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Esperanza se incorporó y fue a avisar a su madre que también la vio junto con su padre y los Vega. La niña alzó la mirada pero, conmovida por la observación, se acostó en la arena. Y mientras observaba se sintió arrebatada en dirección al cielo, como si de pronto estuviese a años luz de la Tierra, flotando y contemplando el infinito. En ese instante veía a su alrededor cientos y millones de estrellas, mientras una voz repetía en su mente:
–¡«Uno»!...
–¿«Uno»?... –preguntó ella.
–Sí: ¡«Uno»!
–¿El número uno? –volvió a preguntar.
–¡Todo es uno! ¡Desde lo infinitamente pequeño hasta lo inmensamente grande! La playa en donde te encuentras es como el Universo; la suma de todo hace la playa.
–Muy bien, y ¿qué pasa con el uno? –siguió preguntando Esperanza.
–Lo que hagas con tu vida y logres en ella afecta al todo. ¡Eso es ser uno!
»Si vives la unidad, podrás modificar todo lo que debe cambiar en ti y en cuanto te rodea.
–¿Y eso cómo se hace? –preguntó ingenuamente la niña.
–Sintiendo amor por ti misma. Si te amas, amarás a los demás y a todo lo que te rodea. El uno es amor. Ama lo que haces y hazlo todo con amor.
Esperanza se incorporó, pues sin darse cuenta se había quedado tumbada sobre la arena. Su madre la estaba abrazando, tratando de hacerla reaccionar.
–¡Esperanza! ¿Qué te ocurre hija? ¡Háblame!
–¡Lo siento mamá, no sé qué me ha pasado! De pronto la playa se convirtió en el Universo y cada granito de arena era como una estrella o un planeta, y eran tantos! Después escuché una voz que me hablaba con fuerza.
–¿Y qué te decía esa voz cariño?
–¡Que todos somos uno! ¡Que juntos somos la playa y todo lo que la playa representa!
–Qué bonito, es verdad que todos somos uno. Y si nos unimos podremos cambiar el mundo. Qué bien hijita que pienses así.
–¡No mami! no lo estaba pensando. Simplemente lo escuché en mi mente, como si alguien me lo estuviese diciendo.
Cuando la niña reaccionó las esferas ya se habían ido y los adultos presentes estaban comentando la extraña observación junto a otras personas en la playa. Esperanza se fue incorporando mientras tranquilizaba a la madre. Una vez en pie se fue a ver a Raquel que estaba junto al pozo en la arena.
–¿Qué te ha pasado Esperanza? Cuando bajé la mirada te habías ido y te vi acostarte en la arena –dijo Raquel.
–Creo que las esferas me llevaron al Universo. Algo de mí salió y se fue allí a toda velocidad.
–¿Y qué viste allí?
–¡No estoy segura! El Universo era como la playa, con millones de granitos de arena brillante que eran las estrellas. Y también miraba mi cuerpo luminoso, que estaba compuesto de esos millones de puntitos o granitos de arena, que eran a la vez pequeñas lucecitas. Pensaba que la luz está en todas partes y que nosotros somos luz… Entonces entendí que como me tratara a mí misma y lo que hiciera con mi vida también afectaría a toda la playa.
–A mí también me pasó algo que me resulta difícil entender. Cuando vi las esferitas en el cielo –comentó Raquel–, me dieron ansias de irme con ellas. Me dio como una añoranza que no sentía desde que era muy niña, cuando le decía a mi madre que mi familia y mi hogar no estaban aquí sino en las estrellas. Pero casi inmediatamente sentí temor de que realmente me llevaran. Fue muy extraño.
–¿Quizás tú viviste antes en algún lugar de las estrellas Raquel? Y ahora te ha tocado venir aquí a aprender algo o a ayudar. Por eso tuviste esos recuerdos cuando eras más pequeña.
–Pero si ya he tenido otra familia antes y viví en las estrellas, ¿cómo puedo hacer para que los sentimientos y sensaciones no se me confundan? ¿Cómo hago Esperanza para que mis recuerdos, que no son claros, no hagan que quiera menos a mis padres actuales?
–Por eso los recuerdos no son claros amiga, para que no te confundas y vivas aquí y ahora.
–Pero entonces, ¿ya no volveré a ver a mis otros padres? ¿Su recuerdo se perderá? ¿Y qué pasará cuando yo me muera de nuevo y vuelva otra vez? ¿Me olvidaré de mis actuales padres? Yo los quiero mucho –dijo entristecida Raquel.
–El amor es tan fuerte que no se pierde amiga, aunque uno no recuerde los detalles. Nuestra familia espiritual va creciendo con todas las familias que vamos conociendo y con las que vamos conviviendo de una vida a otra. Estoy segura de que antes de nacer y después de que nos morimos nos volvemos a juntar de alguna manera con todos ellos.
–¡Yo quiero que seas mi amiga siempre Esperanza!
–¡Ya lo somos y lo seguiremos siendo querida Raquel! ¡Y será para siempre! Nada podrá cambiar eso, aunque la vida nos aleje físicamente. Nuestras mentes, almas y corazones, que son más fuertes, nos mantendrán unidas en la distancia.
En ese momento, Raquel se acercó a Esperanza y la abrazó entrañablemente, soltando más de una lágrima. Las dos sintieron como si todo el vasto mar del Universo fuera testigo del pacto de amistad que sellaban.
Las niñas volvieron al juego divirtiéndose despreocupadamente, cuando repentinamente el hoyo de arena se llenó de agua. La pequeña inundación procedía de una ola que las alcanzó con fuerza, lo cual les produjo mucha risa y emoción. Al retroceder, el agua arrastró uno de los juguetes de las niñas. Entonces apareció de la nada una joven como de unos veinte años con el pelo largo y claro, vestida de blanco, que rescató el juguete y se lo llevó a las niñas.
–¿A quién se le perdió esto? –dijo la extraña joven de rostro triangular, muy bronceado y ojos extremadamente claros.
–¡A nosotras! –dijo Raquel.
–Tenéis que anticiparos a la posibilidad de que las olas os quiten vuestras cosas. La vida es similar a la playa: siempre hay que anticiparse a los peligros y amenazas. En la vida, si uno no está atento y no prevé lo que puede pasar, corre el riesgo de no estar preparado para hacer frente a las pruebas. Debéis prepararos estando más atentas y fortaleciendo vuestra sensibilidad y voluntad. El que seáis niñas pequeñas no significa que no llevéis dentro almas viejas que han madurado antes en vidas pasadas.
»Recordad que el siguiente mensaje es ¡«dos»!
–¿«Dos»? –preguntaron a coro las niñas.
–¡Sí, «dos»! Dos es el mensaje.
–¿Qué mensaje? –preguntó Esperanza.
–Si sois dos, si os unís con vosotras mismas y entre vosotras, nada os resultará imposible. Dos es unidad en el compartir, es vencerse a sí mismo enfrentando esa parte interna que te dice que no te esfuerces más de lo necesario. Dos es crecer en voluntad, enfrentando la aparente debilidad. Es descubrir la fuerza de tu ser interno y sumarte a otros para lograr las cosas.
»¿Alguna vez habéis logrado algo que os haya costado mucho esfuerzo conseguir?
–¡Sí claro! –dijo Raquel–. Me costaba mucho aprender matemáticas, pero me dije que podía hacerlo, que si otros compañeros lo hacían, por qué yo no. Y le pedí a mi hermana mayor que me las explicara y así llegué a sacar muy buenas notas.
–¿Cuál fue tu secreto para lograrlo Raquel? –preguntó la extraña joven.
–Pues creo que le puse ganas …
–Ciertamente fuiste humilde para aprender de otro, pusiste amor para valorarlo y voluntad para lograrlo. ¡Esa es la clave!
»¿Y tú, Esperanza? ¿Qué has logrado con voluntad? –preguntó la joven.
–¿Cómo sabes nuestros nombres? ¿De dónde eres?¿Cuál es tu nombre? Sabes que tienes una cara rara, no es fea pero es rara –indagó inquisitiva Esperanza.
–¡Qué maleducada he sido! No me he presentado. Soy Titi. Os vi en la playa y bajé a estar un momento con vosotras. Y no soy de aquí sino de muy lejos. Hay algunos de nosotros que vivimos entre vosotros sintiéndoos, aprendiendo de vosotros a través de la observación, evaluando como vais evolucionando.
»Nosotros también practicamos el mensaje que trae el número dos…
–¡Qué gracioso tu nombre «Titi»! Ya decíamos que eras extranjera. Gracias por ayudarnos con nuestras cosas, pero ¿cómo sabías nuestros nombres? Nosotras no te los dijimos –insistió Esperanza.
–No necesitáis decírmelos, los puedo ver y leer en vuestras mentes. Cuando lleguéis a ser uno con vosotras mismas y dos como fuerza de grupo entre vosotras y con muchos más, habréis aprendido que con amor y voluntad podréis lograrlo todo.
»Veréis que si permanecéis unidas en el amor solidario y compasivo con el tiempo leeréis vuestras mentes y podréis ver en los corazones de los demás. Si enfrentáis vuestro lado oscuro lograréis la paz, y eso es el número dos.
»Nos volveremos a ver muy pronto –dijo la joven mirando a las niñas fijamente con sus penetrantes ojos, mientras su pelo, que era largo pero ligeramente más grueso de lo normal, se agitaba con el viento.
Esperanza y Raquel se fueron corriendo donde estaban sus madres para presentarles a la extraña joven de la playa; las encontraron sumergidas en una amena charla.
–¡Mamá, hemos conocido a una señora muy rara! Nos habló mientras estábamos haciendo el pozo, y hasta nos ayudó a recuperar nuestras cosas que se estaba llevando una ola –comentó Esperanza entusiasmada.
–¡Ay niñas, tened cuidado con las olas! No os acerquéis demasiado al mar –intervino preocupada Olga, la madre de Raquel. Era alta, gruesa, de piel clara y cabello castaño oscuro rizado como su hija.
–¿Dónde está esa señora que dices, Esperanza? –preguntó su madre, Marie.
Las niñas se giraron pero ya no se veía a la joven por ninguna parte; solo se veía una extraña nube lenticular sobre la playa, que inexplicablemente se movía despacio contra el viento.
–¡Ya no está! ¡Qué extraño, ha desaparecido! –dijo sorprendida Esperanza.
–Y nos ha dado un mensaje que parece continuación de lo que escuché cuando aparecieron las esferitas. Ella nos dijo: «¡Dos!»
–¿Dos?... ¡Claro Esperancita linda, esa joven os ha dicho «dos» porque tú y mi hija Raquel sois dos! Dos buenas amigas que se cuidan y se quieren mucho –quiso aclarar Olga.
–¡No mamá! –dijo Raquel como queriendo hacer entender a su madre que había un importante mensaje detrás de ello.
–Esa chica quiso decir algo más que eso. Nos dijo que debíamos fortalecer la voluntad y unirnos para que nuestras voluntades unidas nos permitieran lograr cualquier cosa.
Las madres se quedaron sorprendidas con los comentarios de sus hijas, pero siguieron a lo suyo.
Más tarde los padres las llevaron a un restaurante cercano a la playa para comer. Cuando ya estaban todos sentados, Esperanza escuchó en su mente que le decían:
–¡«Tres»!
–¿«Tres»? –preguntó ella.
–¡Sí, «tres»! Ese es el siguiente mensaje –le reiteraba la voz en su mente.
Esperanza se bajó de la silla y corriendo se fue a la puerta del restaurante. Miró al cielo pero no vio nada. Bajó la cabeza intrigada y confundida. De pronto, una gran sombra circular se colocó sobre ella. Había algo grande a cierta altura sobre su cabeza y un extraño zumbido que todo lo envolvía, pero ella no se atrevió a levantar la vista y, sintiendo un intenso escalofrío, se metió rápidamente en el restaurante, sentándose en su silla.
En cuanto se sentó, escuchó en su mente claro y fuerte:
–¡«Tres»!...
–¿Qué es «tres»? –preguntó.
–¡«Tres» es equilibrio y armonía! Si te amas a ti misma y enfrentas tus defectos y errores, si te unes contigo misma y con los demás, lograrás tu paz y así estarás en paz con todo y con todos. Tres es paz y equilibrio.
–¿Y cómo lo logro? ¿Cómo me uno con todos? –preguntó inquieta Esperanza.
–¡Con comunicación, amor y voluntad! Escuchando a todos. Aceptando a cada quien como es, no queriendo cambiar a los demás sino cambiando tú.
»No permitas que nada ni nadie te haga perder tu paz interior –recibió en su mente como respuesta.
Esperanza se fue a donde estaba su padre para contarle lo que le estaba pasando, pero él, enfrascado en una animada conversación con los mayores, la reprendió diciéndole que volviera a su silla y se estuviera quieta, lo que frustró a la niña, pues sentía que aquello era importante.
Con todo esto la niña empezó a hacer su diario. Había muchas cosas que no comprendía pero las anotaba igualmente. No escribía mucho en él pero sí incluía los sueños y anécdotas más importantes.
Tiempo después, como a los diez años, tuvo un sueño que la marcó mucho. Soñaba que estaba durmiendo, esto es un sueño dentro de un sueño, y en él sonaba el teléfono de su casa y su padre contestaba; ella sintió en ese instante que les estaban avisando de que su abuelita Virginia, la madre de su padre, había fallecido. La abuelita era una persona mayor de rostro duro, pero de corazón tan buena como el pan; y no era para menos: su apariencia de seriedad se debía a que después de haberse quedado viuda muy joven había perdido a un hijo ya mayor en un accidente también.
Esperanza se despertó triste y angustiada, pero al darse cuenta de que era un sueño se consoló con ello. Ya despierta escuchó que sonaba el teléfono de su casa y que su padre contestaba; al ver que se reproducía la misma escena del sueño, ella se levantó deprisa y escuchó a continuación mucho ruido en la habitación de sus padres. Cuando se acercó, su padre salió rápidamente de la casa y ella solo pudo acercarse hasta su madre para preguntarle:
–Mamá, ¿qué pasa?
–¡Han llamado tus tías diciendo que tu abuelita está muy grave! Y por eso ha salido rápidamente tu padre a verla.
–¡Mi abuelita ha muerto mamá!
–¡No digas eso hijita, solo está malita! ¡Ya mejorará, ya verás!
–¡Ella ya falleció mami y lo siento mucho por papá y por la familia!
–¡Ay Esperanza, a veces dices cada cosa! Tu abuelita está muy mayor, pero solo se encuentra enferma.
–Ella ya se fue de su cuerpo mamá, pero igualmente estos días va estar visitándonos para despedirse. Eso hacen las almas antes de partir definitivamente.
La madre se quedó en silencio sorprendida con las afirmaciones de la niña sin saber qué decir.
El padre llamó a la media hora y habló con la madre de Esperanza comunicándole la triste noticia del deceso.
–¿A qué hora falleció tu madre José? –preguntó Rose.
–Cuando me llamaron mis hermanas ya había fallecido, pero no me lo quisieron decir hasta que yo llegara –contestó José.
Marie se puso pálida y llamó a Esperanza. Le contó a la niña lo que había sucedido. Después le preguntó:
–Esperanza, ¿cómo sabías tú que la abuelita había muerto?
–¡Lo soñé mami! En el sueño veía a papá contestando el teléfono y escuchaba lo que le decían y hasta lo que no decían, y eso fue antes de que le llamaran. Cuando me desperté al ratito llamaron y entonces supe que se estaba cumpliendo y confirmando mi sueño.
–Pero, ¿cómo puede ser?
–Mami, el alma puede ver hacia adelante y hacia atrás, no hay límites. Lo que ocurre es que no queremos ver o tememos ver algo para lo que no nos sentimos preparados.
Esperanza prefirió dejar a su madre tranquila tratando de organizar sus ideas y las cosas de la casa para cuando volviera el padre.
Al entrar en su habitación la niña se sorprendió al ver en el aire unas pequeñas esferitas blancas moviéndose entre los muebles. Eran cuatro bolitas que se mantenían en movimiento.
La niña preguntó en voz alta:
–Abuelita, ¿eres tú?
Entonces ella escuchó en su interior:
–¡«Cuatro»!...
–¿«Cuatro»? –preguntó ella.
–¡Sí, «cuatro» es el mensaje!
–¿Qué es «cuatro»?
–«Cuatro» es controlar las emociones y los sentimientos para que estos no te controlen a ti. Es mantener una actitud positiva frente a cualquier situación de adversidad que se te presente. Es amar la vida enfrentándola con voluntad, amor, paz y esperanza para mantener con ello la salud física e interior.
»La tristeza hace enfermar cuando no se entiende el porqué de las cosas o no se quieren aceptar los ciclos de la vida. Todo tiene un sentido, y la vida no termina sino que continúa.
»No llores cuando alguien que amas muere, porque la muerte no existe realmente, es una continuidad. Si estás atento, volverás a encontrarte con los que amas en otros planos y en otros cuerpos.
–¿Y cómo puedo controlar las emociones y los sentimientos? Es fácil decirlo, pero cuando sientes que tu corazón se arruga por la tristeza y la impotencia, entonces cuesta mucho –dijo Esperanza.
–Para controlar los sentimientos y las emociones tienes que hacerte uno contigo misma; en ti están la sabiduría y el discernimiento. Debes enfrentar la dualidad, evitar todo enfrentamiento interior y procurar tu paz y equilibrio, entendiendo que todo en la vida tiene un sentido que consiste en crecer en el amor. El amor trasciende el tiempo y el espacio… La muerte no debe separarte de las personas que amas, sino que debe unirte más a ellas y a las que continúan vivas –dijo aquella voz en la mente de la niña.
Cuando el padre de Esperanza regresó a su casa estaba destrozado anímicamente. Su mujer lo abrazó mientras él rompía en llanto. Esperanza se acercó y también abrazó a su padre diciéndole tiernamente:
–¡Papá no sufras por la abuelita! Ella está bien, ya no le duele nada. Estaba muy mayor, había sufrido mucho en la vida y se merecía un descanso. Son solo vacaciones, como en la escuela. Ya verás tú como pronto volverá entre nosotros corregida y aumentada, y le podremos devolver todo el amor y cariño que ella nos dio.
Tanto José como Marie se quedaron de una pieza, en silencio, asombrados por los comentarios de la niña. Fue tan fuerte el impacto de las palabras de Esperanza que ambos esbozaron una sonrisa llena de paz.
–¡Gracias hijita, cuanta sabiduría y consuelo hay en tus palabras!
Como al mes del fallecimiento de la abuelita, Esperanza soñó con ella. Se la veía viejecita como cuando murió y caminando con dificultad por la casa. En el sueño la niña aprovechó para hablar con ella.
–¡Hola abuelita!, ¿cómo estás?
–Estoy curándome de todas las heridas emocionales en una especie de clínica hijita. Allí te curan con conocimiento, amor y mucha paz. Te permiten ver todo lo que hiciste y dejaste de hacer, lo que hiciste bien y lo que hiciste mal, pero con cariño, sin recriminarte nada. Una vez que te curas del dolor que se aloja en el alma y que ha enfermado tu vida, me han dicho que te hacen pasar a una especie de escuelita donde repasan una vez más contigo tu vida anterior para que veas como pudo haber sido si hubieses enfrentado una situación de modo diferente o si tu actitud hubiese sido distinta. Cuando apruebas la escuelita, te «gradúas» haciendo un plan o un proyecto de existencia futura mejorada y corregida, y solo si consideran que estás preparado, te llevan a una especie de consejo de almas ancianas donde negocias con ellas cual va a ser tu siguiente existencia. A más conciencia, mayor capacidad de negociación. Yo quisiera, llegado el momento, negociar, si se me permite, volver a través tuyo, nacer de ti algún día como tu hijita, para que podamos seguir compartiendo momentos felices como lo hicimos cuando yo era tu abuelita.
–¡A mí también me gustaría abuelita! Así podría hacerte todos los cariñitos que tú me hacías.
–Quizás lo consiga si es que no me envían antes y si no tienen otros planes de arriba. Ahora la gente está volviendo muy rápido para participar y ayudar a los cambios de este mundo. Pero no pierdo la esperanza –dijo el alma de la abuelita.
–¿Te ha soñado mi padre? ¿Ha podido verte él en sueños abuelita?
–Es en los sueños donde se permite a las personas fallecidas comunicarse con los que están vivos, pero eso solo puede ocurrir cuando el familiar o amigo lo permite y no está bloqueado por el dolor y el sufrimiento. Cuando la conexión se interrumpe, entonces la persona que murió tiene que recurrir a terceras personas. Aquí se cumple aquello de que la línea recta no siempre es la distancia más corta entre dos puntos. A veces te comunicas con alguien no muy cercano, como puede ser un conocido o amigo, para que le dé el mensaje a la persona con la que necesitas comunicarte.
»Dile a tu padre que lo amo y que estoy bien, pero que estaré mejor si él supera su tristeza, porque eso me retiene y no me permite terminar de marcharme.
–¡Se lo diré abuelita!
–¡Y dile a tu madre que me perdone por haberla tratado mal! Nunca ha sido fácil la relación de las suegras con las nueras.
–¡Lo haré!... A ella le va a gustar mucho esa parte del mensaje.
–¡El mensaje ahora es «cinco»!
–¿«Cinco» abuelita?
–¡Sí, «cinco»! Ese es el mensaje. La palabra es creadora. Tú puedes materializar lo que dices y, hablando con fuerza, seguridad, verdad y caridad puedes consolar y rescatar a las personas de la tristeza y el desconsuelo. Anima, alienta y fortalece con tu palabra creadora.
–¿Y cómo lo puedo lograr abuelita?
–Aplica los mensajes anteriores que te han dado. Todo viene de la misma fuente: hazlo con amor, voluntad, paz interior, esperanza y sanación, uniéndote a los demás. La vida es una aventura personal pero en comunión con los demás, no lo olvides.
–¡No lo olvidaré! Gracias abuelita.
Mientras Esperanza hablaba con la abuelita en el sueño, esta había ido rejuveneciendo gradualmente hasta convertirse en una joven adolescente de rostro muy luminoso. Cuando Esperanza despertó, recordaba completamente el sueño y se sentía más que feliz por ello. Sabía que no era un simple sueño, sino una vivencia real en otro plano, y llena de convicción y seguridad les contó a sus padres en el desayuno su visión y cuanto recordaba. Su padre, al terminar de escucharla, suspiró como liberándose de un terrible peso, mientras estrechaba la mano de su mujer.
P
A los doce años Esperanza participó en un viaje del colegio a Cajamarca, en el Norte de Perú. Esta bella población enclavada en los Andes, mezcla indígena y española, había surgido con una belleza similar a la de Cuzco por la superposición de culturas. Fue hace siglos el triste escenario de la trampa y traición de los conquistadores europeos a las huestes de élite desarmadas del Inca Atahualpa, quien terminó siendo capturado, y, a pesar de que pagó un enorme rescate por su vida llenando dos habitaciones de objetos de plata y una de oro puro, fue criminalmente ajusticiado con la pena del garrote.
El viaje aéreo sobre las montañas fue extraordinario. Delante de los ojos de aquel alegre grupo de chicos y chicas desfilaron entre Lima y Cajamarca las montañas nevadas con sus altas cumbres de los inigualables Andes.
En el hotel los chicos fueron repartidos a sus habitaciones. Participaron en distintas excursiones, una de ellas a los baños termales que eran frecuentados en el pasado por los incas, un lugar extraordinario de aguas medicinales que salen de la tierra a altísimas temperaturas, y que a través de un sistema de piscinas acondicionado desde hace siglos, se van regulando con temperaturas soportables y agradables como para poder bañarse en ellas.
Otra de las excursiones fue al bosque de piedras de Huallay, lugar al que se llega por una sinuosa carretera que sube por los cerros. La subida a la montaña permite pasar al lado de una impresionante pirámide prehispánica que aún no ha sido excavada llamada Laizón, un lugar sagrado que promete grandes descubrimientos en el futuro. Al llegar a lo alto de la montaña el lugar parece de otro mundo. Hay gigantescas rocas con formas diversas y algunas piedras tienen petroglifos, símbolos milenarios de los que vivieron en la región, que expresaron lo que veían en el cielo, sus mitos y hasta lo que vivían cotidianamente. Entre las rocas discurren extensos canales tallados en la piedra que en tiempos antiguos trasladaban el agua de los manantiales a la ciudad.
Esperanza mantenía cierto liderazgo entre sus compañeros de clase y era la promotora de cuanta investigación y exploración se hiciera, aunque siempre sin poner en peligro a nadie ni contrariar las indicaciones de sus maestros.
Estaba descendiendo todo el grupo por una quebrada principal que llevaba a la zona más importante de los acueductos, cuando Esperanza se fijó que en el mismo canal de piedra había como una rosa de los vientos o estrella grabada en la roca, y llamó la atención de los demás. Uno tras otro sus compañeros fueron desfilando para contemplar el hallazgo de la novel exploradora y festejar el descubrimiento.




