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En otras palabras: algo grande está por venir.
APAGA LAS LUCES
No mucho después de que se terminara de construir el templo a menor escala, las cosas en Judea se revolvieron nuevamente. El templo reconstruido reavivó la esperanza de que quizá los días de gloria de David y Salomón regresarían. Pero no ocurrió nada en ese sentido. El templo y todo lo relacionado con él, servía como doloroso recordatorio de una época pasada que probablemente nunca regresaría. La economía siguió decayendo. El interés por la adoración en el templo siguió menguando. Los líderes políticos y religiosos discutían entre ellos y aprovechaban su poder en perjuicio del pueblo, lo cual solo aumentaba el cinismo y la desconfianza.
En medio de esta confusión, entró en escena el profeta Malaquías. Su profecía sirvió como epílogo a lo que conocemos como el Antiguo Testamento.7 Aunque es el último profeta, no es el menos importante. Como los profetas anteriores a él, Malaquías reprendió furiosamente al pueblo por su apatía, falta de fe, inmoralidad y egoísmo. Le recordó a la nación, el amor inagotable de Dios, así como su inevitable juicio. La cuota profética estándar.
Sin embargo, en sus primeras profecías, Malaquías reitera el destino divino de Israel, la intención global de Dios. A pesar de todo lo que habían hecho para deshonrar su nombre, Dios estaba comprometido a cumplir su pacto con Abraham. Israel sería un medio para su fin. De hecho, el mundo sería bendecido a través de Israel.
Grande es mi nombre entre las naciones…
Ahí está otra vez.
Porque desde donde nace el sol hasta donde se pone, grande es mi nombre entre las naciones. En todo lugar se ofrece incienso y ofrendas puras a mi nombre, porque grande es mi nombre entre las naciones, dice el Señor Todopoderoso.8
Luego…
Yo estoy por enviar a mi mensajero para que prepare el camino delante de mí. De pronto vendrá a su templo el Señor a quien ustedes buscan.
Que conste que vendrá, es decir, aún no estaba allí.
…vendrá el mensajero del pacto, en quien ustedes se complacen…9
Fin.
Malaquías apagó las luces, cerró la puerta y desapareció en el desierto.
La verdad no, pero más o menos así se sintió.
Durante los siguientes cuatrocientos años, aproximadamente, no hubo profetas. Bueno, no hubo ninguno que la gente tomara en serio. Judea permaneció bajo control extranjero. Después de los persas, siguieron los ptolomeos, luego los seléucidas. Alrededor del 167 a. C., apareció un débil destello de esperanza. Un grupo de judíos apasionados, conocidos como Macabeos, iniciaron una revuelta. Bajo el liderazgo de Judas Macabeo, derrocaron y expulsaron a los invasores griegos. Purificaron, dedicaron (otra vez) y abrieron el templo. Por primera vez en siglos, los judíos eran libres del yugo extranjero. Muchos creyeron que Judas Macabeo era el Prometido, el Salvador enviado por Dios a restaurar la nación a su gloria anterior. Pero no sería así. Tras su muerte, la nación volvió a caer en una espiral de inestabilidad económica y política. Luego, en 63 a. C., el general Pompeyo hizo su famosa visita al templo judío, y anexó Judea a la república romana.
CALLADO, PERO NO QUIETO
Aunque podría decirse que Dios estuvo callado durante los años de ocupación y opresión de Israel, ciertamente no estuvo quieto. El apóstol Pablo plasmó perfectamente la tensión existente al escribir:
Pero cuando se cumplió el plazo…
Una vez que Dios tuvo todo y a todos preparados…
Pero cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos.10
Cuando nadie lo esperaba.
Cuando la mayoría había perdido la esperanza.
Mientras la república romana estaba a un paso de convertirse en imperio…
Dios actuó.
Un carpintero descubrió que su prometida estaba embarazada y, mientras decidía qué hacer, un ángel le habló en un sueño:
José, hijo de David, no temas recibir a María por esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel.11
Había llegado el momento.
Se había acabado la espera.
Se cumpliría la promesa de Dios a Abraham. Las naciones de la Tierra estaban a punto de ser bendecidas. Como parte del proceso, Dios visitaría el templo una última vez.
Pero no como nube.
Esta vez se mostraría como un humilde artesano de Galilea convertido en rabí. Un rabí que iniciaría un incendio que ningún imperio ni templo podría extinguir. Y al final, como lo había prometido, todas las naciones del mundo (por fin) serían bendecidas.
Capítulo 5
VOLVER AL CENTRO DEL UNIVERSO
Quizá el tema más prominente en los evangelios —los cuatro relatos de la vida de Jesús—, sea el incesante conflicto entre Jesús y los líderes religiosos. Aunque es fácil identificar sus diferencias de perspectiva e interpretación de la ley, no es fácil redondear la idea de por qué dichas diferencias ocasionaron que los fariseos, saduceos y maestros de la ley odiaran a Jesús. No podían simplemente decir que no estaban de acuerdo con él, era más que eso. Lo odiaban. No solo desearon su muerte, sino que orquestaron su arresto y ejecución. Aunque a nosotros nos parezca una reacción exagerada, como le pareció a Pilato, en realidad tenían una buena razón para despreciarlo.
Ellos vieron lo que nosotros pasamos por alto.
Los líderes del templo no veían a Jesús como iniciador del judaísmo 2.0. Entendieron correctamente que Jesús era una amenaza para todo lo que valoraban. ¡Todo! Si lo que Jesús afirmaba era verdad, señalaba una nueva versión del mundo, y el fin de su mundo como lo conocían.
Los lectores modernos de la Biblia ven a Jesús como una extensión de las Escrituras judías (nuestro Antiguo Testamento). Los líderes judíos en tiempos de Jesús no lo veían como una extensión o cumplimiento de nada. Nosotros vemos a Jesús como el resultado del Antiguo Testamento; sus detractores del primer siglo lo veían como un hereje que quería cambiar todo.
En ese punto, tenían razón: Jesús estaba presentando algo nuevo.
Una de las declaraciones más ofensivas de Jesús está registrada en el evangelio de Mateo. Si lo has leído, lo más probable es que la hayas pasado por alto. Pocos la notamos. Durante una de sus muchas disputas con los líderes religiosos acerca de las implicaciones de una violación del sabbat, Jesús, refiriéndose a sí mismo, declaró:
Pues les aseguro que aquí hay algo más importante que el templo.1
Indignante, ¿no?
¿No?
¿No habías notado esa declaración?
Eso pensé.
Para los judíos del primer siglo, nada ni nadie era más importante que el templo. Si hubiera habido algo más importante, el templo no habría tenido razón de ser. Era inútil. Aunque hay lugares que consideramos especiales, quizá sagrados, nuestra conexión emocional con esos lugares, no son nada en comparación con lo que los judíos sentían (y en algunos casos siguen sintiendo), por su templo. Para los judíos del primer siglo, el templo era todo. Era el centro del mundo; no solo de su mundo, sino del mundo entero.
El templo era el epicentro de la vida religiosa judía. Era el hogar legítimo de la ley oficial. El templo era la presencia de Dios en la Tierra. Compararse uno mismo con el templo, o sugerir que cualquier cosa era más importante que el templo, reflejaba una extraordinaria arrogancia, ignorancia o locura. Que alguien afirmara ser más importante que el templo era una blasfemia digna de la muerte. Una amenaza al templo era una amenaza a la nación. La población judía habría muerto antes que permitir que este inmueble sagrado fuera profanado o amenazado.
Habrían dado su vida.
No es una exageración.
Para muestra, un botón.
CONVERSACIÓN SOBRE ÍDOLOS
Alrededor del año 40 D.C., los ciudadanos de Jerusalén fueron notificados de que una estatua del emperador Calígula iba a ser erigida dentro de las paredes del templo. A Petronio, gobernador de Siria, se le dio la responsabilidad de transportar la estatua desde la ciudad portuaria de Ptolemaida hasta Jerusalén. Lo acompañaron dos legiones (aproximadamente 10.000 soldados). Cuando llegó a tomar posesión de la estatua, le sorprendió descubrir que miles de judíos de la región se habían reunido para protestar.2 Al ser amenazados con violencia, en lugar de organizarse y defenderse, los protestantes se arrodillaron y expusieron el cuello al filo de las espadas. El mensaje era claro: morirían antes de ser testigos de la profanación de su templo. Petronio fue superado en la táctica.
Un conflicto armado era una cosa; pero masacrar a ciudadanos desarmados era algo completamente diferente. Ignorando a las multitudes, Petronio y sus legiones se abrieron paso tierra adentro hacia Tiberíades. Según Josefo, al llegar al lugar, se encontró con un contingente mucho mayor de protestantes. Aún estaba a más de 160 kilómetros de Jerusalén. Josefo describió la escena a las afueras de Tiberíades, de la siguiente manera:
Así que se postraron en su cara, expusieron la garganta y dijeron estar listos para ser masacrados; e hicieron esto durante cuarenta días y, mientras tanto, abandonaron la labranza de su tierra, y esto cuando por la temporada del año era tiempo de sembrar. Así continuaron firmes en su resolución, y se propusieron morir voluntariamente antes que ver la dedicación de la estatua.3
Todos los campesinos se pusieron en huelga, poniendo en riesgo la economía de la región. Una vez más, Petronio se encontraba en un callejón sin salida. El cumplimiento de los deseos del emperador exigiría algo mucho peor que un conflicto armado. Exigiría algo más parecido al genocidio. Con reticencia, escribió al emperador para pedirle instrucciones, totalmente consciente de que no cumplir sus órdenes. se interpretaría como incompetencia y sin duda, ocasionaría su destitución o algo peor. Por un extraordinario giro del destino, o la providencia, oficiales de la Guardia Pretoriana conspiraron junto con un puñado de senadores romanos para asesinar al emperador antes de que la carta de Petronio llegara a la capital.
Crisis evitada.
Así que sí, el templo era importantísimo.
Jesús declaró ser más importante que el templo.
Ese era un problema.
FALLAS DE MODELO
Para cuando Jesús llegó a la edad adulta, el sistema del templo judío estaba completamente corrupto. Al menos eso pensaba él. Aunque los evangelios nos presentan un puñado de sacerdotes, abogados y fariseos sinceros, son la excepción. Tan solo el juicio de Jesús es suficiente para eliminar cualquier duda sobre el estado de las cosas.
La corrupción generalizada de la comunidad religiosa no solo se infiere y se ilustra en los evangelios. Jesús la abordó directamente. En el evangelio de Mateo, encontramos la descripción de Jesús sobre los dirigentes.4 Esta es una muestra:
•Todo lo hacen para que la gente los vea.
•Les encanta estar en el lugar de honor en los banquetes.
•Les encantan sus títulos.
•Les encanta que los saluden con respeto en los mercados.
•Descuidan la justicia, la misericordia y la fidelidad.
•Son hipócritas.
•Están llenos de avaricia y auto indulgencia.
•Por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de maldad.
Unos tipos encantadores.
Jesús concluye sus observaciones llamándolos víboras y preguntándoles cómo planean escapar al infierno.5 El lado positivo… bueno, no había un lado positivo. Jesús consideró que toda la empresa estaba corrupta. Por el tiempo en que Jesús salió del río Jordán para empezar su ministerio, los líderes del templo habían creado un sofisticado e intrincado sistema de resquicios legales que les permitía evitar las exigencias más inconvenientes de la ley. Eran especialmente hábiles en la reinterpretación y simplificación de las partes de la ley de Moisés, que les significaran algún gasto económico. Por consiguiente, quienes estaban en el escalón superior de la autoridad del templo vivían como reyes. En tiempos de Jesús, era muy rentable ser sacerdote en Jerusalén. La mayoría de la gente no sabe esto, pero en tiempos de Jesús, el templo era una empresa con enormes ganancias.
¡Enormes!
Esta es la razón.
EL TEMPLO DE LA PROSPERIDAD
El templo se beneficiaba de diferentes fuentes de ingresos, el más importante era el impuesto del templo. Los hombres judíos mayores de veinte años debían pagar medio siclo de impuesto anual al templo, equivalente al salario de un día y medio de trabajo. No era una cantidad enorme, pero no se limitaba a los hombres que vivían cerca del templo.
Este impuesto se exigía a cada hombre judío, independientemente de dónde viviera. En el primer siglo, había millones de judíos diseminados por todo el imperio romano y más allá.6 Existía un elaborado sistema para recolectar, resguardar y transportar el impuesto del templo a Jerusalén. Los hombres judíos podían pagar el impuesto en centros de recolección ubicados en las principales ciudades del imperio romano y sus alrededores, o podían pagarlo directamente en el templo. Josefo hace referencia a una ciudad con uno de dichos centros, Nísibis, ubicada en la actual Turquía. La siguiente cita, nos da alguna idea de cuánta riqueza se recolectaba y transfería hacia Jerusalén desde las ciudades recaudadoras:
… pues hacían uso de estas ciudades como una tesorería, desde donde, en el momento oportuno, lo recaudado era transferido a Jerusalén; y decenas de miles de hombres realizaban el transporte de esas donaciones, por miedo al pillaje de los llamados partos…7
Josefo es famoso por sus exageraciones, pero, aunque fueran solo mil judíos babilonios los asignados a proteger el convoy de los impuestos, sería un ejército de tamaño medio. Todo esto para apoyar la actividad que se llevaba a cabo, en ese lugar de apenas 150 metros cuadrados en Jerusalén. La suma exportada fuera de las provincias romanas que se embarcaba a Jerusalén, era tan grande que hizo que los gobernadores romanos propusieran leyes para prohibir que los judíos pagaran el impuesto en sus ciudades. En algún punto, el senado romano, en un esfuerzo por mantener la riqueza judía en la capital, aprobó una ley para prohibir la exportación de plata. Sin embargo, los judíos siguieron pagando el impuesto en el imperio romano y sus alrededores.
Eso fue solo el principio.
Para el siglo I, a los judíos se les prohibía acuñar su propia moneda. Los rabinos a cargo de la tesorería del templo, se vieron forzados a buscar una moneda extranjera que se aproximara al valor de un siclo o medio siclo. Escogieron monedas de plata acuñadas en la ciudad de Tiro.8 Los didracmas y tetradracmas tirios se aproximaban mucho al valor del antiguo siclo y medio siclo judíos. En los días de Jesús, el templo solo aceptaba la moneda tiria. Eso era un problema para los contribuyentes y una oportunidad para los recaudadores de impuestos. Los judíos viajaban desde todo el mundo para visitar el templo. Pocos de ellos llevaban consigo monedas tirias. Para remediar este problema, había mesas en el patio del templo donde los cambistas tomaban cualquier moneda que un adorador pudiera traer y la cambiaban por siclos tirios. ¿Y quién crees que determinaba el tipo de cambio? Las autoridades del templo, por supuesto. Los adoradores no tenían más opción que someterse a la tasa publicada.
Así que además de los impuestos que fluían desde todo el mundo civilizado, el personal del templo había descubierto otra forma de aumentar los ingresos. Fue esta práctica, junto con la venta de animales para el sacrificio, sobrevalorados y de segunda clase, lo que llevó a Jesús a ejercer su autoridad mesiánica de aquella forma tan inolvidable. En un extraño giro, indudablemente fueron treinta monedas tirias de plata, sustraídas del erario, las que el sumo sacerdote usó para pagarle a Judas.
El poder, la política y las utilidades relacionadas con el templo judío del primer siglo, fueron la tormenta perfecta. Se convirtieron en la receta perfecta para la corrupción. Agrega religión a la mezcla y la receta dará pie a una extraordinaria hipocresía (algo que Juan Bautista y Jesús señalaron y condenaron constantemente). A pesar de todo eso, el templo seguía siendo muy importante para la cultura judía del primer siglo. Algo realmente importante. Pero Jesús declaró ser más importante que el templo.
Eso era notoriamente escandaloso.
INIMAGINABLE
Una tarde, mientras Jesús y sus camaradas salían del templo, alguien hizo un comentario sobre las gigantescas piedras y magníficos edificios que formaban parte del complejo.9 Jesús se detuvo, volteó y dijo:
¿Ven todo esto? Les aseguro que no quedará piedra sobre piedra, pues todo será derribado.10
Traducción: No se impresionen mucho; será derribado.
Quedaron pasmados.
Pensaron que a lo mejor Jesús les iba a decir “no se crean, estoy bromeando.”
Pero Jesús se dio vuelta y siguió su camino hacia la ciudad.
“¿Derribado?” En verdad dijo: “¿Derribado?”
Cada piedra “¿derribada?” ¿Derribados esos 150 metros cuadrados y lanzados al valle que se encontraba abajo? ¿Cómo podía ser eso? Para ir más al grano, ¿cómo podía llevarse a cabo? Los terremotos eran comunes en la región; pero Herodes el Grande había reconstruido el templo de tal forma que era prácticamente a prueba de terremotos. Toda la estructura era de piedra cortada. Las piedras de los cimientos pesaban como quinientas toneladas. Un terremoto podía, a lo mucho, agrietar un techo, derribar un parapeto o crear una fisura en una pared. Pero incluso un terremoto no podría hacer lo que Jesús describió. Para eso se necesitaría un ejército, y el único ejército capaz de tal hazaña implicaba a las legiones romanas. Sin embargo, Roma no destruiría el templo, como se demostró con Herodes, el patrocinador real de Roma, y responsable de su reconstrucción.
Quizá habían entendido mal.
Más tarde, ese mismo día, se reunieron a las afueras de la ciudad, en el Monte de los Olivos, un lugar que les proveía una vista panorámica de la ciudad, incluido el templo. El suspenso los estaba matando.
La declaración de Jesús respecto al futuro del templo fue… bueno, apocalíptica. El fin del templo señalaba el fin del mundo como lo conocían. Nadie se sentía bien. Por fin, alguien habló y preguntó lo que todos se morían por saber:
¿Cuándo sucederá eso…11
Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas registran la respuesta de Jesús. Lo que siguió fue la profecía más sorprendente y verificable jamás hecha por nadie antes, en ningún otro lugar y en ninguna otra época. A los cristianos les gusta apoyarse en las profecías del Antiguo Testamento para “demostrar” que Jesús es quien decía ser. Pero esta épica predicción, es mucho más convincente que cualquier cosa que podamos encontrar en el Antiguo Testamento. Es una prueba de la respuesta de Jesús en el evangelio de Lucas:
Ahora bien, cuando vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan que su desolación ya está cerca. Entonces los que estén en Judea huyan a las montañas, los que estén en la ciudad salgan de ella, y los que estén en el campo no entren en la ciudad.12
Existe la posibilidad de que hayas leído eso antes. Existe la posibilidad de que hayas escuchado uno o dos sermones que incluyeran estos versículos. Y existe la posibilidad, de que quien haya dado esos sermones, haya relacionado esos versículos con los últimos días… con el libro del Apocalipsis… con la segunda venida… etc. ¡Es lamentable!
Por la siguiente razón.
Jesús no estaba prediciendo el fin del mundo, tal y como lo describe el último libro de nuestras Biblias. Él estaba prediciendo algo local, algo que ocurriría durante la vida de muchas personas de su audiencia. Por supuesto, cuarenta años después de que Jesús hiciera esta perturbadora predicción, el general Vespasiano, quien pronto sería elegido emperador de Roma, atrapó a miles de rebeldes judíos dentro de la ciudad de Jerusalén. Esta fue la culminación de una campaña militar de cuatro años del imperio contra la resistencia judía. Los historiadores se refieren a esto como la Guerra Judía o guerras judeo-romanas. Era inimaginable cuando Jesús habló de ella, pero el ejército de Vespasiano literalmente sitió Jerusalén, encerrando a las fuerzas rebeldes y a los ciudadanos dentro de los muros de la ciudad —muros que a la larga se convertirían en una cárcel para los aterrorizados ciudadanos de Jerusalén. Con ese poco de historia como telón de fondo, veamos una vez más la declaración de Jesús:
Ahora bien, cuando vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan que su desolación ya está cerca. Entonces los que estén en Judea huyan a las montañas, los que estén en la ciudad salgan de ella, y los que estén en el campo no entren en la ciudad.13
Conforme el ejército de Vespasiano se aproximaba a Jerusalén, miles de peregrinos judíos se dirigían a la Ciudad Santa a celebrar un festival religioso. Al principio, los comandantes romanos impidieron la entrada de los peregrinos a la ciudad. Vespasiano revocó esa orden y dio instrucciones a sus legiones de proteger y escoltar a los peregrinos hasta las puertas de la ciudad. Esto sucedió durante varios días. Una vez que todos estaban seguros dentro de los muros, Vespasiano selló la ciudad. Fue un movimiento tan brillante como cruel, por parte del general romano. Entre más bocas que alimentar, más corto sería el sitio. Para cuando la Décima Legión atravesó el muro interior de la ciudad, la población estaba, literalmente, muriendo de hambre.
…y los que estén en el campo no entren en la ciudad.14
Jesús continuó:
¡Ay de las que estén embarazadas o amamantando en aquellos días! Porque habrá gran aflicción en la tierra, y castigo contra este pueblo.15
La palabra “castigo” se quedó corta. El sitio se prolongó tanto, que para cuando la infantería romana se abrió paso a través de la brecha, su ira reprimida los hizo despiadados. Miles de judíos fueron salvajemente asesinados. Josefo, el historiador judío, escribe:
La matanza en el interior fue aún más espantosa que el espectáculo visto desde fuera. Hombres y mujeres, viejos y jóvenes, insurgentes y sacerdotes, quienes pelearon y quienes imploraron clemencia, fueron cortados de arriba a abajo en una carnicería indiscriminada… Los legionarios tuvieron que trepar sobre montones de cadáveres para llevar a cabo la obra de exterminio.16
Quienes se salvaron, no fue por misericordia, sino por codicia. Los sobrevivientes, incluidos niños, fueron vendidos a los tratantes de esclavos, quienes esperaron con impaciencia su día de pago. Josefo establece el número de judíos vendidos como esclavos en cientos de miles. Jesús también predijo eso:
Caerán a filo de espada y se les llevará cautivos a todas las naciones.17
Esta extraordinariamente detallada predicción de lo que sucedería en Jerusalén, es una razón por la que los expertos seculares insisten en que los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas se escribieron más de una generación después de los hechos ahí registrados. A su modo de ver, para cuando se escribieron los evangelios, todos los supuestos testigos de la resurrección estaban muertos. Cualquiera que hubiera conocido a Jesús o escuchado sus enseñanzas, estaba muerto. Según ellos, los evangelios son obra de los cristianos no judíos que pusieron palabras en boca de Jesús con base en leyendas y rumores. Esta hipótesis presenta innumerables problemas. Se han escrito libros y artículos para demostrar lo absurdo de esas declaraciones. Sin embargo, compadezco a quienes insisten en pensar así.




