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Facundo festeja su éxito, todos lo adoran, los chicos lo admiran, las chicas se enloquecen con su coraje y, no está demás decirlo, con su gran pija. Las nenas ya no son tan nenas en estos tiempos. Pero el festejo dura poco, Norma Conesa, rectora de silencios guardar, entra al aula, todo se calma, reina el silencio en el primer año del Nuestra Sagrada, Facundo y el gordo Perotti son llamados a la dirección. Colegio del orto piensa Facundo mientras se dirige al despacho de la gorda puta de Conesa.
*****
Suena el teléfono, tarda en reaccionar, está muy dormida, le duele la cabeza, se niega a atender, pero el teléfono insiste, la acosa, no la deja en paz. Vanesa Bilotti finalmente atiende el llamado.
—Hola mi vida ¿Cómo estás?
La voz le llega lejana, no por la distancia en kilómetros, ni tampoco por fallas técnicas, la comunicación es perfecta, la voz es clara, no hay perturbaciones en la línea. Pero su cabeza sí esta perturbada, lejana es la comunicación por qué lejano es quien se comunica con ella. Igual Finge.
—Mi vida, ¿Cómo estás? Te extraño mucho. ¿Me oís Juan?
—Si mi amor, te escucho perfecto, ¿Cómo estás?
—Extrañándote todo el día, Miente Vanesa. Pensándote todo el día, vuelve a mentir.
—Yo también te extraño mi amor, me muero de ganas de verte. Juan Álvarez, al contrario de su novia, es sincero.
—Mi vida, ¿Cómo está saliendo todo por allá? Contame todo.
—Espectacular amor, esto es otro mundo, otra gente, Europa es lo mejor linda. Esta vez el que miente es Juan.
—Qué bueno lindo, me encanta que estés bien y feliz.
—Escuchame, me queda poco crédito, así que te lo digo de una linda, apenas me establezca, apenas junte unos mangos te venís para acá, te quiero a mi lado, acá vamos a ser felices, este país tiene futuro, tenemos posibilidades de ser alguien acá, ¿te parece mi amor? ¿Te querés venir a España conmigo?
No duda ni un segundo, da la respuesta, pura seguridad, se iría a cualquier lado, con cualquier persona, con tal de salir de este país de mierda.
—Si mi amor, con vos voy hasta el fin del mundo. Te amo mucho, quiero estar ya con vos, quiero irme ya.
—Si linda, dame un par de semanas, cobro el primer sueldo y te mando el pasaje, y te venís acá, te vas a volver loca con Europa, es todo tan diferente, la gente es tan distinta. Se corta linda, se me acaba el crédito, te llamo en un par de días, acordate que te amo mucho y que no paro de extrañarte.
—Yo también te amo mi vida, ya voy a estar allá, ya vamos a estar juntos.
Los novios cortan la comunicación. Ella se vuelve a acostar, son las doce del mediodía del sábado, tuvo una noche larga, llena de éxtasis, del químico y del carnal, el idiota que se cogió se fue hace menos de media hora, buen polvo le hecho, lindo tipo, y cree ella, con bastante guita. Las posibilidades se abren, y Vanesa Bilotti es un ser abierto a las múltiples posibilidades de que alguien la saque de este agujero de mierda llamado Argentina.
Al otro lado del Atlántico Juan Álvarez acaba de gastar el poco dinero que le quedaba en ese llamado, unas monedas que, por milagro, habían quedado sobre la mesa de luz.
El novio fiel y nuevo cornudo piensa como carajo va a pagar la pensión si está desempleado, si le afanaron toda la guita que trajo de Buenos Aires, si el paro español, ese seguro de desempleo del antiguo estado de bienestar aún vigente, no lo cubre porque no llegó a trabajar ni un solo día. Pero está en Europa, y Europa es una tierra de oportunidades, Juan, al igual que su novia, está abierto a sus múltiples posibilidades, algo aparecerá se consuela, todo va a ir bien, se miente.
Juan y Vanesa son una pareja abierta a sus múltiples posibilidades, lástima que ninguna de ellas se basen en hechos reales.
*****
El sábado al mediodía un refulgente sol no penetra por las persianas cerradas de la casa más ostentosa de Villa Severino. En su interior, desvelados, pasados de rosca, duros, la banda del Pelado Gutiérrez hace balance, planea el futuro, es un plenario de transas. Cocaína por medio la banda resuelve los problemas de su micro emprendimiento.
—Hay que terminar con estos pendejos, borrarlos del mapa. Dice Tucho, segundo del Pelado Gutiérrez, mulita de lujo del transa capo. Tucho es en verdad Carlos Fernández, nativo de Severino, cansado de su laburo de plomero, de electricista, de arregla todo, encontró en la merca, al fin, un sueldo digno. Encontró además un goce inesperado en matar pendejos falopas.
—Tiene razón el Tucho, son cabezas esos pibes, no los corregimos más. El que habla es ahora Gustavo Manrique, ex camionero, actual violador, libre por faltas de pruebas.
—Matarlos a todos negro, no dejar ni un cabeza vivo. La sentencia, asertiva, violenta, indubitable, la da Rubén “el corto” Piñeiro, petiso, macizo, fuerte, el apodo de corto está bien ganado.
—Bárbaro muchachos, salgan y maten a todos, ahí tienen las nuevas 38, salgan y tiren, bajen uno por uno a esos pendejos cabezas, pegenlé cinco tiros a cada uno, remátenlos después si tienen dudas, directo a la cabeza apunten, no dejen ni uno en pie. Prometo después visitarlos en la cárcel.
Los tres transas, subalternos de Gutiérrez, miran a éste, su jefe; entienden su ironía, se callan la boca.
El plenario de los traficantes que son, como vimos, cuatro, continúa. Ahora es el jefe, que es pelado, de ahí su apodo, y que se apellida Gutiérrez, quien toma la palabra.
—La cosa no es tan simple muchachos, la bonaerense nos quitó el apoyo. Ese puto del comisario Margillar se lavó las manos, no se va a meter en el tema de la falopa, ahí tenemos vía libre, y bien caro nos sale la coima, pero no quiere ni un pibe más muerto, tiene a la mierda de las organizaciones de derechos humanos pisándole los talones, y ese periodista del orto, ese forro de Salazar sacando notas en ese diarucho de zurdos, diario botón, nos dan con un caño muchachos, al comisario, a nosotros, al negocio. Por ahora nada de muertes, los pendejos cabeza seguirán vivos, al menos por un tiempo, hasta que las cosas se calmen.
—¿Y qué hacemos? Plantea Tucho.
—Había pensado en Ibarguren, el cartonero manco, es un tipo serio, laburador, mantiene una familia, no lo va a arruinar por un par de líneas de merca. Aposté por él, le propuse un trato, se negó, otro negro que no quiere progresar.
—Que siga revolviendo basura el puto ese, dice, enojado, el Corto Piñeiro
—No es tan sencillo. Aclara Gutiérrez. Primero, ese tipo puede boquear, no por la prensa, nadie le daría bola a un negro manco, ni siquiera el puto ese de “Nacional y Popular”, el tema es el barrio, el tema es Severino, el manco mugriento puede andar diciendo por ahí que nos desafió, que enfrentó nuestro poder, y eso no es bueno chicos, no podemos perder el respeto del barrio, tenemos que darle un castigo ejemplificador al cartonero, todo Severino tiene que saber qué pasa si nos desafían, si desconocen nuestra autoridad.
—Vamos a reventar a ese manco del orto. Dice Tucho, segundo de Gutiérrez, chupamedias irredento.
—Vamos a demostrar lo poronga que somos. Grita, exaltado, lleno de rabia, Gustavo Manrique.
—Tranquilos muchachos, todo llega, y le va a llegar a ese negro de mierda, ya van a ver.
El plenario transa va concluyendo, se meten un par de líneas cada uno para sellar el trato, para concluir la reunión, son las doce del mediodía, ninguno tiene siquiera rastros de sueño. La vida del nuevo empresariado argentino es así de exigente.
*****
A pocas cuadras de la mansión transa Matías Ibarguren se despierta, y se despierta en soledad. Néstor y Eva, sus padres, temprano, cuando recién el sol comenzaba a asomar partieron a la CABA, a trabajar, a sacarle la mugre a la ciudad opulenta, limpiando polvo ella, recogiendo cartones él. La CABA acepta a la negrada que la acicala, después que se vuelvan a sus ranchos miserables, es importante que la ciudad esté limpia, pero es igual de importante la parte estética, y el gronchaje pardo afea la París de Sudamérica.
Matías sale da la cama, se despereza, vence a la modorra. Sobre la cocina lo espera una taza de leche y unas galletitas secas, mamá Eva se encargó de dejar el desayuno. Matías se alimenta, prende el televisor, un fantástico catorce pulgadas usado, con el parlante medio arruinado, que papá Néstor pudo comprar en un buen mes de cartonéo. Noticieros anuncian nuevos planes económicos, al parecer muy buenos, Marcelo “Chelo” Martínez, economista serio, de pulcro traje, parece contento, y si él que sabe tanto está contento es porque se vienen mejores tiempos, quizás puedan salir al fin de Severino, quizás la Argentina comienza a estar mejor, sueña Matías. “Chelo” no puede equivocarse, se dice el niño. Mientras come una última galleta seca Matías sale de la casa, en la puerta, cerca de la hondonada llena de mierda, de mierda de ricos, de desechos de country, que llegan a Severino porque un country con casitas tan lindas se estropearía si oliera a mierda, en cambio Severino está lleno de casa de chapas y ladrillos rotos, de pajonales sucios, casa de mierda que si huelen a mierda no pasa nada, hasta tiene cierta armonía, todo es una mierda, le da una especie de folklore al lugar, y todos contentos. A un costado de la casa de Matías, decíamos, cerca de la hondonada, un grifo se eleva majestuoso, erguido como un sobreviviente de la mugre. Matías lo abre, un chorro de agua surge, es clara, sin olor a mierda, el agua corriente llega también a Severino, un punto a favor para las empresas privatizadas, agua clara para negros, delicias del progreso. Se moja la cara, se refresca, saca el pan de jabón blanco, lava el guardapolvos sucio de ayer, ignomiado por las burlas, no le costó esconderlo al volver del colegio, el calor, insoportable, fue una buena excusa para volver sin él, lo puso en la mochila, buscaba ocultarlo, pero no hizo falta, papá no estaba, mamá menos, llegaba tarde de la casa de Alvear. Enjabona, refriega y escurre, sacará la mugre, borrará los rastros, lo pondrá al sol, el agobiante diciembre se encargará de secarlo antes de que sus padres lleguen, lo estirará bien, evitará arrugas, cometerá el crimen perfecto, nadie sabrá de su tormento, de la agresión vivida, de las agresiones por vivir, que no cesarán, lo sabe, y lo acepta, resignado, no quiere preocupar más a mamá y a papá. Matías Ibarguren lava su guardapolvo escolar y sueña salir de Villa Severino, tener una casita linda, una pelota de fútbol, una bicicleta, irse con sus padres a la playa, conocer el mar, jugar en la arena. Piensa en lo que dijo el “Chelo” Martínez, llegarán buenas noticias, todo va a mejorar, lo dijo el “Chelo” y ese sabe mucho, piensa Matías, y mientras sueña despierto como será vivir en un lugar que no huela tanto a mierda.
INTERRUPTUS III
La clase media porteña tiene su lado oscuro, el Instituto Nuestra Sagrada Bendición de Cristo también.
La hermandad de la Santísima Trinidad surgió en Francia en el año 1852, en pleno auge de poder de Luis Bonaparte, sobrino ridículo de Napoleón, segunda parte mal hecha de su tío. Autodeclarado emperador con el nombre de Napoleón III, conservador a ultranza, se propuso reparar el anticlericalismo y ateísmo de la revolución francesa, la Iglesia Católica volvía a reinar en Francia. La nueva hermandad surgía entonces en este propicio clima brindado por chupacirios al poder. Católicos hasta la médula, afectos a San Agustín, lectores profundos de la Suma Teológica de Santo Tomás, consideraban la vida del hombre en la tierra como un tiempo fugaz plagado de sufrimientos y desgracias, período duro pero necesario para llegar al reino de los cielos, a la ciudad de Dios agustiniana, donde la dicha sería eterna. Su catolicismo exacerbado los llevaba a celebrar fastuosamente cada 24 de agosto, en recuerdo de la noche de San Bartolomé cuando la monarquía absoluta y ultracatólica de Carlos X masacró a más de dos mil hugonotes, representantes del protestantismo luterano en Francia.
Fue el episcopado de París el que envió a un grupo de la Hermandad de la Santísima Trinidad a Buenos Aires. El objetivo era fundar escuelas primarias que impartan una educación católica tomista tradicional. En el año 1954 el hermano Jean (Juan para nosotros) Benavidez Zuñiga, miembro destacado de la hermandad, fundaba el Instituto Nuestra Sagrada Bendición de Cristo, su lema de bienvenida establecía, y aún establece, tres condiciones de posibilidad para lograr un objetivo loable: “En la familia, el trabajo y la humildad está la paz”. El catolicismo ultramontano francés aterrizaba en Buenos Aires. La paz sería para ellos producto de conservar los valores tradicionales de la familia, (primera condición de posibilidad), rotos por el peronismo gobernante, recordemos la ley de divorcio, la supresión de los feriados católicos, la habilitación de prostíbulos. La paz solo se impondría producto del trabajo raso, estratificado, mal pago, (segunda condición de posibilidad), se venía la Libertadora, el hijo del barrendero debía morir siendo barrendero, la escoba como única herencia familiar. Se lograría así la humildad necesaria, obligatoria, imperante (tercera condición de posibilidad).
La clase media porteña, espantada del peronismo y su bajada autoritaria en las escuelas, encontró en el nuevo instituto educativo el refugio para salvar a sus vástagos del aluvión zoológico imperante.
Zuñiga fundó el colegio que el barrio del General Entrerriano necesitaba.
Al poco tiempo, luego del bombardeo a la Plaza de Mayo, luego del golpe septiembre, luego del exilio de Perón, llamado ahora tirano depuesto en búsqueda de exorcizar su recuerdo, las fuerzas vivas, creadoras e impulsoras del barrio, su despliegue vital, comenzaron a llamar al instituto, su querido instituto, con el íntimo nombre de “Nuestra Sagrada”.
Juan Benavidez Zuñiga falleció el 2 de noviembre de 1983, al parecer el advenimiento de la democracia fue el golpe final a su, ya debilitado, corazón. A su velorio en la iglesia Nuestra Señora de la Merced acudió el barrio entero, toda la prosapia estaba allí, despidiendo a su gran educador, al Sarmiento del barrio de General Entrerriano, a un hombre de Dios. Junto con el cadáver se enterraron también las denuncias de torturas ocurridas en el establecimiento durante el Proceso de Reorganización Nacional, y los casos, abundantes, de abusos sexuales a menores de edad. El barrio entero decidió olvidar, como buena gente de fe que eran.
Aún, dicen las malas lenguas del barrio, que se esconden, que no se atreven a pronunciar en voz alta lo impronunciable, cada 24 de agosto se celebra en el Nuestra Sagrada la noche de San Bartolomé, aún se producen en esas noches de frío invierno una larga jornada báquica, dionisíaca, de alcohol y excesos. Otras fechas se han agregado con el tiempo, fechas importantes, conmemorativas: el 2 de noviembre, por la muerte de Zuñiga, educador, fundador de escuelas, quizás un poco pedófilo, y el 16 de julio, fecha en que, desde ese glorioso año de 1955, se comenzó a vencer a la barbarie. Porque ya sean hugonotes, protestantes roñosos, subversivos asesinos, negros de mierda, nenitos mentirosos que dicen ser abusados, denuncias falsas de torturas, siempre, pero siempre, Cristo vencerá.
*****
El lado oscuro del Nuestra Sagrada es un secreto enterrado en lo más profundo del barrio del General Entrerriano. Nadie lo dice, algunos lo saben. Pero a veces lo enterrado sale a la luz, se des-entierra, sobre todo si alguien, un hombre sagaz, un des-enterrador se interesa en saber la verdad, por más oculta que esté. Pedro Alvear conoce los secretos más oscuros del Nuestra Sagrada.
Apenas terminó de hablar con Norma Conesa, rectora del instituto, apenas se supo en peligro, se puso en alerta, necesitaba contraatacar, el mejor contraataque es saber todo de todos, porque todos mienten, porque todos tienen cosas que ocultar, incluso él, y el Nuestra Sagrada no podía ser una excepción. Investigó, llamó a la gente indicada, y descubrió que el gran colegio católico de excepción no tenía nada.
El contacto en la SIDE fue claro, útil, lo cubría, lo sacaba de todo tipo de indagación de esa directora idiota. El asunto del pis de su nieta podía ser la punta de un iceberg gigante, oscuro, aterrador, y ese iceberg podía hundirlo a él, al gran Pedro Alvear, hundirlo como hundió al Titanic, esa maravilla de la técnica, que desafió a Dios, que le escupió en la cara, que buscó reemplazarlo, sería la técnica el Dios nuevo, el viejo, por lo tanto, debía morir. Pero este viejo Dios, rencoroso, celoso de que desafíen su poder, interpuso el iceberg. Un pedazo de hielo, la naturaleza más burda, aniquilando a la perfección técnica, el Titanic al fondo del océano, la técnica derrotada, y Dios, soberbio en su victoria, omnipotente, dirigiendo a la humanidad. Que la técnica hoy haya derrotado a Dios, lo haya reemplazado, que, en la actualidad el tecnocapitalismo esté a punto de hacer estallar este planeta, junto con la humanidad entera por los aires, es otro asunto, que deberá ser contado, con urgencia, en otro lugar.
Pedro Alvear, hombre probo, empresario argentino, no era el Titanic, no se hundiría ante nada, y menos ante una directora de cuarta. Resolvería el pis de Julieta, ya vería como, ahora necesitaba información, una contrapartida, algo oscuro, un as en la manga. Si la rectora jodía la información saldría a la luz, y si él se hundía todo el Nuestra Sagrada, y si podía todo el puto barrio, se hundiría con él. Pero nada de eso tenía porque ocurrir, Pedro lo sabía, entre bueyes no iban a haber cornadas.
—Ese colegio tiene un prontuario para escribir un par de novelas Pedro, no sé si de Rodolfo Walsh o de Sthepen King. El que habla es un alto cargo de la SIDE, su nombre es Rogelio Anglada.
—Contame Rogelio. Pedro sabe que ya está empezando a ganar la partida. Escucha con atención y sonríe.
—Lo fundó en 1954 un tal Juan Benavídez Zuñiga, un francesito católico, perteneciente a una hermandad llamada la Santísima Trinidad. Comenzó siendo una escuela primaria, una casita con siete aulas en el barrio del General Entrerriano. En 1962 abrieron el Jardín de infantes, compraron un terreno en la misma manzana donde funcionaba la primaria, y para principios de los 70´ comenzaron a planear la apertura del secundario. Pero ahí comenzaron las demoras.
—¿Demoras? ¿Y por qué?
—Faltaba guita Pedro, y sobraban denuncias, cosas jodidas de verdad.
—Empezá por el tema de la guita Rogelio. Pedro saca una libreta, comienza a tomar nota.
—Te tiro un primer dato, y desde ahí comenzá a imaginarte. El Instituto Nuestra Sagrada Bendición de Cristo fue fundado en 1954
—Por Zuñiga eso ya me lo dijiste Rogelio. Pedro por primera vez se muestra ansioso, poco común en él
—Si Peter, pero cuando Zuñiga fundó la escuela la estructura edilicia era una casita del orto de ciento sesenta metros cuadrados. ¿Sabés cuál es la estructura actual del colegio?
—Algo sé, pero confírmamelo vos. Pedro había sido durante muchos años presidente de la unión de padres de colegios del barrio, sabía datos del Nuestra Sagrada, sabía su estructura, pero eso no le servía de una mierda, un colegio grande es solo eso, no hay delito, no hay elementos para su contrapartida.
—Anda anotando Peter. El instituto tiene tres niveles de enseñanza: jardín de infantes, primario y secundario, están distribuidos en tres manzanas, en la zona más cara del barrio del General Entrerriano, plena CABA Pedro, te rompen el culo con el metro cuadrado, y estamos hablando de unos treinta mil acá. Sigo y sumo Pedrito, frente al secundario levantaron un gimnasio, cinco pisos, tres mil quinientos metros cuadrados. Vayámonos de la CABA, en Pilar, otra rotura de culo el metro cuadrado ahí, los curitas tiene un campo de deportes de, agarrate Pedro, ceinto veinte mil metros cuadrados. A todo esto sumale inversiones, bolsa de comercio, departamentos varios, cocheras, pero todo se va perdiendo en testaferros fantasmas. Y, agregale, por si fuera poco, la guita que se gastaron en sobornos y abogados para tapar las denuncias, sobre todo las de abuso sexual.
—Frena ahí Rogelio, ya vamos a los abusos, hay algo que no entiendo, me tirás una millonada de guita en terrenos, en infraestructura, pero antes me dijiste que la construcción y apertura del nivel secundario estuvo demorada.
—Si Pedro, pero antes de seguir, decime vos algo, ¿no sabías la guita que manejaba este colegio? Sé que rondaste por ahí unos cuantos años, tu hija fue al colegio vecino del Nuestra Sagrada, que era solo de varones, el de mujeres que fue Verónica se llama Devotas de Jesús, pero habrás visto guita en el Nuestra Sagrada y ahí fuiste como buen empresario que sos.
—Sabes muchas cosas Rogelio
—Soy la SIDE Pedrito, sabemos todo de todos.
—Es verdad, conozco íntimamente el Nuestra Sagrada, pero hasta el día de hoy me chupaba un huevo de donde había sacado la guita. Cuando me metí en el colegio ya tenía un capital exorbitante, yo, quizás, ayudé a que creciera un poquito más, el suyo y, de paso, el mío también.
—¿Y ahora porqué te importa tanto Pedro?
—Asuntos míos Rogelio, vos serás la SIDE, pero me debes unos cuantos favores, no preguntes boludeces, te saqué del quilombo con la embajada de Colombia, te metiste hasta los huevos con las FARC, ¿te olvidaste de eso?
—Nunca Peter, te debo la vida. No pregunto más nada.
—Me parece inteligente lo tuyo Rogelio. Seguí contándome ¿porqué estuvo trabada la apertura del secundario?
—La obra ya estaba proyectada, se frenó en el 73 ¿Sabés porqué?
—¿Perón?
—Sí, la vuelta de Perón, la caída de Lanusse, la obra quedó Stan By.
—¿Y después? ¿Cómo levantaron este monstruo actual? Algo conozco, ya te dije, sé que la guita que hicieron con el Turco, pero para principios de los 90´ el Nuestra Sagrada ya tenía dos manzanas de extensión, y el campo de deportes en Pilar.
—Si Pedro, en los 90´ compraron la totalidad de una nueva manzana, construyeron un edificio monumental, separaron la primaria y el jardín de infantes, los más chiquitos pasaron al edifico nuevo. Para 1995 comenzaron a construir el gimnasio.
—Ahí estuve yo Rogelio, financie el gimnasio, metí pesos y recaudé dólares que aportaban los padres. Pobres boludos no saben la que se viene.
—Que se jodan Pedro, cuando se caiga el uno a uno van a putear lindo. ¿Floja guita vas a hacer con eso, no Peter?
—Dejémoslo ahí, además vos tendrás lo tuyo Rogelio, ¿mal no te va no?
—No me quejo Peter, pero si tengo más mejor.
—Siempre más es mejor amigo, pero seguí contándome Rogelio, ¿Cuál fue el salto inicial? ¿Cómo se destrabó la construcción del secundario?
—Los milicos Pedro, y antes el Brujo Lopecito.
—Me imaginé, la guita vino de ahí, militares y católicos siempre se llevaron bien, salvo con la peronchada.
—Si Pedro, pero la guita llegó por razones un poco más oscura de las que vos te imaginas.
—¿Y qué me imagino yo?
—No se Pedro, aparatos ideológicos del Estado, conquista de conciencias, sociedad disciplinada vía educación, boludeces psicológicas.
—Y no es eso.
—No
—¿Entonces? ¿Qué mierda fue? ¿Por qué metieron tanta guita los milicos?




