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—Soy un hombre.
Al siguiente momento Louis estaba tirado sobre el sofá pataleando y llorando como un niño…
—¡¡¿Por queeeé?!! ¡¡Buaaaa!! —chillaba desconsolado golpeando mi sofá italiano con el puño.
Mi padre lo tomó de la camisa y le dio varias bofetadas de derecho y de revés hasta que se calmó.
—Yo también tengo algo que decirte: Anna nos vio en el shopping, la oí —sollozó Louis.
—¿Y a qué fue? ¿A mirar a través de las vitrinas y soñar con poder comprar algo de Hermès? Si es una pobre desgraciada…
—Me gusta como elaboras el sarcasmo hija… —chocamos los cinco con mi padre—. Me siento tan orgulloso de ti. Los dejo. Tengo que ir a entrenar, no tengo menos de 8% de grasa corporal por quedarme en casa sentado —avisó mi padre y salió para el gimnasio.
—Te amo. ¡Eres el papá más lindo y genial del mundo!
Miré a Louis de frente.
—Esto no va a quedar así… ahora van a conocer mi sophinialidad… —amenacé—. Esto es lo que haremos...
*
La directora Julianni se presentó en el aula mientras yo estaba con los pies arriba de la mesa limándome delicadamente mis uñas esculpidas.
—Chicos tengo una mala noticia. Este fin de semana ha muerto el profesor Della Fontaine —anunció en un tono melancólico. En su rostro se reflejaba una tristeza demagoga, como si esperara contagiarnos de esa tristeza.
Algunos de los idiotas de mis compañeros se sorprendieron y más de uno, increíblemente, lo tomó con tristeza.
—Yo sé que los toma por sorpresa su muerte, es decir con su edad…
—Lo que me estaba tomando por sorpresa es como demoró tanto, digo, vamos, cuarenta años… —advertí.
—Señorita Laurent, no es momento para sus bromas…
—¿Cuál broma? —Susurré por lo bajo mirando a Louis que no pudo contener la carcajada.
—Lo va a suplantar el profesor Westein que está por llegar. Los dejo, no hagan mucho ruido hasta que llegue.
—Directora Julianni —la interpelé antes de que se retirase.
—Señorita Laurent —me respondió aguardando mi comentario, siempre con esa mirada de esperar lo peor de mí.
—¿Y no nos va a dar la mala noticia? Creo que todos la estamos esperando.
La directora Juliani me clavó la mirada, el odio parecía brotarle de los poros. Hasta que se calmó y se fue. A los dos minutos entró el nuevo profesor de literatura. David Westein.
¿Qué demonios le pasaba a mi corazón? Comenzó a latir muy fuerte cuando él entró. Llevaba unos lentes que protegían unos ojos preciosos, era de piel color de la miel y de cabellos castaños, por momentos rubios, de grandes músculos y bello como un ángel. «Tranquila Sophia es un hombre viejo de veintisiete años, tú nunca has sentido nada por ningún hombre, no puede sucederte esto». Necesitaba ir a comprobar si mis glándulas estaban liberando una cantidad excesiva de hormonas.
—Siéntese señorita —me dijo el profesor Westein.
—Lo siento señor mayor, pero estoy experimentando un inconveniente físico.
Él sonrió y estiró la mano indicándome que podía salir. Saqué el teléfono celular de mi cartera y llamé a mi padre.
—Hermoso de mi vida… papi, necesito preguntarte algo...
—Dime princesa…
—Si un profesor muy guapo, pero muy guapo me pone nerviosa y me hace latir el corazón… ¿estoy en riesgo de enamorarme de él?
—No reina. No lo creo. Simplemente te parece atractivo y tu cuerpo reacciona, son cosas normales a tu edad. No debes preocuparte.
—¡Fiuuu! —suspiré— gracias papá, estaba aterrorizada, pensando en que podía llegar a sucederme lo mismo que a todas estas chicas poco finas y sin elegancia que almuerzan hamburguesas de 300 calorías.
—Tú eres Sophia Laurent, nunca serás una chica sin elegancia.
—Eso es obvio papá. Debo volver a clases, nos vemos a la noche.
Regresé al curso enseguida, aliviada por las palabras de mi padre, siquiera había tenido que pasar por la enfermería de la escuela.
—¿Se siente bien? —Me preguntó el profesor.
—Perfectamente, solo deje de ser tan… tan… eso que hace para que a las adolescentes les lata fuerte el corazón, no va a funcionar conmigo.
Me miró sorprendido, como si no entendiera de lo que le hablaba. Se sonrió y continuó con su aburrida clase de literatura.
Sonó el timbre del descanso. Me dirigí sin dudar a la biblioteca que era el lugar preferido de Gastón Rey y allí lo encontré, sentado leyendo idioteces de fracasado.
—Hola…—dije apenas lo divisé. Gastón me miró—. Hola dije… ¿necesito decir algo más?
—Hola belleza ¿cómo la llevas?
—¿Acaso no ves como la llevo? —Señalé mi figura increíble.
—Perfecta… —expresó con las babas que se le caían.
Recorrí mi silueta con el rabillo del ojo.
—Es verdad, lo soy… pasarás a recogerme a las siete.
—A las siete estaré allí.
—No entiendes nada. Serás el primero en salir con Sophia Laurent. Estarás a las 06:50 en la puerta de mi casa. Y otra cosa, si sales conmigo tienes prohibido respirar cerca de otra chica… no vayan a creer que pueden ser competencia para mí —aclaré.
—Acepto.
—Por supuesto que aceptas. ¡Dios! Tengo que explicar todo… —me fui indignada.
—Hasta entonces —se despidió con rostro de idiota o enamorado, lo que prefieran, es lo mismo.
—¡Top! —Dije y me fui.
Las lágrimas brotaban desconsoladas de los ojos de Jessica. Sus amigas Anna y Julieta la observaban entristecidas.
—La muy zorra me quitó a Gastón. ¡Él me dejó… ¡buaaaaaa! —lloraba la chica.
—¿Acaso será porque tú le quitaste a Louis? —Preguntó Anna.
—No pensé que fueran en serio, creí que solo estaba jugando con él…
—Ok… ok, pero esto no puede ser tan malo… dejando de lado que perdiste al chico más apuesto de toda la escuela… —intentó explicar Anna.
—¡Buaaaaa! —continuó llorando Jessica.
—En fin, lo que digo es que, si Sophia Laurent, quien puede tener a cualquier chico que quiera, se fijó en Gastón solo porque tú le robaste a Louis, esto significa que Louis le importa… puede ser que hayamos encontrado su punto débil… —dedujo Anna.
—No lo había pensado así… tengo a Louis conmigo… —El llanto de Jessica se transformó de inmediato en una sonrisa malévola.
—Por ahora… —remarcó Anna acomodando su cabello brillante.
—¿Qué? —Preguntó sorprendida.
—Si ella quisiera recuperarlo ¿crees que él se resistiría? —Expresó con cierta ironía.
—¡Qué mala amiga eres! ¿Por qué me dices eso?
—Digo que debes asegurarte de que Louis no te deje… tienes que darle algo que Sophia no le daría…
—Te refieres a… —tragó saliva— ¿mi virginidad? —Se asustó Jessica.
—No creo que sea necesario tanto, ¿acaso crees que Sophia le dará tan solo un beso?
—Es cierto con un buen beso alcanzará… le voy a meter la lengua hasta el estómago a ese inútil y le voy a demostrar a esta perra quién soy yo…
*
Era la primera vez que había un hombre en mi habitación. Gastón se acercaba a mí mientras que hablaba, estaba sentado justo al borde de mi cama y se iba corriendo con movimientos disimulados para llegar a mí. En un momento comenzó a acercar su boca a la mía con aires de playboy. Olvidando que estaba Sophia Laurent y que lo que funcionaba con las otras retardadas no funcionaría nunca conmigo. Lo primero que se me vino a la mente fue cuestionarme por la marca de crema dental que usaba. Quizás debía preguntarle, supongo que ninguna chica besa a un chico que usa una pasta dental de segunda marca.
—Aguarda un momento. Tú ¿no estabas saliendo con nadie? —Interrogué con un tono musical. En serio, deberían oír lo bella que es mi voz.
—A decir verdad, sí, estaba saliendo con una compañera tuya… con Jessica… pero la dejé por ti —respondió al instante un poco inseguro.
—¿Con Jessica? —Fingí sorprenderme— bien que la dejaste, pero eso no es suficiente. Necesito verlo y que todos vean que ahora que estás conmigo nunca volverás con ella, que no puede competir conmigo. Quiero que se lo dejes en claro y quiero verlo, no te creeré hasta que lo vea.
—Es muy cruel hacerle eso. ¿Por qué lo harías? Es decir ¿por qué quieres que lo haga? —La expresión de Gastón pareció desilusionada, aquí tuvo una real oportunidad de conocer mis intenciones, pero es hombre… tienen un cuerpo y un rostro como el mío en frente y se convencen de lo que su estupidez les dicta.
—Porque ella me odia y quiero marcarle una diferencia. Además, si me hubieras dicho que estabas saliendo con alguien nunca me hubiera acercado a ti —puse carita de buena y mentí. Ok, está bien, intenté poner carita de buena, pero no me salió. De todas maneras, repito: es hombre, creerá lo que yo le diga que crea.
—Está bien… —dijo no muy convencido.
—Si prefieres no salir conmigo… —le comenté a modo de amenaza diplomática.
—No, no… sí quiero salir contigo. Lo haré. Pero no voy a humillarla delante de todos, solo delante de ti.
—¡Top! —Gastón tenía principios. Les dije que respetaba eso. Era un poco menos idiota que el resto de los chicos.
*
Bueno quiero que se enteren de una vez que odio narrar todas las superficialidades que ocurren, esta es mi novela y la cuento como quiero, y si no les gusta es porque no están a mi nivel intelectual super sensacional. Así que, si esperan eso, mejor vayan a leer cuentitos de niñas estúpidas con ositos, perritos y finales felices. Les voy advirtiendo que no voy a estar contando que amaneció una vez más, que fui nuevamente a esa escuela de fracasados y bla, bla, bla… usen el cerebro y dense cuenta de cuándo ha transcurrido un día y cuando no.
Crucé mis brazos delante de Jessica. Gastón parecía algo inquieto. Dudaba de lo que estaba haciendo.
—Como sabes, Jessica, estoy saliendo con Sophia, así que no quiero que te me acerques ni me que envíes textos o audios en WhatsApp, ni que me sigas en Facebook o Instagram.
La chica desengañada trataba de contener el llanto, solo lo hacía porque tenía mi cínica mirada frente a ella sonriendo con malicia. Pero no mostrando una sonrisa evidente, todo lo contrario; mi sonrisa era ilegible, solo se notaba en el brillo de mis ojos.
—¿También quieres que cancele la suscripción a tu canal de Youtube? —Preguntó.
—No, eso no… sabes bien que necesito suscriptores si quiero ser youtuber...
Yo lo pateé en los tobillos.
—Sí, cancela la suscripción —se resignó Gastón.
—Muy bien —dijo Jessica a punto de llorar— pero espero que sepas que soy una mujer muy rencorosa y orgullosa. Cuando esta zorra deje de jugar contigo vas a volver arrastrándote y yo no te voy a perdonar nunca que me hayas dejado por ella.
La tomé de la nuca y la traje hacia mí.
—Vuelve a decirme zorra y te revuelco por todo el piso.
Jessica se asustó, sabía que yo no hablaba en broma. Era bueno que me temiera, me hacía sentir poderosa.
—Ahora ¡lárgate! —Le ordené tronando los dedos.
Jessica se fue conteniendo las lágrimas y Gastón la miró abandonar el lugar con cierto grado de culpa. No le gustó para nada lo que hizo, eso se notaba.
—Bueno —se acercó seductor— ahora podemos volver a lo del beso —aproximó su rostro al mío y yo lo aparté.
—No habrá ningún beso. ¿Acaso crees que un chico que salió con esa perdedora tendría alguna oportunidad conmigo? Estás loco… adiós.
—Eres de lo peor, una bruja sádica y manipuladora. ¿Con qué necesidad me hiciste humillarla así, si no querías nada conmigo?
—Oh! No me culpes por lo que tú mismo hiciste… nadie te ha puesto una pistola en la boca, humillaste a esa pobre chica que sentía algo por ti solo porque eres hombre y egoísta, y te dominan tus hormonas. Es más, la dejaste por mí antes de que yo te pidiera nada… tú eres el sádico, te alzas como un perrito en celo, corres detrás de cualquier falda y caes en lo más bajo solo por conseguir sexo.
Gastón se quedó callado. No supo qué decir.
—Además ¿crees que no me di cuenta de que esos pantalones los conseguiste en un outlet de rebaja? Puedo notar una falla de fábrica a kilómetros… nunca saldría con un chico que usa ropa de segunda… —me retiré del lugar. Gastón me miró con odio y apretó sus puños, juro que, si no fuese mujer, me hubiera dado un puñetazo en el rostro.
Ahora solo debía asegurarme de que todos me vieran con Louis. Tardaría segundos en viralizarce y en llegar a oídos de esa mugrosa, apestosa, piojosa. Jessica no tendría nada.
Así fue, me paseé tomada de la mano con Louis y a los pocos minutos toda la escuela hablaba de nosotros como novios. Incluso dos blogueras del año anterior lo postearon. Salí divina en las fotografías.
Y llegó el momento en que Jessica y Louis cruzaron palabras. Fue justo a la salida de la escuela. Ella lo tomó del brazo en el momento en que yo fui a poner en marcha mi carro. Opté por no entrometerme a menos que fuera necesario, confiaba en que Louis haría un buen trabajo, aunque no del todo… es hombre y es débil.
—¿Qué se supone que estás haciendo? Estabas conmigo y ahora estás con ella… —reclamó Jessica. Un reclamo totalmente infundado, pero estaba tratando de al menos conservar a Louis.
—Ya puedes dejar el teatro de lado… —ironizó el muchacho—. Te oí. Estabas conmigo solo para vengarte de Sophia, mientras salías con Gastón Rey. Ese… le rompería la boca sino fuera que me da pena arruinarle esa sonrisa tan blanca que tiene.
—Y hasta hablas como ella… —se apenó la chica con ojitos tristes y desalentados.
—Ya deja de creerte mejor persona que ella… ella es una bruja, pero al menos es sincera al respecto. Tú juegas el papel de víctima y pobrecita chica buena y eres una arpía, jactanciosa y manipuladora. Y ya que aún no terminas conmigo, déjame hacerlo a mí: yo termino contigo Jessica, no quiero que vuelvas a hablarme.
«Sí, ese es mi muchacho» —festejé.
*
Estacioné mi BMW en la puerta de la casa de Louis. Él descendió.
—Bien, todo salió como lo planeamos —dijo algo apresurado y alegre. Yo le clavé una mirada furtiva.
—Es decir como lo planeaste… lo siento —remedió.
—Así está mejor —aclaré.
—Jessica tuvo su merecido. No debió jugar con mis sentimientos… yo no le había hecho nada —expresó Louis con desánimo.
—No, no debió hacerlo… aún faltan las otras sarnosas, pero fue suficiente por hoy. Eres un buen chico Louis, quizás el único decente de esa escuela de piojosos y sabes a quién recurrir cuando necesitas adecuar tu vestuario.
—Gracias Sophia…
—Nos vemos al rato. Y por favor múdate a otro barrio, esta zona es muy pobre… tengo miedo de pescarme ébola o alguna de esas cosas que tiene la gente menesterosa.
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