Cuando el fútbol no era el rey

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4. EL DISCRETO SILENCIO Y LA CONVERSIÓN A LAS SOCIEDADES DE TIRO
No obstante, este auge daría paso a un largo y discreto silencio. El Casino de Cazadores seguiría organizando actividades para sus miembros, pero perdería la presencia pública que disfrutaba en los certámenes de tiro de la Feria de Julio. Como entidad social, su carácter de representación colectiva daría paso una proyección más privada. En estos años, también es posible que muchos miembros optaran por una forma de sociabilización más reservada y circunscrita a un núcleo de personas más cercanas. Un buen ejemplo del nuevo tipo de sociedades informales de cazadores que se darían a finales del siglo XIX se encuentra en las memorias de Teodoro Llorente, que relata las partidas de caza que organizaban él y su grupo de «amigotes», y cuya sede social era el domicilio de Salvador Oliag. No había más reglamento escrito que sus propias costumbres y ninguna otra finalidad que no fuera pasar un buen rato divirtiéndose con la caza y la comida.52
Pero, una vez iniciado el siglo XX, los periódicos expresarían los lamentos que producía la falta de una entidad que organizase tiradas públicas. En relación con un campeonato nacional, escribían:
Nosotros atribuimos la ausencia de aficionados valencianos á la falta de costumbre de tirar á caja; y sobre todo de tirar en público, para lo cual nada mejor que organizar aquí certámenes regionales en los que (...) vayan nuestros cazadores ejercitándose y al propio tiempo perdiendo el miedo, causa única de su retraimiento.53
Después de años de silencio, se preparó de nuevo un certamen de tiro para la Feria de Julio de 1906, y al año siguiente, bajo la dirección del Ateneo Mercantil, se repitió el evento, que logró reunir a 32 tiradores. Hubo dos modalidades: tiro a pichón y tiro a carambolas de pichón. Los premios ya eran exclusivamente en metálico y las cantidades considerablemente generosas. Para el primer ejercicio, había 500 pesetas para el 1.er clasificado, y 250 ptas para el 2.º clasificado. En el segundo ejercicio, el 1.er premio, de 750 pesetas, además de un servicio de té de plata regalado por la infanta Isabel (quien presenció durante media hora el torneo), recayó en Enrique Albors, inspector de policía y un asiduo participante de los torneos celebrados desde hacía 20 años; mientras que el 2.º premio, una escopeta más la cantidad de 250 pesetas, fue para Francisco Devís, un industrial domiciliado en Masamagrell.54
Sin embargo, el Ateneo no suplía el déficit de sociedades de caza y la mayoría de encuentros seguía celebrándose en el ámbito privado. Por ejemplo, en la granja de José Moróder de Moncada, donde tenía instalada su vaquería:
En el campo de tiro que la Sociedad «Los XII» tiene establecido en la magnífica granja de D. José Moróder, se celebró ayer una tirada de palomos. (...) Los expedicionarios regresaron á Valencia altamente satisfechos, haciendo votos porque cuanto antes sea un hecho la nueva sociedad de Tiro que ha de establecerse en la playa.55
La referida sociedad ya se había fundado en abril de 1908 y se llamaba Sociedad de Tiro al Pichón, cuyo presidente era J. Dupuy de Lome, y, tal como se esperaba, construiría una sede social y unas instalaciones de tiro en la playa.56 Éstas se inaugurarían en 1909, aprovechando la visita de Alfonso XIII durante la Exposición Regional, y la sociedad cambiaría de nombre para llamarse Real Sociedad de Tiro. Su composición y funcionamiento es ya una cuestión que queda fuera del presente trabajo.
Para concluir, se debe destacar que el Casino de Cazadores había nacido siete años antes de la Ley de Asociaciones para ofrecer un nuevo marco de sociabilidad promovido por los líderes restauracionistas. Su primera directiva estuvo formada por un grupo de hombres que iniciarían a los pocos años dispares carreras políticas en la Diputación Provincial y el Ayuntamiento, representado tanto a los conservadores como a los liberales y agrupando tras de sí a 400 socios de distinto perfil profesional. Esta entidad canalizaba una arraigada afición al tiro y se configuraba como un interlocutor con el Gobierno Civil para el cumplimiento de las leyes sobre caza y pesca y la concesión de licencias. Su declive a raíz de 1890 es difícil de explicar; pero es probable que perdiese parte de su utilidad como un centro de poder informal en paralelo a la propia administración pública y los incentivos para gestionar colectivamente esta afición disminuyeran, por lo que los participantes se retraerían a una práctica más individual o en grupos pequeños.
1. A. Laborde: Itinerario descriptivo de España y de sus islas y posesiones en el Mediterráneo, Valencia, 1826, p. 90 (ed. facsímil París-Valencia, 1998).
2. I. Frasquet: Valencia en la revolución (1834-1843). Sociabilidad, cultura y ocio, Universitat de València, Valencia, 2002, p. 112.
3. J. M. Settier: Guía del viajero en Valencia, Imp. Salvador Martínez, Valencia, 1866, pp. 308-310. Para los profesores J. Serna y A. Pons, se trataba de lugares frecuentados por personas modestas: J. Serna y A. Pons: La ciudad extensa. La burguesía comercial financiera en la Valencia de mediados del siglo XIX, Diputació de València, Valencia, 1992, p. 239.
4. El Almanaque de «Las Provincias» de 1880, Imp. Doménech, Valencia, p. 134. En la transcripción de textos, se respeta la ortografía original.
5. El Almanaque de «Las Provincias» de 1880, Imp. Doménech, Valencia, pp. 134-135.
6. El Almanaque de «Las Provincias» de 1882, Imp. Doménech, Valencia, p. 223.
7. Ibíd., p. 224.
8. Ibíd., p. 330.
9. El Almanaque de «Las Provincias» de 1914, Imp. Doménech, Valencia, p. 307. T. Llorente Falcó: Memorias de un setentón, vol. II, Federico Doménech, Valencia, 2001, pp. 125-126.
10. R. Reig: Obrers i ciutadans. Blasquisme i moviment obrer, Institució Alfons el Magnànim, Valencia, 1982, pp. 97-126.
11. C. Llombart: Valencia antigua y moderna. Guía de forasteros. La más detallada y completa que se conoce, Pascual Aguilar, 1887, p. 823.
12. El Almanaque de «Las Provincias» de 1904, Imp. Doménech, Valencia, p. 357.
13. AUV, Ex. A. 169/50.
14. F. Doménech: Indicador General de Valencia, Valencia, 1888.
15. J. L. Almunia: Guía Valenciana de Títulos y Honores, Valencia, 1921.
16. El Almanaque de «Las Provincias» de 1907, Imp. Doménech, Valencia, pp. 386-387.
17. La Caza. Periódico oficial del Casino de Cazadores de Valencia 5, Valencia, 1880, p. 20.
18. C. Llombart: Valencia antigua y moderna. Guía de forasteros..., pp. 764-765.
19. F. Almela y Vives: Valencia a comienzos del Siglo XX, Semana Gráfi ca, Valencia, 1964, p. 49.
20. Reproducida en Las Provincias, 23 de enero de 1886.
21. F. Doménech: Indicador General de Valencia, Valencia, 1888.
22. Las Provincias, 23 de enero de 1886.
23. El Mercantil Valenciano, 22 de enero de 1886.
24. Las Provincias, 26 de enero de 1886.
25. El Mercantil Valenciano, 26 de enero de 1886.
26. Ibíd.
27. Las Provincias, 26 de enero de 1886.
28. Ibíd., 28 de enero de 1886.
29. El Mercantil Valenciano, 28 de enero de 1886.
30. El Llauraoret se llamaba Bartolomé Llosá, según F. Almela y Vives: Valencia a comienzos..., p. 48.
31. El Mercantil Valenciano, 4 de febrero de 1886.
32. El Almanaque de «Las Provincias» de 1887, Imp. Doménech, Valencia, p. 314.
33. Las Provincias, 19 de febrero de 1886.
34. C. Llombart: Valencia antigua y moderna. Guía de forasteros..., p. 829.
35. AUV, Ex. A. 1312/0010.
36. AUV, Ex. A. 153/28.
37. R. Reig: Blasquistas y Clericales, Institució Alfons el Magnànim, Valencia, 1986, p. 234.
38. AUV, Ex. A. 167/75.
39. F. Doménech: Indicador General de Valencia, Valencia, 1888.
40. J. Paniagua y J. A. Piqueras: Diccionario biográfico de políticos valencianos, Valencia, Institució Alfons el Magnànim, 2006, p. 577.
41. F. Doménech: Indicador General de Valencia, Valencia, 1888.
42. J. E. Alonso: Història de la Sabor, La Xara, Simat de la Valldinga, 1998, pp. 195-205.
43. Las Provincias, 25 de julio de 1888.
44. C. Llombart: Valencia antigua y moderna. Guía de forasteros..., p. 818.
45. AUV, Ex. A. 119-159.
46. AUV, Ex. A. 1213/0003.
47. Las Provincias, 28 de julio de 1888.
48. Ibíd., 24 de julio de 1888.
49. AUV, Ex. A. 5/0056.
50. C. Llombart: Valencia antigua y moderna. Guía de forasteros..., pp. 811-832.
51. F. Almela y Vives: Valencia a comienzos..., p. 49.
52. T. Llorente Falcó: Memorias de un..., pp. 443-444.
53. Las Provincias, 26 de mayo de 1907.
54. Las Provincias, 31 de julio y 1 de agosto de 1907. El Pueblo, 31 de julio y 1 de agosto de 1907.
55. Las Provincias, 27 de junio de 1908.
56. ADGV, Libros de Registro de Entrada de Asociaciones, Libro I, n.º 2.306.
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