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En 1872, la Comisión Central de Inmigración creó la Oficina de Trabajo, dependencia que se ocupaba de colocar a jornaleros y empleadas domésticas en la Capital Federal y luego en el interior; la que no prosperó por estar atendida en forma inadecuada con personal poco responsable, y resultó clausurada en 1974.
En nuestro país, en 1876, la sanción de la Ley 817 conocida como Ley Avellaneda impulsó la inmigración y colonización; en esta se consideraba “inmigrante a aquella persona que llegue en un barco de vapor o vela, en segunda o tercera clase y que no tenga menos de 60 años, libre de defectos físicos o enfermedades”.9
La apertura política de nuestro país, inspirada en la ideas liberales de Juan Bautista Alberdi: “Gobernar es poblar y poblar con inmigrantes europeos” justifica en algún modo la importante oleada de contingentes humanos que arribaban de diferentes partes del mundo con el afán de trabajar la tierra como el caso de los italianos y al amparo de algunas leyes de la naciente República Argentina en los albores de 1890...
“Años más tarde, el general Bartolomé Mitre llegó a traer soldados italianos para combatir a los indios, convencido de que eran más valientes y eficaces que los gauchos enganchados en los fortines”. 10
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Foto 3. (Gentileza de una nieta: Delma Catalina Monticone)
El pasaporte era un formulario impreso o en libro de registro que mostraba que el inmigrante recibía un documento identificatorio del barco específico donde debía embarcarse. El formulario incluía el nombre del inmigrante, el destino, la profesión, el lugar de nacimiento, la edad y una descripción física, este tipo de pasaporte fue expedido por las autoridades provinciales con fecha del 18 de marzo de 1890. Estampillado. Número de Registro: 2, Pasaporte n.º 84, con validez de un año y firma del actor. Los libros de pasaportes encontrados en Génova son de este tipo. A comienzos de 1853, una orden real consideró que debían estipularse la calidad de transporte proporcionada, incluyendo la cantidad exacta de raciones de comida y agua como también la destinación del barco y los términos de pago del pasajero.
Fue el único documento que tuvo y con el que se manejó en la Argentina hasta su muerte...
Utilizando la técnica de la lectura de imagen fija, en un primer nivel de lectura considero: en la imagen: el escudo de Italia de 1890 y sellos varios de diversas formas instancias y dependencia: embarco–desembarco–hotel de inmigrantes.

Imagen 4. http://www.accademiadeglioscuri.it/htm/Emigrazioni.htm.
Sigue un texto: escrito en Italiano: IN NOME DI SUA MAESTA
UMBERTO I
PER GRAZIA DE DIO E PERVOLUNTA DELLA NAZIONE
RE D’ITALIA
El que traducido al español significa: En nombre de su majestad Humberto I por la gracia de Dios y por voluntad de la nación de Italia... seguido de un cuerpo de mensaje, señala que estos inmigrantes una vez llegados al país: Argentina, venían con un contrato de trabajo donde durante 5 años debían trabajar en los campos y no podían ejercer cualquier otra profesión que no fuera la de agricultor durante el período que durase el contrato.
En la parte inferior del pasaporte se encuentran datos relevantes tales como: nombre: Giuseppe Monticone, destino: Buenos Ayres, edad: 11 años, estatura: 1,40 m, cabello: castaño, lugar de nacimiento: Canale; Domicilio: Canale; Condición: granjero; fecha de expedición del pasaporte:18 de marzo de 1980 con validez de un año y su firma.
5 WOLF, Ema–PATRIARCA, Cristina. La gran inmigración. Sudamericana. Joven. Ensayo. Bs. As. 1.era ed., 1991.
6 WOLF, Ema–PATRIARCA, Cristina. La gran inmigración. Sudamericana. Joven. Ensayo. Bs. As. 1.era ed., 1991.
7 LONIGIO, Félix V. “Formación ética y ciudadana”. Ed. Macchi. Bs. As. 1999.
8 LONIGIO, Félix V. “Formación ética y ciudadana”. Ed. Macchi. Bs. As. 1999.
9 ALCARAZ, William Nelson. GÁLVEZ (Sta. Fe), 2005. LA PROVINCIA DE SANTA FE, 1850–1915. Aspectos de la población, inmigración, colonización agrícola y ferrocarriles en el desarrollo provincia.
10 ALCARAZ, William Nelson. GÁLVEZ (Sta. Fe), 2005. LA PROVINCIA DE SANTA FE, 1850–1915. Aspectos de la población, inmigración, colonización agrícola y ferrocarriles en el desarrollo provincia.
Capítulo IV
“Mi emigro per magnar”
(“Emigro para comer”)
Estudios de geografía italiana señalan un 84% de tierras no cultivables, 5% de tierras con cultivos permanentes, 3% pasturas naturales y 3% de bosques; de modo que el espacio del paisaje natural ofrece escasas posibilidades de desarrollo agrícola.
Los inmigrantes italianos llegados a esta región, en su gran mayoría, nacieron a mediados del siglo XIX y provenían del norte de Italia, eran naturales del Piamonte y Lombardía, regiones con problemas económicos, deficiencias en la producción y afectadas por el problema de la unificación italiana; de modo que, al momento de su partida, en su propia nación se encontraban en proceso de integración y esto aparecía como un rasgo muy notorio a la hora de comprender su identidad, por lo tanto se los asociaba directamente a su comarca natal.
“La historia contemporánea de italiana y argentina señala que la inmigración piamontesa tuvo lugar entre 1876 y 1915, con el indicador de la crisis agrícola como principal factor de migración”.11 Estudios contemporáneos afirman que la crisis agraria en la Italia meridional12 puso de relieve las diferencias regionales en torno a la agricultura afectando las relaciones sociales, estableciendo “una clara distinción entre la economía de montaña (“Iiosso”) y la de la llanura irrigada (“la polpa”), diferenciación que durante la crisis se acentuó al intensificarse el cultivo en esta segunda área y desestructurarse y perder población la primera”.13
“La comida más corriente de la mayoría de los campesinos consistía en polenta (hecha de maíz) en el norte, y en pan de varias clases en el resto del país. Bellotas, castañas, centeno, avena o legumbres eran de uso común para la elaboración de la harina. En pocas ocasiones se comía carne, tan solo en las fiestas o cuando se estaba convaleciente. A la dieta básica podían sumársele las aceitunas, nueces, patatas, verduras, agua con un poco de aceite y sal (l’acqua e sale de Apulia) o, de forma más esporádica, vino y queso. El trigo no estaba al alcance de la mayor parte de la población (Douglas, pág. 171)... Los trabajadores de las fábricas eran objeto de un trato cruel y casi no recibían protección estatal alguna. En 1876 la mitad de estos trabajadores eran mujeres y casi una cuarta parte eran menores de catorce años. Con frecuencia, niños de apenas cuatro y cinco años trabajaban, sobre todo en el sector textil (Douglas, pág. 173)... En muchas ocasiones, si algunos campesinos aprendían a leer y escribir, era gracias al servicio militar... A mediados de la década de 1870 unos 65.000 hombres eran llamados a filas cada año, y en muchos casos los tres años que pasaban en los cuarteles eran más instructivos que cualquier tiempo que pasaran en la escuela. En cierta medida, esto era precisamente lo que se pretendía: el ejército estaba considerado como el instrumento supremo de «crear italianos» y, por otra parte, era más seguro que la escuela del pueblo (Douglas, pág. 177).”14
En 1890, Italia se encontraba bajo el reinado de su majestad Humberto I, de la casa de los Saboya.
Sin duda, Pinin, en su niñez, protagonizó hechos que lo llevaron a buscar alejarse de la tutela de sus padres o como primogénito trazar una meta en busca de nuevos horizontes para ayudar económicamente a la familia, ya numerosa. Otro rasgo de los jóvenes de la época eran las ansias de progreso que se sumaban al espíritu aventurero, así también, hubo otros tantos, que en el intento de evadir el servicio militar obligatorio, avizoraban la salida del país y el viaje al nuevo mundo como la gran posibilidad de cambio en sus miserables vidas y no dudaban en asumir los riesgos; por tal motivo la mayoría de los italianos que se mudaron hacia la Argentina inicialmente fueron campesinos del norte de Italia, de regiones como Piamonte, Liguria, Véneto, Friuli–Venecia Julia y Lombardía; los que una vez llegados a la Argentina se dirigieron a las zonas rurales para sentar sus nuevas bases, mientras que los italianos del sur, como las regiones de Calabria, se afincaron en las grandes ciudades.
11 NOTICIARIO DE HISTORIA AGRARIA N. 3 (1992–1), pp. 173–180. La crisis agraria de fines del siglo XIX: nuevas contribuciones y nuevos enfoques, PLANAS MARESMA
12 NOTICIARIO DE HISTORIA AGRARIA N. 3 (1992–1), pp. 173–180. La crisis agraria de fines del siglo XIX: nuevas contribuciones y nuevos enfoques, PLANAS MARESMA
13 NOTICIARIO DE HISTORIA AGRARIA N. 3 (1992–1), pp. 173–180. La crisis agraria de fines del siglo XIX: nuevas contribuciones y nuevos enfoques, PLANAS MARESMA
14 *14. http://www.fhuc.unl.edu.ar/portalgringo/crear/gringa/itininerarios/pdf/Inmigrantes%20del%20Piamonte.pdf
Capítulo V
El vapor de la partenza...
Al momento de la partida, Pinin tenía cuatro hermanas —a las que volvería a ver nueve años más tarde—: Luigia, de 8 años, quien llevaba el nombre de su abuela paterna: Luigia Perrone; Teresa, de 7 años, quien llevaba el nombre de su abuela materna: Teresa Sachetto; le seguían: Antonia Vittoria, de 5 años y Margherita, de 3 años.
La compañía naviera Navegazione Generale Italiana de la Società Riunte Florio e Rubattino con sede en Génova capital es la encargada de trasladar —desde Génova con destino a Buenos Ayres— por mar al niño Giuseppe Monticone (h.) de 11 años, estatura: 1,40 m, cabello castaño, nativo de Canale; provincia de Cuneo, región de Piamonte, quien declara la profesión de contadino (granjero), embarcándose el 28 de marzo de 1890.
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Imagen 5. http://www.histarmar.com.ar/LineasPaxaSA/53–NGI–1.htm
Las diferencias sociales se hacían evidentes desde el momento del embarque, así lo señala Edmundo De Amicis, en su libro Sull’Oceano, dejando un dramático testimonio de ello, que nos permitimos transcribir íntegramente: “El contraste entre la elegancia de los pasajeros de primera clase, los guardapolvos, las sombrereras (cajas de sombreros), junto a un perrito, que atravesaban la multitud de miserables: rostros y ropas de todas partes de Italia, robustos trabajadores de ojos tristes, viejos andrajosos y sucios, mujeres embarazadas, muchachas alegres, muchachones achispados, villanos en mangas de camisa. Como la mayor parte había pasado una o dos noches al aire libre como perros en las calles de Génova, no podían tenerse en pie, postrados por el sueño y el cansancio. Obreros, campesinos, mujeres con niños de pecho. Sacos y valijas de todas clases en la mano o sobre la cabeza; fardos de mantas o colchones a la espalda y apretado entre los dientes el billete con el número de su litera. Los emigrantes pasaban delante de una mesilla, y el sobrecargo, reuniéndolos en grupos de seis, llamados ranchos, apuntaba sus nombres en una hoja impresa para que con ella en la mano, a las horas señaladas, fueran a buscar la comida en la cocina” 15.
Todo pasajero debía conocer y cumplir el reglamento del buque:
“... Los grandes baúles, valijones y cajones de los pasajeros debían ir inexorablemente en las bodegas. Anclado el barco en algún puerto, no se permitía bajar hasta allí. La bodega era abierta en alta mar para que cada pasajero buscara o retirara lo que necesitase. Cada uno debía identificar y cerrar bien su equipaje, ya que ni el capitán ni la empresa transportista se hacían responsables de este. Dinero y joyas debían ser entregados y estarían más seguros en poder del capitán... Las armas que llevaran los pasajeros también debían ser entregadas al capitán. Debía observarse una estricta higiene por parte del pasaje, tanto en puerto como durante el viaje. En todo barco había cucarachas, insectos de todo tipo y piojos. El hacinamiento y falta de aire favorecían su multiplicación. Estaba prohibido fumar, salvo en cubierta. Debían evitarse las peleas y pendencias entre los pasajeros, y con los tripulantes. No podían clavarse clavos ni ganchos en el buque. Había que levantarse temprano, y para lavarse la cara debía utilizarse el agua de mar. El desayuno, servido a las 8, normalmente consistía en sopa de batatas, un día con arroz, y otra con arvejas. El almuerzo era sopa de papas o batatas hervidas con carne salada. A las cinco se servía la cena, que consistía en sopa de papas con arroz y porotos. 16
Entre 1876 y 1976 cerca de 26 millones de italianos salieron de su tierra natal en dirección a varios puntos por todo el mundo. Una sexta parte de esos italianos emigró hacia la Argentina. Tal vez porque quisieron olvidar un pasado doloroso, muchos de sus descendientes actualmente poco conocemos de estos hombres y mujeres que nos precedieron.
“La ruta del viaje fue siempre la misma: Génova–Buenos Aires, variando solo las distintas escalas: Barcelona, Cádiz, islas Canarias, Cabo Verde, Río de Janeiro, Santos, Montevideo y Buenos Aires, según determinara la compañía de acuerdo a los pasajes vendidos... La nave podía cumplir su ruta en quince días —duración promedio del viaje—, aunque era habitual que tardara algo más. Como veremos —aunque no oficialmente—, se detenía antes de cruzar el Atlántico, sobre las costas españolas, para recoger inmigrantes ilegales...
En 1890 la Argentina lanza un plan de Inmigración que contemplaba el pago de los pasajes. Es así como llegan, entre 1891 y 1896, 10.000 judíos a Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe; sin contar los italianos, españoles y otros que se vieron favorecidos por tal incentivo.
La ruta de viaje era similar a la que muestra el mapa que se expone a continuación.
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Imagen 6. http://www.histarmar.com.ar/InfGral/NaufragioSirio.htm
Estos buques de vapor se incorporaron hacia el final de siglo, los anteriores eran a vela, goletas y bergantines y como en todos los tiempos las compañías trataban de embarcar la mayor cantidad de gente para engrosar sus ganancias. Existían tres clases de pasajeros, los de primera clase iban en camarote y recibían un trato preferencial. Mis bisabuelos vinieron en tercera clase en medio del hacinamiento y la escasa higiene. “Como muchos hombres y mujeres, campesinos de tierra adentro, jamás habían visto el mar. Sus ojos acostumbrados al pequeño río de la aldea miraban alucinados la enorme extensión del agua, travesía hacia su nueva e incierta vida... A los viajeros no les quedaba comportarse sino como niños dóciles.
Durante los primeros quince días el mareo los tenía atornillados en el colchón o bien echados sobre la borda arrojando al agua el contenido de sus estómagos y tratando de que la buena brisa del océano aventara el desconsuelo y el color verdoso de sus caras. La prueba de fuego era el cruce del canal de la Mancha o la salida del estrecho de Gibraltar; quien lograra pasar de pie y con los dientes apretados los primeros bandazos de la mar verdadera se consideraba a salvo de mareos posteriores. A menos, claro, que un tormentón los pusiera de rodillas... a pobres diablos, con pasaje de tercera... En algunos barcos no había médico... La monotonía y el aburrimiento de esas largas jornadas hacían que algunos se interesaran por las tareas de a bordo. Los más jóvenes terminaban el viaje conociendo rudimentos de marinería y participando en la maniobra sencilla, con los oídos llenos de historias de navegantes. Por lo demás, tras un último vistazo a las Canarias, todo era mar y cielo como lo fuera para los antiguos conquistadores. La travesía, un paréntesis entre una vida de trabajo rudo y otra más exigente aún que les esperaba al llegar a tierra. El ocio se matizaba con las canciones del terruño, escuchando a los tocadores de gaita o acordeón, tejiendo, rezando, fumando, jugando a los naipes, leyendo folletos sobre inmigración y tratando de aprender el español ... una escena común era ver a las madres sobre la cubierta en las tardes cálidas de los trópicos despoblando con paciencia tierna las cabezas de sus hijos... la pobreza, la limpieza personal marcaba ciertas diferencias... los parias eran los que embarcaban ilegalmente sin conocimiento del capitán... Cuando se comprobaba que no tenían contrato de viaje ni pasaporte en regla, se los destinaba al oficio de marinero para que pagaran en parte su pasaje. Y como entre la marinería no se los consideraba del gremio, cumplían las tareas más ingratas... Un pasaje de tercera clase en un barco de inmigrantes equivalía a un tour por los suburbios del infierno con comida incluida y con opción a todas las incomodidades, desventuras y pestes que el siglo ofrecía... Al llegar al puerto de Buenos Aires se examinaba a los pasajeros previendo que podían traer viruela, tuberculosis o lepra, flagelos comunes de la época; en esos casos se les negaba el permiso de la entrada y se los fletaba otra vez al puerto de origen...”. 17
“Al desembarcar todos los viajeros debían pasar por un control sanitario, en que se impedía el desembarco a inmigrantes con enfermedades contagiosas, con prohibiciones legales, invalidez, demencia y personas mayores de 60 años. Una vez que el barco fondeaba en medio del Río de la Plata, los viajeros se dirigían a lanchones, y luego trasbordado a carros tirados por bueyes, que finalmente los transportaban hasta el muelle. Era el muelle de pasajeros que existió hasta 1899. Según nos explicaron, los desembarcos eran de noche, con el objeto de evitar las brumas matinales. El río era muy bajo y los barcos no podían llegar a la costa y entonces fondeaban un poco retirados. Recién comenzaban a fabricarse los primeros barcos de vapor, pues hasta entonces todavía eran a velas. Había varios lugares para entrar: el muelle de pasajeros, el muelle de las Catalinas, el muelle de San Pedro Telmo o de las Carretas, y luego el Riachuelo. Muchas veces, para evitar dificultades bajaban en Montevideo. Todo esto ocurría hacia 1880... Al bajar pasaban por Migraciones, donde se les exigía el pasaporte, certificado médico, certificado de buena conducta, y certificado de aptitudes laborales... Luego de registrar su apellido —por lo general mal escrito por el funcionario de turno— aquellas familias, con rostros de hambre y cansancio, eran derivadas al Hotel...”. 18

Imagen 7. Desembarco. Imagen 8. Filas para controles.

Imagen 9. Pabellon de niños y mujeres. Imagen 10: Comedor en hotel de inmigrantes. http://www.arcondebuenosaires.com.ar/hotel_inmigrantes.htm
En el Manual del inmigrante italiano, traducido por Diego Armus, solía haber una serie de recomendaciones tales como la que trascribo a continuación: ... “no le aconsejo quedarse encerrado y asustado en el hotel... Le recomiendo no comportarse como un visitante arrastrando bolsos y llamando la atención a los cavalieri d’industria que abundan especialmente en las ciudades marítimas. Sea cauto, evite caer en brazos de algún tramposo, pero no deje de dar una vuelta por la ciudad”. 19...
A los inmigrantes se los despertaba temprano para el desayuno que consistía en leche y mate cocido con pan. Las mujeres, por la mañana, lavaban las ropas y los hombres salían en busca de trabajo. El almuerzo era por turnos hasta de 1000 personas, este era anunciado por una campana que los agrupaba en el comedor mientras el cocinero repartía las vituallas: (cosas necesarias para la comida) y luego esperaban el almuerzo en las mesas. Este consistía en una sopa abundante–guiso con carne, puchero, pastas, arroz o estofado. La merienda para los niños estaba disponible desde las 3 de la tarde y a partir de las 6 se daban los turnos para la cena. Alrededor de las 7 de la tarde ya se encontraban disponibles los dormitorios.
Otro hotel fue el de La Rotonda, ubicado en paseo 9 de Julio. Retiro. Este funcionó hasta 1911 en que fue demolido para construir la nueva estación Retiro. 20
“El primer hotel de inmigrantes se había construido en 1887 por el ingeniero Federico Stovelius, frente al Río de la Plata y sobre la ribera, en la calle Cerrito, era de forma circular, 3 pisos, 12 habitaciones en total, a razón de 4 habitaciones por piso que albergaban a 250 personas por cuarto y tenía una capacidad para 2500 personas. En 1888 albergó a 70.000 personas. Allí podían alojarse gratuitamente los inmigrantes por 5 días hasta que consiguieran trabajo, pudiéndose quedar unos días más los enfermos y los que no habían conseguido trabajo...
El hotel de Inmigrantes definitivo se construyó en 1911 con capacidad para albergar a 3000 personas.
Un sello en el pasaporte de Giuseppe (h.) deja constancia de su paso por el Hotel de Inmigrantes y de la fecha de su desembarco: el 16 de abril de 1890.
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Foto 4. (Gentileza de una nieta: Delma Catalina Monticone)
Luego de la consulta a la biblioteca de CEMLA obtuve la respuesta que comparto:
Re: Consulta por registro de entrada de pasajeros 1890.
Recibidosx
Biblioteca Cemla
A quien corresponda:
La información que posee el CEMLA es la misma que usted pudo ubicar en el buscador.
Si en esta no encontró a su antepasado, no hay ningún otro lugar donde lo ubique.
Puede ser por algunas de las siguientes causas que la persona no aparezca en dicha base de datos de ingreso al país:
A) Entre los años 1882 y 1932 hay un porcentaje de listas destruidas o semidestruidas
B) Que llegó antes de 1882. Si el ingreso es anterior a 1870 los libros se encuentran en el Archivo General de la Nación. Si su llegada ocurrió entre 1870 y 1881, esta no se encuentra, ya que dichos libros están perdidos.
C) Desde 1950 se está ingresando los datos. Deberá concurrir a la Dirección General de Migraciones.
D) Entre los años 1933 y 1937 están digitalizados solo los italianos y los españoles entre los años 1936 / 1937. Para los años están cargados (1933–1937) solo se encuentra el ingreso de estos meses/años: – 1933 FEBRERO Y MARZO; 1935 abril; 1936 febrero y 1937 abril.
Los libros no se encuentran en el CEMLA, deberá concurrir al Archivo General de la Nación. Archivo Intermedio.
E) El ingreso pudo ser a través de Uruguay, Brasil o Chile, en forma terrestre, en ese caso la información puede estar en el Archivo General de la Nación. Archivo Intermedio.
F) Que el apellido tenga alguna variación, debe probar con diferentes modificaciones de este.
G) Si es un apellido compuesto deberá buscar también con ambos apellidos.
H) Si ingresó de niño es posible que se haya registrado con el apellido materno.
I) Si el apellido es de dos o tres letras, la búsqueda se debe realizar en el CEMLA, ya que por el programa de búsqueda no se puede realizar por la WEB.
J) Siempre se tiene que buscar con el nombre que poseía en su país natal.
Atte. CEMLA.
15 Ema Wolf. Cristina Patriarca. La gran inmigración. Op. cit.
16 Ema Wolf. Cristina Patriarca. La gran inmigración. Op. cit.
17 El camino de los inmigrantes. http://www.migraciones.gov.ar/accesible/indexP.php?camino
18 Ema Wolf. Cristina Patriarca. La gran inmigración. Op. cit.
19 Ema Wolf. Cristina Patriarca. La gran inmigración. Op. cit.
20 http://www.arcondebuenosaires.com.ar/hotel_inmigrantes.htm
Capítulo VI
El destino del Gringo:
“La pampa bonaerense”...
En el pasaporte de Pinin se encuentra manuscrito con letras grandes y claras: Colonia Pringles; de este modo “la llegada del pionero a su nuevo destino, cuya elección muchas veces es determinada por accidente”21; lo sitúa esta vez en un territorio habitado por pampas y araucanos hasta la colonización iniciada en 1882, recientemente conquistado a través de campañas militares con fines de expansión territorial desde 1855–1867–1876–1881–1883, estas últimas con el objetivo de estabilizar la frontera sur. En este lugar hubo una recepción de inmigrantes italianos que tuvo su correlación con el crecimiento de la población, que provocó un desequilibrio entre el crecimiento de la población y la estructura económica productiva incipiente e incapaz de absorber una excesiva mano de obra generada por la profunda crisis del sistema agrícola y el comienzo del desarrollo industrial. Para 1890 ya contábamos con ferrocarriles que comunicaban al interior desde el puerto de Bs. As.




