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Dichas tendencias se pueden relacionar con la evolución misma que han tenido los estudios teatrales desde su inclusión en el ámbito académico, el año 1914, con la creación del primer programa de posgrado en Inglaterra. Sedano 2019, siguiendo a Balme (2013), describe de qué manera se produjo el reconocimiento de los estudios teatrales como disciplina independiente de los estudios literarios, además de cómo se fueron diversificando sus campos de investigación hasta instalar el concepto de performance como «una forma de ir más allá del drama basado en el texto y de abrazar las interconexiones entre la actividad de jugar o interpretar un personaje, los juegos, los deportes, el teatro y el ritual» (Balme 2013 en Sedano 2019).
De este modo, la pedagogía teatral utiliza como eje estructurador el juego dramático, constituye un «recurso de aprendizaje, motivador de la enseñanza, mediador de la capacidad expresiva, contenedor de la diferencia y de la diversidad, instancia de salud afectiva, de desarrollo personal y especial proveedor de la experiencia creativa» (García-Huidobro 2012).
La metodología ha alcanzado proyección académica nacional e internacional, prueba de ello es la vigencia por más de veinte años del mencionado Diplomado en Pedagogía Teatral UC y la creación del Diplomado en Teatro Aplicado, cuya primera versión se realizó en 2016, evidenciando la evolución e influencia del tema en la sociedad chilena. Paralelo a ello, también el año 2016, se desarrolló ―en conjunto con la Facultad de Educación― el Programa de Formación Pedagógica PFP - Profesor de Artes Escénicas para egresados de Educación Media. A lo anterior se suman Tesis de grado y posgrado dirigidas o asesoradas por su creadora, dentro y fuera de la universidad, junto con la ya mencionada Red de Pedagogos Teatrales UC (RedPTUC). Cabe destacar también los aportes de Verónica García-Huidobro en el ámbito de la inclusión educativa, a través del Centro UC Síndrome de Down, como miembro del comité científico y creadora de programas relacionados con el desarrollo de habilidades sociales y de actuación para jóvenes a partir de los ocho años. También su asesoría y acompañamiento al Programa Teatro en la Educación de la Fundación Teatro a Mil (https://www.fundacionteatroamil.cl/) que se inauguró el año 2016 y que ya cuenta con mediciones de sus resultados (2019).
Sumado a lo anterior, destaca la presencia de la pedagogía teatral en diversos programas universitarios públicos y privados, como por ejemplo: Diplomado en Pedagogía Teatral de la Universidad Católica de la Santísima Concepción y de la Universidad del Desarrollo, Diplomado en Metodologías Teatrales Aplicadas a la Educación de la Universidad Finis Terrae, Programa de Especialización en Teatro y Educación: Metodología y Didáctica de la Enseñanza del Teatro de la Universidad de Chile, entre otros. Se puede mencionar también la Escuela de Teatro de la Academia de Humanismo Cristiano que posee una salida específica de “Profesor/a especializado/a en teatro” y líneas de formación en pedagogía teatral y teatro aplicado. Por otra parte, destacan la realización del Primer Congreso Internacional de Pedagogía Teatral organizado por la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid en noviembre de 2016.
Ahora bien, la pedagogía teatral (PT) posee una nutrida trayectoria en la Escuela de Teatro de la Pontifica Universidad Católica que comienza con la incorporación de este curso como parte de los Optativos de profundización de la carrera en el año 1991, la posterior creación del Seminario de Perfeccionamiento Docente - Metodologías para el uso del teatro en la educación, actividad académica enmarcada en el Programa de Estudios de Teatro del Centro de Extensión UC (1999), la aprobación del Postítulo de Teatro Mención Dimensión Terapéutica de la Pedagogía Teatral de la Escuela de Teatro (2004) y, finalmente, su incorporación como curso mínimo de la carrera de Actuación.
El curso de Pedagogía Teatral, impartido en la Escuela de Teatro de la Pontificia Universidad Católica, fue incluido como curso mínimo por primera vez en la actual Malla Curricular de Actuación, aprobada el año 2014 e implementada desde 2015, mediante Resolución Nº083 de la Vicerrectoría Académica. Dicho curso se dicta actualmente el quinto semestre, posee diez créditos y se plantea como objetivo principal «Desarrollar habilidades docentes que, a través de la expresión dramática como metodología activa en el aula, permitan implementar acciones pedagógico-teatrales en diversos contextos educacionales y sociales a nivel nacional».
Para concluir y viéndolo en perspectiva histórica, esta metodología ha tenido y tiene actualmente un excepcional impacto en el ámbito educativo chileno, a través de multiplicidad de acciones docentes, cursos, talleres, clases magistrales en regiones, seminarios y del establecimiento de redes de acción como la Red Nacional de Artistas Educadorxs de Teatro (rededucadorxsteatro@gmail.com) que “busca convocar a personas que realicen cruces entre el teatro y la educación” y que se definen como una red de colaboración y aprendizaje, en medio de una crisis cultural profunda que precariza la actividad teatral en el actual sistema educativo, proponiendo unificación y saber colectivo como vías de emancipación y construcción de nuevos modelos de aprendizaje basados en los aportes de las artes escénicas aplicadas y, particularmente, en metodologías como la propuesta por García-Huidobro. De esta manera la pedagogía teatral, como una metodología activa y dinámica, ha logrado trascender y proyectarse en el contexto educativo nacional e internacional, impactando a cientos de profesores y estudiantes en Chile y el extranjero.
VI.Aportes del teatro en el currículo:
un manifiesto colectivo
En el capítulo anterior se ha expuesto de qué manera se incluye el teatro en la educación en el contexto internacional, tomando como ejemplo tres países: Inglaterra como el pionero y principal representante de la práctica dramática; España donde los antecedentes se remontan a muchos siglos atrás, pero donde los alumnos de magisterio aún no reciben una formación suficiente que les permita incluir de manera cabal la dramatización en el aula y Chile, donde el debate en los contextos formales de educación recién comienza, pese a metodologías que han demostrado ser eficaces por casi treinta años (tal es el caso de la pedagogía teatral). En términos generales, es bastante evidente que la presencia efectiva de las artes escénicas en educación resulta escasa, pese a la consideración de sus múltiples beneficios. En una sociedad que se replantea actualmente hacia dónde dirigir los esfuerzos para mejorar el estado actual en el que se encuentra, donde priman las desigualdades en cuanto a ingreso, educación, salud y satisfacción en la vida de las personas y donde los resultados en cuanto a las asignaturas troncales son alarmantes,20 resulta imperioso abrir nuevos horizontes posibles, ya que es evidente que el sistema tal y como se ha planteado hasta el momento no está dando resultados; es más, está obsoleto, es anacrónico.21
Desde el teatro, es posible ampliar los campos de acción e intervención y devolver a la educación ese sentido primigenio que poseía la palabra didaskalia, utilizada en la Antigua Grecia para designar un “registro donde constaban las obras teatrales representadas”, y vincularlo con su significado actual “enseñanza o instrucción” o “indicaciones del dramaturgo al director y a los actores”. Si se desea cambiar radicalmente un modelo educativo centrado en el conocimiento, en la mente y en el profesor hacia un modelo que considere la creatividad y la práctica artística como eje central del proceso, donde el foco sea el estudiantado y cómo este se relaciona con su entorno, social y afectivamente, entonces sin duda el teatro tiene mucho que aportar: «cuando la representación teatral es aplicada en la enseñanza, en la acción social y en la terapia, se convierte en un medio para cambiar las dinámicas de poder, la consciencia y la conducta» (Landy y Montgomery, 2012).
Ahora bien, de acuerdo con García-Huidobro (2012), en términos generales el teatro encuentra tres campos de acción al interior del sistema educativo, los que guardan una estrecha relación con la división en tres áreas del teatro aplicado: en educación (Educación formal), en comunidad (Educación no formal) y en salud (Dimensión terapéutica):
•Educación formal (al interior del sistema educativo): como herramienta pedagógica para apoyar contenidos y objetivos fundamentales transversales de otros sectores curriculares; como asignatura de Expresión Dramática que pretende lograr un desarrollo integral de los estudiantes a través de los objetivos fundamentales transversales y como Programa de Estudio de Artes Escénicas (Teatro y Danza) en la Enseñanza Media.
•Educación no formal (al exterior del sistema educativo): como Taller de teatro vocacional, cuya finalidad es la preparación y presentación de un montaje teatral.
•Dimensión terapéutica: como Taller de expresión artística, en donde el teatro no constituye un fin en sí mismo, sino que se articula como un medio de integración social.
El teatro y la dramatización aparecen al interior del currículo como parte de las asignaturas artísticas, en la enseñanza de lenguas o como recurso para la educación física, por nombrar algunos de sus campos de intervención más comunes. Su presencia en los planes y programas de estudio de la Educación Primaria se manifiesta de diversas maneras, de acuerdo a Núñez y Navarro (2007):
•Como un modelo fragmentado en el que es considerado solo como una herramienta didáctica y no posee un cuerpo de procedimientos, conocimientos y conceptos propios, sino que los adopta del área curricular desde la que se emplea dicha técnica.
•Como un modelo de asignatura separada en la que forma parte de la Educación Artística y posee un currículum propio, junto con la Plástica o la Música.
•Como un modelo integrado en el que el drama funciona como un medio de aprendizaje transversal y posee un cuerpo propio de conocimientos, conceptos y habilidades.
•Como un modelo cultural en el que constituye un eje articulador de la comunidad en sus ámbitos intraescolar y extraescolar, siendo un modelo para las relaciones humanas, la inclusión y la interculturalidad.
Sumado a lo anterior, Motos et al. (2013) señalan que es posible encontrar la expresión teatral en la Educación Primaria (EP) como Pedagogía lúdica, Competencias dramáticas y Kamishibai; en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) como Competencias dramáticas, Mediación para la resolución de conflictos, Dramatizaciones en los géneros literarios y Teatro del lector; en el Bachillerato Artístico (BA) como Formación de espectadores, Aprendizaje y servicio y como Webquest o Trabajo por proyectos. Agregan que, entre las diversas aplicaciones existentes del teatro, las más representativas resultan ser:
•Orientación personal: Con el propósito de construir la personalidad, permitiendo explorar problemas de la psique individual y colectiva.
•Tutorías: Con el propósito de estimular la participación del alumnado en la toma de consciencia de su propio yo y en los procesos de crecimiento personal.
•Aprendizaje de la lengua y la literatura: Con el propósito de dinamizar los textos literarios por medio de dramatizaciones y puestas en escena, desarrollando las destrezas lingüísticas básicas mediante el diálogo.
•Educación para la convivencia: Con el propósito de favorecer la escucha activa, la mediación y resolución de conflictos, permitiendo ver y ensayar diversas posibilidades ante un mismo problema.
•Orientación sociolaboral: Con el propósito de ofrecer simulaciones de la vida profesional, permitiendo practicar situaciones en las que es necesario interactuar con otros y trabajar en equipo.
•Expresiones artísticas: Con el propósito de aglutinar y catalizar todos los lenguajes artísticos como la música, la plástica o la danza.
Entre las razones que justifican la presencia del teatro y la dramatización en el currículo escolar español, según Motos y Navarro (2003), destacan que estas prácticas en general permiten:
•Reconocer e incluir el cuerpo en el proceso de enseñanza aprendizaje, ya que «el aprendizaje teatral tiene presente al individuo completo, trabaja con su cuerpo, su mente, sus emociones».
•Contribuir al desarrollo de una persona más sensible y receptiva, ya que «despertar los sentidos y afinar la percepción es una de las bases del aprendizaje teatral».
•Favorecer la concentración y la atención, ya que las técnicas teatrales «ayudan a sensibilizar a la persona en estos dos aspectos del conocimiento de la realidad».
•Desarrollar destrezas comunicativas orales, debido a que «las técnicas de aprendizaje teatral tienden a desarrollar las destrezas para capacitar al alumnado a que den forma a los mensajes, de manera que puedan llegar más fácilmente al receptor».
•Desarrollar, entrenar y controlar las emociones, debido a que «en las actividades de dramatización se pone en práctica la exploración consciente de sentimientos y estados de ánimo».
•Promover el trabajo en equipo y la interacción social, debido a que «en una representación lo que haga uno de los participantes va a influir en la actuación de los demás, cualquier modificación que introduzca uno de ellos a lo previamente planificado induce la respuesta no prevista de los otros. La cohesión grupal y el sentido de pertenencia al grupo es otra característica esencial de las técnicas teatrales».
•Resolver conflictos humanos, producto de que «el contenido del teatro gira siempre alrededor de problemas, asuntos y temas relacionados con la comprensión de la conducta humana y de las relaciones interpersonales».
•Desarrollar la expresión oral y corporal, producto de que «las técnicas dramáticas pretenden que el sujeto exprese todo tipo de situaciones, sentimientos, emociones mediante el control respiratorio, el uso adecuado de los sonidos y la voz articulada. Pero el desarrollo de la expresión oral de una forma orgánica implica también la expresión corporal».
Según Eines y Mantovani (2013) en todas las instancias mencionadas, el teatro comporta variados beneficios: permite a los/las niños y jóvenes implicarse y participar activamente; colabora en el desarrollo integral de la infancia; es una actividad placentera, espontánea, voluntaria y promueve la creatividad. También se enmarca en una visión diferente de la escuela y de la educación más acorde con las necesidades actuales y las exigencias de una sociedad que requiere individuos más creativos e innovadores.
Los autores agregan que «una gran cantidad de prácticas teatrales realizadas con niños y jóvenes, en horario escolar o extraescolar, han venido a demostrar que a través de la dramatización estos pueden internarse en el mundo para explorarlo, conocerlo y transformarlo y que esta investigación al mismo tiempo les ayuda a formar su personalidad. Mientras juegan, viven; mientras viven, aprenden, y mientras aprenden, crecen equilibrados en lo emocional, lo afectivo y lo social». Así, entre las distintas estrategias teatrales que se pueden incluir como recurso didáctico en la sala de clase encontramos: juegos de expresión, juegos dramáticos, juegos de representación, puestas en escena, lectura de obras dramáticas, asistencia a espectáculos teatrales, entre otros.
Núñez y Navarro (2007) definen el teatro como una actividad social, personal y comunicacional que requiere de la participación física, psicológica y emocional de quienes lo practican, vinculado estrechamente al aprendizaje creativo. Onieva (2011), agrega que «la dramatización como recurso pedagógico posee características muy similares a las que se desarrollan tanto con el constructivismo, el aprendizaje activo o el aprendizaje por descubrimiento».
Para Robles y Civila (2004) el teatro es el escenario perfecto para una pedagogía alternativa, ya que representa una metodología participativa y democrática que fomenta la cooperación, el trabajo en grupo y estimula la reflexión sobre las distintas actividades. Esto lo convierte en un vehículo para transmitir valores de tolerancia, respeto, solidaridad, crítica y denuncia.
Una de las formas más reconocibles del teatro en la educación es el juego, el que se puede definir como: «el modo que tiene el niño de pensar, probar, relajarse, trabajar, recordar, competir, investigar, crear, ensimismarse» (Slade, 1978 en Núñez y Navarro, 2007). El juego, como manifestación espontánea y natural de la edad infantil, va evolucionando desde lo que se puede considerar un proceso lúdico a un proceso artístico, pasando por etapas claramente definidas: juego simbólico, juego dramático, representación de papeles y teatro (Motos y Navarro, 2003). Onieva (2011) resume en la Tabla 2 cómo diversos autores han llegado a establecer una relación directa entre las distintas actividades dramáticas y las edades de sus participantes.
De esta manera, el arte dramático ha obtenido una mayor presencia y visibilidad en los planes de estudio a partir de los cambios generados por el paradigma constructivista, el surgimiento de nuevos modelos de aprendizaje y el establecimiento de la creatividad y la innovación como objetivos principales de la enseñanza del futuro. En este sentido, señala Baldwin (2014), el teatro ha constituido desde sus inicios una estrategia de aprendizaje creativa, por lo que está presente en una gran variedad de asignaturas, no solo en lengua: «en clase de arte dramático se emplean una serie de estrategias que ofrecen acceso a una variedad de estilos educativos preferidos. Las actividades se basan en los intereses de los alumnos, son multisensoriales, experimentales y van alternando trabajo individual, en grupo o con toda la clase». Así, el informe titulado All Our Futures: Creativity, Culture and Education realizado en Inglaterra concluye que: «el arte dramático está en la cima del aprendizaje motivante» (NACCCE, 1999 en Baldwin, 2014). El teatro ha cobrado fuerza, además, gracias a los estudios del cerebro y los recientes avances de la neurociencia.
Tabla 2. Actividades dramáticas y etapas del juego

Onieva (2011) describe las diferentes aplicaciones que tiene la dramatización como recurso educativo en Lengua y Literatura, Segundas Lenguas, Matemáticas, Historia, Ciencias y Educación Especial. En el caso de Lengua y Literatura el aporte de la dramatización es que puede ser utilizado «como una estrategia didáctica para la realización de comentarios de textos, debates, análisis lingüísticos y otros proyectos», mientras que en el caso de la enseñanza de Segundas Lenguas se ejercita de una forma más natural y espontánea «la expresión oral, (esencialmente la entonación), se aprenden a usar correctamente las estructuras gramaticales, se asimilan mejor los conceptos así como los contenidos conceptuales y procedimentales». En el caso de Matemática, la dramatización y más específicamente la escenificación de conceptos matemáticos, puede constituir una manera lúdica eficaz de romper con la falta de motivación por esta asignatura y acercar a los alumnos a símbolos abstractos más complejos. Respecto a las asignaturas de Ciencias Naturales e Historia, resulta interesante el uso del teatro como forma para tratar de manera más real las circunstancias históricas, culturales, económicas, sociales y políticas de una comunidad, recreando situaciones del pasado o caracterizando personajes históricos por medio de la experimentación. Finalmente, entre las aplicaciones en Educación especial o terapéutica las posibilidades son muchas, siendo su principal objetivo fomentar «la autoexpresión, la adquisición de nuevas formas de comunicación, el conocimiento de sí mismos y la construcción de su propia identidad, todo ello en un ambiente lúdico, de diversión, pero ordenado y seguro (Morris, 2001 en Onieva, 2011).
Pese a lo anterior, Baldwin (2014), indica que, aunque el arte dramático aplicado a la educación favorece que el niño viva «una experiencia activa, interactiva y reflexiva, compartida y creativa», este ha sido permanentemente relegado del sistema educativo. Ejemplifica con lo ocurrido en el mundo británico, donde las artes escénicas no son consideradas en el currículo de 1990, a diferencia de las nuevas asignaturas de Música y Artes Plásticas. En las posteriores revisiones del currículum, se incluyó el teatro como parte del diálogo y la escucha, aunque estas habilidades solían ser ignoradas casi por completo producto de la primacía de la lectura y la escritura. Más tarde, algunas de las técnicas dramáticas entraron a formar parte de la formación obligatoria, pero la adopción de un sistema educativo más estricto, asociado al contenido, fue limitando los espacios para el desarrollo de competencias artísticas, aun cuando «el Reino Unido seguía siendo (y aún es) uno de las naciones líderes en la práctica dramática». En la actualidad, señala que las artes escénicas prácticamente desaparecieron como asignatura en la educación primaria: se cursa en menos del 50% de los centros de educación del país. En lo que respecta a la educación secundaria, esta profesora de arte dramático que además ha sido presidenta de la International Drama, Theatre and Education Association (IDEA) entre los años 2010-2013, señala que cuando se implementó el nuevo plan de estudios en 2008, la posición del arte dramático en Inglaterra se deterioró aún más.
En España, Cervera (1993) describe el recorrido del teatro en educación desde sus inicios hasta nuestros días. Así, la relación entre teatro y escuela se inicia en el siglo XVI con el llamado “teatro escolar de los Jesuitas”. Durante varios siglos se centra en la figura del niño como espectador de obras dramáticas, a partir de lo cual se va desarrollando el teatro infantil y el teatro juvenil. Posteriormente, se comienza a considerar que el juego teatral forma parte de la realidad del niño y se introduce la dramatización para la Educación General Básica en el marco de La Ley Villar Palasí. Pese a ello, no se consideró de forma paralela una formación adecuada dentro de las Escuelas Universitarias de Formación del Profesorado. De este modo, la presencia efectiva del teatro en educación se deja a la valentía, disposición y capacidad de los propios profesores, quienes no cuentan oficialmente con una formación para ello: «Por muchas razones, los profesores de Primaria se resistirán a montar teatro en los colegios. Pero si se fomenta la dramatización desde las Escuelas Universitarias de Formación del Profesorado o desde las Facultades de Educación […] tal vez se conseguiría abrir un paréntesis en el que todos los educadores de Preescolar y Primaria se enteraran bien de lo que es dramatización y se consiguiera de ellos que la practicaran con sus alumnos».
En Chile, al interior del sistema educativo, el teatro también queda sujeto a las capacidades del profesor para integrarlo transversalmente en su programación, lo que a menudo no sucede producto del peso excesivo dado a las asignaturas consideradas troncales, como son Lenguaje y Matemática. Dentro de la asignatura de Lenguaje y Comunicación, el teatro se incluye como parte de los objetivos de aprendizaje del eje de Comunicación oral, que suele ser el menos desarrollado, ya que no hay pruebas estandarizadas que midan estas habilidades con el mismo rigor con el que se miden las habilidades de lectoescritura. Se privilegian, de este modo, los ejes de Lectura y Escritura, cuyos objetivos de aprendizaje sí se miden en pruebas del tipo SIMCE (Sistema Nacional de Evaluación) o PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes). En otra instancia, el teatro debe ser entendido en Chile desde el punto de vista de la Educación Artística la que, a su vez, en los espacios de educación formal se encuentra limitada por el currículo escolar, el cual está organizado en disciplinas que conforman las asignaturas: «Esta división entre materias ha heredado la jerarquización de las disciplinas, lo que sumado a otros componentes del sistema, como las evaluaciones estandarizadas, ha mantenido la valoración de unas asignaturas por sobre otras, así como el predominio de un modelo de aprendizaje sometido a criterios selectivos y funcionales y a un determinado tipo de logros» (Rojas, 2016).
De esta manera, el teatro actualmente no constituye todavía una asignatura obligatoria en ninguno de los subsectores de enseñanza y, por tanto, su presencia en la formación inicial del profesorado resulta escasa en el mundo hispanohablante. Sin embargo, tal como se ha expuesto anteriormente, en el año 2016 se ha abierto un Programa de Formación Pedagógica que incluye la subespecialidad de Profesor en Artes Escénicas. Este programa, iniciativa de la Pontificia Universidad Católica de Chile, está destinado a actores, quienes obtienen el grado académico de Licenciado en Educación y el título de Profesor de Educación Media en el sector curricular afín a su disciplina.




