- -
- 100%
- +
Rylee volvió a mirar a Yitinji, pero apartó la vista con rapidez, un poco asustada de que en cualquier momento la fuera a golpear. Ingresó a la tienda y se alejó lo más posible de la entrada.
Gwain estaba terminando de servir un vaso de vino, sentado en una pequeña mesa preparada para dos. Al acercarse, Rylee notó que en su puesto había un gran plato extra.
—No sabía cómo suelen comer y no quería ofender poniendo un plato en el suelo para Ánuk —explicó el mago al notar la mirada de la chica. Rylee sonrió, agradecida por el gesto y miró a su amiga, que parecía un tanto conmovida por la consideración.
—A ella le gusta echarse al suelo a comer. Le es más cómodo —puso el enorme plato en el piso al lado de su silla y Ánuk inmediatamente se acomodó a devorarlo, hambrienta.
Comían en silencio. La tienda era cálida y olía extremadamente bien, aunque Rylee no pudo precisar a qué correspondía el aroma. Como a ella nunca se le había dado bien mantenerse callada, soltó el tenedor y, como si se librara de un enorme peso, exclamó:
—Ok, ¿qué o quién era eso que estaba afuera?
Gwain, sorprendido, se atoró con el vino a medio beber y rió ante el inesperado gesto de la muchacha. Le parecía fascinante que ella le hablase de una forma tan natural y libre, como si llevaran años de conocerse en vez de solo unas horas.
Se limpió con parsimonia el vino que había derramado, disfrutando un poco de la cara de ansiedad de la muchacha y, finalmente, con un gesto de fingida solemnidad, contestó:
—Yitinji es mi golem5 —dijo sin agregar mayor detalle.
—Oh, ya veo —Rylee se relajó y siguió comiendo, sin percatarse de la mirada incrédula que atravesó el rostro del mago por una milésima de segundo. Por supuesto, Gwain había esperado sorprender a la chica, dejarla en suspenso con la información. Pero parecía no importarle el tema más allá; entonces cayó en cuenta de que, probablemente, ella ya sabía algo de los golems.
—¿Habías visto a uno antes? —preguntó como quien no quiere la cosa.
—No, pero leí de ellos una vez. Me llamó la atención todo eso de crearlos de barro. Me sorprendió un poco cuando vi que tenía metal en el cuerpo, pero supongo que no debe ser demasiado difícil construir uno de ese tipo si se tiene la magia adecuada.
Hablaba como si fuese lo más natural del mundo manejar información como aquella. Sonriendo, Gwain pensó que se divertiría mucho con ella y se sintió como un niño que acababa de encontrar un mejor amigo.
—Bueno, técnicamente, no creé a Yitinji. Pertenecía a otro mago, un Especialista en la rama de la Creación, pero lo utilizaba para lastimar a personas inocentes y para intimidar a otros magos. Asi que lo confronté y en una pelea bastante sucia por su parte, logré arrebatarle al golem el sello que lo ligaba a él. Con mi sello en su lugar, Yitinji paso a ser de mi propiedad y desde entonces nos hemos cuidado mutuamente. Como imaginarás, los magos rara vez tenemos grandes habilidades para la lucha física, ya que preferimos usar la magia y los conocimientos teóricos.
—Pero usted no parece ser débil físicamente —apuntó Rylee.
—Eso es ahora. He debido aprender a luchar por la fuerza, aunque tengo la fortuna de haberme entrenado tanto mental como físicamente para mi Especialidad de Defensa y Protección. Y no es necesario que me trates de “usted”, me hace sentir viejo —sonrió.
La velada transcurrió tranquila y amena. Rylee descubrió en Gwain a un excelente conversador, con quien podía hablar de las cosas que había leído con los años sin que la mirara como si le estuviese hablando un idioma desconocido; el mago estaba encantado de tener a alguien que parecía fascinarse con cada cosa nueva que le decía.
Al retirarse, Rylee, de forma educada, saludó con la cabeza al golem, quien le devolvió el gesto sin perder la seriedad. Se metió a la pequeña carpa que le habían asignado, justo al lado de la carpa de Gwain, pensando en lo extraordinaria que había sido su noche. Sin embargo, algo amargo y desconocido, un sentimiento que no pudo precisar se coló en su estómago y Rylee recordó la verdadera razón de estar ahí. Apartando todo de su cabeza, se recostó junto a Ánuk y cerró los ojos pensando en dónde podría estar el cristal que necesitaba.
Конец ознакомительного фрагмента.
Текст предоставлен ООО «ЛитРес».
Прочитайте эту книгу целиком, купив полную легальную версию на ЛитРес.
Безопасно оплатить книгу можно банковской картой Visa, MasterCard, Maestro, со счета мобильного телефона, с платежного терминала, в салоне МТС или Связной, через PayPal, WebMoney, Яндекс.Деньги, QIWI Кошелек, бонусными картами или другим удобным Вам способом.




