Una historia sepultada

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Notas del Estudio introductorio
1 Véase Joaquín Barriendos, “Marca País/México. Único, diverso y más allá de la hospitalidad”, en
2 Cuando uso el término “derecha” no sólo me estoy refiriendo a los ultraclericales y los panistas, sino también a priístas y aún perredistas, petistas, verdeecologistas, morenistas, etcétera.
3 Recuérdese la expresión de Karl Marx, en el análisis del modo de producción capitalista, “Todo lo estamental y estancado se esfuma; todo lo sagrado es profanado”, y que Marschall Berman expresó como “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Karl Marx y Federico Engels, “Manifiesto del Partido Comunista”, en: Obras escogidas, Editorial progreso, Moscú, 1973. Vol. I, p.114; Marschall Berman, Todo lo solido se desvanece en el aire, México, Siglo XXI, 1982.
4 El regreso del PRI no significó algún cambio respecto a la conducta panista en relación a los símbolos nacionales, ya insertos en la vorágine del mercado.
5 Piénsese por ejemplo en el libro de Valentina Alazraki, México, siempre fiel, México, Editorial Planeta, 2013.
6 Véase por ejemplo en nuestro siglo XX el movimiento llamado cristero en: Jean Meyer La Cristiada, la guerra de los Cristeros, México, Siglo XXI, 1994,14ª edición, ver entre otras p. XIII.
7 Desde el siglo XIX la designación de la conformación político-social o cristalización conceptual de la naciente República, aún y con sus variantes, nadie dudó que el país, territorio y habitantes fuesen México, inclusive el EZLN al que se le acusó desde el principio de separatista, etc., no acarició en ningún momento la idea de renunciar a querer vivir en México, ser mexicanos a más de ser zoques, mames, choles, tzotziles, tojolabales, tzeltales, etc., y en tal sentido seguir viviendo y luchando para dignificar a México y los mexicanos.
8 En el Congreso Constituyente de Apatzingán, el sustantivo México, que hasta entonces se empleaba en los círculos oficiales, aún en los independentistas, para señalar a la principal ciudad de la Nueva España, se comenzará a utilizar para adjetivar a la “América” que se referirá como “Mexicana”, según se puede leer en su “Decreto Constitucional” sancionado el 22 de octubre de 1814. Cfr., Las Constituciones de Mexico, edición facsimilar, México, D.F. Secretaría de Gobernación, 1957.
9 Véase el libro de Ignacio Guzmán Betancourt (comp.), Los nombres de México, México, Miguel Ángel Porrúa, 1998, 525 pp., en especial los artículos de José Woldenberg e Ignacio Burgoa Orihuela p. 468 y 476 respectivamente.
10 Existen organizaciones sociales y políticas que no operan dentro del marco gubernamental, que han expresado sus puntos de vista sobre lo que ha sido y debería seguir siendo México y los mexicanos. Son muchas y no por ello menos valederos en su accionar y legitimidad, por lo que es imposible mencionar a todos y menos aún sólo a algunos por lo injusto que ello sería; sin embargo, y para que se pueda entender lo que estoy pensando cuando escribo esto, menciono al EZLN, como el más visible, y que en cierta medida ayuda a ejemplificar mi pensamiento de movimientos ajenos a los gobiernos y a los partidos políticos para construir un proyecto político distinto al existente.
11Cfr., Ignacio Guzmán Betancourt, op. cit., nota 21.
12 Según el punto de vista de Guzmán Betancourt debería designarse como “Anáhuac”, op. cit., pp. 26-28.
13 Ibidem, pp. 51-52.
14 Ibidem, pp. 91-93; 167-169.
15 Anales de Tlatelolco, paleografía y traducción de Rafael Tena, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2004.
16 Véase Mitos e historias de los antiguos nahuas, paleografía y traducciones de Rafael Tena, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes 2002, (Cien de México). Contiene entre otros escritos los denominados: “Historia de los mexicanos por sus pinturas”; “Histoire du Mechique” y “Leyenda de los soles”.
17 Chimalpain Cuauhtlehuanitzin, Memorial breve acerca de la fundación de la ciudad de Culhuacan, edición de Víctor M. Castillo F., México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1991; Chimalpain Cuauhtlehuanitzin, Primera, segunda, cuarta, quinta y sexta relaciones de las diferentes historias originales, edición de Josefina García Quintana, Silvia Limón, Miguel Pastrana y Víctor M. Castillo F. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2003.
18 Véase Felipe I. Echenique March, Fuentes para el estudio de los pueblos de naturales de la Nueva España, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1992, sobre todo la sección 5 y 6 “pictogramas o códices coloniales”, pp. 49-149.
19 Fernando Alvarado Tezozómoc, Crónica mexicáyotl, traducción de Adrián León, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1998, 3a ed.
20 Francesco Saverio Clavigero, Storia Antica del Messico, cavta da´migloria storica spagnuoli, e da´manoscritti, e dalle pintture antiche degl´indiani: Divisa in dieci libri, e corredata di carte geografiche e di varie fifure: e dissertazioni. Sulla terr, fugli Animali, e fugli abitatori del Meffico. Opera della Abate D. Francesco Saverio Clavigero, Tomo I y II in Cesena MDCCLXXX, Per Gregorio Biasi ni all´Insegna di Pallade, con licenza de Superiori; Pedro José Márquez, Due Antichi Monumenti di Architettura Messicana (1804), y la traducción del trabajo de León y Gama sobre las dos piedras; Rafael Landívar, Rusticatio Mexicana, Bolonia 1782; José Luis Maneiro, De vitis aliquot mexicanorum aliorumque qui sive virtute, sive litteris mexici inprimis floruerunt, Bolonia, 1791 y 1792, 3 vols.
21 Este es el título tal como está escrito en el manuscrito ológrafo de Veytia. Los biógrafos de don Mariano cuentan que no acababa de morir cuando los oficiales reales ya estaban recogiendo el manuscrito para enviárselo al Cronista Mayor de Indias, Juan Bautista Muñoz, que residía en Madrid, España, y por lo cual hoy en día se localiza en la Real Academia de la Historia como parte de la Colección de Documentos de dicho cronista. Cfr., Real Academia de la Historia, Catálogo de la Colección de Don Juan Bautista Muñoz, Madrid, 1954, pp. LII y 11-28. Por otra parte, la primera edición se llevó a cabo en México, gracias a los esfuerzos de C. F. Ortega que lo mandó imprimir en el taller de Juan Ojeda, en la calle de las Escalerillas, número 2, en el año de 1836, bajo el título que hoy todos conocemos: Historia antigua de México. Muy posiblemente Ortega se valió de una copia que se conserva en la Biblioteca Nacional del Museo de Antropología e Historia y la cual carece de la portada y la introducción que elaboró el mismo don Mariano para su Historia. Así bajo esa ausencia y quizás influido por la publicación de la Historia de Clavijero por Ackermann, 1826, Ortega le haya dado aquel título y que no se ha corregido, aun y cuando ya se conocen gracias a la edición de las Antigüedades mexicanas, de Lord Kingsborough, en el vol. IX tanto el título como la introducción. Antigüedades mexicanas, ed. de Lord Kingsborough, México, Secretaría de Hacienda y Crédito Público, 1964. Estoy preparando una edición crítica de la misma, de la que tengo fundadas expectativas que ya no tarde mucho su publicación.
22 He buscado el por qué llamar a Cortés, Hernán en lugar de Fernando, que fue como se le mencionó en las portadas publicadas de sus Cartas de Relación: 1522, 1523, 1524, 1525. O Hernando, como al parecer lo llamaban sus compañeros o inclusive parientes; aunque él mismo firmaba como Fernando. El primer impresor de sus Cartas, Jacobo Cromberger, en un caso abrevia Fernando por Fernãdo, quedando claro que la tilde en la ã da cuanta de “an”, como se puede comprobar con otras impresiones. Dichos nombres incluso son los que le reconocieron el emperador don Carlos y doña Juana su madre, reyes de Castilla y Aragón. En vista de ello y no teniendo otra razón que me haga variar mi punto de vista en este trabajo me referiré a Cortés con el nombre de pila de Fernando y no de Hernán, pues en la inmensa mayoría de los documentos oficiales así se le llama. Estoy convencido que la deconstrucción del discurso prevaleciente “oficial”, pasa necesariamente por signar las cosas y las personas con los nombres bajo los que se les conoció o por medio de los cuales actuaron, eso es una parte de la recuperación de esa historicidad que estamos buscando dilucidar y no quedarnos como José Luis Martínez con el decir que de Hernán es la apócope familiar con que lo llama la posteridad, sin aclarar el porqué de ello. Véase, José Luis Martínez, Hernán Cortés, México, Fondo de Cultura Económica, 1993, p. 107.
23 Proponiéndome entre los objetivos de este trabajo, el esclarecimiento de la historicidad de los nombres, seguiré fielmente las maneras y modos en que se consignaron los mismos en los primeros escritos públicos. Así, por ejemplo, en las versiones impresas de 1522 de lo que conocemos como Segunda Carta de Relación de Fernando Cortés apareció escrito dicho sustantivo como Meſico, ya después sería otra historia como podrá verse en apartados subsecuentes.
24 Como ya advertí en la presentación inicial de este trabajo no acentuaré el sustantivo Mexico cuando esté refiriendo la manera escritural que siguió Fernando Cortés o la documentación del tiempo; aunque en algunos casos cuando estoy citando documentos editados por terceros y donde ellos lo acentúan se respetará por la obvia circunstancia de estarlos siguiendo. Así también cuando me estoy refiriendo a la actualidad.
25 Este será el sustantivo que mayoritariamente utilizará Cortés, como se verá a lo largo de este trabajo.
26 Hernán Cortés, Cartas de Relación, nota preliminar de Manuel Alcalá, México, editorial Porrúa, 1973, (Sepan cuantos…, 7), p. 62/1. En adelante se citará p. número / columna número, dependiendo la página y columna en que se localice la referencia que se esté haciendo.
27 Betancourt, op. cit., refiere, por ejemplo “Cortés parece no entender” (p. 43); “Seguramente debido a esta confusión” (p. 45); “Ya vimos algunos ejemplos de la confusión” (p. 46). Sosteniendo un visión semejante a la anterior pero puntualizando la localización de los pueblos en esa provincia geográfica, consúltese entre otros trabajos el de Sonia Lombardo de Ruiz, Desarrollo urbano de México-Tenochtitlan, según las fuentes históricas, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1973; y los también ya clásicos Charles Gibson, Los Aztecas bajo el dominio español, traducción de Julieta Campos, México, Siglo XXI, 1967, y el novedoso de Pedro Carrasco, Estructura político-territorial del imperio Tenochca, la triple alianza de Tenochtitlan, Tezcoco y Tlacopan, México, El Colegio de México y Fondo de Cultura Económica, 1996.
28 Cfr., Gutierre Tibón, Historia del nombre y de la fundación de México, México, Fondo de Cultura Económica, 1975, exuberante hasta la saciedad, lo que no le quita riqueza de información, aunque no por ello claridad en la exposición o, por mejor decir, lógica en la secuencia de lo narrado y no por falta de mérito del estudioso, sino por lo que expresan los textos de que se vale para intentar mostrar su teoría.
29 La bibliografía al respecto es abundante y de manera resumida y breve pueden consultarse, además de los libros de Betancourt y Gutierre Tibón, que contienen muchos de esos materiales, la compilación que realizaran Bárbara Dahlgren, Emma Pérez Rocha, Lourdes Suarez Díez, Perla Valle de Revueltas, que titularon Corazón de Copil, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1982; o también el libro de Luis Barjau, Pasos perseguidos. Ensayos de antropología e historia de México, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia-Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Miguel Ángel Porrúa, 2002.
30 Recuérdese lo señalado en varios escritos del siglo XVI, que recuperó León Portilla bajo las siguientes palabras: “Vencida la gente de Xochimilco, Cuitláhuac y Chalco, antes de iniciar nuevas conquistas, Tlacaélel decidido a consolidar por medio de una reforma ideológica el poderío azteca. Ante todo, le pareció necesario forjar lo que hoy llamaríamos una ‘conciencia histórica’, y de la que pudieran estar orgullosos los aztecas. Para esto reunió Tlacaélel a los señores mexicas. De común acuerdo se determinó entonces quemar los antiguos códices y libros de pinturas de los pueblos vencidos y aún los propios de los mexicas, porque en ellos la figura del pueblo azteca carecía de importancia. Implícitamente se estaba concibiendo la historia como un instrumento de dominación”. Miguel León Portilla, Los antiguos mexicanos, a través de sus crónicas y cantares, con dibujos de Alberto Beltrán, México, Fondo de Cultura Económica, 1961, p. 90.
31 Quizás un cuento corto que últimamente se ha difundido mucho en la red del internet, que unos le atribuye a Gabriel García Márquez y otros Cristian Urzúa Pérez me ayude a ilustrar el asunto de la inexistencia del rompecabezas para el mundo prehispánico: “Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas. Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención. De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba. Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: “como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie”. Entonces calculó que al pequeño le llevaría diez días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente. “Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo”. Al principio el padre no creyó en el niño. Pensó que sería imposible que a su edad hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz? De esta manera, el padre preguntó con asombro a su hijo: -Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste? -Papá, respondió el niño; yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di la vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo”. Gabriel García Márquez, Cuentos Cortos, distintas páginas en Internet así lo registran, igual que Cristian Urzúa Pérez, Historias para crecer como padres, San Pablo, Chile, 2010.
32 En la Tercera Carta de Relación, impresa en 1523, y después de ella ya se escribió Mexico como veremos más adelante.
33 Al no contar con las Cartas autógrafas de Cortés, mucho de lo que digamos sobre las maneras y modos de escribir algunos sustantivos de objetos o personas estará en el plano de lo hipotético. Por ejemplo, por las primeras impresiones de las Cartas de Relación podemos suponer que Cortés escribió Temixtitan y que mantuvo esa escritura hasta 1535. Así que podemos decir que fueron otros los que introdujeron diferencias y variantes en la manera de escribir el nombre de la ciudad, como veremos en su oportunidad. Para seguir con el respeto a como se llamaban o designaban a las cosas o a las personas en los textos primigenios usaré el sustantivo Temixtitan en lugar de Tenochtitlan, que en aquellos tiempos nunca se empleó, confiando en que se entenderá a la ciudad a que me estoy refiriendo para dejar viva la expresión cortesiana, que como veremos lo trascendió en todos los ámbitos de la vida colonial en por lo menos los primeros treinta años.
34 Guzmán Betancourt, lee así el párrafo en comento, hecho que lo distingue de muchos estudiosos anteriores que eludían cualquier tipo de explicación, que inclusive omitían esas primas líneas, que de una u otra manera causan algún estupor, por decirlo de alguna manera. Por ejemplo, hay que ver como en el libro del Corazón de Copil ya referido se omitieron esos primeros renglones. Cfr., p. 67. Bueno y con todo que Betancourt le reconoce a Cortés al referir el término México para designar a la provincia que envolvía a la ciudad de Temixtitan, no se detiene en lo que está diciendo, sino que de inmediato descalifica la oración como parte de la incomprensión de Cortés frente a lo que dice tener ante sus ojos. Cfr., p. 50. Mucho valdría la pena un estudio detenido de todos los sustantivos que refirió Cortés en sus Cartas y los que prevalecieron y los que no, donde Temixtitan sea de esos últimos, pues no pasaron a la posteridad, como veremos más adelante.
35 Por ejemplo, Edmundo O´Gorman, en colaboración con el cronista de la ciudad Salvador Novo, en su Guía de las Actas del Cabildo de la Ciudad de México, siglo XVI, México, Fondo de Cultura Económica, Departamento del Distrito Federal, 1970, omitieron toda mención a Temixtitan que es el que se consigna en las mismas Actas del Cabildo. Ellos comienzan así su guía “1/ Acta// del 8 de marzo de 1524// I Donación de solares a Cristóbal Fernández, Antón de Arriaga, Antonio Mar- molejo, //… // 2 Acta// del 15 de septiembre de 1524//…” Mientras que, en las Actas de Cabildo, impresas en 1877 se puede leer: “En la gran ciudad de Temixtitan lunes 8 de mar// zo de mill é quinientos y veynte y quatro años estando // ayuntados en su Ayuntamiento en las casas del mag// nífico Señor Hernando Cortes Governador y Capitán // gral. de esta nueva España do se hace el dicho Ayun-// tamiento estando presentes los Señores Francisco de // las Casas Alcalde mayor é el Bachiller Ortega (1,,) // Alcalde ordinario y Bernardino de Tapia y Gonzalo // de Ocampo y Rodrigo de Paz y Juan de Ynojosa y // Alonso Xaramillo Rexidores de ella viendo y platican // do las cosas del Ayuntamiento é conplideras al bien pú // blico y parecieron las personas de yuso y dieron sus peticiones para pedir solares a los cuales respondie //ron los siguiente ante mi Francisco de Orduño…”. Actas de Cabildo, traducido por Ignacio [López] Rayón del Primer Libro de Actas de Cabildo de la Ciudad de México [sic], publicadas por acuerdo de fecha 27 de diciembre de 1870, 2ª edición para el periódico El Municipio Libre y dedicado a la ciudad, Oficina tipográfica del socialista, San Camilo número 42, 1877.
36 Continuando con mi posición deconstructiva de los discursos historiográficos señalo que Fernando Cortés, en todos los documentos que consulté para este trabajo, nunca se refiere a su rey y señor bajo el nombre de Carlos V, o incluso que don Carlos se haya reconocido como el Quinto de ese nombre. La Historia se encargaría de así referirlo, quizás para ahorrar y economizar explicaciones que tienen que ver con que el mismo don Carlos no se reconcilió como rey de España, sino hasta muy tarde, cuando ya estaba muy cerca de dejar el trono. España misma, en esos primeros cincuenta años del siglo XVI estaba surgiendo como entidad geopolítica “moderna”. Siendo lo anterior una realidad en este trabajo cuando me refiera a los reyes y señores de Cortés, lo haré bajo la designación más común en ese tiempo “Don Carlos y doña Juana su madre, reyes de Castilla y Aragón…” es largo, pero las economías no son tan buenas, pues simplifican y luego ya no se entiende nada. Y como con la anterior designación no se hace justicia plena a la Historia, pues no sólo lo era de Castilla y Aragón, en el soporte documental de este trabajo, se consignan distintas cédulas donde se dejaron los extensos títulos que poseían y que muestran la complejidad de aquellas historias.
37 Antonio de Mendoza, Ordenanzas y compilación de leyes, Madrid, Cultura Hispánica, 1945 (Incunables Americanos).
38 Vasco de Puga (comp.), Cedulario de la Nueva España, facsimilar del impreso original en México en 1563, México, Condumex, 1985.
39 Alonso de Zorita (comp.), Leyes y ordenanzas reales de las Indias del mar océano por las cuales primeramente se han de librar todos los pleitos civiles y criminales de aquellas partes y lo que por ellas no estuviere determinado se ha de librar por las leyes y ordenanzas de los reinos de Castilla, versión paleográfica y estudio crítico Ma. Elena Bribiesca Sumano y Beatriz Bernal, México, Miguel Ángel Porrúa, 1985.
40 Diego de Encinas (comp.), Cedulario indiano, facsimilar de la edición única de 1596, estudio e índices por Alfonso García Gallo, Madrid, Cultura Hispánica, 1945. 4 vols.
41 Cedulario de la metrópoli mexicana, presentación de Baltazar Dromundo; selección y notas de Guadalupe Pérez San Vicente, México, Departamento del Distrito Federal, 1960.
42 Beatriz Arteaga Garza y Guadalupe Pérez San Vicente (comps.), Cedulario cortesiano, México, Editorial Jus, 1949, y también: Un Cedulario mexicano del siglo XVI, edición facsimilar, versión paleográfica, prólogo y notas de Francisco González de Cosío, México, Ediciones del Frente de Afirmación Hispanista, 1973; Alberto María Carreño, Cedulario de los siglos XVI y XVII, el obispo don Juan de Palafox y Mendoza y el conflicto con la Compañía de Jesús, México, Ediciones Victoria, 1947; Un desconocido Cedulario del siglo XVI perteneciente a la Catedral Metropolitana de México, prólogo y notas de Alberto María Carreño; introducción por José Castillo y Piña, México, Victoria, 1944; Ignacio del Villar Villamil, Cedulario heráldico de conquistadores de Nueva España, México, Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, 1933; Vasco de Puga, Provisiones, Cédulas, instrucciones de Su Magestad, ordenanzas de difuntos y audiencia para la buena expedición de los negocios y administración de justicia y gobernación de esta Nueva España, y para el buen tratamiento y conservación de los indios desde el año de 1525 hasta este presente de 63, México, Pedro Ocharte, José María Sandoval 1563, 2 vols., otra edición con advertencia de Joaquín García Icazbalceta, México, El Sistema Postal, 1878-1879, 2 v., y otra más de Condumex, 1985 1 vol.; Compendio del Cedulario nuebo de la mui Noble, Ynsigne, y mui Leal e Ymperial Ciudad de Mexico [manuscrito] Hizolo el Lic[encia]do D[o]n Fran[cis]co del Barrio Lorenzot Abogado de la R[ea]l Aud[ienci]a y Contador de la misma, 1522-1775, 140 f. núm. encuadernadas (4 f. en blanco), manuscrito en la Biblioteca Nacional de México.
43 Francisco del Paso y Troncoso (comp.), Epistolario de Nueva España, 1505-1818, México, Antigua Librería Robredo de José Porrúa e Hijos, 1939, “Advertencia” firmada por Silvio Zavala, 16 tomos.
44 Colección de documentos inéditos para la Historia de España, (esta colección se refiere entre los especialistas CDIHE), a la que le siguieron otras con referencias como: Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y colonización de las posesiones españolas en América y Oceanía, sacados en su mayor parte del Archivo de Indias, (DII); Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas en Ultra Mar (DIU); Documentos inéditos para la historia de España (DIFA), véase segunda parte de Fuentes para el estudio de los pueblos de naturales de la Nueva España, Felipe I. Echenique March, op. cit.
45 A. Millares Carlo y J. I. Mantecón, en los Índices y extractos de los protocolos del archivo de notarías de México, 1524-1528, México, El Colegio de México, 1945.
46 Aunque en la primera publicación del Libro de Actas de Cabildo de la Ciudad se puso “de México”, este sustantivo no aparece en el primer Libro autógrafo, ni aún en el segundo, tercero y cuarto, en donde el que se estableció fue el de Temistitan o Temixtitan, como se puede ver en el apartado correspondiente.




