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El grabado ofrece una vista ampliada de la fotografía anterior. Sobre una vista semejante, se aprecian nuevos elementos: saltan a la vista el cuerpo entero de la pileta que ocupa el centro de la plaza, y la sección posterior de la iglesia de La Compañía, en la que aparece la cúpula. O se trata de una idealización de la locación o se trata de la reproducción de alguna foto desconocida aún, aunque en una fotografía no habría tanta desproporción entre el tamaño de la pileta y el doble arco que forman los portales de la Plaza de Armas.

La corbeta América, de la Armada peruana, tras el maremoto de 1868, varada varios centenares de metros tierra adentro. Hacia la proa, debajo del bauprés, se divisa la silueta de otra embarcación.

La embarcación de la vista es el USS Wateree, casi imperceptible en la fotografía anterior. A pesar de tratarse de un barco varado, se aprecia en buenas condiciones, como se observa en gran parte de su arboladura, la chimenea y la paleta lateral de ruedas, que representaba su propulsión principal.
Nota al catálogo
La composición de este catálogo se basa en un criterio cronológico, y cada ocurrencia sísmica hallada a partir de la revisión de un conjunto de fuentes publicadas entre los siglos XVIII y XX se ha numerado de manera correlativa, como fue el objetivo propuesto desde el inicio en los proyectos de investigación sucesivamente presentados entre los años 2004 y 2007. Por consiguiente, y a pesar de habernos topado con información valiosa, no hemos hecho ninguna mención a fuentes de archivo, las que deberán ser materia de consulta complementaria.
Decidimos dividir la información correspondiente a cada año en dos secciones: fuentes contemporáneas y fuentes secundarias, división que responde al objetivo de presentar —cuando se encuentre disponible— una fuente en su “textualidad” original, es decir, tal como aparece en su primera versión escrita y contemporánea a los eventos sísmicos de los que da cuenta. De esa manera, y dada la disponibilidad del texto original, el lector tiene la posibilidad de establecer el modo en que las fuentes secundarias se ajustan a las primeras, pero también de percibir el modo en que la información evoluciona, es decir, cómo va presentándose según la muestre cada fuente y, de ese modo, determinar cuáles fuentes son más valiosas que otras.
Incluimos como fuentes secundarias los conocidos catálogos históricos de Polo (1898-1899 y 1899) y Silgado (1978), junto a los catálogos sísmicos de Ocola (1984) y Huaco (1986), a los que hemos sumado antiguos listados, como los de Barrenechea (1725), Córdova y Urrutia (1844), Mendiburu (1874-1890) y Middendorf (1893). Además, hemos incluido obras modernas, no contemporáneas a los hechos narrados y en las que se aclara, con mayor exactitud, alguna información sobre cada sismo, como son los casos del padre Barriga para los sismos de Arequipa. En aras de la precisión, consideramos indispensable citar exacta y puntualmente, en la medida de lo posible, cada una de las referencias bibliográficas contenidas en los listados y catálogos señalados; esto lo hacemos como una manera de unificar las referencias, ya que cada autor suele referirse a sus fuentes de modos diversos y hasta contradictorios, sin omitir lugar y año de edición, impresor o editorial y el número de páginas.
Por su parte, como fuentes contemporáneas incluimos aquellas —hayan sido citadas u omitidas en los catálogos sísmicos— que, dada su cercanía a los hechos que narran, tienen un mayor grado de confiabilidad, aunque ello no implique impedir su debida ponderación, según los casos, con ajuste a los cánones de la crítica histórica. Si en una cita hemos utilizado cursiva, debe entenderse que el propósito es resaltar la frase en la que se hace exacta mención a un evento sísmico y facilitarle, de ese modo, al lector, el rápido reconocimiento del evento sísmico. Por la misma razón, resaltamos en negrita la toponimia asociada a cada evento y mencionada en cada fuente.
En esencia, se trata de un trabajo de ordenamiento de las fuentes mediante su división en primarias —léase contemporáneas— y secundarias, y que prioriza el hallazgo, la transcripción, la comparación y el comentario de aquellas fuentes que son a la vez escritas y contemporáneas a los hechos que relatan. A partir de ello, se intenta establecer las bases de una suerte de “genealogía de la información”, destinada a identificar lo más claro posible los orígenes documentales de un evento sísmico y sus variaciones en el tiempo; es decir, a saber si un registro sísmico presentó, siempre, la ocurrencia sísmica de una misma manera o, más bien, si las fuentes más modernas contienen un margen de distorsión en relación con las originales.
Las prevenciones antes citadas sirven de sustento para asignar a cada registro y, por consiguiente, a cada ocurrencia sostenida documentalmente por dicho registro, un índice de confiabilidad que va del 1 al 5, donde el 1 evidencia una escasa cobertura documental —por lo general, sostenida en fuentes no contemporáneas a los hechos—, mientras que el 5 se asigna a toda aquella ocurrencia avalada extensamente en la documentación.
La investigación correspondiente al año 2003 tuvo como resultado central la elaboración del Catálogo sísmico peruano, siglos XVI-XVII, base para la recién publicada Historia de los sismos en el Perú. Catálogo: Siglos XV-XVII (Universidad de Lima, 2009) y que produjo hallazgos importantes en dos órdenes de cosas: primero, la identificación de nuevos sismos: 2 para el siglo XVI y 17 para el XVII; y segundo, la mejor delimitación del área afectada para seis grandes sismos del siglo XVII, lo que es importante para conocer mejor el comportamiento de estos. Las investigaciones llevadas a cabo entre los años 2004 y 2007 —continuaciones de la anterior— han conducido, asimismo, a hallazgos semejantes: se han identificado 1.129 sismos para el siglo XVIII, con lo que se enriquece sustancialmente el catálogo sísmico disponible en la actualidad, que apenas indicaba un total de 266 referencias y no incluía las del terremoto de Lima de 1746 ni todas las asociadas al terremoto que afectó Arequipa en 1784 (Ocola 1984; Huaco 1986; IGP 2001) (es bueno aclarar que, en relación con los terremotos de 1746 en Lima y 1784 en Arequipa, el número total de registros sísmicos ascendió a 630 y 197, respectivamente, como se desprende de las obras de Llano Zapata [1748] y Zamácola [1785]). Del mismo modo, el presente catálogo se enriquece con una amplia gama de fuentes, como relatos de viajeros extranjeros, la relación de Esquivel y Navia para el Cusco, la obra de Unanue y las valiosas gacetas publicadas en Lima entre 1756 y 1765, editadas gracias al tesón e infatigable celo bibliófilo de José Durand; y se complementa con otro, en formato abreviado, a fin de apreciar más rápido cualquier referencia vinculada a fecha o lugar de ocurrencia de algún sismo.
El público al que va dirigido este catálogo es, en primera instancia, especializado. Para los historiadores, es una herramienta dirigida a evaluar la dinámica de la narración histórica; para los geofísicos, un medio para replantear las estimaciones de los parámetros sísmicos. Se trata de un catálogo “abierto”, pues al usarse con frecuencia las expresiones “no indica fuente alguna” o “no hay datos”, dichas omisiones abren la posibilidad de búsqueda y cobertura del vacío documental, vacío que —estamos seguros— ayudará a proyectar y llevar a buen término nuevas investigaciones.
Pero también tiene en cuenta a otro público: el ciudadano común, el lector interesado, para quien deseamos que se convierta en un medio de reconocimiento y toma de conciencia de nuestra realidad sísmica, presencia secular en nuestra historia, padecida desde tiempos prehispánicos por el hombre andino y motivo de profundos temores para la sociedad virreinal y republicana, objeto progresivo de estudio y fuente simultánea de temor y religiosidad. Frente a esa “densidad” histórica del evento sísmico, hay la necesidad de construir una cultura del riesgo, capaz de crear conciencia acerca de este, así como de articular respuestas sociales tendientes a reducir los grados de vulnerabilidad que hoy se aprecian con preocupación.
Siglo XVIII 1700-1799
1700

Fuentes contemporáneas
Sin datos.
Fuentes secundarias
1. Esquivel y Navia, Diego. Noticias cronológicas del Cuzco [1740-1749]. Dos tomos. Edición, prólogo y notas de Félix Denegri Luna. Lima: Fundación Augusto N. Wiesse, 1980.
ESQUIVEL Y NAVIA [1740-1749] 1980, II: 1793
… Lunes 4 de agosto de 1700, cerca de las cuatro de la tarde, hubo en esta ciudad [Cusco] un temblor de tierra vehemente, aunque instantáneo, y sin daño alguno. Después de algunos días, se vio por la parte septentrional, cerca del poniente, un cometa de color blanco, que se extendía desde el horizonte, hasta casi el cenit. Su duración fue de quince días, saliendo a las seis de la tarde, y ocultándose después de la media noche, con disminución proporcional del fenómeno; cuya naturaleza no hubo quién aquí la observase, aunque comúnmente suelen los matemáticos atribuirla al dominio de Marte; de donde parece dimanó el vulgar pronóstico de las guerras, que luego se siguieron, con la muerte de nuestro católico monarca…
2. Huaco, Daniel (ed.). Catálogo sísmico del Perú, 1500-1982. Lima: Instituto Geofísico del Perú, 1986.
HUACO 1986: s/p*
… PE00400 / IGH / 1700.08.02 / 21:00 / -13.900:-72.100 M /10.0M…4
1702

Fuentes contemporáneas
Sin datos.
Fuentes secundarias
1. Esquivel y Navia [1740-1749] 1980, II: 188
… A 30 de diciembre de 1702, sábado a las dos de la tarde, tembló la tierra con tal fuerza, que si fuese de alguna duración se hubiera sentido fatal estrago, aunque no dejaron de lastimarse algunos edificios, en especial el primer claustro del convento de Nuestra Señora de la Merced. Quebróse una cruz de piedra que estaba delante del monasterio de Santa Clara; y de las tres cruces de piedra fijas encima de la portada y baluarte del Triunfo, que miraban al occidente, revolvieron las dos al mediodía, no con poca admiración de toda la ciudad, por no haber tenido de antes movimiento alguno en sus basas, y así se mantuvieron hasta el año de 1729, en que el señor obispo Serrada deshizo toda esa obra. En el valle de Pisac, que está al (nor)oriente (de la ciudad del Cuzco), cayeron muchos pedazos de cerros de una banda, y otra, siendo providencia del Señor, no peligrase persona alguna…
1704

Fuentes contemporáneas
“Carta de P. Nyel, misionero de la Compañía de Jesús al R.P. de la Chaize, de la misma compañía, confesor del Rey. Lima, capital del Perú, mayo 20 de 1705”, en Cartas edificantes, y curiosas, escritas de las missiones estrangeras, por algunos missioneros de la Compañía de Jesús. Tomo III. Traducido del francés por el padre Diego Davin. Madrid: Imprenta de la Viuda de Manuel Fernández, 1754.5
NYEL [1705] 1754, III: 266
… hemos experimentado dos o tres terremotos [sic]6…
Fuentes secundarias
1. Perrey, Alexis. Documents sur les tremblements de terre au Pérou, dans la Colombie et dans le bassin de l´Amazone, recueillis, traduits et mis en ordre par […]. Bruselas: Imprimerie de M. Hayez, 1857, 134 pp.
PERREY 1857: 24
Cita a:
1. Nyel [1705]. “Carta…”.7
1707

Fuentes contemporáneas
Sin datos.
Fuentes secundarias
1. Esquivel y Navia [1740-1749] 1980, II: 195-197
… Sábado, 17 de septiembre de 1707, a las doce horas de la noche, hubo en esta ciudad un terremoto formidable que duró casi por espacio de una Avemaría, pero sin que aquí peligrase persona alguna, si bien la turbación fue grandes, saliendo todos a las plazas con extraordinario pavor, así por lo fuerte del movimiento, como por otros once (temblores) algo remisos, que repitieron hasta por la mañana, otro a las ocho del día, tanto como el primero, entonces sacaron al cementerio de la catedral, el milagrosísimo Señor de los Temblores que desde este día domingo se puso en el presbiterio, donde se dio principio a una devota rogativa, con misas que cantaron los prelados regulares por nueve días. Los religiosos descalzos de la Recolección de San Antonio, hicieron una procesión de penitencia el día siguiente por la tarde con mordazas, capacetes de esteros y sogas de esparto; y juntos con los de la observancia fueron a la Catedral, donde el padre lector fray Ignacio de la Verga, exhortó al pueblo con bastante eficacia y ternura. Por súplica del venerable deán y cabildo, hicieron los padres jesuitas sus misiones en la catedral desde el día 1ro. Todos los nueve días predicando el padre rector Fernando de Aguilar con el Tema: “Terra tremint, et quievit” (Salmo 75). Terminó el sagrado novendial una procesión muy devota, como la de 31 de marzo […].
Numeráronse hasta fin de octubre cerca de cincuenta temblores, aunque no con la fuerza de los primeros, y por espacio de un bimestre estuvieron las plazas llenas de toldos y tiendas que sirvieron de mansiones a muchos, que poseídos de temor, eligieron la incomodidad huyendo del peligro.
Sintiose el primer temblor en la comarca y pueblos circunvecinos al Cuzco y con mayor fuerza en el pueblo de Capi de la provincia de Chilques (359E), donde el temblor del día 17 causó tal estrago que cayeron noventa casas, abriéndose disformes grietas, y la iglesia toda lastimada y rajada. A fray Bernardino Garrido del orden de la Merced, que estaba en dicho pueblo, se le cayó el aposento, y quedó el religioso en una concavidad, sin poder salir, teniéndose ya por muerto; y a otro movimiento se abrió la pared como una puerta, por donde salió, e inmediatamente se arruinó del todo la vivienda. El polvo que levantaron los temblores, y edificios caídos, fue tal que no se conocían unos a otros como en aquellas tinieblas, palpables, de que dice el sagrado texto: “Nemo vidit fratem suum” (Exodo). Y no paró en esto, sino que se ahogaron algunos. Cayeron muchos cerros, y parte de ellos sobre el (río) grande de Guacachaca, que es el mismo de Apurima, y en (rumbo) derecho de Coyabamba con el primer temblor se pasó de la una banda del río grande, una casa con sus aposentos, y personas que estaban durmiendo dentro, a la frontera que es la jurisdicción del pueblo de San Lorenzo, donde recordaron al amanecer; de que hay al presente testigos oculares. Y otra trasvección (sic) como ésta se vió en Quito, y sobre la propiedad se formó litigio y llevaron la causa a la Audiencia de los Reyes. Con la represa del río, desde aquel país se cogió en lo enjuto de la madre gran copia de peces, y a los ocho días se soltó tan impetuoso y rápido que robó y arrasó todas las casas y huertos, que adornaban sus riberas.
Murieron en el pueblo ciento sesenta personas, así en las ruinas domésticas como en las de los cerros, peñascos y riscos; y hubo día de veinte (y) un entierros. Muchos quedaron heridos de las desgracias populares (sic), y de las piedras que arrojaban los collados, de que también pereció algún ganado. Contáronse en Capi, hasta 7 de octubre, más de veinte y ocho temblores diurnos, fuera de los movimientos cortos. El primero y los demás hasta 25 de septiembre, se sintieron en el pueblo de Capacmarca.
A una legua de Coyabamba, quebrada abajo, en la hacienda nombrada Chapichapi, al refugiarse algunos indios en una capilla de Nuestra Señora de la Concepción como a único asilo de los mortales en toda tribulación y calamidad se halló su soberana imagen a la puerta de la capilla, sin que persona alguna la hubiese movido en su nicho. Dieron cuenta a don Gerónimo de San Martín, cura de aquella doctrina, quien mandó llevasen la imagen al pueblo de Capi; pero al levantarla de aquel puesto, cayó tal tempestad de granizo, que les obligó a mudar de dictamen, y omitir el transporte, y al punto que la dejaron en su capilla, cesaron los truenos y procelosa lluvia. Claro argumento de que era voluntad de la Señora continuar su protección aun en aldea tan corta, donde rendidos ofrecen a su imagen culto y honor.
El pueblo de Tucuyache, que es de la misma doctrina, padeció tan gran estrago que en sus fatales ruinas apareció no poca gente, y aseguran personas fidedignas de aquel país que los muertos en Capi, Coyabamba, Tucuyache y sus términos llegaron al número de cuatrocientos. Quedó asolada la hacienda de Chacabamba, pereciendo la gente que en ella había, excepto su dueño don Bonifacio de Escalante, clérigo presbítero que se hallaba entonces en la otra banda del río. Unos murieron oprimidos de las paredes; otros ahogados del polvo; otros despedazados de las piedras. La iglesia de Tucuyache cayó toda, quedando sola la imagen de Nuestra Señora. Hiciéronse en todos estos pueblos muchas procesiones de penitencia, y rogativas.
Por estos mismos días, y con ocasión de la presente calamidad, fueron deprehendidos varios hechiceros en el pueblo de Capi y en toda esa doctrina; y aún se tiene por cierto, haber sido ellos gran parte en provocar la ira y azote del Señor; porque habían muchos que practicaban todo género de supersticiones, y (el) execrable crimen de la idolatría, dando culto a una alta y hermosa peña en forma de pirámide, y aun al mismo demonio, según consta de la causa con que se procedió contra ellos en este juzgado eclesiástico, que es de las criminales, número 32, cuyo resumen es el siguiente. El auto del comisario de la provincia para la averiguación en 27 de septiembre de 1707, hízose la sumaria en el pueblo de Capi desde 29 de septiembre hasta 5 de octubre. Por mandamiento de prisión por el provisor don Vasco de Valverde, de 11 de octubre, fueron traídos a la cárcel eclesiástica: Pedro Guamán, Pascual Gualpa, Pascual Centeno, y Juana Baptista, indios: Juana Melgar, Juana Escalante, y Agustina, mestizas; y otra Juana parda esclava de don Manuel Santoyo. Tomose la confesión desde 8 de enero de 1708, ante el doctor don Gaspar de la Cuba, provisor interino, y la de Pedro Guamán, que es la primera, a fojas 17, es en suma ésta, en que declara, haberle enseñado sus hechicerías un indio llamado Rochino, o Callapero, que era el maestro de todos ellos; que cada conjunción de luna iba a una estancia de la repartición del aíllo Callancha, donde estaba una capilla con la imagen de la Ascensión del Señor y allí concurría con otros; y ofreciendo medios reales, porción de coca y brebaje de maíz llamaban al demonio con nombre de Santiago y al punto se aparecía una fantasma, como de una vara de estatura, con un caballo blanco, descendiendo por el techo de la capilla. Ponían en el suelo sobre paja menuda que llaman huayllahicho, dos cantaritos de chicha, coca y cierto género de piedras que dicen mullu; y mascando la coca, invocaban y decían: “Ven Santiago huayna, ven Santiago apu” (huayna, quiere decir mozo; y apu, señor). A estas voces descendía el fantasma con grande resplandor y a veces con relámpagos; postrábanse y a poco rato, quedando ya a oscuras, pedían les favoreciese. El fantasma les respondía: “Yo os ampararé y socorreré con tal que no os confeséis, ni oigáis misa, ni vais a doctrina, recéis, sino que sólo os dediquéis a mi culto”. Y dicho esto desaparecía. Esta es la declaración de Pedro Guamán, en que conviene con las de los otros reos, confesando esto haber hecho muchas veces…
2. Córdova y Urrutia, José María. “Las tres épocas del Perú o compendio de su historia” [1844], en Odriozola, Manuel de. Documentos literarios del Perú. Tomo VII. Lima: Imprenta del Estado, 1875.
CÓRDOVA Y URRUTIA [1844] 1875, VII: 101*
… [Don Manuel de Oms y Santa Pau…] entró en Lima el 27 de julio del inmediato [1707]. En este año el 7 de setiembre experimentó la provincia de Paruro un terremoto que asoló muchos pueblos y sucedió el prodigio de haber pasado de una a otra parte del rio Belille una hacienda pequeña del pueblo de Coyabamba con su casa, huerta y gente que la habitaba, sin que estos advirtiesen nada por hallarse durmiendo cuando sucedió la trasplantación…9
3. Mendiburu, Manuel de. Diccionario histórico-biográfico del Perú [1874-1890]. Once tomos. 2.a edición. Adiciones y notas publicadas por Evaristo San Cristóbal. Lima: Librería e Imprenta Gil, 1931-1934.
MENDIBURU [1885] 1934, VIII: 231*
… [Manuel de Oms y Santa Pau, Marqués de Castel-Dos-Rius…] entró en Lima el día 7 de julio de 1707 […]. En dicho año hubo un terremoto en 7 de setiembre en la provincia de Paruro del departamento del Cuzco sepultándose con el pueblo de Capi 160 personas…
4. Mendiburu, Manuel de. “Prontuario para recordar los terremotos y los más notables temblores experimentados en Lima y otros puntos en la época del gobierno español”, en Diccionario histórico-biográfico del Perú [1890]. Tomo XI. 2.a edición. Lima: Librería e Imprenta Gil, 1934, pp. 414-416.
MENDIBURU [1890] 1934, XI: 414*
… [Terremotos o ruinas]. 1707. Setiembre 7. En la provincia de Paruro…
5. Silgado Ferro, Enrique. “Historia de los sismos más notables ocurridos en el Perú (1513-1974)”. Boletín del Instituto de Geología y Minería 3. Lima, enero, 1978.
SILGADO 1978: 26, 120.
Cita a:
1. Córdova y Urrutia [1844]. “Las tres épocas del Perú…”. Lima.
… 1707. Setiembre 17, [sic] a 24 horas. Terremoto en el pueblo de Capi, provincia de Paruro, Cuzco. Cayeron noventa viviendas y murieron como 50 personas. En la ciudad del Cuzco hubo alarma y sus pobladores huyeron precipitadamente a la Plaza. Según Córdova y Urrutia una hacienda pequeña del pueblo de Coyabamba se pasó de una parte a otra del río Velille, con casa, huerta y gente que la habitaba, sin que estos advirtiesen nada por hallarse durmiendo cuando ocurrió el traspaso. Hasta el 7 de Octubre se contaron en Capi más de 28 réplicas…
6. Ocola, Leonidas. Catálogos sísmicos: República del Perú. Volumen IV. Lima: Proyecto de Sismicidad Andina SISAN. OEA/ CERESIS, 1984.
OCOLA 1984: 30*10
7. Huaco 1986: s/p*
1708

Fuentes contemporáneas




