Las griegas

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Vicky vino a buscarlos. Ya estaba todo listo para comenzar la sesión de fotos. Todos fueron para el estudio salvo Marina, que dijo que iba en unos segundos. Se quedó sola en el camarín. Era estúpido tener miedo, pero más idiota se sentía por haber experimentado algún tipo de atracción por ese tipo. Se sentía engañada, como si Gonzalo, en la fiesta de Helena, hubiera tenido la obligación de decirle de quién era hijo.
Poco a poco, el miedo dejó paso a la vergüenza de haberse sentido excitada por él; la vergüenza se transformó en rechazo, el rechazo creció en forma de odio. Marina odiaba a Gonzalo. No podía trabajar con ese hombre, no podía apoyar sus pechos en su cuerpo, no podía compartir un estudio, un mismo lugar, nada. Eran, aunque él no lo supiera o no le interesara, enemigos.
Se sacó las bermudas. No, no podía hacer esas fotos. Pero debía hacerlas. ¿Qué hacer? ¿Matar a Gonzalo? Imposible, todo era imposible, y esta conclusión la llevó a sentir más desprecio por él y por todos. Nadie la iba a entender.
Sentía unas tremendas ganas de hacer pis. Se puso más furiosa cuando notó que su bombacha estaba húmeda. La ropa de él estaba sobre una silla, como un irónico testigo de lo que le ocurría. Fue lo único que pudo hacer. Puso el pantalón con su cinturón en el suelo, al lado tiró la remera y los zapatos. Se sacó la bombacha e hizo pis sobre la ropa de Gonzalo. El chorro de pis caliente se esparció por los zapatos y por el jean, el cinturón y la remera. Un río de pis ahogaba la ropa de Gonzalo, ropa que quedaba mojada e impregnada del olor del pis de Marina. Pantalón, cinturón, remera y zapatos que quedaban como despojos inutilizables, sucios, desolados, muertos. Un pis caliente que no se terminaba nunca porque nada terminaba del todo.
Marina se limpió con la bombacha, que quedó impregnada de orina y flujo. Buscó en el vestuario una nueva. Arrojó la otra por el inodoro. Pasó por arriba de la ropa tirada y empapada de Gonzalo. Se acomodó la remera frente al espejo y se volvió a poner las bermudas. Fue hacia el estudio. Los adolescentes se habían sentado a un costado. Un asistente controlaba la luz. Vicky hablaba con la productora. Gonzalo ya estaba sentado en el escenario armado para las fotos. Vicky se acomodó frente a la cámara y ajustó el objetivo hacia donde estaba Gonzalo. Hacia ahí fue caminando Marina. La productora le sonrió y ella le respondió con otra sonrisa mientras se acercaba. Se sacó la remera y el corpiño. Esperó la orden de Vicky para abrazarlo.
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