Elementos históricos, políticos y militares para comprender las relaciones Colombo-Venezolana

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1.3. ENTRE LO ESTRUCTURAL Y LO COYUNTURAL
En las relaciones colombo-venezolanas inciden una serie de elementos históricos y también más recientes que permanecen con el paso del tiempo. Al examinar esos factores históricos que son estructurales, se percibe una marcada incidencia de este tipo de elementos en particular los relacionados con el diferendo fronterizo por el golfo de Venezuela o de Coquivacoa. En ellos, los análisis desde el punto de vista historiográfico, de la seguridad tradicional y de la amenaza existente que alteran la relación, adquieren un especial significado. Aquí la percepción de la interacción con lo militar resulta relevante, reconociéndose por la afectación a temas de soberanía e interés nacional. Al respecto, Samuel Rivera (2016) cuestiona sobre las percepciones que los oficiales colombianos del Ejército, Armada y Fuerza Aérea tienen de sí mismos, su relación con el interés nacional, y con sus manifestaciones de identidad. Define “las identidades a partir de la auto-representación que tienen de sí los oficiales de las fuerzas militares colombianas y su interacción con temas de interés nacional como es la construcción de paz” (Rivera, 2016, p. 2). De todas maneras, estas interacciones están influenciadas por las diferentes concepciones sobre el origen de la violencia y la forma como se entiende la paz.
Sobre la auto-representación de los oficiales militares, citando a Vasilachis (2003) y Auyero (2013), sustenta que esta “incluye atributos físicos, psicológicos y sociales, que pueden ser influenciados por actitudes, hábitos, creencias e ideas de la persona” (Rivera, 2016, p. 17). Por ello, considera entendible que la auto-representación de sí mismos muestra posturas ideológicas y ejecutorias de los subalternos que lideran. Es decir, la suboficialidad, los soldados e infantes de marina que conforman las fuerzas militares. En consecuencia, el poder en lo individual e institucional y la jerarquía juegan un rol preponderante e incide en el relacionamiento civil-militar.
Estos aspectos histórico-estructurales y sus visiones hacen parte de la política exterior venezolana durante el período examinado de 1999 a 2018, e incide en las relaciones con Colombia. La presencia de Hugo Chávez en el Palacio de Miraflores conlleva nuevas formulaciones de política exterior que muestran tanto ideologización como pragmatismo, que toma elementos estructurales y coyunturales, y que privilegia lo político sobre lo económico.
En 1999 llega al poder Hugo Chávez quien introduce cambios sustanciales a la política exterior venezolana. Sus primeros años analizados por Illera (2005) y Boersner (2008), se caracterizaron por un mayor nacionalismo latinoamericanista y tercermundista, el distanciamiento de Estados Unidos para aliarse con Cuba en una relación preferencial, y la restructuración de su política exterior para la unidad suramericana, no solo en lo político y militar, sino también en lo económico y social.
Para Illera, el gobierno de Chávez ha estado marcado por la polémica y la renovación, al desplazar los objetivos de Estado de la política exterior venezolana por los intereses políticos e ideológicos del movimiento revolucionario Socialismo del Siglo XXI, con lo cual ha logrado una rearticulación de la vida política de los venezolanos. La dinámica del proyecto chavista hace que sea estudiado desde la perspectiva de las relaciones internacionales, en la medida que la política exterior imperante, se convierte en el escenario propicio para lograr el objetivo planteado en términos de sostenimiento y consolidación de la revolución. Esto se explica, porque para su consecución se hace necesario el replanteamiento de prioridades geoestratégicas, obtener un papel protagónico en el sistema internacional, deslindarse de la dependencia estadounidense y buscar alianzas con países cuya ideología sea contraria a los intereses de Estados Unidos.
En la misma dirección, Boersner señala que esta política exterior agresiva en contra de Estados Unidos, las alianzas con países rivales de la política estadounidense, el incremento de actividades globales de la red bolivariana transnacional, se dirige a buscar apoyo ideológico para el proyecto bolivariano. Según Illera, también se orienta a la búsqueda de la integración latinoamericana, siguiendo los postulados bolivarianos que reivindican una integración más política y menos comercial, por medio del Alba y la Comunidad Suramericana de Naciones.
Siguiendo con Boersner, la política exterior adelantada por el gobierno venezolano se ha distanciado sustancialmente de los paradigmas que orientaron la diplomacia venezolana desde la década de los 60 hasta comienzos del 2000, para volcarse en una política exterior que define una nueva geopolítica en el plano regional, apuntalada bajo el marco conceptual del Socialismo del Siglo XXI, con el propósito de alcanzar la revolución bolivariana. Esta nueva geopolítica se caracteriza por las influencias ideológicas que traza el gobierno venezolano en su cambio diplomático, presentándose una ideologización de la política exterior, tomando como asunto relevante las alianzas estratégicas con otros países extraterritoriales afines al proyecto revolucionario, principalmente con Irán, Siria, Bielorrusia y Rusia, a la par de buscar un mayor acercamiento económico, social, cultural, científico y tecnológico con China, India, Vietnam y Malasia, entre otros. Al mismo tiempo, se empeña en la conformación de organizaciones internacionales (Alba, Unasur, Petrosur, Petrocaribe, Petroandina, Banco del Sur y Telesur), destacándose la importancia del petróleo en el plano político como una forma de poder regional.
Lo precedente es reforzado por Olga Illera, quien destaca que la política exterior de Venezuela se caracterizó por la disputa y la transformación a causa de los intereses políticos e ideológicos del movimiento revolucionario Socialismo del Siglo XXI, el cual configura la vida política de sus ciudadanos. Dicha dinámica implicó el replanteamiento de las prioridades geoestratégicas, entre las cuales se encontraba buscar protagonismo y liderazgo a nivel regional.
Edmundo González (2008), coincide con Illera en que el gobierno venezolano se distanció sustancialmente de los paradigmas que durante años orientó la diplomacia, lo cual se materializó en la reestructuración de su geopolítica en el plano regional. Todo esto impulsado por el marco ideológico del nuevo socialismo. Este aspecto, considera Boersner, responde al distanciamiento y las transformaciones sustanciales dadas por el cambio del modelo democrático representativo pluralista hacia otro tipo categorizado como democracia revolucionaria. De la misma manera, el cambio de la postura política generada por el discurso se identificó por una ideologización de la política exterior confrontando el populismo y el enfoque neoliberal. Igualmente, el autor destaca que a nivel interno se generaron rupturas en el orden político, mientras que en un nivel regional se disminuiría considerablemente la dependencia.
Por su parte, Carlos Romero (2010) señala que el modelo político venezolano se sustenta en la construcción de una visión del mundo en donde el enfoque “amigo-enemigo” de la política, el uso indiscriminado de la tesis sobre la “voluntad de la mayoría” y el afán de promocionar un “paquete ideológico” radical, se han mezclado con tradiciones nacionales como el activismo internacional y el presidencialismo, con un discurso convincente y prometedor y una capacidad de gasto público que contempló importantes programas sociales. Lo anterior explica, desde lo planteado por Boersner, las razones por las cuales se presentó en Venezuela el rechazo a los tratados de libre comercio entre Estados Unidos y países latinoamericanos.
De ese cambio se desprenden, al menos, cuatro referencias importantes: la primera, el creciente liderazgo del presidente Chávez basado primordialmente en los altos precios del petróleo; la segunda, un sistema de alianzas que es percibido por sus gobernantes como una red de lealtades, compromisos, afinidades y subordinaciones que se expresan en la idea de la existencia de un campo progresista y de izquierda internacional, que se concreta regionalmente en la Alianza Bolivariana de los Pueblos (Alba); tercera, la creciente politización de la acción exterior de Venezuela, en donde el ejercicio profesional y burocrático de los diplomáticos venezolanos se entiende como una labor comprometida con la causa revolucionaria, a la que se suma la creciente posición contestataria de Venezuela en los foros internacionales, así como en las mismas relaciones bilaterales y regionales; y la cuarta, la asociación en el ámbito de las relaciones transnacionales, con grupos, movimientos e iniciativas que se oponen al neoliberalismo.
Profundizando lo planteado por Boersner referente a la política exterior y lo manifestado por Romero en lo relativo a la construcción del amigo-enemigo, Rosalba Linares (2010) examina la política exterior impulsada por Hugo Chávez, bajo la perspectiva de la política de Estado y de gobierno, con una agenda orientada a la construcción de un mundo multipolar, mediante un análisis documental evaluativo de los lineamientos consignados en los planes de la nación 2001-2007 y 2007-2013.
En complemento con lo anterior y ahondando en aspectos estructurales relacionados con el mercado, Rafael Miranda (2016) propone “una teoría de la política exterior venezolana de carácter recurrente, con mayores niveles de generalización, capaz de plantear enunciados de tipo causal” (Miranda, 2016, p. 332). Para validar su propuesta, formula como hipótesis que “el nivel de activismo de la política exterior de Venezuela depende del mercado petrolero y, especialmente, de los precios internacionales dictados por este mercado, es decir, a mayores precios del petróleo mayor activismo de la política exterior de Venezuela, y viceversa” (Miranda, 2016, p. 334). Para dilucidar estos argumentos, comienza por hacer una serie de comentarios pre-teóricos y teóricos sobre la política exterior en general, citando a sobresalientes autores estudiosos de esta teoría y de la investigación científica, entre los que se encuentran Kenneth Waltz, James Rosenau, Karl Popper y Mario Bunge. Luego, explica la importancia que tiene el petróleo y su mercado en los asuntos domésticos por la renta que genera, así como en el plano de las relaciones internacionales que influyen en la política exterior de Venezuela, condicionando variables de dinámicas políticas e institucionales, estructura económica y proyección de poder económico.
De igual forma, resalta su ubicación estratégica por la cercanía con Estados Unidos, además de ser el actor más importante de América Latina con las más grandes reservas y las segundas del hemisferio; enseguida, somete a prueba la hipótesis definiendo como única variable explicativa el petróleo. Parte de una impronta geohistórica de Venezuela, que se caracteriza en tres esferas de influencia: las relaciones con Colombia, las relaciones hemisféricas con Estados Unidos, el Caribe y América Latina y, por último, el resto del mundo. El siguiente paso lo enfoca al análisis de la evolución histórica de la política exterior venezolana determinando cómo se da la afectación de la variación de los precios internacionales del petróleo a lo largo de dicha evolución histórica. Finalmente, concluye que “las continuidades y discontinuidades del activismo de la política exterior venezolana se pueden insertar en una pauta recurrente que depende del mercado petrolero y, principalmente, de los precios internacionales del petróleo” (Miranda, 2016, p. 354). En otras palabras, el petróleo es una variable que condiciona en menor o mayor grado el activismo de la política exterior de Venezuela.
A lo revelado, se suma el interés particular del gobierno venezolano en buscar cambios en el sistema normativo sobre el cual descansa la sociedad internacional que, no obstante ser anárquica, posee usos, costumbres y valores liberales que le dan cierto orden. En este sentido, el carácter revolucionario de la política exterior de Venezuela se ha hecho presente en la voluntad de alterar el sistema de creencias e instituciones sobre las cuales se sustenta el sistema internacional y, de manera particular, el orden hemisférico, al promover la instauración de un orden multipolar alternativo a la hegemonía estadounidense y la creación de organizaciones multilaterales, lo que le puede representar la expansión de su poder, ideología e influencia más allá de sus fronteras.
Retomando a Romero (2010), el enfoque “amigo-enemigo” se convierte en un eje de análisis que responde a la relación entre las tradiciones nacionales como el protagonismo/activismo internacional en la política exterior de Venezuela y siguiendo a Linares (2010), se estructura bajo una estrategia multipolar de la susodicha política exterior venezolana. De un lado, Romero y Linares señalan que el dinamismo de las relaciones internacionales de Venezuela corresponde, en primera instancia, al liderazgo político de Hugo Chávez, seguido de un sistema de alianzas, esquematizada en su política exterior, basado en la búsqueda de un equilibrio internacional a la geopolítica internacional, multilateralidad e integración regional y caribeña promoviendo un nuevo sistema de seguridad integral hemisférico. Por otro lado, en contraste con Martínez (2013), Linares afirma que la política exterior antes de Chávez fue pasiva en el plano internacional a causa de la alternancia del poder en Venezuela. Este aspecto se encuentra relacionado con el liderazgo de Chávez caracterizado por el populismo y el mesianismo político, el cual derivó en la transformación del sistema político y de la política exterior venezolana. Subsidiariamente Miranda (2016), subraya el rol protagónico del petróleo que mantuvo a Venezuela activa en el plano de las relaciones internacionales, derivado del acondicionamiento de dinámicas políticas e institucionales, estructura económica y proyección de poder económico, configurando, de esta manera, la geopolítica de la región y su participación económica como uno de los mayores oferentes de petróleo.
Recapitulando, se puede señalar que en las relaciones colombo-venezolanas se observan elementos históricos que son estructurales y que muestran altibajos a lo largo de la historia reciente. Se presentan otros factores que desde la llegada de Hugo Chávez al poder, se ven como coyunturales de la situación actual. Dentro de estos últimos, la política exterior de Chávez constituyó la principal herramienta para promover y fortalecer su proyecto político; su ideologización generó distanciamiento con países de la región; y el petróleo fue un punto de unión con gobiernos que siguieron sus lineamientos. Estas formulaciones poseen sus particularidades con Cuba, en su distanciamiento con Estados Unidos, y tienen incidencia en la relación con Colombia.
1.4. RELACIÓN DE VENEZUELA CON ESTADOS UNIDOS Y CUBA
Confrontación con Estados Unidos y cooperación con Cuba, resumen la relación de Venezuela con estos dos países. Durante varios años Venezuela fue un socio estratégico para los norteamericanos. Las posiciones antiestadounidenses, la ayuda a Cuba y los coqueteos con Rusia, China e Irán, se fueron convirtiendo en un problema que irritaba a Washington. Estas relaciones las califica Carlos Romero (2006) como esquizofrénicas, ya que incluyen importantes intercambios comerciales basados en el petróleo y, por tanto, se apoyan en intereses económicos difíciles de cancelar. Esto se explica, porque Estados Unidos continúa siendo el principal socio comercial de Venezuela, toda vez que el mercado estadounidense recibe en promedio 1 millón 300 mil barriles diarios de petróleo venezolano, es decir, 25.591 millones de dólares en crudo y derivados, lo que representa casi el 50% de las exportaciones de Venezuela en 2005 (23.437 millones de dólares), del total que ascendieron a 55.597 millones de dólares; mientras que 5.689 millones procedentes de Estados Unidos corresponden al 22,75% de los 25.000 millones de dólares en importaciones venezolanas del mismo año.
Entre los dos países, el tema de seguridad es relevante. Estados Unidos percibe al país caribeño como una amenaza debido a su ideología, proyecto expansionista y alianzas. Venezuela, por su lado, enmarca sus problemas de seguridad sobre el derecho de tener una independencia de Estados Unidos, a quien ve como un enemigo desestabilizador que incluso puede llegar a la invasión con una intervención militar. Aboga por su derecho a desarrollar su proyecto político sustentado en un sistema regido por la democracia participativa y una economía socialista de mercado y por tener una plena autonomía y libertad soberana para construir sus propias alianzas estratégicas. Esta visión diferente en lo relativo a seguridad, hace que las relaciones entre los dos países y el espacio para negociar sean bastante complejas, al punto que Estados Unidos considera a Venezuela como un problema de seguridad, a mediano plazo, debido a que su sistema político y su economía distan de los intereses que identifican al gobierno de Washington.
Sobre Cuba, es un hecho su estrecha relación con Venezuela y el apoyo recíproco que mantienen desde 1999. Por una parte, la asistencia en inteligencia, contrainteligencia, seguridad y misiones de carácter social que suministra el gobierno cubano al venezolano y, por otra parte, la contraprestación que proporciona Venezuela con un fuerte soporte económico a la isla. De ahí que el régimen cubano se ha constituido en el principal aliado estratégico de Venezuela y su gran reto se centra en que la experiencia chavista no desaparezca o que confronte con éxito las dificultades que se le presenten para mantenerse en el poder. De lo anterior, depende el seguir beneficiándose de los réditos económicos y geopolíticos que representa tan importante alianza.
Frente al distanciamiento de las relaciones de Venezuela con Estados Unidos, Romero (2007) establece una variable importante a tener en cuenta en la ideologización de la política que, entre otros aspectos, impacta en la concepción del concepto de seguridad e inestabilidad global. En términos realistas, si bien Venezuela no tiene la capacidad militar, económica y política para ser un enemigo de Estados Unidos, el problema se encuentra en la creciente cooperación militar con países antagónicos a los intereses estadounidenses como Rusia y China, quienes en términos de seguridad y defensa impactan en la geopolítica global.
Cuba y Estados Unidos se encuentran presentes en la relación de Venezuela con Colombia. El primero por su ideología antagónica, pero también por su facilitación en las negociaciones con el ELN y las Farc. El segundo debido a que Venezuela teme que Estados Unidos utilice a Colombia para invadir su territorio; la alianza tan estrecha de Colombia con Estados Unidos genera una profunda desconfianza en la relación bilateral.
1.5. RELACIONES ENTRE COLOMBIA Y VENEZUELA
Las relaciones bilaterales entre los dos países se encuentran impregnadas por desconfianza e incertidumbre a lo largo de su historia. En el mejor de los casos se observa una cooperación vacilante.
Con la llegada de Hugo Chávez al poder en febrero de 1999 y la posterior posesión de Álvaro Uribe Vélez como presidente de Colombia, en agosto de 2002, la seguridad se convierte en el eje de la relación entre los dos países. A esto, se le agregó la divergencia presentada en cuanto a la visión de la política exterior: Colombia, fiel al réspice polum (alianza con Estados Unidos) y Venezuela en búsqueda de alianzas con países opositores a los intereses estadounidenses a nivel global.
Las tensiones y, en particular, dicha crisis, han estado marcadas por los temores y desconfianzas recíprocas que afectan las relaciones bilaterales, pero al mismo tiempo se encuentran unidos por unos profundos intereses. Para Ramírez (2006), la estrategia asumida por el gobierno colombiano del presidente Uribe, en lo atinente a perseguir a los guerrilleros colombianos hasta donde se encuentren, mediante el ofrecimiento de recompensas por la información o retención en otros países, creó un clima de desconfianza en términos de respeto a la soberanía venezolana. Al mismo tiempo, despertó la zozobra e incertidumbre en Colombia sobre la real voluntad del presidente Chávez de apoyar la lucha colombiana contra el terrorismo.
No obstante, las protestas generadas por vastos sectores económicos y sociales fronterizos, perjudicados por el distanciamiento entre los dos gobiernos, ejercieron presión para que los presidentes antepusieron sus diferencias e iniciaron acercamientos para acudir al diálogo y la concertación, en busca de la cooperación bilateral. Una muestra, fue la reactivación de la Comisión Presidencial de Asuntos Fronterizos Colombo-Venezolanos, Copiaf, con la asistencia de delegados de los dos países a la XXXIII reunión en San Cristóbal entre el 4 y 5 de mayo de 2005, abordando temas relacionados con infraestructura, comercio, medio ambiente, gente y sociedad (salud, cultura y educación), seguridad y asuntos migratorios binacionales, con cronogramas concretos de los presidentes y cancilleres.
Según Ramírez, dichos acercamientos constituyeron la oportunidad para procurar una asociación estratégica, en todos los ámbitos, priorizando los contactos y relaciones entre los dos vecinos, para avanzar en el desarrollo de la agenda conjunta, hasta llegar a la estabilidad de la diplomacia bilateral y, por esta vía, convertirla en una política de Estado para ambos países. De este modo, sería posible construir confianza y superar los obstáculos existentes a cada lado, los cuales no se solucionan con decisiones presidenciales, máxime cuando en materia de soberanía y seguridad se encuentran inmersas las fuerzas armadas, al mismo tiempo que contribuiría a la renuncia de las hipótesis de guerra sobre el otro país.
Profundizando alrededor de esta temática, Battaglino (2009), aborda el caso del conflicto interno armado y analiza las condiciones que contribuyeron a resolver por la vía pacífica la crisis presentada entre Colombia y Venezuela, con ocasión de la operación “Fénix”, desarrollada por tropas colombianas en territorio ecuatoriano el 1 de marzo de 2008, donde fue abatido alias Raúl Reyes, cabecilla de las Farc. Fueron cinco las condiciones que interactuaron para facilitar una salida negociada de la crisis propiciada ante las posturas asumidas por Colombia, Venezuela y Ecuador, en cabeza de los presidentes Uribe, Chávez y Rafael Correa: primera, un alto nivel de congruencia Estado-nación favorece la paz; segunda, los militares sudamericanos prefieren la paz interestatal; tercera, el peso de la tradición de resolución pacífica de las controversias; cuarta, las guerras son difíciles de pelear debido a la paridad militar, los límites materiales y la geografía difícil; y quinta, la creciente interdependencia económica.
Sobre el giro de las relaciones, Elsa Cardozo (2011) afirma que el acuerdo plasmado en la Declaración de Principios del 10 de agosto de 2010, con la que concluyó la reunión en Santa Marta, los presidentes Santos y Chávez marcaron el relanzamiento de la relación bilateral. Su deterioro había llevado a tensiones en escalada, desde finales de 2007, hasta llegar a la “ruptura” diplomática el 22 de julio de 2010. Cardozo, al igual que Ramírez, hace énfasis en el protagonismo de los jefes de Estado.
Elsa Cardozo apunta a que el acercamiento y reanudación formal de vínculos estuvo acompañado por unos acuerdos de principio y la recuperación de procedimientos institucionales para atender los temas álgidos de la agenda pendiente, sobre la base de la afirmación de las voluntades presidenciales favorables a la reconducción de los vínculos bilaterales. Además, evalúa la naturaleza, el trasfondo e impacto regional, concentrándose en la cooperación en seguridad, como Battaglino, así como en las tendencias y límites del giro en las relaciones entre los dos países a partir de 2010.
Siguiendo con esta exploración de los estudios que dan cuenta de la relación colombo-venezolana, en lo atinente al desarrollo de la actividad económica-comercial, Umaña & Estupiñán (2015) sostienen que el comercio entre los dos países vecinos disminuyó un 39%, como resultado de las restricciones impuestas a los importadores venezolanos para acceder a las divisas oficiales, durante el año 2015. El cierre de la frontera con Cúcuta (32 días) y Maicao (18 días), generó pérdidas cercanas a los 84 millones de dólares entre las dos fronteras, en tanto que el impacto para Venezuela, sobre sus exportaciones hacia Colombia se aproximó a los 11 millones de dólares. Sin embargo, le afecta menos porque gran parte de sus ventas hacia Colombia van por vía marítima.



