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Este capítulo está organizado de la siguiente forma: en primer lugar se analiza la estructura de ingresos y gastos de los hogares que tienen al menos un adulto mayor en su hogar. Esto nos da una idea del patrón de consumo de nuestros adultos mayores. Posteriormente, y con vistas a responder nuestras preguntas de interés, establecemos una regla de identificación para calcular la canasta de consumo de los hogares cuya totalidad de sus miembros son adultos mayores de 60 años, lo que nos permite calcular el índice de precios al consumidor para los adultos mayores en Chile. Además realizamos un ejercicio de estimación del gasto en los principales 20 productos de la canasta de consumo del adulto mayor vulnerable, y presentamos algunos comentarios y conclusiones finales.
Gastos e ingresos de hogares con adultos mayores
¿Cuáles son los ingresos y los gastos de los hogares con adultos mayores? Para poder responder esta pregunta tomamos los datos de la séptima encuesta de presupuestos familiares (EPF VII) (INE, 2013).
La encuesta es representativa de 3 millones de hogares a nivel nacional, de los cuales 31,2%, vale decir 938.308, son hogares que tienen al menos un adulto mayor de 60 años. Como se aprecia en la Figura 1, una de las primeras características que encontramos en estos hogares es que el 50% de ellos están conformados por una persona (177.347 hogares) o dos personas (290.995 hogares).
Figura 1: Número de personas por hogares que tienen al menos un adulto mayor de 60 o más años

Fuente: elaboración propia.
De igual forma, nos interesa conocer el gasto total del hogar que incluye a este adulto mayor, para después saber cuál es el gasto per cápita que tiene en ese hogar. Para esto, procedemos a dividir la muestra en quintiles de hogares que tienen al menos un adulto mayor, y calculamos los niveles de gasto para cada uno de estos quintiles.
Tabla 1: Gasto por quintil de hogares con al menos un adulto mayor vs hogares sin adultos mayores

Fuente: Con base en Valdés, Gonzales y Kutscher (2016).
La Tabla 1 muestra una diferencia significativa entre el gasto total por hogar que se encuentran en plena actividad laboral (última fila incluye el dato para personas entre 35 y 59 años de edad) y aquellos que están en edad de jubilación. El gasto de los hogares de los adultos mayores es 30% menos que el gasto en hogar de personas entre 35 y 59 años de edad. Lo relevante es que cuando se analiza el gasto equivalente1 por persona la diferencia se reduce a solo un 5%. Por lo tanto, los gastos por adulto equivalente no varían demasiado entre adultos mayores y el grupo entre 35 y 59 años de edad. Ahora bien, aunque el gasto total puede ser similar, los productos en que gastan pueden ser distintos, y eventualmente más caros en el caso de los adultos mayores. Por esta razón es necesaria una metodología de cálculo del costo de vida para los adultos mayores. A continuación describimos esta metodología.
Metodología de cálculo del IPC para los adultos mayores
Dado que el objetivo principal es estimar un índice de precios que sirva para aproximar el aumento en el costo de vida de los adultos mayores, lo primero que debemos hacer es identificar los hogares cuyos miembros sean exclusivamente adultos de 60 o más años. Esta regla obedece principalmente a la necesidad de aislar la estructura de consumo de los adultos mayores.
Ocupando los datos de la EPF VII, se observa que los hogares cuyos miembros tienen 60 años o más suman 372.141. De estos, el 96,7% son hogares unipersonales o con dos personas. Ocupando estos hogares se procede a determinar el gasto en los productos (bienes y servicios) que ellos consumen. Así se obtiene la importancia en el gasto de cada una de las divisiones en las que se puede clasificar la canasta de consumo. Para la identificación de los productos y las divisiones que tienen estos hogares se usó el manual metodológico del IPC general base 2013, publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE 2013). El resultado es un índice de precios para el Adulto Mayor (IPC-AM). El procedimiento fue el siguiente:
A. Para la selección de la canasta del IPC-AM se aplicaron los mismos criterios utilizados en la estimación del IPC general que son:
a. A nivel “Grupo” la cota mínima de ponderación en el gasto total debe alcanzar:
i. 0,1% en la división 1 “Alimentos y bebidas no alcohólicas”
ii. 0,2% en las demás divisiones
b. Luego se evalúan los productos
i. Cota mínima de ponderación de los productos de 0,020% en el gasto total de los hogares.
ii. Presencia de gasto de los productos en cuatro de los cinco quintiles según ingreso per cápita
B. Además se debe considerar el ajuste con datos externos como se describe literalmente en el documento metodológico de la EPFVII, es decir:
Las ponderaciones del IPC base 2013=100 se basan en la VII EPF. Se excluyeron los gastos vinculados al trueque, la producción de autoconsumo, las inversiones y las transferencias que no constituyen gasto en consumo.
Las ponderaciones para productos como el Automóvil Usado, Seguros y Juegos de Azar se ajustan, ya que la VII EPF utiliza el criterio de gastos brutos. Se ajustaron con información de registros administrativos (Encuesta Estructural de Comercio 2011 (INE), Encuesta Registro Automóviles (Registro Civil e Identificaciones), Superintendencia de Valores y Seguros, estados de resultados empresas de la Industria de juegos de azar e información Superintendencia de Casinos de Juegos, respectivamente) para obtener un ponderador neto que es consistente con los fines del IPC. También se ajustó el gasto en Bebidas Alcohólicas y Tabaco con información de Cuentas Nacionales, porque estos gastos estaban sub-declarados en la EPF.
Con este procedimiento podemos calcular cuánto gastan estos hogares en educación, salud, transporte, etc. Estas últimas categorías se conocen como divisiones del IPC y justamente en la Figura 3 se muestran las diferencias en la importancia en el consumo de estas divisiones para hogares cuyos miembros son adultos mayores y el resto de la población. Como era de esperarse las grandes diferencias se encuentran en la preponderancia de las divisiones de Educación y Salud. La división de Educación representa, en promedio para el total de la población, un 8% de su presupuesto. Esta importancia está explicada por el gasto de los hogares en sala-cunas, kínder, enseñanza primaria y secundaria, y además los gastos en la universidad o institutos técnicos. Si bien nunca es tarde para estudiar, la relevancia que los adultos mayores le otorgan en su presupuesto representa menos del 1%, llegando a ser 0.4%. En contrapartida, si bien el gasto en educación se reduce con el paso de los años, la importancia en el cuidado de la salud incrementa por el desgaste natural del ciclo de vida. Los datos reflejan que se pasa de otorgarle un 6,4% del total de presupuesto en un hogar promedio en Chile a un 12,1% en el caso de los adultos mayores, es decir, en la vejez la ponderación se duplica.
Figura 3: Diferencias entre los ponderadores en la canasta de consumo de hogares de adultos mayores y el resto de la población

Fuente: elaboración propia.
A continuación queremos introducir otra dimensión en nuestro análisis: la pobreza en los adultos mayores. Queremos entender cómo cambian los patrones de consumo entre los adultos mayores si estos últimos están en una condición de vulnerabilidad económica. Para hacerlo ordenamos los hogares de adultos mayores por su ingreso y tomamos el 20% de ingresos más bajos o vulnerables. Con estos hogares, volvemos a calcular los patrones de consumo y obtenemos diferencias con los patrones de consumo del resto de la población como se observa en la Figura 4.
Figura 4: Diferencias entre los ponderadores en la canasta de consumo de hogares de adultos mayores vulnerables y el resto de la población

Fuente: elaboración propia.
La Figura 4 nos muestra que más allá de las diferencias mostradas en las divisiones de Educación y Salud, para el grupo de mayor vulnerabilidad en los hogares de adultos mayores, las divisiones de Alimentos y Bebidas no alcohólicas, y de Vivienda y Servicios básicos son las que tienen mayor diferencia, reflejando la importancia del consumo de estos bienes de primera necesidad para los adultos mayores vulnerables.
A diferencia del promedio de hogares que gasta un 19,1% de su presupuesto en alimentación, los adultos mayores vulnerables destinan un 35,1% de sus gasto a esta necesidad básica. Mientras que el gasto en Vivienda y servicios básicos pasa de 13,8% a 23,1% para los ancianos vulnerables.
De igual forma, se puede observar que hay una suerte de enclaustramiento en la tercera edad con bajos ingresos, dado que el gasto de Transporte llega a solo un 6%, bastante por debajo del 14,5% de los hogares en general. A esto se suma una reducción en el gasto de Educación que pasa de 8% a prácticamente 0% en los adultos mayores vulnerables.
La Tabla 2 muestra el gasto estimado para un hogar de adultos mayores vulnerables (bajos ingresos) en los principales 20 productos que ellos consumen. Como puede observarse, en mayo de 2015, el gasto total promedio era de $218.140. Los productos de mayor gasto eran electricidad ($16.811), carne de vacuno ($9.966), papa ($7.925) y pan ($3.020); productos de primera necesidad para el diario vivir. Esto ilustra la fragilidad del consumo de estos hogares, y que cualquier fluctuación de ingresos de estos hogares de adultos mayores vulnerables puede afectar el consumo de bienes de primera necesidad. El gasto promedio en mayo de 2014 fue de $196.793, mientras que en mayo de 2016 el gasto ascendió a $218.140, donde el aumento se explica principalmente por el alza del gasto en electricidad que en un año experimentó un incremento de un 32% y las frutas de estación en 22,7%. Esto fue contrarrestado por la caída del arriendo (0,9%), los servicios de conservación y reparación de la vivienda (6,2%) y las cecinas (7%).
Es importante notar que el ejercicio de la Tabla 2 ejercicio nos da cuenta de cómo debería repartirse el presupuesto de un Adulto Mayor Vulnerable si tuviera que mantener el consumo de todos los productos de la canasta del IPC-AMV. Sin embargo, la realidad nos muestra que se priorizan el consumo de los hogares de los Adultos Vulnerables y se sacrifican muchos otros productos como se mostró en la Figura 4 y 3
Tabla 2: Gasto estimado de los 20 productos con mayor ponderación para hogares de adultos vulnerables en función de la variación del IPC-AMV

Fuente: elaboración propia.
Hasta ahora la metodología nos permitió responder dos de las preguntas iniciales que habíamos planteado. En primer lugar, pudimos constatar la diferencia en el consumo de los hogares de adultos mayores con respecto al total de la población, gracias a la identificación de los hogares que están conformados exclusivamente por adultos mayores. En segundo lugar, encontramos que los adultos mayores vulnerables gastan parte importante de su ingreso en alimentación y servicios básicos.
A partir de los datos anteriores trataremos de responder la tercera pregunta relacionada con la medición del costo de vida para los adultos mayores, por medio de un indicador que refleje las presiones en los precios de los bienes y servicios más importantes para este grupo de la población. Estos son los indicadores de IPC-AM (IPC del adulto mayor) e IPC-AMV (IPC del adulto mayor vulnerable).
A continuación explicamos cómo calculamos el IPC-AM y el IPC-AMV. Dada las ponderaciones estimadas con la metodología presentada antes, y con los precios que mensualmente recolecta el INE, es posible construir la evolución de IPC-AM y el IPC-AMV desde su año base hasta el último dato disponible a junio2 de 2016.
Figura 5: Evolución del IPC, IPC-AM y el IPC-AMV y evolución de la inflación anual de cada serie

Fuente: elaboración propia.
Como se puede observar, la inflación acumulada desde principios de la muestra desde 2014 a la fecha ha estado en torno a 12,4% para el IPC-AMV y 11,0% el IPC-AM. Este último muestra movimientos similares al IPC publicado por el INE, pero el IPC-AMV tiene tasas de inflación mayores desde principios de 2015, lo que nos muestra que los costos de vida son efectivamente distintos. Desde ese punto de vista tanto el IPC-AM como el IPC-AMV pueden ser herramientas muy útiles para la medición del costo de vida de los adultos mayores en Chile. Las características de oportunidad en su publicación y alta frecuencia y fácil comprensión son algunas de las cualidades que hacen sencilla su implementación. Más importante aún, la mayor inflación en el IPC-AM e IPC-AMV versus el IPC indica que las pensiones posiblemente debieron haberse reajustado más que lo que efectivamente se hizo, si se hubiese ocupado una medida adecuada de costo de vida para los adultos mayores.
Conclusiones y comentarios finales
En el Chile de 1990, según datos de CASEN, la población de más de 60 años representaba el 10% del total, pero actualmente según los últimos datos disponibles este grupo bordea el 20% de la población total. En 2030 este porcentaje estaría en torno a un cuarto del total. Esto obviamente nos invita a estudiar con más detalle las necesidades de este grupo tan relevante. En este capítulo nos centramos en el estudio de los hábitos de consumo y de las presiones del aumento de precios que enfrenta este grupo de personas. Como se explica, es determinante conocer el costo de vida de este segmento de la población para poder mejorar las políticas públicas orientadas hacia el adulto mayor.
Existe una diferencia significativa entre el gasto total por hogar cuando se compara hogares con personas que se encuentran en plena actividad laboral con aquellos con personas en jubiladas (cerca de 30%). Sin embargo, cuando se analiza el gasto (equivalente) por persona la diferencia se reduce a solo un 5%.
Más allá del nivel de gasto por adulto, que puede no diferir considerablemente, lo que sí difiere es el tipo de consumo. Por ejemplo, la división de Educación representa en promedio para el total de la población un 8% de su presupuesto, motivado por el gasto que los hogares realizan desde la sala cuna hasta la educación universitaria. En tanto, en el presupuesto de los adultos mayores la educación representa menos del 1% (solo 0,4%).
Por otro lado, la importancia en el cuidado de la salud se incrementa por el desgaste natural del ciclo de vida. Los datos reflejan que se pasa de otorgarle un 6,4% del total de presupuesto a un 12,1% cuando se llega a la vejez.
También se encontró evidencia de la vulnerabilidad de algunos adultos mayores. En esos casos, sus bajos ingresos los obligan a sacrificar otros bienes y servicios por alimentación y servicios básicos.
Más allá de las diferencias mostradas en las divisiones de Educación y Salud, para el grupo de adultos mayores vulnerables, las divisiones de Alimentos y Bebidas no alcohólicas y Vivienda y Servicios básicos representan una mayor importancia en la vejez. El promedio de los hogares de nuestro país gasta un 19,1% de su presupuesto en alimentación, mientras que los adultos mayores vulnerables destinan un 35,1% de sus presupuesto. De forma similar, el gasto en Vivienda y servicios básicos pasa de 13,8% a un 23,1% en los ancianos vulnerables.
Finalmente, el ejercicio de estimación de los gastos en los 20 productos con mayor ponderación nos muestra cómo se ve afectado el poder de compra de los adultos mayores vulnerables ante variaciones de precios. Claramente los incrementos de precios en electricidad, pan y agua potable son los principales ítems que afectan el costo de vida de los más vulnerables.
Referencias
Centro Latinoamericano de Políticas sociales y Económicas (CLAPES UC), Informes mensuales del IPC-AM y el IPC-AMV. www.clapesuc.cl
Instituto Nacional de Estadística (2013), Manual Metodológico, Índice de Precios al Consumidor Base anual 2013. http://www.ine.cl/canales/chile_estadistico/estadisticas_precios/ipc/base_2013/antecedentes_metodologicos/manual_metodologico_IPC_base_2013.pdf
Instituto Nacional de Estadística (2013), Metodología, Séptima Encuesta de Presupuestos Familiares 2013. http://www.ine.cl/epf/
Valdés, Gonzales y Kutscher (2016), When does redistribution to the elderly increases inequality? Documento de trabajo Clapes UC.
1 Se optó por utilizar la escala de equivalencia uniparamétrica que emplea el Ministerio de Desarrollo Social igual a 0.7 para todos los miembros del hogar. El valor de este coeficiente puede variar entre 0 y 1. Si la elasticidad de equivalencia toma el valor 0, se supone que las economías de escala son absolutas, por lo que el indicador de bienestar utilizado es el gasto total. En cambio, cuando no existen economías de escala en el hogar, este coeficiente toma el valor 1, y el indicador de bienestar es el gasto per cápita.
2 Fecha de cierre de este capítulo.
CAPÍTULO 2
El rol del Estado y del reparto en la solidaridad entre generaciones
SALVADOR VALDÉS PRIETO
La solidaridad intergeneracional
Este trabajo analiza diversas instituciones sociales que ayudan a cubrir las necesidades de la tercera edad, partiendo por la familia y el esfuerzo personal de ahorro; y pasando luego al Estado y sus múltiples roles. Varias de estas instituciones contribuyen a materializar la solidaridad entre generaciones.
La solidaridad “intergeneracional” se refiere a los apoyos mutuos entre personas de generaciones diferentes. Este concepto tiene dos dimensiones que conviene distinguir: el apoyo dado a personas en aquellas fases de la vida donde se tiene mayor debilidad, y el apoyo dado a cohortes que en su vida completa fueron infortunados, en comparación con otras cohortes.
Solidaridad entre personas en distintas fases de la vida
La primera dimensión incluye el apoyo que los adultos dan a sus padres o familiares en la tercera edad (Fernández y Herrera, 2015, este volumen). La cultura de muchos países con costa en el mar Mediterráneo, de la cual es heredera la cultura latinoamericana y la chilena, prescribe que la tercera edad acceda a una red de apoyo integrada en su mayor parte por sus descendientes adultos, como hijos, yernos y sobrinos (Tsani et al., 2012). Esa red proveerá tiempo, apoyo psicológico y recursos económicos a la tercera edad.
En un ciclo de vida con tres fases –infancia, adultez y vejez– las personas primero reciben apoyo en su infancia; luego entregan apoyo a sus propios hijos infantes y, al mismo tiempo, a sus padres mayores; y por último reciben apoyo en la vejez. Según algunos autores, los padres “invierten” en criar hijos con el fin de que estos los ayuden en su vejez. Un atributo de esta perspectiva es que la unidad de análisis es una sola fase de la vida, tomada por separado, no la vida completa.
Esta dimensión de la solidaridad encuentra un sustituto parcial en los esfuerzos personales por cubrir los gastos en la tercera edad, por medio del ahorro y los seguros: para aliviar a nuestros hijos de la obligación futura de sostenernos cuando lleguemos a la tercera edad, podemos sacrificar parte de nuestro consumo durante nuestra adultez con el objetivo de acumular ahorros y seguros que cubran una parte sustancial de nuestras necesidades en la vejez.
Las instituciones y empresas que ofrecen medios de ahorro y seguros operan de modo impersonal; no parecen estar guiadas por la solidaridad entre generaciones. Sin embargo, los mercados de ahorro y seguros permiten a personas de otras generaciones contribuir a sostener a la tercera edad. Por ejemplo, cuando una persona de 75 años liquida parte de sus ahorros, con el fin de financiar su consumo de ese año, está apoyándose en la voluntad de otras personas, en la práctica más jóvenes, de adquirir ese activo. Esa presencia y voluntad de los jóvenes es esencial para que el ahorro personal sea efectivo. Por eso, detrás del intercambio voluntario en los mercados, en este caso un mercado de activos, existe una disposición a cooperar comerciando de buena fe y con honestidad. Así, las instituciones que sostienen el intercambio voluntario son necesarias para que este modo indirecto de solidaridad entre generaciones se materialice con éxito.
Sin embargo, esa sustitución es parcial, y por varias razones. Primero, porque muchos apoyos en tiempo y atención no pueden ser adquiridos en un mercado impersonal, menos aún en la calidad requerida. Segundo, por la capacidad limitada de muchos de nosotros para idear, identificar e implementar un plan óptimo de ahorro personal para la vejez. La revisión bibliográfica de Valdés (2002, Cap. 3) muestra que la “imprevisión” es un fenómeno psicológico masivo: una proporción significativa de personas adultas sufre dificultades para incorporar su futura vejez a sus planes, en parte porque pensar en esa fase de la vida no es placentero para los jóvenes. Tercero, porque hay muchos casos en que el apoyo familiar falla.
Solidaridad de vida completa en personas no contemporáneas
La segunda dimensión de la solidaridad intergeneracional se refiere a apoyos mutuos entre personas que nunca se conocieron, y que incluso nunca fueron contemporáneas. Aunque no se conozcan, estas cohortes pueden sentirse parte de una comunidad más amplia, de duración indefinida en el tiempo. Se trata, por ejemplo de una familia o clan, o del gremio integrado por quienes trabajan en cierta rama de la actividad económica, agrupados por medio de los empleadores o de los sindicatos. A nivel más agregado, pueden sentirse parte de una misma nación, definida por compartir elementos como cultura, idioma, religión y la ocupación de un cierto territorio. Aquí la unidad de análisis es la vida completa, y el bienestar en la vida completa suman los bienestares parciales alcanzados en las tres fases del ciclo de vida (infancia, adultez y vejez)3.
Desde esta perspectiva, se pregunta si una cohorte es desafortunada en comparación a cohortes anteriores y posteriores. En esta dimensión, la solidaridad con una cohorte desafortunada se manifestaría en ayudas de parte de otras cohortes menos desafortunadas. No es necesario que todas las generaciones que participan en la ayuda sean contiguas en el tiempo ni contemporáneas. Por ejemplo, para ayudar a una cohorte de la familia que resultó especialmente desafortunada, la familia puede acordar vender parte de algún activo común heredado desde antiguo (tierra, derechos de pesca), sabiendo que ello implica reducir su consumo desde ahí en adelante, y que ese sacrificio incluirá a las generaciones no nacidas de la familia. Estas últimas generaciones nunca conocieron a la generación beneficiada, pero su menor consumo también es producto de la venta del activo familiar, que ayudó a la generación desafortunada.
Roles del Estado en la solidaridad intergeneracional
En los ejemplos dados hasta aquí, la institución clave es la familia. A esto se suma el esfuerzo personal apoyado por intercambios voluntarios realizados en mercados de ahorro y de seguros, otras instituciones. ¿Qué rol queda al Estado en la solidaridad intergeneracional?
Respecto a la solidaridad entre fases de la vida, la respuesta depende de la cultura imperante. La Encuesta Nacional de Calidad de Vida en la Vejez UC-Caja Los Andes 2013 da una respuesta parcial: muestra que la mayoría de los chilenos estima que la familia tiene el deber principal, por sobre el gobierno, de ayudar a los mayores que lo necesitan en las tareas de la casa así como en las tareas de cuidado (Fernández y Herrera 2015, este volumen). Así, existen ámbitos de la solidaridad intergeneracional donde el Estado no tiene un rol preponderante.




