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Ahora bien, no solo las deudas educativas apremian a los profesionales encuestados; también se superponen deudas de consumo, lo que aumenta considerablemente su carga financiera. En el gráfico 1(a) es posible observar el peso de las deudas bancarias y de casas comerciales (retail), estando presentes en más del 50% de quienes se encuentran atrasados en el pago de sus deudas. En este sentido, podemos suponer que esta superposición de deudas profundiza aún más las dificultades económicas que enfrentan los profesionales morosos.
Soportar económicamente a otros
Una de las principales funciones que cumple la familia es la transmisión intergeneracional, entendida como el movimiento de traspaso de bienes materiales e inmateriales de una generación a otra (Araujo, 2016). Estos circuitos de intercambio de bienes son estrategias de supervivencia que le permiten a las familias, particularmente a las más pobres, operar en la asignación de recursos escasos y distribución de servicios insuficientes; disponer de seguridad colectiva en contra de las amenazas del sistema formal y como fuente de recursos en caso de emergencias (Lomntiz, 2008). Anteriores trabajos muestran cómo los hogares activos en el mercado laboral soportan económicamente en gran medida a sus dependientes tanto dentro del hogar (pareja/hijos/as) y fuera del hogar (padres, madres y otros) (Pérez-Roa y Donoso, 2018). En un contexto de envejecimiento de la población y de precarización de las condiciones de jubilación de los adultos mayores, los padres enfrentan una baja de ingresos que es sostenida por aquellos que se encuentran activos en el mercado laboral (Andrade, 2020). En este sentido, juegan el rol de la “generación sándwich”, es decir, son quienes tienen a cargo a sus hijos/as y, al mismo tiempo, a los adultos mayores de la familia (Hammer y Neal, 2008 en Saracostti y Muñoz, 2016).
Esta tarea de proveer seguridad económica a los miembros de la familia puede ser una exigencia difícil de sostener. Entendiendo que las dependencias económicas refieren a los apoyos económicos permanentes que los participantes les brindan principalmente a sus familiares, según nuestros datos quienes están morosos con alguna deuda declararon tener más dependientes tanto fuera (padres y otros) como dentro (pareja e hijos) del hogar en comparación a aquellos que están al día con sus deudas (ver gráfico 2). En este sentido, se hace plausible pensar que hacerse cargo de hijos/as, apoyar económicamente a la pareja y/o a los padres, son cargas económicas que pueden disminuir el margen de maniobra que los profesionales deudores cuentan para poder responder con sus compromisos financieros.
Gráfico 2. Dependencias económicas según situación de morosidad

Fuente: elaboración propia a partir de “Encuesta sobre formas de endeudamiento y las obligaciones crediticias 2016-2017”.
Nota: los porcentajes refieren a las respuestas positivas dentro de cada grupo y del total.
Según datos del pnud (2017), los chilenos valoran de manera importante los saltos intergeneracionales en las condiciones de vida que evidencian sus propias historias (sus abuelos que debían ir descalzos o vivir en casas con piso de tierra; sus padres que no accedieron a la educación superior). La mayoría de los jóvenes participantes de este estudio ha experimentado un proceso de movilidad en sus condiciones de vida respecto de sus padres, aun cuando solo sea un efecto del mejoramiento en el acceso a bienes y servicios a nivel global, y a la percepción de acceso a trabajos en el sector servicios “distintos” a los de sus padres. Sin embargo, no siempre mejoran su posición socioeconómica en términos relativos (Marambio, 2017). Esta posición relativamente mejor que la de sus padres los ubica en una posición expectante respecto de su capacidad de cumplir con el mandato de las transferencias intergeneracionales, ya que deberían ser capaces de proveer tanto a sus hijos como a sus padres. En este sentido, se hace necesario seguir profundizando en estas transferencias económicas de aquellos grupos que al menos, teóricamente, ocupan una mejor posición económica que la de sus padres, asumiendo, por ello, mayores responsabilidades económicas en sus familias (es viable preguntarse si sería un factor que podría profundizar su precariedad económica particularmente en contextos de alta incertidumbre económica, como la que actualmente estamos atravesando debido a la pandemia).
La evidencia que se presenta permite mostrar el peso de las deudas educativas, bancarias y de consumo de un grupo de jóvenes y adultos profesionales en Chile y cómo estas deudas interactúan con la morosidad y las dependencias económicas dentro y fuera del hogar, repercutiendo en su situación
financiera en un país que ha visto incrementado exponencialmente sus costos. Las deudas educativas repercuten de manera significativa en el no pago de los compromisos financieros, tal como los participantes de las manifestaciones sociales de las últimas décadas han puesto en discusión.
Bibliografía
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Araujo, K. y Martuccelli, D. (2012). Desafíos comunes. Retrato de la sociedad chilena y sus individuos. Santiago: lom Ediciones.
Andrade, C. (2020). “¿Cuánto más soporta el Pilar Solidario? La experiencia de la vejez en el Chile actual”. En Hilos tensados, para leer el octubre chileno. Santiago: Colección idea y Universidad de Santiago de Chile.
Banco Central de Chile. (2018). “Encuesta financiera de hogares 2017. Santiago de Chile: Banco Central de Chile”. Recuperado de: https://www.bcentral.cl/financiera-de-hogares
Despard, M., Mathieu R., D. Perantie, S. Taylor, M. Grinstein-Weiss, T. Friedline y R. Raghavan. (2016). “Student Debt and Hardship: Evidence from a Large Sample of Low- And Moderate-Income Households”. Children and Youth Services Review 70: 8-18.
Saracostti, M. y Muñoz, C. (2106). Familia y trabajo: tensiones y posibilidades. Una aproximación a la visión de los niños y niñas chilenos. Temuco: Universidad de la Frontera.
Seamster, L., y Charron-Chénier, R. (2017). “Predatory Inclusion and Education Debt: Rethinking the Racial Wealth Gap”. Social Currents,4(3): 199-207.
ine. (2018). Encuesta Suplementaria de Ingresos (esi).
Lomnitz, L. (2008). Lo formal y lo informal en sociedades contemporáneas. Santiago, Chile: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana.
Marambio, A. (2017). “Narratives of Social Mobility in the Post-Industrial Working Class and the Use of Credit in Chilean Households”. Revue de la régulation. Capitalisme, institutions, pouvoirs 22 : 1-18.
Oksanen, A., M. Aaltonen y K. Rantala. (2016). “Debt Problems and Life transitions: A Register-Based Panel Study of Finnish Young People”. Journal of Youth Studies 19(9): 1184-1203.
Pérez, L. y Donoso, J. (2018). “Redes de intercambio y de pago de deudas en parejas jóvenes endeudadas de Santiago de Chile”. Revista Intervención 8(2): 23-30.
pnud-Chile. (2017). Desiguales. Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social.
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Historia de vida
BELÉN QUINCHAVIL3
Mi nombre es Belén Quinchavil Painemal, soy mujer mapuche, pertenezco a una comunidad indígena, estudiante del área de la salud. Provengo de una familia campesina, con escaso acceso a la educación, por lo que junto a mi hermana mayor somos la primera generación en entrar a la educación superior. No pertenezco a ningún partido político, porque siento que sesga de alguna manera la visión que tenemos las personas de las cosas. Siento que actualmente la política es un juego donde participan muy pocas personas; no se ve expresado lo que piensa un abuelito/a, o las cosas de la gente común. En mi territorio, Ragñintuleufu, llevamos años luchando para que ninguno de los dos ríos se intervenga, tanto el Cautín como el Quepe. Durante mucho tiempo hemos luchado por protegerlos, si alguien o alguna empresa intenta intervenirlos, nosotros vamos y hacemos una declaración pública y si no se cumple, nos movilizamos o protestamos, pero siempre las respuestas son las mismas, la municipalidad se tira la pelota con la Dirección de Obras Hidráulicas y ellos nos mandan a la Conadi y nunca tenemos una solución. Son años de lucha pidiendo que no intervengan los ríos, porque el daño es muy grande, la gente ha perdido sus animales, sus árboles, sus terrenos, en invierno se inunda todo y los abuelos o personas mayores no pueden salir de sus casas porque están anegadas con agua y los bomberos no pueden sacarlos… ¡es terrible!
Nosotras exigimos vivir dignamente, tener un invierno seguro y tranquilo en el lugar donde nacimos, pero el río cada vez se acerca más y está comiendo más tierra y se hacen desbordes. Antes del estallido éramos pocos los que reclamábamos y ahora somos muchos más, incluso personas que no son del territorio nos apoyan y por primera vez cortamos la carretera S-40 y no nos pasaron a llevar, nunca había visto tanta gente unida pidiendo lo mismo que nosotros. Antes pasaban personas en auto que cuestionaban lo que hacíamos, pero ahora esas mismas personas han ido entendiendo lo que vivimos y nos apoyan.
Hay otras formas de protesta también: mi familia decidió no ver más noticias y televisión, nos informamos por otros medios alternativos que sí muestran lo que los canales de televisión esconden. Al final estos canales mostraban una visión totalmente distorsionada de lo que estaba pasando en Santiago, solo buscaban asustar y escandalizar, sin hacer ninguna reflexión. Aunque hay gente que todavía cree esto, me alegra mucho que ya no se les compre todo lo que dicen e investigan un poco más en internet y las redes sociales.
Con respecto al Wallmapu, encuentro que después del estallido social tenemos más apoyo, la gente se dio cuenta que todos los reclamos y las injusticias que hemos vivido no eran mentiras, el mismo caso de Camilo Catrillanca ha sido un emblema en Temuco y también en Santiago. Ahora siento que las personas se identifican más con nuestro pueblo y sus raíces, se reconocen con sangre mapuche y eso los enorgullece.
Cuando se acabe la pandemia esto va a seguir con fuerza y se buscarán soluciones. Una nueva Constitución puede ser una de ellas, pero mientras haya esta desconexión de los políticos con nosotros no pasará nada. Exigimos cosas básicas, que se cuiden nuestras tierras, el agua, el medioambiente, que se respete a las personas y para eso necesitamos una renovación completa de la gente que participa en política.
En el Wallmapu veo un cambio, ya no hay la resignación de antes, la gente se ha empoderado y sabe que unida puede hacerse escuchar, ya no está esa conformidad del “no se puede hacer nada”.
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Historia de vida
CAROLINA SÁEZ4
Soy Carolina, tengo 25 años y vivo en la comuna de El Bosque. Toda mi vida ha transcurrido aquí y en San Bernardo, y recién empecé a conocer otras comunas cuando entré a la universidad. Actualmente vivo con mis papás y mis hermanos, somos una familia de clase baja, mi papá siempre ha trabajado en una bomba de bencina y mi mamá es dueña de casa, mi hermana trabaja en un local de comida y mi hermano chico terminó recién de estudiar la educación media.
Soy la primera de la familia que tiene un título universitario, estudié trabajo social en la Alberto Hurtado y estoy buscando trabajo.
Desde muy chica sentí interés por los temas sociales y creo que por eso estudié trabajo social. En el colegio estuve en varias marchas. Aunque estaba en básica, recuerdo el movimiento pingüino y de más grande pude participar en las movilizaciones del 2011, yo estudiaba en un colegio particular subvencionado, un colegio católico de la “burbuja” que nunca se unía a ninguna protesta, a diferencia de los liceos comerciales e industriales de la comuna, éramos como los niños buenos y pavos de San Bernardo. Pero las protestas del 2011 fueron tan grandes, que hasta nosotros nos sumamos.
Los jóvenes nos dimos cuenta que esta democracia al final es una falsa democracia, que pone un manto sobre las injusticias sociales, eso era lo que los adultos no lograban distinguir tan bien, porque antes que eso recuperaron libertades básicas como salir a la calle con más tranquilidad y vivir sin toque de queda.
Mis papás vivieron la dictadura en Chillán y a pesar de la edad que tienen, apoyaron el estallido social. Yo noto una diferencia en cómo mi papá entiende la política y cómo la entiendo yo. Para él su prioridad es el voto, siempre alega que “por qué los cabros no votan, si a nosotros nos costó tanto”, pero ese voto es una vez cada cuatro años y luego se desentienden, entonces el estallido era demostrarle que habían otras formas de hacer política, que ya el tema no era tan partidista como de izquierda o derecha, y no porque alguien viniera de un partido socialista quería decir que iba a estar todo bien.
Me acuerdo que vi en la tele las evasiones en el Metro y quedé sorprendida, no me imaginé que algo así pudiese pasar. Me junté con mis amigos del colegio, mis compañeros de empaque del supermercado en el que trabajo y amigas de la U, la mayoría son bien activos políticamente y quisimos participar de una experiencia nueva, marchas y protestas masivas en San Bernardo y El Bosque, nuestro espacio. En una de esas marchas me llegaron dos perdigones en la pierna derecha y además de la ayuda de mis amigos, recibí contención de la gente que estaba ahí. Recuerdo en especial a una paramédica y los abuelitos de un amigo que fueron a buscarme en auto. Cuando me hice la radiografía los balines estaban ahí y no eran de goma, mis papás lo pasaron mal y me retaron mucho.
Me quedé tranquila, porque a pesar de que los balines estaban dentro, me dijeron en el hospital que podría hacer mi vida normal. Pero no fue así. Empecé a perder movilidad en mi pierna e iba todos los días con mi mamá, que estaba muy estresada, a hacerme las curaciones en el consultorio. Al final una amiga kinesióloga me decía que la única forma de recuperar la movilidad era operándome, cuando fui al Barros Luco me tuvieron esperando semanas e insistían que los proyectiles no se sacaban y que se me pasaría con el tiempo, pero a las tres semanas estaba mucho peor.
En medio de esto conocí a una chica que también le llegaron perdigones que le fracturaron la mano y aunque la tramitaron mucho, al final terminaron operándola en el mismo Barros Luco y yo aún no tenía respuestas, así que a pesar de nuestros problemas económicos, pedimos hora en una consulta particular y mi mamá me dijo que me operaría en un centro médico más confiable. Mis profes de la universidad y cercanos organizaron una colecta y gracias a eso pude operarme. Son tantas las diferencias que existen, supe de gente que había recibido balines y se atendieron en la Clínica Alemana y listo, yo gracias a que tenía redes de apoyo logré finalmente operarme de manera particular, pero aquí cerca de mi casa hay un muchacho que recibió un perdigón en un ojo y aunque hicimos bingos y completadas, no alcanzó para que se tratara en el sistema privado. En esa época yo estudiaba y trabajaba, pero no soy la sostenedora del hogar. Tuve la posibilidad de quedarme en mi casa, mejorarme bien y cumplir con la licencia, pero otros conocidos que recibieron balines no les quedó otra, porque si no, no comen.
Siento que el estallido social me cambió, corté algunas relaciones cercanas porque hablaron mal de mí a propósito de lo que me pasó o avalan el daño que han causado los carabineros y militares, algunos dicen que el estallido no es político, pero sí lo es y creo que cambió mi forma de pensar y de relacionarme con los demás.

Crédito: Fernanda Urrutia, Santiago, octubre de 2019.
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