- -
- 100%
- +
El pensamiento es una actividad del sistema cognitivo que implica la intervención de varios mecanismos como: memoria, atención, procesos de comprensión, aprendizaje, experiencia, etc... por lo que nuestros pensamientos son generados solo y únicamente desde nuestra perspectiva de ver las cosas. Por lo que no siempre lo que pensamos es lo real, lo correcto o lo lógico. Muchas veces es bueno platicar con más personas, escribir lo que pensamos hoy y leerlo en unos días, para ver si estábamos influenciados por algún sentimiento o estímulo externo, y ya no lo pensamos más, cambiar nuestra perspectiva y enfrentar día a día cada problema o pensamiento ya que siempre estamos cambiando.
El pensamiento es el único proceso que no necesita que las cosas estén físicamente para que existan, así que debemos tener mucho cuidado con esta gran capacidad de nuestro cerebro. Podemos imaginar cosas increíbles que nos lleven a viajar al espacio, canciones emotivas que conmuevan a la humanidad y cualquier maravilla que nuestra mente creó y vio antes de que existiera, pero también esa capacidad puede ser destructiva y podemos ver cosas que realmente no están ahí, y no hablo de fantasmas o amigos imaginarios, hablo de problemas y situaciones que nos puedan causar un estrés innecesario ya que en realidad no existen. Hay personas que viven su vida con miedo a la muerte o a tener una enfermedad que no existe o a no enfrentar una situación por orgullo o que no cumplen sus sueños por miedo al fracaso o porque piensan que no son suficientemente buenos o simplemente se pierden de conocer lugares por miedo a volar o ser asaltados o cualquier tipo de situaciones que solo existen en su mente. Desgraciadamente, eso es lo que han pensado durante años y es solo una fantasía, así que poder ser consciente de esto y poder identificar qué es real y qué no, es otro gran avance para poder conocer y controlar nuestros pensamientos, y poder dejar, así, de pensar cuando así lo queramos.
Una buena noticia es que la mente también tiene la capacidad de razonar y resolver problemas, y esa es su función más importante. Nosotros tenemos que desintoxicar poco a poco nuestra mente de aquellos patrones de conducta que fueron insertados en nosotros a lo largo de nuestra vida, hacerlos conscientes, desfragmentarlos, dejar de identificarnos con ellos y, finalmente, eliminarlos. Es por eso que resulta muy importante conocer cómo funciona nuestra mente, nuestros pensamientos y así podremos controlarlos ya que es un paso muy importante para aprender a meditar.
RESUMEN
1 La meditación nos ayuda a conocernos y a aprender a reaccionar y a ver la vida de otra forma.
2 No siempre lo que pensamos es lo real, lo correcto o lo lógico, así que cuéntaselo a alguien o escríbelo para ver tu problema desde otra perspectiva.
3 Tenemos la capacidad de controlar nuestros pensamientos e identificar cuando estamos tristes y negativos, y en ese momento intentar cambiar nuestra perspectiva o simplemente evitar tomar decisiones.
4 Si vas a realizar la actividad mental de buscar las consecuencias de cada acción siempre ponlo en la balanza y busca las consecuencias positivas, además de las negativas.
5 Conocer nuestra mente y nuestra forma de generar pensamientos nos ayuda a controlarlos y poder dejar de pensar cuando así lo queramos.
REFLEXIÓN
La mente está influenciada por muchas cosas que pasan en nuestro día y eso genera pensamientos buenos o malos. Cuando tengas pensamientos negativos hacia alguien o algo, intenta detenerte y ver por qué sientes eso. Y jamás tomes decisiones o escribas mensajes o hagas llamadas cuando estés molesto, tu mente generalmente está ofuscada y confundida por la molestia, y seguramente tus sentimientos están alterados, así que lo mejor es detenerte, guardar silencio por unos momentos, respirar e intentar realizar una actividad que te guste: oír música, ver un programa de televisión, leer un libro o dormir. Aislarse cuando uno está enojado o molesto o cuando se tiene un gran problema que nubla la mente es algo muy válido y muchas veces es lo mejor que podemos hacer.
CAPÍTULO IV
¿MENTE EN BLANCO O CONTROL MENTAL?
En el capítulo anterior hablé de cómo generamos pensamientos en nuestra mente, de dónde vienen y qué podríamos hacer con ellos para que no nos afecten. También mencioné que es posible «dejar de pensar», lo cual no significa que la mente se quede sin pensamientos, pero sí puedes decidir cuáles. La parte más importante de este proceso es tener control sobre los pensamientos y no que ellos nos dominen a nosotros. Al poder controlar lo que pensamos podremos lograr lo que llaman una «mente en blanco».
La mente en blanco es una mente controlada, una mente con pensamientos controlados, que es muy diferente a una mente sin pensamientos. Es prácticamente imposible dejar de pensar; si decidimos y nos esforzamos en dejar de pensar jamás lo lograremos y nos vamos a frustrar. Es más fácil si nos concentramos y controlamos nuestro pensamiento y decidimos pensar en NADA.
Voy a ser reiterativo en este punto: es más fácil para la mente pensar en nada que dejar de pensar, ya que eso es un proceso natural de la mente y no podemos detenerlo. Sería como tratar de detener los latidos de nuestro corazón a voluntad o si intentamos detener nuestra respiración, solo podremos hacerlo por unos minutos cuando mucho. Si controlamos nuestros pensamientos y decidimos pensar en un vacío, o en un espacio de cierto color, o en un desierto, o en lo que prefieras y decides solo contemplar lo que hay o no hay a tu alrededor sin juzgar, estarás logrando controlar lo que piensas, tener tu mente en blanco, es decir, libre de pensamientos tóxicos.
Es muy importante que entiendas cómo trabaja tu mente y tus pensamientos, y qué es lo que queremos lograr antes de sentarnos con las piernas cruzadas, los ojos cerrados y las manos en las piernas a «intentar» meditar como en las películas; será inútil si no sabes qué es lo que tienes que hacer, pensar o dejar de pensar.
La «mente en blanco» es el fin último para una persona en un proceso avanzado de meditación y cuanto más lo practiques, más fácil será entrar directamente a este control mental cuando tú lo requieras y donde sea. Al principio, necesitarás un lugar silencioso, tal vez música para relajarte, y algunos momentos de frustración antes de lograr siquiera treinta segundos de paz mental, pero con el tiempo y la práctica serás más rápido y los resultados serán más evidentes.
En tus primeras sesiones de meditación será complicado alcanzar la mente en blanco; muchos piensan que deben sentarse a meditar sus problemas para encontrar soluciones, es cierto y real, sí encontraremos las soluciones meditando, solo que, no pensando en ellos, simplemente es aquietar la mente de todo el ruido y el estrés, y en la calma y el silencio internos encontraremos las respuestas.
Voy a explicar, según algunos textos, cómo funciona la mente a la hora de resolver los problemas. Podemos decir que un problema es un obstáculo que se interpone de una u otra forma ante nosotros, es decir, se interpone entre nuestra mente y nuestra realidad causando estrés y, muchas veces, paralizando nuestro cuerpo a reaccionar, impidiéndonos ver lo que hay detrás. Lo cierto es que no hay un consenso sobre lo que es exactamente un problema, ya que visto desde otra perspectiva o desde otro ser humano el problema no sería tal, por lo tanto, la solución no puede venir jamás del exterior, debe ser simplemente un trabajo interno para calmar la mente y dejar de verlo como un problema.
Se considera, habitualmente, que cualquier persona pasa por tres fases a la hora de solucionar un problema: preparación, producción y enjuiciamiento.
En la fase de preparación es cuando se hace un análisis e interpretación de los datos que tenemos. Muchas veces si el problema es muy complejo se subdivide en problemas más elementales o fáciles de resolver para facilitar la tarea.
En la fase de producción intervienen distintos aspectos como la memoria que se utiliza para rescatar los recursos que estén a nuestro alcance para llegar a una solución eventual.
En la última fase de enjuiciamiento, la mente evalúa la solución generada anteriormente comparándola con nuestra experiencia para, finalmente, darla como buena o no.
Comprender esto como una regla o como algo que siempre funciona es complejo, ya que cada uno de nosotros es diferente y también es necesario conocernos, en esto también intervienen cambios bioquímicos y físicos de cada uno, así como psicológicos entre los que se encuentran los pensamientos, emociones y experiencias personales, así que la solución en cada uno puede ser distinta ante el mismo tipo de problema.
A este proceso se pueden unir otros aspectos externos como hablar con personas que pasaron por algo similar para entender cómo ellos solucionaron su problema, leer libros con historias similares que nos inspiren a realizar un cambio, que, aunque nunca serán la solución, pueden ayudar a remover pensamientos estancados o a recordar que siempre hemos salido triunfantes, que nada es permanente y que todo tiene solución menos la muerte.
Habiendo analizado de una manera más científica todo lo que hace nuestra mente al solucionar un problema, parece prácticamente imposible de lograr si, además, vivimos en un ambiente hostil, lleno de ruido y estímulos agresivos, lo que nos causa estrés y bloqueos mentales, y nos hace buscar actividades evasivas y hábitos destructivos, y nos aleja cada día más de encontrar una solución verdadera a nuestro problema.
Es por eso que la meditación te da un espacio en silencio dentro de ti para lograr calmar tu mente. Una vez en calma, tu mente te guiará hasta ese momento, experiencia que te ayudará a cambiar tu forma de ver el problema y a encontrar la solución. Es por eso que controlar tus pensamientos es de vital importancia, ya que puedes sustituirlos por otros más constructivos y eliminar los que no te permitan avanzar.
Controlar tu mente, tus pensamientos te hará dueño de tu vida, te hará dueño de cualquier situación, de cualquier problema, podrás ver todo con más claridad y podrás vivir en paz ya que tú decides qué es lo que piensas.
REFLEXIÓN Y PRÁCTICA
La mente en blanco es una mente controlada, una mente con pensamientos controlados, es decir, una mente libre de pensamientos tóxicos, dañinos o inservibles. Antes de practicar la meditación o si ya comenzaste a dedicar algunos minutos a ella puedes hacer algún ejercicio de control mental durante el día o durante tu práctica para concentrar tu atención al momento presente y no a tus pendientes, preocupaciones o problemas.
Dedica veinte segundos al día a practicar el siguiente ejercicio, si lo haces en este momento mejor. Vamos a contar del 1 al 20 junto a nuestra respiración. Inhalo profundo y al exhalar cuento 1, inhalo profundo y al exhalar cuento 2, inhalo profundo y al exhalar cuento 3, y así hasta el 20. El reto es llegar al 20 sin haber tenido algún pensamiento rebelde que nos distrajo y nos sacó de la cuenta. Si de pronto te descubres pensando en la ropa que hay que lavar, en tus deudas o en cualquier otra cosa, detén el pensamiento y vuelve a empezar. Si ves que algún pensamiento quiere entrar déjalo pasar y sigue tu cuenta.
Tú decides lo que pasa por tu mente y este ejercicio es como ir al gimnasio de la mente y entrenar. ¡Las primeras veces no llegaba ni al 10! ¡Vamos, hazlo ahora, es muy divertido!
En mi página puedes encontrar audios para meditar y entrenar a tu mente.
CAPÍTULO V
DESPROGRAMACIÓN MENTAL
Había una vez dos niños que patinaban sobre una laguna helada. Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación. De pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua quedando atrapado. El otro niño, viendo que su amigo se ahogaba bajo el hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró romper la helada capa, agarró a su amigo y lo salvó.
Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaban cómo lo hizo, pues el hielo era muy grueso.
—Es imposible que lo haya podido romper con esa piedra y sus manos tan pequeñas —afirmaron.
En ese instante apareció un anciano y dijo:
—Yo sé cómo lo hizo.
—¿Cómo? —preguntó alguien.
—No había nadie a su alrededor para decirle que era imposible.
Detrás de esta historia hay una gran verdad. ¿Cuántas veces hemos dejado de hacer algo solo porque nos han dicho que es imposible? ¿Quién dicta la barrera entre lo imposible y lo posible? Solo porque alguien lo intentó y no pudo lograrlo no quiere decir que no es posible.
A lo largo de los años la sociedad, nuestros padres, nuestras frustraciones nos llevan a ponernos límites mentales que nos van programando a una vida insatisfecha, reprimida y llena de arrepentimientos porque no hicimos tal o cual cosa. Lo peor de todo es que es una costumbre o pensamiento que se va pasando de generación en generación convirtiéndose, así, en una tradición familiar. ¿Cuántas veces no han escuchado: «En esta familia no se hace eso o tal cosa, nadie lo ha logrado, ¿por qué tu sí?», «Esa carrera o meta es prácticamente imposible, no pierdas tu tiempo», «El amor verdadero solo pasa en las películas y la más terrible de todas: la felicidad total no existe o solo es para la gente con dinero». ¿Les suena familiar? Desgraciadamente, hemos escuchado por lo menos un par de estos comentarios salir de la gente que nos educa o nos rodea y crecemos programados a limitar nuestros sueños y nuestra mente.
Esto no solo se aplica para las grandes proezas y no solo viene del exterior, hay gente que se autoprograma al fracaso, que se mete la idea de que no puede conducir un auto porque hay muchos accidentes y muertes, y nunca lo intenta o escuchó que a cierta edad ya no se puede aprender un idioma o instrumento y entonces se resigna a nunca intentarlo ya que se programa a no lograrlo. Los límites te los pones tú mismo, aunque alguien te diga que no se puede, depende de ti demostrarte que sí se puede o experimentar por ti mismo cuán difícil es o no tu meta.
Este es otro proceso de tu mente que debes conocer, aceptar y cambiar. Muchas veces «meditamos» y nos desesperamos ya que no logramos esa «felicidad» o «paz mental» que nos promete la meditación. Podría ser que desde antes de empezar a meditar estés programado a no lograrlo. La meditación te aquieta la mente y te ayuda a escucharte, pero requiere de un gran trabajo personal saber para qué la utilizo y qué aspectos de mi vida me puede ayudar a cambiar.
La meditación no es magia, es un intercambio de energía y sabiduría contigo mismo y con el universo. Para recibir los beneficios debes dar algo a cambio, debes ceder ante tu ego. Si estás leyendo este libro es un gran paso, ya que estás aceptando que quieres hacer un cambio en ti, que quieres conectarte con tu ser interior, y que estás dispuesto a ceder y a aceptar que debes realizar algunos ajustes en tu vida y en tu mente para poder encontrar tu lugar en este mundo y la anhelada paz interior.
Este es otro aspecto que debes tener en cuenta y que debes analizar antes de sentarte a meditar: ¿qué es lo que estoy dispuesto a ceder?, ¿qué es lo que me molesta?, ¿qué cosas quiero hacer que no he hecho porque me han programado a ello? Es necesario tener claras estas respuestas para que la mente se enfoque en encontrar las soluciones y los medios para lograr quitarte el velo y alcanzar lo imposible, para esto hay que desprogramar a la mente.
Este proceso no es tan fácil, pero claramente NO ES IMPOSIBLE.
Cuando hablo de este proceso comienzo diciendo que la mente está intoxicada, como cuando uno toma alcohol o alguien adicto a las drogas no puede controlar su cuerpo, se dice que está bajo los efectos de esto o aquello, es decir, no existe el autocontrol. Pierdes la consciencia de tus acciones y movimientos, y estás a la deriva, sin rumbo y sujeto a lo que pase a tu alrededor. Eso es lo que le pasa a la mente, se nos dice algo tan repetidamente que comenzamos a creerlo hasta convertirlo en realidad, lo volvemos parte de nuestra vida diaria y llega un punto que ya ni siquiera lo pensamos, está ahí dentro de nosotros y se ha arraigado en nuestros más profundos pensamientos. Lo más terrible es que ya ni lo cuestionamos, está aceptado y caemos en la resignación y de pronto estamos controlados por un agente externo, ya que no es un pensamiento propio, es un pensamiento insertado.
Esto pasó a lo largo de cierto tiempo durante nuestra vida y exactamente de la misma forma podemos revertirlo e insertar un nuevo pensamiento que lo sustituya y nos saque esa idea errónea.
Aquí empieza el proceso del cambio. El primer paso para cambiar un pensamiento, para desprogramarnos de una conducta aprendida sin darnos cuenta es hacerlo consciente.
La consciencia es darnos cuenta, aceptar y abrazar nuestra existencia en este planeta. Estar conscientes es estar atentos y abiertos, sentir la conexión con todo lo que nos rodea. Hacer un pensamiento consiente es darnos cuenta que lo estamos pensando y analizar qué sentimientos o emociones nos produce y aceptar qué es bueno o qué nos hace daño. Después de un análisis interno podemos encontrar esas cosas que nos hacen daño o que nos impiden ser felices. Muchas veces no es necesario indagar mucho en nuestro interior, ya que seguramente sabemos qué está mal y solo lo estamos evadiendo, aquí comienza la etapa de desfragmentación de un pensamiento.
Nos llega un pensamiento a la cabeza y nos pone inquietos, intranquilos y no nos deja concentrar ni estar en paz. De cierta forma lo ignoramos durante el día, buscando distracciones y ocupaciones que solo hacen que nuestra atención se disperse y lo único que estamos haciendo es evadirnos, pero el pensamiento sigue ahí. En la noche, en silencio llega a nosotros, nos atormenta y lo que acaba pasando es que lo metemos al subconsciente durante el sueño y pasamos una mala noche. Si no le damos un momento de «meditación» y no nos detenemos por lo menos unos minutos a analizar qué está pasando en nuestra mente y en nuestro cuerpo gracias a estos pensamientos nos atacarán como fantasmas por la noche o cuando estemos solos.
Cuando un pensamiento de esta naturaleza llega a nuestra mente y sentimos que nos produce una sensación negativa, el primer paso es detenernos un momento, detener el pensamiento, agarrarlo como si fuera un objeto y preguntarnos: ¿por qué lo estoy pensando?, ¿por qué estoy sintiendo esto?, identificarlo y hacerlo consciente.
Ya que lo tenemos agarrado y controlado lo comenzamos a desfragmentar, es decir, a separarlo en distintos pensamientos más pequeños, comenzar a ver cuáles son las partes buenas de la situación y cuáles las malas, y sobre todo sustituirlo por un pensamiento opuesto y positivo. Al hacer esto comenzamos a reducir el estrés y nos quitamos una venda de la mente que nubla nuestro pensamiento y lo obliga a generar este pensamiento. Una vez en calma, comenzamos a notar que el problema ya no es tan grave como antes y que comienza a tener una salida.
Desfragmentar, básicamente, significa quitarle al pensamiento toda la basura, el drama y la actitud de víctima que solemos añadirle gracias a nuestra naturaleza humana, ya que buscamos empatía o lástima de las demás personas para ver si encontramos una solución fácil y rápida al problema, y eso nos hace ver como una persona débil. Al notar que la solución no nos la dará nadie y comenzamos a quitarle toda esa basura al pensamiento, el problema queda solo e indefenso ante nuestra mente y nos damos cuenta de que podemos solucionarlo o, por lo menos, comenzar a buscar una solución en el momento que lo decidamos. Esto significa que estamos dejando de identificarnos con el problema.
En el diccionario hay una definición de la palabra «identificación» que me parece relevante rescatar: «Mecanismo por el que el individuo tiende a adoptar características que pertenecen a otra persona o grupo». Cuando una persona nos inspira un comportamiento o pensamiento y comenzamos a imitarlo decimos que nos estamos identificando con ella.
En palabras de Sigmund Freud la identificación es: «el proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente». Este proceso lo vivimos a lo largo de todo nuestro crecimiento y educación, y comenzamos a formar nuestro carácter a base de identificarnos con ciertos patrones que nos van insertando, ya que así lo aprendieron nuestros padres, maestros y la sociedad en general, pero los tiempos van evolucionando y nosotros vamos creciendo y tomando consciencia de nuestro entorno y ciertos patrones empiezan a no encajar en nuestra vida.
Así como nos identificamos con las costumbres de nuestros padres, de nuestra sociedad y con ciertas personas que nos hacen sentir bien, también nos identificamos con nuestros pensamientos, aún si estos no son favorables ni positivos.
Tal vez estamos viviendo una situación desfavorable y generamos un pensamiento negativo o destructivo, pero lo justificamos diciendo que nos pasa eso porque «nos lo merecemos» o porque «estamos pagando una mala acción», o tal vez porque «no tenemos suerte», o frases como «a la gente como nosotros no nos pasan esas cosas». Eso quiere decir que te estás identificado con tus pensamientos generados por tus costumbres y tu educación.
Muchas veces, nuestro problema no es tan grande pero los pensamientos periféricos generados alrededor de este problema son más graves que el problema mismo. Así que para poder encontrar una solución y cambiar nuestra perspectiva hacia el problema debemos primero eliminar estos pensamientos periféricos que solo se consideran como basura mental.
Dejar de identificarse con un pensamiento es agarrarlo y ponerlo en perspectiva, es decir, intentar verlo desde afuera, sin involucrar sentimientos, emociones ni nada que afecte su verdadera naturaleza. Para eso sirve, en ocasiones, hablarlo con alguien y pedirle su opinión, esto nos ayudará a ver que hay otras formas de ver el mismo problema, y la mejor de todas, repito, es escribir estos pensamientos en un cuaderno, sacarlos del sistema y leerlos en otra ocasión cuando no estemos tan afectados y así nos daremos cuenta de que no son tan graves o de que definitivamente no nos pertenecen y podremos, al fin, eliminarlos.
Una vez que los reconocemos, los detenemos, los sustituimos, los desfragmentamos y nos dejamos de identificar con ellos podemos comenzar el proceso de eliminación.
Este proceso requiere de voluntad y de esfuerzo, pero se puede lograr en menos de lo que piensas. Si haces esto con cualquier pensamiento negativo por mínimo que sea y lo practicas a diario, te convertirás en un experto y será más difícil que estos pensamientos ensucien tu mente, y tus «problemas» irán desapareciendo poco a poco.
Este proceso de desprogramación mental es muy efectivo y te ayudará a tomar las cosas con más calma y a enfrentar la vida con más valentía y sin miedos. Estos procesos se irán dando naturalmente con la práctica y muchas veces sin pensar mucho, solo tienes que sentarte por unos minutos a meditarlos.
RESUMEN
1. Al crecer vamos adoptando pensamientos, costumbres y limitaciones mentales que «aprendimos» del exterior, pero que al llegar a cierta edad no concuerdan con nuestro pensamiento: esto es programación mental, pensamientos insertados del exterior, no generados por mí.
2. El primer paso para cambiar un pensamiento, para desprogramarnos de una conducta aprendida sin darnos cuenta es hacerlo consciente. Hacer un pensamiento consiente es darnos cuenta de que lo estamos pensando y analizar qué sentimientos o emociones nos produce y aceptar qué es bueno o qué nos hace daño.
3. Identificación: mecanismo por el que el individuo tiende a adoptar características que pertenecen a otra persona o grupo.
4. Dejar de identificarse con un pensamiento es agarrarlo y ponerlo en perspectiva, es decir, intentar verlo desde afuera, sin involucrar sentimientos, emociones ni nada que afecte su verdadera naturaleza.
5. Una vez que los reconocemos los pensamientos negativos o que no nos pertenecen, los detenemos, los sustituimos, los desfragmentamos y nos dejamos de identificar con ellos podemos comenzar el proceso de eliminación.
REFLEXIÓN
Este proceso mental parece complicado y suena muy tardado, aquí está explicado con mucho detalle y parece que lleva semanas o años, pero no es así. El proceso en sí es muy rápido, el cambio puede llevar semanas o años si no practicas. Es como poner un guardia de seguridad en tu mente, viene un pensamiento que nos molesta y lo detenemos: ¿Ey, a dónde vas?, le pedimos su identificación, si no lo conocemos lo metemos al banquillo de los acusados y le hacemos preguntas: ¿por qué me molestas?, ¿quién te puso ahí en mi mente? Esto suena a broma, pero es real.



