Días 5 y 6:
Los Picos de Europa. Al acercarse a este macizo montañoso de 2648 metros de altitud descubrirá los pueblos de Potes, con su imponente torre del Infantado (del siglo XV) y el monasterio de Santo Toribio (importante centro de peregrinación), y Fuente Dé. Desde este último, tomando el teleférico obtendrá una inmensa vista panorámica de la región. Al regresar hay que pasar por la Reserva Nacional del Saja, una zona protegida que constituye un muy buen ejemplo de bosque atlántico. Lejos de los circuitos más turísticos, esta ruta le permitirá ver el trabajo de los artesanos y tal vez traerse unas
abarcas decoradas.
Día 7: Regreso.
Breve estancia en Asturias
Cuna del Reino de España, Asturias está repleta de testimonios históricos. Una emocionante estancia en las raíces de la historia de nuestro país.
Día 1:
Gijón. Visita del puerto, joven y dinámico, que ha situado a esta localidad como la primera ciudad asturiana en términos de población. Por la mañana, descubra su arquitectura modernista y regrese, para comer, a la cercana y magnífica plaza Mayor. Luego, caminata o bicicleta, por el paseo de la playa de San Lorenzo, hasta el parque de Isabel la Católica, y comida en sus alrededores. Visite el Jardín Botánico del Atlántico y suba a la torre de La Laboral para obtener una de las mejores vistas de la ciudad. Por la noche, descubra los encantos del antiguo barrio pesquero de Cimadevilla. Puede tomar una copa en la plazuela de Jovellanos y luego degustar la sidra en cualquiera de los pequeños bares de las calles circundantes.
Día 2:
Cudillero. Visitando este pequeño pueblo típico, con sus enrevesadas calles y sus deliciosos restaurantes, descubrirá los encantos de la Costa Verde. Muy cerca de Gijón.
Día 3:
Excursión Ribadesella-Villaviciosa. Para seguir descubriendo la Costa Verde, puede empezar por Ribadesella, una villa marinera con playas magníficas. Para el almuerzo, en los restaurantes del viejo puerto le servirán marisco fresco del día. Luego, diríjase a Villaviciosa. Paseo por su encantador casco viejo, plagado de casas de Indianos, y visita a El Gaitero, toda una referencia de la sidra asturiana. Cena en alguna de las sidrerías de Villaviciosa.
Día 4: Oviedo. La capital de Asturias cuenta con sus famosas iglesias de arquitectura prerrománica. Dedique la mañana a recorrer el casco antiguo y a visitar el mercado del Fontán, donde podrá tomar un vermú y almorzar. Y reserve la tarde para una visita al monte Naranco, donde conocerá los monumentos más bellos de Oviedo: Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo. Regrese al centro hacia el final de la tarde y dé un pequeño paseo por el parque del Campo de San Francisco hasta el hotel Reconquista, emblema y símbolo de la ciudad. Por la noche, unos vinos o unas sidras en las callejuelas que convergen en la plaza de Cimadevilla. Y cena en uno de los buenos restaurantes de Oviedo, cerca de la plaza de Juan XXIII.
Día 5:
Cangas de Onís-Covadonga. Cerca del Parque de Covadonga, la localidad de Cangas de Onís es un punto de partida idóneo para recorrer el interior de Asturias. Y también para practicar diferentes actividades, como
rafting o senderismo. Al llegar, admirará su puente medieval, de origen romano, del que pende la cruz que hoy es símbolo de Asturias, y luego puede continuar hacia Covadonga y su famoso santuario, cuna de la Reconquista.
Día 6: Senderismo por los Picos de Europa. A caballo entre Asturias, Cantabria y León, esta espectacular cadena montañosa es imprescindible. Pasará por el pueblo de Arenas de Cabrales, que le ofrecerá una magnífica vista de las gargantas del río Sella y donde podrá degustar su famoso queso y visitar las cuevas de maduración.
Día 7: Regreso.
Breve estancia en Galicia
Espiritual, cultural, rural... Galicia lo tiene todo para disfrutar de un viaje variado y dinámico. Una semana le permitirá descubrir algunos de sus aspectos más famosos.
Día 1: Santiago de Compostela. Ciudad meta de la peregrinación, es del todo imprescindible. Comenzando por la catedral, culminación de la arquitectura románica con algunos añadidos barrocos. Y no olvide visitar su museo, situado al lado. Comida en cualquiera de los buenos restaurantes que hay cerca del mercado, después de recorrerlo. Por la tarde, pasee por las estrechas calles del casco antiguo y visite la colegiata de Santa María del Sar. Una pausa en el Café Casino para disfrutar de su terraza y luego puede ir de compras por las calles Vilar y Nova. Paseo por el parque de la Alameda y tapas en O Abrigadorio, justo al lado. Cena en uno de los buenos restaurantes y un último paseo por la Rúa do Franco.
Día 2:
A Coruña. Por la mañana, visite la «ciudad de cristal», con su elemento arquitectónico más característico: las galerías. Luego regrese al núcleo urbano medieval para comer en la muy agradable plaza de María Pita. Por la tarde, visite el Museo de Bellas Artes y la torre de Hércules. Subir sus doce plantas permite acceder a un balcón panorámico situado a 112 metros de altura, un mirador imprescindible sobre el Atlántico y sobre el inicio de la turbulenta Costa da Morte. Paseo a pie o en bicicleta por el paseo
marítimo (¡trece kilómetros y medio!) para apreciar las diferentes estampas de la ciudad. Luego recorra el monte San Pedro, en el parque del mismo nombre, para tomar el ascensor panorámico y disfrutar de otra impresionante vista sobre el campo de golf de Artabre. Pinchos y cena bajo las estrellas en una de las terrazas de la avenida Marina.
Día 3:
Visita de la antigua Lugo. En el corazón de Galicia, esta ciudad fortificada forma parte de la Reserva de la Biosfera Terras do Miño
. Por la mañana, recorra sus calles medievales y almuerce en uno de los buenos restaurantes de la calle Cruz. Paseo reparador a lo largo de la muralla, catalogada como Patrimonio de la Humanidad. Visite la catedral y el museo provincial, y diríjase las termas romanas, emplazadas en el hotel Balneario. Descanso en su cafetería, a la sombra de una glicinia con vistas al Miño. Regreso al centro y breve visita a la Casa de los Mosaicos o de Batitales. Al lado, puede finalizar el día en la plaza Mayor disfrutando de sus terrazas, para tomar una copa y cenar.
Día 4: Ribeira Sacra. Una maravilla natural que le llevará al corazón de las provincias de Ourense y Lugo. Salida a primera hora de la mañana para visitar los numerosos monasterios y testimonios de arte románico, y disfrutar después de los paisajes remontando en barco el río Sil. También es una oportunidad para probar los excelentes vinos de la denominación de origen Ribeira Sacra, principalmente tintos.
Día 5: Allariz. Continúe su inmersión por la bella provincia de Ourense visitando uno de los más fascinantes pueblos gallegos, Allariz, junto al río Arnoia, donde el tiempo parece haberse detenido en la Edad Media. También se encuentra dentro de la zona de Reserva de la Biosfera. Descubra los talleres de artesanía y deguste platos típicos en lugares antiguos.
Día 6: Pontevedra. Por la mañana, visita del casco antiguo y pausa para unas tapas en la deliciosa plaza de la Verdura. Comida en uno de los restaurantes de las calles que dan a la plaza. Por la tarde, visita de los monumentos de la ciudad: iglesias de Santo Domingo y Santa María la Mayor y convento de Santa Clara. A continuación, diríjase a la isla de las Esculturas, en la ría, para conocer este espacio
de
Art land y tener contacto con la naturaleza en las orillas del río Lérez. Cena y regreso a la plaza de Leña, en el núcleo medieval de la ciudad. Y, por fin, una copa en la cafetería-jardín del Parador.
Día 7: Regreso.
Visita larga
Estancia de exploración (dos semanas)
Puede elegir entre visitar dos comunidades autónomas o bien solo una pero adentrándose un poco más hacia el interior y deteniéndose en más sitios; en una palabra, tomándose su tiempo.
Estancia larga: un mes y diez días de inmersión cultural
Nuestra propuesta comienza en el País Vasco, para ir luego hacia Cantabria, atravesar Asturias y llegar a Galicia, el punto final del Camino. Por supuesto, puede hacerlo en el sentido contrario, según desde donde llegue a la zona. Si va en coche, podrá acceder más fácilmente a algunos lugares inolvidables. De todas formas, debe saber que en estas cuatro regiones el transporte público está muy desarrollado, en particular el autobús, y funciona muy bien. De hecho, es muy utilizado por los habitantes de la zona. Recuerde también que puede caminar o alquilar bicicletas y taxis para ir un poco más lejos de lo que permiten el autobús o el tren. En resumen, todo el mundo tiene acceso a todo.
Días 1 al 10: País Vasco. Requiere tiempo. Las tres capitales merecen, como mínimo, un día de estancia en cada una de ellas; también Vitoria, la más desconocida pero no menos interesante. Recorrer la costa tampoco puede hacerse a la ligera: si comienza en Gipuzkoa, el recorrido es bastante intenso: Mutriku, Deba, Zumaia, Getaria, Zarautz, Orio... para acabar en la bellísima Hondarribia. Quizás quiera dedicar aquí media jornada a practicar surf o vela porque la ocasión es difícilmente mejorable... Haga también un breve desvío hacia el interior para visitar los santuarios de Loiola y Aránzazu. Siguiendo por el litoral vizcaíno, una estrecha y entretenida carretera le permitirá conectar Sopelana, Plentzia, Bermeo y San Juan de Gaztelugatxe hasta Mundaka y Gernika. A partir de allí, la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, que puede recorrer en barco. Por último, el interior. Hay muchas opciones. Si lo suyo es la naturaleza, adéntrese en tierras vizcaínas para recorrer los parques naturales de Urkiola y Gorbeia, que le ofrecerán un resumen muy completo de los paisajes del País Vasco más rural, de sus pueblos, sus costumbres y, desde luego, de su gastronomía. Si no, tiene la opción de la Rioja Alavesa, que apetecerá más a los amantes de los paisajes plácidos... y de los vinos.

Días 11 al 16: Cantabria. Al este de Santander, siguiendo la costa, hay que llegar hasta Castro Urdiales, una ciudad con un rico pasado medieval que merece una parada. Luego ya viene Santander, la capital de la comunidad, donde disfrutará del encanto de su bahía. Vaya a la Magdalena, camine por el paseo marítimo, acérquese al cabo
Mayor o tome el funicular, que le permitirá obtener una fabulosa vista de la bahía. Sin olvidarse de nadar en la playa del Sardinero. En el centro, compras, restaurantes y vida nocturna. Luego diríjase a Santillana del Mar, una visita obligada en Cantabria. Este pueblo medieval es uno de los más bellos de España y conserva todo el encanto de sus calles empedradas y casas señoriales. Eso sí: si puede, mejor visítela fuera de temporada. A pocos kilómetros, la cueva de Altamira ya no se visita, pero sí el museo, que incluye el acceso a una reconstitución milimétrica del lugar. Puede practicar senderismo en los Picos de Europa, que se extienden a caballo entre Asturias y Cantabria.
Días 17 al 26: Asturias. Aquí hay que recorrer todo el litoral, la Costa Verde, que es una pura maravilla. Debe su nombre al color del océano y a sus costas tapizadas por prados, eucaliptos y pinos. Salpicada por pequeños pueblos de pescadores, a menudo emplazados junto a algún río, la costa asturiana le encantará. Desde Cantabria, nuestra primera parada puede ser Ribadesella, famosa por la cueva de Tito Bustillo, decorada con pinturas paleolíticas. Próxima etapa: el pueblo de Lastres, al final de la ría de Villaviciosa, para volver a apreciar un típico pueblo de pescadores. Villaviciosa es un pueblo de calles estrechas, con la magnífica iglesia de Santa María, a unos veinticinco kilómetros de Gijón. Un breve desvío hacia el interior (unos cuarenta kilómetros) y estará en Oviedo, la capital del Principado. Visite su casco antiguo y suba al monte Naranco para conocer los mejores ejemplos del arte prerrománico asturiano. Vuelva a la costa para detenerse en Cudillero. Es un pueblo que le seducirá por sus playas y su vitalidad. Dirigiéndose al valle del Navia y siguiendo el curso del río homónimo descubrirá muchos emplazamientos celtas en medio de magníficos paisajes. Dejamos la costa asturiana en Ribadeo, ya casi en tierras gallegas.

Días 27 al 40:
Galicia. En primer lugar, Santiago de Compostela, la ciudad de los peregrinos, conocida por sus pintorescas calles y por el cálido ambiente de sus tabernas. Si dedica algunos días, no solo podrá visitar el casco antiguo y descubrir el encanto del barrio de San Pedro, sino también partir en dirección al cabo Fisterra para reseguir el litoral hacia el norte y recorrer la Costa da Morte. De puerto en puerto, llegará a la «ciudad del cristal», A Coruña. Desde allí se llega a Lugo, con su muralla catalogada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. A continuación, hay que ir a la Ribeira Sacra y visitar las gargantas del Sil. Además de la visita a los muchos monasterios acostados junto al río Sil, podremos degustar los vinos de la D.O. Ribeira Sacra y conocer los paisajes de una de las más bellas comarcas de Galicia, a caballo entre las provincias de Lugo y Ourense. Ya en Ourense, siga hasta el precioso pueblo medieval de Allariz. Al llegar a la costa de Vigo, visite las islas Cíes y resiga el litoral de las Rías Bajas. Llegará de nuevo al cabo Fisterra y a Santiago de Compostela.
Visitas temáticas
Camino de Santiago
Existen múltiples caminos a Santiago, pero las comunidades de la España Verde están atravesadas por dos rutas principales: el Camino Francés, el más transitado desde el siglo XI, que transcurre por el interior, y el Camino del Norte que, en su mayor parte, resigue la costa del Cantábrico. Aunque el Camino Francés es el más transitado, el del Norte es uno de los más atractivos y cada vez cautiva a más peregrinos. Quienes siguen la tradición al pie de la letra realizan el viaje a pie, dedicando un mes a recorrer todo el Camino desde los Pirineos hasta Santiago. Otros compaginan las caminatas con el transporte público o con el coche particular. Por último, la bicicleta o el caballo son otras opciones, también en alza, para recorrer el Camino.
Para recorrer el Camino Francés hay que entrar en Galicia por Pedrafita do Cebreiro, después de haber atravesado todo el norte de Castilla y León. Tras esta primera etapa gallega, quedan otras siete más hasta Santiago. Se atraviesan localidades como Sarria, Portomarín o Arzúa...
El Camino del Norte se adentra en el País Vasco por Irún. Se necesitan nueve etapas para recorrer la costa vasca hasta llegar a Castro Urdiales, ya en Cantabria. En el camino quedan lugares tan interesantes como San Sebastián, Zarautz, Gernika o Bilbao. Las seis etapas por tierras cántabras permiten visitar Laredo, Santander, Santillana del Mar y Comillas antes de llegar a Colombres, ya en tierras asturianas. Llanes, Ribadesella, Gijón, Avilés o Luarca son los finales de algunas de las siete etapas por tierras asturianas. Si se desea, desde Avilés se puede seguir el Camino Primitivo, que sale desde Oviedo y continúa por Lugo hasta enlazar con el Camino Francés en Melide. Si no, se entra en Galicia por Ribadeo, la última etapa de la costa antes de adentrarse en la provincia de Lugo, donde se pasa por Vilalba y Sobrado dos Monxes. Todos los Caminos confluyen en Arzúa.
Una estancia de playa y deportes náuticos
En el País Vasco, el litoral es más rocoso y recortado, con acantilados y puertos pesqueros; ello no impide la presencia de playas tan magníficas como la de Zarautz, por ejemplo. Aquí hay que surfear en Mundaka, uno de los mejores lugares de toda la costa del Cantábrico para practicar este deporte.
Cantabria también ofrece magníficas playas. En primer lugar, las de Santander, pero también las de Suances, espléndidas playas doradas rodeadas de escarpados acantilados, y las del cabo de Oyambre. La que en su momento fuera la meca del golf, ahora se ha convertido en una base para la práctica del senderismo y el surf. Y, finalmente, San Vicente de la Barquera, otro privilegiado lugar de veraneo
. En Asturias, las playas de Llanes y Ribadesella son particularmente famosas pero no son, ni mucho menos, las únicas. La costa asturiana está repleta de playas entre las rocas. Esta es también una zona preferida por los amantes del surf, con los hermosos
spots de Tapia de Casariego, Avilés y Gijón. Es una gran oportunidad para practicar este deporte a miles de kilómetros del universo de
Los vigilantes de la playa. También es un gran lugar para remar en canoa o kayak, en la costa o en los ríos. La Escuela Asturiana de Piragüismo, que organiza magníficas salidas, son verdaderos expertos en este deporte
(www.piraguismo.com). En Galicia, la muy salvaje y atormentada Costa da Morte (A Coruña) puede ser difícil incluso para los bañistas más experimentados. Pero tiene unos pueblos y paisajes muy bonitos, únicos. Ya en la provincia de Pontevedra, las Rías Baixas son el paraíso de los bañistas, a pesar de la temperatura del agua, por sus playas, paisajes y los productos de mar. Islas como las Cíes le permitirán disfrutar del paisaje y de un espacio protegido único, desde donde observar la fauna marina.
Escapada gastronómica
Las primeras ideas que nos vienen a la cabeza al mencionar la España Verde son paisaje y gastronomía. Ambos en grandes cantidades. Fabada, marisco, pulpo a feira, marmitako, sidra, cabrales, idiazábal, albariño, rioja, ternera, pescado fresco, estrellas Michelin... Para disfrutar de todos estos manjares, y más, nada mejor que apuntarse a los numerosos circuitos organizados o, mucho mejor, acercarse a las numerosas fiestas y ferias que se montan alrededor de alguno de estos productos: sidra, de la manzana de Villaviciosa, de la empanada, bollo preñao, sardinas de Santoña, merluza de pincho, cabrales... No hay villa que se precie que no tenga un producto estrella y, por supuesto, su fiesta, que no es más que una excusa para sentarse en torno a un plato. Todas las propuestas se encuentran desarrolladas en las pa´ginas web de cada comunidad (www.turismo.gal, www.turismodecantabria.com o www.turismo.euskadi.eus). Asturias dedica una página web entera a este enfoque, a consultar imperativamente para salivar de antemano: www.saboreandoasturias.es.
Aparte de disfrutar de la comida y de los diferentes sabores, tendrá la oportunidad de aprender cosas sobre los procesos de fabricación y sobre las personas que elaboran los productos. Además, visitará los mercados y lonjas, con lo que entrará en contacto no ya con los productos, sino con la gente y el ambiente de las aldeas y ciudades de la España Verde... Toda una experiencia.
El País Vasco es una verdadera meca gastronómica donde, al margen de los reputados restaurantes y numerosos
chefs de prestigio internacional (Subijana, Arzak, Berasategui...), las mesas más populares son también un auténtico regalo. El bonito del norte y el bacalao son dos protagonistas fundamentales. Incluya también en su itinerario las judías de Tolosa y Gernika y el cordero lechal en el interior. Algunas sugerencias: el bacalao al ajoarriero, al pil-pil o a la vizcaína, el
marmitako (con bonito del norte), la merluza en salsa verde, el
txangurro a la donostiarra... siempre con una botella de
txacolí sobre la mesa.
En Cantabria también le servirán pescado y marisco a la brasa en abundancia; ¡cómo olvidar las anchoas y sardinas del Cantábrico, clásico regalo del célebre Revilla, vaya donde vaya. Y su célebre cocido montañés (con judías verdes y otras verduras) como plato más vigorizante. De postre, leche frita,
sobaos y quesadas, que seguramente acompañará con un excelente vaso de leche cántabra. Aquí una estancia gastronómica debe incluir igualmente una visita a los mercados e identificar las ferias y fiestas dedicadas a este tema.
Asturias le ofrece la misma riqueza de peces y marisco, y un plato estrella, la famosa
fabada y, por supuesto, la sidra, que podrá beber en todas partes, pero que también encontrará en los platos (pruebe el delicioso chorizo a la sidra) y en los postres, especialmente en forma de manzana en este caso. Sin olvidar el queso de Cabrales
y el arroz con leche. Esta comunidad autónoma cuenta con seis estrellas Michelin y 42 establecimientos etiquetados como Mesas asturianas, excelencia gastronómica. Y reclama orgullosamente su título de «Despensa del Paraíso», con la sidra en su ADN y sus cuarenta quesos... Tiene muchas propuestas para un itinerario gastronómico en Asturias: la sidra, los vinos de Cangas, las numerosas ferias dedicadas a cada queso asturiano... En Gijón, disfrutará del funcionamiento del Menú Gourmet, y en todas partes hay festivales dedicados a los más diversos productos (cebollas, requesón, castañas...).