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Enrique G. Gallegos
Pedro Goche
Francisco Naishtat
Territorialidades
Guadalajara - San Pedro - Guadalajara
LIBROS INVISIBLES
LIBROS INVISIBLES
D.R. 2013, por la obra: Enrique G. Gallegos.
D.R. 2013, por la presente edición: Libros Invisibles.
Primera edición 2013.
A cargo de la obra: Jorge Díaz.
Cuidado del texto: Jorge Díaz y Enrique G. Gallegos.
Proyecto gráfico: Libros Invisibles.
ISBN: 978-607-96013-3-1
Edición para Amazon:
ISBN-13: 978-1499571615
ISBN-10: 1499571615
informes@librosinvisibles.com ~ 33 1482 2765
Guadalajara, Jalisco. México.
Esta obra se terminó de imprimir en febrero de 2013.
Se hizo un tiraje de 500 ejemplares.
Impreso y hecho en México.
Advertencia
Tres poetas, tres territorialidades. Enrique G. Gallegos, Pedro Goche, Francisco Naishtat. La territorialidad no es sólo la localización espacial del poeta. Si dice territorialidad y no territorio es para invocar lo lejano y lo cercano que acontece en el poema. ¿Qué unen tres lugares como Guadalajara, San Pedro y Buenos Aires? No son sus calles, sus plazas, sus historias. No es la dureza de su urbanización. Es el despliegue de una serie de imágenes y experiencias poéticas que se localizan, se expanden y se concentran en el poema. El poema irradia. Los poemas “[En las sombras la brasa de un cigarro]” de Goche y “Oda al cigarrillo suelto” de Naishtat, son la misma imagen poética que se desplaza de San Pedro a Buenos Aires; el mismo sinuoso humo blanco que intenta cifrar y descifrar dos territorialidades.
Pero también la desterritorialización (Deleuze): la fuerza con la que el poeta se desprende de vivencias, existencias y recuerdos, para empoderarse en otras zonas, otras dimensiones, otras tragedias. El sedicioso devenido desganado burócrata de los poemas “Antisistémico” y “Malas cuentas” de Gallegos, después aparece en “la señora [vendedora] del Yakult” que ofrece yerbajos prodigiosos (“Las ciudades enfermas”) de Goche y en la tristeza el gato Félix que “tiñe la tarde de angustia” del poema “Haiku inexistencial por mi gato” de Naishtat. Poemas de tres escritores y tres ciudades: no la apacible relatoría de la ciudad, ni su aquietante rememoración que fue o devendrá.
El poema como territorialización y desterritorialización: en la ironía de Gallegos, en la rememoración de Goche y en la inexistencia de Naishtat. Ironía, rememoración e inexistencia: tres poéticas que son una y tres territorialidades que fluyen rizomáticamente en la misma línea temporal. Para decirlo en otras palabras, flujos, reflujos y reenvíos. Es el guiño que hace Goche con su “paquetería” a dos emisarios (Gallegos/Naishtat) en dos ciudades de nuestra Latinoamérica. Un paquete a tres voces que al lector le toca cifrar.
E.G.G.
Enrique G. Gallegos
Anómalos
1. Poemas de un burócrata sin entusiasmo
Burócrata
He olido expedientes judiciales,
sus relatos de miseria,
hierro e impiedad;
observé caer pestañas postizas de señoritas,
tercas por retocar lo que la naturaleza negó
y enrojecer de rabia,
cargarse de niños, deudas y largos días
que no conocen el entusiasmo.
También alimenté el odio;
conozco la madeja de la corrupción,
la otra,
la de los pliegues de la carne
y el resplandor de la avaricia
que agiliza al obeso burócrata.
He estado ahí
donde nada sucede,
escritorios impersonales en los que se murmura;
conocido jóvenes redentores
que terminan de oscuros archivistas.
He sido uno de ellos,
esos oscuros traficantes de favores;
con manos pulcras
y grandes pretensiones trituradas por la rutina,
de corbata desaliñada
y zapatos lustrados,
orgullosos de intrigas;
en la necedad
por hacer nada. Yo,
uno de ellos.
Al final, un expediente
Cómo un expediente
repleto de insignificantes datos,
fechas, anotaciones, circunstancias,
me hace el día pesado.
Un manojo de papeles
unidos por un hilo delgado
apuntala la necedad de una sociedad
por mantener viva la memoria.
Terco buscaba el gran descubrimiento,
una palabra nueva,
un nuevo tipo de rosa,
indicios para difundir renovadas teorías:
que el delito no es crimen
y la vida de un hombre
no son cien hojas cifradas por manos expertas.
Pensaba: un expediente
es lo que al final somos.
Fechas, datos,
hojas hurtadas al descuido
y datos,
siempre más datos.
Don Licenciado
Fisgoneo entre archivos del Año Fundacional,
incorporo humedades olvidadas
mientras espero el llamado,
la voz que me encumbre.
He soñado con poderes ilimitados,
dilatado mis pupilas por zonas devastadas,
reconstruido imperios en mi mano.
No oculto las ambiciones que me anegan,
deseo ser llamado Señor,
Don, Licenciado, Maestro, Amo,
dispendiador de horizontes y cargos.
Pero heme aquí,
corroído por cerros de expedientes
diluyo mis ojos en insignificancias,
redacto oficios a oscuros ciudadanos
y rumio un feudo que no poseo
ni merezco.
País de papel
Hypocrite lecteur, —mon semblable,— mon frère !
Ch. Baudelaire
Saboreo la acidez de la mandarina
envuelto en la apacible redacción
de oficios, dictámenes y resoluciones;
disuelto en los laberintos del trámite
y los embrollos de la burocracia,
justo en el momento
cuando la ultima porción del desayuno
es absorbida por las glándulas,
suenan las quince campanadas,
y se sella la jornada de nueve a tres.
Después los monitores se apagan,
ya en la calle soy uno más,
anónimos que reclaman,
ciudadanos de un país de papel
que exigen inverosímiles agravios,
esos como yo,
mis tristes semejantes.
Malas cuentas
Cuando la mañana descompone su entusiasmo,
hay que empacar cuadernos,
lápices, legajos de pertenencias,
la fotografía de la esposa oficial;
no olvidar la manzana del desayuno,
los archivos que simulan secretos,
aunque tenga diez bocas que alimentar,
aunque el fiador toque impaciente la puerta.
Es una mudanza natural
como el cambio de ropa,
el nuevo peinado, la corbata distinta
—natural rutina.
Nadie recordará al oscuro burócrata,
sus buenos días de llegada
las buenas noches de salida;
cuando las cuentas salen mal,
hombres y mujeres de oficina
se vuelven pequeños
y resguardan la efusividad en su bolsa;
sólo el hombrecito de traje
camina por los desolados pasillos,
tallando la cara por los sucios azulejos.
Los demonios de la burocracia
Hoy recorrí los pasillos del Palacete
y las mujeres se han puesto peluca,
aumentado los senos,
sus miradas aun saben seducir;
—nada parece cambiar,
las mismas frustraciones e ilusiones,
el idéntico corsé inflamado,
los funcionarios lamiéndose en la rutina,
sus rostros de fotografías asepiadas,
las corbatas con el nudo mal hecho.
Camino los pasillos malolientes,
poco ha cambiado en diez años;
quizás en veinte
las mujeres recluidas en el asilo
abandonen la peluca,
usen el silicón como goma de mascar
y las insatisfacciones sexuales se acumulen;
otras vendrán en su lugar,
redactarán oficios y más oficios.
Pero los demonios de la burocracia
estarán aguardando,
resecar el entusiasmo es su distintivo.
Dos burócratas amigos
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