- -
- 100%
- +
I. El 31 de mayo como (tercer) hito;
II. El 31 de mayo como misión de Schönstatt en general; y
III. El 31 de mayo y Latinoamérica (Chile).
I. El 31 de mayo como (tercer) hito
1. El carácter de acontecimiento del 31 de mayo de 1949.
¿Qué significa que José Kentenich dio ese paso así y no de otro modo? En último término no sabía por qué debía dar ese paso así. Fue un riesgo en la fe (“Hacia la oscuridad”). Como en 1914 y 1942, tuvo que dar ahora ese paso audaz.
No deja de ser interesante que con respecto a este (tercer) hito se diga “Introducción, apertura e irrupción de lo divino”, como de los otros hitos. Y especialmente sobre el tercero se señale “Estar en la fuerza divina”. Y no se formule, por lo menos en primer lugar, pensar, vivir y amar orgánicos.
2. La misión de la Virgen María en el contexto de la época.
En el 31 de mayo se revela la misión mariana epocal. Para el Padre Kentenich, María tiene un significado central en la nueva conformación de la Iglesia y la sociedad. Más todavía, en analogía con la Encarnación del Logos, Jesús debe nacer otra vez de María para el tiempo más nuevo. Pareciera que nos encontramos en una diferente fase de la historia humana y salvífica, en la que la persona y la misión de la Virgen deben insertarse renovada y ampliamente en la Iglesia como complemento al misterio de Cristo, tal como lo implantó San Pablo. El Padre Fundador compara su tarea con este proceso8.
Eso significa un amplio proceso de configuración de la Virgen María en la Iglesia. Así como Cristo cobró figura, p.ej., en la jerarquía y en los sacramentos, debe María manifestarse más clara y esencialmente en las formas eclesiales.
Éstas son expresiones proféticas sobre María, no solo ni sencillamente pastorales. En ese sentido, tampoco se trata solo de más devoción mariana.
3. El proceso de configuración de la Virgen María en Schönstatt.
El proceso de configuración de la Virgen María es sencillamente Schönstatt (en conexión con la Confederación Apostólica Universal); tal es la visión profética de José Kentenich. En el 18 de octubre reconoce una vasta iniciativa divina. Y en Schönstatt, una “anticipación universal de la Iglesia en la Nueva Orilla” y “el corazón de la Iglesia”, de modo que a la sombra del Santuario se co-decidirán esencialmente los destinos de la Iglesia y del mundo por siglos, por milenios.
Si vemos en primer lugar su carácter de hito, el sentido del paso profético del 31 de mayo de 1949 consiste en insertar e implantar orgánicamente en la Iglesia este Schönstatt, no solo legalmente, sino como acontecimiento salvífico, como proceso de configuración de María, aspecto fundamental para la Iglesia. Se trata entonces de Schönstatt, en su reclamo mariano-profético como tal, en cuanto es una destacada obra de Dios. Él habló en Schönstatt, lo escogió. “Tienen que creerlo”. En especial los obispos, y naturalmente el Papa, deben situarse ante esta pretensión y reconocerla públicamente.
El resultado del exilio, tal como aparece en el Cuarto Hito, es precisamente un nuevo sello del carácter divino de Schönstatt y de su lugar en la Iglesia. En la audiencia con Pablo VI aparece simbólica e inicialmente el encuentro del representante del proceso de configuración crística y el representante del proceso de configuración mariana. “Alcanzamos todo”, dice ocasionalmente nuestro padre tras 1965. Ciertamente que todavía son posibles nuevos desarrollos.
4. El P. Kentenich como cabeza supratemporal.
Si bien al Padre Fundador le importa mucho María, y aún sin que lo hubiera previsto inicialmente, él pasa casi exclusivamente al primer plano de interés. Según los planes divinos debía ser así.
Aquí hay que mencionar el aspecto de “cabeza supratemporal”, como siempre más claramente se presenta desde los acontecimientos en torno al 20 de enero de 1942. Lo que hasta ese momento vivió en la Familia sin expresarse, se convierte en tema cada vez más evidente. Eso significa la comprensión de que el 18 de octubre el Padre Kentenich jugó y sigue jugando un papel especial como socio y mediador en la Alianza. Así se entiende que él mismo destaque la “indisoluble vinculación de Cabeza y Santuario” como resultado capital del Exilio (junto con el nuevo sello divino).
Quiero denominar “perfilación profética” de Kentenich a aquello de que se trata en el Tercer Hito como Hito. No solo es un padre o un maestro importante, es el elegido de Dios, que tiene una pretensión parecida a la de San Pablo y que se asemeja a Jesús cuando expresa “Pero yo les digo” (lo que conduce a su condena).
Es válido creer en el Padre Kentenich, seguirlo en ámbitos que no se pueden comprender, en el misterio de un paso del cual solo puede decir que Dios lo quiere así y no de otra manera.
Tras su regreso a Schönstatt, José Kentenich traza una relación al Acto de Séquito de 1949, no tanto al 31 de mayo. En el Acto de Séquito y en el “¿Vas conmigo?” que dirigió al P. Alex Menningen parece ver la expresión propia del Tercer Hito, es decir, ve el 31 de mayo de 1949 como paso en la fe, lo que en el Acto de Séquito está adecuadamente preparado y respondido en la característica de hito ante todo aquí aludida.
5. Perfilación profética del pueblo de Schönstatt.
Desde este paso se hace claro que no es más posible un seguimiento “acostumbrado” del Padre Kentenich, por lo menos no en la situación concreta en la que surgió (cuestión de los liberales y los integrales palotinos). Ante un Kentenich que se comporta así hay que creer, seguirlo ciegamente.
La elevación de su visión de Schönstatt, tal como se expresa por primera vez en 1929 con las palabras de “a la sombra del Santuario” pero que hasta 1949 no vivió como tema central en la Familia de Schönstatt, se convierte ahora en lo exigido a los schönstattianos. Ahora tienen que vérselas siempre más con el hecho de que Schönstatt “es tan inmensamente importante”. La Familia de Schönstatt se transforma así en un pueblo profético, que para la Iglesia se hace finalmente como incomprensible, como lo ha llegado a ser el Padre Fundador; un pueblo que permite que a la Iglesia Schönstatt (meramente a partir de la fe en su carácter divino) sea entregado (empeñado) por el profeta y, con eso, el pueblo de Schönstatt mismo.
A menudo Kentenich se justifica así: “De lo contrario, hubiéramos sido arrasados”. El contenido propiamente carismático-profético de la Alianza de Amor del 18 de octubre de 1914 habría permanecido en el rango de un ejercicio piadoso. El paso del 31 de mayo tiene un efecto catalizador en su Familia. La arrastra a un nuevo nivel. Todo en la Visitación y en las disposiciones de la autoridad eclesiástica apunta a hacer de Schönstatt un movimiento eclesiástico “normal”.
Y Schönstatt acompaña directamente, en primer lugar, y especialmente el Schönstatt alemán. En la medida en que esto ocurre, el 31 de mayo es revivido creativamente, aun cuando en los primeros años no esté consciente de la fecha precisa. Esto se refiere a todos los que expresamente siguen al Padre Kentenich, en oposición a bastantes de sus amigos que ahora se separan de él. Pero en general se refiere a los que se saben pertenecientes a un movimiento que ahora tiene en sí un tal “gustillo” profético-carismático-arrogante.
Hacen algo parecido a lo de la Iglesia Primitiva, que obtiene su identidad a partir del seguimiento de un Jesús (aparentemente) rechazado por Dios, no en primer lugar de su doctrina.
II. El 31 de mayo como misión de Schoenstatt en general
1. Urgencia de la misión de Schönstatt.
Pero al Tercer Hito pertenece también un respectivo contenido específico, resumido a menudo por el Padre Kentenich como “pensar, vivir y amar orgánicos”. Éste es el contenido de Schönstatt en general. En ese sentido, tienen razón los chilenos cuando caracterizan a Schönstatt simplemente con la “Misión del 31 de mayo”.
A eso se le añade que, más allá de lo dicho sobre el “Hito en sentido estricto”, en esos años Kentenich experimenta más apremiantemente que antes la necesidad de ofrecer Schönstatt ampliamente como solución: reclama, grita, denuncia, no se contiene más.
Pero, con todo, eso no tendría que haber conducido al paso del 31 de mayo tal como de hecho se realizó. Humanamente visto, el camino correcto tendría que haber sido movilizar para el objetivo respectivamente a los muchos schönstattianos (ante todo a los palotinos y sacerdotes) y a través de ellos actuar al estilo del Movimiento. Pero se trataba precisamente de más. De este aspecto, el Fundador dice también que tal paso podría darse a lo sumo tras siglos. Pero la finalidad de Schönstatt permanece, también y especialmente para nosotros, hoy.
2. Leyes de vida, amor y pensamiento deducidas del comportamiento mariano.
Es interesante cómo el padre Kentenich obtiene su conocimiento de lo mariano y de la respectiva reacción ante ello, el que resume con la fórmula “pensar, vivir y amar orgánicos” aplicada en María. En la temática mariana vivencia y observa algo que va más allá de su valor bíblico y dogmático. ¿Cómo se desarrollan la vida y el amor marianos? ¿Qué reacciones despierta?
En la temática mariana descubre leyes del vivir, amar y pensar que también puede observar de otra manera, especialmente en la temática del padre; son leyes según las que construye Schönstatt. De este modo, la posición hacia lo mariano se convierte en la expresión de una concepción y, al mismo tiempo, protege, presupone y produce una concepción adecuada.
María es entendida simbólicamente, orgánicamente. No solo es importante su valor en el Plan Salvífico. No entendida como expresión teológica. Sicológicamente entendida. ¿Qué digo cuando digo “María”? Así María aparece en favor de la libertad de procesos de vida, de la relativa autonomía de las objetivaciones síquicas.
Es decir que el 31 de mayo no se trata de un tema dogmático (introducción de la Epistola perlonga). Dentro de lo mariano, Kentenich deja también libertad dentro de lo que expresamente está definido.
3. Schönstatt como organismo.
Lo que vale para las leyes de vida, amor y pensamiento reconocidas en lo mariano, vale para Schönstatt como todo y para todas sus manifestaciones.
No solo lo mariano es tema (en la carta María es apenas mencionada. Por otra parte, el obispo tampoco critica nada al respecto). Ante todo, es un segundo tema, la imagen de padre orgánicamente entendida; de hecho, “por razones históricas” se coloca en primer plano. Después de lo dicho anteriormente, no es accidental lo que ante todo sugiere la expresión “histórico”. Visto desde el punto de vista de lo que estamos tratando, es además un (importante) ejemplo entre muchos.
Las imágenes de padre y de María orgánicamente entendidas son dos importantes casos simbólicos, radicales, puntos neurálgicos del todo. El asunto del que se trata se toca aquí perfilado respecto a eso.
Pero en conjunto Schönstatt, como todo en todas sus expresiones, es un caso radical de lo orgánico. Análogamente a como Francisco vive y representa la pobreza radical, así Schönstatt, en todo su ser y comportamiento, representa la organicidad radical. La fórmula abstracta a la que Schönstatt puede reducirse, el resumen conceptual reflexivo de toda la configuración vital Schönstatt, es “Vivir, amar y pensar orgánicos” (Organisches Leben, Lieben, und Denken). En esta fórmula, Kentenich ofrece todo Schönstatt a la Iglesia.
Las leyes del pensar, vivir y amar son conscientemente aplicadas en Schönstatt, es decir, descubiertas y deducidas a partir de él. Son resultado de observaciones e investigaciones de toda una vida. Kentenich realizó siempre de nuevo deducciones reflexivas tales, especialmente en el ámbito pedagógico. En último término, todos sus cursos están deducidos del vivir y amar (ante todo de las Hermanas de María). En la Carta del 31 de mayo intenta reducir todo a un denominador ideológico y resumirlo en un alto grado de abstracción formal. Para él era importante que los ejemplos bien concretos permanecieran en su concreción. Eso es lo que hace tan difícil a la Carta del 31 de mayo y simultáneamente reside en eso su riqueza más propia.
Así está el 31 de mayo al servicio de la clarificación y justificación de Schönstatt. Su organicidad radical irrita al pensar contemporáneo y no se puede entender así simplemente. Y porque el pensamiento obra bloqueando, tampoco se puede asimilar precisamente en su aspecto de vivir y amar. Por su novedad, necesita así de una clarificación de tipo conceptual principista, pero también de la fundamentación de un nuevo pensar, que sane un determinado pensar.
4. El organismo Occidente.
Para el Padre Kentenich, la aclaración de sus principios está al servicio de la cultura occidental. Hasta lo pone en primer plano. A la luz de experiencias y conocimientos propios con el organismo Schönstatt, reconoce lo orgánico y sus leyes en la cultura y su tradición (organismo de vinculaciones en gran parte de tipo no verbal).
Este organismo se disuelve siempre más, en parte por la caída de los muros protectores, pero también por el surgimiento de lo nuevo, que no puede ser asimilado orgánicamente sin más. El antiguo organismo se manifiesta siempre más como vuelto muy pequeño.
Pero en la disolución trabaja también un respectivo pensar (desde la Reforma y ante todo desde la Ilustración): “La historia del espíritu hizo un trabajo previo”. El resultado es designado por Kentenich de un modo resumido como “colectivismo” o también “bolchevismo”. Con estas expresiones ante todo se alude a Europa. Pero “Europa está hoy en todas partes”9. Por el Occidente se produce una infección. Pero también de por sí surge por todas partes el nuevo espíritu.
5. “Penetrar en la Iglesia”.
5.1. La Iglesia es el aspecto formal.
La Iglesia es el punto de vista formal del 31 de mayo. El paso efectuado está al servicio de la Iglesia, de su mantenimiento y salvación. En la medida en que la Iglesia es el alma de la cultura, naturalmente que está también comprendida.
El antiguo organismo se había refugiado en la Iglesia y allí ante todo se había salvado, en especial donde la Iglesia “todavía” vivía un tejido territorial de cristianismo y territorio. Se alude a los territorios católicos cerrados, enclaves, naciones o regiones católicas como Polonia, España, Irlanda, Baviera, Renania, Franconia. Lo mismo la piedad popular en general, el ámbito eclesiástico interno en seminarios y noviciados, o la respectiva mentalidad intra-eclesiástica.
La Iglesia se protege por controles estrictos, ante todo contra las ideas, que podrían y pueden volverse peligrosas como bacilos, porque rápidamente es cuestionada, parcial o totalmente, la evidencia del antiguo organismo, de la antigua “sustancia”.
En una mirada más próxima, la “devoción mariana históricamente desarrollada” se revela ante todo como un elemento especialmente importante de síntesis de la sustancia vital de la cultura eclesial. Lo mismo con la imagen de padre orgánicamente entendida (Papa, obispo, presbítero, autoridad).
Justamente por estos sitios penetran también ahora “bacilos” en la Iglesia. El Padre Fundador lo designa como “pensar ideísta (ideenmäßiges Denken), que actúa mecanicistamente” o simplemente “pensar mecanicista” (mechanistisches Denken). A partir del pensamiento se cuestionan configuraciones vitales “históricamente desarrolladas”. Esto sucede en especial y para él de un modo claramente observable en la devoción mariana. En el comportamiento frente a ella, Kentenich descubre el comienzo de la caída de la tradición también en la Iglesia.
5.2. La Iglesia en Occidente.
El horizonte de José Kentenich es el ámbito occidental y europeo, y especialmente el alemán, o más genéricamente, el germano; este último es su inmediato campo experimental. En el ámbito germano se hizo siempre más fuerte un cuestionamiento de la vida crecida, especialmente de la devoción mariana, a través del Movimiento Juvenil Católico, de los movimientos litúrgicos, bíblicos, ecuménico, y en general, lo formalmente cristocéntrico, tanto como por las facultades de Teología y el alto grado de prestigio que tiene la Teología.
De su encuentro con Latinoamérica José Kentenich concluye que allí es distinto. Es cierto que hay que considerar que se refiere al pensar ratione objecti, no al pensar ratione subjecti, tampoco al vivir y amar orgánicos, tampoco a la estabilidad, es decir, a la raíz afectiva (cordialidad) de las relaciones y vinculaciones.
También hay que ver que en Latinoamérica la Ilustración que cuestiona la tradición eclesiástica se ha producido de la forma más amplia y de esa manera ha separado de la Iglesia a las élites espirituales. Especialmente los varones se apartan de ella, si bien el respectivo pensar penetra menos en la Iglesia misma. Al respecto, Alemania ha permitido entrar en la Iglesia más Ilustración.
5.3. Ruptura conciliar de los diques.
Por el Concilio Vaticano II se creó universalmente una nueva situación. Se produce casi una ruptura de diques y tradiciones. El organismo tradicional cae rápidamente. Se desarrolla una revolución religiosa intraeclesial. Especialmente se cuestiona (por un nuevo pensar) el elemento mariano y paternal que sujetaba al antiguo organismo, la antigua “sustancia”. Kentenich hubiera demorado con gusto este proceso. Toda la ideología conciliar vino para él muy temprano. Hubiera deseado tener más tiempo para configurar de manera más orgánica la (también para él) atrasada ampliación del antiguo organismo.
Especialmente lo mariano habría podido mantener el organismo históricamente crecido todavía un tiempo, para configurar más orgánicamente las necesarias ampliaciones, los procesos de concientización y las nuevas configuraciones, más lentamente y más de acuerdo con las leyes del crecimiento. Junto con el surgimiento de la revolución religiosa vital (y otras), a partir de un respectivo pensar teológico, se desconstruye con rara dedicación también y especialmente lo mariano, en todo caso de un modo especialmente claro en los territorios germánicos, pero también en Francia y en muchos aspectos en España y otros lugares.
Donde esto no se desconstruye intra-eclesialmente se podrá conservar mucho de la “sustancia” (p.ej. los actuales procesos en Polonia y más recientemente en Irlanda). Pero algunas precisiones son necesarias. Se debe suponer un pensar orgánico consciente, de modo que el mantenimiento de la “sustancia” no se produzca de forma restaurativa y autoritativa.
En 1949 José Kentenich ve que podría producirse y se produciría una rotura de los diques. En el último minuto quiere salvar lo que se pueda; por eso la urgencia de su paso. Pero preguntémonos una vez más por qué no comprometió al Movimiento con su considerable potencial, sino que más bien lo condujo a una enorme parálisis. Es que se trata de otra cosa, del surgimiento del Tercer Hito.
6. “Pensar” orgánico y mecanicista.
Ciertamente se trata del vivir, amar y pensar en su totalidad. Pero es interesante que Kentenich destaca el pensar como punto de vista formal: pensar orgánico al servicio del vivir y amar orgánicos, o pensar mecanicista, que frente al vivir y amar se comporta de un modo agresivo y disolvente. Lo último no fue siempre así, tampoco lo era (es) en todas partes, pero mucho va en esta dirección, también en la Iglesia. Por eso me vuelvo hacia el proceso “pensar”.
6.1. ¿Qué pasa cuando pienso?
El P. Kentenich observa, ante todo en lo mariano, que a partir del pensar (teológico) las expresiones de vida y de amor se cubren como de escarcha y se tornan inseguras, que caen bajo la presión de la necesidad de justificación y no se pueden fundamentar más lo suficiente, que son racionalistamente destruidas, disueltas, no más posibles.
Pero algo semejante ocurre del modo más general en una cultura que otorga un lugar tan importante a la formación en el pensar, que posibilita formación intelectual superior a sectores de la población siempre crecientes.
¿Qué pasa cuando pienso, tanto más cuando pienso científica, metódica y formalmente? Si, p.ej., cuando como sicólogo no dejo más desarrollarse espontáneamente las leyes de la vida, sino que reflexiono todo con la máxima conciencia, o también cuando como alguien teológicamente sensibilizado o instruido reflexiono sobre procesos religiosos de vivir y amar. Entonces desarmo la vida y el amor. Si no deseo eso, entonces no puedo pensar. Quien no piensa tampoco lo hace mecanicistamente; ésa es la opción evidente del “pueblo sencillo” o de los sectores en el hombre que permanecieron sencillos, simples, ingenuos. Entonces pienso ambiguamente. En el campo de la vida y del amor, también en el de la vida y el amor religiosos, no pienso, soy ingenuo y piadoso. Eso no excluye que justamente al lado de eso sea un gran científico, en todo caso un hombre que piensa de un modo ilustrado. Eso es una posibilidad.
Otra solución, parecida, es el supranaturalismo. Es una gran ayuda en una época en que las cosas no concuerdan. Así se puede dejar de lado la conexión entre religión, vida y amor, es decir, reducirla éticamente.
La solución y el objetivo del Padre Kentenich es pensar coherente y conscientemente la vida y el amor. Eso significa un pensar vital y de acuerdo con la vida, un pensar amante, un pensar que respete al organismo, un pensar sicológico. Kentenich desarrolló y practicó tal pensar.
6.2. La nueva situación.
La vida sigue sus propias leyes, lo mismo el amor. Estas leyes no provienen del pensar, pero a diferencia de la cultura antigua, hoy la vida y el amor no se desarrollan simplemente en un organismo, dado que acoge todo en su lugar. Hombres y comunidades deben desplegar su vida y su amor en medio de la multiplicidad que los cuestiona y los irrita. Eso significa un permanente cuestionamiento (pensar). Un vivir y amar que merezcan ese nombre se producen también hoy espontáneamente como siempre, pero ahora necesitan del acompañamiento reflexivo propio y ajeno. Eso presupone comprensión de las respectivas leyes y un respectivo pensar de acuerdo con la vida y el amor.
Además, hay que ver que la conciencia de los procesos de vivir y amar es característica de nuestra cultura actual. Lo que antes actuaba irreflexiva, no verbal, no temática, funcionalmente, hoy es consciente. Lo que estaba pre-dado de un modo seguro, “evidente”, por un correspondiente organismo, hoy está hecho consciente (desasegurado).
Entonces, finalmente se trata de esto: en una cultura que es insegura (por dos razones últimas, carencia de un organismo como trasfondo “evidente” y conciencia del vivir) frente al vivir y amar, su forma y sus procesos, hay que ayudar conscientemente los procesos de vivir y amar, tanto como las configuraciones de vida y amor, a través de un pensar correspondiente.
6.3. Pensar, amar y vivir en la tradición.
Resulta válido extraer de la tradición los elementos que produjeron los correspondientes efectos vinculantes, es decir, que impidieron la separación. Es válido cultivarlos, acentuarlos, captarlos más profunda y “radicalmente”.
* Como ejemplo para eso menciono el principio de la mediatización de Dios, de la analogia entis, de la vinculación de naturaleza y Gracia, la concepción y la práctica de la autoridad y obediencia. Precisamente esto último fue elaborado detalladamente en las doctrinas espirituales del pasado. En la Epistola perlonga, Kentenich toma justamente eso y ve una señal de la tradición eclesiástica vinculante a la rectitud de su doctrina del organismo.
* Pero esto es muy poco. Ciertamente estos principios actuaron, pero lo hicieron porque lo “vital”, no verbal, funcional, no temáticamente, los aspectos tocados, eran de todos modos claros, “evidentes”; ni siquiera habían alcanzado el estado en que podrían haber surgido cuestionamientos. Tiene que ver con los efectos de un horizonte comprensivo evidente (selbstverständlichen Verstehenshorizontes).
En la medida en que esta “ingenua” “evidencia” (“naive” “Selbstverständlichkeit”) no existe más surgen preguntas. Éstas actúan como escarcha y simultáneamente a menudo liberando (p.ej., muchos experimentan la eliminación de la devoción mariana, en la que habían crecido como evidente, como algo expresamente liberador y expansivo). Quien una vez tiene una tal cuestión, no es más el mismo que antes. En todo caso, es así en muchos ámbitos que, desde el punto de vista cultural y de la época, están actualmente en la “agenda”. Ahora sería válido formular lo no formulado, pero para eso hace falta una forma de pensar conscientemente estructurada. Los que actúan en favor del vivir y amar existente reaccionan la mayor parte de las veces de un modo primeramente defensivo. La tarea es muy nueva, ante todo cuando se trata de grandes cesuras en la cultura. El P. Kentenich se colocó ante esta tarea.




