- -
- 100%
- +
¿No les ha pasado que quieren hacer algo, pero piensan que sus papás, pareja, maestro o quien sea se van a molestar, decepcionar, etc.? Eso quiere decir que ahí tu conducta está condicionada por un pensamiento insertado. Ahora, ¿quiero hacerlo por rebelde? ¿O porque es mi sueño? O que alguien te pregunta: «¿Y por qué no lo haces?», y tú respondes: «Es muy difícil» o «es que somos pobres» o «es que en mi familia no es bien visto». Todas esas respuestas fueron insertadas en tu crecimiento y no son tuyas en realidad, así que eso no significa que no se puede, ¡sí se puede si tú lo deseas y crees en ello. Inténtalo, no importa lo que nadie más piense!
Cuando sientas que algo no tiene sentido o algo no concuerda con tu forma de ver la vida o con tus sentimientos… ¡cuestiónalo! No te quedes viendo, ten la fuerza de levantar tu voz y exponer tu forma de ver las cosas y hacer lo que sientas que es correcto, claro sin declarar la guerra, ni agredir a nadie. No hablo de violencia, hablo de buscar nuestro camino y darnos cuenta de si lo que pensamos es generado por nosotros o por alguien más.
¿Has dejado de hacer algo porque le va a molestar a alguien?, ¿lo hablaste con esa persona antes de decidir no hacerlo?, ¿te identificas con todas las enseñanzas de tus padres y maestros?, ¿no? Háblalo con ellos, pregunta por qué te enseñaron algo que no concuerda contigo hoy. Seguramente fue algo que pasó hace muchos años y que en esa época era lo correcto, pero hasta ellos muchas veces cambian su pensamiento. Te sorprenderían las respuestas y verás que muchas veces esos aprendizajes solo son fantasmas que rondan por tu mente y que es hora de decirles adiós.
CAPÍTULO VI
PRESENTE, PASADO Y FUTURO
Hay una antigua historia. En los días de los Upanishads había un gran rey, Yayati. Le llegó la hora de la muerte. Tenía cien años. Cuando la muerte llegó, empezó a sollozar y a llorar y a gemir. La muerte le dijo: «Esto no encaja contigo. Un gran emperador, un hombre valeroso, ¿qué estás haciendo? ¿Por qué lloras y gimes como un niño? ¿Por qué tiemblas como una hoja al viento? ¿Qué te ha sucedido?». Yayati dijo: «Tú has llegado y yo aún no he sido capaz de vivir. Por favor, dame un poco más de tiempo para que pueda vivir. He hecho muchas cosas, he luchado en muchas guerras, he acumulado mucha riqueza, he construido un gran imperio, he incrementado en mucho la fortuna de mi padre, pero no he vivido. En realidad, no me quedó tiempo para vivir... y tú has llegado.
No, es injusto. ¡Dame un poco más de tiempo!». La muerte le dijo: «Pero me he de llevar a alguien. De acuerdo, hagamos un pacto: si uno de tus hijos está dispuesto a morir por ti, me lo llevaré».
Yayati tenía cien hijos, miles de esposas. Llamó a sus hijos y les preguntó. Los más viejos no le quisieron escuchar. Se habían vuelto astutos y se encontraban en la misma trampa. Uno, el mayor, tenía setenta años. Le dijo: «Pero yo tampoco he vivido. ¿Y qué hay de mí? Al menos tú ya has vivido cien años; yo he vivido solo setenta; debería tener otra oportunidad».
El más joven, que solamente tenía dieciséis o diecisiete, se acercó, tocó los pies de su padre y le dijo: «Yo estoy dispuesto». Incluso la muerte sintió compasión por el chico. La muerte sabía que él era inocente, que no estaba versado en los caminos del mundo, que no sabía lo que estaba haciendo. La muerte susurró al oído del niño: «¿Qué haces? ¡Estúpido! Mira a tu padre. Tiene cien años y no está dispuesto a morir. ¡Y tú tienes solo diecisiete! ¡No sabes lo que es la vida!». El chico insistió: «¡Se acabó la vida! Mi padre ha llegado a los cien y todavía cree que no ha sido capaz de vivir, de modo que ¿para qué? Incluso aunque viviera cien años, sería lo mismo: es mejor dejarle vivir mi vida. Si él no ha sabido vivir en cien años, entonces todo este asunto es una tontería».
El hijo murió y el padre vivió cien años más. De nuevo, la muerte llamó a su puerta y de nuevo él empezó a llorar y a gemir. Dijo: «Me olvidé por completo. De nuevo empecé a acumular más riqueza, a expandir mi reino; y los cien años han pasado como en un sueño. Tú estás aquí de nuevo y aún no he vivido».
Pasaron mil años y llegó la muerte. Yayati estaba temblando, llorando y gimiendo. La muerte le dijo: «Ya es demasiado. Has vivido mil años y todavía dices que no has sido capaz de vivir». Yayati le dijo: «¿Cómo puede uno vivir en el aquí y ahora? Siempre estoy posponiendo: mañana y mañana. ¿Y mañana? Y de repente tú estás aquí».
El posponer la vida es el único pecado al que yo llamo pecado. No la pospongas. Si quieres vivir, vive aquí y ahora. Olvídate del pasado, olvídate del futuro: este es el único instante, este es el único momento existencial. Vívelo. Una vez que pase, no podrás recuperarlo, no podrás reclamarlo.
Si empiezas a vivir en el presente, dejarás de pensar en el futuro y no te aferrarás a la vida. Cuando vives, cuando conoces lo que es la vida, te encuentras satisfecho, saciado; tu ser, al completo, se siente dichoso. No hay necesidad de ninguna compensación. No hay necesidad de que la muerte venga al cabo de cien años y te vea temblando y llorando y gimiendo. Si la muerte llega ahora mismo, estarás dispuesto; habrás vivido, disfrutado, celebrado. Un solo instante de estar realmente vivo es suficiente; mil años de una vida irreal no son suficientes. Mil años o un millón de años de una vida que no haya sido vivida no son nada; y yo te digo que un solo instante de una experiencia vivida es una eternidad en sí misma. Estás más allá del tiempo; tocas el alma misma de la vida. Y entonces no hay muerte, ni preocupación, ni apego. Puedes abandonar la vida en cualquier instante y sabes que no dejas nada. La has disfrutado plenamente, al límite. Estás rebosante de ella; estás dispuesto.
Un hombre que está dispuesto a morir sintiéndose alegre es un hombre que realmente ha vivido. El aferrarse a la vida revela que no has sido capaz de vivir. Abrazar la muerte como parte de la vida revela que has vivido como debías. Te sientes satisfecho.
Fragmento tomado de Osho, Yoga: La Ciencia del Alma, Vol. IV
Esta historia contada por Osho en alguno de sus libros nos relata claramente lo que hacemos todos los seres humanos a los que se nos ha regalado la oportunidad de vivir, vivimos anclados al pasado o en un mundo ilusorio y falso que es el futuro, mientras el presente pasa, el tiempo pasa y cuando nos damos cuenta la vida se nos pasó de largo.
Cuando no vivimos el presente con consciencia e intensidad siempre tendremos un pasado lleno de remordimientos y sueños inconclusos y siempre estaremos esperando algo que llegará en el «futuro», ya que estamos insatisfechos con lo que somos ahora.
El hecho de vivir el presente de estar presentes en cada momento de nuestra vida nos irá creando recuerdos o un «pasado» armonioso al cual solo regresaremos para recordar una experiencia previa que nos dio un aprendizaje feliz o doloroso, para repetir lo que nos funcionó y evitar lo que nos falló y vivir nuestro presente más asertivamente. Pero volver al pasado solo será cuando nosotros lo decidamos, como un archivo al que consultaremos cuando necesitemos tomar una decisión. El pasado no es un lugar en el que debamos estar anclados viviendo ausentes nuestro presente.
Si hacemos una recopilación de nuestras vidas podremos tener la sensación de que hemos vivido varias vidas dentro de una sola, que lo que fuimos en nuestra niñez ya no lo somos cuando adultos. Las personas que se casaron hace 20, 30, 50 años no son las que están casadas el día de hoy, los que iniciaron su carrera en una universidad no son las mismas personas que se graduaron. Cada día nos hizo crecer, madurar, cambiar y día a día construimos un matrimonio, una carrera o una vida entera. No podemos tener los mismos ideales o planes que hace veinte años ya que el mundo no es igual, la gente que nos rodea no es la misma y claramente nosotros tampoco. Esto nos hace conscientes de que todo cambia, se mueve, avanza y esa es la única constante de la vida: el cambio, y es nuestra capacidad de adaptarse al cambio lo que nos ayudará a crear una vida llena de logros, sonrisas y felicidad.
Si no has aceptado los cambios en tu vida y no has evolucionado con ellos, estarás atrapado en una época que ya no existe y esto evitará que lo que vives hoy pase frente a ti sin haberlo vivido.
El perdón es una de las curas más milagrosas de esta «enfermedad» de no poder disfrutar el hoy, el dejar ir, el perdonar nos liberará de este verdugo que es el pasado y nos permitirá vivir el presente con más intensidad. Tal vez alguien nos lastimó hace unos años y hemos vivido llenos de rencor y basura mental y no nos permite avanzar. Tal vez esa persona siguió con su vida y claramente no le da importancia o tal vez sí, no lo sabemos y no importa. Lo importante aquí eres tú, lo que tú piensas, a lo que tú le das importancia. Si algo te lastima, solo te lastima a ti, a nadie más. Así que elimina ese pensamiento, perdona a los que te hicieron daño y libérate. Esto no lo haces por nadie, solo lo haces por ti, para poder seguir adelante.
Otra cosa que nos ancla al pasado es la añoranza de alguna época cuando nos sentimos felices. Esto pasa porque nuestro presente no nos satisface como está y decidimos evadirlo y nos la pasamos pensando en «la época cuando fuimos felices» o «cuando teníamos dinero» o «cuando vivía tu abuela». Esto es parte de no aceptar el cambio, de no aceptar la pérdida y de no dejar ir lo que ya no está. Todo esto nos impide ver lo que sí está, nos impide valorar lo que sí tenemos y apreciar a la gente que sí está, es decir, a aceptar nuestro presente tal cual es y realmente vivir.
Lo mismo pasa cuando vives proyectando tu vida en un futuro que no existe hoy. Me queda claro que para sentirnos vivos hay que tener una ilusión, una meta, un proyecto de vida y hacer planes; esto es útil siempre y cuando tu comportamiento y tus acciones diarias sean congruentes con tus planes. Si solo sueñas y no haces nada por lograrlo te puedes ver atrapado, de repente, en las garras del futuro ilusorio y comienzas a estar ausente de nuevo en tu vida presente.
Como en la historia de Osho, el protagonista posponía para mañana el vivir su vida mientras se concentraba en otras cosas que no le permitían vivirla a plenitud, así pasaron 100 años o 1000 años. No importa cuántos años vivas, lo que importa es cuántos años realmente los vives. Podemos vivir 85 años cronológicamente, pero solo recordamos cinco o seis momentos importantes o, tal vez, ninguno. No querrás tener esa sensación al final de tu vida, ¿o sí? Imagina pensar que no hiciste nada en 85 años, que no te sientas satisfecho de nada, que no exista algo que puedas rememorar al final de tu vida. Muchas veces esto sucede porque siempre estuvimos esperando a que algo pasara o eso creímos, y todo lo que pasó en 85 años, que seguro fue bastante, no estuvimos ahí o no le dimos importancia porque estábamos pensando o esperando algo que nunca llegó.
¿Tienes un sueño, una meta? Pues entonces dedícate a hacerlo realidad, que el sueño sea tu motor, pero no te quedes atrapado en él. ¿No funcionó? Vuélvelo a intentar de otra forma, en otro lado, con otras personas, después de un tiempo, pero no te quedes lamentándote de que no lo hiciste. Si después de un tiempo ya no te mueve igual y te sientes desanimado, busca otro sueño, otra motivación, otro motor. Como bien dicen: «La vida es el viaje, el trayecto, no el destino». Es más memorable toda la anécdota de cómo lograste un sueño, de cuánto trabajaste, de todo lo que hiciste para lograrlo, que el logro mismo.
Una de las maravillosas ventajas y beneficios de la meditación es que nos ayuda a disfrutar del momento presente con más intensidad. Cuando hacemos consciente lo que somos hoy, lo que tenemos hoy, y lo aceptamos y lo abrazamos, podemos vivir más intensamente nuestra vida.
Si vivimos conscientes y presentes el hoy, tendremos un pasado armonioso que solo nos hará sonreír y un futuro paciente y bien planeado al que no tendremos prisa por llegar.
Hay otra famosa frase que usaré para cerrar este capítulo: «Vive cada día como si fuera el último día de tu vida» y así cada día. Como se menciona en la historia de Osho, cuando vives plenamente cada segundo y aceptas y agradeces tu realidad, estarás tranquilo y no tendrás miedo de dejar este mundo, ya que lo que has vivido hasta ahora fue vivido plenamente y no te arrepientes de nada y no tendrás pendientes que resolver que te hagan aferrarte a la vida sin razón. Así que vivamos nuestra vida conscientes, plenos y entregados para que el día que nos toque abandonar este mundo lo hagamos tranquilos, satisfechos y con una sonrisa en el rostro.
No podemos saber cuándo vamos a morir, puede ser dentro de cincuenta años, puede ser mañana, ¿por qué esperar más tiempo para reconciliarme con esa persona o conmigo mismo?, ¿por qué esperar a cierta fecha para ir a ese lugar especial?, ¿por qué esperar más días para decirle a esa persona que la amas?, ¿por qué seguir dejando tu vida pasar?, ¿por qué esperar más para empezar a vivir?
CAPÍTULO VII
APEGO Y EXPECTATIVA
Decidí hablar de estos dos conceptos juntos, apego y expectativa, ya que las considero dos de las principales razones de la infelicidad del ser humano y son dos de las más grandes «enfermedades» de nuestro tiempo y si entendemos qué son y cómo trabajan en nosotros, tal vez podremos llegar a dominarlas en lugar de que ellas nos dominen a nosotros.
Estos dos conceptos también son parte de la gran basura mental que debemos desechar o que podemos trabajar con la meditación.
Primero vamos a definirlos. El apego hacia una persona se define como una vinculación afectiva intensa, duradera, de carácter singular, que se desarrolla y consolida entre dos personas por medio de su interacción recíproca y cuyo objetivo más inmediato es la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza, ya que esto proporciona seguridad, consuelo y protección.
Esta definición tomada de Wikipedia es simple pero muy completa a la vez. La primera parte habla de una vinculación afectiva intensa, ya sea que nos enamoramos de alguien o simplemente hablamos del amor de una madre o un familiar. Después habla de una interacción recíproca, generalmente es una interacción igualitaria de las dos partes, se acostumbran una a la otra, se necesitan y se procuran. En la segunda parte se habla de un objetivo inmediato en esta relación que es buscar seguridad, consuelo y protección.
El apego como tal es un fenómeno de comportamiento natural, no tiene por qué ser siempre negativo, simplemente es sentir una afinidad por algo o por alguien, y esto nos hace agruparnos y querer voluntariamente estar cerca de alguien porque nos aporta y nos hace sentir bien, igualmente con alguna actividad o algún lugar. Si no se cumplen estas condiciones entonces no es un apego positivo, si confundimos el amor con posesión o el querer estar juntos al deber estar juntos, a obligaciones más que voluntades entonces el apego se convierte en algo negativo.
Como vemos, en ningún momento en la pasada definición se habla de amor, ya que el apego y el amor generalmente no se incluyen ni se comparan; muchas veces el apego nos lleva a una necesidad enfermiza y a sentimientos negativos como los celos o la posesión, y eso destruye la relación. Al final siempre se habla de que el amor debe ser libre.
El apego no solo se produce hacia las personas, también podemos crear apego a los objetos, lugares, rutinas o circunstancias. Aquí la definición de apego puede cambiar un poco ya que la interacción entre las partes no es igualitaria, solo tú interactúas con el objeto o situación, los cuales simplemente existen inconscientes e inertes. Teóricamente, es más fácil deshacerse de este tipo de apegos ya que solo depende de ti. En cambio, con una persona se da un intercambio de opiniones y un diálogo que generalmente dificulta o retrasa el proceso.
El apego normalmente se crea en base a la frecuencia con la que se interactúa con esta persona, objeto o situación. A muchos padres e hijos les es difícil separarse al momento de casarse o de irse a la universidad, ya que desde que nació el hijo no se han separado realmente, o cuando debes dejar una casa donde creciste o donde llevas años viviendo, el cuerpo siente cierta tristeza o nostalgia producida por el apego, el cual no es más que costumbre y miedo o incertidumbre de lo nuevo.
El apego es algo natural en el ser humano, al nacer en una familia estamos apegados a ella naturalmente, pero es la convivencia y la interacción la que fortalece los lazos del apego o los debilita. El apego siendo algo natural no tiene que ser algo negativo si se entiende, sentimos afinidad y ganas de estar con ciertas personas que queremos o que procuramos y eso es bueno, ningún ser humano por naturaleza debe estar solo, ya que somos seres naturalmente sociables y tendemos a agruparnos. Pero cuando el apego se convierte en posesión es cuando comienza a producir sentimientos negativos en ambas partes.
Algunos padres o parejas tienden a confundir el sentimiento afectivo con pertenencia física, la pertenencia existe ya que claramente descendemos de nuestros padres, fuimos creados por ellos y claramente tenemos un lazo afectivo y energético, pero no físico. Asimismo, con la pareja: la hemos elegido libremente y tal vez decidimos casarnos y firmar un papel, pero aún así, no nos pertenece. Los hijos, la pareja, la mascota o cualquier persona con la que elegimos estar, y tal vez procuramos o mantenemos, no nos pertenece por el simple hecho de haberla ayudado a crecer o por pagarle las cuentas o por firmar un papel ante notario. Así que si comenzamos a restringir su libertad sin razón y les prohibimos hacer cosas o simplemente no los dejamos ser como quieren ser porque nos creemos sus dueños, entonces el apego se ha convertido en algo negativo y para resolverlo hay que trabajar en ello antes de que sea tarde y las personas se alejen de nosotros.
Existen casos donde sucede lo que acabo de decir y las personas nos dejan. Nuestra pareja se va, nos engaña, nos divorciamos, los hijos deciden alejarse de los padres, muchas veces son cuestiones ajenas al apego, pero otras el apego enfermizo tiende a ser el culpable y lo que necesita una relación enferma es distancia. La distancia física es la manera más efectiva para ponerle fin definitivamente a una situación así, pero el apego es un sentimiento interno, así que, aunque la persona no está ya, el «dolor» que sentimos es el apego aferrado a nuestra mente. Nada más. Frases como «me falta el aire si no estás», «sin ti no puedo vivir», «no sé qué haré sola» y miles más como estas solo están generadas por una mente cegada, por un apego negativo «avanzado». Estamos acostumbrados a esa persona, muchas veces hemos perdido nuestra propia identidad y nuestros propios anhelos por estar con alguien o nuestros padres no nos permiten hacer nada así que no sabemos cómo reaccionar cuando rompemos con eso. Nuestra mente entra en pánico y genera frases como estas. Pero… ¿saben algo? Es lo mejor que les puede pasar.
Personalmente, sufrí unos cuantos momentos como este, la primera ruptura es dolorosa, la segunda es un poco menor y de pronto entiendes que todo «puede» terminar en algún momento; eso no quiere decir que no debo entregarme al máximo a cada relación o momento. Al contrario, pero vas aprendiendo a lidiar con esas emociones de pérdida y puedes controlar mejor tu mente y no generar frases autocompasivas y deprimentes que lo único que hacen es hundirte en un hoyo que ni siquiera existía.
El apego es parecido a una adicción, al tabaquismo, a las drogas, al alcoholismo, es comparable ya que nos cuesta trabajo acabar con ellos cuando nos damos cuenta de que nos causan daño, ¡solo que en este caso es más fácil! En los casos de adicciones con sustancias tu cuerpo está intoxicado y te pide la sustancia, ya que así lo has acostumbrado y al intentar dejarlo tu cuerpo sufre modificaciones y tu mente te condiciona a recaer. Al final es todo un juego de la mente. En el caso del apego a las personas es como si nos volviéramos adictas a ellos, dependemos de ellos en muchas cosas y sentimos que si nos alejamos estaremos perdidos. Solo es un juego de la mente también, estamos acostumbrados a ellos: a una rutina, a ciertas frases, olores, reacciones y si se acaba nos sentimos perdidos.
Y, bueno, ¿qué tiene que ver todo esto con la meditación? Si te encuentras en un cuadro de apego negativo, la meditación puede servirte para entender qué pasa dentro de ti, a analizar qué es lo que genera estos sentimientos y tal vez también nos ayudará a romper con él. Muchas veces el miedo a «perder» a una persona hace que nos aferremos más a ella, no queremos que nos deje y entonces la encerramos en una jaula de oro. Como les dije anteriormente, si no quieres que alguien se aleje de ti, hazle saber que es libre, bajo ese efecto de «libertad» la persona siempre estará cerca de ti porque sabe que puede contar contigo y no se siente amenazada. Solo es cuestión de respetar y dejar libre a la persona que quieres, ese es el mejor regalo y apoyo que puedes darle a alguien. Cuanto más lo dejes libre y lo dejes ser, más cerca estará de ti.
Medita, en silencio, escucha qué sientes por esa persona. ¿Es realmente amor o simplemente no quieres estar solo? La meditación también te ayuda a aclarar la mente respecto a tus sentimientos y muchas veces puedes salvar una relación o simplemente evitar muchos años de infelicidad.
Конец ознакомительного фрагмента.
Текст предоставлен ООО «ЛитРес».
Прочитайте эту книгу целиком, купив полную легальную версию на ЛитРес.
Безопасно оплатить книгу можно банковской картой Visa, MasterCard, Maestro, со счета мобильного телефона, с платежного терминала, в салоне МТС или Связной, через PayPal, WebMoney, Яндекс.Деньги, QIWI Кошелек, бонусными картами или другим удобным Вам способом.




