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González, Fernando, 1895-1964
Santander / Fernando González. – 4 ed. – Medellín: Editorial EAFIT, Corporación Otraparte, 2021.
360 p.; 20 cm.-- (Biblioteca Fernando González)
ISBN 978-958-720-729-3
ISBN 978-958-720-732-3 (versión EPUB)
1. Santander, Francisco de Paula 1792-1840 – Biografía. 2. Próceres de la independencia – Colombia. 3. Ensayo histórico. 4. Colombia – Historia –1819-1831. I. Tít. II. Serie
923.5861 cd 23 ed.
G643
Universidad EAFIT – Centro Cultural Biblioteca Luis Echavarría Villegas
SANTANDER
1940
PRIMERA EDICIÓN: BOGOTÁ, EDITORIAL ABC, ABRIL DE 1940
SEGUNDA EDICIÓN: MEDELLÍN, BEDOUT, MAYO DE 1971
TERCERA EDICIÓN: MEDELLÍN, UNIVERSIDAD PONTIFICIA BOLIVARIANA, NOVIEMBRE DE 1994
CUARTA EDICIÓN EN LA
COLECCIÓN BIBLIOTECA FERNANDO GONZÁLEZ
OCTUBRE DE 2021
© Corporación Otraparte
© Editorial EAFIT
Carrera 49 # 7 Sur - 50, Medellín
Tel. 261 95 23
http//www.eafit.edu.co/fondo Correo electrónico: fonedit@eafit.edu.co
ISBN: 978-958-720-729-3
ISBN: 978-958-720-732-3 (versión EPUB)
Editores: Carmiña Cadavid y Gustavo Restrepo
Diseño y diagramación: Alina Giraldo Y.
Universidad EAFIT | Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto Número 759, del 6 de mayo de 1971, de la Presidencia de la República de Colombia. Reconocimiento personería jurídica: Número 75, del 28 de junio de 1960, expedida por la Gobernación de Antioquia. Acreditada institucionalmente por el Ministerio de Educación Nacional hasta el 2026, mediante Resolución 2158 emitida el 13 de febrero de 2018.
Prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio o con cualquier propósito, sin la autorización escrita de la editorial.
Editado en Medellín, Colombia
Diseño epub: Hipertexto – Netizen Digital Solutions

CONTENIDO
PRÓLOGO
El lienzo
Problema del héroe nacional
CAPÍTULO PRIMERO
Nacimiento e infancia.—Santander antioqueño.—Hombre representativo y padre de la nacionalidad colombiana.—Los curas.—Sus padres.—Preñez y gestación.—Hombre de frontera.—Hombre cubierto.—Josefa.—Se come las pruebas.—Estudio grafológico.
CAPÍTULO SEGUNDO
El seminario.—Ambiente clerical.—La confesión.—Curas y rábulas.—Camilo Torres.— Emigdio Benítez.—Frutos Gutiérrez.—Custodio García Rovira.—Examen de práctica forense.—El caraqueño.—Paralelo entre los dos niños, Simón y don Pacho.—Rousseau.—Simón Rodríguez.—El Emilio y su influencia.
CAPÍTULO TERCERO
Estado social en 1810.—El criollo aspira al poder.—Bolívar formó la raza.—Descripción de Suramérica.—Voltaire destruye.—Rousseau crea.—Diferencia de Bolívar con todos los “patriotas”.—Sociología del norte y del sur de Hispanoamérica.—San Martín y Miranda.
CAPÍTULO CUARTO
El veinte de julio de 1810.—Iluminación de Francisco de Paula.—Vicente Azuero.—Francisco Soto.—Florentino González.—Vargas Tejada.—Santander armado caballero de las leyes.—Su programa.—En busca de un empleo para comenzar.—Santander abanderado.—El virrey y la virreina presos.—Remordimientos coloniales.—¿Morir? ¡Nunca!...
CAPÍTULO QUINTO
La Patria Boba.—Los actores impersonales de la tragicomedia.—Descripción del “pathos” a vista de águila.—Nariño.—Camilo Torres.— Centralismo y federalismo.—Santander en Honda.
CAPÍTULO SEXTO
Santander masón-aprendiz.—La piedra bruta.—El hermano terrible.—La palabra sagrada.—El juramento.—El venerable maestro.— El Gran Arquitecto del Universo.—Santander se pasa a sus maestros.—Correspondencia de Nariño con Baraya y Caldas.—Santander herido.
CAPÍTULO SÉPTIMO
Manifiesto de Cartagena.—Jinetes venezolanos.—Camilo Torres deslumbrado.—Nariño enfermo.—¿Quién es Simón Bolívar?—Miranda.—Napoleón.
CAPÍTULO OCTAVO
El alma pálida de Santander.—Muerte de H.˙. Bailli.—La política de Tunja.—Conspiración del Mayor Santander contra Bolívar.—Torres y Nariño, orgullo de la Nueva Granada.—Los libertadores granadinos.—Primera producción literaria de Santander.—Vuestro héroe nacional.
CAPÍTULO NOVENO
Santander desprestigiado en Cúcuta.—Sargento-liebre.—¿El hombre de Susa será el sargento?—La llanura de Carrillo.—Lomapelada.—Capachos.—¡Serás coronel!—Heroísmos: “Una bala roza la mano que tenía puesta”…
CAPÍTULO DÉCIMO
Santander, abismo perfecto.—Sus reacciones.—Bolívar, por segunda vez en Nueva Granada (1814-1815).—Captura de Santafé.—Santander vence a Bolívar sin dejar huellas.—Don Custodio, Castillo, el clero, el padre Omaña, el canónigo Marimón.—Partidos políticos de la época.
CAPÍTULO ONCE
Ana Francisca de Ochoa.—Santander historiador.—José Manuel Restrepo y J. M. Baraya.—Hermosa retirada.—Cachirí.—Santander traiciona a don Custodio.—Santander huye con la Virgen de Chiquinquirá.—Paso de la tarabita sobre el Rionegro.
CAPÍTULO DOCE
Trinidad de Arichuna.—Excelentísimo Señor Presidente de la República de Casanare.—Jefe Supremo Militar.—Ternera llanera.—Páez.— Santander destituido.—Disolución de la República de Casanare-Apure.—Reacciones de Santander.—Campaña del Arauca.—Santander, soldado de infantería.
CAPÍTULO TRECE
Santander tiene miedo a la muerte.—Un instinto granadino le guía.—Encuentro con Bolívar en Pao.—Héroe interior.—Prestamista.—Sus amores.—Francisco Antonio Zea.— Dos antioqueños en el Orinoco.—Campaña de 1818.—El Rincón de los Toros.
CAPÍTULO CATORCE
Nace la idea de la campaña de Boyacá.—José Félix Blanco o Miguel Talamás.—Crueldades de los españoles en Nueva Granada.—Policarpa.—Nueva Granada lista para la independencia.—Santander, General de Brigada, hacia Casanare.—Páez lo detiene.—Su obra en Casanare.—“Siquiera un par de victorias”.— Retirada.—“Tenía preparado un trique”.
CAPÍTULO QUINCE
Campaña de Mantecal a Boyacá.—El secreto.—Cómo trabaja el genio: convierte el mal en bien.—En Llano Miguel realiza Bolívar la emancipación de Suramérica.—Páramo de Pisba.—Puente de Gámeza.—Santander contuso.—Pantano de Vargas.—Boyacá.
EPÍLOGO
NOTAS AL PIE
Prólogo
EL LIENZO
¿Cuál el lienzo para el retrato de Santander? En el ambiente psíquico del autor se recortará la imagen del que vamos a resucitar. Definamos nuestro ambiente.
Todo lo que sucede estuvo latente en la realidad anterior y está grávido del futuro. El drama histórico es desarrollo, en zigzag, hacia el equilibrio divino, conjeturan unos, y en eterno retorno, suponen otros. Los hombres intervienen en la historia como expresiones de la latencia, de lo que subyace y que brega por manifestarse. De ahí que el universo sea voluntad y representación. Hombres históricos son aquellos en quienes encarna la potencia en forma de instintos y reacciones actuantes; en ellos o por ellos se representan los pueblos y la humanidad toda. De ahí el criterio para medir el grado de historicidad de un personaje, que consiste en la cantidad de latencia que representa.
Como vemos, de aquí está ausente la vulgar idea de causa: lo que comunica su ser a otro; creación de la nada. Y está ausente la noción de libertad. No caben aquí insultos ni alabanzas. Nadie es culpable ni tiene gracia: el Ser, el único, la sustancia, se representa en desarrollo lógico, que se llama vida, y, en cuanto se refiere al hombre, historia. No cabe en este lienzo sino: ¿quién era Santander, qué hizo y por qué? ¿Qué significa?
¿Quién tuvo la culpa de la Guerra Europea? Buen título para libro de políticos, que escriben tácticamente, es decir, para incitar determinado entusiasmo o pasión. Nuestra pregunta es: ¿por qué esa guerra?
¿Quién tuvo la culpa de la Conspiración, y de la muerte de la Gran Colombia? Cuestionario para políticos que deseen alindar su lote de terreno inculpando al vecino, creando odios, que es como se hacen y afirman las fronteras. Nosotros sabemos cómo nacen el diablo y las nacionalidades: el diablo es el dios de los vecinos, y la frontera psíquica son los contrastes, los odios.
En tal sentido (y como los nacionalismos cumplen función biológica en el desarrollo histórico) decimos que los prejuicios y las visiones incompletas son instrumentos en la marcha de la humanidad, constituyen el drama.
Nosotros, los de este lienzo, nos preguntamos: ¿por qué conspiraron contra Bolívar, se disgregó la Gran Colombia, y por qué Suramérica es como la vemos y para dónde va?
¿Qué panorama se nos ofrece desde esta altura? La actividad de Bolívar es el círculo grandioso del cóndor, dentro del cual vuelan otras aves de menor plumaje y, a pesar de que el círculo las comprende, revolotean en sentidos opuestos las unas de las otras. O bien, es como flechas que se dirigen al norte, al sur, al oriente…, pero que están dentro de la circunferencia.
Bolívar es el Libertador, lo cual significa quebrantador de fronteras: formas históricas y psíquicas.
San Martín, Santander, O’Higgins y Washington son creadores de fronteras, héroes nacionales. Bolívar representa el impulso latente que va unificando al género humano a través de la historia; los demás, al elemento conservador. La historia es el drama resultante del conflicto entre esas dos fuerzas. Los semejantes a Bolívar se llaman semidioses; los otros son los héroes nacionales.
¿Cuál fue y es el impulso bolivariano? Libertar todo el Continente; unificarlo, y unirlo a los otros; Panamá, centro de confederación universal; influir en el mundo entero; crear nuevas formas universales.
¿Cuál el impulso de los héroes nacionales? Libertar la Nueva Granada y gobernarla tras el escudo de las leyes y la intriga electoral. La democracia electorera fue la altura a que parece haber remontado el general Santander. Páez no alcanzó a ver sino la independencia del Apure, como su latifundio; sus energías vitales no daban para más. San Martín sólo percibió la independencia americana como monarquías europeas mejor organizadas que la colonia. Formado en Europa, vino ya viejo e hizo una campaña a la europea. En Chacabuco y Maipú se acabó. ¿Qué hacer con estos mestizos e indios?, preguntóse al llegar a Lima. Se retiró a Francia, desilusionado, soñando en monarquías.
Con las batallas de Boyacá y Carabobo, Santander y Páez quedaron satisfechos. Inducidos por el genio, tuvieron que ayudarle en su vuelo al sur, pero cada día con mayor desgano; y el genio envejeció, gastóse y se apagó en San Pedro Alejandrino. Su legado fue incitación para siglos.
En este lienzo todo se explica; a nadie se insulta ni se culpa; cada héroe da la latencia que representaba…
Creemos que este lienzo y las figuras en él destacadas corresponden a la serenidad de la inteligencia, que es donde reside la libertad. Creemos que estos héroes y aquel semidiós son dignos de ser ofrecidos a la juventud americana, a quien dedicamos este libro.
Hace ya ciento diez años que se deshilachó la Gran Colombia, período suficiente para afirmarse las nacionalidades, las fronteras: ya carece de objeto la literatura creadora de contrastes. La obra actual consiste en instigar a la comprensión a los pueblos suramericanos, pues llegó el momento de obrar unidos. Ya nos separamos y adquirimos conciencia de nuestras casas. Se trata ahora de ir confederándonos, segunda etapa, la que sigue a la separación. Luego vendrán las uniones internacionales, y, por último, el Género Humano, el último hombre de Nietzsche, impropio para la vida terrestre, listo para la vida celícola. ¿No se adivina en el drama histórico que tal será el fin de la humanidad?
Cuando a través de la brega (luchas, nacionalismos, odios y amores) los hombres se hayan comprendido, aparecerá el último hombre: último, porque ya no obrará, pues actuamos a causa de las pasiones, de la incomprensión; el dolor y la limitación son padres de la acción. Este último hombre ya no tendrá qué hacer en la tierra, y suponemos que pasará a otro astro o región en donde se le ofrecerá nueva escuela para su ascenso al equilibrio divino… ¿O será la vida aquella rueda, el eterno retorno? ¿Volverá a suceder este instante, volveremos a vivir a Santander, a estudiarle, siempre lo mismo y eternamente lo mismo según Heráclito y Nietzsche?
Así, pues, este retrato de Francisco de Paula Santander tiene como fines el de incitar la inteligencia, ayudar a los gobernantes de América, honrar a la humanidad, y está dedicado a la juventud americana.
PROBLEMA DEL HÉROE NACIONAL
Se nos presenta, en primer lugar, el problema del héroe nacional. ¿Cuál es su significado sociológico? Su papel es el de aglutinador de la nacionalidad cuyo dios es.
La nacionalidad se halla dispersa e inconsciente: entonces principia a concretarse alrededor del héroe nacional, como su núcleo. Pero entiéndase bien que la figura de éste no aparece de una vez, perfecta ya, sino que es fenómeno vivo y como tal va creciendo y perfeccionándose en la medida en que las necesidades de la nacionalidad, en formación también, lo exigen.
Así, el héroe nacional no es propiamente una figura histórica, sino que tiene de leyenda o de invención lógica de la nacionalidad a que sirve de núcleo: trátase siempre de personaje que fue histórico y sobre cuya historicidad va laborando la psiquis nacional, quitando aquí, agregando allí, puliendo, falsificando documentos mediante interpretación que tiene de lógica vital. En tal sentido diremos que el héroe nacional es padre y es hijo a un mismo tiempo de la nacionalidad. ¡Hermosos secretos de la biología!
* * *
Como Santander es un falso héroe nacional, el propósito de este libro es destaparlo. Colombia, guiada por él y sus hijos, que hoy nos gobiernan, va por torcido y oscuro camino que conduce a la enajenación de almas y tierra, cielo, mar y subsuelo. Un instinto poderoso, atracción por la verdad, nos guía en esta obra. Ella sería antipatriótica si realmente el Mayor Santander fuera representativo de los nueve millones de colombianos que poblamos este territorio. Pero no lo es, y una voz nos ordena destaparlo, para que la juventud le evite.
* * *
Refiriéndonos a los héroes nacionales de las actuales repúblicas suramericanas, viene el fenómeno triste: como el Libertador no fue ni puede ser héroe nacional, sino continental o universal, estos países, bajos aún en la escala biológica, al proceder a la formación de sus héroes, lo han hecho y realizan a expensas de Bolívar: le quitan de aquí a su gloria; le sustraen de allí a su acción; le roban en Colombia; le despojan en el Ecuador, y le insultan en Argentina y Perú. Porque ante esta obra de fatalidad biológico-social que se cumple en la formación de héroes nacionales, la necesidad no respeta nada; se nutre de lo que encuentra a mano, como la planta que aprovecha las oportunidades que la rodean. Lo que se oponga a la figura naciente, al progreso formativo de esos núcleos de nacionalidades, es destruido. Y como Bolívar es el único que dio grandeza épica a la emancipación, vivificando a las montoneras del continente americano, ha resultado preciso robarle, aminorarle, para que sean posibles los héroes nacionales. ¿Cómo hacer grande a Santander si no disminuyen a Bolívar? ¡Robémosle, pues, la campaña de Boyacá…! ¿Cómo engrandecer a Páez, al llanero valentón? ¿Cómo gestar a San Martín, sino a expensas del Libertador?
* * *
El universo se compone de formas determinadas cuyo conjunto es otro organismo. Y ni los individuos, ni los pueblos, ninguna cosa acrece su energía expansiva sino por su limitación: concretarse para obrar; encerrar el explosivo dentro de la cápsula; recogerse para dar el brinco; nacimiento de la familia, del municipio y de la provincia… El papel sociológico del héroe nacional es agrupar, fortalecer el grupo, crear la nacionalidad.
Porque comprendemos las necesidades vitales, perdonamos, desde esta altura, el cruel despojo que hacen de Bolívar. Y si el Mayor Santander respondiera a las necesidades de la actual Colombia, si no fuera héroe falsificado, este libro carecería de finalidad.
Ya no vemos en América sino héroes nacionales y cada vez más befada, más robada, la figura histórica del Libertador. Una necesidad biológica, mal dirigida por los llamados directores de la juventud, hace que inconscientemente algunos y con perversidad los más, le hayan robado a Bolívar hasta la sublime campaña de 1819 desde Mantecal a Boyacá, y que oligarcas de Buenos Aires, y peruanos, que son los huérfanos de héroe en Suramérica, le roben la libertad del Perú. Pero de varias formas aparece otra: de las células, el animal o vegetal; de los individuos, el municipio; y de estos, la república.
De las nacionalidades en formación de América, tenemos el Continente, y de los continentes, la sociedad humana. Hay seres que trabajan sociológicamente en la formación de estos organismos universales. Más alto aún están Buda y Cristo, cuya brega fue por la formación de la unidad divina: los hijos de Dios. Con la sustancia única trabaja Spinoza y también Giordano Bruno.
¿Percibimos ya qué cosa es héroe nacional y quién es Bolívar? ¿Comprendemos ya que no es posible comparar, equiparar al héroe con el dios? ¿Cómo concebir a Bolívar de héroe nacional, de héroe de Colombia o del Perú? ¿Y a Cristo como héroe nacional hebreo? ¿A Buda, hindú?
* * *
El héroe nacional es necesario, es manifestación sociológica de este drama llamado historia.
¿Cómo se forma el héroe nacional?
Aquél que fue brazo y boca de los instintos, limitaciones y tendencias de un pueblo (gentes que desde largo tiempo conviven en terreno más o menos circunscrito), ese tal fue hombre fuerte, porque palabra y obra eran representativas (latencia biológica): el futuro se asomaba en él. Durante su vida aparece triunfante, bandera, a pesar de momentáneas derrotas (que son los momentos en que surgen instintos opuestos, anárquicos). Muerto, vive como símbolo y guion.
Y ¿cómo se forma su imagen histórica?
Los pueblos, inconscientemente, le quitan lo impropio y le aumentan virtudes: es la obra lenta de la purificación. En tal sentido la historia es mistificadora, pero mistificadora lógica y que responde a necesidades vitales del devenir. El pueblo va haciendo del héroe la imagen de lo que desea llegar a ser; en ella materializa su programa, encarna su futuro. Es el mismo génesis de los dioses, en escala menor. Dios es lo que nos falta y que anhelamos: es el hombre perfecto, el ideal en cada época de épocas. También el cielo es la morada en donde hallaremos lo que anhelamos, todo íntegro… No es Dios, pues, el creador del hombre, sino que éste crea a su imagen culminada a su Dios; y crea también su casa ideal, el Cielo, e inventa a su hombre político, el Héroe Nacional.
Así, sin culpa, es como se falsifican los documentos, destruyendo los perjudiciales, interpretando favorablemente las dudas y creando las leyendas. ¡Inmenso poder del espíritu humano, que se unifica con el todo en el abismo (subconsciencia) y cuya cima lleva lucecilla admirable, engañosa pero divina: la conciencia! ¡Inmenso poder del espíritu humano, con su facultad de olvidar lo perjudicial, y agrandar y tener presente lo que le conviene! ¡Creador así de dioses, cielos y naciones! En tal sentido el hombre es creador…
* * *
El espíritu neogranadino que aún perdura como elemento oficial, gobernante, dirigente de Colombia, del general Santander ha olvidado la cobardía, ha cubierto la pequeñez y le ha envuelto en la gloria de Bolívar: por eso aparece hoy, a los cien años de su muerte, como el indudable héroe nacional de los granadinos de 1940…
Pero hoy somos en Colombia nueve millones de nativos, ya todos de la misma color, sin castas, dispersos en territorio de un millón doscientos mil kilómetros cuadrados, sin aglomeraciones como la de Buenos Aires en Argentina, sin problema racial, demócratas, ricos y prometedores… De este pueblo no es héroe nacional el general Santander.
De la capa neogranadina que cubre y tiene atontado a este gran pueblo que ya va a nacer a la conciencia política, ¡sí es héroe nacional el Mayor Santander!
Por eso este libro está dedicado a la juventud. A la juventud colombiana que es, con la de México, la más americana por su sangre y por sus promesas de originalidad.
Santander es un amago de héroe con que quiere estafarnos la moribunda Nueva Granada.
* * *
Argentina es gran país, pero hidrocéfalo, cubierto por Buenos Aires. Allá también, los europeizantes, los nobles bonaerenses, han pretendido imponerles un héroe nacional, a San Martín, el general chileno y español: militar que no amaba a la Argentina, que en Chile arrió su bandera y que guerreó por mero amor al arte. El héroe argentino está entre los caudillos, Quiroga, Rosas o Irigoyen. Ponemos a éste, porque de los caudillos heredó su fuerza y el sentido histórico futurista: el único gobernante que en setenta años ha tenido Suramérica.
* * *
Para exponer la historia de la mistificación hecha en la Argentina en perjuicio del Libertador y a favor de San Martín por los oligarcas que desde Buenos Aires han dominado al gran pueblo, traeremos aquí los comprobantes. Valgámonos para ello de armas cogidas al enemigo. Se trata de robar a Bolívar la independencia del Perú, y es preciso atribuir a San Martín capacidad, pero desinterés… San Martín no representa la Argentina, no tiene respaldo en ella. Monarquista, despreciador de América e incapaz de la obra. Se acabó después de las batallas de Maipú y Chacabuco, y traicionó la obra iniciada en su campaña. Fue después, al ver ya libertada a América, cuando San Martín habló nuevamente de tales negocios…
Oigamos, para comprobarlo, las palabras de Sarmiento y las de Mitre, padre y señor de la oligarquía del Plata:
PRIMERO.—San Martín no es manifestación americana.
“San Martín habíase educado en Europa y llegó a América, donde el gobierno era el revolucionario, y pudo formar a sus anchas el ejército europeo (subraya F. G.), disciplinarlo y dar batallas regulares, según las reglas de la ciencia. Pero si San Martín hubiese tenido que encabezar montoneras, ser vencido aquí para ir a reunir un grupo de llaneros por allá, lo habrían colgado a su segunda tentativa” (Domingo F. Sarmiento).
Vivió en América los primeros ocho años de su vida. Luego estuvo de 1812 a 1823. Vivió, pues, en América 18 años y murió setentón en Europa. En la Argentina propiamente vivió muy poco.
Definitivamente, en América hay monederos falsos: los oligarcas bonaerenses y los neogranadinos en Colombia.
SEGUNDO.—San Martín era incapaz de luchar en América.
“Una proclama de San Martín, que por su tono jactancioso contrastaba con su actitud modesta de vencedor (cuando llegó al Perú), llamó a las armas a los habitantes, prometiendo terminar la campaña en cuarenta días. No era imposible del todo tan gran resultado, si la palabra hubiese sido acompañada de la acción; pero lejos de esto, no sólo no dio nuevo impulso a la guerra, sino que la paralizó, cometiendo graves errores militares, que revelaban la falta de un plan fijo de operaciones o tan sólo un plan negativo. Había querido hacer una campaña pacífica, de evoluciones, conquistando sin batallas” (Bartolomé Mitre.—Historia de San Martín y de la Emancipación. Tomo 2.°, págs. 677 y 678).




