Luis Enrique Nieto Arango: reminiscencias de un rosarista

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¿Por qué un hombre que ha logrado incrustarse en el centro mismo de la monarquía decide radicarse del otro lado del Atlántico?
Eso es bien curioso: como dijimos, llegó a América a una edad muy avanzada. Todo me da la idea de que era un hombre muy polémico, y eso es lo que, finalmente, quiero resaltar. Fray Cristóbal era un hombre apasionado en lo que hacía y decía, de unos principios muy sólidos, que defendía radicalmente. Uno tiende a tener la idea de que durante aquel tiempo todo el mundo pensaba de manera homogénea. Pero cuando uno empieza a explorar con detenimiento, se da cuenta de las enormes diferencias, las polémicas y las discusiones que existían en esa época en una enorme cantidad de temas y fray Cristóbal estuvo involucrado en varias de ellas, como lo vimos con el famoso sermón de Córdoba.
Se sabe también que era un gran orador. Tenía una gran capacidad retórica. Al tiempo, era predicador de los reyes, y eso, sumado a otros méritos, le daba un poder enorme. Por eso, no deja de ser curioso que fuese nombrado arzobispo en un lugar más bien inhóspito y lejano, y a tan avanzada edad.
Ahora bien, para mí, una de las cosas más curiosas sobre la vida de fray Cristóbal es que, ya estando mayor, convirtió la doctrina de la Inmaculada Concepción en el epicentro de sus enseñanzas. Tanto así, que el Colegio que va a fundar lo va a dedicar a esa idea de la Inmaculada Concepción, yendo en contravía de su propia orden; de hecho, en las Constituciones del Rosario dice que hay que seguir en todo a santo Tomás, menos en ese tema. Eso demuestra también una extraordinaria flexibilidad intelectual. Uno siempre piensa que las ideas de esa época eran fijas, y ortodoxos sus voceros; pero de repente también se encuentra un personaje como estos, que cambió radicalmente sus ideas, y siguen siendo todavía un enigma los factores que lo condujeron a ese radical viraje teológico2.

Constituciones para el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario (1653). Título V, Constitución I.
Empecemos a hablar de la figura de fray Cristóbal como arzobispo de Santafé.
Fray Cristóbal llega a Santafé precedido de un problema. Tengo entendido que el anterior obispo, Bernardino de Almanza, había tenido un enfrentamiento con el poder civil —con la Real Audiencia— y se sabe que el nombramiento de fray Cristóbal se da, precisamente, porque es reconocido como un hombre de carácter, de una personalidad recia y que puede hacer valer sus ideas. Ahora bien, una vez llegado a Santafé, el recién nombrado arzobispo capta inmediatamente los tres principales problemas por los que atraviesa el Nuevo Reino de Granada: la condición de los indígenas, la salubridad pública y la educación.
El primero merece ser resaltado, ese es un tema que siempre se le ha abonado a fray Cristóbal: su sensibilidad frente a la discriminación contra los indígenas en la Nueva Granada. En el blog del Archivo Histórico3 publicamos una comunicación del Superior de los Jesuitas de la época, donde le escriben a Felipe IV que fray Cristóbal es un hombre extraordinario, que ha logrado resolver ese problema estableciendo la comunión de los indígenas. Se sabe que los indígenas, agradecidos por ese reconocimiento4, le entregaron una mitra de paja, que se conservó siempre como una de las joyas más importantes del Colegio y que solo se perdió al mismo tiempo que la custodia.
Por otro lado, fray Cristóbal también entiende el delicado tema de la salud pública por el cual atravesaba la ciudad. Inmediatamente llega a Santafé, se da cuenta de que aquí hay muchas carencias para atender a la población, y por eso abre una botica en Las Nieves, con un cirujano.
Y, por último, frente a las carencias de la educación, decide fundar el Colegio.
¿El Colegio se vuelve la idea fija de fray Cristóbal?
Aparentemente, como a los diez años de estar acá, él advierte la polémica que existe entre los dominicos y los jesuitas por el privilegio de dar los títulos educativos. La situación de permanente agitación eclesial también se vivía en las provincias del imperio, y más aún, acá, en este microcosmos que era Santafé. La aparente apacibilidad o tranquilidad del periodo colonial era engañosa: aquí había un sinnúmero de polémicas sobre todo tipo de temas y se entramaban discusiones muy complejas. Entre los jesuitas y los dominicos, por ejemplo, había disputas intelectuales muy encendidas; por eso, fray Cristóbal decidió pasar por encima de la situación, y en la década de 1640 —ya a una edad muy avanzada—, percibiendo que acá no existía una educación confiable, decidió empezar a planear su idea de fundar un Colegio. Eso mismo lo dice en su lenguaje Hernández de Alba: “la idea del Colegio es producto de su meditación y de su reflexión sobre la realidad que está percibiendo en la Nueva Granada”5.
Ahora bien, precisamente, esa idea que él ha recibido y defendido respecto a la educación del príncipe de la Corte española encuentra plena vigencia aquí; es decir, fray Cristóbal advirtió la urgencia de ese tipo de educación para procurar un progreso sostenido y estable de estos territorios. Hay que tener en cuenta otra cosa, y es que, justo en ese momento, también la economía colonial estaba cambiando.
Usualmente, se tiene la creencia de que la Colonia fue una etapa homogénea durante los tres siglos que duró. Eso no es cierto. Hubo ciclos diferentes, marcados por la economía, la situación social, el desarrollo de las ideas, etc. Y el siglo XVI es muy distinto del siglo XVII y de los demás. En la mitad del siglo XVII —cuando ya se va a concretar la fundación del Colegio—, hay muchos cambios, porque se está mutando de una economía extractiva —principalmente, basada en el oro y en las encomiendas y en torno a las esmeraldas, que para el interior eran muy importantes— a una economía de las haciendas. Eso es un fenómeno que se vivió en toda la América española, con ciertos matices, tomando en cuenta que acá, por ejemplo, las haciendas tampoco eran tan importantes, sino más bien modestas.
Fray Cristóbal, al percatarse de esos cambios y teniendo la idea de fundar un Colegio, se aseguró de adquirir unas haciendas que fuesen medianamente productivas: las de trapiche, por ejemplo, que son las de Mesitas del Colegio y de la Mesa de Juan Díaz. Es más: le compró una a los jesuitas, que es acá en la Sabana: la Hacienda de San Vicente —que se llama Fucha—, cerca de Fontibón. Y también compró El Chircal, que queda donde hoy es la Universidad Jorge Tadeo Lozano: en la calle 22 con carrera 4ª. Fue en esta última donde se produjeron los adobes y las tejas para la construcción del Colegio.
Es más, hoy en día, saliendo de la rectoría de la Jorge Tadeo Lozano, se puede ver en esa esquina, en un edificio de la Universidad Central, una placa que dice: “Calle del Chircal”.
¿Qué tipos de criterios se utilizaron para escoger la ubicación donde está el Claustro hoy en día?
Este era un lugar que señalaba el final de la ciudad. El río Vicachá, que después se llamó San Francisco, era como un límite natural de la zona donde estaban los poderes públicos que se asentaban alrededor de lo que hoy es la Plaza de Bolívar. Todo ello, dentro de la idea arquitectónica de la cuadrícula española: la Plaza Mayor, con las instalaciones de la Real Audiencia y la Iglesia; es decir, la casa de los canónigos y la Catedral. Esa cuadrícula se iba expandiendo y llegaba hasta la margen izquierda del río.

Calle 22 con carrera 4ª, esquina. Bogotá, D. C.
En realidad, no era como decía Daniel Arango: “qué visión de fray Cristóbal haber construido al lado de la Avenida Jiménez”, sino que esto era, más bien, el límite norte de la ciudad.
No deja de ser curioso que estemos reproduciendo, más o menos, la misma idea con la Sede del Emprendimiento y la Innovación. Pareciera no haber cambiado mucho el espíritu de esa óptica operativa a lo largo del tiempo…
Es cierto. Y también pareciera que repetimos el trabajo que tomó la fundación y el establecimiento del Colegio. En principio, según lo había estimado, fray Cristóbal decidió que los temas que se enseñarían serían básicamente tres: teología, medicina y jurisprudencia, porque eran los saberes fundamentales del momento; es decir, la meditación de la relación del hombre con Dios era básica; por supuesto, el tema de la sociedad en la jurisprudencia era importante, y, para contribuir a superar la calamitosa situación de salud pública que existía en ese momento, era importante estudiar medicina.
Ahí cobra sentido su tesis sobre la educación del príncipe como principio inspirador del Colegio, reflejado en esa placa de la Universidad que reza: “Propondremos la definición de un Colegio Mayor que viene a ser congregación de personas mayores, escogidas para sacar en ellas varones insignes, ilustradores de la República con sus grandes letras, y con los puestos que merecerán con ellas, siendo en todo el dechado del culto divino y de las buenas costumbres, conforme al estado de la profesión”.
¡Claro! Yo creo que fray Cristóbal se hacía la misma pregunta que los intelectuales españoles: ¿por qué ese imperio tan poderoso estaba entrando en una etapa de decadencia? y sabía que, en parte, era atribuible a la carencia de la educación. Además, su propia experiencia aquí en Santafé le había mostrado que la existencia de la Universidad Santo Tomás, en 1580, y del Colegio de San Bartolomé no había solucionado ese asunto, porque, de todas maneras, no eran operativas. Se requería entonces, la enseñanza de las mencionadas tres materias. Eso sí, todas precedidas por las Artes, que era la Filosofía, porque en las mismas Constituciones se dispone que no se puede entrar a estudiar en las facultades sin la formación en Artes (Filosofía) y basadas en santo Tomás.

Constituciones para el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario (1653). Título V, Constitución V.
Creo que fray Cristóbal, en últimas, era un hombre profundamente estructurado, que pensaba en grande. Tenía, como diríamos hoy, una visión macro.
Claro, él era un personaje preocupado por las realidades locales…
Y que, además, tenía un conocimiento de todo lo que estaba pasando aquí y en España. Por ejemplo, fray Cristóbal sabía que Felipe IV tenía un problema con los gastos que le habían implicado a la corona el sostenimiento de las tropas para sofocar la rebelión de Cataluña. Sabiendo esa situación, fray Cristóbal hizo una donación, con el fin de facilitar el otorgamiento del permiso de fundación. Y funcionó muy bien. Eso está en la cédula real de fundación, del 31 de diciembre de 1651.
En esa cédula real, el rey dice que, a pesar de ser consciente del pleito que existe entre dominicos y jesuitas, eso no interfiere en la petición que ha hecho fray Cristóbal, con quien está muy agradecido, porque ha hecho la donación de 40.000 ducados de plata para sostener el ejército sobre Barcelona.

Cédula real del 31 de diciembre de 1651.
Eso nos lleva a preguntarnos por qué fray Cristóbal escogió un tipo de gobierno al estilo del gobierno del Colegio de Fonseca, en Salamanca, siendo que él ni vivió allá ni fue testigo de las virtudes y los vicios de ese esquema.
Ahí podemos desmontar uno de los errores que se repiten sobre la vida de fray Cristóbal: que, supuestamente, él fue colegial mayor del Colegio de Fonseca. No. Él estudió, como ya se dijo, en el Colegio de San Pablo, en Burgos. Lo que pasa es que ese modelo salmantino era muy reconocido en la época; pero la razón que lo llevó a escogerlo tiene una historia y un contexto, dado que ese esquema de gobierno no fue su idea original.
Fray Cristóbal quería que sus hermanos de orden se encargaran del Colegio cuando él falleciera; sin embargo, los hermanos dominicos, al parecer, hicieron una lectura más bien caprichosa de ese encargo, y pensaron que se trataba de una donación que Cristóbal de Torres les hacía para que el Colegio fuera un seminario de la orden.
Entonces fray Cristóbal, al ver que estaban malinterpretando su voluntad, quiso adoptar el modelo del Colegio de Fonseca, en Salamanca, para solucionar de raíz ese impasse.
¿Por qué hubo impasse, si los dominicos ya tenían la Universidad Santo Tomás, que también predicaba la doctrina tomista? Según entiendo, Marcos de Betancur, que era el provincial de esa orden, tuvo la idea de unir al Colegio del Rosario con la Universidad Santo Tomás. ¿Ese fue el origen de la disputa?
No es que eso fuera el motivo principal de la disputa que tuvo con los dominicos. La cuestión es esta: fray Cristóbal duró diez años tramitando el permiso para fundar el Colegio. Permiso al que se opusieron todos en España. Tanto así, que le empezaron a solicitar un montón de información que lo complicaba todo, porque, claro: imagínese, desde aquí, con la lentitud de las comunicaciones, pidiendo permiso y que le contestaran poniéndole trabas. ¡Es que una carta duraba un año en llegar a su destino, y en muchas oportunidades se perdían! Eso era muy complicado; porque, además, estaba el interés compartido entre dominicos y jesuitas, que, en medio de su pleito, no querían que se fundara un tercer Colegio.
Cuando finalmente recibió el permiso —con la famosa cédula real de 1651—, fray Cristóbal nombró a Juan del Rosario y a otro hermano como rector y vicerrector. Ellos, unidos al provincial Marcos de Betancur, creyeron que fray Cristóbal lo que estaba haciendo era donar irrevocablemente el Colegio y sus bienes a la orden. Recordemos que la primera cuestión que tocan las Constituciones son los bienes y las haciendas del Colegio. Es decir, se trataba de un asunto que tocaba prácticamente todos los bienes asimilados a unas haciendas que se encontraban unidos a la idea de la fundación.
Hay que entender que las universidades en esa época estaban compuestas por “colegios”. Los colegios eran los sitios físicos, mientras que la universidad era un permiso o una licencia para poder otorgar títulos. La educación implicaba una inmersión total. No era solo impartir unas cátedras, sino que se requería, según el modelo de la época, una vida en comunidad. Primero había que pasar por las aulas de latinidad, que era importante para dominar la lengua natural de las enseñanzas. ¿Los libros? Todos, en latín. Era una educación bilingüe en ese sentido, porque el castellano era la lengua vehicular, pero todas las cuestiones académicas se dirimían en latín.
Y, pues, con la exigencia de toda esta formación en artes y en la disciplina, se necesitaban por lo menos siete años; lo que implicaba toda una vida en comunidad.
Entonces, los hermanos dominicos creyeron que fray Cristóbal estaba entregando su Colegio a la orden. Pero ¿con qué objetivo?
Para que fuera un seminario de la orden. En esa época había un problema originado en el Concilio de Trento. Una de las grandes discusiones del concilio fue la vida de los monjes. A veces, los monjes vivían una vida disoluta y la educación que recibían internamente en los conventos era muy deficiente. Por eso, se crearon lo que se llamaban “seminarios conciliares” para la formación de los sacerdotes.
Como esto acá era tan pobre, en Santafé no había este tipo de seminarios. Entonces los dominicos consideraron que fray Cristóbal estaba dándoles a sus hermanos de la orden un seminario conciliar para la formación de sus sacerdotes.
Y fray Cristóbal se opone…
No exactamente. El punto definitivo de la ruptura con los dominicos fue el día de la fundación.
Fray Cristóbal aparentemente ya había empezado algunas obras de construcción, cuando recibió el permiso de funcionamiento. Lo que hizo fue acelerar ese proceso, y terminar de construir tanto el Claustro como la capilla anexa. Ahí citó, finalmente, a la eucaristía de fundación, el 18 de diciembre de 1653.
A esa misa —y eso es importante, y está documentado— no asistieron los jesuitas. La Compañía de Jesús no asistió, a pesar de ser un acto social importantísimo de la época, lo que dio origen a una tensión sobre la precedencia en los actos sociales. Ahora bien, en ese momento los jesuitas se habían opuesto en España a la fundación del Colegio y se habían considerado derrotados. Por otro lado, el disenso con los dominicos se presentó con el nombramiento de los colegiales. Fray Cristóbal se había reservado el derecho a escoger a los colegiales, y no designó a ninguno de los hermanos dominicos. Eso creó una enorme confusión en la orden, y es ahí cuando se tranzó la pelea.
Fray Cristóbal hizo los nombramientos, dictó las Constituciones y decidió que el Colegio iba a funcionar como el de Fonseca o el del arzobispo, en Salamanca. Ese sistema, el de Fonseca, tenía como fundador a otro arzobispo, y venía del siglo XIV, que, a su vez, tenía también como modelo el colegio referente de Bolonia: el Colegio de San Clemente, cuyo fundador, el cardenal Gil de Albornoz, lo había instituido hacia 1300.
He ahí el origen del modelo de gobierno del Rosario. Acogerlo era estratégico, porque a través de ese modelo se le permitía independizarse de los dominicos y zanjar la disputa con la orden.
Pero ahí no paró todo: justo por acoger ese modelo de gobierno y “despojar” a los dominicos de lo que creían su herencia, se desató el pleito…
Así es. Ese es un punto que conviene estudiar. Lamentablemente, no hemos tenido acceso a los documentos completos del pleito, pero la historia es más o menos así:
Cuando empieza el pleito con los dominicos, fray Cristóbal decide enviar a quien nombra como primer rector del colegio: Cristóbal de Araque y Ponce de León, que era un fiel escudero, para que lo representara e hiciera valer su voluntad. Fray Cristóbal de Torres lo nombra rector perpetuo del Claustro y lo envía a España para defender su causa; y, por cierto, nunca regresa. Cristóbal de Araque y Ponce de León muere allá, después de diez años de pleito.
Es algo que quiero resaltar: la perseverancia, la persistencia de fray Cristóbal en su idea de fundar un colegio. Él dura diez años sacando el permiso, y luego diez más esperando a que le confirmen la voluntad que él tenía de formar su colegio autónomo.
De ahí surge la originalidad del Rosario. En un momento en que tanto la educación como la salud eran desarrolladas por las órdenes religiosas, había un sometimiento de la Iglesia al rey por medio del Patronato Real; sin embargo, ambas instituciones tenían una separación natural de funciones, puesto que a la Iglesia se la encargaba de las necesidades en salud y en educación, y al Patronato Real, de los asuntos propios de la administración pública.
Pero lo curioso está en que, por razones de ese pleito insólito entre los dominicos y los herederos de fray Cristóbal, el Colegio termina surgiendo como una institución autónoma, original, fuera de esas dos órbitas, con sus propias normas y con su vida independiente de la Iglesia, lejos de los mandatos de ninguna orden.
Y, bueno, eso nos deja en que el Colegio queda prácticamente sin un dueño…
Exacto. Fray Cristóbal también había contemplado la posibilidad de que en ese sistema autónomo de gobierno, el arzobispo debía ser el patrono del Colegio que estuviera por encima de todo; sin embargo, el rey, al aprobar el funcionamiento del Colegio, en 1664, y confirmar la voluntad de fray Cristóbal resolviendo finalmente el pleito con los dominicos, se nombra a sí mismo patrono; es decir, producto del pleito, el Colegio va a adquirir una figura jurídica autónoma y sui generis que no existe en otra parte de la América española.
Yo recuerdo la primera vez que hablé con Ignacio Berdugo, rector de Salamanca, quien me manifestaba, con sorpresa, que no podía creer que el Rosario se constituyera en 1653 como persona jurídica autónoma siendo que esa ficción legal no existía en aquel entonces. Yo le expliqué que eso fue resultado del pleito. Que ese proceso obligó a crear una entidad sui generis: una entidad autónoma con sus rentas propias, con un sistema de gobierno propio y que desarrollaba una actividad muy concreta. Eso le pareció rarísimo.
Y es que todavía es raro…
Es una rareza histórica, porque no se presentó en ninguna otra parte. Es decir, existían universidades como la de San Marcos, en Lima, que eran, más bien, creaciones virreinales. La Universidad de México también lo era, pero, en todo caso, la Corona le encargó su administración a una comunidad religiosa. Acá se creó una entidad privada, sin dueño, autónoma y autogestionaria.
¿Quiénes son los dueños de la Universidad hoy en día?
Es una fundación y, como tal, no tiene propiamente dueños. Ahora, precisamente, cuando se acaba de aprobar una reforma a las Constituciones, se recoge muy claramente la idea de la autonomía y la independencia de la Universidad; es decir, el Rosario no pertenece a una orden, ni a un partido político, ni a nadie distinto de los mismos rosaristas.
Es interesante ver cómo el pleito se dio porque los dominicos querían apropiarse del Colegio y el rey lo impidió. Frente a eso se ha visto que, históricamente, siempre han existido ciertos grupos que se han querido tomar la Universidad…
Pues el sistema electivo mismo ha reflejado la fuerza de determinadas ideas del momento. Es importante aclarar que eso no es fruto de la época republicana, sino que viene desde la Colonia.
Se sabe que en el siglo XVIII, en el Rosario se va a dar la confrontación entre novatores y peripatos. Los peripatos eran quienes continuaban con la idea de una educación basada en la escolástica, mientras que los novatores estaban más a la vanguardia de los tiempos, tomando como base las nuevas ideas de la Ilustración. El sistema electivo permitía la alternancia ideológica en el Claustro: a veces llegaba un rector que era más afín a las ideas de los novatores y ajustaba el pensum, y luego llegaba otro más afín a las ideas de los peripatos y hacía lo propio. Esas confrontaciones ideológicas y su influencia son un tema que debería ser objeto de investigación.
Hablemos de otro símbolo del Rosario: el patronato. Hemos hablado de que el rey Felipe IV, cuando resuelve el pleito, se asigna a sí mismo como patrono del Colegio.
En las Constituciones, fray Cristóbal consideraba que por ser él mismo el arzobispo de Santafé, entonces sus sucesores deberían ejercer el patronato. Pero en la cédula real donde resuelve el pleito con los dominicos, Felipe IV se nombra patrono y dice que en lo sucesivo los monarcas de Castilla que lo sucedan serán patronos del Colegio. Eso va a tener una importancia enorme, porque un tiempo después se va a crear el Virreinato de la Nueva Granada, y el nuevo virrey es el que va a ejercer directamente el vicepatronato sobre el Rosario. Entre otras funciones, como la de pedirles a los rectores que rindieran cuentas anualmente sobre la gestión del Colegio, está, además, la de escoger entre la terna de personas que el colegio elector sometía a su consideración para escoger al rector de la Universidad, lo cual hacía que su tutela se volviera fundamental. Entre otras cosas, en las mismas Constituciones está la previsión de que el rector pueda ser un “no religioso”.
Esa función del patrono sigue más o menos vigente en las Constituciones. Si el colegio elector no se pone de acuerdo en quién debe ser el elegido, se deberá enviar una terna al patrono, para que este escoja de allí quién será el próximo rector del Rosario.
Pero aparte de esa función puramente estatutaria, el rey, por solicitud del virrey, también se preocupó mucho por atender las necesidades económicas del Rosario; por eso es fundamental el tema de las cédulas reales que hemos recopilado y digitalizado en el Archivo Histórico; dicho sea de paso, gracias a ello nos ganamos un premio.
El vicepatrono hacía ver al rey que en el Rosario había unas necesidades muy grandes: que faltaba dinero para las cátedras, que el dinero de las haciendas ya no alcanzaba, etc. Entonces, el rey ordenaba otorgar auxilios, pero los otorgaba de manera provisional, no de forma permanente. Es decir, entregaba un auxilio y se evaluaba el resultado de lo que se hacía con ese dinero; en otras palabras, siempre tenía una idea de mantener una vigilancia sobre la inversión para que la institución lograra sus cometidos.








