional implica atender a las «transferencias multidireccionales» y a la circulación de «ideas, información y recursos».44 La historia transnacional va «más allá de los límites nacionales y busca explorar las conexiones transfronterizas», «entre individuos, identidades no nacionales y agentes no estatales, […] en términos de objetivos compartidos por actores y comunidades, independientemente de su nacionalidad».45 Así, los trabajos sobre «fascismo transnacional» han revelado interconexiones, contactos y rivalidades existentes entre la Italia Fascista y la Alemania nazi, procesos que condujeron a la coalición entre ambas potencias a finales de los años treinta. Se han evidenciado no solo similitudes y diferencias entre ambos regímenes, sino también su estrecho parentesco, lazos e influencia mutua: los movimientos y regímenes fascistas fueron al mismo tiempo ultranacionalistas y transnacionales. Al enfatizar las conexiones e intercambios, los historiadores han demostrado el enorme grado de circulación –incluso transatlántica– del fascismo en entreguerras.46 Hoy en día tenemos claro que, durante los años veinte, el Fascismo italiano inspiró a diversos grupos contrarrevolucionarios, nacionalistas y de derechas en muchos otros países;47 pero también que, a la altura de 1934, Hitler ya había sustituido a Mussolini como el referente principal de la extrema derecha europea. Tras los primeros intentos de cooperación entre fascistas italianos y nacionalsocialistas germanos, su pugna por el liderazgo terminó por consolidar a los nazis como el modelo que seguir por los fascistas europeos, y a Alemania como fuerza motriz del Eje.48 Como quiera que sea, esta estrecha imbricación entre ambos fenómenos evidencia la extensión del fenómeno fascista en la Europa de entreguerras y permite entrever su compleja «naturaleza». De hecho, la perspectiva transnacional puede llegar a promover una redefinición del propio concepto de fascismo.49 Este libro contribuye a extender la práctica de la historia transnacional al observar no solamente el papel de redes de sociabilidad política, de instituciones internacionales y de comunidades de inmigrantes, sino también la transmisión, de un país a otro, de mitos y estereotipos que sintetizaban la ideología fascista, como habrá ocasión de demostrar.
Si la idea de un fascismo transnacional constituye un avance historiográfico ciertamente reciente, un análisis transnacional de la relación histórica entre los veteranos y el fascismo supone ir un paso más allá. Algunas investigaciones ya han sugerido la importancia de los contactos internacionales entre veteranos fascistas, abordando así la dimensión trasnacional de la política excombatiente de entreguerras.50 Por ejemplo, un pequeño número de publicaciones ha indagado en los contactos internacionales y las influencias mutuas entre dirigentes fascistas, nacionalsocialistas y otros líderes excombatientes de diversos países.51 No obstante, el amplio fenómeno transnacional que se percibe detrás de estos contactos bilaterales permanece todavía inexplorado. Este libro revela con detalle esa compleja red de conexiones, encuentros y transferencias que dieron forma a la relación histórica entre excombatientes y fascismo en la Europa de entreguerras.
METODOLOGÍAS
La primera pregunta necesaria para analizar la relación transnacional entre el fascismo y los veteranos en la Europa de entreguerras es la siguiente: ¿por qué y cómo la figura del excombatiente llegó a asociarse con el emergente movimiento e ideología fascista? Para responderla, evitaremos lecturas esencialistas de la tesis mosseana de la «brutalización». También eludiremos ideas preconcebidas sobre los veteranos de guerra. Es erróneo percibirlos como colectivo histórico cohesionado y coherente, que pudo convertirse en un grupo internacionalista pacifista o bien nacionalista y belicoso. Los historiadores a veces se han planteado la cuestión de cuántos veteranos se convirtieron en fascistas «brutalizados» y cuántos no lo hicieron, para de ahí sacar conclusiones sobre la base de un análisis cuantitativo. Pero esta perspectiva simplista conduce a interpretaciones inconcluyentes y superficiales y, lo que es más, comporta asumir de manera acrítica una noción de «veterano» monolítica, esencialista y dada de antemano. Como demostraremos, la categoría de «veterano» fue sobre todo un constructo cultural, cuyo significado se definió históricamente a través de una serie de luchas discursivas y organizativas. Para explicar estos procesos, por tanto, no recurriré al concepto de «brutalización», sino más bien a los de «apropiación simbólica», «estereotipo», y «mito».
El primero de estos conceptos, «apropiación simbólica», es un término empleado habitualmente por antropólogos culturales y sociales. Con él, nos referimos a un proceso por el cual los símbolos, materiales culturales y objetos adquieren un significado específico, asociándose a un determinado grupo humano o poder político. Así, observaremos al «veterano de guerra» como un símbolo transnacional al que le fueron conferidos nuevos significados como resultado de la experiencia de la Primera Guerra Mundial. El capítulo primero abordará el proceso transnacional de apropiación simbólica que tuvo lugar en Europa occidental entre 1917 y 1919 y cuyo resultado fue la consolidación de un conjunto de creencias en torno a lo que llamaré «veteranos antibolcheviques». En este sentido, analizaré los discursos y las representaciones de los excombatientes de ese periodo en diversos países, especialmente la Italia de posguerra, y que dieron lugar a una idea estereotipada del «veterano fascista».
A continuación, el concepto de «estereotipo» nos permitirá examinar el comienzo del proceso de circulación europea del fascismo. «Un estereotipo es un conjunto de creencias acerca de las características personales de un grupo social».52 Aunque los estereotipos tienden a ser negativos, también son una «ayuda para explicar la realidad… un mecanismo que nos ahorra energía… una creencia compartida por un grupo»; siempre contienen un núcleo de verdad.53 Resulta llamativo ver cómo la teoría sobre el origen de los estereotipos54 es aplicable a la formación de la creencia de que muchos fascistas italianos eran veteranos de guerra y viceversa. Una vez que arraigó esta idea, el estereotipo del excombatiente fascista circuló por todo el continente europeo a través de procesos comunicativos que, de acuerdo con la teoría, «pueden jugar un rol esencial en la extensión y perpetuación de los estereotipos sociales».55 De esta manera, el excombatiente fascista se convirtió en una de las encarnaciones más icónicas del fascismo. Tal y como veremos, este estereotipo tuvo una notable influencia a nivel político, ya que no solo los fascistas serían –mayoritariamente–vistos como veteranos de guerra, sino que en muchas ocasiones los veteranos en general fueron suspicaz o entusiásticamente identificados como fascistas o potenciales fascistas. Comprender este fenómeno es extremadamente importante porque, como es bien sabido, en realidad solo una proporción muy pequeña de los excombatientes se convirtieron al fascismo, al menos al principio.
La existencia y circulación de un estereotipo del «veterano fascista» podría haber sido un fenómeno inocuo si el fascismo no hubiera conquistado nunca el poder, pero la Marcha sobre Roma consiguió cristalizar un importantísimo mito. La extendida creencia de que los veteranos italianos habían formado el núcleo de un movimiento político capaz de hacerse rápidamente con el poder, de destruir la amenaza bolchevique y conferir a la comunidad excombatiente un liderazgo al que presuntamente tenían derecho, es lo que denominaré como el «mito de los veteranos fascistas»: una narrativa que permitió dotar de sentido a aquellos eventos, y atribuirles una profunda significación.56
Este libro no solo busca entender cómo se construyó una idea generalizada del «veterano fascista», sino también analizar de qué forma el modelo fascista de política excombatiente se extendió por toda Europa con el paso del tiempo, particularmente durante los años treinta. Para ello, se estudian fenómenos históricos transfronterizos tales como «transferencias», «redes», «circulación» y «encuentros»;57 unos procesos acontecidos en el seno de un poroso espacio geográfico que se correspondió –esencialmente, aunque no exclusivamente– con cuatro países: Italia, Alemania, España y Francia. El Fascismo nació en Italia, por lo que los acontecimientos que tuvieron lugar en dicho país tendrán una relevancia capital para nuestro análisis. Alemania no solo requiere atención para la década de los treinta, sino remontándose hasta 1919. Por su parte, España y Francia se vieron profundamente afectados por lo que sucedía en los países de su entorno, ya que en ambos se impusieron dictaduras de inspiración fascista entre 1939 y 1940. Fascistas y veteranos de guerra desarrollaron contactos transfronterizos en múltiples direcciones, sobre todo dentro de la región que conformaban los cuatro países mencionados. No obstante, diversos acontecimientos importantes también tuvieron lugar lejos de este crucial espacio de comunicación. Por ejemplo, lo que sucedía en determinados momentos en Rusia, Rumanía o Estados Unidos es para nosotros igual de importante que lo sucedido en Milán en 1919, Roma en 1922, Berlín en 1933, París en 1934 o Madrid en 1939. En este sentido, espero que el lector no tome mis poco convencionales saltos narrativos de un país a otro como un síntoma de inconsistencia metodológica, ya que más bien se trata de ajustar este particular marco geográfico al espacio político transnacional del fascismo.
En definitiva, lo que este libro sostiene es que la relación histórica entre excombatientes y fascismo estuvo definida por la manipulación de un conjunto de ideas trasnacionales, culturalmente construidas, y míticas acerca del veterano de guerra. Primero, dicha manipulación permitió al Fascismo italiano convertirse en un movimiento político diferenciado, original e influyente. Segundo, contribuyó a su crecimiento, toma del poder y consolidación dentro de Italia. Tercero, posibilitó la transformación del Fascismo italiano en un fenómeno transnacional en Europa: el fascismo con minúscula. Cuarto, abrió el camino para la creación de una entente fascista internacional entre el Fascismo italiano, el nacionalsocialismo alemán, y otros movimientos. Y quinto, contribuyó de manera crucial a la expansión militar del fascismo y a la imposición de nuevos regímenes fascistas, o inspirados en esta ideología, en España y Francia.
Para sostener estos planteamientos, este libro se cimienta en una robusta base empírica compuesta por fuentes de archivo y publicaciones contemporáneas procedentes de diversos países, sobre todo Italia, Alemania, Francia y España. En este sentido, la fuente primaria empleada con mayor frecuencia ha sido la prensa excombatiente,58 junto a libros y folletos de la época. Por su parte, los archivos estatales, incluyendo los de los ministerios de exteriores, han aportado un significativo componente de fuentes primarias. Aunque algunos historiadores ya habían trabajado este material, yo lo he analizado desde nuevos puntos de vista y buscando evidencias de la a menudo soslayada dimensión transnacional, así como de la circulación transfronteriza de símbolos y discursos. Yendo más allá de la perspectiva del Estado nación, mi comparación sistemática de la prensa publicada simultáneamente en varios países durante el periodo revela una imagen de los acontecimientos históricos distinta y más completa. Además, he recuperado un conjunto de fuentes impresas que nunca habían sido sistemáticamente utilizadas en la investigación histórica, como por ejemplo los diarios de la fascista Associazione Nazionale Combattenti, L’Italia combattente y L’Italia grigio-verde, al tiempo que he recopilado información sobre las acciones y el pensamiento de sujetos históricos que habían sido en buena medida obviados hasta ahora por los historiadores.
La estructura del libro es relativamente simple. Se compone de tres partes, cada una de ellas formada por dos capítulos. La primera aborda los inicios de la conexión transnacional entre veteranos y fascismo: el capítulo primero analiza los orígenes de este vínculo durante la Gran Guerra y la inmediata posguerra, mientras que el capítulo segundo, centrado en Italia, muestra cómo se construyó el Fascismo italiano sobre dicha base y cómo esto tuvo un tremendo impacto en el extranjero. La segunda parte de la obra analiza los años veinte: el capítulo tercero estudia la fascistización de la política excombatiente en Italia, al tiempo que el cuarto muestra cómo el vínculo mítico entre veteranos y fascismo se extendió por Europa, contribuyendo a la aparición de otros movimientos fascistas. Finalmente, la tercera parte profundiza en los años treinta: el capítulo quinto explica cómo las políticas excombatientes fascistas confluyeron en Europa occidental, mientras que el capítulo sexto aborda los acontecimientos finales de esa relación transnacional entre veteranos y fascismo, esto es, las nuevas guerras y la imposición de dictaduras en Francia y España.
1 En este libro, fascismo, en minúscula, se refiere al fenómeno transnacional, y Fascismo, en mayúscula, únicamente al movimiento original italiano y al posterior régimen.
2 Carl von Clausewitz: On War (editado y traducido por Michael Howard y Peter Paret), Princeton, Princeton University Press, 1984, p. 605.
3 Thomas Hippler: Citizens, Soldiers and National Armies. Military Service in France and Germany, 1789-1830, Londres, Routledge, 2008.
4 John Gooch: Army, State and Society in Italy, 1870-1915, Houndmills, Macmillan, 1989; Anja Johansen: «Violent Repression or Modern Strategies of Crowd Management? Soldiers as riot police in France and Germany, 1890-1914», French History 15, 2001, pp. 400-420.
5 Rafael Núñez Florencio: Militarismo y antimilitarismo en España, Madrid, CSIC, 1990.
6 Véase, por ejemplo, Gérard de Puymége: Chauvin, le soldat-laboureur: contribution à l’étude des nationalismes, París, Gallimard, 1993.
7 Marco Fincardi: «I reduci risorgimentali veneti e friulani», Italia contemporanea 222, 2001, pp. 79-83.
8 Alex Hall: «The War of Words: Anti-socialist Offensives and Counter-propaganda in Wilhelmine Germany 1890-1914», Journal of Contemporary History 11, 2-3, 1976, pp. 11-42.
9 Stéphane Audoin-Rouzeau: Combattre. Une anthropologie historique de la guerre moderne, XIXe-XXIe siècle, París, Seuil, 2008; David A. Gerber (ed.): Disabled Veterans in History, Michigan, University of Michigan Press, 2000.
10 Robert Wohl: The Generation of 1914, Cambridge (MA), Harvard University Press, 1979; Paul Fussell: The Great War and Modern Memory, Oxford, Oxford University
Press, 1975 [traducción al español: Paul Fussell: La Gran Guerra y la memoria moderna, Madrid, Turner, 2006]; Mario Isnenghi, Il mito della Grande Guerra, Bari, Laterza, 1970.
11 Véase Richard Bessel: «The Front Generation and the politics of Weimar Germany», en Mark Roseman (ed.): Generations in Conflict. Youth Revolt and Generation Formation in Germany, 1770-1968, Cambridge, Cambridge University Press, 2005, pp. 121-136.
12 Eric J. Leed: No Man’s Land. Combat & Identity in World War I, Cambridge, Cambridge University Press, 1979; Martin Crotty y Mark Edele: «Total War and Entitlement: Towards a Global History of Veteran Privilege», Australian Journal of Politics and History 59, 1, 2013, pp. 15-32.
13* N. del T.: En castellano, el término de uso más frecuente es excombatiente, que también se empleará en este libro como equivalente de war veteran o veteran. El empleo del término excombatiente para definir a los veteranos de guerra proviene en buena medida de la época franquista, ya que fue empleado por la dictadura para denominar a los soldados que habían combatido en la Guerra Civil española.








