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¿Por qué?
Porque, si los evangelios se escribieron antes del año 70 D.C., antes de que ocurrieran los sucesos descritos por Jesús, es imposible evitar la conclusión de que Jesús predijo, con extraordinarios detalles, el fin del antiguo judaísmo. Si Jesús lo profetizó, sería tonto no considerar cuidadosamente todo lo demás que tuvo que decir.
Y ni siquiera hemos llegado al suceso principal: la destrucción del templo.
PIEDRA SOBRE PIEDRA
Cuando las legiones romanas entraron a Jerusalén, descubrieron que el distrito del templo estaba bien defendido. Mientras los rebeldes, desesperados, peleaban para defender su lugar más sagrado, los sacerdotes suplicaban a Dios un milagro desde el techo. Finalmente, las legiones se impusieron, pero no antes de que alguien incendiara el interior del templo. Todo lo que era inflamable, se destruyó. Los sacerdotes fueron asesinados, y todos los objetos de valor que sobrevivieron a las llamas, fueron sacaron del lugar. Pero lo que pasó a continuación no tenía precedentes, y fue totalmente inesperado.
Tito, quien ahora estaba al mando por la ausencia de su padre, ordenó que cada piedra usada en la construcción del templo fuera derribada, arrastrada a la orilla de la plaza, y empujada hacia el valle que se encontraba abajo. Algunas de esas piedras enormes permanecen ahí hasta nuestros días, donde quedaron hace casi dos mil años.
¿Ven todo esto? Les aseguro que no quedará piedra sobre piedra, pues todo será derribado.18
Al leer la descripción de Jesús de lo que sucedería, con la claridad que tenía del futuro, es fácil imaginar el dolor en su voz. Es como si pudiera ver la carnicería, oír los gritos y sentir el pánico de las madres aferradas a sus hijos.
Este era su pueblo. Esta era su nación —la nación que Dios había levantado a partir de un hombre, con un propósito: bendecir al mundo. Pero ese capítulo estaba llegando al final. El templo estaba llegando al final. El pacto de Dios con la nación había servido a su propósito. Ya no era necesario.
¿Por qué?
Porque algo más importante que el templo, había llegado.
Algo que haría que el templo, y todo lo relacionado con él, quedase obsoleto. Algo nuevo. Algo mejor. Algo para todo el mundo. El antiguo Israel fue un medio para un fin.
Ese fin había llegado.
Lo nuevo estaba por comenzar.
INTRODUCCIÓN
Hay algo que debería quedarnos completamente claro a partir de nuestro rápido resumen del Antiguo Testamento. Dios tenía un plan. Su plan tenía implicaciones para todas las naciones, no sólo para una nación. Si los capítulos anteriores no te convencieron, quizás esto lo haga:
Porque tanto amó Dios al…
¿Conoces este verso?
…mundo.
Así es, al mundo entero. Esto significa a cada persona, en cada nación y en cada generación. El Creador del Mundo se reveló asimismo a un hombre que no tenía un pueblo y quien se convertiría en una nación con un propósito divino. A lo largo de ese tortuoso camino, Dios usaría una variedad de elementos para hacer que la historia avanzara. Largos viajes, plagas, fuego, azufre, terremotos mortales, tablas de piedra, una antigua constitución, un altar portátil, reyes, y eventualmente, aunque con algo de reservas, un templo. Bueno en realidad, fueron varios templos.
Pero cada uno de estos elementos fueron un medio para un fin, y todos fueron diseñados para tener un final. Todo en esa lista tuvo cierto tiempo de vida útil.
No quiero restarle importancia a ninguno de los elementos en la lista. Tampoco lo hago con las Escrituras judías. En lo que respecta a los textos sagrados judíos, estoy completamente de acuerdo con Jesús. Su punto de vista es mi punto de vista. Pero ¿qué dice él acerca de las Escrituras judías? Hablaremos un poco más al respecto, en esta sección.
En muchas formas, las aventuras y desventuras del pueblo judío, según están registradas en la primera mitad de la Biblia, pueden compararse con un capullo diseñado de forma divina que, “en el tiempo indicado”, dio paso al cumplimiento de la promesa de Dios a Abraham. Cuando Jesús puso un pie en el Río Jordán para ser bautizado, se estaba desatando algo completamente nuevo en el mundo. Algo tan nuevo, tan completamente diferente, tan distinto a nada que hubiese existido antes, que incluso Juan el Bautista reconoció que su momento de brillar había llegado a su fin. A partir de ese momento, todo giró en torno a esta nueva persona.
¿Recuerdas esto?
El siguiente día Juan vio que Jesús venía hacia él, y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del.…
Y ahí está de nuevo.
… ¡mundo!
Juan se emocionó tanto que le costó mucho trabajo hablar.
Él es de quien yo dije: “Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo.
¿No te parece fascinante? Pero escucha… Quiero decir, lee lo que dijo después:
Yo no lo conocía; pero vine bautizando con agua para esto…
Dinos Juan, ¿por qué viniste bautizando con agua?
…para que él fuera manifestado a Israel. 1
¿Cuál era la implicación? Ahora que él ha sido revelado, mi pequeña parte dentro de esta historia ha terminado. Soy simplemente un hombre, parte de una larga lista de personas a quienes Dios ha usado para preparar lo que está por hacer. Juan el Bautista —al igual que Abraham, Isaac, Jacob, José, Moisés, David, Salomón, Nehemías y todos los profetas— fueron un medio para un fin.
Al igual que los largos viajes, las plagas, los incendios, el azufre, las tablas de piedra, los altares portátiles, los reyes y los templos, Juan fue necesario, pero temporal. Fue tan temporal, que los escritores de los Evangelios nos dicen que cuando Jesús se enteró que Juan había sido arrestado, no sólo no lo rescató, sino que se fue al lago.2
¡Es verdad! Se fue al lago.
Pero incluso después de la impresionante presentación que le dio Juan, nadie esperaba que Jesús crease algo nuevo. Por el contrario, si él era en verdad el Mesías, su papel era el de extender algo antiguo. Si era un profeta, su tarea era la de pastorear a la nación hacia las antiguas costumbres. Si Jesús hubiese estado satisfecho con el título de rabí o maestro, su papel hubiese sido el de aclarar y aplicar las antiguas palabras de Moisés. Pero sin importar qué papel eligiera, la palabra “nuevo” no era parte de la ecuación. ¿Mejorado? Quizá, pero no nuevo.
En las próximas secciones exploraremos tres facetas de lo nuevo que Jesús desató en el mundo. Comenzaremos por su nuevo movimiento, la Iglesia. Después escucharemos cómo les explica a sus discípulos los términos y condiciones de un nuevo pacto, un nuevo acuerdo entre Dios y la humanidad. Por último, trataremos de abrazar y entender la importancia del nuevo mandamiento de Jesús, un único mandamiento destinado a ser la ética gobernante de su nuevo movimiento.
Tengo la impresión que eso nuevo que Jesús inició no será novedad para ti. Ciertamente no te molestará. Lo que puede que encuentres perturbador, son las implicaciones que existen sobre lo viejo. Jesús vino a cumplir y a reemplazar mucho de lo que ya estaba funcionando. Normalmente no nos molesta algo nuevo, eso es hasta que entendemos que significa soltar lo viejo, lo que nos hace sentir cómodos. Eso explica por qué te quedaste con tu viejo sillón después de comprar uno nuevo. Todo eso que tienes guardado en el ático, en el sótano o en algún clóset… pareciera que simplemente no puedes deshacerte de ello, ¿verdad? Es la naturaleza humana. Y en el caso de tu clóset, sótano o ático, es inofensivo. Ese viejo sillón que guardaste en el sótano no te impide para nada disfrutar del nuevo que tienes en la sala. Pero como estamos por descubrir, en tanto nos aferremos a lo viejo que Jesús vino a reemplazar, jamás podremos plenamente apreciar, experimentar o incluso reconocer lo nuevo que vino a poner en su lugar.
Así que sí, lo que viene a continuación puede ser un poco perturbador.
Pero la verdad espero que te sientas más que perturbado. Para cuando hayamos terminado nuestro tiempo juntos, espero que estés listo para de una vez por todas desconectar tu fe, tu teología y tu estilo de vida de eso viejo que Jesús vino a reemplazar. Y espero que abraces plenamente lo nuevo que Jesús vino a desatar en el mundo y para el mundo.
Capítulo 6
UN MOVIMIENTO COMPLETAMENTE NUEVO
No es sólo que los seguidores de Jesús del primer siglo no estuviesen esperando algo nuevo, ellos asociaban a Jesús con alguien viejo.
Verdaderamente viejo.
Tan viejo que estaba muerto.
Esto es lo que sucedió.
Jesús y su grupo de “alegres compadres” estaban viajando por la región de Cesárea de Filipo cuando Jesús les hizo una pregunta crucial. Quizá fue la historia sobre el trasfondo de esta región, que tenía dos nombres, lo que llevó a Jesús a preguntar:
¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?1
¿Qué está diciendo la gente? ¿Cuál es mi reputación?
Resulta que algunos creían que era Juan el Bautista reencarnado. Otras sugerían que era Elías, Jeremías o algún otro profeta judío muerto.2 ¿Cuál era la implicación? Más de lo mismo. Nada nuevo. Entonces Jesús le hizo una segunda pregunta:
Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”
Obviamente, Simón Pedro fue quien respondió…
Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.3
A lo que Jesús respondió:
Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo reveló ningún mortal, sino mi Padre que está en el cielo. Yo te digo que tú eres Pedro…
Y después llegó el gran anuncio:
…y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella.4
Esta es mi profecía bíblica favorita.
Jesús nos predijo a nosotros.
Más específicamente, Jesús predijo algo nuevo. El habló en tiempo futuro. “Edificaré…”, refiriéndose a que no había sucedido aún. Algo nuevo estaba por llegar.
¿Qué era esto nuevo que nadie sabía que estaba en camino?
Su “iglesia”.
PRIMERA VEZ
Esta es la primera vez que la palabra iglesia aparece en el Nuevo Testamento. Pero resulta que no debió haber siquiera aparecido. Mientras que la mayor parte del Nuevo Testamento en español es una traducción literal del latín, el término iglesia es una excepción. El término iglesia no es una traducción. Es más bien una sustitución, bastante engañosa, por cierto.
El término “iglesia” se deriva del latín ecclesía y esta del griego, ekklesía (έκκλησία) que significa: asamblea. El término “church” (iglesia en inglés), es un derivado del término alemán “kirche”, que significa: casa del Señor o templo. En vez de traducir la palabra “reunión” o “asamblea” a lo largo del Nuevo Testamento, decidieron crear la palabra “iglesia”. Bueno, no siempre sustituyeron la palabra iglesia. Hay notorias e importantes excepciones. Notorias e importantes porque nos aclaran, a los lectores de hoy en día, el punto que Jesús estaba enfatizando esa tarde, Jesús no estaba prediciendo un nuevo templo para el Señor. Por el contrario, como ya hemos visto, Dios ya estaba cansado de templos para ese entonces.
Una mirada rápida a una de estas excepciones notorias de la traducción de ekklesía, nos permite despejar cualquier confusión relacionada con lo que Jesús estaba y no estaba prediciendo esa tarde en Cesárea de Filipo. La excepción que elegí se encuentra en el contexto de uno de los viajes misioneros de Pablo.
EL GREMIO DE LOS ÍDOLOS
Mientras estaba de visita en la ciudad de Éfeso, el apóstol Pablo se encontró en medio de una controversia local ocasionada principalmente por el éxito que había tenido al convertir a un gran número de personas que adoraban ídolos. Había tanta gente abandonando sus tradiciones idólatras, que el negocio de la fabricación de ídolos se veía amenazado. Como respuesta a esto, un platero llamado Demetrio convocó una reunión del gremio de los fabricantes de ídolos y de otras actividades relacionadas, y les compartió su preocupación. ¿Qué ocurrió después? ¡Un disturbio!
Lucas, quien estuvo ahí, afirma que hubo un tumulto en toda la ciudad.5 A continuación verás la descripción de lo que sucedió. El término griego ekklesía, traducido como iglesia más de cien veces en nuestra versión del Nuevo Testamento en español, está traducido de una forma diferente en este pasaje. Veamos si puedes encontrarlo:
Así que unos gritaban una cosa y otros otra, porque había confusión en la asamblea, y la mayoría no sabía por qué razón se habían reunido.6
¿La encontraste? Así se leería este pasaje si ekklesía hubiese sido traducida como iglesia.
Así que unos gritaban una cosa y otros otra, porque había confusión en la iglesia, y la mayoría no sabía por qué razón se habían reunido.7
Bueno, la verdad eso sí que me recuerda bastante a una “reunión de negocios” en la iglesia a la que yo iba cuando estaba en la secundaria. Durante esa reunión, ¡alguien golpeó a mi papá! Pero bueno, esa es una historia que te cuento otro día.
Como probablemente te diste cuenta, ekklesía se tradujo en este pasaje como asamblea. ¿Por qué? Porque eso es lo que significa esa palabra. Ekklesía no era, y no es un término religioso. No significa iglesia o casa del Señor. Ciertamente no debería asociarse con un templo. El término se usaba ampliamente para describir una reunión o una asamblea, una reunión cívica o incluso una asamblea de soldados. O como se menciona antes, una reunión de fabricantes de ídolos ocasionando un disturbio. Una ekklesía era una reunión de personas con un propósito específico. Cualquier propósito específico.8 El punto es este…
COMO NINGÚN OTRO
Esta mala traducción de lo que Jesús dijo le resta valor a lo que Jesús quiso decir.9 Jesús anunció la creación de una nueva asamblea en su nombre: “mi ekklesía”. Lo cual era blasfemia. Jesús se estaba colocando asimismo en contra del templo y de lo que representaba, y lo hizo de una manera ofensivamente clara. Él no era simplemente otro rabí con un grupo común de seguidores que eventualmente se dispersarían cuando su maestro se fuera, se muriera, o algo peor.
Jesús no era simplemente uno más dentro de una larga lista de profetas que habían llegado para castigar y corregir a la nación. Ciertamente no era un zelote. El gobierno romano parecía no preocuparle en lo más mínimo… lo cual molestaba a sus seguidores… y mucho. Jesús no era nada de esto. Él pertenecía a una categoría única. Pedro estuvo en lo cierto, él era el Cristo, el hijo del Dios viviente. Él era distinto a todos los que lo antecedieron, y nada, ni siquiera su propia muerte detendría lo nuevo que él estaba por iniciar en el mundo.
EL CAMINO
Estando de pie bajo el sofocante sol de Galilea, Jesús no predijo un lugar. Él predijo un grupo de personas, una nueva asamblea que representaría un nuevo movimiento. Lucas habría de documentarlo tiempo después. La promesa de Jesús eventualmente se materializó. Semanas después de la resurrección, sus seguidores tomaron las calles de Jerusalén y el movimiento empezó a moverse. Llenos del Espíritu móvil de Dios, comenzaron a movilizarse. No necesitaron ningún tipo de instalaciones sagradas. No había edificio alguno que pudiera contenerlos. El movimiento de Jesús había despegado.
No pasó mucho tiempo para que el movimiento tuviera un nombre, pero no fue la iglesia. Después de la resurrección, los seguidores de Jesús no se llamaban cristianos. Eso pasaría tiempo después. Al inicio, el movimiento de Jesús tenía un nombre dinámico. Un hombre que indicaba dirección, intención y pasión. Al inicio, el movimiento de Jesús fue llamado El Camino.
Antes de su conversión, el apóstol Pablo se refería a los seguidores de Jesús como los que pertenecían al Camino. Después de su conversión, él admitió delante del gobernador Félix que él también era un seguidor del Camino.10 La palabra en griego que se tradujo como camino, también puede traducirse como vía, sendero o calle. Los seguidores de Jesús se veían a sí mismos como los encargados de guiar el camino hacia un futuro para toda la humanidad. A diferencia del judaísmo antiguo o de distintas religiones paganas, el camino no era algo regional, tampoco era nacional. No estaba atado geográficamente a un lugar sagrado. Éste era un movimiento que ofrecía una forma de avanzar para todas las personas sin importar a qué grupo, tribu o lengua pertenecieran. Este apelativo enfatizaba una vez más la novedad inherente al movimiento de Jesús. No era la continuación de algo viejo, sino el comienzo de algo nuevo. Jesús había llegado para establecer algo, diseñado para cumplir y reemplazar todo lo que había sido establecido antes.
Como dije anteriormente, el término iglesia jamás debió haber sido incorporado en las Escrituras o en la cultura cristiana. Es más que una mala traducción. Representa una mala dirección. Si nunca habías escuchado algo similar antes, puede que te estés preguntando, “¿por qué nadie me había dicho esto? Si la palabra en griego significaba reunión, ¿por qué nuestras Biblias en español no dicen ‘reunión’? ¿Por qué nuestras Biblias usan un derivado de la palabra en latín, ecclesía, en lugar de una traducción directa?”
La respuesta corta es que alguien lo intentó en una ocasión y el resultado no fue bueno.
LES PRESENTO A WILLIAM
En 1522, William Tyndale comenzó a traducir el Nuevo Testamento del griego al inglés. Tyndale tuvo la audacia de traducir el término ekklesía, en lugar de superponer el ampliamente aceptado término alemán kirche. En lugar de iglesia, el usó el término congregación. Si eso no era lo suficientemente ofensivo, encima de eso, el texto en griego lo llevó a utilizar la palabra anciano, en lugar de sacerdote y arrepentirse, en lugar de hacer penitencia.11
Tyndale fue catalogado como un rebelde y después de eludir exitosamente a las autoridades durante diez años, fue traicionado por un amigo y arrestado. Un tribunal de la Santa Inquisición lo condenó como hereje y lo entregó a las autoridades civiles, quienes lo ataron a una estaca, lo estrangular con una cuerda, quemaron su cuerpo y dispersaron sus restos.
Todo esto para decirte: “Que ni se te ocurra cambiar el letrero de tu iglesia”.
Pero hablando en serio, piénsalo por un momento.
Los funcionarios de la “iglesia” ejecutaron a un hombre por traducir y distribuir las palabras de Jesús en un lenguaje que tanto adultos como niños podían leer y entender.
¿Cómo puede ser eso posible?
Es posible porque para ese tiempo en la historia de la iglesia, gran parte de lo que Jesús había venido a reemplazar ya había sido adoptado de nuevo. Como descubriremos a lo largo de nuestro tiempo juntos, cada vez que la iglesia decide mezclar lo antiguo con lo nuevo, pasan cosas malas y las personas terminan lastimadas.
Para el tiempo en el que William Tyndale entró en escena, los funcionarios de la iglesia ya habían abandonado el nuevo modelo de liderazgo de Jesús. Lo habían reemplazado con un modelo jerárquico imperial. Los funcionarios sabían que si la gente común (o los plebeyos) tenían acceso a las Escrituras, descubrirían que la iglesia de su generación no se parecía en nada a la iglesia descrita en el Nuevo Testamento. Ellos se encontrarían con un Salvador que no se parecía en nada a la deidad intimidante y violenta representada en los sermones de ese tiempo. Ellos habrían buscado en vano términos tales como purgatorio, indulgencia y excomunión. Darle a la gente acceso al texto, le habría quitado a la iglesia su principal método de control, el miedo. Algo que Jesús se negó a hacer. Algo que Jesús repetidamente les instruyó a sus seguidores a no hacer.
Gracias al valor de hombres como Tyndale, Huss, Lutero y otros, la ekklesía de Jesús fue parcialmente liberada de la tiranía impuesta por la manipulación jerárquica de la iglesia. La Reforma protestante trajo nueva vida a la ekklesía de Jesús. El evangelio dejó de estar encadenado al altar y se hizo accesible para las masas y no sólo para las misas.
Es una pena que la osada, aunque precisa traducción de Tyndale del término ekklesía, no hubiera prevalecido. Para los tiempos de la Reforma, el término iglesia se había arraigado tanto en la cultura y en las conversaciones, que no hubo vuelta atrás. De manera que, aunque la traducción de Tyndale logró abrirse paso hacia el mundo moderno y posmoderno, el término ekklesía sigue siendo una víctima de la traducción tradicional.
El término, mas no el movimiento.
Desde el primer siglo y hasta el siglo veintiuno, siempre ha existido un remanente, un grupo que se ha rehusado a definir a la iglesia en función de una ubicación o una jerarquía. Siempre ha habido, y siempre habrá, hombres y mujeres que ven a la iglesia como un movimiento con una misión y mandato divinamente inspirados.
Bueno, vamos de vuelta con Jesús.
VAMOS DE NUEVO
Mientras caminaba con sus discípulos en la región de Cesárea de Filipo, los doce no tenían la menor idea que estaban al borde de una nueva era. No había manera de que ellos supieran lo importante que esa conversación en particular resultaría ser. Ciertamente no tenían idea de la importancia que ellos tendrían en los eventos que estaban por suceder. Ellos estaban pensando en un reino con un trono y ejército. Su visión no llegaba más allá de las antiguas fronteras de Israel. Pero Jesús tenía algo más grande en mente.
Algo nuevo.
Su ekklesía.
Su nuevo movimiento eventualmente llevaría su nuevo mensaje más allá de las fronteras de Judea y Galilea. En un lapso increíblemente corto y en contra de todo pronóstico imaginable, el mensaje de Jesús logró llegar al corazón del Imperio romano. Para el inicio del segundo siglo, había conquistado la atención de muchos paganos, tanto dentro como fuera del imperio. Uno de esos, fue un abogado convertido en teólogo y apologista cristiano llamado Quinto Septimio Florente Tertuliano, mejor conocido como Tertuliano. Tertuliano fue tanto producto, como testigo de la difusión del cristianismo al final del segundo siglo y a principios del tercero. Cuando Tertuliano escribió las siguientes palabras, aún había cruces en Roma con cuerpos de sentenciados a muerte colgando de ellas. Sin embargo, la ekklesía de Jesús florecía:
¿Qué puedo decir de los mismos romanos, quienes fortifican su propio imperio con guarniciones de sus propias legiones, y no pueden extender el poder de su reino más allá de estas naciones?
Pero el nombre de Cristo se extiende por todo lugar, se cree en todos lados, es adorado en todas las naciones anteriormente mencionadas, reina en todo lugar, es adorado en todos lados y es conferido sobre todos por igual sin importar el lugar. No hay rey que con Él encuentre mayor favor, ni bárbaro menor gozo; ninguna dignidad o linaje disfruta de una distinción por mérito; Él es igual para todos, es Rey para todos, es Juez para todos, es Dios y Señor para todos.12
“Pero el nombre de Cristo se extiende por todo lugar, se cree en todos lados…”




