¡Viva Cataluña española!

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El día 3 noviembre, una comisión formada por representantes de entidades estudiantiles, en las que incluso figuran las secciones escolares de organizaciones independentistas, se entrevistan con el rector para pedir la liberación de René Llanas de Niubó, que estudiaba Medicina.16 El rector les dio cuenta de las gestiones realizadas, que habían resultado nulas. Destaca que hasta organizaciones independentistas se preocuparan por un compañero, aunque fuera un ultraespañolista.
La situación de prisión de Llanas de Niubó fue aprovechada por la candidatura Dreta de Catalunya, que ya conocemos, formada por carlistas y alfonsinos de cara a las elecciones de noviembre. En la lista de candidatos de Barcelona-Provincia figuraba Llanas de Niubó, presentado como estudiante de Medicina, publicista y preso gubernativo.
Sería liberado poco antes de las elecciones. El día 10 de noviembre René Llanas de Niubó era puesto en libertad. Junto con él salía de la prisión militar de Montjuïc el comandante retirado Carlos López Manduley.
UN FIEL A ALBIÑANA EN BARCELONA: EL COMANDANTE CARLOS LÓPEZ MANDULEY
Tras la proclamación de la República, el PNE estaba desmantelado y su líder supremo desacreditado. La fama de violentos los aleja de las nuevas organizaciones monárquicas. El 12 de mayo Albiñana ha sido detenido por los desmanes de sus legionarios durante los primeros meses de 1931. Al día siguiente la Junta Suprema del PNE, sin informar a su líder, anuncia que «ha desaparecido totalmente el referido partido político». Albiñana no saldrá de la cárcel hasta diciembre de 1931. Es entonces cuando, con ayuda de antiguos seguidores y algunos aristócratas, inicia una campaña de relanzamiento del PNE, que no será legalizado hasta febrero de 1932; sin embargo, por sus virulentos ataques en la prensa y sus encendidos discursos subversivos será de nuevo detenido en mayo de 1932 y confinado en una remota aldea de la comarca de Las Hurdes.
En Barcelona la situación no es mejor; el partido no tiene ninguna visibilidad pública ya desde antes de la proclamación de la República. Aunque hubo ibéricos que se quedaron en el partido, como el arquitecto Matías Colmenares o el comerciante Manuel del Castillo, la ruptura con la Peña Ibérica los había dejado tocados. El PNE inició la captación de nuevos militantes sin mucho éxito. En febrero de 1931 afirmó tener 7.500 militantes en la provincia de Barcelona, cifra del todo exagerada. En Barcelona ciudad, ni en sus mejores tiempos, pasaran de 300 militantes.
Como habían afirmado los ibéricos al marchar, se trata de un grupo que hacía oposición de casino, formado básicamente por militares retirados y profesionales. Su líder local no da el perfil de «legionario de España». El comandante retirado Carlos López Manduley, que pasaba ya de la cuarentena, no era precisamente un ejemplo de hombre de acción. Tampoco era un buen orador, aunque sí respondía al perfil de españolista visceral y al de militar africanista retirado que tanto abundaba en el PNE. Eso sí, lo encontraremos implicado en todos los complots monárquicos y golpistas que se produzcan.
Carlos López Manduley17 había nacido en La Habana en 1887. Su padre era un coronel de artillería destinado en Cuba, donde casó con la hija de una importante familia de hacendados, los Manduley Salazar. Con la independencia de la isla caribeña la familia regresó a España. Este hecho debió de dejar huella en un Carlos adolescente. Siguiendo la tradición familiar, ingresó en 1906 en la Academia de Infantería de Toledo. El 1909 se licenciaba como teniente. Ese año tuvo su primer contacto con la Ciudad Condal, pues participó en el contingente encargado de reprimir la sublevación de la Semana Trágica. Su siguiente destino fue Melilla. Intervino en la defensa de Nador, lo que le valió una medalla. En 1911 se casó en Segovia con la hija de un médico militar. Pasa un año destinado en Madrid y en 1913 es enviado de nuevo a Barcelona, donde actúa como fiscal militar. En 1914 regresa a Melilla. En 1915 ya es capitán, siendo destinado de nuevo a Barcelona. Realiza trabajos administrativos y es profesor de la Academia de Cabos, Sargentos y Suboficiales. En 1917 participa en la represión de la huelga general. No descuida los negocios. En 1919 figura como delegado regional en Cataluña de La Previsión Agrícola, empresa de seguros de ganado constituida por importantes ganaderos y algunos militares.
En 1923, tras el golpe de Estado, es nombrado delegado gubernativo del partido judicial de La Bisbal, cargo desde el que es encargado de controlar los ayuntamientos y la vida política de su zona. Pronto se distingue por su política anticatalanista, obligando a las entidades del partido a redactar sus escritos en castellano. En 1924 es de nuevo enviado a Marruecos, en este caso a Ceuta, donde participa en algunos combates. En 1926 regresa con permiso a Barcelona. Se le declara de reemplazado por enfermedad. Recibe destino en Granollers. Tras realizar un cursillo se hace cargo de una compañía de ametralladoras en Barcelona. En 1928 es ascendido a comandante por antigüedad. En 1929 es nombrado jefe del Servicio Nacional de Educación Física, Ciudadana y Premilitar del partido judicial de Sabadell, un organismo creado por la Dictadura para adoctrinar militarmente a los jóvenes antes de ser llamados a filas. El comandante era el encargado de dirigir los programas de instrucción premilitar, de pronunciar conferencias patrióticas sobre temas «como los deberes del ciudadano respecto de España (amor a la Patria, al rey, disciplina, subordinación, obediencia, constancia, honor, lealtad, probidad, valor, exactitud y puntualidad en las obligaciones)». Se trataba de desarrollar entre los jóvenes de Sabadell una «educación moral», «la exaltación del amor a la patria» y «todo aquello que tienda a hacerles orgullosos de ser españoles». El Servicio pretendía «militarizar a la sociedad civil» creando un «nuevo ciudadano» y «mejorar la raza». Era una especie de Frente de Juventudes avant-la-lettre. Su actividad cesó en enero de 1931 con la caída de la Dictadura.18 En Sabadell, Manduley fue bien recibido por los partidarios de la Dictadura y junto con algunos empresarios locales fundó el Sporman Club, con objetivos parecidos a los del Servicio que dirigía. De hecho, en la ciudad vallesana pronto tuvo delegación el PNE. En abril de 1931, proclamada la República, se acogió a la ley Azaña y pidió su retiro.
De familia militar, repatriado de Cuba, combatiente en Marruecos, represor en Barcelona, adoctrinador españolista en Sabadell y firme anticatalanista, no importaba que no fuera hombre de acción, tenía perfil para dirigir a los albiñanistas en Barcelona.
Tras su participación en la Sanjurjada, el PNE tiene su local de Madrid clausurado, sus actividades prohibidas y a su líder supremo, el doctor Albiñana, desterrado. En Barcelona también está descabezado. Su organizador en la Ciudad Condal, el comandante López Manduley, no saldrá de prisión hasta noviembre de 1932. El albiñanismo no levantará cabeza hasta 1933.
CAMUFLANDO EL ALBIÑANISMO: LA PEÑA NOS Y EGO19
El 11 de junio de 1933, en el segundo segunda de la calle Provenza 250, se han dado cita los socios de una nueva entidad, la Peña Nos y Ego. Se presentan dieciocho asociados que eligen presidente al abogado, periodista y escritor Pablo Sáenz de Barés, al que hemos conocido como promotor del Comité de Acción Española. La entidad, de «fines exclusivamente culturales y deportivos», afirma en sus estatutos que en caso de hacer alguna conferencia de carácter político «solo será consentida en el terreno puramente doctrinal, pero no en la lucha de partidos o de regímenes, cuyas discusiones estarán siempre prohibidas en el local social». Se trata de una absoluta hipocresía.
En realidad, la Peña Nos y Ego es una tapadera del PNE. Había presentado sus estatutos en el Gobierno Civil el 29 de mayo de 1933 y habían sido legalizados al día siguiente. El PNE no había tenido la misma suerte. Carlos López Manduley, por la Comisión Organizadora del PNE de Barcelona, había presentado la documentación en marzo de 1933. La Dirección General de Seguridad contestó que, dada la actuación del PNE, que ha obligado a clausurar su local en Madrid, «no procede aprobación de los estatutos». Como veremos, el partido albiñanista no será legal en Barcelona hasta noviembre. Ante la imposibilidad de legalizar el PNE en Barcelona, se optó por crear una entidad tapadera. En las paredes del local lucían pósteres con motivos deportivos y carteles de corridas de toros. Es la forma de disimular su actividad política. Las iniciales de la Peña Nos y Ego coinciden con las del PNE.
A partir de 1933, el PNE crece, también en Barcelona. El destierro en Las Hurdes del doctor Albiñana ha vuelto a poner en el foco de los medios a su histriónico líder. La derecha lo ha convertido en un mártir de la República. A pesar de ello no será liberado hasta agosto. Sus encendidos discursos y su actitud pendenciera atraen a admiradores de la Dictadura de Primo de Rivera, a exmilitantes de la Unión Patriótica y a ultras que buscan refugio en el PNE tras el fracaso de los proyectos en los que han participado.
Algunos de los que se suman son el reducido grupo barcelonés afín al Cruzado Español, organización clandestina que había creado en Madrid el teniente coronel retirado Emilio Rodríguez Tarduchy, un ferviente primorriverista, que con la Dictadura había sido instructor del Somatén y uno de los dirigentes de la Junta de Propaganda Patriótica y Ciudadana y ya con la República había dirigido La Correspondencia Militar, dándole un toque radical. La mayoría son militares retirados y somatenistas, pero también hay algún joven, como el barcelonés de 21 años José Fernández Ramírez. Hijo de padre zaragozano y madre valenciana, Fernández Ramírez se había convertido desde joven en un ferviente españolista y un virulento anticatalanista. Había militado en la Juventud de Unión Patriótica siendo un adolescente. Atraído por la milicia intentó ingresar en el Ejército, pero no pasó las pruebas. Trabajaba como ayudante del maestro Demetrio Rodríguez Andrés, que había abierto un colegio particular tras haber ejercido de director de las escuelas de la Agrupación Obrera de la Unión Patriótica. Se encargaba de acompañar a los alumnos a sus casas y de ayudarlos con sus deberes. Pronto se convertirá en el secretario de López Manduley.
También se acercan al albiñanismo comerciantes, abogados, funcionarios y trabajadores de empresas estatales. Por ejemplo, el vicepresidente de la Peña Nos y Ego, Santiago García Barbero, era comerciante, y el secretario, Enrique Bieto, al que hemos visto en la dirección de la FOC y que acabará en 1935 en Juventud de Derecha de Cataluña, trabajador de Telefónica. Según nuestros cálculos, sobre un centenar de militantes albiñanistas de los que conocemos su profesión, un tercio eran militares, la mayoría retirados, un 20 % provenían del sector comercial, un 15 % eran empleados y funcionarios, un 10 % profesionales liberales y otro 10 % industriales, comisionistas o agentes de bolsa. También hay policías y dos sacerdotes. Los obreros son anecdóticos.
Aunque la mayoría de la militancia tiene ya una edad, también se han acercado algunos jóvenes. En lo que coinciden los nuevos militantes del partido albiñanista es en su fanático españolismo y su feroz anticatalanismo. El PNE barcelonés hace de ello su principal bandera y seguramente ese es su principal atractivo. En ellos debía pensar el falangista Fontana cuando escribía: «Barcelona, como todas las ciudades españolas, tenían un sector de lo que yo llamaría “españolismo profesional”, chabacano y romo, que ofrecía blanco abundante para las divertidas sátiras del Be Negre» (Fontana, 1951: 20).
El PNE será un auténtico vivero para los grupos de extrema derecha de la ciudad. Muchos de los militantes españolistas que conocemos y conoceremos pasaron en algún momento u otro por el albiñanismo. A la vez se convirtió en partido refugio, recogió a militantes de proyectos españolistas frustrados. Por el partido pasarán, entre 1930 y 1934, más de trescientos militantes.
Tras el fiasco de la Sanjurjada, la derecha se dividió entre los que se decantaban por una vía sediciosa, por preparar un nuevo golpe de Estado, y los que planteaban una vía electoral y parlamentaria; un breve ejemplo de estos en Barcelona fue Concentración Española.
ESPAÑA-REPÚBLICA: CONCENTRACIÓN ESPAÑOLA20
Carteles pegados en algunas calles de Barcelona anuncian un acto españolista en el Teatro Bosque para la mañana del domingo 16 de octubre de 1932. Se trata de la presentación en sociedad de un nuevo partido: Concentración Española. La afluencia de público es escasa. Ni de lejos se llena el teatro. El primero en tomar la palabra es el jefe del nuevo partido, el veterano periodista Antonio Bermejo Muñoz. Se trata de un antiguo anarquista, de origen madrileño, pasado al republicanismo radical. Hombre de acción, había sido detenido en diversas ocasiones en la primera década del siglo en manifestaciones y tumultos. Como periodista había dirigido en 1907 el semanario ¡Are més que may!, situado en el ala más españolista del lerrouxismo. Como sindicalista había figurado en la comisión de huelga de los tipógrafos en 1913. Se alejó de todo ello durante la Dictadura. Le siguen en el estrado el abogado Eduardo Stern, al que ya conocemos como upetista y excandidato monárquico en 1931, Manuel Palacio, otro antiguo militante radical, e Ismael Márquez Cubero, otro abogado, de origen cordobés y excombatiente en guerras coloniales.
En sus parlamentos exponen su programa: sostener el nombre de España por encima de todo, amor a Cataluña como la tierra en que viven o han nacido y unidad de la patria. Se presentan como republicanos, ni de derechas, ni de izquierdas, para «españolizar Cataluña». Su lema «España-República». Y para ello apelan a los, según ellos, 400.000 españoles nacidos fuera de la región que hay en Cataluña. Su objetivo es movilizar con un discurso españolista a los inmigrantes no catalanes de Barcelona de cara a las elecciones autonómicas de noviembre de 1932.
Los oradores se ven interrumpidos en diversas ocasiones por los gritos y pataleos que llegan desde la platea. Se trata de un grupo de nacionalistas catalanes que tratan de reventar el acto. A pesar de ello, el mitin prosigue, hasta que explota un petardo en el patio de butacas con la consiguiente confusión y alarma. El delegado gubernativo decide suspender el acto. Hay tres detenidos. No ha sido la presentación en sociedad que esperaban.
Los primeros pasos para formar Concentración Española se habían dado en septiembre de 1932. A partir del fracaso de la Sanjurjada, un sector del españolismo de extrema derecha trata de jugar la baza republicana y la vía electoral. Para ello busca aliados entre otros sectores españolistas de la ciudad: republicanos radicales desengañados con su partido y miembros de las casas regionales. De esta unión surgirá Concentración Española que, según sus estatutos, acata la República y nace para defender a los «no nacidos en Cataluña». Eligen como jefe del partido a Antonio Bermejo, al que acompañan en la dirección los abogados Ismael Márquez, Eduardo Stern y Juan Sabadell, del que ya conocemos su larga trayectoria ultra, del carlismo al integrismo para pasar en 1930 al mellismo y la Peña Ibérica, amén de colaborador de la publicación España Católica y conspicuo conspirador antirrepublicano hasta que rompió con los ibéricos. Tras su paso por Concentración acabará recalando, como otros, en el PNE. También figura como vocal en la junta el ebanista Rafael Martínez García, sindicalista del ramo de la madera, pero de firmes ideas españolistas, que más adelante, como tendremos ocasión de ver, se acercará a la Falange.
El 30 de septiembre de 1932 salía el primer número de su órgano de prensa con el original título de Concentración Española. La publicación se presentaba con un ¡Viva Cataluña española! Además de explicitar su programa, la publicación no hace ascos a cierto populismo cuando habla de eliminar impuestos o de podar los altos sueldos políticos. Se muestran muy críticos con «Esquerda» Republicana, como denominan al partido de Macià, y con la Generalitat, a la que acusan de estar creando un miniestado. Más virulentos son los artículos contra los partidos independentistas.
Aclaran que no es partido de castellanos, sino de españoles, y que defienden el castellano, pero no son contrarios al catalán. De hecho, publican algún artículo en catalán, en el que afirman «no som aquells espanyolistes d’Albiñana»; ellos se consideran españoles, pero no españolistas. Se consideran «la guardia montada para vigilar que Cataluña autónoma no se convierta en Cataluña separatista». Aceptan el Estatut, pero muestran su disconformidad con su aplicación.
Pero las divisiones habían empezado pronto. A los seis días de constituida Concentración Española un pequeño grupo disidente, impulsado por Daniel J. Hermosilla Torre, presidente de la fantasmagórica Confederación Interregional Hijos de Iberia, que curiosamente obtuvo una efímera fama «por la campaña que realizó defendiendo la causa del país catalán a raíz del plebiscito pro Estatuto», crea Confraternidad Española. Cuelga carteles en la ciudad en los que llama a los españoles de otras regiones a una reunión para el mismo día que Concentración tenía previsto su mitin de presentación.
Concentración publica un extra de su revista donde denuncia el confusionismo que pretenden crear los escindidos. Además, deciden aplazar su presentación para el día 16 de octubre, la que conocemos en el Teatro Bosque. Como hemos visto, el mitin no fue bien. Escaso público e incidentes. El día 24 de octubre volvieron a intentarlo. Se convoca otro acto en el Cine Triunfo. De nuevo poco público. En él insisten en la necesidad de «la unión de los no catalanes residentes en Cataluña, para presentar un frente único en las próximas elecciones». De nuevo se reprodujeron los incidentes, pero esta vez se pudo finalizar el acto. El día 29 volvieron a programar un acto de propaganda en Pueblo Nuevo.
Pero el confusionismo sembrado por Confraternidad seguía. El 9 de octubre se había constituido oficialmente el Partido Republicano Confraternidad Española, formado por «ciudadanos de las distintas regiones españolas no nacidos en Cataluña». No llegan al centenar. Pero la escisión, a su vez, pronto tuvo sus propios problemas internos y el 27 del mismo mes su presidente denunció en el juzgado por desfalco a algunos «individuos que habían pertenecido a la comisión organizadora del partido». Confraternidad Española ya no levantaría cabeza. Unos volvieron a Concentración y los restos del partido acabarán ingresando, en noviembre de 1934, en el Partido Agrario Español.
Para añadir desconcierto a la situación, paralelamente a estos partidos nació la Unión de Regionales de Cataluña. El 26 de octubre anunciaba su constitución. El primero de noviembre escenifican su presentación con un acto también en el Teatro Bosque. Los oradores afirman que su «única finalidad es defender los derechos y los intereses de los regionales que viven en Cataluña». La misma cantinela.
También los radicales contaron en estas elecciones en su candidatura con dirigentes de casas regionales que tradicionalmente habían sido cercanas al lerrouxismo. Además, en alguno de sus mítines utilizaron el argumento de que los no nacidos en Cataluña se podían convertir en ciudadanos de segunda y convocaron actos para aragoneses y gallegos en los que intervinieron diputados radicales de esas regiones.21
Hubo sectores de las casas regionales que reaccionaron y criticaron duramente la utilización política que se estaba haciendo de los no nacidos en Cataluña. La Casa de Valencia, el Centro Cultural Gallego y cerca de un centenar de inmigrantes publicaron en la prensa un manifiesto en el que se quejaban de «que esta floración espiritual del sentimiento regional despierte al ruido de una cercana lucha electoral». Afirmaban que
contra ciertas propagandas anticatalanas, de quienes indebidamente sé dicen representar a los regionales no catalanes, todas las colonias de estos están plenamente identificadas con el pueblo catalán y por ello debemos pronunciarnos políticamente dentro de los partidos políticos dé arraigo en esta región, sin estar autorizadas agrupaciones que para fines personalistas llevan como banderín de enganche el nombre sagrado de nuestras tierras nativas.
Finalmente, Concentración y la Unión confluyeron en una lista electoral para las elecciones catalanas. Los resultados fueron ridículos. Bermejo, el más votado, se quedó en unos trescientos votos, el resto no llegaron ni a doscientos.
A partir de aquí, el partido, como tantos otros de la extrema derecha, fue languideciendo. Su publicación no volvió a ver la luz. Abandonaron el partido los sectores más derechistas. En septiembre de 1935 todavía subsistía un pequeño núcleo de Concentración, sin actividad alguna. Pero, como veremos, sus juventudes, creadas en noviembre de 1933, tendrán un carácter menos ambiguo.
Ismael Márquez y Eduardo Stern, sin renunciar a colaborar con el PNE y otros proyectos ultras, acabaron en otra fuerza reaccionaria, más numerosa y bien financiada, que se estaba reestructurando, la alfonsina Derecha de Cataluña.
MONARQUIZANTES Y REACCIONARIOS: DERECHA DE CATALUÑA22
El salón de fiestas del Hotel Ritz, haciendo gala de su elitismo, está lleno ese 22 de enero de 1933 de miembros de la aristocracia barcelonesa y de gente bien de la ciudad. Aunque se trataba de un banquete íntimo, se han reunido unas doscientas personas, que han recogido sus invitaciones en la Peña Blanca, organizadores del acto. Se disponen a escuchar a una de las estrellas del alfonsismo político, el exministro y exmaurista Antonio Goicoechea.
Desde que llegó en el expreso de la mañana no ha parado. Misa, aperitivo en el local de la Peña Blanca, traslado al Hotel Ritz, donde recibe algunas visitas. Tras la comida asiste a una conferencia en el Círculo Tradicionalista del Distrito I en la que el publicista Gonzalo Pardo propugna la unión de todas las fuerzas monárquicas «por el lazo de las ideas y de las doctrinas y por el dolor, por el sacrificio y por el entusiasmo, dejando a Dios, en su sabiduría infinita, la resolución y esfumación» de las pequeñas diferencias. Requerido por los asistentes, Goicoechea tomó la palabra. Afirma sus coincidencias con lo planteado.
Ahora, tras el banquete de homenaje que ha recibido, Goicoechea se dirige a los comensales. Defiende a la Iglesia católica y la monarquía y afirma que
para lograr la consecución de sus ideales y obtener la federación de las derechas españolas propugna el establecimiento de un régimen de justicia entre los nacionales y revisar el texto constitucional, ligándose entre sí las derechas, pero las derechas auténticas, no las falsificadas y suplantadoras, porque dentro del régimen actual, no hay derechas ni posibilidad de haberlas.23
Aquí está el quid de la cuestión; Goicoechea ha militado hasta entonces en Acción Popular, el partido católico dirigido por Gil Robles, ha liderado su ala monárquica y más derechista. Ahora, este sector ha decidido separarse de un partido que se ha declarado dispuesto a acatar la legalidad republicana. Consideran que Acción Popular, con su gradualismo, ha renunciado a derribar la República. En septiembre de 1932, en una reunión en París entre alfonsinos exiliados y del interior, se ha decidido la creación de un partido propio, el que será Renovación Española. Tienen la aquiescencia de Alfonso XIII. Goicoechea está en Barcelona para presentar el nuevo proyecto político y recabar adhesiones.
Al día siguiente Goicoechea sigue en Barcelona. Nueva misa y nueva visita a un círculo carlista, esta vez el de Sarrià. Goicoechea considera a los tradicionalistas sus aliados naturales en la nueva federación de derechas que quiere construir. Esa tarde se reúne en la Peña Blanca con los dirigentes alfonsinos. El objeto es dejar sentadas las bases del nuevo partido en Barcelona. Las propuestas de Goicoechea son bien recibidas por los alfonsinos barceloneses. Hasta ahora la vía conspirativa ha sido un fiasco y la electoral otro. Es el momento de reorganizarse. Esa misma noche regresa a Madrid.
El 9 de febrero de 1933 se constituirá oficialmente Renovación Española bajo la presidencia de Antonio Goicoechea. En su lema dejan claros sus reaccionarios objetivos: Religión, Familia, Orden, Trabajo y Propiedad. Se convierten en el partido de la aristocracia, de los terratenientes y los financieros, de los que aspiran a volver a mandar restableciendo la monarquía. Desde el primer día conspiran para derribar la República; serán los grandes financiadores de las tramas golpistas.








