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Su posición como precursores de la sexta subraza de la quinta raza raíz encierra sus peligros y sus ventajas particulares. El psiquismo, con todos sus encantos y peligros se está necesariamente desarrollando entre ustedes y tienen que vigilar, no sea que el desarrollo psíquico adelante aquello manásico y espiritual. Las capacidades psíquicas bajo control y el principio manásico que las domina y dirige, son un auxilio de valor en el desarrollo. Sin embargo, si damos rienda suelta a estas capacidades, permitiéndoles que nos controlen en lugar de ser controladas, que nos usen, en lugar de ser usadas, conducirán al estudiante a las ilusiones más peligrosas y a la certeza de la destrucción moral. Por lo tanto, vigilen con cuidado tal desarrollo inevitable en su raza y en el período evolutivo actual, para que al final opere para el bien y no para el mal. Además, reciban con anticipación las bendiciones sinceras y poderosas de aquellos cuya buena voluntad jamás los abandonarán, si ustedes no abandonan sus aspiraciones.
Estoy feliz de comunicarles que aquí en Inglaterra estamos adelantando constante y rápidamente. Annie Besant les dará los detalles de nuestro trabajo, enterándoles de la fuerza y de la influencia crecientes de nuestra Sociedad. Los relatos que presentará de las Secciones europeas y británicas son un testimonio de las actividades emprendidas. El carácter inglés, casi impenetrable, pero sólido y tenaz, una vez despertado, aporta a nuestra Sociedad un factor de valor y en Inglaterra se están echando las bases firmes para la Sociedad Teosófica del siglo XX. Tanto aquí, como en América, se efectúan constantes tentativas exitosas para que el pensamiento hindú influencie al inglés y ahora, numerosos hermanos hindúes están escribiendo artículos breves y claros sobre las filosofías indas para el Lucifer. Puesto que una de las tareas de la Sociedad Teosófica es la de acercar el oriente y el occidente, para que cada uno provea las cualidades que carece el otro y para que se desarrollen sentimientos más fraternales entre naciones tan distintas, esperamos que esta relación literaria resulte ser muy útil para expulsar al pensamiento occidental.
Mencionar Lucifer me hizo recordar que ahora, la posición segura de esa revista se debe, ampliamente, a la ayuda dada en un momento crítico por los miembros americanos. Siendo mi único medio absolutamente libre de comunicación con los teósofos en todo el mundo, su continuación ha sido tremendamente importante para toda la Sociedad. Mes tras mes, en estas páginas ofrezco, lo más posible, una enseñanza pública sobre las doctrinas teosóficas, continuando el más importante de nuestro trabajo teosófico. Ahora, la revista cubre sus gastos y si las logias o los miembros individuales quisieran contribuir para que su circulación se ampliara, se volvería mucho más útil de lo que es actualmente. Por lo tanto: mientras les agradezco, desde el fondo de mi corazón, a todos los que tan generosamente han ayudado a colocar la revista en una base sólida, me encantaría ver un amplio aumento de subscriptores, pues los considero como mis estudiantes, entre los cuales encontraré a quien demuestre la capacidad para recibir ulteriores enseñanzas.
He dicho todo lo que debía decir. No estoy suficientemente fuerte para escribir un mensaje más largo y no es tan importante que lo haga, visto que mi amiga y confiable mensajera, Annie Besant, mi brazo derecho, podrá explicarles mis deseos más detalladamente y mejor de lo que yo pueda escribir. Después de todo, cada deseo y pensamiento que puedo expresar se resumen en esta oración, una aspiración siempre activa en mi corazón: “¡Sean teósofos, trabajen para la Teosofía!”. La Teosofía en primer lugar, en último lugar y siempre. Ya que sólo su realización práctica puede salvar al occidente de este sentimiento egoísta y antifraterno que ahora divide a las razas y a las naciones. Dicha realización es la única que puede socorrer del odio clasista y social que son la maldición y la desgracia de los llamados cristianos. Sólo la Teosofía puede salvarlo para que no se hunda en el mero lujo materialista en el cual se deteriorará, llegando a la putrefacción, como ocurrió con las civilizaciones de antaño. En sus manos, compañeros, se coloca en custodia el bienestar del siglo futuro. La grandeza de la custodia es directamente proporcional a su responsabilidad. Mi lapso de vida puede no ser largo y si algunos de ustedes han aprendido algo de mis enseñanzas o si, por medio de mi ayuda, han vislumbrado la luz verdadera, les pido, a cambio, que fortalezcan la causa, gracias a cuyo triunfo la verdadera luz, que se convierte aun más brillante y gloriosa por medio de sus esfuerzos individuales y colectivos, iluminará al mundo, haciéndome ver, antes de abandonar este cuerpo depauperado, el logro de la estabilidad de la Sociedad.
Que las bendiciones de los grandes maestros pasados y presentes descansen sobre ustedes. Acepten de mí, colectivamente, la seguridad de mis sentimientos fraternales inquebrantables, agradeciéndoles, sinceramente y de corazón, la obra que todos los trabajadores han cumplido.
De parte de su servidora hasta el final:
Helena P. Blavatsky.
Último mensaje
1891
15 de abril 1891
Al quinto congreso de la Sección Americana de la Sociedad Teosófica.
Hermanos teósofos:
En el discurso general he omitido, intencionalmente, mencionar a mi amigo y compañero de trabajo más antiguo: William Q. Judge, porque considero que sus esfuerzos constantes y su autosacrificio para la edificación de la Teosofía en América merecen ser citados de forma especial.
Si no fuera por W.Q.J., la Teosofía no ocuparía el lugar que le corresponde hoy en los Estados Unidos. Él ha construido, principalmente, el movimiento entre ustedes y ha demostrado, millares de veces, su completa lealtad hacia los mejores intereses de la Teosofía y de la Sociedad homóloga.
En una convención Teosófica, la admiración mutua no debería desempeñar papel alguno; sin embargo, hay que tributar el honor donde es justo que se haga. Así, tomo la oportunidad de afirmar en público, mediante la boca de mi amiga y colega Annie Besant, la profunda apreciación que siento por el trabajo del Secretario General y para expresarle mi agradecimiento más sincero y la más sentida gratitud, en el nombre de la Teosofía, por el noble trabajo que está haciendo y ha hecho.
Fraternalmente suya:
Helena P. Blavatsky.
La clasificación de los "principios"
En una conferencia muy admirable de T. Subba Row sobre el “Bhagavad–Gita”, publicada en el número de febrero de la revista Theosophist, creo que el orador trata, incidentalmente, la cuestión de los “principios” septenarios en el Kosmos y en el hombre. La división ha sido bastante criticada, resolviendo, en un conjunto de cuatro, la manera adoptada, y favorita, de enumerar los principios en las enseñanzas teosóficas.
Esta crítica ha levantado un mal entendimiento y algunos argumentan que se han menospreciado las enseñanzas originales. Esta aparente discordancia, con alguien cuyas opiniones son consideradas, justamente, como muy decisivas en asuntos sobre el ocultismo en nuestra Sociedad, es ciertamente un asidero peligroso de entregar a los adversarios, los cuales están siempre alerta para detectar y sacar a relucir con vigor las contradicciones y las incoherencias de nuestra filosofía. Por lo tanto, siento que es mi deber mostrar que, en realidad, no hay contradicción entre las opiniones de Subba Row y las nuestras, en lo referente a la división septenaria. De misma forma, quiero sacar a relucir lo siguiente:
a. El orador conocía perfectamente la división septenaria antes de unirse a la Sociedad Teosófica y
b. sabía que era la enseñanza de los antiguos “filósofos arios que han asociado siete poderes ocultos con los siete principios” en el macrocosmo y en el microcosmo (véase el final de este artículo); y
c. desde el principio, Subba Row no se opuso a la clasificación, sino a la forma en que fue expresada.
Por lo tanto, ahora, cuando Subba Row llama a la división: “anticientífica y extraviante”, agregando que: “esta clasificación septenaria casi brilla por su ausencia en muchos (si no es que en ¿todos?) nuestros libros hindúes” etc.; y que es mejor adoptar la clasificación venerable de los cuatro principios, él sólo debe referirse a algunos libros ortodoxos particulares, pues, sería imposible que se contradijera de manera tan patente.
Entonces, unas pocas palabras explicativas parecen ser oportunas. En lo referente a que esta clasificación “brilla por su ausencia” en los libros hindúes, podemos decir que esto vale, también, para los libros buddhistas. La razón de ello es transparentemente clara: dicha división fue siempre esotérica y como tal, se deducía, en lugar de enseñarse abiertamente. También es verdadero que es “extraviante”, porque, la característica sobresaliente del día, el materialismo, ha conducido a las mentes de nuestros teósofos occidentales a la prevaleciente costumbre de considerar a los siete principios como entidades distintas y autoexistentes, en lugar de lo que son, es decir: upadhis (vehículos) y estados correlativos: tres upadhis, grupos básicos y cuatro principios. En lo referente a ser “anticientífica”, este término puede atribuirse sólo a un lapsus linguae y, en esta relación, voy a citar lo que Subba Row escribió un año atrás, antes de que se uniera a la Sociedad Teosófica, en uno de sus artículos más competentes, titulado: “El Brahmanismo sobre el Principio Septenario en el Hombre”, la mejor reseña jamás aparecida de los fragmentos de verdad oculta, desde que se han incorporado en el libro: El Buddhismo Esotérico.
Subba Row escribe: “He examinado detenidamente la enseñanza y he constatado que los resultados alcanzados (en la doctrina buddhista) no difieren mucho de las conclusiones de nuestra filosofía aria, a pesar de que la manera en que nosotros presentamos los argumentos difiera en la forma.” El autor, después de haber enumerado las “tres causas primarias” que llevan al ser humano a la existencia: Parabrahman, Sakti y Prakriti, explica: “Ahora bien, según los adeptos de la antigua Aryavarta, de estas tres entidades primarias se desenvuelven siete principios. El álgebra nos enseña que el número de las combinaciones de las cosas, tomadas una a la vez, dos a la vez, tres a la vez, etc., = 2(n) –1. Si aplicamos esta fórmula al caso presente, el número desarrollado de entidades desde las diferentes combinaciones de estas tres causas primarias, equivale a 2(3) – 1 = 8; 8 – 1 = 7. Como regla general, en las antiguas ciencias ocultas de la India, cada vez que se mencionan siete entidades, cualquiera que sea su conexión, se debe suponer que ellas vienen a la existencia de las tres entidades primarias, quienes, nuevamente, se desenvuelven de una sola entidad o monada”.
Esto es bastante correcto desde el punto de vista oculto y también cabalístico, cuando se considera el asunto de los siete y diez Sephiroths y los siete y diez Rishis, Manus, etc. En realidad, muestra que no hay, ni puede haber, desacuerdo fundamental alguno entre la filosofía esotérica de los adeptos Trans y Cis Himaláyicos. Además, remitimos al lector a las primeras páginas del artículo anterior, donde se afirma que: “los antiguos adeptos de la India aprendieron el conocimiento de los poderes ocultos de la naturaleza poseídos por los habitantes de la Atlántida perdida y lo agregaron a la doctrina esotérica enseñada por los habitantes de la isla sagrada (ahora el desierto de Gobi). Sin embargo, los adeptos tibetanos, (antecesores del Asia Central), no han aceptado esta añadidura”. Dicha diferencia entre las dos doctrinas no incluye a la división septenaria, siendo ésta universal, después de haber originado con los atlantes, quienes, perteneciendo a la cuarta raza, antecedieron a la quinta, los arios.
Entonces, desde el punto de vista puramente metafísico: las observaciones sobre la división septenaria en la conferencia de “El Bhagavad Gita” siguen siendo válidas hoy como lo eran hace cinco o seis años en el artículo: “El brahmanismo sobre el principio septenario en el hombre”; a pesar de su aparente discrepancia. Para propósitos de esoterismo puramente teórico son tan válidas en la filosofía buddhista como en la brahmánica. Por lo tanto, cuando Subba Row, en una conferencia sobre una obra Vedanta, propone atenerse a “la clasificación venerable de los cuatro principios”, él simplemente muestra su deseo de quedar, rigurosamente, dentro de la clasificación teórica y metafísica y sus cálculos ortodoxos, pues, la clasificación Vedanta divide al ser humano en cinco kosas (vestiduras) y luego Atma (el sexto, nominalmente, por supuesto). Ésta es, por lo menos, la manera en que entiendo sus palabras; pues, la clasificación Taraka Raj–Yoga consta, nuevamente, de tres upadhis, siendo Atma el cuarto principio y no un upadhi, por ser uno con Parabrahm. El mismo Subba Row muestra lo antes dicho en un breve artículo: “La división septenaria en los diferentes sistemas indos.”
¿Entonces, por qué el llamado buddhista esotérico no debería recurrir a tal división? Quizá sea “extraviante”, esto ya se ha admitido; pero no se le puede seguramente tildar de “anticientífica.” Incluso me tomo la libertad de decir que este adjetivo es una expresión precipitada, pues, el mismo Subba Row ha demostrado que la división septenaria es muy “científica” y también matemática, como lo prueba la anterior demostración algebraica. Yo digo que la división se debe a la naturaleza misma, indicando su necesidad en el kosmos y en el hombre; dado que el número siete es “un poder y una fuerza espiritual” en su combinación de tres y cuatro, del triángulo y del cuaternario. No cabe duda que sea más conveniente adherirse a la clasificación cuádruple en sentido metafísico y de síntesis; así como en Isis sin Velo me atuve a la clasificación trina de cuerpo, alma y espíritu, porque, si en aquel entonces hubiese adoptado la división septenaria, como me vi obligada a hacer sucesivamente, para propósitos de análisis riguroso, nadie la habría entendido y la multiplicación de los principios, en lugar de esclarecer el asunto, hubiera introducido una confusión sin fin. Pero ahora, el asunto ha cambiado y la posición es diferente. Desdichadamente, por haber sido prematuro, hemos abierto una hendidura en el muro chino del esoterismo y no podemos cerrarla de nuevo, aunque quisiéramos. Yo misma tuve que pagar un precio muy caro por la indiscreción, pero no voy a huir de los resultados.
Por lo tanto sostengo que: una vez que pasamos del plano del puro razonamiento subjetivo, sobre temas esotéricos, al de la demostración práctica en Ocultismo, donde cada principio y atributo hay que analizarlo y definirlo en su aplicación a los fenómenos de la vida diaria y especialmente de la existencia después de la muerte, la clasificación septenaria es la correcta por ser simplemente una división conveniente que no impide, para nada, reconocer los tres grupos que Subba Row llama: “cuatro principios asociados con cuatro upadhis que, a su vez, están asociados con cuatro distintos estados de conciencia”. Parece que ésta es la clasificación del “Bhagavad–Gita”, pero no la del Vedanta, ni de los Raja–Yogis de las escuelas pre Aryasanga y del sistema Mahayana, que era y sigue siendo vigente más allá de los Himalayas y su sistema es casi idéntico al del Taraka Raj–Yoga; la diferencia entre esta última clasificación y la del Vedanta ha sido señalada por Subba Row en su breve artículo: “La división septenaria en los diferentes sistemas indos.” Los Taraka Raja–Yogis sólo reconocen tres upadhis en que Atma puede funcionar, los cuales, si no me equivoco, en la India son: Jagrata, el estado de conciencia de vigilia (que corresponde a Sthulopadhi); Swapna o el estado de sueño (en Sukshmopadhi) y Sushupti o estado causal producido por y a través de Karanopadhi o lo que nosotros llamamos Buddhi. Pero luego, en los estados transcendentales de Samadhi, el cuerpo, con su linga Sarira, el vehículo del principio vital, no se considera para nada, pues, los tres estados de conciencia se hacen corresponder sólo a los tres principios (con Atma, el cuarto), que quedan después de la muerte. Y aquí está la clave real de la división septenaria del ser humano, agregándole los tres principios sólo durante su vida.
Como es en el macrocosmo, así es en el microcosmo, las analogías quedan vigentes en toda la naturaleza. Por lo tanto, al Universo, a nuestro sistema solar, a nuestra Tierra, hasta llegar al ser humano, se les debe considerar como poseyendo, todos, una constitución septenaria: cuatro principios supraterrestres y suprahumanos, por decirlo así; tres objetivos y astrales. Al considerar sólo el caso especial del ser humano, existen dos puntos de vista desde los cuales se puede considerar el asunto. Ciertamente, el hombre encarnado consta de siete principios, si es que así llamamos los siete estados de su constitución material, astral y espiritual, todos se encuentran en planos diferentes. Pero si clasificamos los principios según el asiento de los cuatro grados de conciencia, estos upadhis pueden ser reducidos en cuatro grupos. Entonces, como su conciencia nunca se centró en el segundo o tercer principio, cuya composición consta de estados de materia (o mejor, de “sustancia”) en planos diferentes, cada uno correspondiendo a uno de los planos y principios en el kosmos, es necesario formar eslabones entre el primero, el cuarto y el quinto principio y también las correspondencias entre ciertos fenómenos vitales y psíquicos. Estos últimos pueden ser convenientemente clasificados con el cuerpo físico bajo un título y dejados a un lado durante el trance (Samadhi) y también después de la muerte, conservando, así, sólo los cuatro exotéricos tradicionales y metafísicos. Por lo tanto, toda acusación de enseñanza contradictoria, basada en este simple hecho, resultaría ser, obviamente, inválida. Como dijimos: la clasificación de los principios, de forma septenaria o cuaternaria, depende totalmente del punto de vista del cual se consideran. Cuál clasificación adoptamos es puramente un asunto de elección. Sin embargo, rigurosamente hablando, tanto la física oculta como la profana, favorecen la septenaria por estas razones.
En el buddhismo y en el brahmanismo exotérico o esotérico existen seis Fuerzas de la naturaleza; y la séptima es la Fuerza universal o la Fuerza absoluta, la síntesis de todas. Nuevamente, la naturaleza, en su actividad constructiva, da la nota clave a esta clasificación en más de una manera. En el tercer aforismo de Sankhya karika se afirma: “Prakriti es la raíz y la sustancia de todas las cosas”, Prakriti o la naturaleza, no es una producción, sino que la productora de siete cosas “que, producidas por ella, se convierten, a su vez, en productoras”. Por eso, en la naturaleza, todos los líquidos, cuando se separan de la masa Madre, comienzan por convertirse en esferoides (una gota) y, al formarse el glóbulo, éste cae, mas el impulso que se le imparte lo transforma, cuando toca la tierra y, casi invariablemente, en un triángulo equilátero (o el tres) y luego en un hexágono, después de que, de las esquinas de este último empiezan a formarse cuadrados o cubos como figuras llanas. Miremos el trabajo natural de la naturaleza, por así decir, su producción artificial o ayudada, el análisis de la ciencia en su laboratorio oculto. Observen los anillos coloreados de una burbuja de jabón y los producidos por la luz polarizada. Los anillos obtenidos, ya sea en la burbuja de jabón de Newton o en el cristal, mediante el polarizador, manifestarán, invariablemente, seis o siete anillos: “una mancha negra rodeada por seis anillos o un círculo con un cubo llano en su interior, circunscrito por seis anillos distintos”, siendo el círculo mismo, el séptimo. El aparato polarizador “Noremberg” saca a la objetividad casi todos nuestros símbolos geométricos ocultos, no obstante que esto no haga a los físicos más sabios.
El número siete está en la mera raíz de la Cosmogonía y de la Antropogonía ocultas; sin el cual no sería posible tener un símbolo que expresara la evolución desde su comienzo hasta sus puntos finales. Pues, el círculo produce el punto; éste se expande en un triángulo que, después de dos ángulos, regresa sobre sí mismo para formar el místico Tetraktis, el cubo llano. Este tres, al pasar en el mundo manifestado de los efectos, la naturaleza diferenciada, se convierte, geométrica y numéricamente, en 3 + 4 = 7. Los mejores cabalistas lo han demostrado por eras, desde Pitágoras, como también los matemáticos y los simbologistas modernos, uno de los cuales ha logrado arrancar, para siempre, una de las siete claves ocultas produciendo un volumen lleno de números que ha comprobado su victoria. Si cada uno de nuestros teósofos interesados en el asunto, leyera la maravillosa obra: El misterio hebreo egipcio, la fuente de las medidas, los matemáticos expertos se quedarán atónitos ante las revelaciones ahí contenidas. Pues muestra, en realidad, la fuente oculta de la medida mediante la cual se construyeron el kosmos y el ser humano y, mediante este último, la gran pirámide de Egipto, también todas las torres, los montículos, los obeliscos, los templos/cuevas de la India y las pirámides peruanas y mexicanas, todos los monumentos arcaicos, los símbolos en piedra de la Caldea, de ambas Américas e incluso de las Islas de Pascua, el testigo viviente y solitario de un continente prehistórico sumergido en medio del Océano Pacífico. Este libro muestra que, en todo el mundo existían los mismos números y medidas para la idéntica simbología esotérica; las palabras del autor sacan a relucir que la cábala es una “serie completa de desarrollos basados en el empleo de elementos geométricos que se expresan en valores numéricos fundados en valores integrales del círculo” (una de las siete claves que, hasta la fecha, sólo los Iniciados conocían), descubierta por Peter Metius en el siglo XVI y redescubierta por el difunto John A. Parker. Además, el libro muestra que el sistema del cual se derivaron todos estos desenvolvimientos, “antiguamente se consideraba fundado en la naturaleza (o Dios), siendo, prácticamente, la base o la ley de los esfuerzos del designio creador”; y que también es el fundamento de las estructuras bíblicas, porque se encuentra en las medidas dadas para el templo de Salomón, el arca de la Alianza, el arca de Noé, etc.; en síntesis, en todos los mitos simbólicos de la Biblia.
¿Cuáles son los números, la medida en que el Cubito sagrado se deriva de la cuadratura esotérica y que los Iniciados saben que están contenidos en la Tetraktis de Pitágoras? Es el símbolo primordial universal. Los números que hallamos en la Cruz Ansata egipcia y también (según yo) en la Svástica inda, “la señal sagrada” que adorna las mil cabezas de Sesha, el ciclo–Serpiente de la eternidad en el cual descansa Vishnu, la deidad en lo infinito y que también puede indicarse en el fuego triple (treta) de Puravas, el primer fuego en el Manvantara actual, entre los 49 (7 x 7) fuegos místicos. Es posible que este símbolo no se encuentre en muchos libros hindúes, sin embargo, en el Vishnu Purana y en otros Puranas, este símbolo y número son abundantes y bajo toda forma posible, como propongo probar en: La Doctrina Secreta. Por supuesto, todavía, el autor de La Fuente de las Medidas no conoce el alcance completo de lo que ha descubierto. Hasta ahora, él aplica su clave sólo al lenguaje y a la simbología esotérica de la Biblia y especialmente, de los libros de Moisés. Según mi opinión, el gran error del hábil autor es que aplica la clave que ha descubierto, principalmente a los elementos post–atlantes y casi históricamente fálicos de las religiones del mundo. Él siente intuitivamente que, en cuanto a esto, sólo en la Biblia hay un significado más noble, más elevado y más trascendental; mientras todas las demás religiones tienen una simple adoración sexual. Sin embargo, en la adoración pagana más antigua, este elemento fálico se refería, en verdad, a la evolución fisiológica de las razas humanas, algo que no se puede descubrir en la Biblia, porque no está (siendo el Pentateuco la más reciente de todas las escrituras antiguas). Sin embargo, lo que el erudito autor de La Fuente de las Medidas ha descubierto y probado, valiéndose de las matemáticas, es suficientemente maravilloso y basta para corroborar nuestra declaración: las figuras O Δ □ y 3 + 4 = 7, son la base, el alma de la cosmogonía y la evolución de la humanidad.




