Tennessee Williams y la Norteamérica de posguerra

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Tras la euforia inicial del regreso, los familiares que rodeaban al veterano volvían a su rutina diaria, esperando que él se sumase a ella sin más. Cuando esta incorporación resultaba ser difícil o simplemente no tenía lugar, la familia no alcanzaba a entender exactamente cuál era el motivo, veían que su hijo, padre o marido se sentía inseguro y un tanto perdido, por lo que este estado era motivo de preocupación e incluso de frustración. Pratt también tiene en cuenta a las familias y recalca la importancia de que estas se muestren comprensivas, para así poder ser más pacientes con la indecisión y las dudas que el veterano tiene cuando se trata tanto de asuntos triviales como de asuntos importantes (118). Respecto a esta falta de seguridad a la hora de tomar decisiones, Pratt señala que la individualidad es la posesión más preciada que tiene el ser humano, y añade que reducirla puede llevar a una baja autoestima, ansiedad, y sentimientos de inferioridad (35), elementos que consecuentemente pueden aumentar la inseguridad del veterano.
En la película Till the End of Time (1946), dirigida por Edward Dmytryk, el veterano Cliff W. Harper experimenta dificultades a la hora de poner su vida en orden. Cliff estaba estudiando cuando tuvo que marcharse a la guerra, así que al volver le ofrecen la posibilidad de seguir sus estudios, pero este la rechaza. No sabe exactamente qué quiere hacer, y esto hace que sus padres se preocupen por él, ya que piensan que un trabajo le ayudará a comenzar el proceso de adaptación a la vida civil, sin embargo Cliff parece reacio. Por otra parte, en su primer día de vuelta ha conocido a una chica, Pat, a la que besa pero luego rechaza porque es la viuda de un militar que falleció en la guerra, e intuye que ella sigue enamorada de su marido. Posteriormente, Cliff intenta hablar de su experiencia en la guerra, pero su madre se lo impide. Además, durante la primera noche que vuelve a pasar en su habitación, hace pensar a sus padres que duerme plácidamente, sin embargo, una vez estos cierran la puerta, Cliff abre los ojos y rompe a llorar silenciosamente. Ha sido un primer día bastante intenso, y el protagonista empieza a darse cuenta de que la idílica vuelta a casa no era lo que él tenía en mente, ya que ni su familia ni él mismo están reaccionando como él esperaba. Esta visión idealizada de la vuelta al hogar que tenía el soldado se veía intensificada, o incluso provocada, por influencias externas, tales como las marchas, la propaganda, y las costumbres militares (Pratt 123-124).
Volviendo a The Best Years of Our Lives (1946), vemos que en este caso el matrimonio es lo que ayuda a los protagonistas a seguir adelante con sus vidas como civiles. En el caso del personaje de Al Stephenson, quien tiene problemas ocasionales con la bebida, es su esposa Milly la que le sirve de apoyo para no caer del todo en el alcoholismo. Milly es una mujer fuerte que ha criado a sus hijos y se ha ocupado de su hogar mientras su marido estaba en la guerra, se muestra como una persona inteligente, paciente, comprensiva, y que, sobre todo, sabe devolverle a Al el lugar de cabeza de familia. Por lo tanto, son estas cualidades de Milly las que ayudan al personaje a encaminar de nuevo su vida. Paralelamente, la mutilación sufrida por otro de los personajes, Homer Parrish, hace que se distancie de su prometida, ya que no quiere que ella eche a perder su vida cuidándole. No obstante, ella le demuestra que no será una carga y que quiere casarse con él a pesar de todo, por lo que Homer decide seguir adelante con el compromiso y acaban contrayendo matrimonio. Así pues, parece que el matrimonio heteronormativo se presenta como la solución definitiva para resolver el conflicto que supone para el veterano volver a formar parte de la sociedad.
Otra producción cinematográfica que nos ofrece el matrimonio como “salvavidas” del veterano es The Young Lions (1958), aquí las perspectivas de casarse o de volver a casa para estar con su esposa sirven de motivación para el soldado. En este filme podemos volver a tomar como ejemplo el personaje de Noah Ackerman; Noah es un hombre judío sin familia que vive y trabaja en Nueva York por un humilde salario, y que decide alistarse en el ejército. El mismo día en que se alista conoce a Hope Plowman, una chica de clase media que, al contrario que él, no es judía. Finalmente, y consiguiendo la aprobación del padre de Hope, se casan antes de que Noah tenga que irse para hacer el servicio militar y combatir posteriormente en la guerra. Durante el tiempo que pasa en el ejército, la razón más poderosa que le lleva a mantenerse vivo es su mujer y el hecho de que ella está embarazada. Cuando Noah regresa por fin a su casa, lo primero que ve es a su mujer y a su hija, vemos que la alegría y la emoción se dibujan en su rostro, y en ese momento no podemos más que sentir la certeza de que finalmente Noah ha conseguido el final feliz que tanto se merecía, y que la vida que le espera es una colmada de felicidad por volver a estar junto a su familia. Hay que señalar que además de ser el final de la historia del personaje como soldado y su comienzo como civil, es también el final de la película, un final con el que Hollywood nos recuerda una vez más que cuando el soldado regrese, pasará a recuperar el lugar que como hombre le corresponde en el seno de la familia.
Sin embargo, el matrimonio en la vida real terminó convirtiéndose en un reto más para muchos excombatientes. En el caso del veterano que había dejado a su esposa para unirse al ejército, es obvio que depositó en ella las responsabilidades que hasta ese día le habían pertenecido a él, y al contrario de lo que pudiera parecer, hubo un número considerable de hombres que agradecieron este cambio (Pratt 41-42). Pratt explica que muchos vieron en el ejército una vuelta a la soltería, donde no tenían que cumplir con las obligaciones de ser el cabeza de familia; curiosamente, tras hacer esta afirmación, Pratt aclara que esta actitud no era señal de cobardía o de debilidad, sino que seguramente los individuos en cuestión eran de todas formas hombres responsables (41-42). En cualquier caso, durante aquel periodo de ausencia del soldado, fue su mujer la que tuvo que encargarse del hogar, y no únicamente en el sentido doméstico, sino en el sentido más administrativo también.
En la vuelta a casa el veterano podía encontrarse con los siguientes escenarios, o bien que su mujer hubiese salido adelante sin su ayuda, o bien que hubiese encontrado un trabajo. Por otra parte, tal y como expone Pratt, también existía la posibilidad de que tras haber gozado de una posición más libre, poderosa, y responsable, ella no quisiera volver a su rol tradicional de esposa (43). Esto suponía un duro golpe para la autoestima del veterano y, en consecuencia, para su masculinidad. De repente, era consciente de que había vuelto a un hogar donde no se sentía necesitado y donde no ejercía el mismo poder de antaño, puesto que su esposa se había convertido prácticamente en su igual. Si además el veterano había vuelto de la guerra debido a que su estado físico o mental no eran idóneos para seguir combatiendo, enfrentarse a una vida familiar en la que él no asumía el rol dominante empeoraba aún más su ya de por sí baja autoestima. Era preferible tener una esposa que estuviese dispuesta a asumir un papel sumiso, para así recuperar su posición privilegiada. De nuevo, uno de los personajes de The Best Years of Our Lives (1946) sirve de ejemplo para ilustrar esta idea, concretamente el personaje de Fred Derry. Fred vuelve a casa de sus padres después de la guerra, lugar donde vivía con su esposa, pero al llegar le dicen que ella ya no vive allí y que trabaja en un club. Finalmente Fred consigue encontrar a Marie, quien está viviendo en un hotel de poca monta. Marie Derry es una mujer hermosa, segura de sí misma y de su poder sexual sobre los hombres. Una vez Fred y ella vuelven a estar juntos, él le pide que deje el trabajo en el club y ella accede, pero Marie se comporta y viste como si de una estrella de Hollywood se tratase, y quiere que Fred lleve puesto su uniforme a donde quiera que van. Marie se avergüenza de Fred cuando este viste de civil, pero él está deseoso de volver a ser un ciudadano más y no quiere vestirse de militar, sin embargo le concede este capricho a su esposa. A lo largo de la película Fred siente que Marie no le necesita, que no se enorgullece de él, y que además le es infiel, características que la perfilan como una mujer fatal, y que impiden que Fred pueda reafirmarse en su masculinidad, por lo que ella no puede tener cabida en el proceso de reintegración de su marido en la vida como civil. Al mismo tiempo, Fred se enamora de Peggy Stephenson, la hija de Al Stephenson. Peggy sí es una “chica decente”, inteligente y educada, que además admira y quiere a Fred. Finalmente, Fred se divorcia de Marie y entabla una relación amorosa con Peggy, quien puede ofrecerle la comprensión que él necesita, ya que su padre también acaba de volver de la guerra, y tiene a su madre, Milly, como ejemplo a seguir. De este modo Fred se deshace de la mujer que le impide ejercer una masculinidad dominante, y consigue una mujer sumisa sobre la que sí puede ejercerla. En cualquier caso, la masculinidad de estos hombres no solo se veía amenazada por esposas como Marie Derry, sino también por aquellas mujeres que se habían adentrado en la esfera militar.
Si los hombres se sentían desplazados, aislados, o incomprendidos en su regreso a casa, no es difícil imaginar la desazón de las mujeres trabajadoras al tener que volver a su papel tradicional, teniendo que enfrentarse además a la negativa por parte del sistema y de la sociedad a su deseo de seguir trabajando. Con el fin de ejercer presión sobre ellas y de aunar al país bajo una misma ideología con respecto a la mujer trabajadora, se llevaron a cabo diversos modos de propaganda, como manuales y videos. En una de estas grabaciones, titulada Marriage Today (1950) y basada en el libro Marriage for Moderns (1942) de Henry A. Bowman, podemos observar una aparente igualdad entre el hombre y la mujer que conforman uno de los matrimonios en torno a los que gira este video. Contamos además con el punto de vista del narrador, quien insiste en que ninguno es mejor que el otro, aunque sí diferentes al tratarse de personas distintas. Aparte de este, se representan otros casos, como por ejemplo el de una pareja en la que la esposa trabaja como maestra, y otro en el que la mujer deja de trabajar para casarse. En este último caso el narrador nos habla de una joven de veintitrés años que solía trabajar en un laboratorio, hasta que su deseo de ser madre la llevó a contraer matrimonio. El narrador aclara que ella eligió casarse libremente, obviando así las presiones y el ostracismo social al que se tenían que enfrentar las madres solteras.
La libertad y la igualdad tan presentes en la grabación no eran más que un espejismo que la propaganda quería presentar a la ciudadanía como algo cierto y real. Silenciadas quedan las opciones de ser madre sin contraer matrimonio y/o sin renunciar a su empleo, o de dejar de lado la idea de la maternidad y/o el matrimonio en su totalidad. Sin duda, el video respalda el mensaje lanzado a los ciudadanos tras el fin de la guerra: el matrimonio y la familia son el punto de apoyo de los valores éticos y morales que sostienen a la nación, y que hacen su supervivencia posible.
Las mujeres debían seguir viviendo con la responsabilidad de satisfacer las expectativas que los roles de género tradicionales establecieron para ellas: esposa, madre y ama de casa. La mujer podía trabajar, pero su ocupación no debía afectar su condición femenina negativamente, por lo tanto la maternidad y el matrimonio minimizaban el riesgo de que la feminidad se viese comprometida a causa del trabajo. Como dice el narrador en el video sobre la mujer que renuncia a su empleo, ella no concibe una vida sin hijos, sin alguien a quien amar y cuidar, porque entonces solo estaría viviendo su vida a medias.
Si bien las mujeres se veían encorsetadas por los dictámenes del patriarcado en cuanto al rol que debían desempeñar, esto no presuponía para los hombres el gozar de plena libertad para decidir cuál era su papel dentro de la sociedad, y así poder desoír las órdenes del mismo patriarcado que tanto oprimía a la mujer. A pesar de que Hollywood, el ejército, y la propaganda ofrecían imágenes similares de la integración del veterano, aunque no totalmente idénticas, eran el veterano y su familia los únicos que conocían la dificultad que entrañaba el tener que ajustarse a esos estrechos márgenes en los que se veían obligados a vivir. El comportamiento del veterano había estado severamente controlado durante su participación en la guerra, y su mente también había estado sometida a mucha presión, lo cual agravaba el proceso de adaptación. Muchos de ellos tenían pesadillas, paranoias, miedos infundados, y en ocasiones daban muestras de un comportamiento agresivo que recaía sobre sus seres queridos. No sabían muy bien cómo comportarse dentro de la vida familiar, y del mismo modo, su familia tampoco sabía muy bien cómo comportarse alrededor de ellos.
Una vez en casa, la esposa e hijos eran conscientes de que su esposo y padre ya no era el mismo. El veterano no quería mostrarse como alguien débil, puesto que durante la guerra la sociedad había pensado en ellos como los héroes que habían puesto en riesgo sus vidas para salvaguardar la libertad de su país y del mundo. Un héroe no podía, ni debía, dar muestras de fragilidad o arrepentimiento. En Stiffed: The Betrayal of the American Man (2000), Susan Faludi habla sobre Audie Murphy, quien fue un emblema de estos problemas, dado que participó activamente en el campo de batalla y se convirtió en portavoz de los males de la guerra. Faludi nos cuenta que Murphy fue soldado durante la Segunda Guerra Mundial, recibió la Medalla al Honor, y actuó en producciones de Hollywood encarnando siempre a estereotipos patrióticos, como por ejemplo los cowboys. Sobre Murphy, la autora incluye un dato más que relevante, los 240 alemanes a los que el soldado había matado, hecho que fue ensalzado por la prensa de la época (376).
Según la información que Faludi extrae de la autobiografía de Murphy, titulada To Hell and Back (1949), este aparentaba ser un hombre fuerte cuya labor en la guerra le llenaba de orgullo, pero la realidad era que quedó marcado por su actuación en el campo de batalla. Es justo pensar que el caso de Murphy es extremo, dado el elevado número de muertes de las que fue responsable; sin embargo, cuando el soldado habla de la primera vez que mató a alguien, confiesa que no sintió ni orgullo ni remordimiento, simplemente indiferencia, sentimiento que le acompañó durante la guerra (Faludi 376). El testimonio de Murphy es esclarecedor a la hora de entender las consecuencias que tal grado de violencia puede tener sobre la mente humana. A través de sus palabras podemos entender lo difícil del proceso de volver a vivir en una sociedad civilizada, sobre todo después de haber cometido actos para nada civilizados. Este veterano, tal y como nos cuenta Faludi, tuvo que cargar con el peso de conocer su propia capacidad para matar (376). Por lo tanto, es imposible negar que los veteranos regresaron habiendo cambiado para siempre, y con vivencias que habían hecho que su visión del mundo fuese distinta. En cualquier caso, no todos los excombatientes fracasaron en su intento de volver a la normalidad.
Los casos de los veteranos que no tuvieron éxito en adaptarse a la vida como civiles dieron lugar a una apreciación distinta de los resultados de intentar seguir las reglas, de ajustarse y adaptarse a lo que les dictaba el ejército, y más tarde a lo que les dictaba la sociedad. Los hijos de esta generación comenzaron a ver que no desafiar al sistema no garantizaba el éxito ni la felicidad, por lo que empezó entonces a emerger una atracción hacia lo rebelde, atracción de la que acabaron germinando producciones tan emblemáticas como The Wild One (1953) o Rebel Without a Cause (1955).
Stanley Kowalski: y el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos
En 1951 tiene lugar el estreno de la adaptación al cine de la obra de Tennessee Williams: A Streetcar Named Desire (1947). El estreno de la obra en Broadway había tenido lugar en 1947, y tanto sobre el escenario como en la gran pantalla, Marlon Brando fue el actor seleccionado para encarnar al personaje de Stanley Kowalski. Sobre el papel, Williams consiguió que el lector pudiese imaginar a Stanley como un hombre muy masculino, sexual, y agresivo. Sin duda, Brando supo transmitir estas cualidades del personaje, y su interpretación quedaría para siempre grabada en la retina y la memoria del público.
No obstante, a pesar de la abrumadora impresión que tenemos de Stanley como un ser casi animal a lo largo de la obra, podemos observar otros elementos del comportamiento y de la personalidad del personaje que nos permiten ver otro lado de él, un lado más intelectual y racional, quizás lo que queda del Stanley de antes de la posguerra. Es llegados a este punto donde su papel de Sargento Mayor del Cuerpo de Ingenieros entra en juego. Aunque Tennessee Williams nos permite saber pocas cosas sobre el pasado de Stanley, existen ocasiones en las que su comportamiento deja entrever las aptitudes que le permitieron ser parte de dicha unidad militar.
El Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos cuenta con una larga trayectoria, y jugó un papel fundamental durante la Segunda Guerra Mundial. Richard C. Anderson, Jr., especialista en historia militar, indaga en la función de este sector, y explica que tenía como misión preparar el terreno antes de que los soldados pudiesen avanzar, lo cual implicaba un sinfín de tareas de logística, tales como realizar demoliciones, poner obstáculos, construir puentes, hacer reparaciones, realizar labores de mantenimiento, suministrar agua, y llevar a cabo tareas topográficas (Anderson, 2007). Por otra parte, la Segunda Guerra Mundial produjo cambios en la estructura del Cuerpo de Ingenieros. Según exponen los autores de The Corps of Engineers: The War Against Germany (Beck et al., 1985), tras el resultado de las tácticas empleadas por las fuerzas alemanas contra Francia y Gran Bretaña, el Congreso estadounidense respondió con un aumento de los fondos destinados a la defensa militar del país (4); el Cuerpo de Ingenieros aprovechó esta inyección de fondos no solo para reponerse, sino también para actualizarse, puesto que ante la perspectiva de una nueva guerra, no podían seguir usando los mismos métodos ni la misma organización que habían tenido hasta entonces (Beck et al. 4).
Obviamente, su labor entrañaba un gran riesgo, por lo que requería de personal preparado y meticuloso para desempeñar cada una de las tareas. El periodista Ernie Pyle alabó la labor de estos hombres en su libro Brave Men (1944), obra en la que documentó su experiencia como periodista de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. Pyle hace referencia a la campaña que tuvo lugar en Sicilia, y afirma haber escuchado a generales y soldados decir que aquella guerra era una guerra de ingenieros, algo con lo que el autor está totalmente de acuerdo, y recalca que los avances que se produjeron contra el enemigo fueron gracias a los ingenieros que despejaron los caminos, quitaron las minas, y lograron encontrar rutas alternativas a los puentes que habían sido destruidos (58). La bravura de esta unidad del ejército también cobra importancia en el himno del Cuerpo de Ingenieros, titulado “Essayons”, en el cual uno de los versos reza: “We get there first and then we take the risks”.
Si volvemos al personaje de Stanley, nos resulta difícil pensar en él como alguien cuidadoso, inteligente o paciente. Sus gritos, sus arranques de ira, y su vocabulario suponen un filtro difícil de traspasar para ver qué hace de Stanley un ser racional, y qué hace que sea creíble el dato que tenemos de su pasado como ingeniero. Es precisamente al observar sus acciones menos ruidosas, cuando encontramos ejemplos que hacen que nos demos cuenta de que Stanley tiene, de hecho, las cualidades que su profesión requería.
La trama de A Streetcar Named Desire (1947) da comienzo cuando Blanche llega al hogar de los Kowalski, donde su hermana Stella vive con Stanley. A lo largo de la obra, Stanley demuestra su capacidad para buscar e interpretar indicios que le permiten desenmascarar a Blanche, poniendo así de manifiesto esa meticulosidad que habría sido característica de su etapa como ingeniero durante la guerra. Stanley comienza a sospechar de Blanche desde la escena II, en la que Stella le cuenta que su hermana le ha confesado que han perdido la propiedad en la que ambas crecieron:
STANLEY: Uh-hum, I saw how she was. Now let’s have a gander at the bill of sale.
STELLA: I haven’t seen any.
STANLEY: She didn’t show you no papers, no deed of sale or nothing like that, huh?
STELLA: It seems like it wasn’t sold.
STANLEY: Well, what in hell was it then, given away? To charity?
STELLA: Shhh! She’ll hear you.
STANLEY: I don’t care if she hears me. Let’s see the papers! (ii. 17)
Claramente Stanley no confía en Blanche, y por eso indaga en el pasado de la protagonista. En su guerra personal contra Blanche, Stanley utiliza sus dotes de buen ingeniero, y explora primero el terreno en el que se encuentra antes de lanzarse al ataque para conseguir su objetivo, que no es otro que hacer que su cuñada se enfrente a la verdad de los hechos que la han llevado hasta Nueva Orleans, y así poder contar con el apoyo de Stella para exigirle a Blanche que se marche. Mientras la historia transcurre, Stanley no oculta la suspicacia que el comportamiento de este personaje femenino despierta en él. Llegados a este punto, es posible establecer una conexión entre la labor constructiva de Stanley en la guerra, y la labor constructiva del personaje una vez que vuelve a estar en suelo estadounidense. Esta última cobra especial relevancia si tenemos en cuenta que los ingenieros no solamente preparaban o despejaban el terreno en territorio extranjero, sino que, tal y como exponen Byron Fairchild y Jonathan Grossman en The Army and Industrial Manpower (2002), en su propio país también eran uno de los cuerpos responsables de determinar dónde se podían construir fábricas o plantas, las cuales tenían como fin fabricar material para la guerra (101-102).
En un ejercicio de metaforización, Stanley vería el hogar que ha construido con Stella como la tierra invadida por un personaje foráneo, en este caso Blanche, por lo que debe servirse de todo su conocimiento y entrenamiento para salvaguardar su espacio.
El protagonista comienza con sus indagaciones y guía de manera dominante el discurso (literario/teatral/fílmico), de manera que sus ideas sobre Blanche van edificando una imagen de la mujer sin ninguna mella. Además, no tenemos motivos para pensar que esta imagen sea falsa, ya que Stanley se presenta como alguien sincero; dicha impresión se ve reforzada por la misma Blanche cuando describe a su cuñado como directo y honesto en la escena II (ii. 21). Por otra parte, en la escena VII, Stanley afirma que ha confirmado de manera fiable las sospechas que tiene sobre Blanche (vii. 70), de forma que una vez más tenemos la oportunidad de observar la racionalidad que le permite poner sus propios recursos y cualidades a su servicio. Esa actitud precavida que le lleva a comprobar una información antes de seguir adelante con su plan habría sido un requisito para cualquier ingeniero que hubiese participado en el conflicto bélico.
Tanto para el Stanley que combatió en la guerra como para el de la posguerra, las siguientes eran condiciones sine qua non: el rigor en la investigación sobre si el avance era posible, indagar sobre la existencia de posibles peligros u obstáculos de los que había que deshacerse, y asegurarse de que cualquier decisión era tomada con responsabilidad. Los ingenieros también se encargaban de limpiar de minas los campos, de crear mapas, y de poner trampas y obstáculos al enemigo, todo con el fin de que los batallones a los que acompañaban y supervisaban pudiesen seguir adelante con la mayor garantía de seguridad posible. De manera que eran considerados especialistas de élite, y de hecho, había ocasiones en las que también realizaban tareas de combate si era necesario (Anderson, 2007).
Mitch, el amigo de Stanley, demuestra esta misma capacidad de comprobar la información que ha obtenido antes de dar el siguiente paso. Mitch y Stanley sirvieron juntos en la misma unidad del Cuerpo de Ingenieros, y es por lo tanto razonable asumir que él también posee esas cualidades que le habrían permitido formar parte de dicho sector. En la escena IX vemos de forma evidente la similitud entre el comportamiento de ambos, ya que se centran en la búsqueda de la verdad sobre Blanche:








