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Afortunadamente, Dios ha hecho posible que los seres humanos pecadores volvieran a amar sus leyes y su autoridad. Sin embargo, no podemos simplemente chasquear los dedos un día y decir: “¿Sabes? Creo que me encantarán las leyes de Dios. Creo que le daré la bienvenida a su autoridad”. En nuestro estado natural, los seres humanos encontramos que las leyes de Dios son muy desagradables. Se necesita un acto sobrenatural de parte de Dios para ayudarnos a amar sus leyes. A este acto sobrenatural lo llamamos “conversión”. Tendré mucho más que decir sobre esto en capítulos futuros.
Resumen sobre el reino de las tinieblas en el cielo
En el capítulo 1 describí cuatro características del Reino de la Luz: amor, ley, autoridad y libertad. En este capítulo he descrito una característica de nuestra naturaleza humana: las emociones. Esta es también una característica de Dios mismo y de todos los seres inteligentes que él creó. Hasta los animales tienen emociones.
Al establecer su reino de las tinieblas, Lucifer violó todas estas características. Se supone que nuestras emociones están bajo el control de la razón, pero Lucifer permitió que su orgullo impusiera su actitud hacia Miguel. Al hacer esto, violó el principio fundamental de la Ley de Dios, que es el amor. Dios dejó muy en claro a todos los habitantes del cielo el hecho de que Miguel tenía una posición más alta que cualquiera de los ángeles, pero el orgullo hizo que Lucifer rechazara esa declaración y se rebelara contra la autoridad de Dios. Veremos este patrón repetido una y otra vez a lo largo de la historia del conflicto entre el Reino de la Luz y el reino de las tinieblas, que terminará con el Armagedón.
Sin embargo, antes de continuar con la historia de este conflicto, necesitamos pasar unos momentos reflexionando sobre la creación de Dios en nuestro mundo.
27 Patriarcas y profetas, p. 16.
28 Elena de White, El conflicto de los siglos (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2015), p. 547.
29 Patriarcas y profetas, p. 14.
30 Elena de White, Primeros escritos (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014), p. 177.
31 Patriarcas y profetas, p. 16.
32 Ibíd., p. 14.
33 Íbíd.
34 Íbíd.
35 Véase especialmente el capítulo 1 de Patriarcas y profetas; El conflicto de los siglos, pp. 483-493; y Primeros escritos, pp. 145-147.
36 Patriarcas y profetas, pp. 14, 15.
37 Ibíd., p. 15.
38 Íbíd.
39 Ibíd., pp. 15, 16.
40 Ibíd., p. 15.
41 Íbíd.
42 Ibíd., p. 16.
43 Ibíd., p. 17.
44 Íbíd.
45 Ibíd., p. 18.
46 Íbíd; énfasis añadido.
47 Íbíd.
48 Ibíd., p. 15.
49 Ibíd., pp. 19, 21.
50 Ibíd., p. 19.
51 Ibíd., p. 20.
52 Ibíd., p. 16.
53 Ibíd., p. 16.
Capítulo 5
La creación del mundo
Cien trillones de ángeles, o cuantos haya en realidad, no fueron suficientes para Dios. Quería más, muchos más seres inteligentes a quienes pudiera amar. Entonces creó a los seres humanos. Pero antes de poder hacer eso, tuvo que crear un planeta en el cual pudieran vivir. ¡Y logró la hazaña en seis días literales! No tengo que contarte la historia (supongo que la has escuchado muchas veces).54
Mi propósito en este capítulo es reflexionar sobre el significado de la Creación.
Es fácil para nosotros, que estamos en círculos cristianos conservadores, decir que “Dios es el Creador” sin detenernos a reflexionar sobre todo lo que implica esta afirmación. Así que, reflexionemos.
Cuando las personas en los tiempos de la Biblia se referían a “los cielos”, no tenían idea de la inmensidad del universo. Lo pensaron en términos de lo que podían ver: el sol durante el día, y la luna y miles de estrellas en el cielo nocturno. Algunos estudiantes de la Biblia sugirieron que las personas pensaban que el cielo consistía en una cúpula hecha de una sustancia sólida, como el bronce, y que el sol, la luna y las estrellas consistían en agujeros en la cúpula que permitían que la luz del salón del Trono de Dios brillara. Los antepasados en realidad no pensaron en el cielo en esos términos,55 pero la idea sugiere la visión limitada del universo que tenían. ¿Cómo podría ser de otra manera? Podemos entender la naturaleza solo por la forma en que la percibimos con nuestros cinco sentidos, incluidos los instrumentos científicos que se hayan creado para extender el alcance de nuestros sentidos. Pero nuestros antepasados no tenían tales instrumentos. Estaban limitados a lo que podían ver con sus ojos y escuchar con sus oídos.
Avance rápido de dos o tres milenios. Los telescopios se inventaron en 1608. Cuando Galileo se enteró un año después, desarrolló uno propio, lo usó y descubrió que algunas de esas estrellas que brillaban en realidad eran planetas, mundos enormes como el que él habitaba. De repente, el concepto humano del universo cambió drásticamente. Sin embargo, eso fue solo el comienzo. A medida que los telescopios se hicieron más y más poderosos, los astrónomos y otros científicos se dieron cuenta de que la mayoría de esas pequeñas manchas en el cielo nocturno eran en realidad estrellas como nuestro sol. También se dieron cuenta de que el planeta Tierra estaba ubicado dentro de un grupo de estrellas que llamaron galaxia. Descubrieron que nuestro mundo está cerca del borde de esa galaxia y que lo que los seres humanos habían llamado la Vía Láctea era lo que vemos cuando miramos a través de esa galaxia, al otro lado. Allí se encontraba nuestra comprensión humana del universo a principios del siglo XX.
Pero luego vinieron naves espaciales, que pusieron un telescopio llamado Hubble en órbita alrededor de nuestro planeta, y de repente la visión del universo de los astrónomos explotó. ¡Ahora sabemos que hay miles de millones de galaxias en el universo y que la galaxia más lejana a la nuestra está a 13.400 millones de años luz de nosotros! Cuando hacemos una pausa para recordar que la luz viaja a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, la distancia desde la Tierra hasta los confines del universo está más allá de la capacidad de nuestra imaginación para comprender.
Pero ese no es el final de la historia. Otros científicos descubrieron que toda la materia está compuesta de átomos diminutos, que son tan pequeños que solo los microscopios más poderosos pueden “verlos”. Y los átomos consisten en neutrones y protones que giran dentro de ellos. La materia inorgánica está compuesta de innumerables átomos; y la materia orgánica se compone de células, que están formadas por millones de átomos que trabajan juntos como fábricas en miniatura.
Los planetas y las estrellas están formados por estos pequeños átomos; y los seres vivos, desde la ameba más pequeña hasta el elefante más grande, están formados por células que trabajan juntas para mantener con vida y funcionando al organismo.
Ahora deténgase a pensar acerca de lo que esto implica: Dios creó esos pequeños átomos y los agrupó para crear planetas, soles y galaxias. Lanzó esas galaxias al espacio exterior, lo que llamamos universo. Dios también creó células y las juntó para hacer amebas, elefantes y seres humanos que están vivos.
¡No puedo concentrarme en estas ideas! La sabiduría y el poder de nuestro Dios Creador son asombrosos. Pero podemos entender lo suficiente como para que podamos arrodillarnos y, junto a las cuatro criaturas vivientes alrededor del Trono de Dios, decir: “Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir” (Apoc. 4:8). Con los veinticuatro ancianos, podemos, en nuestra imaginación, inclinarnos ante Dios y cantar: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (vers. 11).
¡Luego Dios creó a los seres humanos!
El acto supremo de la creación de Dios fue el de los primeros dos seres humanos: Adán y Eva. Ellos fueron la razón por la cual Dios creó todo lo demás durante esos seis días. Preparó un mundo que sustentaría la vida humana, la vida animal y la vida vegetal. El Dios que hizo las estrellas gigantes, los átomos diminutos y las células vivientes también creó una ecología que estaba en perfecto equilibrio para que pudiera sostener la vida.
Dios creó a los seres humanos porque quería más seres inteligentes a quienes pudiera amar. Él nos creó como seres con cerebros físicos que son conscientes y pueden experimentar emociones, y con intelectos que pueden tomar información, procesarla y sacar conclusiones racionales. El gran propósito de nuestra conciencia, intelecto y emociones es que podemos amar a Dios, y a cambio experimentar su amor.
¡Hay más! Dios creó a estos primeros seres humanos con la habilidad de reproducirse a sí mismos. Así que, cada vez que un bebé naciera, Dios tendría un ser inteligente más a quien poder amar y que podría amarlo a él. Este niño crecería, se casaría y tendría hijos propios, y Dios tendría muchos más seres humanos inteligentes a quienes podría amar, y que podrían amarlo.
Ahora hagamos una pausa de nuevo para considerar la implicancia de todo esto. Hoy en día, el planeta Tierra tiene 7.500 millones de habitantes,56 y el número sigue creciendo. Y eso que siempre hay una generación que va muriendo. Pero la muerte no hubiera existido en el mundo ideal de Dios. Entonces, ¿cuál habría sido la población mundial actual si nadie moría? A estas alturas, ¡solo habría lugar para estar de pie! Esto le presentaría a Dios un gran dilema: ¿qué hacer con todos esos seres humanos extra? Como yo lo veo, habría tenido dos opciones para resolver el problema:57
Después de varios cientos de años, cuando el planeta hubiera alcanzado su número ideal de habitantes, Dios podría hacer que cada ser humano fuera estéril (o al menos esterilizar un género).
Podría crear más planetas como nuestro mundo, que serían capaces de sostener la vida y trasladar a algunos seres humanos de la Tierra para poblar esos nuevos mundos.
Creo que Dios tenía la intención de implementar la segunda opción. Después de todo, estaba buscando seres inteligentes adicionales con quienes pudiera tener relaciones fraternales, y se le ocurrió la brillante idea de que en lugar de crear a cada nuevo ser humano individualmente, haría a dos seres humanos inteligentes, un hombre y una mujer, que pudieran reproducirse. Su descendencia, en parejas de machos y hembras, crearía más machos y hembras para reproducirse y crear más machos y hembras ad infinitum. Y ahora que entendemos la vastedad del universo y los billones y trillones de otros planetas que existen ahí fuera, podemos empezar a entender para lo que Dios estaba trabajando. Tuvo que empezar por crear este vasto universo de soles y planetas para tener lugares donde poner a la siempre creciente multitud de seres humanos. Luego creó la primera pareja humana que comenzó el proceso de reproducción.
Así que, ahora la pregunta es, ¿cuánto tiempo le tomaría a la raza humana crear suficiente descendencia para llenar todos los planetas en el universo? Ese es un problema que dejaré que Dios resuelva.
El sábado
Hace varios años, el Departamento de Transporte de Idaho construyó un nuevo puente a través de la carretera interestatal 84, que pasa por Nampa, Idaho, cerca de donde vivo. Cuando la construcción estuvo terminada, la ciudad y el Estado planearon una gran ceremonia para celebrar la apertura del nuevo puente, como recuerdo (no estuve allí), con una ceremonia de inauguración, con corte de cinta incluido. Mi familia nunca pudo dejar de reírse de eso. ¿Una gran ceremonia para celebrar la apertura de un puente? ¡Vamos! Sin embargo, la gran apertura del puente ilustra un hecho importante de la vida en nuestro planeta: los seres humanos celebramos los eventos importantes en nuestras vidas, ya sean graduaciones, bodas o incluso la finalización de un nuevo edificio, como un salón de ciencias o un centro estudiantil universitario. Planificamos programas especiales para estos eventos e invitamos a las partes interesadas a unirse a nosotros para celebrarlos.
Dios también celebró su obra creadora de nuestro mundo en ese primer sábado. Así es como lo describe Génesis: “Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación” (Gén. 2:1-3).
Así como tenemos celebraciones como cumpleaños, matrimonios, reuniones de exalumnos y días de independencia nacional, Dios hizo del sábado un recordatorio semanal de su creación del mundo. Podemos extraer varias lecciones de lo que Génesis 2:1 al 3 nos dice sobre el origen del sábado.
¿Creación o evolución? Estos versículos sacuden la sentencia de muerte a cualquier noción de evolución.58Noten: “Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra”, y “acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo” (énfasis añadido).59 La creación de nuestro planeta con todos sus seres vivientes tomó solo seis días, y nada más. Al final del sexto día, la creación se detuvo. La teoría popular de la evolución considera que esta “creación” transcurrió durante un largo período de millones de años y todavía continúa. No es así según la Biblia. La Palabra de Dios dice que la creación fue terminada, hecha y detenida.
Algunos cristianos están tan convencidos de que la evolución es verdadera que tratan de unirla con el relato del Génesis. La llaman evolución teísta. Dios es el Creador, dicen, y la evolución es la manera en que él creó. En este escenario, los días de la creación se convierten en eones de tiempo que Dios usó para crear nuestro mundo y sus seres vivos mediante el proceso evolutivo. Sin embargo, la evolución teísta no resuelve el problema. Los versículos 1 y 2 de Génesis 2 dicen que en el séptimo día Dios acabó su obra de la creación. Tanto la evolución naturalista como la evolución teísta no cumplen con ese requisito bíblico. Por lo tanto, tenemos una opción: podemos aceptar el relato bíblico de los orígenes o el relato científico moderno, pero no podemos aceptar ambos. Son mutuamente excluyentes.
Una creación inmaterial. Todo lo que Dios hizo durante los primeros seis días fue físico: luz, aire, tierra y vegetación; sol, luna y estrellas; pájaros y peces; y animales terrestres y seres humanos. Pero el sábado está hecho de tiempo, no de materia. Los animales son muy conscientes del día y de la noche; pero para ellos, cada día de la semana es como cualquier otro día. No tienen mentes que puedan entender el concepto del sábado. Por lo tanto, Dios hizo el sábado estrictamente para los seres humanos, que tienen la inteligencia para distinguir entre el tiempo que es sagrado y el tiempo que no lo es.
El propósito del sábado. La pregunta entonces es: ¿por qué Dios creó el sábado para los seres humanos? En realidad, él no creó el sábado solo para la raza humana. Dios creó el sábado tanto para sí mismo como para nosotros. Ten en cuenta que Dios es el Dios de las relaciones, y creó a los seres humanos para que ellos pudieran relacionarse con seres inteligentes y, a la vez, que también pudieran relacionarse con él. No hace falta decir que Dios quiere relacionarse con nosotros los otros seis días de la semana, pero creó el sábado como un tiempo especial para que él tuviera una relación más íntima con nosotros. Ese es un pensamiento asombroso: esta Deidad que creó el vasto universo con sus galaxias, soles y planetas anhela una relación íntima con nosotros. Esa es la razón por la cual Dios nos creó y, por eso, apartó el sábado como un día especial de cada semana para profundizar esa relación.
El sábado como tiempo santo. ¿Qué hay en el sábado que lo hace santo? El hecho de que Dios declare el día como santo es parte de la respuesta a la pregunta de arriba. “Dios lo dijo, y yo lo creo, eso lo confirma”. Suficientemente cierto. Pero propongo que la razón principal por la cual el sábado es santo es porque la presencia de Dios está en él. En cualquier momento y en cualquier lugar, Dios está presente, ese tiempo y lugar son sagrados. Por eso, Dios le dijo a Moisés que el terreno alrededor de la zarza ardiente era santo (Éxo. 3:5). Y esto refuerza lo que ya he dicho sobre el sábado: es un momento en el cual Dios se encuentra con nosotros de una manera especial, y es un tiempo para que nos reunamos con él de un modo particular. Entonces, es la presencia de Dios lo que hace que el día de reposo sea santo. Debido a que el sábado es tiempo santo, no hay tierra santa. El sábado es santo en todo el mundo. Dios nos ha dejado crear espacios sagrados con iglesias, templos y catedrales. Cuando construimos estos espacios sagrados, Dios se compromete a encontrarse con nosotros dentro de ellos. De hecho, cada individuo puede crear su propio lugar sagrado donde él o ella puedan encontrarse con Dios en el estudio de la Biblia y la oración.
Las relaciones entre nosotros. El sábado también trata de las relaciones entre los que guardan el sábado. Aquel primer sábado solo había dos personas. Pero Dios hizo el sábado para la raza humana, no solo para Adán y Eva. Esto es evidente en la declaración de Jesús de que “El día de reposo fue hecho por causa del hombre” (Mar. 2:27; énfasis añadido). El plan de Dios era que Adán y Eva tuvieran hijos, y estos tendrían hijos que tendrían más hijos. Pronto el mundo estaría lleno de personas que se reunirían unas con otras y con Dios en el santo sábado.
Algunas se niegan a reunirse con otros el sábado porque dicen que pueden adorar a Dios en su casa. En nuestro mundo quebrantado, a veces hay razones válidas por las cuales una persona aquí y allá no puede reunirse con otros cristianos el sábado. La enfermedad y la vejez son dos de esas razones, y hay otras. Pero cuando somos físicamente capaces de hacerlo, el plan de Dios es que cada observador del sábado se reúna con otros cada sábado para que podamos adorarlo corporativamente.
Me pregunto cómo era el sábado para Adán y Eva antes de que pecaran. Génesis 3:8 sugiere una respuesta. Dice que Adán y Eva “oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día”. Propongo que esto era un acontecimiento diario durante el tiempo de la inocencia de Adán y de Eva. Cada tarde Dios bajaba a la tierra que acababa de crear y se reunía durante una hora o dos con ese primer par de seres humanos porque anhelaba criaturas inteligentes con las que pudiera relacionarse. Creo también que Dios se reunía personalmente con ellos durante todo el día sábado. Y estoy seguro de que muchos ángeles se unieron a ellos.
A veces la vida se vuelve tan ocupada que nos cuesta mucho reservar el tiempo para guardar el sábado. Eso es porque tenemos nuestras prioridades mezcladas. Lo ilustraré con la historia de dos amantes. Antes de que comiencen la relación, sus días están tan llenos de todo tipo de responsabilidades que tienen que rechazar ocasionalmente solicitudes de favores que requerirían más de su tiempo. Pero durante la relación, encontrar el tiempo para pasarlo juntos no es un problema. Con gusto renuncian a todo tipo de obligaciones para poder estar juntos. Ocurre en todo el mundo todos los días: dos personas se conocen, se enamoran y se “hacen” tiempo para estar juntas.
Eso es lo que creo que el sábado significa para Dios. Él deja todo a un lado debido a su anhelo de encontrarse con los seres humanos y comprometerse en esa profunda relación fraternal. Con demasiada frecuencia pensamos en lo que Dios quiere que hagamos el sábado, olvidando lo que Dios quiere hacer en él. ¡Quiere pasar el día con nosotros! ¡Cuán decepcionado debe sentirse cuando nos negamos a encontrarnos con él ese día! Cuán decepcionado se debe sentir cuando convertimos su santo día en meras reglas y ordenanzas sobre lo que debemos y no debemos hacer el sábado. Y cuán decepcionado se debe sentir cuando nos sentamos el sábado por la tarde y charlamos sobre nuestros trabajos y las cosas que planeamos hacer durante la próxima semana. ¡Dios anhela que todo ese tiempo lo pasemos con él!
El compromiso de Dios. En el mundo ideal que Dios creó, los seres humanos y Dios estarían completamente comprometidos a reunirse en el día de reposo. En ese mundo ideal, querríamos encontrarnos con él todo el día. ¡Disfrutaríamos encontrarnos con él todo el día! ¡Esperaríamos con ansiedad que llegue el sábado cada semana! Eso prácticamente ha desaparecido con la mayoría de los observadores del séptimo día en estos días. Nos apresuramos por tratar de exprimir todo el viernes antes del atardecer, y debo confesar que soy tan culpable como cualquier otro observador del sábado.
Entonces, por supuesto, también están las personas que ni siquiera pasan tiempo con Dios en el séptimo día. El domingo es su gran día, y creo que la mayoría de los guardadores del domingo estarían de acuerdo con la opinión de un caballero episcopal que conocí en Uvalde, Texas, cuando pastoreaba allí. Estuvimos charlando en su oficina un día, y la conversación se dirigió al sábado. Expliqué nuestra comprensión adventista del sábado. Cuando terminé, pensó por un momento y luego dijo: “Bueno, me imagino que una vez que salga de la iglesia, el resto del día es mío”. Creo que la mayoría de los guardadores del domingo estarían de acuerdo. Pero esa no es la verdad acerca del sábado. Todo el día es santo, apartado como un tiempo sagrado para que nos reunamos con Dios y con los demás.
Ahora veamos el sábado desde el punto de vista de Dios. Él anhela que los observadores del sábado verdaderamente comprendan el propósito de ese día, que lo tomen en serio y pasen tiempo de calidad con él. Y lo consigue con algunos observadores del sábado. Intento ser uno de ellos, y espero que tú también lo hagas.
Propongo que Dios está absolutamente comprometido a observar esa celebración de aniversario semanal, incluso si nosotros no lo estamos. Y nos da la bienvenida a la celebración a cada uno de nosotros en cualquier momento. ¡El estará ahí! No puedo enfatizar con suficiente firmeza el hecho de que Dios está presente cada séptimo día, incluso si lo ignoramos. Nuestra ausencia no puede determinar su presencia.
Cuando estamos aprendiendo. Yo creo que Dios se regocija aun en nuestros esfuerzos más débiles por tener comunión con él en el sábado. Él nos anima, nos alienta y trata de ayudarnos a entender el verdadero propósito del día. Y disfruta la nueva relación con nosotros.
¿Disfrutas ayudando a personas necesitadas? Personas que no tienen trabajo y necesitan comida para poner en sus mesas. Personas mayores que necesitan que les corten el césped. Jóvenes que necesitan un amigo. Gente deprimida que necesita alguien con quien hablar. Una madre soltera que tiene tres hijos y necesita que alguien los cuide de vez en cuando. A Dios le encanta estar involucrado en ese tipo de cosas también. Él se regocija cuando la gente descubre el sábado, y le encanta ayudarlos a aprender cómo guardarlo. Él se ha comprometido a tener una relación de amor con ellos el sábado, por débil que sea su esfuerzo, y los ayuda a crecer en su comprensión y apreciación de ese día.
Supongamos que no hubiera gente que guardara el sábado en el mundo. Ninguna persona. Propongo que Dios aun así guardaría ese día. Cuando en el principio hizo el sábado, se comprometió a encontrarse con los seres humanos en ese día, lo decidieran o no. Y una vez que Dios hace un compromiso, puedes confiar en que él lo respetará. ¡Dios guarda cada sábado!
Espero que estas reflexiones te ayuden a entender un poco mejor el sábado y a encontrar más significado para guardarlo. Cuando tú y yo entendamos lo que significa el sábado y lo guardemos plenamente, descubriremos que es un poderoso elemento disuasorio para los ataques dirigidos contra nosotros por parte del reino de las tinieblas.




