La Luz de la Esperanza

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La verdad, la razón y la realidad
La verdad es una, clara y concisa, pero casi siempre se mantiene oculta.
La razón intenta encontrar o descubrir a la verdad, entenderla, comprenderla.
La realidad es una creación, una construcción externa e interna, dura o blanda, que nos limita y encierra, o que nos ilumina y abre las puertas.
Si no tuviéramos el don, o el defecto, de interpretar los que vemos, lo que oímos y lo que sentimos, tendríamos un acceso más fácil y directo hacia la verdad.
A menudo sucede que las confundimos, las mezclamos y les damos nuevos valores y nuevos sentidos, creyendo, por ejemplo, que cada persona tiene su propia verdad, confundiendo la perspectiva relativa, la interpretación de los hechos y la opinión personal con la verdad.
Cada cabeza es un mundo, pero la verdad inmanente está fuera de toda cabeza, eterna e inmutable.
La razón, que todos llevamos dentro, es la capacidad de analizar, ver comparar, aceptar, rechazar, estudiar, conocer y aprender lo que sucede a nuestro alrededor y en nuestro interior.
La razón busca la lógica de las cosas, pero a menudo se pierde en falacias lógicas, comparando, prejuzgando, impostando, presumiendo, suponiendo, deduciendo, para ahorrarse trabajo y ganarle sentido a las cosas.
La razón pura, a decir de Kant, no existe, porque los seres humanos somos emocionales, celosos, competitivos, supersticiosos y vanidosos, que queremos tener la razón por encima de los demás, e incluso por encima de todas las cosas.
Básicamente la razón busca la verdad, cierto, pero a menudo recorre demasiados senderos para llegar a ella y se pierde con facilidad.
Lo peor de todo, es que muchas veces la razón no puede compartir sus frutos con los seres humanos, ni ellos pueden compartir sus razones unos con otros, y entonces deviene el conflicto, a veces creativo cuando se llega a un acuerdo final, y generalmente destructivo donde cada quien se queda con su propia razón al haber sido incapaz de compartirla o de imponerla al otro, a los demás.
Entonces la razón se convierte en un arma arrojadiza, en un “yo sé y tú no sabes”, en supuesta ignorancia deleznable de la cual se acusan unos y otros, en un juego o en una guerra donde la razón desaparece de escena mientras los antagonistas se insultan y se pelean.
La razón se empaña con las creencias, las suposiciones, las morales, el contexto, las tradiciones, las diferentes culturas, y, lo que debería funcionar para todos por ser razonable, no funciona para nadie.
La razón pretende ser pragmática y útil, repetitiva y científica, epistémica y dilucidadora, clara y funcional, y lucha para apartar las sombras y conseguir mejorar su entorno, por lo que puede ser intensa y pasional, pero como requiere de esfuerzo, estudio, concentración, análisis y comprobación, también puede resultar tediosa, aburrida, demasiado difícil para afrontarla, cayendo fácilmente en la creencia o en el poder de los sabios y los expertos, únicos conocedores de la razón con la que deben guiar a los demás, convirtiendo a la razón en una simple creencia, dogma o ley que los demás aceptan o rechazan sin hacer la menor comprobación.
Razonar o no razonar, he ahí el dilema.
Todos y cada uno de los seres humanos, sobre todo individualmente o en grupos reducidos, tienen capacidad de razonar seria y profundamente, el problema surge cuando son demasiados para ponerse de acuerdo y el pensamiento individual y creativo se convierte en creencia de masa, donde la creencia emocional e irracional del grupo se convierte en inmediata realidad para el individuo.
La razón desaparece cuando aparecen el miedo, la presión social o grupal, las conveniencias legales, económicas o religiosas, las necesidades y las coacciones morales y emocionales, creando eso que llamamos realidad.
La realidad es aquello a lo que le damos cuerpo a través de nuestros conceptos, valores, sentimientos y creencias, pero también es un factor independiente y externo que nos limita, y al cual pretendemos burlar constantemente, con lo que se da lugar a nuevas realidades, o a ramas de esta.
La fe en ti: la firme voluntad
La fe es voluntad y confianza en una misma.
La fe es el albedrío que te permite volar y experimentar los senderos de este mundo.
La fe es la voluntad de ser y de hacer.
La fe no es una simple creencia que te inculcan los otros.
La fe nace desde el fondo de tu alma.
Cree en ti, en tu poder y en tu potencia.
Si tú contigo, nadie puede contra ti.
La vida es un camino de fe que abre las puertas a la luz de la esperanza.
La fe fortalece.
La fe calma.
El mayor regalo de los dioses es
tu firme voluntad.
Reflexión
Obviamente, existen los límites y las limitaciones para las capacidades, posibilidades y habilidades del ser humano, obstáculos que a primera vista parecen imposibles de superar, sin embargo, siempre hay un camino, una forma de superar las barreras, y esa es la fuerza de voluntad, la perseverancia, el estudio, la investigación, la imaginación, la entereza, porque de ellas nace la magia tanto como la ciencia.
La voluntad es capacidad creadora.
Meditación
Respira hondo, aprieta los dientes, y enfoca tu mente en un solo punto, en una sola batalla vital, no te distraigas, céntrate en una sola meta, no te disperses, que tu voluntad vaya en una sola y única dirección hasta alcanzar la meta, al tiempo que dices en voz baja o alta: “por mi firme voluntad”.
Análisis
Observa siempre los pros y los contras de tus actos, mide tus posibilidades, pide ayuda o colaboración si la necesitas, atrévete, toma la iniciativa, da el primer paso, inicia tu camino de una vez por todas, no esperes más, que los milagros suceden mejor si nos encuentran trabajando en pos de lo que anhelamos.
II: Esperanza, o la creación
de un futuro mejor
Desde el fondo de tu corazón
date la oportunidad
de construir y crear
un mundo mejor.
Para iniciar este capítulo es recomendable no confundir la esperanza con la expectativa.
Hay dos significados de la palabra “esperanza”, uno es el latino: esperar; y otro es el griego: expandir, por lo que la Luz de la Esperanza es tanto lo que esperas de esta vida, como lo que haces para expandirla como camino de mejora y superación:
-La esperanza no es simplemente esperar a que las cosas sean como tú quieres.
-La esperanza no es esperar a que las cosas pasen como a ti te gustaría que pasaran.
-La esperanza es una luz que se expande y rasga las tinieblas.
No importa qué tan grande sea la oscuridad del dolor, la pesadumbre, el desconcierto, el descontrol, si en tu interior brilla el sol de la esperanza.
No dejes que te engañen con falsos sueños, ilusiones vanas y hermosas promesas, jugando con la flama de tu esperanza; toma las riendas de tu vida e incéndialo todo con el fuego real de la esperanza.
La esperanza es crear hoy el futuro del mañana, y solo tú puedes construir tu propio futuro, nadie más.
El entorno pesa, el contexto pesa, la compañía pesa, porque somos animales sociales y a menudo nos dejamos llevar, o arrastrar, por lo que sucede en nuestro alrededor. Puedes ser una persona empática y emocional que se preocupe de verdad por los demás, pero no puedes comer por ellos ni ser feliz por ellos. Si acaso puedes contagiar tu alegría y tus ganas de mejorar, pero no puedes saber lo que hará cada quién en tu ausencia, de la misma manera que los demás desconocen lo que harás en tu intimidad.
Hay currículos contextuales, sí, porque la gente suele leer los mismos libros, ver los mismos programas de televisión, escuchar las mismas noticias y compartir las mismas redes sociales, pero todo eso se difumina cuando cada persona ejerce su albedrío en la intimidad, lejos de todo y de todos los demás.
La expectativa idealiza, o frustra, porque nos pone a la espera de algo que no podemos dominar ni controlar; mientras que la esperanza centra el pensamiento en la puerta que queremos y podemos abrir, y en el sendero que debemos recorrer para llegar a nuestra meta.
Nada se resiste a la voluntad cuando esta es firme.
La esperanza nace, hace y renace.
La esperanza vana se convierte en dependiente expectativa; la verdadera esperanza requiere de tu acción y de tu firmeza de voluntad.
No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
Reflexión
Este viejo adagio es sabio y puede decirse de muchas maneras, pero siempre nos recuerda que la vida es frágil, temporal y caprichosa, que nadie tiene la vida comprada, que lo que no beses hoy no lo besarás mañana, que dilatar o retrasar las cosas no soluciona nada, que la procrastinación al final puede dejarte sin el sabor y el regusto de la experiencia, que vivimos un eterno hoy, y que las oportunidades que no aprovechamos en el momento en que se dan, salen volando de nuestras vidas y no vuelven más, porque el mañana nunca llega.
Vive, come y ama intensamente siempre, cada instante de tu existencia vale su peso en oro.
La esperanza del mañana empieza el día de hoy, ahora mismo.
Meditación
Sé consciente de tu respiración, siente cómo pasa el aire fresco por tus fosas nasales: es la misma vida la que estás experimentando ahora mismo, el hoy y el siempre, el instante y la eternidad en el milagro de la existencia, porque todo tiempo es aquí y todo lugar es ahora, y tú eres el actor o la actriz principal de este libreto, por lo tanto, haz, crea, actúa de manera consciente para que llenes tu alma de dulces experiencias.
Análisis
Ciertamente actúas, creas y vives en cada momento de tu existencia, incluso si no haces nada de nada y te dedicas a vagar, esperar, dormir ese no es el problema, el problema es que no seas consciente de ti y de tu propia existencia, que la vida te pase de largo sin que en realidad participes en ella.
Lo que fácil viene, fácil se va.
Lo que no cuesta, no se valora.
Lo que no se analiza, nos engaña o nos deslumbra.
Lo que no se hace, no sucede.
Realmente, querer es poder, por eso es importante saber qué es lo que se quiere.
Querer es poder, pero a menudo quien tiene poder, ni ama ni quiere.
Reflexión
Tu cuerpo está vivo y en muchos sentidos es autónomo de tu consciencia, y para subsistir no te necesita para nada, por tanto, el problema de la existencia inconsciente no es que se muera el cuerpo, sino que no se alimente ni al espíritu ni al alma. En otras palabras, tu cuerpo tiene poder, pero no tiene más deseos o apetitos que los de las funciones fisiológicas, y si tu alma y tu mente no tienen un sueño, un deseo, una ilusión, un motivo, anulas a tu ser interno y no eres más que un cuerpo.
Meditación
Respira y exhala cuatro veces seguidas, y piensa en lo que quieres de esta vida, qué deseas, a qué aspiras, cuáles son tus sueños, a quién amas por sobre todas las cosas, qué esperas en realidad de esta existencia. Siente, imagina, emociónate, apasiónate, deja que fluya tu ser interno por los caminos de la vida, tú puedes, tú tienes el poder.
Análisis
Ejercer el poder sobre uno mismo no es igual a ejercer el poder sobre los demás, sin embargo a menudo es más fácil someter a otros que dominarse a uno mismo, que conquistar al ser interno. Conócete a ti mismo para poder conocer a los demás; conquístate a ti mismo para conquistar lo que te rodea. Si puedes contigo, podrás con todo lo demás.
Nacemos solos y morimos solos, esa es la experiencia vital, la conciencia individual, la capacidad de ser y estar en un mundo que nos espera con todo preparado y listo para que lo experimentemos.
Nos dan a luz, y ya todo está ahí: el sol, la luna, las estrellas, la gente, las cosas, la naturaleza, el alimento y las metas.
Tanto es así, que muy pronto nos olvidamos de nosotros mismos y nos lanzamos a ese mundo complejo y diverso que se nos presenta, cediendo nuestro poder personal a otros poderes.
Olvidamos crearnos y recrearnos, y nos sentamos a esperar que lo demás y los demás hagan de nuestro mundo un lugar mejor.
Existe una fuerza grupal que empuja en esa dirección, es cierto, porque son muchas las personas que quieren hacer de este planeta un lugar cada vez mejor para vivir, para soñar, para existir, pero sin la acción del individuo, de ti y de mí, esa fuerza grupal queda en nada o, en el mejor de los casos, camina desequilibrada, cómoda pero incomprendida, regalada y menospreciada por los que nada han hecho para que este mundo evolucione positivamente.
También existe una fuerza grupal que empuja en dirección contraria, donde los individuos se dedican a medrar y a destruir, a involucionar y a hundir, intentando pudrir todo lo que se encuentra a su alrededor, en la sempiterna lucha del bien contra el mal, y, sin embargo, a menudo los que están en contra son más lúcidos, menos hipócritas, más activos y decididos y menos dependientes de falsas creencias; con esperanza y no con expectativa, superando la dicotomía del bien contra el mal, y abriendo las puertas a nuevas perspectivas.
¿Qué es el bien y qué es el mal?
Desde que nacemos se nos enseña que el mundo están perpetuamente en guerra los contrarios:
El bien contra el mal.
La luz contra las sombras.
El Caos contra el Cosmos.
La salud contra la enfermedad.
La protección contra la inseguridad.
El pan contra el hambre.
Y si todo quedara ahí, no sería del todo una mala base moral, el problema sobreviene cuando estas dicotomías continúan de la siguiente manera:
Lo blanco contra lo negro.
El hombre contra la mujer.
El sabio contra el ignorante.
El anciano contra el joven.
El rico contra el pobre.
El creyente contra el supuesto infiel.
El ser humano contra la Naturaleza.
Lo moderno contra lo antiguo.
El campo contra la ciudad.
Y de ahí se derivan otras dicotomías más grupales, o más sectarias:
Una raza contra otra raza.
Una religión contra otra religión.
Una ciencia contra otra ciencia.
Una ideología contra otra ideología.
Una cultura contra otra cultura.
Una capa social contra otra capa social.
Una nación contra otra nación.
Una bandera contra otra bandera.
Un sexo contra el otro sexo.
Donde la esperanza mal entendida de unos, es la desesperanza de los otros, con violencia, guerras y muertes entre ellos, que ganan o que pierden el poder, que roban y matan, o que son esquilmados y asesinados.
Entonces, y pese a la sangre y el horror, se dice que el bien está del lado de los que ganan y el mal del lado de los que pierden y son aniquilados.
La bondad y la maldad quedan de lado.
Los que ganan ensalzan a sus héroes, ocultando que en realidad son crueles asesinos.

La batalla sempiterna del Bien contra el Mal
Los que pierden ensalzan a sus mártires, igual de asesinos que los triunfadores, pero con menos capacidad de asesinato sobre sus contrarios.
Los poemas épicos y las películas de la actualidad son la misma bazofia de muertes, asesinatos, daños colaterales que a nadie importan, vítores para los héroes asesinos, abucheos para los “malos” derrotados, sin que la gente se duela del dolor y del horror de la guerra.
Eso es lo que aprendemos, porque eso es lo que nos enseñan, y normalmente no tenemos ni la más mínima conciencia de que eso es más oscuro y malvado, lo más sucio y ruin que podemos acumular en nuestro cerebro.
La moral, siempre cambiante y convenenciera, no deja entrar a una ética más consciente y elevada que nos permita ver y comprender qué es lo que verdaderamente está bien, y qué es lo que verdaderamente está mal.
Bien lo que nos conviene y lo que nos facilita la vida.
Mal lo que no nos conviene y lo que nos molesta.
De pronto, para las mujeres, supuestas enemigas y contrarias dicotómicas de los hombres, los oropeles de un sistema vejatorio de amos y esclavos se les hace apetecible, pero, ¿de verdad a las mujeres les interesa ser esclavas del poder o poderosas dueñas vejatorias de esclavos?
¿Los defectos de los otros son deseables para unos?
Si es así, de pronto el peor de los males se convierte en el mejor de los bienes, todo se trastoca, y lo que fue mal para muchos durante siglos, se convierte en supuesto bien para todos en el presente.
Ante tales disyuntivas, es obvio que tenemos que redefinir nuestras ideas y conceptos sobre el bien y el mal, a tal grado, que es posible que incluso tengan que desaparecer este tipo de consideraciones dicotómicas y maniqueas, para poder avanzar como especie y construir de verdad un mundo que sea mejor para todos, sin bien ni mal que los solapen o los amparen.
Más a menudo de lo que pensamos, los malos no son realmente malos, sino ejemplos de represión para que los “buenos” no se salgan del redil.
Que algo sea legal no quiere decir que sea bueno, sano o justo.
Buena parte de las leyes se han dictado para proteger al poderoso y desvalijar al pobre, o como pretexto para implementar autoritarismo, racismo, xenofobia, clasismo y justificar así todo tipo de abusos y tropelías.
Piensa, analiza, duda, estudia, elige y actúa, porque esta es la verdadera luz de la esperanza: ser mejores todos y cada uno de nosotros superando los rancios estereotipos sociales, para que así podamos ser una mejor especie y así valga verdaderamente la pena llamarnos seres humanos.
III: Caridad, la fuerza de la empatía
y la solidaridad
Si nunca has bailado,
no puedes sentir de verdad
el placer del danzante.
Pero, ¿cómo hacer para que la especie humana supere sus defectos si muchos de ellos sobrevienen de su condición animal?
Las mujeres somos animales sedientos de sexo y deseos de maternidad en nuestra condición animal, capaces, como la diosa Lilith, de succionar el alma y la vida de cientos de hombres a través del sexo, haciéndolos nuestros esclavos para que satisfagan todos nuestros deseos y, cuando ya no puedan más, matarlos o dejarlos morir, e incluso aprovechar sus restos, bien cocinados, para la cena.
Como dice el doctor Tapia, el matriarcado, hoy prohibido en las ciencias sociales, fue mucho más duro y cruel con los hombres, que el patriarcado, también horrible, con las mujeres.
El hombre, como animal, tiene capacidad de embarazar a miles de hembras, pero a la vez tiene muy poca capacidad y resistencia sexual, su orgasmo es precoz y su energía limitada incluso entre los mejores sementales. Es violento y agresivo, protector y proveedor, pero declina muy pronto cuando acaba su juventud, y se convierte en presa fácil para otros depredadores.
Ambos, mujer y hombre, tienen necesidades fisiológicas que satisfacer todos los días, ya que, con excepción del sexo, si no las satisfacen diaria y continuamente, simplemente mueren:
-Respirar.
-Comer.
-Beber.
-Excretar heces y orina.
-Descansar.
-Dormir.
También tienen rasgos emocionales que comparten con los primates, en particular, y con el resto de los mamíferos en general:
-Celos.
-Amor.
-Envidia.
-Codicia.
-Poder.
-Control.
-Avaricia.
-Pereza.
-Molicie o pereza.
-Tristeza y depresión.
-Deseos de triunfo.
-Sensación de fracaso.
-Capacidad de intercambio.
-Sensibilidad.
-Empatía y simpatía.
-Generosidad.
-Egoísmo.
-Odio.
-Rencor.
-Gula.
-Crueldad.
-Orgullo.
-Piedad.
-Caridad.
-Latrocinio.
-Capacidad de engaño.
-Atracción por lo prohibido.
-Dependencia emocional.
-Liderazgo y mando.
-Rabia.
-Rebeldía.
Y una cuantas más que ahora mismo se me escapan.
Desde las eras primitivas hasta nuestros días hemos mejorado en muchos aspectos, nos hemos educado y hemos refinado muchos de nuestros “defectos” como animales, convirtiendo a algunos de ellos en verdaderas virtudes.
Hemos alimentado a eso que llamamos consciencia, y hemos nutrido a eso que llamamos conciencia.
Muchos de nuestros compañeros animales también han evolucionado socialmente, y son mucho menos salvajes de lo que fueron en la prehistoria, como los perros y los gatos que nos hacen compañía, así como muchos otros animales que se han domesticado y que muestran rasgos que llamamos humanos, cuando siempre han estado ahí, vivos o latentes, entre todas las especies animales que, en lugar de matarse entre ellas por hambre o necesidad, a menudo cooperan entre ellas para solucionar ciertos problemas.
Los seres humanos, a veces sin querer de verdad y de una manera espontánea, reaccionamos y ayudamos a los demás, pues nos nace desde el fondo de nuestro corazón proteger a los más débiles o salvar a quienes se encuentren en problemas.
Hay personas que siempre están dispuestas a echarle una mano a cualquier otra persona que lo necesite.
Como hay personas que huyen de cualquier conflicto y abandonan a los demás a su suerte aunque perfectamente puedan ayudarlos.
Los hombres se arriesgan más, y las mujeres se arriesgan menos, pero ambos son capaces de actos heroicos que favorecen a otras personas individualmente, y a su comunidad entera.
A pesar de que la crueldad y la indiferencia también son actos emocionales de los cuales somos capaces todos, la aceptación y el amor limpio e incondicional hacia los demás a veces logran que seamos mejores personas, aunque solo sea de manera puntual y momentánea.
Somos seres complejos y contradictorios, congruentes en nuestra incongruencia y constantes en nuestra inconstancia.
Sin embargo somos capaces de hacer, crear y construir muchas cosas, como nuestras propias e imperfectas civilizaciones.
Pero ¿cómo es posible que teniendo tantos defectos hayamos construido, inventado, descubierto y creado tantas y tantas maravillas?
¿Nos ayudaron los dioses?
¿Vinieron los extraterrestres a echarnos una mano?
¿O fue simplemente porque alguien en algún momento se decidió y dio el primer paso?
Todo camino comienza dando el primer paso
Reflexión
A menudo se confunde el camino propio y personal de evolución, con los caminos que nos traza desde el nacimiento el sistema en el que vivimos, sea cual sea este sistema, pero en uno y otro caso de nada sirven los caminos si no se anda sobre ellos, si no se les recorre, si no se da el primer paso y se inicia la marcha. El mundo entero puede recorrerse a pie y la vida misma es un peregrinaje continuo que puede pasarnos por encima si no caminamos, ya que la falta de movimiento e iniciativa puede convertirnos fácilmente en piedras del camino en lugar de peregrinos en pos de una meta.
Meditación
Descálzate y pon las plantas de tus pies desnudos sobre la tierra. Concéntrate y siente cómo la energía de la Tierra sube, desde las plantas de tus pies, hacia las partes superiores de tu cuerpo, desde las piernas, ascendiendo por las caderas, el sexo, el torso, los brazos, la garganta, la frente, y, finalmente, la coronilla, para salir por este punto y conectarse con la energía de las estrellas del más lejano universo. Recorre este camino, atrévete a dar el primer paso.
Análisis
La rutina, el sedentarismo, la comodidad, la falta de metas, la ausencia o carencia de estímulos materiales, intelectuales o emotivos, pueden llevarnos a la dejadez, la cobardía, la negligencia, el miedo y la pereza espiritual. ¿Por qué luchar, buscar o moverse si todo está aparentemente bien y funciona regularmente? Sencillo, para que tu alma y tu espíritu no se conviertan en piedras que te arrastren, en lugar de que seas tú quien se ponga en movimiento.
Como bien dice el maestro Jay Tatsay, nadie puede dar lo que no tiene, y nadie puede renunciar a lo que nunca ha tenido.








