- -
- 100%
- +
El autor, refiriéndose a la cruz ansata, el Tau de los egipcios y a la cruz cristiana, dice, a quienquiera que desee mostrar este proceso recurriendo al símbolo, que: “debe valerse de la figura del cubo abierto sobre un plano en conexión con el círculo, cuya medida se toma en los bordes del cubo. El cubo abierto se convierte, sobre una superficie, en una verdadera cruz o la forma tau y si a esta última le adherimos un círculo, obtenemos la cruz ansata de los egipcios con su obvio significado del origen de las medidas. Como a esta clase de medida se le hizo coordinar, también, con la idea del origen de la vida, asumió el tipo del hermafrodita y fue colocada, en realidad, como representación para cubrir esta parte de la persona humana en la forma hindú [...]” [Es el “hermafrodita Indranse Indra, la diosa naturaleza, Issa de los hebreos e Isis de los egipcios”, según las llama el mencionado autor en otro lugar.] “[...] Es evidente que, al paso que el cubo sólo tiene seis caras, la representación de la cruz como cubo abierto consta de una cara del cubo que es común a los dos brazos y se cuenta como perteneciendo a ambos. Entonces, mientras las caras representadas originalmente son seis, el uso de los dos brazos hace que se cuente el cuadrado como cuatro para el brazo vertical y tres para el horizontal, cuyo total es siete. Aquí tenemos el famoso cuatro, el tres y el siete de nuevo; el cuatro y el tres son miembros factores del problema de Parker (la cuadratura y los ‘tres cuerpos que giran’.) [...]”
Y son también los miembros factores en la construcción del universo y del hombre. Wittoba, un aspecto de Krishna y Vishnu es, por lo tanto, “el hombre crucificado en el espacio” o el “cubo abierto”, según se ha explicado (véase el Panteón de Moore para Wittoba). Es el símbolo más antiguo en la India y ahora casi perdido como también se ha perdido el verdadero significado de Vishvakarina y Vikkartana (el “Sol despojado de sus rayos”). Es la cruz ansata de los egipcios y viceversa. Y esta última, incluso el sistrum con sus brazos en cruz, es simplemente el símbolo de la deidad como hombre, por fálica que pueda haberse convertido luego, después del hundimiento de la Atlántida. La cruz ansata es, por supuesto, según la demostración del profesor Seyfforth, el seis con su cabeza, el siete. Seyfforth dice: “Es el cráneo con el cerebro, el asiento del alma con los nervios que se extienden a la espina dorsal, a los ojos y a las orejas. La piedra Tanis la traduce, repetidamente, como antropos (hombre). Además, tenemos el ank (vida) de los coptos o, propiamente dicho, alma, que corresponde al hebreo anosh, cuyo significado es alma. El anki egipcio significa: “mi alma.”
[no image in epub file]
En su síntesis significa los siete principios, los detalles, después. Ahora bien, la cruz ansata, como se presenta arriba, se ha descubierto también en los hombros de las estatuas gigantescas de las Islas de Pascua (en medio del Océano Pacífico), que son parte de un continente sumergido. Este resto se describe como: “un territorio densamente cubierto de estatuas ciclópeas, los vestigios de la civilización de un pueblo numeroso y culto”. Entonces, cuando Subba Row nos dice lo que había encontrado en los antiguos libros hindúes, según los cuales los adeptos antiguos de la India habían aprendido los poderes ocultos de los atlantes, se deduce, lógicamente, que los habitantes de las Islas de Pascua recibieron su división septenaria de los atlantes, así como nuestros adeptos de la “Isla Sagrada.” Esto debería dirimir la cuestión.
Dicha cruz Tau es siempre septenaria, bajo cualquier forma, es poliédrica, a pesar de que la idea principal es siempre una.
¿Qué son los oozas (ojos) egipcios, los amuletos llamados: “el ojo místico”, sino símbolos de lo mismo? Están los cuatro ojos en la hilera superior y tres más pequeños en la inferior. O de nuevo: el ooza con los siete luths que cuelgan de ahí, “cuya melodía combinada crea un hombre”, dice el jeroglífico. O nuevamente, el hexágono formado de seis triángulos, cuyos ápices convergen en un punto, siendo, así [no image in epub file] , el símbolo de la creación universal, acerca del cual Kenneth Mckenzie nos dice: “los Ppíncipes soberanos del Secreto Real lo usaban como anillo”, sin embargo, ellos no sabían que representaba la creación universal. Si el siete no tiene nexo alguno con los misterios del universo y de los seres humanos, entonces, a partir de los Vedas hasta la Biblia, todas las escrituras arcaicas: los Puranas, el Avesta y los fragmentos que nos han alcanzado, no tienen significado esotérico alguno y deben considerarse como lo hacen los orientalistas: un conjunto de cuentos infantiles.
Es verdad que los tres upadhis del Taraka Raja Yoga son: “los mejores y los más simples”, según la explicación de Subba Row en su breve artículo: “La división septenaria en diferentes sistemas indos”; pero esto sólo en el Yoga puramente contemplativo. Y Subba Row agrega: “Aunque hay siete principios en el hombre, existen sólo tres upadhis distintos, en cada uno de los cuales su Atma puede trabajar independientemente del resto. El adepto puede separar estos tres upadhis sin matarse a sí mismo. Él no puede separar los siete principios, el uno del otro, sin destruir su constitución”. Decididamente no puede. Esto es válido sólo con respecto a sus tres principios inferiores: el cuerpo, su prana y linga sarira (que en vida) son inseparables. El resto puede ser separado por no constituir una necesidad vital, sino mental y espiritual. En lo referente a lo que Subba Row observa en el mismo artículo, objetando al hecho que el cuarto principio “está incluido en el tercer kosa, pues dicho principio es únicamente un vehículo del poder de la voluntad, que es sólo una energía de la mente”, le contesto que así es. Sin embargo, como los atributos superiores del quinto, (Manas), constituyen a la tríada original y sólo las energías, los sentimientos y los deseos terrestres son los que quedan en Kama loka, pregunto: ¿qué es el vehículo, la forma astral, que los transporta como bhoota hasta que desaparecen, lo cual puede tardar siglos? ¿Puede la “falsa” personalidad o el pisacha, cuyo ego está constituido, precisamente, de todas estas pasiones y sentimientos terrenales, quedar en Kama loka y, ocasionalmente, aparecer sin un vehículo sustancial, por etéreo que sea? ¿O deberíamos, quizá, abandonar los siete principios y la creencia de que existe algo como un cuerpo astral y un bhoot o un fantasma?
Por supuesto que no. Pues, el mismo Subba Row explica, una vez más, cómo, desde el punto de vista hindú, el quinto inferior o Manas puede reaparecer después de la muerte, observando, muy exactamente, que es absurdo llamarlo un espíritu desencarnado. Pues, como él mismo dice: “es simplemente un poder o fuerza que conserva las impresiones de los pensamientos o las ideas del individuo en cuya composición entró originalmente. A veces llama en su ayuda al poder Kamarupa, creando para sí alguna forma particular etérea”.
Ahora bien, esto que: “a veces llama en su ayuda” a Kamarupa y el “poder” homólogo, ya constituyen dos principios y podríamos llamarlos dos “poderes.” Después tenemos a Atma y a su vehículo, Buddhi, cuyo total es cuatro. Con los tres que han desaparecido en la tierra, obtenemos siete. ¿Cómo podemos, entonces, hablar del espiritismo moderno, de sus materializaciones y de otros fenómenos, sin recurrir al septenario?
Vamos a citar a nuestro amigo y hermano, muy respetado, por última vez, pues él dice que: “nuestros filósofos arios han asociado siete poderes ocultos con los siete principios (en el hombre y en el kosmos) y estos siete poderes ocultos corresponden o son las contrapartes, en el microcosmo, de los poderes ocultos en el macrocosmo”, una frase muy esotérica. Es casi una lástima que las palabras inoportunas pronunciadas en una conferencia, por interesante que sea, se hayan publicado sin revisión.
H. P. Blavatsky
Reclasificación de los principios
En la revista Theosophist del mes de mayo de 1887, encuentro la primera parte de un largo artículo explicativo de Subba Row, en el cual se ha tomado la molestia de analizar, minuciosamente, casi todo lo que he escrito en los últimos diez años sobre el asunto en cuestión.
Mi primer pensamiento fue el de no contestar a su “respuesta”. Sin embargo, después de volverla a leer detenidamente, he llegado a la conclusión que no sería prudente hacer esto. El artículo al cual me refiero es un manifiesto y ya no puedo sostener la impresión de que era sólo un aparente desacuerdo. Estos miembros y exmiembros de nuestra Sociedad que se han regocijado en las observaciones de Subba Row, han deducido que ellos tenían razón y yo no. Puesto que no admito, por lo menos en nuestro caso, que “una casa dividida en lucha consigo misma” debe caer, pues la Sociedad Teosófica nunca podrá caer mientras que sus cimientos sean fuertes, considero que este desacuerdo, aunque real, no tiene gran importancia ni es vital. Sin embargo, si no contestara a las censuras en cuestión, se deduciría, inmediatamente, que los argumentos me habían callado o, peor aún, que había expuesto una doctrina infundada.
Antes de decir algo más sobre el tema principal, debo expresar mi sorpresa al constatar que el letrado autor hacía constante referencia a mí como su “crítica.” Nunca lo he criticado, ni sus enseñanzas, ya sean orales o escritas. Simplemente lamenté notar en la revista Theosophist, palabras calculadas, como pensé entonces, para crear falsas impresiones. La posición asumida por el orador de las conferencias sobre el “Bhagavad Gita” fue inesperada y también inédita para mí, y mis observaciones se proponían ser las más amistosas posible. Tampoco ahora soy inducida a escribir por otros sentimientos. Puedo sólo lamentar y nada más, que estos nuevos desarrollos de ideas surjan ahora, después de siete años de acuerdo tácito, si no efectivo.
Tampoco encuentro, en la página 450 de la revista Theosophist del mes de abril, algo que implique, incluso remotamente y, aún menos, “probablemente”, que apruebo los puntos de vista según los cuales “la enseñanza original había sido criticada”. Simplemente dije que: “algunos (teósofos) argumentaron que parecía una crítica.” En cuanto a mí, siento demasiada reverencia por los maestros “originales” a fin de admitir que algo que se diga o se haga, pueda ser, jamás, “una crítica” de sus enseñanzas. Sin embargo, si se me considera, personalmente, como “la que expuso esto originalmente”, no puede haber crítica alguna. En el peor de los casos es un desacuerdo de opiniones personales. En la Sociedad Teosófica cada uno es libre de expresar plenamente sus ideas; yo también, entre el resto, especialmente cuando sé que estas opiniones son las del esoterismo trans–himaláyico, si no del brahmanismo cis–himaláyico, como se me dice claramente ahora, por primera vez. Por lo tanto, las siguientes palabras que escribí en la nota no se dirigían a Subba Row: “por supuesto, los que no se adhieren a la antigua escuela de adeptos arios arhat, no están para nada obligados a adoptar la clasificación septenaria”. Estas palabras se aplican, muy inocentemente y según lo que yo pensé, libremente, a cada miembro de nuestra Asociación. El por qué mi amigo T. Subba Row las haya aplicado a sí mismo es una de esas combinaciones misteriosas, indudablemente desenvueltas por mi karma y traspasa mi comprensión. Esperar que un brahmino, un vedantino (ya sea ocultista o no), acepte, en su significado literal, las doctrinas de los adeptos buddhistas (aunque arios), es como esperar que un cabalista occidental, un israelita por nacimiento y por manera de pensar, se adhiera a Buddha y no a Moisés. Acusarme, basándose en esto, de dogmatismo y de un deseo de desarrollar: “un credo ortodoxo” de las doctrinas que he tratado de explicar a quienes están interesados en el ocultismo buddhista, es bastante duro. Todo lo anterior me obliga a dilucidar mi posición pasada y presente. Puesto que la segunda porción de la respuesta de Subba Row difícilmente contendrá acusaciones más intensas de las que se hallan en la primera, pido el permiso de afirmar que:
a. Ni los “fragmentos de verdades ocultas” originales, ni siquiera “el buddhismo esotérico”, se proponían exponer la filosofía brahmánica, sino la de los arhats trans–himaláyicos, como afirma correctamente Subba Row en su artículo: “El brahmanismo sobre el principio septenario en el hombre”, “es extremadamente difícil mostrar (¡a la profana H.P.B!), si es que los tibetanos derivaron su doctrina de los antiguos rishis de la India o si los brahminos antiguos aprendieron su ciencia oculta de los adeptos del Tíbet o si los adeptos de ambos países profesaron, originalmente, la misma doctrina, derivándola de una fuente común [...] Cualquiera que sea el caso, los antiguos adeptos de la India aprendieron el conocimiento de los poderes ocultos de la naturaleza poseído por los habitantes de la Atlántida perdida y estos adeptos lo agregaron a su doctrina esotérica enseñada por los residentes de la isla sagrada (Sham–bha–la). Sin embargo, los adeptos tibetanos no han aceptado esta añadidura a su doctrina esotérica”. [...] Así, a los lectores del Theosophist se les dijo, desde el principio (en 1882), que “deberían esperar encontrar una diferencia entre las dos doctrinas”. Una de dichas “diferencias” se halla en la exposición exotérica o la forma de presentación del principio septenario en el hombre.
b. Aunque las doctrinas fundamentales del ocultismo y de la filosofía esotérica son una, y las mismas en todo el mundo, y ese es el significado secreto bajo la cáscara externa de cada religión antigua, por más conflictiva que sea en apariencia, [siendo cada una] el resultado de la religión–sabiduría universal de la cual procede, las maneras de pensar y sus expresiones deben ser, necesariamente, diferentes. Por ejemplo: los adeptos trans–himaláyicos han empleado palabras sánscritas como jiva, cuyo significado, en las aplicaciones verbales, difiere ampliamente del que tiene entre los brahmines de la India.
c. Nunca me he ufanado de tener algún conocimiento del sánscrito y cuando vine a la India por última vez, en 1879, conocía muy superficialmente las filosofías de las seis escuelas del brahmanismo. Nunca pretendí enseñar sánscrito ni explicar el ocultismo en aquel idioma. Afirmé conocer la filosofía esotérica de los ocultistas trans–himaláyicos y nada más. Nuevamente, lo que sabía era que: la filosofía de los antiguos Dwijas e Iniciados no difería, ni podía diferir, esencialmente, del esoterismo de la “religión–sabiduría”, así como no diferían de ella el antiguo zoroastrianismo, la filosofía hermética o la cábala caldea. He tratado de probarlo traduciendo, en las palabras de la filosofía brahmánica, los términos técnicos empleados por los arhats tibetanos acerca de las cosas y los principios, según se han adoptado en la enseñanza trans–himaláyica (y que, cuando se dieron a Sinnett y a otros, sin sus equivalentes sánscritos o europeos, quedaron ininteligibles como lo serían para todos en la India). Pude haber fracasado en hacer esto correctamente, es muy probable que así sea; y he cometido errores, nunca pretendí ser infalible, pero ésta no es una razón por la cual la división septenaria debería considerarse “anticientífica.” Que era enigmática, ya lo he admitido, sin embargo, una vez que se haya explicado adecuadamente, es la correcta, aunque, en la metafísica trascendental, la división cuádruple puede funcionar otro tanto bien. En mis escritos en el Theosophist, siempre consulté brahmines que hablaban sánscrito, que eran eruditos, e incluso no muy eruditos, dando crédito, a cada uno de ellos, por conocer el valor de los términos sánscritos mejor que yo. Por lo tanto, la cuestión no es si es que pude o no pude haber usado los términos sánscritos equivocados, sino si las doctrinas ocultas que he expuesto son las correctas, por lo menos las de “la doctrina Ario–Caldea–Tibetana”, según llamamos la “religión–sabiduría universal”. (Véase, en este libro, la primera nota que agregué al artículo: “El Brahmanismo sobre el principio septenario en el hombre” de Subba Row.)
d. Al decir que la clasificación septenaria de los principios es absolutamente necesaria para explicar los fenómenos después de la muerte, sólo repito eso que siempre dije y que todo místico entenderá. “La clasificación septenaria es la correcta una vez que pasamos, desde el plano del puro razonamiento subjetivo (o metafísico y por ende, puramente teórico), sobre asuntos esotéricos, al de la demostración práctica en ocultismo, donde cada principio y atributo (inferior) debe analizarse y definirse en su aplicación [...] a la vida después de la muerte (la de los fantasmas y de los pisachas)”. Estas son mis palabras que cada espiritista entenderá. Los metafísicos vedantinos, al negar la realidad objetiva o la importancia, también, de nuestro cuerpo físico, no perderán su tiempo en subdividir los principios humanos inferiores, los aspectos y la naturaleza compuestos del fantasma de ese cuerpo. El ocultismo práctico los divide y uno de los deberes de esos teósofos que estudian el ocultismo, es el de avisar a sus hermanos de los peligros que corren quienes nada saben de la naturaleza real de esas apariciones: avisarles que un cascarón no es un “espíritu”. Constato que esto que he declarado se tilda de: “simplemente absurdo”. Como nunca consideré absurdo lo que Subba Row haya dicho o escrito, no podía desquitarme, aun cuando quisiera, por lo tanto puedo sólo pronunciar que él es poco amable y oponerme a la calificación de absurdo. Si Subba Row encarase “la demostración práctica” en los fenómenos espirituales y las llamadas “materializaciones de los espíritus”, pronto se daría cuenta que sus cuatro principios nunca podrán cubrir el terreno de esta clase de fenómenos. Incluso el aspecto inferior del principio de manas (cerebro físico o su sobrevivencia aúrica después de la muerte) y de kama rupa, apenas explican los principios aparentemente inteligentes y espirituales (bhut o elementos) que se manifiestan a través de los médiums.
e. Acusar a la “emisora original (?)” de haber cambiado sus concepciones acerca de la naturaleza de los principios, no es coherente con el hecho ni con la verdad. “Nunca las he cambiado, ni siquiera podría hacerlo”. En esto afirmo mi derecho, así como lo hace Subba Row, de que mi evidencia es: “la mejor y la más directa disponible en lo referente a mis estados de conciencia”. Pude haber usado las expresiones sánscritas equivocadas (e incluso pude haber escrito frases en un inglés torpe), al paso que trataba de combinar las doctrinas ocultas arhat con las brahmánicas. En lo referente a esas concepciones, mis “cuatro principios” deben desintegrarse y desvanecerse en el aire, antes de que alguna crítica pueda hacerme considerar mis diez dedos como cuatro; aunque, de manera metafísica, estoy plenamente preparada en admitir que existen sólo en mis percepciones y estados de conciencia mayávicos.
f. Subba Row recurre al Buddhismo esotérico, al Elíxir de la vida, y al Hombre, quedando satisfecho con atribuir todos sus pecados de omisión y de acción a la “emisora original”. Esto no es justo. La primera obra se ha escrito totalmente sin mi conocimiento y según lo que el autor entendió de esas enseñanzas de cartas que él había recibido, por lo tanto: ¿qué tengo que ver con ellas? El autor de El elíxir de la vida escribió bajo dictado directo o inspección, en su casa, en un país muy lejos, donde estuve, por primera vez, dos años atrás. Finalmente, Hombre fue totalmente reescrito por uno de los dos “chelas” y de los mismos materiales que aquellos usados por Sinnett en El buddhismo esotérico; pues, cada uno de los dos había entendido las enseñanzas a su manera. ¿Qué tenía, yo, que ver con los “estados de conciencia” de los tres autores, dos de los cuales escribían en Inglaterra mientras yo estaba en la India? El hecho de que hubo una mezcla confusa, Subba Row puede atribuirlo a una falta de precisión científica en las “enseñanzas originales”. Nadie atribuiría estos defectos a las conferencias sobre el “Bhagavad Gita” de Subba Row. Sin embargo, entre nuestros miembros, ya he oído tres o cuatro personas inteligentes exponer estas tres conferencias (las que ya han aparecido), en tres modos diametralmente diferentes y opuestos.
Creo que esto es suficiente. No cabe duda que La doctrina secreta contendrá declaraciones aun más heterodoxas, desde el punto de vista brahmínico. Nadie es obligado a aceptar mis opiniones o enseñanza en la Sociedad Teosófica, una de cuyas reglas sólo impone la tolerancia mutua de las opiniones religiosas. Nuestro grupo es totalmente no sectario y “sólo exige de cada miembro, esa tolerancia de las creencias ajenas que él desea recibir para su fe”.
La mayoría de nosotros ha ignorado esta regla de oro como también todas las demás, que lástima.
H. P. Blavatsky
Конец ознакомительного фрагмента.
Текст предоставлен ООО «ЛитРес».
Прочитайте эту книгу целиком, купив полную легальную версию на ЛитРес.
Безопасно оплатить книгу можно банковской картой Visa, MasterCard, Maestro, со счета мобильного телефона, с платежного терминала, в салоне МТС или Связной, через PayPal, WebMoney, Яндекс.Деньги, QIWI Кошелек, бонусными картами или другим удобным Вам способом.




