Lógicas y modelos de decisión y acción organizacional

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En síntesis, si bien los modernos tecnócratas parecen tener diversos rasgos, están ligados por las características siguientes (Ralston-Saul, 1992):
•Muestran una gran dificultad para integrar o integrarse a un proceso democrático, su talento no congenia con el debate público ni con una relación abierta con el pueblo. Se vuelven altaneros y ocultan su desprecio, o bien son ridículamente amigables, como si el pueblo fuera idiota, o simplemente caen en la confusión y se van por otras direcciones. Son diestros en los métodos y los sistemas, en las batallas clandestinas y en el arte de deformar o retener información. Son mercaderes del conocimiento y lo venden a cambio de poder. Atribuyen gran valor al secreto.
•Saben del poder paralizante que en la práctica tienen los informes, que los datos son conocimiento y el conocimiento es verdad. Los informes y los “datos duros” son muy apreciados y los usan como recurso de poder en toda la sociedad occidental, saben que controlarlos equivale a controlar el debate y con ellos terminan diluyendo la función de los órganos de gobierno colectivo, tanto públicos como privados (cabildos, consejos y juntas) destinados a usar el sentido común colegiado.
•Sus actitudes y conductas hacen que los viejos aristócratas y cortesanos parezcan profundos y civilizados. Es que el tecnócrata cuenta con una formación intensa en un arte u oficio, pero desconoce todo lo relacionado con la historia y contexto; uno de los motivos por los que no pueden reconocer la relación necesaria entre el poder y la moralidad, es que las tradiciones morales son producto de la civilización y tienen poco conocimiento de ésta.
Los tecnócratas evidencian porqué la razón y su uso indiscriminado conducen a una racionalidad cerrada, a un racionalismo que únicamente obedece a la lógica clásica o niega todo aquello que la rebasa. También muestran al racionalismo como una ideología que predica la pertinencia universal de la razón para todo conocimiento y conducta, según el cual todo lo que existe tiene una razón de ser, qué hay una asociación clara entre inteligibilidad racional y el ser.
Por lo anteriormente expuesto, el homo economicus y el tecnócrata, evidencian la incapacidad de la razón como sistema de conocimiento para aprehender al sujeto como tal, incluso si lo circunscribe como homo sapiens7, en ambas concepciones el individuo tiene una subjetividad muy limitada, no afectiva, que deshecha por inasimilable una parte enorme de la realidad que es todo lo que se refiere a la complejidad del individuo, por lo tanto, el racionalismo es una racionalidad cerrada e incompleta al no considerar como dice Morin (2015):
•Lo singular, lo individual que es borrado en aras de la generalidad abstracta.
•Lo concreto (contingente), lo existencial, siempre afectivo, por ende, subjetivo y falto de razón.
•Todo aquello que no es sumiso al estricto principio económico de eficacia, es decir, lo que es “gasto”, dilapidación, lo festivo, la donación, lo destructivo, en fin, todo aquello que el racionalismo ha visto como propio de seres irracionales, poco razonables, o bien lo que considera como formas balbucientes, débiles de la economía.
•La poesía y la estética, que se toleran en tanto que diversiones, pero que no tienen el valor de conocimiento, de verdad.
•El juego, que solo se tolera si se ve como aprendizaje, o como medio agradable de cumplir una tarea y si puede ser cuantificada como una meta, mucho mejor, pues se convierte en un modelo, en una norma.
•El desorden, el azar, que conllevan lo absurdo, la anarquía, a los qué hay que refutar y combatir, incluyendo todo aquello que se denomina: trágico, sublime, ridículo, sobre todo lo relacionado con: humor, dolor y amor.
En suma, el racionalismo al rechazar la parte a la vez grávida y obscura, etérea y onírica, afectiva y subjetiva de la realidad humana — que es sin duda la realidad del mundo— que ha estado presente en la parte maldita/bendita de la poesía y de las artes, por lo tanto, padece de una carencia inédita con respecto a lo que es el sujeto, la afectividad, la existencia, la complejidad, la vida.
Finalmente, es justo reconocer que después del largo periodo recorrido por la razón, se ha dado un paso claro, un paso que nos aleja de la revelación divina y del poder absoluto de la Iglesia y del Estado; esa lucha muy real y ardua contra la superstición y el poder arbitrario, se ganó con el uso de la razón y del escepticismo, pero cuando se consideró como arma moral tuvo como efecto inesperado, la separación y distanciamiento de otras características humanas ya mencionadas como: la afectividad, la intuición y ante todo la pasión. Para contrarrestar lo anterior fue necesario ir mas allá de la razón y acercarse a los conceptos de humanismo e inteligencia, así como desvelar los lazos ambiguos y fundamentales que existen entre lo racional y lo irracional (Morin, 2015) (Ralston-Saul, 1992).
Humanismo, inteligencia y razón renovada
La puesta del individuo en el centro del interés de la ciencia y el arte fue definitiva para el surgimiento del humanismo, las humanidades y el estudio de sus atributos únicos como la acción y la inteligencia, esto a su vez condujo al replanteamiento de la razón y sus métodos. Lo que sigue es una apretada síntesis de este proceso.
El Humanismo y su evolución
Morin (2015) revisa la trayectoria del humanismo antes de proponer su regeneración, según este autor han habido dos humanismos, el primero presente en el siglo XVI estaba ligado al estudio y práctica de las humanidades que en aquel tiempo estaban en su apogeo; poco después pasó de ser humanidades para quedar como la humanidad, el conjunto de seres humanos y de allí derivó en humanismo que en la civilización occidental se manifestó con dos rostros antinómicos: él primero es el de la cuasi-divinización del humano y su derecho a dominar a la naturaleza, que dio lugar a las expresiones homo sapiens/faber/economicus que a su vez, transmiten la idea que el hombre es la medida de todas las cosas y fuente de todo valor. Esta es una especie de humanismo antropocéntrico, que aspira a ganar legitimidad absoluta con argumentos tales como: la fuerza de la razón, los poderes de la técnica y el monopolio de la subjetividad y lleva a concebir a un hombre autárquico, sobrenatural, centro del mundo, amo de la naturaleza, que termina destruyéndola.
El segundo humanismo, sigue diciendo Morin (2015), fue el formulado por Montaigne en dos frases: “yo veo a todos los hombres como mis compatriotas” y “los bárbaros nos parecen tan maravillosos como nosotros les parecemos”, Montaigne practicó su humanismo al reconocer la humanidad plena de los indígenas americanos cruelmente conquistados y dominados, provocando con ello el malestar de sus dominadores. Este humanismo fue enriquecido por Montesquieu al agregarle un componente ético: “entre la patria y la humanidad se debe elegir la humanidad”. Finalmente, como corolario, en el siglo XVIII, tiene lugar la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, reconociendo como principio la plena calidad humana en cada ser de nuestra especie y la existencia de una identidad común, más allá de las diferencias.
Pero el humanismo no ha tenido una trayectoria fácil, su fuente, es decir, las humanidades, en los siglos dieciséis y diecisiete, tenían una posición delicada como disciplina, porque se creía que eran la zona donde podían esconderse con mayor facilidad la superstición y el prejuicio, se requería de la ciencia para eliminarlos y muchas veces fue un buen pretexto para limitar el avance de las humanidades. Por ejemplo, cuando el Cardenal Richelieu de Francia se quejaba que ocupaban demasiado espacio, no le preocupaba tanto los peligros de la superstición, sino la amenaza que representa la educación humanista cuando el Estado estaba procurando crear una elite útil.
La apreciación de que las humanidades constituyen una interferencia para la educación útil resurge una y otra vez, por ejemplo, el Instituto Aspen, principal centro de estudios empresariales de Estados Unidos, ofrecía, hasta hace poco tiempo, un curso de humanidades de una semana, con un titulo obscuramente cómico: ¿Pueden las humanidades incrementar la efectividad de la gestión? Otras organizaciones educativas recientemente invitaban a un curso como este: ¿paga ser una empresa social y ambientalmente responsable? Estos falsos y tristes remedios están proliferando en un intento de insuflar humanismo en seres formados racionalmente, también conducen a cuestionar si las élites contemporáneas, a pesar de sus múltiples títulos, están realmente educadas.
Se estima que, en correspondencia con su falta de bagaje histórico, las elites suelen leer lo menos posible evitando ante todo la historia, la filosofía y la narrativa, limitando sus lecturas a novelas escapistas, periódicos y documentos técnicos. Quizás lean algunas biografías, que cumplen el mismo papel voyeurista que las vidas de santos cumplían en las sociedades anteriores. Mintzberg (2004) en su critica a la formación de maestros en administración, MBA por sus siglas en inglés, concluye que es una mala formación aplicada a gente mal seleccionada, por lo que recomienda que a los graduados se les debe grabar en su frente la figura formada por dos huesos cruzados y una calavera, con la leyenda: incapacitado para administrar.
Harari (2014) por su parte, comenta que el humanismo comulga con la idea que el homo sapiens posee una naturaleza única y sagrada que lo hace fundamentalmente diferente de la naturaleza de todos los demás seres y fenómenos, que el bien supremo es el bien de la humanidad y esta creencia coincide con el primer humanismo a que se refiere Morín (2015). A partir de lo anterior, Harari (2014) argumenta han surgido tres sectas rivales que luchan por imponer su definición de “humanidad”:
•Humanismo liberal: cree que la “humanidad” es una cualidad de los humanos individuales y que la libertad de los individuos es por tanto sacrosanta. El mundo interno de los humanos individuales da sentido al mundo y es el origen de toda autoridad ética y política; ante un dilema hemos de mirar dentro de nosotros y escuchar nuestra voz interior: la voz de la humanidad. Los principales mandamientos del humanismo liberal están destinados a proteger la libertad de esta voz interior frente a cualquier intrusión o daño. A estos mandamientos se les conoce colectivamente como “derechos humanos”.
•Humanismo socialista: los socialistas creen que la “humanidad” es colectiva y no individualista. Consideran sagradas, no la voz interna de cada individuo, sino la de la especie homo sapiens en su conjunto y busca la igualdad entre todos los humanos, consideran la desigualdad como la peor blasfemia contra la humanidad porque confiere privilegios basado en cualidades secundarias de los humanos, por encima de su esencia universal.
•Humanismo evolutivo: su definición de “humanidad” esta influida por la teoría de la evolución, consideran que los humanos no son algo universal y eterno, sino una especia mutable que puede evolucionar hacia el superhombre o degenerar en un sub-humano; los nazis son los representantes mas famosos de esta definición. Siendo su principal ambición proteger a la humanidad de la degeneración y fomentar su evolución progresiva, según ellos la raza aria era la forma de humanidad más avanzada y tenia que ser protegida y alentada, mientras que sus formas degeneradas (judíos, gitanos, homosexuales, etc.) tenían que ser aislados, incluso exterminados. Ya hace tiempo que los biólogos demostraron que las diferencias entre las diversas estirpes humanas son mucho mas pequeñas que lo que los nazis postulaban.
Harari (2014) concluye afirmando que la mayor parte de los sistemas políticos y judiciales actuales, están basados en el humanismo liberal, no obstante, la biología ha demostrado que no hay tal superioridad anímica del humano sobre otras especies, ni libre albedrio, porque su comportamiento está determinado por hormonas, genes y sinapsis, son “las mismas fuerzas que determinan el comportamiento de chimpancés, lobos y las hormigas” (p.263).
Morin (2015), asimismo se refiere a un racionalismo humanista que ha emergido como una ideología de emancipación y de progreso por su lucha permanente contra los mitos y la religión, así como por la promoción del saber empíricamente fundado y verificable. El principio de universalidad de este racionalismo, junto con su idea del hombre libre, ha sido el fermento de la emancipación de los esclavos y de los oprimidos, de la igualdad de los derechos del hombre ciudadano y del derecho de los pueblos a su autodeterminación. El racionalismo humanista tiene confianza en el homo sapiens y lo considera razonable, aunque vacío de toda afectividad e irracionalidad, no obstante, ha universalizado el principio de libertad.
Pero al ser abstractos los principios universales, no consideran las diferencia culturales e individuales y por tal motivo el movimiento racionalista humanista fue monopolizado por el hombre blanco, adulto y occidental, excluyendo a aquellos que, se pensaba, no tenían la dignidad del sapiens, como los primitivos, los atrasados, los menores, quienes fueron tratados como objetos y dominados hasta la época de la emergencia de los movimientos de descolonización y liberación nacional. Al final, si se considera la unión del fermento crítico con la pasión por la igualdad y justicia que lo caracterizan, es posible concluir que el racionalismo humanista es una ideología básicamente positiva.
Por todo lo anterior Morin (2015) propone regenerar el racionalismo humanista considerando lo siguiente:
•Acabar con el mito de la primacía del hombre sobre la naturaleza.
•Desechar tanto la visión que idealiza, como la que degrada al humano.
•Concebir lo humano siempre en su realidad trinitaria: especie/individuo/sociedad.
•Pensar siempre al individuo humano como sujeto, evitando lo que en ciencias sociales sucede a menudo: su manejo como objeto de cálculo económico, estadístico, político o como una máquina rentable y competitiva.
Asumir las ideas anteriores implica: 1) reafirmar el primer principio humanista que consiste en reconocer la humanidad plena de todo individuo, cualquiera que sea él y venga de donde venga; 2) hacer este principio un asunto universal y a la vez concreto; ambas ideas deben ser las bases de las nuevas humanidades; y 3) conectar las humanidades con la ciencia.
Los impulsores de las nuevas humanidades deben promover una cultura rica en “nutrientes” provenientes de la cultura de las humanidades tradicionales (filosofía, literatura y artes) y la cultura científica contemporánea. Estas culturas evidentemente son de naturaleza diferente, la humanista es de carácter general y permite reflexionar sobre nuestra condición y nuestro propio destino, a partir de obras e ideas antiguas —como las de Heráclito, Platón y Lucrecio— y modernas —Montaigne, Pascal, Vico, Goethe, Leopardi, etc. —; la cultura científica, por su parte, es una cultura de especialización donde los conocimientos son separados y se carece de una capacidad reflexiva con excepción de lo hecho por algunos grandes hombres de ciencia al final de su carrera (Morin,2015).
La ausencia de comunicación entre las dos culturas a hecho que la científica, especializada y carente, como se dijo antes, de capacidad de reflexión, emprenda aventuras incontroladas. Mientras que las humanidades, con una capacidad reflexiva y critica, gira como un molino vacío sin el “grano” de los conocimientos científicos. Una muestra de lo que se puede generar con la comunicación entre ambas culturas es la idea de la trinidad humana de Morin (2015) que propone que lo humano es a la vez: individuo, biológico y social. Es un individuo, que contiene una parte, un momento de la especie humana y un momento, una parte de una sociedad. Esta idea solo ha sido posible con la integración de las aportaciones de la física, la biología, la antropología, la etiología animal, la ecología y las humanidades. En ese sentido van los trabajos de Damasio (2018) al buscar explicar la relación entre cerebro (neuro-ciencias) y la cultura social (antropología).
Un humanismo regenerado va a requerir, argumenta Morin (2015), una razón abierta, sensible y compleja que no interfiera y sí apoye. Esto implica renunciar a reducir al calculo tanto el conocimiento como la acción, así como rechazar la razón fría que obedece incondicionalmente a la lógica formal. La razón debe ser siempre sensible a todo lo que afecta a los humanos, debe seguir el axioma: no hay razón sin pasión, ni pasión sin razón. Más aún, la razón sensible debe integrar al amor, que es la más fuerte y más bella relación intersubjetiva conocida. El amor en la humanidad desborda las relaciones entre individuos, irriga el mundo de las ideas y sobre todo, insemina la idea de la verdad dando lugar al amor a ella, que es el complemento necesario de la libertad, pues sin amor a la verdad, la libertad se vuelve destructiva.
Múltiples inteligencias
En cuanto a la inteligencia, para March (March y Weil, 2005) la razón y la racionalidad son solo dos de sus diversas manifestaciones —considera incluso que están sobre valoradas — sus trabajos demuestran los limites de la razón y la necesidad de complementarla con otros enfoques , tales como la “tonteria” (foolishness) es decir, cuando se busca sin propósito, cuando se construyen los motivos de la conducta sobre la marcha, o bien cuando se insiste en explorar rutas riesgosas que a la larga llevan a la innovación. Argumenta que aún cuando las ciencias sociales algunas veces lo ignoran, a menudo actuamos por otros motivos diferentes a la razón, como cuando intentamos llegar a ser lo que queremos ser, sin la expectativa de una recompensa inmediata y nos embarcamos en viajes por el placer intrínseco de viajar y no por la recompensa del posible destino8 .
Inteligencia, argumenta March (2010), va más allá de explotar el mundo para satisfacer nuestras necesidades, conlleva dos componentes diferentes e interrelacionados, primero: adaptación efectiva al medio ambiente, para lograrla los individuos y organizaciones requieren recursos y capacidades, hacer buen uso de ellos, contar con conocimientos acerca de los mundos en los que existen, tener buena suerte y tomar buenas decisiones. Deben enfrentar a la competencia por los recursos, a las incertidumbres acerca del futuro y a otros factores externos sobre los cuales, en el mayor número de los casos, no tienen control. Finalmente, poblaciones de individuos y organizaciones sobreviven, en parte, presumiblemente porque poseen inteligencia adaptativa, sin embargo, su suerte no está asegurada. La especie humana “sapiens” ha sobrevivido por mucho tiempo en la tierra, aunque a costa de la desaparición de otras especies y la mayor parte de las organizaciones, que —-con excepción de la Iglesia Católica y ciertas universidades—- tienen una corta vida relativa (Harari,2014).
El segundo componente de la inteligencia incluye la elegancia de las interpretaciones de las experiencias de la vida. Es muy importante para los seres humanos, el que sus experiencias tengan sentido, estas interpretaciones están muy presentes en las conversaciones sobre las causas de los eventos y en las teorías psicológicas, económicas, políticas y sociales. El estilo o elegancia asignado a las interpretaciones es una certificación del estatus humano y una base para el ranking de individuos y organizaciones9.
En síntesis, las interpretaciones decoran la existencia humana y su significación es independiente de su contribución a la efectividad de la acción. Este componente de la inteligencia glorifica la contemplación, comprensión y la apreciación de la vida, no su control. Busca también lograr una mejor comprensión de nuestro mundo, encontrarle sentido y con ello aumentar el disfrute de nuestras vidas. La riqueza de nuestra inteligencia sólo parcialmente determina la riqueza de nuestras acciones y la belleza de nuestras vidas. Nuestras acciones y la satisfacción que obtenemos de ellas a menudo dependen más de nuestras representaciones de la realidad, que de la realidad misma y su problemática interpretación (March y Weil, 2005).
A fin de cuentas, lo importante ahora es precisar que es lo que nuestra civilización entiende, intuye o siente como razón, idea que se ha metamorfoseado en racionalidad y acto seguido es preciso indagar acerca de: ¿Cuáles son nuestras expectativas? ¿Cuál es la ideología que rodea estas ideas? ¿Cómo podemos renovar la razón y la racionalidad?
La racionalidad renovada
En la actualidad la racionalidad tiene muchos significados, en primer lugar, se refiere al pensamiento guiado por la razón, el calculo y el análisis; al despliegue de acciones que llevan de manera directa a los resultados deseados; lo racional es también sinónimo de una acción fría y calculada; otras veces tiene el sentido de sano, razonable, es un juicio acerca de la salud mental que despliega quien toma una acción o sigue un procedimiento que lleva a una acción; por otro lado, en psicología se usa el término racionalización como una construcción lógica pero delirante, partiendo de fantasmas o de hechos mal interpretados, es una justificación, en una sola palabra (Morin,2015).
En sociología y en economía, racionalidad significa métodos y técnicas para lograr un fin con los menores recursos posibles. La racionalidad es instrumental o técnica, cuando se usa sin tomar en cuenta los fines y quienes los patrocinan, pudiendo estos incluso ser criminales; la racionalidad es sustantiva cuando se concentra en reflexionar sobre la importancia y pertinencia de los fines buscados; pero la asociación entre ambas no es automática, dicho de otra manera, siempre que se busque la racionalidad instrumental, es necesario preguntar para qué o para quién, ¿Qué interés se busca satisfacer? lo cual lleva a discutir la racionalidad sustantiva, que es la fundamental; las escuelas de economía, gestión e ingeniería dedican mucho espacio a la enseñanza de métodos y técnicas, instrumentos de racionalidad instrumental pura y poco o nada a la sustantiva (March, 1994).
Como se argumentó en párrafos anteriores, en el límite, los procesos de racionalización tienen efectos perversos que a corto o a largo plazo conducen a la muerte, por ello es necesario abandonar la idea de fundar la razón solamente en la lógica y desarrollar una nueva que sea sensible, amorosa, abierta, incierta, viva y compleja, que se reconozcan los límites de la razón y la necesidad de guiarla para que pueda guiar, para lo cual es necesario revisar y ajustar tres aspectos claves de la racionalidad típica, como sigue (Morin,2015):
1.Método de conocimiento: la racionalidad es un componente indispensable del pensamiento, más no es todo el pensamiento. Mas allá de la razón, están la pasión, la locura, la contradicción, donde pueden estar las semillas de la innovación y del conocimiento nuevo, de hecho, la nueva ciencia descubre la contradicción cuando profundiza en lo real.
2.La realidad del ser: lo real excede a lo racional; haciendo necesario comprender que en lo material como en los seres vivos, co-existen orden y desorden, mientras que en los individuos el homo es sapiens-demens, es un animal razonable y es naturalmente privado de razón.
3.Conducta humana: eliminar la razón como fundamento absoluto y suprimir el derecho antropológico de usar y abusar de todas las cosas. La razón practica no debe ser más depredadora ni manipuladora, sino la base para concebir una relación ecológica y un nuevo ethos en lo concerniente a la organización del trabajo, de la vida, de la sociedad.
Estos son los principios, según Morin (2015), que deben guiar la revisión de la razón y así: eliminar el racionalismo, reconocer la riqueza de la irracionalidad y abrir la racionalidad hacia una relación compleja, es decir incierta, complementaria y antagonista con la realidad, lo cual conduce inevitablemente a reconsiderar el modelo vigente de decisión y acción, como a continuación se comenta.
La decisión racional pura10: la institucionalización del modelo y su revisión
Varios siglos de insistencia de la decisión como antecedente ineludible de la acción han dado lugar un modelo basado en lo que March (1994) ha denominado lógica consecuencial que es el marco para la decisión racional pura, es decir una decisión óptima; lógica y modelo han quedado arraigados en las ciencias y en la sociedad en cuanto a que se han institucionalizado al asumirse como el único y mejor camino (Brunsson, 2007). A continuación, se presentan algunos rasgos de la institucionalización de la lógica consecuencialista y su modelo racional, enseguida se describe el modelo racional puro y se culmina la sección con las propuestas de ajuste y complementación que hasta ahora se han desarrollado, en buena medida resultado de los cuestionamientos a la razón y la racionalidad antes apuntados.



